Resumen: Reseña de la novela En el corazón de la América virgen de Julio Quiñones.
Abstract: Review of the novel En el corazón de la América virgen by Julio Quiñones
Reseñas
El bosque, un lugar para vivir
Forest, a Place to Live
Received: 10 April 2024
Accepted: 04 June 2024
Published: 20 June 2024

Las novelas de cauchería han configurado una forma de ver la selva. Lugares geográficos, geopolíticos, de explotación humana y de recursos naturales son puntos de convergencia. La selva es un lugar no civilizado y por tanto ¿qué tiene que hacer un enfermero como Quiñones (o Willy, alter ego del autor de En el corazón de la América virgen), un poeta como Arturo Cova o un médico como Antonio de Orrantia en la selva? La invención de la selva se ha hecho, salvo en Quiñones, desde las ciudades y no desde el interior de la misma selva. Willy, un aparecido en medio de los Nonuya que aprende del bosque y sus gentes; Arturo Cova, fanfarrón que desea dominar la selva; Antonio de Orrantia, médico que desea conocer las vivencias en medio de la cauchería y ayudar a la gente. Todos intentando describir la selva, el bosque, sus gentes, la fiebre del caucho y el horror.
Au Cœur de l’Amérique Vierge fue publicada en París por Julio Quiñones en el año 1924, en la editorial J. Peyronnet et Cie, éditeurs. Posteriormente, su autor ―oriundo del departamento de Nariño―, realiza una traducción bajo el título En el corazón de la América virgen y la publica en la Editorial ABC, en Bogotá en el año 1948. Finalmente, la editorial Diente de León (2016) edita la versión del 1948 y añade una presentación de Eudocio Becerra Bigɨdɨma, profesor de la Universidad Nacional de Colombia y miembro del clan Bigɨdɨma, destacado por su gran conocimiento de la tradición propia del pueblo Murui-Muina y de Roberto Pineda Camacho, estudioso de las comunidades indígenas y de la historia de la Amazonía. En esta edición se añade un glosario en lengua mɨka, que ―al igual que mɨnɨka, nɨpode y bue―, hacen parte de la familia lingüística que hablan los murui-muina. Esta obra representa, como su mismo autor lo declara, un interés novelesco y un estudio etnográfico acerca de las comunidades «Güitotos que habitaban la región colombiana del Caraparaná hasta 1911» (Quiñones, 2016, p. 11). Esta afirmación está basada en la convivencia que tuvo Quiñones con la comunidad Nonuya durante los años 1907 a 1911.
La novela expone la tragedia que trae consigo un tigre, un jaguar que habita en América, que está acabando, uno a uno, con los habitantes del pueblo Nonuya. Las descripciones descarnadas que nos presenta el autor a propósito de las formas en cómo el animal devora a las personas pueden evocar un lugar peligroso, un locus terribilis y que consolida un sino negativo y de fatalidad entre los habitantes de la tribu. Un ejemplo es la descripción desgarradora de la muerte de Umuyrutique y su hija en garras del tigre:
huesos roídos y miembros despedazados, separados de los cuerpos de las víctimas, […]; cabellos cubiertos de sangre y de polvo se encontraban esparcidos y mezclados con las hojas muertas. […] el cuerpo de la niña, estaba abierto por una profunda herida; […]. Se adivinaba la terrible tortura de la niña en la dolorosa expresión de su semblante, donde estaban todavía marcadas las huellas de sus lágrimas (Quiñones, 2016, p.48).
Un hálito de muerte se cierne constantemente sobre las páginas de esta obra: en la descripción violenta de la muerte del tigre en manos de Quega y su hermano Sinuiguey, pertenecientes a la tribu Emuas; en la muerte de Fusycayna (líder de la tribu Nonuya) gracias a la epidemia que nació con la muerte del tigre; en la aparición de Willy entre los Nonuya, un siringuero proveniente del bajo Putumayo, quien cuenta la experiencia de la muerte de Ifé, el cuñado de Fusycayna; y, de las muertes del mismo Willy y Moneycueño, la hija de Fusycayna, en una suerte de tragedia shakespeariana. Empero, ¿Nos ofrece Quiñones un panorama negativo de la selva?
Desde la introducción, el autor nos advierte que adentrará al lector de su novela en una oda a la selva:
Él [el río Amazonas] lo es aún [rey de los ríos], y sobre todo, por el embrujo misterioso de su belleza grandiosa que atrae, encanta y subyuga, […]. A lo largo de las orillas de ese río único, aparecen […] bosques de una extensión y riqueza infinitas, ofreciendo a la vista encantada un panorama maravilloso que se apodera del alma y deja en ella una impresión de ensueño… (Quiñones, 2016, p.17).
Descripciones bucólicas de una
tierra bendita y generosa, donde crecen espontáneamente cedros y palmeras y donde abundan árboles que nos regalan con sus frutos olorosos y exquisitos, plantas medicinales y aromáticas, flores de colores sorprendentes […], en fin, todo lo que la naturaleza virgen, […] posee de más hermoso y atrayente (Quiñones, 2016, p. 32).
El contenido de estas densas descripciones se aleja por mucho de lo que José Eustasio Rivera (2023) nos presenta en su célebre novela La Vorágine: la selva es una «cárcel verde», el follaje de los árboles son en realidad pabellones que no permiten ver el cielo claro, el bosque es una catedral de pesadumbre… Rivera transforma, a través de una oda, un lugar, que para Quiñones es bendito y generoso, en uno que es terrible para vivir, ¿Cómo es posible que diferentes pueblos humanos hayan logrado establecer lugares de ocupación durante miles de años en este «horroroso» lugar? En lengua mɨnɨka las palabras merede eifokɨ y uzirede jagɨiyɨ hacen alusión a la energía fuerte, a un ambiente caliente o pesado que pueda estar presenten en jazikɨ (bosque) pero, son pesadas en tanto que la presencia humana intervenga de manera negativa el lugar. En esta misma lengua, jazikɨ iyɨrede se refiere a la energía pesada o fuerte que se genera con el afloramiento de las plantas y en el momento donde maduran las frutas ya que los diferentes olores que emanan se entretejen y se mezclan. Entre otras cosas, bastaría con analizar la palabra jazikɨ: ja viene de la palabra jae, cuya traducción es «desde la antigüedad»; zi es la aglutinación de la palabra ziiño, que traduce «poseedora de sabiduría»; y, finalmente, la palabra kɨ viene desde la palabra kɨode que traduce «ver visionando». Jazikɨ es, entonces, un lugar antiguo lleno de sabiduría que sirve para visionar. Esta acepción abandona las descripciones que Rivera nos comparte en su novela, pero vista de manera retrospectiva, en la obra de Quiñones, los personajes sufren por no poder ir a la jazikɨ.
Esta forma de narración romántica nos recuerda, tal vez, un locus amoenus; sin embargo, a lo largo de la novela, Quiñones está describiendo un lugar en donde generaciones y diferentes pueblos han logrado consolidar un lugar para vivir, cantando con los seres que habitan en jazikɨ. Un ejemplo claro de esto es la forma en cómo se convive con «la ronda» que realizan las hormigas que los indígenas llaman iquiriño, que a su paso devoran animales de distintos tamaños; con la venganza entre humanos, entre pueblos y contra los biracuchas o caucheros provenientes de La Chorrera; incluso, en los peligros que se describen en las mismas narraciones propias de sus costumbres, como la historia contada por Caimerico que habla acerca de los misterios que seducen a las jóvenes con sus palabras. Desde que aparece Willy, llamado por los habitantes Nonuya como Ichareyma o Icha, que traduce «forastero» (Quiñones, 2016, p. 88), Moneycueño le enseña la convivencia con los seres que habitan la selva, su lengua y cómo enfrentar los peligros en el territorio. Es notorio el amplio conocimiento que tiene Moneycueño del bosque.
Para Quiñones, lo que sucede en el territorio debe ser duitɨkaɨ bitɨkaɨrɨ, convocado al diálogo, a la participación colectiva; es decir, mojado, a través del dedo, con la Yera, miel de tabaco. No en vano, el abuelo Gitomagueño reúne constantemente a su gente e invita a dute mambear, para debatir acerca de lo acontecido con el tigre y el devenir de la comunidad. El Corazón de la América Virgen sigue siendo una demanda en contra de la cauchería, pero no se detiene allí, es una novela que describe, desde las propias costumbres Nonuya, cómo la comunidad enfrenta la fiebre del caucho. En esta obra, el bosque y lo que sucede allí, no son narrados a través de libros de contabilidad o a través de las voces de los colonos. Es posible que Quiñones haya entendido el significado de jazikɨ iyɨrede cuando habla de especies vegetales que traen consigo aromas exquisitos en los frutos, «lo que la naturaleza virgen posee» es un cuidado mutuo entre todos los seres que habitan en el bosque. El tigre no representa al jaguar en su etología, es más bien una alegoría a la cauchería que refleja los daños provocados en un pueblo víctima de esta práctica, el felino es merede eifokɨ y uzirede jagɨiyɨ. Por tanto, Quiñones nos muestra no un lugar idílico, tampoco un lugar grotesco, sino un lugar en donde pueblos humanos han logrado cohabitar con la selva y con todos los seres que allí habitan.
En Toá (2013), de César Uribe Piedrahíta, la concepción del bosque es un poco más benevolente. La pesadumbre es el fracaso económico de la familia de Antonio de Orrantia; en La Vorágine, es el mismo bosque que, comparado con una catedral, habla a murmullos y no permite el escape de sus enfermizas penumbras. La bóveda en Toá es el amplio cielo que chispea de astros que cobijan los hombres minúsculos; en La Vorágine, son los ramajes que están en medio del cielo y los deseos humanos y que no permiten llegar a sus aspiraciones. Difícilmente para el pueblo murui-muina el bosque será pesadumbre o será una bóveda pues ¿Nɨée izoí o úaido kaɨ uriri? o makara jazikɨ onoirede izoí [¿Cómo pronunciaremos tu palabra? De la sabiduría del bosque que transitas] (Vivas, 2019, p. 99, p. 101). Tu palabra que es ziiño, canto, danza, sanación. Es precisamente desde y con el bosque que se logra la convivencia y la armonía entre especies. Sin embargo, en Toá, merede eifokɨ y uzirede jagɨiyɨ también hacen presencia. El mal uso del bosque envenena, no solo el río Caraparaná, sino también las personas. Noinui Jitóma, del clan Jitómagaro, ha cantado y enseña que Jaeri kaɨ eiri namakɨ urukaɨ arɨ ie komuiyɨ jebuiyɨɨ [desde la antigüedad los ancestros han germinado y fecundado en los retoños aquí arriba, en donde se hace materia la existencia], desde tiempos remotos se ha cuidado, armonizado y convivido con todo aquello que es susceptible de existir, en lo que posee vida. En el bosque no solo habita lo que ha sido hablado en palabra, lo que existe y lo que tiene vida; también la pregunta por «nɨ úaido komo kaɨ kakairi» (Vivas, 2019, p.99) [qué palabra escuchamos, qué palabra sentimos]. Los personajes de Quiñones se acercan más a esta concepción, Rivera cercena de manera categórica estos principios, Uribe Piedrahíta (2013) elabora un personaje llamado Antonio que, aunque interesado en la lengua mɨnɨka, sigue pensando que los nativos son salvajes.
El uarua [canto profundo] Naɨmekɨe cantado y recopilado por Noinui Jitóma (2019) no es una novela ni mucho menos habla acerca de la cauchería, pero sí narra la convivencia desde bosque. En ella se nombra desde ana, el origen del padre Naɨmekɨe Buinaima, las energías endulzadas de la madre. De donde proviene naanoo iyako, la primera casa cósmica cuyos yaaraiaɨ, amarres sostienen la dulzura de la existencia y reciben naɨmekɨ rɨbei jaɨnoijiri, el líquido de vida endulzado que es acogido en ari, acá arriba y es mañodɨnɨ iemo ɨnɨdɨ, nombrado y reposan, duermen entre la gente de los diferentes clanes, entre sus uzumatɨaɨ iemo uzungotɨaɨ, abuelos y abuelas poseedoras de la sabiduría de los habitantes del bosque, sus animales no humanos o sus vegetales. Toda esta sabiduría es abundancia y toda esta abundancia es recibida en aquella casa, en sus amarres, en sus doseles, en las aguas que permiten la vida. Pero cuando el humano llega a probar de tal abundancia, las abejas ya la chuparon y no queda más. Y así se van, sin poder probar de aquel conocimiento que poseen los seres del bosque. Los humanos no tienen más opción que continuar endulzando, buscando la sabiduría que tiene el bosque para volver a probar y, cuando cantan otro uarua, se dan cuenta que las abejas de nuevo chuparon todo el conocimiento y de nuevo deben volver al bosque para continuar con la búsqueda.
