Diseño de mobiliario en los primeros multifamiliares de la Ciudad de México. Configurar un nuevo concepto de vivienda

Tania Lizet Gómez-Pérez
Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes, México

Diseño de mobiliario en los primeros multifamiliares de la Ciudad de México. Configurar un nuevo concepto de vivienda

Revista Legado de Arquitectura y Diseño, vol. 1, núm. 22, 2017

Universidad Autónoma del Estado de México

Recepción: 01 Diciembre 2016

Aprobación: 27 Enero 2017

Resumen: El presente artículo examina el intento gubernamental por configurar una idea de modernidad a mediados del siglo xx en la Ciudad de México, particularmente en los habitantes de los primeros multifamiliares a través del mobiliario proyectado para dichas viviendas, sus características formales y de función; así como el objetivo de cambiar las rutinas diarias y modificar el gusto de los residentes por medio del reemplazo de aquellas cosas que se consideraban viejas o de mal gusto, de este modo se materializarían los ideales de la modernidad basados en la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad. Por medio de la investigación, mayoritariamente documental iconográfica, se presentan los muebles diseñados y fabricados para el Centro Urbano Presidente Alemán y los bocetados para el Centro Urbano Presidente Juárez, ambos conjuntos claves en la conformación de un nuevo concepto de ciudad y partes del plan gubernamental del país moderno, que contemplaba nuevas formas de habitar, consumir y usar. A pesar de que estos proyectos de mobiliario no continuaron en las unidades habitacionales posteriores, su análisis aporta información de importancia para el estudio de la historia y el desarrollo del diseño industrial en los años previos a la institucionalización de la disciplina, así como el papel del diseño en proyectos gubernamentales diferentes a aquellos relacionados con la salud, la educación o la administración.

Palabras clave: consumo, diseño, mobiliario, modernidad, unidad habitacional.

Abstract: This article examines the government’s attempt to set up an idea of ​​modernity in the mid - 20th century in Mexico City, particularly in the first multifamily dwellers through the furniture designed for these dwellings. Their formal characteristics and function, the aim to change the daily routine by the use of uncommon objects and modify the taste of those residents by replacing things considered worn out or of bad taste, thereby materialize the modernism ideals in the daily based off city inhabitants. Through research, mainly documental-iconographic, the furniture designed and manufactured for Centro Urbano Presidente Alemán and the drafts for Centro Urbano Presidente Juárez are presented; both housing complexes are crucial in shaping a new concept of the city and parts of the governmental plan of a modern country, which contemplated new ways of living, consuming and using. Although these furniture projects did not continue in subsequent housing units, their analysis provides significant information for the study of history and development of industrial design in former years of its institutionalization, as well as the role of the design in government projects different than those related to health, education or administration.

Keywords: consume, design, furniture, modernity, housing complexes.

Introducción

En las décadas de 1940 y 1950, la Ciudad de México experimentó un incremento acelerado de la población causado por migrantes del interior del país que llegaron en busca de oportunidades de trabajo y mejoras en su calidad de vida. Otros tantos que ya vivían en la ciudad, en colonias identificadas como de un estrato social bajo, se reubicaron al acceder a más y mejores viviendas. Las razones para que esto tuviera lugar estaban comprendidas dentro de un plan gubernamental que incluyó tres conceptos esenciales: industrialización, urbanización y modernización.

El impulso industrial representaba el eje de la economía mexicana; el país, como muchos de América Latina, adoptó el modelo isi (Industrialización por Sustitución de Importaciones) que significaba el apoyo a los industriales y una reducción de los costos en mercancía terminada importada. La consigna era producir al interior, por esa razón, había muchos empresarios apoyados por una baja en impuestos locales, arancelarios y en servicios (Guillén Romo, 2013). En otras palabras, México permitía la inversión extranjera con la condición de que se produjeran en territorio nacional; el Estado mantenía cierto nivel de control, por lo tanto, gran parte de la industria instalada era una filial de la estadounidense (Cardoso y Faletto, 1977). En consecuencia, la industrialización fue la característica mexicana de mediados del siglo xx, ya que se reconoció como un factor necesario para estabilizar el proyecto modernizador del Estado. Dicho plan incluía elementos tecnológicos, educativos y sociales, no sólo económicos (Aboites Aguilar, 2008). El objetivo del modelo era el desarrollo interno, apoyar las industrias nacientes, mejorar la economía, estabilizar los precios de los productos primarios y satisfacer las necesidades de la población en materia de bienes de consumo.

De la misma manera, la Ciudad de México amplió sus límites territoriales. Tradicionalmente el centro de la ciudad era el núcleo de las actividades comerciales, de trabajo, de entretenimiento y también de vivienda, por lo que el siguiente paso en la búsqueda de una sociedad urbana fue la descentralización (Unikel, 1971). En el sur de la ciudad, el crecimiento se organizó con base en la vivienda para las clases media y alta, mientras que el norte se reconoció con la instalación de industrias, debido al bajo costo de la tierra, así como por ser un punto de llegada frecuente de migrantes, por lo que ahí hubo concentración de vecindarios para los trabajadores. El centro permaneció como zona de administración comercial y pública, las viviendas que se conservaron se identificaron con los grupos sociales de ingresos más bajos.

En particular, el crecimiento en la zona sur de la Ciudad de México fue significativo debido a la construcción de hospitales o la inauguración de Ciudad Universitaria, además de grandes almacenes, supermercados de autoservicio[1] y por supuesto viviendas. Es en este contexto que el desarrollo de las unidades habitacionales para trabajadores del Estado, conocidas como “multifamiliares” fue plausible.

Metodología

La historia oficial ha escrito que la sobrepoblación causada por el ascenso industrial y la urbanización acelerada, fueron las razones de la necesidad de vivienda colectiva, sin embargo, se han señalado otras causas: la estrategia política, los beneficios, tanto para los constructores como para los empresarios, la búsqueda de una mayor cohesión nacional y la necesidad de los trabajadores de estabilidad y seguridad, mismas que se vieron apoyadas por los sindicatos al ofrecer vivienda por un intercambio de votos y lealtad, en un periodo en el que se buscaba fortalecer y afianzar el poder político.

En contrapartida, el papel de diseñadores en estos proyectos del Estado, particularmente refiriéndose al diseño industrial enfocado en el mobiliario, ha quedado supeditado a otras disciplinas con mayor presencia, como es el caso de la arquitectura o la pintura. Es de esta manera que surge este texto, por diversas inquietudes acerca del diseño, particularmente el diseño de mobiliario, en los años previos a su institucionalización en México y como parte de un trabajo más extenso de la presencia de la disciplina en la vida cotidiana, que ha abarcado la investigación hemerográfica, videográfica, iconográfica y bibliográfica. Gran parte del trabajo aquí presentado, se ha realizado a partir del análisis de imágenes y escritos en revistas especializadas y catálogos de la época, así como libros y archivos, mismos que permiten esclarecer y acercarse a esta parte de la historia del diseño industrial en México y su función en el desarrollo del plan gubernamental de modernidad.

Discusión Vivienda social para una clase media

En el contexto previamente descrito, la clase media fue considerada dominante en la economía, el desarrollo social y cultural. Formó parte importante en el rápido crecimiento de la Ciudad de México debido a que gran parte de la producción de objetos, construcción de viviendas y servicios urbanos iban dirigidos hacia dicho estrato social. Un elemento de esta clase media ascendente eran los trabajadores del Estado, quienes valoraban los ingresos del trabajo, la educación, la recreación y buscaban una inversión estable en bienes raíces.

Gracias a la mejora de salarios y a las ventas en plazos fijos, se incorporan como una clase con posibilidades de adquirir una mejor calidad de vida, una vivienda o algún utensilio nuevo, un guardarropa diferente, en resumen, objetos considerados como modernos. En la Ciudad se desarrolló un estilo de vida basado en una idea de progreso, bienestar, confort, control de la tecnología y productos industriales. La adquisición se convirtió en un símbolo de estatus (Ramos Watanave, 2014).

Parte de esa nueva manera de vivir se vio reflejada en los conjuntos habitacionales; con estos el gobierno colaboró en establecer un estilo de vida para una clase media urbana, que modificaba sus hábitos y sus lugares de vivienda desde el exterior. Por ejemplo, al incorporar el uso de espacios abiertos, jardines, áreas recreativas y deportivas, hasta la organización de los interiores, con la utilización de otro tipo de artefactos o distinto mobiliario.

Los “multifamiliares” no sólo contemplaban el edificio mismo, sino que simbolizaban una visión de la modernidad de la sociedad, ofrecían funcionalidad y autosuficiencia a los residentes, quienes, gracias a estas premisas, podrían llamarse individuos modernos, pero que al mismo tiempo se enfrentaron a una configuración diferente de los espacios, internos y externos a sus hogares. Los multifamiliares fueron planeados de acuerdo con una visión integral de la arquitectura, el arte y el diseño industrial. En consecuencia, los residentes debían aprender cómo vivir en este sistema modernizador: cambiar su gusto, hábitos y cómo se relacionaban entre sí, pero también entre sus objetos de uso diario.

El Centro Urbano Presidente Alemán (cupa), inaugurado en 1949, fue el primero de una serie de complejos habitacionales construidos por la Dirección General de Pensiones Civiles y de Retiro, también fue el primero en América Latina. El arquitecto Mario Pani, inspirado en las tendencias arquitectónicas de “Le Corbusier” y el Movimiento Moderno, fue el encargado del proyecto. La influencia de Le Corbusier en el trabajo de Mario Pani y en general en la arquitectura mexicana es significativa. Su obra era conocida y difundida de diferentes maneras, como conferencias, revistas[2] y también en los propios edificios. Los arquitectos de ese tiempo resumen sus premisas constructoras principalmente en cinco puntos: pilotes, estructura independiente, planta baja libre, fachada libre y jardines en la azotea (Kaspe, 1946: 3).

Le Corbusier consideraba la casa como una máquina: cada pieza posee un lugar y una función, dicha máquina incluía la propia arquitectura, los muebles y también aquellos objetos suficientes y necesarios para hacer la vida fácil, eficiente y funcional. En resumen, sus premisas fueron: reducir el área ocupada por construcciones, edificios altos para oficinas y de altura media para vivienda colectiva, todo ello rodeado de jardines, zonas deportivas y servicios comunitarios unidos por corredores.

Para el cupa la solicitud original era construir 800 viviendas unifamiliares, pero Pani presentó una segunda opción que constaba de 1 080 departamentos que ocuparían el mismo espacio y dejaba el 80% del terreno libre de cualquier construcción, con el fin de establecer jardines, un sector comercial, lavandería, guardería, dispensario, escuela y áreas deportivas (Pani, 1952: 22). Posterior al cupa fue inaugurado el Centro Urbano Presidente Juárez en 1952,[3] compuesto por 984 departamentos, donde Mario Pani continuó los mismos principios de construcción: edificios altos, grandes áreas abiertas y alta densidad de población. [4]

Si bien se aplicaron los conceptos de Le Corbusier en la construcción de los “multifamiliares”, se criticaba su insuficiente educación formal, sus técnicas de construcción, sobre todo la falta de luz solar y ventilación en los departamentos, la estandarización excesiva y el fracaso en la concentración de servicios comunitarios (De Anda Alanis, 2001: 319). Además, los arquitectos mexicanos destacaron la superioridad de la construcción nacional, particularmente el caso de cupa, que se completó incluso antes de Unité d'Habitation en Marsella[5], aunque el proyecto comenzó casi simultáneamente. Otros detalles comparables fueron: alta densidad de población, 300 en el caso del arquitecto francés y 1 080 en el caso mexicano; la libre circulación en lugar de los corredores internos Le Corbusianos, y los servicios integrados por completo.

La apariencia de edificios es otro punto a revisar. Le Corbusier mantuvo el material aparente sin ornamentaciones (Kaspe, 1946: 9), la arquitectura mexicana, incluida la realizada por Mario Pani, aplicó el concepto de Integración Plástica. En este sentido, los arquitectos trabajaron junto con artistas para crear una obra visual integrada, que consistió en arquitectura, pintura, arte, escultura, como es el caso del cupj, en el cual Carlos Mérida participó con murales para los edificios[6]; en los multifamiliares se consideraron además las propuestas de diseño industrial.

El mobiliario como modelador de la modernidad

El equipamiento de los edificios fue una parte crucial de este proyecto de modernidad. La primera vivienda social, cupa, incluía en el costo de la renta controlada diversos servicios poco usuales como radio que transmitía desde una estación local, servicio telefónico, agua fría y caliente controlada por calderas que funcionaban según horarios establecidos, closets y estantería a manera de tocadores o repisas, incineradores de basura, gas para cocinar, lavandería y cámaras de secado. En el caso de la cupj se retiraron las salas de lavandería y secado, en su lugar se instalaron fregaderos tradicionales y tendederos en las azoteas, esto por los costos a largo plazo que conllevaba el mantenimiento de dichos objetos.

La instalación de lavadoras automáticas de uso colectivo es un ejemplo explícito de estos cambios en los hábitos diarios de los residentes cupa, que significó acceso a un objeto que no formaba parte de la vida cotidiana de estas personas. Estas lavadoras pretendían poner en práctica un estilo diferente del habitual, en el que se reducía una actividad cotidiana, como es el lavado de la ropa, y se reducía a la vez el tiempo invertido y el área destinada a esta tarea doméstica dentro de los hogares.

De manera idéntica que en el exterior, en los departamentos, el uso de áreas libres y ocupadas tenía como objetivo otorgar una sensación de eficiencia, funcionalidad y sencillez, como afirmó Mario Pani, al declarar que en esos departamentos la gente necesitaría un mínimo de muebles, por lo tanto, la conservación y limpieza de los mismos se haría de manera más eficiente y rápida (Pani, 1952: 31).

Sin embargo, no sólo el equipamiento se desarrolló bajo estos conceptos; la propuesta del mobiliario interior fue crucial en la configuración de una idea de modernidad en los habitantes. Se siguieron las mismas ideas que la arquitectura contemplada por Mario Pani y del diseño moderno, cuyos principios se definían por la funcionalidad, la no ornamentación y las formas simples. Los muebles representaban máxima ventaja de espacio, alta calidad a bajo costo de producción mediante el uso de materiales locales y múltiples funciones para cada mueble. Aun cuando el cupa y el cupj compartieron una ideología similar, existieron diferencias que son prudentes de analizar.

Resultados Muebles en el cupa

Clara Porset, cercana a los arquitectos más representativos de la época y con quienes participó en varios proyectos, fue la responsable del diseño de los muebles en cupa; Industrias Ruíz Galindo, S.A. (irgsa) fue el fabricante.[7] El plan original era que en la adquisición del departamento, también se comprendía el pago en plazos del conjunto completo de muebles, hechos especialmente para cada vivienda, según el tipo diferente de familias y el espacio interno, que era de aproximadamente cincuenta metros cuadrados (De Anda Alanis, 2001: 365). Los muebles se centraron en hacer el espacio eficiente a su máximo, y construyeron cada pieza a un costo muy bajo; la funcionalidad era correlativa a las actividades de sus usuarios y mantuvo el concepto de diseño del complejo habitacional.

Con tal fin, Clara Porset empleó materiales y técnicas presentes en la artesanía mexicana, pero que al mismo tiempo cumplieran con los conceptos modernos de Mario Pani. Porset declaró que mantuvo la intención de utilizar materiales locales, esa decisión tenía tres propósitos: añadir belleza y textura a los muebles, promover el consumo y la aceptación de los objetos a través de la familiaridad que sentiría el usuario con los materiales conocidos, y reducir los costos de producción. Su concepto de diseño para este trabajo englobó otorgar a las habitantes piezas modernas, calidad de vida y cultura de la vivienda (Porset, 1950: 118). El material utilizado fue pino y madera de cedro rojo, Celotex (fibra aislante) al principio, pero más tarde se cambió por tejidos de palma y “tule”.[8] Además, Porset decidió pintar algunas piezas para intensificar la característica del material.

Cada elemento tenía una función particular; era adecuado para almacenar, pero dejaba zonas para libre movimiento. Se componía de mesas extensibles, con un sistema plegable para permitir una circulación eficiente (ver imagen 1); sillas con inclinación ajustable, según se utilizaran para comer, leer o descansar; bancos con posibilidad de girar, mesitas, sofás y unidades modulares.

A pesar de que cada elemento tenía una función designada, algunos tenían un doble uso, tal como las piezas que podían ser utilizadas como escritorios, mesas o cómodas. Los sofás-cama, de día colocados junto a las paredes para utilizar éstas como respaldos y por las noches usados para dormir. Otro ejemplo son los bancos convertibles en mesas laterales y las unidades modulares que podrían utilizarse en cualquier parte de la casa con propósitos de almacenamiento (ver imagen 2). En las opciones de dormitorios, resaltó la aplicación de cajones y estantes (ver imagen 3).

Los muebles diseñados por Clara Porset buscaban mantener, hasta cierto punto, el carácter popular, utilizó materias primas, telas o reinterpretaciones de muebles tradicionales, y tejidos aplicados a los asientos y respaldos de las sillas. Sin embargo, a pesar de estas acciones, el experimento tuvo un resultado desfavorable. Este mobiliario se planteó como un remplazo de los muebles viejos que ya poseían los residentes. Los nuevos residentes de cupa resistieron al nuevo concepto de muebles. Este mobiliario se planteó como un remplazo de los muebles viejos que ya poseían los residentes. El programa sólo equipó 108 apartamentos de los 1 080 disponibles, puesto que los habitantes no quisieron sustituir su mobiliario y, en otros casos, prefirieron comprar muebles habituales en los lugares tradicionales para hacerlo. No obstante, el proyecto puede considerarse un punto de referencia en el diseño de muebles centrados en la vivienda social.

Clara Porset, “Mesa extendible, cupa”
Imagen 1.
Clara Porset, “Mesa extendible, cupa”

Mesa compuesta por tres secciones, la fija al centro y las secciones de las orillas abatibles para agrandar o reducir el espacio necesario.

Archivo D.I. Clara Porset. Centro de Investigaciones de Diseño Industrial, Facultad de Arquitectura, unam.

Clara Porset, “Banco convertible y mesas multifuncionales, cupa”.
Imagen 2.
Clara Porset, “Banco convertible y mesas multifuncionales, cupa”.

El banco propuesto por Clara Porset tenía dos posiciones para utilizarse como asiento o bien como mesa de centro, de igual manera, las mesas laterales podían ser utilizadas en conjunto o individualmente, según conviniera al usuario.

Archivo D.I. Clara Porset. Centro de Investigaciones de Diseño Industrial, Facultad de Arquitectura, unam.

Clara Porset, “Recámara y cómodas, cupa”
Imagen 3.
Clara Porset, “Recámara y cómodas, cupa”

Para las recámaras, las bases de las camas tienen cajones para almacenar. Se aprecia el uso doble de las cómodas como escritorio o sistema de guardado. Las cómodas realizadas por Porset fueron en tamaños y configuraciones variables, así podrían servir como muebles modulares.

Archivo D.I. Clara Porset. Centro de Investigaciones de Diseño Industrial, Facultad de Arquitectura, unam.

Muebles en el cupj

El caso del Centro Urbano Presidente Juárez difiere del cupa, ya que no existió la intención de producir alguna pieza de mobiliario, ni de venta a los inquilinos ni fue diseñado por Clara Porset. Sin embargo, se proyectó bajo conceptos similares al primer multifamiliar; presentado solamente en dibujos a manera de bocetos, continuó con la ideología de la modernidad. Aunque los muebles eran físicamente inexistentes, su representación en imágenes ofrece suficiente material para un análisis preliminar.

La primera diferencia notable entre ambos es la distancia con las premisas de Clara Porset respecto al uso de materiales locales, las texturas, los colores, en general con mantener una conexión con la artesanía mexicana y su producción tradicional de muebles. Incluso algunas formas muy utilizadas desaparecen de estas imágenes, como la silla conocida como “Butaque”, que Clara Porset y muchos diseñadores de la época reinterpretaron de un mueble de diseño vernáculo. En su lugar, presentaron piezas, que se pueden considerar como una referencia explícita a lo hecho por la compañía Knoll, [9] en particular sus sillas (figura 1).

“Salas del CUPJ”. Los Multifamiliares de Pensiones, 1952, 72, 66
Figura 1
“Salas del CUPJ”. Los Multifamiliares de Pensiones, 1952, 72, 66

En esta imagen se muestran dos sillas Womb modificadas.

Carpeta Memoria Fotográfica del Archivo de la Biblioteca “Clara Porset Dumas”. Centro de Investigaciones de Diseño Industrial. Facultad de Arquitectura, unam.

La compañía Knoll fue fundada por Hans y Florence Knoll, y muchos de los más reconocidos diseñadores de la época hicieron piezas para ellos, como Marcel Breuer, Ludwig Mies van der Rohe, Charles Eames, Jens Risom, Eero Saarinen, Don Knorr y los mismos Knoll. Su diseño se respaldaba en el mobiliario como complemento del espacio arquitectónico; el diseño moderno, referido por la sencillez en las formas y la obviedad en la función como concepto creativo. La empresa consideró, en particular en su folleto de 1949, pequeños espacios y mobiliario multi-propósito para casas en la ciudad; un concepto cercano al proyecto de mobiliario de los multifamiliares, también con sofás cama, cómodas y mesas que se podían utilizar para diferentes funciones.

Uno de los modelos más representativos del catálogo de Knoll, la silla Womb Chair, conocida también como No. 70, de Eero Saarinen, aparece representada varias veces en las imágenes del mobiliario para el cupj, en los dormitorios y salas de estar. Si bien, la silla Womb se puede identificar gracias a su forma, tamaño, material y medidas, por ejemplo de las patas o en la distancia entre el piso y el asiento, se aprecia también cierta modificación y combinación en los bocetos presentados con otra de las sillas Knoll, la Executive Arm Chair o modelo No. 71.[10] Esto es visible en el orificio que tiene en el respaldo, elemento distintivo de la silla. A pesar de que la forma pertenece a una silla Womb, en las imágenes se pueden ver los objetos detrás de las sillas (ver imagen 4).

La comparación entre otras piezas no es tan obvia (ver figura 2). Por ejemplo, se puede reconocer alguna similitud entre los escritorios, las otomanas, el sofá, las sillas de salón, las mesas laterales y de café, pero nada completamente identificable; se podría decir que funcionaron como inspiración para la presentación de este proyecto.

Executive armchair (silla No. 71) y Womb Chair (silla No. 70)  

Eero
Saarinen,
Imagen 4
Executive armchair (silla No. 71) y Womb Chair (silla No. 70) Eero Saarinen,
Carpeta Memoria Fotográfica del Archivo de la Biblioteca “Clara Porset Dumas”. Centro de Investigaciones de Diseño Industrial. Facultad de Arquitectura, unam.

Recámaras del CUPJ”. Los Multifamiliares de Pensiones, 1952, 67, 73.
Figura 2.
Recámaras del CUPJ”. Los Multifamiliares de Pensiones, 1952, 67, 73.

Aparece una vez más la silla Womb Chair, además escritorios y sillas inspiradas en las piezas de la compañía Knoll.

Pani, Mario (1952), Los multifamiliares de pensiones, Editorial Arquitectura, México, pp. 66, 72.

Conclusiones

La Dirección de Pensiones cambió su nombre en 1960 por el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (issste), también en 1943 se creó el Instituto Mexicano del Seguro Social (imss). Dichas instituciones públicas, dedicadas a ofrecer servicios de salud y sociales, la primera a los trabajadores estatales, la segunda a los trabajadores del sector privado, construyeron diversas unidades de vivienda durante las décadas de 1950 y 1960, mismas que cambiaron la configuración de la ciudad y se convirtieron en hitos del trabajo arquitectónico. El gobierno introdujo los “multifamiliares” como una expresión del proyecto modernizador. El discurso del progreso, junto a la creciente clase media, que ofrecía a los trabajadores del Estado una vivienda económica, pero equipada con servicios que de otra manera eran de difícil acceso para la mayoría y que les permitiría sentirse parte de la modernidad.

Estos proyectos de mobiliario se destacan por presentar e intentar incluir a los habitantes en un nuevo concepto; el cupa por materializar toda una idea de modernización, por ser el comienzo de varios complejos que permitieron a los pobladores habitar en esa modernidad. El cup por demostrar que hubo aprendizaje de la primera experiencia e hizo posible modificar aquellas cosas que no funcionaban por falta de familiaridad o de compromiso para conservar tales objetos. Por ejemplo, se puede mencionar el caso de las tan mencionadas lavadoras que muchos inquilinos se resistieron a utilizar pro considerarlo poco higiénico, o bien el caso de las adaptaciones que cada quien hizo a sus espacios con lo cual modificaron los planteamientos originales de distribución y uso del mobiliario.

A pesar de que sólo los primeros multifamiliares incorporaron un programa de mobiliario y equipamiento tan complejo debido a los altos costos que representaba la manutención, esta tipología de vivienda fue representativa de la Ciudad de México; tuvieron su época de esplendor, y desarrollaron una visión moderna de la sociedad que perduró incluso después de que el gobierno vendiera a los inquilinos los departamentos y aun cuando hoy se encuentren deteriorados o con carencias en el mantenimiento.

Agradecimientos

El presente escrito no hubiera sido posible sin diversas aportaciones que enriquecieron la investigación. Gracias al D.I. Jorge Vadillo López, responsable del Archivo D.I. Clara Porset del Centro de Investigación de Diseño Industrial de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, por el material gráfico facilitado para ilustrar este texto.

Al Doctor Luis Rodríguez por la motivación, apoyo y la orientación en la escritura del presente artículo, así como a la Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes por las gestiones realizadas para llevar a cabo la presente investigación.

Referencias

Archivo D.I. Clara Porset. Centro de Investigaciones de Diseño Industrial, Facultad de Arquitectura, Universidad Nacional Autónoma de México.

Aboites Aguilar, L. (2008), “El último tramo, 1929-2000”, Nueva Historia Mínima de México, Colegio de México, México.

Ayala Alonso, E. (2010), “El movimiento moderno y sus conjuntos habitacionales”, Ayala Alonso, E.; Vargas Sánchez, C. (eds.), Barrios, Colonias y Fraccionamientos de la Ciudad de México, Universidad Autónoma Metropolitana, México, pp. 219-236.

Cardoso, F.H.; Faletto, E. (1977), Dependencia y desarrollo en América Latina, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, Argentina.

De Anda Alanis, E. (2008), Vivienda colectiva en la modernidad en México. Los multifamiliares durante el periodo presidencial de Miguel Alemán (1946-1952), Instituto de Investigaciones Estéticas, unam, México.

De Anda Alanis, E. (2001), Arquitectura mexicana de la década del cuarenta: la construcción de la modernidad. Los multifamiliares durante el alemanismo. Facultad de Filosofía y Letras, unam, México.

Guillén Romo, H. (2013), “México: de la sustitución de importaciones al nuevo modelo económico”, Comercio Exterior, 2013, 64, Banco Nacional de Comercio Exterior, México.

Kaspe, V. (1946), “Le Corbusier y la arquitectura contemporánea”, Arquitectura México, 21, Editorial Arquitectura, México.

Knoll Associates (1951 y 1949), Knoll.

Pani, M. (1952), Los multifamiliares de pensiones, Editorial Arquitectura, México.

Porset, C. (1950), “El Centro Urbano Presidente Alemán y el espacio interior para vivir", Arquitectura México, 1950, 32, Editorial Arquitectura, México.

Ramos Watanave, E. (2014), “Análisis de los productos de uso cotidiano en la Ciudad de México”, El impulso industrializador mexicano en 1950-1959, en: El Impulso Industrializador Mexicano (1950-1959), Universidad Autónoma Metropolitana, México.

Unikel, L. (1971), “La dinámica del crecimiento de la Ciudad de México”, Comercio Exterior, 6, Banco Nacional de Comercio Exterior, México.

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