La transformación de un sector de las viviendas vernáculas en Ciudad Juárez, Chihuahua 1920-1940

María del Carmen Zetina-Rodríguez
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México

La transformación de un sector de las viviendas vernáculas en Ciudad Juárez, Chihuahua 1920-1940

Revista Legado de Arquitectura y Diseño, vol. 1, núm. 22, 2017

Universidad Autónoma del Estado de México

Resumen: El objetivo de esta investigación es identificar las circunstancias bajo las cuales se gestaron algunas de las transformaciones que sufrieron las viviendas vernáculas entre 1920 y 1940 en Ciudad Juárez, Chihuahua, así como registrar ciertas modificaciones que se implementaron en las casas. En dicho periodo confluyeron varios fenómenos que afectaron la vida de las personas en este municipio, entre los cuales se puede señalar el fin de la Revolución y las secuelas que dejó, la llegada de miles de repatriados y las políticas del Estado en la década del treinta. La metodología utilizada fue la revisión de fuentes documentales y entrevistas a profundidad a actores clave; a partir de ambas se logró reconstruir el proceso y los espacios. Entre las limitaciones se puede mencionar el corto periodo que abarca el estudio. A diferencia de otras investigaciones que se concentran en estudiar el origen del cambio en las viviendas solamente en el contexto de la cercanía con Estados Unidos y las relaciones económicas entre ambos países, en este estudio se consideran también a las políticas nacionales como un factor clave.

Palabras clave: espacio, material, modernización, vivienda vernácula.

Abstract: The objective of this research is to identify the circumstances under which some of the transformations suffered by the vernacular dwellings between 1920 and 1940 in Ciudad Juárez, Chihuahua, as well as to register certain modifications that were implemented in the houses. This period was selected because several phenomena that affected the life of the people in this municipality, including the end of the Revolution, the aftermath of the arrival of thousands of returnees and the state policies in the decade of the thirty. The methodology used was the revision of documentary sources and depth interviews with key actors; from both it was possible to reconstruct the process and the spaces. Among the limitations may be mentioned the short period covered by the study. Unlike other research that focuses on studying the origin of change in housing only in the context of the proximity to the United States and economic relations between the two countries, this study also considers national policies as key factor.

Keywords: space, material, modernization, vernacular housing.

Introducción

En Ciudad Juárez, Chihuahua, en la década de 1920, las viviendas tradicionales estaban conformadas por una, dos, tres o más habitaciones. La distribución era diferente para cada caso; el baño se localizaba fuera de la vivienda y la cocina podía estar integrada a una habitación de usos múltiples. Además de ello, en el interior las casas podían tener vanos sin puertas, y hacia el exterior ventanas de escasas dimensiones.

Entre 1920 y 1940, la composición de las viviendas tradicionales se modificó debido a que se incorporaron nuevos materiales, espacios y elementos de construcción. Dichos cambios se debieron a circunstancias sociales, políticas y económicas, además de la cercanía con Estados Unidos.

Entre la población en general escaseaban los recursos económicos y los gobiernos locales enfrentaban circunstancias similares. Para 1920, el país estaba desgastado económica y materialmente tras el fin de la Revolución Mexicana, los recursos para realizar obras públicas en los municipios escaseaban.

A diferencia de otras ciudades, los municipios fronterizos enfrentaron la llegada de miles de repatriados arrojados de Estados Unidos durante la gran crisis mundial, lo que provocó la falta de espacios para alojar a quienes decidieron quedarse con la esperanza de reingresar al vecino país.

En esta investigación se exploran las circunstancias en que se gestaron algunas modificaciones en un sector de las viviendas vernáculas o tradicionales (en este caso se emplean como sinónimo ambas palabras) en Ciudad Juárez, entre 1920 y 1940. Algunas de las preguntas que se intentarán resolver son: ¿Cómo eran las viviendas tradicionales?, ¿Qué dificultades enfrentaban sus moradores?, ¿Cuáles fueron los procesos y las circunstancias que propiciaron la transformación de las casas?, ¿Qué cambios se presentaron en este tipo de viviendas? La metodología que se utilizó fue histórica a través de la revisión de fondos documentales y etnográficos por medio de entrevistas y recorridos de campo.

Vivienda vernácula: entre la modernidad y la modernización

En Ciudad Juárez, Chihuahua, como en otros municipios fronterizos de México, se transformó la tipología de algunas viviendas tradicionales o vernáculas debido a los cambios sociales, culturales, económicos y medioambientales de principios del siglo xx. El fenómeno se presentó en el contexto de la pacificación del país después de 1920, pero se puede rastrear su origen hasta finales de 1 800, durante el Porfiriato.

Para Rapoport (1972), las viviendas vernáculas tienen características particulares que se relacionan con aspectos sociales, culturales y medioambientales. En el caso que nos ocupa, los factores culturales tienen que ver con el origen multiétnico de sus habitantes, provenientes de distintas regiones del país y de otras latitudes, quienes aportaron sus propias tradiciones constructivas. Las implicaciones sociales se relacionan con el intercambio local e internacional con El Paso, Texas. En lo relativo al ambiente, las circunstancias que moldearon la arquitectura fueron las condiciones climáticas extremas, la cercanía con el desierto y la limitada disposición de recursos maderables.

Algunos autores señalan que esto se debe, además, a que los conocimientos sobre los procesos de edificación son dinámicos y constantemente se readaptan, renuevan y amplían (Lárraga et al., 2014: 127). También influyen las circunstancias de determinada época (Calderón y Alcántara, 2007).

Diferentes factores alentaron el fenómeno: a) la migración, con la consecuencia de la llegada de remesas que permitían modificar las construcciones existentes y generar nuevas; b) el agotamiento de los materiales que usualmente se empleaban para edificar (Ettinger, 2010: 13-40); c) la adquisición de materiales no tradicionales; d) la llegada de nuevas ideas constructivas relacionadas con la experiencia migrante (Camus y Bastos, 2011). En otro ámbito de ideas, influyeron también el aumento de los integrantes de cada familia y su edad (Rodríguez, 2011); e) las políticas nacionales, y f) la cercanía con Estados Unidos.

No se podría entender esta transición sin señalar el contexto histórico del desarrollo económico del país (Guerra, 1988). A finales del siglo xix, el gobierno pretendió modificar la forma de vida de la población mediante el establecimiento de servicios y la edificación de obras públicas (Valenzuela, 2014: 24). A pesar de que la Revolución frenó el cambio, una vez que se alcanzó cierta estabilidad se reinició el proceso. Las políticas económicas alentaron la llegada de nuevos estilos, materiales y tecnologías para la construcción, desde Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania (Silva, 2011: 180). Aunado a ello, en los albores del siglo xx confluyeron diferentes estilos: neocolonial (Lozoya, 2007; Bojórquez, 2009), neogótico (Checa-Artasu, 2016), moderno, art decó (Guitart, 2006) y el funcionalismo mexicano desarrollado de 1930 a 1960 (Urzaiz, 2013: 75).

En el caso de algunos municipios fronterizos y del norte del país, la modernidad en el terreno de la construcción se asocia a la presencia estadunidense, debido a la lejanía con respecto al centro del país (Urías y Espinosa, 2013: 21) como a las relaciones económicas que se entablaron entre los residentes de ambas naciones (Calderón, 2013: 42).

La influencia estadunidense

Las viviendas tradicionales tenían notables diferencias técnicas y materiales con respecto a las estadunidenses. También la estructura y la composición de los espacios eran distintas. Por ejemplo, Francisco Javier López Morales (citado en Calderón, 2013: 45) señala que la presencia de México y de Estados Unidos era distintiva por las construcciones de adobe y de madera, respectivamente.

La posterior influencia estadunidense en la frontera y el norte del país, se aprecia en las casas de Valle del Fuerte, Sinaloa; Ensenada, Baja California, y Ciudad Juárez, Chihuahua. Estas aportaciones se extendieron a otras ciudades del país por medio de los flujos migratorios y las redes de comunicación y de transporte (Silva, 2011: 179-205;Villar, 2013: 112; Urías y Espinosa, 2013: 18).

En algunos casos, como el Valle del Fuerte, la introducción de empresas estadunidenses implicó la movilización de un contingente de emigrantes que incorporaron modos distintos de construcción (Urías y Espinosa, 2013: 24). En Ensenada se introdujeron casas prefabricadas que se comercializaban por medio de catálogo. Los envíos incluían “los planos, la madera numerada y lista para unirse […] las instrucciones de ensamblaje” (Calderón, 2013: 45).

En Ciudad Juárez, aun cuando fue separada de El Paso en el siglo xix, pervivieron las relaciones sociales, culturales y económicas con sus vecinos del norte (Fuentes, 1992: 154). Según Lidia Sandoval (2016), comparten una arquitectura que tuvo un origen común, pero que con el tiempo se diversificó. De la época prehispánica es el jacal, vivienda conformada por una sola habitación, y el estilo pueblo; posteriormente, con la llegada de los españoles, proliferaron los estilos: colonial, misional, victoriano y más después el neocolonial. Más tarde se importaron el bungalow (254-285) y el Board and Batten (Jensen, 1971: 40-50) que se popularizó en Estados Unidos en el siglo xix.

Para hacer evidente la forma en que estaban constituidas las viviendas tradicionales se recurrió a fuentes de archivo y trabajo etnográfico. Entre los expedientes se pudo identificar una inundación ocurrida en 1923 en Ciudad Juárez, la cual afectó un área significativa. En ese contexto un amplio sector de la población perdió sus viviendas parcial o totalmente. A partir de los expedientes de la época se pudo identificar el número de recintos que en promedio tenían las viviendas.

Otra fuente es entrevistas a actores clave que nacieron entre 1920 y 1930. Las medidas aproximadas se obtuvieron a partir de las descripciones y las representaciones gráficas que hicieron los usuarios, con excepción de la figura 5, casa sola, cuyos dueños permitieron hacer el levantamiento directamente.

La diversidad de viviendas

De acuerdo con los datos identificados en el Fondo de Reconstrucción del Archivo Histórico Municipal de Ciudad Juárez[1] y las narraciones mencionadas, se tiene noticia de que las viviendas con herencia colonial y prehispánica de la segunda década del siglo xx tenían una composición de espacios y el número de cuartos variable. Estaban generalmente conformadas por dos o más habitaciones y organizadas de manera lineal, en forma de “L” o “U”, alrededor de un patio central. En otros casos tenían un sólo recinto (jacales), el cual podía tener muros de más de cincuenta centímetros, techos de terrado conformados por vigas, y sobre ellas ramas o carrizos cubiertos con una capa de tierra y un mortero de cal y arena; postes verticales de madera y muros sostenidos por horcones (Sandoval, 2016: 299). Al parecer, otras viviendas tenían más de seis habitaciones y albergaban a una o a varias familias (AHMCJ, FR, SA, SSA, C.12, A. 1921-1923).

Las ventanas eran pequeñas o en ocasiones no había, probablemente por la necesidad de conservar la temperatura en el interior, así que la iluminación y la ventilación en su mayoría provenían de los vanos. Todas eran construidas con adobe. A veces tenían lugares específicos para comer, convivir y dormir, y otras uno o dos recintos servían para todas esas funciones. El baño se localizaba fuera de las habitaciones, el aseo personal se llevaba a cabo dentro de las viviendas. En el caso de las vecindades la letrina estaba en el patio y cambiaba de lugar una vez que se saturaba.

Agustín González Medrano, nacido en 1933 en un hogar de escasos recursos, ubicado en la Chaveña, al oeste de la ciudad, en uno de los barrios más antiguos, recuerda que “era una casa humilde, eran dos habitaciones nada más […] sala y dormitorio, y la otra era cocina y comedor, y ahí nos distribuíamos todos. Tenía una puerta hacia el patio y unos escalones” (Agustín González Medrano, comunicación personal, 20 de mayo de 2014). Añade que en ambos costados había cuartos ocupados por otras familias (ver figura 1). En esa época era común que las personas rentaran una o varias habitaciones independientes, por la constante llegada de emigrantes provenientes del centro del país, posteriormente por la llegada de repatriados.

En contraste, la casa de Alfonso Reinoso (1934) (figura 2), ubicada en el centro de la ciudad, estaba conformada por cinco habitaciones. Recuerda que era muy oscura y se inundaba en época de lluvia. Probablemente un amplio sector de la población enfrentaba circunstancias similares debido a la orografía del territorio.

Angelina Suárez, nacida en 1926, se mudó de Chihuahua a Ciudad Juárez a finales de la década de los veinte. Su padre, Rafael Suárez, adquirió un terreno en el oeste de la ciudad y ahí edificó una casa de tres cuartos (figura 3). Angelina y Alba, su hija, los recuerdan orientados hacia un patio central; la letrina no estaba integrada a ellos.

Alfonso Reinoso.
Figura 2
Alfonso Reinoso.
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Angelina Suárez.
Figura 3.
Angelina Suárez.
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Las normas del Estado

Las políticas del gobierno federal permitieron la importación de productos libres de gravámenes para la edificación. Es probable que esta circunstancia alentara a algunos sectores de la población a realizar modificaciones en sus viviendas.

Las lluvias de 1923 en Ciudad Juárez dejaron cientos de casas dañadas, en apoyo a los damnificados se constituyó una Junta de Beneficencia, que entre sus funciones tenía: conseguir, administrar fondos, así como solicitar la importación de materiales para construcción desde El Paso, sin pago de impuestos (AHMCJ, FR, SA, SSA, C.12, A.1921-1923).

La Junta envió un gran número de misivas a la Aduana Fronteriza para solicitar la condonación de impuestos en la importación de insumos para la reconstrucción de viviendas, pero, dicho órgano se negó todas las veces arguyendo que la decisión dependía de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (AHMCJ, FR, SA, SSA, C.12, A.1921-1923). Tiempo después, el gobierno federal generó un nuevo decreto para que los residentes de la frontera o dentro del perímetro pudieran adquirir insumos, libres de impuestos, para la construcción o la reconstrucción de sus casas. A pesar de que tuvo una vigencia de pocos años, alcanzaron a llegar una gran cantidad de productos, probablemente de gran diversidad y mejores precios (AHMCJ, FR, SA, SOP, C.2, A. 1928-1929, E.3), pero sólo un escaso sector de la población tenía la posibilidad de importarlos: “ladrillos, […] sacos de cemento […] rollos de papel para techo […] vidrios para puertas y ventanas” [factura consular de 1930] (AHMCJ, FR, SA, SOP, C. 3, A. 1929-1930, E. 1), además de varillas de acero y brea; incluso hubo quienes solicitaron la importación de madera: “Que el C. Juan Muñiz, tiene permiso para construir una casa de madera en la Avenida Juárez, de esta ciudad (enero 4 de 1929)” (AHMCJ, FR, SA, SOP, C.2, A. 1928-1929, E. 1).

La incorporación de los nuevos materiales implicó que se modificara la forma de construir; entre los cambios se puede citar el relativo a los techos: “era de viga de madera y arriba llevaba una torta de tierra; nos goteábamos siempre en época de lluvia” (Alfonso Reinoso, comunicación personal, 1 de abril de 2015). Para evitar esa situación, probablemente algunos optaron por importar e instalar en los techos papel creosotado y brea con el objetivo de impermeabilizar (AHMCJ, FR, SA, SOP, C.2, A. 1928-1929, E.1).

Otro elemento fue el piso, que en muchos casos era sólo de tierra apisonada. Se instaló madera en su lugar: “[…] el piso era de madera y [...] había un hueco para abajo, como de un metro; entonces, cuando se inundaba, ahí se nos quedaba el agua” (Alfonso Reinoso, comunicación personal, 1 de abril de 2015). Cabe destacar que no se trataba de un piso de madera pulida, sino de tablones cepillados.

En los ámbitos de la composición y el diseño se introdujo el uso de puertas y ventanas de madera con medidas estandarizadas, también importadas del vecino país (AHMCJ, FR, SG, C. 222, A. 1933-1934, E. 2). Y, aunque desde 1920 se comenzaron a introducir los elementos para los baños y las cocinas, no fue sino a partir de 1930 cuando el volumen de importación se elevó.

Las transformaciones que se generaron en las viviendas tradicionales mejoraron consecuentemente la calidad de vida de quienes las habitaban. Los techos de madera, barnizados con brea y cubiertos después con papel impermeable, impidieron que se inundaran en época de lluvia. La madera que se instaló en los pisos conllevó un ambiente térmico y a la vez una forma de salvar la irregular orografía de los predios.

Por lo general, se considera que el cemento y el acero se utilizaban sólo en la edificación de obra pública y privada realizada por ingenieros y arquitectos, pero los documentos confirman que también se incorporaron a la construcción de viviendas tradicionales. Paulatinamente se sustituyó el adobe por ladrillos; además, se incorporó el uso de varillas y hormigón.

Agua limpia y drenaje

Poco después de que concluyó la Revolución, el sistema de abasto y desalojo de agua abarcaba sólo una pequeña área urbanizada de Ciudad Juárez; sin embargo, en la década del treinta se promovió la modernización de las ciudades con el establecimiento de servicios públicos: redes eléctricas, hidráulicas y de saneamiento, puentes y pavimentación, entre otros (Aboites, 1998), circunstancia que benefició a los poblados fronterizos.

El acceso a los servicios hidráulicos probablemente alentó a unos pocos dueños de viviendas tradicionales a establecer baños fijos y cocinas. Era un proceso que implicaba la erogación de cuantiosos recursos.

La conexión al drenaje representó un gran cambio para los pobladores, que por fin pudieron establecer un baño fijo y alejar los detritos y malos olores. La instalación corría por cuenta del propietario, para lo cual tenía que contratar a un plomero autorizado por el gobierno municipal y debía pagar un permiso para conectarlo al caño central, así como la tubería hasta el interior de la casa.

Fue así como llegó el baño tipo inglés, además accesorios como lavamanos y regadera. Algunos incluso lo incluyeron por voluntad propia, aunque no existieran las condiciones para hacerlo: “Soy dueño de una casa […] tengo instalados dos escusados para servicio de drenaje; no habiendo este servicio cerca de la casa, solicité un permiso […] para hacer a la orilla de la banqueta unos agujeros para descargar ahí agua de los escusados” (AHMCJ, FR, SA, SOP, C.1, A. 1924-1925, E. 1), con la condición de que éste quedara herméticamente cerrado. En este caso quizás el cambio obedeció al confort de tener un retrete en vez de una letrina; en otros, eran obligados por las autoridades municipales, o por la coerción que ejercieron los dueños de fincas cercanas que ya tenían baño fijo (AHMCJ, FR, SA, SOP, A. 1928-1929, C. 2, E. 3).

Para 1930, en el contexto de la dotación de agua y el establecimiento de redes de saneamiento, un número más significativo de pobladores pudieron construir el baño en el interior de la vivienda. Ello se deduce a partir del aumento de las facturas de importación de los elementos para el servicio sanitario (AHMCJ, FR, SG, C. 222, A. 1933-1934, E. 2).

Quienes podían acondicionar un lugar especial para el baño empezaron a importar otros elementos para equiparlo. Un documento señalaba: “María Teresa Jaime […] tiene permiso para construir un cuarto de baño en donde instalará: una tina de baño, una regadera, un lavabo de pedestal, un gabinete de medicina, una cortina con cortineros de baño” (AHMCJ, FR, SG, C. 222, A. 1933-1934, E. 2).

En algunas viviendas, la elaboración de los alimentos se realizaba en uno de los cuartos, el cual podía ser empleado también como comedor y dormitorio. Debido a que la llave de agua se localizaba fuera, la limpieza de los utensilios se hacía allí. Eran poco comunes aquellas en las que la cocina o cocina-comedor fuera un espacio independiente; aun así, se sabe que se instalaron fregaderos, pero es imposible saber si construyeron un lugar especial para la cocina (AHMCJ, FR, SG, C. 222, A. 1933-1934, E. 2).

La figura 4 muestra la vivienda de Angelina Suárez y de Jesús Franco, quien fue repatriado a finales de la segunda década de los xx, durante la gran crisis mundial (Alanís, 2005). El croquis se elaboró a partir de la observación directa y de descripciones de su actual propietaria Alba Franco (comunicación personal, 20 de enero de 2016). La casa tiene dos recámaras, sala, cocina y comedor integrado, un pasillo que conecta a casi todas las áreas, además de un baño con retrete, regadera, lavamanos integrado.

La figura 5 representa una casa construida en la década de 1940; el croquis se elaboró a partir de la observación directa. Está conformada por sala, recámara, cocina y baño en el patio trasero.

Entre 1920 y 1940 se estandarizaron de alguna manera los elementos de diseño de las viviendas tradicionales, como las ventanas y las puertas. Los baños dejaron de ser estructuras de madera trashumantes, para fijarse en un lugar específico y construirse con ladrillo o adobe, en algunos casos instalados dentro de las viviendas. Un documento posterior atestigua dicha modernización: se autoriza “construir una casa que consta de sala, dos recámaras, cocina, baño y garaje (julio 22 de 1932)” (AHMCJ, FR, SG, C. 222, A. 1933-1934, E. 2).

Angelina Suárez.
Figura 4.
Angelina Suárez.
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Vivienda de 1940.
Figura 5.
Vivienda de 1940.
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Conclusiones

A través de la etnografía y la historia se pudo reconstruir la posible apariencia que pudieron tener algunas viviendas tradicionales de las décadas del veinte y treinta. Además, la observación del contexto histórico, socioeconómico, medioambiental aportaron las herramientas para entender el fenómeno de la transformación de las casas en esta región como un proceso que probablemente guarda una relación con el de otros lugares del norte.

Las transformaciones en las viviendas vernáculas en las ciudades fronterizas como Juárez no se puede comprender al margen del intercambio social, económico y cultural entre ambos países, en este caso, el origen común de ambas ciudades. Aunado a ello, los continuos flujos migratorios provenientes del centro del país y de otras regiones del mundo. Así como del regreso de miles de repatriados durante los momentos de crisis del vecino país. Las viviendas tradicionales en esta frontera tenían diferentes formas de organizar el espacio, algunas de ellas guardaban relación con la herencia colonial, mientras que otras probablemente tenían un estrecho vínculo con las casas originales de esta región.

En este caso se pueden identificar cortes temporales en los que es posible detectar la llegada de nuevos objetos tecnológicos para las viviendas en general. Ejemplo de ello fueron los lavatrastos y los baños tipo inglés se popularizaron en Europa a finales del siglo xix. Resulta interesante la forma en que se adaptaron estos objetos a casas que no tenían flujo continuo de agua ni tampoco drenaje.

En lo que respecta a los techos, quizás fue uno de las adaptaciones que posiblemente tuvo más aceptación, ya que las techumbres originales requerían de mayor mantenimiento y cuidado, dado que estaban formados por diferentes capas, aunado a ello no garantizaban protección contra aguaceros. A pesar de que en esta región las precipitaciones son escasas, en algunas épocas del año, sobre todo en verano, se presentan algunas lluvias torrenciales. En ese contexto, los techos de madera impermeabilizados con alquitrán y después con papel, probablemente eran una solución eficiente y económica para impermeabilizar, además eran más livianos. Hasta la época contemporánea es posible identificar este tipo de techo en las colonias más antiguas de la ciudad.

En lo relativo a los pisos, éstos eran de tierra apisonada. Probablemente algunos grupos de la sociedad pudieron adquirir pisos de mosaico u otro material a principios del siglo xx. Sin embargo, los menos afortunados tuvieron que vivir sobre suelo de tierra. En ese contexto, la madera les permitió tener mayor confort, pues salvaba la orografía del terreno.

A pesar de que se practicaba el oficio de la carpintería, la introducción de puertas y ventanas con medidas estandarizadas probablemente modificó la forma de concebir el diseño y composición de las viviendas tradicionales. Aunado a ello se podían adquirir los repuestos para esos elementos. Quizás uno de los cambios más notable fue la introducción de un espacio designado para los vehículos, pues los garajes se integraron a algunas viviendas. Ello en el contexto de la popularización del uso del automóvil y la necesidad de tener un espacio donde resguardarlo.

Referencias

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Notas

1 Archivo Histórico Municipal de Ciudad Juárez (AHMCJ), Año (A), Caja (C) y Expedient

rchivo Histórico Municipal de Ciudad Juárez (AHMCJ), Año (A), Caja (C) y Expediente (E).

Fondos documentales: Sección Administración (SA), Fondo Reconstrucción (FR), Subdirección Secretaría del Ayuntamiento (SSA), Subdirección Obras Públicas (SOP), Secretaría del Ayuntamiento (SA), Sección Gobierno (SG).

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