ARQUITECTURA Y HABITABILIDAD EN EL MULTIFAMILIAR PARA MAESTROS DE M. PANI Y S. ORTEGA

ARCHITECTURE AND HABITABILITY IN THE FACULTY APARTMENT BUILDING BY M. PANI AND S. ORTEGA

Bruno Cruz-Petit
Universidad Motolinía del Pedregal, México
Alejandro Leal-Menegus
Universidad Nacional Autónoma de México, México
Alejandro Pérez-Duarte
Universidad de FUMEC Belo-Horizonte, Brasil

ARQUITECTURA Y HABITABILIDAD EN EL MULTIFAMILIAR PARA MAESTROS DE M. PANI Y S. ORTEGA

Revista Legado de Arquitectura y Diseño, núm. 25, 2019

Universidad Autónoma del Estado de México

Recepción: 11 Agosto 2018

Aprobación: 09 Noviembre 2018

Resumen: El presente artículo estudia el edificio multifamiliar construido para los maestros universitarios en Ciudad Universitaria en 1952, diseñado por los arquitectos Mario Pani y Salvador Ortega. Edificio que ilustra de manera ejemplar la difusión de los ideales de la arquitectura moderna en México en cuanto a la vivienda colectiva se refiere. Nuestro objetivo es entender la interacción entre los planos materiales y sociales del edificio. Para ello, se realiza un diagnóstico arquitectónico del edificio en 2018, a la vez entrevistamos a algunos vecinos, los cuales proporcionaron una valiosa información sobre los cambios y las formas de habitar dichas viviendas a lo largo de varias décadas. Asimismo, recurrimos a los archivos de la propia universidad donde recopilamos información documental inédita sobre el edificio. A partir de lo anterior, discutimos las contradicciones de la obra (la ambigüedad de origen sobre el perfil de habitantes), así como las transformaciones permanentes en la conquista de la habitabilidad.

Palabras clave: arquitectura moderna, Ciudad Universitaria, habitabilidad, Mario Pani, México, vivienda colectiva.

Abstract: This article studies the apartment building intended for faculty members in Ciudad Universitaria in Mexico City, designed by Mario Pani and Salvador Ortega in 1952. A building that powerfully showcases the dispersal of modern collective housing ideals in Mexico. Our intention is to understand the interactions between the material and the social aspects of the building. As a result of analyzing the building in 2018, and with the help of the community of neighbors, we had a complete access to the building´s interiors but also the possibility of undertaking many interviews with members of the community. At the same time, we collected novel information at the universities archives. Thus revealing the original contradictions of the project (an ambiguity on the profile of residents), and its permanent transformation in the conquest of habitability.

Keywords: modern architecture, Ciudad Universitaria, habitability, Mario Pani, Mexico City, faculty housing.

INTRODUCCIÓN

El multifamiliar para maestros de Ciudad Universitaria (CU) fue proyectado en conjunto por Mario Pani y Salvador Ortega (figura 1); la firma Mario Pani y Asociados ya había diseñado en 1948 el Centro Urbano Miguel Alemán (CUPA) y en 1951 el Centro Urbano Benito Juárez (CUPJ), antecedentes directos de nuestro caso de estudio. En dichas obras se creó, conforme a los ideales del urbanismo moderno, un entorno alejado de la retícula urbana tradicional (la ciudad dentro de la ciudad), algo que no sucedió en el multifamiliar para maestros, el cual no cuenta con supermanzana ni centro urbano, quedando, tras varios proyectos iniciales de fraccionamiento para maestros, como edificio habitacional único relativamente aislado dentro de la zona universitaria (Leal, 2016). Como veremos tanto el aislamiento como el mantenimiento y la ambigüedad en el concepto habitacional del edificio –construido dentro de la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero gestionado por la Dirección de Pensiones Civiles en la línea de la política habitacional de tipo social–, dibujan una problemática sobre la que la presente investigación quiso trabajar. El multifamiliar de Ciudad Universitaria aparece, efectivamente, como una obra singular, relativamente poco referenciada, pese a la importancia de los proyectistas y la ubicación de la misma, en el corazón de Ciudad Universitaria en la Ciudad de México, una zona declarada en 2007 Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En comparación con el cupa y el cupj no ha generado una literatura crítica profusa; es un edificio abordado de manera puntual por De Anda (2011: 265), quien le dedica unas líneas y por Noelle (2008: 143). En nuestro caso, la obra fue atractiva como objeto de estudio por la posibilidad de conocerla a fondo, gracias a un acuerdo con la comunidad de vecinos, mismo que nos daba acceso al edificio y la posibilidad de realizar un levantamiento de los elementos arquitectónicos y simultáneamente tener un conocimiento de la faceta social y vivencial del habitar en dicho entorno.

Figura 1.
Figura 1.

Vista del Multifamiliar de Ciudad Universitaria.

Fuente: Fotografía de Rene Ortega / Erick Muñoz Montes de Oca, 2018.

Retomamos el caso de estudio desde una perspectiva tanto constructiva como habitacional y posocupacional. Para este último aspecto cabe destacar que los estudios de pos-ocupación de vivienda de la Ciudad de México, muy abundantes sobre todo en lo que ha sido vivienda popular y menos en edificios de clase media, toman en cuenta el carácter de construcción histórico-cultural de la habitabilidad (Giglia, 2012; Velázquez, 2010). Recordemos también que la habitabilidad no consiste solamente en una serie de atributos materiales del espacio necesario y satisfactorio (luz, ventilación y distribución acorde a las necesidades básicas consideradas así en la primera mitad del siglo XX) o a una atenta combinación de privacidad y convivencia sino también en el goce de dispositivos que responden adecuadamente a distintos modos de vida (Casals y Arcas, 2010) y necesidades simbólico-emocionales. A menudo nos encontramos con modificaciones e reinterpretaciones del espacio original, basadas en diseños improvisados a posteriori por los mismos habitantes, que satisfacen necesidades no siempre contempladas en el proyecto inicial: seguridad reforzada, capacidad de control del confort ambiental y acústico (Landázuri y Mercado, 2004), significatividad y ornato. Como veremos, estas últimas “fueron relevantes en la historia del multifamiliar de maestros y nos hablan de una dimensión del habitar en la que entra en juego la apropiación del espacio” (Cruz, 2015: 83-84). Habitar es terminar de construir simbólicamente y físicamente un espacio, reconociéndose en él, con prácticas condicionadas por el contexto social y el entorno urbano.

METODOLOGÍA

La investigación sobre el multifamiliar para maestros fue realizada entre agosto y diciembre de 2017 por tres investigadores, dos arquitectos y un sociólogo, apoyados por una treintena de alumnos de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. La finalidad del trabajo fue conocer a fondo la obra, precisar su valor arquitectónico, cultural y su habitabilidad, además de coadyuvar a la preservación del edificio, estableciendo un diagnóstico patrimonial, mismo que estableciera lineamientos de conservación y mantenimiento. Ello favoreció, a nuestro entender, su inclusión como parte integral del área patrimonial de Ciudad Universitaria, al establecer un vínculo entre la comunidad habitantes del multifamiliar y la comunidad universitaria (alumnos y profesores de la Facultad Arquitectura). De manera específica, se elaboró un levantamiento arquitectónico del edificio mediante planos del contexto, plantas generales, fachadas, plantas tipo y cortes, así como el registro de los sistemas constructivos, materiales y acabados presentes a través de un levantamiento fotográfico. Se confeccionó un registro del estado actual del edificio, con todas sus alteraciones, daños y deterioros, con base al estado original proporcionado por el análisis histórico; finalmente se entrevistaron a residentes de tres departamentos. Como producto del registro y análisis se plantearon una serie de lineamientos de conservación y mantenimiento para detener su deterioro y abonar a su conservación. Los resultados del trabajo fueron presentados a la comunidad, a quien se hizo entrega en forma física y digital del diagnóstico patrimonial. Por otra parte, para comprender cabalmente este caso de estudio, tuvimos que profundizar previamente en el contexto histórico e institucional de su construcción, e incluir en la metodología no sólo la valoración arquitectónica del inmueble y su uso, sino también el contexto de su construcción, recurriendo a documentación disponible en el Archivo Histórico de la UNAM (AHUNAM) y en el Archivo de Arquitectos Mexicanos (AAM) de la Facultad de Arquitectura, mismo que nos ayudaría a comprender mejor los procesos de habitabilidad y mantenimiento del inmueble.

Figura 2.
Figura 2.

Profesores y empleados universitarios en recorrido por las obras de construcción de la Ciudad Universitaria, ca. 1951. En la fotografía se observa un letrero que indica el emplazamiento del fraccionamiento para profesores y empleados universitarios.

Fuente: AHUNAM.

PROBLEMÁTICA DEL EDIFICIO

El proyecto de Ciudad Universitaria, a inicios de la década de 1950, estuvo pensado para modernizar la enseñanza superior de México, con un campus amplio y dotado de los equipamientos de los que carecía la universidad en el centro histórico. La referencia básica, sin duda, eran los edificios habitacionales para maestros, estudiantes y académicos invitados en Europa y EEUU, los cuales daban pleno sentido al término “ciudad universitaria”. París era un referente en este ámbito, con una cité iniciada en la primera posguerra del siglo XX como utopía de convivencia y amistad entre las élites estudiantiles de distintos países, integrando en el campus edificios diseñados por arquitectos innovadores como Le Corbusier o Lucio Costa.[5] En el caso mexicano, el objetivo finalmente fue el descarte de habitaciones para estudiantes. En lugar de pensar que la UNAM recibiera mucha población de otras partes de la república se pensó en desarrollar universidades en los estados y no se consideró el eventual alojamiento de alumnos o profesores extranjeros. De la documentación contenida en el AHUNAM se desprende que la promesa de futuros edificios habitacionales en la universidad era un elemento importante a la hora de atraer a maestros que estaban reticentes a desplazarse hasta una zona que en ese momento estaba fuera de la Ciudad de México (figura 2). Ello nos hace pensar en el uso “político” de una arquitectura de vanguardia que era elemento de negociación con la comunidad universitaria, y al mismo tiempo, por la magnitud, novedad y visibilidad del proyecto de Ciudad Universitaria, un activo publicitario eficaz de la política social modernizadora y de vivienda en el sexenio de Miguel Alemán (no en vano la fecha de inauguración coincidía con el Informe Presidencial de Septiembre). Según nuestra hipótesis, ésta sería la razón por la cual se construyó un edificio que seguía con total fidelidad el modelo del tipo “C” del CUPJ; es decir, un edificio que no fue resultado de un estudio previo y en profundidad sobre las necesidades y características de los futuros usuarios, los maestros. De ahí que no aparece en la documentación de 1951 y de pronto aparece en 1952, con un anteproyecto en el que la planta baja estaba en pilotis, destinando un espacio al comercio.[6]En detrimento de las propuestas de casa-habitación para profesores presentadas ante la UNAM, que seguramente hubieran sido más acordes a las preferencias de los catedráticos (Leal, Pérez-Duarte y Cruz, 2018: 46), se escogió la vivienda colectiva en altura, que en el sexenio de M. Alemán se vio favorecida, con una empresa (Ingenieros Civiles Asociados), que tenía una infraestructura ya puesta en marcha en dos obras previas dirigidas a vivienda social masiva. La obra puede verse como parte de la política de reconocer y visibilizar la inclusión de los maestros en la categoría de trabajadores del Estado; también como una forma de prestigiar la arquitectura de edificios verticales de departamentos, solución a futuro para dotar de vivienda a una población en rápido crecimiento como la mexicana, integrándola en la arquitectura de CU.

Figura 3.
Figura 3.

Nota publicada en la Gaceta de la Universidad el lunes 8 de noviembre de 1954: 4.

Fuente: AHUNAM.

Además, si consideramos el papel que tuvo la Dirección General de Pensiones en la asignación de las viviendas y la gestión del inmueble, cabe pensar que el proyecto se puede entender mejor, no tanto como proyecto universitario, sino como parte de las políticas del gobierno para elevar el nivel de vida de la población por medio de una intervención directa en el mercado de vivienda. De la documentación disponible deducimos que la Dirección General de Pensiones, a la que se cedió la propiedad del terreno durante 25 años, se erigió, tras la construcción, como el órgano regulador y administrativo protagonista. En un documento del ahunam titulado “Bases para la asignación de departamentos en el edificio multifamiliar de Ciudad Universitaria”, queda claro que es la Dirección General de Pensiones, quien nombra al personal administrador y de vigilancia; también trata directamente los cobros de las rentas con los arrendatarios (con un recibo en el que el edificio pasa a llamarse, significativamente “Centro Urbano Multifamiliar”) y abre la puerta al arrendamiento a personal laboral, pero no docente de la UNAM (p. 3). Como se observa en la nota publicada en la Gaceta de la Universidad en noviembre de 1954, su puesta en servicio representó su re-conceptualización de un edificio para maestros a un edificio para universitarios, en el que además de profesores se dio cabida a empleados (figura 3).

Desde el inicio de su puesta en servicio, la gestión tuvo carencias reflejadas en las cartas de reclamo de los residentes hacia las autoridades universitarias (lo cual nos indica que, en cierto sentido, la unam seguía siendo un referente al que acudir, incluso tras la conclusión de la obra; la doble paternidad del edificio, en este sentido, podría haber dificultado su gestión). En una misiva fechada el 27 de julio de 1955 se señala la ausencia de administrador, teléfono y cuartos de servicio; en otra de 21 de diciembre de 1956 el problema expuesto es la basura arrojada en el ángulo sur-oeste.

Las quejas señaladas son elementos puntuales que contrastan con el carácter higienista de las políticas habitacionales de la época, en las que el orden, planificación e individualización de algunos servicios permitió universalizar prácticas “civilizatorias” (Ballent, 1998), que eran verdaderos signos de modernidad de la época: el ducto para desechos, calentador individual de agua, que se sumaban a novedades como el elevador, el teléfono y la radio (el mástil visible en la azotea era una antena de radio). La vivienda colectiva moderna era en todo el mundo, desde los años treinta, vector de innovaciones tecnológicas y lugar de consumo fomentado por el modo estadounidense de vida en el que la practicidad, ahorro de tiempo y esfuerzo eran valores en alza. El interior doméstico se convirtió así en escenario de una idea de confort que ya no era la decimonónica, cualitativa y subjetiva (la expresión de un sentimiento), sino una noción objetiva, cuantitativa, medible, ligada a la idea de progreso (Eleb-Bendimerard, 2011: 15) y goce de equipamientos.1 En la Ciudad de México, un proyecto particularmente exitoso en sus primeros años de vida fue el Centro Urbano Miguel Alemán de Mario Pani, como demuestra el estudio cualitativo que coordinó a fines de los años noventa G. Garay (1999).

ANÁLISIS DEL EDIFICIO: RESULTADOS

Figura 4.
Figura 4.

Plantas arquitectónicas del Multifamiliar para maestros, 2018. Se aprecian los dos niveles del departamento tipo dúplex, así como la construcción de terrazas por algunos vecinos en las plantas superiores.

Fuente: Dibujo Erick Muñoz Montes de Oca.

El edificio del multifamiliar para maestros, ubicado en el circuito de la zona deportiva colindante al Estadio Olímpico, cuenta con dos accesos vehiculares a un estacionamiento que funge como plaza de acceso al edificio. Está conformado por un único bloque vertical, cuya fachada principal está orientada al este, en un predio de 6,000 m2 de lo que fue la zona destinada al fraccionamiento para maestros. El inmueble ocupa 1,150 m2, quedando el 80% del terreno libre, lo que remite a la idea moderna de disponer de espacio urbano liberado para áreas verdes y servicios (de origen dispuso de un área de juegos infantiles y de un incinerador de basura). El edificio, ejemplo del bloque laminar moderno (figura 4), fue proyectado con una lógica de materiales austeros y durables de fácil mantenimiento, es de 10 niveles. Comprende 42 departamentos con un área media de 126.8 m2 incluyendo circulaciones, proyectados con base en dos tipologías distintas: departamentos dúplex (similar a la C del CUPJ, figura 5) para 3-4 personas (con planta baja para uso público, integrada por comedor, sala de estar, cocina de mínima y planta alta, más privada, para recámaras). La segunda tipología se localiza en la planta baja y en una inferior dentro del basamento: 12 departamentos tipo estancia-alcoba, de un sólo nivel y 45 m2, originalmente pensados para 1-2 habitantes, solteros o matrimonios sin hijos, sin división entre usos públicos y privados, por lo que es imaginable que se pensara para hogares provisionales, en transición, sin recepción continua de visitas. Tres de ellos, los que se encuentran en el nivel basamento, disponen de patio inglés delimitado por el muro que desde el exterior conforma el basamento de piedra.

Debido a la topografía accidentada del terreno, el bloque se desplanta sobre un basamento de piedra volcánica, del que destacan las escalinatas de acceso a un vestíbulo semi-abierto flanqueado por un pequeño local comercial (una tienda de abarrotes actualmente cerrada) y una oficina de administración (que en la investigación histórica se descubrió que no se construyó de origen). El elevador comienza en un medio nivel después de la planta baja, lo cual era común en la época, pero no constituye un dispositivo ideal para personas de avanzada edad. Debido a su orientación norte-sur todas las habitaciones ven al este y al oeste. La unidad de circulaciones se estructuró independientemente con el objetivo de evitar un sincronismo peligroso en caso de sismo. El diseño de fachadas con el uso de celosía y ritmos logrados con distintos colores y volúmenes recuerda a la imagen de otros multifamiliares proyectado en años anteriores por los mismos arquitectos, siendo tal vez éste el ejemplo más sobrio y sencillo. Incluso llama la atención la ausencia total de la integración plástica (incorporando el muralismo mexicano de la época, como en el CUPJ) en el edificio, sobre todo considerándose un edificio destinado para maestros dentro de la máxima casa de estudios del país, proyecto que justamente enarboló esa tendencia.

Figura 5.
Figura 5.

Plantas arquitectónicas del apartamento dúplex.

Fuente: AAM.

El edificio construido con una estructura porticada (columnas, trabes y losas) de concreto armado tiene como materiales principales el concreto armado aparente (el breton brut lecorbusiano), el block hueco de concreto en muros divisorios interiores, el block vidriado Santa Julia en exteriores y fachadas, así como cancelerías con base en perfiles de acero.

La fachada principal (que ve hacia el campus central) se compone de balcones y ventanales en las estancias y del cuerpo en voladizo de las recámaras, lo cual revela la condición dúplex de los apartamentos y genera un ritmo intercalado derivado de la estructura portante de los entrepisos (figura 5). Las fachadas laterales (norte-sur) en cambio, son ciegas y se conforman de block vidriado Santa Julia color rojo purpúreo; aunque se acusa un ritmo derivado del sistema de entrepiso, éste se resolvió al ras sin cambio alguno de paño. En la fachada posterior (que ve hacia Jardines del Pedregal) se observan pasillos en voladizo contenidos detrás de una celosía con base en block hueco de concreto que posibilitan la ventilación e iluminación de los corredores que permiten el acceso a los apartamentos; y de muros remetidos en las zonas de habitaciones (segundo nivel de cada dúplex) de los niveles 1°, 3° ,5° y 7°, generando un ritmo vano-macizo. Con el transcurso del tiempo dichos vacíos han sido en muchos casos adaptados como terrazas por los habitantes, aunque desde un inicio no se pensaron habitables (figura 4); su utilidad radicaba en el carácter de marquesina que evitaba que el sol de la tarde calentara demasiado la fachada poniente. La prolongación de las viviendas aprovechando la ausencia de pasillo exterior en esos tramos de fachada es un ejemplo de apropiación del espacio, de arquitectura vivida, la que corresponde a un edificio con prácticas de gestión informal que analizamos en el siguiente apartado. Por su parte, el bloque de circulaciones verticales, es contenido por un muro macizo de concreto armado aparente y por otros dos muros conformados por celosías de block hueco que dan paso a luz natural, ventilación cruzada y permiten, desde el exterior, entrever las escaleras. Las escaleras de concreto armado aparente tienen dos rampas y un descanso.

Figura 6.
Figura 6.

Vista del Multifamiliar de Ciudad Universitaria. Se observan los balcones en la planta baja de los dúplex y el cuerpo en voladizo de las recámaras en la planta alta de los mismos.

Fuente: Fotografía Rene Ortega / Erick Muñoz Montes de Oca, 2018.

El edificio presenta algunas alteraciones respecto al diseño original, principalmente observamos la sustitución de cancelerías y la presencia de pintura sobre materiales aparentes como el concreto y el block vidriado, así como la colocación de losetas sobre pisos de concreto aparente. Pero también presenta modificaciones de otra índole como algunos balcones que han sido “cerrados”, es decir, se han techado e incorporado al espacio interior del apartamento.

Un aspecto que arrojó la investigación histórica es que se descubrió que en la planta baja originalmente no hubo un espacio destinado a la conserjería y además existió otro pasillo que comunicaba hacia los apartamentos por el lado de la fachada este. Dicho corredor despareció y fue apropiado por los apartamentos que vieron su superficie interior aumentar.

También hay que señalar que toda la azotea del edificio, la cual originalmente se destinó como espacio para lavar (lavaderos) y colgar ropa, está en desuso. El área se encuentra abandonada y sin aparente actividad; se observó que los habitantes han dispuesto lavar ropa al interior de sus viviendas, muchos de ellos la secan en los balcones de las estancias. Por su parte, el incinerador de basura del edificio casi nunca funcionó y el manejo de los desechos fue resuelto desde hace mucho a través de contenedores de basura que regularmente vienen a vaciarse. El área de juegos infantiles permanece en buen estado de conservación al sur del edificio, aunque esta área colinda con los contendores de basura. Se observó durante las visitas de campo que no hubo presencia de niños en el edificio, tampoco actividad alguna en los juegos infantiles.

HABITAR EL MULTIFAMILIAR

Si consideramos el metraje de los departamentos (superior al CUPA y a muchas de las tipologías del CUPJ) y la presencia del modelo dúplex (con la idea de tener, en un apartamento, las cualidades de una casa) podríamos pensar que el edificio estuvo pensado para usuarios de clase media y media alta. Pese a ello, Pani, tanto en libro Los multifamiliares de pensiones como en la revista Arquitectura México no.39 habló de “edificio para burócratas”, con lo que podríamos pensar que ya desde en un inicio los maestros no serían los protagonistas del mismo, sino todos los miembros de la comunidad universitaria (los afiliados a los sindicatos y más propensos a recibir ayudas oficiales). Efectivamente, fue un edificio habitado no sólo por profesores (como R. Stavenhaguen, figura 6) sino también por personal laboral de la UNAM, de menores recursos, lo que podría explicar la ausencia de cuartos de servicio y lavaderos en el último nivel.

Figura 7.
Figura 7.

Académicos (Rodolfo Stavenhaven sentado) trabajando en el multifamiliar con la vista al campus, foto 1958. La imagen busca generar una certeza y seguridad en la búsqueda del ideal que encarnaba el proyecto.

Fuente: Úrsula Bernath, Revista Universidad de México núm. 618-619: "Ciudad Universitaria. Cincuenta años después", p. 68.

En las entrevistas realizadas a los habitantes que colaboraron en la presente investigación pudimos recabar historias de vida muy distintas. El diálogo con C. fue particularmente valioso porque trata uno de los usuarios con más antigüedad del inmueble, verdaderos pioneros del habitar en vivienda colectiva en altura en la ciudad, con perfiles singulares atraídos por un edificio poco común en aquellos años. C. es hija de madre italiana y padre mexicano, pintor, amigo de Diego Rivera y maestro en la Academia de San Carlos (integrada posteriormente a la UNAM, por lo que le fue concedido el departamento siendo ella aún una niña). Nos comenta:

Nosotros fuimos muy arriesgados, porque no había tiendas (...). No había nada todavía, sólo el puro mercado de San Ángel. Y un poco lejos. Todo estaba oscuro, no había focos, era peligroso (…). Después se vinieron cuando vieron que había una cierta seguridad, ya, pusieron lámpara, pusieron un solo vigilante…El carácter novedoso de la vivienda no era para ellos un problema sino todo lo contrario, “porque todos los departamentos eran diferentes a cómo eran los de entonces. Toda la ventana de enfrente, de pared a pared, era puro vidrio, (…) y también las recámaras, de pared a pared, puro vidrio, cosa que los arquitectos no hacen ahora, hacen nomás un agujerito así y eso es la ventana (…).

Pasado los años el padre tuvo que ser internado en un asilo, pues en el edificio no se daban las condiciones para ser atendido, donde murió tiempo después de ser trasladado. C. no menciona ciertas incomodidades en el funcionamiento que sí son señaladas por otro habitante mayor, L. .L proviene de una familia de refugiados españoles (más abiertos a vivir en edificios que los mexicanos en la década de 1940) que llegando a México vivía en el edificio Ermita en Tacubay (“Ahí viví hasta que me casé, y vine aquí, siempre he vivido en departamento y me parece maravilloso”). L. combina expresiones de satisfacción con descripción de incomodidades: “pero primero no llegaba el teléfono, hace cuarenta y tantos años, entre todos los vecinos trajeron la línea. Internet falla a todas horas, muy mal….”. La comunicación física con la ciudad (dependencia del coche) es un tema con el que ha logrado negociar soluciones y en el que nota mejora respecto a tiempos pasados (“Para ir a comprar tengo que ir en coche. Tengo el Superama, antes había otro en Av. Universidad que ya lo quitaron, tengo en av. Revolución,… la Comercial mexicana. …Cuando llegué había una tienda que se llama San Francisco, en San Ángel…era tierra de nadie…”). El departamento le permite realizar una vida activa (acude al gimnasio cada mañana), con menos preocupación sobre la seguridad que sus amigas que viven en casa (“Yo veo mis amigas que tienen su casa, que si van a salir, ay que alguien se tiene que quedar...Yo aquí no tengo ningún problema”).

El interior de la vivienda de L. tiene un carácter tradicional, revela un gusto por lo rústico que contrasta con el edificio. La mesa del comedor, de madera barnizada con excelente diseño de los cincuenta, sobresale como elemento estético. “El piso lo cambié, era feo, como de linóleo “(prefirió una losa tipo neocolonial a juego con la decoración), la sala no era cómoda, la cambié” (tiene un diseño minimalista en colores crudos). En general, las reformas y modificaciones principales fueron hechas en los primeros años del habitar el espacio. El espacio de los muros ya no permite colocar más artesanías y quizás porque L. vive sola, ya no hay una exigencia para maximizar el espacio vive allí. Hay una televisión antigua que ya no funciona, pero no se ha retirado, ya que es un gadget vintage que la sobrina le gusta ver, así como un cuadro del padre (“Hizo el cuadro y se quedó en el departamento de mi mama y ahí está, ¿qué hago con él?”). Ello no significa que se descuide el mantenimiento del apartamento. L. cuida que a los muebles no les pegue el sol directo y los arrastra en momentos puntuales, generando cierto ruido que el vecino de abajo percibe.

Sobre la cocina, que ella misma define como “mínima”, expresa una relación ambivalente. Al parecer está acostumbrada a que los visitantes le pregunten cómo le va con ella. En general, L. se ha adaptado al tamaño de la cocina, aunque “cuando tengo gente a comer, odio la cocina (…) porque no sé dónde poner las cosas (…) La estufa, perfecto, pero lo otro donde lo pongo (…) Pero bueno (…) me las arreglo”. El almacenamiento ha sido solucionado gracias al espacio del hueco de la escalera, que funge como alacena y lugar de lavadora (“ha sido la salvación”). Asimismo, L. comenta sobre los cambios de temperatura y la ventilación (“demasiado ventilado”), pero paradójicamente muy caluroso por estar en el último nivel, sobre todo el segundo nivel del dúplex (“y en la habitación donde duermo paso unos calores”, por eso puso un ventilador. “Abajo es más agradable”). Según la orientación, la temperatura de las estancias es muy diferente (“esta parte tiene un clima y esa parte otro”).

Figura 8.
Figura 8.

Vista de la estancia de un dúplex, 2018.

Fuente: Fotografía Erick Muñoz Montes de Oca.

El cuarto nivel del multifamiliar, pese al calor, es el habitado por los residentes de más estatus, porque todos los vecinos pagan puntualmente sus cuotas (“todo el mundo lo dice, el cuarto es mejor (…) El primer piso, no hombre, cállate…”). Seguramente, en dicho nivel, del que no pudimos recabar más información, es donde se han dado prácticas de invasión de vivienda, que nos comenta el Sr. O. Este entrevistado recuerda y cita el nombre de personajes ilustres de la academia que dan, en el imaginario de la comunidad de varios residentes, prestigio al edificio. En su discurso percibimos que, con el paso de los años residentes intelectuales han ido dando paso a otro tipo de usuarios, algunos alojados a partir de la invasión de departamentos (“murieron los titulares, no afloraron familiares, no hay quien reclame el inmueble. Porque ya metiéndote, a ver quién te saca”). Por la ubicación solitaria del edificio y la falta de vigilancia, la seguridad es un problema: la instalación de una caseta en la entrada no ha sido posible por la falta de cooperación de varios vecinos, pero sí se ha instalado una pluma al acceso vehicular y una reja perimetral no contemplada en el proyecto original que afea al conjunto habitacional). O. nos de modo confidencial que ha llegado coches de parejas (algunas sufrieron trágicos asaltos), así como indigentes a buscar entre la basura. La narración de O. sobre el edificio contiene una dosis de pesimismo que incluye una crítica a los añadidos constructivos en la fachada posterior (“han deformado la estructura”).

Ello contrasta con la opinión de L., para quien la terraza le permitió un mayor goce de las vistas al atardecer sobre el poniente de cu, un espacio ventilado adicional y ganancia de calidad de vida (“mis nietas tenían su alberca aquí”). Los arquitectos supieron dotar al exterior del edificio de una calidad notable para los estándares de vivienda popular de la época; sin embargo, les faltó la visión del habitar cotidiano, dada por interiores y residentes, cuya tendencia lógica fue maximizar la disponibilidad de espacio y la vinculación con el exterior, colonizando la franja hueca de la fachada posterior con una libertad propia de la autogestión informal de muchas viviendas mexicanas.

CONCLUSIONES

Uno de los aspectos que más impacta en trabajos de pos-ocupación son los registros de la lucha del cotidiano por lograr su habitabilidad. En el caso del multifamiliar para maestros, quizá por su condición experimental –tanto como tipología como programa habitacional–, los cambios observados son elocuentes, y los registros invitan a realizar ciertas reflexiones.

Según entrevistas, algunos de las primeras trasformaciones espaciales comienzan apenas poco después de su ocupación, primeramente, con cambio de imagen, como materiales y acabados. El ambiente sensible es una de las primeras preocupaciones, y quizá debe de pensarse en la personalización del espacio como una de las preocupaciones principales del usuario en su llegada inicial a lo que será “su casa”. Si, por un lado, se encontró en una de las entrevistas un entendimiento de imagen innovadora que el multifamiliar para maestros proponía en la época, describiendo como un ambiente diáfano, con mucha luz, donde “de pared a pared, era puro vidrio” con el cual parece identificarse el usuario, por otro lado, en una segunda entrevista, se mencionan cambios inmediatos de la imagen en los primeros años de ocupación. Una apariencia más conservadora, un tanto vernácula –madera natural, piedra, artesanías– era una necesidad para poder reconocerse en el espacio, según registro de la entrevistada L. La identidad humana –explicaría un sociólogo– está compenetrada con su espacio, su hábitat. Y este es un aspecto que debe hacer reflexionar a cualquiera que encare el proyecto de habitación colectiva, dirigido regularmente a un usuario anónimo del cual se conoce poco de su perfil. Así, una imagen neutra, poco pretenciosa, de perfil discreto, quizá sea lo más adecuado, y esto hace pensar en aquellas experiencias que entregan unidades habitacionales con materiales en bruto y sin acabados –como el conjunto de los años ochenta Nemausus, de J. Nouvel.

Aspectos prácticos, por otro lado, parecen dominar las transformaciones en una etapa subsecuente a la ocupación. El aumento de espacio habitable es un aspecto que se presenta de forma insistente. El cotidiano parece explorar cada minúsculo residuo espacial –recovecos, huecos, como se observó con aquel lugar debajo de la rampa de escalera–. Para el proyectista, un residuo insignificante. Para el usuario, un valioso recurso, que “ha sido su salvación” para resolver el problema de la irrupción de nuevos electrodomésticos –la máquina de lavar ropa–. En el mismo sentido, la incorporación al espacio habitable del balcón al colocarle cerramiento vertical, o la apropiación del corredor en planta baja, son señal de la valía habitacional de la extensión de cada metro cuadrado de superficie. Aquel ideal del apartamento mínimo, compacto, funcional, símbolo del “confort moderno”, se enfrenta a un cuestionamiento en el quehacer diario, encontrando formas de expandirse a cualquier precio –aunque signifique incluso la pérdida de la protección del sol del voladizo del balcón.

Evidenciando lo anterior, la cocina parece ser el aspecto más contundente. La configuración de ésta en los apartamentos dúplex parece hacer un eco invertido de aquellas discusiones de inicio del Movimiento Moderno, que colocaba el ideal en este espacio de una persona apenas dentro de un ambiente ergonómico. Así, por ejemplo, “movimientos circulares” parecen estar ahí eficientemente plasmados en las pequeñas cocinas del multifamiliar para maestros, y quizá hubiesen sido admirados dentro de las nociones de la década de 1920. Todo está a la mano, con sólo girar el cuerpo. Y si recordamos que el Movimiento Moderno empezó discutiendo esta pieza clave de la cultura doméstica –recuérdese la cocina de Frankfurt–, su compactación para “ahorrar pasos” enfrenta a un cotidiano, más pragmático aún: “odio la cocina… porque no sé dónde poner las cosas”.

Por otro lado, cabe mencionar todas aquellas adaptaciones para hacer frente a una preocupación, quizá inexistente en el momento de su construcción, y que hoy impacta profundamente a la arquitectura habitacional en México. Miedo e inseguridad han generado sus propios dispositivos para proteger, filtrar y controlar accesos, facilitando también miradas vigilantes. La improvisación de un espacio para un conserje, la instalación de una cerca perimetral y la instalación de una pluma de control de vehículos son indicios de estas preocupaciones, que hoy no sólo dictan configuraciones espaciales, sino la forma entera de nuestras ciudades –la “ciudad de los muros” con guetos auto-protegidos, extendidos y popularizados hoy incluso en conjuntos de la habitación social.

Por último, narraciones sobre desplazamientos necesarios para el aprovisionamiento mantenimiento de la vida doméstica, el “ir de compras”, contrasta con la utopía moderna urbana, que colocaba la vivienda estratégicamente al lado de los servicios –el zoning de La Ville Radieuse–, o al menos dentro de un inmueble equipado –la Unité de Marseille–, siendo desdibujado en el caso del multifamiliar para maestros. La Ciudad Universitaria, en un punto apartado de la ciudad, no consigue atender adecuadamente al estar desprovista de comercio básico: “tengo que ir de coche”. De cierta forma, y desde esta perspectiva, el multifamiliar para maestros dentro de la ciudad es un experimento que quedó trunco: el “confort moderno” quedó lejos de los ideales del imaginario del popular moderno que dominaba los años cincuenta.

Estas observaciones deben ser vistas no tanto como fallas o errores, sino como un invaluable material latente de potenciales aprendizajes. Y quizá el proyecto habitacional no debería ser visto, entendido y/o enseñado desde miradas proactiva y prospectiva, sino desde abordajes retrospectivos de pos-ocupación, donde el arquitecto pueda sensibilizarse más adecuadamente con las complejidades de la habitabilidad.

FUENTES DE CONSULTA

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Notas

1 Cabe recordar que la Unidad de Habitaciones para estudiantes y el Multifamiliar para maestros fueron construidos en el mismo año (1952), y estuvieron terminados para la “Dedicación de la Ciudad Universitaria” por parte del Presidente Miguel Alemán el 20 de noviembre de 1952. Sin embargo, a diferencia del Multifamiliar, la Unidad de habitaciones para estudiantes nunca fue puesta en servicio como un edificio de carácter habitacional.
2 La Dirección de pensiones Civiles se trasformó en 1959 en Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (issste). Dicha Institución tuvo a su cargo la gestión del Multifamiliar para maestros hasta que lo desincorporó en 1982. (Ver Diario Oficial de la Federación, 11 de agosto de 1982).
3 Aunque el Multifamiliar para maestros queda dentro de la llamada zona núcleo (176.5 ha) de la declaratoria patrimonial de la Ciudad Universitaria por parte de la unesco, en la relación de inmuebles que viene en dicha declaratoria no aparece relacionado el Multifamiliar para maestros.
4 Erick Muñoz Montes de Oca, pasante en arquitectura, fue parte de los alumnos que cursaron la signatura Evolución de la vivienda plurifamiliar en la Ciudad de México de la Facultad de Arquitectura de la unam en el segundo semestre de 2017. Asignatura en la cual se realizó el diagnóstico que forma parte del presente trabajo.
5 Cabe destacar también a Jorge L. Medellín y su proyecto construido en la Cité de la Casa de México en Francia, edificio de gran calidad arquitectónica que muchos usuarios de la época lo consideraron más avanzado, con baño en cada habitación, mejor calefacción, más cómodo.
6 En la revista Arquitectura México, aparece CU en los números 36 y 39. En el n° 36 se observa un plano de conjunto, fechado en octubre 1951, sin las huellas de los posibles multifamiliares de maestros, sí en cambio los de alumnos. Tampoco aparece mención del multifamiliar para maestros en la lista de arquitectos proyectistas. En el n° 39 aparece un plano de conjunto, perteneciente a mayo 1952 donde ya aparece la huella del multifamiliar para maestros y señalado el área del “fraccionamiento para maestros”, aunque no aparece en la relación de las áreas conceptuales de CU, de ahí posiblemente que se denomine “fraccionamiento”. Es decir, no queda dentro del área escolar, ni deportiva, ni cívica. Salta a la vista la falta de una zona comercial para comprar insumos básicos ligados a la vivienda.
7 La Dirección de Pensiones Civiles contrataba a arquitectos particulares y con el tiempo pasó a tener un área dedicada a asesorar a los constructores. Son relevantes los edificios en de la Unidad Modelo (Unidad Vecinal n° 9) y el proyecto de 22 unidades habitacionales para el sur de la ciudad de M. Pani. Polémica Sánchez-Pani (De Anda, 2011, pp. 227-236).
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