Mujeres trabajadoras domésticas: condición indígena, identidad y derechos en México

Women domestic workers: indigenous status, identity and rights in Mexico

Eugenia Beatriz Fuentes Valle 1
Universidad Autónoma de Yucatán, México
Rebelín Echeverría Echeverría 2
Universidad Autónoma de Yucatán, México

Mujeres trabajadoras domésticas: condición indígena, identidad y derechos en México

Aposta. Revista de Ciencias Sociales, núm. 83, pp. 106-120, 2019

Luis Gómez Encinas ed.

Recepción: 09/03/2018

Aprobación: 25/01/2019

Resumen: Este trabajo analiza el papel que tiene la condición indígena en la identidad, los derechos percibidos y el trabajo doméstico realizado por las mujeres participantes en Mérida, Yucatán, México. La metodología es de corte fenomenológico, con entrevistas semiestructuradas como técnica principal. Participaron ocho mujeres de entre 30 y 52 años de edad que laboran o han laborado en hogares realizando la limpieza de la casa, cuidado de niños y otras actividades similares. Se evidencia que el integrar a su identidad su condición indígena es una tarea paradójica, pues se sienten parte de dicha cultura, pero a la vez reconocen que dicha identidad está cargada de prejuicios sociales materializados en discriminación. Destaca cómo las participantes identifican con mayor claridad sus derechos como indígenas que como mujeres. Se discute cómo el ser mujer, ser indígena y trabajadora doméstica las posiciona en situaciones de desventaja.

Palabras clave: Mujeres, trabajo doméstico, indígenas, identidad, derechos.

Abstract: This paper analyzes the role of the indigenous condition in the identity, the rights received and domestic work carried out by the participating women in Mérida, Yucatán, México.The methodology is phenomenological, with semi-structured interviews as the main technique. Participated eight women between 30 and 52 years of age who work or have worked in homes doing house cleaning, child care and other similar activities. It is evident that integrating their indigenous status to their identity is a paradoxical task, because they feel part of that culture, but at the same time they recognize that this identity is loaded with social prejudices materialized in discrimination. It highlights how participants identify their rights more clearly as indigenous than as women. It is discussed how being a woman, being indigenous and domestic worker positions them in situations of disadvantage.

Keywords: Women, domestic work, indigenous people, identity, rights.

1. Introducción

Analizar la vida y relaciones de las mujeres trabajadoras domésticas indígenas implica comprender cómo se entretejen dichas condiciones. Primero, el ser mujeres conlleva reconocer que, aunque se han tenido diferentes avances en ámbitos sociales y políticos importantes, el progreso sigue siendo lento y existen muchas situaciones que siguen afectando a las mujeres en las relaciones de género que establecen en la familiar; así como en su ambiente laboral, escolar y social. En la actualidad, el ser mujer aún se asocia a vivencias de desventaja y desigualdad en comparación con los hombres. Segundo, por su papel de trabajadoras inmersas en una ocupación poco valorada como lo es el empleo doméstico y descuidada en todo lo relacionado a sus derechos y obligaciones laborales. Por último, como indígenas, como un sector de la población, con alta presencia en el país, sujeto a situaciones de discriminación; así como a condiciones de vida poco favorables y a gran cantidad de barreras sociales, económicas y políticas impuestas socialmente.

En México, para el año 2012 cerca de 2.2 millones de personas se dedicaban al trabajo del hogar remunerado. De los 18.4 millones de mujeres que realizan actividades económicas, 10.8% efectuaron trabajo del hogar, lo que equivale a 1 millón 991 mil 646 mujeres. El trabajo del hogar está feminizado y es mayor el grado de vulnerabilidad de las mujeres que lo realizan (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo en Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación 2012). Esto debido a diversos factores como la edad, el grado de estudios, el nivel socioeconómico y su identidad étnica, entre otros; pero, principalmente, el hecho de ser mujeres y, por lo tanto, posicionarse jerárquicamente por debajo de los hombres ante la sociedad, adjudicándoles falta de capacidad para la realización de ciertas actividades.

En encuestas más recientes, se puede ver que, de acuerdo con los resultados del primer trimestre de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2015), la población ocupada en México representa más de 49.8 millones de personas, de las cuales 4.7% (2.3 millones de personas) son trabajadores domésticos remunerados. En esta categoría se distinguen diferentes ocupaciones, en las que el grupo más representativo es el de los “empleados domésticos” que realizan principalmente quehaceres de limpieza en casas particulares, además de otras actividades complementarias. Este grupo constituye el 83.9% del universo de trabajadores domésticos remunerados y suma 1.9 millones de personas. El trabajo doméstico remunerado es realizado primordialmente por mujeres, 95 de cada 100 empleados en esta actividad son mujeres. De ellas, 85.8% realizan tareas de limpieza en hogares particulares, 8.2% son cuidadoras de personas y 5.0% son lavanderas y/o planchadoras en casas particulares (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2015). De acuerdo con la misma encuesta, en el primer trimestre de 2017, 2.3 millones de personas se dedican al servicio doméstico remunerado (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2017). Como se puede notar las mujeres siguen estando sobrerrepresentadas en las situaciones de mayor vulnerabilidad social, con una mayor proporción de mujeres ocupadas en empleos domésticos en comparación con los hombres.

Al mismo tiempo que es mucho mayor la participación de las mujeres en el trabajo doméstico en el país, por el hecho de ser mujeres y desarrollar labores que se han relacionado a su condición sexual como parte del discurso dominante de género, es importante destacar que, en ocasiones, las trabajadoras domésticas toleran tratos indebidos por parte de sus patrones, debido a otras condiciones sociales y económicas como lo son el ser indígena, el contar con bajos o nulos niveles de escolaridad o con recursos económicos limitados, entre otras. Todas estas condiciones en conjunto incrementan la discriminación hacia las personas que ejercen el trabajo doméstico y, por lo tanto, incrementan las dificultades en su vida cotidiana.

Las empleadas del hogar, en su mayoría de origen indígena y rural, son un sector poco visible que se desarrolla en una labor con escaso valor social y, puertas adentro de las casas de quien las emplea. Una parte importante de la población que ejerce el trabajo doméstico además de ser mujeres, son personas indígenas que pertenecen a lugares con altos grados de marginación, tienen bajo nivel de instrucción formal, ya que muchas apenas saben leer y escribir en español; además de que un buen porcentaje son niñas o adolescentes y muchas de ellas son madres solteras (Chávez Castillo, 2006). Adicionalmente, las mujeres indígenas que se emplean en el servicio doméstico tienen graves dificultades para ejercer o demandar sus derechos básicos, en la mayoría de las ocasiones, porque ni siquiera tienen conocimiento de ellos, debido al aislamiento de este sector de la población, la ignorancia y diferentes factores culturales.

Ser mujer, ser pobre, ser indígena y trabajar en una actividad, que social y culturalmente es considerada de bajo estatus socioeconómico como lo es el servicio doméstico, son las coordenadas que condicionan y contextualizan su situación de explotación, abusos de todo tipo incluyendo sexual, discriminación e invisibilidad social, cultural y jurídica (Chávez Castillo, 2006); en una sociedad que excluye a las personas que considera inferiores por sus condiciones de vida. En este sentido, de acuerdo con Arrieta (2008) el análisis de las situaciones de discriminación que vive dicho colectivo debe poner el acento en las categorías como la clase social, el género y la pertenencia étnica en la relación laboral entre mujeres generalmente (empleadas y empleadoras), con condiciones de origen étnico y clase social diferente.

Tomando en cuenta los diversos factores que intervienen directamente en la desvalorización del trabajo doméstico remunerado realizado por las mujeres, es pertinente decir que el trabajo doméstico es aislado y prácticamente invisible lo que facilita la desprotección y vulnerabilidad de las personas que trabajan en este ámbito (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, 2012a). En el documento informativo de CONAPRED (2010), de acuerdo con un estudio realizado en América Latina y el Caribe, aun cuando ha habido un creciente reconocimiento de la importancia de su labor, en buena parte de América Latina las trabajadoras del hogar perciben los ingresos más bajos de todas las categorías ocupacionales y tienen una cobertura de seguridad social muy reducida.

Desde el 2007, Goldsmith señalaba que a pesar de que hay algunos aspectos del servicio doméstico que han progresado, tratando de mejorar las condiciones de este empleo, otros aspectos se presentan con mayores resistencias al cambio. Ejemplo de ellos son: la discriminación social, la desvalorización de las actividades que llevan a cabo las mujeres que desempeñan esta labor, las condiciones laborales adversas en la cuales trabajan y las dificultades que enfrentan para organizarse y defender sus derechos. En la actualidad si bien, hay avances en la organización y defensa de sus derechos en América Latina, la discriminación y la desvalorización de las actividades de dicho colectivo aún son comunes. En Países como Perú, Bolivia, Nicaragua, Colombia, Guatemala, República Dominicana y otros desde años atrás hay sindicatos como el Sindicato Nacional de Trabajadoras del Hogar del Perú, la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar del Perú, el Centro de Capacitación de Trabajadoras del Hogar, el Instituto de Promoción y Formación de las Trabajadoras del Hogar (IPROFOTH), la Federación de Trabajadoras del Hogar de Bolivia, la Asociación de Trabajadoras Remuneradas del Hogar de Ecuador, el Sindicato de Republica Dominicana, la Asociación Nacional de Trabajadoras del hogar (ANTRA), la Confederación Latinoamericana del Caribe de Trabajadoras y la Federación Mundial de Trabajadoras del Hogar. En el caso particular de México, es hasta el 2016 cuando la Junta de Local de Conciliación y Arbitraje (JLCyA) de la Ciudad de México concede el registro al Sindicato Nacional de Trabajadoras y Trabajadores del Hogar Remunerados (Sinactraho) bajo el lema “Por un trabajo digno”. Dicha organización, en su página de web se definen como:

“Una organización sindical independiente, sin fines de lucro, integrada exclusivamente por personas que tenemos en común ser trabajadores y trabajadoras del hogar, buscamos la defensa de nuestros Derechos Humanos Laborales, la no violencia, no discriminación por sexo, género, raza, color de piel y de religión, la equidad, el valor social y económico del trabajo del hogar remunerado, y seguridad social para el mejoramiento de la calidad de vida de trabajadores y trabajadoras del hogar en México" (Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar por un trabajo digno).

Es importante destacar que, aunque datos estadísticos señalan que la gran mayoría de las trabajadoras del hogar lo hacen en condiciones poco favorables y con desventajas no solamente laborales, sino sociales y económicas; también existe un porcentaje que se desenvuelve en ambientes de trabajo favorables para ellas, con mejores tratos y oportunidades que la mayoría, pese a no contar con el total cumplimiento de sus derechos laborales. Esto quiere decir que, a pesar de que la mayoría de las mujeres trabajadoras domésticas tienen condiciones precarias en su trabajo, existirá un porcentaje menor cuyas circunstancias son mejores con sus empleadores. Sin embargo, esta percepción puede deberse a diferentes factores sociopersonales, como gustos, aspiraciones, formas de crianza, entre otros, que influyen de manera importante en la forma de percibir ciertas cosas como el empleo y las condiciones de vida en general.

En este contexto, este artículo es resultado de un trabajo de tesis de licenciatura cuyo objetivo general es conocer y analizar las experiencias de mujeres trabajadoras del hogar remuneradas, como trabajadoras, mujeres e indígenas, con la finalidad de identificar el papel de dichas experiencias en su vida social, laboral, familiar y personal. A su vez, dicha tesis es parte de una investigación más amplia, denominada “Mujeres, indígenas, trabajadoras del hogar: procesos de inclusión y exclusión social”, la cual se desarrolla en la Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Yucatán. De manera particular este trabajo se centra en analizar el papel que tiene la condición indígena en la identidad, los derechos percibidos y el trabajo doméstico realizado por las mujeres participantes.

2. Metodología

Para esta investigación se consideró pertinente el uso de una metodología de corte fenomenológico puesto que ésta se centra en investigar los fenómenos tal como son vividos y experimentados por los individuos. El método fenomenológico abre las puertas al campo de estudio de las experiencias vividas que, en tanto tales, sólo el sujeto que las experimenta las puede conocer. “La fenomenología es la investigación de la subjetividad” (Tesch en Vieytes, 2009: 53). La fenomenología descansa en cuatro conceptos clave: (1) la temporalidad (el tiempo vivido), (2) la espacialidad (el espacio vivido), (3) la corporalidad (el cuerpo vivido) y (4) la relacionalidad o la comunidad (la relación humana vivida). De manera adicional, considera que los seres humanos están vinculados con su mundo y pone el énfasis en su experiencia vivida, la cual aparece en el contexto de las relaciones con objetos, personas, sucesos y situaciones (Álvarez-Gayou Jurgenson, 2010).

De acuerdo con Morse y Richards (2002) existen dos premisas en la fenomenología. La primera, se refiere a que las percepciones de las personas evidencian para ellas la existencia del mundo, no como lo piensa, sino como lo vive; así, el mundo vivido, la experiencia vivida, constituyen elementos cruciales de la fenomenología. La segunda, señala que la existencia humana es significativa e interesante, en el sentido de que siempre estamos conscientes de algo, por lo que la existencia implica que las personas están en su mundo y sólo pueden ser comprendidas desde sus propios contextos. De esta forma, los comportamientos humanos se contextualizan por las relaciones con los objetos, con las personas, con los sucesos, con las situaciones.

La pertinencia de la investigación fenomenológica se sustenta en su énfasis en los aspectos individuales y subjetivos de la experiencia, teniendo como objetivo descubrir las perspectivas a través de la cuales, las personas de manera cotidiana describen su experiencia en base a las estructuras que las conforman (Sandín Esteban, 2003); este método permite aprehender el proceso por el que una persona define su mundo y actúa en consecuencia (Rodríguez Gómez, Gil Flores y García Jiménez, 1999).

3. Técnicas

Se trabajó con entrevistas semiestructuradas, ya que éstas posibilitan tener una secuencia de temas y algunas preguntas sugeridas. Presentan una apertura en cuanto al cambio de tal secuencia y forma de las preguntas, de acuerdo con la situación de los entrevistados (Álvarez-Gayou Jurgenson, 2010). Para ello se elaboraron una serie de preguntas que conformarán un guion semiestructurado para la entrevista, que se llevó a cabo de manera individual con cada una de las mujeres trabajadoras del hogar en el lugar que fuera acordado y resultara más cómodo para ellas.

La entrevista se desenvuelve sobre tres temas fundamentales que son: el ser mujer, ser trabajadora y ser indígena. Las preguntas se dividen en once dimensiones o categorías que comienzan con los datos personales como el nombre, edad, lugar de nacimiento, nivel escolar, etc. En otro apartado se pregunta acerca de sus datos familiares, situación sentimental, si tiene hijos y, otro que se centra en las actividades sociales que realiza, ya sea con familiares y/o con amigos. Posteriormente, se profundiza acerca del ser mujer, significados, pensamientos y tratos que perciben de acuerdo a esta condición; así como también por ser o considerarse indígena en caso de ser así; así como el ser trabajadora doméstica que abarca significados, sentimientos, motivaciones, tratos, ventajas y desventajas entre otros comparado con el trabajo formal, etc.

Posteriormente, se aborda su historia laboral desde su primer empleo, su descripción, su satisfacción al respecto, etc., pasando después a su trabajo o trabajos actuales, las condiciones, horario, derechos y obligaciones, prestaciones con las que cuenta, etc. Seguidamente, se aborda una sección acerca de discriminación, violencia y/o maltrato en caso de haber vivido alguna de estas situaciones en sus empleos, hablando de qué sucedió y cómo, así como quienes estaban involucrados; después se abordan los posibles aprendizajes que ha tenido en sus empleos y si ha aportado algo a las familias o personas con las que ha trabajado. Finalmente, se concluye con sus expectativas laborales y vitales que se centra en aquellos retos que haya tenido en su trabajo, satisfacciones o decepciones y qué es lo que se podría hacer para mejorar las situaciones desfavorables en el trabajo doméstico.

4. Participantes

Participaron 8 mujeres de entre 30 y 52 años de edad. Para la selección de las participantes se consideran los siguientes criterios: Ser mujeres empleadas domésticas, independientemente de que trabajen de planta, es decir, que se queden en su lugar de trabajo a pasar la noche para continuar trabajando al día siguiente o que fueran de entrada por salida que son quienes van uno o varios días de la semana a trabajar las horas acordadas y regresan a sus hogares.

Mujeres que trabajen en Mérida, capital del Estado de Yucatán, y que vivan en el interior del Estado de Yucatán. Estos criterios se establecieron en tanto que esta investigación se enfoca en conocer las experiencias y relaciones de las mujeres trabajadoras independientemente de su modalidad de trabajo; sin embargo se tomó en cuenta que puede existir una diferencia con respecto a unas y otras, bajo la premisa de que las que trabajan de planta mantienen una forma de vida que gira en torno a su empleo, ya que la mayoría del tiempo permanecen en éste, por lo que afecta de manera particular su vida cotidiana y la relación directamente con su familia, las personas cercanas a ellas y otras personas.

Es importante señalar que no se consideró como criterio para la selección de participantes que fueran personas indígenas puesto que resulta muy complejo asumirse, de forma rápida, como indígena, en tanto dicha identidad se encuentra cargada negativamente y, en ocasiones, hasta se considera como un calificativo peyorativo. Sin embargo, por su relevancia, se consideró como un aspecto de la identidad que se exploró de forma profunda en las entrevistas para conocer si las participantes se auto-adscribían como indígenas y las experiencias que han tenido al sumarse las tres condiciones (ser mujer, indígena, trabajadora doméstica), con poco valor social.

A las participantes se les contactó por diversos medios, principalmente se estableció el acercamiento a través de personas de diferentes círculos sociales quienes las contrataban para la limpieza de sus hogares o por conocidos de conocidos. Realmente ninguna de las mujeres entrevistadas se contactó por medio de otra mujer trabajadora del hogar que se hubiera entrevistado previamente, pues fue complicado que las participantes accedieran a compartir los contactos de otras mujeres o que éstas últimas accedieran a participar, por cuestiones de tiempo y otras razones personales.

Las mujeres que se contactaron y proporcionaron su consentimiento para participar en la presente investigación, fueron previamente informadas acerca del objetivo de la misma y de todo el proceso que involucra su participación. De igual forma, se aseguró la confidencialidad de los datos o información recabada. Se solicitó, previamente a la entrevista, su consentimiento para la realización de grabaciones en audio, con el objetivo de rescatar toda la información importante que se pudiera perder en las anotaciones. El trato con las participantes se basó en el respeto de sus ideas, opiniones y experiencias en un ambiente de confianza y apertura al diálogo. Su identidad fue mantenida en el anonimato, ya que es preferible de esta forma por respeto a la privacidad de cada una de ellas, utilizando nombres sustitutos para proteger su identidad.

El trabajo de campo se desarrolló durante 12 meses de agosto de 2015 a julio de 2016 y el análisis de datos se basó en la estrategia propuesta por Rodríguez Gómez, Gil Flores y García Jiménez (1999) que contempla tres grandes operaciones: la reducción de datos, la disposición y transformación de datos y, finalmente, la obtención y verificación de conclusiones.

5. Resultados

Esta sección de resultados se divide en tres apartados. En el primero de ellos se analiza el papel de la condición indígena en la identidad de las participantes. En el segundo apartado se discuten los derechos que reconocen tener las participantes como indígenas. Finalmente, en el tercer apartado se analiza la relación entre ser indígena y dedicarse al trabajo doméstico.

5.1. Identidad como indígena

La mayoría de las participantes se consideran indígenas, ya sea por el hecho de hablar maya, por vivir en algún lugar alejado de la ciudad, por tener un bajo nivel de estudios o por tener un nivel socioeconómico bajo. Solo fue una de las mujeres participantes quien no se consideró a sí misma como indígena, al no sentirse identificada con dicho colectivo. En este sentido es importante resaltar que solo uno de los criterios considerado por las mujeres participantes como parte de la identidad indígena, el hablar maya, se considera como criterio clasificatorio de dicho grupo poblacional, por parte de diferentes organismos institucionales de México. Los criterios utilizados con mayor frecuencia por diferentes instituciones son el sentido de pertenencia, que se refiere a la adscripción o al reconocimiento de sentirse parte de una etnia (Instituto Nacional de Estatística y Geografía e Informática, 2000); (Consejo Nacional de Población y Vivienda, 2001); (Instituto Nacional Indigenista, 2002) y el formar parte de un hogar indígena, donde el jefe(a) del hogar, su cónyuge o algún ascendente hable la lengua maya (Consejo Nacional de Población y Vivienda, 2001); (Instituto Nacional Indigenista, 2002); (Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, 2009); así como el hablar la lengua maya (Instituto Nacional de Estatística y Geografía e Informática, 2000). Las demás características mencionadas por las participantes más bien son parte de los estereotipos que se han construido socialmente alrededor del ser indígena, debido a las condiciones en las cuales muchas personas viven. Ha sido común asociar el ser indígena al vivir lejos de las ciudades, tener bajos recursos económicos por dedicarse a labores de bajo ingreso y bajo nivel educativo. Es importante destacar cómo el propio grupo se mira a sí mismo con características que, si bien, en muchas ocasiones están presenten en sus vidas, no son sinónimo ni de ser indígenas, ni mucho menos de desvalorización.

En este contexto, es importante mencionar que al momento de preguntarles acerca de su identidad étnica, es decir, al plantearles la pregunta acerca de si se consideraban indígenas, fue necesario aclarar puntualmente que el concepto de indígena no estaba siendo utilizado de manera despectiva o con el fin de menospreciar como en recurrentes ocasiones es utilizado en la cotidianeidad; lo anterior considerando que la misma investigación sobre las personas indígenas puede reforzar ciertos estereotipos negativos (Rivara y Finberg, 2001); además de que el criterio de auto-adscripción ha sido criticado en tanto “transforma el mecanismo de afiliación grupal en actos individualizados de elección psicológica y subjetiva” (Angosto-Ferrández y Krodolfer, 2012). Esta aclaración fue necesaria puesto que, en algunos casos, cuando no se realizaba previamente, se pudo notar que las personas respondían de manera negativa o incómoda y les costaba trabajo seguir el diálogo; no obstante, después de la aclaración cambiaron de opinión con respecto a considerarse indígenas y la entrevista fluía de mejor manera. Esto puede deberse precisamente a los prejuicios construidos sobre este sector de la población en cuanto a considerarlos jerárquicamente inferiores en todos los aspectos, al grado de utilizar frases como “no seas indio”, “no seas mayita” para insultar y/o hacer burla de otra persona. Dichas frases en su uso cotidiano hacen referencia a no comportarse como una persona ajena al estilo de vida cosmopolita.

En un estudio realizado por Echeverría Echeverría (2016) acerca de los prejuicios hacia las personas indígenas, la mayoría de los estudiantes indígenas y no indígenas participantes reconocieron que en la vida cotidiana es común el uso de dichas expresiones, atribuyendo características que nos refieren a ignorancia y a falta de apropiación de la norma social convencionales, el deber ser. Se evidencian discursos que demuestran cómo se pretende reforzar la distinción, en palabras de Romero Meza (2017), en donde el indio es visto como el “Otro” ignorante, manipulable, etc.

México es un país cuya población indígena reside en varios estados de la República, en Yucatán y, en general en el sureste del país, habitan personas que viven alejadas de las ciudades, hablan el idioma natal de su entidad y siguen practicando muchas de las costumbres que tenían sus antepasados. Tenemos una cultura rica, la cual, en muchas ocasiones, es menospreciada en sus costumbres y tradiciones, formando una brecha entre las personas “indígenas”, “de pueblo, “indios” y los que son lo contrario, es decir los “de ciudad”, “cultos” e “inteligentes”. Hoy solo se aprecia lo indígena, como expresiones culturales, exaltadas dentro de discursos emprendedores y de reconocimiento mercantil de la diversidad cultural, aludiendo a la fantasía del encuentro con el “Otro” exótico, distante, cercano pero invisible y degradado (Romero Meza, 2017).

Si bien es cierto que gran parte de las personas que se consideran indígenas tienen muy bajo nivel socioeconómico, bajo o nulo nivel de estudios, pocas oportunidades de desarrollo laboral, entre otras desventajas, éstas se deben precisamente al rezago que se hace de ellos; pensando que estas circunstancias les restan capacidades, habilidades o aptitudes para realizar diferentes labores o actividades. Por lo que comúnmente se les otorgan trabajos “sencillos”, por llamarlos de alguna forma que, aunque realmente requieran mucho esfuerzo, generalmente son operativos, viendo limitado el desarrollo de su capacidad intelectual. En muchas ocasiones, lo anterior se acompaña con los sueldos más bajos, aun trabajando mayor número de horas al día y malos tratos. En este contexto, se vuelve un círculo vicioso que pone a estas personas en una situación difícil de salir, la cual violenta sus derechos humanos y laborales.

A diferencia de Uruguay, Costa Rica, Chile y cinco países más de América Latina, México aún no ha ratificado el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) (2011) mediante el cual se comprometería a adecuar el marco legal para proteger los derechos de las trabajadoras del hogar. Aunque el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, se comprometió a ratificar el convenio el 31 de marzo en 2014, hasta el momento no se ha concretado.

Aunque México carece de legislación que brinde garantías a quienes se dedican a trabajos del hogar, existen campañas como “Hogar justo hogar” que pretenden que los empleadores establezcan el convenio a través del contrato laboral. Esta iniciativa es impulsada por el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH), que busca que los empleadores y trabajadoras sostengan una relación laboral clara y no una basada en actos generosos o abusivos.

El problema radica esencialmente en la importancia que se le otorga a la posición económica al jerarquizar a las personas quien tienen un mejor nivel económico, lo que se puede ver en diferentes ámbitos sociales, laborales, hasta esferas mayores a nivel mundial. Otra cuestión importante es considerar que el trabajo operativo o que requiere esfuerzo físico tiene menor valor que el trabajo intelectual, pues ambos son de diferente índole y, sin embargo, uno no podría existir sin el otro, esta valoración diferencial limita las oportunidades de crecimiento y mejora de las personas solamente por pertenecer a cierto grupo social.

Con respecto al sentimiento que les provoca considerarse indígenas, varias participantes mencionaban sentirse felices y orgullosas, ya que no consideran esta condición como motivo de vergüenza. Por el contrario, destacan sentirse bien por saber la lengua maya y poder hablarla, a diferencia de quienes no saben o no quieren aprender. Como se puede notar, las participantes delimitan sus fronteras con otros grupos con la intención explícita de evidenciar una diferenciación; la cual requiere de un proceso de comparación y selección de determinadas prácticas y representaciones culturales como “emblemas de contraste” (Giménez, 1994: 172). Emblemas que tienen que ser reconocidos por el propio grupo y los ajenos como una autoidentidad y autoafirmación que tiene lugar dentro de las dinámicas sociopolíticas en la lucha por la “clasificación legítima” (Giménez, 2002: 61). En este caso, para las participantes, resalta el hablar la lengua maya, como el principal emblema.

Solo una de las participantes mencionó sentirse mal en ocasiones por el trato que recibía de algunas personas en particular, tal como se puede apreciar en el comentario:

-¿Qué sentimiento provoca en ti considerarte una persona indígena?

-Pues a la vez es normal, pero a veces te hacen pasar cada cosa que, sí te sientes un poquito mal, pero, pues o sea, no se puede cambiar, o sea, más bien te acostumbras a vivir así (Lourdes, 20/03/2016).

Ella comentaba también algunas situaciones que se le habían presentado por el hecho de considerarse indígena y vivir en un poblado alejado de la ciudad; sobre todo por hablar principalmente maya y muy poco español le costó mucho trabajo adaptarse a la ciudad y a las personas. Sin embargo, con el tiempo, al buscar empleo tuvo que irse adecuando, poco a poco.

También se les cuestionó acerca del trato que reciben las personas indígenas en comparación con las personas que no se consideran así; las respuestas en general fueron en torno a la discriminación o menosprecio del que son objeto, al considerarlas como inferiores. Ellas mencionan que, aunque esta condición de personas indígenas no les había causado problemas “graves”, sí han pasado situaciones incómodas no solamente en su trabajo, sino en situaciones cotidianas de la vida por ser consideradas indígenas. En general, se dan cuenta de que las personas indígenas son un grupo de personas que, en muchas cosas, quienes no se consideran así, las ven como inferiores. Algunas de las razones asociadas a ello, desde su perspectiva, son el lugar en donde viven, su apariencia física o su forma de hablar, por decir unos ejemplos. En este sentido, se presenta el siguiente fragmento de entrevista con una de las participantes:

-¿Usted cree que el trato que reciben las personas que se consideran indígenas, es diferente al de las personas que no se consideran así?

-Lo que pasa es que hay personas que en verdad menosprecian a otras personas. Por ejemplo, yo en casa de doña Melba, las muchachas tanto como la señora, jamás me han hecho de menos o que me digan cosas, ellas si van a comer me hablan, me tratan como su familia y pues, hasta donde he trabajado con las personas con las que he trabajado, siempre me han tratado así, bien, no me han despreciado, no me han tratado como lo que soy, pues como se dice ¿no? Soy servicio de la casa, pero nunca me han tratado así, siempre me han tratado por igual. Pero si me imagino que hay personas que sí, pues te ven y vas a trabajar y pues a lo que vas y te tratan de una forma diferente. Pues le digo, hasta ahorita gracias a Dios, pues a mí nunca me ha pasado, pero yo creo que sí porque he tenido amigas que me han dicho cosas, así como que 'es que la señora así, la señora acá'. Yo siempre he dicho pues gracias a Dios que los que aquí y los de allá, no son así. ¿A qué cree que se deba eso? Pues que hacen de menos a las personas porque no sé, tal vez porque no tienen el mismo dinero, no sé (Jazmín, 21/03/2016).

Con la cita anterior, vale la pena resaltar dos aspectos interesantes. El primero es que se reconoce la presencia de prácticas de discriminación dirigidas hacia las personas indígenas trabajadoras domésticas. Sin embargo, se plantea como un hecho ajeno que han vivido otras mujeres cercanas, pero no ella misma. El otro aspecto interesante es que la participante destaca que en su empleo la tratan bien, nunca la han “echo de menos” las personas para las que trabaja, sino por el contrario, son amables con ella y la hacen sentir como parte de la familia. Sin embargo, uno de los comentarios que llama la atención es que señala que nunca la han tratado “como lo que es” (la señora encargada del servicio), por lo que se puede ver que, a pesar de que tiene presente que a ella la tratan bien y que se siente cómoda con ellos, da a entender que ella se percibe como una persona con menos valor y con sentimientos de inferioridad al dedicarse a dicho trabajo. Los resultados expuestos contrastan con los obtenidos por Echeverría Echeverría (2016) en una investigación realizada con mujeres indígenas trabajadoras domésticas en la cual la mayoría de ellas expresa haber vivido de manera personal, a lo largo de su carrera laboral, algunas prácticas de violencia y/o discriminación hacia ellas mismas.

5.2. Derechos como indígenas

En relación a sus derechos como indígenas, cuando se les cuestionó a las participantes acerca de cuáles creían que eran éstos, las respuestas fueron muy variadas. Es importante destacar que mencionaron tener muchos más derechos como indígenas que como mujeres. Algunos derechos como el ser respetadas, el derecho a expresarse libremente y ser escuchada; así como el derecho a tener los mismos derechos que cualquier persona por ser iguales encontraron coincidencia como derechos de mujeres y de indígenas. Aunque es interesante resaltar que el derecho al trabajo igualitario fue expresado con mayor claridad y contundencia al pensarse como indígenas que como mujeres. De manera adicional, las participantes señalaron tener otros derechos específicos como indígenas. Ejemplo de ellos son: el derecho a relacionarse con otras personas que no se consideren indígenas, el derecho a la diversidad cultural, el derecho a aprender de otros y el derecho a no limitarles en el acceso a espacios y oportunidades, es decir, a no ser discriminadas o segregadas.

Resulta interesante apreciar que estas mujeres pudieron pensar en más derechos por el hecho de considerarse indígenas que por considerarse mujeres, pues incluso, les resultó más sencillo dar sus comentarios como mayor rapidez; además de que sus respuestas fueron mucho más amplias. Lo anterior puede deberse a muchas situaciones. Una de ellas es el hecho de que la lucha indígena es más antigua que la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres; otra es que probablemente estén mucho más conscientes de los rezagos y discriminación que se ejercen con este sector en particular, en comparación con el de las mujeres, y no precisamente porque uno sea más alarmante que el otro. Además, de las resistencias del discurso patriarcal, tan fuertemente naturalizado, que difícilmente permite comprender a las mujeres que tienen los mismos derechos que cualquier grupo, sin importar las condiciones sociales.

5.3. Ser indígena y dedicarse al trabajo doméstico

En cuanto a la relación entre considerarse indígena y dedicarse al trabajo doméstico, la mayoría consideró que no necesariamente por ser indígena ejercen el trabajo doméstico, pues cualquier persona, dependiendo de sus circunstancias, lo podría ejercer; no obstante, una de ellas consideró que sí había relación. En este sentido, Lourdes comenta:

-¿Crees que influye de alguna forma que te consideres indígena en el trabajo que tú realizas?

-Pues a la vez sí, pues a la vez no, porque pues, o sea, yo digo que … yo no estudié por el tipo de trabajo que tiene mi papá, porque mis hermanos pues, o sea, sí, los 2 que crecieron por acá ellos sí estudiaron, incluso tengo 2 hermanitos que están estudiando.

-¿Tú eres la más grande?

-No. Tengo una hermana igual, que hacemos lo mismo, pero los de ahorita, pues mis hermanitas están estudiando, entonces yo digo, yo más que nada, o sea, claro que no me arrepiento, pero pues no es mi culpa.

-Entonces, ¿crees que eso influyó en que te dediques al trabajo del hogar?

-Pues sí.

-¿Las otras 2 hermanas qué hacen?

-Pues ellas están sobresalidos (sobresaliendo), por ejemplo tengo una hermana que tiene su estética, o sea, se defiende y, pues la otra hace un diferente trabajo, trabaja para el gobierno, o sea como secretaria o algo así.

-¿Ellas estudiaron?

-Pues prácticamente pues yo creo que es la capacidad que ellos tienen, porque por ejemplo mi hermana que trabaja para el gobierno, o sea, estudios que digamos estudios no tiene, pero si tiene su prepa y entonces o sea como que, más bien como que ahorita es mucha palanca y entonces o sea ella está ahí (20/03/2016).

Algo importante por retomar es la relación entre ser una persona indígena con las implicaciones que esto conlleva en cuanto al acceso a la educación, la falta de solvencia económica y la falta de oportunidades que unos años después pudieron tener sus hermanas y hermanos. Situación que ella considera que influyó en el empleo que tuvo que buscar para poder salir adelante. Se puede notar en el comentario siguiente de la misma mujer, como existe una brecha importante entre las personas de su familia que no tuvieron la oportunidad de estudiar y, por lo tanto, de conseguir un empleo que se considere con mayor estatus, en comparación con los que sí:

-¿Tú crees que tu familia, incluyendo a tus hermanos, tus padres, se consideren como tú una persona indígena?

-Hmmm, pues yo creo que algunas si y algunas no.

-¿Como quiénes?

-Como las que están estudiando ahorita, ellas siempre dicen “yo no voy a trabajar de chacha” o sea, esa es su palabra de mi hermanita “yo no voy a trabajar de chacha”, y entonces, o sea, como que en ese aspecto es cuando rosamos y como que no nos ponemos de acuerdo, o sea, ellos mismos ofenden.

-¿Sientes que ellos te tratan de forma particular por tu trabajo?

-O sea, como que hay veces, hay veces que como que cuando empieza la plática o, realmente no sé cómo sean con sus amigos, pero yo siento que hay veces como que o sea, no quieren decir de qué trabajamos.

-¿Sólo de tu hermana mayor y tú o de todas?

-Pues más de mi hermana y yo (Lourdes, 20/03/2016).

Ella mencionaba también que normalmente sus hermanas menores trataban de no relacionar a su familia con sus amigos de la escuela y que casi no hablaban de ellos con sus compañeros, para no tener que comentar de sus familias y sus trabajos. En este mismo sentido, algunas participantes señalan que las personas jóvenes, como sus hijos o conocidos muestran mucho menor interés en aprender la lengua maya o colaborar en tradiciones o rituales mayas, al no sentir aprecio por su propia cultura. Lo anterior reflejaría la existencia de altercentrismo o sesgo exogrupal (Montero, 1996). Es decir, que exista una sobrevaloración del otro y de sus prácticas culturales, resultado de la presencia de cogniciones y creencias negativas hacia el propio grupo. De acuerdo con Bartolomé (1996), los indígenas mayas rurales están siendo, colectiva e individualmente, participes de procesos de abandono de su tradicional contexto y se enfrentan al desafío de entrar a las ciudades principales, a través del tránsito étnico, que implica que un indígena puede llegar a incorporarse al sector mestizo, a través de la renuncia a su cultura tradicional y la aceptación de un estilo de vida alterno que implica generalmente la negación del propio.

6. Conclusiones

Ser considerado indígena, para todas las mujeres trabajadoras domésticas remuneradas participantes, está cargado socialmente de significados con connotación negativa. Asumir como parte de su identidad la condición indígena resulta ser una tarea compleja y ambivalente. Por un lado, las participantes destacan sentimientos de orgullo asociados a la cultura e identidad maya. Pero, por otro lado, desde la mención del concepto indígena manifiestan resistencias mentales y corporales para reconocerse como parte de dicho colectivo, ante la fuerte presión y carga social negativa, prejuicios, estereotipos y prácticas de discriminación dirigidas cotidianamente a dichos grupos poblacionales. Situación que evidencia la importancia de crear espacios de diálogo que permitan romper con todo tipo de cogniciones que limiten la posibilidad de asumir una identidad como indígena la cual, lejos de cargarse negativamente, sea vivida con pensamientos, emociones y conductas que dignifiquen a las personas y su identidad.

Diversos organismos, internacionales y nacionales, defienden una serie de exigencias que pretenden asegurar el respeto de los derechos básicos de las trabajadoras del hogar como mujeres, indígenas y trabajadoras. Sin embargo, la tarea es inacabada, aún se requiere de la generación de mecanismos que aseguren, en primera instancia, que dicho grupo esté informado de sus derechos y exija su cumplimiento en la cotidianeidad de la vida social, económica y laboral (Echeverría Echeverría, 2016). En la actualidad, si bien, la mayoría de las personas participantes pueden identificar algunos de sus derechos como mujeres e indígenas, se requiere del desarrollo de procesos formativos a través de los cuales las mujeres indígenas trabajadoras domésticas puedan no sólo enumerarlos, sino también, exigir a las autoridades el cumplimiento de los mismos. Una estrategia, ya desarrollada en diferentes países latinoamericanos y en la Ciudad de México, es a través de la creación de sindicatos.

Es un hecho que en la actualidad se han estado llevando a cabo varias acciones internacionales a favor de las trabajadoras del hogar, sobre todo en lo que tiene que ver con el marco legal, como el Convenio No. 189 y la Recomendación No. 201 sobre el trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos emitidos por la Oficina Internacional del Trabajo (2011), pues es evidente la falta de derechos que se les dan a las personas que realizan el trabajo doméstico no solamente en cuanto a las prestaciones, la falta de contrato, días inhábiles, etc., sino también en el trato que reciben y si sufren de violencia o maltrato etc.; no obstante, aún hay muchísimo por hacer para regularizar este tipo de empleos no formales. Particularmente en México, el hecho de no ratificar en Convenio No. 189 evidencia la falta de compromiso político para contribuir a mejorar la calidad de vida de dicho colectivo.

Algo que resulta sumamente importante, además de todo lo relacionado con el marco legal, que evidentemente es primordial en todo este asunto del trabajo doméstico, tiene que ver con llevar a cabo acciones que cambien sucesivamente la actitud que se tiene socialmente con respecto a diferentes grupos de personas, quienes por el simple hecho de pertenecer a ellos viven cierto grado de rechazo y discriminación que afecta directamente su calidad de vida y bienestar. Definitivamente, si bien en México, desde hace quince años se instaló el Consejo Nacional para prevenir la discriminación (CONAPRED), la labor desarrollada evidencia que aún se presentan diversas manifestaciones de discriminación hacia las personas indígenas, hacia las mujeres y en específico, hacia las trabajadoras domésticas; así como hacia otros colectivos como las personas que viven con VIH, las personas de la diversidad sexual, quienes que viven con discapacidad, la diversidad religiosa, entre otros colectivos. Por lo cual, resulta fundamental desarrollar procesos re-educativos centrados en promover cambios de actitud hacia cada uno de los colectivos en específico; también se requiere el desarrollo de programas que promueva el respeto por la diversidad humana y la erradicación de toda expresión de discriminación; con la finalidad de promover una ciudadanía más respetuosa de las diferentes formas de ser, pensar y vivir.

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Notas de autor

1 Eugenia Beatriz Fuentes Valle es Licenciada en psicología, con experiencia en el área laboral. Actualmente, se desempeña en el área de Recursos Humanos en una empresa del sector privado dedicada al financiamiento. Trabaja, fundamentalmente, con mujeres madres, dedicadas al hogar e integrantes de poblaciones rurales lejanas de la ciudad capital.
2 Rebelín Echeverría Echeverría es Licenciada en Psicología, Maestra en Ciencias Antropológicas opción Antropología Social y Doctora en Psicología. Profesora e Investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Yucatán. Integrante del Cuerpo Académico “Procesos Psicosociales y Praxis”, con perfil PRODEP e integrante del Sistema Nacional de Investigadores SNI.

Información adicional

Formato de citación: Fuentes Valle, E.B., Echeverría Echeverría, R. (2019). “Mujeres trabajadoras domésticas: condición indígena, identidad y derechos en México”. Aposta. Revista de Ciencias Sociales, 83, 106-120, http://apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/echeverria2.pdf

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