Izquierda y populismo en América Latina. Combinaciones, colaboraciones y conflictos a través del caso de Ecuador (1934-2017)
The left wing and populism in Latin America. Combinations, collaborations and conflict seen through the case of Ecuador (1934-2017)
Izquierda y populismo en América Latina. Combinaciones, colaboraciones y conflictos a través del caso de Ecuador (1934-2017)
Aposta. Revista de Ciencias Sociales, núm. 84, pp. 45-61, 2020
Luis Gómez Encinas ed.
Recepción: 06/03/2019
Aprobación: 18/06/2019
Resumen: Se propone un enfoque para comprender las relaciones en América Latina entre partidos de izquierda y movimientos populistas, y se lo aplica al caso ecuatoriano. La izquierda y los populismos de América Latina se han relacionado históricamente en tres formas posibles: fusión o “populismo de izquierda”, colaboración sin fusión, oposición y conflicto. El “populismo de izquierda” es una conjunción utilizada por la izquierda para expandir su base social y electoral por medio de asimilar formas discursivas y organizativas similares a los populismos más exitosos, pese a los riesgos de aquello. En Ecuador principalmente se dio la segunda y tercera forma de relacionamiento, hasta el intento fallido de la primera con el gobierno de Lucio Gutiérrez y otro más exitoso con el gobierno de Rafael Correa.
Palabras clave: Izquierda, populismo, Ecuador, política latinoamericana, izquierda latinoamericana.
Abstract: An approach is proposed towards an understanding of the relationships in Latin America between left wing parties and populist movements and that is applied to the case of Ecuador. The left wing and populist movements in Latin America have related between each other in three possible forms: fusion or “left wing populism”, collaboration without fusion, opposition and conflict. “Left wing populism” is a fusion used by the left towards achieving an expansion of its social and electoral base through the assimilation of discursive and organizational forms similar to successful populist movements and leaders even though the risks of that strategy. In Ecuador the second and third forms of relationship mainly happened, until the failed attempt of the first one with the government of Lucio Gutierrez (2002-2005) and the more successful case of that with the government of Rafael Correa (2007-2017).
Keywords: Left wing, populism, Ecuador, Latin American politics, Latin American left wing.
1. Introducción
Se busca en este artículo proveer una propuesta que permita avanzar en la comprensión de las relaciones políticas entre partidos y movimientos de izquierda con los movimientos populistas y sus discursos en el área latinoamericana. Por lo común, se ha analizado la relación política entre izquierdas y populismo en Latinoamérica principalmente desde un punto de vista nacional (Portantiero y De Ipola, 1981; Ferreira, 2013; Ponza, 2013). La propuesta de este trabajo es ampliar el foco al conjunto de América Latina, con una particular atención a su despliegue histórico, y después prestando atención al caso de Ecuador. Además se propone este artículo como una contribución al análisis socio-político de la izquierda en el Ecuador, y aquello en torno a un aspecto que no ha sido explorado en forma específica como es de las relaciones de dicho sector con los movimientos populistas ecuatorianos.
Se sostiene que las izquierdas y los movimientos populistas se han relacionado en tres formas principales en la América Latina del siglo pasado y actual. La primera forma es una de conjunción entre populismo e izquierda o, como la llamaremos, “populismo de izquierda”. La segunda forma es una de colaboración sin fusión entre movimientos populistas e izquierda en instancias coyunturales o de más mediano plazo. La tercera es la forma marcada por la oposición y el conflicto en la cual la izquierda se ubicó en un discurso y sector socio-político “anti-populista” más amplio con sectores de otras ideologías, pese al riesgo de aquello de aislamiento de la izquierda frente al electorado real. Sobre el populismo de izquierda, se argumenta que ha sido un fenómeno que emergió en la izquierda de la región para expandir su base social y electoral por medio de adoptar formas discursivas y organizativas similares a las de los movimientos populistas más exitosos, pese a los riesgos de aquello que implica la aparición de un excesivo personalismo y/o un irrespeto de dicho liderazgo de los acuerdos iniciales. El populismo de izquierda implicaría unir las consignas usualmente asociadas con la izquierda política (igualitarismo, redistribucionismo y la crítica a las élites económicas) con discursos y formas organizativas asociadas con los movimientos populistas (en el discurso el antagonismo contra las élites conjuntado el nacionalismo, el anti-imperialismo, la disputa por lo nacional-popular y un pluriclasismo que desenfatiza la concentración de otro tipo de izquierdas en el proletariado urbano; organizativamente los liderazgos personalistas plebiscitarios, el relacionamiento con sectores subalternos por medio del clientelismo o los arreglos corporativos).
Las izquierdas latinoamericanas se contemplaron desde sus inicios en el siglo XIX con las formas en las cuales llegar a articularse con –y movilizar a– los sectores subalternos de la región. Por otro lado, alrededor de los años 30 del siglo XX aparece la primera oleada de movimientos populistas en la región y en el nivel ideológico se colocaban en forma que se decían más allá de la división izquierda-derecha. Una segunda oleada de populismos sería la de populismos “neoliberales” y más claramente derechistas de los años 90 y 2000. En los años 2000 emergen en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina gobiernos en los cuales se mezclaron las ideologías, consignas y los movimientos de izquierda con los discursos y las formas organizativas del populismo clásico nacionalista y desarrollista de la antes mencionada primera oleada.
En el estudio sobre el populismo y la izquierda en el Ecuador, en primera instancia, nos debemos remitir al periodo de mitad de siglo asociable con los populismos del primer periodo en la región latinoamericana. En este caso a las interacciones entre los partidos comunista y socialista ecuatorianos con el caudillo populista José María Velasco Ibarra así como con el movimiento Concentración de Fuerzas Populares (CFP). Se propone que en ese periodo los partidos de izquierda ecuatorianos tuvieron relaciones con dichos dos movimientos populistas que fluctuaron entre el segundo tipo y el tercero de relaciones antes propuestas. Durante los años 80 y 90 aparecen movimientos de populistas de políticas neoliberales en el Ecuador con líderes como Abdalá Bucaram y Álvaro Noboa. La crisis política y económica de los años 1999 y 2000 provoca la Rebelión del 21 de Enero, la cual promueve la figura del militar rebelde Lucio Gutiérrez. En 2002 Gutiérrez gana la presidencia en una alianza con el partido indigenista de izquierda Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP). Después de que dicho gobierno abandona su programa de izquierda y nacionalismo inicial y se alinea con el “Consenso de Washington” de la época, una nueva revuelta popular lo derroca. Después de aquel fallido intento de un gobierno de populismo de izquierda, se produce un nuevo periodo de incertidumbre política del cual emerge a fines del 2005 el movimiento electoral Alianza País. Este decide postular como candidato outsider y anti-establishment al economista Rafael Correa quien gana la presidencia. El gobierno de Correa puede ser visto como un caso de una combinación exitosa de populismo de izquierda, logrando gobernar diez años después de dos re-elecciones en un hecho sin precedentes en Ecuador. Se propone que en general el caso ecuatoriano estuvo marcado principalmente por la segunda y tercera forma de relacionamiento entre izquierdas y populismos antes propuesta (colaboración coyuntural y conflicto), hasta el intento fallido de la primera forma (populismo de izquierda) en la experiencia del gobierno de Lucio Gutiérrez y una más exitosa de aquella en el ascenso del gobierno de Rafael Correa y Alianza País.
2. Izquierda latinoamericana y populismo
Se sigue a Moffitt (2018: 4) y a Mudde y Rovira Kaltwasser (2017: 6) para afirmar que el populismo es un tipo de discurso y estilo político que establece una dicotomía antagonista entre el “pueblo” –afirma ser representante fiel de éste– y una élite política, económica o socio-cultural. Dado a que el populismo es tanto una categoría de análisis de las ciencias sociales como del debate político mas amplio, la palabra populismo debe ser comprendida también en su uso peyorativo (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017: 2) de un sector que se articula dentro de un discurso-y en algunos casos un movimiento político-“anti-populista” (Stavrakakis et al., 2017; Moffitt, 2018) que suele componerse principalmente de partidos políticos del status quo, instituciones protectoras de los derechos fundamentales, medios de comunicación e instituciones supranacionales (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017: 113-116). El populismo como discurso y movimiento político usualmente toma fuerza en condiciones de crisis de representación política o crisis económica, en las cuales su cuestionamiento al status quo se constituye en un aprovechamiento de una estructura de oportunidades políticas favorable a dicho tipo de discurso. El populismo ha sido un fenómeno político visibilizado como tal por actores políticos y las ciencias sociales tanto en países industrializados (Ruzza y Balbo, 2013; Cox, 2017; Criado Aguilera, 2017; Laclau, 1986: 177-178), como en países considerados en vías de desarrollo y en países fuera del ámbito latinoamericano (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017: 38-40). De allí que no se vería adecuado mirar al populismo solo como un fenómeno latinoamericano o como un fenómeno solo de situaciones de modernidades precarias o poco consolidadas, sino que se mira que aparece convocando en forma amplia a sectores que se sienten poco o nada representados en el sistema político mediante el llamado a la efectivización de una voluntad colectiva inclusiva (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017: 17). También se ha distinguido entre populismos de izquierda y de derecha (Weyland, 2017: 2; Huber y Schimpf, 2017), por lo cual se parte aquí de esa distinción ideológica, de modo que el populismo “puede ser urbano y/o rural, progresista o conservador, capitalista o anticapitalista... socialista o fascista, de izquierda o de derecha” (Freidenberg, 2007: 17). Sin embargo, se puede resaltar que el populismo en el área latinoamericana suele tomar un aspecto personalista (Weyland, 2001: 14) más pronunciado que en Europa occidental, donde predomina el sistema parlamentarista. Esto debido al sistema de democracia presidencialista imperante en América Latina, y a sistemas de partidos débiles que facilitan los liderazgos personalistas (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017: 44).
En segundo lugar, se puede decir que la izquierda en general enfatiza como valores y fines principales a la igualdad, la solidaridad y la redistribución (Arditi, 2017: 234 y 241) en contra de la derecha, la cual es una posición política distinguible por la creencia de que las desigualdades principales entre las personas son naturales y fuera de la competencia del estado (Bobbio, 1993). La izquierda latinoamericana específicamente tiene sus orígenes en la llegada al continente de textos socialistas, marxistas y anarquistas a mediados del siglo XIX y con la migración de intelectuales, activistas y obreros europeos a fines de dicho siglo. El primer partido socialista de la región es el Partido Socialista Argentino establecido en 1895 y de allí otros partidos socialistas en otros países comenzarán a establecerse durante los inicios del siglo XX. La Revolución Rusa de 1917 motivará a que dichos partidos socialistas desarrollen dentro de sí grupos alineados con el ejemplo bolchevique, para que a partir de la década de los 20 se creen los partidos comunistas alineados con Moscú (Aguilar Rivera, 2013: 6). Aquellos dos tipos de partidos (socialistas y comunistas) marcarán a buena parte de la izquierda de los países de la región hasta el triunfo de la Revolución Cubana a fines de los 50. En general, en la mitad del siglo XX obtuvieron poco o medio éxito electoral logrando en ciertos casos sillas en los poderes legislativos. Sin embargo, dichos dos tipos de partidos fueron actores cruciales en los procesos de organización de las clases medias, obreras urbanas, y rurales pobres en torno a sindicatos obreros urbanos, organizaciones campesinas, artesanales, estudiantiles, de maestros, de mujeres, y de prensa alternativa a la dominante en manos de las élites económicas.
Mientras los partidos socialistas y comunistas lograron el antes mencionado peso político moderado, líderes que subieron a la presidencia por periodos considerables, como Getulio Vargas en Brasil y Juan Domingo Perón en Argentina, fueron más exitosos en lograr la adhesión electoral masiva de los nuevos sectores urbanos pobres y medios. Estos gobiernos combinaban liderazgo carismático personalista, programas socio-económicos desde una estrategia política clientelar, corporativista y pluriclasista, consignas por un estado mestizo inclusivo de “demandas y tradiciones nacional-populares” (Portantiero y De Ipola, 1981: 54), y una visión anti-imperialista y nacionalista de capitalismo proteccionista opuesta al liberalismo clásico del libre comercio (Aguilar Rivera, 2013: 9-10). En otros países de la región también aparecieron movimientos y caudillos populistas menos exitosos que los anteriores como los de Jorge Eliecer Gaitán o ANAPO en Colombia, el movimiento APRA en Perú, el Partido Auténtico y el Partido Ortodoxo en Cuba, o el caudillo José María Velasco Ibarra en Ecuador. Se sugiere que fueron menos exitosos que los anteriores casos de Brasil y Argentina porque no lograron llegar al poder presidencial en la mitad del siglo XX pese al importante apoyo popular con el que llegaron a contar, o si lo hicieron no lograron consolidar un proyecto de estado por las interrupciones y breves periodos en los que gobernaron (Velasco Ibarra).
La literatura sobre el populismo latinoamericano ha tendido hacia un consenso sobre el que los movimientos y líderes populistas del periodo 1930s-1970s constituirían una primera “oleada” de populismo latinoamericano, seguida de dos más que se describen posteriormente (neoliberal y de izquierda). En general los gobiernos y movimientos populistas de ese primer periodo, tanto del grupo más “exitoso” con del segundo tipo, mantuvieron un perfil político y discursivo-ideológico dentro del contexto de Guerra Fría que optó por posicionarse “más allá” de la distinción entre derechas e izquierdas (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017: 31). Así Lowy, refiriéndose al discurso del APRA peruano propone que “el APRA, bajo el liderazgo de Haya de la Torre, intentó primeramente adaptar el marxismo a la realidad continental, para posteriormente superarlo al servicio de un populismo sui generis y ecléctico” (Lowy, 2007: 10). De allí que se sugiera que ese populismo fue menos propenso a establecer relaciones cercanas con la izquierda que lo que podrá hacer un movimiento o líder que más claramente pueda ser visto como populista de izquierda (la primera forma de relacionamiento entre izquierda y populismo que se propone en este artículo), por lo cual las relaciones entre izquierda y populismos en este periodo tendieron a fluctuar entre el segundo y tercer tipo antes propuesto de relacionamiento.
Sin embargo, se puede destacar dos casos de clara convergencia en ese periodo entre discurso y políticas izquierdistas y liderazgo populista (populismo de izquierda). Lázaro Cárdenas en México mantuvo un perfil ideológico y político significativamente izquierdista en su gobierno (Freidenberg, 2007: 65), por lo cual se puede sugerir que constituye un prototipo inicial latinoamericano de populismo de izquierda. Posteriormente veremos al presidente “varguista” (por Getulio Vargas) de izquierda João Goulart en el Brasil. Este fue derrocado por una dictadura conservadora militar que explícitamente buscó, al igual que las dictaduras argentinas contra el peronismo, eliminar políticamente al “varguismo” de dicho país. Se puede apreciar aquello al ver que Goulart al final de su gobierno modificó la institucionalidad brasileña hacia el presidencialismo, emprendió una reforma agraria, y decidía gobernar apoyándose en un frente de izquierdas que incluía al Partido Comunista Brasileño (Ferreira, 2013: 132).
En tanto, consideremos la propuesta de Laclau sobre el populismo de izquierda. Para este autor, “la lucha de la clase obrera por su hegemonía consiste en lograr el máximo posible de fusión entre ideología popular-democrática e ideología socialista… Esta es la profunda intuición que ha estado presente… en todas aquellas tendencias dentro del marxismo que… han intentado ir más allá del reduccionismo clasista” (Laclau, 1986: 203 y 231). Esto sugiere una adaptación de las consignas de la izquierda a un discurso más amplio que deja atrás la concentración en la clase obrera, característica de las anteriores formas de socialismo, por medio de construir el concepto de “pueblo” en torno al pluriclasismo, para lograr una articulación “hegemónica” en el cuerpo político “en términos de estatus económico no elitista y marginalización política” (Roberts, 2017: 231). De este modo, el “populismo socialista” sería una estrategia de poder de la izquierda que implica articularse a un discurso y tipo de organización de carácter “populista”. En lo organizativo se procede con formas corporativas y personalistas-plebiscitarias usuales del populismo. Roberts (2016), al considerar la relación entre populismo y movimientos sociales, propone que los lazos “plebiscitarios” enlazarían a líderes y elites con sectores sociales, a menudo desorganizados, movilizándolos desde arriba para aclamar a la figura de la autoridad o ratificar las iniciativas del líder. De allí que se proponga que los sectores de izquierda que deciden fusionarse dentro de un movimiento de populismo de izquierda corren el riesgo de que el liderazgo de este consolide una forma de toma de decisiones muy concentrada, usualmente en una persona, e incluso que este decida romper considerablemente con el programa político y económico pactado o esperado. Sin embargo, se puede decidir correr ese riesgo al observarse que no se puede lograr alcanzar el gobierno con los partidos y circunstancias políticas existentes.
Una segunda opción de relacionamiento entre izquierdas y populismos es la de la colaboración coyuntural o a mediano plazo. Las alianzas de los partidos de izquierda con los movimientos populistas pueden a veces entenderse desde el punto de vista estratégico que mira que es preferible aliarse en una coyuntura con un movimiento populista para evitar el ascenso al poder de un sector político conservador más claramente identificable con la derecha. Pero, si el gobierno o movimiento populista es uno de populismo de izquierda, se puede mirar que el partido de izquierda no populista puede decidir aliarse con este por compartir posiciones ideológico-programáticas pese a la naturaleza populista de dicho movimiento o gobierno. El riesgo que corre la izquierda aquí es el que el liderazgo populista no cumpla sus compromisos de alianza, pero aquello es más fácil de corregir que en la forma anterior al poderse finalizar la colaboración e incluso poder pasarse a la oposición manteniendo la personalidad propia de la organización o partido. Una tercera posibilidad de relacionamiento entre populismos e izquierdas en la región ha sido la de conflicto y oposición. Aquí la izquierda se ubica en oposición al movimiento o gobierno populista y tiende a abrazar un discurso “anti-populista” explicito dentro de un campo socio-político anti-populista más amplio y trans-ideológico. Sin embargo, se sugiere que con aquello la izquierda corre el riesgo de aislarse de las mayorías sociales y ser políticamente irrelevante dejando que los movimientos populistas o la derecha procedan a predominar en la disputa política por lo “nacional-popular”.
Los años 80 se caracterizaron por la crisis de la deuda y la hiperinflación, lo cual facilitó la emergencia del llamado “Consenso de Washington” internacional en los 90 en torno a las políticas económicas neoliberales. Además, a comienzos de los 90 los estados comunistas del este europeo dejaban de existir. De allí que en esa década el ambiente político no era muy favorable a las ideas de izquierda en general, incluyendo a las más moderadas de la socialdemocracia. Es en este contexto que aparece un segundo periodo de movimientos, líderes y gobiernos populistas en la región, que se caracterizaron por presentar programas electorales económicos poco “claros” (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017: 29), para subir a la presidencia y proceder a implementar las políticas neoliberales usuales de la época (Weyland, 2001: 7). Aquí destacan gobiernos como los de Carlos Menem en Argentina, Fernando Collor de Mello en Brasil, Alberto Fujimori en Perú y Álvaro Uribe en Colombia. En esta segunda oleada populista, los discursos antagonistas eran dirigidos contra la “clase política” y el estado (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017: 31) y no contra las “oligarquías” o las élites económicas y sociales como lo había hecho la oleada populista inicial de mitad de siglo.
Desde mediados de los 90, las políticas económicas neoliberales en la región enfrentaban un fuerte movimiento socio-político en su contra. De allí que se pase a hablar de lo que constituiría una tercera oleada de movimientos y gobiernos populistas en América Latina entre las décadas de los 2000 y 2010. Esta sería la de los gobiernos de izquierda de Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia (autoproclamados del “Socialismo del Siglo XXI”); además de las presidencias del matrimonio de peronistas de izquierda Kirchner-Fernández en Argentina. En la región latinoamericana, dichos gobiernos se alinearon en diversos niveles y temas con el movimiento regional y global “anti-neoliberal” antes mencionado, y así se auto-ubicaron dentro de la izquierda (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017: 31-32). Se puede sugerir que estos gobiernos son la aparición de una oleada de populismo de izquierda en la cual se mezclaban consignas redistributistas “anti-neoliberales” asociables a la izquierda de ese momento; con el discurso “anti-oligárquico”, anti-imperialista, neo-desarrollista y el liderazgo personalista carismático de la primera oleada populista antes mencionada. La relación de los gobiernos populistas de izquierda con el resto de la izquierda y los movimientos sociales fluctuó en mucho dentro de las dos formas propuestas en este artículo (alianza o colaboración sin fusión y conflicto).
Con este esquema pasemos a analizar el caso ecuatoriano de la relación entre las izquierdas y los populismos.
3. Los populismos de la oleada inicial y la izquierda en el Ecuador
El Ecuador de comienzos de siglo XX era un país que experimentaba las reformas sociales del liberalismo radical de Eloy Alfaro, que fueron seguidas por gobiernos liberales más moderados y ligados a los grandes sectores financieros y de la exportación. Allí sectores urbanos medios y populares venían creando gremios y organizaciones políticas hasta llegar al establecimiento del Partido Socialista Ecuatoriano (PSE) en 1926 (Páez, 2001). Después de que el liderazgo inicial decide cambiar el nombre del PSE a Partido Comunista Ecuatoriano (PCE) en 1931, los inconformes con aquello deciden establecer otro partido que retoma el nombre de Partido Socialista Ecuatoriano en 1933 (Rodas Chaves, 2004: 27-34). Así dichos dos partidos (PCE y PSE) determinan principalmente a la izquierda en el país hasta fines de los años 50.
En 1934 el caudillo populista José María Velasco Ibarra accedía a la primera de sus cinco presidencias, con lo cual comienza a implantarse en la historia política del país el fenómeno del “velasquismo”. En tres de las cinco presidencias de Velasco Ibarra no terminará su mandato, ya sea por renuncia al cargo o por ser derrocado por un golpe militar. Es esta característica particular que nos permite diferenciar al “velasquismo” de fenómenos políticos que tuvieron impactos socio-políticos más a largo plazo como el peronismo en Argentina y el varguismo en Brasil. Por otro lado, el sociólogo marxista ecuatoriano Agustín Cueva sugiere que Velasco Ibarra contribuyó a consolidar la confianza en la validez de las elecciones en el país frente al fraude electoral, así como que habría servido de “vehículo ideológico” de incorporación de los grupos sociales de reciente llegada a las ciudades (Cueva, 1997: 173). Las elecciones presidenciales de 1934 también fueron las primeras en las que participaron el PCE y el PSE. Sin embargo, los años 30 estarán determinados por la crisis económica y la inestabilidad política posterior al derrocamiento de Velasco Ibarra que implicó una secuencia de golpes de estado y gobiernos militares.
El año 1940 trae el gobierno liberal de Carlos Alberto Arroyo del Rio, terminando de forma altamente impopular por una derrota militar contra el Perú y al verse obligado a firmar un tratado en el que Ecuador cedía casi la mitad de su territorio a ese país en 1942. Mientras aquello pasaba, el PCE y el PSE venían impulsando y motivando procesos organizativos con diversos sectores de la sociedad desde las décadas anteriores (Coronel, 2016). Así, desde el inicio y mitad de dicha década esos partidos impulsan la creación de la Confederación de Trabajadores del Ecuador, la Federación Ecuatoriana de Indios, la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador y la Unión Nacional de Educadores (Rodas Chaves, 2004: 44-57).
Desde este momento, las relaciones que los movimientos populistas establecieron con las izquierdas del país en este periodo fluctuaron principalmente entre la antes mencionada colaboración (segunda forma) y el conflicto (tercera forma). En 1943, el antes mencionado descontento con Arroyo del Rio provoca el establecimiento de una trans-ideológica convergencia de oposición, la Alianza Democrática Ecuatoriana (ADE), que fue una articulación política de los partidos PSE, PCE, el Partido Conservador Ecuatoriano, el Liberal Independiente, y de Vanguardia Revolucionaria Socialista Ecuatoriana. En medio de dicha situación de crisis política que converge con una creciente organización popular, en 1944 se rebela un grupo importante de militares en Guayaquil contra el gobierno de Arroyo del Rio. Es aquí donde se da una colaboración entre la izquierda ecuatoriana y los movimientos políticos populistas. La ADE decide que se entregue la presidencia de la república a Velasco Ibarra. Aquí se puede ver una clara relación entre izquierda y populismo del segundo tipo antes propuesto, es decir, de colaboración sin fusión.
El episodio de dicha rebelión popular, más conocida como “La Gloriosa”, causará una percepción de los partidos de izquierda de “traición” del caudillo populista Velasco Ibarra. Esto debido a que dicho gobierno tenía el mandato de llamar a la redacción de una nueva constitución la cual incluyó importantes avances en la legislación social ecuatoriana en torno a derechos sociales y de los trabajadores. Velasco Ibarra, sin embargo, decide declararse dictador y deroga dicha constitución más “progresista” para pasar a redactar otra constitución más conservadora (Rodas Chaves, 2004: 53-57), lo cual muestra los riesgos de la colaboración de la izquierda con los populismos. Aquello será el evento motivador de la emergencia de una tendencia radicalizada dentro del PSE que pasa a criticar las teorías y estrategias del PCE –ligadas a la concepción estalinista y post-estalinista de la URSS de los Frentes Populares, la “Revolución por etapas”, y la “coexistencia pacífica”– para adoptar una línea que afirmaba la necesidad de crear el socialismo sin los pactos pluriclasistas y trans-ideológicos que aquello implicaba (Villamizar Herrera, 1990: 52). Así este sector del PSE impulsaba una relación con los movimientos populistas de conflicto y oposición, es decir, del tercer tipo que se propuso antes. Las posiciones del ala radicalizada del PSE anticipaban la posición que pasará a agitar dentro de la izquierda ecuatoriana entre los 60 y 80 en favor del insurrecionismo armado. Esta terminó siendo aislada socialmente y/o derrotada militarmente. En otros espacios la izquierda de la época también reportaba relaciones conflictivas con el movimiento populista CFP. En tanto, Cueva (1997: 74) anota sobre el líder de CFP Assad Bucaram que ciertos sectores de “la izquierda lo detestaba por sus perfiles fascistoides, pues no podía olvidar que cuando alcalde de Guayaquil había reprimido sangrientamente al movimiento estudiantil recurriendo al lumpen de los suburbios.”
Por su parte, el ala más moderada o “reformista” del PSE decidía colaborar en esa década con el gobierno del liberal reformista Galo Plaza Lasso y posteriormente con el movimiento populista Concentración de Fuerzas Populares (CFP), de arraigo en los sectores pobres urbanos de la región Costa del país. Una alianza electoral “izquierdista-populista” se realiza en las elecciones de 1960 con la candidatura presidencial de Antonio Parra y el socialista Benjamín Carrión en la cual también participa un sector de CFP y el PCE (Rodas Chaves, 2004: 63). El ala más socialdemócrata del PSE entró en más de una vez en colaboración con un movimiento populista como el CFP, es decir, un relacionamiento del segundo tipo entre izquierda y populismo. Así, la izquierda política podía –desde posiciones más moderadas o predispuestas a buscar frentes políticos más amplios– aliarse “tácticamente” al velasquismo o a CFP como forma de contener a las opciones políticas “oligárquicas” liberales y conservadoras (Cueva, 1997: 135-136). Por el lado de los movimientos populistas, se puede decir que tanto Velasco Ibarra como CFP se ubicaban en posiciones ideológicamente ambiguas y de equidistancia entre izquierdas y derechas. En aquello, dichos dos movimientos populistas ecuatorianos son similares al peronismo argentino, al varguismo brasileño, y al APRA peruano, en referencia a los posicionamientos de la oleada populista inicial de mitad de siglo XX en América Latina de los populismos con respecto a la izquierda. Así, Agustín Cueva cita a Velasco Ibarra –poco antes de asumir su primera presidencia– mostrando su llamativa ambigüedad ideológica, que se podía manifestar en forma de poder afirmar que él es una persona “liberal-individualista” pero que “si el socialismo tiene cuestiones aceptables, benéficas, hay que tomarlas de allí. Si el conservadurismo posee algo que sea conveniente, no debe rechazarse. Ni excluirse tampoco las enunciaciones aceptables del comunismo” (Cueva, 1997: 139). Por otro lado los “Diez Puntos Programáticos” de CFP se posicionaban ideológicamente diciendo que:
“La ideología no es conservadora, ni totalitaria, ni liberal, ni socialista, ni comunista; es decir, no se funda en una colección de principios filosóficos abstractos e importados, desvinculados de nuestra realidad: la ideología del cefepé es popular, porque mira al pueblo como conjunto y fenómeno nacional e histórico” (Burbano de Lara, 2010: 255).
El Ecuador, al igual que el resto del área sudamericana, entra en los años 60 y 70 en un periodo de golpes de estado y gobiernos militares. Velasco Ibarra ganó las elecciones presidenciales de 1960 y 1968 y no logró terminar ninguno de dichos dos periodos presidenciales. CFP1 siguió siendo un actor dominante de la política de Guayaquil en los 60 y 70 a través del liderazgo de su segundo caudillo más importante, Assad Bucaram, y levantó serios temores en las élites económicas y militares del país en torno a su popularidad y pretensiones de presentarse como candidato a la presidencia.
4. El populismo en el neoliberalismo, el populismo de izquierda y las izquierdas ecuatorianas contemporáneas
Se puede identificar una continuidad en la emergencia del movimiento electoral populista Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) en los 80 con el antes mencionado CFP. El PRE fue liderado principalmente desde aquella década por Abdalá Bucaram Ortiz, sobrino del antes mencionado caudillo del CFP Assad Bucaram y hermano de la esposa del presidente fallecido en el cargo Jaime Roldós Aguilera, Marta Bucaram Ortiz. El PRE consolidó una especie de tradición y dominio, de un entorno familiar de origen libanés, en la política populista ecuatoriana y de Guayaquil en los 80 y 90. Esto continuó con la llegada de Abdalá Bucaram a la alcaldía de Guayaquil en 1984 y la presidencia del Ecuador en 1996. Al igual que Velasco Ibarra, Bucaram no llegó a terminar sus periodos de gobierno local y nacional debido a protestas populares y convergencia de los partidos principales del país en su contra, tanto de izquierda como de derecha. Ganó las elecciones presidenciales de 1996 con un discurso político fuertemente anti-oligárquico y anti-elitista, pero en su programa económico “no se cuestionan las políticas neoliberales, únicamente se busca el que todos los productores, pero sobre todo los pequeños y medianos empresarios, se beneficien de la apertura económica y de la globalización...” (De la Torre, 1996: 47). De allí que al ganar la presidencia anunció “la supresión de subsidios, privatizaciones y reformas en la seguridad social” (Ramírez, 2012b: 348), con lo cual se puede ubicar a dicho líder populista dentro de la segunda oleada de populismos latinoamericanos de políticas neoliberales.
Por otro lado, los partidos de izquierda del país –desde el regreso de la democracia hasta mediados de los 90– tenían presencia en la rama legislativa del estado y en el activismo y la protesta social. Sin embargo, continuaban fracasando en las elecciones presidenciales –por sí solos o aliados a otros partidos– tal como pasó en el periodo previo a las dictaduras militares. De allí que en las elecciones de 1988 se dió un intento temprano de una candidatura de populismo de izquierda. Fue la candidatura presidencial del teniente general Frank Vargas Pazzos y como candidato vicepresidencial del dirigente del PSE Enrique Ayala Mora. Vargas Pazzos dirigía el partido populista Alianza Popular Revolucionaria Ecuatoriana y venía de liderar una acción rebelde contra el presidente derechista León Febres Cordero que le proveyó notoriedad nacional instantánea. Esto también es similar a la vía al poder de Hugo Chávez, quien también lideró una revuelta militar en el año 1992 contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. La candidatura de Vargas Pazzos en el 1988 logró el cuarto lugar. Posteriormente se debe notar que en las elecciones del 1996 el PSE entró en un acuerdo electoral con el candidato populista Abdalá Bucaram –incluyendo a sectores sociales como los sindicatos CEOSL y CEDOC así como con dirigentes barriales–, en el cual Bucaram de llegar a la presidencia establecería políticas sociales y económicas favorables a las mayorías y sectores más vulnerables del país. Rodas Chaves (2004: 169) reporta que allí fue crucial la intención política de la dirigencia del PSE de contribuir a la derrota de la otra opción presidencial en la segunda vuelta la cual era la del candidato Jaime Nebot, ligado al conservador Partido Social Cristiano. Dichos acuerdos habrían sido “olvidados” cuando Bucaram subió al poder. Tenemos aquí, por tanto, otro caso más de colaboración entre populismo e izquierda y específicamente a otro caso más de colaboración anti-derechista o de “mal menor”.
El derrocamiento del gobierno de Abdalá Bucaram en 1997, impulsada en buena parte por el movimiento indígena y la izquierda (Ramírez, 2012b: 348), es el comienzo de una crisis política que poco después se juntará con una crisis económica. Así llega a la presidencia en 1998 el demócrata cristiano de programa neoliberal Jamil Mahuad. Este derrota al candidato del PRE, el cual presentó como candidato presidencial a alguien similar a un Silvio Berlusconi ecuatoriano en tanto populista de derecha y gran empresario; en concreto, el empresario bananero y uno de los hombres más ricos del Ecuador Álvaro Noboa. Pese a su victoria, Mahuad tuvo que enfrentar una muy grave crisis económica en la cual colapsa el sistema financiero del país en medio de la influencia internacional de la crisis asiática de fines de los 90.
Casi dos décadas de dictaduras militares y del predominio del populismo velasquista y del CFP en mucho determinaron la fragilidad del sistema de partidos ecuatoriano en el regreso de las elecciones democráticas en 1979 (Pachano y Freideberg, 2016: 206). Aquello claramente crea una estructura de oportunidades políticas muy favorable para movimientos electorales rápidamente creados, con mensajes contra la élite política dirigente, y que principalmente enfaticen renovación y cambio. De allí que se pueda sugerir que aquello favorece el voto “anti-partido” y la creación de “movimientos independientes” (Pachano y Freideberg, 2016: 187-192). Se acaba de mirar como esa estructura de oportunidades políticas potenció a populistas de propuestas económicas neoliberales, pero pasemos a ver como aquello también comienza a atraer a movimientos y discursos con rasgos contrarios al status quo pero con ideologías de izquierda.
Mahuad corrió una suerte similar que el antes derrocado Bucaram, al ser también derrocado por una revuelta popular y ser reemplazado por su vicepresidente. El movimiento social que lideró el derrocamiento, y en mucho también el de Bucaram, fue la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). Esta organización indígena decidió establecer el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP) junto con sectores urbanos de activistas sociales, de izquierda y de ONGs. El MUPP participa por primera vez en elecciones presidenciales en 1996 y queda en tercer lugar con el televisivo de Freddy Ehlers. La CONAIE y el MUPP deciden nuevamente aprovechar la crisis de los partidos políticos principales del país para presentar como candidato presidencial en el 2002 a otro outsider de la élite política, el coronel del ejército Lucio Gutiérrez, que lideró con ellos la insurrección popular que derrocó a Mahuad. Gutiérrez crea su movimiento electoral, Partido Sociedad Patriótica (PSP) y, en alianza con el MUPP, da la sorpresa y gana la presidencia en el 2002 con el apoyo del partido político estalinista MPD. Con ello hacen pensar a muchos en el exterior que Ecuador había elegido a su versión propia de Hugo Chávez, y en tanto de presidente a un populista de izquierda. De allí que se pueda tomar en cuenta un reportaje de la cadena británica BBC de 2002, que afirma que:
“…la victoria del ex líder de un golpe de estado Lucio Gutiérrez en la elección presidencial de Ecuador lleva al poder en América del Sur a otro líder populista con simpatías izquierdistas… Su victoria sigue en forma cercana a la del líder del Partido de los Trabajadores de Brasil, Lula, y es reminiscente de la elección de Hugo Chávez en Venezuela… Su principal oponente, Álvaro Noboa, lo acusó de ser un populista radical como el ex oficial del ejército Hugo Chávez, quien fue elegido presidente de Venezuela…” (BBC News World Edition, 2002).
Pese a los compromisos programáticos con el MUPP, Gutiérrez decide asumir nuevamente el programa neoliberal y el alineamiento con EEUU, y en ese sentido se le puede ubicar dentro de la oleada de populismos de políticas neoliberales.
“Antes de la segunda vuelta del año 2002, Gutiérrez anunció un redireccionamiento de su agenda luego de viajar a los EE.UU y dialogar con el FMI. Apenas electo, planteó la tesis de que Ecuador sería el 'mejor aliado' del Presidente Bush y designó como Ministro de Finanzas a un economista liberal cercano a la gran banca: como a lo largo del período democrático, el poder político no alcanzaba a actuar con relativa autonomía del poder económico (Ramírez, 2012a: 353).
Aquello motivó la salida de buena parte del MUPP después de la del MPD de dicho gobierno. Gutiérrez terminó siendo derrocado en el 2005, pero en esta ocasión la protesta fue liderada por una oleada de ciudadanos de la capital Quito que ya habían asimilado las experiencias de los dos derrocamientos presidenciales anteriores.
La fallida experiencia de crear un “Hugo Chávez ecuatoriano” provocó que otro grupo de activistas e intelectuales de izquierda, ONGs y movimientos sociales decidan crear una candidatura presidencial para las elecciones del 2006, inspirada en la ahora más amplia oleada de presidentes de izquierda latinoamericanos de los 2000. Así se establece el movimiento electoral Alianza País y este da una nueva sorpresa al obtener la presidencia Rafael Correa, doctor en Economía y autodenominado “cristiano de izquierda”. Correa se hizo conocer como un Ministro de Economía que desafiaba a las recetas económicas neoliberales durante la presidencia anterior de Alfredo Palacio, quien sustituyó en el poder a Gutiérrez.
Correa combinó posiciones de izquierda acordes con la época (critica a la economía neoliberal y llamados a la redistribución de la riqueza), con discursos críticos de las élites económicas (recurriendo en momentos a palabras del uso popular ecuatoriano para referirse a dichos sectores como “aniñados” y “pelucones”) y políticas (denominando a dichos sectores “partidocracia”) (Mazzolini, 2016: 31) en forma similar a la primera oleada de populismo latinoamericano. En su gobierno ejecutó planes económicos neo-desarrollistas y construyó grandes infraestructuras dentro de consignas nacionalistas y redistributivas (Burbano de Lara, 2015).
Al inicio de su mandato Correa se alineó, junto con Evo Morales y Hugo Chávez, a la consigna del “Socialismo del Siglo XXI”. Correa además contó como aliados regionales durante su presidencia a Lula da Silva en Brasil, Daniel Ortega en Nicaragua, los hermanos Castro en Cuba, y la pareja de presidentes peronistas de izquierda Kirchner-Fernández en Argentina. Mudde y Rovira notan como Correa desarrolló con sus seguidores una conexión personal movilizándolos “desde arriba”, o como diría Roberts en forma “plebiscitaria” (2016), a través de un complejo aparato organizativo (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017; Villareal Velasquez, 2015; Cordero, 2016). Mudde y Rovira (2017: 58) sugieren que el triunfo y longevidad del gobierno de Correa habría sido más difícil en un régimen parlamentarista al estilo europeo, debido a que los sistemas presidencialistas fortalecen el liderazgo personalista mientras los parlamentarios a los partidos políticos. También se puede notar el pluri-clasismo de su discurso, que no se restringe a la clase obrera urbana, en torno a una alianza social amplia en la siguiente cita extraída del plan inicial de gobierno de Alianza País:
“Pensamos en todos los sectores de la sociedad ecuatoriana, particularmente en los sectores populares, en los desposeídos, en los marginados…, convocamos a toda la ciudadanía, así como a todas las organizaciones sociales, sindicales, indígenas, de mujeres, de emigrantes, de ecologistas, de jóvenes, de jubilados, también a las asociaciones artistas, de deportistas, de profesionales, de investigadores, de académicos comprometidos con la construcción de una sociedad equitativa, justa, libre y competitiva. Por igual, nos interesa el concurso de aquellos grupos que emprenden y producen riqueza en el país, empresarios y trabajadores, comprometidos con el cambio” (Alianza País, 2006: 4-5).
Se puede resumir esta sección diciendo que sectores de la izquierda ecuatoriana, desde los años 80, explícitamente siguieron una estrategia política en la cual buscaron explotar la fragilidad y desprestigio de los partidos políticos del status quo, y el descontento con las políticas neoliberales y la inestabilidad económica. Esto para ofrecer una alternativa presidencial electoral novedosa proveniente de fuera de la élite política. Así intentaron en un inicio con el militar rebelde Frank Vargas en 1988, después con el presentador de televisión Freddy Ehlers en 1996, para después pasar a proponer a Lucio Gutiérrez y fallar de nuevo. Dicha estrategia terminó siendo más exitosa con Correa en un gobierno que logró algo sin precedentes en la historia del país, y en la historia de la izquierda del país, lo cual es ser reelegido en el cargo dos veces en primera vuelta y gobernar por diez años seguidos. En estos se dio una reducción de la pobreza del 46% al 30%, y de la indigencia del 19% al 9% entre el 2007 y el 2014 (Larrea y Greene, 2018: 93), después de redactar una nueva constitución con importantes rasgos redistributistas críticos del neoliberalismo y que se mantiene vigente hasta hoy a diferencia de la constitución con importante influencia de la izquierda antes mencionada de 1945, que fue derogada un año después por el caudillo populista Velasco Ibarra. Todo ello en un país que solo acababa de salir de una situación en la cual tres presidentes fueron derrocados por protestas populares en medio de una grave crisis económica.
Por otro lado, pese a que el gobierno de Correa puede ser visto como un caso de una estrategia exitosa de populismo de izquierda, tendrá al avanzar su mandato conflictos con la izquierda que no ingresó a su gobierno (Becker, 2013; Errejón y Guijarro, 2016)(la tercera forma de relacionamiento-conflicto) después de un periodo inicial de colaboración con esos sectores (la segunda forma de relacionamiento-colaboración sin fusión) que duró hasta la aprobación de la nueva constitución del 2008. Esto se dio principalmente con los partidos de izquierda MUPP y MPD antes mencionados y a organizaciones sociales como la CONAIE, la UNE y el Frente Unitario de Trabajadores. El PSE se alió al movimiento y al gobierno de Correa desde un inicio para después sufrir una división interna entre un grupo que apoyaba el continuar dicha alianza (la segunda forma-colaboración sin fusión) y otro que la criticaba para posteriormente unirse a la oposición de izquierda al gobierno junto con MUPP y MPD (la tercera forma-conflicto). Las razones principales del conflicto entre Correa y la izquierda fuera de su gobierno fueron las formas políticas personalistas percibidas como poco dialogadoras de dicho presidente, la expansión de la explotación minera y petrolera, las políticas de desarrollo y de educación bilingüe de los pueblos indígenas, la reforma educativa y la influencia del MPD en el sistema educativo público, y desacuerdos en la política laboral. Esto puede confirmar la sugerencia sobre los riesgos del apoyar la estrategia del populismo de izquierda, en concreto, que el liderazgo se termine concentrando demasiado en una persona y con ello se pierda capacidad de controlar desde abajo la dirección de las políticas del gobierno.
5. Conclusiones
La constante historia de las izquierdas latinoamericanas ha sido buscar las formas en las cuales llegar a articularse con –y movilizar a– los sectores subalternos de la región. En los años 30 aparecieron los movimientos populistas iniciales. Posteriormente se notó la segunda oleada de populismos neoliberales en los 90 y 2000 y la tercera oleada de populismos de izquierda de los 2000 y 2010.
Así, en este artículo se ha planteado que las izquierdas y los movimientos populistas han estado relacionadas principalmente de tres modos en la América Latina del siglo pasado y del actual: 1) conjunción entre populismo e izquierda o populismo de izquierda, 2) colaboración autónoma entre movimientos populistas e izquierda, y 3) oposición y conflicto dentro de un discurso y movimiento “anti-populista” a menudo transideológico opuesto al movimiento populista. El populismo de izquierda constituye una articulación de la izquierda política con discursos y formas organizativas similares a los movimientos y gobiernos populistas. Esto radicaría en juntar los discursos contra las élites económicas y los propositivos redistributistas e igualitaristas de izquierda; con los similares o relacionados asociables con el populismo como el nacionalismo, el anti-imperialismo, la disputa por lo “nacional-popular”, el pluriclasismo, y el anti-elitismo. En el ámbito organizativo aquello ha implicado en la práctica recurrir a formas asociables con el populismo tales como el liderazgo personalista-plebiscitario, el corporativismo y el clientelismo.
En el estudio sobre el populismo y la izquierda en el Ecuador, dentro de la primera oleada populista latinoamericana, se ubicó a las interacciones entre los partidos comunista y socialista ecuatorianos con el caudillo populista José María Velasco Ibarra y con el movimiento populista CFP. Velasco Ibarra y el CFP se caracterizaron por la ambigüedad, indefinición ideológica y a ratos equidistancia entre izquierda y derecha en el discurso, pese a poder colaborar políticamente en algunas coyunturas con dichos dos sectores políticos. La llamada “Revolución de la Gloriosa” de 1944 constituyó la coyuntura más clara de colaboración entre partidos de izquierda y el populismo, pero esta terminó con lo que se denominará la “traición” de Velasco Ibarra al derogar este la constitución “progresista” de 1945 y redactar otra más conservadora. También se notó las alianzas electorales puntuales entre el PCE y el PSE con CFP en los 50 y 60 y del PS-FA y del PCE con posteriores movimientos populistas en los 90 y 2000. Pero igualmente se notó los momentos de conflicto entre esos dos movimientos populistas y dos partidos de izquierdas de dicha época en el Ecuador, así como la estrategia de insurrección armada que principalmente incentivaba el conflicto con el populismo.
La crisis política y económica de los años 1999 y 2000 permite la emergencia de populistas neoliberales como Abdalá Bucaram y Álvaro Noboa, para de allí pasar a la subida a la presidencia de líder populista militar Lucio Gutiérrez aliado con el movimiento indígena electoral MUPP y la organización indígena nacional CONAIE. Después del fracaso de la intención de que Gutiérrez fuera una especie de “Hugo Chávez ecuatoriano”, en 2006 emerge una confluencia de intelectuales, académicos, y activistas de ONGs, movimientos sociales y de izquierda que crean el movimiento electoral Alianza País. El candidato outsider Rafael Correa gana la presidencia por dicho movimiento y gobierna el país hasta el año 2017.
El caso ecuatoriano estuvo marcado principalmente por la segunda y tercera forma de relacionamiento entre izquierdas y populismos (colaboración coyuntural y conflicto), hasta que llegó un intento fallido de la primera forma (populismo de izquierda) en la experiencia del gobierno de Lucio Gutiérrez y una más exitosa en el ascenso del gobierno de Correa y Alianza País. De allí que se pueda sugerir que aquello permitió en el Ecuador “ampliar el proceso de integración política de las izquierdas al ejercicio del Gobierno democrático” (Ramírez, 2012: 112). Ello pese a los sectores de la izquierda que se unieron a la oposición argumentando excesivo personalismo en ese liderazgo y fallas o incumplimientos de este en su programa izquierdista.
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Notas
Notas de autor
Información adicional
Formato de citación: Enríquez Arévalo, E. (2020). “Izquierda y populismo en América Latina. Combinaciones, colaboraciones y conflictos a través del caso de Ecuador (1934-2017)”. Aposta. Revista de Ciencias Sociales, 84, 45-61, http://apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/enriquez.pdf