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Acumulación originaria, “modos de producción” y la formación del mundo moderno a través de América Latina. Una breve reflexión en clave feminista, decolonial y latinoamericanista

Primitive accumulation, "modes of production" and the formation of the modern world throughout Latin America. A brief reflection in feminist, decolonial and Latin Americanist key

Fabiana Rivas Monje
Universidad de La Frontera, Chile

Acumulación originaria, “modos de producción” y la formación del mundo moderno a través de América Latina. Una breve reflexión en clave feminista, decolonial y latinoamericanista

e-l@tina. Revista electrónica de estudios latinoamericanos, vol. 18, núm. 69, pp. 1-14, 2019

Universidad de Buenos Aires

Recepción: 09 Enero 2019

Aprobación: 30 Junio 2019

Resumen: Variados e interesantes son los debates que se han generado en torno a los conceptos de acumulación originaria, modos de producción y modernidad en nuestro continente. Sin embargo, en general estas discusiones han quedado enmarcadas en las paredes del economicismo y la visión teleológica del tiempo y de la historia, así como en concepciones eurocentristas y androcéntricas, que continúan dominando la construcción de conocimiento en las academias latinoamericanas. Ergo, en el siguiente escrito pretendo abordar y leer estas tres cuestiones fundamentales, pero observándolas en clave crítica desde una vereda que, por un lado, ha permanecido en una cierta “subalternidad” teórica en la academia regional, y por otro, tal vez no ha problematizado en profundo estas cuestiones desde la mirada que procura construir. Mi objetivo es aportar una lectura que se sustente en la no fragmentación de dimensiones de opresión como la clase, género y raza, generalmente observadas desde la categorización eurocéntrica que no busca ni logra develar su articulación inseparable en la experiencia social vivida, producto de los sistemas de dominación múltiples y simultáneos. Para esto, sitúo el presente -y breve-, análisis desde las aportaciones latinoamericanas de la decolonialidad y el feminismo decolonial.

Palabras clave: acumulación originaria, modos de producción, modernidad/colonialidad, feminismo decolonial, América Latina.

Abstract: Varied and interesting are the debates that have been generated around the concepts of original accumulation, modes of production and modernity in our continent. However, in general these discussions have been framed in the walls of economism and the teleological vision of time and history, as well as eurocentric and androcentric conceptions, which continue dominating the construction of knowledge in Latin American academies. Then, in the following paper I intend to address and read these three fundamental issues, but observing them in critical key from a path that, on the one hand, has remained in a certain theoretical "subalternity" in the regional academy, and on the other, maybe not has deeply problematized these issues from the perspective it seeks to build. My goal is to provide a reading that supports the non-fragmentation of dimensions of oppression such as class, gender and race, generally observed from the Eurocentric categorization that does not seek or manages to unveil its inseparable articulation in the lived social experience, product of the systems of multiple and simultaneous domination. For this, I place the present -and brief-, analysis from the Latin American contributions of decoloniality and decolonial feminism.

Keywords: primitive accumulation, modes of production, modernity/coloniality, decolonial feminism, Latin America.

América financió el desarrollo, de Europa con nuestra plata y nuestro oro

Bolivia financió el Renacimiento, con sus riquezas y millones de indios muertos

América no tuvo defensas, contra el saqueo y la pólvora

Bajo las nuevas leyes de Europa, al invasor pertenecen las tierras.[1]

A modo de introducción

Diversos y profundos debates, reflexiones y producciones teórico-políticas se han generado en torno a los conceptos de acumulación originaria, modos de producción y modernidad en América Latina. En el siguiente escrito[2], pretendo abordar estas tres cuestiones fundamentales, pero observándolas en clave crítica desde una vereda que, por un lado, ha permanecido en una cierta “subalternidad” teórica en la academia latinoamericana[3], y por otro, tal vez no ha problematizado en profundo estas cuestiones desde la mirada que procura construir. Por ello, intento aportar una lectura que se sustenta en la no fragmentación de dimensiones de opresión como la clase, género y raza, generalmente observadas desde la categorización eurocéntrica que no busca ni logra develar su articulación inseparable en la experiencia social vivida, producto de los sistemas de dominación múltiples y simultáneos, capitalismo, colonialismo y patriarcado. Para esto, sitúo el presente -y breve-, análisis desde las aportaciones latinoamericanas de la decolonialidad y el feminismo decolonial.

El sistema dominante sobrevive y se reproduce a sí mismo creando diferencias y jerarquías dentro del grupo social de las y los oprimidos. Desde la acumulación originaria, el capitalismo se sustentó en la devaluación y apropiación de africanos esclavizados[4], indígenas y mujeres para lograr su explotación total, la esclavitud, la colonización y la refuncionalización/entronque patriarcal. Se otorgaron privilegios a los blancos y los hombres, creando jerarquías que ubican a las/los subalternas/os en distintas posiciones de penalidad y privilegio, generalmente observadas desde la primacía de unas dimensiones de opresión por sobre otras. Desde los feminismos hegemónicos del norte global, se ha focalizado la mira en la categoría género y la construcción universal de la “sujeta mujer”, así como las lecturas marxistas y sus derivados han observado la lucha de clases[5]. La raza, siempre en desmedro en comparación a estas grandes categorías, ha quedado en análisis desarrollados generalmente por sujetas y sujetos racializados/as, evidencia de la ceguera de la raza como eje, siendo que en las sociedades latinoamericanas el racismo como eje de opresión, es el elemento constitutivo que cruza las jerarquías de género y de clase (Carneiro, 2001). Lo cierto, es que observando la raíz originaria de estas dominaciones inseparables podremos entender sus lógicas, y plantear estrategias de lucha para un futuro común.

Algunas interrogantes que fueron urdiendo la trama de indagación en torno a estos temas son, ¿Por qué luego de cinco siglos de dominación del capital, y de dominación eurocentrada, aún hay trabajadores y trabajadoras masivamente definidos, y excluidos, como pobres, indias/os, negras/os?, ¿cómo se relaciona la expropiación, pauperización y exclusión capitalista con la permanente opresión múltiple sobre las mujeres?, ¿qué aportes nos puede entregar una lectura del despliegue capitalista-colonial-moderno-patriarcal en clave decolonial, y feminista para leer estos procesos de larga data? El texto, entonces, se articula en tres momentos, a grandes rasgos: acumulación originaria, el debate sobre los modos de producción, y finalmente sobre modernidad desde América Latina.

El papel de América Latina en el proceso de acumulación originaria del capitalismo: ¿Eurocentrismo y androcentrismo?

La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se le llama “originaria” porque forma la prehistoria del capital y del régimen capitalista de producción(Karl Marx, Capítulo XXIV, El Capital).

Dentro de lo escueta que es la mención de Marx sobre el rol de América Latina en el proceso de acumulación originaria o primitiva, pueden desprenderse una serie de cuestiones claves para gatillar un análisis un poco más profundo, a razón de las pretensiones del presente escrito. En el párrafo ya canónico del capítulo XXIV (a decir de Grüner, 2014), Marx identifica a: el descubrimiento de yacimientos de plata y oro en el territorio latinoamericano, el exterminio, esclavización y confinamiento en las minas de la población indígena, la conquista y saqueo de las Indias Orientales y la transformación de África en un coto de reserva para la caza de africanos esclavizados, como características que erigen los albores de la era de producción capitalista, o mejor dicho, como factores fundamentales para la acumulación originaria. En otras palabras, para Marx, la colonización y la esclavitud en América Latina son unos dentro de otros tantos factores fundamentales de la acumulación originaria para el consecuente desarrollo capitalista en Europa. A dicha lectura, serán un quiebre paradigmático los aportes de la Colonialidad del Poder de Aníbal Quijano y su influencia, abordados ulteriormente.

A pesar de que Marx no examinó en profundidad a América Latina ni la colonización/colonialidad y saqueo dentro de su obra, y que mucho de su trabajo está atravesado por el eurocentrismo, para autores y autoras latinoamericanas sus escritos siguen siendo fundamentales para analizar el continente, y el capítulo XXIV de El Capital sigue siendo revisitado por investigadores/as y pensadores/as críticos/as de distintas disciplinas y latitudes, como material clave para analizar y reflexionar en torno al carácter de los procesos de formación del capitalismo. Han sido numerosos los y las latinoamericanos/as que han recurrido en dicha búsqueda por las huellas de aquella historia que formó nuestro presente, generando una serie de debates que continúan revisándose hasta hoy.

Eduardo Grüner (2010; 2014; 2015) ha sido uno de los teóricos del continente que analiza la obra de Marx con detenimiento en el papel fundamental de América Latina para el proceso de acumulación, y específicamente el rol de la esclavitud. Sostiene, que la explotación de fuerza esclava y semi-esclava en América Latina es decisiva para el proceso de acumulación originaria, toda vez que ésta ya forma parte del capitalismo: la colonización y la explotación son parte de la “base económica” de la modernidad, al menos al mismo título que las “causas internas” del desarrollo europeo (Grüner, 2010). Y en este sentido, no se puede aseverar que el capitalismo haya sido un fenómeno de “exportación” del centro a la periferia, sino que la periferia (desde su transmutación en periferia como tal), fue desde el principio esencial para la construcción misma del capitalismo a escala mundial. En similar sentido, Sergio Bagú (1952), también postula la esclavitud y tráfico de africanos esclavizados como uno de los métodos de acumulación originaria de capital (como componente claramente capitalista de la economía colonial), además del diezmo y las donaciones de la iglesia católica. Aníbal Quijano (1988) por otro lado, plantea que América Latina estuvo en la base de la acumulación originaria del capital, y que la Conquista fue el primer momento de formación del mercado mundial, como contexto real del cual emerge el capitalismo y su lógica mundial, fundamento para la modernidad europea (tema abordado más adelante).

Otros autores como, Paz y Miño Cepeda (2018), -quien identifica al capítulo XXIV como texto magistral para poder comprender por qué hay unas elites ricas en contraste a la mayoría social-, plantea que, aunque Marx toma como ejemplo Inglaterra y no se refiere a la acumulación originaria en América Latina, sí realiza la precisión histórica de que dicho proceso es distinto en cada país y contexto. Postula, además, que el estudio de la acumulación originaria debe comprenderse desde la perspectiva del concepto marxista de capitalismo y que, siguiendo su propuesta teórica, América Latina entró a formar parte de la era capitalista en el siglo XVI, con la conquista y colonización, no antes. Mientras, en Europa despegó con el mercantilismo. Son estas entonces dos caras de la misma moneda, y el momento decisivo de la acumulación originaria. Sin embargo, no ahonda más profundamente en el papel decisivo de la explotación indígena y esclavista, y menos aún del papel de las mujeres en estos procesos (ausencia claramente evidente en la gran mayoría de los teóricos varones que abordan la problemática).

Aquí adscribo a la perspectiva de que el racismo surge con el hito fundante de la Conquista de América Latina, para organizar, legitimar, clasificar y explotar a las gentes como masa laboral disponible, e incorporada a la primera división del trabajo que haría posible la acumulación originaria de capital. En otras palabras, la Conquista sentó las bases de la acumulación originaria de capital bajo el régimen mercantil colonial, a partir de esta división del trabajo, racial y étnica fundada en América Latina. Es así, que el pecado constitutivo de la acumulación originaria no estaría ubicado temporal ni espacialmente en Europa, ni en la Inglaterra analizada por Marx, sino en las tierras conquistadas a sangre y saqueo por los europeos a partir de 1492 hasta hoy (Bautista, 2018). Ergo, al observar la historia del capital y el capitalismo desde una óptica no moderna-occidental, siguiendo al mismo autor, comprobamos que antes de 1492 Europa no contaba ni con las más mínimas condiciones para impulsar un exiguo despegue económico, por lo que cabría entonces cuestionarse de manera retórica, ¿cómo es que en poco más de dos siglos pudo convertirse en el centro de la economía mundial?

Por consiguiente, desde el capítulo XXIV de Marx se reconoce poco y nada el papel fundamental de América Latina en la acumulación originaria. Luego, autores latinoamericanos que revisitan sus postulados, como Bagú, Grüner, Quijano y otros/as decoloniales, identifican lo sustancial de la esclavitud y semi-esclavitud de africanos e indígenas en dicho proceso, y así, a la constitución de la raza en el evento re-organizador de la Conquista, como el más eficiente instrumento de clasificación y sometimiento humano. Se logra dilucidar entonces la presencia de análisis que observan las dimensiones clase y raza, sin embargo, hay una ausencia en estas lecturas que emerge como demanda, y es preguntarse acaso la dimensión sexo/género no juega ningún papel en estos procesos. En otras palabras, cuestionarse entonces, acaso las mujeres no tuvieron un papel en este devenir, con el objeto de poder develar -aunque para el presente escrito sea de manera escueta-, este borramiento del acervo teórico dedicado a analizar estas cuestiones, y poder otorgar una reflexión respecto a cómo estos procesos exigen una relectura que amplíe la perspectiva hegemónica.

Con este objetivo aparecen algunos análisis críticos en los 70’ desde el feminismo socialista y radical en el norte global, que buscaban encontrar las causas de la dominación de las mujeres y de bosquejar su historia en la transición del feudalismo al capitalismo. Se destacan Mariarosa Dalla Costa, Selma James[6], y Silvia Federici. Esta última publica una obra clave,Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (en 2004), donde se propone repensar el desarrollo del capitalismo desde una mirada feminista que evitara las limitaciones de una “historia de las mujeres”, separada del sector masculino de la clase trabajadora.

Federici (2010) plantea que Marx analiza la acumulación originaria desde el punto de vista del proletariado asalariado de sexo masculino y el desarrollo de la producción de mercancías, mientras que la perspectiva que ella postula se concentra en los cambios que introduce en la posición social de las mujeres y en la producción de la fuerza de trabajo. Su análisis de la acumulación originaria incluye una serie de fenómenos ausentes en Marx y que, a su decir, son esenciales. A saber: i) el desarrollo de una nueva división sexual del trabajo que somete al femenino y la función reproductiva de las mujeres a la reproducción de la fuerza de trabajo, ii) la construcción de un nuevo orden patriarcal[7] sustentado en la exclusión de las mujeres del trabajo asalariado y su subordinación a los hombres, iii) la mecanización del cuerpo proletario y la transformación de las mujeres en una maquinaria de producción de nuevos trabajadores. A estos aspectos, sitúa como centro de su análisis a la cacería de brujas[8] de los siglos XVI y XVII, dado que dicha persecución en Europa y en el Nuevo Mundo fue tan fundamental para la acumulación originaria del capitalismo como la colonización y la expropiación del campesinado europeo de sus tierras.

Por otro lado, Silvia Federici argumenta que si el capitalismo ha logrado reproducirse es debido al entramado de desigualdades que ha construido en el cuerpo del proletariado mundial y su capacidad intrínseca de globalizar la explotación, proceso, que continúa desplegándose durante los últimos 500 años,

(...) el capitalismo, en tanto sistema económico-social, está necesariamente vinculado con el racismo y el sexismo. El capitalismo debe justificar y mistificar las contradicciones incrustadas en sus relaciones sociales (...) denigrando la “naturaleza” de aquellos a quienes explota: mujeres, súbditos coloniales, descendientes de esclavos africanos, inmigrantes desplazados por la globalización (Federici, 2010: 31).

Esta apertura de mirada respecto a los procesos de acumulación y desarrollo capitalista, cuestiona los caracteres eurocéntricos y androcéntricos hegemónicos en la teoría crítica, como son los análisis de Marx, Paz y Miño Cepeda, y una serie de autores varones dedicados a estos campos. Federici aporta una perspectiva esencial para incluir a las mujeres como sujetas fundamentales y su subordinación como eje base para el desarrollo del capitalismo, subsanando la infame invisibilización histórica y abriendo una serie de posibilidades reflexivas, críticas y políticas desde un posicionamiento feminista. Identifica no sólo al patriarcado y el capitalismo, sino también la relevancia del racismo en la dominación, y el papel de la Conquista del Nuevo Mundo, otorgando aperturas clave desde su lugar de enunciación que permitirían fortalecer sus planteamientos desde miradas situadas latinoamericanas, observando el todo articulado de la dominación colonialismo-capitalismo-patriarcado desde un gestar, por qué no, feminista y decolonial.

América Latina, ¿feudalista o capitalista? Otro debate anclado en la grilla categorial del pensamiento eurocéntrico

Desde Marx, analizar la génesis del capitalismo ha sido temática recurrente en cientistas y activistas que buscan alternativas a la sociedad capitalista, y para ello el análisis a la formación/transición al capitalismo se erige como fundamental en muchos debates y trabajos académicos. Entre esos debates, se destaca el desarrollado en la década de los sesenta y setenta entre algunos teóricos latinoamericanos respecto al carácter de América Latina en la Conquista, y si esta cabía dentro de la categorización feudalista o capitalista. Dicho debate tuvo su punto álgido en las décadas mencionadas, donde participaron un conjunto de teóricos destacables. Debate que a decir de Agustín Cueva (1975), enriqueció las ciencias sociales, aunque fuese sólo por ponerlas en tensión, transformando el pensamiento crítico latinoamericano. De esas transformaciones se pasó del concepto de “modo de producción” al de “formación económico-social”[9], y como menciona Tzeiman (2013), dicho pasaje puede leerse como una cristalización de las preocupaciones teóricas de los pensadores marxistas de la región, y expresión de un cambio de época en el pensamiento y situación política de las izquierdas latinoamericanas. De dicho debate, se desprenderían supuestamente las premisas para acciones políticas debido al contexto en el cual se suscitó, un momento marcado por la guerra fría y una crisis marxista mundial.

En consideración de la extensa y vasta producción teórica desarrollada al respecto en la época, aquí me remitiré a mencionar brevemente algunas cuestiones que permitan dar pie a las reflexiones que pretendo aportar.

Para mencionar algunos autores y sus posiciones: Sergio Bagú (1952), califica el régimen económico de América Latina en el proceso de colonización como un “capitalismo colonial”, es decir, un capitalismo donde co-existen elementos feudales, y no feudalista debido a que la estructuración de la economía latinoamericana se dio bajo los preceptos del capitalismo. Alexis Guardia (1978), da luces respecto a la implicancia del uso de categorías históricas de “feudalismo” y “capitalismo”, y lo fundamental que es revisarlas antes de situar la etapa colonial con precisión en una de ellas, manifiesta así, que no puede caracterizarse la economía colonial latinoamericana como capitalista, primero porque no hubo formación de mercado interno, ni tampoco una masa de fuerza de trabajo asalariada y libre, aunque, América Latina sí fue parte del proceso de constitución capitalista europeo. Por otro lado, Agustín Cueva (1975), sostiene que existieron situaciones mixtas y transicionales, las que no impiden el uso de categorías de análisis como “feudalismo” y “capitalismo”, que históricamente existieron modos de producción feudal en el continente y que es imposible comprender las vías de implantación del capitalismo y las formaciones sociales actuales de este en la región, como producto de estructuras complejas y contradictorias, sin entender la lucha de clases en tales procesos. Manfred Kossok (1989), sostuvo que el atraso del continente era producto del desarrollo de la metrópoli, pues la Conquista logró incorporar a las colonias a la esfera capitalista abocándolas a una situación de dependencia colonial. También hizo luces respecto al cuestionamiento del uso de las categorías “feudalismo” y “capitalismo”. Sus planteamientos se deslindan de los demás autores en el sentido de que no sólo revistieron cuestionamientos a nivel teórico, sino que incorporó notables estudios empíricos de caso (Chust, 2017).

Probablemente el debate más polémico y visitado del periodo fue el protagonizado por Rodolfo Puiggrós (1964) y André Gunder Frank[10] (1965), publicado en “El Gallo Ilustrado”. El primero, considera las condiciones existentes en la época como la Conquista y las características de los modos de producción capitalista y feudal, sosteniendo que América Latina era semi-feudal, con un feudalismo en declive trasplantado por la Conquista. Mientras que, para el segundo, en crítica hacia dichos postulados, América Latina se inserta en el capitalismo como sistema económico mundial desde el hecho de la Conquista, debido al rol que esta cumplía en su sistema mundial único, donde el colonialismo explicaba el desarrollo desigual y el subdesarrollo capitalista.

A decir de Osorio (2008), dicho debate era un diálogo de sordos que derivaba de mirar separadamente uno y otro aspecto, un todo llamado sistema-mundo o la parte, América Latina, y no la relacionalidad presente entre ellos. El problema, residiría en encontrar una mirada que integre ambas perspectivas, como una forma original y particular de organización capitalista. Se podría agregar, que a pesar de ser en su mayoría pensadores enunciados como marxistas, no pensaron en términos marxianos sus posiciones, pudiéndose develar una carencia de dialéctica en la discusión. En este mismo sentido, no podemos analizar nuestras sociedades latinoamericanas si no tomamos en cuenta que nuestra dialéctica constituyente fue destruida con la invasión colonial y transformada en términos de dominación y dependencia, instalándose una dialéctica constitutiva[11].

Por otro lado, a pesar de que varios de los autores protagonistas del debate, consideraron en su momento la problematización respecto al uso de las categorías “feudalismo” y “capitalismo” y su simple traslado hacia las realidades latinoamericanas, se podría argumentar que dichos cuestionamientos continuaron encasillados en la jaula del pensamiento eurocéntrico y teleológico, y fueron presos constantes de la colonialidad del saber, sin lograr aportar miradas no fragmentadas y situadas para leer e interpretar la larga dominación eurocentrada sobre América Latina, colonial, capitalista y patriarcal, y su complejidad intrínseca. Dicho debate se concentró primordialmente en una mirada economicista y en una linealidad etapista respecto del tiempo histórico[12] y las formas de trabajo, y donde hay algunas formas de trabajo conceptualizadas como pre-capitalistas, cuando, siguiendo a Grosfoguel (2008), en realidad siempre co-existieron en la periferia colonial articuladas a la acumulación de capital a escala mundial.

Dentro del mencionado debate no se logra, -ni se pretende, tal vez-, vislumbrar los fundamentales cruces de opresiones generados además de la clase, como la raza/etnia, género, sexualidad. Como es sabido, la discusión tenía motivaciones políticas demarcadas por las fronteras e influencias del marxismo: por un lado, si la herencia colonial era feudal, restaba la etapa democrático-burguesa (alianza entre fuerzas revolucionarias y burguesías nacionales subordinadas), mientras que, por otro, si la colonización era ya capitalista, se podía pasar a la estrategia de revolución socialista. Plantea Quijano (2000), que una revolución anti-feudal, es decir, democrática-burguesa en el sentido eurocéntrico, siempre ha sido una imposibilidad histórica, toda vez que las únicas revoluciones ocurridas en el continente, México y Bolivia, han sido revoluciones populares, nacionalistas-antiimperialistas, anti-oligárquicas, y anticoloniales, esto es, en contra la colonialidad del poder.

Las “soluciones” al “problema” de América Latina son preponderantemente observadas y buscadas en la arena de lo económico, sin lograr observar en el hito fundante de la Conquista lo que significa para la configuración de la historia mundial, la colonización, el hito colonial. Así, la discusión latinoamericana respecto “feudalismo” versus “capitalismo”, se restringe a la esfera económica de dominación del capitalismo y no considera ni exiguamente la articulación inseparable del colonialismo y el patriarcado.

El proyecto de la modernidad, el papel de América Latina y la modernidad/colonialidad

“La modernidad es esta ‘totalidad’ dividida, constitutivamente conflictiva, desgarrada, y no solamente una parte que pasa por ser una suerte de esfera armónica preconstituida y cerrada sobre sí misma, de la cual la otra parte, la ‘alteridad’ extraña, debe ‘aprender’.” (Grüner, 2010: 81).

La lectura euro-andro-céntrica de la modernidad como el futuro del colonialismo, o de este como su pasado, la visión teleológica y eurocéntrica de la historia que observa el colonialismo como un fenómeno meramente aditivo más no constitutivo de la modernidad (Castro-Gómez, 2005), las tendencias históricas de concepción evolucionista, de analizar y observar en línea recta al colonialismo como un paso previo para el advenimiento del proyecto modernizador de progreso, han prevalecido en variados círculos, disciplinas y espacios, pero también, han sido visiones fuertemente criticadas desde otros lugares de enunciación, incluso antes y excediendo los debates posmodernos, posiciones que han problematizado en distintas claves críticas la noción unilateral y lineal de progreso.

“Sólo desde las ruinas de la totalidad ha de surgir la posibilidad de la filosofía latinoamericana” (Dussel, 1995: 111, citado por Lander, 2000: 44). Este muro que es necesario demoler según Dussel, más que una unidad ontológica se constituye como paradigma con nombre concreto: el mito eurocéntrico de la modernidad, mito que surge con el “descubrimiento” de América y que domina desde entonces. Implica, la falacia desarrollista, según la cual todos los pueblos de la tierra deberán seguir las etapas del desarrollo marcadas por Europa, y el proyecto de la modernidad como objetivo al que debiera llegar todo grupo humano (Espinosa, 2016) como condición de cualquier cultura y tiempo de la historia.

El proyecto de la modernidad formulado como tal por los filósofos del iluminismo en el S. XVIII, se basaba en el desarrollo de una ciencia objetiva, una moral universal y una ley autónoma, regulados por lógicas propias (Habermas, 1989, citado por Lander, 2000). Con la colonización ibérica, se fundan dos procesos articulados que conforman la historia posterior: la modernidad y la organización colonial del mundo, y simultáneamente la constitución colonial de los saberes, los lenguajes, los cuerpos e imaginarios. Así, la modernidad más que un mero periodo histórico, constituye una retórica (en el sentido original de discurso de persuasión), que consiste en celebrar y anhelar los logros de personas, instituciones, lenguas y lugares que se autodefinen y posicionan en el presente y en el centro de una evolución planetaria de la humanidad (Mignolo, 2014).

Para Grüner (2014), uno de los elementos atractivos de la modernidad fue su promesa de emancipación y autorrealización, que se constituye claro, en promesa no cumplida (a pesar de seguir vigente), ya que no es simplemente un proyecto inconcluso, sino justamente uno que no podría encontrar su conclusión dentro del capitalismo. Siguiendo los planteamientos del mismo autor, los pueblos, sociedad y culturas colonizadas a partir de 1492 no son más una exterioridad de la modernidad occidental, sino que esta “misma se construye como tal mediante su incorporación violenta y genocida/etnocida” (Grüner, 2010: 82). Es decir, lo que entendemos por modernidad, es la versión eurocéntrica de la historia de los últimos 500 años, emergiendo, por tanto, con el hito fundante del capitalismo-y del sistema moderno colonial de género, agregaría María Lugones (2008)- tal como lo conocemos, y de la “mano” inseparable de la colonialidad, como una unidad de doble cara: no puede haber modernidad sin colonialidad, siendo esta, su cara oculta, “su hermano gemelo escondido en el ático” (Mignolo, 2014: 9). Así, se conceptualiza la modernidad/colonialidad, donde la barra “/” une a la vez que separa la una de la otra. Por lo tanto, mientras que la retórica de la modernidad anuncia la salvación, progreso, civilización, desarrollo, la puesta en acción de las ideas que esta retórica promueve conducen a la explotación, racismo, desigualdad, expropiación, injusticia (Mignolo, 2014).

Aníbal Quijano (1988) por su parte, aporta a la discusión -muchísimo, pero en este respecto particular-, que América Latina no sólo tiene lugar fundamental en el proceso de producción de la modernidad a partir de la Conquista, sino también en la etapa de cristalización de la modernidad durante el siglo XVIII, en el movimiento de la Ilustración/Iluminismo, donde no fue sólo receptora sino parte del universo donde se producía y desarrollaba. Además, postula la distinción entre modernidad y modernización en el continente, que permite observar el problema del desenvolvimiento de una modernización fragmentada mediante ritmos temporales sincrónicos (Ansaldi, 1998). A su decir, América Latina es por un lado víctima pasiva-tardía de la modernización, pero participe activa en el proceso productor de modernidad.

La victoria de la instrumentalización[13] en servicio de la dominación fue (…) una profunda derrota de América Latina, pues por su propia situación colonial, la producción de racionalidad moderna estuvo aquí asociada, sobre todo, a las promesas liberadoras de la modernidad (...) América Latina no volvería a encontrar la modernidad sino bajo la cubierta de modernización (Quijano, 1988: 54).

Los complejos procesos de conformación de los estados nacionales en América Latina como producto de las guerras independentistas y confluencia de otros factores, puede argumentarse, encuentran su origen de la mano con la gestación del modo de producción capitalista y en los procesos de desarrollo de la modernidad/colonialidad. Estos procesos pueden leerse como “(…) el más completo ejemplo de lo que implica “modernización” exitosa en América Latina, (…) el pasaje del Estado Oligárquico al Estado Modernizado” (Quijano, 1988: 18). En este respecto, las élites criollas que construyeron los estados-nación en América Latina no consiguieron-ni-buscaron ver, las diferencias que constituían el pueblo habitante de los territorios que administraban (mestizos, indígenas, afrodescendientes esclavizados, mujeres, entre otros/as sujetos/as subalternizados/as), así, los deficientes resultados del proyecto republicano son el efecto de estas élites criollas que los diseñaron, con arquitecturas que permitieron su apropiación, privatización, mediante gobiernos que no lograron quebrar el pacto Estado-Capital, y “que no abdicaron del sueño de inserción de sus respectivas naciones en el mercado global, a pesar de los muchos reveces que la historia de nuestras naciones ya le ha propinado a esta ilusión desarrollista” (Segato, 2015: 19).

En síntesis, la centralidad de América Latina en la formación del mundo moderno y del proyecto de modernidad es clave y toda vez que fundante, pues, en el momento en que se inicia el proceso de Conquista y colonización, de la mano, el patriarcado se intensifica, profundiza y fortalece, y el capitalismo y la modernidad comienzan a germinar, es decir, ni la modernidad y su proyecto, ni la economía mundo capitalista, habrían tenido lugar sin América.

Hoy, en un contexto donde los ideales y promesas-falsas de modernidad siguen permeando, y continúan siendo un horizonte político para las izquierdas y algunos movimientos sociales, el proyecto decolonial como radical propuesta epistemológica geográficamente situada, reconoce la diferencia/herida colonial y se erige como un espacio de transformación subversora que proviene de las y los sujetos negados por este modelo, desde los espacios de dominación en los cuales el lado oscuro de la modernidad ha tomado más fuerza (Gómez, 2014), en este prospecto para primero reconocer y transformar la realidad de la otredad, y de las mujeres subalternizadas de América Latina, es necesario el diálogo de doble vía entre feminismo y decolonialidad, abordando las estructuras inseparables de dominación que nos interpelan.

Algunas reflexiones finales

A lo largo de lo expuesto, intencioné un análisis crítico y situado en torno a tres grandes ejes de debatedes de la mirada y el papel de América Latina. Mi objetivo era poder leer estas cuestiones y procesos histórico-sociales aportando una visión sustentada en las contribuciones de la decolonialidad y el feminismo decolonial latinoamericano, en aras de poder generar conocimientos transformadores de las realidades de opresión por raza, género y clase. Así, expongo en un primer momento cómo la acumulación originaria de capital necesitó y utilizó a América Latina como base económica al momento de integrarla a la era capitalista, a través de la colonización. Los factores no sólo recaen en el saqueo aurífero y argentífero y la formación del mercado mundial, sino fundamentalmente en el exterminio de indígenas originarios, y la esclavización de estos y de africanos, la constitución de la categoría raza, y la explotación de las mujeres, y así, se gestó la constitución de un sistema de dominación articulado de potestad planetaria. Segundo, abordo la controvertida discusión latinoamericana llevada a cabo por una serie de notables teóricos, en torno al carácter de feudalismo-capitalismo del continente. Si bien dicho debate es un hito esencial para las ciencias sociales de América Latina, su encuadre de observación estaba mayormente restringido en lo económico, en la visión etapista, lineal y ascendente del progreso, y en la traslación de categorías analíticas eurocéntricas que no son capaces de explicar la complejidad y particularidad del caso latinoamericano, marcado por la herida colonial, y arena articuladora del capitalismo, colonialismo y patriarcado. Finalmente, analizo a la modernidad y su proyecto como la promesa incumplida, y cómo esta necesitó de América Latina para constituirse a través de la colonialidad, como su aspecto oscuro e inseparable.

Una de las cuestiones centrales que se puede desprender de lo analizado, es la fuerte herencia del pensamiento marxista, sus conceptos y categorizaciones. Esto se traduce en una primacía de la visión económica y de la dimensión clase en la producción científica latinoamericana y en los movimientos sociales de izquierda, lo que constituye una lectura fragmentada de la opresión. Desde esta vereda se han criticado constantemente los análisis feministas y de género, pues: “la lucha de clases viene primero”, así como también se han criticado las lecturas de la raza, donde surge y se repite el cuestionamiento de “por qué raza y no clase”. En este aspecto y siguiendo a Rita Segato (2015), la respuesta es decolonial:

(...) solo raza remite al horizonte que habitamos, marcado por el evento fundacional de la Conquista, y permite reconstruir el hilo de las memorias intervenidas por las múltiples censuras de la colonialidad, mientras la clase oblitera ese horizonte, lo enmascara y hasta lo forclusa, induciendo así el olvido de quienes somos y a la ignorancia de los ríos de sangre que manchan el suelo que pisamos hasta hoy, conduciéndonos al equívoco de que es posible pensar de la misma forma desde el Norte y desde el Sur (Segato, 2015: 18).

Se presenta una prevalencia del análisis de la clase por sobre la raza y el género, y una reiterativa negativa de algunos pensadores enunciados como marxistas de incorporar una lectura no fragmentada de opresiones. Así como la raza, el género ha quedado reducido a espacios exclusivamente abocados a su estudio, o feministas desde una lectura blanca-burguesa, y si es incorporado actúa como una categoría/variable más. Aquí es fundamental llevar a cabo la tarea de reivindicar el trabajo y aportes fundamentales de las feministas latinoamericanas y decoloniales, quienes continúan ubicadas en una subalternidad epistemológica, incluso dentro de los espacios decoloniales, como ya ha sido reconocido por teóricos como Arturo Escobar (2003). Pensadoras como Yuderkys Espinosa, María Lugones, Ochy Curiel, Breny Mendoza, Carmen Cariño, Karina Ochoa, Karina Bidaseca y Rita Segato, son claves en la tarea de construcción de un pensamiento feminista decolonial, aquel que manifiesta entender que tanto raza como género son constitutivas de la episteme moderna colonial -no simples ejes de diferencias-, sino diferenciaciones producidas por el colonialismo (Curiel, 2014). Así, para leer nuestros propios procesos latinoamericanos es esencial relevar nuestro lugar de enunciación y generar conocimiento situado que articule teoría y praxis.

A estas lecturas, es relevante poner de manifiesto la importancia de las temporalidades como telón de fondo para enriquecer los análisis de América Latina y sus complejos devenires histórico-sociales, en cuestionamiento directo a la linealidad y etapismo del progreso de la visión eurocéntrica. Esto pues coexisten tiempos diferentes a lo largo de la historia del continente, lo que define una temporalidad distinta y específica, que no se expresa igual en cada sociedad latinoamericana (Ansaldi, 1998). Es decir, “(...) los tiempos mixtos, la temporalidad específica de América Latina cuestionan la visión unilineal y unidireccional del desenvolvimiento histórico, tal como fue elaborada por el racionalismo euronorteamericano” (Ansaldi, 1998: 6). Junto a la atención de estas temporalidades mixtas de las culturas y sociedades latinoamericanas, se requiere el rescate de las múltiples identidades de la otredad, aquellas identidades subalternizadas por las co-constituciones de las opresiones (Lugones, 2012).

Finalmente, quiero cerrar con la idea de que continuar en la lectura de estos procesos fundamentales desde miradas eurocéntricas, androcéntricas, teleológicas, sustentadas en la creencia lineal y evolucionista del tiempo y de la historia, en el pensamiento blanco occidental que permea la academia latinoamericana, el epistemicidio de saberes y la violencia epistémica (Spivak, 2009), la colonialidad discursiva (Mohanty, 2008), el racismo de género (Espinosa, 2013) y la colonialidad del poder/saber/ser/género, sólo nos entregará “respuestas” fragmentadas de la realidad compleja que habitamos, y serviles a las pretensiones del poder hegemónico, que se preserva a sí mismo a través del continumm de la subordinación de mujeres, indígenas, afrodescendientes, pobres, diversidad sexual, el cruce inseparable de estas opresiones, y el saqueo y destrucción del planeta y sus especies. Para poder generar mejores respuestas a los dilemas y debates del pasado desde la intencionalidad de crear, pulsar y aportar como latinoamericanistas, tenemos que saber que está en juego la sociedad que queremos construir, para ello hay que leer nuestra historia-pasado con capacidad de develar las rupturas y continuidades, y que dichas lecturas no se queden en una teoría crítica sin capacidad de acción. Pues, tal como manifiesta Espinosa (2013), ha llegado el momento de una desobediencia epistémica que derrumbe de una vez el armazón de compresión del mundo, tal como lo ha producido e impuesto la colonialidad/modernidad occidental. Ha llegado el momento de hacer conocimiento que sea transformador de las realidades de opresión de género racializada y capitalista -entendida como la colonialidad de género[14]-, y entendiendo a esta posibilidad y alternativa de vencerla, como feminismo decolonial.

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Notas

[1] “América Sí” – Evelyn Cornejo. Cantautora, región del Maule, Chile. Tema completo: https://www.youtube.com/watch?v=cAEaftiACe0
[2] Este texto es producto de las reflexiones provocadas y el trabajo realizado para el seminario “América Latina en la formación del mundo moderno” (2018) dictado por el Dr. Waldo Ansaldi, para la Maestría de Estudios Sociales Latinoamericanos de la Universidad de Buenos Aires.
[3] Con “cierta” subalternidad en la academia, quiero decir que si bien, de un tiempo a esta parte son cada vez más los y las teóricas que transitan hasta esta vereda de pensamiento y generan su acervo desde allí, así como se han comenzado a generar espacios de intercambio y divulgación académicos, y ofertas formativas respecto a la teoría decolonial y el feminismo decolonial, no puede argumentarse que es la mirada hegemónica o dominante en la academia latinoamericana. Situación diferente, -aunque emparentada más no objeto de análisis del presente-, ocurre con los estudios poscoloniales generados en Asia, África y Estados Unidos, que junto a los estudios subalternos se constituyen como base del pensamiento crítico latinoamericano. Propósito de otro escrito sería debatir en mayor profundidad tal cuestión.
[4] Apropiación y explotación que claramente no fue sólo humana sino del territorio, la naturaleza y su riqueza y especies.
[5] Dejar en claro, que no es la pretensión ni objetivo del presente texto analizar a cabalidad los profundos y extensos debates sobre marxismo en América Latina, ni las prolíferas aportaciones que las y los teóricos marxistas latinoamericanas/os han generado históricamente. La intencionalidad va en problematizar los tres ejes mencionados en cuestión. Sin embargo, adscribo a la lectura decolonial bien expresada por Walter Mignolo (2009) de que Marx es fundamental para entender al capitalismo, así como lo son Keynes y Friedman, pero no podemos privilegiar a ninguno de ellos como la única manera de entender la realidad, pues, si para el marxismo el problema es el capitalismo, para la opción decolonial es la matriz colonial de poder, de la cual la economía es una esfera.
[6] Contra la ortodoxia marxista, que explicaba la “opresión” y la subordinación a los hombres como residuo de las relaciones feudales, Dalla Costa y James defendieron la tesis de que la explotación de las mujeres había tenido una función fundamental sino central en el proceso de acumulación capitalista, en la medida en que las mujeres han sido las productoras y reproductoras de la mercancía capitalista más esencial: la fuerza de trabajo (Federici, 2010).
[7] Al respecto, y con mirada atenta al territorio latinoamericano y la colonización, son interesantes los análisis respecto al patriarcado y su existencia previa a la Conquista. El entronque patriarcal entre el patriarcado precolonial y el occidental desde el feminismo comunitario, especialmente en Julieta Paredes y Lorena Cabnal. Y el patriarcado comunitario de baja intensidad y patriarcado colonial moderno de alta intensidad en Rita Segato. Así como la conceptualización de María Lugones (2008) respecto a lo que ella denomina como Sistema moderno colonial de género, a través del cual se manifiesta cómo el género es una construcción reservada sólo para aquellos/as dotados/as de humanidad (hombre blanco europeo y mujer blanca europea al servicio de la reproducción), mientras que en los/las habitantes originarios de América Latina, reducidos a la bestialidad, no había género, sino diformismo sexual.
[8] A motivos del presente escrito no podría profundizar en dicho aspecto, más sí concuerdo con la autora en el papel fundamental que la cacería y persecución de mujeres tiene para los procesos históricos-sociales en distintos niveles.
[9] Como concepto abarcativo en contraposición a abstracción (modo de producción), puesto que en América Latina hay diversas proliferaciones de relaciones, formas y modos de producción (Apuntes de clases, Waldo Ansaldi, “América Latina en la Formación del Mundo Moderno”, 1° cuatrimestre 2018. Maestría en Estudios Sociales Latinoamericanos).
[10] Los postulados de Frank recibieron una seria de objeciones de otros teóricos latinoamericanos, reunidas parcialmente por el grupo “Pasado y Presente” durante los setenta, en “Modos de producción en América Latina”, de SempatAssadourian, Santana Cardoso, Ciafardini, Caravaglia y Laclau (1973).
[11] Apuntes de clases, Waldo Ansaldi, “América Latina en la Formación del Mundo Moderno”, 1° cuatrimestre 2018. Maestría en Estudios Sociales Latinoamericanos.
[12] Con esto no se pretende definir simplistamente al marxismo como un modelo teórico únicamente caracterizado por el economicismo y la visión teleológica de la historia, sino referir a la actitud predominante del debate latinoamericano en cuestión. Extensas y prolíferas han sido las contribuciones y debates del marxismo en la historia latinoamericana y su estudio excede ampliamente las pretensiones del presente texto. Para un interesante análisis al respecto del pensamiento decolonial y el marxismo, puede revisarse Mignolo (2006).
[13] Triunfo de la razón instrumental sobre la razón liberadora.
[14] Concepto acuñado en 2008 por la filósofa feminista argentina María Lugones.
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