Artículos de investigación
Actitudes religiosas, valores y razonamiento moral prosocial en una muestra adolescente
Religious attitudes, values and prosocial moral reason within an adolescent sample
Actitudes religiosas, valores y razonamiento moral prosocial en una muestra adolescente
Revista Colombiana de Ciencias Sociales, vol. 9, núm. 1, pp. 155-175, 2018
Universidad Católica Luis Amigó
Recepción: 12 Septiembre 2017
Aprobación: 27 Noviembre 2017
Resumen
Objetivo: Estudiar la relación existente entre la religiosidad, los valores y el razonamiento moral prosocial de estudiantes de secundaria. La primera hipótesis que se pretende comprobar es si la religiosidad es capaz de predecir algún tipo específico de razonamiento moral prosocial (RMP). La segunda hipótesis trata de investigar si la religiosidad está relacionada con los valores de la escala de Rokeach.
Metodología: La muestra utilizada está compuesta por 421 adolescentes de entre 13 y 18 años. Se han llevado a cabo modelos de regresión múltiple y pruebas MANOVA.
Resultados: Según los modelos de regresión múltiple, se concluyó que los estudiantes que dan menos importancia a Dios en sus vidas presentan significativamente un mayor nivel de razonamiento hedonista.
Conclusiones: Las MANOVA permitieron concluir que la religiosidad se relaciona significativamente con la elección de los valores “ser independiente”, “ser intelectual” y “tener una vida confortable”. © Universidad Católica Luis Amigó - Revista Colombiana de Ciencias Sociales.
Palabras clave: Comportamiento religioso+ Desarrollo moral+ Sistema de valores+ Adolescentes.
Abstract
Objective: The objective of this study is to investigate relationship between religiosity, values and Prosocial Moral Reasoning (PMR) of high school students. The first hypothesis consists of analyze whether religious attitudes can predict any specific Prosocial Moral Reasoning (PMR). On the other hand, the second hypothesis tries to investigate if religiosity is related specifically with values in the Rockeach’s scale.
Methodology: The sample consists of 421 adolescents, whose ages are between 13 and 18 years old. Multiple regression models and MANOVAs have been done.
Results: The results of multiple regression confirmed that students who give low value to God have a higher level of Hedonistic Reasoning.
Conclusions: On the other hand, the MANOVAs gave rise to significant results, since religiosity is significantly related with the choice of “to be independent”, “to be intellectual” and “to have a comfortable life” values.
Keywords: Religious behavior, moral development, value systems, adolescents.
Introducción
El razonamiento moral prosocial
En los últimos quince años, la sucesión de investigaciones sobre los fundamentos psicológicos de la moralidad ha dado lugar a una “nueva era” en el estudio de la cognición moral (Olivera-La Rosa & Rosselló, 2014; Olivera-La Rosa et al., 2016; Sinnott-Armstrong, 2008; Laakasuo, Sundvall, & Drosinou, 2017). Resulta interesante que esta corriente de investigación se haya decantado mayoritariamente por un enfoque evolucionista, en el que se enfatiza el estudio de los procesos automáticos implicados en los juicios morales. Según la teoría del “procesamiento dual” (Greene, 2009), los procesos implicados en la cognición moral pueden dividirse entre los predominantemente automáticos (las intuiciones morales) y los controlados (el razonamiento moral). Estos procesos pueden entrar en conflicto en ciertas situaciones, por ejemplo, cuando la evaluación racional favorece a la respuesta “correcta”, pero las implicaciones de dicha respuesta generan una respuesta afectivamente negativa (Greene, Nystrom, Engell, Darley, y Cohen, 2004).
El actual énfasis en los componentes intuitivo-afectivo de la moralidad complementa una importante tradición en psicología social, que enfatiza el rol del razonamiento en la cognición moral. Emile Durkheim (1912) propuso que la realidad social es una realidad moral, puesto que las sociedades están unidas por lazos morales que conectan a los individuos entre sí y que hacen que estén sujetos a las mismas normas y valores. La investigación de Kohlberg (1972), por su parte, se centra en la forma en que las personas formulan juicios morales, concluyendo que estos son el resultado de la interacción con el medio. Su teoría sobre el desarrollo del razonamiento moral sostiene que tras un periodo infantil de razonamiento moral preconvencional, se evolucionaría a una etapa moral más avanzada, denominada razonamiento moral convencional y posconvencional.
A raíz de estos trabajos se inicia la investigación de la moralidad positiva, denominada Razonamiento Moral Prosocial (RMP). Nancy Eisenberg (1986) fue la pionera en su estudio, empleando dilemas morales que enfrentaban las necesidades y deseos personales con los ajenos (ver también, Eisenberg & Roth, 1980). Demostró que durante la adolescencia se produce una sofisticación del RMP, debido al desarrollo de la capacidad empática y el pensamiento abstracto.
Según esta perspectiva, el crecimiento, las experiencias, los cambios cognitivos y la educación posibilitan el desarrollo de una mayor madurez moral para tomar decisiones en los conflictos morales. A medida que los adolescentes alcanzan un mayor nivel educativo, presentan niveles de razonamiento moral prosocial más orientados a valores más internalizados, muestran más capacidad para ponerse en el lugar del otro y comprender la situación desde el punto de vista del otro (Palma, 2013; Martí-Vilar, & Palma, 2014). El RMP, por tanto, estaría vinculado a la prosocialidad, pues un RMP más complejo e interiorizado se relaciona con una mayor conducta prosocial (Eisenberg, Miller, Shell, McNalley, & Shea, 1991; Lorente, 2014; Mas, 2015).
El estudio psicológico de la religiosidad
La religiosidad es otra dimensión de gran importancia en la vida del ser humano, cuyas implicaciones han sido investigadas desde perspectivas muy diversas. Desde la perspectiva sociológica, algunos estudios sostienen que la religiosidad conduce a resultados positivos mediante el control social. Baumeister, Bauer, & Lloyd (2010) argumentan que las religiones se desarrollaron porque satisfacen deseos y necesidades humanas. Así, los grupos se benefician de la religión, que contribuye a la eficacia y productividad grupal a través de la cohesión y la armonía y el cumplimiento de las reglas que hacen funcionar al sistema.
Desde el ámbito psicológico, la religiosidad es un fenómeno de gran complejidad. Por este motivo su estudio constituye un ámbito de creciente interés académico, en especial desde las perspectivas de la personalidad y de la psicología social (Sedikides & Gebauer, 2010; Saroglou, 2013).
En este contexto, la investigación de la relación entre religiosidad y moralidad ha aportado numerosos hallazgos, aunque contradictorios. Por ejemplo, algunos estudios sugieren que existe una relación significativa entre la religiosidad y la madurez del razonamiento moral. Scheepers & Van der Slik (1998) demostraron que las creencias religiosas eran predictoras de las actitudes morales de los individuos. Maclean, Walker, & Matsuba (2004) encontraron también relaciones positivas significativas entre el interés religioso, la religiosidad intrínseca y el razonamiento moral. Por su parte, Norenzayan & Shariff (2008) comprobaron que la relación entre la religión y la predisposición prosocial es específica del contexto, de manera que la gente que está en entornos religiosos tiene mayores tendencias prosociales. Cabe destacar el estudio desarrollado por Ginges, Sheikh, Atran, & Argo (2016) con una muestra palestina, en el cual se documentó que aquellos participantes que consideraron la perspectiva de Dios (i.e., Allah) al momento de lidiar con un dilema moral, evidenciaron una menor tendencia a sacrificar miembros de otro grupo (i.e., niños judíos israelís) comparados a miembros del grupo propio (i.e., niños palestinos).
No obstante, existen estudios cognitivos que cuestionan esta perspectiva “optimista” de los efectos de la religiosidad en la moralidad. De hecho, la activación de conceptos religiosos inducida experimentalmente produce resultados ambivalentes: mientras que por un lado incrementa las tendencias prosociales hacia los miembros del grupo, a su vez enfatiza la percepción de diferencia con los miembros de otros grupos de pertenencia (Galen, 2012; McKay & Whitehouse, 2015; Thomson, 2015). Una cuestión de fondo que subyace a muchos estudios de la relación entre religión y prosocialidad es si estos efectos son causados por la religiosidad per se o deben ser entendidos como resultantes de mecanismos psicológicos de tipo más general. Por ejemplo, algunos estudios sugieren que el efecto del priming religioso en conducta prosocial no se debería a la naturaleza religiosa del mismo, sino a la activación de la noción de pertenencia al grupo (Thomson, 2015). Esta interpretación inespecífica de los efectos cognitivos del contenido religioso se muestra en la línea de un efecto ampliamente documentado empíricamente: la sensación de ser observados incrementa los niveles de comportamiento prosocial (Gervais & Norenzayan, 2012; Norenzayan & Shariff, 2008). Cabe mencionar que un reciente meta-análisis realizado por Shariff, Willard, Andersen, & Norenzayan (2016) concluyó que, si bien los efectos del priming religioso en la conducta prosocial son robustos, se restringen a los participantes religiosos. Esto sugiere que los resultados del priming religioso en la cognición no se basan exclusivamente en asociaciones de tipo “básico”, sino que dependen en gran parte de creencias específicas trasmitidas culturalmente.
En lo que se refiere a la investigación en religiosidad y prosocialidad en la población adolescente, los hallazgos son diversos y en ocasiones contradictorios (para una revisión, ver Salas-Wright, Vaughn, & Maynard, 2014. Parece ser que, en líneas generales, el grado de religiosidad está asociado negativamente a las tendencias agresivas. Se ha sugerido que este efecto es mediado por el rol del autocontrol y la compasión: mayor religiosidad correspondería a un incremento en ambas respuestas (Shepperd, Miller, & Smith, 2015). Los estudios que han examinado los correlatos psicológicos de la religiosidad durante la juventud tienden a mostrar resultados optimistas, estando negativamente relacionada con conductas problemáticas y síntomas de depresión en adolescentes de 12 o de 14 años de edad (Pearce, Little, & Pérez, 2003) a 18 años (Schapman & Inderbitzen-Nolan, 2002). De igual manera, está positivamente relacionada con empatía en adolescentes y con actitudes negativas hacia el uso de sustancias (Rew & Wong, 2006).
En esta línea, algunos estudios argumentan que la religiosidad está ligada a una mejor autorregulación y proporciona protección contra comportamientos de riesgo, favoreciendo el desarrollo moral y la formación de la identidad en los adolescentes (Hardy, Walker, Rackham & Olsen, 2012).
El estudio de los valores según M. Rokeach
Este autor define el valor como un tipo de creencia duradera acerca de que un modo de comportamiento o estado final de existencia es -personal o socialmente- deseable y preferible ante otro (Rokeach, 1973). Desde su punto de vista, los valores motivan las acciones morales y forman parte del autoconcepto, pues llevan al sujeto a considerarse competente y moral. Por otra parte, sirven de orientación hacia modos determinados de ser y de vivir, satisfacen necesidades y permiten construir una base para realizar juicios sobre los comportamientos propios y ajenos. Asimismo, se integran en la estructura cognitiva de la persona, y se añaden a su propio sistema de creencias, que se desarrolla en la infancia, la escuela y el entorno familiar, principales focos de transmisión e interiorización de valores (Martí-Vilar, 2001).
Rokeach (1973) distingue entre valores instrumentales y valores finales. Los primeros se refieren a formas de comportamiento y están en función de los valores finales, pues se utilizan como medio para alcanzar a éstos. Aunque los dos tipos de valores forman parte de sistemas diferentes están, pues, interconectados.
Objetivo del estudio
El objetivo de este trabajo fue estudiar la relación entre las actitudes religiosas (AR), el RMP y los valores de estudiantes de Secundaria. Se puso a prueba una primera hipótesis para contrastar la posible relación entre la religiosidad y el RMP. En concreto, se predijo que los estudiantes menos religiosos presentarían un menor RMP. Asimismo, se buscó contrastar la segunda hipótesis sobre la relación entre la religiosidad y la preferencia de valores.
En lo que respecta a la relación entre los valores y las AR, trabajos como el de Pérez-Delgado (1992) han encontrado que los adultos que se definen como “no religiosos” prefieren valores como “tener una vida feliz”, “ser agradable”, “ser independiente” y “ser autosuficiente”. En contraposición, los sujetos “religiosos” valoran más positivamente el “lograr la salvación”, “tener amistad” y “ser obediente”, virtudes relacionadas con lo humano y personal. En línea con estos hallazgos está su otro trabajo con adolescentes (Pérez-Delgado, 1995), en el que halló que los religiosos elegían valores trascendentalistas, mientras que los no religiosos preferían la autorrealización y la independencia personal.
La investigación de McCullough & Willoughby (2009), quienes se basaron en la escala de valores de Schwartz, identificó que la religiosidad está asociada con los valores de tradición (respeto, utilidad, responsabilidad) y conformidad (cortesía, autodisciplina, respeto a los mayores).
Adicionalmente, estos resultados estarían en sintonía con lo que sostiene Martí-Vilar (2001) acerca del mundo religioso de los jóvenes, que estaría relacionado más con la elección de valores de control (ser responsable, obediente) y de importancia de las relaciones familiares, siendo menos común la búsqueda de placer, la vida excitante y los valores egoístas y centrados en sí mismos. En un trabajo de dicho autor acerca de la religiosidad y su relación con los valores en adolescentes (Martí-Vilar, Samper y Pérez-Delgado, 1995), se concluye que los sujetos católicos prefieren valores relacionados con la familia, con Dios y con uno mismo, frente a los no católicos. Por su parte, los que dieron baja importancia a Dios en su vida prefirieron valores como “tener libertad”, “tener placer”, “ser valiente” y “ser intelectual”. Otros autores han encontrado que la religiosidad está positivamente relacionada con el valor de benevolencia, pero negativamente relacionada con el valor de universalidad (entendida como protección del bienestar de las personas en general) (Pepper, Jackson, & Uzzell, 2010).
Otro aspecto a tener en cuenta sería el reflejado en el estudio de Ciarrochi y Heaven (2012); en éste se investigó la forma en que las religiones minoritarias y las experiencias religiosas en el colegio estaban asociadas con el bienestar de los estudiantes. Se comprobó así que los valores religiosos producían cambios en la esperanza, al menos durante la adolescencia, concluyendo que los valores y la apertura religiosos tienen importantes implicaciones para el desarrollo de la personalidad en la adolescencia y la calidad de la trayectoria evolutiva. Por tanto, en este trabajo se considera la religiosidad como un factor con importantes consecuencias en el funcionamiento psicológico de los jóvenes (para una conclusión similar, ver Bowman & Small, 2012).
Metodología
Participantes
La muestra utilizada estuvo compuesta por 421 estudiantes, 188 de los cuales eran varones y 233 mujeres, y cuyas edades oscilaban entre los 13 y 18 años. El nivel educativo de los sujetos incluyó los cursos de 3º y 4º de ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria) y 1º y 2º de Bachillerato. En cuanto al tipo de centro educativo, el 32% de los sujetos perteneció a centros públicos, y el 68% restante a centros concertados católicos. Con su consentimiento previo, todos los adolescentes respondieron a tres cuestionarios -sobre las actitudes religiosas, la preferencia de valores y el razonamiento moral prosocial-, que fueron administrados in situ en sus colegios correspondientes, en un solo momento temporal.
Variables estudiadas
Las actitudes religiosas
Dado que el concepto de religiosidad es ciertamente heterogéneo, en el sentido que involucra diferentes aspectos o componentes (McKay & Whitehouse, 2015), se consideró necesario elegir un instrumento de medición que permita tomar en cuenta esta realidad. Por consiguiente, el instrumento utilizado para medir las AR fue el Cuestionario de actitudes religiosas (adaptado de Elzo, 1994). Este cuestionario recoge la autodefinición y posicionamiento de los sujetos ante los ítems, que contienen afirmaciones acerca de cómo se consideran a sí mismos respecto a la religión, y sus opiniones y actitudes sobre temas religiosos. Los ítems se distribuyen según:
a) Actitudes y opiniones respecto a temas religiosos, por ejemplo: “me considero”, “soy”; “sobre distintas sectas opino”. Ante estas afirmaciones se mide el grado de acuerdo de los sujetos, en cuatro posiciones. Estos ítems se agruparon en la dimensión Autoafirmación religiosa.
b) La práctica religiosa: “rezo”, “asisto a la Eucaristía”. El sujeto responde según una escala de frecuencia que va desde “mucha frecuencia” a “nunca” o “casi nunca”. Son los ítems que conformaron la dimensión Asistencia a la Eucaristía.
c) Creencias y opiniones respecto a Dios: “creo que puede haber algo de verdadero en.…”. El sujeto elige una de entre las posibles respuestas que se le ofrecen. Estos ítems se agruparon en la dimensión Importancia de Dios.
El razonamiento moral prosocial
Los distintos niveles de RMP de Eisenberg se estudiaron a través del PROM-R, Prosocial Reasoning Objective Mesure (Carlo, Eisenberg, & Knight, 1992). Es una medida objetiva de papel y lápiz que estudia los motivos que conducen a un sujeto a tomar determinadas decisiones de ayuda ante un problema o una necesidad ajenos. El cuestionario plantea siete historias distintas, que permiten recoger las puntuaciones de los sujetos en los cinco estilos de RMP: hedonista, orientado a la aprobación, orientado a las necesidades, estereotipado e internalizado.
El sistema de valores
Se estudió mediante la escala de valores (A) de Rokeach (1979), que sirve para evaluar a sujetos de distintas edades, formaciones y culturas. La forma A compara los valores entre sí y está construida a partir de dos listas de valores, una para los finales y otra para los instrumentales (tabla 1). Cada lista está formada por 18 valores, que deben ordenarse desde el 1 −el más valorado− al 18 −el menos valorado−.

Análisis de los datos
Se empleó un diseño ex post facto y de análisis de puntuaciones de grupo-criterio, congregando a los estudiantes en función de las AR (Autoafirmación religiosa, Importancia de Dios, Asistencia a la eucaristía) tomadas como variables independientes. Para llevar a cabo el tratamiento de los datos y los análisis estadísticos se empleó el programa estadístico SPSS, versión 22.0
La primera hipótesis sobre la relación entre la religiosidad y el RMP se puso a prueba con distintos análisis de regresión múltiple. Como variables independientes se tomaron las AR (Autoafirmación religiosa, Asistencia a la Eucaristía e Importancia de Dios), siendo la variable dependiente la puntuación en cada uno de los tipos de RMP. Asimismo, se llevaron a cabo diversas MANOVA (empleando el estadístico de Traza de Pillai), con las AR como variables independientes, cada una por separado, comparadas con los cinco tipos de RMP a la vez.
Para poner a prueba la segunda hipótesis sobre la relación entre la religiosidad y la preferencia de valores, se empleó la prueba de Kruskal-Wallis, tomando las AR como variable independiente y los valores orientados a uno mismo (“felicidad”, “ser intelectual”, “ser independiente” y “tener una vida confortable”) como variables dependientes.
Resultados
Relación entre las actitudes religiosas y el razonamiento moral prosocial
Para estudiar la relación entre las AR y el RMP se emplearon modelos de regresión múltiple. De entre todos ellos, el único satisfactorio fue el obtenido para el razonamiento hedonista (F = 3,287; p < 0,05), lo que indicó que sí existe relación significativa entre este tipo de razonamiento y las AR tomadas juntas. Como puede apreciarse en la tabla 2, la única variable que resultó tener una influencia significativa fue la Importancia de Dios, que presentó una relación negativa con el Razonamiento Hedonista (-0,203).

A cada aumento en una unidad de la Importancia de Dios le correspondió una disminución de 0,203 en el Razonamiento Hedonista. Tomadas juntas, las tres variables independientes explicaron solamente un 1,7 % de la varianza (R² corregida= 0,017).
Relación entre las actitudes religiosas y los tipos de RMP
Para estudiar las relaciones entre las AR y el RMP se efectuaron pruebas MANOVA (empleando el estadístico Traza de Pillai). Como variables independientes se consideraron, por separado, cada una de las AR, siendo las variables dependientes las puntuaciones del PROM-R.
En primer lugar, se comprobó si se daban diferencias en el RMP para la Autoafirmación religiosa. La MANOVA constató en sus resultados que no era significativo (F (0,055) = 1,061; p = 0,308; n² = 0,014). Por su parte, la MANOVA para la Asistencia a la eucaristía tampoco resultó significativo (F (0,049) = 0,680; p = 0,089; n² = 0,012). En último lugar, la MANOVA entre la Importancia de Dios y el RMP constató que los resultados no eran significativos (F (0,102) = 0,998; p=0,475; n²= 0,026). Por ello no se consideró relevante continuar con este punto de la investigación.
En conclusión, en respuesta a la primera hipótesis acerca de la influencia de las AR en algún tipo de RMP se encontró que la única variable con una influencia significativa fue la Importancia de Dios, que presentó una relación negativa con el razonamiento hedonista (-0,203). Se pudo concluir así que una puntuación alta en esta dimensión predice un menor razonamiento hedonista.
Relación entre las actitudes religiosas y los valores
Para estudiar si existieron diferencias en la importancia dada a los valores según las actitudes religiosas, se empleó la prueba de Kruskal-Wallis. Las AR (Autoafirmación religiosa, Asistencia a la eucaristía e Importancia de Dios) se tomaron como variables independientes, siendo las variables dependientes los valores orientados a uno mismo (“felicidad”, “tener una vida confortable”, “ser intelectual” y “ser independiente”). La primera variable, Autoafirmación religiosa, se categorizó en una escala del 1 al 8, en función de si los sujetos se consideraban: 1. Muy buen católico; 2. Católico practicante; 3. Católico no muy practicante; 4. Católico no practicante. 5. Indiferente; 6. Agnóstico; 7. No creyente, ateo; 8. Creyente de otra religión.
Los valores orientados a uno mismo se extrajeron de la lista de 36 valores de Rokeach, entregada a los sujetos, quienes los ordenaron según el nivel de importancia otorgado a cada uno de ellos, siendo el 1 el más importante. Según el estadístico correspondiente, se observaron diferencias significativas en la importancia dada a los valores ser independiente (χ2 (5) = 11,863; p= 0,037) y tener una vida confortable (χ2 (5)= 15,278; p= 0,009), en función de la autoafirmación religiosa. Por tanto, según los resultados (tabla 3), y teniendo en cuenta que los valores con menores puntuaciones representan mayor importancia para cada sujeto, se pudo concluir que los adolescentes que se muestran indiferentes en su autoafirmación religiosa, los creyentes de otra religión, los agnósticos y los ateos o no creyentes dieron mayor importancia a ser independiente que los adolescentes católicos. Asimismo, los sujetos que se manifestaron indiferentes, creyentes de otra religión, agnósticos o ateos dieron mayor importancia al hecho de tener una vida confortable que los católicos, ya sean practicantes o no practicantes.

El mismo procedimiento fue seguido para la segunda variable, denominada Asistencia a la eucaristía. Ésta fue categorizada en una escala del 0 al 4, en función de la frecuencia de participación de los sujetos en el rito eucarístico (0=nunca, 1=más de una vez por semana, 2=una vez a la semana, 3=una vez al mes, 4=en ocasiones). La prueba Kruskal-Wallis arrojó relaciones significativas entre la asistencia a la eucaristía y los valores ser independiente (χ2 (4)= 11,025; p= 0,026), ser intelectual (χ2 (4)= 10,529; p= 0,032), felicidad (χ2 (4)= 10,346; p= 0,035) y tener una vida confortable (χ2 (4)= 17,539; p= 0,002). Según los resultados (tabla 4), se concluyó que los sujetos que no acuden nunca a la eucaristía o lo hacen solamente una vez al mes dan mayor importancia a los valores ‘ser independiente’ y ‘ser intelectual’, en comparación a los que acuden en ocasiones, una o más de una vez por semana. Asimismo, los que acuden a misa una vez al mes o una vez a la semana dieron mayor importancia a la felicidad que los que asisten más de una vez por semana. Finalmente, los adolescentes que no acudían nunca a misa o lo hacía una vez al mes dieron mayor importancia al hecho de tener una vida confortable, que los que asisten al rito eucarístico una o más de una vez por semana.

Respecto a la última variable de las AR, la Importancia de Dios, fue puntuada en una escala de 0 a 10, posteriormente reducida a seis categorías, que, de menor a mayor importancia, fueron:
0-1=ninguna, 2-3=alguna, 4-5=poca, 6-7=bastante, 8-9=mucha y 10=muchísima. El estadístico Kruskal-Wallis arrojó resultados para los valores ser independiente (χ2 (10)= 20,130; p= 0,028) y tener una vida confortable (χ2 (10)= 24,465; p= 0,006), concluyéndose que la importancia dada a Dios influye significativamente en la elección de los valores. Según los resultados (tabla 5), los adolescentes que dieron muchísima o ninguna importancia a Dios consideraron más significativo el valor ser independiente, en comparación a los sujetos que dieron mucha, poca o bastante importancia a Dios. Por su parte, los adolescentes que dieron poca, alguna o ninguna importancia a Dios valoraron más positivamente el tener una vida confortable, que aquellos que dan muchísima, mucha o bastante importancia a Dios.

Discusión
Los resultados del presente trabajo sugieren que la importancia que los estudiantes dan a Dios facilita la disminución en el razonamiento hedonista, de manera que la creencia en Dios y el hecho de darle un valor significativo en la vida favorece las actitudes más altruistas y orientadas a otros. Este resultado es congruente con una serie de estudios que documentaron un efecto positivo de la religiosidad en la conducta prosocial (Maclean et al., 2004; Scheepers y Van der Slik, 1998). Asimismo, el hecho de que el efecto de las AR en el RMP se haya limitado exclusivamente a la dimensión Importancia de Dios, resulta congruente con los estudios que sugieren que la sensación de ser observados incrementa los niveles de comportamiento prosocial (Gervais & Norenzayan, 2012; Norenzayan & Shariff, 2008). Estos resultados pueden ser de interés en el contexto (evolucionista) de la psicología moral. Si bien las prácticas religiosas parecen derivar en última instancia de un mecanismo cognitivo de hipersensibilidad para la detección de agentes (Barrett, 2000), algunos autores reivindican el valor adaptativo de las creencias religiosas en el pasado evolutivo de la especie, en concreto, al promover la cohesión social al interior de los grupos (Haidt, 2012; para una perspectiva diferente ver Dawkins, 2006). De esta forma, los resultados del presente estudio parecen apuntar a esta hipótesis.
En segundo lugar, el grado de religiosidad presentó una relación con la preferencia de valores de los estudiantes. En particular, los estudiantes con un menor grado de religiosidad reportaron una mayor preferencia por los valores orientados a uno mismo, en la línea de lo documentado en otros trabajos (Pérez-Delgado, 1995). Aplicados a un ámbito pedagógico, estos resultados sugieren que la religiosidad podría tener importantes consecuencias en el bienestar de los estudiantes (para propuestas similares ver Ahmed & Salas, 2013; Ciarrochi & Heaven, 2012). La identidad de los estudiantes está muy relacionada con su desarrollo cognitivo, actitudinal, académico y psicosocial. La identidad religiosa, por tanto, podría estar especialmente amenazada en estudiantes de religiones minoritarias, pudiendo desembocar en una relación negativa con el bienestar psicológico. Asimismo, Fowler (1981) propuso una teoría de estados del desarrollo de la fe, sugiriendo que en los años de la adolescencia tardía el sentimiento religioso está altamente influenciado por los pares y el medio.
No obstante, conviene ser cautelosos al considerar las implicaciones prácticas de los presentes resultados. En este sentido, es preciso distinguir entre la tendencia de las AR a incrementar la preferencia por las actitudes prosociales y el hecho de que la religiosidad aumente la conducta prosocial. La no correspondencia entre actitudes y conducta en el ámbito religioso ha sido explorada en varias investigaciones, documentando casos en los cuales los participantes reportan ser más prosociales cuando su conducta no respalda dicho reporte (Chaves, 2010; Leach, Berman, & Eubanks, 2008). De hecho, una debilidad importante de los estudios en la relación entre religiosidad y prosocialidad es el hecho de que, por lo general, se basan en reportes hipotéticos en lugar de respuestas conductuales, una problemática que también acosa a otras líneas de investigación en psicología moral.
Conclusiones
De los resultados sobre las relaciones entre las AR y los valores orientados a uno mismo se pudo observar que aquellos adolescentes que se definen a sí mismos como ‘ateos’, o ‘indiferentes’, que no asisten nunca a la eucaristía o lo hacen con muy poca frecuencia y que, además, dan ‘poca’ o ‘ninguna’ importancia a Dios en su vida, se decantaron por la elección de valores orientados a sí mismos, como la independencia, el ser intelectual o el tener una vida confortable. En comparación con estos sujetos, aquellos que se definen a sí mismos como ‘católicos’ -practicantes o no practicantes-, que dan a Dios ‘muchísima’, ‘mucha’ o ‘bastante’ importancia en sus vidas y que, además, asisten frecuentemente a la eucaristía, puntúan los valores orientados a sí mismos como menos preferibles y se decantaron por aquellos que tienen un matiz más trascendental y que se dirigen al servicio de los otros. Tomados en conjunto, por tanto, los resultados permitieron concluir que se cumplió la segunda hipótesis del estudio: el menor grado de religiosidad de los estudiantes influye en su preferencia de valores, pues se relaciona con la elección de los valores orientados hacia uno mismo (“tener felicidad”, “tener una vida confortable”, “ser intelectual” y “ser independiente”).
Futuras investigaciones
En la línea de lo antes expuesto, futuras investigaciones deberán centrarse en la influencia concreta de los entornos sociales religiosos, para comprobar si realmente poseen un efecto favorecedor de la conducta prosocial en las personas o si los resultados se deben a otro tipo de variables diferentes. Con base en la investigación de Blogowska, Lambert, & Saroglou (2013) sobre la influencia de la religiosidad en la conducta prosocial y antisocial, en general existen numerosas limitaciones en estos trabajos, pues el comportamiento realmente prosocial o antisocial se mide de forma indirecta o ambigua. Asimismo, los hallazgos son confusos y están entremezclados, dependiendo de las formas específicas de religiosidad que mide cada estudio. Por tanto, los investigadores deberían encaminarse al consenso y estudiar la relación entre la religiosidad y la prosocialidad a partir de constructos operacionales y comunes para todos.
Otro tipo de limitaciones que destacan Rew & Wong (2006) es la confusión terminológica entre la religiosidad, la afiliación religiosa y la espiritualidad. Por otro lado, las medidas utilizadas para su estudio son variadas, y a menudo consistentes en medidas de un único ítem con validez cuestionable. De la misma manera puede cuestionarse la aplicabilidad de los modelos adultos al estudio con adolescentes. Por tanto, una interesante vía de acción en el futuro podría ser fomentar estudios con muestras de adolescentes, ya que la adolescencia es una etapa crítica y fundamental en el desarrollo moral y en la formación de la identidad del ser humano.
Es importante tener en cuenta las limitaciones de este estudio. En primer lugar, el instrumento utilizado para obtener los resultados se ha basado en los reportes subjetivos de los estudiantes. Dado que parece existir un efecto de la religiosidad en la tendencia de los participantes a reportarse como más prosociales o “deseables” socialmente (Gervais & Norenzayan, 2012; Sedikides & Gebauer, 2010; Xygalatas et al., 2015), podría resultar discutible la validez ecológica de lo obtenido exclusivamente a partir de los reportes de los estudiantes. Futuros estudios deberán corroborar el alcance de estos resultados a través de otras alternativas metodológicas, como los procedimientos implícitos.
En segundo lugar, se trata de un trabajo descriptivo y cuya muestra es incidental y no aleatoria. Los alumnos, en su mayoría, pertenecen a centros concertados católicos, por lo que se propone ampliar la muestra para futuras investigaciones, además de aleatorizarla. Asimismo, hay que considerar la escasez de trabajos acerca de la religiosidad y su relación con el RMP. Sería interesante aumentar el número de investigaciones sobre este tema, utilizando muestras adolescentes.
Referencias
Ahmed, A. & Salas, O. (2013). Religious context and prosociality: An experimental study from Valparaíso, Chile. Journal for the Scientific Study of Religion, 52(3), 627-637. doi: http://doi.org/10.1111/jssr.12045
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Baumeister, R. F., Bauer, I. M., & Lloyd, S. A. (2010). Choice, free will and Religion. Psychology of Religion and Spirituality, 2(2), 67-82. doi: http://doi.org/10.1037/a0018455
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Notas