Artículos de investigación

PRÁCTICAS FAMILIARES A DISTANCIA EN CONTEXTOS DE MIGRACIÓN INTERNACIONAL MATERNA Y/O PATERNA1

FAMILY PRACTICES AT A DISTANCE IN CONTEXTS OF INTERNATIONAL MATERNAL OR PATERNAL MIGRATION

Adriana Zapata Martínez
Universidad de Caldas, Colombia

PRÁCTICAS FAMILIARES A DISTANCIA EN CONTEXTOS DE MIGRACIÓN INTERNACIONAL MATERNA Y/O PATERNA1

Revista Colombiana de Ciencias Sociales, vol. 11, núm. 1, pp. 123-152, 2020

Universidad Católica Luis Amigó

Recepción: 27 Octubre 2018

Aprobación: 26 Agosto 2019

Resumen: A partir de los procesos de migración internacional, las prácticas familiares no están supeditadas a un espacio y tiempo específico, pues sus miembros se encuentran ubicados en dos o más países, por lo que se generan nuevas configuraciones familiares que provocan cambios y ajustes a partir del distanciamiento físico. El objetivo de este artículo es identificar y comprender las prácticas familiares que permiten mantener las relaciones y los vínculos parentofiliales desde la distancia, a partir de la migración internacional de madres y/o padres colombianos a Santiago de Chile. Estas reflexiones se dan en el marco de una metodología cualitativa, en la que se utilizaron técnicas como la entrevista en profundidad, el plano de vida familiar y la cartografía familiar, las cuales fueron utilizadas con padres/madres inmigrantes y sus hijos/hijas residentes en Colombia. De acuerdo con los resultados obtenidos en campo, existen tres tipos de prácticas familiares (prácticas continuas, prácticas discontinuas y prácticas creativas), las cuales involucran acciones regulares como rutinas, celebraciones y tradiciones familiares, que son mantenidas y/o recreadas a través de la memoria, los medios materiales, tecnológicos y comunicativos.

Palabras clave: Migración, Madres, Padres, Práctica, Familia.

Abstract: As a result of international migration processes, family dynamics are not subject to a specific space and time considering that family members are located in two or more countries. Consequently, new family configurations are generated leading to changes and adjustments because of physical distancing. The objective of this article is to identify and understand the dynamics that allow families maintaining their parent-child relationships and bonds from distance, based on the international migration of Colombian mothers and/or fathers to Santiago de Chile. These reflections are framed within a qualitative methodology, in which techniques such as in-depth interviews, family life plans and family cartography were used. These techniques were applied to immigrant parents, mothers and their sons and/or daughters living in Colombia. According to the results obtained, there are three types of family practices-continuous practices, discontinuous practices and creative practices- which involve regular actions such as routines, celebrations and family traditions that are maintained and / or recreated through memory material resources, technology and communication devices.

Keywords: Migrations, Mothers, Fathers, Practice, Family.

INTRODUCCIÓN

Dentro de los estudios migratorios, el análisis de la familia es un campo que ha tenido un relativo desarrollo; en él se han realizado discusiones en torno a las nuevas configuraciones de familia a partir de la migración internacional, pues sus miembros siguen estableciendo relaciones y vínculos a pesar de la distancia física y geográfica, por lo que se han dado diversos debates sobre cómo denominar a este tipo de familias, destacándose el concepto de "familia transnacional".

El concepto de familia transnacional (Bryceson & Vuorela, 2002) cuestiona las concepciones de familia que asocian la co-residencia y la presencialidad como elementos fundamentales para su comprensión, ya que las relaciones que se construyen entre sus miembros trascienden la espacialidad y las fronteras físicas; allí la homogeneidad en la nacionalidad, la lengua y la cultura comienza a ser cuestionada y transformada, pues se subvierte el modelo tradicional de familia (nuclear, patriarcal con co-residencia), no solo por el cambio territorial que implica la no co-presencia física, sino también por los cambios que se dan en su estructura y en su organización.

Alrededor del concepto de familia transnacional se han realizado discusiones que afirman que dicha denominación no constituye una tipología sino más bien una dinámica a la cual la familia se incorpora; pues dentro de estas familias se encuentran diferentes formas de composición, por lo que podría ser cuestionable afirmar que la familia transnacional es una tipología. Palacio Valencia, Sánchez Vinasco y López Montaño (2013) proponen lo siguiente frente al argumento anterior:

La denominación familia en situación de transnacionalidad, se asocia más a la comprensión de un vivir familiar transnacional que a una tipología familiar, definida convencionalmente a partir de la participación en un hogar como unidad de co-residencia y co-presencia física... Es decir, la situación de transnacionalidad no le da carácter a una tipología de familia sino a una dinámica familiar (p. 137).

Por tanto, se plantea la transnacionalidad como una dinámica que permite estudiar la familia, en la que se detonan movimientos, cambios y ajustes en la vida familiar que generan nuevas formas de organización. La familia, a partir de su inserción en la dinámica transnacional, conecta diferentes tiempos y espacios que traspasan la cotidianidad de los sujetos, la manera como interactúan, se relacionan y le dan sentido a su mundo familiar. Esto desde prácticas que ya no se circunscriben al contexto nacional, sino más bien a un contexto transnacional, en el cual fluyen elementos sociales, culturales y simbólicos que entrecruzan las experiencias vividas tanto en el país de origen como en el de destino.

En este sentido, interesa analizar las prácticas familiares que permiten mantener las relaciones y vínculos parentofiliales en familias colombianas en las que el padre o madre ha migrado a Santiago de Chile, teniendo en cuenta que este tipo de migración se da dentro del contexto latinoamericano (migración sur/sur). Ello demarca dinámicas diferentes respecto a los estudios que se han realizado sobre la migración colombiana a países de Europa y de Estados Unidos, pues la ubicación geográfica pone en discusión elementos frente a los tiempos y espacios en los que los inmigrantes se mueven, la forma como llegan a los países de origen (cruce de fronteras, vía terrestre o aérea), los factores políticos (documentación, visación, procesos de reunificación familiar, condición de regular e irregular), económicos (tipo de economía del país de destino y recursos económicos que le implica al migrante movilizarse), sociales (característica de la sociedad, condiciones de igualdad o desigualdad del migrante) y culturales (idioma, costumbres, religión) que ponen en el escenario otro tipo de migraciones que comienzan a explorarse dentro de las ciencias sociales.

La familia en contextos de migración internacional: Latinoamérica y Colombia

Dentro del contexto de América Latina se han desarrollado diferentes estudios sobre familias migrantes (Araujo-Gil y Pedone, 2014; Alcalde-Campos y Pávez, 2013; Barbosa de Campos, 2018; Cienfuegos-Illanes, 2017; Gonzálvez-Torralbo, 2016; Pedone, 2011; Rosas-Mujica, 2013), los cuales han estado orientados al análisis de los cambios y transformaciones que se han dado en la familia, no sólo en su estructura sino también en su organización, donde se pone en tensión la co-residencia y la co-presencia física, pues sus miembros viven en dos o más países o naciones, por lo que no es posible la interacción cara a cara y se requiere la utilización de medios y recursos que les permitan mantener las relaciones y los vínculos desde la distancia.

Desde el contexto colombiano se han realizado diferentes trabajos investigativos (Ángel-González, 2018; Castro, 2016; Ciurlo-Salamanca, 2014; García-Osorio, 2018; Duque-Páramo, 2011; Gonzálvez-Torralbo, 2011; López-Montaño, Palacio-Valencia y Zapata-Martínez, 2012; Ramírez-Martínez, 2014; Puyana-Villamizar, Micolta-León y Palacio-Valencia, 2013; Rivas-Rivas y Gonzálvez-Torralbo, 2011; Salcedo-Bolaños, 2016) que han permitido analizar la familia desde diferentes contextos en el país, en los que han predominado los altos flujos migratorios. Dentro de las investigaciones se destaca el trabajo realizado por Puyana-Villamizar et al., (2013) en el que se resalta la regionalización de los movimientos migratorios, dando cuenta de las dinámicas de los procesos de emigración que se dan en la Costa Atlántica colombiana, específicamente de Barranquilla y Cartagena; así como en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Pereira y Maniza-les, que sobresalen por altos flujos de emigración.

Si bien las investigaciones en el contexto colombiano han permitido visibilizar otras formas de familia en las que se evidencian cambios, ajustes y continuidades en su dinámica interna, la mayoría de estudios han estado focalizados en la migración hacia países de Europa y Estados Unidos (al tener una mayor prevalencia histórica dentro de los flujos migratorios de colombianos), por lo que han sido escasos los estudios hacia países de Latinoamérica como Chile, siendo importante explorar este tipo de migración, pues representa una migración sur-sur en la que pueden darse variaciones importantes que inciden no sólo en la vida económica, cultural, política y social, sino también en el contexto familiar.

Las prácticas familiares transnacionales: apuestas desde la investigación en familia

Dentro del campo de los estudios de familia en contextos migratorios existe una amplia bibliografía sobre familias transnacionales (Thomas & Znaniecki, 1974; Ariza Castillo, 2002; Bryceson & Vuorela, 2002; Carrillo, 2008; Fernández-Hawrylak y Heras-Sevilla, 2019; Sorensen y Guarnizo, 2007; Medina-Villegas, 2011; Palacio-Valencia et al., 2013; Tunón-Pablos y Mena-Farrera, 2018; Zúñiga-González, 2015) y estudios que incorporan las prácticas familiares transnacionales (Gonzálvez-Torralbo, 2010; López-Montaño et. al, 2012; Stefoni-Espinoza, 2013; Medina-Villegas, 2011; González-Rincón y Restrepo-Pineda, 2010; Hernández-Lara, 2016), definidas como aquellas prácticas que permiten construir un sentido de co-presencia ante la ausencia física y mantener las relaciones familiares a través del tiempo y la distancia.

Sin embargo, existe un vacío conceptual sobre qué son las prácticas familiares, pues siempre que se habla de ellas en un contexto transnacional se hace referencia a las remesas, los regalos, las llamadas, el Internet, las visitas esporádicas y las fotografías, considerados desde este artículo como recursos o medios (relaciones mediáticas) y no como prácticas familiares. En este sentido, se identifican y analizan aquellas prácticas que permiten mantener las relaciones y los vínculos parento-filiales a pesar del distanciamiento físico, partiendo de los sentidos y significados que los sujetos (considerados miembros de una familia) les otorgan.

El estudio de las prácticas familiares implica, por tanto, su contextualización dentro de la vida familiar cotidiana, pues esta se configura no solo a partir de tiempos y espacios, sino también de prácticas que están ubicadas dentro de un contexto sociohistórico particular y se encuentran dotadas de sentidos y significados otorgados por los sujetos. De esta manera, la especificidad de la vida cotidiana no está en las prácticas reiterativas, sino en los sentidos que esas prácticas representan y son representadas para y por los grupos sociales (Reguillo-Cruz, 2000).

Desde esta perspectiva, la vida familiar está constituida por un conjunto de sentidos y saberes que se traducen tanto en representaciones como en prácticas concretas o "artes de hacer" (De Certeau, 2000) que permiten la producción y reproducción de la vida doméstica (Pérez-Pallares y Godoy-Ramos, 2009) dentro de un espacio y un tiempo. Sin embargo, con los procesos migratorios las prácticas no están supeditadas a un espacio y tiempo específicos, pues sus miembros se encuentran en territorios y lugares distintos que implican "múltiples temporalidades y diversas espacialidades" (Reguillo-Cruz, 2000, p. 88) en las que se dan giros y movimientos, marcando nuevas dinámicas dentro del contexto familiar.

El estudio de las prácticas familiares dentro del contexto transnacional implica, por un lado, comprender qué prácticas son constitutivas de la vida familiar (y que se diferencian de otro tipo de prácticas), y por otro, qué prácticas se construyen o se mantienen cuando los miembros que están unidos por lazos parento-filiales se encuentran en países, en tiempos y en espacios distintos; siendo la migración internacional un contexto particular para visibilizar elementos de la vida familiar que comienzan a cuestionarse cuando se da la separación física de sus miembros, pues ello supone nuevas configuraciones familiares que superan el modelo tradicional de familia.

De este modo, este artículo busca aportar al análisis y la conceptualización de las prácticas familiares en contextos de migración internacional materna y/o paterna, incorporando elementos de reflexión que ayuden a comprender aquellas prácticas familiares que permiten mantener las relaciones y los vínculos parento-filiales desde la distancia física. Para ello, se parte de resultados investigativos que se desprenden de mi tesis doctoral en Ciencias Sociales, donde se recogen los elementos más significativos a partir del trabajo de campo realizado en Santiago de Chile (con madres y padres colombianos inmigrantes) y en la Región del Valle de Cauca (con hijos/hijas que quedan en el país de origen). Las preguntas que orientan este trabajo son: ¿cuáles son las prácticas familiares que permiten mantener las relaciones y vínculos parento-filiales cuando padres y madres colombianos migran a Santiago de Chile? ¿Qué prácticas permanecen, desaparecen, cambian o se ajustan cuando se da el distanciamiento físico a partir de la migración de la madre o del padre? ¿Cuál es el significado que las madres/padres e hijos/hijas le atribuyen a las prácticas familiares a partir del distanciamiento físico?

El argumento que quiero desarrollar se plantea desde tres reflexiones llevadas a cabo durante mi proceso investigativo, que incluyen tanto el trabajo de campo -realizado con familias colombianas que han vivenciado la migración internacional-, como las construcciones y debates teóricos y conceptuales realizados durante mi formación doctoral: 1) Lo que los estudios han denominado como prácticas familiares transnacionales (llamadas, regalos, remesas, visitas familiares, fotografías) son recursos o medios que hacen parte de la práctica familiar, pero no son la práctica en sí misma; 2) El estudio de las prácticas familiares implica contextualizarlas dentro de la vida cotidiana, pues esta se configura y construye no sólo a partir de tiempos y espacios, sino también de prácticas que están dotadas de sentidos y significados otorgados por los sujetos; y 3) Con los procesos migratorios, las prácticas no están supeditadas a un espacio y a un tiempo específico, pues sus miembros están ubicados en dos o más puntos geográficos, donde se genera una interconexión de tiempos y lugares entre miembros que son considerados familia. De este modo, las prácticas están "«Desancladas» de unas coordenadas espacio-temporales fijas y rígidas" (Reguillo-Cruz, 2000, p. 88).

El texto se compone de cuatro apartados. En el primero se da cuenta del proceso metodológico en cuanto al enfoque y perspectiva utilizada, así como los participantes del estudio, las técnicas y los instrumentos utilizados. En el segundo se hacen algunas precisiones conceptuales sobre qué son las prácticas familiares (ubicándolas en el contexto de la vida familiar cotidiana), partiendo de elementos no sólo teóricos, sino también empíricos a partir del trabajo de campo realizado con madres y/o padres inmigrantes en Santiago de Chile y sus hijos/hijas residentes en Colombia. El tercero discute y reflexiona en torno a las prácticas familiares desde la distancia física, donde se definen y describen tres tipos (prácticas discontinuas, prácticas continuas mediadas y prácticas creativas) que permiten mantener las relaciones y los vínculos desde la distancia física. Desde aquí se parte de los resultados de campo, los cuales, a su vez, se articulan y ponen en diálogo con los referentes teóricos. Finalmente se presentan las conclusiones y las referencias del artículo.

METODOLOGÍA

Se utilizó una metodología de corte cualitativo, ubicada desde una corriente teórica y epistemológica de la fenomenología, con el fin de comprender las prácticas familiares desde las vivencias de los sujetos (padres, madres inmigrantes y sus hijos/hijas ubicados en Colombia) en su experiencia cotidiana, las cuales están dotadas de sentido y significado, y se de manera compartida con otros a partir de procesos de interacción que permiten la construcción de conocimiento de manera intersubjetiva (Schütz, 1972; Berger y Luckmann, 2015/1993).

El acercamiento y contacto con madres y padres inmigrantes colombianos en Santiago de Chile implicó inicialmente la inmersión en instituciones, organizaciones y grupos de inmigrantes, así como en instituciones educativas (escuelas y colegios) y centros de salud. De igual manera, la red social Facebook fue muy importante por cuanto permitió la vinculación de la investigadora a grupos virtuales de inmigrantes en los que se socializó la propuesta de investigación y se motivó a la participación. El Facebook como red social virtual se convirtió, por tanto, en un medio o puente entre la investigadora y los investigados -previo a la entrevista- facilitando la interacción, la cercanía, el diálogo y la confianza.

El contacto con los hijos/hijas residentes en Colombia se hizo a través de las madres y los padres entrevistados en Santiago, quienes socializaban el proyecto con sus hijos/hijas y/o cuidadores, invitándolos a participar del estudio. Posteriormente, la investigadora estableció contacto telefónico, por WhatsApp o Facebook con los hijos/hijas, para dar mayor detalle sobre el proyecto de investigación y la importancia de su participación. En los casos de niños, niñas y adolescentes menores de edad, se estableció inicialmente el contacto con la madre, el padre y/o cuidador/a encargado.

El trabajo de campo implicó realizar un trabajo tanto en la ciudad de Santiago de Chile, como en la Región del Valle del Cauca (Cali, Palmira, Buenaventura, Roldanillo y Cartago) entre el periodo de 2015 y 2016, donde fueron entrevistadas/os 7 madres y 6 padres inmigrantes en Santiago de Chile, así como sus hijos/hijas residentes en Colombia (9 hijas y 5 hijos), para un total de 13 familias. Se utilizó como técnica la entrevista cualitativa y, específicamente, la entrevista en profundidad; esta técnica se complementó con técnicas visuales e interactivas como el plano de vida familiar y la cartografía familiar, las cuales permitieron develar aspectos de la vida familiar y del hogar. Con los hijos e hijas residentes en Colombia que estaban en la etapa de la niñez (entre los 10 y 12 años) se utilizó el plano de vida familiar y la cartografía familiar, pues ambas técnicas permitieron de una manera más dinámica y creativa el acercamiento e interacción con los niños y niñas; mientras que con los hijos/hijas mayores de 12 años y los padres/madres inmigrantes se utilizó la entrevista en profundidad y el plano de vida familiar. Para la participación de los sujetos dentro de la investigación fue necesario el consentimiento informado, con el fin de tener en cuenta el resguardo ético de la información y el material producido por madres, padres, hijos e hijas. Así mismo, fue importante la autorización y el consentimiento de madres, padres y/o cuidadores para la participación de niños, niñas y adolescentes menores de edad.

El plano de vida familiar es una técnica visual-interactiva que se inscribe dentro del enfoque cualitativo y permite, a través de la representación física de la vivienda y el relato de las personas, conocer los procesos de interacción y comunicación, así como las relaciones y los vínculos que se generan entre sus miembros dentro de los espacios de la vivienda (Sánchez-Vinasco, 2012). La cartografía, por su parte, tiene sus bases en la cartografía social que, puesta en el escenario familiar, permite representar de manera gráfica a quienes hacen parte de la familia, así como también situaciones, experiencias o vivencias de la realidad familiar. Desde aquí el mapa o gráfico aparece como un conjunto de dibujos, signos y palabras escritas por parte de los sujetos para dar cuenta de su realidad tal como es vivida y experimentada.

El proceso de análisis se hizo a partir de la construcción de categorías y subcategorías que permitieron la integración de elementos empíricos con elementos teóricos, haciendo uso del programa computacional Atlas Ti, con el fin de sistematizar y analizar los datos obtenidos. Desde el plano de vida familiar y la cartografía familiar se buscó que la interpretación de los gráficos o dibujos fuera hecha por los mismos sujetos (y no por la investigadora), desde la descripción, interpretación y verbalización de sus propios productos a partir de sus vivencias y experiencias familiares. El análisis de imágenes implicó dos fases o niveles: 1) El análisis descriptivo (descripción iconográfica), es decir, aquello que tiene que ver con lo que soporta la imagen, los objetos y contenidos temáticos de estos; y 2) El análisis iconológico, que tiene que ver con el sentido y significado que lo sujetos le otorgan a esa imagen (Roca-Ortiz, 2004).

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

¿Qué son las prácticas familiares?: algunas precisiones conceptuales

Si bien las prácticas familiares -desde lo transnacional- han sido abordadas en diferentes trabajos investigativos que han aportado a la discusión sobre las familias con experiencia migratoria (Stefoni-Spinoza, 2013; González y Restrepo, 2010; Gonzálvez-Torralbo, 2010; López-Montaño et al., 2012; Medina-Villegas, 2011), hay poca claridad en el concepto, pues generalmente las prácticas familiares se reducen a las remesas, regalos, llamadas, visitas esporádicas y fotografías, definiéndolas como aquellas prácticas que permiten construir un sentido de co-presencia ante la ausencia física y mantener las relaciones familiares a través del tiempo y la distancia. Desde aquí surgen diferentes cuestionamientos que conllevan a la necesidad de de-construir el concepto no sólo desde lo teórico, sino también desde lo empírico, teniendo en cuenta que las prácticas han sido estudiadas desde diferentes disciplinas como la filosofía, la sociología, la antropología y la teoría cultural, en las que se incluyen autores como Archer (1995), De Certeau (2000), Joas (1996), Knorr (2001), Abric (2001), Turner (2001), Reckwitz (2002), Schatzki (1997, 2001).

Schatzki (2001) plantea que las prácticas son las conexiones organizadas de actividad -por lo que se exponen dos dimensiones: actividad y organización- que se componen de acciones, es decir, cosas hechas (desde el hacer se involucran experiencias corporales) y dichas que se dan con cierta recurrencia en el tiempo. El autor, además, explica que una práctica es un conjunto de hechos y dichos que se organizan por un conjunto de acuerdos, un conjunto de reglas, y una estructura teleoafectiva, donde se combina lo teleológico (los fines que tienen los sujetos) y lo afectivo (cosas que importan a los sujetos). Reckwitz (2002), por su parte, define las prácticas sociales como "actuaciones corporales rutinizadas, que incorporan tanto una forma de "saber cómo" (actuar, ser agente, hacer algo), como un conocimiento (práctico y no reflexivo) del mundo" (p. 26).

Desde los planteamientos de Shatzki (2001) y Reckwitz (2002) se identifican elementos centrales como las acciones (cosas dichas y hechas), la recurrencia en el tiempo, los fines que tienen los sujetos, lo afectivo y las actuaciones corporales rutinizadas, los cuales permiten no solo comprender las prácticas, sino también articular elementos para comprenderlas dentro del contexto de la vida familiar cotidiana.

Asimismo, David Morgan (2013) en su texto Rethinking Family Practices -Repensando las prácticas familiares- se enmarca desde las reflexiones de la sociología británica y produce un primer acercamiento al concepto a partir de elaboraciones teóricas y conceptuales que recogen algunos planteamientos de Schatzki (2001), Reckwitz (2002) y otros autores, reconociendo que antes de que se trabajara el concepto de prácticas familiares, ya existía una extensa bibliografía sobre las mismas. Según Morgan (2013), el enfoque de las "prácticas de la familia" fue pensado para ir más allá de modelos particulares de la vida familiar, planteando hablar de la familia como verbo y no como sustantivo, para hacer énfasis en el hacer más que en el ser.

De este modo, siguiendo los planteamientos de Morgan (2013), la vida familiar implica un conjunto de haceres, donde no solo se definen lugares parentales (ser padre, madre, hijo, hija) sino también haceres y formas de hacer respecto a ese lugar (hacer la maternidad, la paternidad) en el que se dan prescripciones sociales, culturales y legales que definen derechos, deberes y obligaciones. Es así como las prácticas de la familia, de acuerdo con Morgan (2013), no son simplemente el resultado de las decisiones negociadas individualmente o las estrategias realizadas en forma aislada de otros ámbitos de la vida social.

A partir de lo anterior, propongo definir las prácticas familiares como "un conjunto de acciones (haceres y decires) que se dan con cierta regularidad en el tiempo entre miembros considerados familia (a partir de relaciones o vínculos de parentesco) donde se definen no solo lugares parentales (ser madre, padre, hijo, hija) sino también haceres y formas de hacer respecto a ese lugar. Estas acciones están contextualizadas dentro de la vida familiar cotidiana, siendo el tiempo y el espacio dos elementos constitutivos que marcan ciclos (cuando) y lugares (donde) para el desarrollo de las prácticas -como lo plantea Reguillo-Cruz (2000)-, las cuales cobran sentido para los sujetos que, estando desde la distancia o la cercanía física, se sienten parte de una familia. De este modo, el concepto de práctica "connota hacer algo, pero no simplemente hacer algo en sí mismo y por sí mismo; es hacer algo con significado en un contexto histórico y social" (Wenger, 2001, p. 14).

Desde el análisis de las dinámicas relacionales y vinculantes, la familia ha estado tradicionalmente conectada a dos elementos: la co-presencia física y la co-residencia, pues se espera que si dos o más sujetos están unidos por lazos de parentesco, deben establecer relaciones cara a cara y compartir el mismo lugar de residencia (al menos por un periodo de tiempo), por lo que se infiere que la conexión entre espacio y tiempo es fundamental para la construcción de relaciones y vínculos familiares. Sin embargo, con los procesos migratorios las familias comienzan a tener cambios significativos en su dimensión espacio-temporal, pues la ausencia física de uno o más integrantes (como lo es el padre y/o la madre) altera la vida familiar cotidiana, al darse un cambio en la relación tiempo-espacio, pues sus miembros ya no establecen encuentros cara a cara (de manera recurrente o periódica), y construyen otras formas de relación que trascienden las fronteras físicas y les permite estar en contacto.

De este modo surgen nuevas formas de ser y practicar la familia, pues ante la ausencia de interacciones en co-presencia física, se hace uso de recursos o medios que transitan de un lugar a otro y permiten que sujetos unidos por lazos de parentesco puedan mantener o construir una vida familiar cotidiana, ya no desde la proximidad sino desde la lejanía física (lo que no implica siempre un alejamiento emocional), donde se establecen conexiones no solo de tiempos y espacios, sino también de personas que comparten algo en común. De esta forma, se puede ser pariente sin co-residir en la misma casa ni el mismo país, pues el parentesco va más allá del espacio y el tiempo inmediato.

Las prácticas familiares: una forma de mantener relaciones y vínculos desde la distancia

La familia se construye a partir de una serie de actividades periódicas, comunes y compartidas que pueden darse en el espacio de lo doméstico o fuera de este, donde se promueven la identidad, la pertenencia y la cohesión entre los miembros que la conforman. Estas actividades se componen de acciones familiares recurrentes (rutinas familiares como la alimentación familiar, el dormir juntos, ver televisión o películas, el juego y las tareas escolares), periódicas (paseos, salidas de fin de semana) y estacionales (cumpleaños y navidades) en las que se definen espacios y tiempos comunes que tienen sentido para los sujetos, quienes estando en co-presencia física se vinculan y relacionan desde el parentesco.

De este modo, las acciones están situadas en espacios y tiempos de la vida familiar, y tienen no solo un carácter repetitivo (diario, semanal, mensual, anual) sino también colectivo y significativo para los sujetos, desde la construcción de las relaciones y los vínculos parento-filiales. Desde esta perspectiva, las acciones familiares están "ritualizadas" (Durkheim, 1982; Leach, 1966), pues "la esencia del ritual está en mezclar el tiempo individual y el tiempo colectivo" (Segalen, 2005, p. 31), así como los espacios y los ritmos de continuidad y discontinuidad (lógica temporal distinta) donde los sujetos (madres, padres, hijos, hijas) generan procesos de interacción con otros que están físicamente co-presentes. De este modo,

La copresencia ancla en las modalidades perceptuales y comunicativas el cuerpo. Las que Goffman denomina "condiciones plenas de copresencia" se dan siempre que agentes "se sientan lo bastante cerca para ser percibidos en todo lo que hagan, incluida su vivencia de otros, y lo bastante cerca para ser percibidos en este sentir de ser percibidos".

Aunque "las condiciones plenas de" existen solo en un contacto inmediato entre los que están físicamente presentes, en la era moderna se vuelven posibles contactos mediatos que dan lugar a algunas de las intimidades de copresencia gracias a las comunicaciones electrónicas, sobre todo el teléfono (Giddens, 2015, p. 101).

Desde el autor, la co-presencia puede ser tanto inmediata como mediata. En la primera los sujetos están físicamente presentes y establecen relaciones cara a cara, mientras que la segunda esta mediatizada por objetos o recursos comunicativos y tecnológicos que permiten estar en contacto. En los casos estudiados, las relaciones y los vínculos parento-filiales que se construyen antes de la migración, se dan desde encuentros regularizados o periódicos, que requieren estar presente físicamente, donde se llevan a cabo acciones familiares ritualizadas en las que los participantes (madres, padres e hijos/hijas) generan cierta "energía emocional" (Collins, 2009) que hace que dichas acciones se repitan y tengan sentido para los sujetos, promoviendo así sentimientos y emociones que los enlaza y vincula.

Con el distanciamiento físico de la madre y/o el padre se reconfigura la vida familiar cotidiana, se dan cambios, ajustes, continuidades y discontinuidades en las que los sujetos experimentan diferentes formas de cercanía y de distanciamiento. En este sentido, el estudio de las prácticas familiares requiere incluir no solo aquellas acciones llevadas a cabo desde la presencialidad física y la relación cara a cara, sino también aquellas que se dan desde la distancia, pues en la vida familiar cotidiana se experimentan diferentes grados de cercanía y distanciamiento (Berger y Luckmann, 2015/1993) que incluyen no solo a los que están aquí, sino también a los que están allá.

De este modo, propongo definir las prácticas familiares a distancia como el conjunto de acciones periódicas, compartidas y comunes, que tienen sentido y significado para los sujetos que están unidos por lazos de parentesco -y son considerados como familia-, las cuales son realizadas a partir de procesos de interacción mediada, en la que se hace uso de diferentes medios y recursos (materiales, tecnológicos, comunicacionales y recuerdos de experiencias compartidas) que permiten generar intercambios entre los sujetos, para así mantener la relación y el vínculo desde la distancia.

Desde esta perspectiva planteo -con base en los resultados obtenidos en campo- tres tipos de prácticas familiares (prácticas discontinuas, prácticas continuas mediadas y prácticas creativas) que permiten mantener las relaciones y los vínculos parento-filiales desde la distancia, defendiendo el argumento de que son acciones familiares ritualizadas cuyos "contextos situados de interacción" (Giddens, 2015, p. 98) se dan ahora sin la co-presencia y, por tanto, están mediatizados. Estas acciones están además soportadas -en algunos casos- por redes de apoyo (familiar y social) que permiten mantener la relación y el vínculo desde la distancia.

Prácticas discontinuas: entre la memoria y el distanciamiento

Con la migración internacional de la madre y/o el padre se producen cambios y ajustes en las acciones familiares ritualizadas (rutinas familiares, tradiciones y celebraciones familiares), donde se resignifica su forma y/o su contenido, al no existir una presencialidad física (al menos de manera permanente). En el caso de rutinas familiares como la alimentación familiar, el dormir juntos y ver televisión o películas, la ausencia del cuerpo físico y de la interacción cara a cara imposibilita estar juntos en el mismo espacio y tiempo para generar experiencias compartidas, por lo que la acción ritualizada es mantenida a través de la memoria o el recuerdo, entendiendo la memoria familiar como una acción que permite resignificar las experiencias compartidas que se dieron en el pasado.

De este modo, las prácticas discontinuas son aquellas prácticas que se daban antes de la migración y que con el distanciamiento físico no hay continuidad desde su hacer al no darse una interacción cara a cara, por lo que se recurre a la memoria familiar como una acción que permite recordar experiencias compartidas en el pasado, las cuales tienen sentido y significado en el presente. Estas prácticas no son delegadas directamente a otros miembros de la familia, aun cuando los hijos/hijas puedan compartirlas con otros integrantes o las realicen de manera individual. En estas prácticas se incluyen rutinas familiares como la alimentación familiar, ver televisión o películas, y dormir juntos, las cuales eran llevadas a cabo de manera periódica y conjunta.

De este modo, las acciones ritualizadas son mantenidas a través de la memoria o el recuerdo, donde "el ritual viene a rememorar (re-cordar) y, a la vez, a con-memorar (recordar en comunidad, conjunta o colectivamente)" (Beriain Rázquin y Gil Gimeno, 2016, p. 739), aquellas acciones periódicas y compartidas que eran realizadas por madres, padres e hijos/hijas antes de la migración internacional. A estas memorias, placenteras, dolorosas o ambivalentes, se les da forma en las fotografías y álbumes familiares, en las historias de la familia y en conversaciones repetidas donde se dan frases y expresiones que reproducen y simplifican estas memorias (Finch, 2007), a las cuales se les da también forma y contenido a través de actividades cotidianas que permiten recordar aquellas acciones significativas que ayudaron a la construcción de la relación y del vínculo parento-filial. "La experiencia vivida, igual los recuerdos, yo creo que lo que vivimos, eso es lo que nos mantiene a nosotros ese vínculo... a nuestro compartir, a lo que pasaba a nuestra vida diaria, que compartimos nuestro tiempo juntos" (Madre 28 años, Buenaventura).

En este sentido, una actividad conjunta (que se compone de una serie de acciones familiares) no requiere necesariamente estar presente, pues ésta puede ser mantenida a través de la memoria o de otras acciones que pueden ser compartidas desde la distancia. De acuerdo con Onrubia Goñi (2005), lo que hace que la actividad conjunta sea efectivamente conjunta no es la co-presencia física de los participantes, sino el hecho de que las partes involucradas actúan el uno para el otro y entre sí, de manera que las actuaciones de cada participante solo se entienden y cobran sentido en el marco de las actuaciones del resto de participantes.

Con el distanciamiento físico, la experiencia vivida previa al proceso migratorio, constituye un elemento clave para comprender la manera como se mantienen las relaciones y los vínculos, donde la memoria permite evocar tiempos, espacios, acciones y emociones que son significativas para los sujetos dentro de la relación materno-filial y paterno-filial. Por tanto, "abordar la memoria involucra referirse a recuerdos y olvidos, narrativas y actos, silencios y gestos. Hay un juego de saberes, pero también hay emociones. Y hay también huecos y fractura" (Jelin, 2002, p. 17).

De este modo, cuando las prácticas familiares cesan desde su hacer cotidiano -que es conjunto y colectivo-, se incrementa su valor emocional y devienen memorias familiares que permiten recordar experiencias compartidas y dar sostenibilidad al vínculo cuando no hay co-presencia física; teniendo en cuenta que estas acciones por sí solas no son suficientes, requieren de acciones continúas mediadas o de acciones creativas que permitan de cierto modo cristalizar y renovar los vínculos.

Prácticas continuas mediadas

Este tipo de prácticas conservan su continuidad pero requieren de ajustes y cambios cuando se da el distanciamiento físico, donde es necesario el uso de medios o recursos (materiales, tecnológicos y comunicativos) para generar procesos de interacción que permitan realizar intercambios entre los sujetos que participan. Así mismo, el apoyo de redes familiares y sociales es importante para llevar a cabo este tipo de prácticas en las que se incluyen rutinas familiares como las tareas escolares y el juego; tradiciones familiares como los cumpleaños; y celebraciones familiares como las navidades.

Rutinas familiares desde la distancia

Con la migración internacional, las rutinas familiares como las tareas escolares y el juego tienen ajustes y cambios en la manera como se llevan a cabo, pues ahora que los cuerpos están separados, se requiere no solo de recursos o medios, sino también del apoyo de redes familiares y sociales (amigos, vecinos, profesores) que permitan dar continuidad a las acciones que eran realizadas de manera periódica entre madres/padres e hijos/hijas.

Desde las tareas escolares que antes eran realizadas de manera conjunta, se dan algunas diferencias dependiendo de si es la madre o el padre quien migra. En el primer caso, se dan los siguientes cambios y/o ajustes: 1) Se realizan con el acompañamiento virtual de la madre migrante; 2) Se realizan con el apoyo de otras mujeres de la familia (abuelas y tías maternas) que se encuentran en el país de origen y aportan al cuidado de los hijos/hijas; 3) Se realizan con el apoyo de redes sociales como amigas o vecinas que residen en el país de origen; y 4) Son realizadas por los hijos/hijas sin el apoyo de redes familiares o sociales.

En el segundo caso, cuando quien migra es el padre, no suelen darse cambios significativos en el acompañamiento en las tareas escolares de los hijos/hijas, pues son las madres o las redes familiares femeninas quienes continúan apoyando estas tareas al ser las encargadas del cuidado. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que algunos padres realizan acompañamientos desde las conversaciones que establecen con sus hijos/hijas, donde hacen uso de medios comunicacionales y/o tecnológicos, que les permiten hablar sobre tareas escolares, indagar sobre cómo van en el colegio, qué cursos nuevos han desarrollado, o situaciones escolares cotidianas: "Podemos hablar desde simples cosas cotidianas hasta álgebra cuántica" (Padre 35 años, Cali).

En el caso de las madres, el acompañamiento virtual les permite seguir realizando acciones compartidas -como las tareas escolares- donde es posible apoyar a los hijos/hijas en sus procesos de aprendizaje. Ello implica nuevos retos y demandas que van desde aprender a usar el computador y entrar a una red de Internet, hasta contar con el tiempo, el espacio y los recursos económicos suficientes para hacer posible la comunicación; allí se hace uso de medios y recursos como llamadas telefónicas e Internet -a través de diferentes dispositivos-, mediante los cuales es posible el intercambio de mensajes escritos, de voz, o de imágenes o fotografías, que permiten realizar acciones conjuntas.

Entonces yo le digo, este por ejemplo así y le señalo este se multiplica por este así, y todos con colores, entonces le tomo la foto, ¿entendiste?, entonces ella coge y dice, "mami, pero el número que me estás diciendo es el resultado de este con este". Ahora yo le voy a poner una y usted me dice el resultado. Así hacemos nosotras tareas (Madre 47 años, Cali).

A partir del uso de medios tecnológicos y comunicacionales no solo es posible llevar a cabo acciones conjuntas mediadas o virtualizadas, sino también acceder a información sobre los hijos/ hijas en cuanto al rendimiento académico, situaciones cotidianas en el contexto escolar, o problemas que puedan poner en riesgo el cuidado y bienestar de los hijos/hijas. En el caso de las madres, por ejemplo, se recurre a la llamada telefónica, aplicaciones de mensajería instantánea para teléfonos (WhatsApp) o de redes virtuales (Facebook) para establecer comunicación con los docentes y así obtener información sobre sus hijos/hijas. Estas redes se convierten en un soporte importante especialmente cuando el apoyo de las redes familiares no es suficiente para garantizar el cuidado de los hijos/hijas.

Cuando fui a Cali, yo fui al colegio, entonces yo le dije a la profesora, "vea profesora, lo que pasa es que yo vivo en Chile y a la niña me la está cuidando, pues, mi mamá, pero mi mamá es una persona de un carácter muy fuerte, y entonces yo quisiera que usted me colabore con la niña, yo le voy a dejar mi teléfono, cualquier problemita que usted vea con la niña o alguna cosa, ahí mismo me cuenta" (Madre, 47 años, Cali).

En el caso de la migración paterna, la activación de redes de apoyo escolar no aparece, y los asuntos escolares solo son incorporados en conversaciones que se sostienen desde la distancia y que son de interés para los hijos/hijas, donde el apoyo económico y material se convierte en una responsabilidad fundamental para los padres, pues ello permite asegurar la continuidad de los estudios de sus hijos/hijas para tener un futuro mejor. En este sentido, las responsabilidades que tienen que ver con el acompañamiento escolar son delegadas generalmente a las madres y a las redes familiares femeninas, mientras que las responsabilidades de tipo económico son asumidas generalmente por los padres como un deber parental a través del envío de remesas, donde se reproduce el lugar del padre desde la proveeduría económica.

El juego, al igual que las tareas escolares, constituye una actividad compartida en la que se da una serie de ajustes cuando ocurre el distanciamiento físico; allí se construyen acciones mediadas que permiten no solo jugar, sino también generar procesos de interacción y comunicación en el que "los videojuegos permiten interactuar jugando" (Jerjes-Loaysa, 2010, p. 15). Antes de la migración, el juego se daba desde la co-presencia física, donde la relación cara a cara y la cercanía corporal eran posibles. Con el distanciamiento, el tiempo y el espacio ya no coinciden, por lo que se recurre a medios como el videojuego (Jenkins, 2009; Newman, 2008), el cual permite generar entre los sujetos intercambios visuales, escritos y conversacionales a través aparatos electrónicos y audiovisuales.

Si bien el uso de los videojuegos se daba desde antes de la migración, con el distanciamiento físico se convierte en el único medio que permite a los padres migrantes dar continuidad a la actividad del juego, a diferencia de las madres quienes no dan continuidad. En ese sentido, el juego sigue siendo una actividad conjunta entre padres y los hijos/hombres, pues permite generar situaciones de interacción mediada que posibilitan el mantenimiento de los vínculos paterno-filiales desde la distancia.

A través del PlayStation también se pueden enviar mensajes de texto y hablar por cámara, ellos a veces se comunican por Facebook, o se comunican por la Play, y por ahí hablamos. La PlayStation tiene un chat -sí, es verdad-, no solo tiene para jugar, tú puedes descargar el programa de YouTube, puedes descargar Skype (si tienes la Play con cámara), y hablar con ellos por Skype. Puedes ver películas por Blu-ray, puedes ver DVD, todo eso (Padre 35 años, Cali).

Desde el videojuego padres e hijos construyen mundos virtuales que son representados por personajes que simulan a través de una pantalla detrás de la cual hay cuerpos actuantes que están enlazados y conectados mediante diferentes estímulos que permiten la interactividad; en esta se da no solo un "proceso cíclico" en el que dos sujetos escuchan, piensan y hablan alternadamente, tal como lo señala Crawford (2003), sino también donde es posible generar actividades conjuntas.

Ruiz-Flórez (2015) propone hablar de la "figuración social ritual" -retomando el concepto de figuración social de Norbert Elías (1995)-, la cual aparece cuando "las personas comparten conocimientos dentro de un juego para poder lograr una meta conjunta" (Ruiz-Flórez, 2015, p. 18) que va más allá del juego y que permite que los sujetos implicados puedan establecer acciones comunes para generar lazos de conexión donde se dan procesos de reciprocidad.

A través del videojuego, padres e hijos establecen procesos de negociación, de escucha, conversación y diálogo, mediante los cuales comparten gustos y experiencias que les permiten comprenderse mutuamente. De este modo se producen acciones y emociones compartidas (Collins, 2009) que no requieren necesariamente estar reunidos en co-presencia física; allí el lugar del padre no se limita a la proveeduría económica y a la autoridad, sino que también está implicado en prácticas que tienen que ver con el cuidado y la construcción de lazos afectivos con sus hijos/ hijas (De Keijzer-Fokker, 2000; Pribilsky, 2004).

En este sentido, los videojuegos están estrechamente vinculados a las emociones, pues, como lo señala Lacasa Díaz (2012), se trata de una actividad que está más vinculada con la emoción que con el conocimiento. Dichas emociones son generadas por "las propias acciones del jugador, o de las interacciones del jugador con otros" (González-González y Blanco-Izquierdo, 2009, p. 77).

Tradiciones y celebraciones familiares desde la distancia

Los cumpleaños (tradición familiar) y las navidades (celebración familiar) constituyen dos actividades que siguen teniendo importancia dentro de la relación y el vínculo parento-filial, aun desde la distancia física, por lo que se siguen realizando de manera estacional, donde madres y padres inmigrantes hacen esfuerzos por estar presentes de manera virtual y/o simbólica en estas fechas especiales, a través de medios y recursos como los regalos, el dinero, las llamadas telefónicas, los mensajes de texto, las redes sociales virtuales (como el Facebook) y la circulación de fotografías, todo lo cual ayuda a materializar el lazo existente.

En el caso de los hijos/hijas, los cumpleaños y las navidades se suelen celebrar con otros miembros de la familia a quienes la madre o el padre inmigrante les encomienda festejar o comprar los regalos, de manera que haya continuidad en algunas acciones que se realizaban en esta fecha. En las navidades se suelen enviar especialmente regalos y dinero el 24 de diciembre, donde madres y padres recurren a redes familiares y sociales para el envío y/o entrega en el país de origen. Así mismo, se conservan y circulan fotografías, se realizan llamadas o se envían mensajes en las celebraciones de fin de año y de año nuevo: "Me han enviado fotos, de regalo me han enviado la Tablet, también me han regalado el estreno de diciembre" (Hijo 21 años, Buenaventura).

De este modo, madres y padres generan situaciones de interacción mediada (a través recursos y medios materiales, tecnológicos y comunicativos) que les permite seguir realizando acciones conjuntas que, aunque no estén situadas en el mismo tiempo y espacio, permiten establecer y sostener lazos afectivos, donde la emocionalidad asociada a la vida familiar permite, como lo plantea Morgan (2013), que los sujetos se sientan renovados a través de la reafirmación de lo que es compartido, siendo el cumpleaños una fecha importante para renovar y fortalecer el vínculo: "yo siento que ella me quiere mucho cuando me manda los regalos" (Hija 11 años, Cali).

Prácticas creativas

Este tipo de prácticas se construyen y/o fortalecen con el distanciamiento físico, presentando diferentes regularidades de acuerdo con la manera como se vivencia la relación y el vínculo en cada experiencia familiar. Estas prácticas se crean y recrean constantemente para facilitar la conexión entre quienes están distantes físicamente a partir del uso de tecnologías de la información y la comunicación -TICs-, las cuales permiten generar intercambios comunicativos entre padres, madres e hijos/hijas a través del uso de diferentes medios y recursos (llamadas telefónicas, mensajes de voz, mensajes de texto, videollamadas, videojuegos, redes sociales virtuales).

En estas prácticas se incluyen rutinas de comunicación mediada que incorporan: 1) Las rutinas conversacionales y 2) Los intercambios visuales, los cuales permiten retratar de manera instantánea la vida familiar cotidiana, ya sea desde las rutinas, las tradiciones o las celebraciones familiares. El apoyo ofrecido en las redes familiares -al igual que en las prácticas continuas mediadas- es importante por cuanto se convierten en mediadoras de las prácticas.

Hablar de prácticas creativas implica hablar de la familia desde un "hacer" constante y permanente, donde madres, padres e hijos/hijas crean y recrean diversas formas para mantener las relaciones y los vínculos, haciendo uso de recursos y medios que les permiten crear y/o dar continuidad a una serie de acciones -periódicas, comunes y compartidas-, que aunque estén descorpo-rizadas permiten mantener el lazo desde la distancia, produciendo cambios y/o ajustes que están atravesados por tensiones y conflictos en la vida familiar.

En este sentido, las prácticas creativas hacen referencia a aquellas acciones que se realizan de manera conjunta (entre quienes se van y quienes se quedan) y tienen sentido y significado para los sujetos cuando se da el distanciamiento físico; se utilizan para ello medios y recursos (tecnológicos y comunicativos) que permiten generar procesos de interacción mediada a partir de una serie de cambios y ajustes que se dan en la vida familiar cotidiana, y que permiten el mantenimiento de la relación y el vínculo parento-filial desde la distancia. Desde esta perspectiva, Joas (1996) en su libro la creatividad de la acción reconoce que en las prácticas está "contenida una capacidad de agencia o potencial creativo y un contexto de interacción; cada acción ocurre en un escenario particular que facilita (u obstruye) el desarrollo de diversas racionalidades o capacidades creativas" (Joas, 1996, pp. 147-148).

Rutinas conversacionales

Con los procesos migratorios, los miembros de la familia despliegan una cierta creatividad que les permite generar otras formas de interacción que sobrepasan lo normativo, donde las acciones -ritualizadas y descorporizadas- que se llevan a cabo requieren de la construcción de espacios creativos que permitan la circulación y transferencia de textos, imágenes, voces, escritos y sonidos que conectan a quienes están distantes. De esta forma, se producen ritualidades mediadas -o ritualidades mediáticas, como las denomina Borobio-García (2011)-, definidas como aquellas:

Que se producen en esta era de las imágenes, de las pantallas y de las cámaras, de los concursos, del marketing, de la comunicación por la red... Todo ello comporta una ritualidad cercana o distante, a través de móviles, videos, SMS, blog personal, facebuck... Se trata de una nueva forma de construcción de la identidad individual y grupal (p. 21).

En los casos estudiados, el medio más utilizado para comunicarse es el teléfono celular y en menos proporción el computador, pues constituye un dispositivo en el que es posible hacer llamadas telefónicas, enviar mensajes de voz y de texto, circular imágenes, tomar fotografías y realizar videollamadas (a partir de aplicaciones móviles como el WhatsApp), permitiendo generar procesos de interacción desde la distancia. Así mismo, el uso de redes sociales virtuales como el Facebook y de aplicaciones como Skype, se convierten en una herramienta importante para comunicarse, aunque su uso no sea tan frecuente como el del WhatsApp.

De este modo, el mantenimiento de la interacción requiere de una serie de recursos que garanticen la periodicidad en la comunicación; Goffman los denomina "recursos seguros" y se refiere a ellos como "reservas de mensajes a las cuales pueden acudir los individuos cuando se hallan en una situación en la que deben mantener un intercambio aunque no tengan nada que decir" (Goffman, 1991, p. 105). En ellos se incluyen -según el mismo autor- no solo temas de conversación que tienen que ver con los niños/niñas, el tiempo, la salud, los chismes y las bromas, sino también comportamientos no orales como el juego, que hacen parte de la cotidianidad misma.

De esta forma, "el tipo más frecuente de interacción cotidiana es la conversación corriente" (Collins, 2009, p. 96), que se hace necesaria e importante cuando se da el distanciamiento físico, pues aunque el uso de medios de comunicación electrónicos "no sigan el mismo ritmo de la participación oral inmediata" (Collins, 2009, p. 90), permiten que los padres/madres e hijos/hijas puedan establecer dinámicas relacionales y vinculantes desde la distancia, ya que través de la conversación regular se accede a la realidad del otro y a lo que sucede en la vida familiar cotidiana, a partir de lo cual es posible generar experiencias conjuntas y compartidas: "Ella nos llama todas las noches para despedirse de nosotros, y yo hablo con ella en las noches, con el celular de mi hermana" (Hija, 15 años, Cali).

En las conversaciones orales -donde hay una transmisión de la voz a través de un aparato electrónico- se utilizan las llamadas telefónicas, los mensajes de voz y las videollamadas, mientras que en las conversaciones escritas se envían mensajes a través de diferentes medios (aplicaciones móviles como el WhatsApp, redes sociales virtuales, el Skype o videojuegos como el PlayStation -a través de chats interactivos-) que permiten construir un "discurso electrónico" (Davis & Brewer, 1997) en el que se generan rituales de intercambio escrito (Sánchez-Estévez y Zires-Roldán, 2015) que vinculan las emociones: "le escribo para que él sienta que yo, de una u otra forma, estoy con él" (Madre 39 años, Palmira).

Dentro de las rutinas conversacionales -o rituales conversacionales como los denomina Collins, 2009-, en las que es posible hablar sobre lo que ha acontecido en el hoy, así como de experiencias pasadas, la regularidad y el contenido constituyen dos elementos fundamentales, pues permiten estar "presente" en la vida los hijos/hijas (desde sus necesidades, sentimientos, emociones, actividades diarias), y saber de lo que acontece en la vida familiar cotidiana. De este modo, comunicarse de manera regular en el tiempo es una forma de estar presente cuando se está ausente físicamente, incluso para algunas madres es una forma de que sus hijos/hijas no se sientan "abandonado(a)s".

Intercambios visuales mediados

Al igual que las conversaciones verbales y escritas, el intercambio de imágenes fotográficas constituye un elemento importante para mantener el vínculo, pues a través de éstas se incorpora y hace partícipe, a quien está distante físicamente, de lo que está sucediendo en el "aquí" y en el "ahora", a partir de la transferencia de imágenes digitales que llegan en segundos con ayuda de dispositivos, aplicaciones tecnológicas y redes sociales.

Las fotografías representan visualmente a la familia, y específicamente a quienes sostienen relaciones y vínculos parento-filiales, donde el uso regular de imágenes fotográficas va desde representaciones cuidadosamente enmarcadas y exhibidas públicamente, hasta imágenes en Internet o en los teléfonos móviles (Davies, 2010). A través de la fotografía se rememoran acciones conjuntas que son llevadas a cabo dentro de la vida familiar cotidiana; allí se retrata no solo el pasado compartido y vivido, sino también lo que acontece en lo cotidiano, "lo que pasa todos los días", convirtiéndose en un recurso que permite registrar y compartir la vida familiar cotidiana desde la distancia.

Si bien la fotografía digital o electrónica tiene un paso fugaz en el tiempo, en tanto "ellas no claman por la eternidad marmórea de lo inmóvil, sino quizás al contrario por la intensamente magnífica eternidad del tiempo-instante, del tiempo-ahora como tiempo-pleno" (Brea-Cobo, 2007, p. 153), en este contexto las fotografías no sólo ayudan a "percibir las sensaciones que tuvo otra persona, en otro momento y lugar" (Lévy, 1999, p. 20), sino también a experimentar sentimientos y emociones -fortaleza, alegría, angustia, dolor y melancolía- que se enlazan con las acciones familiares del presente, donde se conecta el "aquí" y el "allá".

CONCLUSIONES

Con la migración internacional de la madre y/o el padre se producen cambios y ajustes en la vida familiar, pues sus miembros ya no corresiden bajo el mismo techo y/o el mismo país, y no se establecen procesos de interacción -inmediata- que permitan establecer encuentros cara a cara de manera periódica o recurrente. Es así que con el distanciamiento físico las prácticas familiares se descorporizan y desterritorializan, se producen procesos de interacción mediada que requieren del uso de diferentes medios y recursos que transitan dentro del espacio transnacional y que permiten mantener las relaciones y los vínculos desde la distancia. Desde aquí se argumenta que los medios y recursos son parte de la práctica familiar, pero no son la práctica en sí misma, puesto que la práctica familiar incorpora un conjunto de acciones ritualizadas que son regulares en el tiempo y que tienen sentido y significado para los sujetos; en estas se establecen procesos de interacción mediada que requieren el uso de diferentes medios y recursos (materiales, tecnológicos, comuni-cacionales, y recuerdos de experiencias compartidas) que permitan mantener las relaciones y los vínculos desde la distancia.

De este modo, la separación del tiempo y el espacio demarca un cambio importante en la vida familiar, pues implica la utilización de diferentes medios y recursos que permitan sostener y mantener las relaciones y los vínculos desde la distancia física, en el que se producen presencias que van más allá de lo físico y lo corporal. Ello permite comprender, en parte, las particularidades y singularidades de las familias en situación de transnacionalidad respecto a otros tipos de familia que no han vivido este tipo de procesos -generados a partir de la migración internacional de uno o más de sus miembros-, en tanto se definen otras formas de "hacer" familia que superan la co-presencia física y la co-residencia.

En este sentido, se proponen tres tipos de prácticas familiares (entendidas como acciones familiares ritualizadas) que se dan desde la distancia, las cuales recogen las voces y experiencias de los sujetos entrevistados. Estas prácticas son: 1) Las prácticas discontinuas, 2) Las prácticas continuas mediadas y 3) Las prácticas creativas.

Las prácticas discontinuas hacen referencia a aquellas prácticas que se daban entre padres/ madres e hijos/hijas antes de la migración, y que con el distanciamiento físico ya no son posibles, pues requieren de la congregación de los cuerpos en el mismo espacio y tiempo. Desde aquí los sujetos recurren a la memoria familiar como una acción que permite recordar experiencias compartidas en el pasado, que tienen que ver con rutinas familiares como la alimentación familiar, ver televisión o películas y dormir juntos. Desde las acciones de memoria se reconoce que éstas por sí solas no son suficientes para mantener la relación y el vínculo desde la distancia, pues se requiere de acciones continuas mediadas o de acciones creativas que permitan cristalizar y renovar los vínculos.

A diferencia de las prácticas discontinuas, las prácticas continuas mediadas hacen referencia a aquellas prácticas que conservan su continuidad pero que requieren de ajustes cuando se da el distanciamiento físico, por ello es necesario el uso de recursos y medios (materiales, tecnológicos y comunicativos) para generar procesos de interacción mediada entre quienes se encuentran distantes físicamente. Estas prácticas incluyen rutinas familiares (tareas escolares y el juego), tradiciones (cumpleaños) y celebraciones familiares (navidades).

En este sentido se generan situaciones de interacción mediada que permiten seguir haciendo parte de actividades conjuntas y compartidas, las cuales están estrechamente vinculadas con experiencias emocionales que conectan a quienes no están presentes físicamente. Al igual que el uso de recursos y medios, la construcción de redes familiares resulta ser un soporte importante desde la distancia, puesto que se convierten en mediadores de las prácticas al dar continuidad a actividades familiares que eran llevadas a cabo por la madre y/o el padre antes de la migración.

Las prácticas familiares creativas, por su parte, son prácticas que se construyen y/o fortalecen con el distanciamiento físico para hacer posible la conexión entre quienes están distantes físicamente, siendo las tecnologías de la información y la comunicación un medio importante para llevarlas a cabo. Éstas prácticas están referidas a las rutinas de comunicación mediada, en las que se incluyen las rutinas conversacionales mediadas y los intercambios visuales mediados, que permiten establecer lazos y conexiones entre los que están "aquí" y "allá". Desde las rutinas conversacionales se establecen conversaciones escritas y orales que hacen uso de diferentes medios y recursos (llamadas telefónicas, mensajes de voz, videollamadas, aplicaciones móviles como el WhatsApp, redes sociales como el Facebook, el Skype y los videojuegos), donde la regularidad en la comunicación y los contenidos cumplen un papel importante para mantener la relación y el vínculo desde la distancia. En este sentido, la comunicación regular -en el tiempo- permite dar sostenibilidad a la relación y al vínculo desde la distancia, considerando no solo los contenidos, sino también las acciones familiares conjuntas y compartidas en las que es posible construir experiencias emocionales comunes.

En cuanto a los intercambios visuales mediados, la circulación de imágenes y fotografías constituye un elemento importante, pues permite no solo rememorar acciones conjuntas (tradiciones y celebraciones familiares) que hacían parte del pasado compartido, sino también retratar la vida familiar cotidiana, "lo que pasa todos los días", desde las rutinas que son llevadas a cabo por madres/padres inmigrantes en Santiago de Chile y sus hijos/hijas ubicados en Colombia.

A partir de las reflexiones anteriores, este trabajo plantea que la realización y conexión de las tres prácticas familiares (discontinuas, continuas mediadas y creativas) permiten dar mayor sostenibilidad y solidez al vínculo afectivo desde la distancia física, pues se recurre a la memoria familiar, se da continuidad a ciertas prácticas -que eran realizadas antes de la migración internacional-, y se construyen prácticas creativas a partir del uso de diferentes medios y recursos que permiten mantener una vida familiar cotidiana; allí la regularidad en el tiempo, la construcción de actividades conjuntas y compartidas (que tienen sentido y significado para los sujetos), así como de emociones y experiencias comunes, constituyen elementos fundamentales para mantener o renovar la relación y el vínculo, sin desconocer que también se producen conflictos, tensiones y alejamientos dentro de la relación parento-filial.

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Notas

1 Artículo derivado de la tesis doctoral “Prácticas familiares en la distancia: madres y padres colombianos inmigrantes en Santiago de Chile”, financiada por la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) de Chile, a través de sus becas de formación humana para estudiantes sin permanencia definitiva (Fecha de inicio febrero de 2015. Fecha de finalización agosto de 2018).
Forma de citar este artículo en APA: Zapata-Martínez, A. (enero-junio, 2020). Prácticas familiares a distancia en contextos de migración internacional materna y/o paterna. Revista Colombiana de Ciencias Sociales, 77(1), pp. 123-152. DOI: https://doi.org/10.21501/22161201.2978
CONFLICTO DE INTERESES La autora declara la inexistencia de conflicto de interés con institución o asociación comercial de cualquier índole.
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