Artigos originais
Teoría y práctica: algunos elementos para la reflexión*
Teoria e prática: alguns elementos para reflexão
Theory and practice: some elements for reflection
Teoría y práctica: algunos elementos para la reflexión*
Revista Família, Ciclos de Vida e Saúde no Contexto Social, vol. 2, núm. 3, pp. 169-177, 2014
Universidade Federal do Triângulo Mineiro

Recepción: 02 Marzo 2014
Aprobación: 05 Agosto 2014
Resumen: El artículo analiza la habitual separación entre teoría y práctica utilizando puntos de referencia de la filosofía y centrándose en el campo de la educación, particularmente la formación del profesorado. Para analizar este fenómeno, sugiere que las teorías deben considerarse como paradigmas, según el diseño de Thomas Kuhn. En esta línea de pensamiento, sugiere que en el debate entre paradigmas, así como en la opción por una o más teorías como apoyo a la práctica pedagógica, participan factores intelectuales y también emocionales. Por último, indica la relevancia de los estudios sobre retórica, para conocer las técnicas de persuasión que son enviadas a todos los participantes de este debate.
Palabras clave: Educación, Aprendizaje, Docentes.
Resumo: O artigo analisa a usual separação entre teoria e prática utilizando referenciais da filosofia e focalizando o campo da educação, particularmente a formação de professores. Para analisar esse fenômeno, sugere que as teorias sejam vistas como paradigmas, segundo a concepção de Thomas Kuhn. Nessa linha de pensamento, sugere que o debate entre paradigmas, bem como a opção por uma ou mais teorias como suporte à prática pedagógica, envolve fatores intelectuais e também emocionais. Ainda, indica a relevância de estudos sobre a arte retórica, para que todos os participantes do referido debate conheçam as técnicas de persuasão a que são submetidos.
Palavras-chave: Educação, Aprendizagem, Docentes.
Abstract: The paper examine the usual separation between theory and practice using benchmarks of philosophy and focusing education, particularly the training of teachers. To examine this phenomenon, it suggests that theories are considered as paradigms, according Thomas Kuhn conceptions. Following this thought, it suggests that the debate among paradigms, as well the option for one or more theories as supporting pedagogical practice, involves intellectual and emotional factors. Still, it indicates the relevance of studies on the art of rhetoric, for that all participants of this debate meet the persuasion techniques that are submitted.
Keywords: Education, Learning, Faculty.
INTRODUCCIÓN
El tema de las relaciones entre teoría y práctica es recurrente en todos los campos profesionales, pero ocupa un lugar de especial destaque en los cursos de formación inicial y de formación continuada que involucran actividades de intervención en algún aspecto de la realidad – lo que constituye la gran mayoría de los casos.
El debate sobre ese tema aparece en variadas formas, y tal vez la más común sea la que discute acerca de la oposición entre fundamentos teóricos, de un lado, y actividades prácticas, de otro. Se trata de la conocida discusión “teoría versus práctica”, en la cual se encuentra la célebre frase “en la práctica, la teoría es otra”1.
En ésa línea de raciocinio, lo que se acostumbra decir, en suma, es que la teorización transportada durante los cursos de formación profesional y formación continuada sirve de poco – o no sirve de nada, dependiendo de la radicalidad del debate – cuando son llevadas al terreno de las acciones que las personas precisan desempeñar en variados oficios.
Antes de iniciar a abordar el tema, hay dos aclaraciones. Primero, el asunto estará basado en referenciales en el ámbito de la filosofía, una vez que la polémica en que involucra es de naturaleza epistemológica, relativa a lo que se entiende por “conocimiento teórico”, considerando la función de la teoría para la vida en general y también lo que se entiende por “práctica”. Segundo, el asunto será examinado tomando como base la educación, mas precisamente la formación de profesores y enfatizar que éste revuelo no depende del campo de conocimiento que esté en pauta, desde que ése conocimiento tenga por objetivo orientar conductas, acciones prácticas.
El objetivo de éste trabajo es incentivar la reflección y el debate sobre el tema de las relaciones entre teoría y práctica. Por ese motivo, no será ofrecer fórmulas para solucionar los dilemas. La intención de éste texto consiste, solamente, en presentar algunas consideraciones y sugestiones basadas en el pensamiento y estudio al respecto de ése problema en los últimos años.
MÉTODO
Las consideraciones y sugestiones derivan de las investigaciones que vienen siendo desarrolladas en el ámbito del Grupo de Investigación Retórica y Argumentación en la Pedagogía. El enfoque metodológico es fundamentado en las reflexiones de Aristóteles y en los desarrollos de la filosofía aristotélica elaborados por autores contemporáneos, como Chaim Perelman2 y Stephen Toulmin3.
Conforme será posible notar, en el transcurrir de éste texto, se partirá del principio de que los discursos que transportan formulaciones teóricas tienen la intención de influir las prácticas pedagógicas, razón por la cual hay una búsqueda de comprenderlos por medio del examen de las estrategias de argumentos utilizadas por sus autores para persuadir los destinatarios de sus tesis, que son los alumnos de los cursos de formación de profesores y los profesionales que actúan en el área de la educación.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Una descripción más viva del problema
Prácticamente todos los que trabajan en el área de formación de profesores ya tuvieron contacto con la manifestación de cierto sentimiento muy común entre los estudiantes que se preparan para el oficio de magisterio y también entre los profesionales que actúan en la educación básica: el sentimiento de que las teorías enseñadas durante los años de formación no se aplican a las situaciones reales de las escuelas, particularmente al que acontece en los espacios de las clases.
Es como si hubiese un universo perfecto en que todo se encaja; todo funciona según los ideales de los teóricos, de un lado; y, del otro lado, un reino de imperfecciones y disfunciones jamás imaginado por los autores de las teorías. Todas las teorizaciones sobre desarrollo humano, aprendizaje, métodos de enseñanza, gestión escolar y otros – todo se derrite en el aire, todo se transforma en palabras sin nexo, en cuanto el profesor se adentra en los muros de la institución de enseñanza.
Ese sentimento comienza a esbozarse, en la verdad, mucho antes del inicio de la vida profesional, así que el estudiante comienza a realizar las prácticas curriculares que lo colocan en contacto directo con la vida escolar.
La sensación de desamparo es grande en ese momento; y la solución que se presenta como la más viable es el acomodo a modelos que ya son rutinariamente adoptados por los que trabajan hace más tiempo. Esa actitud contribuye para que las condiciones de enseñanza se perpetúen, para bien o para mal.
En la mayoría de las veces para mal, infelizmente, pues éste tipo de solución reafirma hábitos rutinarios, pudiendo ser calificado como reaccionario, en el sentido de que reacciona o reactiva una serie de acciones practicadas sin reflexión, sin cuestionamiento.
Debe reconocerse, en éste punto, que se está echando mano de generalizaciones. Es necesario recordar que muchos jóvenes profesores se muestran capaces de enfrentar las adversidades y superar las dificultades iniciales de la profesión, manteniendo viva la llama de lo inventivo, que es tan necesaria en la actividad docente. En cuanto a los docentes más antiguos, es necesario reconocer que muchos de ellos desarrollaron acciones dignas de lo que se espera de un buen profesor siendo, también, generosos y acogedores con los compañeros iniciantes. Además, es importante destacar, que existen muchos cursos de licenciatura seriamente empeñados en combatir la dicotomía entre teoría y práctica.
Las generalizaciones aqui anotadas sirven solamente para evidenciar la existência, en la actualidad, de una inclinación – mas o menos fuerte, dependiendo del contexto examinado - al olvido de las teorías cuando el profesional ingresa en el mundo de la práctica. Más allá de eso, parece haber en los días actuales una tendencia a renegar el universo teórico como si el hacer fuese independiente de teorizaciones o, todavía más, como si las acciones fuesen más exitosas cuando se les priva de teorías.
Una investigación sobre los Orígenes del problema
La etimología nos enseña que la palabra “teoría” deriva originalmente del griego theoría, significando un tipo de conocimiento meramente racional, o conjunto de principios fundamentales de un arte o una ciencia. La palabra “práctica” a la vez, originaria del griego praktike, tiene la conotación de “experiencia”, vocablo heredado del latín con el significado de habilidad, o algo “empírico”, término derivado igualmente del latín, traduciendo la idea de conocimiento cuya adquisición es independiente del estudio4.
En la filosofia griega antigua, se daba el nombre de conocimiento teórico a aquello que no tenía aplicación práctica; un saber puro y desinteresado, desvinculado de la experiencia, o sea, de la práctica5. La distinción entre teoría y práctica asumió carácter extremo por intermedio de Platón, para quien theoría se identificaba con la idea de ‘contemplación’, concepto que expresa la actitud propia del filósofo, aquel que conoce lo que es siempre y no cambia jamás, lo que permanece, independiente de las intemperies del mundo concreto.
El filósofo platónico es aquél que conoce la totalidad del ser haciendo uso de ese recurso intelectual, la actitud contemplativa que permite aprehender las cosas en su esencia y no en su apariencia, que es el modo como ellas se presentan para el hombe común. Lo que se presenta a los demás hombres no pasa de ilusión, sombras de la verdadera e inmutable forma de las cosas6,7.
Platón se encuentra, por lo tanto, en el origen de un modo de pensar que atravesó los siglos: las cosas que habitan el universo de la teoría son las verdaderas y, por eso más valiosas de que aquellas que encontramos en la esfera de la práctica. Para llegar a la verdad, es necesario que el hombre se aparte de las vivencias de la vida cotidiana, de la experiencia con lo que aparenta ser verdadero, cuando no es. En ésa vía de pensamiento, solo la teoría puede revelar la esencia de los seres del mundo, incluyendo el propio hombre; solo la teoría puede guiar la actuación del hombre en este mundo poblado por seres transitorios e ilusorios que son afectados por el tiempo y por las circunstancias.
Las concepciones platónicas fueron posteriormente incorporadas a la filosofía cristiana, especialmente por intermedio de Agustín, que identificó el espacio de las cosas inmutables y verdaderas aprehendidas por el intelecto, tal cual descrito por Platón, al reino de Dios. Para Agustín, Dios es la inmutabilidad y la verdad a que se refiere Platón; el hombre solo se vuelve capaz de conocer cuando es iluminado por la sabiduría divina, pues Dios reside en el interior del hombre, constituyendo su esencia. El apego a las cosas terrenas representa la eliminación del hombre delante de Dios, proceso que, en la teología cristiana, recibe el nombre de pecado8.
El surgimiento del problema contemporáneo
Siguiendo la línea de pensamiento que desciende de los griegos y atraviesa la era medieval, se comprende el origen de la dicotomía entre teoría y práctica, pero si es llevado al opuesto de la tendencia, como es indicado arriba – característica de la contemporaneidad, cual sea, la desconsideración o mismo negación de la teoría ante la práctica.
De acuerdo con el pensamiento antiguo y medieval, deberían ser privilegiados los componentes del intelecto o del espíritu en detrimento de mero hacer. Las escuelas, por lo tanto, deberían empeñarse en transmitir teorizaciones sobre la realidad, sin ocuparse con la inserción de los alumnos en el universo de la acción, considerado indigno del hombre.
De hecho, ese modo de pensar marcó la educación durante mucho tiempo, constituyendo uno de los trazos del que genéricamente es denominado ‘enseñanza tradicional’, una manera de educar pautada tanto en la autoridad del maestro como en el valor atribuido a los saberes consolidados en los libros, cuyas páginas reúnen todo el conocimiento producido por el intelecto humano, toda la verdad producida por las ciencias y por la filosofía.
Las orientaciones morales valen más de que las enseñanzas concernientes al trabajo, por ejemplo; la formación teórica debe suplir el contacto con la vida empírica; se forma no para la vida, sino para contemplar la vida; no por medio de la experiencia, sino exclusivamente por intermedio del pensamiento.
Ese es uno de los motivos – entre otros, por cierto – de por qué la educación escolar fue por tanto tiempo un privilegio de pocos niños y jóvenes. La escuela era una institución destinada e interesante solamente para quien tenía tiempo y recursos financieros para permanecer alejado del trabajo; las lecciones enseñadas cultivaban una persona versada en teorías y valores en altísimo nivel de ilustración, pero desprovista de herramientas para enfrentar una profesión – a no ser, claro, una de las profesiones llamadas ‘liberales’.
Sucede que la historia de las ideas no siguió una línea recta. Enseguida en el inicio de la era moderna surgió lo que se puede considerar una disidencia del platonismo, la filosofía empirista de autores como John Locke, Francis Bacon y David Hume. El empirismo defiende que el conocimiento viene de la experiencia, de las sensaciones, de aquello que impresiona por medio de los órganos sensoriales, constituyendo a posteriori la mente5.
Hume9,10 explica que lo que es llamado de ’yo’ no es nada más que un ‘haz de direcciones’ un montón de sensaciones que se precipita desordenadamente para dentro de los seres, adquiriendo cierta articulación por obra de algunos principios ordenadores muy simples – semejanza, contigüidad y casualidad.
Las concepciones empiristas no implican la negación radical del intelecto, pero ciertamente llevan a considerar que las ideas y la propia mente, donde las ideas se depositan, son dependientes de lo que es externo; no hay nada de innato en el hombre excepto una difusa naturalidd humana capaz de atrapar lo que es transportado por los sentidos, como afirma Hume9,10; todo lo que el ser humano es, deriva prioritariamente de la experiencia, de la acción. Llevado al extremo como ocurrió de hecho en el transcurrir de la modernidad, el empirismo resultó en el predominio de la práctica, lo que habla respecto la adquisición de conocimiento, colocando en segundo plano la teoría y ocasionando el rechazo de todas las formas de intelectualismo. Invirtiendo la visión platónica, el empirismo instituyó el imperio de la práctica sobre la teoría.
La inclinación dualista
El filósofo John Dewey11 dice que al hombre le gusta pensar de forma extremada, posicionando las ideas en polos que se oponen mutuamente.; hay una tendencia al raciocinio de manera polarizada, dualista, pensando siempre en términos de ‘o esto o aquello’; al calificar alguna cosa como verdadera, inmediatamente se busca su opuesto para calificarlo como inválido, equivocado, insuficiente; hay dificultad en admitir la existencia de posiciones intermediarias.
La historia de la filosofía confirma el comentario de Dewey11. El racionalismo de Platón establece la teoría como prioritaria, descalificando la práctica, mientras que el empirismo de los pensadores modernos conduce al polo opuesto, invirtiendo la ecuación, privilegiando la acción en detrimento de la contemplación.
En la educación no es diferente: dos corrientes pedagógicas discrepando hace siglos, una diciendo que educar es un proceso que se hace ‘ de dentro para fuera’, o sea, que la formación del hombre debe focalizar exclusivamente la vida interior, el intelecto y las instancias mentales que responden por la adquisición de principios morales previamente establecidos; otra vertiente define educación como procedimiento que opera ‘de fuera hacia dentro’, esto es, como conjunto de presiones externas que deben resultar en la constitución del intelecto y de la moral.
El problema de la oposición entre teoría y práctica comienza cuando el estudiante o el profesional de la educación perciben la discordancia que existe entre las concepciones teóricas que componen el campo de la pedagogía. Se cree que sea ése el primero y decisivo paso para instaurar aquella sensación de desamparo mencionado en el inicio del texto, tan sorprendente en el momento en que la persona se enfrente con la realidad de la escuela y de la sala de clase, y percibe que todo lo que parecía tan sólido se deshace en el aire.
Quien se inicia en el estudio de las teorías tiene dificultad para entender cómo es posible que existan afirmaciones tan dispares acerca de los mismos objetos – la persona humana, su proceso de desarrollo, los factores que favorecen o perjudican el aprendizaje, las mejores formas de conducir a alguien al conocimiento. La impresión que se tiene es la de vivir en una eterna duda, como si ninguna fórmula teórica fuese capaz de aumentar la aceptación unánime.
Siguiendo la tendencia humana para la polarización, quien se enfrenta con ésa disparidad teórica tiende por posicionar una teoría contra la otra, como si todas ellas participaran de un combate para decidir cuál es la mejor y, consecuentemente, cuál es la peor; cuál de ellas es verdadera o equivocada; cuál se aplica con perfección a los fenómenos educacionales y cuál presenta una visión falsa de los fenómenos educacionales. El principiante en las teorías se posiciona como si fuese el juez en un tribunal, teniendo como obligación ofrecer un veredicto, como culpable o inocente.
Las teorias como paradigmas
Es posible de que los cursos de formación profesional y formación continuada podrían beneficiar sobremanera a los estudiantes si trabajasen una noción considerada esencial para entender el universo de las teorías y, por consecuencia, la relación entre teoría y práctica: la noción de ‘paradigma’, según la elaboración hecha por Thomas Kuhn inicialmente en la obra La estructura de las revoluciones científicas12. Y, posteriormente en el libro El camino desde La Estructura13.
Kuhn muestra que el campo científico es organizado, de manera general, en comunidades de investigadores que se articulan en torno de paradigmas, cada cual estableciendo problemas, soluciones y métodos propios para abordar cuestiones específicas de investigación; cada comunidad de investigadores adopta el paradigma de su preferencia, pero, cuando determinadas circunstancias así lo exigen o permiten, se instala intenso debate entre los científicos, lo que puede resultar en la sustitución del paradigma vigente por otro.
Los sectores que involucran intervención sobre algún aspecto de la realidad buscan subsidios en las ciencias para constituir sus propias teorías y, así, elaborar fundamentos para las acciones dirigidas a sus objetos específicos de actuación. Cuando las ciencias en que son buscados ésos fundamentos están debatiendo los paradigmas que disputan la hegemonía en determinada comunidad científica, aquéllos sectores de actuación práctica quedan, muchas veces, a la deriva, sin conseguir definir los parámetros que marcan el norte de sus acciones.
Se toma el caso de la educación para ilustrar esa idea: para actuar sobre los fenómenos del aprendizaje, por ejemplo, es preciso definir lo que es aprendizaje, cuales son los factores que constituyen ese proceso, lo que facilita y lo que dificulta su efectuación, y, así, deliberar sobre los métodos de enseñanza más adecuados. Para responder a ésas indagaciones, pueden ser proclamados los saberes de la psicología, como de hecho sucede, pero la psicología no es un campo unitario de conocimiento; la psicología está constituida por paradigmas concurrentes en que los medios de la comunidad científica de los psicólogos, pueda formular definiciones consensuales, absolutas, para orientar las prácticas pedagógicas14,15.
Cabe recordar que la educación depende también de otras ciencias, cuyos paradigmas son llamados para auxiliar en la tarea de delinear las teorías y las prácticas educacionales. Las teorías de la educación involucran conocimientos de áreas como la filosofía, la antropología, la sociología y otras, en las cuales el debate paradigmático es constante, tanto como en la psicología.
Las ideas de Thomas Kuhn ayudan a entender que ésos debates tienen un único objetivo, que es simplemente el de aumentar adeptos, pues un paradigma se vuelve dominante no por causa del conjunto de verdades que supuestamente contiene, sino debido al poder de persuación sustentado por sus defensores. Quien fuera mas persuasivo en la defensa de sus formulaciones paradigmáticas conquistará más seguidores los cuales, a su vez , podrán ocupar posiciones influyentes en universidades, agencias de fomento a la investigación, editorial de periódicos y libros, posiciones que les permiten abarcar más la divulgación y la implementación del paradigma que defienden.
Persuasión y pasiones
La afirmación de que el poder de un paradigma viene de la persuasión y no de verdades contenidas en sus proposiciones puede parecer extraña y, hasta mismo, asustadora para muchas personas.
Es más habitual pensar que los científicos sólo dan su aval a una teoría cuando ella es verdadera, o sea, cuando corresponde exactamente a lo que pasa en la naturaleza, como si los enunciados teóricos espejasen fielmente lo real.
Siguiendo los conceptos de Kuhn, esa es una idea equivocada, pues lo que lleva a una teoría a ser ratificada científicamente y a su plausibilidad, es el hecho de describir con cierto grado de verdad lo que realmente sucede. Esto significa que existe también cierto grado de error en las teorías aceptadas. La cuestión es saber como se determina el margen de error aceptable para que una teoría sea adoptada por una comunidad de científicos.
El debate entre paradigmas, por lo tanto, tiene como objetivo determinar el margen de error aceptable en las teorías, lo que significa reducir el grado de incertidumbre que impregna todas las formulaciones teóricas. Como se ha dicho, no se trata de decidir sobre dónde o con quien está la verdad, sino sobre lo que es más aceptable para que la actividad de los científicos pueda continuar avanzando. En ese debate, son colocados en escena argumentos que apelan a la racionalidad y también argumentos que se encuentran fuera de la esfera de la razón, una vez que hablan respecto a las pasiones.
La palabra ‘pasión’ deriva del griego pathos, originando el término latino passio, cuyo significado habla respecto a una perturbación del alma, un impulso que aproxima de la animalidad17.
Aristóteles18, en la Retórica, define las pasiones como aquello que altera los seres humanos e influye en la constitución de los juicios que se hace sobre las cosas. Los componentes pasionales, o emocionales, huyen al control de la razón, pero tienen participación activa en los posicionamientos ante las cosas que cercan los hombres; las emociones son determinantes de las deliberaciones que se hacen delante de situaciones que involucran controversias, como las que se establecen entre las teorías que afectan el campo de la educación.
La discusión sobre los vínculos entre el intelecto y las pasiones está dominada por un concepto que coloca las emociones aparte del raciocinio, normalmente como algo que entorpece el pensamiento racional y la deliberación justa. Ese concepto constituye un dualismo insostenible, pues, lo que ocurre, de hecho, es que todas las ideas y decisiones son influidas por gustos, preferencias, amores y odios, y cuanto más se toma conciencia de ése proceso, más conciencia se tiene de los motivos de elegir éste o aquél camino.
Una ilustración
Obsérvese el caso de una teoría muy en boga actualmente, la que atribuye la causa del calentamiento global a la acción humana, implicando la necesidad de medidas de restricción de la actividad industrial, entre innúmeras otras, para intentar detener la inminente catástrofe del planeta. Esa es la opinión de los investigadores y activistas ligados al Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos (IPCC), órgano que estudia las transformaciones en el clima del planeta. Su punto de vista está dirigido como si fuese el único existente, como si fuese consensual.
La verdad, hay divergencias; muchos científicos afirman que el calentamiento global es producido por diversos factores, muchos de los cuales son mucho mas relevantes de que la agresión hecha por el hombre en la naturaleza.
¿Lo que comprueba la teoría del IPCC la apariencia de teoría única, llegando a prácticamente impedir la divulgación de las teorías competidoras?
¿Será que las ideas defendidas por el IPCC son absolutamente correctas, sin ningún error? Los adversarios deberían ser oídos solamente con las orejas de la razón, pero no es lo que sucede: al observarse el debate que se entabla en los medios de comunicación, es notable que el tenor de los argumentos involucra, tipo de reglas, tentativas de descalificación de los que se oponen al IPCC, como si sus datos fuesen insuficientes o como si sus intenciones estuviesen contaminadas por objetivos políticos inconfesables.
Curiosamente ésos opositores responden con la misma moneda denunciando que el IPCC tiene igualmente compromisos políticos y que sus miembros son poco confiables científicamente.
Los dos puntos de vista son imposibles de ser comprobados, por lo menos en medio plazo. ¿Si no hay medios de comprobar quien posee la teoría verdadera, por qué tanta discusión? El debate tiene como objetivo sensibilizar a las personas para concordar y apoyar una posición, desechando consecuentemente, la otra.
El objetivo es arcar apoyo no sólo de la opinión pública en general, sino principalmente de quien ocupa puestos de comando de donde pueden influenciar la práctica científica, la toma de decisiones concernientes a fondos para investigación, publicación de libros y periódicos científicos, formación de nuevos profesionales, y así por delante.
Es a ése auditório que los debatientes se dirigen; es ése el público a ser persuadido no solamente por argumentos racionales, sino también por argumentos movilizadores de pasiones.
Las responsabilidades del auditorio
Con las elecciones teóricas en el campo de la educación no es diferente. Ninguna teoría científica es imposible de ser puesta en práctica, pero ninguna de ellas puede ser integralmente aplicada con margen de error cero.
Es probable que todas las teorías estén condenadas al fracaso; primeramente porque ninguna teoría está libre de errores; además, es necesario considerar el contexto en que la teoría fue elaborada, generalmente muy distante del contexto en que se aplica. En suma, es de creer la frase ‘en la práctica, la teoría es otra’, lo que no significa negar el valor de las elaboraciones teóricas, que son importantes como guías, orientaciones, nortes, jamás como verdades dogmáticas.
El debate entre los paradigmas que disputan la hegemonía en la educación tiene como objetivo influir la práctica, y para eso sus defensores tratan de formatear o reformatear las instancias racionales y pasionales del auditorio.
El auditorio para quien los paradigmas concorrentes discursan es formado por los profesores, a quien cabe, en última instancia, la responsabilidad de decidir sobre lo que es más aceptable y conveniente para su oficio. Ese auditorio actúa como juez en la disputa paradigmática.
Se desea aquí entonces enfatizar las responsabilidades que ese auditorio debe asumir en la condición de destinatario – o juez del debate entre los paradigmas. Son a los educadores, que se debe deliberar cuanto al margen de error aceptable en cada teoría.
Lo que cabe, como profesionales de educación, es decir si será adoptada una teoría, y cuál, o más de una teoría para guiar las conductas profesionales, o sea, si será hecho aquello que el debate entre los paradigmas espera que se haga – optar por un punto de vista en detrimento de los demás, o si habrá osadía en la fusión de orientaciones llegadas de diferentes teóricos.
Encima de todo, se tiene la responsabilidad de no dejarse conducir ingenuamente en el calor de ése debate; se debe tener claridad de cuáles son los motivos que llevan a apoyar ésa o aquélla teoría. Y, es bueno recordar que ésos motivos no son meramente intelectuales. Cuando se trata de justificar las opciones por determinadas maneras de explicar los fenómenos que desafían la práctica pedagógica, difícilmente se es capaz de dar explicaciones racionales. Si la búsqueda es sincera, ciertamente se encontrarán justificativas de naturaleza estética y afectiva que difícilmente se conseguirá expresar con palabras.
Aunque las emociones sean usualmente clasificadas en el extremo opuesto de la razón, no es imposible examinar racionalmente los discursos que utilizan el apasionamiento con la intención de obtener adhesión. El examen de esos discursos puede ser hecho por medio del método denominado ‘análisis retórica’.
Según la definición de Aristóteles, ‘retórica’ es la técnica de elaborar discursos persuasivos; y el análisis retórica, tal cual sea empleada contemporáneamente, es el conjunto de herramientas metodológicas que permiten identificar las estrategias argumentativas que se encuentran en los textos que transmiten teorías y proposiciones prácticas en el campo de las ciencias humanas, particularmente en el área de la educación19.
CONCLUSIÓN
A título de concluír el presente texto, se destaca que el abordaje de la investigación denominada ‘análisis retórica’ no tiene la pretensión de disolver la dicotomía entre teoría y práctica, pero puede auxiliar a los profesionales de la educación a entender, con mayor claridad, la posición que asumen delante de las teorías educacionales que anhelan influenciar en la práctica.
Al hacerse el análisis retórica de los discursos que transmiten ésas teorías, se pueden volver menos susceptibles de dirigirse ciegamente por el enmarañado de teorizaciones que se contradicen y que constituyen la base del dualismo entre teoría y práctica.
Agradecimientos
Marcus Vinicius da Cunha fue responsable de la concepción y diseño del estudio; el análisis y la interpretación de los datos y la redacción del manuscrito.
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Notas
Notas de autor