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La configuración del héroe en Cocorí del escritor costarricense Joaquín Gutiérrez

The Configuration of the Hero in Cocorí by the Costa Rican Writer Joaquín Gutiérrez

A configuração do herói em Cocorí do Escritor costarriquenho Joaquín Gutiérrez

Grettel Mariana Arias Orozco 1
Universidad de Costa Rica San José, Costa Rica, Costa Rica
Lorriane Mayreth Vargas Valverde 2
Universidad de Costa Rica San José, Costa Rica, Costa Rica

La configuración del héroe en Cocorí del escritor costarricense Joaquín Gutiérrez

Revista Humanidades, vol. 15, núm. 1, e58969, 2025

Universidad de Costa Rica

Recepción: 29 Abril 2024

Aprobación: 29 Octubre 2024

Resumen: En el presente artículo se describe cómo el protagonista de la novela Cocorí se convierte en un héroe exitoso de acuerdo con la teoría propuesta por Joseph Campbell. Para esto, primero se analiza cuál ha sido el abordaje de la obra en el contexto costarricense; en un segundo momento, se procede a establecer algunos conceptos teóricos básicos para el análisis del texto, tales como el de héroe, las etapas que implica el viaje del héroe, así como algunos símbolos que terminan de concretar la propuesta en estudio. Finalmente, se llega a un tercer momento en el cual, después de analizar el recorrido del personaje en la obra, se concluye que efectivamente este niño, de forma inconsciente, se configura como un héroe popular. Si bien es cierto que no posee atributos divinos, cumple con todas las etapas y requisitos para convertirse en héroe folclórico costarricense, quien regresa victorioso de sus aventuras como un ser nuevo para compartir con el resto de los suyos su nueva sabiduría.

Palabras clave: literatura latinoamericana, infancia, viaje, símbolo.

Abstract: This article describes how the protagonist of the novel Cocorí becomes a successful hero according to the theory proposed by Joseph Campbell. Firstly, the Costa Rican context is analyzed; secondly, we proceed to establish some basic theoretical concepts for the analysis of the text such as hero, the stages that imply the hero’s journey, as well as some symbols that finalize the proposal under study. Lastly, a third moment is reached in which, after analyzing the character’s journey in the work, it is concluded that indeed this child unconsciously configures himself as a popular hero, who, although it is true that he does not possess divine attributes, fulfills with all the stages and requirements to become a Costa Rican folkloric hero, who returns victorious from his adventures as a new being to share his new wisdom with the rest of his people.

Keywords: Latin American literature, childhood, travel, symbol.

Resumo: Este artigo descreve como o protagonista do romance Cocorí se torna um herói bem-sucedido de acordo com a teoria proposta por Joseph Campbell. Primeiramente, analisa-se a abordagem da obra no contexto costarriquenho; em seguida, estabelecem-se alguns conceitos teóricos básicos para a análise do texto, como o de herói, as etapas do jornada do herói e alguns símbolos que completam a proposta em estudo. Finalmente, após analisar a jornada do personagem na obra, conclui-se que esse menino, de forma inconsciente, se configura como um herói popular, que, embora não possua atributos divinos, cumpre todas as etapas e requisitos para se tornar um herói folclórico costarriquenho, retornando vitorioso de suas aventuras como um ser novo para compartilhar sua nova sabedoria com os outros.

Palavras-chave: literatura latino-americana, infância, viagem, símbolo.

1. Introducción

De acuerdo con Brunk y Fallaw (2006), un héroe es una persona a quien los miembros de una comunidad le atribuyen un valor notable, talento y otros rasgos nobles, incluso divinos, lo que le permite adquirir un lugar perdurable de importancia en la cultura de esa comunidad. La literatura universal y la epopeya clásica comúnmente dotan a sus personajes heroicos de tales cualidades. Sin embargo, existe otro grupo de héroes que se asemejan más a personas simples y comunes. Ehrlich (2009) asegura que, con el desarrollo de las ciencias y la llegada del progreso y la industrialización a la sociedad, los valores tradicionales que sustentaban la figura del héroe desaparecen. Según este autor, “la novela moderna ha roto, junto con la sociedad y la psicología de sus componentes, con el héroe glorioso” (Ehrlich, 2009, p. 37). Por tanto, en este artículo se explora cómo el personaje de Cocorí, del escritor Joaquín Gutiérrez, es un ejemplo de ello.

Concretamente, se estudia el personaje del niño protagonista de la novela Cocorí como figura heroica. A pesar de no cumplir con el perfil del héroe clásico, durante su travesía, Cocorí enfrenta aventuras que retan su ingenio y valentía. Al final, Cocorí descubre que su búsqueda no es solo física, sino filosófica. Por ello, proponemos que el personaje de Cocorí, mediante el viaje del héroe y los símbolos que aparecen en el texto, se configura como héroe exitoso según la teoría de El héroe de las mil caras: Psicoanálisis del mito de Joseph Campbell (1959). De este modo, sin siquiera percatarse, Cocorí se convierte en un héroe folclórico que es acompañado por animales comunes en el contexto costarricense, como el monito Tití. Sus pícaras travesuras desembocan en un despertar, en una nueva filosofía de vida, basada en una comprensión diferente de los ciclos naturales de la vida y la muerte, y en cómo la vida no se mide por el tiempo vivido, sino por el bien que hacemos, lo que le permite regresar al lado de su mamá Drusila y demás amigos como un nuevo Cocorí, como un héroe consagrado.

En este escrito, primero presentamos una breve síntesis sobre cómo ha sido analizada esta novela anteriormente en el ámbito costarricense. Segundo, hacemos un análisis de las fases del héroe que atraviesa el niño protagonista de la novela y el simbolismo e influencia de los animales y la naturaleza en la novela. Tercero, argumentamos por qué Cocorí es un héroe folclórico. Finalmente, presentamos algunas reflexiones finales sobre la configuración de Cocorí como héroe en esta novela costarricense. De este modo, abordamos el viaje que él emprende desde la perspectiva heroica, en tanto desencadena una construcción de sentido donde se emplea la estructura mítica en conjunción con el simbolismo de la selva tropical, lo cual desemboca en el crecimiento personal.

1.1. Cocorí en el ámbito costarricense

Cocorí, publicado por primera vez en 1947, narra la historia de un niño afrocaribeño de 7 años que vive en la costa limonense de Costa Rica y que, debido a una rosa que recibe como obsequio, decide iniciar una magnífica y emocionante búsqueda en la milenaria y desconocida selva tropical. Esta novela costarricense ha formado parte de la lista de lecturas obligatorias del Ministerio de Educación Pública durante muchos años y ha sido objeto de críticas, discusiones y elogios entre académicos y educadores a nivel nacional. Con el fin de dibujar un panorama general sobre la novela en el ámbito costarricense, realizamos una breve revisión bibliográfica de artículos académicos sobre los análisis literarios previos que se han realizado en el país.

La selección de los artículos que se presentan a continuación se basa en su relevancia para el análisis identitario, social y cultural de Cocorí. Estos estudios fueron elegidos por su enfoque crítico y por contribuir de manera significativa a la comprensión del impacto y la recepción de la novela en la sociedad costarricense. Los artículos seleccionados abordan desde la construcción identitaria de los personajes hasta las implicaciones ideológicas y didácticas del texto, proporcionando una base sólida para el análisis propuesto en este estudio.

Caamaño (2004) realiza un análisis centrado en aspectos identitarios del texto. La autora examina la novela en aras de determinar cómo se construye a las personas afrodescendientes en el discurso identitario nacional y la inserción de dicha construcción en la literatura. Ella considera que Cocorí demuestra su inteligencia, curiosidad, valentía y profundidad durante toda la novela, lo cual hace que el texto pueda considerarse subversivo, ya que la aparición de un niño negro descrito de tal manera desafía y cuestiona la ideología eurocéntrica dominante de la época. Aunque Caamaño (2004) considera que la novela es subversiva en tanto otorga un rol central a Cocorí y lo configura como un personaje inteligente y valiente, también destaca el uso del lenguaje empleado en la novela. Ella asegura que en esta prima el canon estético occidental, según el cual la niña rubia y de ojos celestes es “linda”, mientras Cocorí es “raro” por ser negro. Esta estética es reforzada en múltiples ocasiones por el narrador omnisciente de la historia, quien decide emplear “Negrito” tal cual segundo nombre de Cocorí. Según Caamaño (2004), este tratamiento repetitivo acentúa el exotismo y la otredad del niño.

Por su parte, Mondol (2004) propone una lectura en la que se analiza la dimensión social de la literatura y su significación ideológica en el texto de Cocorí. Como se mencionó anteriormente, esta novela ha generado polémica en la sociedad costarricense en más de una ocasión. En diferentes ámbitos se ha discutido su interpretación y si debería formar parte o no de la lista de lecturas que se leen en las escuelas costarricenses. Por ello, Mondol (2004) considera que el texto de Cocorí se ha convertido en objeto de plurisignificación política, ideológica y didáctica, en el que los distintos discursos sociales responden al “deseo de legitimar una posición política de los discursos frente a la obra” (p. 41). De este modo, el autor discute la figura autoral, su función didáctica, la relación entre literatura e ideología, la trascendencia de la obra en el actual contexto costarricense y reflexiones en torno a la plurisignificación de la lectura y el lenguaje.

Chen Sham (2004) asegura que la novela infantil Cocorí, que causó controversia a principios del año 2003, debe ser considerada dentro de la doble referencialidad cruzada mencionada por la teoría sociocrítica, ya que esta permite que un texto literario opere en circuitos de comunicación diferentes a los originales. En este artículo, el autor explora elementos textuales que generan una respuesta negativa en un importante sector de la sociedad costarricense. Chen Sham (2004) destaca principalmente la retórica de apertura de la novela debido a que hace referencia al Cronotopo de Indias, esquema que se asemeja al del descubrimiento/conquista, el cual “reproduce el encuentro entre el hombre blanco (europeo) y el otro subalterno nativo, llámese indio, asiático o negro” (p. 35). No obstante, el autor afirma que Cocorí no debería considerarse como el sujeto subalterno-marginalizado común, pues:

Cocorí rompe, desde el inicio, el atavismo cultural que representa los 500 años de discriminación y de invisibilidad del sujeto afro-caribeño y, por ello, subvierte el sujeto colonial al hacer que Cocorí sea representable y, a diferencia del sujeto colonial, pueda dialogar con otro sujeto, con el Otro auténtico que hay en él. (Chen Sham, 2004, p. 39)

Chen Sham (2008) también menciona que el enfoque de Edward Said (1979) y la traslación del concepto de orientalismo a un contexto latinoamericano se imponen como una estrategia útil para comprender procesos socioculturales de hegemonía y de aculturación presentes en este texto costarricense. Estos procesos hicieron que los estados nacionales se forjaran bajo proyectos que marginaban grupos étnicos o sectores sociales, tales como el sujeto colectivo afrocaribeño. Los índices del funcionamiento ideológico de esta representación se expresan a través de modelos discursivos que Cocorí, de Joaquín Gutiérrez, inaugura muy tempranamente, tales como: (a) el intercambio de los presentes entre el hombre blanco y el subalterno; y (b) la mirada especular y el descubrimiento de la conciencia gracias al espejo.

Robles Mohs (2004) ofrece una lectura del paratexto verbal e ilustrativo del relato Cocorí. En particular, la autora examina la polifonía textual inscrita en el texto cultural de la conquista de Costa Rica y América, a través del título, apellido del autor, epígrafe, ilustración de la portada y reproducción en la octava parte del contexto. También analiza la difracción semántica que ocurre en el significante de Cocorí, lo que subvierte la semántica de la conquista en términos de inferioridad cultural, degradación racial, cacique vencido y degradación de la lengua.

De este modo, la autora asegura que Cocorí es el nombre de un niño negro de siete años que la instancia narrativa asocia con el indígena, lo que también subvierte las asimilaciones entre los indígenas y el animal, entre los indígenas, los moros y los judíos, así como entre la mujer y el niño, establecidas en la semántica de la conquista para justificar la supuesta inferioridad cultural y la degeneración racial. La situación narrativa también elimina la figura del cacique derrotado en las guerras de la conquista, que se encuentra en varias interpretaciones teóricas, históricas y ficticias. En suma, el significante Cocorí llama a los caciques mayores y principales a unirse contra la ofensiva española, especialmente contra Gutiérrez y su hueste.

En resumen, la novela Cocorí ha sido objeto de diversos análisis críticos que resaltan su impacto en la construcción de identidades y su papel dentro del discurso ideológico costarricense. Los estudios revisados evidencian cómo Cocorí ha sido interpretada y reinterpretada a lo largo del tiempo, desafiando y subvirtiendo las narrativas tradicionales y eurocéntricas. Desde la perspectiva de Caamaño (2004), quien destaca tanto los aspectos subversivos como problemáticos de la representación del personaje principal, hasta Mondol (2004), que enfoca la plurisignificación política e ideológica de la obra, queda claro que Cocorí sigue siendo un texto relevante y polémico en el ámbito educativo y cultural costarricense.

Los trabajos de Chen Sham (2004,2008) y su análisis a través del lente de la teoría sociocrítica y el enfoque de Edward Said sobre el orientalismo, así como la lectura de Robles Mohs (2004) sobre los paratextos y la semántica de la conquista, enriquecen aún más la comprensión de la novela. Estos estudios proporcionan una base sólida para comprender las complejidades de Cocorí y su impacto continuo en la sociedad costarricense.

Los hallazgos de esta breve revisión literaria indican que la novela Cocorí se ha estudiado, principalmente, desde una perspectiva racial e identitaria. Por tanto, no se encontró ningún trabajo que se relacione directamente con el tema en estudio: la configuración del héroe en el personaje de Cocorí. A pesar de que algunos consideran que esta novela está plagada de un discurso racista y eurocentrista, debido a que el narrador hace uso de un lenguaje negativo en contra del personaje principal de la historia, el análisis que se presenta en este artículo trasciende dicho discurso.

De este modo, en este escrito se presenta el viaje de Cocorí como una búsqueda intrínseca para darle “sentido de la vida, al sentido del tiempo, al sentido de la belleza y al valor de la experiencia” (Pérez, 2004, p. 47). Esta perspectiva permite abordar el viaje que emprende Cocorí desde la perspectiva heroica, desencadenando una construcción de sentido donde se emplea la estructura mítica en conjunción con el simbolismo de la selva tropical, culminando en el crecimiento personal del protagonista. En definitiva, el análisis propuesto busca aportar una nueva dimensión a la comprensión de Cocorí, más allá de las interpretaciones tradicionales centradas en el discurso racial e identitario.

2. Algunas definiciones fundamentales

Seguidamente se detallan las bases teóricas que constituyen los pilares argumentativos del presente escrito. En primer lugar, se citan las premisas expuestas por diversos autores del área literaria que han centrado su análisis en identificar las cualidades o atributos que definen a un héroe. En segundo lugar, se hace una breve descripción de las fases del viaje o recorrido heroico. Por último, se hace referencia a la configuración o construcción del héroe a partir de elementos simbólicos. De esta manera, será posible determinar la influencia de estos elementos en el texto literario Cocorí del costarricense Joaquín Gutiérrez.

2.1. ¿Qué es un héroe?

Existen diferentes concepciones de ‘héroe’ en la literatura. Según Campbell (1959), este es un personaje de cualidades extraordinarias, frecuentemente honrado por la sociedad a la que pertenece, aunque también puede ser desconocido o despreciado. Por otro lado, Navarro (1978) argumenta que la noción de héroe ha sido manipulada y tergiversada a lo largo del tiempo, aplicándose indiscriminadamente a cualquier protagonista de una obra literaria. Así, sostiene que todo héroe es un protagonista, pero todo protagonista no es un héroe necesariamente, aclarando que el término ‘héroe’ connota una serie de rasgos y de cualidades que no pueden aplicarse a cualquier protagonista de una obra literaria. Ehrlich (2009) tiene una perspectiva similar, en tanto que considera que la figura del héroe “se ha ido adaptando a la sociedad y a las necesidades espirituales que requería cada época” (p. 35). Por otra parte, en el diccionario de la Real Academia Española (s. f.) se indica que un héroe es una “persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble”; “persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes”; “personaje destacado que actúa de una manera valerosa y arriesgada”; “protagonista de una obra de ficción”; “persona a la que alguien convierte en objeto de su especial admiración”; y “en la mitología antigua, hombre nacido de un dios o una diosa y de un ser humano, por lo cual era considerado más que hombre y menos que dios” (Definiciones 1-6).

Como podemos ver, existen diversas formas de definir y comprender qué es un héroe y cuál es su papel en la sociedad que habita. Nos interesa, particularmente, el héroe que describe Navarro (1978). La autora describe a un héroe que no se asemeja al mítico, en tanto no es necesariamente aquel de origen divino, inmortal y con poderes inimaginables. En cambio, es un héroe de tipo popular o héroe folclórico. Este último es “un hombre como los demás que está íntimamente vinculado al grupo con el que convive. No hay en su origen ni en su linaje nada de rango excepcional o divino. En apariencia, pues, es uno más de los humanos” (p. 140). No solo se asemeja a un ser humano común y corriente al no tener poderes especiales ni extraordinarios, sino que este tipo de héroe se encuentra estrechamente vinculado al grupo con el que convive. Tanto es así que no lucha por afán de gloria personal, sino que lucha por el bien de todos y se juega la vida para darles a los suyos algo de lo que carecen. Por ello, este tipo de héroe genera más que una simple admiración: despierta en sus conciudadanos y compañeros un auténtico cariño; se trata de un héroe querido más que aclamado.

Navarro (1978) también señala que la vinculación de este personaje con la colectividad es tan estrecha que para comprenderlo es necesario penetrar en la sociedad que habita. Ortiz (1995)considera, al igual que Navarro (1978), que el héroe es parte integral de la sociedad que habita. Sin embargo, para él, el héroe se asemeja más a un salvador, adquiriendo tonos incluso religiosos:

El héroe en cuestión ‘puede salvarse a sí mismo salvando a los demás o, viceversa, puede salvar a la comunidad salvándose así a sí mismo. Pero el héroe siempre salva —a sí mismo y los demás— de algo peligroso, malo, empecatado, cruel o dañino. En este sentido es un santo o elegido que, partiendo del individuo arriba a lo universal, ya que el héroe reúne en su actuación los contrarios normalmente separados: el sí mismo individual y el otro mismo colectivo, yo y el mundo, la realidad y lo ideal, el interior y el exterior. A través de su misión emancipadora se encuentran los contrarios en mixión o conjunción cuasi sagrada, al haber sabido transitar esa relación liminar que reconcilia los elementos dispersos dotándolos de encaje o sentido de implicación. (Ortiz, 1995, p. 385)

El estado liminar de la empresa heroica es particularmente importante para Ortiz (1995), pues el accionar del héroe puede ser diverso (pacífico o violento, interior o exterior, político o religioso, etc.) y esto genera que exista un catálogo de héroes tan diferentes entre sí, incluyendo figuras como Ulises, Alejandro, Juana de Arco, el Cid y Napoleón, que son figuras históricas hasta otras imaginarias como Superman, Batman, El Guerrero del Antifaz, Luke Skywalker, entre otros. Asimismo, indica que “entre la realidad y la idealidad se sitúan finalmente los héroes prototípicos, aquellas figuras humanas-divinas situadas entre los dioses impasibles —Zeus, Júpiter, Yahvé, Odín-Wotan— y los pasibles mortales: así Buda, Cristo, Orfeo, Hércules, Sigfrido, Aquiles...” (p. 385). Por último, el autor asegura que es el carácter salvador del héroe lo que le otorga un “aura, brillo, luz o nimbo secular”. No obstante, para obtener ese brillo, Ortiz (1995) indica que este personaje debe formarse en un largo proceso de iniciación que, a través de un rito de paso, posibilita el acceso y contacto con el más allá (la trascendencia inmanente).

El rito de iniciación al que hace referencia Ortiz (1995) es particularmente importante, pues hace referencia a lo que Campbell (1959) llama ‘La aventura del héroe’. Campbell (1959) asegura que el viaje heroico es una parte constitutiva de todo héroe, que consiste en atravesar una unidad nuclear monolítica que comprende ritos de separación (una separación del mundo), iniciación (la penetración a alguna fuente de poder) y retorno (un regreso a la vida para vivirla con más sentido). Seguidamente, brindamos una breve descripción de los fundamentos teóricos que emplea Campbell (1959) en el viaje del héroe.

2.2. El viaje del héroe

En la teoría de Joseph Campbell (1959), en su libro El héroe de las mil caras: Psicoanálisis del mito, se incorpora una serie de posibles factores que fomentan o posibilitan la producción del héroe. Estos factores son una sucesión de pasos que debe afrontar y efectuar el personaje para trascender al hombre convencional y convertirse posteriormente en un héroe. Según este enfoque teórico, el héroe no nace, sino que se hace. El héroe, así, sale de su mundo ordinario para enfrentar una serie de retos. Durante su viaje, este tiene dos misiones. La primera misión consiste en abandonar su mundo ordinario para enfrentarse a las dificultades y demonios pertenecientes a cada cultura local. La segunda tarea que emprende se basa en volver a su lugar de origen ‘transfigurado’ y enseñar las lecciones aprendidas. Todo héroe debe enfrentar estas misiones, independientemente de su género o linaje. El periplo del héroe está compuesto por tres etapas principales: iniciación, separación y retorno. Dentro de cada una de estas etapas existen diferentes subetapas que puede atravesar el héroe en su recorrido. Mientras la Figura 1 detalla las tres fases principales que constituyen el viaje de Cocorí, la Figura 2representa el periplo del héroe con todas las posibles subetapas que pueden integrar (Campbell, 1959).

Principales fases del periplo del héroe
Figura 1.
Principales fases del periplo del héroe
Elaboración propia (2024).

Subfases del periplo del héroe
Figura 2.
Subfases del periplo del héroe
Elaboración propia (2024).

Cabe mencionar que ambas figuras son elaboraciones propias de las autoras basadas en la teoría de Campbell (1959). En el siguiente apartado se describen los fundamentos teóricos del periplo descrito por Campbell (1959) en el contexto específico del viaje que emprende el personaje Cocorí.

3. Recorrido heroico de Cocorí en la novela

El recorrido emprendido por el personaje Cocorí coincide con el paradigma de héroe propuesto por Campbell (1959), detallado en la Figura 1 y Figura 2. El personaje principal de esta novela costarricense se constituye como héroe, pues cumple con varias de las características o requisitos expuestos por Joseph Campbell (1959). Antes de iniciar la descripción del viaje heroico de Cocorí, no obstante, es necesario describir cómo es la vida cotidiana y el mundo ordinario de este niño antes de que su viaje inicie.

En esta novela costarricense, Cocorí es descrito como un niño afrocaribeño que vive con su mamá, Drusila, en la zona del Caribe costarricense, rodeado de la selva tropical llena de árboles milenarios, animales y plantaciones pertenecientes al entorno caribeño. La novela describe un entorno natural vibrante y rico en detalles que refleja tanto la belleza como la amenaza latente de la selva tropical costarricense. El protagonista, Cocorí, se encuentra en un área de selva cercana a su hogar, donde la naturaleza se presenta como un personaje en sí misma, con sus propios ritmos y peligros.

El escenario principal del escrito es una selva tropical densa y milenaria. La poza de agua tranquila actúa como un espejo natural que refleja las copas de los árboles, creando la ilusión de una selva submarina. Este lugar es visualmente impresionante y lleno de vida, ofreciendo un entorno donde el protagonista puede interactuar con su reflejo en el agua y establecer un vínculo íntimo con la naturaleza. Los árboles milenarios, con sus copas reflejadas en el agua, crean una imagen de grandeza y antigüedad. La vegetación es descrita como exuberante y densa, con matorrales en los límites de la selva que Cocorí debe atravesar. La presencia de ramas que se alargan como garras sugiere un ambiente hostil y lleno de misterio. La fauna de la selva también juega un papel crucial en la ambientación. El concierto nocturno de los sapos y grillos crea una atmósfera sonora que aumenta la sensación de estar en un lugar vivo y dinámico. La aparición de animales, como el sapo, el grillo y el búho, añade una capa de inquietud y urgencia a la escena, especialmente cuando estos animales parecen comunicarse con Cocorí, exhortándolo a apresurarse.

La casa en la que Cocorí vive con su madre es sencilla. La narrativa menciona cómo la madre le había pedido que recogiera leña, lo que sitúa a Cocorí en su entorno cotidiano antes de que se aventurara en la selva. Este encargo doméstico contrasta con la aventura que Cocorí experimenta en la selva, subrayando el tema de la exploración y el descubrimiento. La novela nos relata cómo Cocorí incursiona en la selva tropical a pesar de que su madre le había prohibido que se aventurara en el bosque en ocasiones anteriores. Cocorí es descrito como un niño de gran imaginación, quien frecuentemente acude a la playa a escuchar los relatos de aventuras heroicas de los pescadores de la zona en el mar y en la selva. Así fue como escuchó por primera vez acerca de “los hombres rubios que vivían al otro lado del mar, de la dentellada fugaz del tiburón, de las anguilas eléctricas y de la iguana acorazada con su lengua de siete palmos” (Gutiérrez, 1957, p. 7). Posteriormente, se describe la llegada “de los hombres rubios” en una embarcación y se dice que el corazón del Negrito “dio un vuelco”, pues era la primera vez que veía una embarcación arribar y a los “hombres rubios” de los famosos relatos. Es en este contexto que Cocorí conocerá un mundo nuevo que lo obligará a enfrentar sus temores y los desconocidos parajes selváticos que hasta ahora no se había atrevido a explorar.

3.1. La partida

3.1.1. La llamada de la aventura

La aventura puede empezar de muchas formas diferentes, ya sea debido a un evento de gran magnitud o alguna situación pequeña. La llamada a la aventura siempre descubre el velo que esconde un misterio de transfiguración; representa un rito, un momento de despertar, un paso espiritual que, cuando se completa, es equivalente a una muerte y un renacimiento. El horizonte familiar de la vida se sobrepasa y los viejos conceptos, ideales y patrones emocionales dejan de ser útiles, pues, en palabras de Campbell (1959), ha llegado el momento de cruzar un umbral.

En la novela Cocorí, la llamada se desencadena por la muerte de una rosa que Cocorí recibe como obsequio de una niña rubia que llega en un barco. Este encuentro se describe con gran detalle en el texto. Se relata cómo el casco del barco relucía sobre las aguas, infundiendo en Cocorí una temerosa fascinación. Cuando este se acercó más, Cocorí vio a los hombres en la borda, incluyendo al contramaestre con su cabellera roja, lo cual llenó al niño de asombro y curiosidad. En medio de esta escena, Cocorí conoció a una niña rubia, suave y rosada, con ojos azules como el cielo y un puñado de bucles dorados. La niña, fascinada por los monos que Cocorí mencionó, le pidió que le trajera uno. En un impulso, él le prometió hacerlo, a pesar de los peligros que esto implicaba. Para mostrar su agradecimiento, la niña le regaló una rosa, descrita como algo mágico, con estambres como hilos de luz y rodeada de una fragancia única. Esta rosa se convirtió en un símbolo precioso para Cocorí, quien la llevó de regreso a su choza, donde iluminó la noche con su presencia.

Sin embargo, la belleza y fragilidad de la rosa pronto se convirtieron en una fuente de reflexión profunda para Cocorí cuando, al poco tiempo, la flor murió. Este evento desencadenó en Cocorí un estado de reflexión y múltiples incógnitas, lo que genera un cambio drástico en su vida y constituye el motivo primordial para emprender su viaje: “En el vaso en que había dejado su flor, solo había una rama seca, y en el suelo, alrededor, una lluvia de pétalos muertos” (Gutiérrez, 2006, p. 30).

El descubrimiento de la repentina muerte de la rosa llevó a Cocorí a cuestionar la fugacidad de la vida y a buscar respuestas sobre la existencia: “¿Por qué la Rosa había huido tan luego? ¿Por qué no lo había acompañado hasta que fuera grande?” (Gutiérrez, 2006, p. 32). De este modo, fue notando cambios significativos: “una rebeldía iba fermentándose en su corazón. ¡Qué su Rosa hubiera vivido un día y en cambio otros, que de nada servían sino para hacer daño, vivieran tantísimos años!” (Gutiérrez, 2006, pp. 32-33). De esta manera, el personaje de Cocorí abandona su mundo y su realidad para ingresar a uno completamente nuevo y desconocido en busca de estas respuestas. Campbell (1959) indica que este mundo insospechado puede ser representado en varias formas:

Como una tierra distante, un bosque, un reino subterráneo, o bajo las aguas, en el cielo, una isla secreta, la áspera cresta de una montaña; o un profundo estado de sueño; pero siempre es un lugar de fluidos extraños y seres polimorfos, tormentos inimaginables, hechos sobrehumanos y deleites imposibles. El héroe puede obedecer su propia voluntad para llevar al cabo la aventura… o bien puede ser empujado o llevado al extranjero por un agente benigno o maligno. (p. 40)

En el caso de esta novela, se trata de una selva tropical habitada por un sinfín de plantas, insectos y animales exóticos, como monos, mariposas, aves, caimanes, culebras, tigres, entre otros. Es un entorno desconocido por Cocorí, quien, de acuerdo con la descripción del texto, parece ser residente de las playas caribeñas de Costa Rica.

3.1.2. La ayuda sobrenatural

De acuerdo con la teoría del héroe (Campbell, 1959), aquellos que no han rechazado la llamada de la aventura tendrán un primer encuentro durante su jornada con una figura protectora, que a menudo es una viejecita o un anciano, que proporciona al aventurero amuletos contra las fuerzas que debe aniquilar o enfrentar posteriormente. De esta manera,

En el reino de las hadas puede ser algún pequeño habitante del bosque, algún hechicero, ermitaño, pastor o herrero que aparece para dar al héroe los amuletos y el consejo que requiere. Las mitologías superiores han desarrollado el papel en la gran figura del guía, el maestro, el conductor, el que lleva las almas al otro mundo. (p. 48)

Por ello, precisamente Campbell (1959) asegura que:

El individuo tiene que saber y confiar, y los guardianes eternos aparecerán. Después de responder a su propia llamada y de seguir valerosamente las consecuencias que resultan, el héroe se encuentra poseedor de todas las fuerzas del inconsciente. La Madre Naturaleza misma apoya la poderosa empresa. Y en tanto que el acto del héroe coincide con aquello para lo que su sociedad está preparada, se hallará dirigiendo el gran ritmo de los procesos históricos. (p. 47)

Así las cosas, Cocorí cuenta con la ayuda de sus dos acompañantes: doña Modorra y el monito Tití. La Tortuga, por un lado, constituye una fuente de sabiduría, guía y amor maternal, pues, como lo expresa el mismo Negrito, con sus ciento cincuenta años es muy vieja y sabia. Además, es ella quien aconseja a Cocorí buscar su respuesta en otro ser que posee más experiencia como don Torcuato y Talamanca la Bocaracá. Igualmente, durante todo el recorrido emprendido por los tres amigos, doña Modorra es quien los guía con respecto a qué camino tomar, qué alimentos son venenosos, cómo escapar del caimán, etc. En la narrativa de Cocorí, doña Modorra representa una figura de ayuda sobrenatural esencial en el viaje de Cocorí. Su rol va más allá del simple acompañamiento, proporcionando sabiduría, consejos prácticos y un soporte emocional que es crucial para el éxito del protagonista. Esta dinámica se puede observar claramente en un pasaje específico del texto.

En ese pasaje, doña Modorra comienza a darle consejos a Cocorí, preparando al joven para interactuar con don Torcuato. Le aconseja que debe ser educado, pues él es muy quisquilloso. También le recomienda que trate de halagarlo, pues es débil ante las adulaciones. Desde el inicio, doña Modorra actúa como una guía sabia y experimentada. Entiende las complejidades de su entorno y ofrece estrategias para navegar situaciones difíciles. Su consejo sobre la importancia de la educación y la diplomacia demuestra una sabiduría que Cocorí aún no posee, subrayando su papel como mentora.

A medida que el grupo avanza por la selva, el entorno se vuelve cada vez más oscuro y amenazante. Sin embargo, doña Modorra mantiene la calma, enfrentando los desafíos de manera constante y lenta, manteniéndose imperturbable. Esta serenidad y resistencia ante los peligros de la selva refuerzan su rol como un pilar de apoyo inquebrantable. Doña Modorra no solo proporciona seguridad física al guiar a Cocorí y al mono Tití a través de la selva, sino que también les ofrece una sensación de estabilidad emocional en medio de la incertidumbre que los tres atraviesan.

Por otro lado, Cocorí también cuenta con la ayuda del monito Tití, que no solo cumple un rol importante en su aventura como guía aéreo desde los árboles, explorador y encargado de descubrir la condición en la que se encontraba Talamanca la Bocaracá y don Torcuato, sino que también logra reanimarlo en más de una ocasión con sus peculiares travesuras. Asimismo, es posible considerar la figura del personaje del Negro Cantor como otro protector, el cual se encuentra en una relación muy estrecha con la naturaleza. De esta manera, puede concebirse como la contracara de don Torcuato, en tanto uno representa al anciano sabio que da consejos de forma paternal al Cocorí y el otro es la viva imagen del padre devorador.

3.1.3. El cruce del primer umbral

Una vez que el héroe, en este caso Cocorí, avanza con la ayuda y guía de sus protectores, doña Modorra y el monito Tití, llega al “guardián del umbral”, quien en este escrito costarricense se trata del caimán don Torcuato. Por ello, Campbell (1959) indica que generalmente estos custodios poseen una fuerza magnificada y detrás de ellos habita “la oscuridad, lo desconocido y el peligro” (p. 50). Asimismo, estos dificultan el tránsito del héroe por este umbral. De esta manera, en Cocorí, incluso el mismo entorno denota los peligros que aguardan a aquellos que se aventuran a los terrenos de estos seres.

La selva se abrió de pronto y apareció ante ellos el agua barrosa de la laguna del Caimán, orillada de mangles. Las raíces de los mangles se abrían como dedos que se hundían en el agua, formando múltiples canales bajo el follaje. Pero don Torcuato no se divisaba. (Gutiérrez, 2006, p. 45)

La misma descripción que se hace de don Torcuato, quien se dice tener trescientos años, detalla el carácter funesto y maligno de este:

El tronco se remeció. Y junto al ojo del Tití se descorrió una costra rugosa. En el fondo había un ojo inyectado por sangre que lo miraba echando fuego. ¡El tronco de árbol era el Caimán! El mono, con un chillido de terror, se suspendió de un mangle con la cola y se perdió entre las hojas. Don Torcuato se desperezó, borracho de sol, arqueó el lomo y, furioso de que le hubieran interrumpido su siesta de sobremesa, dio un tarascón al aire. —¡Allí está, allí está! —gritó el Pájaro al divisar a su amigo. Pero ni Cocorí, escondido entre unas yerbas, temblando, ni doña Modorra, convertida en un pedrón dentro de su caparacho, le prestaron atención alguna... El Pájaro entró en la bocaza y comenzó a picotear entre los inmensos colmillos. Ese día don Torcuato se había almorzado casi un ciento de ranas. (Gutiérrez, 2006, p. 46)

Una vez que Cocorí conoce a don Torcuato, tiembla de temor ante su imponente presencia. Desde su escondite, siente gran frustración al darse cuenta de que ese animalote tan maligno tuviera trescientos años, mientras que su preciada rosa solo vivió un día. Cuando Cocorí finalmente le pregunta a don Torcuato por qué su rosa vivió tan poco, el Caimán se enfurece. Para don Torcuato, una flor era demasiado insignificante, no se podía comer, por lo que no entendía cómo alguien podría interesarse por la vida de algo tan efímero. Como resultado, Cocorí debe enfrentarse a su furia, lo que marca el momento del cruce del primer umbral:

¿Cómo podía este gusanillo impertinente compararlo a él, don Torcuato, el Lagarto, ¿con una flor? ¡Ni con nada! Era ya demasiado… La tarasta terrible se cerró con un estruendo río abajo. El pajarillo, pi, pi, pi, alcanzó a ponerse a salvo, dejando dos o tres plumas entre las tremendas mandíbulas… El Caimán se lanzó recto como una jabalina contra los talones del Negrito. El playón le parecía interminable al pobre Cocorí. (Gutiérrez, 2006, p. 49)

Gracias a los consejos de doña Modorra, Cocorí gana terreno y termina perdiéndolo al entrar en los grandes árboles. Es en este punto cuando se da cuenta de que está a salvo. Cocorí ha vencido, lo cual equivale a cruzar el umbral. No obstante, ahora debe enfrentarse a una prueba aún más difícil, pues se halla ahora en el vientre de la ballena.

3.1.4. El vientre de la ballena

Campbell (1959) hace mención de que este estadio del viaje se caracteriza porque el héroe, en vez de conquistar o conciliar la fuerza del umbral, es tragado por lo desconocido hasta parecer en ocasiones que ha muerto y fracasado en su empresa. Por tanto, se suele considerar como una forma de autoaniquilación. De esta manera, en el vientre de la ballena, el héroe debe enfrentarse a los guardianes del umbral mágico, quienes “apartan a los que son incapaces de afrontar los grandes silencios del interior” (Campbell, 1959, p. 58) e ilustran “el hecho de que el devoto en el momento de su entrada al templo sufre una metamorfosis” (p. 58).

Por consiguiente, en la novela Cocorí, Talamanca la Bocaracá constituye este estadio mágico. Es ella la guardiana a la que Cocorí debe enfrentar para lograr superar los obstáculos que le impiden encontrar una respuesta a la muerte de su rosa. La empresa, no obstante, no es tan simple. El mismo paisaje evidencia la naturaleza maligna de la serpiente, quien a su paso solo deja destrucción, soledad e impotencia.

Las hierbas comenzaron a ralear. La tierra parecía más descarnada entre los troncos que se alzaban mudos de pájaros sobre un suelo arrasado. En la tierra reseca, sin la alfombra de verdura, las pisadas repercutían en el silencio impresionante…

—¿Por qué tanta desolación? — preguntó Cocorí, que ya ni respiraba de nerviosidad.

—Nos acercamos— susurró doña Modorra, y ante el gesto interrogante del negrito, prosiguió—: Donde Talamanca la Bocaracá se arrastra por la selva no crece más. Por eso, cerca de su nidal todo es devastación y ruina.

De improviso la selva se abrió en un claro enorme: sin una sola brizna de yerba, sin un solo matorral, ni siquiera un arbusto. En una superficie gigantesca, pelada y árida, reposaba Talamanca la Bocaracá. (Gutiérrez, 2006, pp. 63-64)

Posteriormente, se describe a la misma Talamanca la Bocaracá, la cual reafirma su carácter funesto, maligno y sobrenatural:

—Es más gruesa que el tronco de un roble— articuló por fin el Negrito…

—Es como el río que ondula por el llano y se pierde en la lejanía— repitió Cocorí, hipnotizado.

El Tití se tiró al suelo y escondió la cabeza entre sus largos brazos, que le anudaron el cuello. ¡Qué imprudente! Con un coletazo Talamanca los lanzaría hasta el mar…

Mucho rato estuvo contemplando el enorme cuerpo zigzagueante del cual no alcanzaban a ver la cabeza, perdida en lontananza. (Gutiérrez, 2006, pp. 63-64)

De esta manera, este estadio del viaje se considera una etapa crítica del proceso de conformación del héroe, ya que expresa un momento clímax de transformación y renacimiento de este. No obstante, para Campbell (1959), es común que este paso no sea precisamente un tránsito apacible, placentero ni sencillo, sino que el héroe, en vez de conquistar o conciliar la fuerza del umbral, es tragado por lo desconocido hasta parecer, en ocasiones, que ha muerto y fracasado en su empresa. Por tanto, en el caso de Cocorí, al encontrar a Talamanca la Bocaracá durmiendo para hacer la digestión del toro que acababa de merendar, y descubrir que dicho proceso podía durar incluso meses, se siente perdido, desgarrado y derrotado:

—Qué desgracia no poder plantearle mi problema— comentó con el mono—… Llegó la noche, salió el sol, de nuevo aparecieron las estrellas entre los árboles... Se sentía ya cansado. Recordaba a mamá Drusila, que no sabía de él hacía tantos días, y las lágrimas le corrieron a raudales pensando en el tibio amor de la Negra. (Gutiérrez, 2006, p. 67)

La triste situación en la que se encuentra Cocorí se acentúa aún más, dado que, como se detalla con mayor profundidad en el apartado del retorno, los consejos o súplicas de sus acompañantes lo hacen desistir de la búsqueda. Por tanto, toma la decisión de emprender el retorno junto con sus amigos y sus desilusiones. Por consiguiente, tal como lo expresa Campbell (1959), pareciera que en este estadio del viaje el héroe ha sido derrotado en el momento más importante del recorrido heroico.

3.2. La iniciación

3.2.1. El camino de las pruebas

Una vez atravesado el umbral, Campbell (1959) señala que el héroe se mueve en un paisaje de sueño poblado de formas curiosamente fluidas y ambiguas, en donde debe pasar por una serie de pruebas que representan toda una experiencia colmada de nuevos aprendizajes, crecimiento y madurez. Por lo tanto, se trata de una etapa de crecimiento personal. Este es precisamente el caso de Cocorí y sus dos amigos, quienes al adentrarse en el mundo desconocido descubren lo siguiente:

Era obscura la selva por donde caminaban nuestros amigos. Solo unos rayos del sol se filtraban a duras penas y dejaban caer sus monedas de oro en la tierra. Horas después al llegar la noche, las sombras se hicieron más densas. A cada paso Cocorí tropezaba y caía de bruces en los charcos. El Tití se sentía enfermo del corazón con tanto sobresalto y doña Modorra era la única que se mantenía imperturbable, venciendo, constante y lenta, los espantos de la selva y de la noche. (Gutiérrez, 2006, p. 40)

La naturaleza desconocida y peligrosa de este entorno se evidencia también cuando se acercan al territorio de Talamanca la Bocaracá, como se puede observar en los siguientes fragmentos:

La selva continuó abriéndose ante nuestros tres amigos. Por todas partes descubrían pavorosos secretos. Escorpiones que retorcían sus tenazas y corrían a esconderse debajo de las piedras, gusanos venenosos arrastrando sus emes por las ramas y, entre las raíces, el rayonazo verde de las lagartijas. (Gutiérrez, 2006, p. 57)

La selva se fue haciendo más y más impenetrable. Llegó un momento en que dejaron de escuchar los cantos de los pájaros que los habían acompañado todo el camino.

—Estamos llegando— dijo la Tortuga, y un temblor le quebró la voz a su pesar. (Gutiérrez, 2006, p. 59)

En la oscuridad se divisaron numerosos animalillos fosforescentes. Las luciérnagas prendían sus dos faroles amarillentos y en la cola del cocuyo brillaba una luz azul dibujando espirales por el aire: “Comenzaron a menudear las víboras. Enredadas en racimos o arrastrándose gordas, abrazadas a las ramas con sus anillos” (Gutiérrez, 2006, p. 61). “Los árboles, vacíos de los cantos de los pájaros, mecían sus ramas emitiendo lúgubres sonidos con el viento” (Gutiérrez, 2006, p. 67).

En este mundo desconocido e inimaginable, lleno de peligros y pruebas que debe superar, Cocorí será ayudado únicamente por el consejo, los amuletos y los agentes secretos del ayudante sobrenatural que encontró antes de su entrada a esta región; en otras palabras, solo doña Modorra y el Tití pueden ayudarlo durante su viaje. Algunas de las experiencias que viven los tres compañeros durante esta etapa de pruebas son:

En cada una de estas pruebas, Cocorí y sus amigos demuestran coraje, ingenio y un profundo sentido de camaradería, lo que les permite avanzar en su viaje y crecer como individuos.

3.2.2. El encuentro con la diosa

Una vez que Cocorí ha vivido la última aventura y ha superado todas las barreras, oponentes y enemigos que ha encontrado a lo largo de su recorrido selvático, emprende el ansiado regreso. Es ahí precisamente cuando se da la etapa denominada por Campbell (1959) como el encuentro con la diosa, la cual, en este caso, se evidencia en la figura de Mamá Drusila. De esta manera, este personaje femenino representa la divinidad, la Reina Diosa del mundo, quien es madre universal y da la última enseñanza al personaje heroico cuando, al regresar a su hogar, Cocorí descubre que, de la Rosa sin vida que dejó, ahora hay un hermoso rosal que lo acompañará durante muchos años.

Mamá Drusila no solo actúa como la madre nutricia que brinda consuelo y orientación, sino también como un símbolo de transformación y renacimiento. A través de su figura, Cocorí aprende la valiosa lección de que la vida y la belleza pueden surgir incluso de la muerte y la desolación. El hecho de que el rosal haya florecido en el lugar donde estaba la Rosa sin vida refuerza la idea de que cada final lleva implícito un nuevo comienzo, una renovación constante que es parte esencial de la existencia.

Este encuentro también marca un punto de inflexión en el desarrollo personal de Cocorí. Habiendo enfrentado y superado numerosos desafíos, regresa con una nueva comprensión y una sabiduría que le permitirá enfrentar el futuro con mayor fortaleza y esperanza. La presencia del rosal, con sus grandes rosas rojas y su aroma sutil, se convierte en un símbolo tangible de la transformación de Cocorí, un recordatorio constante de su viaje heroico y de las lecciones aprendidas:

Cocorí podría decir más tarde orgulloso:

— Yo tenía siete años cuando este rosal fue plantado.

Sus grandes rosas rojas se abrían bajo el candente sol del trópico. Y tenían también los estambres del más fino cristal, y esparcían alrededor un aroma sutil, como una nube rosada de encanto. (Gutiérrez, 2006, p. 76)

En resumen, el encuentro con Mamá Drusila y el florecimiento del rosal son elementos cruciales que completan el ciclo del héroe en la novela Cocorí. Representan la culminación de su viaje, la integración de sus experiencias y aprendizajes, y el inicio de una nueva etapa en su vida. A través de este encuentro, la narrativa no solo resalta la importancia de la sabiduría y la maternidad, sino que también celebra la resiliencia y la capacidad de la naturaleza para renovarse, reflejando así los valores profundos de la cultura costarricense.

3.2.3. La reconciliación con el padre

Seguidamente, Cocorí experimenta el estado conocido como la reconciliación con el padre, pues Campbell (1959) indica que en este estadio el héroe descubre que:

Ha nacido dos veces: ahora se ha convertido en el padre. Y ahora tiene el poder, en consecuencia, de jugar él mismo el papel del iniciador, el guía, la puerta del sol, al través de la cual se puede pasar de las iluminaciones infantiles del “bien” y del “mal”, a una experiencia de la majestuosa fuerza cósmica, purgada de la esperanza y del temor, y en paz con el entendimiento de la revelación del ser. (p. 82)

Por consiguiente, se trata del momento en el que Cocorí se reconcilia con el mundo y consigo mismo. Su lucha contra la realidad por la pronta muerte y efímera vida de su Rosa ha terminado. Ahora se reconcilia con la vida, ya que descubre que no es la cantidad de tiempo lo que determina si una vida ha sido fructífera y significativa, sino la calidad con que se viva cada instante:

El Negro Cantor prosiguió:

—Tu Rosa vivió en algunas horas más que los centenares de años de Talamanca y don Torcuato. Porque cada minuto útil vale más que un año inútil.

Cocorí sentía que una luz lo empapaba por dentro. —¡Es cierto!, por ella salvé yo a doña Modorra —recordó—. Por ella rescaté al Tití y por ella me atreví a vencer la selva —y comenzó a ensanchársele una sonrisa en el rostro.

—¿Así es que se puede vivir mucho en un ratito? —preguntó inocente.

—¡Claro que sí! —le respondió el Negro, contento de que le hubieran entendido. (Gutiérrez, 2006, pp. 41-42)

Esta reconciliación se refleja en la aceptación de Cocorí de la transitoriedad de la vida y su nueva comprensión de que cada momento vivido con intensidad y amor tiene un valor incalculable. Así, Cocorí no solo se reconcilia con la pérdida de su Rosa, sino que también encuentra paz en el entendimiento de la naturaleza efímera de la existencia y en la apreciación de la belleza y significado que cada instante puede contener.

3.2.4. Apoteosis

El héroe Cocorí finalmente se da cuenta de que aquello que fue a buscar siempre estuvo en él. Ahora ha alcanzado un estado de perfección e iluminación que Campbell (1959) denomina apoteosis. Esta culminación de su viaje no solo representa la adquisición de conocimiento y sabiduría, sino también una profunda conexión con la vida y la naturaleza. En este momento, Cocorí observa su alrededor y ve cómo el aire galopa alegremente, arrastrando mariposas en su estela. La savia sube por los tallos de las magnolias jugosas, regando los prados con su vitalidad. En este momento de epifanía, Cocorí se siente plenamente feliz y en armonía con su entorno. La transformación interna de Cocorí se manifiesta en su capacidad de ver y apreciar la belleza del mundo natural y descubrir que el valor de la vida no se mide por el tiempo vivido. Su felicidad es compartida con sus amigos, quienes, tomados de la mano, comienzan a bailar y saltar locos de alegría:

Cocorí miró a su alrededor y vio al aire galopar alegra arrastrando mariposas. La savia subía por el tallo de las magnolias jugosas y regaba por los prados. Cocorí era feliz.

Y los cuatro amigos, tomados de la mano, comenzaron a bailar y saltar locos de alegría. (Gutiérrez, 2006, p. 74)

3.2.5. El regreso

La teoría de Campbell (1959) señala que en ciertas ocasiones el retorno del héroe se da gracias a un rescate del mundo exterior, ya que puede necesitar ser asistido o salvado por alguien del mundo exterior para lograr su regreso, lo cual claramente es lo que sucede en el caso de Cocorí. Por ello, son los ruegos del monito Tití, los consejos de doña Modorra, del Negro Cantor y la Mamá Drusila, y los recuerdos del hogar los que hacen que Cocorí desista en su búsqueda y emprenda el regreso junto con sus amigos:

Cocorí no se resignaba a renunciar a su empresa.

— ¿No te gustaría darte un buen baño en el mar?, ¿o ir a ver a tu mamá? — preguntó insidiosa la Tortuga, pensando para sus adentros que ya era tiempo de que naciera la nidada de tortuguitas que había dejado empollando al sol.

Claro que sí— le contestó Cocorí infantilmente.

—Entonces vámonos.

El Tití chilló feliz:

—Sí, sí, vámonos.

En el interior del Negrito se produjo una batalla. ¿Irse, quedarse? Si se iba, ¿quién podría resolverle su pregunta? Talamanca había sido su última esperanza. ¿Qué hacer, ¡ay!, qué hacer?

Se daba cuenta clara de que sus amigos estaban ansiosos de regresar a su pacífica vida de antes. No podía abusar de ellos. Por fin se declaró vencido:

— Vámonos— aceptó suspirando. Y la tristeza plegó sus alas grises sobre su corazón. (Gutiérrez, 2006, p. 69)

No obstante, tras las lecciones aprendidas, este retorno se convierte en un regreso exitoso. El regreso de Cocorí, corriendo a través de la selva hasta la seguridad del hogar, y su paso frente al rancho del campesino, añade un sentido de comunidad y vida cotidiana. La playa, donde Cocorí se retira después de la cena, ofrece un contraste con la selva, mostrando un lugar abierto y más seguro, pero aún bajo la sombra de la imponente selva. La fascinación inicial al ver su reflejo en el agua, la excitación de aventurarse en la selva, el miedo generado por los sonidos y sombras de la noche y, finalmente, el consuelo encontrado al estar de nuevo junto a su madre, pintan un cuadro emocionalmente rico y envolvente. De este modo, se establece un contraste entre la seguridad del hogar y la aventura en la selva. Esta actúa tanto como lugar de prueba como de descubrimiento, esencial para la formación del carácter y las experiencias de Cocorí. Al llegar a su hogar, Cocorí experimenta la calidez del reencuentro con Mamá Drusila:

No obstante, tras las lecciones aprendidas, este retorno se convierte en un regreso exitoso. El regreso de Cocorí, corriendo a través de la selva hasta la seguridad del hogar, y su paso frente al rancho del campesino, añade un sentido de comunidad y vida cotidiana. La playa, donde Cocorí se retira después de la cena, ofrece un contraste con la selva, mostrando un lugar abierto y más seguro, pero aún bajo la sombra de la imponente selva. La fascinación inicial al ver su reflejo en el agua, la excitación de aventurarse en la selva, el miedo generado por los sonidos y sombras de la noche y, finalmente, el consuelo encontrado al estar de nuevo junto a su madre, pintan un cuadro emocionalmente rico y envolvente. De este modo, se establece un contraste entre la seguridad del hogar y la aventura en la selva. Esta actúa tanto como lugar de prueba como de descubrimiento, esencial para la formación del carácter y las experiencias de Cocorí. Al llegar a su hogar, Cocorí experimenta la calidez del reencuentro con Mamá Drusila:

Siguió corriendo por la playa y cuando divisó su choza comenzó a gritar:

—¡Mamá Drusila, aquí vengo, soy yo, Cocorí!

La Negra salió a la puerta limpiándose el rostro con el delantal. De un abrazo alzó a Cocorí hasta quedar su carita junto a la suya.

—¡Mi chiquitito!, ¿dónde estabas, hijo mío? ¿Qué te habías hecho?

—Y los besos llovían sobre el rostro del Negrito.

—Ya te contaré, mamá. ¿Sabes? Mi flor tuvo una vida muy larga; me lo explicó el Cantor.

—¿Sí, cómo?

—Dice que tuvo una vida apretada, que en un día vivió más que el Caimán y que Talamanca, porque pasó su vida haciendo el bien.

—¡Ah! es cierto, Cocorí; pero, además, yo te tengo una sorpresa. ¿Recuerdas la rama de la Rosa que quedó en el vaso? Pues ven a verla. Y de la mano lo llevó al jardín. Con los desvelos de la Negra, que la había regado día y noche, ansiosa de que cuando regresara Cocorí le sirviera de compañía para que nunca la volviera a abandonar, en el centro del jardín crecía un rosal. (Gutiérrez, 2006, pp. 75-76)

Este regreso simboliza no solo el retorno físico de Cocorí a su hogar, sino también un retorno emocional y espiritual. Cocorí ha integrado las lecciones de su viaje, encontrando paz y comprensión. La flor, que una vez fue motivo de dolor, ahora simboliza la continuidad de la vida y el poder del cuidado y el amor. La experiencia de Cocorí se transforma en un legado, reflejado en el rosal que crece robusto y hermoso en el jardín. Este le recuerda que la verdadera esencia de la vida radica en la calidad con que se vive y en el impacto positivo que se deja en el mundo.

4. Simbolismo e influencia de los animales y la naturaleza en el viaje heroico de Cocorí

En esta novela, tanto los animales como la naturaleza cumplen un papel fundamental en el viaje del héroe y configuración de este. En concreto, se distinguen tres tipos: (1) los que motivan a Cocorí a emprender su aventura (la rosa); (2) los que lo acompañan en toda su travesía (doña Modorra y el mono Tití); y (3) los últimos constituyen pruebas en su travesía (don Torcuato y Talamanca la Bocaracá). Por ello, seguidamente se estudia el simbolismo de estos personajes, así como la influencia que tuvieron en el viaje y la configuración de Cocorí como héroe, pues, como indica Campbell (1959):

El paisaje, como cada una de las fases de la existencia humana, toma vida por medio de las sugerencias simbólicas. Las colinas y los bosques tienen protectores sobrenaturales y están asociados con episodios populares bien conocidos en la historia local de la creación del mundo. En diversos lugares constituyen santuarios. El lugar en que ha nacido un héroe, donde ha realizado sus hazañas o donde ha regresado al vacío, es señalado y santificado. (p. 31)

4.1. La rosa

La rosa simboliza la belleza efímera y la fragilidad de la vida. Es el desencadenante de la aventura de Cocorí, motivándolo a buscar respuestas sobre la naturaleza de la existencia y la muerte. La rosa no solo representa la curiosidad y la inocencia de Cocorí, sino también el dolor de perder algo hermoso y la inevitable transición hacia la madurez. De acuerdo con Chevalier y Gheerbrant (1986), la rosa simboliza la copa de la vida, el alma, el corazón y el amor.

En la novela Cocorí, la rosa es un elemento fundamental, pues marca tanto el inicio como el desenlace de la trama. Es el catalizador que impulsa a Cocorí a emprender su viaje, un viaje que se convierte en una travesía de autodescubrimiento y crecimiento personal. La presencia de la rosa transforma la vida de Cocorí: “La rosa había aromado su choza. Lo había hecho más bueno. Por ella había enderezado a doña Modorra y había defendido al Tití de las furias del Campesino” (Gutiérrez, 1957, p. 44). Este pasaje resalta cómo la rosa inspira al personaje principal a actuar con valentía y bondad, lo que afecta no solo su comportamiento, sino también sus relaciones con los demás. Así, la rosa no solo desencadena el viaje físico de Cocorí, sino también su viaje emocional y moral, lo que simboliza el crecimiento y la transformación que experimenta a lo largo de la novela.

4.2. Doña Modorra

La tortuga, representada por Doña Modorra en la novela Cocorí, es un símbolo de sabiduría, estabilidad y longevidad. Según Chevalier y Gheerbrant (1986), esta se concibe como una imagen del universo y contribuye a su estabilidad, asociando su sabiduría con su longevidad. Argüello Scriba (2004) añade que la tortuga simboliza la estabilidad y el universo, siendo mediadora entre el cielo y la tierra y asociada a las aguas primordiales, lo que la convierte en uno de los animales cosmóforos de la naturaleza.

En el contexto de la novela, Doña Modorra encarna estos atributos de sabiduría y estabilidad. Cocorí valora su sabiduría debido a su edad avanzada: “—¡Esta sí debe saber! ¡Con sus ciento cincuenta años de experiencia!... Doña Modorra, usted que es tan vieja y tan sabia, ayúdeme” (Gutiérrez, 1957, pp. 50-51). Sin embargo, aunque Doña Modorra es considerada sabia, ella misma reconoce sus limitaciones y sugiere que don Torcuato, con más edad que ella, podría tener las respuestas que Cocorí busca.

La asociación de doña Modorra con lo materno también es significativa. La parte plana de su caparazón simboliza la tierra, reforzando esta conexión. Este aspecto materno se refleja cuando ella expresa su preocupación por el bienestar de Cocorí diciendo: “Es peligroso llegar donde ellos y no quisiera que te pasara nada” (Gutiérrez, 1957, p. 52). Cocorí reconoce su papel maternal y le dice: “Usted que ha sido una segunda mamá para mí, por lo que más quiera ayúdeme” (Gutiérrez, 1957, p. 55).

El protagonismo de doña Modorra es innegable en la aventura de Cocorí, ya que su conocimiento y sabiduría son fundamentales en diversas situaciones. Por ejemplo, ella le aconseja cómo tratar a don Torcuato. Aunque Cocorí no sigue exactamente sus consejos, ella lo protege nuevamente cuando le indica cómo escapar de su peligro: “—¡Cocorí, no corras en línea recta, porque te alcanza! ¡Corre haciendo círculos!” (Gutiérrez, 1957, p. 72). Otro ejemplo de su sabiduría se muestra cuando evita que Cocorí coma frutas venenosas, enseñándole a distinguir entre las frutas seguras y las peligrosas: “Cocorí agradeció una vez más a la sabia tortuga. ¿Qué habrían hecho sin su valiosa experiencia? Y escogió para ella las frutas mejores y le partió un coco para que calmara su sed” (Gutiérrez, 1957, p. 60).

En síntesis, aunque la sabiduría de doña Modorra no es suficiente para resolver la gran incógnita de Cocorí, su papel como guía y protectora es inestimable. Sus consejos y su presencia constante aseguran que Cocorí y sus amigos superen los desafíos que encuentran en su travesía, subrayando su importancia como un símbolo de sabiduría y estabilidad en la narrativa.

4.3. El mono Tití

Este, en la novela Cocorí, representa varios símbolos importantes y desempeña un papel vital en el viaje del héroe. La niña rubia había pedido un monito a cambio de la rosa, por lo que Cocorí decide atrapar al mono Tití. Sin embargo, el barco había partido antes de que pudiera cumplir su promesa y, desde ese momento, el Tití se convierte en un compañero inseparable de Cocorí hasta el final de su aventura. En el diccionario de símbolos de Chevalier y Gheerbrant (1986), el mono es bien conocido por su agilidad, su don de imitación y sus bufonadas. Representa la conciencia en un sentido peyorativo, ya que esta aplicada al mundo sensible salta de un objeto a otro, como el mono de rama en rama. En la obra, el mono simboliza principalmente la felicidad, agilidad, imitación, protección y alegría.

Como doña Modorra, el Tití se convierte en un amigo fiel y protector de Cocorí, aunque no tenga las respuestas a sus preguntas. A pesar de sus temores, el Tití nunca abandona a Cocorí, mostrando su lealtad en momentos difíciles, como cuando deben enfrentarse a don Torcuato. Si bien inicialmente el Tití presenta una serie de pretextos, finalmente decide acompañar a Cocorí, demostrando su valentía y compromiso.

Un claro ejemplo de esta fidelidad se observa cuando ambos esperan pacientemente a que doña Modorra y Talamanca se despierten. El Tití es el primero en considerar que doña Modorra podría ayudar a Cocorí con su pregunta, usando la imitación y gestos para guiarlo hacia ella:

El Tití, desde una rama, copiaba sus gestos de desconsuelo. Pero algo divisó y bajó corriendo a avisarle: —Cocorí, hi, hi, hi —y le señalaba con el dedo. Por la playa con su paso lento, entrecerrando los párpados de corcho bajo el sol encandilador, se arrastraba doña Modorra como una joroba sobre la arena. Cocorí corrió a su encuentro. (Gutiérrez, 1957, p. 50)

El Tití también desempeña un papel en mantener el espíritu infantil de Cocorí. Sus travesuras y hechos reviven la inocencia y el deseo de experimentar, lo que ayuda a Cocorí a encontrar el conocimiento. Por ejemplo, en una ocasión, el Tití mete la cabeza en una madriguera de zorro y sufre las consecuencias:

Salió a la carrera siguiendo el caprichoso vuelo del insecto, pero éste fue a desaparecer en un hueco, junto a un árbol. El Tití, empecinado en su cacería, metió cabeza por la estrecha abertura. ¡Buen castigo sufrió su testarudez! Era esa madriguera de un zorro hediondo que apestó de mal olor al pobre monito. Cuando el Tití regresó, llevaba una cara tan larga que doña Modorra le preguntó: —¿Qué nueva calamidad te ha pasado? Pero no necesitó respuesta, —¡Uff!— Y con ambas manos se tapó la nariz. El Tití los miraba con profundo desconsuelo. Ni él se podía resistir. (Gutiérrez, 1957, p. 100)

En resumen, aunque el Tití no conoce la respuesta a la pregunta de Cocorí, su papel en la travesía es fundamental. Lo acompaña a lo largo de todo su viaje, mostrando lealtad y protegiéndolo en la medida de lo posible. Su presencia no solo proporciona apoyo emocional a Cocorí, sino que también aporta un elemento de alegría y protección, esenciales para el desarrollo del protagonista en su aventura.

4.4. Don Torcuato

En la novela Cocorí, don Torcuato representa uno de los desafíos más significativos para el joven héroe. Cocorí, al asociar la edad con la sabiduría, lo considera, al cocodrilo, como un ser que podría proporcionarle respuestas debido a su longevidad. Sin embargo, este personaje encarna más que la sabiduría: también simboliza el peligro y la agresividad inherentes a la naturaleza.

Según Chevalier y Gheerbrant (1986), el cocodrilo se emparenta con el dragón en cuanto a su significación, pero encierra una vida aún más antigua e insensible, capaz de destruir despiadadamente la del ser humano. Es un símbolo negativo, ya que expresa una actitud oscura y agresiva del inconsciente colectivo. Su posición de intermediario entre los elementos tierra y agua hace del cocodrilo el símbolo de las contradicciones fundamentales. También señalan los autores que este símbolo crece en una vegetación lujuriante: en este sentido, es símbolo de fecundidad. El cocodrilo devora y destruye, por lo que es percibido como un demonio de la maldad y el símbolo de una naturaleza viciosa.

Don Torcuato, a pesar de su conexión con el simbolismo de la sabiduría, muestra principalmente su lado destructivo y agresivo en la novela. Cocorí, a pesar de las advertencias de doña Modorra de ser respetuoso y halagador con el cocodrilo debido a su carácter quisquilloso, comete la imprudencia de no seguir sus consejos. En lugar de despertar el espíritu sabio de don Torcuato, Cocorí provoca su agresividad. Su reacción es inmediata y violenta:

Y usted sabe- proseguía el atolondrado de Cocorí- que a usted no le tienen miedo nada más que por atropellador …, es decir … La tarasca terrible se cerró con un estruendo de dientes rechinantes. El ruido rodó como un trueno río abajo. El pajarillo pi, pi, pi, alcanzó a ponerse a salvo, dejando dos o tres plumas entre las tremendas mandíbulas… El caimán se lanzó como una jabalina contra los talones del Negrito. El playón le parecía interminable al pobre Cocorí. (Gutiérrez, 1957, pp. 71-72)

Aunque don Torcuato no proporciona una ayuda directa a Cocorí, su encuentro con el cocodrilo no es inútil. Este evento obliga a continuar su búsqueda, convirtiéndose en un catalizador para su viaje. Además, tanto don Torcuato como Talamanca la Bocaracá sirven como ejemplos para que el Negro Cantor pueda explicarle el ciclo de la vida y la fugacidad de la belleza:

— ¿Qué es la vida de Talamanca la Bocaracá que se arrastra perezosa asolando todo a su paso y durmiendo largas digestiones? ¿Y don Torcuato, bilioso por el poder de su vecina, que se desquita haciendo daño a su alrededor?

—¿Tú crees que eso es vivir, Cocorí? Dormitar al sol rumiando pensamientos negros y malvados. (Gutiérrez, 1957, p. 102)

En síntesis, aunque don Torcuato no cumple el rol de sabio guía que Cocorí esperaba, su agresividad y su simbolismo oscuro lo impulsan a continuar su búsqueda. Este personaje ilustra las dualidades de la naturaleza: sabiduría y destrucción, vida y muerte, lo cual es esencial para el desarrollo y la comprensión de este joven héroe en su viaje por la selva costarricense.

4.5. Talamanca la Bocaracá

En Cocorí, Talamanca la Bocaracá también es uno de los personajes que representa los peligros y las contradicciones de la naturaleza. Según las interpretaciones simbólicas, la serpiente tiene múltiples significados que abarcan desde la creación y la sabiduría hasta la agresividad y la destrucción. De acuerdo con Argüello Scriba (2004), a la serpiente:

Se le atribuye en el mito sobre el nacimiento del mundo, en la mitología hindú, a una boa gigantesca, Vishnu, que guarda en su boca mientras duerme, en las aguas primordiales, el huevo, que en un momento determinado soltará y de ahí saldrá el mundo. Simbólicamente, la serpiente conservó el sentido del conocimiento, de las artes, la medicina, la vida, es dual en sus características, pero sobre todo, la transmutación de la muerte en vida y viceversa, precisamente, por el cambio de piel. (p. 8)

Chevalier y Gheerbrant (1986) agregan que las serpientes representan la agresividad y la fuerza, así como la continuidad del tiempo debido a su forma de cadena y su ondulación, que las vincula con las aguas primordiales de donde proviene la vida. Argüello Scriba (2004) argumenta que, en las especulaciones filosóficas orientales, la serpiente y el dragón simbolizan lo que aún no se ha manifestado: la unidad indivisa antes de la creación. Lurker (1992, citado en Argüello, 2004, p. 18) resume la función de la serpiente en la mentalidad y cosmogonías asiáticas como un símbolo de lo potencial y lo no manifestado.

Sin embargo, en la novela, Talamanca la Bocaracá es presentada de manera distinta. A pesar de ser un ser temible, más que don Torcuato, es descrita como un ser inmóvil e incapaz de ayudar a Cocorí. Doña Modorra menciona la devastación que causa su presencia:

Doña Talamanca la Bocaracá se arrastra por la yerba y no crece más. Por eso, cerca de su nidal todo es devastación y ruina… sin una sola brizna de yerba, sin un solo matorral, ni siquiera un arbusto, en una superficie gigantesca, pelada y árida, reposaba Talamanca la Bocaracá. (Gutiérrez, 1957, pp. 87-88)

Cuando Cocorí, el Tití y doña Modorra llegan hasta ella, se encuentran con un ser que, aunque imponente, no puede ofrecer ninguna ayuda para resolver la duda de Cocorí: “Qué desgracia no poder plantearle mi problema –comentó con el mono-. Una persona con un vientre tan majestuoso y un sueño tan satisfecho tiene que ser alguien muy importante” (Gutiérrez, 1957, p. 94).

Aunque Talamanca la Bocaracá no puede proporcionar una respuesta directa a Cocorí, su papel en la historia es significativo. Sirve como un obstáculo que motiva a Cocorí a continuar su búsqueda a pesar de los desafíos. Su presencia refuerza la idea de que la sabiduría y las respuestas no siempre se encuentran donde uno espera y que el camino hacia el conocimiento puede estar lleno de peligros y desilusiones.

En resumen, Talamanca la Bocaracá, al igual que don Torcuato, no ofrece una solución directa a Cocorí, pero su papel como símbolo de las dificultades y contradicciones en la búsqueda del conocimiento es fundamental en el recorrido del héroe. Estos encuentros con personajes temibles y sabios en apariencia, pero incapaces de ayudar directamente, sirven para impulsarlo a seguir adelante en su aventura, enseñándole que la perseverancia y la tenacidad son esenciales en su búsqueda de respuestas.

5. Configuración de Cocorí como un héroe popular

Como se evidenció al inicio de este escrito, existen diversas concepciones de héroe en la literatura. Cocorí, el protagonista de la novela homónima, encarna las características de un héroe popular. A pesar de no poseer cualidades divinas, este muestra un profundo compromiso con su comunidad y un notable altruismo. En primer lugar, Cocorí no se expone al peligro por el mero placer de experimentar el riesgo, sino que se adentra en su aventura por la necesidad de encontrar una respuesta al enigma de por qué su rosa, tan linda y buena, vivió tan poco tiempo. Esta búsqueda no es una aventura por el simple hecho de aventurarse, sino que lleva implícito un fin significativo y trascendental.

En segundo lugar, Cocorí no suscita una pura y simple admiración, como en el caso de los héroes mitológicos, sino que despierta un auténtico cariño entre sus conciudadanos y compañeros. Un ejemplo de esto es cuando ayuda a doña Modorra a levantarse:

¡Ay, pobrecita de mí –gemía la tortuga–! ¡Si nadie me ayuda, me asaré al sol! El negrito la tomó de una pata y, con un enorme esfuerzo, la puso en pie. Doña Modorra, toda congestionada, suspiró: “¡Qué modo de dolerme los riñones! ¡Ya estaba viendo estrellas!” Él le sobó la espalda un rato para aliviársela y escuchó el relato de la vieja: “Vieras de la que me has salvado, Cocorí. Si el jaguar llega a sorprenderme en esa posición indefensa, hubiera muerto en la flor de la edad. (Gutiérrez, 1957, p. 27)

Otro ejemplo de la estima que Cocorí genera es cuando doña Modorra, después de que él la besara, siente cómo el calor de sus labios penetra su gruesa piel seca y envejecida y llega a su corazón, disipando sus dudas y miedos: “El calor de sus labios penetró la gruesa piel pergaminada de la Tortuga y llegó a su corazón. Se ruborizó y los últimos cristales de la duda y el miedo se deshicieron como terrones de azúcar en el agua” (Gutiérrez, 1957, p. 56).

Además, Cocorí muestra su heroísmo al proteger a los animales, como cuando rescata a un pájaro atrapado por el Tití:

Se quiso escapar con su presa, pero Cocorí, de un salto, lo atrapó por la cola. —Pobrecito, cómo tiembla. — Acarició con suavidad al pajarito, le dio agua en la palma de la mano y el plumón comenzó poco a poco a retornar, tembloroso a la vida. —Gracias, Cocorí —pió con suavidad. (Gutiérrez, 1957, p. 63)

Finalmente, Cocorí deja una huella definitiva e imborrable en aquellos a quienes ayuda, como lo demuestra la gratitud de doña Modorra: “—Sí, gracias a ti, hijo mío. Nunca olvidaré tu ayuda” (Gutiérrez, 1957, p. 27). En síntesis, a lo largo de la novela, Cocorí muestra las características que configuran a un héroe popular. Se adentra en la aventura motivado por un propósito significativo, despierta un cariño genuino en sus conciudadanos y compañeros, y mantiene una estrecha relación con la naturaleza, dejando una huella imborrable en sus habitantes. Este análisis permite comprender cómo él encarna las cualidades de un héroe popular, según las descripciones de Navarro (1978).

Al profundizar en el concepto del héroe en Cocorí, es indispensable reconocer cómo su travesía y acciones reflejan un proceso de crecimiento y aprendizaje que lo conecta aún más con las características de un héroe popular. A lo largo de su aventura, Cocorí no solo busca respuestas a sus propias preguntas, sino que también enfrenta diversos desafíos que ponen a prueba su valentía, empatía y compromiso con su comunidad. Esta evolución es un rasgo distintivo de los héroes en la literatura, quienes, según Campbell (1959), deben atravesar un viaje de separación, iniciación y retorno, transformándose en individuos más completos y sabios. Cocorí, al superar estos obstáculos, no solo resuelve su dilema personal, sino que también fortalece los lazos con los seres que encuentra en su camino, demostrando que su heroísmo está intrínsecamente ligado al bienestar colectivo.

Además, es interesante notar cómo Cocorí, a pesar de su corta edad y falta de poderes sobrenaturales, se convierte en un referente moral para su comunidad. Su capacidad para actuar con integridad y desinterés en situaciones difíciles lo posiciona como un modelo a seguir, lo que destaca la importancia de la fortaleza moral y la humanidad en la construcción del carácter heroico. Este aspecto refuerza la idea de Navarro (1978) de que el verdadero héroe popular es aquel que, a través de sus acciones cotidianas y su conexión con la comunidad, logra inspirar un cambio positivo y duradero. Así, Cocorí demuestra que el heroísmo no reside en grandes hazañas épicas, sino en los pequeños actos de bondad y coraje que tienen un impacto significativo en la vida de los demás.

6. Lectura conclusiva

El análisis de la figura de Cocorí como héroe popular en la novela homónima de Joaquín Gutiérrez ha permitido identificar las características que lo configuran dentro de este arquetipo, según las descripciones de Navarro (1978). Este, a pesar de no poseer cualidades divinas ni extraordinarias, demuestra un profundo compromiso con su comunidad y una notable empatía hacia los seres que le rodean. Su heroísmo se manifiesta a través de actos de valentía y altruismo que no buscan la gloria personal, sino el bienestar colectivo.

El recorrido de Cocorí, analizado bajo la teoría del viaje del héroe de Campbell (1959), revela una estructura narrativa en la que el protagonista se adentra en una aventura impulsada por la búsqueda de respuestas a un enigma personal. Este viaje incluye fases de separación, iniciación y retorno, durante las cuales él enfrenta diversos desafíos que le permiten crecer y fortalecerse como individuo. A través de estas experiencias, no solo encuentra las respuestas que busca, sino que también establece vínculos profundos y significativos con su entorno, consolidándose como un verdadero héroe popular.

Asimismo, el simbolismo de la rosa y los animales en la novela juega un papel de vital importancia en la configuración del heroísmo de Cocorí. La rosa, con su breve pero intensa existencia, simboliza la belleza efímera de la vida y la búsqueda de respuestas trascendentales. Los animales, por su parte, representan diversos aspectos de la naturaleza y la comunidad, destacando la relación de interdependencia y cuidado mutuo que lo caracteriza. Sus interacciones con estos seres reflejan su sensibilidad y su compromiso con el bienestar de todos los miembros de su entorno.

El aprendizaje de Cocorí a lo largo de su viaje heroico es otro aspecto esencial. A través de sus aventuras y desafíos, Cocorí no solo adquiere conocimientos y respuestas sobre la fragilidad de la vida representada por la rosa, sino que también aprende importantes lecciones sobre la empatía, el valor de la solidaridad y la responsabilidad hacia los demás. Este crecimiento personal y moral reafirma su posición como un héroe que, aunque joven e inexperto al inicio de su viaje, regresa con una mayor comprensión y aprecio por la vida y su comunidad.

Es particularmente relevante en el contexto de la literatura costarricense percibir a Cocorí, un niño afrodescendiente, como un héroe. Este reconocimiento no solo celebra la diversidad cultural y étnica del país, sino que también desafía y enriquece las representaciones tradicionales de la heroicidad. Cocorí se convierte en un símbolo de inclusión y de la capacidad de los individuos de todas las comunidades para ser agentes de cambio y de inspiración. Su historia resalta la importancia de la representación y visibilización de diferentes identidades en la literatura, contribuyendo a una sociedad más equitativa y consciente de su riqueza multicultural.

En síntesis, este estudio ha demostrado que Cocorí encarna los valores de un héroe popular, no solo por sus acciones valientes y desinteresadas, sino también por su capacidad para inspirar un cambio positivo en su comunidad. A través de su viaje y sus relaciones, Cocorí nos recuerda que el verdadero heroísmo reside en los pequeños actos de bondad y coraje que tienen un impacto significativo en la vida de los demás y la propia. La novela de Joaquín Gutiérrez, por tanto, no solo ofrece una rica narrativa de aventuras, sino también una profunda reflexión sobre la naturaleza del heroísmo, la importancia de la comunidad y la empatía en la configuración de un verdadero héroe, y el valor del aprendizaje y crecimiento personal a través de la adversidad.

Referencias

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Contribución de autoría CRediT

Grettel Arias Orozco y Lorriane Vargas Valverde contribuyeron con el diseño del estudio, el análisis e interpretación de resultados y la preparación del manuscrito.

Notas de autor

1 Doctora en Metodología de la Investigación Educativa, Universidad de Carolina del Norte, Greensboro, Estados Unidos
2 Licenciada en Enseñanza del Castellano y Literatura, Universidad de Costa Rica, Costa Rica.

Información adicional

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