Conferencia

Barranquilla. Ciudad y literatura en la novela de Andrés Salcedo1

Barranquilla. City and Literature in the novel by Andrés Salcedo

Consuelo Posada
Universidad de Antioquia, Colombia

Barranquilla. Ciudad y literatura en la novela de Andrés Salcedo1

Estudios de literatura colombiana, núm. 48, pp. 301-308, 2021

Universidad de Antioquia

Recepción: 21 Julio 2020

Aprobación: 23 Octubre 2020

Gran parte de la novela El día en que el fútbol murió, de Andrés Salcedo, está centrada en Heleno de Freitas, el jugador brasileño que maravilló a la afición, cuando estuvo vinculado al equipo Junior de la ciudad, en la Barranquilla de 1950. Su condición singular como un hombre elegante y de gustos exquisitos, conocedor de varias lenguas y aficionado a la literatura, lo acercaron a la vida cultural de los intelectuales de su momento, y lo separaron del mundo normal de los jugadores de fútbol.

Sobre el autor, Andrés Salcedo, aclaro en otro escrito sobre este mismo libro que es un hombre de letras, amante del fútbol y fiel al equipo Junior, como todos los barranquilleros, y agrego que no es extraño que el autor le haya dedicado esta obra al jugador que pasó por su equipo cuando él era un niño y se convirtió en una leyenda por su fútbol prodigioso y su imagen extravagante.

Andrés Salcedo confiesa haber sido marcado por el recuerdo de Heleno de Freitas y, como el niño protagonista de su novela, Salcedo en su infancia conocía todo sobre su ídolo: sus costumbres, sus gustos, sus vicios, el sonido de su voz, la ropa que usaba, la brillantina con que se peinaba, el número que calzaba o los datos sobre sus enemigos y sus amantes (Salcedo, 2011, p. 10). También Andrés Salcedo, como el personaje protagonista, pasó buena parte de su vida reuniendo informaciones, documentos, fotografías y objetos que le pertenecían al jugador, como una corbata que había dejado olvidada en un burdel y que pasó por varias manos antes de llegar a las suyas, y guardaba los únicos autógrafos que H. de Freitas concedió, a unos pocos afortunados, el año en que jugó para el equipo más popular de la ciudad.

En cuanto a la obra, el primer punto que quiero desarrollar es el de la ilusión de verdad que la novela maneja porque, además de estar basada en un recuento detallado de la vida del astro del fútbol, la historia se monta sobre la imagen de la Barranquilla de los años 50, en un barrio popular, identificable en la historia y en la geografía de esa época. Quiero decir que así era el barrio Rebolo y así era la Barranquilla de 1950.

Además, en la línea de ilusión de verdad, el esquema narrativo nos propone un artificio que puede confundir al lector: la idea de que la novela que estamos leyendo es el resultado de un trabajo de investigación periodístico. De manera que, en el capítulo introductorio, un supuesto periodista llega en el año 2010 a Barranquilla, enviado por una editorial independiente, con el propósito de reconstruir el paso de Heleno de Freitas por la Barranquilla de mitad del siglo xx.

Toda su búsqueda lo conduce a encontrar a Miche Granados, un hombre ya viejo, que estuvo marcado por un seguimiento apasionado por el futbolista, en sus años de juventud. Entonces los recuerdos de MicheGranados, niño, articularán los episodios extravagantes de la corta historia del astro del fútbol brasileño en Barranquilla con su propia historia familiar, que aparece enmarcada en la vida cotidiana de un barrio popular en el sur de la ciudad.

Esta perspectiva de la narración es un primer acierto de la novela, porque le da a la historia literaria una apariencia de relato testimonial. Quiero decir que los nombres y apellidos del periodista y el nombre del informante, aunque sean nombres de ficción inventados por el autor, son un truco literario que busca darle a la novela una ilusión de verdad. Así, no solo parecerá verdadera la historia de Heleno de Freitas, cuyo referente histórico es ubicable en la historia del fútbol, sino también, de paso, el relato de MicheGranados, el hermoso personaje de ficción inventado por Andrés Salcedo para encarnar al niño adorador del fútbol que pasó su vida anclado al recuerdo del jugador brasileño.

Las ciudades de ficción

En esta novela, a lo largo del relato encontramos un juego combinado de ficción y verdad, porque la Barranquilla literaria que llena el fondo de la historia se ajusta al esquema de los hechos que ocurrieron en la ciudad con Heleno de Freitas, y el autor se apoya en los datos claves de su vida como futbolista, mientras estuvo ligado al equipo Junior. En la novela, como en una película, la cámara lo sigue, desde su llegada a Barranquilla, recuenta su dificultad para relacionarse con sus compañeros de equipo, su afición por los burdeles y los casinos, y se detiene en los detalles de sus extravagancias, como cuando sacaba la peinilla y se peinaba en la mitad de un partido.

El autor acompaña al héroe hasta su regreso al Brasil, con los detalles de su final trágico por los hospitales hasta el manicomio y la muerte. Podríamos decir que todo el conjunto de informaciones históricas sobre el jugador y sobre la ciudad sirven para anclar la ficción en la realidad; es decir, para darnos la ilusión de verdad de todo lo que allí se cuenta.

Este tema de las calidades de la verdad presente en la literatura histórica ha sido un punto polémico, y el asunto particular de ciudad y literatura ha enfrentado a los críticos frente al concepto de realidad que algunos le conceden a las creaciones literarias. Los estudiosos que le niegan la condición de ciudades reales a los lugares creados por el arte se apoyan en la dosis de ficción que estos contienen, y exponen una conclusión que podría enunciarse de esta manera: si la literatura es una invención y la obra de arte crea invariablemente un mundo nuevo, debemos mirar las ciudades literarias como elaboraciones estéticas, es decir como ciudades de palabras (Lukács, 1972; Segre, 1985).

Muchos estudiosos han defendido las obras literarias que dibujan ciudades como documentos históricos que nos permiten acercarnos al estudio de un lugar; pero, en general, hoy se matizan las contribuciones de la literatura considerada histórica, y se duda de la certeza de los datos que en las obras de Balzac, Dickens o Dos Passos, por ejemplo, sirven para iluminar nuestra visión de París, Londres o Nueva York.

Vladimir Nabokov (1983, pp. 25-27) ironiza sobre la información derivada de la literatura, y considera ingenuo el conocimiento que se desprende de las “novelas históricas”. Fernando Cruz Kronfly (1994, pp. 67-72) se refiere a la construcción de su novela Las cenizas del Libertador, montada sobre la imagen de Simón Bolívar. Su intención, explica, no fue novelar la vida del Libertador sino su paradoja como ejemplo de otros hombres que han conocido el contraste entre el poder y la gloria, y la miseria y el olvido. Para ellos, en todas las ciudades que aparecen en la ficción hay siempre mentiras artísticas, porque se trata de ciudades reinventadas, y por eso se dice que todo escritor es un mentiroso con licencia para engañarnos (Segre, 1985).

Según este razonamiento, sería sensato entender, entonces, que la imagen de Barranquilla en la novela de Andrés Salcedo sobre Heleno de Freitas será una imagen literaria y no real, porque el “mundo posible” que crea la literatura no puede confundirse con el mundo de la experiencia del lector. Pero, aun con la dosis de ficción que incorpora una obra como esta, tanto la figura y los movimientos del futbolista brasileño como el fondo de la ciudad de Barranquilla son reconocibles, por la fidelidad al esquema de la historia que se cuenta y por los claros referentes geográficos que identifican la ciudad.

El lector corriente puede preguntarse, entonces: ¿cómo diferenciar la ciudad real de la Barranquilla literaria? Es claro que se trata de una ciudad adobada con la ficción; pero ¿cómo separar la verdad que parece estar presente? En la novela de Andrés Salcedo todo resulta verosímil. No solo la historia central se nutre con una parte de la historia real de la Barranquilla del fútbol, sino que se traen datos de la cartografía, con los nombres de los barrios, las calles y los lugares que hacen parte de la historia de la ciudad. Por esto es difícil que a los habitantes de Barranquilla se les diga que la ciudad que aparece en la obra, con un barrio que se llama Rebolo y con partidos de fútbol del equipo Junior, en el Estadio Municipal, no es la misma que ellos habitan.

Estas aclaraciones no significan que la literatura tenga que ser verdadera y que esté obligada a correspondencias o exactitudes. La literatura tiene que ser verosímil pero no verdadera, y aquí se entiende por verosimilitud la coherencia interna de los hechos narrados y el recuento de historias que resulten creíbles para el lector.

En las novelas que presentan un fondo histórico y que se apoyan en hechos y personajes reales, como es el caso de la obra que nos ocupa, el autor estaría obligado a respetar los datos de la historia real, aunque estos se mezclen con elementos de la ficción, para que la historia contada conserve la ilusión de verdad. El escritor, señala Fernando Cruz Kronfly (1994), conserva el esquema central de los datos históricos pero puede aprovechar la libertad del arte para jugar con la reelaboración de espacios y personajes.

Podemos afirmar que, por las calidades estéticas de la novela y por el rigor en el manejo de la información histórica, este libro hará parte de las grandes obras que se ocupan de Barranquilla, al lado de nombres como el de Marvel Moreno, la escritora barranquillera que escribió cuentos y novelas sobre esta ciudad y sobre el mismo período que toca la novela de Salcedo. Pero Marvel Moreno pintó, en sus cuentos y novelas, la Barranquilla floreciente de los barrios del norte, mientras que en la novela de Salcedo se dibuja la contraparte de una ciudad en decadencia, con las historias del barrio Rebollo, que es también la historia de San Roque y un pedazo de otros barrios del sur. En la Barranquilla de Marvel Moreno aparece la opulencia del viejo barrio El Prado, con sirvientas de delantales almidonados, casas con trinitarias de colores en los antejardines, puertas abiertas que muestran desde afuera baldosas brillantes y patios anchos con jardines de colores (Posada, 1997). En la novela de Salcedo se dibuja un barrio deteriorado, porque con el nuevo urbanismo las familias influyentes que habían vivido allí por más de un siglo abandonaron los caserones burgueses y se mudaron a las urbanizaciones del norte. Entonces el barrio se convirtió en un vecindario pobre y bochinchero, con casonas amarillentas por el abandono y ropa remendada asoleándose a la vista de todos, en estrechos callejones (Salcedo, 2011, p. 89).

Prosperidad económica y desarrollo cultural en la Barranquilla de 1950

Esta imagen de la Barranquilla próspera, que los personajes de la novela de Salcedo miran distante como si se tratara de otra ciudad y que Marvel Moreno muestra desde adentro, se monta sobre la imagen histórica de la Barranquilla mercantil, que creció desaforadamente y sobrepasó todo el movimiento portuario de las ciudades vecinas. José Luis Romero (1984) nos dice que en 1930 Barranquilla tenía 150 000 habitantes, había acaparado el tráfico internacional y servía de llave a la navegación del Magdalena.

Miguel Samper también se refiere al fulminante desarrollo de Barranquilla desde finales del siglo xix, y destaca “el movimiento comercial, el ruido de la actividad y el pito de las máquinas de vapor que forman contraste con la quietud de las ciudades de la altiplanicie”. Cuenta que allí existían quizá más extranjeros que en todo el resto de la república, y que el inglés se oía hablar en los escritorios, en el ferrocarril, en los vapores (Citado por Romero, 1984, p. 220).

Por su parte la importante investigación del arquitecto Carlos Bell, publicada en el libro El movimiento moderno en Barranquilla 1946-1964 (2003), nos muestra cómo en ese período se conformó el gran patrimonio arquitectónico de la ciudad y se consolidó el auge de la modernidad industrial.

Pero encuentro que el punto más importante del trabajo de Carlos Bell es la ligazón que él establece entre el desarrollo de la arquitectura de ese período y las demás disciplinas ligadas al mundo del arte: la literatura, la pintura, la música. Es cierto que Barranquilla aparece en ese momento como un “milagro de cemento armado”, para utilizar las palabras del alcalde José Raimundo Sojo en su discurso del 7 de abril de 1960 (citado por Bell, 2003, p. 15); pero más allá de esta imagen de ciudad moderna, portadora de trabajo y riqueza, Carlos Bell nos muestra que la ciudad vivió en estos años de prosperidad comercial uno de los momentos sociales y culturales más interesantes de su historia, que permitió el nacimiento de un gran movimiento artístico e intelectual, y de ese momento son los nombres de hombres de letras como Luis Eduardo Nieto Arteta, de músicos como Pacho Galán en los porros populares, de Sonia Osorio en el tema de los bailes folclóricos, o de Pedro Biava, en la orquesta sinfónica que surgió en la ciudad.

Como uno de los postulados centrales de este trabajo, se analiza la prosperidad económica de Barranquilla en estos años, ligada a un sólido movimiento artístico e intelectual en la ciudad. Barranquilla vivió uno de los momentos sociales y culturales más interesantes de su historia; y esta riqueza artística, que se mostró en la literatura, se expresó con mucha mayor intensidad en la arquitectura que se desarrolló en la década del 50 en el estilo conocido como el movimiento moderno.

El ilustre arquitecto Rogelio Salmona, en el prólogo al libro de Carlos Bell, elogia la clase social pujante y creadora de Barranquilla, que fue capaz de armar una ciudad con una impronta moderna. Pero Carlos Bell va más allá y concluye que la Barranquilla construida entre 1946 y 1964 fue posible por el ambiente especial de creatividad, conciencia ciudadana, libertad y, sobre todo, prosperidad.

Para su análisis, Carlos Bell trae las cifras del desarrollo regional entre 1946 y 1962. En 1950, el producto interno bruto del departamento del Atlántico era el segundo más alto del país después del de Bogotá. Y según las estadísticas, en 1951 Barranquilla era la ciudad colombiana cuyas viviendas estaban mejor atendidas, con agua potable, energía eléctrica y servicios sanitarios.

Carlos Bell nos recuerda que aunque Barranquilla había perdido su primacía como puerto, ante el puerto de Buenaventura, conservaba una economía en expansión, y que por esta razón aquí se instalaron grandes industrias de materiales de la construcción para satisfacer la demanda de insumos que requería el desarrollo urbanístico (Bell, 2003, p. 32).

Cementos del Caribe arrancó su producción en 1944; Mosaicos Santana, en 1946; Eternit de Colombia, en 1946; en 1954 aparece Maderas y Triplex Limitada, y Aluminios de Colombia Reynolds Santo Domingo, en 1956.

Mientras los arquitectos construían el “entorno moderno”, se consolidó en Barranquilla la formación de un grupo de literatos y artistas que fue después conocido como el Grupo de Barranquilla, del que hicieron parte figuras como Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor, Alejandro Obregón y también Gabriel García Márquez. Según este mismo análisis, el gran momento de este movimiento cultural fue precisamente en 1950, que es el año en el que transcurren los hechos de la novela de Salcedo. Anota Carlos Bell que en 1950 Gabriel García Márquez llegó a vivir a Barranquilla y empezó a escribir sus columnas en El Heraldo, y en ese mismo año Álvaro Cepeda Samudio regresó de Nueva York después de estudiar en la Universidad de Columbia, y también en ese mismo año se inició la publicación del semanario Crónica, considerada por algunos críticos -como el reconocido profesor Jacques Gilard, de la Universidad de Toulouse- como la mejor revista literaria que ha tenido Colombia.

Se trató de una revista de fútbol y literatura dirigida por el reconocido escritor Alfonso Fuenmayor, que tuvo como jefe de redacción por algún tiempo a Gabriel García Márquez, y que en su comité de redacción contó con nombres notables como los de Ramón Vignes, José Félix Fuenmayor, Meira del Mar, Julio Mario Santo Domingo y Álvaro Cepeda Samudio, entre otros. Y en su comité artístico estuvieron Alejandro Obregón, Alfonso Melo y Orlando Rivera “Figurita”, y allí se publicaron los primeros cuentos de Álvaro Cepeda y de Gabriel García Márquez.

Su importancia se mide por la amplitud y la actualidad de la cultura en la Barranquilla de ese momento, en relación con la literatura y la cultura del mundo, por los cuentos que se publicaron, por la presencia de los textos en el pulso internacional y por su relación con la literatura de otro mundo.

Entonces el contenido de esta revista es una muestra de la devoción por el fútbol que ha existido en Barranquilla y que identifica a todos los barranquilleros. A diferencia de otras ciudades, donde la afición se divide entre los equipos existentes, en Barranquilla los afectos se unifican frente al Junior, y cuando ha existido otra escuadra, también se le acompaña, pero esta pertenencia no es sonora, ni radical, ni excluye el fervor por el equipo de siempre. Esta pasión incluye a todas las capas sociales y a todos los niveles culturales.

En esta publicación, la portada del primer número, publicado el primero de abril de 1950, estuvo dedicada a Heleno de Freitas. Allí aparece su rostro en primer plano, con el título “El jugador más discutido del mundo”, y se agrega, como subtítulo, que el jugador es ensimismado, áspero e incapaz de sonreír.

El interior del mismo número le dedica un texto de cuatro páginas con críticas severas sobre la extraña personalidad de Heleno de Freitas, que se niega a ser amable y que tiene dificultades para relacionarse con los otros jugadores, con la prensa y con el medio. Se resalta en negrilla: “Heleno no sabe por qué estudió derecho, ni por qué juega fútbol, ni por qué vino a Colombia, ni cuándo regresará su esposa, ni cuál fue su temporada más brillante, ni si le gusta Barranquilla” (Crónica, 2010, p. 8).

Referencias bibliográficas

Bell, C. (2003). El movimiento moderno en Barranquilla 1946-1964. Barranquilla: Editorial Eos Edimsa.

Crónica. Semanario. (2010). Crónica. Semanario literario-deportivo de barranquilla (1950-1951) textos rescatados. Barranquilla: Ediciones Uninorte.

Cruz Kronfly, F. (1994). Ficción y novela histórica. En: K. Kohut (Ed.). Literatura colombiana hoy (pp. 68-72). Frankfurt: Universidad de Eichstatt.

Lukács, G. (1972). El reflejo artístico de la realidad. En: Textos de estética y teoría del arte (pp. 95-104). México: Universidad Autónoma.

Nabokov, V. (1983). Curso de literatura europea. Barcelona: Bruguera.

Posada, C. (1997). Barranquilla en la obra de Marvel Moreno. Actas del Coloquio Internacional, Toulouse (3-5 de abril).

Romero, J. L. (1984). Latinoamérica: las ciudades y las ideas. Bogotá: Siglo xxi.

Salcedo, A. (2011). El día en que el fútbol murió. Triunfo y tragedia de un dios. Bogotá: Ediciones B.

Segre, C. (1985). Principios de análisis del texto literario. Barcelona: Crítica.

Notas

1 Conferencia derivada de las Jornadas de reflexión urbana, Facultad de Ciencias Humanas - Programa de Sociología y Facultad de Arquitectura - Área de Urbanismo, de la Universidad del Atlántico. Barranquilla, noviembre, 2018. Cómo citar esta conferencia: Posada, C. (2021). Barranquilla. Ciudad y literatura en la novela de Andrés Salcedo. Estudios de Literatura Colombiana 48, pp. 301-308. DOI: https://doi.org/10.17533/udea.elc.n48a18
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