Reseña

Qué hacer con estos pedazos. Piedad Bonnett. Alfaguara, Bogotá, 2021 166 p.

Juan David Almeyda Sarmiento
Universidad Industrial de Santander, Colombia

Qué hacer con estos pedazos. Piedad Bonnett. Alfaguara, Bogotá, 2021 166 p.

Estudios de literatura colombiana, núm. 51, pp. 189-192, 2022

Universidad de Antioquia

Bonnett Piedad. Qué hacer con estos pedazos. 2021. Bogotá. Alfaguara

Recepción: 15 Febrero 2022

Aprobación: 09 Junio 2022

Publicación: 18 Julio 2022

Después de tres años de trabajo, Piedad Bonnett entrega a sus lectores su más reciente novela, la cual tiene una distancia temática marcada frente a su última obra publicada. Tras su trabajo novelístico en Donde nadie me espere (2018), la antioqueña decide retomar dos lugares comunes, no por ello menos intensos y profundos, de su novelística: la vejez y la mujer. Fácilmente las obras de Bonnett pueden hilarse por medio de estos dos conceptos, exceptuando, quizá, Donde nadie me espere; esto es así ya que es por medio de las novelas que Bonnett toma el camino largo para poder hacer una escritura lenta y detenida por las crisis y elementos existenciales que rodean sus personajes; en el caso de esta novela, de Emilia, quien debe afrontar un punto de estancamiento emocional, relacional y familiar que tiene detrás todo un pasado de (sobre)vivir como una mujer en un mundo medido por la visión de mundo de los hombres.

La primera línea de la novela resume todo su contenido: “A veces basta tirar una piedra sobre un tejado para que una casa se desmorone” (p. 11). La fuerza de esta línea radica en la capacidad de sintetizar el efecto de derrumbamiento que surge dentro de un ser humano, en este caso de Emilia, la protagonista, a la hora de reflexionar sobre su propia vida en un punto de su existencia. Así como en Para otros es el cielo (2004), esta novela de Bonnett explica las complejidades de envejecer, específicamente cuando se ha llevado una vida en modo automático, es decir, de una manera que destaca por dejar de lado el modo en que se interactúa con los demás (parejas, hijos, amigos, amantes) en aras de sublimar ese trauma (siempre existe un tiempo pasado que ha dejado huella en el personaje principal) que finalmente, cuando sintomatiza, genera una enfermedad que desata toda la narrativa.

En este caso, el derrumbamiento de lo automático, el punto de ruptura con la sublimación, surge cuando el marido de Emilia decide remodelar la cocina de su casa. Es con esta metáfora espacial que Bonnett presenta al lector la lucha de Emilia por superar la minimización a la que estuvo reducida toda su vida, salvo en su carrera, que es el sublimante y le permite a ella seguir viviendo el día a día. La cocina es la piedra que derrumba la casa, la existencia de Emilia se ve interpelada por ese choque de su propia intimidad que es el no preguntarle por la remodelación antes de empezar. Los pedazos de la vida de Emilia comienzan a ser pensados solo hasta ese punto en que el marido reafirma deliberadamente una autoridad que siempre han sostenido los hombres en su vida, la cual siempre termina por condenarla a una vida de bajar la cabeza y de seguir adelante.

Esto último lleva al segundo tema del libro, sépase, la mujer. Así como en El prestigio de la belleza (2010), el peso que implica llevar una vida marcada por la corporalidad femenina es trabajado a lo largo y ancho de la obra. Emilia debe sobrellevar todos los síntomas que le genera el haber vivido bajo el peso del machismo y patriarcado en un país del tercer mundo, salvo por algo, su posición económicamente estable (aunque de esto se hablará más adelante). La protagonista, al estar marcada por el derrumbamiento, comienza a pensarse desde los pedazos; la enfermedad de su padre, el machismo de su esposo, la indiferencia de su hija, la sobrecarga de trabajo, todo ello va siendo el material con el que Emilia reflexiona sobre las distintas etapas que la condujeron a ese momento de su vida en que la remodelación de la cocina la hizo considerar la idea de reventar y liberarse de su marido, aunque la tragedia radica en que parte de lo inconsciente que la constituye no le permite responderle o renegar de todas las palabras y desprecios que él le hace.

Este trabajo de Bonnett, entonces, se centra en esos dos flancos, que pueden resumirse en uno solo: envejecer siendo mujer. Emilia tiene que recoger los pedazos de su vida para poder hacer algo después de aceptar lo evidente, que su vida ha estado derrumbada todo este tiempo y ahora debe intentar seguir adelante y vivir con las decisiones que tomó y, al mismo tiempo, intentar alejarse de esa mujer en que se convirtió, en el afán de reconectar con su hija, de modo que se rompa el ciclo de violencia que sufrió al existir siendo una mujer en un mundo dominado por la fuerza del patriarcado.

Qué hacer con estos pedazos se identifica, entonces, como un ejercicio existencial sobre las arrugas y el ser mujer. La novela narra con un hilo narrativo claro y coherente las diatribas que Emilia debe sufrir para intentar imponerse frente a un espíritu de la época que siempre ha intentado minimizarla en todo lo que hace. Decir “no”, atreverse a revirar, desobedecer ese peso patriarcal que le dejó huella y que todavía la identifica, ese es el reto de la protagonista a lo largo del escrito de Bonnett, quien consigue atrapar al lector desde su primera línea hasta la final: “Una pregunta la asalta, zumbando, antes de desaparecer en su cerebro: ¿valió la pena?” (p. 166). Entrar en este libro es, por lo tanto, ver a Bonnett explotar ese tema que ha acompañado siempre la escritura de sus demás novelas y que suele acabar siempre con un sentimiento de melancolía, tristeza y ausencia, debido al destino de sus personajes; y esto no es un problema, sino una virtud de la novelística bonnettiana.

Ahora, es menester profundizar, tras toda la descripción de lo bueno que posee la obra, en cuáles son los errores o los puntos débiles de la misma. Por un lado, la novela está escrita en la perspectiva particular de una protagonista aburguesada; Emilia, aunque sufre una situación que atraviesan la gran mayoría de mujeres, no deja de representar en sí misma la perspectiva subjetiva de una autora con determinados privilegios que la separan de otros sectores que sufren una situación mucho peor que la que ella atraviesa. Esto último no resta valor a la obra en general, es únicamente para ser objetivos con la misma; Donde nadie me espere sufre del mismo problema, los protagonistas de Bonnett, salvo determinadas excepciones, suelen tener una posición social y económica propia de un estrato alto.

Por otro lado, la novela llega a sentirse incompleta, y esto último tiene un efecto doble: el primero es negativo; la situación de Emilia no llega a ser dibujada completamente, los recuerdos y vivencias de la protagonista, aunque mencionados y trabajados al interior, parecen no ser suficientes para detonar todo del modo en que la autora quiere. El segundo, el positivo, parece indicar que esto es un recurso narrativo de Bonnett para intentar generar el efecto de gota que derrama el vaso con lo de la remodelación de la cocina, es decir, la novela se siente incompleta y acelerada debido a que es el efecto que se busca: Emilia no soporta más el modo en que ha sido menospreciada por el espíritu machista y patriarcal de los hombres en su vida.

En conclusión, Qué hacer con estos pedazos es, para el lector frecuente de Bonnett, una obra que continúa con el desarrollo de sus temas comunes: la vejez, la mujer, el existencialismo y la responsabilidad de aprender a vivir con las decisiones que hemos tomado en nuestras vidas. Para el lector que no ha leído a Bonnett antes, este libro es una buena forma de introducirse en la novelística bonnettiana, puesto que, de cierta forma, sintetiza las tendencias de la autora en relación con este género. De ahí que su lectura sea recomendada por parte y parte.

HTML generado a partir de XML-JATS4R por