Conferencia

Yngermina o la hija de Calamar, una novela fundacional*

Yngermina o la hija de Calamar, a Fundational Novel

Consuelo Triviño Anzola
Instituto Cervantes, España

Yngermina o la hija de Calamar, una novela fundacional*

Estudios de literatura colombiana, no. 53, pp. 175-182, 2023

Universidad de Antioquia

Received: 16 June 2023

Accepted: 01 July 2023

Published: 31 July 2023

Publicada en 1846, Yngermina o la hija de Calamar puede considerarse una “novela fundacional” no solo por la fecha en la que se escribe, y por su temática, sino también por el propósito del narrador. Recordemos que su autor, Juan José Nieto, nace en 1804 y vive intensamente el proceso de independencia, que estalla en Santafé de Bogotá en 1810. Al contrario que en la capital del Reino, en las provincias como Mompox y Cartagena sí se pretendía una independencia absoluta de España, como refleja la Constitución de Cartagena de 1812.

Debemos aclarar que entendemos por “literaturas fundacionales”, o “ficciones fundacionales” novelas surgidas en los países hispanoamericanos tras la independencia de España, que pretenden describir las características pasadas, presentes y futuras de una comunidad nacional. Fundadora de esa semántica fundacional es la norteamericana Doris Sommer, autora de un libro muy citado: Ficciones fundacionales, publicado en inglés en 1993, y cuya traducción al español es de 2004.

Las ficciones fundacionales, afirma Sommer, proyectan “futuros idealizados para países en vías de desarrollo, con frecuencia tras agotadoras revoluciones y guerras civiles”. Así, novelas hispanoamericanas como Soledad (1847) o Amalia (1851) arrojan luz sobre el proceso mediante el cual la literatura ha imaginado la nación. Este imaginario tiene como referente los países europeos, cuyos grandes líderes habrían encarnado, según los americanos, los principios de libertad, igualdad o justicia, gracias a un sistema democrático que garantizaría los derechos de las mayorías.

Pero este ideal no coincidía con la realidad de los países en formación, ni con los deseos o los intereses de las clases dominantes, menos aún con las clases medias o con las menesterosas. Existe un desajuste entre lo que se proclama y lo que en realidad se propone cada facción política, en un ejercicio que incluye el autoengaño y la traición. En la Argentina de Esteban Echeverría, la “barbarie” del régimen federal, apoyado por la Iglesia, se combate con los principios civilizadores de los unitarios, defensores del centralismo desde la capital, y que miran a Europa. Mientras en Colombia el federalismo representa los derechos de las regiones y las garantías individuales frente al centralismo defendido por los conservadores, que cuentan con el apoyo de la Iglesia. Si el federalismo defiende los intereses de las élites sobre el puerto de Buenos Aires, por donde entran y salen las mercancías, en la Nueva Granada los federalistas promueven el libre comercio, que permite a las élites importar mercancías de Europa, en detrimento de la industria nacional y del gremio de los artesanos. Nieto Gil, por ejemplo, lidera los intereses del Estado Federal de Bolívar que abarcaba toda la provincia de Cartagena, pero defiende el respeto al Gobierno de la Unión, formada en su época por nueve estados soberanos, que hicieron parte de lo que fuera el antiguo virreinato.

En su trabajo, Doris Sommer encara novelas que giran en torno a una historia de amor (utiliza el término inglés romance para calificarlas), que presentan obstáculos que deben sortear los héroes y heroínas, como los abusos sociales en medio de conflictos políticos. Yngermina o la hija de Calamar, sin que obedezca plenamente las normas del drama romántico, ni a los cuentos maravillosos populares, sí opone obstáculos a los enamorados. Para legitimar su unión, Alonso e Yngermina deben contar con la aprobación de la máxima autoridad, representante de la corona española, y con la intervención del obispo, quien inicia a la prometida en los principios del cristianismo. Además, Yngermina debe hacer frente a las insinuaciones y a los asedios del representante de la autoridad española, que hace prisionero a su pretendiente.

Para las ficciones fundacionales son básicos los conflictos raciales y étnicos relacionados con la consolidación de la nación. El 15 de febrero de 1819, en el Congreso de Angostura, Simón Bolívar había planteado la complejidad racial que debían enfrentar las naciones ya independientes, cuando afirmaba: “No somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derecho, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer contra la oposición de los invasores”.

Si en Yngermina se aborda el tema del mestizaje y el lugar de los indígenas, tras la conquista del territorio y su dominación política, económica y cultural, en Cecilia Valdés (1839), del cubano Cirilo Villaverde, se plantearán los conflictos raciales entre negros, mulatos y blancos en la Cuba colonial, a la vez que se cuestiona la inhumanidad de la esclavitud. Lo mismo ocurre en Sab (1841), de Gertrudis Gómez de Avellaneda, que nos sitúa en las rebeliones contra la esclavitud en la Cuba del siglo xix, mientras que Domingo Faustino Sarmiento, en Facundo, o Civilización y barbarie (1845), propone en Argentina el exterminio del indio y del gaucho en defensa de la civilización.

Como se ha dicho, en los conflictos raciales, planteados en ciertas novelas fundacionales, se recurre a la relación amorosa como alegoría de la patria, para resolver un dilema moral ante la ilegitimidad de la unión entre dos razas. En Yngermina el conflicto se resuelve por medio de la asimilación de la cultura del conquistador por parte de la protagonista, con el beneplácito de las instituciones. En Cecilia Valdés el triángulo amoroso plantea el conflicto entre blancos, mulatos y negros, que denuncia las contradicciones del sistema y la doble moral frente a la esclavitud, que impiden la cohesión social. Sab, en cambio, es una novela de amor que tiene como protagonista a un esclavo que se enamora de su blanca compañera de juegos en la infancia; la intensidad dramática aumenta con la presencia de otro personaje femenino, que entra en rivalidad con la joven pretendida, pero el verdadero impedimento será la condición de esclavitud de Sab, el protagonista, y el papel subordinado de las mujeres, incapacitadas para decidir por sí mismas. En la novela brasileña O guarani (1857), de José de Alencar, la mujer blanca acaba fusionándose con el indio Pery, tras una larga relación platónica.

Novelas fundacionales y exilio

Las novelas nacionales que institucionalizaron los gobiernos en las escuelas en Hispanoamérica se centran todas en el amor, empezando por María de Jorge Isaacs, o Amalia, de José Mármol. Esta última presenta a Juan Manuel Rosas como el estereotipo del bárbaro, opuesto al proceso civilizador de la nación, que se interpone entre el joven unitario, Eduardo Belgrano, y Amalia. No debe olvidarse que tanto Mármol como Mitre y Nieto Gil sufrieron la cárcel y el exilio, donde concibieron sus respectivos relatos atravesados sin duda por ansias de libertad y sueños de redención. En María, el obstáculo al que se enfrentan los enamorados es más bien difuso, sin causa política, pues aparentemente tiene que ver con el mal de la protagonista, con una condición racial velada, o con un sentimiento de pérdida que se cierne sobre los enamorados. Esta obra canónica del Romanticismo hispanoamericano admite diferentes lecturas, bien se trate de una evocación nostálgica de un pasado de hacendados que se lucraban de la esclavitud, o de la cancelación de este pasado en el proceso de modernización de la República. Algo similar sucede también en la literatura brasileña: así, A escrava Isaura (1875), de Bernardo Guimarães, muestra el enfrentamiento entre esclavistas y antiesclavistas con el pretexto de conseguir el amor de la esclava mulata.

En el caso de Yngermina, resulta significativo que el poder literario representado por la Tertulia del Mosaico, a mediados del siglo xix, ni siquiera la hubiese tenido en cuenta, mientras que sí avaló la obra de Isaacs y publicó Manuela, de Eugenio Díaz, aunque con alteraciones que molestaron al autor. ¿Qué pudo haber influido en el silenciamiento de la novela de Nieto Gil? Como líder político destacado es poco probable que fuese un escritor desconocido. Quizás su obra publicada no se ajustaba al gusto de la crítica más autorizada en el momento, o acaso Yngermina, publicada en Jamaica durante el destierro de su autor, no se difundió en la Nueva Granada y hubo que esperar a 1895 para que Laverde Amaya hiciera referencia al autor en su Bibliografía colombiana.

Yngermina confiere menos importancia a la historia de amor que a los hechos de la Conquista que se narra. La intriga amorosa se integra en la historia de la nación y tiene como protagonistas, en principio, a la princesa indígena del pueblo de Calamar, Yngermina, y a un español, Alonso, el hermano del conquistador Pedro de Heredia. Con ellos se fijan los orígenes de la nación idealizada, la que resultaría del mestizaje. Para cumplir con su propósito, Nieto Gil debe resolver distintas cuestiones como, por ejemplo, los límites de la nación, la composición racial y étnica de la Nueva Granada, y en particular de la región del Caribe, además de dar por sentado el conocimiento de la lengua española por el total de la población.

La superación de los prejuicios raciales era un reto y exigía una nueva mirada que integrara a los indígenas, considerados desde el poder como salvajes y bárbaros. Con una perspectiva histórica, el autor se remonta a épocas anteriores a la Conquista para explicar su preocupación teológica y ontológica respecto a la mezcla de razas “bárbaras” con colonizadores considerados “civilizados”. Con su relato Nieto Gil busca legitimar la unión entre colonizadores y colonizados, mas no la igualdad entre unos y otros, ya que se impone una jerarquía de poder y teológica, con sus rituales y ceremonias, que deben respetarse. La conversión religiosa, la adopción de los valores de los colonizadores y el matrimonio dentro de los cánones de la Iglesia permiten superar el estigma de la promiscuidad, resultado de una unión no regulada por las normas y los principios dispuestos por la “civilización”.

En esta novela el mestizaje es un elemento constitutivo de la nación confederada, específicamente de la región del Caribe, que tuvo como epicentro la ciudad de Cartagena de Indias, lugar mítico de encuentro y de enfrentamientos entre españoles, indígenas y africanos, escenario de despojos, de luchas independentistas y de guerras civiles. Asumida la novela como relato fundacional, podemos decir que el autor aspira a fijar una mitología y unos principios bajo los cuales se levantan los pilares de una nueva república independiente, de mayoría liberal, con un sistema federal que reconoce el Gobierno de la Unión. Yngermina o la hija de Calamar: novela histórica, recuerdos de la conquista, 1533-1537. Con una breve noticia de los usos, costumbres, i religión del pueblo de Calamar está dedicada a la esposa del autor, Teresa Cavero, y en ella le confiesa que el personaje Yngermina es modelo “de tus virtudes, y como hecha para ti”. Según anticipa en el título, se empieza con el capítulo “Breve noticia histórica” que el narrador declara haber tomado de una crónica inédita de fray Alonzo de la Cruz Paredes, pero que en realidad pudo tomar de los manuscritos que circularon de fray Pedro Simón.

Nos situamos en un momento anterior a la Conquista y en las inmediaciones de Calamar, una de las parcialidades “más civilizadas” y de la que dependían otras. El narrador describe sus formas de gobierno e instituciones, sus alianzas con otros pueblos y el carácter del cacique. Importan las ceremonias, como el culto a los muertos o la proclamación de un príncipe heredero. Se refiere a deidades y rituales, el papel de los ministros o adivinos; se describen templos, genios buenos o malos, se alude a las ofrendas como una forma de negociar los sacrificios humanos. Se destacan la importancia de los sacerdotes y las reglas bajo las cuales se regían. Asimismo, se comentan el sentimiento religioso y su concepto de la otra vida, el traslado de las cenizas al bosque de los muertos, lugar sagrado de importancia capital en el relato.

Desde los cánones de la cultura impuesta por los españoles, el narrador explica que esta comunidad rendía culto a la fuerza con la que legitimaba la autoridad. Destaca el respeto que se profesaba a los padres y el privilegio de los primogénitos, quienes heredaban los derechos del padre sobre la familia. Refiere el papel de las mujeres y las costumbres que permitían la poligamia, la elección de la esposa o los rituales amorosos, como la correría de los amores. Se detiene el novelista también en sus actividades para la supervivencia, los medios de transporte, el diseño de su morada, o los impuestos que debían tributar al cacique y las prácticas de guerra, la participación de las mujeres, que también podían tomar las armas, los trofeos de la victoria, que el narrador estima menos salvajes que los de otros pueblos. Asimismo, se describe la indumentaria de los habitantes de Calamar, su aspecto físico y sus destrezas, y las primeras impresiones que causaron en los conquistadores que empezaron aliándose con ellos, para acabar sometiéndolos. A esta introducción le siguen ocho capítulos en la primera parte y ocho en la segunda.

La ficción histórica se inicia con la llegada del Adelantado Pedro de Heredia el 14 de enero de 1533 y la reacción de los calamareños, reunidos con su cacique Ostaron, quienes, ante la superioridad de la fuerza de los castellanos, deciden abandonar su aldea y refugiarse en la del llamado Canapote para preparar la resistencia. Tras describir las bondades de esta tierra, el narrador especula sobre las suposiciones de los españoles ante la desbandada e introduce al personaje Corienche, único nativo al que pueden interrogar, gracias a la mediación de la india Catalina, personaje histórico que acompañaba a Pedro de Heredia. Entre tanto, los Heredia van sometiendo a los pueblos vecinos mediante alianzas, con la promesa de que se les respetará, mientras se muestren fieles y leales a las autoridades reales. En un capítulo se presenta a Yngermina con sus compañeras, a la sombra de la emblemática ceiba, y a Catarpa, que le reprocha su indiferencia ante la “pérdida de la patria”. El narrador da cuenta del linaje de la protagonista, quien es hija adoptiva de Ostaron y prometida de Catarpa. Este se presenta como un joven orgulloso y rebelde, que acusa a los suyos de soportar indiferentes la esclavitud. Los indígenas asisten con perplejidad a la transformación de su tierra en un nuevo orden urbanístico e institucional, así como a la prohibición de su culto religioso y a la llegada de sacerdotes, que se proponen adoctrinarlos. Yngermina despierta la admiración de Alonso de Heredia, se educa en los principios religiosos y se “refinaba algo más”.

También se describen las crueldades cometidas contra los nativos, como las protagonizadas por Miguel Peralta Manrique, primer alcalde de Turbaco, temido por sus atropellos también contra los españoles, lo que da lugar a una sublevación indígena. El narrador da cuenta de la travesía de Catarpa, una vez frustrada su unión con Yngermina, hasta convertirse en líder de los inconformes contra la dominación española, entre ellos los indígenas de Turbaco, con los que sella su alianza. Se destaca la dignidad y el valor de Catarpa, que sorprende a los españoles, quienes se proponen someterlo para continuar conquistando el territorio.

El final de la primera parte trae nostálgicas evocaciones del exilio con un nuevo personaje al que se le da voz. El narrador recurre a la anagnórisis, mediante el recurso del relato intercalado, para introducir al español Hernán Velásques, que nos traslada primero a Sevilla, su lugar de nacimiento, luego a Granada, durante la expulsión de los moriscos, y por último a Valencia (antecedente de la novela de Nieto Gil Los moriscos). Se trata de esclarecer hechos relacionados con la protagonista. Velásques llega con Alonso de Ojeda a Calamar, pero se queda rezagado de los expedicionarios y entabla amistad con el cacique de Calamar. Aprende el idioma nativo y se une a la hija del cacique, con quien a su vez tiene una hija. Su adaptación a las formas de vida de los indígenas se justifica con reflexiones sobre otros momentos de la humanidad.

La segunda parte de la novela retoma los hilos de la narración principal, pero da un giro necesario al equilibro de la trama, para introducir el relato de los abusos cometidos contra la población indígena por parte de Juan de Badillo, enviado por la Corona a Cartagena, en 1536, con el cargo de gobernador de la provincia y quien despoja del mando a Pedro de Heredia. Yngermina y Alonso, separados forzosamente, cuentan con el apoyo del Obispo Toro. Para aumentar la intensidad dramática, se describe el asedio a Yngermina por parte de Badillo, quien la despoja de su libertad por rechazar sus pretensiones amorosas. Asimismo, la prisión a la que se ve reducido Velásques permite desentrañar el enigma de los verdaderos orígenes de Yngermina, hija suya, lo que va a dar un nuevo giro a la trama, que obliga a replantearse la función del personaje en el relato.

La nación idealizada

Yngermina acompañada de Alonso, liberada y asistida por indígenas que la rodean de cuidados, junto a los hermanos Heredia, aparece en un refugio idílico que permite reflexionar sobre las bondades de la naturaleza y el carácter de sus gentes. La abundancia de frutos ofrece la imagen del Paraíso, que alimentó las utopías de los conquistadores. Otro capítulo presenta a Velásques como un personaje positivo, que aprende de los indígenas y, a la vez, comparte con ellos sus conocimientos. En la construcción de la imagen de la nación se alimenta la utopía de una América tan hermosa como Yngermina, se describe la belleza de su naturaleza, el espeso follaje, el arroyo y las lagunas de agua fresca y cristalina, las arenas blancas y el aire suave y refrigerante de la atmósfera. Para mostrar otra cara de las culturas nativas, se recurre al artificio de la analepsis, que nos traslada al pasado mediante la narración de la historia de los personajes indígenas Gambaro y Armósala. El episodio pone en evidencia las disputas entre los pueblos originarios que favorecen el triunfo de los españoles.

Se cierra la narración con la caída de Badillo y el retorno triunfal de Pedro de Heredia, que vuelve a ocupar su puesto en el gobierno de la Colonia, mientras los habitantes locales recuperan la tranquilidad, tras la venganza que se cobra matando a Miguel Peralta, quien había sido perdonado por el Adelantado.

El amor y el patriotismo, ingredientes de las ficciones fundacionales, afirman el deseo de pertenencia a una determinada comunidad y un territorio. En el caso de Yngermina y Alonso, estar enamorados significa, de alguna manera, ser nacionales del territorio que se designaba como Calamar y que abarcaba la provincia de Cartagena de Indias y el estado confederado de Bolívar, como parte de una entidad mayor, la Nueva Granada. Pero lo más importante quizás es la constitución racial de la nación: el mestizaje como una manera de resolver el enfrentamiento de culturas y de lograr con el vínculo del matrimonio la ansiada paz y la prosperidad del pueblo.

Notes

* Cómo citar esta conferencia: Triviño Anzola, C. (2023). Yngermina o la hija de Calamar, una novela fundacional. Estudios de Literatura Colombiana 53, pp. 175-182. DOI: https://doi.org/10.17533/udea.elc.354307
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