Artículos
Un lugar para la ciencia en la literatura infantil y juvenil colombiana: un corpus mínimo para su estudio*
A Place for Science in Colombian Children’s Literature: A Minimum Corpus for Its Study
Un lugar para la ciencia en la literatura infantil y juvenil colombiana: un corpus mínimo para su estudio*
Estudios de literatura colombiana, no. 52, pp. 141-159, 2023
Universidad de Antioquia
Received: 25 July 2022
Accepted: 14 November 2022
Published: 31 January 2023
Resumen: Los estudios sobre la literatura infantil y juvenil (lij) colombiana no incluyen la ciencia entre sus temas dominantes. Este silencio resulta enigmático: ¿se debe a que efectivamente la ciencia está ausente? Para responder la pregunta, este artículo empieza por destacar el lugar de la ciencia en la lij en general y luego propone un corpus de obras colombianas suficientemente amplio para concluir que la ciencia es un tema dominante de la lij colombiana. El silencio parece responder a una falta de interés académico y no a una ausencia real en el conjunto de las obras.
Palabras clave: Literatura infantil y juvenil, ciencia, tecnología, divulgación científica, acervo cultural.
Abstract: The studies on Colombian children’s literature do not include science as one of its dominant themes. This silence becomes enigmatic: is it due to science actually being absent? To answer the question, this article starts by highlighting science’s place in children’s literature in general and then proposes a corpus of Colombian works. The corpus is sufficiently ample to conclude that science is a dominant theme in Colombian children’s literature. The silence seems to respond to a lack of academic interest, rather than a real absence in the group of works.
Keywords: Children’s literature, science, technology, science popularization, cultural heritage.
Introducción
A finales de los años noventa, Beatriz Helena Robledo (1998), una de sus mayores estudiosas en el país, presentaba una miraba bastante pesimista sobre la literatura infantil y juvenil (lij) colombiana:
[…] la literatura infantil colombiana no es, ni ha sido nunca, una expresión cultural fuerte. Es decir, en ningún momento de su panorama histórico podríamos ubicar un movimiento, una escuela o una manifestación que nos permita hablar de un conjunto de obras consolidado. Tampoco ha habido una conciencia social generalizada que reconozca su importancia. Su historia se ha ido tejiendo lentamente en un devenir de súbitos estertores y largos periodos de silencio y olvido (p. 45).
La valoración que hace la misma autora de la última década muestra que la mirada ha cambiado radicalmente:
Abordar la producción de la literatura para niños y jóvenes en nuestro país durante diez años (2011-2020) exige una mirada que va más allá de las obras mismas. Un corpus literario de toda una década está necesariamente imbricado en el contexto social y cultural en el que circulan las obras. Autores, editores, mediadores, librerías, estímulos, lectores, escuelas, bibliotecas, políticas públicas, son todos actores que influyen de una u otra manera en las tendencias y en la calidad de esta producción (Robledo, 2021, p. 5).
La comparación de ambas citas sugiere un renovado impacto de la lij en Colombia, que ha dependido del fortalecimiento de un tejido institucional y editorial amplio más allá de la identificación de los autores con movimientos, escuelas u otras manifestaciones literarias. Además, se ha convertido en un campo de estudio fructífero y atractivo para críticos, teóricos, promotores de lectura y otros investigadores. Se han elaborado panoramas históricos generales desde el siglo xix hasta la primera década del siglo xxi y balances bibliográficos de períodos y años particulares. También se ha indagado por el concepto de lij y los problemas de su inclusión en el canon de la literatura colombiana y se ha profundizado en su presencia, más allá de Rafael Pombo, en publicaciones periódicas del siglo xix e inicios del xx.
Los estudios contemporáneos abordan así una gran variedad de temas, que Borja Orozco y Alonso Galeano (2018) resumen de la siguiente manera:
[…] los temas de la lij colombiana dominantes, asociados con cierto tipo de valores relativos a los niños o jóvenes en formación son el amor, la amistad, el cuidado de los recursos naturales, la solidaridad, el respeto, la aceptación de sí mismos, la imaginación y la confianza en sí mismos. Otros temas y valores evidenciados son la fraternidad, el temor, la felicidad, el olvido, la comprensión del mundo, la valentía, la persistencia, la sabiduría, la diferencia, la fortaleza y la soledad; al lado de valores poco comunes o poco frecuentes como el honor, los celos, la paciencia y la corrupción (p. 54).
Este listado concuerda con aquellos temas que aparecen en los recuentos y las periodizaciones de otras fuentes, bajo denominaciones como “los territorios” (Robledo, 2015) o los “campos semánticos” (Robledo, 2021) de la lij en Colombia, entre otros conceptos semejantes. Y ni en esas fuentes ni en ese listado se incluye la ciencia como tema. ¿Sucede porque efectivamente la ciencia ha estado ausente? Dado su impacto en la configuración del mundo moderno y contemporáneo, en aspectos cognitivos, estéticos, políticos, económicos, ambientales, armamentistas y subjetivos, por mencionar algunos, resulta dudoso que no haya rastros de la ciencia en la historia, los temas y los problemas de la lij colombiana. Más aún si se tiene en cuenta que una narrativa frecuentemente aceptada sobre la historia de esta literatura conecta su origen con las obras de ciencia para niños. Debbie Bark recuerda que dicho origen se asocia con los libros de Tom Telescope, una serie publicada por John Newbery en la segunda mitad del siglo xviii en Londres y con múltiples ediciones durante el siguiente siglo, donde el joven Tom explica a sus amigos el funcionamiento de los fenómenos naturales con base en los principios del sistema newtoniano. Bark (2017) sostiene que “aquello particularmente interesante de esta narrativa de la historia de la literatura infantil y juvenil es que desde su concepción está intrínsecamente conectada con la ciencia para niños” (p. 187, traducción propia).
Es, pues, razonable asumir que el silencio sobre la ciencia en la lij colombiana puede responder más a una falta de afinidad o inclinación entre los estudiosos que a una ausencia real en el conjunto de las obras. Este mutismo, hasta donde puede constatarse, es característico del español. Existen pocos estudios respecto a la lij de temas científicos en esta lengua, con excepciones recientes, aún preliminares, como los trabajos de Gabriela Baby (2019) para la divulgación científica y Laura Codaro (2022) para la pandemia del coronavirus. En otros idiomas occidentales, aunque el campo aún es joven, el lugar de la ciencia en la lij se ha explorado un poco más. Ejemplos representativos son los libros de Laurence Talairach-Vielmas (2011) para Gran Bretaña y Francia, de Elisa Marazzi (2016) para Italia, y los artículos de Graziele Aparecida Moraes Scalfi y André Micaldas Corrêa (2014), Isabel Zilhão (2014) y Sheila Alves Almeida (2020) para Brasil y Portugal. Un propósito de este trabajo es alentar el interés sobre este tema en Colombia y el idioma español.
Un lugar para la ciencia
La lij es una forma de producción literaria cuyos lectores primarios son niños y jóvenes. Sin embargo, una definición más precisa es difícil de alcanzar, dada la historicidad del concepto mismo de niño y joven. Sepúlveda Montenegro (2021) afirma que “si la infancia es un concepto socialmente dependiente, su literatura tendrá características que se adapten a lo que la sociedad entienda por niño” (p. 52). Y Robledo (2012) asegura que las obras de lij “nos darán cuenta de las transformaciones del concepto de infancia representado en la literatura infantil colombiana” (p. xi). Se abren, así, posibilidades de incluir o excluir obras y autores en distintos contextos y por diferentes razones. Obras que se consideran escritas para un público adulto en un momento pueden convertirse en obras de lij en otro, y viceversa. El punto central es que existe una doble dependencia para la lij: su definición depende del concepto que se tenga de niño y joven, y este a su vez del contexto cultural en que se encuentra inmerso.
Por lo anterior, más que en la definición, resulta conveniente concentrarse en la función social que se le atribuye. La definición puede cambiar en el tiempo debido a la historicidad del concepto de niño y joven, pero la función parece mucho más estable al comparar épocas y lugares. Teresa Colomer (2010) resume dicha función al inicio de su libro Introducción a la literatura infantil y juvenil actual: “entendemos este tipo de literatura como la iniciación de las nuevas generaciones al diálogo cultural establecido en cualquier sociedad a través de la comunicación literaria” (p. 9). Y en el primer capítulo, titulado “Funciones de la literatura infantil y juvenil”, da un tratamiento conceptual e histórico más detallado según el siguiente planteamiento general:
Aquí se sostiene que la literatura para niños y jóvenes debe ser, y verse, como literatura, y que las principales funciones de estos textos pueden resumirse en tres: 1. Iniciar el acceso al imaginario compartido por una sociedad determinada. 2. Desarrollar el dominio del lenguaje a través de las formas narrativas, poéticas y dramáticas del discurso literario. 3. Ofrecer una representación articulada del mundo que sirve como instrumento de socialización de las nuevas generaciones (p. 15).
La lij puede verse como una estrategia de aculturización no para pueblos que, voluntaria o involuntariamente, ingresan a una sociedad ajena, sino para aquel sector de la población que una sociedad concibe como sus niños y sus jóvenes. Por medio de ella se despliegan ante sus lectores los imaginarios compartidos, las formas de expresión y las descripciones de la realidad que les sirven como puntos de encuentro y referencias comunes para la adquisición de su cultura en la sociedad a que pertenecen. Para ello, puede apelar a mecanismos didácticos, pedagógicos, moralizantes, estéticos o de cualquier otro tipo. Clarice Fortkamp Caldin (2003) asegura, por ejemplo, que “la literatura infantil y juvenil tiene una función formadora: presenta modelos de comportamiento que facilitan la integración del niño en la sociedad” (p. 50, traducción propia). Pero su función central es contribuir a conservar y difundir el acervo cultural de una sociedad: “la literatura para niños tiene una estrecha relación con la necesidad de transmitir la herencia cultural, social y económica de la sociedad en la que se inscribe” (Sepúlveda Montenegro, 2021, p. 52).
No sorprende, por tanto, que un tema habitual de la lij desde sus orígenes en la modernidad sea la ciencia, como se explicó antes con los libros de John Newbery y su personaje de Tom Telescope. Resulta poco verosímil minimizar el impacto de la ciencia y, junto a ella, la tecnología en el mundo moderno y contemporáneo. Transformaciones bien conocidas en el transporte, las comunicaciones, el diseño del Estado, la guerra, las relaciones humanas, la salud, la sexualidad, la agricultura, las artes, la concepción del ser humano y su lugar en el Universo, entre muchas otras, derivan del conocimiento científico y tecnológico. Los impactos han sido positivos y también negativos, al punto de que eventos del siglo xx como las dos Guerras Mundiales, las tensiones atómicas de la Guerra Fría, los desastres ambientales o la automatización de la vida por medio de los algoritmos han llevado a dudar de lo que Benoît Godin (2009) describe como “un presupuesto central” de las principales narrativas de política científica del último siglo: “la ciencia, la tecnología y la innovación son buenas para ti y para la sociedad” (p. 14, traducción propia).
La duda respecto a este presupuesto, que postula el carácter intrínsecamente benéfico de la ciencia y la tecnología, implica que estas dejan de contemplarse exclusivamente como fuentes de bienestar y empiezan a asociarse con riesgos que ponen en peligro la existencia misma del planeta. Al presentarse tal duda, los Gobiernos han recurrido a estrategias que permitan una participación informada de los ciudadanos en la toma de decisiones sobre ciencia y tecnología, de modo que no peligre su respaldo. Y aquí entra la divulgación científica como la mejor opción para lograrlo: “esta permitiría formar ciudadanos con la competencia suficiente para participar de una manera idónea en tales controversias y tomar así decisiones bien fundadas sobre distintos aspectos asociados con ellas” (Escobar Ortiz, 2019, p. 23).
El vínculo de la lij con la ciencia, en tiempos de Tom Telescope y en la actualidad, se explica como un tipo de acción de divulgación científica enfocada específicamente en niños y jóvenes. Con ello, aporta su función de conservar y transmitir aquella parte del acervo cultural, también constitutivo de estas sociedades, relacionado con la ciencia y la tecnología. La lij puede entenderse, según la afirmación de Bark (2017), como “un vehículo para la indagación y el debate científicos” (p. 197, traducción propia). Y lo hace por su valoración de dos elementos fundamentales de ese acervo cultural: la historia de la ciencia y la circulación del conocimiento científico y tecnológico.
Niños y jóvenes pueden encontrar en la lij no solo hechos aceptados y fenómenos naturales, también las características generales de la ciencia como institución con una historia compleja. Esta literatura tiene la capacidad de exhibir los métodos de razonamiento e investigación empleados en la ciencia, sus sesgos, sus estereotipos y los lugares comunes empleados a favor y en contra, los alcances, los beneficios, los riesgos y las limitaciones de la empresa científica y tecnológica, ensayar miradas alternativas sobre todos estos aspectos, además de dar familiaridad con sus personajes, comunidades y redes, sus instrumentos, sus lugares de producción y otros componentes de su cultura material. James A. Secord (1985) lo esbozó hace ya varias décadas, en una de las primeras aproximaciones a la lij desde la historia de la ciencia:
[…] los libros de literatura infantil y juvenil merecen un lugar importante en la historia de la ciencia. Interpretados cuidadosamente, proporcionan indicadores invaluables de los cambiantes valores sociales, religiosos y morales que lleva el conocimiento científico en diferentes circunstancias. Tal como ahora los historiadores rutinariamente usan los libros de texto para trazar los contornos del consenso contemporáneo en una comunidad científica, así los libros de literatura infantil y juvenil pueden emplearse a un nivel más general para retratar el rostro aceptable de la ciencia como lo ven grupos sociales mucho más amplios entre el público que compra libros (p. 128, traducción propia).
Este elemento del público que compra libros, al final de la cita, nos conduce al segundo punto enunciado antes. La circulación del conocimiento es fundamental para el funcionamiento de la ciencia y su consolidación como un factor determinante en la configuración del mundo moderno y contemporáneo. La circulación se da inicialmente entre pares, pero la posibilidad de que la ciencia obtenga respaldo social y adquiera nuevos individuos interesados en participar en su desarrollo depende de su capacidad de conectarse con los públicos que la rodean. Los procesos de divulgación científica buscan establecer esos hilos comunicantes entre la ciencia y la tecnología con el resto de la sociedad. En la medida en que funcionen, se puede garantizar un flujo constante de personas dispuestas a respaldar la importancia de la ciencia para la sociedad o incluso dedicarse a estudiarla y desempeñarse profesionalmente en alguno de sus campos. Tales procesos suelen apuntar a los niños y los jóvenes con el propósito de seducirlos para dedicarse al estudio de la ciencia y tomarla como una opción profesional viable en el futuro. Por eso, para recurrir de nuevo a Bark (2017), “al apelar tanto al niño como al adulto que compra y frecuentemente lee el texto, la literatura infantil y juvenil ofrece una perspectiva única sobre la comunicación y la recepción de la ciencia” (p. 198, traducción propia). Isabel Zilhão y Kristian H. Nielsen (2018), en su introducción al número especial del British Journal for the History of Science: Themes, dedicado prioritariamente a la lij de temas científicos, lo explican de esta manera:
[…] la ciencia para niños y jóvenes pertenece a la divulgación científica. Como divulgación científica, merece un tratamiento histórico como una manifestación cultural de la ciencia que nos habla sobre las ideas prevalentes sobre la ciencia, la sociedad y su relación. Es un tipo especial de divulgación científica porque busca conectar a los ciudadanos del mañana con la ciencia. La ciencia para niños y jóvenes, en este sentido, sirve para formar humanos y literalmente forjar el futuro al moldear a las personas que lo habitarán (p. 13, traducción propia).
La lij puede ofrecer, en definitiva, acercamientos propios a aquellos componentes del acervo cultural de una sociedad relacionados con la historia de la ciencia y la circulación del conocimiento científico y tecnológico. Esto ocurre en sus dos grandes vertientes: las obras literarias y las obras informativas, denominación frecuente en español, u obras de ficción y no ficción, por su denominación habitual en inglés. La presencia de la ciencia en las obras informativas (no ficción) es recurrente y puede detectarse con relativa facilidad. Abundan los textos destinados a un público infantil y juvenil cuyo propósito es comunicar el funcionamiento de la ciencia, su historia y contextos, y los hechos y fenómenos que investiga en un estilo más o menos correspondiente a lo que sería el ensayo o el artículo en los textos para adultos, aunque también puede recurrir a otras formas de escritura, como los poemas. Se asume que la información comunicada refleja de manera precisa aquello que se acepta como cierto y seguro en la producción científica contemporánea. La creatividad tiene espacio en los recursos empleados para comunicar esa información, pero se espera que la obra sea una imagen fiel del estado actual de la ciencia y la tecnología y su historia.
La presencia de la ciencia en las obras literarias (ficción) puede ser igual o más abundante, aunque sus temáticas a veces resultan menos evidentes y más difíciles de detectar. Aquí se apela a formas principalmente narrativas, poéticas y teatrales con el fin de comunicar imágenes de la ciencia que no se reducen al conocimiento científico avalado. Las obras literarias exploran episodios del pasado, el presente e incluso el futuro, reconstruyen las biografías de los científicos, inventan personajes y situaciones, presentan los contextos en que surge el conocimiento, alertan sobre algunos de sus riesgos, entre otras posibilidades. Se da un espacio a la creatividad que les permite a estas obras ignorar e incluso distorsionar el estado actual de la ciencia y la tecnología según las intenciones estéticas, humanas y comunicativas que se persigan. Prima la interpretación de la historia de la ciencia y de cómo ocurre la circulación del conocimiento científico y tecnológico, y no propiamente el reflejo fiel de aquello que se acepta como cierto y seguro en la producción científica contemporánea.
Ambas vertientes se reconocen como parte de la lij. El propósito a continuación es ofrecer un corpus mínimo de obras literarias e informativas que sirva de apoyo al estudio del lugar de la ciencia en la lij colombiana.
Un corpus mínimo
Este artículo se enmarca en un interés más amplio sobre las imágenes de la ciencia en la literatura colombiana, en línea con el acercamiento de Escobar Ortiz (2020; 2022) al género de la novela histórica en el país. Sin embargo, la falta de referencias a la ciencia en los estudios enfocados en la lij lleva a que, antes de ofrecer interpretaciones puntuales, sea necesario identificar un conjunto de obras, un corpus, para trabajar. Ese es el propósito de esta sección. Aquí se explica cómo se ha construido dicho corpus y se ordena por temáticas que pueden orientar futuras investigaciones.
La delimitación del corpus
Al indagar sobre la lij colombiana de temas científicos, el punto de partida más obvio, por la visibilidad que ha adquirido desde su publicación, es la Serie Juvenil de Colciencias, un proyecto editorial del entonces Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología “Francisco José de Caldas” (Colciencias), antecedente del actual Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias), a finales de los años noventa. Según la descripción de Aguirre (2004), este proyecto convocó a reconocidos escritores e ilustradores colombianos para componer una colección de veintiuna biografías noveladas de figuras colombianas y extranjeras prominentes en la ciencia del país. Si se juzga por el prestigio de los autores que participaron, la calidad gráfica de sus libros y las reimpresiones que han tenido, puede concluirse que fue un proyecto exitoso. Sin embargo, no fue el único, y el lugar de la ciencia en la lij colombiana puede rastrearse más atrás.
Para construir el corpus, el primer paso fue no problematizar la categoría misma de lij colombiana. Vimos que su definición refleja las concepciones cambiantes de una sociedad sobre la niñez y la juventud, así que una definición con pretensiones de universalidad sería no solo ilusoria, sino irrelevante como criterio único de inclusión o exclusión. Se asumió, en cambio, una perspectiva que puede considerarse pragmática y acrítica: tomar como base los resultados de otros estudios y varios catálogos editoriales y bibliográficos. Los estudios son fundamentalmente aquellos citados a lo largo de este artículo. Los catálogos editoriales son el Catálogo de Derechos lij Colombia, los Anuarios de Literatura Infantil y Juvenil de la Fundación SM, y los catálogos en línea de librerías con secciones especializadas en lij colombiana como la Librería Panamericana, la Librería Norma, Buscalibre Colombia, Tornamesa, entre otras. Los catálogos bibliográficos pertenecen principalmente a la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, la Biblioteca Luis Ángel Arango, la Biblioteca Nacional de Colombia, y los portales Biblioteca Digital Colombia Aprende y MakeMake Colombia.
Con este respaldo, el presupuesto inicial que soporta la delimitación del corpus es el siguiente: cualquier obra que aparezca referenciada como lij colombiana en esos estudios o esos catálogos puede tomarse como una obra de lij colombiana. Esta perspectiva, como se dijo, es pragmática y acrítica. Pragmática porque no se sustenta en un criterio de inclusión o exclusión conceptualmente fuerte como una definición, sino que se acomoda a aquello que las fuentes citadas clasifican o conciben como lij colombiana. Y acrítica porque se confía en que esas fuentes tienen sus propios criterios de inclusión y exclusión, pero no se examinan ni se discuten para determinar qué tan precisos y adecuados son. La perspectiva es, en definitiva, teóricamente modesta: aunque tiene la flexibilidad suficiente para ampliar o disminuir el corpus según los resultados de nuevos estudios y catálogos, depende por completo de esos resultados para ofrecer sus análisis e interpretaciones.
La categoría de lij colombiana de temas científicos sí recibe un tratamiento más autónomo. El presupuesto en este caso es que una obra se considera lij colombiana de temas científicos si cumple con al menos dos condiciones: i) aparece referenciada como lij colombiana en los estudios o los catálogos mencionados antes, y ii) su tema se centra en figuras, períodos o procesos que hacen parte de los objetos de investigación de los estudios sociales, filosóficos, históricos y culturales de la ciencia y la tecnología en sus diferentes vertientes teóricas, metodológicas y disciplinares. Lo anterior implica dos cosas. Primero, como señalé antes, parto de los listados que enuncian los estudios y catálogos, y busco allí las obras cuyos temas sean científicos. Segundo, me apoyo en el campo general de los estudios de ciencia y tecnología, con sus distintas ramificaciones y énfasis, para clasificar las obras y examinar posteriormente las imágenes de la ciencia que comunican.
Por último, vale aclarar en qué sentido el corpus es mínimo. Esto se refiere a tres características. Primero, no pretende ser exhaustivo: la metodología empleada hace razonable asumir que algunas obras se quedaron por fuera y podrían incluirse cuando las identifiquen otros estudios o catálogos. Segundo, no pretende ser conclusivo: queda abierta la posibilidad de incluir obras que se publiquen en el futuro. Y tercero, no pretende ser canónico: el corpus no apela a criterios como calidad literaria o influencia cultural, sino a la adecuación de las obras a la categoría de lij colombiana de temas científicos.
El corpus se construye según las dos vertientes descritas más arriba: obras informativas y obras literarias. Solo se listan las obras con una autoría reconocible, sea individual o colectiva. No se toman en cuenta obras sin autor o cuyo autor sea una compañía editorial, una persona jurídica o algo semejante no se toman en cuenta.
Corpus mínimo de obras informativas
Los trabajos de Robledo (2004; 2012), Aristizábal García (2018), Peters y Trujillo Acosta (2018), Cifuentes Álvarez et al. (2021) y Sepúlveda Montenegro (2021) permiten inferir que las obras informativas circularon durante el siglo xix y la primera mitad del siglo xx en el formato de artículos de revistas y periódicos. Algunas publicaciones como La Caridad (1864-1914, con interrupciones) o La mujer (1878-1881) contaban con secciones de lij, mientras que otras como El Álbum de los Niños (1871-1893, con interrupciones), La Niñez (1914-1917), Chanchito (1933-1934) y Rin Rin (1935-1939) estaban dedicadas exclusivamente a ella. Sin embargo, aún falta un trabajo de archivo más sistemático para conocer el panorama amplio de las obras y los autores que aparecieron en las revistas y los periódicos de aquel período. La evidencia disponible tampoco permite establecer qué ocurre con las obras informativas en periódicos y revistas desde mediados del siglo xx. Da la impresión de que tienden a desaparecer, pero es necesario corroborarlo con más certeza. Por todo esto, el corpus propuesto solo incluye obras en el formato de libro.
Al organizar este corpus, se apeló a temáticas comunes, sin duda problemáticas en su definición dadas las múltiples miradas que puede recibir cualquier texto, pero que intentan ofrecer un inicio de interpretación sobre las obras. Esto con el ánimo de servir de respaldo a futuros acercamientos (véase la tabla 1).

Robledo (2021) resume la situación de los libros informativos para la década 2011 a 2020 así: “hay sin duda una debilidad en la producción de libros informativos. Estos no solo brillaron por su ausencia en la década, sino que se tergiversó su función, al ser confundidos con libros de texto escolares” (p. 18). El corpus anterior sugiere que la situación no es tan desesperada como indica la cita, incluso para lo que va del siglo xxi. Sin embargo, el juicio sí podría ampliarse a las décadas precedentes, cuando los escritores colombianos, las casas editoriales o ambos no mostraban gran interés por las obras informativas, no reconocían su autoría con claridad o satisfacían las demandas del mercado y los lectores con traducciones y textos de autores extranjeros. Además, el estudio sistemático de periódicos y revistas, aún incipiente, da la posibilidad de explorar, en un formato distinto al libro, una vertiente de la lij colombiana que tal vez no ha estado tan ausente como se ha asumido.
Corpus mínimo de obras literarias
No hay evidencia en las fuentes consultadas sobre obras literarias de temas científicos antes de la segunda mitad del siglo xx en formato de libro o de artículo de periódico o revista. Incluso puede afirmarse que no hay evidencia antes de los años noventa del siglo xx. Por ese motivo, también aquí se apeló a temáticas comunes para realizar la clasificación, a pesar de las dificultades intrínsecas a su definición, como se señaló anteriormente (véase la tabla 2).

Consideraciones finales
La función atribuida a la lij destaca su capacidad de servir como un puente para que los niños y los jóvenes accedan al acervo cultural de una sociedad. La lij les proporciona imaginarios compartidos, formas de expresión y descripciones de la realidad que operan como puntos de encuentro y referencias comunes para la adquisición de esa cultura. De ahí surge la pregunta que ha guiado este trabajo. Pues si la ciencia, al igual que la tecnología, constituye un factor fundamental en la configuración del mundo moderno y contemporáneo, un elemento de su acervo cultural, ¿cómo es posible que no se incluya entre los temas dominantes de la lij colombiana? ¿Ha estado ausente o su presencia se ha pasado por alto? La pregunta toma importancia al constatar que, en otros lugares y otras lenguas, la relación entre la lij y la ciencia se ha convertido en un tema de reflexión recurrente, abordado desde los estudios literarios, los estudios culturales y los estudios de ciencia y tecnología.
En consonancia con estos campos, aquí se ha propuesto ver la relación entre la lij y la ciencia como una acción de divulgación científica. La lij de temas científicos contribuye a conservar y transmitir aquella parte del acervo cultural, también constitutivo de estas sociedades, relacionado con la ciencia y la tecnología, enfocándolo en sus niños y sus jóvenes. Su función se concentra específicamente en dos componentes: la historia de la ciencia y la circulación del conocimiento científico y tecnológico. Los niños y los jóvenes desarrollan de ese modo posturas propias que les permiten participar en los diálogos culturales de su sociedad, al familiarizarse con datos y explicaciones de los fenómenos naturales y sociales, diversos procesos históricos, las vidas de los científicos y sus nexos con las comunidades, los vínculos entre la ciencia, la tecnología y la sociedad, los beneficios y los riesgos que conllevan, la presencia y la ausencia de grupos minoritarios en la producción de conocimiento científico y tecnológico, entre otros factores. La lij propicia todo esto gracias a la flexibilidad que le otorgan sus dos vertientes: las obras literarias y las obras informativas.
Con lo anterior como soporte, este trabajo ha construido un corpus de 114 obras de lij colombiana de temas científicos: 48 obras informativas y 66 obras literarias. A estas podrán sumarse aquellas aparecidas en periódicos y revistas, componente que aún requiere un tratamiento archivístico más sistemático. Este número no es para nada despreciable. Por ejemplo, el corpus más completo para la novela histórica colombiana, que reúne los resultados de varios estudios para el período de 1844 a 2015, suma 148 novelas, con solo seis de temas científicos, de acuerdo con Escobar Ortiz (2022). Es difícil establecer el corpus total de la lij colombiana, pero este trabajo sugiere que al menos 114 de sus obras son de temas científicos, un número muy superior a aquel de la novela histórica.
Este corpus permite afirmar que, contrario a las fuentes consultadas, la ciencia ha sido un tema dominante en la lij colombiana. Sin duda falta profundizar en las imágenes de la ciencia que estas obras comunican a sus lectores, de qué manera reafirman estereotipos y lugares comunes o los ponen a prueba. Pero el corpus sugiere una presencia bastante definida y explícita de la ciencia en la lij colombiana, al menos si se juzga por el número de obras, que se incrementa sustancialmente década a década desde los años setenta del siglo xx, con al menos una obra de temas científicos publicada casi cada año a partir de los noventa. Los estudios anteriores y los catálogos editoriales han pasado por alto este crecimiento.
Incluso la posibilidad de agrupar preliminarmente las obras por temáticas, como se ha hecho aquí, es significativa. Indica la existencia de tendencias en el corpus y una amplia diversidad de aproximaciones e intereses, no un bloque unitario y unánime en la mirada sobre la ciencia. Si la lij puede entenderse como una puerta de entrada para niños y jóvenes al acervo cultural de una sociedad, vale la pena preguntarse qué puerta han abierto estas obras al componente científico del acervo cultural de nuestra sociedad. Hay, cuando menos, riqueza y variedad para indagar.
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Notes