Reseñas

Reseña de Peroratas*

Wilson Andrés Cano Gallego
Universidad de Antioquia, Colombia

Reseña de Peroratas*

Estudios de literatura colombiana, no. 56, pp. 222-225, 2025

Universidad de Antioquia

. Peroratas. 2013. Buenos Aires. Alfaguara. 320pp.

Received: 07 August 2024

Accepted: 07 October 2024

Published: 31 January 2025

La figura social de ciertos escritores demuestra lo difícil que es, muchas veces, separar a la persona de aquello que dice; sus palabras caen como dardos y levantan tal polvareda que solo el tiempo puede darles el lugar que merecen. En Sade encontramos al creador del libertino y al denunciante de las perversiones del poder y de la Iglesia en el siglo xviii, y no solo al criminal, pederasta y pornográfico que muchas veces se le adjudicó; la misoginia, el antisemitismo y el nihilismo rampante de Louis-Ferdinand Céline no pueden opacar la magnificencia y la denuncia de una obra bizarra como Viaje al centro de la noche; el universo poético de Lautréamont se carga de riqueza verbal para desenmascarar la falsa dignidad, la depravación y la hipocresía en Los Cantos de Maldoror, y no solo al escritor satánico que con su misteriosa vida llenó la imaginación de toda una generación de escritores modernistas.

A estas muestras de rebeldía, se suman las figuras de autores como Manuel González Prada (Lima 1844-1918) en el Perú de finales del siglo xix con su análisis de la realidad nacional o José María Vargas Vila (Bogotá 1860-Barcelona 1933) en Colombia, quienes con tono demoledor, panfletario y anticlerical remesaron los cimientes de la sociedad pacata de aquel entonces. Para todos ellos como para Wilde “el arte siempre es inmoral”, una aseveración que parece encarnar el escritor Fernando Vallejo en su libro Peroratas que, como hijo de una generación de iconoclastas, se dedicaron a escupir verdades en la cara a la sociedad de su tiempo.

El Diccionario de la Lengua Española (DRAE) define perorata como “discurso o razonamiento, generalmente pesado y sin sustancia”. No puede ser más apropiado entonces el título de este obra de Fernando Vallejo en el que recoge 32 textos “pesados” entre artículos, discursos, conferencias, prólogos y presentaciones de libros en los que el autor habla sin tapujos -nunca los ha tenido- sobre los temas que siempre lo han obsesionado: el amor por los animales, el odio a las religiones (especialmente a la católica), el desprecio por los políticos y burócratas del poder, la canonización de Cervantes y Rufino José Cuervo, la reproducción humana como un acto criminal, la sobrepoblación y las consecuencias demográficas, ambientales y políticas de este hecho, la supremacía de la novela sobre los otros géneros literarios y el desprecio por el narrador en tercera persona como un dios absoluto, sabelotodo. Otros temas también atraviesan sus textos, pero en líneas generales se podrían enmarcar sus preocupaciones en estos ya referidos.

El valor artístico de su obra no puede medirse con parámetros morales. Esto parece decirnos el autor de ese largo ensayo novelado llamado La puta de Babilonia y de un libro como Manualito de imposturología física. El estilo directo, mordaz, altanero y lleno de digresiones-anécdotas, datos científicos, narraciones, hacen de estas peroratas un momento de reflexión necesaria en el amplio espectro de la producción literaria colombiana en la que muy pocos escritores están decididos a darle la cara, sin hipocresías y zalamerías, a la realidad nacional. Fernando Vallejo es el gran provocador de los últimos tiempos en Colombia, el burlador supremo. Los textos recogidos en estas 320 páginas dan cuenta de más de 10 años de discursos en universidades, ferias de libros, teatros, teleconferencias y revistas. Sus temas son repetitivos; pasan de un texto a otro, sin orden y extensión variable.

Luego de un prólogo en el que el autor comenta las situaciones en las que se presentaron algunos de los textos como “la Patagonia, en el fin del mundo” en el que los holandeses que lo escuchaban fueron abandonando el recinto, o el artículo publicado en SoHo “Leyendo los evangelios”, que le costó la renuncia a la nacionalidad colombiana por las acusaciones del exprocurador Ordóñez, abre la lectura del libro un significativo llamado a “Las madrecitas de Colombia” en el que les pide que dejen de parir, de fornicar y de excretar, pero no de pensar (Vallejo, 2013, p. 12), pues son unas “minusválidas morales” y que en el siguiente texto, “Los muchachos de Colombia”, les pide que no se reproduzcan porque “somos muchos y ya no nos soportamos ni cabemos” (p. 19).

Esta reiterada preocupación de Vallejo por la reproducción humana, la sobrepoblación mundial, la destrucción de los recursos naturales y el mundo como una cloaca destinado al hambre, la miseria y la violencia la plantea de manera obsesiva en “Amores prohibidos y amores imposibles”, “El hombre, ¡ese animal alzado” y “Wojtyla vive” a quien se refiere como “Ah puto viejo! Ah puta farsa” (p. 313) quien con sus obras del control natal y sus “gánsteres ensotanados” no busca más que la sobrepoblación del planeta y que los curas echen mano a millones de dólares, manteniendo siempre relaciones directas con los regímenes más atroces como el nazismo y el comunismo; de ahí que exprese que el sexo es bueno, conveniente, inocente, inocuo y divertido con mujeres, hombre, animales, niños (p. 103), pero imponer la vida es un crimen peor que quitarla, pues “lo único que sé del amor es que está ahí, como la gravedad” (p. 22).

Para Vallejo sus únicos y verdaderos hermanos son los animales a quienes donó el dinero recibido del Premio Rómulo Gallegos a una fundación en Caracas y el Premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en México. Tanto los dos discursos pronunciados para estos eventos como el extenso ensayo “Mi otro prójimo”, en el que a partir del Origen de las especies devela las semejanzas biológicas y genéticas del perro y el chimpancé con el hombre y la mujer, rastrea en La Biblia las infamias contra los animales, al retomar estos temas en “La ceguera moral”, “Osos y Reyes”, “Toros e hijueputas” y en “Los impensados caminos del amor” dedicado al único ser que le enseñó el verdadero amor, Bruja, su perra gran danés.

Pero la temática más áspera y explosiva en el autor que origina estas reflexiones, en torno a la reproducción natal como un crimen y el amor por los animales, reside en las religiones en general, y en la católica en particular, con su dios, credo y ministros con el papa a la cabeza. Puede decirse que en todos los textos saca a relucir su odio visceral hacia este tema, pero en “Leyendo los evangelios” y “Los crímenes del cristianismo” es más frontal su denuncia. Aquí demuestra las inconsistencias de los cuatro evangelistas, la imposibilidad de que hubieran podido conocer a Jesús y los crímenes cometidos en nombre de un dios, ya que “Dios no existe y que si existe es malo; Cristo no existió y si existió fue un loco rabioso” (p. 8). Además, deja entrever en todos estos apuntes el porqué de sus constantes ataques a la religión católica, pues aduce que en Colombia no habrá futuro mientras la Iglesia siga detentando “la verdad y la moral en contubernio con el poder político” (p. 193).

En otros apartados como en “¿El fin del libro?” donde expresa cómo el obispo Eusebio en el año 300 realiza la más dañina manipulación al texto de Flavio Josefo al hablar de Jesús y sus milagros, o en “La Patagonia, fin del mundo” y “Wojtyla vive”, ya mencionados, arremete contra las imposturas de las religiones y la misoginia, la homofobia, el carácter de los papas y la insensibilidad de la Iglesia ante el dolor de los animales, autorizado, en parte, por La Biblia, los evangelios y El Corán. Todo esto da para decir, como poseído por la palabra y la rabia acumulada, “¡Judíos cabrones! ¡Cristianos cabrones! ¡Maricas! ¡Pirobos!” (p. 190).

Otros temas tratados en estas Peroratas son expresa devoción de Vallejo: el amor y la admiración por la obra y la figura de Cuervo con “El lejano país de Rufino José Cuervo” y “El centenario de la muerte de Rufino José Cuervo”; y las proezas de Cervantes, la novela como género superior y el narrador en primera persona como el más cercano a lo humano en “El gran diálogo del Quijote” y en “la verdad y los géneros narrativos”. Rufino José Cuervo es el máximo gramático, filólogo y lingüista de todos los tiempos; España no ha tenido uno como este, con excepción de Menéndez y Pelayo que se acerca un poco a la empresa monumental que emprendió aquel (la Gramática, su Diccionario, las Apuntaciones). Los 29 años en Europa de los cuales no se tienen noticia obsesionan a Vallejo y la triste realidad de un idioma español anglicanizado contra el que tanto luchó Rufino y que, en su mal uso, lo ve desvanecerse como un “río fugaz, deleznable, cambiante, pasajero, traicionero. Como Antioquia” (p. 124).

En relación con el Quijote, lo sorprende su riqueza y complejidad en los diálogos que, a pesar de los desaciertos y los errores tipográficos, nada en él es lo que parece, ni siquiera la aparente tercera persona del narrador que por lo demás es omnipotente, omnipresente, todo un dios “sabelotodo”. El Quijote se burla de todo y todo lo que toca lo vuelve irrisorio: el lenguaje, los escritores, la tercera persona y a sí mismo. En “La verdad y los géneros narrativos”, Vallejo hace uso de todas sus facultades filológicas y de un balance de erudición encomiable para llevar a cabo toda una vigorosa indagación de los géneros narrativos en la antigüedad griega y latina con Heródoto, Tucídides, Homero, Suetonio, entre otros. Aquí resuena su afirmación de que “la verdad cambiante; la verdad no existe” (p. 163); y de que la primera persona de autor, como la denomina, ya está presente en La Odisea, en Heródoto y Tucídides en los que son claros los discursos inventados, los episodios escenificados y los diálogos poderosos. Además, deja por sentado cómo la novela es el género por excelencia y su lectura “es un acto de fé” (p. 162).

En líneas generales, esto es solo una muestra de lo que se encontrará el lector en Peroratas. Otros textos como “Presentación de El río del tiempo”, “Presentación de La Rambla paralela” y los dedicados a García Márquez: “Cursillo de orientación ideológica para García Márquez” y “Un siglo de soledad” vuelven sobre sobre temas como la primera persona, las ínfulas de la tercera persona, la posición del escritor frente a la dictadura y el plagio a Balzac frente a la novela Cien años de soledad.

Peroratas es un mamotreto cargado de rabia, humor, erudición y provocación que lleva al lector, por diferentes caminos, a los temas más recurrentes y obsesivos del autor con un tono llano, directo, incrédulo, difamador y burlón, y una escritura digresiva y altamente estimulante que por su contenido polemista deja entrever una preocupación que, muy en el fondo, encierra a todos estos textos: el amor al prójimo. Así despotrique de la humanidad entera, de la reproducción, de la Iglesia y las religiones en general, de los políticos de turno, del papa, de Colombia y de Antioquia, busca aguzar las mentalidades pasivas, hipócritas y cargadas de moralismo retardatario de un país que se ha desangrado por décadas en gregarismo de toda calaña. Ese miedo a pensar por sí mismos y a rebelarse frente a la burocracia y al poder es lo que no tolera Vallejo, y le hace decir, como olvidando las diatribas que líneas atrás escupió, “todo el que tenga un sistema nervioso para sentir y sufrir es nuestro prójimo” (p. 292).

Referencias bibliográficas

Vallejo, F. (2013). Peroratas. Alfaguara.

Notes

* Cómo citar esta reseña: Cano Gallego, W. A. (2025). Reseña del libro Peroratas (2013) de Fernando Vallejo. Estudios de Literatura Colombiana 56, pp. 222-225. DOI: https://doi.org/10.17533/udea.elc.358029
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