La percepción de la actividad física en el léxico disponible en la provincia de Almería
Perception towards Sports found in Lexical Availability from the Province of Almería
La percepción de la actividad física en el léxico disponible en la provincia de Almería
Lengua y Habla, núm. 22, pp. 55-75, 2018
Universidad de los Andes

Recepción: 08/12/2017
Aprobación: 09/04/2018
Resumen: El presente trabajo analiza el imaginario colectivo relacionado con el deporte en Almería, a partir de indicios verbales de la propia comunidad. Para ello se recurre a metodología de disponibilidad léxica, entendiendo que, además de información lingüística, aporta una radiografía psicosocial a través de los centros de interés que aborda. En concreto, la temática deportiva ha podido ser rastreada a través de “juegos y distracciones”, “profesiones”, “la ciudad” y “la escuela”. Contrastando dos muestras –1992 y 2015– sobre la misma comunidad de Almería, se confirmó sobradamente la hipótesis metodológica de la investigación, accediendo a través del léxico a dos percepciones sociales claramente diferenciadas del ámbito deportivo.
Palabras clave: lingüística aplicada, disponibilidad léxica, deporte.
Abstract: In this study the public perception in Almería towards the concept of sports observed in verbal elements was analyzed. The methodology followed was lexical availability analysis which provides both linguistic information and a psychosocial map from the core elements under study. The concept of sports was analyzed from the lexicon of “games and recreation activities”, “professional activities”, “urban life”, and “the school”. Lexicon samples from the community in Almería were collected from two different dates, 1992 and 2015. Results show that the hypothesis about having different social perceptions towards sports is supported.
Keywords: applied linguistics, lexical availability, sports.
1. LOS IMAGINARIOS COLECTIVOS COMO MARCOS INTERDISCIPLINARES
En 1995 H. López Morales y F. García Marcos publican “Disponibilidad léxica en Andalucía”, un trabajo en gran medida programático para ese ámbito autonómico, que establecía el inicio más o menos oficial –formal, si se prefiere– de estas investigaciones andaluzas. Claro que, dada la situación de la bibliografía entonces, también tenía carácter en gran medida pionero, aunque fuera por extensión, para el conjunto del Estado Español, e incluso del Mundo Hispánico. Había ya investigaciones en curso, incluso algunos datos publicados (Ruiz Basto, 1987; Benítez, 1992, 1995), o de inmediata aparición. Pero el caso es que ahí se fija con claridad un proyecto y se diseñan sus líneas maestras. El inicio efectivo de la investigación empírica en Andalucía, de todas formas, es un tanto anterior. Las primeras muestras tomadas en Almería datan de 1991, base de lo que más tarde será la tesis doctoral que Mateo defiende en 1996 y publica dos años después.1 Al mismo tiempo, en el otro extremo de Andalucía, González Martínez aporta los datos gaditanos en otra tesis doctoral que, aunque finalmente verá la luz en 2002, se defiende al mismo tiempo que la de Mateo. Así pues, el texto de 1995 trascribía un programa de investigación de andadura más que inmediata. En 2009 Samper Padilla lo consideraba prácticamente cerrado, estimando que el objetivo de López Morales, contar con un mapa completo de la disponibilidad andaluza, se había alcanzado en la práctica. Por descontado que el proyecto global se desarrolló con igual vigor en el resto de España y en el Mundo Hispánico. De manera que hoy se dispone de datos cuantiosos y exhaustivos que abarcan la totalidad geográfica de una lengua tan vasta, y determinante, como el español.
El proyecto andaluz, como es natural, empleaba la versión actualizada del concepto de disponibilidad léxica, ya entonces completamente delimitada por López Morales. Cierto es que su formulación inicial partía de Gougenheim, Michéa y los didactas franceses, como se ha repetido en múltiples ocasiones. En la década de los 50 supuso un muy serio intento por trascender los recuentos de frecuencia léxica, tratando de aproximarse más al vocabulario habitual en la vida de los individuos que, por consiguiente, reflejaba mejor la cotidianidad de las sociedades a través de las palabras que emplean sus hablantes.
Sin dejar de valorar ese precedente, tampoco está de más subrayar que lo que se baraja teóricamente en los 90 es algo más que una mera traslación conceptual de las aportaciones francesas. López Morales reformula el concepto de disponibilidad léxica, delimitándolo con mayor precisión y, sobre todo, focalizándolo hacia una lingüística que, ya en el arranque de esa década, había definido con claridad algunas de sus aplicaciones más identificativas. Sigue interesando primordialmente el vocabulario de las interacciones más cotidianas, solo que a través de procedimientos metodológicos muy rigurosos, con protocolos uniformes de recogida de datos y criterios estables de unificación de las muestras; todo ello encaminado hacia la búsqueda de aplicaciones tangibles y concretas.
Precisamente en esa misma dirección, intentando ajustar la disponibilidad al nuevo panorama teórico y metodológico con el que la lingüística abandonaba la centuria, García Marcos (1999) llamó la atención sobre lo que consideraba un hecho implícito en estas investigaciones. Esos datos tenían una lectura descriptiva e inmediata de carácter lingüístico, como por otra parte resultaba evidente, lo que las dotaba de enorme potencial de aplicación. Pero, al mismo tiempo, en su opinión, contenían información que iba más allá de la lingüística y que, de hecho, podía incidir directamente en otras disciplinas sociales, en lo que no dejaba de constituir una de sus posibles aplicaciones, siguiendo por tanto el trasfondo de la propuesta de López Morales. Al respecto mencionaba varios ejemplos que consideraba relevantes al respecto, a partir de los datos almerienses de Mateo. En el centro de interés de el campo aparecían palabras como “paz”, “armonía”, “medio ambiente” o “reciclaje” que parecían vinculadas a lo que a principios de los 90 podría ser una incipiente consciencia ecologista. En todo caso, el léxico disponible de esos adolescentes sí remitía a un mundo de percepciones y connotaciones, en principio, presumiblemente distinto al de sus mayores. Mucho más llamativa era la situación en el centro de interés de la mar. En las zonas marineras de la provincia de Almería, Mateo (1998) había localizado vocabulario fundamentalmente concentrado en la pesca y las variedades de pescado. En la capital, por el contrario, los jóvenes contestaron a ese mismo centro de interés con vocabulario playero, prácticamente concentrado por completo en el disfrute veraniego del litoral.
Por hechos de este tipo García Marcos (2015) formuló la hipótesis de que, entre otras cosas, la disponibilidad léxica podría contribuir de manera positiva a adentrase en el imaginario social, tal y como había sido formulado por Cornelius Castoradis (1975, 1997) y Anderson (1983). Toda sociedad construye representaciones sobre su realidad que conforman lo que se consideraría una cosmovisión colectiva y compartida. Parte de esas representaciones, las primarias, conforman el núcleo de la conciencia colectiva, dado que tienen valor por sí mismas y son institucionalizadas en último término. El resto, las secundarias, derivan de las anteriores, concretándolas, especificándolas o individualizándolas.2 A su vez, esas representaciones se plasman tanto en el nivel ideológico (creencias, valores, tradiciones), como en el social (instituciones, leyes) o incluso en el psicológico (comportamientos). En cualquier caso, como señala explícitamente Castoradis, todas terminan verbalizándose, con lo que el lenguaje se convierte en el principal instrumento de los imaginarios para manifestarse. De ahí que García Marcos (1999, 2015) apuntase que probablemente la disponibilidad léxica estaría en condiciones de aproximarse a ellos, dada su introspección en la realidad más cotidiana e inmediata a los hablantes.3
Nuestro propósito aquí consiste en continuar esa discusión, cuestionando si es posible extender los límites de la lingüística aplicada, como instrumento auxiliar de diagnóstico antropológico-social, en esa línea de indagación que acabamos de plantear, acerca de los imaginarios colectivos.
Para ello, y dado el carácter exploratorio de esta aportación, se procederá a concentrar la observación temática en la actividad física y el deporte, sin duda uno de los grandes iconos culturales de nuestro tiempo. Una primera aproximación impresionista a los listados de léxico disponible confirma la presencia de su vocabulario en, al menos, los centros de interés de la ciudad, juegos y distracciones, la escuela: muebles y materiales y profesiones y oficios. Son, desde luego, ámbitos que registran una considerable cantidad de entradas con procedencia y naturaleza muy diversas, lo que permitiría confrontar el peso de esa actividad en el conjunto del imaginario social. Además, los datos obtenidos de esta aproximación a través de la disponibilidad léxica, podrían servir de elemento de contraste a los obtenidos desde otros campos disciplinares acerca del rol de la actividad físico-deportiva dentro del imaginario contemporáneo. Bien es verdad que, de momento, se dispone de una nómina modesta, en número de trabajos y en diversidad de interés, habida cuenta de que de momento tan solo se han desenvuelto dentro del fútbol, la práctica deportiva por excelencia. Bromberguer (1995) lo analizó como el exponente de un imaginario partisano, contrastando datos de las ciudades de Marsella, Nápoles y Turín. Diez años después, Carretero (2005) lo vinculó a los imaginarios religiosos, desde una perspectiva manifiesta y voluntariamente antropológica. Los datos de la disponibilidad léxica permiten acceder a una visión más amplia y global, integrando diversas prácticas deportivas y clases de actividad física, graduándolas además en función de su nivel de aparición y rango en los listados.
2. METODOLOGÍA
Para llevar a cabo este trabajo, en primer lugar se manejará el corpus de M. V. Mateo (1996, 1998) sobre léxico disponible en la provincia de Almería. Como se ha indicado más arriba, los primeros cuestionarios empezaron a pasarse en 1991, aunque el grueso de los clásicos 400 escolares muestreados finalmente se obtuvo durante el curso 1992/1993. No se analizó en concreto la representatividad de la muestra, sobre todo porque esa cifra –400 alumnos y alumnas– era la ratio ya fijada para todas las investigaciones sobre disponibilidad léxica que pudieran hacerse en el futuro dentro del Mundo Hispánico. La idea, discutible o no, era que el volumen muestral no distorsionara los resultados, pensando en futuros estudios comparativos entre distintas comunidades. En cualquier caso, si se tiene en cuenta que entonces la provincia en su conjunto apenas si sobrepasaba los 200.000 habitantes, los 400 estudiantes eran suficientes, únicamente para el conjunto de alumnos de último año de secundaria, su N de referencia.
Como cualquier ciencia que analiza una realidad dinámica, los datos de la lingüística empírica también tienen fecha de caducidad. Los de la disponibilidad léxica no son una excepción, máxime en tiempos como los actuales, con una marcada aceleración histórica. Quiere ello decir que lo compilado entre 1991 y 1993 corre el más que serio riesgo de ser un documento ya histórico, o casi, de una situación que dos décadas más tarde presumiblemente se ha debido modificar de manera sustancial. Por ello en 2015 se procedió a realizar una nueva cala entre alumnado del mismo segmento de edad y el mismo ámbito sociocultural, aunque esta vez ajustando su representatividad muestral, abarcando como en el caso anterior el conjunto del ámbito provincial. Los 309 encuestados durante 2015 suponen un 24’79% respecto de los 1246 egresados del bachillerato en el curso académico anterior, conforme a los datos oficiales de la Delegación Provincial de Educación de Almería. Por lo tanto, su representatividad estadística queda igualmente salvaguardada.
De esa manera, se ha dispuesto de dos cortes cronológicos de disponibilidad léxica en Almería, lo que nos permite adentrarnos en una posible dinámica evolutiva de los imaginarios en relación a la actividad física, al contrastar los datos del 91-93 con los actuales. Para ello se mantienen las magnitudes estadísticas habituales en las investigaciones sobre disponibilidad léxica. En ese sentido se referirán, tanto el rango en el que aparezcan los términos en los listados, como su correspondiente índice de disponibilidad (IDL, de ahora en adelante), conforme al cálculo estandarizado en la bibliografía hispánica. La organización interna de los centros de interés, en todo caso, ha puesto de manifiesto la necesidad de incorporar un nuevo índice, conveniente para depurar el perfil cualitativo que aquí se persigue. Por un lado, los vocablos forman –o pueden formar– constelaciones léxicas que sí son pertinentes para evaluar el estado del imaginario social. Así, entre los juegos y distracciones el deporte se contrapone a los juegos de mesa, la diversión electrónica, los juegos tradicionales, etc. Otro tanto sucedería con las instalaciones deportivas frente a los edificios oficiales, o los espacios verdes en la ciudad. La misma situación se repite en profesiones y oficios y la escuela, los otros dos centros de interés tomados en consideración aquí. Esas constelaciones léxicas, en realidad, agrupan diversas entradas individuales de términos aislados.4 Por otra parte, hay algunas prácticas físico-deportivas con varias posibles denominaciones para una misma realidad, lo que conduciría a una situación análoga a la anterior. El “fútbol a siete”, o “sobre césped artificial” no dejan de ser variantes de un mismo deporte, que es el dato necesario para profundizar en su participación dentro del imaginario social. Para intentar dar cuenta de esa situación se ha considerado que lo más aséptico e inmediato consistía en obtener el promedio de los IDL (en adelante PIDL) integrados dentro de una de esas constelaciones léxicas, con lo que la alteración de los parámetros estadísticos era mínima. De esa manera se obtienen, por decirlo de manera gráfica, subconjuntos de disponibilidad léxica en cada centro de interés, correspondientes a las diferentes especificaciones temáticas que los integran.
3. ANÁLISIS
Desde esos parámetros, se procedió a examinar los datos de ambos cortes temporales, analizándolos primero a través de cada uno de los centros de interés propuestos, dejando para el final un intento de valoración global de sus resultados y, naturalmente, de la hipótesis teórico-metodológica planteada más arriba.
3.1 Juegos y distracciones
Ya en 1993 los adolescentes vinculaban fuertemente su diversión al deporte. Queda por discriminar en qué podía consistir concretamente ese vínculo, si era un vínculo activo o pasivo, y qué peso tenía dentro de las preferencias de los encuestados. La primera evidencia no era otra que una altísima presencia del deporte entre sus primeras preferencias en este campo. De las 10 primeras actividades citadas dentro de un extenso listado con 779 rangos, la mitad tienen que ver con el deporte (“fútbol”, “baloncesto”, “ajedrez”, “tenis” y “voleibol”). En las cinco siguientes se incorpora el “balonmano” en el rango 13, la “natación” aparece en el 22 y “nadar” en el 33. El “fútbol” (rango 2) solo es superado por el “parchís”, un juego tradicional de mesa, con poco margen de diferencia. Se da, además, la significativa circunstancia de que el “fútbol” ocupa la primera posición en el listado femenino de juegos y distracciones, mientras que son los chicos quienes lo sitúan por debajo del “parchís” en el listado general. Por tanto, ya en 1993 parecía funcionar poco la acendrada división de género relativa a la preferencia en juegos y distracciones, hasta el punto de predominar el “fútbol” entre las chicas, por encima incluso de sus compañeros. Esa tendencia se corrobora y confirma en 2015. Desaparecen algunos juegos de mesa más populares hace dos décadas que en la actualidad (“Monopoly”, “Trivial”) sustituidos por otros más actualizados (“Kayanak”, “Rescate”) y, sobre todo, se registra una abrumadora incorporación de la diversión electrónica para videoconsolas (“Fifa”, “Call of Duty”, “Vortex Point”, “Assasin`s Creed”). El deporte, en todo caso, permanece inalterable a esos vaivenes. El “fútbol” encabeza los nuevos listados, ahora tanto en la versión femenina como en la masculina, acompañado en las diez primeras unidades de “baloncesto”, “voleibol”, “balonmano”, a los que se agrega “paddle”, una de las novedades evidentes en el reciente panorama de actividad física en España, al parecer también entre los jóvenes.
Quiere ello decir que en estos veinte años el deporte ha copado exactamente la mitad de las principales preferencias de diversión de los jóvenes adolescentes almerienses, manteniéndose como un valor muy sólido en su conjunto. Ha tenido, además, una evidente capacidad de actualización para acomodarse a nuevos tiempos y exigencias, como demuestra la irrupción del “paddle”, tan presente en los hábitos físicos recientes, desplazando un tanto al “ajedrez” que, no obstante, se mantiene entre las 20 primeras unidades, junto con el “atletismo”, la “natación” y el “fútbol-sala”. Este último ha protagonizado una de las grandes progresiones del listado de 2015, ascendiendo desde la posición 237 hasta la 19, coincidiendo por lo demás con una creciente actividad entre los más jóvenes (competiciones de barrio, ligas amateur, torneos esporádicos). Entre las primeras 50 posiciones se incorporan también en 2015 el “fútbol-playa”, el “vóley-playa” y el “balonmano-playa”, algo más que las versiones veraniegas de esos deportes. De un lado, existen competiciones regulares de todos ellos durante el período estival en Almería. De otro, sobre todo en el caso de los dos primeros, existen ya instalaciones permanentes para su práctica durante todo el año (Club Natación Almería).
Ese listado, por otra parte, muestra que esas preferencias no son casuales. Dejando al margen los dos grandes referentes deportivos, al menos en Europa, como son el fútbol y el baloncesto, el resto de ese listado preferencial transcribe de manera muy gráfica lo que son las principales disciplinas deportivas que tradicionalmente se han desarrollado en el entorno provincial almeriense. El voleibol y el balonmano son los dos deportes que mejores resultados han obtenido en el ámbito profesional dentro de la provincia. En voleibol, por supuesto, ha destacado la presencia del club Unicaja Almería, referencia nacional en este deporte. En balonmano hay una tradición consolidada en la base provincial, con oscilaciones según las épocas a la hora de transcribirla en la élite, tanto en categoría masculina como en la femenina, pero firme y prolongada a lo largo del tiempo. En ambos casos se ha contado con equipos en máxima categoría nacional. El balonmano femenino almeriense incluso ha competido en Europa (Vícar Goya) y ha formado jugadoras consideradas como las mejores del mundo en su posición.5 La natación es la práctica física inmediata en un entorno marítimo como el almeriense y, en cuanto al atletismo, mantiene una continuidad, quizá más modesta, pero en todo caso igualmente sensible, sobre todo tras la figura de Emilio Campra, un atleta y pionero de la preparación deportiva ya desde los años 50, que dejó enorme huella en la ciudad. Ya a más distancia, pero a continuación en este listado, figura el “ciclismo” (rango 52 en 1993; 47 en 2013), otra práctica física muy extendida en todo el entorno provincial, con figuras históricas de este deporte como Juan Martínez Oliver, destacado contra-relojista en su época de profesional (1984-1994) y posterior seleccionador español de ciclismo en pista (1997). De cualquier forma, en los listados actuales, tanto en 1996 como en 2015, no hay rastro del “boxeo”, con tanta presencia entre las preferencias de los almerienses en los años 50 y 60.
En otras ocasiones, sin embargo, no se cumplen esas expectativas apriorísticas. El litoral no parece incitar a la práctica de la “vela” (rango 96 en 1993 y 99 en 2015) ni tampoco al “buceo” (rango 117 en 1993 y 102 en 2015). Siguen siendo, por tanto, prácticas físico-deportivas asociadas a connotaciones elitistas, o en su caso de excesiva especificidad. Sea por uno u otro motivo, lo cierto es que están alejadas de posiciones que representen un cierto consenso mayoritario entre la población almeriense.
El listado de 2015 incluye novedades significativas, no en cuanto al primer nivel de inmediata predilección, pero sí por lo que se refiere a posiciones más avanzadas, donde se incorporan términos y actividades desconocidos en el listado de 1993. Nos referimos, tanto a actividades individuales como el “jogging” (rango 92 en 2013), “caminar” (rango 97) o “ir al gimnasio” (rango 57), como a los llamados deportes de riesgo, entre los que destacan “puenting” (rango 157) o el “parapente” (rango 127). Ninguno de ellos supera la mera presencia testimonial dos décadas antes, lo que parece indicar un cambio progresivo de tendencia hacia otro tipo de actividad física. Por supuesto que no se encuentra ampliamente generalizado entre la población, menos aún entre los grupos situados en plena adolescencia. Pero esa mera presencia, en posiciones relativamente altas, puede ser indicativa de ese cambio progresivo al que se está aludiendo, al menos como tendencia apuntada con cierta consistencia.
Esa transformación, que sin embargo no modifica la estabilidad de lo físico-deportivo como referente lúdico dentro de la comunidad de Almería, se corrobora al analizar los listados de disponibilidad léxica por áreas temáticas.
El deporte mantiene una posición de neto privilegio en ambos cortes temporales, que incluso se incrementa en 2015. Pero a partir de ahí las preferencias por las distracciones entre los almerienses han sufrido una notable transformación. Los juegos de mesa tan apreciados en 1993, caen hasta la posición 6 veinte años después, siendo sustituidos por unos cada vez más pujantes videojuegos. Se incrementan asimismo los hábitos musicales, compañeros de la actividad física en no pocas ocasiones. De igual forma, los juegos tradicionales, de los que se ha separado todo lo relacionado con naipes, decaen de manera significativa, a cambio del incremento de las relaciones sociales y de la televisión. El patrón de diversión y ocio, como se ve, resulta ostensiblemente distinto, pero mantiene al deporte como auténtico epicentro constante del mismo.

Esa preeminencia es todavía mayor a medida que se profundiza en los listados. En efecto, las posiciones iniciales recogen lo que podríamos considerar como valoraciones genéricas: “fútbol”, “baloncesto”, “balonmano”, “ciclismo”, entre otros. Pero a medida que la disponibilidad desciende aparecen los matices más específicos. Se trata de términos que han recibido menos preeminencia en los listados, justo por ese carácter más puntual, más concreto. Solo que precisamente por ello aportan otra información, complementaria en gran medida de la anterior. Nos referimos a que ya en posiciones más avanzadas se encuentran actividades como “ver la televisión”, “ir a un partido (de fútbol, de baloncesto, de balonmano, de vóley)”, “escuchar una retransmisión deportiva” o “leer prensa deportiva”. Es lo que podíamos considerar como ocio pasivo en el que el deporte, más que una práctica, es una actividad contemplativa. En efecto, este ejerce un atractivo como espectáculo. Lo acabamos de decir, se trata de un grupo muy disperso, a menudo con terminología diferente que remite a la misma realidad (“ir al fútbol”, “ver un partido de fútbol en el estadio”), de ahí su descenso en el IDL. Sin embargo, si se agrupa y contrasta la actividad físico-deportiva frente al ocio pasivo vinculado al deporte, las diferencias son menores de lo que cabría suponer en un principio, como muestra el cuadro siguiente.

Para empezar, en el cómputo global de ambos listados estas dimensiones activas y pasivas de la actividad física terminan comportándose de manera muy próxima. Para continuar, el incremento relativo que se registra en 2015 relacionado con lo deportivo, resulta sobremanera intenso en sector pasivo, casi equiparado al activo. Tanto es así que en esta segunda muestra, en la de 20015, supera las cifras que correspondían a la práctica deportiva activa consignada dos décadas antes. Por lo tanto, a la vista de estos datos, hay que tener muy presente esta otra dimensión relacionada con la actividad física y el deporte, clara e intensamente vinculada al espectáculo de masas que tiene íntimamente asociado. Almería y su entorno provincial, por descontado, es más que presumible que no suponga un ejemplo aislado y excepcional, sino que denoten una pauta generalizada en nuestros días.
3.2 Profesiones y oficios
La incidencia de la actividad física decae de manera muy significativa en el siguiente centro de interés que aborda esta investigación, profesiones y oficios. En 1993 hubo que esperar hasta la posición 39 para encontrar una profesión deportiva, “futbolista”, que en todo caso tiene un IDL de tan solo 0,067. Cuarenta y cuatro lugares más abajo, en el rango 83, figura “deportista” (con 0,027 de IDL). Para “tenista” hay que descender hasta la posición 120, donde figura con un IDL de 0,017, ya casi en el límite de lo meramente testimonial. No es tanto una cuestión de ubicación como de inventario. En los rangos inferiores tampoco aparecen los términos que puedan remitir a profesiones deportivas. De las 772 unidades que componen este centro de interés, además de las 3 palabras a las que acabamos de hacer mención, hay que sumar 13 términos más: “jugador” (rango 140), “ciclista” (146), “ atleta” (166), “boxeador” (223), “jugador de balonmano” (222), “nadador” (269), “maestro de educación física” (452), “portero de fútbol” (503), “surfista” (534), “jugador de tenis de mesa” (648), “maestro de kárate” (735) y “alpinista” (738). Esa precariedad contrasta vivamente con la exuberancia mostrada en 1993 por los adolescentes almerienses al señalar profesiones en general, algunas tan inhabituales como “taxidermista”, otras tan pintorescas como “chulo” o “gandul”, todas ellas, en cualquier caso, por encima del mundo vinculado a la actividad física y al deporte.
Por otra parte, no se sigue con exactitud el mismo patrón que en el anterior centro de interés. Entre las profesiones y oficios sí se encuentra “boxeador”, con esa raigambre en la historia local que antes hemos comentado, en clara contraposición con el comportamiento mostrado entre los juegos y distracciones de los adolescentes. Por lo tanto, se diría que es un resto de imaginario social, todavía activo como reflejo histórico de la colectividad, por más que haya perdido su vigencia como práctica y referencia extendida. Por lo demás, como ya había sucedido en el caso anterior, los listados masculinos y femeninos no difieren de manera significativa. Las chicas de 1993 mostraron el mismo desapego que sus compañeros hacia las profesiones relacionadas con el deporte y la práctica física.
En 2015 el panorama cambia de forma sensible, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo. En lo cuantitativo porque se incrementa de manera sustancial el inventario de formas relacionadas con el deporte en este centro de interés. Esta nueva generación sigue mostrándose generosa en la asignación de ámbitos profesionales, con un total de 758 términos, ligeramente por debajo de la muestra anterior, aunque en cifras realmente bastante altas. Entre ellas encontramos 30 profesiones deportivas, casi el doble que en el muestreo de 1993. Además, mejoran en parte sus IDL y sus ubicaciones en la escala de preferencias. “Futbolista” vuelve a ser el primer término de este grupo en aparecer, solo que ahora ocupa la posición 19 con un IDL de 0,102. A continuación figura en el lugar 38 “jugador de baloncesto” (IDL de 0,891) y “tenista”, de nuevo en tercer lugar, pero instalado en el rango 53 con un IDL de 0,102. Las otras unidades se incorporan a partir del lugar 100, lo que no impide que en algunos casos registren ascensos relativos, como “jugador de balonmano” (del rango 222 al 131) o “ciclista” (del 146 al 137).
El orden cualitativo también es muy relevante en esta ocasión, sobre todo porque se encuentran profesiones asociadas a prácticas deportivas ausentes del listado anterior. Así, aparecen en esta segunda muestra términos como “jugador de voleibol” (rango 112), “piloto de Fórmula 1” (rango 211) o de “motos GP” (267), “árbitro” (342), “presidente de un club” (405) o “representante” (512). Ambas circunstancias, la cuantitativa y la cualitativa, denotan una percepción tendencialmente distinta de la vida deportiva a la mostrada dos décadas antes. Para empezar se evidencia una mayor conciencia acerca de su profesionalización: en 2015 hay más ocupaciones vinculadas a ello, con su correspondiente transcripción en forma de IDL más elevados y ascenso en el listado de rangos. Esa modificación se corresponde en sus líneas generales con la propia evolución vivida dentro de la sociedad durante las dos últimas décadas en relación a la actividad físico-deportiva. No es que hace 20 años el deporte fuese completamente amateur, aunque no había alcanzado las cotas de profesionalización actuales ni, sobre todo, estas resultaban tan transparentes para el resto del tejido social. Los rankings de fichajes millonarios, o de deportistas con mayor número de ingresos, como la emergencia de entrenadores o intermediarios que desempeñan roles estelares, son fenómenos contemporáneos. Hace dos décadas eran mucho menos conocidos, sin por supuesto repercusión en los medios de comunicación.
Todo ello forma sencillamente parte de lo consabido en nuestro mundo actual. De ahí ese hiato fehaciente que existe entre los dos cortes cronológicos observados. Por lo demás, como viene siendo tónica generalizada en todas las muestras observadas en este trabajo, tampoco en esta ocasión se ponen de manifiesto diferencias relevantes entre chicos y chicas, por lo que podemos afirmar que el factor social género se neutraliza.
Con ese panorama la agrupación por áreas temáticas dentro del centro de interés de las profesiones y oficios es complicado que aporte un diagnóstico muy diferente al ya apuntado. El cuadro 3, desde luego, no lo hace.

En primer lugar, se registran promedios sensiblemente inferiores a los observados en el centro de interés anterior, debido a esa enorme dispersión registrada en las profesiones y oficios a la que se ha hecho referencia más arriba. En segundo lugar, no se observan grandes distancias entre los resultados de ambas muestras, excepto justamente en los deportes. Fuera de ese caso, prácticamente mantienen sus posiciones cada una de las áreas profesionales contempladas, con la ligera oscilación registrada entre los empleados en los servicios y los profesionales que intercambian los rangos 2 y 3. La profesión por excelencia está vinculada, tanto en 1993 como en 2015, al funcionariado. Sin una investigación complementaria al respecto, es complicado saber si ello responde a una percepción de los jóvenes encuestados (si realmente la sociedad en la que se desenvuelven está mayoritariamente poblada de funcionarios) o es una proyección de un deseo laboral ideal (esto es, si piensan o participan del tópico de que es la mejor opción profesional posible). La primera parte de esa disyuntiva puede ser respondida de manera más o menos objetiva. Según datos de fuentes tan diversas como OCDE, OIT o Eurostat,6 España es el cuarto país con menos funcionarios de toda la UE. Los datos de esta investigación, por otra parte, proceden del total provincial; esto es, integran zonas cuya actividad principal está situada fundamentalmente en el sector agropecuario. Luego, en caso de tratarse de una percepción, no está sustentada en hechos contrastados. Para sopesar el segundo de los factores anteriores sí que resultaría conveniente disponer de test de actitudes complementarios que interrogasen sobre las expectativas laborales de los jóvenes, a pesar de que tras el dato anterior todo apuntaría en esa dirección.
Pero el deporte, como queda apuntado, se sale de esa tónica general, modificando de manera sustancial su estatus en el transcurso de los últimos veinte años. Se incrementa la percepción de la profesionalización de esta actividad, a pesar de que los rangos en los que figuran sus vocablos apunten a que, en cualquier caso, es vista como algo ajeno y lejano a la comunidad. Esa distancia, en cualquier caso, es compartida con otras profesiones vinculadas al mundo del espectáculo y la cultura. “Actor” (rango 38) y “cantante” (42) se movían en 1993 en el mismo entorno que “futbolista”, “escritor” ocupaba el lugar 55, mientras que para encontrar “actrices” había que llegar hasta el 96. En 2015 no abandonan esas zonas en la secuencia de rangos. Por lo tanto, parece que la percepción relacionada con esos ámbitos no se ha modificado excesivamente en Almería, a diferencia de lo que sucede con el deporte. Sería interesante realizar estudios complementarios entre la población más joven, niños y preadolescentes, que probablemente sí mantengan el sueño de convertirse de mayores en sus ídolos deportivos. Pero a los 16 o 17 años, edad de los encuestados, ese sueño se ha confirmado excepcionalmente o, lo más habitual, es que ya se haya abandonado por completo. Lo que muestran los listados de vocabulario disponible, en consecuencia, no es otra cosa que una profunda y fehaciente transformación de la realidad profesional de la actividad físico-deportiva, que está empezando a calar en el imaginario social.
3.3 La ciudad
Esa concepción de la actividad físico-deportiva como acontecimiento social, incluso como espectáculo, no formaba parte de la imagen ciudadana que contenían los listados de 1993. De sus 793 entradas de vocabulario incluidas en ese centro de interés, tan solo diez mantenían algún vínculo con el mundo del deporte. Además, estaban situadas en posiciones ostensiblemente bajas. La primera que aparece es “polideportivo” en la posición 109 con un IDL de 0,018, lo que es ya indicio sobrado de por dónde se moverán las restantes. A continuación figura “piscina” (IDL 0,015) ya en el rango 125 y 20 posiciones más abajo “pabellón”, en el 145 con un IDL de 0,012. Para encontrar “gimnasio” (0,010) hay que volver a esperar casi otros veinte rangos, hasta el 164. A partir de ahí solo se consignan términos con un valor meramente testimonial, pues sus índices están por debajo de 0,0001. “Campo de balonmano” ocupa el lugar 509, “pista de fútbol” el 545, “deporte” y “cancha” se encuentran en el 623 y 643 respectivamente, mientras que “campo” lo hace en el 667 (sobreentendiendo que se trata de un “campo de fútbol”) y, por último, “campo de golf” llega hasta el 706.7 El mundo urbano en 1993 era, fundamentalmente, paisaje urbano: semáforos, coches, aceras, pisos o bancos. Después figuraban las instituciones públicas y privadas como el ayuntamiento, la diputación provincial, los institutos, incluso la universidad, entonces balbuceante. A continuación se pensaba en los ciudadanos que de alguna manera encarnaban todo aquello, empezando por la policía y los bomberos y terminando por los profesionales, como médicos y abogados. A ello se agregaban después toda una serie de personajes y actividades que, tópicas o no, forman parte de los clichés atribuidos a la vida urbana: los delincuentes, narcotraficantes, mendigos, motociclistas y yuppies. En medio de ese abigarrado entorno, ni la actividad física ni los deportistas encontraron demasiada acogida, hecho que en modo alguno debe llamar a sorpresa. A mediados de los 90 la infraestructura deportiva en la ciudad de Almería era bastante limitada, tanto en lo referente a instalaciones capaces de albergar actividad de élite, como en lo concerniente a equipamientos más destinados al ocio o al deporte base.
El factor social sexo introduce, como en los dos casos precedentes, muy pocas modificaciones, y además de no excesiva relevancia. Ambos sexos compartían básicamente idéntica concepción de la ciudad, un tanto más inclinada hacia los establecimientos por parte de las mujeres; hacia las manifestaciones más procaces de la vida urbana (“prostitutas”, etc.) en el caso de los hombres. Este último dato tampoco deja de apuntar hacia una distribución tópica de percepciones sociales, aunque, insistimos, separada por márgenes muy escasos de diferencia que, en todo caso, no ocultan que lo abrumadoramente predominante son las tendencias compartidas.
En 2015 la situación cambia de manera drástica, en cuanto a la dotación urbana de espacios específicamente dedicados al deporte y, por consiguiente, también en cuanto a su reflejo directo en los vocablos recogidos en esta nueva encuesta. De las 802 palabras aparecidas en el centro de interés de la ciudad, 22 están vinculadas a la temática de la que se ocupa este trabajo; esto es, prácticamente el doble a lo recogido en la muestra anterior. Ello tiene, como cabría suponer, una primera consecuencia, plasmada en la incorporación de nuevos vocablos como “Camino de la Ribera”, “pistas de paddle”, “pabellón de los Juegos” o “Estadio de los Juegos Mediterráneos”. Este último es uno de los edificios emblemáticos de la ciudad, construido para la celebración de los mencionados juegos en la ciudad de Almería durante 2005. Los Juegos tuvieron un soporte popular muy considerable, implicando a buena parte de la población que los asumió como algo propio. Además de incrementar la sensibilidad popular por la actividad deportiva, dotaron a la ciudad de una infraestructura de instalaciones deportivas de la que hasta entonces carecía y, sobre todo, la hizo más visible y perceptible en la conciencia colectiva. Se remodelaron pabellones existentes y se construyeron otros nuevos, además del referido Estadio de los Juegos, que en buena medida transformaron incluso el propio paisaje urbano de la capital provincial. Paralelamente, se acometió la construcción de numerosas pistas en prácticamente todas las barriadas de la capital habilitando espacios más inmediatos al ciudadano para la práctica deportiva. Y, en fin, la iniciativa privada creó nuevos gimnasios y clubes, dotados con instalaciones muy frecuentadas en prácticas deportivas que, como el paddle, empieza a irrumpir con fuerza sobre esas fechas. El Camino de la Ribera, por su parte, aporta una estructura fundamental y exitosa para la actividad física popular de la ciudad. Discurriendo en paralelo a la línea de playa, comunica el Paseo Marítimo con el campus universitario y, sobre todo, aporta una instalación específicamente diseñada para la práctica de actividad física8 que, de inmediato, se convierte en un referente capitalino.
En 2015 esas construcciones están completamente asentadas en el imaginario colectivo que comparte el alumnado de reciente ingreso en la universidad con el resto de sus conciudadanos y, en consecuencia, gana presencia en el conjunto general de ese centro de interés. De hecho, la propia universidad cuenta, ya sí, con infraestructura deportiva propia al servicio de su comunidad, frecuentada tanto por profesorado, como por alumnos y personal de administración y servicios.
A ello se añaden nuevos hábitos en la práctica física y deportiva desarrollados durante ese lapso temporal. El paddle, como ya queda dicho, se consolida como un deporte ciertamente popular, debido a lo que proliferan las pistas donde practicarlo, tanto las promovidas por la iniciativa privada a través de clubes, como las realizadas en terrenos públicos dedicados a espacios libres de construcción.
Consecuencia de todo ello, aparecen nuevas entradas de vocabulario. Las que se renuevan, como es natural, lo hacen incrementando sus índices, respecto a los aportados en 1993. “Polideportivo” tiene un IDL de 0.203, “piscina” llega hasta el 0,104, “pabellón”, muy próximo, está en 0,098 y “gimnasio” alcanza hasta 0,079, también con un incremento muy notable. Sus rangos suben igualmente de manera muy ostensible, situándose en las posiciones 87, 96, 102 y 104, respectivamente. Todos ellos se encuentran por encima del rango 109, punto en el que se registró la primera unidad vinculada al deporte en la muestra de 1993, hecho muy indicativo de la evolución registrada durante ese período en su conjunto. En cuanto al factor social sexo, mantiene la misma tendencia ya constatada en 1993.

Los componentes temáticos de la ciudad se engarzan en torno a sus dos principales referentes, el paisaje urbano y el mundo institucional ubicado en ella. Este último hecho, por cierto, denota la identificación de ciudad con capital de provincia, propia de entornos como el almeriense. En ese imaginario social, una ciudad estándar no tiene diputación provincial, por ejemplo, en Vigo, Baracaldo, Tarrasa, Jerez o Algeciras, por mencionar supuestos obvios de ciudades dentro de provincias muy pobladas. Sin embargo, en el caso de Almería la capital es prácticamente la única referencia urbana de toda la provincia. Dentro de ella, técnicamente tanto Roquetas de Mar como El Ejido9 han sobrepasado ya los 50.000 habitantes, con lo que desde el punto de vista demográfico serían ciudades. Pero esto ha sucedido solo en fechas muy recientes y, por lo demás, no ha modificado su consideración entre el resto de habitantes de la provincia. De ahí que esté generalizada la convicción, por más infundada que objetivamente pueda serlo, de que ciudad equivale a capital de provincia. Ello explica que entre los rasgos definitorios de la ciudad figuren instituciones oficiales que, en realidad, representan al conjunto del ámbito provincial y a un tipo particular de ciudad.
Lo más destacado de esa visión del entorno urbano radica, precisamente, en el notabilísimo incremento de todo lo relacionado con el deporte. Sube de manera fehaciente su promedio, con lo que abandona la última posición entre los dominios temáticos contemplados.
3.4 La escuela
El panorama en el centro de interés de la escuela es sustancialmente distinto, entre otros motivos porque aporta 520 vocablos, bastantes menos que los centros anteriores. Eso quiere decir que la propia naturaleza del centro de interés ha obligado a desenvolverse a los encuestados entre un referente relativamente más limitado y concreto, como por lo demás es la realidad escolar en sí, sobre todo frente a la amplitud y heterogeneidad que caracterizaban a los tres anteriores. Dentro de ese marco, la escuela se corresponde fundamentalmente con la clase en la que reciben a diario su formación. Las principales entradas en esta ocasión hacen referencia justamente a elementos del aula como “silla”, “pizarra”, “mesa”, “tiza”, así como a los utensilios que emplean dentro de las actividades escolares, caso de “goma”, “bolígrafo”, “cuaderno” o “libro”. Después figuran las distintas materias que cursan y los profesores encargados de impartirlas. Todo lo que queda fuera de ese primer e inmediato dominio llega en rangos posteriores, empezando por los laboratorios y continuando por la actividad física y deportiva, también ubicada extramuros de las aulas. Esa es la causa principal por la que sus referencias quedan ubicadas a partir de la posición 67, cuando se actualiza el primer término deportivo, “gimnasio”, con un relativamente modesto IDL de 0,022. Solo que a no demasiada distancia figuran otras referencias en esa misma dirección, como queda reflejado en los casos recogidos en el cuadro 5.

A partir de ahí, los siguientes términos, caso de “pista de fútbol”, “pista de atletismo”, “campo” o también “aro”, tienen lógicamente una incidencia meramente testimonial. En todo caso, parece evidente que los escolares traducen a través de su léxico disponible una realidad considerablemente objetiva o, cuando menos, susceptible de serlo. En última instancia esa es la estructura, espacial pero también curricular, de la educación física en las aulas españolas. Por más que se haya intentado de manera más o menos formal convertir la educación física en materia ordinaria, en paridad con las restantes, la realidad habitual es que constituye un punto y aparte en la trayectoria escolar de los alumnos y alumnas. Las clases de educación física se plantean como un hiato en la dinámica escolar, en parte porque requieren de instalaciones específicas, pero en buena medida también porque carecen del respaldo implícito de los padres, de los centros, del conjunto de agentes educativos en definitiva. Hay un espacio docente, en cierto modo excepcional, que se reserva para la educación física, pero que no se acomete desde los mismos presupuestos que se otorgan a las consideradas como materias troncales; esto es, las que conducen al desarrollo de destrezas lingüísticas, idiomáticas en lenguas extranjeras o matemáticas durante la enseñanza primaria; a las de formación específica durante la secundaria y el bachillerato10. En consonancia con ello, los encuestados muestran una conciencia, si no episódica, sí que ostensiblemente lateral, o secundaria, respecto de la educación física y el deporte, presentes sin duda dentro del ámbito escolar, pero también evidentemente reducidos a un segundo plano. Tanto es así que en 2015 las cifras se mantienen prácticamente inalterables, por primera vez en toda la muestra aquí analizada. El cuadro 6 da razón fehaciente de cuanto exponemos.

Se repite, a la vista está, un patrón de comportamiento, prácticamente en términos de correspondencia milimétrica entre los dos cortes temporales que están siendo manejados en esta investigación. Por lo tanto, parece evidente que nos estamos enfrentando a una constante estructural, directamente dependiente de la propia idiosincrasia y praxis cotidiana del sistema educativo desarrollado en el Estado Español.
Esa apreciación se ve corroborada desde el momento en que el análisis de las áreas temáticas que componen este centro de interés se manifiesta, una vez más, en términos muy constantes y homogéneos.

La estabilidad de lo físico-deportivo queda corroborada por el análisis de la intervención del factor sexo. Aunque sea una constante en todos los apartados de este análisis, en esta ocasión cobra mayor relevancia el que no haya diferencias en lo tocante al valor concedido a este apartado dentro de la escuela. No es una percepción de hombres o mujeres, sino que es una constante generalizada. Cierto que los chicos suben un tanto los rangos relativos, lo que translitera una aparente mayor inclinación hacia el mundo deportivo.

Esas ligeras diferencias, en todo caso, no modifican el estatus de lo físico-deportivo dentro del conjunto general de los ámbitos temáticos que componen la escuela que, en esta ocasión sí, sigue de manera milimétrica el diagnóstico global mostrado líneas más arriba. Como se puede comprobar en los dos cuadros siguientes, tanto en 1993 como en 2015 no hay diferencias motivadas por el sexo entre las preferencias temáticas dentro de la percepción de la escuela y sus materiales entre los encuestados, manteniéndose estable la secuencia de rangos dentro de ellos en ambos casos.


Esa estabilidad de todo lo vinculado al mundo escolar, indemne al paso considerable del tiempo, denota la inexistencia de una percepción evolutiva del aparato escolar, ni tan siquiera en relación a sus componentes externos, el vinculado con las instalaciones y los materiales empleados para la docencia. La escuela, en la percepción del alumnado encuestado, es sustancialmente la misma, como si el tiempo no hubiese transcurrido, al menos en lo formal. No deja de ser una circunstancia llamativa en un país como España, donde las reformas educativas se suceden con relativa frecuencia. A tenor de datos como estos, esas reformas afectan a los contenidos, probablemente también a la dinámica generada en el aula, pero no al entorno físico e instrumental del aparato escolar. Tanto es así que términos como “ordenador” o “tableta”, supuestamente vinculados a mejoras tecnológicas incorporadas al aula, aparecen en 2015, pero en posiciones relativamente alejadas (97 y 189, respectivamente), señal inequívoca de que no se encuentran ni mucho menos generalizadas dentro del aula.
4. CONCLUSIONES
El mundo de la actividad física y el deporte ha vivido tres grandes transformaciones durante las dos últimas décadas, al menos en el contexto de la provincia de Almería, que de inmediato han quedado reflejadas en la percepción de sus habitantes y en la verbalización que han hecho de ello a través de los test de disponibilidad léxica analizados aquí. La primera de esas transformaciones es intrínseca, directamente vinculada al desarrollo de mejores infraestructuras deportivas en ese entorno. Ello ha redundado de manera muy positiva en la ciudad, incluso en el conjunto del ámbito provincial. Se percibe una ciudad más vinculada, o hasta volcada, hacia el deporte, porque realmente esta se ha transformado, tanto en los grandes espacios (Estadio y Palacio de los Juegos Mediterráneos), como en las instalaciones de ubicación y uso más cotidianos (barrios), así como en la habilitación de zonas desconocidas hasta esas fechas (Camino de la Ribera, ámbito habitual para el jogging, el running y el ciclismo). Esa transformación ha propiciado incluso la implantación de prácticas deportivas novedosas en Almería, caso de la construcción de la pista de hockey sobre patines en la barriada de La Cañada (2006), que ha terminado propiciando la creación del Club Patín Almería (2011). Como por otra parte era de esperar, todo ello ha repercutido directamente sobre el imaginario que han ido construyendo sus ciudadanos.
Las otras dos transformaciones son extrínsecas, compartidas por un tiempo y una dinámica sociales de las que la ciudad forma parte. De un lado, la profesionalización de la actividad deportiva ha alcanzado niveles por completo desconocidos hasta estos momentos. Los ciudadanos no solo tienen noticia de ello, sino que además la corroboran a diario; recibiendo información periódica y constante sobre las cifras astronómicas entre las que se desenvuelven los deportistas de élite en muchas especialidades, a la vez que conviven con la fuente que alimenta en última instancia esos ingresos (publicidad, fundamentalmente). De manera que el ciudadano medio tiene consciencia de que meter canastas o defender el aro es solo parte del cometido profesional de un baloncestista de élite. El resto consiste en anunciar productos varios, o incluso en simultanearse con la profesión de actor en serie de éxito, como en su día le sucedió a Pau Gasol durante su estancia en los Lakers de Los Ángeles (2008-2014). Todo ello ha terminado por convertir la práctica de actividad física en un componente cultural más, no necesariamente vinculado al aspecto competitivo. De esa manera en la sociedad actual coexisten dos tendencias contrapuestas, que no son necesariamente contradictorias: una incontestable conversión del deporte en un espectáculo de masas, lo que comporta que sus protagonistas sean considerados y pagados como tales, junto con una nueva mentalidad que concibe la actividad física como un valor, como un factor necesario para un mejor desarrollo personal.
En términos generales, ello se transcribe en todos los ámbitos temáticos que han sido abordados aquí, si bien se intensifica de manera considerablemente ostensible en la percepción de la ciudad y de las distracciones de la sociedad actual. Los deportistas estelares son reconocidos cada vez más como grandes profesionales de éxito, sin duda.
De otro, y en tercer lugar, la escuela permite medir la progresión de ese proceso. Todo ese progreso social en relación a la consideración de la actividad física y el deporte, sin embargo no ha penetrado por completo en la escuela. En el imaginario escolar sigue siendo, en parte, una actividad residual, o secundaria si se prefiere. Ello denota que se está frente a un proceso en marcha, que es todavía necesario consolidar y que tiene en el aparato escolar, sin duda, su gran referente de normalización social.
Por último se ha confirmado la hipótesis metodológica que aspiraba a contrastar este trabajo. Los estudios de disponibilidad léxica, como sostenía García Marcos en 1999 o 2015b, sobrepasan los estrictos límites de la lingüística aplicada. Aquí ha quedado de manifiesto que pueden ofrecer información relevante para otras disciplinas y otros supuestos sociales de investigación, caso de la actividad física y el deporte como aquí ha sucedido. A través del vocabulario y su ordenación estadística mediante rangos e índices de disponibilidad léxica se han podido reconstruir con solvencia los principales tópicos y estereotipos relacionados con el deporte en la comunidad de Almería. Todo ello, como se preveía, ha permitido reconstruir el imaginario social sobre el deporte en la mencionada comunidad.
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Notas