Sección especial

Elegía de las novias elegidas en tres poetas conversacionales venezolanos

Clea Rojas
Universidad de los Andes, Colombia

Elegía de las novias elegidas en tres poetas conversacionales venezolanos

Lengua y Habla, núm. 23, pp. 609-616, 2019

Universidad de los Andes

Recepción: 10 Junio 2018

Aprobación: 18 Julio 2018

Resumen: El siguiente trabajo es un ejercicio de lectura/literatura comparada en dos niveles: en el primero, se ponen en relación tres textos de poesía venezolana conversacional referidos a ´la novia’; en el segundo, se señala la resonancia de los tres textos con ciertos rasgos de la elegía latina, característica presente en algunos escritores de la poesía conversacional surgida en Venezuela en los años ochenta. El trabajo es un extracto de una investigación más amplia que explora la configuración de una lírica del desenfado en la poesía amorosa de corte conversacional, en un corpus de seis autores venezolanos contemporáneos.

Palabras clave: Poesía conversacional, elegíacos, discurso amoroso.

1. LO CONVERSACIONAL ELEGÍACO

Cuando yo le digo / “Mi amor entero es de mi novia Pototitos”/ Mi novia Tuttifrutti cierra los ojos y se pone a llorar

Miguel James

No es necesario convocar a la RAE para dar con un concepto de “novia” que maneje cualquier hispanohablante con suficiente universalidad. Quedándonos tan solo en el país, ocurre lo mismo: en Venezuela novia es un término frecuente y familiar, tanto en el sentido de mujer que se dispone a casarse (y toda la asociación comercial con los preparativos de una boda), como en el de pareja que no lo es por vía jurídica, legal o religiosa. Sabemos, sin embargo que existen no sólo pseudosinónimos, más o menos felices y coloquiales, de ese aceptado vocablo (desde pareja propiamente, compañera o empate hasta resuelve, levante, culo o machuque) que se ponen de moda o en uso en determinadas épocas o sectores socio-generacionales, sino que la misma palabra novia puede suponer y ha supuesto connotaciones diversas, dentro de su significado base de “pareja no casada”, según sea el grupo humano contextual en donde se le emplee. No será, pues, lo mismo, una novia del siglo XIX, que espera serenatas en un balcón y recibe visitas vigiladas por una chaperona durante los meses estipulados de decoroso cortejo, y que se estima ´novia’ en tanto virgen que aguarda y da por sentado el acto del matrimonio antes de consumar mayor contacto físico con el hombre al que se ha prometido, que la novia de un joven del siglo XXI que determina su condición de tal porque así se ha publicado en la situación sentimental del Facebook o alguna otra red social donde quede etiquetada como novia, aunque no se sepa por cuánto tiempo.

La dimensión, más que el concepto de novia a la que nos proponemos acercarnos en este trabajo es la del hablante lírico de tres poemas pertenecientes a los autores venezolanos Miguel James (1953) Leonardo Padrón (1959) y Arnaldo Valero (1967) respectivamente, poetas contemporáneos a los que ponemos en diálogo a partir del título y tema en común de dichos poemas: la novia. Ahora bien, para que se comprenda mejor esta vinculación más allá de la coincidencia en un mismo tópico, es necesario explicar que el presente trabajo es apenas un extracto, o mejor dicho, una ración, de una investigación bastante más amplia, en la que se busca asociar la poesía de seis autores venezolanos proponiéndola/los como una subcategoría, o mejor dicho, una vertiente, dentro de la corriente conversacional que surgió y tuvo su auge en Venezuela entre los años 80 y 90. Recordemos que, a grandes rasgos, la poesía conversacional -también llamada exteriorista, coloquial, antipoesía (si bien hay quienes se han ocupado de deslindar las peculiaridades de cada uno de esos distintos títulos)- se caracterizó por su aparente realismo del lenguaje, valga decir, su acercamiento a la expresión del habla corriente y prosaica, su modalización coloquial; también por el empleo de referencialidades domésticas y cotidianas, los recursos de la intertextualidad y la apropiación, y una frecuente situacionalidad, maneras todas que la contraponían, en buena medida, a la poesía de corte surrealista, experimental, abstraccionista, y a cualquier otra que por su, digamos, oscurantismo, se apartara de la realidad inmediata y el lenguaje directo con que correspondía expresarla. Ese fue, de hecho, el argumento de la supuesta ruptura con la poesía anterior a ellos que esgrimió en su famoso Sí, Manifiesto el grupo Tráfico, que junto a Guaire fueron los dos grupos emblema de la poesía conversacional instaurada en Venezuela en los años ochenta, si bien esta corriente tenía antecedentes ya en los sesenta, donde su más representativo antecesor fue Víctor Valera Mora.

Dentro de las diversas variantes en la poesía de tono conversacional surgida entonces, hemos estado configurando un corpus en donde predomina una suerte de lírica del desenfado, cuyos autores además escriben principalmente sobre el tema amoroso. En su abordaje de la pasión, encontramos, por otra parte, además, una serie de rasgos que nos recuerdan –nos hacen eco de- a los poetas Propercio, Tibulo Ovidio –y su antecesor Catulo- quienes configuran la tríada de los elegíacos latinos en el siglo de Oro de la antigua Roma. Ya Luis Miguel Isava (2006:783) ha señalado de modo general esa aproximación a los clásicos entre las tendencias de la poesía conversacional venezolana:

Una vertiente que comienza a explorarse más explícitamente a partir de estos años es la que lleva a una reactualización de la poesía clásica, en particular la latina. Este redescubrimiento adopta básicamente dos formas. Por una parte, notamos un impulso epigramático que encontramos en algunos textos (…) Por la otra, observamos la opción por una dicción y un desarrollo poéticos muy semejantes a los de (las traducciones de) esta poesía e incluso por algunos de sus topoi. (…) En un plano más general, podría decirse que la alternancia de temas de la crítica a los mores sociales y de lo amoroso-erótico que atraviesa gran parte de los poemarios de estos años, es uno de los rasgos distintivos de alguna de la más destacada poesía latina-pienso sobre todo en la de la época de Augusto y la de Marcial.

También Rafael Castillo Zapata, quien fuera miembro del grupo Tráfico, explicando la postura y la búsqueda de su grupo literario de un manejo del lenguaje que se acercara más a lo coloquial y a los temas cotidianos, señala que no podía pretenderse que la suya se tratara de una propuesta original, ni en Latinoamérica ni en los años ochenta, sino que tal intención lírica se remontaba, entre otras anteriores referencias que menciona, también al latino Catulo:

Traer y atraer hacia el poema no sólo las diversas voces de esa polifonía híbrida que constituye el habla tribal, el habla de los pueblos, de las muchedumbres en las calles y en sus casas, sino, además, los objetos, los paisajes y las situaciones característicos de su vida cotidiana, su vida de todos los días, es un anhelo de consistente y consecuente tradición en nuestra cultura. Basta remontarnos a Catulo, para darnos cuenta de que no estamos hablando, en tal sentido, de ningún propósito novedoso en el quehacer poético de Occidente. (Castillo, 1993:197-198).

Pero más al fondo de esa resonancia general con los clásicos señalada por ambos críticos, las características de los elegíacos latinos que encontramos más notorias en los poetas conversacionales venezolanos con los que aquí tratamos, se refieren a varios aspectos relativos a los tópicos del servitiumamoris (esclavitus amorosa) y de la domina (dueña) en el que aquellos se solazaban; encontramos en estos un abordaje un tanto programático y epigramático de las pasiones que nos hace calificarlos como elegíacos entre los conversacionales, además de hermanarlos su lírica de desenfado. Por razones de espacio y concisión aquí mencionaremos sólo dos manifestaciones denotativas de lo elegíaco en los referidos autores venezolanos: la primera, el sometimiento propiamente, la esclavitud: el hablante lírico (muy fusionable con el autor en las licencias de la poesía conversacional) lo mismo se declara forzosamente abocado al amor o a la amada, obligado por fuerzas malignas superiores a las suyas - quejándose amargamente de no lograr liberarse de ellas, sobre todo cuando no es correspondido (en esa situación, el elegíaco llega a ser cruel, insultante, cínico, amenazante y rencoroso, pero también es suplicante y malcriado), que se pronuncia abiertamente poseído y eufórico, regocijado en su devoción y en su codependencia, poniendo en el ser de su amada la justificación de su creación literaria y de su propia existencia, transformadas ambas por los poderes de ella. El reconocimiento y la exaltación de los poderes y cualidades extraordinarios de la amada serían, para el caso, la segunda manifestación a la que vamos a referirnos aquí: la figura de la docta puella, de la puelladivina, la muchacha dotada de artes, magia, belleza y conocimientos tales que la elevan al carácter de diosa. Gusta por ello el enamorado de describir particularmente el cuerpo prefecto de la amada y la superioridad de sus atributos. Todo el discurso del amante elegíaco es, además, en general, hiperbólico y extremista respecto a su propio sentimiento y percepción. Recordemos, por ejemplo, a Propercio declarando de su Cintia:

No me atrapó tanto su rostro, aunque es radiante/ (los lirios no son más blancos que mi dueña: ella es como la nieve maeótica compitiendo contra el rojo minio ibérico/, como pétalos de rosa flotando en leche pura), / ni su cabellera bajando ordenadamente por su delicado cuello, / tampoco sus ojos, las dos luces estrellas mías,/ ni como cuando alguna muchacha exhibe puesto un vestido de Arabia, de seda/ (no soy yo un amante que por cualquier cosa se impresione):/ sino que me cautivó cuán hermosamente baila ella una vez que el vino se ha servido/ como Ariadna guiando los coros de las Ménades,/ y cuando prueba sus versos en lira eolia/ tan diestra como Aganipe en tañerla (…)/Los dioses te dieron esos dones celestiales/ no pienses que los heredaste de tu madre/ Semejantes dones no proceden de un parto humano:/ esas maravillas no se engendraron en diez meses/ (…) Serás la primera joven romana en acostarte con Júpiter,/ y no estarás siempre con nosotros en dormitorios humanos./ Contigo, después de Helena, la hermosura viene por segunda vez a la Tierra. (Extracto de la elegía II,3 de Propercio, la traducción es nuestra).

2. LA NOVIA ELEGIDA

Como práctica de tales descripciones elegíacas sobre la amada, registramos los poemas dedicados a la novia que encontramos en la obra de los tres poetas venezolanos mencionados. La novia de un sujeto lírico cuyo autor tenía alrededor de 40 y 50 años al escribir el poema, que acaso tomó el término y las maneras en que se definía a una novia entre los años ochenta y los noventa; un novio que llama novia a su novia, que no es como llamarla (mi) mujer o (mi) compañera. A esa novia de cualidades especiales parece que dan ganas de exponerla, valga decir, de presentarla, de describirla, de detallar qué es y cómo actúa, a manera de tributo, de salutación o de ejercicio literario, pero en todo caso bastante elegíacamente, como veremos a continuación.

2.1. Ítala, come flor y maga

Mi novia ítala come flores

Mi novia apareció temblando en una librería/ Me mostró papeles de calles solas y putas tasajeadas/ Me regaló dijes piedras y conchas marinas/ Un grabado antiguo de caballos desatados /Mi novia venía del sol y parecía gitana/ Contó historias extrañas de almas parecidas / Mi novia tenía un vestido azul/ Se enamoró de mí y mis sandalias / Mi novia leía a Boris Vian/ Se bañó sangrando y me dio un cuerpo que no olía a nada/ Yo me enamoré de mi novia/ Trencé mis pelos y la llevé al cine/ Mi novia tenía un hijo rubio y feo / Habitaríamos la ciudad de niebla o más allá de los mares / Mi novia se hizo mi novia/ Mi novia pashira y ficus colonia de hierbas injerto de palomas come flores/ Yo amaba a mi novia/ Mi novia sin dinero vendía aretes en los mercados/ Me llevaba mandarinas a la celda de castigo / Se mostraba desnuda ante viejos aburridos/ Yo era mi novia/ Adoraba a Fabio y tenía un balcón de donde echarse/ Y es que mi novia triste parecía una Maga desolada/ Mi novia era una estrella/ Sin mi novia yo hubiera muerto/ Mi novia un día dijo que andábamos como heridas abiertas bajo el cielo/ Que tomaría otra vez los libros del laboratorio / Que ya no dormiría en el lecho del puente/ Yo no le hice caso a mi novia/ Dejé que combinara rock de Pelusa y textos de biología/ Las puntuales visitas de Víctor y los hábitos de cocina/ Los golpes certeros de Johnny/ Y es que mi novia ya no quería comer flores/ Entonces pensé en darle su merecido/ La llevaría a la cumbre de la montaña/ La bañaría en el arroyo del camino/ Luego desde arriba la bombardearía con pétalos de buganvillas/ La rociaría con perfumes franceses/ Y sabiéndola extasiada la cubriría con caca de infante/ Para que no dejara de ser mi novia/ Para que no desesperara de comer flores/ Y es que a veces no dan ganas de ser novio de mi novia/ A veces no dan ganas de ser novio de nadie/ Pero ayer vi a mi novia/ Tenía los zapatos rotos y me regaló una perla de vidrio/ Miramos un vestido raro que costaba lo que doscientas cajas de cigarros / Hablamos de frutas de banquetes con pan y mermelada/ Porque de verdad uno se cansa de comer flores/ Pero yo le dije a mi novia que seríamos siempre come flores/ Y yo entendí a mi novia/ Y mi novia me entendió a mí/ Pero a veces me preocupo por mi novia/

Porque mi novia rabiosa es capaz de guindar al niño y apalearlo como piñata/Abalearía a la mamá en un día santo/ Volaría con sodio el laboratorio/ Porque mi novia es una fiera/ Es un erizo es una estrella/ Y yo amo a mi novia/ Y sé que aparecerá cantando en la avenida/ Gritará absurdos que sólo yo comprendo/ Me pondrá un cuchillo en el ombligo/ Dirá: "Chamo bájate los pantalones"/ Porque mi novia es mi novia/ Porque yo conozco a mi novia/ Mi novia eterna mi novia Ítala/ Mi novia loca/ Mata de ganja / Sol /Y primavera. (James, 2007: 28-29).

Mi novia Ítala come flores y otras novias es el título con que ediciones Mucuglifo recogió toda la obra poética del trinitario-venezolano Miguel James -sus poemarios escritos entre 1988 y 2003-; otras ‘novias´ de Miguel fueron Albanela, Tuttifrutti y Blanca, pero aunque sobre ellas versan unos cuantos poemas (Albanela, Tuttifrutti, Blanca y las otras, se titula su poemario de 1990), solamente a Ítala se le dedica un texto largo donde se le reitera y alitera el apelativo de novia. De este poema, Mi novia Ítala come flores, en parte crónica del origen y los altibajos de la relación amorosa, en parte descripción del ser y quehacer de Ítala, nos detendremos en lo segundo para puntualizar los visos de misterio y poder que la recubren a los ojos de su novio descriptor, que la ha llamado propiamente Maga desolada, lo que nos permite sostener la idea principal de que se le atribuyen a la amada cualidades de sibila: lo que muestra, lo que obsequia, lo que cuenta, su aparición imprecisa y su parecer gitana le dan al inicio unos aires misteriosos y quiméricos que pueden constatarse en la precisión de que Ítala leía a Boris Vian: escritor, músico y polifacético personaje que ejerció la presidencia de la subcomisión de las Soluciones Imaginarias del colegio de patafísica: una vez que Ítala entrega su inodoro cuerpo, el bloque de versos siguientes se ocupan de ubicarla medianamente en lo local-cotidiano, la vida de unos novios sin dinero, come flores vagantes, en la ciudad de la neblina (probablemente Mérida) , con las esperables referencias culturales coloquiales de la poesía conversacional –grupo de rock Pelusa, (Leonardo) Fabio, la pashira –plantica de bambú que los asiáticos emplean como amuleto para atraer dinero y prosperidad, infaltable entre los practicantes del feng shui. Cuando Ítala parece querer rebelarse, cansada de su vida come flor, su novio inventa un rito para apaciguarla y comenta después las cualidades de su furia. Aunque siempre desde el registro desenfadado y coloquial “capaz de guindar al niño y apalearlo como piñata” y de abalear “a la mamá en un día santo”, Ítala es presentada por un momento como una moderna Medeaa, psíquicamente descolocable e impetuosa, con maneras malandras (“me pondrá un cuchillo en el ombligo/Dirá: "Chamo bájate los pantalones"”), pero que retorna sin embargo a brillar y a florecer, (im)predeciblemente, sol y primavera. Casi toda la sintaxis del poema es un conglomerado de acciones o atributos de la novia, un registro del novio que los exspecta a la manera en que lo hacían los elegíacos latinos con sus amadas, vistas como hechiceras tanto por lo encantadoras como por lo temibles.

2.2. La rockera delirante

En el único poemario publicado hasta ahora por el ensayista, investigador y profesor universitario Arnaldo Valero, libro de temática amorosa enteramente, titulado mínima historia (2007) (en minúscula en el original) y ganador del premio de poesía APULA 2006, se presenta otra novia también calificada desde el título mismo del poema, con un adjetivo ya caído en desuso que para los años noventa tenía mucho que connotar, según rememoraremos:

Mi novia punk

es el detritus de un concierto/para guitarras adulteradas y saxofón/es una rockera intoxicada y desafiante// mi novia punk/tiene una lengua que inunda como oleaje lunar/se desliza por mi cuerpo con la propiedad del sudor/ y gime cual chiquilla en trance/ cuando follamos/ como peces condenados al asfalto caliente// mi novia punk/ es una loca encantadora/ con delirios de suicida/ diestra en el arte de incitar al pecado/ para olvidar toda culpa/ mi novia punk/se conoce a bob marley, los ramones y the doors/fuma desde los doce/parece una victoria abril adolescente / y me ama/ me ama locamente. (Valer,2007:30-31).

La novia de este poema viene ya preanunciada por el adjetivo punk y todo lo que aquel look representaba visual y socioculturalmente en Venezuela desde mediados de los años ochenta, más allá del movimiento musical originario del rock en los setenta, con lo que el novio mismo ha dado cuenta de la probable apariencia de su novia, confirmando su filiación musical en los siguientes tres versos, que nos hace suponerla cónsona y común ella con el movimiento punketo en general. Pero los versos siguientes, que pasan de un metafórico lirismo sensual a la llaneza conversacional, disparan las cualidades eróticas de la desafiante novia punk al nivel de las artes superiores que describiría Ovidio de su amada en la cama. Su lúbrica fogosidad le quitan la colectiva etiqueta que hemos prefigurado a partir de su aspecto punk, para llevarla a la categoría singular y extraordinaria adonde su novio la ha ubicado, enumerando, como hace James con Ítala, sus cualidades en el ser y el tener –qué es la novia, qué hace-, agrupando metafóricos e irrepetibles atributos. Aparecen luego en el poema las específicas referencias culturales situacionales, propias, como dijimos, de la poesía conversacional (nombres de grupos y cantantes, una bellísima y famosa actriz española –y todas las asociaciones empáticas que conllevan esas puntualizaciones, en este caso de la música y el cine), insertas en la lista de propiedades de la novia, para cerrar en su quehacer probablemente más feliz y acertado, clarificado con el adverbio locamente: su cualidad de amarlo, de amarlo locamente, como parece derivarse lógicamente de la originalidad y la maravilla de tener y de ser su novia punk.

2.3. La novia con ventanas exaltada

En el siguiente poema de Leonardo Padrón, destacado escritor, periodista y poeta venezolano, integrante de Guaire, grupo emblema de la poesía conversacional de los ochenta en Venezuela, la estructura para la descripción de la novia se intercala y se encabalga entre el novio primera persona sujeto del verbo tener –la novia objeto directo con sus cualidades desplegadas en subordinadas relativas- y la novia sujeto atributo, sintagma nominal ella misma, calificada sobre todo en sustantivos. Referenciales sustantivos de una cotidianidad urbana (teléfono, twitter, zapatos de goma) como corresponde al tono conversacional, que la ubican ya en época de redes sociales y comunicaciones más modernas; una novia posterior a la ambientación hippie o provinciana donde flotaba Ítala, pero transcripta de cualquier modo en un catálogo de atribuciones y atributos como aquella y como la novia punk por sus respectivos novios cronistas de sus esencias. El ritmo del poema da la impresión de una falta de aliento propiciada, de un no querer parar en describir y dar explicaciones hasta que y para que se conforme el lector una imagen lo suficientemente clara, lo necesariamente encanto de la novia.

Yo tengo una novia

Yo tengo una novia que llueve en el desierto/ que dice búscame en la prosa /que ensaya ángeles en la voz/ y duerme meses en la noche. /Yo tengo una novia sin gatos ni maquillaje, /una mujer en pleno pecho, / una dama de última hora, /un acontecimiento universal en la sonrisa, /Una prisa que rompe las despedidas. / Yo tengo una novia una manera un olor/un viernes un hoyuelo/una risa que es mi novia. / Yo tengo una novia con estambre en los ojos, /Una novia teléfono, una novia twitter, una novia blackberry, / una novia con peperoni, una novia en las cotufas, /una novia que toca el cielo sin hablar, /que baila sobre las vocales/ que canta cuando se moja. / Yo tengo una novia que no llora en el amor/ ni grita entusiasmos y bienvenidas. / Es la novia errante, la novia zapatos de goma, /la novia volcán. / Yo tengo una novia. /La novia última de todas las veces. / La mejor de todas las novias. / Y aquí la coloco definitiva y con ventanas/en la palabra/ amén. (Padrón, 2011: 39).

Esta novia colmada de originalidades, desafecta a los lugares comunes, cultiva entre sus cualidades más simples otras que se suscriben a verdaderos prodigios bailar sobre las vocales, ensayar ángeles en la voz: no son esas condiciones procedentes de un parto humano, como citábamos de Propercio más arriba. No es de extrañar el entusiasmo del novio, lo afortunado que parece sentirse, el amén devocional con que cierra su poema. Esta novia más mágica que maga, que da impresión de dulce, es también una errante, puede hacer erosión como volcán, tiene zapatos para salir corriendo, no llora ni se promete aunque está en tantas cosas, en el pecho incluido, de su novio. Y el poema parece intentar asirla de algún modo.

3. ELEGÍA DE LAS NOVIAS

Y viene la muchacha que amas/ Y dice que sólo quiere ser tu amiga/ Y tú llegas y le dices que quieres ser más que su amigo/ Y ella que sólo quiere ser tu amiga/ Y tú que quieres ser su novio/ Y ella que no quiere pensar en eso/ Y tú piensas que ella es una cabeza de chorlito/ Y en venganza/ No la llevarás a comer helado de fresa/ Ni de chocolate/ Ni de coco / Ni de nada.

Miguel James

Parece claro que en los tres poemas revisados, los novios descriptores, hablantes líricos encantados, tienen la necesidad o el gusto de presentar un inventario de las maneras y atributos, originales y sorprendentes, de sus respectivas novias. Es notorio también que se trata de rasgos que les confieren a ellas curiosas capacidades y poderes, o de poderes propiamente, que las devienen ´personajas’ magas, majas. Criaturas sorprendentes, de rasgos únicos, de caracteres vivos y no apocados, que no obedecen a esquemas ni estereotipos, con mensajes y dotes de hechiceras, pero también cotidianamente humanas. una dice búscame en la prosa, otra que andábamos como heridas abiertas bajo el cielo; una volaría con sodio el laboratorio, otra, suerte de niña urbana, llueve en el desierto, y la otra, intoxicada, fuma desde los doce.

Ahora bien, si volvemos sobre la noción de novia, la que creemos que se manejaba entre los años 90 o los 2000 en Venezuela, antes de que irrumpieran del todo las redes sociales; la novia para un hombre adulto entrando en la madurez parece ser la chica con la que se anda establemente, la mujer con la que se (con)viven muchas cosas, la persona con la que más se comparte (cine, viernes, conciertos, paseos, meriendas, amigos); la pareja oficial pero sin la formalidad o la tensión prematrimonial que ese adjetivo implica. Novia no sería alguien cualquiera con quien pasar el rato, pero tampoco la representación de un compromiso angustiante u obligado. La novia es con quien ‘da nota’ andar, con quien queremos verdaderamente salir, porque abunda en cualidades que producen asombro, que dan gusto, que la hacen suficientemente original. Alguien con quien vale la pena vivir experiencias. Precisamente como las figuras femeninas centrales de estos tres poemas, que como objetos literarios podrían intercambiar poderes y rasgos arquetípicos, y reconocerse como la amada a la que se canta novia en un poema. Que no es lo mismo tener una novia que llamarla novia, y mucho menos que escribirle un poema, un poema en el que se le llama novia, con todo y el consabido deslinde entre hablante lírico y autor. El hecho es que estos tres autores novios sujetos líricos, cónsonos con el comportamiento elegíaco de cantar a la dueña a para inmortalizarla, lo han hecho aquí de nuevo, coincidiendo en un proceder programático, pero en la versión conversacional y contemporánea de la novia.

Referencias

Castillo, Rafael. 1993. Palabras recuperadas: la poesía venezolana de los ochenta: rescate y transformación de las palabras de la tribu. El caso Tráfico. Hispamérica: Revista de literatura 64-6: 67-75.

Isava, Luis Miguel. 2006. La apertura que no cesa. La poesía a partir de la década de los ochenta. En Carlos Pacheco, Beatriz González y Luis Barrera (eds.), Nación y Literatura: Itinerarios de la palabra escrita en la cultura venezolana. Caracas: Fundación Bigott.

James, Miguel. 2007. Mi novia Ítala come flores y otras novias. Mérida: Mucuglifo.

Padrón, Leonardo. 2011. Métodos de la lluvia. Caracas: bid & co. Editor.

Propertius. Sexti properti elegiarvm liber secvndvs. www.thelatinlibrary.com/prop2.html#3

Valero, Arnaldo. 2008. Mínima historia. Mérida: APULA.

HTML generado a partir de XML-JATS4R por