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La escasez de divisas como causa de las crisis económicas argentinas: una crítica
Gustavo Burachik
Gustavo Burachik
La escasez de divisas como causa de las crisis económicas argentinas: una crítica
Foreing exchange insufficiency as a cause of Argentine economic crises: a critic
Insuficiência de câmbio como causa das crises econômicas argentinas: uma crítica
Cuadernos de Economía Crítica, vol. 6, núm. 11, pp. 39-64, 2019
Sociedad de Economía Crítica
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Resumen: El artículo revisa críticamente la idea de que las crisis de balanza de pagos de la Argentina se originan en la existencia de una escasez “estructural” de divisas. Analizaremos varios autores que defendían este planteo en la posguerra. Destacamos tres conclusiones. La primera es que esa tesis se basa en un diagnóstico inapropiado sobre las causas de dicha escasez. La segunda es que sus propuestas de política económica, limitadas al ámbito del comercio exterior, evitan toda intervención sobre los factores principales de salida de divisas. Por último, más que una teoría sobre las barreras al crecimiento interno, el argumento de la restricción externa puede caracterizarse como un intento de compatibilizar este crecimiento con un tipo de inserción internacional que se muestra claramente desequilibrada en términos del sector externo de la economía.

Palabras clave:ciclos económicosciclos económicos,crisis económicascrisis económicas,crisis de balanza de pagoscrisis de balanza de pagos,restricción externarestricción externa,ciclos económicosciclos económicos,crisis económicascrisis económicas,crisis de balanza de pagoscrisis de balanza de pagos,restricción externarestricción externa.

Resumen: El artículo revisa críticamente la idea de que las crisis de balanza de pagos de la Argentina se originan en la existencia de una escasez “estructural” de divisas. Analizaremos varios autores que defendían este planteo en la posguerra. Destacamos tres conclusiones. La primera es que esa tesis se basa en un diagnóstico inapropiado sobre las causas de dicha escasez. La segunda es que sus propuestas de política económica, limitadas al ámbito del comercio exterior, evitan toda intervención sobre los factores principales de salida de divisas. Por último, más que una teoría sobre las barreras al crecimiento interno, el argumento de la restricción externa puede caracterizarse como un intento de compatibilizar este crecimiento con un tipo de inserción internacional que se muestra claramente desequilibrada en términos del sector externo de la economía.

Palabras clave:ciclos económicosciclos económicos,crisis económicascrisis económicas,crisis de balanza de pagoscrisis de balanza de pagos,restricción externarestricción externa,ciclos económicosciclos económicos,crisis económicascrisis económicas,crisis de balanza de pagoscrisis de balanza de pagos,restricción externarestricción externa.

Abstract: The article critically reviews the idea that Argentina's balance of payments crises originate in the existence of a "structural" shortage of currencies. We will analyze several authors who defended this approach in the postwar period. Three conclusions are remarkable. The first is that this thesis is based on an inappropriate diagnosis of the causes of this shortage. The second is that its economic policy proposals, limited to the field of foreign trade, avoid any intervention on the main factors of currency outflow. Finally, more than a theory about barriers to internal growth, the argument of an “external restriction” can be characterized as an attempt to reconcile this growth with a type of international insertion that is clearly unbalanced in terms of the external sector of the economy.

Keywords: economic cycles, economic crises, balance of payments crisis, external constraint, economic cycles, economic crises, balance of payments crisis, external constraint.

Resumo: O artigo analisa criticamente a idéia de que as crises na balança de pagamentos da Argentina se originam da existência de uma escassez "estrutural" de moedas. Analisaremos vários autores que defenderam essa abordagem no período pós-guerra. Três conclusões são notáveis. A primeira é que esta tese se baseia em um diagnóstico inadequado das causas dessa escassez. A segunda é que suas propostas de política econômica, limitadas ao campo do comércio exterior, evitam qualquer intervenção nos principais fatores de saída de moeda. Finalmente, mais do que uma teoria sobre barreiras ao crescimento interno, o argumento da restrição externa pode ser caracterizado como uma tentativa de conciliar esse crescimento com um tipo de inserção internacional claramente desequilibrada em termos do setor externo da economia.

Palavras-chave: ciclos econômicos, crises econômicas, crise do balanço de pagamentos, restrição externa, ciclos econômicos, crises econômicas, crise do balanço de pagamentos, restrição externa.

Abstract: The article critically reviews the idea that Argentina's balance of payments crises originate in the existence of a "structural" shortage of currencies. We will analyze several authors who defended this approach in the postwar period. Three conclusions are remarkable. The first is that this thesis is based on an inappropriate diagnosis of the causes of this shortage. The second is that its economic policy proposals, limited to the field of foreign trade, avoid any intervention on the main factors of currency outflow. Finally, more than a theory about barriers to internal growth, the argument of an “external restriction” can be characterized as an attempt to reconcile this growth with a type of international insertion that is clearly unbalanced in terms of the external sector of the economy.

Keywords: economic cycles, economic crises, balance of payments crisis, external constraint, economic cycles, economic crises, balance of payments crisis, external constraint.

Resumo: O artigo analisa criticamente a idéia de que as crises na balança de pagamentos da Argentina se originam da existência de uma escassez "estrutural" de moedas. Analisaremos vários autores que defenderam essa abordagem no período pós-guerra. Três conclusões são notáveis. A primeira é que esta tese se baseia em um diagnóstico inadequado das causas dessa escassez. A segunda é que suas propostas de política econômica, limitadas ao campo do comércio exterior, evitam qualquer intervenção nos principais fatores de saída de moeda. Finalmente, mais do que uma teoria sobre barreiras ao crescimento interno, o argumento da restrição externa pode ser caracterizado como uma tentativa de conciliar esse crescimento com um tipo de inserção internacional claramente desequilibrada em termos do setor externo da economia.

Palavras-chave: ciclos econômicos, crises econômicas, crise do balanço de pagamentos, restrição externa, ciclos econômicos, crises econômicas, crise do balanço de pagamentos, restrição externa.

Carátula del artículo

Artículos

La escasez de divisas como causa de las crisis económicas argentinas: una crítica

Foreing exchange insufficiency as a cause of Argentine economic crises: a critic

Insuficiência de câmbio como causa das crises econômicas argentinas: uma crítica

Gustavo Burachik
IIESS - UNS, Argentina
Cuadernos de Economía Crítica, vol. 6, núm. 11, pp. 39-64, 2019
Sociedad de Economía Crítica

Recepción: 19 Septiembre 2019

Aprobación: 22 Octubre 2019

Introducción

En la Argentina, el argumento de que la escasez de divisas traba la acumulación y constituye, por lo tanto, la causa de las crisis económicas argentinas, se desarrolla después de la Segunda Guerra Mundial (SGM). Se trató, en sus inicios, de un planteo vinculado con economistas más o menos conservadores, pero fue asimilado luego por pensadores identificados con posturas nacionalistas y hasta marxistas.

En este artículo nos proponemos analizar críticamente varios aspectos de esta tesis. Para hacerlo vamos a proceder de la siguiente manera. En el apartado 1 presentamos de un modo sucinto el argumento básico de la restricción externa (RE). Allí mismo explicamos nuestra crítica, que apunta a tres dimensiones del argumento; el diagnóstico sobre las causas de la escasez de divisas, las propuestas de política económica para superar la RE y el concepto de “necesidad” de divisas. En los incisos 2, 3 y 4 desarrollamos estos tópicos.

A lo largo del texto vamos a ilustrar los argumentos de la RE con citas de autores que pueden considerarse clásicos en la materia. Con todo, no es nuestro objetivo dar cuenta del sistema de ideas de tal o cual economista, señalar las diferencias entre ellos o construir una reseña de la literatura sobre el tema. Sencillamente, hemos seleccionado un grupo de autores que presentan, a grandes rasgos y teniendo en cuenta la diversidad de contextos temporales en que escribieron, una visión común de las crisis de balanza de pagos y del tipo de políticas que consideraban apropiadas para remediarlas.

Nuestro principal interés en revisar las obras de Díaz Alejandro, Brodersohn, Mallon y Sourrouille y Diamand va más allá de estos autores en concreto; reside en el hecho de que muchos de sus argumentos (que expondremos en la sección 1, seguidos de nuestras críticas) siguen circulando ampliamente en el debate económico y político del país. De hecho, en la campaña electoral que tiene lugar en estos días (octubre de 2019), las dos principales fuerzas políticas del país rechazan la idea de investigar o revisar el endeudamiento externo y proponen hacerle frente mediante el fomento de las exportaciones y el superávit comercial.

Por otro lado, estas obras analizaron la economía argentina de los años ‘60 y ‘70, un contexto de intensificación de las articulaciones internacionales en lo atinente a la inversión y al endeudamiento externos. Vamos a conceder gran importancia al modo en que los autores reaccionaron a las presiones cambiarias derivadas de este proceso de “retorno al mundo” (un renacimiento de las inversiones y endeudamiento externos), porque también ellas, a su manera, siguen presentes en la actualidad. En el apartado 5 resumimos nuestras conclusiones y discutimos sus implicancias.

1. Planteamiento del problema

El argumento de la RE se podría resumir de la siguiente manera: debido al elevado coeficiente de importaciones en la demanda interna de inversión y de consumo, el crecimiento económico está asociado a un aumento más que proporcional de las compras externas. Por otro lado, el estancamiento de las exportaciones agropecuarias y la inclinación mercadointernista de la producción industrial mantienen el abastecimiento de divisas en niveles estables, aún en un contexto de crecimiento económico. Como resultado, la economía tropieza con una crisis de balanza de pagos antes de haber alcanzado tasas de crecimiento elevadas o la absorción del desempleo y la capacidad ociosa existentes.

La RE es concebida como un problema económico que puede superarse mediante el aumento de la competitividad de la producción transable y una mayor integración vertical de la producción. Para lograr estos objetivos se requiere una política cambiaria y comercial más preocupada por la sustitución de importaciones y el aumento de las exportaciones que las que se venían aplicando desde la crisis de 1930.

Enunciamos a continuación tres premisas de este enfoque, seguidas de nuestras críticas.

a. Según el argumento de la RE, el crecimiento no tarda en generar un aumento de los requerimientos de divisas que supera lo que la estructura económica argentina es capaz de obtener, básicamente a través del comercio. Nuestra crítica es que la demanda de divisas expresa la dependencia tecnológica de la producción local y que esta es producto de una política. Señalamos, además, la modificación arbitraria del concepto de requerimientos de divisas en los años ‘70 y ‘80.

b. El diagnóstico sobre las causas de la escasez de divisas está centrado en las deficiencias “estructurales” de competitividad de la producción transable. Criticamos la falta de sustento empírico de este diagnóstico. Las actividades del capital extranjero y la propia política estatal fueron considerados como factores circunstanciales o meros agravantes de la escasez de divisas; nosotros sugerimos que constituían, en cambio, su causa principal.

c. La contradicción anterior se proyecta al plano de las propuestas de los autores para revertir la RE; renuncian a reprimir o limitar el gasto de divisas generado por el movimiento del capital extranjero; su principal objetivo es compensarlo con excedentes comerciales.

2. Sobre la noción de requerimientos de divisas

El argumento de la RE se basa en la idea de que el crecimiento se ve interrumpido por el aumento de los requerimientos de divisas que pueden cubrirse con la oferta existente. Nuestra crítica aquí contiene dos partes.

2.a Las importaciones de insumos como requerimiento técnico

En la formulación original del argumento de la RE, el gasto en divisas se asemeja a un requerimiento técnico; la economía de postguerra no podía crecer sin un adecuado abastecimiento de insumos y equipos importados. Nuestra crítica aquí despliega dos aspectos.

2.a.i Por un lado, existe ambigüedad en los propios autores. La noción de “requerimientos” transmite la idea aparentemente trivial de que ciertos abastecimientos no pueden dejar de ser importados porque no pueden ser producidos localmente. Sin embargo, los propios autores deslizaron argumentos que cuestionaban el carácter “necesario” de las importaciones de insumos.

Por ejemplo, Díaz Alejandro (1966: 58, 191) afirmó que gran parte de las importaciones de bienes intermedios “esenciales” correspondía, en realidad, a “importaciones suntuarias encubiertas”, ya que su destino eran las nuevas líneas de fabricación local de bienes de consumo duradero adquiridos por los sectores de ingresos relativamente altos. Era claro que la importación de autopartes resultaba necesaria para la fabricación de automóviles, pero ¿en qué sentido, para quién y en qué volumen era esta última una “necesidad”?

También Mallon y Sourrouille (1973: 129) señalaron que la política cambiaria y comercial en los años ‘60 penalizaba las adquisiciones de bienes de capital locales e inducía las que provenían del exterior.

2.a.ii. Por otra parte, el patrón de importaciones es, en buena medida, producto del modo en que las innovaciones técnicas son incorporadas en la economía argentina, un modo que depende de la estrategia económica adoptada.

Es un hecho que la generación de las innovaciones de producto y de proceso se encuentra altamente concentrada en empresas multinacionales basadas en países avanzados desde finales del siglo XIX. Como resultado, el patrón de importaciones del país constituye un reflejo no tanto de los abastecimientos que no pueden ser producidos localmente sino del papel pasivo que el país desempeña en el proceso de cambio tecnológico internacional. Así, en la primera mitad del siglo XIX, la Argentina importaba de Gran Bretaña los productos de sus ramas dinámicas de esa etapa: textiles de lana y algodón. A partir de 1860, cuando la economía británica experimentó la segunda revolución industrial, las compras externas del país pasaron a basarse en las nuevas líneas de producción dinámicas: hierro, acero, manufacturas total o parcialmente metálicas y carbón (Ferns, 1950). Las inversiones inglesas ferroviarias y en servicios públicos urbanos en la región pampeana garantizaron esta adaptación del patrón de importaciones a los cambios en la estructura de producción en el centro.

Desde fines del siglo XIX, el peso de los bienes intermedios en las importaciones argentinas creció y su composición se fue adaptando en función del desarrollo de una industria local mercadointernista dependiente de los diseños, métodos de producción e insumos importados.

Las inversiones extranjeras de los años ‘60 tuvieron un impacto inmediato sobre el contenido de las importaciones. Los contratos por el uso de patentes y marcas entre matriz y filial obligaban a adquirir insumos a la matriz y prohibían a la filial exportar (Schvarzer, 1996).

Es cierto que ambas alternativas, la importación de autos terminados o su producción interna con partes importadas, suponen elevados gastos de divisas. Pero es la apertura del mercado local a los patrones de consumo y producción impuestos por las empresas de los países avanzados lo que sitúa a la economía en esta disyuntiva. Una apertura que forma parte de una postura estratégica del gran empresariado argentino y el Estado consistente en tratar de establecer una relación de complementariedad (evitando tanto la competencia como el conflicto) comercial y financiera con las naciones más avanzadas.

Esta estrategia se expresa tanto en políticas concretas como en las omisiones de la política estatal. Por un lado, se facilita la asimilación local de los patrones de producción y consumo lanzados continuamente al mercado por las empresas de los países más avanzados y, por el otro, el Estado se muestra negligente respecto del desarrollo de un sistema educativo, técnico y científico propio interconectado con un sector industrial operando en competencia con las empresas de otros países.

2.b Extensión arbitraria de la noción de requerimiento de divisas

Nuestra segunda crítica a la noción de requerimientos de divisas se refiere a los sucesivos cambios en su contenido a partir de los años ‘60.

El planteo original de que la necesidad de divisas estaba determinada por las condiciones de la producción fue modificado cuando el stock de inversión extranjera y de deuda con el exterior comenzó a recuperarse a principios de los años ‘50, ahora bajo el liderazgo de las corporaciones de los EE.UU.

Así lo consideraba, por ejemplo, Villanueva (1969): “lo que comenzó primariamente como un problema en la cuenta corriente ligado al estancamiento de las exportaciones y a la creciente dependencia externa, vía insumos importados del sector industrial, se ha ido convirtiendo en un problema profundo en la cuenta de capital provocado principalmente por la carga que representa el servicio de la deuda externa” (Villanueva, 1969: 351).

Mallon y Sourrouille (1973: 124, 125) entendían que la inversión extranjera fue el modo en que los sectores gobernantes resolvieron el atraso tecnológico del parque productivo del país al culminar la SGM, después de casi dos décadas de dificultades para importar, podría ser una excepción. Los autores no consideraban que esta política debiera ser objeto de debate; era solo que sus efectos negativos sobre la balanza de pagos debían ser considerados y debidamente compensados.

El “concepto” volvió a redefinirse a principios de los ‘80 a partir del extraordinario crecimiento de la deuda externa durante la dictadura militar (1976-1983). En un artículo publicado en plena crisis de la deuda externa latinoamericana, Canitrot (1983) afirmó de un modo taxativo que, dado el aumento de la deuda externa, el equilibrio externo debía consistir necesariamente en conseguir el equilibrio de la cuenta corriente en su totalidad. El equilibrio comercial ya no resultaba suficiente; el tipo de cambio debía elevarse hasta que el superávit de comercio bastase para cubrir los pagos de la deuda externa y las otras partidas deficitarias vinculadas con la actividad del capital extranjero.

Como, por otro lado, el nivel del salario determina el equilibrio comercial (porque afecta el saldo exportable y el nivel de importaciones), el incremento de los requerimientos de divisas conduce inevitablemente a una disminución del salario de equilibrio, esto es, al nivel del salario que equilibra la cuenta corriente.

La incorporación de los pagos de deuda externa a la cuenta de los requerimientos de divisas indicada en el artículo de Canitrot tenía una clara implicancia política; era un pronunciamiento favorable a la legitimación del endeudamiento externo del gobierno militar por parte de las autoridades electas en 1983, ignorando las denuncias sobre su ilegalidad e ilegitimidad.

De este modo, la insuficiencia relativa de las exportaciones fue sustituida por la insuficiencia relativa del superávit comercial y la tesis explícita de que la producción dependía de la importación de insumos esenciales fue reemplazada por el supuesto implícito de que debía garantizarse, además, la remuneración de las inversiones extranjeras y el repago de las deudas externas.

En suma, todas las erogaciones en divisas vinculadas con el proceso de restablecimiento de la dependencia tecnológica y financiera en la postguerra fueron consideradas por los autores como parte de los “requerimientos” de divisas que la economía debía cubrir para crecer sin tropezar con la RE. Con cada paso que dio el proceso de restablecimiento de las relaciones económicas internacionales del país en la postguerra, tuvo lugar una relativa erosión de su sector externo. Los autores de la RE entendían este proceso como una circunstancia inevitable que, ceteris paribus, estrechaba el margen de crecimiento interno y el nivel del salario.

3. Causas de la escasez de divisas

Presentamos en primer lugar el diagnóstico de los autores de la RE y luego nuestras críticas.

3.a Diagnóstico

Para los autores de la RE, el origen del estrangulamiento de divisas se encuentra en las características de la estructura económica que emergió de la crisis del llamado “período de crecimiento hacia afuera” y de las políticas económicas adoptadas por el Estado en respuesta a la nueva situación internacional desde la crisis de 1930.

Por ejemplo, según Díaz Alejandro (1966: 75), el estancamiento del volumen de exportaciones en la inmediata postguerra hasta 1953 fue resultado, en lo fundamental, de la política económica del peronismo, que mantuvo bajos los precios relativos de los productos de exportación y con ello desalentó la producción rural. Los efectos de esta política sobre las exportaciones agrarias se pusieron en evidencia a fines de los ‘40 al agotarse las reservas internacionales acumuladas durante la guerra. Desde finales de la primera presidencia de Perón, los sucesivos gobiernos intentaron, sin éxito, revertir esta orientación mediante devaluaciones y otros estímulos a la exportación primaria e industrial (el análisis de Díaz Alejandro abarcó hasta mediados de los ‘60).

Por otra parte, el crecimiento de la acumulación iba de la mano de un aumento más que proporcional de las importaciones de insumos, repuestos y maquinarias “necesarios” para la producción hasta que la balanza comercial, en un contexto de estancamiento de las exportaciones, se volviera deficitaria. Esto último ponía en marcha un proceso de especulación contra el peso (en el marco de un régimen de tipo de cambio fijo) que persistía hasta que se producía una devaluación.

El desbalance de divisas del sector manufacturero se basaba en dos rasgos de la producción industrial sustitutiva de importaciones desarrollada, según los autores de la RE, desde la crisis de 1930. Uno era su imposibilidad de exportar la producción, resultado de sus altos costos. El otro era su elevada dependencia de los insumos y equipos importados. Díaz Alejandro criticó las políticas de posguerra por haber tardado demasiado en desplazar la protección y los estímulos desde las ramas de consumo final, cuyas posibilidades de crecimiento a costa de las importaciones se habían agotado a fines de los años ‘40, hacia las que disponían de algún margen para exportar o sustituir compras externas.

El mismo esquema explicativo puede encontrarse, en términos generales, en Brodersohn (1974), Mallon y Sourrouille (1973) y Braun (1973). En todos los casos se atribuye el deterioro de la balanza de pagos durante la fase de ascenso y la consiguiente crisis externa al aumento de las importaciones (resultante del crecimiento de la producción industrial) y a la caída de los saldos exportables (provocada por el aumento de la demanda interna de alimentos derivada del aumento del ingreso y el salario real) en un contexto de estancamiento de las exportaciones agrarias.

Un diagnóstico similar, pero con mayor énfasis en el papel de la acción estatal es el de Diamand (1973), quien atribuyó la existencia de una “limitación externa al crecimiento” a la incapacidad de la política económica para facilitar la internacionalización de la estructura productiva que emergió del proceso de industrialización iniciado a partir de la crisis de 1929. Su argumentación cuantitativa es muy simple. El inicio de la industrialización sustitutiva de importaciones en los años ‘30 reposó en un régimen de protección que permitía producir y vender internamente productos manufacturados a precios que llegaban incluso a triplicar los precios internacionales. Este régimen, sin embargo, no hacía nada para facilitar la producción para la exportación, aun cuando el precio en puerta de fábrica fuese moderadamente más elevado que el vigente en el mercado mundial.

Así, el régimen de protección se combinó con un tipo de cambio establecido en un nivel acorde con los costos del sector agropecuario, el único con un mercado exterior disponible. Este tipo de cambio, sin embargo, resultaba demasiado bajo para facilitar la exportación de aquellas actividades manufactureras con sobrecostos moderados respecto de los internacionales. Tomados en conjunto, los incentivos tenían un sesgo antiexportador. La persistencia de este criterio de fijación del tipo de cambio ha bloqueado, afirmaba Diamand, el avance de la industrialización; ha cristalizado una estructura productiva desequilibrada con un único sector exportador.

En una economía de este tipo, la producción de bienes y servicios no puede alcanzar la plena capacidad productiva, se topa contra el estrangulamiento del sector externo. En esto tiene su origen lo que Diamand considera un déficit crónico o estructural de divisas.

3.b Crítica

Nuestra crítica a estos argumentos es doble. Señalamos, en primer lugar, que el diagnóstico de que la economía argentina presenta dificultades “estructurales” para generar excedentes comerciales no se condice con la realidad.

Añadimos, en segundo lugar, que tanto las actividades del capital extranjero como la propia política económica contribuían de un modo sistemático con el desequilibrio externo, como los propios autores de la RE no dejaron de señalarlo en sus análisis. Sin embargo, estos factores no fueron considerados como causantes de la escasez de divisas con que se cerraba la fase de ascenso. Desarrollamos estos argumentos a continuación.

3.b.i Papel del desequilibrio comercial en las crisis de balanza de pagos

Nuestra primera crítica es que ni el supuesto de estancamiento de las exportaciones ni la caracterización de que los desequilibrios comerciales constituyen la causa principal de las crisis de balanza de pagos encuentran asidero en la realidad.

Ciertamente, tuvo lugar un retroceso del volumen de exportaciones a partir de finales de los años ‘30. Sin embargo, esta tendencia se revirtió a principios de los años ‘50 y en 1953 comenzó un período expansivo que llevó a restablecer el máximo histórico a principios de los ‘70 (gráfico 1).


Grafico 1
Volumen de exportaciones
Fuente: Elaboración propia

El valor de las exportaciones también aumentó después de muchos años (gráfico 2). Casi todo el incremento del período 1961 a 1966 reposó en un crecimiento del volumen. Luego de un breve retroceso en 1967/68, el valor exportado retomó un sendero de incrementos hasta alcanzar casi los u$s 4.000 millones en 1974. Este segundo salto, por su parte, fue resultado de una estampida de los precios de exportación que se multiplicaron por 2,5 entre 1969 y 1974.


Gráfico 2
Balanza de Pagos Argentina
Fuente: Elaboración Propia

No obstante, hasta bien entrada la década del '70, y a contramano de la información disponible, varios economistas seguían utilizando el supuesto de estancamiento del volumen de exportaciones agropecuarias (Braun, 1973; Brodersohn, 1974; Canitrot, 1975).

Argentina comenzó a obtener un superávit comercial persistente, al principio con la ayuda del estancamiento de las importaciones (1963-1968) y luego incluso con importaciones en aumento (1969-1970 y 1973-1974). Los problemas de balanza de pagos, con todo, estaban muy presentes, ya que la cuenta corriente resultó deficitaria en 9 de los 15 años del período 1960-1974. Pero su origen no era el desequilibrio comercial.

De hecho, la balanza comercial tendió a modificar su papel en las fluctuaciones de la balanza de pagos, pasando de ser un factor de las crisis a constituir un contrapeso del déficit sistemático de las restantes partidas de la cuenta corriente. Entre 1960 y 1962, el déficit comercial había sido parte del proceso de gestación de la crisis de balanza de pagos de 1962-1963. Sin embargo, este déficit solo alcanzó relevancia cuantitativa en 1961. Al estallar la crisis en 1962, el desequilibrio comercial explicaba solo 12% del déficit de cuenta corriente.

Después de 1961, la balanza comercial tendió al superávit o al equilibrio. En la segunda mitad de los ‘60 y principios de los ‘70 se presentaron dificultades con la balanza de pagos en las que el comercio no jugó ningún papel. A partir de 1969 y hasta 1972, las reservas declinaron de un modo casi constante y la cuenta corriente fue sistemáticamente deficitaria, pero la balanza comercial fue en todo momento superavitaria.

En la crisis de balanza de pagos de 1975, por su parte, la balanza comercial mostró un déficit que, sin embargo, solo explicaba la mitad del desequilibrio de cuenta corriente. Por otra parte, la caída de las exportaciones que ocasionó el saldo negativo del comercio no tuvo que ver con problemas de competitividad externa; se trató de un retroceso puntual en una trayectoria claramente ascendente, explicado en buena medida por la recesión mundial de aquel año, por el cierre de las exportaciones de carne a Europa y por la mala cosecha cerealera.

La disociación entre resultado de la balanza comercial y las crisis de balanza de pagos se hizo cada vez más notoria. Por ejemplo, el estallido, desde febrero de 1981, del esquema cambiario implementado por Martínez de Hoz fue provocado por el aumento del endeudamiento externo, el cierre de las posibilidades de refinanciación y la fuga de capitales. Difícilmente podría atribuirse esta crisis al déficit comercial de 1980 (el primero desde 1975).

De igual modo, la llamada “década perdida” de los '80 se caracterizó por la coexistencia de elevados superávits comerciales con déficit de cuenta corriente y fuga de capitales. Y, más recientemente, el desequilibrio comercial no jugó ningún papel ni en el colapso de la convertibilidad en 2002 ni en los problemas del sector externo que aparecieron hacia 2008.

3.b.ii Factores que contribuían al desequilibrio cíclico de balanza de pagos, ignorados por el argumento de la RE

Nuestra segunda crítica al diagnóstico de los autores de la RE señala que, si bien reconocían que las actividades del capital extranjero tenían un impacto neto negativo sobre la balanza de pagos y que la propia política económica contribuía de un modo sistemático con el desequilibrio externo, no incorporaron a estos factores como causantes de la escasez de divisas con que se cerraba la fase de ascenso.

La primera cuestión es el impacto negativo de los movimientos del capital extranjero sobre la balanza de pagos. Cuando, a partir de los años ‘50, el acervo de capitales extranjeros y deudas con el exterior comenzó a crecer, los autores de la RE reconocieron su incidencia en la demanda de divisas, pero lo trataron como un factor circunstancial que agravaba la escasez de divisas, pero que no era una de sus causas. Estas últimas siguieron centradas en las cuestiones vinculadas con la competitividad.

Por ejemplo, Díaz Alejandro (1966) situó en el centro de su descripción del ciclo 1958-1962 el acuerdo con el FMI, las inversiones en la industria realizadas por las empresas multinacionales y sus efectos sobre la oferta y demanda de divisas, pero solo como elementos ad hoc, circunstanciales, externos a su esquema explicativo. Admitió (Díaz Alejandro, 1970: 351) que la deuda externa había vuelto a ser un factor importante de la balanza de pagos desde los ‘60, pero no analizó la relación entre el endeudamiento externo, su efecto sobre la oferta y la demanda de divisas, la evolución de la balanza de pagos y la acumulación. Lo mismo puede decirse de su consideración de la inversión extranjera directa; el autor reconoció su importancia en el análisis económico empírico, pero lo omitió en su esquema conceptual sobre las fluctuaciones del producto.

Mallon y Sourrouille (1973) mostraron, por su parte, que la inversión extranjera no contribuía a la sustitución de importaciones y que las nuevas plantas establecidas por las compañías multinacionales eran altamente demandantes de divisas. Estas nuevas fábricas fueron responsables de casi la totalidad del aumento de la demanda de importación de materias primas y productos intermedios producido en la fase de ascenso de principios de los años ‘60, sin aportar nada a la exportación. De un modo general,

(…) las gigantescas empresas multinacionales han tendido a controlar la expansión de las industrias de nueva tecnología en todo el mundo (...) utilizando una proporción mínima de sus propios fondos complementados con una generosa financiación local, generando así una demanda actual o potencial para la remisión de ganancias al exterior que superan con holgura el monto de su inversión genuina. En la medida en que estas firmas tengan concentradas sus ventas en el mercado local (como generalmente ha ocurrido en los países menos desarrollados), su efecto sustitutivo de importaciones en el balance de pagos será compensado, al menos en parte, por su influencia negativa sobre la cuenta de capital y servicios financieros (Mallon y Sourrouille, 1973: 142).

Estos mismos autores citan (Mallon y Sourrouille, 1973: 127) un estudio sobre la economía argentina realizado por David Félix en 1966, en el que se muestra que la principal causa del aumento de los requerimientos de importaciones corrientes por unidad de demanda final (insumos, componentes, equipos) en los años ‘50 era atribuible a las ramas productoras de vehículos, maquinarias y aparatos equipos eléctricos, precisamente las que se desarrollaban bajo el impulso de la inversión extranjera y que experimentaban un mayor crecimiento. El propio Sourrouille elaboró un análisis similar basado en la comparación de las matrices de insumo-producto de los años 1953, 1963 y 1970, y cuyo resultado corrobora que el aumento del componente importado de la demanda final estaba liderado por las ramas en las que se habían concentrado las inversiones de empresas transnacionales (Sourrouille y Kosacoff, 1979).

Así, razonaron Mallon y Sourrouille, luego de años de un desarrollo industrial basado en la incorporación de masas adicionales de trabajo y capital, pero con escasas modificaciones técnicas se ingresó, en la década del ‘50, en una nueva etapa. La apertura al capital extranjero había puesto en marcha un proceso de actualización tecnológica, pero lo había hecho en los términos establecidos por las propias empresas multinacionales. El camino elegido para dar continuidad a la industrialización, concluían, tuvo una repercusión negativa directa sobre la balanza de pagos y una indirecta, ya que la política de estímulo a la inversión con equipamiento e insumos importados tendió a abaratar los bienes de capital, trabando con ello el desarrollo de la producción local y consolidando la dependencia respecto del abastecimiento importado[2].

La misma obra señala también el importante papel desempeñado por el endeudamiento externo en las crisis de balanza de pagos de los años ‘60. Casi todo el aumento de las importaciones que tuvo lugar en la fase de ascenso iniciada en 1959 fue financiado con crédito externo de corto plazo, cuya interrupción en 1962 fue un factor activo en el proceso de rápida disminución de reservas que precedió a la caída del régimen cambiario en aquel año.

El gobierno que asumió en 1963 debió refinanciar parcialmente los vencimientos de deuda externa en 1965. Según estos autores, los intereses que vencían en los primeros años de la dictadura de Onganía (equivalentes a un tercio de las exportaciones) solo pudieron saldarse por la oportuna llegada de una nueva oleada de inversión directa que se prolongó hasta 1969. Cuando esta fuente de divisas se extinguió, la salida de los capitales ingresados (en su mayor parte de corto plazo) contribuyó a la declinación de las reservas y a la crisis de balanza de pagos de principios de los ‘70.

Curiosamente tampoco Braun (1973), cuyo análisis se basaba en las teorías de la dependencia y el capitalismo monopolista, consideró que el capital extranjero jugara un papel determinante en la explicación del ciclo económico. Para este autor, el ingreso de divisas por parte del capital extranjero podía modificar la longitud de las fases del ciclo, pero no alteraba su lógica interna (Braun, 1973: 21, 22). La atracción de estos flujos era una de las “medidas tomadas para solucionar las recurrentes crisis en la balanza de pagos que tienden en muchos casos a empeorar la situación en el largo plazo” (Braun, 1973: 25). Sin embargo, “aún más significativa (que la entrada de capital extranjero, GB) puede resultar una variación en las condiciones meteorológicas (…) por su repercusión sobre el volumen de las exportaciones” (Braun, 1973: 22). En el mismo sentido, afirmó: “Está claro que un crecimiento suficiente de las exportaciones no ha sido alcanzado en los últimos años; esta es, pienso, la causa principal del lento crecimiento de la economía argentina” (Braun, 1973: 23). En suma, igual que los otros autores, Braun atribuía la escasez de divisas, en lo esencial, a la insuficiencia de exportaciones con respecto a las importaciones, y soslayaba el papel del capital extranjero en la dinámica de la crisis de divisas con que se interrumpía la fase de ascenso.

Del mismo modo, para Brodersohn (1974: 31), el acceso al crédito externo no modificaba la naturaleza del ciclo sino solo la duración de la fase de ascenso, porque era entendida como un recurso para cubrir un déficit comercial, no como un factor coadyuvante de la crisis de divisas con la que, tarde o temprano, se interrumpía la acumulación.

La apreciación de Diamand (1973: 20) fue similar: consideraba la política de atracción de capital extranjero como una estrategia para compensar la escasez de divisas que sólo podía proporcionar una “solución transitoria”; el capital extranjero aumentaba la “necesidad” de divisas induciendo a los gobiernos a atraer nuevos inversores o prestamistas en una espiral que se interrumpía abruptamente cuando algún evento internacional reducía la disponibilidad de fondos del exterior. El capital extranjero, para Diamand, constituye una falsa salida y un agravamiento de la escasez de divisas, pero no es su causa.

El choque entre estas evidencias y el diagnóstico sobre la RE surge con claridad. Las inversiones corrientes alteraban a corto plazo la estructura de la producción y de la demanda, incluido, y muy especialmente, el patrón de importaciones, lo que contradecía el planteo de que la escasez de divisas era generada por una estructura económica dada en el corto plazo. Por otro lado, la demanda de divisas ya no crecía solo por las importaciones de insumos. Las salidas provocadas por la actividad del capital extranjero tendieron a constituir la parte del león de la “necesidad” de divisas. Esto último desmentía la idea de que la escasez de divisas se originaba en la falta de competitividad de la estructura productiva.

La segunda cuestión que fue excluida del diagnóstico sobre las causas de la escasez de divisas es la política económica facilitadora del desequilibrio externo.

El argumento de la RE, centrado en las raíces comerciales de la escasez de divisas, soslayó el papel de otro agente clave en la formación de crisis de balanza de pagos: el propio Estado[3]. Hay dos planos en los que este hecho se hizo evidente a los autores y, sin embargo, no alteró el diagnóstico sobre las causas de la escasez de divisas.

El primero es la propia política de atracción del capital extranjero que consistía, entre otras cosas, en proporcionar facilidades para la salida de divisas: liberalización de importaciones, libertad cambiaria, estabilidad cambiaria que abarata la dolarización previa a la salida (Mallon y Sourrouille, 126, 127). Los propios planes de estabilización diseñados por el FMI incluían medidas de liberalización de importaciones y recomendaban el recurso al capital extranjero para cubrir el déficit comercial resultante de esta apertura (Diamand, 1973: 136). Estas políticas se fueron aplicando en etapas sucesivas desde los años 1950. Durante el gobierno de Frondizi, no solo se alentó el endeudamiento externo privado (pago diferido, crédito comercial, etcétera) permitiendo a los bancos locales ofrecer garantías en favor de los tomadores, también se autorizó el financiamiento externo sin límite a las reparticiones oficiales y empresas del Estado.

Resulta notable asimismo la permisividad del Estado respecto de la tendencia de las filiales a expandir sin límite la demanda interna por sus productos y a concentrar los recursos financieros internos (en competencia con empresas de menor tamaño), pese al carácter desequilibrado en términos de divisas de sus esquemas de producción.

El segundo plano de la acción estatal que contribuía al desequilibrio externo (en lugar de contrarrestarlo) era la propia gestión macroeconómica. A partir del derrocamiento de Perón, los gobiernos iniciaban su administración con políticas de apertura comercial y de flexibilización del acceso al mercado de cambios, y solo introducían medidas restrictivas cuando el aumento de la actividad y de las inversiones externas y de deudas con el exterior ponían en tensión la balanza de pagos. Los textos citados de Díaz Alejandro (1966: 143) y Mallon y Sourrouille (1973: 63) registran estas oscilaciones.

Diamand llamó la atención sobre este patrón: “Períodos de restricciones a ultranza (…) se fueron alternando en forma periódica con períodos en los que bajo slogans de ‘eficientismo’ se fueron liberalizando globalmente las importaciones y ‘des-sustituyendo’ nuevamente los rubros ya sustituidos” (Diamand, 1983: 33). Diamand no veía ninguna lógica económica en este aperturismo;

el problema externo (…) se da por totalmente superado. Se deja de percibir la necesidad de una acción correctiva sobre la balanza de pagos. Se atenúan las restricciones a las importaciones y las medidas de estímulo a las exportaciones. La tranquilidad que otorgan las reservas, las necesidades reales de importación y los intereses importadores impulsan en forma conjunta a la liberalización de las importaciones. No existe conciencia del peligro que representa el progresivo endeudamiento externo, ni del tiempo que se está dejando pasar sin tomar medidas de fondo, como tampoco de la crisis hacia la cual se precipita el país, a pasos agigantados (Diamand, 1973: 83).

El autor admitía que la política estatal intensificaba la escasez de divisas, pero no la consideraba como una de sus causas.

4. Propuestas

Aunque los autores de la RE reconocieron que las inversiones y créditos externos, y las políticas estatales habían resultado decisivas en la formación de las crisis de balanza de pagos de los ‘50 y ‘60, sus propuestas consistían en políticas que debían ser aplicadas por ese mismo Estado y que no debían contradecir sino, por el contrario, viabilizar la adhesión del país a las tendencias aperturistas de la posguerra. Dicho en otros términos, sus propuestas apuntaban a mejorar el desempeño del sector externo, dada la adhesión del país a aquellas tendencias. Para ello se debía recurrir a instrumentos de política comercial y cambiaria que permitirían obtener excedentes comerciales para solventar las salidas de divisas en concepto de endeudamiento externo, giros al exterior de utilidades de las empresas extranjeras, etcétera.

La posibilidad de intervenir sobre el movimiento de capitales, causa fundamental de los desequilibrios externos, no era contemplada y solo se admitía, a lo sumo, una vez que la crisis externa hacía su aparición.

Para Díaz Alejandro (1966: 208, 209), la superación de la insuficiencia de divisas debía basarse en una política cambiaria que evitara la apreciación real, combinada con políticas fiscales que contrarrestaran los efectos redistributivos derivados de un tipo de cambio real elevado, que eliminara la protección comercial excesiva que ahogaba el interés de las empresas por elevar la productividad y que aplicase políticas de estímulos al aumento de la productividad en la producción exportable.

Mallon y Sourrouille (1973: 146), por su parte, fueron críticos de las políticas cambiarias de posguerra basadas en una devaluación seguida de fijación cambiaria y contracción del salario real. Proponían otras “más flexibles”, que evitaran la confrontación con los asalariados. Era necesario introducir tipos de cambio, aranceles y subsidios diferenciados entre ramas para elevar la competitividad internacional de los dos sectores fundamentales de la economía, evitando los cambios drásticos de los precios internos típicos de los planes de estabilización de la postguerra. Con un tipo de cambio real apenas adecuado para la rentabilidad del sector primario, eran muy pocas las ramas industriales capaces de vender en el extranjero. La idea era sustituir las devaluaciones bruscas de los años ‘50 y ‘60 por una tendencia gradualmente creciente del tipo de cambio real. Como la inflación no podía ser eliminada ipso facto, la devaluación tenía que basarse en pequeños ajustes periódicos que mantuvieran o incrementaran la paridad real.

Refiriéndose al aumento de los requerimientos de divisas verificado en los años ‘60 a raíz de las inversiones externas generadoras de importaciones y otros pagos al exterior, y del aumento del endeudamiento externo, resulta ilustrativa la siguiente apreciación de Mallon y Sourrouille:

Puesto que la mayoría de estos inconvenientes podrían haber sido aliviados incrementando los ingresos de divisas del país, en los años recientes la atención se ha volcado cada vez más hacia la posibilidad de acelerar la expansión de la exportación de manufacturas. La industrialización para la exportación puede concebirse como un complemento necesario de la sustitutiva de importaciones para hacer viable la reciente estrategia industrializante seguida en la Argentina (Mallon y Sourrouille, 1973: 130).

Diamand (1973) señaló la ausencia en los medios académicos, políticos y económicos de un diagnóstico sobre la RE y de propuestas de políticas adecuadas para combatirla. Una política adecuada de balanza de pagos debía limitar las importaciones y estimular las exportaciones. Su eje debía ser una “filosofía cambiaria al servicio del desarrollo industrial” que apuntara a un tipo de cambio cercano al nivel de paridad de las diversas actividades (combinando derechos de importación y de exportación a nivel sectorial).

Esta escala de protección podría promover las exportaciones tradicionales (compensando, para la producción adicional, los incrementos de costos derivados de la intensificación de la explotación agraria) e industriales, y la sustitución selectiva de importaciones. Con los estímulos cambiarios y comerciales adecuados, podía lograrse que algunas ramas industriales que no eran competitivas a nivel internacional pudieran exportar y que otras lograran avanzar con la sustitución de la producción importada sin que sus costos operativos resultaran excesivos.

La propuesta de Diamand es, con seguridad, la más elaborada de las reseñadas aquí, pero su foco apunta, al igual que las demás, a las medidas relacionadas con el comercio exterior; a largo plazo la única forma de superar la RE era el desarrollo de las exportaciones tradicionales e industriales. Más aún, Diamand se pronunció explícitamente contra los controles cambiarios “drásticos” que interfieren con el movimiento de entrada y salida de divisas por inversión, utilidades, dividendos, etcétera, que debían reservarse sólo para momentos de crisis aguda (Diamand, 1973: 281, 282).

La búsqueda de Diamand de una fórmula de conciliación entre el crecimiento interno y las “obligaciones” de divisas del país queda en evidencia en su afirmación de que sus propuestas cambiarias y comerciales eran compatibles con las recomendaciones del FMI. Diamand lo expresó así: “¿Es posible compatibilizar la política que se desea implementar con las exigencias de los acreedores representados por el FMI? Estoy convencido de que es perfectamente posible” (Diamand, 1983: 37).

Conviene precisar nuestra crítica. No se trata de negar que la sustitución de importaciones, en tanto instrumento a disposición del Estado, pueda llegar a operar como un proceso idóneo para lograr una transformación del sector externo. Pero, como lo muestra la experiencia argentina de los años ‘50 y ‘60, puede también funcionar en un sentido contrario, como factor recreador de los desequilibrios. La cuestión reside en el planteo social y político general en cuyo contexto se inserta el instrumento. Para los autores de la RE, en sintonía con el empresariado agropecuario e industrial argentino (cuyo sector más dinámico era el capital extranjero), la participación del país en la reconstrucción del mercado mundial en la postguerra no estaba en discusión, sino solo sus formas y en un plano muy superficial. De ahí que los planteos reformistas de los autores de la RE remitieran, en última instancia, a la cuadratura del círculo; compensar los desequilibrios producidos por la apertura a la inversión extranjera, la dependencia tecnológica y el endeudamiento externo sin cuestionar la plena participación de la economía argentina en los procesos mundiales que origina a esos tres fenómenos.

5. Discusión

El uso del término “requerimientos de divisas” supone la asimilación de un fenómeno de naturaleza social y política (el desarrollo capitalista periférico y dependiente que caracteriza al país) a un hecho “económico”, un presupuesto de sentido común, objetivo e ineludible, cuyo cuestionamiento no tendría sentido. Transmite la idea aparentemente trivial de que ciertos abastecimientos no pueden dejar de ser importados debido a algún tipo de imposibilidad de su producción local.

Hemos mostrado, en primer lugar, las dudas de los propios autores respecto del carácter meramente técnico de las importaciones de insumos y equipos. A continuación, hemos señalado que estas importaciones no se derivan, en general, de una imposibilidad abstracta de producción local; constituyen, en cambio, un reflejo de la dependencia tecnológica y económica que caracteriza al capitalismo periférico argentino. Una dependencia que resulta, por su parte, de una política consistente de adaptación al monopolio tecnológico ejercido por las empresas de los países más avanzados.

De un modo superficial, el argumento de la RE afirma que el crecimiento se ve trabado por un aumento desproporcionado de los requerimientos de divisas, pero no ofrece un análisis crítico de las razones y mecanismos que llevan a que la producción moderna local no pueda prescindir del abastecimiento importado para casi la totalidad de la tecnología y los bienes de capital, y una alta proporción de los insumos. Atribuir esa propensión importadora a una incapacidad o a una “necesidad” de naturaleza económica equivale a naturalizar la dependencia tecnológica, eludir el debate sobre las políticas que la sustentan y encubrir los intereses sociales que se benefician de ella.

Más aún, cuando, a partir de los años ‘60, las inversiones de empresas extranjeras condujeron a un incremento de las importaciones de insumos y equipos, y de los giros de utilidades al exterior, los autores de la RE consideraron a estos nuevos gastos como parte de los requerimientos de divisas. Lo mismo opinaron respecto de los pagos de deuda externa a partir de los años ‘80.

La noción de “necesidad” de divisas empleada por los autores de la RE no se basa en un concepto económico definido; su contenido se ha ido ampliando en función de la reconstrucción de los diversos canales de la dependencia en la posguerra. Su función consiste en naturalizar, en cada etapa, el conjunto de los gastos de divisas provocados por la dependencia tecnológica y financiera del país respecto de las naciones capitalistas más avanzadas; encubrir el carácter desequilibrante de esta dependencia (en términos de la balanza de pagos) bajo la apariencia de una “necesidad” emergente del funcionamiento de la economía.

Una interpretación benévola sobre las sucesivas ampliaciones del concepto de requerimientos de divisas sería que el concepto simplemente “evolucionó”, acompañando las propias transformaciones del sector externo. Nuestra crítica consiste en señalar que esta evolución no fue neutral. El patrón de crecimiento y endeudamiento de la posguerra, apoyado en una reapertura al capital extranjero, supuso un mayor gasto neto de divisas; la asimilación de este gasto a una “necesidad económica” equivale a despolitizar y, con ello, a legitimar y naturalizar aquel patrón de crecimiento.

En consecuencia, el argumento de la RE solo puede congeniar con un planteamiento político conservador. Su empleo por parte de economistas identificados con el progresismo nacionalista o el marxismo reposa en una contradicción. La noción de requerimientos de divisas equivale a admitir la dependencia del país respecto de los productos, patentes, marcas, equipos e insumos desarrollados por las empresas transnacionales, y da por sentada la necesidad de generar un superávit comercial que permita a las filiales locales girar sus utilidades al exterior y a las empresas financieras del exterior cobrar puntualmente sus préstamos (con sus respectivas comisiones y sobretasas), independientemente del modo en que fueron contratados y aplicados.

Con respecto al diagnóstico, hemos criticado la idea de que la economía argentina presentaba dificultades para generar excedentes comerciales y que se ignoraba tanto el impacto de los movimientos del capital extranjero como de la propia política estatal como factores desequilibrantes de la balanza de pagos.

Las estadísticas históricas de comercio exterior de la Argentina muestran que la balanza comercial del país ha sido, en general, superavitaria. Entre 1891 y 2017, el saldo fue positivo en el 77% de los años, en una cuantía promedio del 15% del valor de las exportaciones. Si se dejan de lado aquellos períodos o años puntuales que resultaron deficitarios como consecuencia de acontecimientos nacionales o internacionales de carácter excepcional, la tendencia al superávit es mucho más marcada. Por ejemplo, excluyendo las dos guerras y sus respectivas postguerras, el catastrófico 1930 y los años que siguieron a la introducción de cambios abruptos en la política comercial del país (1980-1981 y 1992-1999), resulta que la balanza comercial de bienes ha resultado superavitaria en el 95% de los años y que dicho excedente de divisas alcanzó un promedio de 22% de las exportaciones.

Más aún, en el 70% de los años (datos desde 1901, con las exclusiones mencionadas antes) la balanza de bienes y la de servicios reales, sumadas, han arrojado un saldo positivo que promedió el 13% del valor de las exportaciones.

Aunque estos simples cálculos pueden, seguramente, ser precisados, es claro que, en términos generales, se obtiene un superávit comercial con el que se cubren las salidas de divisas vinculadas al movimiento del capital extranjero (inversión y deuda) y la llamada fuga de capitales. Este era, de hecho, el comportamiento típico de la balanza de pagos desde 1891, cuando el país comenzó a generar saldos positivos de comercio hasta 1930.

De un modo general, el comportamiento de la balanza de pagos de la Argentina desde los años ‘60 ha sido similar al que describía Prebisch para el período anterior a la década del ‘30. No solo, según este autor, las crisis externas no se originaban en una dificultad estructural para generar divisas. “En general, en nuestro balance de pagos hemos debido tener mayores exportaciones que importaciones para cubrir la diferencia en exceso entre los servicios del capital invertido y los nuevos capitales” (Prebisch, 1993: 329). La balanza comercial no ha sido, como afirma el argumento de la RE, un foco de crisis sino una fuente de recursos para cubrir, al menos en parte, las salidas netas producidas por el movimiento del capital y sus rentas. La obra de Prebisch anterior a los años ‘50 explica mucho mejor el comportamiento del ciclo argentino que los aportes de la RE.

Por último, nuestra caracterización de las políticas sugeridas por los autores de la RE puede resumirse así: renuncian a que el Estado interfiera en el gasto de divisas generado por el movimiento del capital extranjero; su principal objetivo es compensarlo con excedentes comerciales. Dado que el nivel del salario incide negativamente sobre la balanza comercial (por su relación directa con las importaciones e inversa con los saldos exportables), se sigue que, según el argumento de la RE, resulta razonable aceptar una contención o disminución del salario con tal de viabilizar la participación argentina en los flujos de inversión y endeudamiento internacional cuyo epicentro reside en las economías avanzadas.

Más que un programa de investigación sobre las trabas al crecimiento de la economía, el argumento de la RE puede ser entendido como un intento de compatibilizar dicho crecimiento con las presiones cambiarias derivadas de la inserción del país a los circuitos internacionales del capital. Una inserción que no deja de poner de manifiesto, en cada nuevo ciclo, su carácter desequilibrado.

Material suplementario
Agradecimientos

El autor desea agradecer las valiosas correcciones y comentarios realizados a este trabajo por parte de Valentina Viego, Rodrigo Pérez Artica, Javier Ghibaudi, Martín Schorr y Guillermo Vitelli

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Notas
Notas
[2] Cfr. también Sourrouille (1978), que contiene un detallado análisis empírico del comportamiento de las empresas extranjeras en el sector industrial argentino.
[3] El análisis se basa en la concepción marxista del Estado como representante de los intereses de la clase dominante, en especial de la gran burguesía. Ignoro, para simplificar, las diferencias internas del empresariado. Enfrentadas en torno a aspectos y coyunturas puntuales, sus principales fracciones suelen mostrar, en mi opinión, una notable unidad en lo que hace al sitio que debe ocupar la Argentina en la economía mundial.

Grafico 1
Volumen de exportaciones
Fuente: Elaboración propia

Gráfico 2
Balanza de Pagos Argentina
Fuente: Elaboración Propia
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