Intervenciones

Contribución a una filosofía política de la economía

Contribution to a political philosophy of the economy

Contribuição para uma filosofia política da economia

Ezequiel Orso
PEGUES - UNR, Argentina

Contribución a una filosofía política de la economía

Cuadernos de Economía Crítica, vol. 6, núm. 11, pp. 137-149, 2019

Sociedad de Economía Crítica

Recepción: 07 Octubre 2019

Aprobación: 11 Noviembre 2019

Resumen: Se socializan avances de una investigación en curso. Su premisa es que la ciencia económica es un territorio de múltiples determinaciones y dispositivos que tienen por objeto resolver disputas teórico-políticas en variados planos. La enseñanza económica está atravesada por estos dispositivos, suelo común, muchas veces, de ortodoxia y heterodoxia.

Desnaturalizar los elementos implícitos en nuestra ciencia sirve para preguntarnos por su naturaleza y configuración. Dicho gesto es lo que decidimos nominar filosofía política de la economía, tentativa y momentáneamente. Tal nominación obedece a que dichos elementos tácitos afectan a las subjetividades de los economistas, la política económica y las prácticas sobre la población. Esta forma de ver los problemas económicos obedece a una nueva perspectiva que no es epistemológica, aunque algo en ella la recuerda. Esta renovación de la mirada, junto a las problematizaciones que permite dilucidar desde la economía, es el aporte de nuestro artículo.

Palabras clave: economía política, subjetividad, filosofía política de la economía, epistemología económica, economía política, subjetividad, filosofía política de la economía, epistemología económica.

Resumen: Se socializan avances de una investigación en curso. Su premisa es que la ciencia económica es un territorio de múltiples determinaciones y dispositivos que tienen por objeto resolver disputas teórico-políticas en variados planos. La enseñanza económica está atravesada por estos dispositivos, suelo común, muchas veces, de ortodoxia y heterodoxia.

Desnaturalizar los elementos implícitos en nuestra ciencia sirve para preguntarnos por su naturaleza y configuración. Dicho gesto es lo que decidimos nominar filosofía política de la economía, tentativa y momentáneamente. Tal nominación obedece a que dichos elementos tácitos afectan a las subjetividades de los economistas, la política económica y las prácticas sobre la población. Esta forma de ver los problemas económicos obedece a una nueva perspectiva que no es epistemológica, aunque algo en ella la recuerda. Esta renovación de la mirada, junto a las problematizaciones que permite dilucidar desde la economía, es el aporte de nuestro artículo.

Palabras clave: economía política, subjetividad, filosofía política de la economía, epistemología económica, economía política, subjetividad, filosofía política de la economía, epistemología económica.

Abstract: Progress of an ongoing investigation is socialized. Its premise is that economic science is a territory of multiple determinations and dispositives that aim to resolve theoretical-political disputes on various levels. Economic education is crossed by these dispositives, common ground, often, of orthodoxy and heterodoxy.

Denaturalizing the elements implicit in our science serves to ask us about their nature and configuration. This gesture is what we decided to nominate Political Philosophy of the Economy, tentatively and momentarily. Such nomination is due to the fact that these tacit elements affect the subjectivities of economists, economic policy and practices about the population. This way of looking at economic problems is due to a new perspective that is not epistemological, although something in it remembers it. This renewal of the look, together with the problematizations that can be elucidated from the economy, is the contribution of our article.

Keywords: political economy, subjectivity, political philosophy of the economy, epistemology of the economy, political economy, subjectivity, political philosophy of the economy, epistemology of the economy.

Resumo: O progresso de uma investigação em andamento é socializado. Sua premissa é que a ciência econômica é um território de múltiplas determinações e dispositivos destinados a resolver disputas teórico-políticas em vários níveis. A educação econômica é atravessada por esses dispositivos, terreno comum, muitas vezes, de ortodoxia e heterodoxia.

Desnaturalizar os elementos implícitos em nossa ciência serve para nos perguntar sobre sua natureza e configuração. Foi esse gesto que decidimos nomear a Filosofia Política da Economia de forma provisória e momentânea. Essa indicação se deve ao fato de que esses elementos tácitos afetam as subjetividades dos economistas, a política econômica e as práticas sobre a população. Essa maneira de encarar os problemas econômicos se deve a uma nova perspectiva que não é epistemológica, embora algo nela se lembre. Essa renovação do olhar, juntamente com as problematizações que podem ser elucidadas da economia, é a contribuição do nosso artigo.

Palavras-chave: economia política, subjetividade, filosofia política da economía, epistemologia da economía, economia política, subjetividade, filosofia política da economía, epistemologia da economía.

Abstract: Progress of an ongoing investigation is socialized. Its premise is that economic science is a territory of multiple determinations and dispositives that aim to resolve theoretical-political disputes on various levels. Economic education is crossed by these dispositives, common ground, often, of orthodoxy and heterodoxy.

Denaturalizing the elements implicit in our science serves to ask us about their nature and configuration. This gesture is what we decided to nominate Political Philosophy of the Economy, tentatively and momentarily. Such nomination is due to the fact that these tacit elements affect the subjectivities of economists, economic policy and practices about the population. This way of looking at economic problems is due to a new perspective that is not epistemological, although something in it remembers it. This renewal of the look, together with the problematizations that can be elucidated from the economy, is the contribution of our article.

Keywords: political economy, subjectivity, political philosophy of the economy, epistemology of the economy, political economy, subjectivity, political philosophy of the economy, epistemology of the economy.

Resumo: O progresso de uma investigação em andamento é socializado. Sua premissa é que a ciência econômica é um território de múltiplas determinações e dispositivos destinados a resolver disputas teórico-políticas em vários níveis. A educação econômica é atravessada por esses dispositivos, terreno comum, muitas vezes, de ortodoxia e heterodoxia.

Desnaturalizar os elementos implícitos em nossa ciência serve para nos perguntar sobre sua natureza e configuração. Foi esse gesto que decidimos nomear a Filosofia Política da Economia de forma provisória e momentânea. Essa indicação se deve ao fato de que esses elementos tácitos afetam as subjetividades dos economistas, a política econômica e as práticas sobre a população. Essa maneira de encarar os problemas econômicos se deve a uma nova perspectiva que não é epistemológica, embora algo nela se lembre. Essa renovação do olhar, juntamente com as problematizações que podem ser elucidadas da economia, é a contribuição do nosso artigo.

Palavras-chave: economia política, subjetividade, filosofia política da economía, epistemologia da economía, economia política, subjetividade, filosofia política da economía, epistemologia da economía.

Introducción

El sentido de estudiar economía no es adquirir un set de respuestas prefabricadas a preguntas económicas, sino aprender a evitar ser engañado por los economistas.

Joan Robinson

La economía es el método, el objeto es cambiar el corazón y el alma.

Margaret Thatcher

Se aborda una reflexión en torno a los siguientes puntos:

I) qué formas de subjetivación existen en la teoría económica;

II) cómo subjetivan las prácticas económicas a la población (se verá caso consumismo);

III) qué otras prácticas son necesarias para la conformación del campo de la praxis económica, en especial para proyectos de construcción de subjetividades y políticas neoliberales (veremos la relación terror y neoliberalismo).

Se busca trazar, entonces, una tangente que pase por los problemas económicos, por otras ciencias sociales y por la filosofía. De este modo, se intenta dotar de elementos necesarios a la economía para estudiar lo que Foucault (1992) llama régimen de gubernamentalidad múltiple, donde el problema de gobierno se da no sólo en las políticas económicas cuantitativas sino en una multiplicidad de planos. Se pretende aportar la incorporación y articulación de algunos de dichos planos con centro en la Economía.

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La ciencia económica tiene su enseñanza hegemonizada en Occidente por el enfoque marginalista, en su versión de la Escuela Neoclásica. Paradójicamente, algunos de sus teóricos, como Samuelson, reconocieron que la derrota teórica de 1960 en la “Controversia de Cambridge” implicó la implosión de los fundamentos de esa teoría del valor, distribución y producción (Braun, 1973). Sin embargo, dicho enfoque continúa enseñándose en Occidente como si eso nunca hubiese ocurrido. Como consecuencia de ello, la enseñanza de dicha escuela de pensamiento se plegó sobre sí misma a través de manuales producidos por editoriales estadounidenses que se reparten por todo el mundo con referencias solo a la propia escuela, mencionándola con supuestos sinónimos tales como “la Teoría Económica Moderna”. Dichos manuales son fuente casi excluyente de educación a generaciones de economistas. Además, este pensamiento logró trascender las fronteras académicas y anglosajonas a partir de Thinks Tanks de alcance global. La expansión de ambas formas de difusión se dio luego de las transformaciones económicas de 1980 en las formas y el modo de producción, resultante de las Crisis del Petróleo (1973) y del fordismo lideradas por Inglaterra (con Thatcher desde 1979) y USA (con Reagan desde 1981) (Chesnais, 2001; Harvey, 2010).

Interesa aquí interrogar los dispositivos sociales, académicos y teóricos que permitieron que una escuela que no pudo dar cuenta de críticas fundamentales, ni refundarse después de ello, siga ocupando el centro de la producción de saberes económicos. Como reverso, nos preguntamos también porqué la tradición de la Economía Política, nacida con William Petty en el siglo XVII y relanzada desde 1950 (Roncaglia, 2006), no pudo ocupar el centro de la escena en ninguna de sus diferentes versiones (postkeynesiana, sraffeana, dependentista, etcétera). En la Economía Política, a diferencia del marginalismo, se estudian los ganadores y perdedores (O’Connor, 1991; Offe, 1981) de los diferentes modos de acumulación, las fuerzas que los gobiernan, los intereses en pugna y cómo esto afecta el bienestar de la comunidad en la capacidad de solucionar diferentes necesidades (acceso a bienes, cultura, tiempo libre u otros; Roncaglia, 2006). Nos preguntamos entonces si sería necesario complementar estos planteos de la Economía Política con los de otras disciplinas. Se busca con ello hacer visibles ciertos dispositivos (Foucault, 1992) que suelen aparecer implícitos, desmenuzarlos para ver cómo funcionan, qué efectos teóricos, subjetivos y de discurso generan. Ver sus funcionamientos permite volver pensables intervenciones sobre ellos.

Una filosofía política de la economía es ante todo una perspectiva donde lo común (más que lo público) retoma el centro de la mirada en toda su complejidad (social, económica, filosófica, etcétera). Se trata de poder relanzar la apuesta sobre lo social a través de movimientos teóricos, buscando rearticular problemas excluidos de loeconómico.

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La frase de Joan Robinson que aparece en el epígrafe no refiere a un economista en concreto sino al arquetipo de economista, al construido en tanto que personaje conceptual (Guattari y Deleuze, 1993). A pesar de que la economía nace a la par de otras ciencias modernas, bifurca su trayectoria respecto del lugar que se le da a las subjetividades en el marco de análisis. Para los economistas, la subjetividad es un dato exógeno. Así se eterniza una esencia humana eliminando toda situación existencial, individual o colectiva, en pos de una ontologización de las subjetividades. Esta deviene eterna e inmóvil: a-espacial y a-histórica. En la medida en que dicha ontologización pueda ser pensada como construida, diversa en cada momento y en permanente devenir histórico, podrá ser pensada como definida y provisoria en análisis concretos.

La economía como discurso y razón gubernamental

Un discurso no solo es un conjunto de enunciados sino formas de ver el mundo y formas de operar sobre él, palabras y praxis. Se pregunta Arturo Escobar cómo pudo aparecer el discurso neoliberal dentro del discurso económico como totalidad, buscando, no si las teorías económicas son o no correctas sino, construir una conciencia histórica, epistemológica y cultural de las condiciones bajo las cuales estos discursos emergieron, dejándonos una premisa que interesa retomar:

los economistas trabajan en un campo del discurso que había sido creado no como resultado de actos cognoscitivos individuales sino mediante la participación de muchos en un contexto histórico, las decisiones que tomaron implicaban opciones que tuvieron consecuencias sociales y culturales de gran importancia (Escobar, 2007: 106).

Los economistas claramente no ven su ciencia como un discurso cultural. “Su conocimiento se toma como representación neutral del mundo y como verdad sobre él” (Escobar, 2007: 107). Sin embargo, siguiendo lo que nos dice Charles Taylor, históricamente “la economía puede aspirar al estatus de ciencia precisamente porque ya existe una cultura dentro de la cual cierta forma de racionalidad es (…) un valor dominante” (Escobar, 2007: 107). Según Bourdieu,

la ciencia económica trata la disposición prospectiva y calculadora respecto al mundo […] como si fuera un presupuesto natural, un don universal de la naturaleza, cuando sabemos que constituye el producto de una historia colectiva e individual muy particular. Al hacerlo, la ciencia condena tácitamente en el plano moral a aquellos a los que el orden económico […] ya ha condenado en los hechos. (Bourdieu, 2008: 10)

Para Foucault (1992), el problema político esencial no era criticar los contenidos ideológicos de la ciencia o tener una práctica científica que esté ligada a una ideología justa. “La cuestión estriba en saber si es posible constituir una nueva política de la verdad” (Foucault, 1992: 200). El verdadero problema para ello es cambiar el régimen político, económico e institucional de producción de verdad. Esto en la Economía Política aparece claro: en el fondo no se trata de liberar la verdad de todo sistema de poder, lo cual sería imposible, ya que la verdad misma es una forma de poder, sino en separar al poder de la verdad del poder de las formas hegemónicas sociales, económicas y culturales en el interior de las cuales funciona esta verdad. Resulta imprescindible, aunque no evidente en los debates heterodoxia-ortodoxia económica, que la cuestión política central no pasa por denunciar el error, la ilusión, la conciencia alienada o la ideología, sino la política de la verdad compartida. Para ello es indispensable tener a la historia del pensamiento económico como centro de la reflexión, pasándola por el tamiz para hallar las formas de producción de verdad, identificando en cada enunciado las capas arqueológicas de la Economía (Dvoskin, 2017), como quien raspa una pared mil veces pintada, clasificando las grandes líneas que van constituyendo las prácticas de verdad (Foucault, 2015).

En la historia de los escritos económicos occidentales es común encontrar el uso de metáforas para explicar ideas nuevas, desde Mandeville con la fábula de las abejas a Friedman con el helicóptero que suelta dólares en la calle. Se trata de ideas que buscan cierta fuerza en el recurso literario y retórico. Analizamos una faceta complementaria a la de la divulgación, la de la “batalla de ideas” que han sabido librar los marginalistas conscientemente en el siglo XX (Laval y Dardot, 2013). Sin embargo, a medida que la economía se fue instalando como ciencia y el capitalismo consolidando como proyecto social y forma cultural, los escritos se volvieron cada vez más pragmáticos y técnicos, aunque cada nueva idea necesitó utilizar la afectividad que da el recurso literario. A medida que nos aproximamos a nuestro tiempo en la historia encontramos que cada nuevo concepto necesitó menos explicaciones para ser entendido ya que partía de un piso cultural y teórico ya abonado. Eso explica la fácil recepción de la burda metáfora de Friedman sobre el “dinero exógeno”: los bancos centrales emiten dinero por mecanismos que funcionan idénticamente a un helicóptero que lo arroja desde el aire. Así, los últimos teóricos que buscan producir verdades en un marco institucional que responde a la hegemonía de su verdad, que a su vez se engarza sobre un piso cultural común, introducen sus innovaciones profundizando matices y especificidades. Esto no ocurre naturalmente, existe una tarea activa en la construcción cultural de sentidos comunes ortodoxos (Aronskind, 2008).

¿A qué fines se remite el uso de imágenes literarias? En buscar afectar al lector, hacerle a través de ellas experienciar el mundo de otro modo. La lectura es una experiencia del mundo. Nos atraviesa porque nos remite al mundo. Experienciar el mundo solo se puede hacer desde la construcción de conceptos con los cuales se comprende y experimenta el mismo. La obra de arte y la literatura, como los conceptos, son “un bloque de sensaciones, un compuesto de perceptos y afectos” (Guattari y Deleuze, 1993). No nos preguntamos si la economía es literatura, como se pregunta McCloskey (Escobar, 2007), sino cómo el uso de retórica, metáforas y otras figuras literarias le permitió calar en las subjetividades lectoras y producirse como ciencia moderna. Devenir ciencia fue un proceso que se consiguió también con otros movimientos de proximidad, por ejemplo, con la filosofía vía creación de conceptos como mercado, producción, etcétera, y el uso de formas lógicas de argumentación. Esto es captado por Keynes, quien definía a la ciencia económica como una ciencia lógica (Roncaglia, 2006). Como una primera conclusión, encontramos que la mayor o menor proximidad relativa del discurso económico a recursos literarios o filosóficos varían según el momento de la disciplina, o de cada corriente, en relación con su posición relativa respecto de la producción de Verdad.

El Homo economicus nació con la Economía Política como una argucia conceptual, ya que refería a “un ser abstracto y esquemático […] que actuaba movido exclusivamente por el interés personal, […] un ser imaginario que no sentía el influjo de otras facetas de su personalidad” (Heller, 1965: 112). Interesa aquí indagar cómo esta argucia, que puede rastrearse desde Smith en un marco teórico con clases sociales, se transformó en engranaje central del marginalismo con su individualismo metodológico, para finalmente tomar forma de dispositivo productor de subjetividades de las poblaciones desde los 1970s. El Homo economicus como dispositivo neoliberal implica una forma de gubernamentalidad a partir de 1970 por una serie de técnicas ejercidas sobre los otros y sobre sí que tiene como característica principal la generalización de la competencia como norma de conducta y de la empresa como modelo de subjetivación (gestionar el actuar personal según lógicas de ganancia/pérdida, productividad, etcétera). Esto se conoce como ser empresario de sí (Laval y Dardot, 2013; Pegues, 2019).

Esta reversibilidad táctica de los discursos, en la que un concepto pasa de argucia conceptual a práctica biopolítica, que se produce con el devenir histórico del capitalismo, bajo ciertas condiciones sociales, es un índice de una forma cultural que se sigue expandiendo.

En el Homo Economicus se opera una reversibilidad táctica conceptual en una historia en tres momentos, que también es un transitar por diferentes planos sociales y vitales a la vez:

I) una invención operativa y expositiva en el cuerpo del texto;

II) una transformación teórica que reformula las formas-de-vida (Tiqqun, 2013): hay un desplazamiento del concepto al cuerpo de los economistas marginalistas[1], una corporeización de la idea en tanto implica una forma de vivirla[2];

III) un desplazamiento al cuerpo social por vía de las políticas gubernamentales aplicadas desde los años ‘70 con la masificación desde el Estado de esa forma-de-vida[3].

Estos tres momentos tienen tres nombres propios: argucia teórica con Adam Smith (Heller, 1965), corporeización como forma-de-vida con Misses (Laval y Dardot, 2013) y masificación en los ‘70 por influencia de la Sociedad Mont Pelerin (protagonizada por Hayek y Friedman) sobre los Estados (Laval y Dardot, 2013).

Este nuevo momento histórico y esta gubernamentalidad explican el abandono de la riqueza literaria o filosófica de los discursos económicos marginalistas: aquellos conceptos que lograron ser instalados en el cuerpo social no necesitan una profusa proximidad con la literatura o la filosofía para devenir formas-de-vida porque los afectos y perceptos que los hacen aprehensibles ya forman parte del cuerpo social. Al contrario, todo discurso crítico al marginalismo, todo marco teórico no afín a las formas culturales hegemónicas, se despliega siempre disputando y politizando esas formas hegemónicas con giros lingüísticos, literarios o lógicos a los fines de construir nuevos afectos y perceptos. Por ejemplo, “De un proceso de exclusión silenciosa en la década de los noventa […], se pasa en la […] del 2000 a un proceso de exclusión por coacción explícita y […] apropiación unilateral de los territorios” (Costantino, 2015: 148). Todo ese escrito es una construcción pausada de una serie de afecciones que se resumen en una elipsis interpretativa de un proceso social, elipsis con la que se está o no de acuerdo en base a las posibilidades subjetivas de experienciar el conjunto de perceptos y afectos a los que nos abre el texto. Los tropos literarios son resúmenes de nuestras experiencias y constituyen la superficie sobre la que pensamos. El posicionamiento ante el texto remite siempre a una sensibilidad alojada en nuestro cuerpo según los afectos y perceptos que hicieron huella en nuestra experiencia del mundo y que construyen nuestras singulares formas-de-vida.

Es en el bajo fondo de las afecciones sensibles donde se disputa la producción de verdad. Así interpretamos la cita de Thatcher. Conviene interrogar los dispositivos que articulan la separación de subjetividad y economía.

Las subjetividades: la cohesión

En este momento histórico específico, la realización de ganancias se logra construyendo subjetividades consumistas. Nunca fue más claro, dice Sztulwark (2019), que el capitalismo se ocupa del campo del deseo, de construirlo para poder realizar sus mercancías. El neoliberalismo despliega sus dispositivos a través del mercado gestando así un modo de habitar la sociedad. Sobre el piso del fetichismo de la mercancía, que esconde el proceso de producción y, por lo tanto, cierta forma del lazo social, se montan una serie de dispositivos que construyen y configuran deseos con el objetivo último de vender mercancías. El neoliberalismo hace hacer en el mercado a partir de su potencia micropolítica. Esta implica, a su vez, una macropolítica. Se condicionan de un modo estructural los mecanismos por los cuales las regulaciones económicas tienen sus efectos y los proyectos políticos pueden pensar lo económico[4]. No hay estructura y superestructura sino imbricación recíproca de ambas esferas, solo separables a los fines analíticos.

Las prácticas de consumo configuran subjetividades que pueden chocar con prácticas políticas definidas a partir de lo colectivo, estableciendo modalidades de estar-en-el-mundo autonomizadas de los procesos sociales que, operando como un elemento transclasista, solo puedan sentir conveniente un discurso liberal.

Intentamos incorporar el estudio de estos dispositivos de generación de individualidades a la Economía para que puedan pensarse, politizarse e intervenirse. Son elementos indispensables con efectos duraderos y profundos sobre lo social.

Las subjetividades: la coerción

En el capitalismo existió desde sus inicios una drástica transformación del individuo y la regulación de las poblaciones para adaptarla a los movimientos del capital (Escobar, 2007). Se necesitó para esto de instituciones de encierro para el disciplinamiento y la normalización social (Foucault, 2014). Rozitchner (1985) trabajó el Terror como forma de moldear subjetividades, centrándose en los efectos constitutivos de la subjetividad a partir de la dictadura argentina de 1976-83 y cómo estos se reprodujeron en la historia posterior. Desde 1976, la historia argentina se desarrolla con la sombra presente del Terror. Añaden, desde otro marco teórico, Giavedoni y Ginga (4 de agosto de 2017) que existe una consustancialidad entre neoliberalismo y violencia como un modo de gobierno.

El triunfo electoral de Cambiemos en la Argentina de 2015 se debió no a sus propuestas macroeconómicas sino a su discurso neoliberal que sintonizó con parte de la población en lo que Gago (2014) denomina micropolítico: a nivel de los deseos y las formas de estar-en-el-mundo.

El Homo economicus, que florece en el neoliberalismo, puede hacerlo porque previamente el terreno fue arado y abonado por el Terror y la violencia del Estado, destruyendo así las garantías básicas de la población y los lazos comunitarios, forzando la reclusión: donde crece la opción en el individualismo.

Comentarios finales

Este trabajo pretendió explorar al interior de la tradición de la Economía Política utilizando como punto de partida la pregunta de qué dispositivos de producción de verdad existen al interior de la disciplina y cuáles de producción de subjetividad. Se eligieron dos líneas de trabajo. La primera fue la de explorar las herramientas discursivas dentro de la tradición económica, que actualmente se pretende técnica, mostrando a partir de algunos pocos ejemplos que en su genealogía encontramos siempre innovaciones conceptuales ligadas a giros literarios que buscan marcar al lector por el afecto que todo concepto porta para establecerse como verdadero. En ello también destacamos la dialéctica entre el cuerpo del texto y el cuerpo social, y los problemas sobre lo común que implica toda invención conceptual o su reversibilidad táctica. La segunda línea de trabajo fue exponer algunos dispositivos de producción de subjetividad a partir de lo performativo del mercado de productos de consumo masivo sobre un suelo históricamente disciplinado por el Terror, por lo menos en Argentina. Un proceso de individuación y ruptura del lazo social que en un primer momento fue por la violencia y un segundo momento por la seducción de un consumo que recrea subjetividades previamente individualizadas. No es que en ambos momentos no existan elementos de coerción y de cohesión, sino que en cada ocasión uno adquiere mayor peso que el otro.

Se intentó vincular la importancia que ambos factores tienen para la producción de teoría económica como para poder articular políticas económicas en contextos sociales e históricos específicos. La individuación que produce el mercado, después de décadas de violencia estatal, se condice mejor, a la hora de remitir dichas subjetividades a una elección política, con quienes porten discursos y prácticas neoliberales. Allí se percibe con claridad el problema que señalaba Foucault (2012): liberalizar es una forma de gobernar las voluntades disputándolas en el mercado.

Finalmente, recordamos la renovación teórica de los propios liberales a lo largo del siglo XX, considerando la diversidad de variedades de capitalismos y las posibles variantes teóricas en el marco de un mismo enfoque. De este modo, han mostrado gran capacidad para ampliar sus propias formas de producir Verdad. Una verdadera política de la Verdad. Tomando ese gesto, vemos necesario afirmar la necesidad de “pasar a una filosofía política de la economía consciente” donde las políticas de la verdad, los procesos de subjetivación y de gubernamentalidad sean objeto de investigación.

Referencias bibliográficas

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Notas

[1] No el cuerpo biológico con sus órganos, ni el cuerpo como medio. El cuerpo (social, biológico o económico) como resultante de la correlación de fuerzas desiguales en pugna siempre heterogéneas y en lucha entre sí.
[2] Si la sensibilidad que construyen los perceptos y afectos son el bajo fondo de la superficie que se resume en ideas o tropos, acá se continúa la secuencia: se cree en el concepto, se empieza a ver con él el mundo y desarrollar prácticas no preexistentes según esa comprensión (articuladas a su vez con el complejo de prácticas sociales, políticas e históricas).
[3] Con las políticas económicas, pero también con la violencia estatal y terrorismo de Estado, produciéndose por la ruptura del lazo social (que permitió reconfigurarlo).
[4] Por ejemplo, la posibilidad de establecer un control de cambios sin chocar con el deseo de las capas medias por el dólar.
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