Lecturas Criticas

Trabajo y Valor en el Capitalismo Contemporáneo. Reflexiones sobre la valorización del conocimiento

Facundo Lastra
IEALC-UBA, Argentina

Trabajo y Valor en el Capitalismo Contemporáneo. Reflexiones sobre la valorización del conocimiento

Cuadernos de Economía Crítica, vol. 7, núm. 13, pp. 203-208, 2021

Sociedad de Economía Crítica

Míguez Pablo. Trabajo y Valor en el Capitalismo Contemporáneo. Reflexiones sobre la valorización del conocimiento. 2020. Los Polvorines. Universidad Nacional General Sarmiento. 316pp.. 978-987-630-484-9

Recepción: 28 Octubre 2020

Aprobación: 04 Diciembre 2020

Una mirada superficial sobre los cambios contemporáneos en el mundo del trabajo nos lleva a encontrar un gran número de novedades que no pueden escapar al análisis del capitalismo actual. La mayor automatización del trabajo industrial, la utilización de plataformas digitales para la organización del trabajo, la informatización de la producción y el consumo, o la creciente importancia de nuevos modelos de negocio basados en la información y los datos son solo algunas de estas novedades. El factor común que amalgama a todas ellas es que se trata de cambios que, si bien tienen su origen en desarrollos científicos y tecnológicos, han afectado a todas las esferas de la sociedad, incluyendo no solo a la producción y el trabajo, sino también al consumo, la comunicación y la forma en que establecemos nuestros vínculos sociales, afectivos y laborales.

El libro de Pablo Míguez, Trabajo y Valor en el Capitalismo Contemporáneo, es un necesario esfuerzo para analizar estas novedades, basando su análisis principal, aunque no exclusivamente, en las tesis del capitalismo cognitivo. El desafío que se encuentra presente a lo largo de todo el texto es el de desentrañar las mutaciones que tuvieron el proceso de valorización y el proceso de trabajo, en su relación con los cambios que sufrió el trabajo abstracto como mediación social. El autor encara este desafío a partir de una actualización de la teoría del valor-trabajo de Marx que posibilite entender las rupturas y continuidades del pasaje, aún en desarrollo, desde el capitalismo industrial hacia el capitalismo cognitivo. El texto se estructura en seis capítulos y un epílogo, que se proponen analizar estas cuestiones desde un análisis teórico e histórico.

La crítica del trabajo abstracto en el capitalismo industrial

El primer capítulo comienza con un recorrido por la obra de Marx, que abarca desde las primeras caracterizaciones sobre el trabajo alienado en los Manuscritos de 1844 hasta la relación del trabajo con la forma del valor, el dinero, el capital y la reproducción social en su obra más madura. En este camino, Míguez resalta la ‘definición reduccionista’ que presenta Marx sobre el trabajo complejo en la Contribución a la crítica de la economía política, cuando plantea que el trabajo complejo puede considerarse como un múltiplo del trabajo simple. Otro aspecto crucial es cómo aparece en Marx la relación entre el proceso de trabajo y la ciencia. A mediados del siglo XIX, sostiene Míguez, el desarrollo de las máquinas emanaba más bien de los avances técnicos surgidos al calor de la división del trabajo, y no de la investigación científica comandada por el capital. Ello se expresa en la relación ‘exógena’ que la ciencia tiene con respecto a la producción y el trabajo en Marx, quien presenta a la ciencia como un producto social (el deonominado general intellect), pero sin un vínculo claro con el proceso de trabajo.

En el segundo capítulo del libro, Míguez presenta una genealogía de distintos aportes para entender la relación entre el trabajo abstracto y las lógicas de la valorización del capital. En esta genealogía se destacan la visión de Isaak Rubin sobre la determinación cuantitativa del trabajo abstracto, muy en línea con la caracterización del trabajo complejo planteada por Marx, y la separación que establece Shön Rethel entre ciencia e industria. La revisión de Moishe Postone le permite a Míguez enfatizar el carácter de mediación social del trabajo abstracto y la determinación histórica de la mensurabilidad del valor en unidades de tiempo simple. Separándose de la idea de Postone sobre el capital como sujeto que totaliza el metabolismo social, el libro continúa retomando la propuesta planteada por el obrerismo italiano de ir más allá de Marx, a partir de una revalorización de los Grundrisse.

El capítulo 3 presenta un pormenorizado balance de distintos estudios de la sociología del trabajo dedicados a explicar las transformaciones de los procesos laborales a lo largo de todo el siglo XX. La revolución científico-técnica que comenzó en la década del sesenta es fundamental para entender la revolución de la microelectrónica y de la informática que tuvieron lugar en las décadas subsiguientes. En el campo académico, la creciente automatización de la producción industrial de esa época incluso obnubiló a grandes pensadores como Alain Touraine, Pierre Naville y Radovan Richta, quienes llegaron a intuir que la creciente automatización podría llevar a la superación de la parcelación del trabajo. La revisión presentada en el libro nos recuerda que los estudios más fértiles sobre la automatización fueron aquellos que pudieron enmarcar las innovaciones productivas específicas en los cambios más generales de la valorización del capital.

Míguez argumenta que Harry Braverman es un ejemplo de este tipo de estudios y que su investigación sobre el taylorismo rescató la relación entre ciencia y trabajo del olvido en que había caído dentro del pensamiento marxista de su época (con la notable excepción del obrerismo italiano). El libro también analiza los aportes de Benjamin Coriat y Michel Freyssenet, quienes matizaron la descripción bravermaniana, pero recuperaron la intuición de unir el estudio del proceso de trabajo con el análisis del proceso de valorización. Estos autores demostraron que los métodos tayloristas convivían con otras tendencias más complejas, como la tendencia hacia la polarización de las calificaciones, y señalaron la convivencia del Taylorismo con otras vías de aumentar la productividad.

Hacia una crítica del capitalismo cognitivo

El resto del libro está dedicado a estudiar la nueva fase cognitiva del capitalismo, que terminó de despegar con la difusión de las computadoras personales en los años ochenta y la expansión de internet en los noventa. En esta etapa existe un quiebre en torno al rol que juega el trabajo intelectual y, para entender esto, se vuelve necesario analizar la relación entre los cambios tecnológicos y el proceso de trabajo. Siguiendo este camino, el cuarto capítulo comienza estudiando la ruptura que significó la posibilidad de digitalizar la información.

El autor analiza pormenorizadamente la secuencia histórica de la revolución de las tecnologías de información, recuperando diversos pensadores/as contemporáneos/as, sin por ello dejar de remarcar los límites de algunos de estos enfoques. Míguez retoma los aportes de Marcos Dantas sobre las especificidades del trabajo informacional, pero critica la negación del trabajo fisiológico-inmediato presente en la obra de este autor. Con la misma tónica, reseña los aportes de Castells sobre la revolución de las tecnologías en información, pero pone reparos en su visión excesivamente optimista sobre el potencial de los trabajos intelectuales, que parecerían estar libres de la dimensión opresiva de la explotación del trabajo – dimensión resaltada en cambio por los teóricos del capitalismo cognitivo.

El capítulo 5 comienza analizando las ideas de Negri sobre el estallido de la ley del valor, que se habría operado con la emergencia del general intellect como piedra angular de la acumulación de capital. Según esta visión, dado que ahora la acumulación se basa en la apropiación de saberes surgidos de la cooperación social, el trabajo complejo ya no puede ser entendido como un mero múltiplo del trabajo simple. Por lo tanto, la ley del valor-trabajo habría estallado, dando lugar a nuevas formas de explotación y opresión distintas a las del capitalismo industrial. Con el análisis de los aportes de Maurizio Lazzarato y Paolo Virno, Míguez analiza las características de los trabajos y mercancías inmateriales, estableciendo el marco general para abordar las tesis del capitalismo cognitivo, que son el principal objeto de análisis del sexto capítulo.

Allí el autor resalta cómo el pasaje del obrero de masa fordista al obrero social posfordista puso a la capacidad cognitiva de la fuerza de trabajo como el principal recurso productivo, tal como insiste “Bifo”Berardi. La obra de Carlo Vercellone, quien además prologa el libro, resulta ineludible en esta genealogía del pensamiento posobrerista. Vercellone describe cómo el capital debe lograr la implicación y movilización de saberes en la época actual, ya que su valorización depende de la absorción de valores generados por medio relaciones intersubjetivas, con una lógica muy distinta a las relaciones de cooperación entre trabajadores que predominaron hasta fines del siglo XX.

El epílogo, por último, aborda la problemática del futuro del trabajo en el contexto de la proliferación de las plataformas y del trabajo digital. Allí el autor reflexiona sobre varios conceptos que son cruciales para pensar hacia dónde va el mundo del trabajo, revisando las contribuciones más importantes sobre el trabajo libre (free labour) y el trabajo digital (digital labour). Míguez argumenta que algunas de estas contribuciones son compatibles con las tesis del capitalismo cognitivo, ya que demuestran que nuevas actividades vitales se vuelven apropiables por el capital, en el marco de una sociedad cada vez más informatizada.

Debates urgentes para entender el trabajo en el capitalismo contemporáneo

La propuesta de Míguez habilita a pensar varias incógnitas que están aún abiertas en la teoría del capitalismo cognitivo y que, a nuestro entender, solo pueden resolverse revisando críticamente algunos de los postulados fundamentales de esta vertiente del pensamiento marxista. En primer lugar, resulta muy interesante que el autor destaque la relación íntima que existe entre el proceso de valorización del capital y los cambios en el proceso de trabajo. Esta relación, aunque aparece como evidente para la economía crítica, es ignorada por muchas vertientes de los estudios del trabajo, que analizan el ámbito laboral sin hacer referencia a las lógicas de la acumulación de capital. Míguez sostiene que, si bien esta relación sigue vigente en la actualidad, la nueva etapa de valorización del conocimiento rompió con la intimidad que existía entre el proceso de trabajo y la valorización del capital. En la fase del capitalismo cognitivo, la valorización contiene, pero ahora también excede, al proceso de trabajo.

Ahora bien, creemos que las tesis del capitalismo cognitivo y el estudio presentado en Trabajo y Valor en el Capitalismo Contemporáneo plantean este problema de forma acertada, pero no alcanzan para describir completamente la forma en que se efectiviza la apropiación del valor generado por el saber social. Aunque el trabajo en el capitalismo contemporáneo se ha vuelto crecientemente intersubjetivo, la valorización del capital sigue teniendo como principal medio el pago de salarios por debajo del valor que genera la fuerza de trabajo durante su jornada laboral.

Las tesis del capitalismo cognitivo sostienen, en cambio, que la valorización del capital en la época actual se basa crecientemente en la apropiación de rentas, cuyo origen no se encuentra completamente explicado por la fuerza de trabajo explotada. Esta lectura pierde de vista que la mayor gravitación de las rentas y regulaciones de propiedad intelectual del capitalismo actual son las nuevas formas de captura del valor generado en los procesos de trabajo cognitivo, y no son formas “artificiales” de convertir los bienes inmateriales en mercancías con valor de cambio (Starosta, 2012).

Otra pregunta que queda sin responder en el libro es cómo la mayor centralidad del trabajo inmaterial y la valorización de conocimientos afecta de manera desigual a los distintos estratos de la clase trabajadora. Aunque se insista en que el trabajo cognitivo no puede reducirse a unidades de trabajo simple, el capital realiza constantemente esa reducción al determinar que ciertas porciones de la clase trabajadora se reproduzcan con las capacidades para realizar el trabajo intelectual, mientras que otra parte de la población se ve impedida de desarrollar los atributos cognitivos necesarios para manejar programas informáticos complejos, lenguajes de programación, o incluso alcanzar aptitudes lingüísticas y comunicativas mínimas para cooperar en el marco de grandes empresas u organizaciones (Lastra, 2018).

Claro está que la dimensión cognitiva aparece en todo tipo de trabajos, desde el/la chofer de autos que utiliza una plataforma digital para realizar viajes, hasta el/la analista de datos que concentra saberes de matemática y programación. Es en este punto donde las tesis del capitalismo cognitivo hacen su principal aporte, al reconocer la centralidad de la dimensión cognitiva para analizar la actualidad. Sin embargo, los distintos tipos de fuerza de trabajo poseen aptitudes diferentes y valores distintos, fácilmente verificables en las cada vez más diferenciadas condiciones de reproducción de la población y en la heterogeneidad de sus atributos productivos. Para entender estas transformaciones es necesario tener en cuenta que la clase trabajadora en el capitalismo actual ha acentuado su diferenciación interna, entre una porción que desarrolla una subjetividad productiva expandida y otra porción con atributos productivos degradados (Iñigo Carrera, 2008). El estudio de la valorización del conocimiento debería articularse con una explicación de la diferenciación de la fuerza de trabajo, para evitar otorgarle a la difusión del trabajo cognitivo e inmaterial un grado de generalidad que no lo tiene.

El libro que reseñamos es un importante aporte para ordenar estos y otros debates surgidos al calor de las transformaciones del capitalismo contemporáneo. Además, el texto tiene la virtud de analizar estas complejas discusiones con una gran rigurosidad, pero de una forma muy accesible al público en general. Míguez presenta de forma muy pedagógica un análisis desde los cimientos del pensamiento de Marx, pasando por debates clásicos de la sociología del trabajo, y llegando a las discusiones actuales sobre el capitalismo cognitivo sin que el/la lector/a se pierda en este sinuoso recorrido. Por ello, Trabajo y Valor en el Capitalismo Contemporáneo seguro se convertirá en una referencia obligada tanto para estudiantes que recién se interesan por la temática, como también para investigadores/as que ya estén familiarizados/as con el estudio de la valorización del conocimiento.

Referencias bibliográficas

Iñigo Carrera, J. (2008). El capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia. Buenos Aires: Imago Mundi.

Lastra, F. (2018). Entre la descalificación, el trabajo inmaterial y la intelectualización: ¿hacia dónde va la clase trabajadora? Trabajo y Sociedad, (31), 223-241.

Starosta, G. (2012). Cognitive commodities and the value-form. Science & Society, 76(3), 365-392.

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