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El órgano de la Basílica de Chiquinquirá: 125 años. Pesquisas que reconstruyen su historia

The Organ of the Basilica of Chiquinquirá: 125 years. Investigations that Reconstruct its History

Les 125 ans de l’orgue de la Basilique de Chiquinquirá. Une enquête historique

Julio César Peña Aponte
Universidad Central., Colombia

El órgano de la Basílica de Chiquinquirá: 125 años. Pesquisas que reconstruyen su historia

Análisis. Revista Colombiana de Humanidades, vol. 52, núm. 97, pp. 287-306, 2020

Universidad Santo Tomás

Recepción: 04 Marzo 2020

Aprobación: 28 Abril 2020

Resumen: En este artículo se hace una importante contribución a la labor de reconstruir la historia de uno de los más grandes órganos tubulares traídos al país en el siglo xix: el órgano de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. A partir de fuentes bibliográficas, hemerográficas, documentales y testimoniales, se presentan datos acerca de la casa Amezua, así como información sobre el papel que jugaron figuras como el presbítero Lorenzo de Elcoro y don Juan Suárez Elcoro. A partir de trabajos de investigación sobre la organería española de la época, al igual que publicaciones seriadas de finales del siglo xix y textos sobre la historia de la Virgen de Chiquinquirá y la de su Santuario, en el artículo se confirma la existencia de cuatro de estos órganos en Colombia y se presentan fotografías inéditas, una de las cuales podría constituirse como el registro visual más antiguo que exista del órgano de la Catedral de Bogotá (1891) y de su primer intérprete. Finalmente, en este documento se alude al primer maestro de capilla de la Basílica de Chiquinquirá y a algunos músicos que lo sucedieron en este oficio; se recalca la importancia que tienen las primeras composiciones musicales escritas en honor a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá; y, además, se exhorta a la recuperación de este archivo histórico musical.

Palabras clave: Virgen de Chiquinquirá, órganos tubulares, Aquilino Amezua, Basílica de Chiquinquirá, órgano de Chiquinquirá, frailes dominicos.

Abstract: This article contributes to reconstructing the history of one of the largest pipe organs brought to the country in the xix century: the organ of the Basilica of Our Lady of the Rosary of Chiquinquirá. Based on bibliographic, newspaper, documentary, and testimonial sources, it presents data about the Amezua house, as well as information about the role played by people such as the presbyter Lorenzo de Elcoro and don Juan Suárez Elcoro. It is mainly based on research works on Spanish organ building at the time, as well as on serial publications from the end of the xix century and texts on the history of the Virgin of Chiquinquirá and her Sanctuary. The article confirms the existence of four of these organs in Colombia. It also presents unpublished photographs, one of which could be the oldest visual record that exists of the organ in the Bogotá Cathedral (1891) and its first performer. Finally, it also alludes to the first chapel master of the Basilica of Chiquinquirá and to some musicians who succeeded him in this profession; at the same time, it emphasizes the importance of the first musical compositions written in honor of the Virgin of the Rosary of Chiquinquirá and encourages the retrieval of this historical musical archive.

Keywords: Virgin of Chiquinquirá, pipe organs, Aquilino Amezua, Basilica of Chiquinquirá, Chiquinquirá organ, Dominican friars.

Résumé: Cet article constitue un apport d’importance à la reconstruction de l’histoire d’un des plus grands orgues tubulaires ayant été ramenés en Colombie au xixe siècle : celui de la Basilique de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. À partir de sources bibliographiques, hémérographiques, documentaires et testimoniales, on se rapproche de l’histoire de la maison d’Amezua, ainsi qu’aux donnés concernant quelques personnages clés tels que le presbytre Lorenzo de Elcoro et don Juan Suárez Elcoro. Suivant quelques travaux sur les orgues espagnols de l’époque, des publications sériées de la fin du xixe siècle et des textes sur l’histoire de la Virgen de Chiquinquirá et de son Sanctuaire, cet article arrive à confirmer la présence de quatre de ces orgues en Colombie et apporte quelques photos inédites, parmi lesquelles une image qui pourrait considérée comme le registre visuel le plus ancien de l’orgue de la Cathédral de Bogotá (1891) et de son premier interprète. Finalement, cette recherche revient sur le premier maître de chapelle de la Basilique de Chiquinquirá et sur quelquesuns de ses successeurs, ainsi que sur l’importance des premières compositions écrites à l’honneur de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá tout en plaidant pour la récupération de cet archive musical.

Mots clés: Virgen de Chiquinquirá, orgues tubulaires, Aquilino Amezua, Basilique de Chiquinquirá, orgue de Chiquinquirá, frères dominicains.

Introducción


Aunque tiene ya más de cien años, hoy en día pocas personas conocen algún dato sobre la historia o funcionamiento del órgano tubular de la Basílica de Chiquinquirá, ese majestuoso instrumento que solemniza las celebraciones del Santuario Mariano, e incluso menos han tenido el gusto de observarlo de cerca o de atreverse a interpretar una melodía en alguno de sus teclados; descuido que resulta comprensible si se tiene en cuenta el cuidado y la custodia que requiere el instrumento tanto por parte de la comunidad de frailes dominicos como de sus intérpretes de oficio litúrgico, mas no tanto desde el interés que debería despertar en investigadores, historiadores, religiosos o músicos cercanos al emblemático instrumento.

Con el presente artículo se quiso señalar algunos datos que, hasta hoy, pueden haber sido olvidados o que sencillamente son desconocidos sobre el órgano de la Basílica de Chiquinquirá. Son producto de un ejercicio de búsqueda documental específica acerca de personas y sucesos que tuvieron relación con este instrumento durante los últimos años del siglo xix y las primeras décadas del siglo xx.

En primer lugar, hay que reconocer que no son numerosos los textos o artículos de consulta pública que ofrezcan pistas o información precisa sobre este órgano en particular, pues ni siquiera los textos más relevantes de tipo musicológico sobre la historia de la música en Colombia hacen mayor mención a los procesos de construcción, adquisición e interpretación de los órganos tubulares de iglesias y catedrales del país.

De este modo, resulta necesario remitirse a fuentes bibliográficas sobre la organería española, en donde, entre otros textos de referencia, uno de los trabajos más destacados es el realizado por el doctor Esteban Elizondo Iriarte, La Organería Romántica en el País Vasco y Navarra entre 1856 y 1940 (2002), en el que describe aspectos esenciales de la casa fabricante Amezua y presenta algunos datos sobre los órganos enviados a Colombia a finales del siglo xix. De igual forma, sobresale una detallada indagación histórica sobre Aquilino Amezua y sus aportes a la organería española realizada por el maestro español J. del Campo Olaso y publicada no solo en varios artículos de investigación, sino en páginas y blogs especializados sobre la vida y obra del famoso organero.

Igualmente, resulta de la misma importancia el aporte del trabajo Órganos de la Catedral Primada de Bogotá, de Camilo Andrés Moreno Bogoya (2015), en el que se realiza una descripción detallada de los diferentes órganos de los que ha sido provista la Catedral de Bogotá desde finales del siglo xvii hasta nuestros días, a partir de información documental oficial del Archivo de la Catedral, y con énfasis especial en el órgano Amezua instalado hacia 1891 y sus procesos de reubicación y reconstrucción en tiempos modernos. En este contexto, aparece el nombre del presbítero Lorenzo de Elcoro, cuyo papel sería fundamental tanto para la adquisición del órgano Amezua que se encuentra en la Basílica de Chiquinquirá como en la creación de las primeras composiciones corales en honor a Nuestra Señora del Rosario.

Por otro lado, el resultado del trabajo investigativo del señor Moreno Bogoya le permitió participar como coautor del capítulo “Los órganos Amezua en Colombia”, que hace parte de una de las publicaciones más recientes del maestro Elizondo Iriarte en España: La música para órgano en el País Vasco y Navarra desde 1880 hasta 1980 (2014). En este capítulo, el autor alude, además del órgano de la Catedral de Bogotá, a otros instrumentos de la Casa Amezua, como el órgano de la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá y el de la Iglesia de San Ignacio en Bogotá.

No menos importantes para esta indagación documental son los textos y libros escritos por algunos historiadores de la Orden de Predicadores, entre quienes destacan Fray Vicente María Cornejo y Fray Andrés Mesanza. Algunas de sus obras de narración histórica de la Orden y de la Virgen del Rosario aluden someramente al órgano tubular, a su adquisición, a su llegada a Chiquinquirá, a su papel en los rituales religiosos y a algunos de sus intérpretes o maestros de capilla. Estas son Historia de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá (1919), Apuntes y documentos sobre la Orden Dominicana de 1680 a 1930 (1936), y Nuestra Señora de Chiquinquirá, Monografía Histórica de esta Villa (1913).

Adicional a esto, otros textos de orden histórico que forman parte de los referentes en este trabajo son La Coronación de la Virgen de Chiquinquirá, del académico e historiador chiquinquireño Víctor Raúl Rojas Peña (2000), y algunas de sus fuentes, entre ellas los periódicos La Rosa del Cielo (1899) y El Escolar de Occidente (1897), publicaciones seriadas escritas en Chiquinquirá a finales del siglo xix.

Finalmente, merece igual mención el acceso a fuentes testimoniales que aportaron información valiosa a este trabajo, como es el caso del doctor Hernando Roa Suárez, nieto del maestro Juan Suárez Elcoro, primer maestro de capilla y organista de la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá. A través de su relato sobre la vida y obra de su abuelo Juan y de su tío bisabuelo Lorenzo de Elcoro, el doctor Roa Suárez ilustra los acontecimientos que enmarcaron su arribo a Colombia y su relación con la llegada del órgano de la Catedral de Bogotá. Los datos suministrados por Roa Suárez han sido fuente de inspiración para la indagación que sustenta el presente artículo.

Su origen: la Casa Amezua

El órgano de la Basílica de Chiquinquirá fue construido en el año 1894 en Barcelona (España) por el reconocido organero Aquilino Amezua, miembro de la dinastía de organería española más importante de la época.


El reconocimiento de esta casa de organería se constituye como común denominador entre los diversos autores y trabajos investigativos acerca de este oficio en España. De hecho, a partir de los aportes historiográficos de autores como J. del Campo Olaso (2000) y Elizondo Iriarte (2002), y según los datos biográficos de otros especialistas sobre el famoso organero español, es posible confirmar que el señor Amezua Jáuregui fue el constructor de órganos más importante de finales del siglo xix y principios del siglo xx en España.

Aquilino Amezua nació en 1849 en Aspeitia, provincia española de Guipúzcoa, en el seno de una familia con una tradición histórica en el arte de la organería que se remonta hasta el siglo xviii. Su abuelo, su padre, sus cuatro hermanos y él conformaban —hasta ese momento— toda una dinastía de organeros de la cual Aquilino fue el más destacado.

A la edad de 16 años Aquilino abandonó la empresa familiar y recorrió algunos países, como Francia, Inglaterra y Alemania, para conocer de cerca las corrientes y técnicas más modernas de la organería en Europa. Años más tarde, hacia 1880, Amezua se instaló definitivamente en España para trabajar con su padre y sus hermanos en el taller familiar de organería en Valencia, y luego inició una estadía itinerante que le permitió instalar talleres de organería en Barcelona, Cataluña y el País Vasco.


Según Elizondo Iriarte (2002), más de cuarenta órganos fueron construidos o reformados por Aquilino Amezua entre los años 1882 y 1912, entre los que destacan el órgano de la Exposición Universal de Barcelona en el Palacio de Bellas Artes, de 1888, catalogado como su obra maestra y —en su momento— el órgano eléctrico más grande del mundo; el órgano de la catedral de Santa Fé de Bogotá (hacia 1891); el órgano del Palau Güell de Barcelona (hacia 18901892); el órgano de la Catedral de Sevilla, de 1903; el órgano de la Santa Iglesia Catedral de Oviedo, de 1906; y el órgano de la Parroquia de San Martin de Zegama (Gipuzkoa), de 1911.

Asimismo, Palacios Sáez (2013), doctor en historia del arte, organista y académico español, resalta los aportes de Aquilino Amezua a la organería de Castilla y León de comienzos del siglo xx y señala algunas de las ciudades y provincias españolas más receptoras de sus órganos, a la vez que destaca el carácter romántico de sus instrumentos, sus diseños, características e innovaciones, que los hacen referentes del arte organario en España.

Incluso, Sergio Fuentes Milà (2013), investigador y docente del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, subraya el papel de Amezua, así como, específicamente, la relevancia del órgano de la Exposición Universal de Barcelona en el Palacio de Bellas Artes, por ser el primer órgano de transmisión eléctrica y de funcionalidad laica construido en España. De hecho, el autor enfatiza en la conexión estética y conceptual entre este instrumento y el suntuoso Palacio donde fue instalado, lo que lo lleva a diseccionar los vínculos y comprender la naturaleza del diálogo entre música y arquitectura:

[…] el órgano eléctrico creado para la Exposición Universal de 1888 es el resultado de la puesta en escena, no sólo del perfeccionamiento técnico de Aquilino Amezua asimilado a lo largo de su periplo europeo, sino también del espíritu patriótico, españolista, pero a la vez con carácter internacional, tan definitorio de la época. El instrumento supuso un hito para la historia musical del país, siendo el primer órgano laico creado ex professo para actos artísticos y ciudadanos. Técnicamente responde a las innovaciones eléctricas de finales del siglo xix y artísticamente a las formas arquitectónicas del eclecticismo de raíz francesa que imperó tanto en la Exposición barcelonesa como en toda España. (p. 91)

Acerca del órgano de la Basílica de Chiquinquirá, al igual que sobre otros órganos de la Casa Amezua enviados a Colombia, los citados autores españoles no ilustran mayores detalles más allá de mencionarlos como parte de la relación de órganos construidos y enviados al Continente. Tan solo acerca del órgano de la Catedral Primada de Bogotá, algunos autores como Elizondo Iriarte (2002), Campo y Moreno (2012) y Moreno (2015) presentan algunos datos sobre su construcción, instalación e inauguración en 1891, siendo el investigador colombiano Andrés Moreno Bogoya quien más ha aportado a la búsqueda y publicación de la historia del primer y más importante órgano traído a Colombia a finales del siglo xix.

Sin embargo, y por breves que sean sus citas, algunos de los documentos sobre la organería española que hacen referencia al órgano de la Basílica de Chiquinquirá cobran capital importancia en este proceso de investigación documental para indagar sobre la historia del instrumento. Por ejemplo, Elizondo Iriarte (2002) hace una mención del órgano de la Basílica de Chiquinquirá en una descripción sobre el trabajo de Aquilino Amezua:

Nadie puede negar que fue el organero español más importante de finales del siglo xix y comienzos del xx, construyendo órganos que fueron verdaderos hitos de la organería española de la época, como el de la Exposición Universal de Barcelona de 1888 o el de la catedral de Sevilla de 1903. Instaló docenas de órganos en iglesias y catedrales de toda España, así como en la catedral de Santa Fé de Bogotá y Chiquinquirá en Colombia, llegando incluso a colocar un órgano en la iglesia de los Agustinos de Tondo en Filipinas, en 1893. (2002, p. 321)

De la misma manera, Campo y Moreno (2012) hacen una importante alusión al órgano de la Basílica de Chiquinquirá, enmarcada en una revisión sobre el vínculo entre Amezua y Lope Alberdi, un organero que, según los autores, pudo haber participado en la construcción de varios de sus instrumentos:

[…] entre 1890 y 1897, Lope Alberdi mantuvo una posición destacada en los talleres Amezua de Barcelona. En esos años se construyeron y reformaron numerosos órganos importantes como, por ejemplo: el de la iglesia de Santo Domingo de Manila (1890), el de la catedral de Santa Fe de Bogotá (1891), Sagrado Corazón de Donostia-San Sebastián (1891), Sagrado Corazón de Barcelona (1892), San Sebastián de Soreasu de Azpeitia (1893), San Miguel de Vitoria (1893), Santa María de Uribarri de Durango (1894), Ntra. Sra. Del Rosario de Chiquinquirá, en Colombia (1894), San Vicente Mártir de Bilbao (1894), San Bartolomé de Elgoibar (1895), Abadía de Montserrat (1896), San Miguel de Oñate (1897), etc. […] La vinculación entre Amezua y Alberdi duró algo más, hasta que finalmente ambos organeros decidieron romper definitivamente sus relaciones hacia el otoño de 1897, coincidiendo poco más o menos con la inauguración del órgano de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Colombia. (p. 201)

Quizá la información que señala con mayor precisión algunos datos acerca del órgano de Chiquinquirá es la que nos presentan los investigadores españoles J. Sergio del Campo Olaso y Berta Moreno en su artículo El órgano de San Esteban de Bera: un modelo experimental de Aquilino Amezua (2012), resultado de una beca de investigación concedida por Ayuntamiento de Bera en 2009.

En dicho artículo se aborda la historia del órgano de la Parroquia de San Esteban de Bera, en España, se cuentan las circunstancias de su construcción por parte de Aquilino Amezua, se aportan datos inéditos de su biografía y se esclarece un poco más sobre las contribuciones de su socio Lope Alberdi. Citando a autores como Castaño Rueda (2005), Matute (1897) y el reverendo padre e historiador dominico Andrés Mesanza (1913), Campo y Moreno (2012) precisan lo siguiente, sobre el órgano de Chiquinquirá, en el resultado de su investigación:

Este órgano, fue construido en 1894, y presentado en los talleres de Aquilino Amezua de Barcelona el 26 de junio del mismo año, con una audición ofrecida por el maestro de capilla de la iglesia de Belén, Joaquín Portas —el mismo que tocó en la presentación del órgano de Bera—, acompañado de otros profesores de violín y piano. Sin embargo, el instrumento no llegó a Chiquinquirá hasta marzo de 1896, pues estuvo abandonado en la Costa Atlántica durante año y medio a causa de la guerra civil colombiana que tuvo lugar en 1895. Una vez instalado el órgano en su nuevo emplazamiento, fue inaugurado el 31 de octubre de 1897. […] La instalación de este fue llevada a cabo por el organero José Beobide, enviado expresamente por Amezua, lo cual motivó el retraso del montaje de otro instrumento que se preveía colocar también en Colombia durante aquel mismo año de 1897, en la capilla del convento del Desierto de la Candelaria regentada por los padres Agustinos Recoletos. Asimismo, sabemos que también entre 1896 y 1897, en los talleres de Aquilino Amezua de Barcelona, se construyó otro órgano destinado a la iglesia de San Ignacio de Bogotá. Pero para finales de 1897, como muy tarde, es muy probable que el organero vizcaíno Lope Alberdi hubiera decidido establecerse por su cuenta con el apoyo de algún otro socio, y separarse de su antiguo maestro. (p. 202)

De hecho, a través del contacto directo con Del Campo, reconocido profesional de la organería en España, donde ejerce como restaurador, constructor de instrumentos nuevos e investigador de la historia y conservación del arte, fue posible acceder a información que le brindaron algunas de sus fuentes para la investigación anteriormente citada. Entre estas fuentes, merece especial atención la nota publicada por el periódico español La Vanguardia el 27 de junio de 1894, luego de haberse llevado a cabo el concierto de estreno del que sería el nuevo órgano tubular construido por el señor Amezua y destinado a los padres dominicos de Chiquinquirá.


En cuanto a la afirmación de Campo y Moreno (2012) según la cual un órgano de la casa Amezua fue enviado al convento del Desierto de la Candelaria por la misma época en que se instaló el órgano de Chiquinquirá, fue menester dentro de la presente indagación tratar de despejar las dudas sobre la veracidad de esta información.

Cabe recordar que Moreno (2015), en sus investigaciones sobre los órganos Amezua en Colombia, ratifica la existencia únicamente de tres de estos instrumentos: uno en la Catedral de Bogotá, otro en la Basílica de Chiquinquirá, y otro en San Ignacio en Bogotá; y no menciona la presencia de un cuarto órgano, como tampoco lo hace Elizondo Iriarte (2002) en sus trabajos de investigación sobre la organería española de finales del siglo xix y principios del siglo xx.

No obstante, a partir de consultas hechas a las fuentes en las que el español J. Sergio Del Campo basó su afirmación, principalmente el libro Los Padres Candelarios en Colombia: apuntes para la historia, de Fray Santiago Matute (1897), hemos confirmado que este órgano sí fue construido y enviado a Colombia por la casa Amezua. Es preciso aclarar, además, que su destino no fue la capilla del convento del Desierto de la Candelaria, sino el templo de la Candelaria en Bogotá; su instalación estuvo a cargo de José Beobide, el organero enviado por la casa Amezua para instalar también el órgano de Chiquinquirá; y fue inaugurado el 25 de marzo de 1897 en una solemne misa cantada con motivo de la celebración del día de la Anunciación de Nuestra Señora.

¡De cuantas reformas es susceptible la casa de Dios! Faltaba el rey de los instrumentos, el órgano. […] Dios N. S. suscitó bien pronto almas desprendidas que contribuyeran para la obra de encargar un buen órgano a la acreditada fábrica del Sr. Amezua en Barcelona (España). […] No pudo este ser armado enseguida por encontrarse el que había de armarlo en Chiquinquirá, armando el que de la misma fábrica había llegado a los PP. Dominicos, de manera que tuvimos que esperar a que allí terminara su compromiso. Cumplido que hubo el tal compromiso el Sr. D José Beovide, que era el organero mandado de la casa fábrica del Sr. Amezua ad hoc, muy competente para el caso, vino a Bogotá a finales del mes de diciembre de 1896, y se puso a nuestras órdenes. (Matute, 1897, pp. 54-56)

Es pertinente señalar que actualmente este órgano permanece en el Templo de la Candelaria, en el centro histórico de Bogotá, bajo el cuidado de los padres agustinos recoletos. La venia de los frailes permitió que fuera observado de cerca y constatada su existencia.

La intermediación: don Lorenzo de Elcoro

Habiendo realizado una descripción muy somera sobre la vida y obra de Aquilino Amezua con el fin de resaltar brevemente aportes biográficos de uno de los mayores referentes de la organería española, el constructor del órgano de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en este trabajo se propone, además, hacer una revisión histórica acerca de la intermediación que permitió la compra, viaje e instalación del instrumento en el templo.

Para iniciar, cabe destacar que actualmente el nombre Lorenzo de Elcoro es casi desconocido por la feligresía mariana del Santuario de Chiquinquirá y la ciudadanía en general; incluso lo es, se puede afirmar, para los miembros de la Orden de Predicadores y para las personas más allegadas a la dinámica apostólica del Santuario Mariano. Sin embargo, quizá para algunos músicos y coristas que han participado de montajes corales en honor a Nuestra Señora del Rosario y en el canto de las novenas a la Virgen de Chiquinquirá este nombre no sea tan ajeno, pues el presbítero Lorenzo de Elcoro figura como compositor de la música de uno de los más conocidos responsorios a la Virgen, la llamada novena grande.

En efecto, todo indica que el religioso de origen español fue el creador de la que, hasta hoy, es una de las obras musicales más representativas de la Basílica, el Responsorio No. 1, escrito para voces blancas, tenores y bajos con acompañamiento de órgano. Se trata de la musicalización más popular del estribillo de la Novena a la Virgen de Chiquinquirá, cuyo texto recita “pues sois de los pecadores el consuelo y la alegría, oh, Madre clemente y pía ¡escuchad nuestros clamores!”. Se podría afirmar, así, que la versión de Elcoro se ha interpretado ininterrumpidamente cada año en la Basílica desde hace más de ciento veinte años.

No obstante, la presencia de don Lorenzo de Elcoro en Chiquinquirá a finales del siglo xix tuvo una connotación mayor a la del hecho de componer la famosa obra coral, pues el presbítero fue la persona que intermedió para la adquisición del órgano tubular por parte de los frailes dominicos y, muy probablemente, el organista encargado de inaugurarlo el 31 de octubre de 1897.

Antes de precisar acerca de las pesquisas que nos llevan a afirmar lo anterior, es pertinente señalar algunos pocos datos biográficos acerca del español Lorenzo de Elcoro, recopilados en dos referencias bibliográficas: 1) la publicación Órganos de la Catedral Primada de Bogotá, del investigador Camilo Andrés Moreno Bogoya (2015), especialista en recuperación de archivo histórico eclesiástico, una de las personas que más ha indagado sobre la historia de los órganos tubulares Amezua en Colombia; y 2) el contacto con el doctor Hernando Roa Suárez (2019), familiar de consanguinidad del presbítero Elcoro, quien confirmó varios de los datos y esclareció con certeza algunas de las relaciones familiares y de su oficio musical.

Según estas fuentes, Lorenzo de Elcoro fue un músico y religioso español nacido en la Provincia de Elorrio en la década de 1850. Específicamente, de acuerdo con la información que reposa en el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia (Sistema Inet de Gestión de Archivos [siga], 2020), verificada por medio de una consulta simple de registros sacramentales, su nombre completo era Lorenzo Serapio Elcoro Aguinagalde, hijo de Manuel Anacleto Elcoro y Concepción Aguinalgalde Azula, y su bautizo se llevó a cabo el 14 de noviembre de 1859 en la Parroquia Purísima Concepción de esta provincia.

Según Moreno (2015) y Roa Suárez (2019), llegó a Colombia hacia 1891 junto con el órgano de la Catedral de Bogotá para desempeñarse como organista. Junto con él y el instrumento, llegaron al país un organero encargado de su montaje y dos cantores para el coro de la Catedral:

[…] y no se crea que exageramos, pues estamos seguros que por grande que sea la catedral bogotense, si el futuro organista Sr. Elcoro quiere infundir pavor a los colombianos que asistan a la iglesia, no tendrá más que darles a conocer toda la potencia de estos extraordinarios registros. […] es de aplaudir el patriotismo del organista de la catedral de Santa Fé de Bogotá, don Lorenzo de Elcoro, encargado de la adquisición de un órgano para aquella iglesia, el salirse de la rutina de sus compatriotas los vascongados y que vienen desde hace tiempo creyendo que este arte no se cultiva en España. (Diario Mercantil de Barcelona del 21 de marzo de 1891, citado por Elizondo Iriarte, 2002, p. 335)

Acerca de su llegada a Bogotá y las funciones que pudo haber desempeñado al interior de la Catedral, Moreno (2015) da a conocer en su investigación todos los datos encontrados en el Archivo Histórico del Capítulo Metropolitano de la Catedral de Bogotá que hacen mención del presbítero Elcoro, “el músico contactado en principio para desempeñarse como maestro de capilla y organista en la catedral de Bogotá” (p. 37).

Según Roa Suárez (2019), Lorenzo fue enviado por la Casa Amezua, y los dos cantorcillos eran sus dos sobrinos, los niños Francisco (Paco) Suárez y Juan Suárez Elcoro, quienes años más tarde ejercerían también el oficio del canto y la música sacra en algunos templos del país.




Habiendo llegado a Bogotá, se presentó ante el Cabildo, el 7 de julio de 1892, una propuesta de contrato por parte de Lorenzo de Elcoro para desempeñar el cargo de organista en la Catedral de Bogotá. Según las investigaciones de Moreno (2015), esta propuesta fue rechazada y se contrató, en cambio, al organista Emiliano Quijano Torres, quien ya se había desempeñado en este cargo.

Vista la propuesta que el Señor Pbro. D. Lorenzo de Elcoro hace para la dirección del coro, manejo del órgano de la Santa Iglesia Catedral, el Venerable Capitulo Metropolitano, presidido por el Ilmo. Señor Arzobispo, resuelve: Dígase al Señor de Elcoro que no se estiman aceptables las bases que él ha propuesto. (p. 55)

De ahí en adelante, Quijano ejerció como organista y se dieron por terminadas las relaciones entre el presbítero español y la Catedral. Según Moreno (2015), hasta ese momento se tiene información precisa sobre la estadía de Lorenzo en Bogotá, aunque menciona brevemente una intervención posterior en un oficio musical con motivo de la consagración de San Ezequiel Moreno como obispo de Pasto en la Catedral de Bogotá, en mayo de 1894.

Ya para este año se estima que don Lorenzo de Elcoro había entablado contacto con los frailes dominicos de Chiquinquirá y que estaba en marcha el proceso de compra del órgano para la Basílica. A pesar de que no se ha podido establecer con precisión la forma en que se dio este acercamiento, sí se puede confirmar que el señor Lorenzo brindó asesoría y jugó un papel determinante en la compra y la instalación del famoso instrumento.

De hecho, Fray Andrés Mesanza (1942), uno de los más importantes escritores de la historia de la Virgen de Chiquinquirá y de su Santuario, alude en algunos apartes de sus textos al órgano de la Basílica, a sus características, al proceso de encargo y compra, y a su uso en algunas importantes ceremonias. Aunque no menciona directamente el nombre de don Lorenzo de Elcoro, todo indica que la asesoría recibida por los frailes dominicos provenía del músico español, pues dice:

[…] no contento con esto, conociendo que la iglesia de Nuestra Señora necesitaba un órgano grandioso, digno de ella, hizo las diligencias necesarias para conseguirlo. Después de aconsejarse bien encargó a la casa de Amezua, célebre organero residente en Barcelona, el órgano que tanto encanta a los que oyen sus melodiosos acordes. Este órgano llegó a las costas colombianas a últimos de 1894. En enero siguiente estuvo Colombia en revolución; todo se paralizó por algunos meses; dañóse mucho el órgano estando largo tiempo tirado a los rayos del sol. Hasta principios del 96 no llegó a Chiquinquirá y en mal estado. Esta la causa de por qué costó tanto más aquí que en la fábrica. Allí se dieron por él 35.000 pesetas. (Cornejo y Mesanza, 1942, p. 163)

Además, en su libro Historia de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá (1919), el fraile Mesanza, junto con Fray Vicente Ma. Cornejo, señala nuevos datos relevantes sobre el órgano:

En el priorato del R. P. Rodríguez comenzóse a tratar y, finalmente, resolvióse la traída de un órgano moderno y digno del Santuario de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Pidióse a la casa Amezua de Barcelona y de aquel puerto salió para nuestra República el año 1894. En las costas fue abandonado en mucho por la guerra civil del 95 y después de año y medio llegó a Chiquinquirá en la cuaresma del 96 por el histórico camino de Honda y por la Laguna de Fúquene. A principios de este último año llegaron también el organero para que lo armase y el maestro organista que lo había de tocar. (p. 168)

Sin embargo, es solo gracias al trabajo del docente e historiador chiquinquireño Víctor Raúl Rojas Peña que se verifica la presencia y el papel del músico español, pues en el texto La Coronación de la Virgen de Chiquinquirá (2000) se hace una referencia a una nota de prensa del periódico El Escolar de Occidente, con fecha del 15 de diciembre de 1897, en la cual el señor Eusebio Otálora reseña la adquisición del órgano y menciona a Elcoro.


Este texto es la publicación colombiana más antigua que hace alusión al órgano de la Basílica de Chiquinquirá; además, menciona a Juan Suárez Elcoro, sobrino del presbítero Lorenzo y uno de aquellos dos cantorcillos que llegó con él a Bogotá en 1891. Esta publicación se da cuarenta y cinco días después de la inauguración del órgano, lo que hace suponer que Lorenzo de Elcoro y su sobrino estaban presentes en Chiquinquirá desde antes de su llegada.

De hecho, el nombre de Juan Suárez Elcoro también aparece en algunos textos de Fray Andrés Mesanza. Escritos años después de la inauguración del instrumento, estos aluden al joven organista principalmente para referirse a momentos específicos del desarrollo de su oficio. Incluso, para investigadores como Moreno Bogoya, estas citas generan cierta confusión e insinúan que pudo haberse tratado de un error del autor y que se refería realmente a Lorenzo de Elcoro o a otra persona:

Como organista contratado para ejecutar el instrumento, los PP. Dominicos han hecho venir de España para manejar este órgano […] al joven Juan Suárez Elcoro, organista y maestro de capilla, que acaba de hacer la carrera de organista. (Cornejo y Mesanza, citado por Moreno Bogoya, en Elizondo, 2014, p. 431)

Ante esta cita, después escribe:

Esta referencia es algo confusa, por lo que mientras no se consulten fuentes primarias, se puede pensar en una equivocación del autor o en la existencia de dos personas, Lorenzo Elcoro por supuesto, y Juan Suárez. (Moreno, en Elizondo, 2014, p. 431)

Asimismo, la afirmación de Cornejo y Mesanza (1919) deja entrever que el registro que se tiene de la llegada de Juan Suárez es parcialmente erróneo, pues en realidad llegó a Colombia siendo niño y, según Roa Suárez (2019), su formación como organista la adquirió de su propio tío, el Presbítero Lorenzo. Es desde ese momento cuando él, Juan Suárez, iniciaría su oficio como organista y maestro de capilla en la Basílica de Chiquinquirá. En cualquier caso, puede afirmarse que en más de cien años ninguna fuente escrita de la cual se tenga conocimiento dejó constancia de la cercanía, menos aún del vínculo familiar, entre el presbítero y su sobrino; la cual solo fue verificada por el testimonio reciente de su nieto Hernando Roa Suárez (2019).

Otra fuente sustancial que confirmaría la intermediación de Lorenzo de Elcoro en la compra del órgano de la Basílica de Chiquinquirá es una carta en la que el propio fabricante, Aquilino Amezua, le escribe a su socio Lope Alberdi sobre este instrumento el 5 de marzo de 1897. Entre líneas, Amezua dice: “También le debo manifestarle que escriba a Don Lorenzo que yo no puedo hacer nada por hallarme delicado y que es usted el único quien se ocupa de todo como el único amo” (Elizondo, 2002).

En su carta, Amezua también menciona algún problema de tipo técnico que impide la pronta instalación del órgano de Chiquinquirá por parte de José Beobide, el organero enviado para dicha tarea. De hecho, alude en varias oportunidades a Don Lorenzo y sugiere que, en adelante, se entiendan directamente con él.

Debo manifestarle que veo muy mal el asunto del órgano de Chiquinquirá. Veo tan mal que creo que Beobide no montará aquel órgano. Por lo tanto, yo no sé qué hacer, pero le recomiendo a usted que estudie bien lo que quieren y se entere usted directamente con ellos porque yo, sabe usted, que estoy delicado para resolver estos Juan Suárez. (Moreno, en Elizondo, 2014, p. 431)


Aunque no se encontró una mayor explicación con relación al problema presentado en el montaje del órgano, Cornejo y Mesanza (1942) también hacen referencia a una dificultad que surgió en la instalación de este:

El grandioso órgano que acaba de inaugurarse el 31 de octubre pasado. En diciembre del año anterior se hizo un ligero ensayo del órgano y se notó “al ir a colocar los tablones que conducen el aire, el cual pone en movimiento todo el mecanismo del órgano”, que no daba resultado. El agua y el calor habían dañado los tablones. (p. 190)

Como se puede intuir, bien podría tratarse del mismo inconveniente al que alude Aquilino Amezua en su carta. Esto querría decir, según las fechas, que la gravedad del evento habría retrasado durante casi un año el total montaje del instrumento y que incluso obligó a consultársele directamente al fabricante.

Ante la información que se acaba de exponer sobre el papel de don Lorenzo de Elcoro en el proceso de compra del órgano Amezua de la Basílica de Chiquinquirá, e incluso del órgano de la Catedral de Bogotá, se ha podido establecer que el presbítero español también brindó asesoría para la adquisición del órgano Amezua del Templo de la Candelaria, del cual ya se mencionaron algunos pormenores históricos.

Esto es confirmado por el padre Santiago Matute (1897), historiador de la Orden Agustinos Recoletos, quien menciona a don Lorenzo y resalta su papel como experto en el tema, a la vez que afirma que fue la persona que elaboró los planos detallados para ser enviados a la casa Amezua en la misiva de encargo del órgano. Incluso, alude también al maestro Juan Suárez Elcoro y exalta su intervención en la inauguración del instrumento el 25 de marzo de 1897 en el Templo de la Candelaria:

Hízose el encargo a N. P. Vicario General Fr. Iñigo Narro, quien acogió la idea con entusiasmo y se cuidó de escribir al fabricante, remitiéndole el plano que de aquí le mandamos con instrucciones detalladas hechas por el Sr. D. Lorenzo de Elcoro, perito en el asunto, relativas a las condiciones que había de tener el órgano. […] El Sr. D. José Beovide, organista de afición hizo lucir las sonoras y armoniosas voces del nuevo órgano; secundáronlo en el brillante éxito las hermosas robustas voces que cantaron la gran Misa, compuesta por el inteligente joven D. Juan Suárez, español, composición que le hace aparecer como un artista de grandes esperanzas. (pp. 55-57)

Según el testimonio del Dr. Hernando Roa Suárez (2019), Lorenzo de Elcoro regresaría después a España, pero hasta este momento no se conoce ningún registro oficial de la continuación de su vida religiosa o musical, de su partida o de su defunción. Tampoco se tiene certeza acerca de la comunidad o congregación religiosa a la que perteneció. Solo a través del Archivo Musical de la Basílica, en el que figura su nombre en algunas partituras escritas o reformadas con motivo de la Coronación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en 1919, se puede intuir que pudo haber estado varios años más en ese lugar o en la capital del país.

Particularidades y adquisición del órgano de la Basílica

Aunque no se conocen documentos oficiales que den cuenta del asunto de la adquisición del instrumento, con excepción del presupuesto oficial enviado por el señor Amezua (s. f.), algunos de los apartes bibliográficos que fueron encontrados en el proceso de indagación documental que aluden a momentos en la historia de los frailes dominicos en Chiquinquirá hacen mención del órgano de la Basílica en sus primeros años.

Por ejemplo, Fray Andrés Mesanza, en la publicación Apuntes y documentos sobre la Orden Dominicana de 1680 a 1930 (1936), expone las siguientes palabras con respecto a la necesidad apremiante de dotar el templo con un órgano acorde a las características del recinto y del culto sagrado: “Aquel celebérrimo santuario de Nuestra Señora de Chiquinquirá necesitaba un órgano nuevo, moderno y potente, conforme a la amplitud del templo y al número de voces en el coro” (p. 12) , y hace alusión a la compra y el envío del instrumento con las siguientes palabras:

Un órgano poderoso, con registros fuertes y registros suaves, para acompañar el canto y para tocar solo, encargó el padre Cipriano a la Casa Amezua de Barcelona, por valor de siete mil duros, la cual Casa, para colocarlo, envió organero y organista. […] Cuéntase que como a los Padres del Consejo les pareciera el gasto superior a sus haberes y se mostraron reacios en aprobarlo, porque urgían otros gastos en aquellos días, dijo el Padre en pleno Consejo: “pues, se comprará el órgano, aunque el noviciado y yo tengamos que cantar diez mil salves. Con salves se pagó el piano del noviciado y con salves se comprará el órgano”. […] Se colocó, pues, el órgano, y sin cantar las diez mil salves; porque los padres del Consejo votaron la cantidad necesaria. (Mesanza, 1936, p. 312)

En otra publicación, Nuestra Señora de Chiquinquirá, monografía histórica de esta Villa (1913), el mismo autor presenta un apartado titulado “El órgano de la Virgen”, en el cual expone las particularidades de los órganos fabricados en España por la Casa Amezua:

Conocida es ya en Colombia la famosa y acreditada fábrica española del señor Amezua, de donde salieron el grande órgano de la Catedral de Bogotá, el de San Ignacio y el de La Candelaria. […] En una palabra, [los órganos] poseen la majestad, pero no la brillantez ni la variedad; téngase presente que los registros brillantes o lengüetería exterior son propios del órgano español, y están perfeccionados por Amezua. La primera parte del órgano, o sea la parte esencialmente religiosa, por la gravedad y fastuosidad de los sonidos, ha sido perfeccionada por los anglosajones; pero el señor Amezua ha sabido perfeccionar la segunda. A los primeros se debe el precioso registro llamado viola de gamba, así como al segundo el no menos agradable de la voz humana. (Mesanza, 1913, p. 212)

El majestuoso instrumento que habita en la Basílica de Chiquinquirá consta de dos cuerpos, bajo los arcos laterales del coro, separados cada uno a cuatro metros de los tres teclados que conforman la consola. Con conductos de aire que van por debajo del tablado, y un sistema tubular que no solo se utiliza en algunos bajos —como era tendencia en la época—, sino en todo el órgano, la consola se ubica en el medio de los dos cuerpos, el grande órgano permanece a su derecha y el positivo a la izquierda. Una hoja escrita por R. P. Fray Vicente Rojas, recuperada y citada por Cornejo y Mesanza (1942), ilustra de primera mano algunas de las características específicas del instrumento:

El grandioso órgano que acaba de inaugurarse el 31 de octubre pasado en el santuario de la santísima Virgen del Rosario de Chiquinquirá ha sido traído de la mencionada fábrica de Amezua a expensas de los RR. PP. residentes aquí. En éste ha usado el fabricante el sistema tubular, ensayado ya una vez en el órgano de los PP. Jesuitas de Barcelona. El sistema tubular, empleado antes solamente para algunos bajos, ha sido puesto en práctica como sistema completo, o sea para todo el órgano, únicamente por Amezua. Son también propiedad suya el sistema neumáticoeléctrico. […] Son 20 los registros del órgano de Chiquinquirá, y están dispuestos así: al grande órgano pertenecen: violón, 16 pies; flauta armónica, 8; corneta, 5 puntos; flautado, 8; gamba, 8; violín, 8; octava, 4; bombarda, 16; trompeta, 8; bajoncillo y clarín, 4 y 8. Al órgano positivo pertenecen los siguientes: violón, 8; ocarina, 4; flauta armónica, 8; gamba, 8; voz celeste, 8; violín, 3; trompeta, 8; fagot y oboe, 8; clarinete, 8; y voz humana. [...] Los registros de adorno, como son: clarinete, fagot, oboe, ocarina, flauta armónica, bombardino y gambas, no solo imitan los instrumentos, sino que la suavidad de sus voces les hace superiores a estos. La voz humana es sorprendente en su efecto. El órgano entero gasta 300 litros de aire por segundo en cada acorde. (Cornejo y Mesanza, 1942, p. 190)

Además, el sistema del órgano está recubierto por un trabajo de madera que protege el mecanismo para el paso del aire. De hecho, Rojas Peña, en su libro La Coronación de la Virgen de Chiquinquirá (2000), agrega la siguiente información sobre este y otros detalles, pues dice:

El recubrimiento de madera para este novedoso sistema tubular fue realizado por los hábiles maestros Antonio Cortés Mesa y Solón Rojas Villamil, donde se destaca el sistema mecánico de compuertas de medio giro que presionadas por el viento realizan un movimiento en forma de vaivén para permitir el paso del aire que alimenta los tubos que producen los sonidos. […] El sistema de inyección del aire en el órgano original era de pedal a través de una serie de tablones que subían y bajaban, al estilo de un balancín. Varias generaciones de chiquinquiereños fueron contratadas por los padres dominicanos para “pedalear” a fin de hacer sonar con todo esplendor el mencionado instrumento. Con los avances tecnológicos, se suspendió el sistema de “pedales” y se instaló un motor que inyecta los 300 litros de aire por segundo que requiere cada acorde. (p. 55)

Finalmente, se considera de notable valor histórico presentar las imágenes del único documento oficial que pudimos hallar relacionado con la adquisición del órgano, el cual reposa en el Archivo Histórico de la Provincia de San Luis Beltrán de Colombia (ahpslbc), en Bogotá. Este corresponde al “presupuesto” original enviado por Aquilino Amezua (s. f.) a los frailes dominicos de Chiquinquirá dentro del proceso de encargo y compra del instrumento (véase Figura 10).

Este documento equivaldría a lo que, actualmente y en nuestro contexto, se conoce como “cotización”, pues en él se indican especificidades del instrumento en aspectos tales como su sistema de funcionamiento, el número y extensión de sus teclados, el número de cuerpos, los registros de cada teclado, los registros de combinación, las condiciones generales y los costos. Según el manuscrito, el valor económico del órgano sería de 87 500 pesetas.





El primer organista y maestro de capilla: don Juan Suárez Elcoro

Instalado el órgano, dentro de la revisión documental también se encontraron otros apartados que se refieren a la actividad musical y al uso del instrumento. Algunos de ellos aluden al señor Juan Suárez Elcoro como organista, a las voces de los coros y a la histórica Escuela de Canto de los frailes dominicos. Tales citas dan cuenta de la dinámica de formación musical y coral que se fomentó alrededor del órgano en la primera mitad del siglo xx. En uno de ellos, por ejemplo, hablando de las romerías en honor a la Virgen de Chiquinquirá, se expone:

Los romeros de la Virgen de Chiquinquirá, que no se olvide, es del Rosario, se preparan a venir y gozar de los que sólo allí pueden disfrutar en abundancia: de las caricias de la Madre. […] Comienza en septiembre la fatiga del Maestro de Capilla del Santuario (y D. Juan Suárez Elcoro puede contarnos veinte de éstas) ensayando tiples y voces robustas. (Cornejo y Mesanza, 1919, p. 196)

Las referencias que aluden al maestro Juan Suárez y a su oficio como organista y director de los coros muestran claramente su importancia en el desarrollo musical durante los años siguientes a la instalación del órgano en la Basílica. Su relevancia es tal que su vida y obra suscitarían una especial atención desde el campo de la investigación histórica y la recuperación de archivo musical; aún más al saber que las partituras de varias de sus composiciones todavía reposan en el Santuario y han sido interpretadas durante algo más de un siglo.

En particular, tras verificar algunos títulos de sus obras, aún en manuscritos de copistas, entre sus escritos más destacados se pueden encontrar los Responsorios a la Novena de la Virgen de Chiquinquirá, Trisagios a la Santísima Trinidad, Trisagios al Sagrado Corazón, Letanías, un Himno a Nuestra Señora de Chiquinquirá, y varios Responsorios a la Virgen de Rosario, la Inmaculada Concepción, el Dulce Niño Jesús, San Martín, San José, Santa Bárbara, Santo Tomás, San Francisco y Santo Domingo de Guzmán.


Adicional a esto, es de destacar, según Roa Suárez (2019), que el maestro Juan Suárez Elcoro también fue organista de la Iglesia de San Ignacio en Bogotá y profesor de música del Colegio Mayor de San Bartolomé entre 1914 y 1918 aproximadamente, y que contrajo matrimonio el primero de febrero de 1901, en Chiquinquirá, con Purificación Casas Fernández, sobrina del poeta y escritor chiquinquireño José Joaquín Casas Castañeda.

Por otra parte, también se encontró una breve mención a Francisco Suárez, hermano del organista Juan Suárez Elcoro, con ocasión de las honras fúnebres de Fray Buenaventura García Saavedra (1826-1915): “En la misa de Requiem, cantada por el tenor don Paco Suárez, ofició el R. P. Provincial de los Dominicos en Colombia” (El Baluarte, Chiquinquirá, 14 de julio de 1915, citado por Cornejo y Mesanza, 1942, p. 232).

Francisco es el otro niño cantorcillo que llegó a Bogotá con el presbítero Lorenzo de Elcoro hacia 1891. Según Roa Suárez (2019), su tío abuelo (Paco Suárez) no se dedicó de lleno a la música como sí lo hizo su abuelo Juan, sino que se dedicó más a realizar actividades de asesoría comercial en diferentes lugares del país. De hecho, en el Libro Azul de Colombia, de Posada Callejas (1918), se presenta la siguiente foto y descripción de su actividad:


Así pues, aunque son casi cien años de historia del órgano que no se alcanzan a reseñar y a describir con mayor especificidad en este trabajo, nos resta recalcar nuevamente nuestro interés por los hechos que son poco o nada conocidos sobre la historia del mismo; es así que este artículo ha demandado un mayor énfasis en la indagación documental que soporta y da cuenta de las primeras décadas de existencia del órgano de la Basílica de Chiquinquirá, es decir, de finales del siglo xix y principios del xx.

Finalmente, con respecto a la historia posterior del emblemático instrumento, para el presente documento se opta por no ahondar en ella; pero consideramos que merecería una atención particular desde la investigación histórica en la que bien podría accederse aún a fuentes testimoniales que ayuden a reconstruirla. Sin embargo, no podemos dejar de subrayar que durante este período el órgano de la Basílica “ha acompañado las bodas de plata y las bodas de oro de la Coronación de la Reina de Colombia (1944 y 1969), las misas Pontificales, y las Novenas y Triduos a la Virgen de Chiquinquirá; también ha sido el instrumento acompañante por excelencia de las agrupaciones corales del Santuario en las fiestas religiosas” (Periódico El Diario, Tunja, abril 26 de 2019); y ha sido interpretado por otros organistas y maestros de capilla, como es el caso de Justo Pastor Avellaneda y Luis Eduardo Saza, quienes cumplieron un notable papel en la formación de niños y adultos cantores al interior del templo. En concierto, ya a finales del siglo xx, ha sido interpretado por organistas de talla internacional, como el padre Bernardo Velásquez Araque O. C. D. en 1994, y el padre Emmanuel Löwe O. S. B. a principios del nuevo milenio.


Referencias

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