Artículos
Visibilización de los diversos tipos de violencia hacia la mujer: una resignificación a través del arte*
Visibilization of the Different Types of Violence Against Women: A Resignification through Art
Visibilização dos diferentes tipos de violência contra as mulheres: uma resignificação por meio da arte
Visibilización de los diversos tipos de violencia hacia la mujer: una resignificación a través del arte*
Análisis. Revista Colombiana de Humanidades, vol. 53, núm. 99, 2021
Universidad Santo Tomás

Recepción: 18 Junio 2020
Aprobación: 03 Noviembre 2020
Resumen: Este trabajo pretende comprender cómo las mujeres de la Casa Cultural del Chontaduro resignifican sus experiencias de diversos hechos o situaciones de violencia por medio del arte con la valoración de elementos simbólicos propios de su identidad social y cultural. De esta manera, se utilizó una metodología cualitativa donde se realizaron entrevistas semiestructuradas a tres mujeres de la Casa Cultural del Chontaduro con el fin de conocer estas experiencias desde sus propias narrativas e interpretarlas a través de la teoría de la psicología social. Se encontró que un libro, ciertas canciones, poemas, instrumentos musicales y vestuarios son elementos simbólicos para las mujeres de la Casa Cultural del Chontaduro, que sirven como mediadores en el proceso de resignificación y contribuyen a una afirmación de la identidad social y cultural.
Palabras clave: Grupo de mujeres, violencia, arte, elementos simbólicos, identidad social y cultural.
Abstract: This article aims to understand how the women of the Casa Cultural del Chontaduro resignify their experiences of various acts or situations of violence through art with the valuation of symbolic elements of their social and cultural identity. In this way, a qualitative methodology was used where semi-structured interviews were conducted with three women from the Casa Cultural del Chontaduro in order to learn about these experiences from their own narratives and interpret them through the theory of social psychology. It was found that a book, certain songs, poems, musical instruments, and costumes are symbolic elements for the women of the Casa Cultural del Chontaduro, who serve as mediators in the process of resignification and contribute to an affirmation of social and cultural identity.
Keywords: Women’s group, violence, art, symbolic elements, social and cultural identity.
Resumo: Este trabalho visa compreender como as mulheres da Casa Cultural del Chontaduro ressignificam suas vivências de diversos atos ou situações de violência por meio da arte com a valorização de elementos simbólicos de sua identidade social e cultural. Para isso, uma metodologia qualitativa foi utilizada, na qual entrevistas semiestruturadas com três mulheres da Casa Cultural del Chontaduro foram realizadas, a fim de conhecer essas experiências a partir de suas próprias narrativas e interpretá-las por meio da teoria da psicologia social. Constatou-se que um livro, certas canções, poemas, instrumentos musicais e trajes são elementos simbólicos para as mulheres da Casa Cultural del Chontaduro, que atuam como mediadoras no processo de ressignificação e contribuem para a afirmação da identidade social e cultural.
Palavras-chave: Grupo de mulheres, violência, arte, elementos simbólicos, identidade social e cultural.
Problema
Las mujeres construyen la Casa Cultural del Chontaduro
La Casa Cultural del Chontaduro es una organización no gubernamental sin ánimo de lucro que se fundó con personería jurídica en 1986. Esta organización propende por la defensa de los derechos humanos y el cuidado del medio ambiente mediante el arte. La organización nació a partir de la iniciativa de un grupo de mujeres que decidieron unirse para crear un espacio, especialmente para niños, niñas, jóvenes, mujeres y adultos en condición de vulnerabilidad, cuya finalidad era aumentar la equidad y la justicia del país a partir de la inclusión y las expresiones artísticas y culturales; esto, teniendo en cuenta principios de la no-violencia, el ecofeminismo y la equidad de género (Asociación Casa Cultural del Chontaduro, s. f.).
Ahora bien, en la casa del chontaduro hay distintas líneas de trabajo: la línea de niñez y juventud, la línea de género, la línea de investigación y la línea de organización y gestión, pero todas están atravesadas por el enfoque de género y el enfoque étnico-racial. En la línea de género se encuentra la escuela sociopolítica entre mujeres y el grupo de mujeres, este último será el objeto de estudio del presente trabajo (Asociación Casa Cultural del Chontaduro, s.f.).
Las mujeres de la Casa del Chontaduro se reúnen cada viernes y realizan un trabajo de recuperación de la memoria, que consiste en relatar sus procesos históricos de vida evidenciando cómo han sido vulneradas o maltratadas por las diferentes esferas del poder y cómo han afrontado esas situaciones. De esta manera, el grupo de las mujeres de la Casa del Chontaduro reconoce a la mujer como uno de los sujetos más afectados por la violencia, pero también como un ser con una capacidad invaluable de resiliencia y creación; así pues, las mujeres en conjunto, a partir de las distintas experiencias y saberes, se visibilizan, se forman y promueven el pensamiento crítico, la justicia y la equidad.
Mujeres y violencia: género, etnia y clase social
Históricamente, las mujeres han sido consideradas como inferiores a los hombres y relegadas a realizar solo cierto tipo de labores. Para explicar esto, Bourdieu (2000) hace referencia a la corporalidad femenina y cómo esta es considerada simbólicamente de manera negativa por la sociedad. Según el autor:
El mundo social construye el cuerpo como realidad sexuada y como depositario de principios de visión y de división sexuantes. El programa social de percepción incorporado se aplica a todas las cosas del mundo, y en primer lugar al cuerpo en sí, en su realidad biológica: es el que construye la diferencia entre los sexos biológicos de acuerdo con los principios de una visión mítica del mundo arraigada en la relación arbitraria de dominación de los hombres sobre las mujeres, inscrita a su vez, junto con la división del trabajo, en la realidad del orden social. La diferencia biológica entre los sexos, es decir, entre los cuerpos masculino y femenino, y, muy especialmente, la diferencia anatómica entre los órganos sexuales puede aparecer de ese modo como la justificación natural de la diferencia socialmente establecida entre los sexos, y en especial de la división sexual del trabajo. (p. 11)
De esta manera, bajo una visión androcéntrica, se presenta el traslado de oposiciones del cosmos (arriba/bajo, seco/húmedo, fuera/dentro claro/oscuro) a la corporalidad y las actividades sexuales (pene/vagina, estatura alta o baja, fuerza, color de piel claro u oscuro, penetrar/ser penetrado); a su vez, esto incide en la consideración del rol social de la mujer. Por ejemplo, en la oposición arriba/abajo se asume que el hombre, en tanto sexo fuerte, es quien debe estar encima de la mujer en la relación sexual y, por ende, en todos los demás ámbitos de la vida; además que su pene biológicamente sube y, por tanto, tiene una relación de superioridad frente a la vagina que se mantiene pasiva (Bourdieu, 2000). Lo anterior, también se transfiere a la parte intelectual de la mujer, implicando que, al ser más débil y pasiva, es menos inteligente que el hombre e incapaz de manejar asuntos públicos (sociales, políticos, morales) que requieren de autonomía y carácter.
Por otro lado, se presenta la búsqueda del poder o su conservación como la principal causa de la violencia, ya que los poderosos, cuya figura está, principalmente representada en los hombres blancos y de clase social alta, necesitan reafirmar su poder mediante la dominación de los otros: las mujeres, no blancas y/o pobres. “La perpetuación en el poder, el querer tener más, el control social, la reproducción sistemática de determinados esquemas ideológicos generan violencia y conflictos” (González, 2008, p. 16). En consecuencia, la violencia hace referencia a una acción que entraña un abuso de poder como un elemento de la estructura y la organización social vivido en la cotidianidad y como capacidad y modo de dirigir la relación de individuos bajo las nociones de dominio, enajenación y exclusión (Flores, 2005; Villaseñor-Farías y Castañeda-Torres, 2003).
Ahora bien, este poder no se da de manera individual, sino que hay toda una serie de elementos legitimados que sustentan la idea de que hay ciertos grupos con características diferenciadoras, tales como el género, la etnia y la clase social que merecen y deben permanecer dominados. Por lo tanto, aquí se va a entender la violencia contra la mujer como:
[...] todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada. (Naciones Unidas,1995, p. 51)
Dichos actos o amenazas ya sean perpetrados por la familia, por la comunidad o por el Estado, infunden miedo e inseguridad en la vida de las mujeres e impiden lograr la igualdad, el desarrollo y la paz. En los diferentes tipos de violencia experimentadas por el grupo de mujeres de la Casa del Chontaduro (violencia de género, sexual, étnica, del conflicto armado, estructural), se puede notar la presencia constante de una dominación de diferentes esferas del poder hacia la mujer, las cuales promueven su subyugación.
La violencia contra la mujer es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, que han conducido a la dominación de la mujer por el hombre, la discriminación contra la mujer y a la interposición de obstáculos contra su pleno desarrollo. La violencia contra la mujer a lo largo de su ciclo vital dimana esencialmente de pautas culturales, en particular de los efectos perjudiciales de algunas prácticas tradicionales o consuetudinarias y de los actos de extremismo relacionados con la raza, el sexo, el idioma o la religión que perpetúan la condición inferior que se asigna a la mujer en la familia, el lugar de trabajo, la comunidad y la sociedad. (Naciones Unidas,1995, pp. 52-53)
Esta inferioridad se extiende a los distintos ámbitos de la vida, tales como: la educación, el trabajo, las relaciones de pareja, entre otras. Actualmente, en el ámbito laboral son pocas las mujeres que ocupan cargos de poder en comparación con los hombres. Según el DANE y la ONU (2018), en Colombia, una mujer recibe 88 COP por cada 100 COP que recibe un hombre por realizar el mismo trabajo; la brecha salarial entre hombres y mujeres era de 12 % en 2018.
En cuanto a la situación específica de las mujeres negras a nivel nacional, es evidente su marginalidad y exclusión económica y social. Según las estadísticas generales del país, se encuentra que la tasa de dependencia económica en afrodescendientes es del 63 %, muy por encima de mujeres y hombres mestizos, que se ubica en 57 %, situación que afecta particularmente a las mujeres por su rol de cuidadoras y su alta presencia en la población económicamente inactiva. (Álvarez, 2015, p. 16)
Además, el Estado ejerce una violencia estructural al no garantizar los servicios mínimos para tener una vida digna en los estratos socioeconómicos más bajos, perpetuando así las situaciones de pobreza y desigualdad (Parra y Tortosa, 2003). En consecuencia, si se es mujer, afrodescendiente y de clase socioeconómica baja, se pueden vivir diversos tipos de violencia a la vez, tales como la violencia de género, sexual, étnica, social y estructural, situación que se evidencia en las mujeres de la Casa del Chontaduro, ya que ellas no son violentadas solamente por ser mujeres, sino también por ser afrodescendientes y por vivir en el Distrito de Aguablanca, sector de los estratos socioeconómicos más bajos de la ciudad de Cali.
Justificación
La presente investigación presenta diferentes razones que sustentan su realización desde distintos ámbitos. Desde el ámbito disciplinario de la psicología social y de la psicología en general, esta investigación es oportuna porque permite estudiar y ampliar el aprendizaje sobre cómo desde espacios creados por la misma comunidad, pueden surgir y/o fundamentarse relaciones y se pueden borrar fronteras imaginarias de prejuicio y violencia. Además, se pueden reconocer diversos conceptos muy importantes desde la psicología, como la resiliencia, la importancia de lo simbólico y la identidad grupal, al analizar cómo el grupo de mujeres, afectadas por escenarios de violencia, resignifican sus experiencias por medio de diferentes formas de expresión artística, transformando esas vivencias negativas en algo positivo y enseñando a la sociedad su emancipación, orgullo y empoderamiento.
Desde el ámbito social, esta investigación es importante porque se observa y analiza cómo un espacio especial dedicado a niños, niñas, jóvenes y adultos en situaciones de vulnerabilidad, genera cambios en las personas, ya que les brinda herramientas que les permite fortalecer sus habilidades, su autoestima, su autonomía y mejorar sus condiciones de vida, lo que contribuye a la construcción de una sociedad justa y equitativa, por medio del trabajo en la promoción de los derechos humanos, el arte y la cultura. Además, desde el ámbito cultural, se puede notar cómo las expresiones artísticas se convierten en estrategias para la formación de un ambiente de aprendizaje dinámico, reflexivo e incluyente.
Marco teórico
Las mujeres de la Casa Cultural del Chontaduro han sido víctimas de diferentes tipos de violencia, no solo por ser mujeres, sino también por ser afrodescendientes y/o por ser de una clase económica baja. A pesar de esto, ellas han generado diferentes acciones colectivas de resistencia, entre ellas, unirse para conformar un grupo donde la memoria colectiva, el arte y lo simbólico tienen un valor predominante. De esta manera, aquí no se quiere hacer énfasis en las violencias que estas mujeres han vivido, sino en aquellos elementos que han servido para resistir, resignificar y construir una identidad social y cultural.
Grupo y acción colectiva
La teoría de grupo ha sido estudiada por diversos autores, así que existen diferentes definiciones del concepto de grupo. Según Barón y Barney, citados por Almagia (1998), un grupo consiste en la unión de dos o más personas que interactúan y comparten algunas metas en común, tienen una relación estable, son algo interdependientes, y cuyos individuos perciben que son, en realidad, parte de un grupo (p. 119). Sin embargo, los grupos se pueden crear sin tener experiencia previa de interdependencia grupal, como en el caso en que unas o varias personas formulan ciertas creencias que son aceptadas por otras personas, constituyéndose la base para la formación de un grupo (Almagia, 1998, p. 120).
Bar Tal (citado en Almagia, 1998) destaca tres condiciones como suficientes y necesarias para que un conjunto de personas sea denominado como grupo: 1) que los componentes de ese colectivo se perciban y definan como miembros del grupo, 2) que exista algún grado de actividad coordinada y 3) que sus integrantes compartan una serie de creencias grupales. La primera condición es indispensable para dar paso a las demás.
Ahora bien, cuando los grupos nacen en oposición a ciertos mecanismos de poder pueden generar una acción colectiva, que surge como una construcción social de resistencia frente a las esferas de poder que pretenden perpetuar el control y la dominación. “La acción colectiva es considerada resultado de intenciones, recursos y límites, con una orientación construida por medio de relaciones sociales dentro de un sistema de oportunidades y restricciones” (Melucci, 1999, p. 14).
Los individuos, cuando actúan en conjunto, construyen su acción mediante inversiones “organizadas”; esto es, se definen en términos cognoscitivos, afectivos y relacionales para darle sentido al “estar juntos” y a los fines que persiguen. Los eventos en los que actúan colectivamente los individuos combinan diferentes orientaciones, involucran múltiples actores e implican un sistema de oportunidades y restricciones que moldean sus relaciones. Los actores colectivos “producen” entonces la acción colectiva porque son capaces de definirse a sí mismos y al campo de su acción (relaciones con otros actores, disponibilidad de recursos, oportunidades y limitaciones) (Melucci, 1999).
La memoria colectiva y lo simbólico
La memoria se encuentra constituida por una serie de recuerdos compartidos que estructuran la identidad y, de algún modo, legitiman las experiencias pasadas. Toda esta serie de recuerdos que evocan situaciones pasadas se encuentran, necesariamente, inscritos en relatos de carácter colectivo, que se arraigan en la estructura social mediante su ritualización. La narrativa de los relatos conlleva a traer los recuerdos y, en general, todo el proceso de recordar lo sucedido, esto se elabora a partir de la participación de un tercero. El “otro”, es el que adquiere la figura de mediador del habla, y es quien autoriza que el individuo, que ha sido perjudicado por un hecho traumático, pueda llevar el recuerdo al lenguaje y que plasme a partir de su testimonio narrativo los síntomas del tiempo pasado, convirtiendo así la narración del sujeto en conversación, otorgándole una narrativa e inscribiéndose necesariamente dentro de una estructura colectiva de intercambio recíproco (Ochoa, 2015).
La memoria colectiva se entiende como un proceso de construcción social, cargada de significado y que por tal razón dota de sentido al mundo, en el que se hace una constante e inacabada reinterpretación del pasado en un ahora, atendiendo a un proceso móvil, cambiante y que parte del encuentro social. Los recuerdos que se suponen son individuales en tanto provienen de lo colectivo, son entonces el resultado de un entramado complejo de evocaciones, acuerdos, alusiones, narraciones […] creados en la vida cotidiana de un grupo social específico del cual emergen, y que solo allí se vuelven relevantes para alguien, pues si se extraen de su contexto originario carecerían de todo sentido. (Ramos, 2013, p. 38)
De esta manera, la memoria se convierte en la práctica que recupera el pasado para el presente, y solo mediante un conjunto de concepciones comunes, los sujetos sociales comprenden que tienen una historia semejante que los une en la lucha por el presente (Sánchez y Álvarez, 2009).
Por otra parte, lo simbólico es entendido como un instrumento para la creación del significado dentro del ámbito de la experiencia, al ser una capacidad exclusiva de la conciencia humana, puesto que el conocimiento no “copia” la realidad, sino que constituye esa realidad en objeto para que pueda ser conocida. Además, dichos objetos o elementos son significativos cuando ocupan un lugar dentro de un sistema simbólico, pero no aisladamente; el espíritu puede ejercer su actividad simbólica en diferentes direcciones, lo que da origen a diversos modos de simbolización como son el lenguaje, el arte, el mito, etc., puesto que es un órgano del conocimiento que no permite la separación entre el signo y su objeto. Cabe agregar que cada símbolo es particular, pero tiene al mismo tiempo una dimensión universal (Amilburu, 1998).
Arte
El arte se puede usar para expresar y representar simbólicamente pensamientos y valores no estéticos, tomados de la ciencia, la ética, la religión o los aspectos más triviales de la vida cotidiana. La práctica ha demostrado que el arte utiliza cualquier material, técnica o experiencia para “inventar” nuevos recursos simbólicos o redefinir los existentes. La permeabilidad que existe entre el arte y otros sistemas simbólicos es polidireccional, lo que convierte al arte en generador de nuevos horizontes estéticos de la propia cultura. Además, desde una perspectiva cultural, el uso de recursos simbólicos para la creación artística es un hecho de suma trascendencia. Del mismo modo, las obras de arte se hacen significativas al amparo del contexto y son capaces de modificarlo, alterando el corpus simbólico del que se nutren (Arriaga, 2008).
El arte constituye un sistema simbólico, el uso y el contexto de uso son los que deciden sobre el carácter estético de cualquier símbolo, también el resto de las cuestiones relativas a su significación estarán, lógicamente, mediatizadas por el valor cultural que se le atribuya, por el juego de lenguaje en el que se inscriba. (Arriaga, 2008, p. 3)
Las artes se caracterizan porque materializan estéticamente un orden de significación para dar un sentido comunicable, promoviendo diversas interpretaciones. Por ello, la interacción de las artes con el contexto es algo vivo y siempre se encuentra en constante evolución. Cabe destacar que el contexto es el que moldea el sentido del producto artístico, pues tiene consecuencias inmediatas en la transformación del imaginario, que, a su vez, vuelve a mediatizar el sentido del producto estético, creando una continua retroalimentación. De este modo, las artes contribuyen a generar procesos que terminan afectando a todos los ámbitos de la cultura (Arriaga, 2008).
Identidad social y cultural
La identidad cultural conlleva a un sentido de pertenencia a un grupo social con el cual se comparten rasgos culturales, como costumbres, valores y creencias. La identidad se recrea de forma individual y colectiva, además, se alimenta de forma continua de la influencia exterior. De acuerdo con estudios antropológicos y sociológicos, la identidad surge por diferenciación y como reafirmación frente al otro. Aunque el concepto de identidad trascienda las fronteras (como en el caso de los emigrantes), el origen de este concepto se encuentra con frecuencia vinculado a un territorio (Molano, 2007).
La identidad se encuentra ligada a la historia y al patrimonio cultural. La identidad cultural no existe sin la memoria, sin la capacidad de reconocer el pasado, sin elementos simbólicos o referentes, que son propios de los individuos y promueven la construcción del futuro. Dicha identidad implica que las personas o grupos de personas se reconocen históricamente en su propio entorno físico y social, y es ese constante reconocimiento el que le da carácter activo a la identidad cultural (Molano, 2007).
Ahora bien, la identidad social se forma por la pertenencia a un grupo, que, sea positiva o negativa, depende de la valoración que el individuo haga de su grupo en comparación con otros grupos. La importancia del proceso de comparación social por el cual las personas tienden a compararse a sí mismos con otros implica que hay que buscar ser mejor y no solo ser diferentes. Como consecuencia, los grupos tienden a competir por una identidad social positiva a través de una diferenciación con otros grupos en la cual salgan beneficiados. De este modo, la identidad social positiva en una comparación social se puede alcanzar por una distinción positiva del propio grupo ante otros, sin que se produzca necesariamente una discriminación negativa hacia el exogrupo (Nieto y Pichastor, 2007).
Metodología
Tipo de investigación
Este trabajo presenta una investigación de enfoque cualitativo, ya que pretende comprender cómo las mujeres de la Casa del Chontaduro resignifican los hechos o situaciones de violencia vividas mediante el análisis de sus narrativas, y hace uso de la entrevista semiestructurada, que permite captar la experiencia desde la propia perspectiva del sujeto estudiado. También, es una investigación de tipo interaccionista simbólica porque se comprende al sujeto como un ser interactivo, comunicativo, que significa su experiencia y que se construye en un contexto social y cultural. Según López (2001):
Las personas actúan sobre las cosas con base en el significado que las cosas tienen para ellos.
La atribución del significado a los objetos es un proceso continuo que se realiza a través de símbolos.
La atribución del significado es producto de la interacción social en la sociedad humana. (p. 118)
Así, pues, las mujeres de la Casa del Chontaduro, como grupo, construyen una interacción en la cual utilizan diversos elementos simbólicos presentados de forma artística para resignificar sus experiencias.
Población y objeto de análisis
La población, objeto de estudio, es el grupo de mujeres de la Casa Cultural del Chontaduro en Cali, estas son mujeres de distintas edades, en su mayoría, mujeres afrodescendientes con grandes talentos artísticos, las cuales habitan en el Distrito de Aguablanca y han vivido diferentes situaciones de violencia, tales como: el desplazamiento forzado, el racismo, el maltrato intrafamiliar, el abuso sexual, entre otras; pero, a pesar de ello, no se consideran víctimas, sino que han sabido resignificar estas experiencias de forma tal que se consideran como mujeres fuertes, resilientes y creadoras. Se pudo establecer un contacto con tres de las mujeres del grupo; para proteger su identidad, aquí serán llamadas mediante seudónimos: María, Marta y Sofía. María es una de las fundadoras de la Casa Cultural del Chontaduro, así que sabe cómo surgió el espacio y presenta los aspectos históricos de la iniciativa.
Estrategia analítica
En la investigación, primeramente, se realiza una revisión bibliográfica sobre el grupo de mujeres a través de la página de la Casa Cultural del Chontaduro, esto con el fin de conocer más sobre el objeto de estudio (conformación, objetivos comunes, ideales y metas); luego, se recurre a la entrevista semiestructurada como método que permite captar la experiencia desde la perspectiva de las actoras de forma más cercana. Se entrevistó a tres mujeres de la Casa Cultural del Chontaduro y el producto obtenido de dichas entrevistas se sometió a la estrategia analítica de análisis de contenido, con el fin de indagar, interpretar los discursos y profundizar sobre la resignificación que realizan las mujeres a través del arte.
Análisis y discusión
La Casa Cultural del Chontaduro nace como una iniciativa de mujeres que han vivido diversas formas de violencia y que sienten la necesidad de construir un espacio de encuentro en el Distrito de Aguablanca para la comunidad en general y el trabajo colectivo, donde se visibilicen diferentes problemas sociales y se propenda por generar soluciones. La mayoría de las mujeres pertenecientes al grupo viven en el oriente de Cali, donde la desventaja laboral y la desigualdad social es muy marcada, por lo que buscan generar cambios a través de diferentes proyectos, programas y actividades que incentivan a la acción.
En este sentido, la Casa Cultural surge como una acción colectiva de las mujeres para generar resistencia frente a la violencia estructural que se vive en el oriente de Cali, al no tener un espacio de encuentro para la comunidad, especialmente, para los niños, niñas y jóvenes que se quedaban solos en casa cuando sus madres tenían que salir a vender chontaduro o a trabajar en casas de familia; la idea era que ellos y ellas pudieran utilizar su tiempo libre para hacer uso de la biblioteca de la Casa Cultural, leer, dibujar, cantar y, así, desarrollar sus habilidades académicas y artísticas.
Cabe destacar que los miembros de este grupo comparten cierta identidad común, ya sea étnica, cultural y/o social, y tienen algún compromiso con los valores del grupo; además, poseen reglas y roles que les ayudan a organizarse y coordinar sus actividades para incentivar un sentimiento de solidaridad que les permita permanecer juntas y lograr las metas del grupo.
La identidad es un eje transversal para la construcción de lo colectivo, aquí la “visión narrativa aparece como un recurso discursivo que evoca lo histórico para comprender las identidades narradas y entretejidas dentro del contexto cultural” (Cortés, 2007, 164). En este sentido, el grupo genera proyectos socioeducativos y realizan actividades de teatro, lectura, canto, danza, cuentos, entre otras expresiones artísticas que ayudan a mantener y visibilizar la memoria ancestral y a generar resistencia; todo esto con el fin de buscar la paz en sus territorios. De esta forma, se apuesta por una transformación del pensamiento donde sea posible el respeto, la equidad, la libertad y la dignidad.
Identidad del grupo
El grupo de las mujeres de la Casa del Chontaduro presenta como objetivo común la construcción colectiva de la memoria, la sanación conjunta y el empoderamiento de la mujer por medio del reconocimiento y valoración de la otra, la expresión artística, la escucha y el amor. María dice “allá está la voz de las que no tienen voz … allá cantamos, allá poemamos, allá contamos esas historias de tristeza, de alegría que cada una tenemos… allá botamos todo lo malo que nos ha pasado” (María, comunicación personal, 15 de octubre del 2018). Lo anterior, denota un reconocimiento de esa otra que piensa, siente y significa su experiencia, lo cual es subvalorado en el mundo social exterior; se establece, entonces, un “nosotras” enmarcado en un espacio específico donde sí se puede ser. Además, surge la parte artística como forma de expresión que permite liberar pensamientos, sentimientos y emociones. María agrega:
[…] una mujer que ha sido, desarraigada, violada, desterrada, ahí lo encuentra todo, porque todas esas mujeres que manejan la Casa Cultural del Chontaduro son unas mujeres amables, sororas... después de que tú entras ahí, ahí te quedas, esa Casa Cultural tiene magia porque reina el amor, los abrazos, los besos con las mujeres... nadie nos va a juzgar, sino que vamos a dar ánimo y a decir que bien que ha botado esa carga, que se ha superado, que se está formando. (María, comunicación personal, 15 de octubre del 2018)
Aquí se puede notar una identidad, puesto que todas son mujeres que han sido violentadas de alguna forma, pero han sido resilientes y han logrado agenciar sus vidas positivamente y planean motivar a las mujeres que se unen al grupo para que se sientan acogidas y también puedan resignificar positivamente sus experiencias. Además, como lo plantea Barón y Byrne (citado en Cortés, 2007), el grupo satisface importantes necesidades sociales y psicológicas, tales como pertenecer al grupo y recibir atención y afecto, lo que ayuda a reafirmar la autoestima de las mujeres.
Este grupo influye notablemente en cada una de las mujeres, mediante la promoción de la expresión de una forma libre y espontánea. María da cuenta de ello cuando dice:
[…] cuando yo llegué al Chontaduro yo pensaba que no valía nada…en este momento yo ya soy una investigadora de nuestros territorios, de nuestras raíces, de la diáspora africana, nos hemos empoderado como mujeres fuertes, resistentes que luchamos contra toda esa opresión y racismo. (María, comunicación personal, 15 de octubre del 2018)
En este sentido, el grupo también promueve una identidad sociocultural determinada por el concepto de etnia y el proceso histórico de las comunidades afrodescendientes. De esta manera, se pueden evidenciar, por un lado, los tres aspectos que definen a un grupo según Bar Tal (citado en Almagia, 1998), ya que 1) las mujeres se reconocen como parte del grupo, 2) existen actividades coordinadas donde las mujeres se reúnen regularmente para expresar de forma artística sus experiencias y 3) se comparten creencias comunes como la valoración por la cultura afrodescendiente. Por otro lado, se visibiliza una identidad étnica, social y cultural común que les permite reafirmar su identidad grupal.
Objetos simbólicos
En este apartado se pretende analizar las entrevistas que se realizaron para poder resaltar los objetos que son considerados simbólicos para el grupo de mujeres. En este grupo se manejan muchos elementos que cumplen una función simbólica, incluso el mismo nombre de la Casa ‘el Chontaduro’ tiene un trasfondo, pues surgió en honor a las mujeres platoneras que venden chontaduro y sustentan a sus hijos a partir de esa digna labor. Pero, en este caso, se resaltarán cinco elementos que las mujeres entrevistadas esclarecieron como objetos significantes para todas las mujeres del grupo, que son: un libro, las canciones, los poemas, los instrumentos musicales y el vestuario.
Libro
Con el fin de mantener viva la memoria de los hechos y situaciones vividas por las mujeres de la Casa del Chontaduro, ellas decidieron plasmar esas experiencias en un libro llamado Ecos: palabras de mujeres, esto les permitió visibilizar distintas situaciones de manera conjunta y el libro se convirtió en un símbolo de la historia de vida de estas mujeres. Marta dice: “el libro empezó con los cuentos y narrativas que nos contaban nuestras abuelas [...]” luego vimos que era muy importante sanarnos, contando nuestras historias” (Marta, comunicación personal, 15 de octubre del 2018). El libro, entonces, ayuda a materializar las vivencias y también sirve como mediador para liberar los pensamientos, sentimientos y emociones que dejaron las distintas experiencias. El libro en sí mismo es un elemento que identifica al grupo, puesto que es un objeto que representa la unión de un grupo específico de mujeres bajo un mismo lugar con diversas experiencias de violencia.
Canciones
Las canciones son de vital importancia para este grupo de mujeres, ya que los cantos se presentan como formas de narración de las historias de vida. Sin duda, ellas consideran las canciones como símbolos que constituyen el origen y la esencia del grupo y, por lo tanto, contienen una fuerte carga emocional. Por ende, Marta comenta “tenemos una canción que nos identifica... ‘lo bueno es más’, que la creó una de nosotras que nos identifica como hermanas, compañeras” (Marta, comunicación personal, 17 de abril del 2018). Sus canciones son creaciones propias que nacen de sus relatos, vivencias, preocupaciones, añoranzas e historias, es por esta razón que se identifican a cabalidad con ellas.
Dice María “nosotras no cantamos por cantar, sino por contar historias” (María, comunicación personal, 15 de octubre del 2018), pues no se trata de cualquier canción, sino de creaciones artísticas que las representan. Marta también comenta que hicieron una canción que se llama “cuatro mujeres”; esta canción surgió del libro Ecos: palabras de mujeres y hace referencia a las cuatro mujeres que comenzaron el grupo y cómo ahora son muchas más, aludiendo a un proceso histórico de creación, formación y fundamentación del grupo.
Bajo las letras de sus canciones, las mujeres de la Casa del Chontaduro quieren ser escuchadas, quieren sanar y liberarse del pasado; canciones como la siguiente, cantada por Marta, lo evidencia:
[…] yo luché contra las drogas, yo soñé con ellas, canté con ellas, bailé con ellas, reí con ellas y también lloré, a pesar de caer ya me levanté, gracias, Dios mío, ya me levanté, gracias, Dios mío ya me levanté… Casi dejo cerrar mis ojos, cuando de repente escuché una voz entre femenina y masculina, que me hablaba, yo estaba entre dormida, y despierta, sentí que esa voz, me trajo de vuelta, escuché que me dijo: ¡¡Ay mujer a las siete de la noche te sentirás mejor!! Ay volví, volví a sentirme viva, volví a sentirme viva, ay amiga únanse a esta lucha, ay amiga únanse a esta lucha y así podemos vencer, y así podemos vencer, ay mujeres únanse a esta lucha, ay mujeres únanse a esta lucha y así podemos vencer... Ay muchachos únanse a esta lucha, ay muchachos únanse a esta lucha y así podemos vencer y así podemos vencer… Ay! comadre únanse a esta lucha, ay comadre únanse a esta lucha y así podemos vencer y así podemos vencer, vengan todos únanse a esta lucha y así podemos vencer, y así podemos vencer y así podemos vencer… (Marta, comunicación personal, 15 de octubre del 2018)
Aquí se muestra tanto la identidad individual como la grupal, pues ella está narrando una experiencia propia de abuso de drogas, la cual tal vez no comparta con todas las mujeres, pero todas tienen luchas que deben afrontar. Al final de la canción se evidencia que no es una lucha individual, sino que todos (mujeres, muchachos, comadres) los que se sientan identificados con esta lucha deben unirse para poder vencer.
Durante la entrevista, Sofía comienza a cantar la siguiente canción para dar cuenta de sus vivencias y su realidad:
En el oriente de Cali muchas cosas de admirar siempre resaltan lo malo y miren que lo bueno es más. Personas trabajadoras muy activas muy audaz, luchan para que sus hijos no caigan en la maldad; miren que lo bueno es más, miren que lo bueno es más. De acá salen futbolistas, actores, compositores componiéndole a la vida y buscando soluciones; miren que lo bueno, es más, miren que lo bueno es más. Los jóvenes perfeccionan en el arte cada día, en el Oriente de Cali hay mucha sabiduría; miren que lo bueno es más, miren que lo bueno es más. Los jóvenes que terminan el bachillerato acá, ay cuando mis padres puedan, voy a la universidad; miren que lo bueno es más. Las mujeres se reúnen a planear mejor futuro tenemos de referencia la Casa del Chontaduro; miren que lo bueno es más, miren que lo bueno es más. Las mujeres contadoras, que cantan por no llorar, ésta es nuestra resistencia y no nos deja doblegar; miren que lo bueno y miren que lo bueno es más […] (Sofía, comunicación personal, 15 de octubre del 2018)
En esta canción se visibilizan muchas cosas positivas del Distrito de Aguablanca como una forma de resistencia ante la idea que se ha extendido en la ciudad de Cali, según la cual este sector es lo peor de la esta, teniendo en cuenta los niveles de delincuencia y de estratificación, pero, pocas veces, se habla de todas las cosas positivas que la misma comunidad ha construido a pesar de la discriminación sistémica que viven. Nuevamente se mencionan diferentes actores sociales (personas trabajadoras, jóvenes, mujeres) y cómo todos ellos contribuyen desde sus quehaceres a que lo bueno sea más, como una forma de resistencia.
Poemas
Los poemas son creaciones literarias consideradas como expresiones artísticas, estos presentan algunos parámetros para ser creados, como el verso, la métrica, el ritmo, la rima o la prosa. Las mujeres de la Casa del Chontaduro adoptan esta expresión artística como herramienta para expresar sus historias de vida. María recita una parte de uno de sus poemas durante la entrevista:
Me duele el alma, encendido fuego por el bombo, el cununo, la marimba y el guasá, las voces cantoras que se levantan al ritmo del tambor, sonidos de aguas que corren por ríos cristalinos, pechos negros violentados en tu poderoso cuerpo, espaldas negras resistentes al dolor, a golpe de azadón. (María, comunicación personal, 15 de octubre del 2018)
Este poema presenta otros elementos simbólicos (las canciones y los instrumentos musicales) como parte de la identidad étnica y como un medio para alzar la voz y expresar cómo las personas afrodescendientes históricamente han sido violentadas, pero, a pesar de ello, siguen resistiendo con poder.
Las mujeres del Chontaduro crean sus poemas y los recitan, se escuchan y reviven su pasado porque estas dinámicas no son para olvidar, son para liberar pensamientos, sentimientos y emociones a partir de la memoria del pasado; por lo tanto, a través de este arte, resignifican con sus propias palabras. De esta manera, las mujeres realizan eventos desde este elemento artístico (el poema) para socializar sus creaciones, escucharse e identificarse entre ellas; un ejemplo de ello fue en el aniversario XXXII de la Casa Cultural del Chontaduro donde compartieron una sección llamada Resonancia Ancestral: lunada poética.
Instrumentos musicales
Los instrumentos musicales son creaciones humanas y, por lo tanto, también son creaciones culturales, es decir, tienen características propias de la comunidad o sociedad donde son construidos; sus formas, sus materiales y los sonidos de los instrumentos varían según el territorio y la población donde son creados. Instrumentos como el guasá, están elaborados con materiales como un tubo de bambú y semilla de maíz, achiras o piedras pequeñas. De igual forma, la marimba creada principalmente por madera resistente y el cununo, fabricado con el tronco de un árbol y fibras vegetales, se muestran como instrumentos que pueden fabricarse en lugares donde la naturaleza ofrece este tipo de materiales.
Estos instrumentos nacieron en África, pero cuando los afrodescendientes fueron desterrados y esclavizados, se quedaron allá. No obstante, en su creatividad, ellos decidieron buscar materiales similares a los utilizados en sus tierras y lograron construir nuevamente sus instrumentos. Se puede evidenciar que en las poblaciones o comunidades con alto porcentaje de personas afrodescendientes se hace uso de estos instrumentos, por ejemplo, en el Pacífico colombiano. De esta manera, el uso de estos instrumentos representa una identidad sociocultural y una historia, que seguramente evoca sentimientos y memoria. María dice: “nosotras tenemos un objeto que queremos mucho, que es simbólico, con eso era que nuestras ancestras cantaban” (María, comunicación personal, 15 de octubre del 2018) haciendo referencia al guasá.
Vestuario: Turbantes, prendas coloridas, accesorios.
Al igual que los instrumentos, el vestuario también es un aspecto cultural e identitario. En algunos países y/o regiones suelen vestirse de acuerdo con las estaciones climáticas, el vestuario de las mujeres de la Casa del Chontaduro también tiene un origen, la región del Pacífico en Colombia es donde más se acoge esta vestimenta y no varía según el clima, puesto que, esa zona no tiene gran variedad de climas (es trópico húmedo) y sobre todo tan marcados temporalmente como pasa en otros lugares del mundo pero sí se caracteriza por la gama de colores que usan, las formas, el diseño e incluso sus accesorios.
Las prendas coloridas, los accesorios grandes y los turbantes tienen un sentido histórico ancestral. Por ejemplo, en el tiempo de la esclavitud, el turbante sirvió para esconder semillas y oro que luego servirían para subsistir durante la huida, lo cual representa un símbolo de resistencia. Los accesorios grandes, en un sentido espiritual, se han utilizado para alejar los malos espíritus, mientras que cada color puede tener su propio significado especial, el amarillo, por ejemplo, puede representar el amor y el coqueteo; el blanco, la paz y la pureza, y el rojo, el fuego.
Todos los elementos aquí presentados son simbólicos para las mujeres de la Casa del Chontaduro, enseñan que contienen una identidad y el vestuario no es la excepción, las mujeres entrevistadas son muy conscientes de esto y María comenta que:
El turbante también pues tiene una historia y es que cuando las españolas nos mandaban a guardar nuestro cabello para que nos pusiéramos esa mecha en la cabeza, entonces nosotras nos poníamos ese turbante y lo que hicieron fue ponernos más bellas porque nosotras nos ponemos nuestro turbante y es un turbante de poder, de hegemonía, de grandeza. (María, comunicación personal, 15 de octubre del 2018)
Así, el turbante también tiene un trasfondo histórico marcado por esa etapa de esclavitud étnica, y surge nuevamente la resistencia propia de las comunidades negras, pues con la imposición del turbante se pretendía avergonzar, especialmente a las mujeres negras, pero ellas transformaron esa imposición en una oportunidad para mostrar su belleza orgullosamente.
Análisis de objetos como mediadores
A partir del análisis de los elementos simbólicos, se va a realizar una presentación de dichos elementos como mediadores que ayudan a mantener la memoria de los hechos vividos y, al mismo tiempo, permiten la liberación de la opresión. Para lo anterior, se hará la confrontación a través de cuatro momentos: 1) hecho acontecido, 2) acto enunciativo, 3) relato en escena y 4) identidad afirmativa.
Primer momento (Hecho acontecido): Todas las mujeres que forman parte del grupo de la Casa Cultural del Chontaduro han vivido hechos o situaciones violentas diversas como: violencia de género, violencia sexual, violencia social y violencia estructural, lo cual afecta tanto la parte física como psicológica del ser.
Segundo momento (Acto enunciativo): En este momento se presentan las diferentes acciones de enunciación: el cantar, el relatar, el contar, el recitar y el resignificar las diferentes experiencias y elementos que reviven la memoria.
Tercer momento (Relato en escena): En este momento se hace énfasis en el contenido del relato, el cual hace referencia a historias de vida y a la significación que las mujeres atribuyen a sus experiencias individuales y compartidas. Sofía comenta:
Son reuniones que a las problemáticas le buscan solución, un grupo de mujeres de lectoras y escritoras, contar cuentos... todas las mujeres que han sido desterradas de su territorio cuentan historias tristes y de felicidad... escuchar situaciones y ellas dan animo a salir adelante y superarse sin juzgar... cantar, reír, llorar. (Sofía, comunicación personal, 15 de octubre del 2018)
Cuarto momento (Identidad afirmativa): Liberación-identidad afirmada. Aquí se presenta un reconocimiento de la mujer como un ser valioso, poderoso, capaz, resistente y creativo. Marta comenta que en el grupo se promueve el:
[...] empoderamiento de mujeres, hay escuela sociopolítica para mujeres en donde enseñan los derechos, donde se puede ir a reclamar... aprender a quererse a sí mismas y valorarse como mujeres fuertes resistentes que lucharon contra todo el racismo y opresión. (Marta, comunicación personal, 15 de octubre del 2018)

La tabla 1 visibiliza la idea de que los elementos simbólicos actúan como mediadores en la construcción de una memoria, no solo individual, sino también colectiva, la cual permite una resignificación al transformar hechos dolorosos en la producción de algo nuevo y con un sentido de pertenencia muy fuerte debido a su carga emocional o “significado emocional”, como lo llamarían Nieto y Pichastor (2007). Cabe resaltar la necesidad de hacer memoria, no bajo el enfoque de víctimas, sino bajo la idea de que son mujeres que afrontaron estos acontecimientos negativos, pero que fueron resilientes y ahora son libres.
La identidad supone un reconocimiento y apropiación de la memoria histórica, del pasado. Un pasado que puede ser reconstruido o reinventado, pero que es conocido y apropiado por todos. El valorar, restaurar, proteger el patrimonio cultural es un indicador claro de la recuperación, reinvención y apropiación de una identidad cultural. (Molano, 2007, p. 84)
La identidad hace parte de la historia y de la cultura, y para que los sujetos puedan identificarse deben reconocerse históricamente dentro de un entorno físico y social y, a partir de ese reconocimiento, la identidad sociocultural de dicho grupo se va construyendo. Así, al reconocerse como perteneciente a una comunidad, se aceptan, acogen y aportan elementos que son propios de la cultura para mantener esa identidad vigente. En el grupo de las mujeres de la Casa del Chontaduro se ve resaltada una identidad sociocultural a partir de cada uno de los objetos simbólicos, ya que hacen referencia a una historia étnica y a concepciones y valoraciones típicas de la comunidad afrodescendiente.
Conclusiones
Las mujeres de la Casa del Chontaduro son mujeres optimistas, emprendedoras y empoderadas, pero, sobre todo, son finalmente mujeres liberadas. Lo anterior se puede afirmar a partir de su discurso al momento de presentarse, hablar sobre su grupo y su pasado, puesto que no se asumen como víctimas sino como mujeres libres. De esta manera, se puede plantear como conclusión que los objetos simbólicos representativos de una identidad sociocultural son también objetos terapéuticos que ayudan a mediar entre las situaciones violentas vividas y la sanación de las heridas que dejaron dichas situaciones, sin dejarlas en el olvido.
Por otro lado, el ser parte del grupo, les permite a las mujeres agenciar una capacidad de resiliencia y resignificación al reconocer los hechos violentos vividos como parte de su historia de vida que debe ser expresada, al reconocerse a sí mismas como seres valiosos con mucho potencial para compartir con los demás y al generar conjuntamente posibles soluciones frente a las distintas problemáticas que se les presentan en la actualidad, lo cual también contribuye a un desarrollo personal.
Referencias
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Notas
Notas de autor
Información adicional
Citar como: Delgado, Y., Angulo, C., Hurtado, L. y Mutis, M. (2021). Análisis, 53(99). https://doi.org/10.15332/21459169.6804