Artículos

Tras la diáspora andina. Una construcción epistémica para fortalecer el proceso intercultural de la ciudad de Cali, Colombia*

Following the Andean Diaspora. An epistemic construction to strengthen the intercultural process in the city of Cali, Colombia

Seguindo a diáspora andina. Uma construção epistêmica para fortalecer o processo intercultural na cidade de Cali, Colômbia

Juan Manuel Pérez Rengifo **
Fundación Cultural Nuna Kallpa, Colombia

Tras la diáspora andina. Una construcción epistémica para fortalecer el proceso intercultural de la ciudad de Cali, Colombia*

Análisis. Revista Colombiana de Humanidades, vol. 54, núm. 100, 2022

Universidad Santo Tomás

Recepción: 10 Julio 2021

Aprobación: 27 Octubre 2021

Resumen: La ciudad de Cali se ha caracterizado por ser el reflejo potente de un desarrollo pluriétnico y multicultural, donde la historia y las diferentes migraciones han dinamizado las prácticas culturales y sus formas de ver el mundo. En esa medida surge un mundo andino producto de la diáspora andina que conlleva una carga de la memoria y la adaptación en una ciudad que se abre al diálogo intercultural. Durante muchos años la pregunta sobre una Cali andina ha rondado en la mente de sus pobladores y gestores culturales. Esta interrogación ha motivado el presente articulo, producto de una investigación para optar por el título de magíster en Estudios Interculturales. Lo andino es entonces la consecuencia culminante de relaciones sociales gestadas por migrantes y caleños raizales que dieron apertura a mezclas culturales que hemos denominado interculturales sustentadas en un proceso diaspórico.

Palabras clave: diáspora andina, cultura, identidad, prácticas culturales, interculturalidad.

Abstract: The city of Cali has been characterized as a powerful reflection of a multiethnic and multicultural development, where history and different migrations have dynamized cultural practices and their ways of seeing the world. To this extent, an Andean world emerges as a product of the Andean diaspora that carries a burden of memory and adaptation for a city that is open to intercultural dialogue. For many years the question about an Andean Cali has been on the minds of its inhabitants and cultural managers. This question has motivated this article, result of a research for a Master’s degree in Intercultural Studies. The Andean is then the culminating consequence of social relations generated by migrants and local people from Cali that gave way to cultural mixtures that we have called intercultural, sustained by a diasporic process.

Keywords: Andean Diaspora, culture, identity, cultural practices, interculturality.

Resumo: A cidade de Cali tem se caracterizado como um poderoso reflexo do desenvolvimento multiétnico e multicultural, onde a história e as diferentes migrações têm mobilizado as práticas culturais e suas formas de ver o mundo. Nesse sentido, surge um mundo andino produto da diáspora andina que envolve memória e adaptação em uma cidade aberta ao diálogo intercultural. Durante muitos anos a pergunta sobre uma Cali andina está presente entre seus habitantes e gestores culturais, motivo que levou a este artigo como resultado de uma pesquisa no âmbito do mestrado em Estudos Interculturais. O andino é então a consequência culminante das relações sociais estabelecidas por migrantes e locais de Cali que deram abertura a misturas culturais que denominamos “interculturais”, originadas a partir de um processo diaspórico.

Palavras-chave: diáspora andina, cultura, identidade, práticas culturais, interculturalidade.

Introducción

La ciudad de Cali ha sido un epicentro sociocultural, económico y político del suroccidente colombiano. Su historia ha transcurrido de la mano de múltiples procesos de modernización que permitieron que se catalogara como pluriétnica y multicultural. A lo largo del siglo XX, eventos como la llegada del ferrocarril, la constitución de Cali como capital del departamento del Valle del Cauca en 1910 y los juegos panamericanos de 1970 fueron los principales impulsores del desarrollo de la urbe. Bajo esas dinámicas llegaron múltiples flujos migratorios que derivaron en la heterogeneidad de la ciudad. Por tal motivo se potencializó la salsa y la cultura afropacífica, pero también el mundo andino. Esta última dinámica es la que se desea ampliar en este artículo, que procede del trabajo de grado Danza, escucha y siente. Configuración de la identidad andina en la ciudad de Cali como parte de un proceso intercultural y diaspórico, realizado para optar por el título de magíster en Estudios Interculturales de la Universidad del Cauca. Dicha investigación es el resultado de dos años de estudio y una vida haciendo parte de los procesos socioculturales andinos de la ciudad de Cali.

Considero que es relevante potencializar el análisis de las dinámicas sociales y culturales andinas de la ciudad, donde la diversidad construida en la diferencia generó espacios de reflexión y la creación de nuevas narrativas urbanas. Por tal razón, definir lo andino ha sido uno de los aspectos más importantes de esta investigación y dicha noción se entiende como un concepto que

Remite a sus sujetos el respeto por la naturaleza, la minga y la reciprocidad. Hay algo innato dentro de las comunidades andinas y es que se caracterizan por un paralelo con lo simbólico y lo natural, son portadoras de conocimiento y fraternidad. Esto no solo se aprecia en comunidades indígenas, sino también en mestizos amantes de las culturas andinas no solamente en Suramérica, sino también en Colombia y especialmente en Cali. (Pérez, 2013, p. 34)

Por tanto,

Así se refuerza la idea de que el concepto de mundo andino es diverso. Se basa en un determinante geográfico, una tradición histórica, una diversidad étnica y cultural, unos símbolos, unos sonidos y unos colores. Por ende, la forma como se apropia lo andino permite [crear] un sentido de pertenencia por lo que es y son hacia todo lo vivo y sobrenatural. (Pérez, 2013, p. 36)

El reflejo de una Cali andina pone de relieve y amplía la diversidad de la ciudad, dado que reconoce los ámbitos socioculturales que se manifiestan en la calle; de ahí la importancia de entender por qué se debe hablar de una Cali andina desde un proceso intercultural y diaspórico, producto de unas relaciones con el pasado, las migraciones y las mezclas a la que la ciudad se ha visto sometida. Esta aproximación resignifica1 constantemente el accionar de las comunidades andinas, el cual pervive entre las diferentes clases sociales y edades. Al respecto, hay que resaltar que no se limita solamente a las características del determinante étnico, sino que va más allá, en un trasfondo político, social y cultural que permite a los grupos sociales rescatar y reivindicar tradiciones propias.

Sin embargo, la resignificación implica la “coexistencia de modelos culturales distintos en el contacto entre grupos que no se aculturan, sino que mantienen patrones e identidades indígenas en contextos no indígenas” (Martínez, 2007, p. 20). Por consiguiente, son los grupos de mestizos-caleños raizales los encargados de revalorar y reapropiar los elementos característicos de las diferentes culturas que convergen en Cali, teniendo así un mundo andino particular, con componentes indígenas y mestizos propios de la ciudad.

Un buen ejemplo de lo mencionado anteriormente se puede apreciar en las prácticas que desde hace algunos años se ven representadas dentro de la ciudad, donde los símbolos, los ceremoniales y las relaciones sociales giran en torno a pasados históricos ligados a la diáspora andina, producto de una resignificación constante de la gente urbana, indígena y rural.

Estos símbolos no son importantes por razones religiosas o dogmáticas, sino más bien porque tienen como finalidad “el aprender, guardar y desarrollar el conocimiento para lograr el bienestar permanente de toda la colectividad viviente” (Milla, 2003, p. 208). Por tal motivo, dichos símbolos permiten que se tome como parte del proceso de identidad no solamente su expresión física, sino también todo el bagaje cultural que cimienta dicha identidad.

Ahora bien, todo este entramado simbólico-cultural hace referencia a una exaltación de los astros, que son los que permiten sustentar el funcionamiento y expresión de los símbolos. “El hombre andino observó el cielo y lo bajó a la tierra para construir una sociedad a imagen y semejanza de la cruz de estrellas que veía” (Milla, 2003, p. 16). La cosmología tiene otro factor determinante para las comunidades andinas ―antes y durante el periodo inca y hasta la actualidad― y es su importancia dentro de las fiestas del año, las cuales están ligadas a los solsticios y equinoccios, y dan apertura a las estaciones pero también a la temporada de cosechas y recolección. Tales celebraciones se llevan a cabo con ofrendas y sacrificios.

El sol es Wak’a en el Capac Raymi, solsticio de verano en diciembre, cuando es fuerte y nos da calor, pero en el invierno es solo un débil miembro de la comunidad andina a quien, cumpliendo el mandato del Ayni, debemos reciprocar por su ayuda pasada. Para esto, la comunidad simbólicamente lo calienta con fogatas y le envía un Kero con chicha reconfortante. (Milla, 2003, p. 29)

Este tipo de festividades hacen parte de los días resaltados dentro del calendario lunar, a partir de los cuales se obtienen dos equinoccios y dos solsticios, siendo más relevantes los dos últimos enmarcados dentro de una gran ceremonia al Sol. Uno se ubica en junio y es el solsticio de invierno llamado Inti Raymi, mientras que el otro es el del mes de diciembre y es el solsticio de verano llamado Capac Raymi. Este tipo de festividades, que perviven dentro de la tradición, se pueden apreciar en países como Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Como lo manifiesta Chamalú,

El INTIRAYMI, la célebre fiesta del Sol, una majestuosa fiesta espiritual donde se funden armónicamente las danzas indígenas con la meditación, los cantos con la música ceremonial, los rituales con la enseñanza Amáuticas, además de experiencias chamánicas en la selva, en la montaña y santuarios naturales. (Espinoza, 1993, p. 131)

Después de la llegada de los españoles, este tipo de festividades se relacionaron con celebraciones que coincidían con las perspectivas religiosas de los misioneros que arribaron a Suramérica: “como varios cronistas y funcionarios coloniales han mencionado, la fiesta de san Juan y san Pedro remite a una conmemoración incásica solar, el Intiraymi” (Guerrero, 1976, pp. 130-131). Es interesante saber cómo los andinos respondieron a esta situación particular de la época de la Conquista. En relación con este interrogante, Andrés Guerrero plantea que

los andinos, como en otras situaciones, adoptaron una estrategia de resistencia. Fundieron significados, símbolos y rituales autóctonos con aquellos que permeaban de las prácticas españolas y cristianas. Resultó, como en otros rituales andinos, una creación gestual, iconográfica y simbólica nueva. (Guerrero, 1976, p. 132)

Esta festividad del Inti Raymi, realizada desde tiempos ancestrales por las comunidades andinas especialmente de influencia incaica, pervive en la actualidad, ya que ha expandido su frontera simbólica hasta la ciudad de Cali, donde se puede apreciar que los quichuas de Ecuador hacen su evento particular ofrendando chicha y alimento al fuego como forma de pago por sus beneficios. En el marco del ceremonial-ritual se desarrolla una gran fiesta hasta el amanecer, durante la cual se comparte con amigos y conocidos, así no se trate necesariamente de indígenas quichuas.

Este tipo de rituales que se ven en la actualidad son parte de un proceso que se viene desarrollando en la ciudad de manera incipiente desde la década de 1970 con el mundo andino y su población. En el caso de la comunidad andina caleña, este tipo de festividades se remonta desde los inicios de la década de 1990. Lastimosamente, los colectivos artístico-culturales que realizaban este tipo de festividades lo han hecho de forma desarticulada y aislada, tomando las particularidades de cada grupo.

De manera paralela a lo realizado por las comunidades indígenas, en Cali una fundación denominada Colectivo Cultural Andino de Cali (CCAC) ha buscado acoger a todos los grupos musicales y de danzas andinas de la ciudad. Se trata de una organización mestiza que nace en el 2006 y se identifica con lo andino de influencia inca y de tradición caucano-nariñense, dentro de la cual se enfatiza el rescate de las tradiciones andinas y ancestrales reivindicando a Cali como ciudad andina. Este colectivo ha desarrollado a lo largo de los años las diferentes celebraciones y ceremoniales, incluidas las de los solsticios y equinoccios2.

Pero para entender todo el entramado de las culturas andinas, su simbolismo e interpretación del mundo, es necesario comprender el concepto clave de cultura, pero visto y propuesto desde los mismos andinos.

Las interpretaciones del concepto de cultura son muy variadas y contrapuestas, justamente porque dependen de los puntos de vista o niveles de pertinencia del intérprete. Para nosotros los andinos, la cultura es la respuesta de la comunidad a los retos de la geografía de los Andes, entendiendo como reto el diálogo permanente con la naturaleza para que ella nos enseñe a criarla y a dejarnos criar por ella. (Milla, 2003, p. 199)

Vemos en lo anterior una enseñanza de estar bien consigo mismo y a la vez con nuestros semejantes para estar en equilibrio con la naturaleza, que podría afirmarse como un proceso de identidad del mundo andino de respeto por todo lo que nos rodea, siendo una forma de ejemplo del equilibrio en el que se supone deberíamos estar.

Lo que queda claro al finalizar este recorrido histórico sobre las comunidades andinas es que los españoles no tuvieron la capacidad de comprender lo que vieron en el continente suramericano y por eso hicieron lo que hicieron en el territorio andino, tal como lo afirma María Rostworowski:

Los conquistadores del Tahuantinsuyu no estaban preparados, ni podían en aquella época poseer las condiciones necesarias para entender el nuevo mundo que se abría ante ellos. Les era imposible juzgar en su cabalidad las altas culturas andinas, tan originales en su estructura, debido al aislamiento que sufrió el continente de las influencias europeas y asiáticas. (1986, p. 180)

No importa cómo hayan sido las cosas, el pensamiento andino logró trascender los fenómenos históricos del continente americano para instaurarse hoy en día como una utopía que se construye trascendiendo fronteras territoriales y simbólicas, identidades culturales, color de piel y formas de vida.

Finalmente, la investigación es una propuesta para la ciudad de Cali y su proceso intercultural. En este trabajo es concebida como una ciudad diversa, con un componente importante del sur del país que la cataloga como andina, no solo geográficamente, sino también cultural, política y socialmente. Vale la pena resaltar que lo andino en Cali no es solo un fenómeno de migrantes indígenas o del sur del país, sino especialmente de caleños raizales amantes de lo andino y su sentir.

Una Cali andina, diaspórica e intercultural

A lo largo del tiempo, el mundo andino en Cali ha sido un elemento fundamental en la cultura y visión de la ciudad, donde no solo lo folclórico sino también lo político, lo económico y lo social tienen un papel importante dentro del trasegar de la identidad andina. Por tal motivo, el aporte conceptual debe estar hilado de manera clara, de modo que permita profundizar en las diferentes problemáticas que se desean analizar y, de esta manera, ahondar en el proceso de construcción de la identidad andina en Cali.

La andinidad que se gesta en la ciudad de Cali es parte de un proceso histórico producto de múltiples momentos migratorios que fueron generando en la ciudad dinámicas culturales particulares, que con el paso de los años se siguen resignificando para establecer nuevos valores y fenómenos. Entonces, entender qué es el mundo andino y su dinámica para la ciudad de Cali es fundamental, especialmente a través de un proceso diaspórico.

En ese sentido, la historia de Cali en el siglo XX se puede caracterizar como un eventual despegue de modernización que la puso a la par con las demás ciudades principales del país, respecto de las cuales se había mantenido rezagada hasta ese momento. Para muchos, este impulso se debe a su incorporación en el mercado mundial a través de las líneas de Ferrocarriles del Pacífico en la década de 1910, lo cual logró convertir a la ciudad en un importante paso comercial. En palabras de Edgar Vázquez Benítez,

Si hubiese que fechar el despegue de Cali hacia la modernización, se podría decir que ocurrió entre 1910 y 1915, cuando se presentaron cambios institucionales que convirtieron la aldea en centro administrativo, militar político y religioso, pero, principalmente, a raíz de la llegada del ferrocarril desde Buenaventura y su extensión a Popayán y Armenia. (Vásquez, 2001, p. 159)

Este contexto de auge económico de la ciudad atrajo unos procesos de migración debido a la demanda de mano de obra y la oferta de salarios que podrían brindar una relativa estabilidad económica. Así pues, la ciudad empezó a prepararse para la modernización a través de la creación de una infraestructura pertinente, basada en el desarrollo del acueducto, alcantarillado, pavimentación de calles, saneamientos y servicios de salud, lo que permitió obtener comodidades urbanas capaces de atraer mucha más población. Ese proceso de migración del primer tercio del siglo XX “también incluía a algunos indígenas, pero especialmente a campesinos parcelarios con una vida precaria en el campo, pero independiente, sin amo ni patrón” (Vásquez, 2001, p. 177).

A partir de los años setenta del siglo pasado, se aprecia una particularidad dentro del desarrollo social, político y cultural de la ciudad. Según Edgar Vásquez, “Para los Juegos Panamericanos, se ampliaron calles, se extendieron vías hacia espacios periféricos y se construyeron autopistas. El proceso continuó en las tres décadas siguientes con puentes elevados y algunos cruces viales múltiples” (2001, p. 306). Este desarrollo de la infraestructura explica un crecimiento demográfico que se ubica dentro de la expansión modernizadora de la ciudad.

Este desarrollo social y de infraestructura que se gesta en la ciudad es solo la cara bonita de la evolución propiciada por los Juegos Panamericanos, ya que en las periferias se estaba llevando a cabo otro proceso que desorganizaba la estética urbana que se intentaba establecer en Cali. En palabras de Edgar Vásquez, hay una “prolongación de la oleada de invasiones de terrenos y formación de barrios piratas en zonas insalubres, pantanosas, plagadas de mosquitos; sin acueducto, agua potable y alcantarillado, que acentuaron la inconformidad popular y el sentimiento de exclusión social” (Vásquez, 2001, p. 281). Las poblaciones migrantes, atraídas por el desarrollo que se daba en Cali en esta época, fueron expulsadas o ubicadas en zonas geográficamente peligrosas. No obstante, dicho poblamiento termina siendo la única salida para familias de escasos recursos que llegan a la ciudad con el afán de salir adelante y tener una mejor calidad de vida.

Como se puede apreciar, han sido recurrentes las migraciones a la ciudad, pero hubo dos que fueron especialmente contundentes y que lograron dinamizar flujos bastante importantes de población, los cuales movilizaron memorias de procedencia y adaptación3 que, con el paso de los años, crearon en las personas dinámicas y procesos de identidad mezclados.

Sobre la variable que refiere a la importancia de las migraciones en la ciudad, es importante clarificar que la identidad andina que se construye en Cali desde una perspectiva diaspórica e intercultural se basa también en el reconocimiento de lo andino como parte de su identidad cultural, entonces dicha variable se entiende en el debate de Hall como “una cultura compartida, una especie de verdadero sí mismo colectivo oculto dentro de muchos otros sí mismos más superficiales o artificialmente impuestos, y que posee un pueblo con una historia en común y ancestralidad compartidas” (Hall, 2010, p. 349). También

al igual admite que los muchos puntos de similitud, también hay puntos críticos de diferencia profunda y significativa que constituyen “eso que realmente somos” o más bien en lo que nos hemos convertido puesto que la historia ha intervenido en nosotros. (Hall, 2010, p. 351)

En esa medida, la lucha por caracterizar una ciudad termina siendo una disputa ideológica y de múltiples dinámicas poblacionales que redefine la diferencia y, precisamente, en esa diferencia se construye la identidad, iniciando con un proceso de edificación de la igualdad dentro del tipo de prácticas que los identifiquen dentro de sus particularidades. En ese orden de ideas, la identidad cultural pasa por un momento de igualdad en un contexto especifico y, posteriormente, es solidificada en la diferencia dentro de otro contexto. Para el caso de los andinos en la ciudad de Cali, la identidad construida desde la igualdad se da entre los pares que se acogen dentro de las expresiones socioculturales que la ciudad ofrece y, por otro lado, la identidad es construida desde la diferencia frente a una ciudad diversa con múltiples expresiones de la cultura.

Sin duda alguna, muchas de las incertidumbres que sienten las personas alrededor de lo andino tienen que ver con lograr entender cómo este tipo de prácticas y expresiones son tan importantes en Cali, al ampliar su diversidad más allá de la cultura del Pacífico y lo salsero.

Cada año va tomando más fuerza lo andino en Cali, entendido como parte de diferentes expresiones culturales. A pesar de las dudas, los errores y los vacíos, lo andino sigue caminando de la mano con unas ideologías y prácticas que cada vez más han llegado a las personas, más allá de lo racial o étnico, es decir, trascendiendo las esferas de las identidades clásicas e instaurándose en las representaciones de sí y de los otros como procesos híbridos.

En este contexto, muchas de las poblaciones migrantes (indígenas, campesinos y extranjeros) han pasado por la ciudad, pero otras se han quedado a vivir en ella, lo cual ha permitido que en Cali hibriden elementos culturales en virtud de un proceso de socialización e intercambio. De esta manera fue como lo andino entró a la ciudad y se conservó, gracias al vínculo que las comunidades tienen con su territorio de origen, pero también debido a lazos históricos que le dieron a la población andina esta forma de ver el mundo, la cual sació sus necesidades de una identidad que no se encontraba en las existentes.

Se propone el concepto de diáspora andina como el eje fundamental para entender por qué las prácticas ancestrales de los pueblos de ascendencia inca se mantienen dentro de la ciudad, a pesar de las distancias con respecto a los territorios de origen, y para comprender además cómo se transforman y han adquirido nuevos modos de expresión. Para poder dilucidar la diáspora andina, hay que analizar otros ejemplos diaspóricos y así ejemplificar lo que ocurre en Cali.

Hall aborda la diáspora africana para explicar las prácticas y fenómenos que se observan en el Caribe, entendiendo que África es el lugar importante que conecta su pasado y presente, el cual se ve en la cotidianidad de las experiencias de las personas.

El África, el significante que no pudo ser representado directamente en la esclavitud, permaneció, y aún permanece, como la “presencia” inefable e inexpresada en la cultura del Caribe. Está “escondida” detrás de cada inflexión verbal, de cada giro narrativo de la vida cultural del Caribe. Este es el código secreto con el que todo texto occidental fue “releído”. Es el bajo profundo de todos los ritmos y movimientos corporales. Esta era y es el África que esta vivita y coleando en la diáspora. (Hall, 2010, p. 139)

Por lo tanto, se entiende la diáspora como el trasegar histórico de las formas de actuar de los pueblos étnicos dentro del continente, que varía según la comunidad y su descendencia, observando más allá el sentimiento ineludible de la identidad construida a partir de la diferencia con el territorio que se reside. Pero es justamente desde ahí que Hall plantea la diáspora no como una vuelta en el tiempo para desarrollar una identidad, sino como el reconocimiento de esa diversidad dentro de un pueblo, para construir identidades culturales resignificadas constantemente.

La experiencia de la diáspora, como la propongo aquí, está definida no por una esencia o pureza, sino por el reconocimiento de una heterogeneidad y diversidad necesarias; por una concepción de “identidad” que vive con y a través de la diferencia, y no a pesar de ella; por la hibridez. Las identidades de la diáspora son aquellas que están constantemente produciéndose y reproduciéndose de nuevo a través de la transformación y la diferencia. (Hall, 2010, p. 144)

Este referente es fundamental y clave para entender lo andino en Cali como producto de una diáspora que no se basa en la pureza de las prácticas únicas de un pueblo andino, sino en la multiplicidad de elementos que lo constituye y que, en términos prácticos, son funcionales dentro de la ciudad. Es así como el sujeto andino se construye a través de la diferencia con las identidades urbanas dentro del reconocimiento de la heterogeneidad andina que lo conforma para fortalecer su forma de ver e interpretar la ciudad. Como puede verse, el fenómeno de lo andino en Cali es un ejemplo de la hibridez de la que hablan Hall y García Canclini, dado que, dentro de su trasegar, continúa constantemente resignificando sus diferencias.

Por lo tanto, la presencia del “Nuevo Mundo” ―América, Terra Incógnita― es en sí el comienzo de la diáspora, de la diversidad, de la hibridez y de la diferencia, lo que hace que el pueblo afrocaribeño sea gente de una diáspora. Aquí utilizo este término de una forma metafórica y no literal: la diáspora no nos remite a esas tribus esparcidas cuya identidad solo se puede afianzar con relación a una patria sagrada a la que se debe regresar a toda costa, aun si ello significa expulsar a otro pueblo al mar. Esta es la forma antigua, imperialista y hegemónica de la “identidad étnica”. (Hall, 2010, p. 144)

Sin duda alguna, la diáspora permite entender muchas cosas que ocurren dentro de las ciudades. Aunque el concepto propuesto por Hall hace énfasis en lo afro y nos limita a esa vertiente de ver el mundo, de igual forma nos brinda elementos para extrapolar su análisis a otras visiones de los pueblos, como lo andino o lo zoque propuesto por Domínguez. De forma concreta, ninguna de las diásporas se presenta de igual manera y cada una conlleva sus propias complejidades.

De ninguna forma la diáspora esencializa un único pasado, ni mucho menos implica un eterno retorno a la tierra sagrada. Antes bien, esta noción habla de una conexión con el régimen histórico de su momento, por eso el énfasis de la diáspora como un proceso de resignificación es la vertiente que reconoce la memoria de procedencia que se adaptó a un territorio, y es ahí donde la interculturalidad se apega a las nuevas formas de reconocimiento cultural, como es el caso del mundo andino en Cali.

Para complementar el debate sobre la diáspora, podemos servirnos del trabajo de Domínguez, quien se aproxima a la comunidad zoque en Guadalajara, México, para observar cómo esta, con el paso de los años, vincula una identidad de la diferencia en la ciudad a la vez que se conecta con los grupos del lugar de origen y entre conocidos, con el fin de hacer prevalecer los diferentes elementos constitutivos que la definen como grupo indígena. Lo interesante surge cuando se asocia esa diáspora con un proceso de aculturación, entendiendo que aquella implica una conexión con unos momentos y lugares, pero que con el paso de los años se van transformando de acuerdo con las necesidades de los diferentes grupos sociales.

De igual manera, tenemos que tener claro que la transfiguración cultural no significa mecánicamente la pérdida de identidad. Para ello es bueno recordar que durante los últimos años la antropología ha insistido en que los fenómenos identitarios no deben ser confundidos con los fenómenos culturales, ya que la identidad étnica es una forma de la identidad social, una construcción ideológica que no requiere necesariamente de una lengua o una cultura específica que la avale. La identidad puede eventualmente basarse en un referente cultural, pero la cultura puede cambiar y la identidad mantenerse. Por lo tanto, la presencia de identidades étnicas protagónicas no debe confundirse con la vigencia de las culturas que les dan o daban sustento. (Domínguez, 2011, p. 26)

La diáspora zoque radica en el ir y venir de la historia de esta comunidad ubicada actualmente en Guadalajara, la cual ha tejido lazos de hermandad a través de paisanos que buscan ayudarse para salir adelante frente a dificultades y peligros como el racismo y la discriminación. La diáspora se evidencia cuando la población, a pesar de los embates, busca mantener presente su lugar de origen, lo que la remite a una serie de prácticas culturales específicas que le recuerdan su lugar de nacimiento.

Es así como apunto que los zoques urbanos de Guadalajara entramos en un proceso de transfiguración cultural, proceso que no significó totalmente la pérdida de la identidad zoque, ni la desaparición de la cultura en su totalidad, ya que estas encontraron en el ámbito familiar un lugar idóneo para su reproducción. Entiendo a la transfiguración cultural en los términos propuestos por Miguel Alberto Bartolomé, quien caracteriza el fenómeno como “la puesta en marcha de una serie de estrategias adaptativas que las sociedades subordinadas generan para sobrevivir y que van desdibujando su propio perfil cultural. Para poder seguir siendo ―nos dice― hay que dejar de ser lo que se era”. Domínguez, 2014, p. 127)

Así como Hall, Domínguez ve en la diáspora el proceso de adaptación de las comunidades a los nuevos entornos que las reciben, un proceso en el que se resignifican constantemente esas diferentes formas de ver e interpretar el mundo para resaltar las heterogeneidades dentro de los espacios urbanos.

Por otro lado, Haesbaert propone un aspecto muy interesante alrededor de la diáspora ligado a la conformación de multiterritorialidades, las cuales consisten en la yuxtaposición de culturas en entornos específicos que potencia la mixtura de los lugares, donde los diálogos interculturales se hace necesarios. Ahora bien, de manera grupal, la principal forma de multiterritorialidad es la que se genera a partir de la diáspora, donde los migrantes vienen con cargas importantes de memoria de procedencia que se adaptan a territorios específicos, los cuales hibridan en nuevas prácticas y formas de vivir la ciudad y el entorno, yuxtaponiendo capas de personas y sus elementos identitarios.

De cualquier modo, sin duda uno de los ejemplos más característicos de la multiterritorialidad es el que se construye a través de las grandes diásporas de migrantes, con un papel cada vez más relevante en el mundo contemporáneo. Estas representan históricamente una de las formas pioneras de multiterritorialidad, en la medida que el desplazamiento y la dispersión espacial de personas pertenecientes a un grupo con una fuerte identidad cultural a través del mundo promueven encuentros múltiples entre diferentes, mucho antes de la aparición de los veloces medios de transporte y de la comunicación instantánea. (Haesbaert, 2001, p. 294)

Al pensar en las ciudades colombianas, marcadas por décadas de violencia sistemática contra las poblaciones campesinas, negras e indígenas, resulta patente que las diferentes diásporas han permitido constituir en las urbes problemáticas sociales y políticas que se han solventado gracias a las líneas de compadrazgo de la diáspora, donde la identidad cada vez más mutada permite enfrentar los embates de la diferencia.

Se observa que la territorialidad de la diáspora no está en modo alguno vinculada solamente a una geografía imaginaria o a una identidad cultural sin referente espacial concreto (como parecía ser el caso en su ejemplo-tipo, la diáspora judía antes de la creación del Estado de Israel). Es verdad que la territorialidad suele aparecer en un sentido más simbólico que concreto, pero existe siempre algún vínculo con un espacio material, sea este la patria de origen o las zonas en el extranjero donde aglutinan los miembros de la diáspora (véanse, por ejemplo, los Chinatowns y Coreatowns o las zonas árabes e hindúes en las grandes metrópolis europeas y estadounidenses). (Haesbaert, 2001, p. 295)

La diáspora no es un fenómeno aislado, sino que teje una importante relación con su pasado y su identidad, condicionando la multiterritorialidad y reflejando que no importa la lejanía del lugar de origen, sino su adaptación a nuevos espacios donde la yuxtaposición con otras visiones de mundo termina fortaleciendo las prácticas culturales de las comunidades trashumantes. Por consiguiente, podemos apreciar, por ejemplo, en las ciudades colombianas barrios con características específicas, parques donde las relaciones sociales están referenciadas por las experiencias de las diásporas y su conexión con un pasado.

En el caso de Cali, podemos apreciar cómo las comunidades indígenas crearon los cabildos indígenas urbanos como mecanismo de unión posterior a la Constitución Política de 1991, donde el reconocimiento les dio avales políticos, económicos y sociales para seguir ejerciendo su identidad.

Ahora bien, muchas de estas comunidades indígenas se organizaron en barrios, los cuales, en algunos casos, fueron creados como resultado de migraciones forzadas, ya sea por violencia o necesidad económica. No necesariamente fue el desplazamiento forzado el que motivo migraciones a Cali a lo largo del siglo XX y XXI, también los ha sido las oportunidades de estudio que brinda esta ciudad y la importancia de la Universidad del Valle como epicentro receptor de migrantes del suroccidente colombiano. Me permito recordar que había un lema que casi todos los estudiantes repetían durante un tiempo: “carrera que no tenga un nariñense no es carrera”.

Sin importar que se trate de indígenas, nariñenses, caucanos, paisas o chocoanos, los migrantes han sido parte sustancial en la conformación de la identidad andina en Cali. Justamente es en relación con estas personas que los caleños raizales han ido permeando su cultura, abriéndola a un diálogo más intercultural, aunque no precisamente todos, sino los que han sentido ese llamado o, como diría Yarik, quienes han encontrado “algo que los identifique, que […] sienten como perdido”, porque “es una necesidad personal y colectiva” (comunicación personal, febrero 2019).

Es importante aclarar que las diásporas no son procesos esencialistas y que, a pesar de que las características pueden ser similares, no son necesariamente iguales. También cabe señalar que dichos procesos fortalecen vínculos de compadrazgo en los lugares a los cuales llegan los migrantes. De igual forma, la diáspora es también caracterizada por la mixtura y su constitución de una identidad comunitaria nunca será igual a la del lugar de origen, lo cual muestra la adaptabilidad de los sujetos sociales a los diferentes entornos. En esa medida, Haesbaert debate que “Ma Mung también parece proponer otra noción de territorio a partir de la diáspora: un territorio intercambiable, asentado en una idea de equivalencia, propiedad que podemos asociar de igual modo a aquello que aquí designamos como multiterritorialidad” (Haesbaert, 2001, p. 296).

La multiterritorialidad es el elemento fundamental para comprender los procesos de desterritorialización que conducen a la asimilación de nuevas prácticas espaciales, asociadas a procesos diaspóricos que generan múltiples identidades en territorios específicos, potencializando el diálogo intercultural en la construcción y caracterización de sociedades que reconozcan la diferencia como parte importante del respeto por la visión del otro.

La diáspora andina se ha encargado de construir multiterritorialidades dentro de la ciudad. Esto se observa especialmente en algunos barrios de mayorías indígenas, ubicados en el sur, o también en esos lugares característicos de la andinidad, como la loma de la Cruz, donde confluyen multiterritorialidades producto de las diásporas y donde las memorias de las personas han contagiado a los nativos caleños en la caracterización de otra identidad que viene fortaleciéndose en la ciudad durante las últimas décadas, una identidad andina producto de la diáspora.

Se puede plantear entonces que la diáspora andina es producto de una identidad que se reconstruye constantemente, porque varía su significado dependiendo del lugar que la aclame. El mundo andino es muy diferente en Ecuador, Perú, Bolivia y Colombia. En este último país cada zona tiene una particular forma de comportarse y mantener los elementos que le permiten vivir en sociedad. Lo curioso ocurre en Cali, como ciudad ubicada en un valle interandino que ha experimentado oleadas migratorias constantes, en las que las identidades asiduamente entran en contraste y se configuran de manera diferente.

Pensar el mundo andino como la madre de la andinidad presenta algunos inconvenientes. En primer lugar, ubicar territorialmente lo andino resulta problemático, en la medida en que dicho concepto no remite a un lugar sino a muchos y cada uno tiene sus propias particularidades, ya sea en Colombia o el resto del continente; no obstante, esta dificultad no implica que no exista una conexión o forma de ver el mundo particular relativa a lo andino. En segundo término, pensar la andinidad en una ciudad como Cali es complejo, debido a su trasegar cultural y a la implantación de industrias culturales que son allí hegemónicas, como lo salsa y lo Pacífico. Por último, se propone la diáspora andina en Cali no como un elemento totalizador, sino como uno que permite la creación de algo culturalmente resignificado que libera la población más allá de lo comúnmente preestablecido.

He de recordar que la diáspora no se asocia a un proceso único o particular, sino a la multiplicidad de elementos que la constituyen y la anclan a procesos históricos o dinámicas pasadas, que han venido ejerciendo procesos de resignificación constantes para poder adaptarse a lugares y entornos amplios, diversos y diferentes a lo tradicionalmente reconocido. Por eso, las personas se sienten reconocidas, tal como lo refiere la entrevistada Sandra Cerón:

me empieza a gustar la música andina es porque empiezo a escuchar las zampoñas, las quenas y para mí eso fue algo muy bonito, porque es que era una cosa que vos la sentís, vos sentís que te mueve, te llega, te pone la piel de gallina, es algo que toca tu sensibilidad. (Comunicación personal, enero 2019)

Ahora bien, es importante analizar la relación histórica de la ciudad con las comunidades indígenas, especialmente la yanacona. Estos indígenas manifiestan que los caleños poseen en su esencia genética similitud con ellos, dados los innumerables yanaconas que viajaron con Sebastián de Belalcázar en su proceso de colonización, lo que permitió que se ampliaran relaciones con los sujetos del territorio, españoles u otros, que en el trasegar histórico fueron vinculando un pasado común. Por ejemplo, desde el Consejo de Celebraciones Ancestrales, grupo que ha venido realizando prácticas ceremoniales ancestrales en la ciudad de Cali, de los cuales algunos son yanaconas, se plantea que los caleños tienen una afinidad muy fuerte con las raíces andinas: “eso nos da a entender que aquí hay mucha sangre quechua” (comunicación personal, febrero 2019).

Este proceso diaspórico podría explicar la relación tan importante con la cultura quechua que tienen las prácticas socioculturales de los andinos en Cali, dado que en su mayoría se podrían clasificar como incaicas, por ejemplo, las diferentes fiestas que hacen en Cali como el Inti Raymi, Killa Raymi, entre otras, y la fuerte y estrecha afinidad con las expresiones folclóricas de Ecuador, Perú y Bolivia.

Vale la pena clarificar que, de igual manera, lo que se acaba de mencionar no es lo único representativo de lo andino en Cali, sino que con el paso del tiempo otras expresiones socioculturales han ido afianzándose dentro de la andinidad de esta ciudad como parte notable de la construcción de la identidad; por ejemplo, dinámicas de comunidades indígenas como los nasa, misak, pastos y otros; pero también la resignificación de lo andino colombiano, que revalora la andinidad en Cali.

Justamente esa diversidad propició el surgimiento de otra forma de ver el mundo y vivir la ciudad. Dado lo anterior, es determinante resaltar la característica intercultural que tiene la andinidad caleña, donde confluyen y se resignifican las expresiones de la vida, lo cual da forma a nuevos espacios, pensamientos y expresiones.

Las grandes ciudades del mundo se han caracterizado por ser focos de desarrollo urbano ligado a un proceso social y cultural relativo. De esta manera, cada ciudad va tomando una identidad particular que la identifica frente al resto, dándole unas características históricas, sociales, culturales, económicas y políticas. Cali no ha sido indiferente a este proceso urbano. Durante su historia y especialmente en el XX, la ciudad ha adquirido una multiplicidad de colores culturales urbanos que la han identificado. Aires caribeños, afropacíficos y hasta andinos han sido parte de sus características sociales, culturales y urbanas.

Este fenómeno hace parte de lo que Jane Jacobs llama el “inmenso laboratorio de ensayo y error, fracaso y éxito, para la construcción y diseño urbano” (Jacobs, 2011, p. 32). Curiosamente, estas particularidades que logran darle identidad a la ciudad no son tomadas en cuenta y los espacios culturales urbanos son el resultado de la casualidad, de la espontaneidad de las prácticas de la identidad, siendo el punto de partida para que se gesten espacios característicos dada la zona. Para citar un ejemplo, piénsese en la historia de la loma de la Cruz como espacio importante para la cultura andina y la ciudad. En dicho espacio se desarrollaron unas características urbanas con base en la artesanía, la cultura y el folclor.

¿Y todo esto qué tiene que ver con los procesos urbanos? Pues bien, Jane Jacobs plantea que en

nuestras ciudades americanas necesitamos toda clase de diversidad, mezclada de manera intrincada, apoyándose mutuamente. La necesitamos para que la vida urbana pueda funcionar razonable y constructivamente, y también para que la población de las ciudades pueda mantener y desarrollar su sociedad y su civilización. (Jacobs, 2011, p. 277)

Así, Cali se ha caracterizado por ser foco de una diversidad urbana, cultural, social y política que permite oxigenarla como parte de un desarrollo histórico, el cual ha estado marcado por las industrias culturales de la salsa y lo pacífico. En esa medida, lo andino explicado desde lo diaspórico potencializa la diversidad de la ciudad.

A pesar de que el texto de Jane Jacobs (2011) es un instrumento teórico dirigido urbanistas, es una fuente que se utilizó en este escrito debido a su pertinencia para analizar las características de Cali en la actualidad y a lo largo de su historia. Su potencial como ciudad diversa, versátil y receptora ha generado que sus calles, carreras y barrios sean de múltiples colores, cada uno con su propia singularidad.

La música como expresión de la identidad llega a la ciudad siendo parte de la diáspora, que a lo largo del siglo XX es diversa, dado el lugar de procedencia de los migrantes, ya sea de la zona andina colombiana o del resto de Suramérica. Son muchas y variadas las versiones sobre la música que se escuchaba durante el siglo pasado en Santiago de Cali. María Victoria Casas (2012) propone justamente en su artículo “Música en Santiago de Cali, 1900-1950” una descripción de las diferencias musicales en la ciudad, desde lo popular a lo culto, y cómo estas generaron una identidad fluctuante entre lo que se vuelve moda y no, precisamente a través de la popularización de la radio.

Casas hace una valiosa descripción de autores, compositores, grupos, espacios y músicas de la primera mitad del siglo XX. Lo que se puede apreciar es que la autora no profundiza en las músicas andinas de la época y se enfoca especialmente en lo nuevo que está llegando, especialmente impulsado por las radiodifusoras. De igual forma comenta:

Los pasillos, guabinas y bambucos gozaron de gran aceptación durante el primer tercio del siglo XX en Cali. Con frecuencias eran creadas por compositores de Cali y de la región: Jerónimo Velasco, Hernando Sinisterra, Agustín Payan, Enrique Umaña, Benito Valencia. Incluso el maestro Antonio María Valencia. (Casas, 2012, p. 345)

La anterior cita da cuenta de la presencia musical de ritmos andinos colombianos en Cali, pero el artículo de Casas se queda solo en eso en lo que respecta a la música andina. Es claro que el folclor andino está presente en la ciudad de Cali desde principios del siglo XX, con bambucos, pasillos y otros ritmos; sin embargo, el determinante fundamental para Casas será las migraciones dadas durante las décadas de los cincuenta a setenta con ritmos extranjeros:

La transición de la modernización se marcó en uso de ritmos norteamericanos, que alternaron y en algunos casos desplazaron los ritmos colombianos y latinoamericanos. El blues, el one step, el foxtrot, el ragtime, el charlestón y también la polca estuvieron presentes en las fiestas de los clubes, los bailes familiares, en retretas y repertorios de conjuntos musicales y bandas. (Casas, 2012, p. 346)

En esa medida, la popularización de los ritmos extranjeros comenzó a extenderse por la mayoría de las clases sociales dentro de la ciudad, lo cual resignificó sus raíces musicales iniciales hacia una nueva modernización cultural, fortaleciendo la connotación multicultural de la ciudad que se verá años más adelante.

Así mismo, queda claro que no solo la música extranjera hizo parte del desarrollo cultural de la ciudad, sino que también lo generó los movimientos migratorios dentro del territorio nacional, que propiciaron la diversificación étnica y racial en la ciudad, lo que llevó a un multiculturalismo más amplio. Como lo afirman Manuel Sevilla y Paola Cano:

La historia musical de Cali es de inmensa riqueza; en la segunda mitad del siglo, con los crecientes flujos de migración de población rural, la ciudad se convirtió en receptáculo de muy diversas tradiciones musicales, provenientes de todos los rincones del territorio nacional. La actividad de las colonias de inmigrantes ha contribuido al enriquecimiento de la cultura musical y a la expansión de costumbres de origen rural en la urbe. (2012, p. 364)

La mayor parte de los migrantes representa a su cultura en los nuevos territorios, con lo cual genera procesos de mestizaje cultural, diversificando en el territorio las expresiones raizales de diferentes territorios. Ahora bien, Sevilla y Cano narran en su artículo las experiencias musicales de dos vertientes diferentes: la afropacífica y la vallenata caribeña. Esta última era poco tenida en cuenta, pero abre especial énfasis en un nuevo elemento para hacer el balance de la historia multicultural de la ciudad.

Sin duda alguna, son varios los flujos migratorios de diferentes zonas de Colombia a Cali; en el caso de los migrantes del Caribe, se dieron varios movimientos, un primer momento entre los años cincuenta y sesenta del siglo pasado como mano de obra para el desarrollo que se venía generando en la ciudad. Un segundo momento se dio a partir de la década de los setenta, cuando llegan estudiantes universitarios a vincularse a la Universidad del Valle, la Universidad Libre y la Universidad Santiago de Cali (Sevilla y Cano, 2012, p. 372).

Un reafianzamiento de la idea de la diáspora andina también radica en ese importante flujo migratorio del suroccidente colombiano, el cual ha estado sometido durante muchos años al roce de las fronteras culturales internas y extranjeras. Esta situación queda evidenciada por el alto flujo migratorio del país en los últimos años.

Este sujeto “disgregado, difuso y heterogéneo”, como lo denomina Cornejo Polar, se constituye precisamente a partir de la experiencia del cruce de fronteras: lingüísticas, culturales, nacionales y, diría yo, identitarias en más de un sentido. El hecho de que el sujeto migrante no puede ni quiere fundir sus diferentes experiencias de vida indica ―a contraposición de las ideologías oficialistas de la diversidad cultural o el multiculturalismo― la existencia de una diferencia cultural radical, por una parte, y la de diversos procesos de transculturación, por otra. En este sentido, la categoría del sujeto migrante se refiere a un proceso interior de la constitución del sujeto, y no a una diversidad de diferentes grupos y sujetos culturales o étnicos en una sociedad multicultural. (Schmidt-Welle, 2011, p. 174)

En este contexto, prefiero hablar de interculturalidad, dado que esta noción refleja el diálogo de saberes y de transformación cultural asociado a un proceso de resignificación constante como el que ha generado la ciudad y, particularmente, el mundo andino y sus diferentes prácticas y características de la identidad.

Es justamente esa resignificación la que le da cabida a la hibridación a la cual siguen siendo sometidas constantemente las sociedades:

A nivel interno, las culturas contemporáneas se caracterizan en gran medida por su hibridación. En cualquier país, los contenidos culturales de otros países tienden a convertirse en contenidos internos. Eso es válido para la población, las mercancías y la información. A nivel mundial, en la mayoría de los países viven ciudadanos de otros países; los mismos productos ―cuan exóticos hubieran sido hace tiempo― se consiguen cada vez más en cualquier lugar; además, las técnicas electrónicas de comunicación hacen accesible prácticamente toda información de manera idéntica desde cualquier lugar del mundo. (Welsh, 2011, p. 15)

Es esa apreciación justamente lo importante, esto es, cómo las culturas se adaptan a las necesidades de las ciudades actuales, transformándose y resignificándose en función de mantener precisamente la identidad cultural. Desde esta visión la resignificación no se aprecia como algo negativo, sino como un nuevo valor que se le da a la identidad y sus prácticas.

Hay que recalcar que lo que ocurre en la ciudad de Cali no es un proceso único, pero si tiene unas particularidades específicas que poco o nada se ven en otros lugares, tampoco se pretende esencializar las prácticas andinas dentro de la ciudad, es como lo decía Catherine Walsh:

La interculturalidad crítica, como propongo aquí, es una construcción de y desde la gente que ha sufrido un histórico sometimiento y subalternización. Una propuesta y un proyecto político que también podría ensanchar e involucrar en alianza gente que, de igual forma, busca alternativas a la globalización neoliberal y a la racionalidad occidental y que lucha tanto para la transformación social como para la creación de condiciones del poder, saber y ser muy distintas. Pensada de esta manera, la interculturalidad crítica no es un proceso o proyecto étnico, ni tampoco un proyecto de la diferencia en sí. Más bien y como argumenta Adolfo Albán, es un proyecto de existencia de vida. (2008, p. 54)

La interculturalidad es entendida principalmente por los actores que la practican, que defienden sus fronteras culturales a través del diálogo y la interacción de los diversos grupos que la componen. Además, la interculturalidad permite fortalecer un diálogo de saberes que gesta un tejido social diverso, con un caleidoscopio de colores, sabores y olores.

Conclusiones

Lo andino en Cali hace parte de una reflexión profunda, donde la diáspora ha permitido explicar por qué ciertos caleños han buscado su pasado como parte de un discurso decolonial, ya que lo propio fue enajenado y lo que se nos ha impuesto ha sido apropiado. Es ahí donde la diáspora andina ha encontrado los cimientos de su funcionamiento, cada día a través de las expresiones folclóricas, ceremoniales y sociales.

Evidentemente, estamos en un mundo cada vez más modernizado, donde poco da cabida a lo tradicional y lo humano se va reemplazando cada día por las máquinas y sistemas de inteligencia artificial. Es un mundo donde el racismo, la xenofobia y el individualismo toman partida importante en la formación de los hombres. Por tal razón, investigaciones como la aquí propuesta abren la visión del respeto por lo otro, desde las ambas riberas del río. No se puede seguir construyendo un mundo que divida o racialice al ser, sino que lo reivindique y respete.

Lo andino en Cali no es una construcción de una sola diáspora, sino de una historia marcada por la cordillera y el valle, donde la tradición siempre ha sido andina colombiana, ya sea paisa, tolimense, huilense o caucana, donde la ciudad sirvió de confluencia de estilos de vida, de comida, bailes, música y tradiciones.

Las personas andinas en la ciudad de Cali le han dado sentido a su identidad a través del hacer, ya sea por medio de la danza, la música o los ceremoniales. Su ser andino se suma a una intención colectiva mas no esencialista de la identidad. En esa medida, la transformación sociocultural que ha tenido la población andina es un proceso intercultural, donde el intercambio ha fortalecido un diálogo de experiencias.

Lo andino es también un proceso que se ha venido consolidando a lo largo de varias décadas, donde paulatinamente el discurso político de la canción social latinoamericana influyó las prácticas que conocemos actualmente (Pérez 2013), jugando un papel importante la Universidad del Valle y los sindicatos: “esta música fue llegando a Cali por el flujo de estudiantes, sindicalistas y por quienes tenían afectos por músicas de la cultura nacional y latinoamericana” (comunicación personal, septiembre 2018).

El mundo andino en Cali es un proceso intercultural, porque dentro de su dinámica están inmiscuida la diversidad y porque se compone de afros, mestizos, indígenas, caleños, vallunos, caucanos, nariñenses, paisas, ecuatorianos, bolivianos, peruanos. Este fenómeno es el reflejo de un proceso urbano que no se puede obviar y que, a pesar de sus dificultades y errores, sigue caminando y construyéndose, luchando culturalmente bajo una misma bandera, fuertemente influenciada por la comunidad yanacona, sin desconocer los aportes de las otras comunidades.

Es necesario consolidar lo político dentro de lo andino, la danza, la música y las ceremonias como elementos de construcción social, para así unificar criterios de lucha organizativa. Lastimosamente, aún algunas organizaciones siguen peleando de manera desarticulada en busca de beneficios propios, lo cual no deja de ser importante, pero la articulación bajo los principios andinos de minga, ayni y ayllu podría ayudar a eliminar esa delgada línea de egoísmos y críticas.

De igual forma, lo andino en Cali es un proceso intercultural porque se hace desde la gente y para la gente, no es solo un proceso étnico y, a pesar de que debe fortalecerse políticamente, es una herramienta contra el neoliberalismo homogeneizador. Es, como se ha visto a lo largo de la investigación, un proyecto de vida de las personas que sienten la identidad y han encontrado un sentido de vida en esa diáspora que se constituye de los ancestros.

Se reafirma que es diaspórico porque posee una importante connotación migrante que a lo largo de los años fue resignificando prácticas dentro de la ciudad, dándole nuevos valores culturales. Este proceso no hace parte de una sola diáspora, sino de múltiples, que en la actualidad confluyen bajo híbridos culturales, en lo que la memoria de procedencia adaptó a los sujetos a nuevos espacios y otras visiones del mundo.

Por ningún motivo se desea plantear aquí que lo dicho e investigado es una verdad absoluta. Al contrario, se trata simplemente de un proceso de interpretación basado en entrevistas e impresos que fueron abordados desde el sentimiento irreductible de explicar por qué en Cali existe lo andino, dado que la historia de Cali le debe a la ciudad su historia, precisamente la que va más allá de la historiografía tradicional, lo cual se ha venido logrando paulatinamente los últimos años, donde se cuente el pasado, presente y futuro de las diversidades dentro de la ciudad, desde la salsa, lo Pacífico y lo andino, para de esa manera seguir constituyendo una ciudad denominada pluriétnica y multicultural.

Referencias

Casas, M. (2012). Música en Santiago de Cali, 1900-1950. En Historia de Cali Siglo XX: Tomo III Cultura (pp. 344-363). Universidad del Valle.

Domínguez, F. (2011). Zoques en la ciudad de Guadalajara: La reproducción de una identidad étnica dispersa. [Tesis para optar al grado de maestro en Antropología Social, Universidad de Guadalajara].

Domínguez Rueda, F. (2014). Zoques urbanos en Guadalajara, Jalisco México: migración, racismo y prácticas culturales en el hogar. Revista nuestrAmérica, 2(4), 111-132.

Espinoza, L. (Chamalú). (1993). Diálogos con un Chaman Andino. Ediciones Obelisco.

Feijoo Martínez, G. (2007). Memoria de Procedencia y Adaptación en los inmigrantes a Centros Urbanos en el Valle del Cauca. Revista Cununo, 2, 1-138.

Guerrero, A. (1976). La semántica de la dominación: el concertaje de indios. Ediciones Libri Mundi.

Haesbaert. R. (2001). El mito de la desterritorialización. Del fin de los territorios a la multiterritorialidad. Siglo XXI Editores.

Hall, S. (2010). Identidad cultural y diáspora. En E. Restrepo, C. Walsh y V. Vich (Eds.), Sin Garantías: trayectorias y problemáticas en estudios culturales (pp. 349-363). Envión Editores.

Jacobs, J. (2011). Muerte y vida de las grandes ciudades. Capitán Swing.

Martínez, R. (2007). Vivir invisibles: la resignificación cultural entre los otomíes urbanos de Guadalajara. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.

Milla, C. (2003). AYNI. Universidad Particular San Martin de Porres.

Pérez, J. (2013). Cali entre tambores quenas y zampoñas: Reetnización y resignificación del mundo andino entre 1970 y 1991 [Trabajo de grado para optar por el título de historiador, Universidad del Valle].

Rostworowski, M. (1986). Estructuras andinas del poder: ideología religiosa y política. LEP Ediciones.

Sevilla, M. y Cano, P. (2012). Balsadas y parrandones en la sucursal del cielo: inmigración y prácticas musicales en Cali durante la segunda mitad del siglo XX. En Historia de Cali Siglo XX: Tomo III Cultura (pp. 366-381). Universidad del Valle. Colombia.

Schmidt-Welle, Fr. (2011). Heterogeneidad cultural, constitución del sujeto migrante y poscolonialismo. En F. Schmidt-Welle (Cord.), Multiculturalismo, transculturación, heterogeneidad, poscolonialismo: Hacia una crítica de la Interculturalidad (pp 171-184). Herder.

Vásquez, E. (2001). Historia de Cali en el siglo XX: sociedad, economía, cultura y espacio. Artes Gráficas de Valle.

Walsh, C. (2008). Interculturalidad Critica: Pedagogía De-colonial. En W. Villa, Wilmer y A. Grueso Arturo (Comps.), Diversidad, interculturalidad y construcción de ciudad (pp. 44-63). Universidad Pedagógica Nacional.

Welsh, Fr. (2011). ¿Qué es la transculturalidad? En F. Schmidt-Welle (Cord.), Multiculturalismo, transculturación, heterogeneidad, poscolonialismo: Hacia una crítica de la Interculturalidad (pp. 11-40). Herder.

Notas

* Artículo resultado del trabajo de grado Danza, escucha y siente: configuración de la identidad andina en la ciudad de Cali como parte de un proceso intercultural y diaspórico, realizado para optar por el título de magíster en Estudios Interculturales de la Universidad del Cauca.
1 Se entiende la resignificación como “el proceso complejo, tenso y conflictivo que presentan los migrantes para experimentar su cultura indígena, campesina y corporativizada, tanto en el contexto urbano como en su comunidad de origen con la cual mantienen fuertes vínculos materiales y simbólicos” (Martínez, 2007, p. 20).
2 Para más información sobre el CCAC, véase https://www.facebook.com/groups/112569682122973/members/
3 Se entiende la memoria de procedencia “como la riqueza cultural que recibe cualquier persona por estar inmersa en un grupo social, que en el caso de los inmigrantes va a convertirse en uno de sus mejores escudos culturales o defensas de identidad frente a los embates de la sociedad receptora”. (Feijoo, 2007, p. 6). Por su parte, la memoria de adaptación es “la forma como el inmigrante enfrenta las situaciones o los sucesos que se le presentan. Sus respuestas al medio receptor están signadas por su experiencia de vida, por las respuestas que realice a las preguntas de procedencia como: ¿quién soy, qué soy? Es la manera como haya construido y reconstruido sus identidades en el pasado lo que le permitirá responder por su presente y futuro” (Feijoo, 2007, p. 8).

Notas de autor

** Coordinador de investigaciones de la Fundación Cultural Nuna Kallpa. Historiador de la Universidad del Valle, licenciado en Educación Básica con Énfasis en Ciencias Sociales de la misma universidad y magíster en Estudios Interculturales de la Universidad del Cauca. juancho182.1230@hotmail.com; https://orcid.org/0000-0002-5410-138X

Información adicional

Citar como: Pérez, J. (2022). Tras la diáspora andina. Una construcción epistémica para fortalecer el proceso intercultural de la ciudad de Cali, Colombia. Análisis, 54(100). https://doi.org/10.15332/21459169.6938

HTML generado a partir de XML-JATS4R por