Artículos
Geoprospectiva, herramienta para la formulación de un modelo de inteligencia territorial (soberanía alimentaria y el desarrollo sostenible): experiencia de construcción participativa en el resguardo indígena La Victoria de la Etnia Piapoco*
Geoprospective, a tool for the formulation of a territorial intelligence model (food sovereignty and sustainable development): experience of participatory construction in the indigenous reserve La Victoria of the Piapoco ethnic group
Geoprospectiva, ferramenta para formular um modelo de inteligência territorial (soberania alimentar e desenvolvimento sustentável): experiência de construção participativa na reserva indígena La Victoria, da etnia Piapoco
Geoprospectiva, herramienta para la formulación de un modelo de inteligencia territorial (soberanía alimentaria y el desarrollo sostenible): experiencia de construcción participativa en el resguardo indígena La Victoria de la Etnia Piapoco*
Análisis. Revista Colombiana de Humanidades, vol. 54, núm. 100, 2022
Universidad Santo Tomás

Recepción: 10 Julio 2021
Aprobación: 27 Octubre 2021
Resumen: El territorio es producto de las constantes interacciones entre quienes habitan los espacios a partir de sus percepciones, concepciones y vivencias. Así se define, en gran parte, la identidad de las comunidades que lo significan, modifican y administran. Frente a estas interacciones se pueden encontrar frustraciones o posibilidades en el desarrollo de las comunidades y su calidad de vida. En este artículo se reconoce cómo, en el ejercicio geoprospectivo desarrollado por la comunidad indígena Piapoco a partir de la investigación acción participativa (IAP), se estructura la propuesta de un modelo de inteligencia territorial, en el marco del desarrollo sostenible y la soberanía alimentaria en el resguardo indígena La Victoria, Colombia. Dicha propuesta se lleva a cabo en atención a las necesidades reales y cosmovisión de la comunidad indígena, como apoyo para la toma de decisiones y el desarrollo del plan de acción de su plan integral de vida.
Palabras clave: geoprospectiva, territorio, desarrollo sostenible, soberanía alimentaria.
Abstract: The territory is the product of the constant interactions between those who inhabit the spaces based on their perceptions, conceptions and experiences. This defines, to a great extent, the identity of the communities that signify, modify and administer it. Faced with these interactions, frustrations or possibilities can be found in the development of the communities and their quality of life. This article recognizes how, in the geoprospective exercise developed by the Piapoco indigenous community based on the participatory action research (PAR), the proposal of a territorial intelligence model is structured within the framework of sustainable development and food sovereignty at La Victoria indigenous reserve, Colombia. This proposal is carried out in response to the actual needs and worldview of the indigenous community, as support for decision making and the development of the action plan of their life plan.
Keywords: geoprospective, territory, sustainable development, food sovereignty.
Resumo: O território é produto das constantes interações entre os que habitam os espaços a partir de suas percepções, concepções e vivências. Assim, é definida, em grande medida, a identidade das comunidades que o significam, modificam e administram. Diante dessas interações, podem ser encontradas frustrações ou possibilidades no desenvolvimento das comunidades e de sua qualidade de vida. Neste artigo, é reconhecido como, no exercício geoprospectivo desenvolvido pela comunidade indígena Piapoco a partir da pesquisa-ação participativa, a proposta de um modelo de inteligência territorial é estruturada, no âmbito do desenvolvimento sustentável e da soberania alimentar na reserva indígena La Victoria, Colômbia. Essa proposta é realizada em atenção às necessidades reais e considerando a cosmovisão da comunidade indígena, como apoio para a tomada de decisões e o desenvolvimento de ações de seu plano integral de vida.
Palavras-chave: geoprospectiva, território, desenvolvimento sustentável, soberania alimentar.
Introducción
Desde la época de la Colonia, los indígenas han enfrentado diferentes tipos de discriminación y maltrato por ser, estar e intentar defender sus territorios. Quizás su actitud amable al recibir los visitantes europeos fue considerada un acto de sumisión y por eso fueron denominados como parte del paisaje exótico del Nuevo Mundo (Todorov, 1987, p. 184). Por ello, desde las preconcepciones se les encasilló en dos categorías: los nobles salvajes (capaces de obedecer órdenes y ser gobernados) o los crueles y hostiles caníbales (incapaces de adaptarse al sistema económico y político colonial) (Todorov, 1987, p. 184). Esto dio cabida a que en el siglo XVII y XVIII fuese considerada común la caza de indios para su trueque por armas de fuego, herramientas y otros insumos (Gómez y López, 1991, p. 50). Estas representaciones elaboradas desde un pensamiento racista, hegemónico y blanco no generan posibilidades de reconocimiento y diálogo. Esta es una deuda histórica que se puede resarcir deconstruyendo dicho pensamiento y generando puntos de diálogo y construcción de saberes.
Las dificultades iniciales para romper esa tradición de pensamiento se encuentran en los documentos de carácter institucional, como es el caso de la ley 89 del 25 de noviembre de 1890, “por medio de la cual se determina la manera como deben ser gobernados los salvajes que vayan reduciéndose a la vida civilizada” (Ley 89, 1890). A través de este tipo de legislación se institucionalizaron y legalizaron formas de pensamiento, que han llevado al desalojo de los pueblos indígenas desde tiempos de formalización de la república/Estado y que actualmente se manifiestan, por ejemplo, en el desplazamiento forzado por conflictos armados e intereses sobre la tierra y la producción de esta, con imposición de la fuerza en los territorios que los indígenas han habitado por años sin limitaciones geográficas. Este pensamiento colonial y excluyente desconoce el principio de propiedad colectiva de la tierra.
Al situar estos rastros históricos en nuestro contexto, puede establecerse que en 1976 las primeras familias de la etnia Piapoco llegaron al Meta desplazadas por el conflicto armado y el narcotráfico, estas familias piapoco procedían de los nueve diferentes resguardos constituidos entre los departamentos de Vichada y Guainía. En este departamento fue en el que progresivamente llevaron a cabo su transición de seminómadas a sedentarios. Entonces, por tradición e instinto, las nueve familias de origen se establecieron en un principio a la orilla del río Meta, en la vereda Puerto Guadalupe, donde la abundancia de peces y la facilidad para cultivar en chagras o conucos1 generaron la satisfacción de las necesidades de la comunidad por un periodo aproximado de tres años (Gaitán, 2019b).
Luego, afectadas por la consolidación institucional de la reforma agraria colombiana2, las familias de origen fueron forzadas por terratenientes a desalojar sus hogares y cultivos (Cañas y De los Ríos, 2011, p. 12). Sin tierra, “a pata limpia” y con niños por alimentar, los líderes iniciaron la búsqueda de un espacio que les permitiera desarrollar sus cultivos, pescar, cazar, recolectar y estar seguros. En este contexto, en 1979 se apropiaron de lo que hoy reconocen como su territorio, esto es, el resguardo indígena La Victoria (Gaitán, 2019a).
Por más de cuarenta años, los indígenas Piapoco se han adaptado a los cambios que enfrentan sus ecosistemas debido al calentamiento global, la llegada de vecinos, la contaminación y las modificaciones que los mismos vecinos han ocasionado sobre su patrimonio territorial, para que cumpla con sus necesidades exponenciales a causa de su crecimiento demográfico. La resiliencia ha sido estratégica para la preservación de su cultura, sus costumbres alimentarias y su patrimonio territorial.
En la actualidad, la pérdida de los conocimientos sobre la naturaleza, la inadecuada administración de los recursos, la transformación de sus costumbres alimentarias y la contaminación del suelo y del agua son las principales causas de la ineficiencia de sus sistemas productivos, que no satisfacen las necesidades de las presentes y futuras generaciones. En atención a esta situación, en el proyecto “Propuesta de programa de soberanía alimentaria y nutricional para la comunidad indígena Piapoco en la altillanura colombiana (La Victoria)” se diseñaron y aplicaron herramientas en diferentes espacios y con distintas didácticas. Dentro de dichas herramientas se encuentra la geoprospectiva, objeto de análisis de este artículo, por haber sido implementada para la formulación de un modelo de inteligencia territorial desde la cosmovisión de la comunidad del resguardo, según la cual el territorio es considerado como un recurso importante para la conservación de su patrimonio sociocultural y el desarrollo del plan de acción de su plan integral de vida.
A partir de esta experiencia, las etnias Piapoco y Achagua, que conforman la comunidad del resguardo indígena La Victoria, reconocieron, resignificaron, diseñaron y proyectaron su territorio en el marco de la soberanía alimentaria y el desarrollo sostenible. Las nociones de soberanía alimentaria y desarrollo sostenible fueron subdivididas en diferentes categorías correlacionadas mediante el software ATLAS.ti. De igual manera, se resalta que la aplicación de estas herramientas, en articulación con espacios de participación, aumenta las capacidades sociales y técnicas de la comunidad para la toma de decisiones que mejoren su calidad de vida, preserven su cultura y mejoren la salud ambiental de su territorio.
Metodología

La postura ética y política de la investigación está determinada por la metodología de investigación acción participativa (IAP)3. Desde el inicio del trabajo con los líderes del resguardo La Victoria y la comunidad en general, se abrieron espacios de diálogo. Como fruto de estos encuentros se sostuvo una reunión convocada por el cabildo indígena para la socialización de los objetivos, las actividades, los derechos y deberes de los investigadores y de la comunidad, ejerciendo el derecho al consentimiento libre, previo e informado (CLPI)4.
Al reconocer la labor investigativa y la apuesta del proyecto, la comunidad Piapoco se lanzó junto con los investigadores a desarrollar grupos focales, historias de vida y cartografía social. La importancia que tiene este hecho radica en el reconocimiento del lugar de enunciación de cada agente en este proceso: líderes, comunidad, investigadores y las voluntades encontradas para el desarrollo, con atención, al “bien-estar”. Las modificaciones del resguardo La Victoria y sus proyecciones en el marco de su plan de vida se reconocieron en tres escalas geotemporales definidas (presente, pasado y futuro).
Los espacios de trabajo para el desarrollo de ejercicios cartográficos estuvieron articulados en su inicio a grupos focales, en donde se explicó el objetivo de la actividad, se propuso la didáctica para el desarrollo y se socializaron las preguntas orientadoras. Durante el desarrollo de estas actividades se realizó el acompañamiento a los diferentes grupos y, para finalizar, se abrió un espacio de socialización y discusión de los resultados.
En esta experiencia hay que resaltar el factor lingüístico como un aspecto determinante en la ruptura de esa mirada colonial que impregna nuestra formación académica como investigadores de humanidades e ingeniería ambiental, puesto que
la colonialidad es aquel “patrón de poder” que opera a través de la naturalización de jerarquías raciales y sociales que posibilitan la reproducción de relaciones de dominación territoriales y epistémicas que no solo garantizan la explotación, sino que también subalternizan y obliteran los conocimientos, experiencias y formas de vida de quienes son así dominados y explotados. (Quijano, 2000, P. 379)
En estas formas de dominación, la lengua es un reflejo de poder-comunicación. La enunciación en español, normalizada por los investigadores, se vio silenciada cuando el grupo/comunidad se enunció en su propia lengua, piapoco o achagua. Allí, se vivió esa ruptura del conocimiento y se volcó a una escucha comprensiva para llegar a consensos. Lo que se experimentó no fue una imposición discursiva, una relación vertical del saber-poder, sino el punto de la democracia del saber. Es importante resaltar que siempre se contó con líderes que realizaron la traducción a lengua piapoco o achagua y, al finalizar cada sesión, siempre se preguntó la percepción de los y las participantes en relación con el ejercicio para la mejora constante de este tipo de espacios, ya que de la generación de espacios de confianza depende el éxito de la aplicación de este tipo de trabajo en comunidad.
De manera paralela, se aplicó la herramienta desarrollada para la orientación de la temática narrativa de las personas seleccionadas para la elaboración de sus historias de vida; estas fueron grabadas en piapoco y español, de forma privada para que hubiera libertad de expresión y bajo la premisa de que serían anónimas. Por último, dichas historias de vida fueron digitalizadas en una unidad hermenéutica y, si era el caso, traducidas al español con ayuda de los docentes del resguardo. Estas herramientas y productos digitales se transforman en insumos para la propia comunidad, en cuanto su tradición oral transita a la era digital por medio de aplicaciones como WhatsApp y hacen parte de sus discursos cotidianos.
Finalmente, para realizar el análisis cuantitativo integral de todas las herramientas en el tiempo y con el fin de apoyar la comprensión del modelo de inteligencia territorial, se determinaron dos familias: soberanía alimentaria (SA) y desarrollo sostenible (DS), las cuales fueron subdivididas en diferentes categorías. Para DS: ambiente, tecnológico, social, económico y cultural, y la para SA: agroecología, semillas, autonomía de producción y autonomía de consumo. Estas categorías fueron correlacionadas con el software ATLAS. Ti, como se observa en la figura 2. A partir del uso de esta herramienta informática, se obtuvieron diferentes gráficas que permitieron realizar un análisis mixto de herramientas cualitativas, como se observa en los resultados.

Resultados
Geoprospectiva en tres escalas geotemporales: pasado, presente y futuro

Hace más de cuarenta años, la búsqueda y el reconocimiento de un territorio abundante y seguro como suyo se convirtieron en una necesidad básica para las familias de origen de la comunidad indígena Piapoco. Luego de enfrentarse a situaciones de violencia, discriminación, maltrato y desplazamiento forzado, que pusieron en riesgo su vida, integridad y cultura, los ancianos deciden empoderarse de un pedazo de la finca La Victoria, en ese entonces ganadera. El principal parámetro de selección en ese momento fue la abundancia de recursos naturales del ecosistema, la disponibilidad de cuerpos de agua limpios, abundantes bosques y gran diversidad de especies (véase figura 2).
Aunque desde la normatividad e institucionalidades nacionales, departamentales y municipales estos clanes son reconocidos como separados en los resguardos indígenas La Victoria de los Piapoco y Umapo de los Achaguas, sus límites territoriales no son la única cosa que comparten, ya que, según los mayores, desde el inicio de esta transición de seminómadas a sedentarios, los clanes han mantenido una alianza para la seguridad y fuerza ante un posible enfrentamiento por la soberanía de la tierra. Esto ha hecho que se junten familias de ambos orígenes en los dos territorios. Mitológicamente, los piapocos son “hijos del bosque” y son representados por el chase o tucán. Desde el inicio, según los mayores, los piapocos han ido de la mano con los achaguas, “hijos de los ríos”, representados por el venado (Cabildo La Victoria et ál., 2019).
La unión de estos clanes representa la comunidad del resguardo La Victoria, que antes estaba compuesta por caminantes, guerreros, cazadores y recolectores. A diferencia de lo propuesto por Lévi-Strauss, quien sostiene que en los sistemas de parentesco la mujer funge (solamente) como signo y valor de intercambio: “al revés de la palabra, que se transformó íntegramente en signo, la mujer permaneció al mismo tiempo como signo y como valor” (Lévi-Strauss, 1981, p. 575), en el resguardo no solo se observa el “intercambio” de mujeres, sino también de hombres. En virtud de ello, se recuerda que “los sistemas de parentesco (se reconocen) como una red de alianzas entre diversos grupos” (Andrade, 2009, p. 111).
Gradualmente, la comunidad empieza a realizar actividades propias de las culturas sedentarias y, por medio de mingas5, desarrolla las primeras viviendas con techo de hojas de moriche y, paralelamente, tumban y queman la mata de monte para el establecimiento de sus cultivos de yuca (brava y dulce), que son la base de sus comportamientos alimentarios tradicionales. Luego, se construye la primera edificación para el uso común, con un techo de hoja de palmiste. La escuela es la primera manifestación de la influencia de los blancos sobre su territorio y cultura, seguido por la tienda, la iglesia y la taberna. La intervención del colonialismo-capitalismo, representado en un principio por estas edificaciones, catalizó los cambios que en la actualidad son reconocidos como las principales amenazas para la pérdida del patrimonio cultural de estas etnias en el territorio.

Con el paso del tiempo, la llegada de vecinos, energía, tecnología y telecomunicaciones marcó otro cambio significativo en las dinámicas y comportamientos de la comunidad. En la actualidad, como lo reconocen los ancianos, la interacción con los blancos ha modificado sus necesidades y los han llevado a resignificar su identidad territorial. Ahora, el reconocimiento de los límites de sus recursos naturales es prioritario en su plan integral de vida, así como el acceso a servicios fundamentales como el agua apta para el consumo humano, la tecnificación de la tierra y la adaptación de las prácticas agrícolas tradicionales en el marco del desarrollo sostenible, todo ello enmarcado en el fortalecimiento de las capacidades técnicas de la comunidad, la cual reconoce la importancia de construir una institución de etnoeducación como cimiento de su soberanía y autodeterminación para el desarrollo de su tierra.
Para los líderes, el manejo de las tecnologías es un factor clave que marca su evolución hasta el presente. Esto ha desencadenado avances positivos, como la tecnificación de sus procesos de producción de yuca brava, y negativos, representados en impactos sobre su ecosistema. De igual forma, es importante exaltar el desarrollo de vías, la adopción de medios de transporte y la construcción de un polideportivo que ha incrementado las interacciones intra- e interculturales, lo que presuntamente ha aumentado la posibilidad de que los jóvenes entablen relaciones con personas ajenas a las etnias, algo anteriormente era prohibido, ya que, según las experiencias de los indígenas, aumentaba la posibilidad de migración y la mezcla racial, lo que no es bien visto dentro de su cosmovisión. De igual manera, esta no es la única ni la más frecuente razón por la que los jóvenes salen de su territorio, ya que, según lo expresan estos, las oportunidades de mejorar su calidad de vida son mayores fuera del resguardo. Esta última situación es una problemática reflejada con alta preocupación en los espacios de grupos focales y socialización, lo que propositivamente se reflejó desde las mesas de trabajo de los jóvenes en iniciativas que buscan empoderar a las mujeres y los más jóvenes de su territorio y que les brinden las herramientas para esto.

El diseño y proyección del resguardo indígena Piapoco evidencia su necesidad de regenerar parte del ecosistema impactado negativamente debido al desarrollo de sistemas productivos a base de agroquímicos y que discriminan las necesidades de las futuras generaciones (Gudynas, 2003, p. 47). Así mismo, el desarrollo de una institución de educación superior dentro del resguardo La Victoria satisface la necesidad de formación de competencias (reflejada en párrafos anteriores) para la materialización de todas sus proyecciones territoriales y sus competencias para la obtención de empleos mejor reconocidos y retribuidos. También se proyectó el desarrollo de un centro de saberes medicinales ancestrales, con el objetivo de evitar pérdidas y fuga de conocimientos, transmitidos históricamente por los mayores desde la cotidianidad o en reuniones destinadas con este fin.
De esta forma, la necesidad de adoptar principios agroecológicos y tecnologías para el diseño de áreas de producción agrícola y pecuaria se transcribe en la proyección de una huerta para la producción y conservación de semillas endémicas tradicionales, áreas para el establecimiento asociado de cultivos perennes y semestrales, zonas de reforestación y protección ambiental e histórica. Una de estas zonas es la laguna La Brava que, por su representación cosmológica, es sagrada por albergar un Rey del Agua.
El fortalecimiento de la esfera económica, considerada dentro de los principios del desarrollo sostenible, se evidencia con la proyección de un área productiva tecnificada de maíz amarrillo para la comercialización a uno de los vecinos del resguardo. En contraste con la esfera ambiental y social, se proyecta construir un sistema de potabilización de agua que garantice la calidad, cantidad y el abastecimiento de toda la comunidad, dado que esta cuenta actualmente con cuerpos de agua superficiales contaminados presuntamente por el vertimiento de efluentes porcinos y escorrentía de agrotóxicos usados en la agricultura a gran escala.
Entonces, el escenario futuro proyectado por la comunidad indígena Piapoco refleja la consciencia colectiva de la importancia de su territorio, desarrollada desde su cosmovisión, plan integral de vida y su sistema económico, orientado a la preservación de su cultura y el mejoramiento de su calidad de vida, tal como se reconoce en la figura 4. De igual forma, es importante considerar cómo, desde las expresiones del dibujo, la comunidad evidencia su intervención en el ecosistema representado en áreas que reflejan actividades desarrolladas por sus ancestros, por sí mismos y por sus herederos (véanse las figuras 3, 4 y 5), lo de manera simultánea representa sus cambios de comprensión y empoderamiento de su territorio.
Correlaciones geoprospectivas en el marco del desarrollo sostenible y la soberanía alimentaria
Con el paso del tiempo, la comunidad indígena del resguardo La Victoria en su proceso de adaptación ha apropiado, bajo sus costumbres tradicionales y cosmovisión, el concepto de desarrollo sostenible (véase la figura 6), reconociendo su presencia en los tres momentos geotemporales estudiados y proyectados. En el pasado, la mayor parte de correlaciones entre las esferas del desarrollo sostenible son de leve impacto al ecosistema asumido como territorio; en este, su estilo de vida orgánica, su bajo número demográfico y la abundancia en biodiversidad y recursos naturales hacen casi imperceptible las consecuencias de la intervención sobre el territorio aproximado de 3600 ha.

Los cuerpos de agua cristalina y la adaptación de sus organismos facilitaban la satisfacción de la necesidad de agua segura para el consumo humano, además de proveer los peces como principal fuente proteica dentro de sus costumbres alimentarias. Siendo esto parte de los componentes de la soberanía alimentaria (véase la figura 6), concepto poco reconocido, pero muy aplicado por estas etnias en el pasado.
Antes, estas comunidades indígenas tenían fuentes hídricas con alta diversidad y abundancia de peces, praderas, bosques y moriche con muchos cachirres (Caiman crocodilus), chigüiros (Hydrochoerus hydrochaeris), venados, armadillos, entre otros animales para la caza. También poseían suelos fértiles para la siembra y especies silvestres para el consumo y la medicina. Los abuelos también tenían sus semillas propias de yuca y maíz, lo que les proporcionaba, por un periodo aproximado de treinta años, autonomía de producción y consumo.
El incremento demográfico, el establecimiento de vecinos y la inadecuada administración de los recursos, junto con la influencia de la tecnología y las telecomunicaciones (véanse las figuras 6, 7 y 8), moldearon el panorama del resguardo. En los gráficos puede apreciarse cómo las representaciones de la categoría de desarrollo sostenible reflejan los grandes impactos negativos a raíz de las modificaciones del paisaje, la deforestación y la contaminación del agua, suelo y aire.
Lo anterior está directamente relacionado con las fuentes de alimentación tradicionales, lo que modificó casi en un 60 % las costumbres alimentarias de estos indígenas y los llevó al consumo de especies de corral, alimentos ultraprocesados, arroz, pan, entre otros productos que, según los ancianos, los han hecho vulnerables a enfermedades antes desconocidas para ellos, como la diabetes, la obesidad y los infartos.

El creciente enraizamiento de la tecnología, la economía y el ambiente ―ámbitos correlacionados entre sí por medio de la cultura― lo convierte en un factor de gran importancia que evidencia las dinámicas sociales de la comunidad en el resguardo (véase la figura 7), traducidas en las modificaciones del paisaje y la resignificación de áreas en atención a la evolución y adaptación de las familias a las realidades enfrentadas. La tecnificación de procesos, las telecomunicaciones y la dependencia cada vez mayor de adquisición de bienes y servicios a terceros debilitaron la autonomía de los pueblos piapoco y achagua en el consumo de alimentos. La transición de los tipos de cultivos, no solo en variedad o diversidad, sino en cuanto a modificaciones genéticas y técnicas de manejo, desarrolladas e influenciadas por las empresas de interés rentista establecidas como vecinas del resguardo, catalizó la pérdida de semillas autóctonas y potenció la adopción de una agricultura agroquímica (véanse las figuras 6 y 8). Esta situación llevó a niveles muy bajos la soberanía de producción de la comunidad, que ahora dependía de proveedores para todos los procesos productivos desarrollados en el territorio.

El reconocimiento de estos escenarios y situaciones se refleja en el diseño geoprospectivo del resguardo indígena La Victoria (futuro) con el incremento consciente de las dos familias correlacionadas por sus diferentes categorías (desarrollo sostenible y soberanía alimentaria) (véase gráfica 2). En el análisis se destaca cómo la tecnología se posiciona entredós veces por encima de las categorías más enraizadas y con mayor densidad. Esto se debe a que los líderes del cabildo consideran que el manejo y uso responsable de la tecnología es indispensable para la evolución y adaptación a las dinámicas de su entorno. De igual forma, la recuperación de costumbres y saberes ancestrales, en articulación con las demás categorías de sostenibilidad, el incremento de espacios para encuentros intra e interculturales en busca de empoderamiento a los jóvenes de sus raíces, patrimonio y territorio se encuentran dentro de las categorías con mayor enraizamiento (véase gráfico 3).
La categoría ambiental evidencia una disminución positiva, que refleja la toma de medidas para el control o regulación de actividades y procesos que impactan negativamente en el ecosistema, como la tala de bosques y la quema de moriches. Estas acciones son compensadas en la proyección de zonas para la regeneración y reforestación, la adopción de la agroecología y la proyección ordenada de áreas de cultivos a gran escala, lo que evidencia el incremento en la autonomía de producción y consumo de las etnias, al reducir significativamente los costos de sus sistemas productivos y restituir el control sobre las mejores técnicas y tecnologías de su territorio según sus experiencias, necesidades y proyecciones (véase la figura 8). La recuperación de semillas endémicas, por medio del trueque con otras etnias indígenas de la altillanura que aún las conservan, evidencia la necesidad y el anhelo de proteger su patrimonio natural como estrategia para conservar sus hábitos alimentarios tradicionales, la transmisión y adaptación de sus costumbres ancestrales a la siembra, la cosecha y la preparación de la tierra.
Discusión
El desarrollo de la propuesta de un modelo de inteligencia territorial, a partir del ejercicio geoprospectivo, en el que se reconocen tres momentos geotemporales definidos (pasado, presente y futuro), soportados por las historias de vida y los grupos focales, posibilita el desarrollo de estrategias para el reconocimiento, resignificación y empoderamiento de los derechos territoriales (Montoya, García y Ospina, 2014, p. 195), ya que como reconocen Andrade y Santamaría “quien habita el territorio es quien lo conoce” (Andrade y Santamaría, 1997 p. 15). El territorio se define más allá de lo que se puede percibir a simple vista (conocimiento explícito), ya que además es el producto de la interacción de individuos y grupos de saberes colectivos (conocimiento implícito) (Guzmán, 2013, p. 79). La propuesta del programa de soberanía alimentaria busca así la apropiación del territorio a partir de la relación sentipensante entre las prácticas tradicionales y la tierra, el cultivo y la comunidad.
Este entendimiento faculta la comunidad indígena para que desde su cosmovisión se genere una verdadera participación colectiva y empoderamiento, como resultado de la toma de decisiones conscientes en atención de sus realidades y expectativas futuras (Soja, 1996; Barrera, 2009, p. 16). Así pues, al reconocer cómo se articulan sus recursos sociales, tecnológicos, económicos y ambientales desde su cultura, se generan procesos conscientes de creación, innovación y tecnificación de sus sistemas productivos, los cuales están encaminados a una calidad de vida y un proceso de adaptación más equitativo y resiliente.
La producción en el tiempo presente es socialmente pertinente, ecuánime y respetuosa con respecto a los procesos, el autoaprendizaje, la cultura y la forma narrativa de trasmisión de la comunidad. Esto convierte al conocimiento producido y aplicado en una herramienta que fortalece el diseño territorial no euclidiano u ortogonal y la aplicación de este en su plan integral de vida como política pública (Barrera, 2009, p. 10).
Por otro lado, cabe resaltar que la producción del conocimiento colectivo, que incluya a los investigadores, se genera en el establecimiento de relaciones intersubjetivas con la comunidad. Este es uno de los principales retos a los que se enfrentan los investigadores. La estructura jerárquica que se mantiene en la mayoría de los sistemas sociales requiere del establecimiento previo de un vínculo de confianza, que le permita al investigador intervenir cuando se reprima la expresión de un grupo o persona, sin que esto sea considerado una agresión o falta de respeto. De esta forma, el desarrollo de la habilidad del investigador para reconocerse como participante, aprendiz, testigo e intérprete es de gran dificultad, ya que, desde la formación, nos concebimos como interventores y sabedores.
El reconocimiento de organizaciones que apoyen el desarrollo de la planeación territorial propuesta debería ser complementario y paralelo en aplicaciones futuras, para que la comunidad reconozca sus facultades y el alcance que pueden tener con la organización y administración de territorio en adopción del concepto de sostenibilidad.
Conclusiones
El ejercicio geoprospectivo desarrollado por la comunidad indígena Piapoco posibilitó el diseño territorial sostenible del resguardo La Victoria, como propuesta de modelo territorial inteligente en el marco de su cosmovisión y proyecciones futuras en la realidad de la altillanura colombiana, fragmentada por intereses rentistas. De igual forma, dicho ejercicio potenció las capacidades sociales y tecnológicas de la comunidad para la toma de decisiones en torno a las modificaciones de sus sistemas productivos actuales. Esto significó, para esta comunidad indígena, el desarrollo de capacidades que les permiten la evolución y resiliencia ante las constantes dinámicas económicas, políticas, sociales y ambientales de su entorno. Así se generó una proyección en la preservación de su cultura y sus costumbres alimentarias tradicionales, como parte fundamental de su identidad.
Así mismo, la dinámica comunidad-investigadores fue horizontal, en virtud de un reconocimiento mutuo de saberes. Esto se logró gracias a las formas de acercamiento, generación de confianza y vínculos sociales preestablecidos y a partir de las experiencias consolidadas. Es importante plantear que las experiencias se tienen que vivir en el territorio, reconocer los lugares físicos, simbólicos, los límites y las posibilidades de interacción. La concepción del territorio trasciende lo material y está tejida con lo social, cultural, económico, las memorias, los saberes y las proyecciones en el tiempo; dichas proyecciones, de acuerdo con la percepción investigativa, corresponde a las dinámicas de territorialización y desterritorialización.
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Notas
Notas de autor
Información adicional
Citar como: Córdoba, A. y Ospina, J. (2022). Geoprospectiva, herramienta para la formulación de un modelo de inteligencia territorial (soberanía alimentaria y el desarrollo sostenible): experiencia de construcción participativa en el resguardo indígena La Victoria de la Etnia Piapoco. Análisis, 54(100). https://doi.org/10.15332/21459169.6941