Las ontologías y metodologías para alcanzar el conocimiento en «Primero Sueño» de sor Juana Inés de la Cruz1

Ontologies and Epistemologies to Achieve Knowledge in Sor Juana Ines de la Cruz’s Poem «Primero Sueño»

Lydia Deni Gamboa López
Universidad Nacional Autónoma de México, México

Las ontologías y metodologías para alcanzar el conocimiento en «Primero Sueño» de sor Juana Inés de la Cruz1

Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, vol. 5, núm. 2, pp. 403-414, 2017

Instituto de Estudios Auriseculares

Recepción: 08 Julio 2016

Aprobación: 26 Octubre 2016

Resumen: En este artículo, propongo interpretar una sección del poema «Primero Sueño» de sor Juana Inés de la Cruz como una reflexión filosófica sobre la discusión entre realistas y nominalistas, por un lado y, por el otro, como una reflexión sobre la mejor metodología basada en el realismo ontológico o en el nominalismo. La perspectiva realista presentada en este poema tiene un espíritu platónico-agustiniano. La perspectiva nominalista —una ontología que sor Juana parece preferir— tiene una vena ockhamista.

Palabras clave: Sor Juana Inés de la Cruz, Primero Sueño, nominalismo, realismo.

Abstract: In this article, I propose reading one section of sor Juana Inés de la Cruz’s poem «Primero Sueño» as a philosophical reflexion about the discussion between realists and nominalists, on the one hand, and as a reflexion about the preferable based realist/nominalist methodology on the other hand. The realist perspective presented in this poem has a Platonic-Augustinian character. The nominalist perspective —an ontology which sor Juana seems to have preferred— has an Ockhamist vein.

Keywords: Sor Juana Inés de la Cruz, Primero Sueño, Nominalism, Realism.

INTRODUCCIÓN

A lo largo de la historia de la filosofía, mucho se ha debatido sobre los criterios para clasificar las cosas que existen en el mundo. En filosofía medieval encontramos una versión de este debate, el cual se conoce en la literatura secundaria como la controversia de los Universales2. Esta controversia involucra, de un lado, a los realistas y, del otro, a los nominalistas y se extendió en la edad media a partir del comentario que Boecio escribió en el siglo VI sobre la Isagoge de Porfirio3. En este comentario, Boecio trató de resolver tres preguntas de carácter ontológico presentadas por Porfirio en la Isagoge: (1) ¿Los géneros y las especies realmente existen en el mundo? (2) ¿Acaso son corporales o incorporales? (3) ¿Acaso existen en las cosas sensibles o aparte de ellas4?

La discusión medieval entre realistas y nominalistas trata sobre el status ontológico de los géneros y las especies, de acuerdo con aquellas tres preguntas formuladas por Porfirio en la Isagoge. En general, los realistas medievales sostuvieron que (1) los géneros y las especies realmente existen en el mundo. Además, algunos creyeron que (2) géneros y especies son corporales pero otros que son incorporales. Finalmente, (3) algunos realistas medievales sostuvieron la idea según la cual géneros y especies existen en las cosas sensibles, pero otros que géneros y especies existen aparte de ellas. En general, los nominalistas medievales negaron estas respuestas y afirmaron que géneros y especies son conceptos que significan cosas singulares similares entre sí. Debido a tales semejanzas, aquellas cosas singulares pueden considerarse como parte de un género y una especie.

La controversia de los Universales no se agotó en el Renacimiento, sino que prevaleció en los mismos términos hasta el siglo XVII en Europa y en la Nueva España, aunque poco se sabe de esto5. De acuerdo con nuestra hipótesis, un ejemplo de que esta controversia prevaleció en la Nueva España hasta el siglo XVII, lo encontramos en el poema de sor Juana Inés de la Cruz «Primero Sueño», aquel que según ella fue el único «papelillo» que escribió por gusto6. El objetivo de este artículo es mostrar que en una parte de este poema de madurez, sor Juana presenta como alternativas ontológicas el realismo renacentista y el nominalismo medieval tardío y, con base en éstas, dos alternativas metodológicas para alcanzar el conocimiento. En otras palabras, en la parte central del poema, durante el sueño, según veremos, sor Juana establece como alternativas para determinar qué existe, el realismo de carácter platónico agustiniano y el nominalismo de carácter ockhamista y, a partir de estas ontologías considera dos metodologías para el conocimiento. En este artículo observaremos, además, que sor Juana se inclina por una ontología nominalista y un método de conocimiento basado en ésta. Hasta donde nosotros sabemos, esta interpretación del poema en cuestión no ha sido tratada en la literatura secundaria7. Nuestra interpretación permite suponer no sólo que en la Nueva España prevalecía una corriente filosófica nominalista en los conventos, monasterios y escuelas, lo cual ha sido casi ignorado en la historia de la filosofía, sino también que las fuentes literarias de sor Juana abarcaron la filosofía medieval, renacentista y moderna. Es probable, además, que las fuentes modernas de sor Juana —incluida la literatura científica y filosófica— determinaron su predilección por una ontología nominalista8.

Este trabajo lo hemos dividido en dos partes. En la primera analizaremos los términos medievales y renacentistas con los cuales sor Juana presenta el realismo ontológico. En la segunda parte, observaremos que sor Juana se inclina por el nominalismo. Además, veremos que sor Juana duda no sólo del realismo ontológico, sino también del nominalismo. Sin embargo, la duda ante el nominalismo se expresa en temor; la duda ante el realismo se expresa en ruina y arrepentimiento.

La vía ascendente realista

Américo Larralde en «El eclipse del Sueño de sor Juana» propone, al menos, una partición y varias subdivisiones de este poema9. Nuestra interpretación está basada en lo propuesto por Larralde, sin embargo, creemos que la parte llamada «El sueño» abarca otros versos, a saber, los versos 266 a 826 y está subdividida del siguiente modo:

  1. 1. Realismo (266 a 559)
  2. 2. Nominalismo (560 a 703)
  3. 3. Reiteración de la duda (704 a 826)10

En la primera de estas tres secciones, sor Juana presenta tesis que son propias del Realismo medieval pero que se heredaron hasta el Renacimiento. En efecto, durante este periodo hubo un grupo de filósofos cuyas ontologías y epistemologías tuvieron como fundamento algunas ideas de origen agustiniano, cuya ontología y epistemología está basada en el primer neoplatonismo. En la historia de la filosofía, Platón es conocido como El Realista. Para Platón las Formas, Ideas o Ejemplares son reales y aún más reales que las cosas materiales singulares o particulares que constituyen nuestro mundo. Estas cosas, de hecho, adquieren sus propiedades particulares en virtud de su participación de las Formas relevantes. Para Platón todas las cosas particulares participan de alguna o algunas de estas Formas. En virtud de esta participación, las cosas singulares poseen las características que las hacen ser lo que son desde un punto de vista genérico y específico: un caballo, un gato, un animal, etc.11 En general, la exposición que hace sor Juana del realismo corresponde a este realismo platónico, leído quizá a través de la interpretación de Agustín de Hipona, Nicolás de Cusa o Marcilio Ficino12.

La filosofía de Agustín de Hipona recuperó popularidad durante el Renacimiento y hasta entrado ya el siglo XVII13. En «De Libero Arbitrio», principalmente, Agustín ofrece una serie de argumentos para concluir que el conocimiento consiste en acceder a la Verdad14. La Verdad, según Agustín, no es accesible a través de los sentidos o la razón por sí misma, pues la Verdad es necesaria y universal, mientras que las cosas sensibles e incluso la razón son contingentes y particulares. Para acceder a esa Verdad o a la sabiduría, Agustín considera que nuestra razón debe ser iluminada, lo cual constituye su famosa teoría de la Iluminación; pero no solo eso, en «De Libero Arbitrio», Agustín también propone que, para acceder a aquella Verdad, debemos transcurrir por un proceso ascendente por el cual nuestras almas descubren, en primera instancia, que nuestros sentidos externos, nuestros sentidos internos y nuestra razón están organizados de manera jerárquica. En segunda instancia, que los sentidos internos moderan o juzgan los sentidos externos; que la razón, a su vez, modera los sentidos internos y que la razón es moderada o juzgada por Dios, la Verdad, aquello que es eterno e inconmutable. La razón modera los sentidos internos en la medida en que descubre unidad entre los inteligibles. Dios o la Verdad descubre o devela la unidad entre aquello que razonamos. Para Agustín, el acceso a la Verdad requiere de un proceso por el cual el alma va descubriendo la jerarquía de las cosas a través de diversos niveles de abstracción. El descubrimiento sucesivo de estos niveles nos acerca poco a poco a la Verdad15. Sor Juana hace referencia a este proceso ascendente, aunque fallido, en el fragmento siguiente:

A la región primera de su altura / … el rápido no pudo, el veloz vuelo / del águila —que puntas hace al Cielo / y el Sol bebe los rayos pretendiendo / entre sus luces colocar su nido— / llegar; bien que esforzando / más que nunca el impulso, ya batiendo / las dos plumadas velas, ya peinando / con las garras el aire, ha pretendido, / tejiendo de los átomos escalas, / que su inmunidad rompan sus dos alas (vv. 327-339).

El vuelo de un águila, en este poema, se presenta como una metáfora del ascenso hacia la Verdad, que sor Juana llama «la región primera», el Cielo, la cúspide del saber, la sabiduría. El ascenso del águila, metáfora del alma, es también llamado un «vuelo intelectual» (v. 301) y, así como para Agustín el conocimiento supone que el intelecto sea iluminado, para sor Juana, conocer no sólo requiere alcanzar «la región primera» sino que, para el águila, es necesario colocar su nido entre las luces del Sol, la luz de la Verdad, la iluminación divina. Sin embargo, tal como se sugiere en el párrafo anterior, para sor Juana, el ascenso del alma no concluye en «la región primera», sino que llegar ahí es simplemente una ambición, una pretensión constante del alma por alcanzar lo divino, «la Esfera» o «la Causa Primera», pues el alma «a la Causa Primera siempre aspira» (v. 408). Más aún, según sor Juana, tal aspiración es atrevida, pues culmina en desvanecimiento, en una caída estrepitosa, despeñada:

que (cuanto más al Cielo caminaba) / a la vista, que lince la miraba, / entre los vientos se desparecía / sin permitir mirar la sutil punta / que al primer Orbe finge que se junta, / hasta que fatigada del espanto, / no descendida, sino despeñada / se hallaba al pie de la espaciosa basa, /tarde o mal recobrada / del desvanecimiento / que pena fue no escasa / del visual alado atrevimiento (vv. 357-368).

El atrevimiento por pretender la Verdad culmina no sólo en desvanecimiento, sino también en un retroceso arrepentido del alma (v. 455) o en ceguera (pp. 495- 502). Lo cierto es que, para sor Juana, en esta sección que hemos llamado «Realismo», el entendimiento resulta vencido no sólo ante el Sol, la divinidad o la Causa Primera, sino ante lo que ella llama «muchedumbre» (v. 470), «agregado» de cosas (v. 446), «cúmulo» de singulares (v. 447) o «conglobado» de especies diversas (v. 472). Estas expresiones nos ofrecen una clave más en favor de nuestra interpretación. En efecto, en esta sección, sor Juana parece aludir a un cierto tipo de realismo, a saber, aquel que entiende que los Universales —en particular, los géneros y las especies— pueden entenderse como colecciones o conjuntos de cosas singulares, por ejemplo, el conjunto de los caballos es la especie de los caballos, lo que unifica diversos singulares16. Según esta perspectiva realista, conocer la Verdad no sólo implica ser iluminado, sino también conocer aquellos rasgos generales que unifican la diversidad, los Universales que se encuentran en la mente divina, tal como por ejemplo, para el realismo de Nicolás de Cusa17. Para sor Juana, sin embargo, esto que unifica es un «cúmulo incomprensible», un agregado entorpecedor que excede la capacidad del intelecto. Sor Juana lo expresa en el siguiente fragmento:

En cuya casi elevación inmensa, / gozosa mas suspensa, / suspensa pero ufana, / y atónita aunque ufana, la suprema / de lo sublunar Reina soberana, / la vista perspicaz, libre de anteojos, / de sus intelectuales bellos ojos / … libre tendió por todo lo criado: / cuyo inmenso agregado, / cúmulo incomprehensible, / aunque a la vista quiso manifiesto / dar señas de posible, / a la comprensión no, que —entorpecida / con la sobra de objetos, y excedida / de la grandeza de ellos su potencia— / retrocedió cobarde» (vv. 435-453)18

Ante aquello que unifica las cosas, un cúmulo o un agregado, el alma entorpecida retrocede cobarde sin comprender y, según nuestra interpretación, tal agregado es un género o una especie, un Universal, pues según sor Juana, sólo podemos hacer referencia a éste —a una especie, por ejemplo— mediante representaciones generales o confusas, en el sentido en que éstas no distinguen a cada una de las cosas singulares que participan de tal Universal. En otras palabras, en la medida en que un Universal está constituido por un conglomerado de cosas, una imagen general de éstas confunde a todas ellas, no observa a cada una. Sor Juana menciona tal generalidad o confusión en el fragmento que sigue: «y por mirarlo todo, nada vía, / ni discernir podía / (bota la facultad intelectiva / en tanta, tan difusa / incomprehensible especie que miraba» (pp. 480-484). Esta idea es reiterada poco después:

…no de otra suerte el Alma, que asombrada / de la vista quedó de objeto tanto, / la atención recogió, que derramada / en diversidad tanta, aun no sabía / recobrarse a sí misma del espanto / que portentoso había / su discurso calmado, / permitiéndole apenas / de un concepto confuso / el informe embrión que, mal formado, / inordinado caos retrataba / de confusas especies que abrazaba / —sin orden avenidas, / sin orden separadas, / que cuanto más se implican combinadas / cuanto más se disuelven desunidas, / de diversidad llenas—, / ciñendo con violencia lo difuso / de objeto tanto, a tan pequeño vaso / (aun al más bajo, aun al menor, escaso) (pp. 540-559).

En estos dos últimos fragmentos, sor Juana insiste que al ver con el intelecto las cosas diversas clasificadas en especies —Universales que se encuentran en la mente divina— el alma se asombra y espanta, incapaz de discernir todo lo que ve, aquello que se encuentra contenido en ellas. Además, en el fragmento anterior, sor Juana utiliza un término técnico, propio de la filosofía medieval, para referirse a representaciones que formamos respecto de aquello que es común a los singulares propios de una especie o un género. Tal término técnico es «especie», que en latín es «specie» y que significa, entre otras cosas, imagen o representación. Así pues, cuando sor Juana dice «especie confusa» no parece referir a una especie entendida como un Universal —tal como en el fragmento previo al anterior, cuando dice «incomprehensible especie» (v. 484)—, sino a una imagen o representación general, un «concepto confuso» (v. 548). En efecto, según sor Juana, por una parte, el alma en ascenso hacia la Verdad va «copiando / las imágenes todas las cosas» (vv. 280-281)19. Estas cosas son «criaturas / sublunares» (vv. 285-286) y la copia o las imágenes de todas estas cosas son mentales (vv. 282-286). En el ascenso, el alma va copiando cosas organizadas de manera jerárquica (vv. 285-291). Además, va elevando su nivel de abstracción hasta el punto en que, en la «región primera» (v. 327), el alma sólo es capaz de observar los aspectos más generales de las cosas, aquellos aspectos que nos permiten clasificarlas en géneros y especies. Así, cuando estas cosas son representadas en conjunto, mediante conceptos confusos, cerca del Sol, ella misma se deslumbra y cae estrepitosamente, sin poder discernir, ordenar, separar, desunir los miembros de aquellos conjuntos. Por esta razón, para sor Juana. la metodología involucrada en el realismo de carácter platónico agustiniano no es una opción fiable para conocer

En la sección que ahora nos ocupa, sor Juana parece haber tenido en mente una teoría realista particular, a saber, el realismo de Nicolás de Cusa, así como también su teoría de la percepción y del conocimiento. La relación entre este poema y la filosofía de Nicolás de Cusa se sostiene por el hecho de que sor Juana menciona «Las Pirámides dos» (v. 340), caracterizadas en algún momento como representaciones mentales: «señales exteriores / de las que, dimensiones interiores, / especies son del alma intencionales» (vv. 401-403). Con estos términos, sor Juana parece denotar de modo metafórico las pirámides encontradas de luz y sombra que Nicolás de Cusa dibuja en «De coniecturis» para dar cuenta de la relación dialéctica entre lo infinito y lo finito, lo inconmensurable y lo conmensurable, lo múltiple (complicatio) y lo único (explicatio), el microcosmos y el macrocosmos, la unidad (unitas) y la otredad (alteritas), el cielo y la tierra, metáforas que, en general, Nicolás utiliza para hacer referencia a la relación entre la divinidad y sus criaturas20.

La relación entre la divinidad, entendida como la Verdad, y sus criaturas, involucra el conocimiento. En la cima de la pirámide de luz se encuentra la Verdad, la cual, según algunos intérpretes de Nicolás de Cusa, es imposible alcanzar21. Quizá por este carácter escéptico de la filosofía de Nicolás de Cusa, sor Juana decide abandonar una perspectiva ontológica realista junto con una metodología basada en ésta. En consecuencia, sor Juana propone considerar el nominalismo, junto con una metodología fundada en éste. En la siguiente sección analizaremos la parte que hemos llamado «Nominalismo». Aquí veremos que sor Juana pudo haber tenido acceso a literatura de carácter ockhamista22.

La vía ascendente nominalista

Después de la tormenta, recogidas las velas y con el timón roto, el alma decide buscar una alternativa al realismo, la cual consiste en observar una a una las cosas, «arena a arena» (v. 569), «astilla a astilla» (v. 570), limitarse a los singulares para clasificarlos en cada una de las diez Categorías aristotélicas. En esta sección, el objetivo primero no es alcanzar la Verdad, sino observar los singulares para concebir conceptos generales gracias a un proceso de abstracción. En efecto, la fantasía o imaginativa, la facultad que concibe tales conceptos o imágenes, abstrae el carácter particular de las cosas observadas y concibe, al hallar similitudes y diferencias, conceptos generales (vv. 584-587)23. Desde esta perspectiva, los Universales no se encuentran en la mente divina, ni son descubiertos gracias su luz. Géneros y especies son, en cambio, sólo concebidos o formados por nuestra mente (v. 588); no son reales tal como para el realismo ontológico. Los Universales son conceptos que significan cosas singulares en la medida en que son similares a éstas; no son similares a ciertos ejemplares. Tales Universales concebidos como conceptos generales constituyen nuestro conocimiento al integrar proposiciones, silogismos, argumentos o «discursos» —según el término técnico usado originalmente en filosofía medieval y que sor Juana adopta en su poema (vv. 587, 599)24. Sor Juana también adopta otro término técnico propio de la filosofía ockhamista: «intuición» (v. 591). Una intuición puede entenderse como una percepción de un objeto singular y tal intuición es un requisito para la abstracción. En efecto para poder abstraer los aspectos más generales de las cosas es necesario observar los aspectos particulares de cada una de ellas. A partir de la observación de tales particularidades, nuestra mente va encontrando similitudes y, aunque nuestro intelecto puede errar, este camino puede llevarnos al conocimiento. Así, según sor Juana:

en su operación misma reportado, / más juzgo conveniente / a singular asunto reducirse, / o separadamente / una por una discurrir las cosas / que vienen a ceñirse / en las que artificiosas / dos veces cinco son las Categorías: / reducción metafísica que enseña / (los entes concibiendo generales / en sólo unas mentales fantasías / donde de la materia se desdeña / el discurso abstraído) / ciencia a formar de los universales, / separando, advertido, / con el arte el defecto / de no poder con un intuitivo / conocer acto todo lo criado, / sino que, haciendo escala, de un concepto / en otro va ascendiendo grado a grado (pp. 575-594).

Sor Juana sugiere que, desde un punto de vista nominalista, el conocimiento es más difícil, pues requiere de mucha disciplina y «doctos alimentos» (v. 601). Sin embargo, gracias a este método que consiste en observar los singulares, formar conceptos generales y construir discursos, el alma «la honrosa cumbre mira / término dulce de su afán pesado» (vv. 611-612). Aun siendo amargo y cansado este método resulta grato y poco costoso para quien lo sigue y, por esta razón, dice sor Juana: «De esta serie seguir mi entendimiento / el método quería» (vv. 617-618). Sor Juana pretende seguir este método basado en una ontología nominalista.

El método que prefiere sor Juana requiere no sólo de mucha disciplina y «doctos alimentos» sino también requiere de la colaboración de la mayoría de las facultades del alma —la sensitiva, la imaginativa, la volitiva y la intelectiva: «y de cuatro adornadas operaciones / de contrarias acciones, / ya atrae, ya segrega diligente / lo que no serle juzga conveniente» (vv. 633-636). Este método presupone, además, confiar en aquellas facultades, en nuestros cinco sentidos externos, nuestros sentidos internos y en nuestra razón para conocer (vv. 652-667); no en la iluminación divina.

Ignoramos cuáles fueron las fuentes nominalistas a las que parece haber recurrido sor Juana, pero las fuentes que pudo haber tenido suponían que nuestro conocimiento surge no sólo de los cinco sentidos externos, sino también de los tres sentidos internos, los cuales son, al parecer, la imaginación, el sentido común, la cogitativa —en los humanos— o la estimativa —en los otros animales25—. Según sor Juana, los sentidos internos son «rectrices» (v. 667) para el conocimiento, pues constituyen el «círculo que cierra / la Esfera con la tierra, / última perfección de lo criado / y último de su Eterno Autor agrado» (vv. 671-674). Los sentidos internos son la última perfección de lo creado, pues no solo existen en todos los animales sino también, en el caso de los humanos, constituyen el puente entre los sentidos externos y el intelecto (p. 97).

Sor Juana pretende seguir este método basado en una ontología nominalista no sin antes hacer crítica de él, sin dudar de su eficacia. Esta duda se expresa en temor. Sor Juana teme no entender las causas y los efectos de los eventos naturales (vv. 710-711). Además, teme no ser capaz de formar correctamente argumentos y proposiciones, pues dice: «si a un objeto solo —repetía / tímido el pensamiento— / huye el conocimiento / y cobarde el discurso se desvía» (vv. 757-760). Finalmente, sor Juana teme caer en error, pues desde una perspectiva nominalista —según la cual las especies y los géneros no son reales sino conceptos formados por la razón a partir de semejanzas y diferencias, es decir, a partir de la atracción y segregación de las cosas singulares, según los términos que utiliza sor Juana— la razón misma podría establecer relaciones de semejanza y diferencia erróneas al concebir tales conceptos. En efecto, el intelecto puede cometer errores, pues desde un punto de vista nominalista, las especies no son un cúmulo de singulares, ni los géneros una muchedumbre de especies, ejemplares en la Mente divina, sino puros conceptos que significan singulares segregados (vv. 761-769). Al saber que puede cometer errores, el intelecto teme desviarse del correcto entendimiento. Así, el intelecto se asemeja al Atlante de espaldas agobiadas (774) o a Alcides cuya fuerza es insuficiente para soportar tan pesada carga (v. 775).

Sor Juana no termina su sueño poniendo en duda la capacidad cognitiva humana y el método que descansa en una ontología nominalista, sino que al parecer vuelve a poner en tela de juicio el método basado en el realismo ontológico para después anunciar el amanecer (v. 827). En esta sección que hemos llamado «Reiteración de la duda», sor Juana compara el seguimiento de este método con el intento malogrado de Faetón, «el del ardiente carro» (v. 787), por iluminar el mundo. La sospecha sobre este método no se expresa en temor, sino en escarmiento, pues este método resulta atrevido, ambicioso y arrogante. Del mismo modo que Ícaro (466-468), Faetón cae y eterniza su ruina (v. 802) al tratar de alzar su vuelo hasta lo más alto siguiendo los tipos, los modelos o los ejemplares perniciosos (vv. 803-805). El castigo de la ambición, del insolente exceso es la ignorancia: «singular culpa sólo siendo, / dejara más remota a lo ignorado / su ejecución, que no a lo escarmentado» (vv. 824-826).

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Notas

1. Agradezco al Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por la beca posdoctoral que me ha otorgado, gracias a la cual he podido redactar este artículo y llevar a cabo mi investigación sobre filosofía medieval.
2. Esta controversia ha sido ampliamente investigada por Libera, 1996. Ver también, por ejemplo, Klima, 2003.
3. Una traducción al inglés de algunos textos clave para entender la discusión entre nominalistas y realistas en filosofía medieval es ofrecida por Spade, 1994. Una introducción sobre nominalismo medieval y contemporáneo la ofrece Panaccio, 2012.
4. La Isagoge de Porfirio es un texto introductorio a las Categorías de Aristóteles. Sobre este tema ver, por ejemplo, Libera,1998.
5. Ver, por ejemplo, d’Ors, 2013; Muñoz Delgado, 2007.
6. «Yo nunca he escrito cosa alguna por mi voluntad, sino por ruegos y preceptos ajenos [o sea por encargo], de tal manera que no me acuerdo haber escrito por mi gusto si no es un papelillo que llaman el Sueño.» Citado por Alatorre, 1986. Utilizaremos como fuente primaria del poema «Primero Sueño» la edición de Alfonso Méndez Plancarte: Cruz, 2004. Los números que aparecen entre paréntesis en el cuerpo del texto corresponden a los números de los versos según esta edición del poema.
7. Ver, en el ámbito del análisis literario, por ejemplo, Olivares Zorrilla, 2014; Sabat de Rivers, 2010; Soriano Valles, 2008; Beuchot, 2005; McKenna, 2000; Alatorre, 1986; Paz, 1982. En este artículo suscribo la importancia que tiene estudiar el carácter escolástico de la obra de sor Juana para comprenderla mejor. Esta importancia es sugerida por Beuchot y Soriano Valles. La interpretación que proponemos aquí se concentra en una pequeña parte del poema que nos ocupa y considera otras fuentes de la filosofía escolástica para entenderlo.
8. Sepkoski trata sobre esta relación entre el nominalismo y la investigación científica en el siglo XVII en 2005.
9. Larralde Rangel, 2013.
10. Concentraremos nuestro análisis en los versos que ocupan estas tres secciones exclusivamente.
11. Una introducción a la teoría de las Ideas de Platón ha sido publicada por Silverman, 2003.
12. La influencia de Nicolás de Cusa en alguna parte de la obra de sor Juana ha sido estudiada por Olivares Zorrilla, 2014. Tenemos noticias de que en el periodo colonial algunos libros de carácter platónico agustiniano y nominalista fueron parte de algunas bibliotecas de la Nueva España. Por ejemplo, en la biblioteca antigua José Ma. Lafragua encontramos el comentario de la teología Platónica «Omnia divini Platonis opera» de Marcilio Ficino impreso en 1546.
13. Menn ha estudiado la recuperación de la filosofía agustiniana durante el renacimiento y hasta el siglo XVII, en particular hasta el periodo de vida de Rene Descartes en 1998, cap. 4.
14. Hipona, «De Libero Arbitrio».
15. Sobre este tema ver, por ejemplo, McMahon, 2006, caps. 1-3.
16. Boecio hace referencia a esta teoría en: Severino Boecio, «Segundo Comentario a la Isagoge de Porfirio».
17. Para Nicolás de Cusa, las representaciones mentales son copias o similitudes de los ejemplares que existen sólo en la Mente divina. Hopkins explica esto en 2000, pp. 18-21.
18. Ver también el fragmento (vv. 470-472).
19. Ver también los versos 406-407.
20. Una traducción al inglés de «De coniecturis» se puede encontrar en la Web: Cusa, 2015.
21. Miller, 2009, p. 15. Sobre el carácter escéptico de la filosofía de Nicolás de Cusa ver, por ejemplo, Hopkins, 2000, pp. 9-10.
22. Courtenay ha hecho un estudio pormenorizado sobre el legado de la filosofía de William of Ockham, en general y, en particular de su teoría nominalista en Courtenay, 2008. Según Courtenay, Adam of Wodeham, alumno de Ockham y defensor del nominalismo de su maestro, fue leído entre los agustinianos en España a partir del siglo XIV en Courtenay, 2008, pp. 356-357. Pedro Gassendi fue probablemente leído en la Nueva España en el siglo XVII. En la biblioteca antigua Lafragua, encontramos un comentario de Pedro Gassendi sobre un tratado de astronomía de Ticho Brae «Tychonis Brahei, equitis dani astronomorum coryphaei vita» impreso en 1655.
23. Sor Juana vuelve a hacer referencia esta facultad en vv. 641-643.
24. Un silogismo o argumento es un «discursus» para Guillermo de Ockham. Los silogismos y argumentos están compuestos de proposiciones, las cuales, a su vez, están formadas por conceptos. Del mismo modo que nuestro lenguaje, las proposiciones, silogismos y argumentos son composicionales y, en la medida en que esas proposiciones, silogismo y argumentos son pensados, constituyen un lenguaje mental. Sobre el término «discursus» en la filosofía de Guillermo de Ockham ver, por ejemplo, Lenz, 2008, pp. 155-167.
25. Juan Buridano hace esta distinción, la cual era tradicional en la Edad Media y aún en el Renacimiento. La filosofía de Juan Buridano parece estar influida por la filosofía de Guillermo de Ockham. Sobre este tema ver, por ejemplo, Klima, 2009. Según este autor, Juan Buridano defendió una perspectiva ontológica nominalista basada en el nominalismo ockhamista pero diferente a éste en muchos aspectos.
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