Artículos
Ingenio etnográfico y tradición poética en el Canto II de «Arauco domado» de Pedro de Oña (1596)
Etnographic Wit and Poetic Tradition in Chant II of Pedro de Oña’s Arauco domado
Ingenio etnográfico y tradición poética en el Canto II de «Arauco domado» de Pedro de Oña (1596)
Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, vol. 6, núm. 1, pp. 587-602, 2018
Instituto de Estudios Auriseculares

Recepción: 01 Noviembre 2017
Aprobación: 22 Enero 2018
Resumen: El presente artículo estudia los elementos de tradición y modernidad en el canto II de la epopeya Arauco domado de Pedro de Oña, publicada en Lima en 1596. Este canto retrata una serie de ritos y prácticas mágicas del mundo mapuche a través de las cuales se busca conocer el futuro de la guerra de Arauco: una observación al cielo astral (estrellas y planetas) y una posterior invocación al Demonio. Se presentan los principales modelos literarios que Pedro de Oña utiliza para construir estos pasajes, como sus aspectos etnográficos novedosos que le permiten actualizar y modificar la tradición poética de Occidente1.
Palabras clave: Pedro de Oña, Arauco domado, conjuros clásicos, Imbunche, observación del cielo astral, epopeya hispanoamericana.
Abstract: The present article studies the elements of tradition and modernity in canto II in the epic Arauco domado by Pedro de Oña, published in Lima in 1596. His chant II depicts a series of rites and magical practices of the Mapuche world through which seeks to know the future of the Arauco war: an observation to the astral sky (stars and planets) and a later invocation to the Devil. I present the main literary models that Pedro de Oña uses to construct these passages, as well as his novel ethnographic aspects that allow him to update and modify the poetic tradition of the West.
Keywords: Pedro de Oña, Arauco domado, Classic spells, Imbunche, Observation of the astral sky, Hispano-American epic.
Vaticinios estelares y oráculos indígenas en Arauco domado
La epopeya Arauco domado del chileno Pedro de Oña (Angol, Chile 1570-Lima, 163?) es el primer libro de poesía publicado en el virreinato del Perú, en Lima, por las prensas de Antonio Ricardo de Turín, en 1596. No hay datos documentales de la infancia de su autor en Chile, los registros más antiguos provienen del año 1590, cuando a sus veinte años se matriculó en el primer curso de Artes de la Universidad de San Marcos en Lima. En 1591, para el segundo curso y en 1592, para el tercero2. El mismo año de 1592 obtuvo una de las diecisiete becas que el virrey García Hurtado de Mendoza, IV marqués de Cañete, (1589-1596) otorgó para estudiar en el recién fundado Colegio Real de San Felipe y San Marcos, en Lima, donde obtuvo el grado de Licenciado. Durante este periodo se aproximó a la corte virreinal de García Hurtado de Mendoza quien le encargó la redacción de Arauco domado para reivindicar sus hazañas conquistadoras como antiguo capitán general de Chile (1557-1559), silenciadas, según él mismo IV marques de Cañete, por Alonso de Ercilla en La Araucana a raíz de una rencilla entre ambos personajes en Chile, en la Imperial, en el invierno de 1558, que casi costó la vida de Ercilla y concluyó con su deportación al Perú en 15593.
Pedro de Oña en Arauco domado se propuso dar esplendor a la figura de a García Hurtado de Mendoza. Para ello echó mano de la materia histórica (inventio) de La Araucana, subordinándola a una nueva organización poética y retórica (dispositio y elocutio) que, en su conjunto, le permitieron crear un poema nuevo, fresco y clasicista, distante en el tono épico a la narrativa histórico-verista de Ercilla. Incluso, modificó la rima de su octava real, mientras La Araucana presenta una tradicional cadencia italiana ABABABCC, la epopeya del criollo postula una estrofa mixta, combinación de la octava real y copla de arte mayor, en rima ABBAABCC4. En la organización y sucesión de los cantos sigue el modelo del entrelazado, es decir, irá presentando diversos temas históricos adornados por elementos poéticos provenientes de la tradición clásica y la literatura renacentista.
Su canto II, en el que los mapuches pronostican el destino de la guerra de Arauco través de la observación del firmamento (estrellas, constelaciones y planetas) (octavas 23-36) como una posterior invocación al Demonio (octavas 64-76), es un buen ejemplo del uso de la tradición clásica al servicio de una nueva epopeya o «continuidad del género épico» en palabras de Raúl Marrero-Fente5, ya que gran parte sus recursos poéticos remiten a la Farsalia de Lucano y a La Araucana de Ercilla.
El modelo de la observación del cielo astral por parte de los vencidos (que en Arauco domado ocupa las octavas 23-36) proviene del Libro I, v. 640 y ss. de la Farsalia de Lucano, donde el arúspice Nigidio Fígulo anuncia a los romanos el inicio de la guerra civil en Italia. Siglos más tarde, Alonso de Ercilla imita parcialmente el pasaje en el canto VIII de La Araucana, octavas 39-44, a través de la figura del indígena Puchecalco. La originalidad de Pedro de Oña consiste en presentar el vaticinio estelar en medio de una rogativa mapuche o nguillatún, primera referencia literaria que conocemos de este rito indígena que le permite distanciarse de la tradición clásica europea y dar un nuevo ‘color local’ al modelo épico de la observación del firmamento por parte de los vencidos.
En Arauco domado tras la muerte de Lautaro los mapuches se reúnen en una «plácida floresta / do nunca ofende el sol ni daña sombra» (II, 11, vv. 1-2) para celebrar un ritual de invocación a Pillán (deidad indígena) mediante la música, la bebida y el baile. En su descripción de la rogativa, Pedro de Oña presenta varias prácticas rituales e instrumentos musicales del mundo mapuche, muchos de los cuales aún persisten en su cultura contemporánea. Entre ellos, un «ronco tamborino» (II, 13, v. 1) o kultrún, vasija tallada en madera cubierta por un parche de cuero tensado que se percute con una baqueta; las pifilkas o flautas verticales de madera, cerradas en su base, construidas de diferentes materiales: «por flauta el hueso toca» (II, 13, v. 2); como también, un rehue (horcón en expresión del poeta) sobre el cual danza la o el machi (sacerdotisa o chamán mapuche) para invocar a Pillán. En Arauco domado: «Uno martilla el ronco tamborino, / otro por flauta el hueso humano toca, / otro subido en un horcón invoca / a su Pillán, espíritu maligno» (II, 13, vv. 1-4, el subrayado es mío).
La descripción verista o etnográfica de este rito mapuche (nguillatún) presenta tres bailes ceremoniales (purrún): uno donde hombres y mujeres bailan con los dedos enlazados; un segundo baile donde ambos danzan con las manos libres y hacen sonar unos huecos calabazos con piedras (‘guijas’) en su interior; instrumento que rememora las primitivas kaskawillas o cascabeles mapuches que, en su fase prehispánica, antes de ser de hierro, eran de estos materiales. Concluye presentando un tercer baile en el que las mujeres danzan semidesnudas de un pecho, un típico vestuario femenino (o küpam) que aún utilizan las mapuches durante el periodo de lactancia6. Léase su descripción de los bailes:

Si bien Pedro de Oña presenta tres bailes rituales o purrún mapuches, su conocimiento de la cultura indígena es parcial7. Esto se vislumbra a través de las palabras andinas que utiliza para describir los atuendos de las mujeres; todas ellas, como bien observó César Ángeles Caballero, son peruanismos integrados tempranamente al español8. Por ejemplo, las palabras huincha, chaquira, llautos, chúcaros, chicha, etc. Bajo este lenguaje andino, dice «Adórnanse de huinchas y de llautos, / con piedras que deslumbran quien las mira, / y con azules vueltas de chaquira / hacen mil contenencias y más autos» (II, 18, 1-4). Para explicar estas palabras, desconocidas por los lectores occidentales, introduce un par de anotaciones marginales en las que apunta: llautos: «tocados como diademas» y chaquira: «granos azules menudos como aljófar»9.
La atmósfera y color indigenista del nguillatún le permite presentar de manera original el modelo épico de la observación del cielo astral por parte de los vencidos. En su interpretación del firmamento los agoreros mapuches describen los siete planetas móviles: ‘Saturno, el Sol (Delo), Júpiter, Marte, el génito de Maya (Mercurio), Venus y Cintia (La Luna)’, en una conjunción negativa con los signos del zodiaco griegos. Se sustituye el tradicional año estelar de «Aries a los Peces» por uno que comienza en las casas de «Escorpión y Cáncer», con el objetivo de exaltar un panorama adverso que presagia la inminente derrota de Arauco en la guerra. Léase:

Es destacada la recreación simbólica de los signos zodiacales de una manera inversa y sanguinaria: Tauro atado al bramadero; Capricornio (el cuerno de la abundancia) rígido y austero; el León y Sagitario airados; vertiendo sangre el cántaro de Acuario; Virgo desgreñada; Libra con sangre barnizada y Piscis, los peces, comiéndose a bocados, etc. La observación de los planetas y casas del zodiaco concluye con la mención de algunas de las principales estrellas y constelaciones del globo: las Pléyades, Orión, la Osa Mayor y Menor (o bando ursino, en expresión del poeta, proveniente del latín ursa: osa), Arcturo, Bootes, Cástor y Pólux, el Dragón, la Serpiente, el Ara, Escorpión, el Can, Leo, etc. Léanse:

Este orden y disposición de los planetas, signos del zodiaco, estrellas y constelaciones, es más bien general, no corresponde a una mirada ni científica ni profunda de la astrología que se subordina a los intereses métricos y estéticos de la obra; una epopeya culta, competente a los gustos y expectativas de los lectores del XVI10.
Una vez que los agoreros mapuches interpretan la sentencia negativa del cielo, se inicia una discusión filosófica en torno a la predestinación e influencia de los planetas en la vida de la comunidad (octavas 36-45);11 haciendo eco a las discusiones, muy en boga durante los siglos XVI y XVII, acerca de la veracidad de la astrología (macrocosmos) frente al libre albedrío (microcosmos). Bajo esta mirada Tucapel plantea: «es loca vanidad, locura vana, / que no hay estrellas, signos ni embarazos, / sino la pura fuerza de los brazos»; «Y si hay Fortuna y ella favorece, / como soléis decir, al más osado, / ¿quién como el indomable y duro Estado / ese favor y título merece?» (octavas 46, 6-8 y 47, 1-4). En Arauco domado se contrapone el libre albedrío frente a la predestinación astrológica, citando el famoso proverbio latino «Audentes Fortuna iuvat» («Fortuna ayuda a los osados»), procedente del Libro X, 429, de la Eneida de Virgilio. El tema de la predestinación es otro de los grandes tópicos que atraviesan la literatura áurea. Llega a su culmen en la comedia La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca, donde toda su trama discurre entre la voluntad y el autocontrol de su protagonista frente a la disposición de las estrellas y su hado12.
La arenga de Tucapel da paso al desenlace del canto que concluye con una invocación al Demonio; a mi parecer, uno de los pasajes más intensos de toda la epopeya. Para construir el episodio Pedro de Oña tuvo otra vez en cuenta la Farsalia de Lucano, en particular el Libro VI (vv. 413-830), donde se presentan las artes oraculares de la maga de Tesalia, Ericto; modelo indiscutido de gran parte de los conjuros de la literatura Medieval y del Renacimiento europeo: Juan de Mena lo utilizó para la maga de Valladolid del Laberinto de Fortuna; Ercilla para el conjuro de Fitón en La Araucana; Luis de Zapata en su pasaje de la bruja de Túnez en Carlo Famoso; incluso Fernando de Rojas en el Acto III de La Celestina.
Pedro de Oña para dar un color original a su conjuro indígena presenta algunos ritos, sacrificios y seres del panteón mapuche, entre ellos al Imbunche, ser mitológico del cual Arauco domado es su primera referencia literaria13. Ahora bien, su descripción del Imbunche dista respecto al imaginario antropológico contemporáneo; para muchos investigadores, un niño deforme que resguarda la cueva de los brujos. En este sentido, para Sonia Montecinos: «Imbunche es una palabra mapudungún que significa cuadrúpedo pequeño, enano o monstruo y que se usa para referir, en el imaginario mapuche y chilote, al niño que es raptado por los brujos para que resguarde sus cuevas»14; y según Andrés Febrés, en su Vocabulario hispano-chileno contenido en su Arte de la lengua general del Reino de Chile de 1765, proviene de las palabras: «ivum, animales pequeños cuadrúpedos o monstruos, y che, hombre, gente en general»15. Sin embargo, el Imbunche de Pedro de Oña es un cuerpo insepulto, sin órganos, que los brujos mapuches esconden en una cueva para comunicarse con el Demonio, afín al oráculo necromántico (o cuerpo muerto) que utiliza la maga Erico de la Farsalia para invocar a las potencias del inframundo. En Arauco domado:

En Arauco domado se renueva el tópico del cuerpo muerto, sin órganos, como oráculo de los hechiceros, dándole un nuevo nombre, Ibunché [sic], que, si bien proviene de la etimología mapuche, no tiene más que el nombre porque en cuanto a su descripción y función ritual es similar al de la Farsalia de Lucano. En ella, Ericto:
[…] cualquier tipo de muerte humana le es aprovechable. […] cubierta de su macabra cabeza con escuálida nube, merodea entre los cuerpos de los muertos allí tirados, carentes de sepultura. Al punto huyeron los lobos, huyeron las aves de rapiña, sin saciarse, retrayendo sus garras, mientras la tesalia elige a su adivino y, escrutando las médulas heladas por la muerte, encuentra las fibras de un pulmón que se mantiene rígido sin trazas de herida y busca la voz en ese cuerpo difunto. Los destinos de numerosos guerreros muertos están ahora pendientes de a quién decidirá ella retornar al mundo de los vivos […] Entonces, lo primero, llena de sangre hirviente el pecho, tras abrirlo con nuevas heridas, limpia de podre las medulas y le suministra copiosamente virus lunar16.
Pedro de Oña utiliza el nombre indígena del Imbunche que resignifica como oráculo necromántico, basado en sus conocimientos literarios provenientes de la tradición clásica. Para distraer a los lectores, clausura el pasaje con un colofón inspirado en el tópico de ‘lo visto y lo vivido’ con el cual asevera la autoridad de su discurso. Dice: «helo sabido yo de muchos de ellos / por ser en su país mi patria amada / y conocer su frasis, lengua y modo, / que para darme crédito es el todo» (II, 57, 7-8)17.
Este breve pasaje de la epopeya ha confundido a varios historiadores, entre ellos a José Toribio Medina y Tomás Thayer Ojeda, quienes llegaron a afirmar que Pedro de Oña habló la lengua de los mapuches18. Sin lugar a dudas, Pedro de Oña dado su nacimiento y primeros años de vida en Angol (en el corazón de la Araucanía), conoce algunas palabras mapuches, muchas de las cuales comenta en su tabla de indigenismos; pero este saber lingüístico es general. No hay una mirada profunda de la cultura mapuche, sino más bien una lectura clásica del Imbunche, el que, como he comentado, dista de los imaginarios antropológicos contemporáneos.
Una vez construida esta atmósfera exótica y local, se presenta una segunda práctica ritual indígena: un conjuro al Demonio (octavas 23-36) que busca conocer un nuevo veredicto de la guerra. El conjuro de Arauco domado en su estructura narrativa, otra vez, se ciñe al modelo de la maga Ericto de la Farsalia pues presenta una estructura tripartita de ‘invocación, solicitud y amenaza al Demonio’. Modifica, eso sí, el medio mágico del rito. En la Farsalia se exhorta a las potencias del infierno a través de un cuerpo muerto, similar al Imbunche de Oña; mientras, en este segundo rito de Arauco domado se utiliza una guedeja de lana donde se aferra el Demonio para dictar su fallo19. Es interesante la cercanía del oráculo de lana de Arauco domado con el conjuro de La Celestina de Fernando de Rojas en el que también se utiliza un hilado, en su caso, no con el objetivo de conocer el futuro de la guerra, sino más bien de desatar la philocaptio (o hechizo amoroso) entre Calisto y Melibea20. En Arauco domado:

El medio mágico de la vedija de lana da paso al conjuro propiamente tal. Se divide en tres partes: 1) la invocación a las potencias del infierno, 2) la petición del mago y 3) una amenaza al Demonio ante su tardanza. Esta estructura tripartita se ciñe al modelo de Lucano en cuanto: 1) se inicia invocando a seres y dioses del panteón greco-latino, que se presentan de manera decreciente, es decir, el conjuro poco a poco se va adentrando a las profundidades del infierno, describiendo su geografía y personajes más representativos. Parte con los ríos del inframundo: Flegetón y la laguna Estigia, para después enumerar algunas divinidades de su morada: Hécate, Eurídice, etc., en compañía de algunos condenados: Tántalo, Ticio, para, finalmente, arribar a su centro donde viven las tres Furias: Alecto, Tisífone y Megera, con las Gorgonas, el Cancerbero, Caronte y Demogorgón. Sus octavas destacan por la construcción de rimas anafóricas que buscan representar el ritmo nemotécnico del ritual: ‘a vos… a vos’ (63-65); ‘a ti… a ti’ (66). En palabras de Pillalonco:

b) La segunda parte del conjuro es una solicitud al Demonio para que los absuelva de la primera sentencia dada por el firmamento. En esta oportunidad, el brujo ratifica su fidelidad al Demonio y el carácter malévolo de sus ritos. Otra vez se construye una rima anafórica para presentar la musicalidad del conjuro por… por (67-68). En palabras de Pedro de Oña, dice Pillalonco:

c) La tercera parte del conjuro es la amenaza al Demonio ante su tardanza. En la epopeya: «así estuvieron casi una hora entera» (II, 69, v. 5) «Pendiente del oráculo de lana / y alerta por si el ídolo venía, / ni párpado ni ceja se movía / de la congregación perdida y vana; / más viendo ya propincua la mañana / y que el Eponamón se detenía, / así de nuevo el mágico le invoca / echando espumarajos por la boca» (II, 70). Antes del amanecer, le advierte Pillalonco al Demonio:

La amenaza al Demonio por parte del brujo es otro recurso estereotipado en los conjuros clásicos. Es interesante la variante cristiano-evangelizadora de Pedro de Oña que sustituye el tradicional chantaje de ‘revelar los verdaderos nombres de las deidades del infierno e iluminar sus cavernas con luz solar’, por una versión épico-cristiana en la que se propone el bautismo del mundo indígena como principal medio de intimidación. A través de este imaginario evangelizador Arauco domado construye un universo poético mixto en el que conviven elementos paganos (potencias y seres del infierno) con un Demonio de inspiración cristiana21. La amenaza permite que el Demonio se manifieste y revele a los mapuches la inminente llegada de García Hurtado de Mendoza a Chile, su rancia genealogía y la futura pacificación de Arauco (II, 75-80), confirmando así el hado dispuesto por las estrellas22.
La estructura tripartita del conjuro de Arauco domado (1, invocación, 2, solicitud y 3, amenaza) es común a la mayoría de los conjuros Medievales y del Renacimiento. Presento su cercanía con otras fuentes literarias, antiguas y modernas. Por ejemplo, en la Farsalia, dice Ericto:
En el Laberinto de Fortuna de Juan de Mena, la maga de Valladolid:

En La Araucana de Ercilla, proclama el mago Fitón:

En el Acto III de La Celestina, expone su protagonista:
Frente a estos elementos literarios provenientes de la tradición clásica y renacentista, ¿cuál es la originalidad de la epopeya de Pedro de Oña? Pues, por una parte, actualizar los recursos del género que presenta en un contexto histórico y geográfico nuevo, nativo americano. Así el nguillatún mapuche, sus danzas e instrumentos musicales son un telón de fondo que le permite proveer de un color distinto y original a la estereotipada observación del cielo astral por parte de los vencidos. Por otra parte, la invocación al Demonio se diversifica presentando algunos ritos y dioses del panteón mapuche, como el Imbunche, primera referencia literaria del personaje indígena. Este es quizás uno de los aspectos más interesantes de Arauco domado, su tratamiento de los ritos indígenas a partir de modelos literarios de la tradición clásica, como el conjuro: su invocación, solicitud y amenaza y la observación del cielo astral. En la epopeya del chileno el mundo indígena se presenta desde un punto de vista poético occidental con algunas novedosas aspiraciones etnográficas que, en su conjunto, aportan nuevos datos sobre los imaginarios coloniales en torno al pueblo mapuche del siglo XVI.
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Notas