Autoridad y poder
Sociolingüística del poder en el Siglo de Oro. De reverencias, altezas, mercedes, señorías y otras formas de tratamiento en el teatro de Calderón de la Barca1
Sociolinguistics of power in the Spanish Golden Age. Of reverences, highnesses, mercies, lordships and other forms of treatment in the theatre of Calderón de la Barca
Sociolingüística del poder en el Siglo de Oro. De reverencias, altezas, mercedes, señorías y otras formas de tratamiento en el teatro de Calderón de la Barca1
Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, núm. Esp.1, pp. 97-119, 2018
Instituto de Estudios Auriseculares
Recepción: 01 Agosto 2017
Aprobación: 30 Octubre 2017
Resumen: Este trabajo revisa los recursos que se emplean en obras dramáticas de Calderón de la Barca para el tratamiento a los representantes de la autoridad; esto es, se analiza la presencia en escena de los que Gonzalo Correas denomina «nombres de honor», para los que el protocolo de los siglos XVI y XVII impone pautas muy rigurosas. El estudio se basa en una selección de obras en las que participan representantes del poder político, militar y eclesiástico, y personajes de distinto rango, sexo y edad.
Palabras clave: Formas y fórmulas de tratamiento, teatro Siglo de Oro, socio-lingüística histórica.
Abstract: This work reviews the resources that are used in dramatic works of Calderón de la Barca for the treatment of the representatives of the authority; that is, the presence on stage of what Gonzalo Correas calls «names of honor», for which the protocol of the sixteenth and seventeenth centuries imposes very strict guidelines, is analyzed. The study is based on a selection of works in which representatives of political, military and ecclesiastical power, and characters of different rank, sex and age participate.
Keywords: Forms and Treatment Formulas, Spanish Golden Age Theatre, Historical Sociolinguistics.
INTRODUCCIÓN
Si hay una cuestión lingüística inseparable de la perspectiva social es la de las formas de tratamiento. El conjunto de normas mantenidas en el trato social —así se ha definido la cortesía (DUE, s.v.)— incluye pautas verbales, y las formas de tratamiento no son sino la codificación lingüística de las normas sociales. Quizá sea esa vinculación, que permite indagar, desde la expresión lingüística, aspectos de la organización social y de las relaciones de poder y solidaridad2, la que ha despertado el interés de tantos investigadores.
En lo que respecta al Siglo de Oro, existen numerosos trabajos sobre los elementos que codifican la relación social entre hablante y destinatario, lo que puede llevar a pensar en un espacio ya agotado3. Sin embargo, la complejidad social en la España de los siglos XVI y XVII y las transformaciones lingüísticas que suceden en español clásico, y, además, la riqueza de la producción escrita de este tiempo, dejan abiertas las posibilidades de investigación. Me permito recordar el hecho de que durante este período se producen cambios importantes hacia la consolidación del sistema moderno de formas de tratamiento (con sus numerosas variantes), y se fijan los usos de las fórmulas que incluyen los apelativos honoríficos señoría, excelencia, alteza, majestad, paternidad, reverencia, entre otros4.
El propósito de estas páginas es revisar y analizar los recursos nominales y pronominales que se emplean, en obras dramáticas de Calderón de la Barca, para el tratamiento a la autoridad; me ocuparé, en concreto, de los denominados por Correas «títulos y nombres de honor» (Arte, p. 213) y de las formas de tratamiento que los acompañan, para los que el protocolo de los siglos XVI y XVII impone pautas muy rigurosas. Obligada por la necesaria limitación que impone una aportación de estas características, he seleccionado un grupo de obras pertenecientes a distintos subgéneros, en las que participan representantes de la autoridad (política, militar y eclesiástica) y personajes de distinto rango, sexo y edad, involucrados en situaciones vitales dispares. Las obras analizadas son las que siguen5:
Amor, honor y poder
El alcaide de sí mismo
La cisma de Ingalaterra
El príncipe constante
La dama duende
La vida es sueño
El alcalde de Zalamea
El conde Lucanor
El santo rey Don Fernando. Segunda parte
Asimismo, he incluido en el análisis los entremeses editados por Mª Luisa Lobato en su obra Teatro cómico breve.
La elección del género dramático y del autor no es casual. La variedad de interacciones que se producen en las obras teatrales las hace especialmente idóneas para el análisis de una cuestión que necesita la perspectiva pragmática: el teatro ofrece intercambios casi siempre dialógicos, y recrea multitud de situaciones de interlocución oral, corteses y no corteses6. En cuanto a Calderón —si fuera necesario justificar la conveniencia de indagar en su producción dramática— cabe destacar la amplitud cronológica que recorre su obra, que permite abarcar seis décadas del siglo XVII y alcanzar hasta el último tercio de la centuria7. Valga añadir que estudios previos sobre el uso de los tratamientos en Calderón señalan que el sistema de interlocución que emplea en sus obras dramáticas difiere, más que el de otros autores clásicos, de la norma vigente en su época8.
FORMAS DE TRATAMIENTO EN GRAMÁTICAS Y TRATADOS DEL SIGLO DE ORO. TITULO LOS NOMBRES DE HONOR
Me permito recordar, como marco previo al análisis de las obras, que las posibilidades de dirigirse a un interlocutor en español clásico incluyen tres elementos pronominales: tú, vos (que en el siglo XVII se estima en decadencia) y él, además de merced, generalizado desde el siglo XV en la fórmula respetuosa vuestra merced (de la que parten las variantes vuessa merced, vuessarced, vuessansted, vuesasted, vuessasté, así como las consideradas vulgares voarced, voacé, vucé, vuested, vosted, vusted, usted9, y varias fórmulas expresivas de reverencia compuestas de un posesivo más un sustantivo abstracto.
Una de las muestras de la preocupación sociolingüística que existe en el Siglo de Oro son las abundantes noticias que dejan gramáticos y tratadistas —observadores excepcionales del uso y conocedores del valor preciso de los tratamientos y títulos— sobre las normas y la práctica de su tiempo10. Además de presentar los elementos que conforman el sistema, sus indicaciones apuntan a las características de los participantes en la interlocución (edad, formación y procedencia rural o urbana del hablante; rango y estamento del destinatario) y a las circunstancias en las que sucede el intercambio (intención del hablante, gravedad o familiaridad de la situación comunicativa), y anuncian incluso cambios sociales que estaban sucediendo en este tiempo. En el complejo entramado de recursos que presentan, incluyen las formas específicas —o exclusivas— que se destinan a representantes de la nobleza y del poder político, eclesiástico y militar.
Son conocidas las palabras de Juan de Luna en sus Diálogos familiares11, que, en los albores del siglo XVII, expone con sumo rigor la organización jerárquica (de abajo arriba) de las formas de tratamiento (con referencias incluso a variantes formales)12:
El primero y mas vaxo es tu, que se da a los niños, o a las personas que queremos mostrar grande familiaridad o amor. Vos se dize a los criados o vasallos. Vuesaste, vuesa merced, vuestra merced, que significan una mesma cosa, y no se muda segun la calidad de las personas (segun algunos piensan), pero esta mudança viene de parte del que habla, que si es de los mas ladinos dize vuesaste, el comun vuesa merced, y los mas rústicos vuestra merced. El qual título se da a todos, grandes y pequeños. Vuestra Señoria, a los condes, marqueses, y obispos, a los quales se deue de derecho. A los varones, vizcondes, abades de mitra, sus amigos solo les dan el titulo de Señoria. A los presidentes y oidores, le llaman Señoria solo en sus tribunales. Vuesa excelencia, a los duques, virreyes y generales de armadas. Vuesa Alteça, a los hermanos del rey, o a los príncipes soberanos. A los reyes, Vuesa Magestad. A los Eclesiasticos se dize Vuesa merced, como al comun de los legos. A los frayles, Vuesa Reverencia. A los prelados de un monasterio, Vuesa Paternidad. A los de una Prouincia, Vuesa Reverenda Paternidad. A los generales de una religion, Vuesa Paternidad Reuerendissima. A los arçobispos y cardinales, Vuesa illustrissima Señoria. Al Papa, Vuesa Santidad.
En la misma centuria, Gonzalo Correas (Arte, p. 363) detalla el empleo de los cuatro elementos básicos según las «calidades» de las personas. El desorden de los que el autor denomina «otros títulos y nombres de honor», que también explica (Arte, p. 213), y la inflación de recursos hicieron necesaria —informa Correas— la publicación de una Premática13:
Devese tanbien mucho notar la desorden, i discordante concordia, que á introduzido el uso, ora por modestia, ora por onrra, ó adulazion. Para lo qual es menester primero advertir que se usan quatro diferenzias de hablar para quatro calidades de personas, que son: vuestra merzed, él, vos, tu […]
De merzed usamos llamar à las personas à quien rrespetamos, i debemos ò queremos dar onrra, como son: xuezes, cavalleros, eclesiasticos, damas, i xente de capa negra, i es lo mas despues de señoria.
Él usan los maiores con el que no quieren darle merzed, ni tratarle de vos, que es mas baxo, i propio de amos á criados, i la xente vulgar i de aldea, que no tiene uso de hablar con merzed, llama de él al que quiere onrrar de los de su xaez.
De vos tratamos à los criados i mozos grandes, i à los labradores, i à personas semexantes; i entre amigos adonde no ai gravedad, ni cunplimiento se tratan de vos, i ansi en rrazonamientos delante de rreies i dirixidos á ellos se habla de vos con devido rrespeto i uso antiguo.
De tu se trata á los muchachos i menores de la familia, i á los que se quisieren bien: i quando nos enoxamos i rreñimos con alguno le tratamos de él, i de vos por desden.
Tanbien ai otros titulos i nonbres de onor con que hablamos à las personas i las hablamos sin el nonbre propio: à los Rreies dezimos Magestad; à los prinçipes Alteza; à los grandes Eszelencia; à otros titulados i obispos Señoria; à todos los otros Merzed […] A los rreligiosos provinziales llaman Paternidad Rreverendísima; à los perlados, Paternidad; a los demás, Reverenzia, como digo. Solíase usar sin orden de otras adulaziones i encarezimientos: Magnífico, Illustre, Ilustrísimo; ia se quitó tal abuso por prematica rreal, i se rreservó para los señores i prelados.
Al referirse a los que llama «títulos mayores», Lucas Gracián14 aportaba, algunos años antes, un valioso testimonio sobre algunas costumbres —el desorden que denuncia Correas— indicadoras de cambios sociales15:
Y no quiero tratar de lo que se puede dezir desde el V. m. arriba, ni en los títulos mayores, porque sería meternos en un gran laberintio. Baste que han dado tal baxa con el tiempo, que se han levantado la comunidad de gente ordinaria con los títulos de Illustres, con tanta fuerça y conjuración, que los pobres Nobles, y muy Nobles, Magníficos y muy Magníficos, que solían usar, andar ya huidos y desterrados de su antigua patria y nación. Y assí viendo esto la nobleza de cavalleros y gente calificada, se han aprovechado de subirse un grado o dos más arriba, para poderse diferenciar, especialmente en las cartas, de esta generación robadora de sus illustres títulos.
EL TRATAMIENTO A LA AUTORIDAD EN LAS OBRAS DE CALDERÓN DE LA BARCA
La consulta del CORDE y la lectura de las obras seleccionadas permite afirmar, en primer lugar, que el número de nombres honoríficos aplicados a los representantes de la autoridad se simplifica notablemente en escena en comparación con el protocolo expuesto, complejo y riguroso, vigente en el siglo XVII. Los personajes de Calderón se sirven de un sistema de reverencia relativamente sencillo, que se reduce a unos pocos apelativos —compatibles con vos o con tú según la distancia o la proximidad vivencial entre los interlocutores y según la formalidad que impone el intercambio verbal— y de algunos elementos de presencia excepcional16.
Cabe señalar la ausencia de apelativos específicos para los representantes de la jerarquía eclesiástica: Paternidad y Reverencia o Reverendo y Reverendísimo17, que sí se encuentran, en cambio, en el teatro de Lope18, pese a que en algunas obras de las aquí analizadas participan miembros de la autoridad de la Iglesia, en actos verbales corteses y no corteses. Así, don Ramón, Obispo de Segovia, y don Arias, arzobispo de Santiago, reciben del Rey Fernando un vos respetuoso, como otras «personas de gran dignidad»19 a las que se dirige el rey al pronunciar la arenga antes de tomar las armas: «vos, don Arias, arzobispo de Santiago» (El santo rey don Fernando, vv. 422-423; pp. 93-9420). En circunstancias comunicativas de confianza, rey y obispo se tratan de tú, pero difieren notablemente los vocativos que intercambian (El santo rey don Fernando, vv. 662-722; pp. 106-108). Así pues, si el tratamiento pronominal es recíproco, no lo es el nominal:
SEGOVIA
Señor
manda que a favorecer
a Alfonso vayan […]
REY
Ay, Ramón, que estos
favores
de superior mano
vienen!
Tratamiento de vos, igualmente sin sustantivo o adjetivo honorífico, recibe, en La cisma de Ingalaterra, por parte de la reina Catalina, el cardenal Volseo, que aparece caracterizado como persona que encarna los peores defectos (lisonjero, soberbio, arrogante, necio…). Por este motivo, no abundan en la obra los intercambios corteses con el cardenal21; de hecho, la reina Catalina le dispensa, mediante el vos (aquí en la forma pronominal átona), el respeto que corresponde a su rango, pero no duda en manifestar verbalmente su desprecio22:
CATALINA
¡Loco, necio, vano!
Por Príncipe
soberano
de
la Iglesia hoy os respeto;
aquesa púrpura santa
que,
por falso y lisonjero,
de
hijo de un carnicero
a
los Cielos os levanta.
Según las exigencias del protocolo, excelencia se destina solo a los grandes, a duques, virreyes y generales. Vuexcelencia es la forma escogida por Calderón para acrecentar la confusión acerca de la identidad de la protagonista de La dama duende: doña Ángela oculta su identidad a don Manuel, pero el tratamiento que le otorga Beatriz resulta inequívoco, y así lo interpreta don Manuel (La dama duende, vv. 2408-2422; pp. 107-108)23:
DOÑA BEATRIZ
Ya el agua y dulce está aquí.
Vuexcelencia mire si...
[…]
DOÑA ÁNGELA
¡Qué error, y qué impertinencia!
Necia, ¿quién
es “Excelencia”?
¿Quieres
engañar así
al
señor Don Manuel,
para
que con eso crea
que
yo gran señora sea?
DOÑA BEATRIZ
Advierte
DON MANUEL
(De mi cruel
duda
salí con aquel
descuido:
agora he creído
que
una gran señora ha sido
que
por serlo se encubrió,
y que con el oro vio
su
secreto conseguido).
El mismo tratamiento emplea Juan Crespo para dirigirse al general don Lope en El alcalde de Zalamea (vv. 322-330; p. 301). Obsérvese igualmente el voseo cortés (en la forma verbal fuérades) que le dispensa el capitán:
LOPE
Mal
los trabajos de la guerra,
sin aquesta libertad
se
llevaran; que es estrecha
religión
la de un soldado,
y
darle ensanchas es fuerza.
JUAN
Con todo
eso es linda vida.
LOPE
¿Fuérades con gusto a
ella?
Juan Sí,
señor, como llevara
por
amparo a Vuexcelencia
Resulta llamativa la ausencia del sustantivo señoría —presente, en cambio, en el teatro de Lope en el trato de inferior a superior24— en las obras de Calderón, posiblemente el título más complejo en esta época desde el punto de vista social, por la diversidad de dignidades a las que podía atribuirse: según se aprecia en las palabras de Juan de Luna y en las numerosas indicaciones que le dedica la Premática real25, se aplicaba a los representantes más altos de la jerarquía eclesiástica y de la nobleza, y a embajadores, esposas de los Grandes, damas y dueñas de honor de la reina, entre otros. Tan solo una forma de empleo excepcional en la época26, vuseñoría, aparece en boca de un personaje de entremés, Franchota –Entremés de La Franchota– que se dirige al alcalde27; la elección de un elemento exclusivo de las clases superiores y que resulta excesivo para el interlocutor, junto con la mezcla de códigos que emplea el personaje, contribuye a construir la comicidad28:
FRANCHOTA
Si vole vuseñoría
cualque altra cousa de la vita mía,
diga cualque parola.
Al embajador de Francia, Carlos, le dirige Tomás Boleno, viejo y noble, el vocativo adaptado al español que corresponde a su rango y a su origen, monsiur, unido a un vos respetuoso (el tratamiento es mutuo), en un acto verbal de súplica en el que se acumulan los recursos corteses29. El testimonio es único en el teatro de Calderón,pero no en su tiempo30:
TOMÁS
Y pues
hablar es forzoso
de
otra cosa, suplicaros
quiero,
monsiur,
y rogaros,
como
a francés generoso
me
honréis con vuestra persona
esta tarde […]
CARLOS
Ya
sabéis,
Boleno,
que solo intento
serviros,
y yo seré
el
que, así, de vos reciba
honra
y merced excesiva.
Tampoco aparece en escena el adjetivo ilustrísimo, que el propio Calderón emplea varias veces en su correspondencia formal (en la Carta a don Alonso Pérez de Guzmán, capellán mayor de los reyes31); la presencia excepcional de ilustre se limita a las palabras que el Rey Basilio dirige a la corte de Polonia, en La vida es sueño (vv. 600-606; p. 148):
BASILIO
Ya
sabéis (estadme atentos,
amados sobrinos míos,
corte ilustre de
Polonia,
vasallos,
deudos y amigos),
ya
sabéis que yo en el mundo
por
mi ciencia he merecido
el
sobrenombre de docto.
A falta de personas ilustres y de señorías, el recurso que más abunda en las obras en las relaciones con el poder es el sustantivo señor, habitualmente construido como vocativo. Señor (o señora) es señal inequívoca de reverencia y respeto de inferior a superior, como indica Correas32, y se aplica a reyes e hijos de reyes, miembros de la nobleza y altos cargos del clero y del ejército. Como otros tratamientos, es compatible con el tuteo si existe familiaridad entre los interlocutores, y con el voseo si la relación es distante o el emisor quiere expresar respeto. Señor es el príncipe Federico para su criado Roberto (El alcaide de sí mismo, p. 802):
Estás, señor, herido;
Segismundo para Clotaldo (La vida es sueño, vv. 2402-2403; p. 233):
pues, señor, si el obrar bien
es ya tu blasón;
don Manuel para Cosme (La dama duende, vv. 925-926; p. 43) —y en todos ellos existe proximidad vivencial—:
Si tienes por inquilino,
señor, en tu casa un duende.
Y señor es el viejo y noble Tomás Boleno para Pasquín (La cisma de Ingalaterra, vv. 1697-1968; p. 195):
Tened paciencia,
señor Tomás Boleno;
y el capitán para el príncipe Federico, en la escena disfrazado de villano (El alcaide de sí mismo, p. 820), en estos últimos con el pronombre vos o la forma verbal en plural:
Si vos, señor, me buscáis..
Compatible igualmente con proximidad y distancia, señora es la infanta Margarita para Serafina (El alcaide de sí mismo, p. 816):
Mi amor, señora, de quien
tanta confianza tienes,
te estima favor tan grande;
Rosaura para Clarín (La vida es sueño, vv. 45-46; p. 111):
Mas, ¿qué haremos, señora,
a pie, solos, perdidos y a esta hora…?;
y Rosimunda para Casimiro (El conde Lucanor, p. 1005):
Dadme, señora, a besar
vuestra mano.
También combinado con el tuteo de confianza, gran señor está reservado para miembros de la realeza. El rey Basilio recibe este vocativo del viejo Clotaldo (La vida es sueño, v. 889; p. 159):
¡Vivas, gran señor, mil siglos!;
el rey moro de Muley (El príncipe constante, v. 139; p. 312):
Dame, gran señor, los pies;
y el príncipe Fernando del conde don Juan (El príncipe constante, vv. 914-916; p. 355):
Primero, gran señor, mi pecho fuerte,
que es muro de diamante,
tu vida guardará puesto delante.
En contraste con lo expuesto hasta aquí, no puede extrañar la generosidad de Calderón —como poeta de Corte— en el uso de apelativos honoríficos para reyes, príncipes o infantes en sus obras: el uso recurrente de majestad y alteza coincide con la participación habitual de representantes de la realeza en las piezas teatrales. Eso sí, la reverencia —verbal y gestual— tampoco excluye la familiaridad, como se ha visto hasta aquí; al contrario, y tal vez por el afán didáctico de Calderón (maestro de príncipes, según se ha dicho33), en la relación verbal con los representantes de la realeza de los dramas calderonianos conviven a menudo poder y solidaridad34: así, majestad y alteza son compatibles con el voseo de la distancia, pero también con el tuteo de la proximidad vivencial y de la confianza.
Vuestra Majestad se reserva a reyes y reinas, de acuerdo con las indicaciones del protocolo. Es el trato que dispensa el príncipe de Sicilia al rey de Nápoles en su carta (El alcaide de sí mismo, p. 811):
REY DE
SICILIA
Porque vuestra Majestad no
esté con el cuidado que le puede dar mi ausencia,
escribo
con Roberto […] volveré a los pies de vuestra
Majestad, cuya vida el cielo
aumente
Ana Bolena a la reina Catalina (La cisma de Ingalaterra, vv. 493-496, p. 145):
ANA BOLENA
Si
favor tan soberano
hoy
merece mi humildad,
deme Vuestra Majestad
a
besar su blanca mano;
o Clotaldo al rey Basilio (La vida es sueño, vv. 2048-2049; p. 216):
CLOTALDO
Señor, ¿así
Viene
vuestra Majestad?
El sintagma exige la concordancia de verbo y posesivos en 3º persona, pero, salvada la exigencia gramatical en la oración de la que participa, se puede producir el tránsito inmediato al tuteo (o del tuteo a la fórmula de reverencia), cuando existe un vínculo familiar, como entre Fénix y el rey Muley, su padre (El príncipe constante, vv. 1992-1995; pp. 411-412):
FÉNIX
Si ha
merecido en tu amor
gracia
alguna mi humildad,
hoy
a Vuestra Majestad
vengo
a pedir un favor;
o cuando lo permite la cordialidad del intercambio, como ocurre en diálogo entre el capitán y el rey de Nápoles (El alcaide de sí mismo, p. 816) una vez formulado el saludo protocolario, ambos acceden al tuteo:
CAPITÁN
Deme
vuestra Majestad los pies.
REY
¿Qué hay de nuevo?
CAPITÁN
Que sucede
a medida del deseo
tu pretensión.
El uso de la corte impone formas no verbales de adulación o sumisión —besar las manos o los pies, entre otras— que se emplean con frecuencia en el teatro, a juzgar por la presencia habitual de las expresiones que verbalizan este tipo de reverencias35.
En cuanto a su majestad, se encuentra solo cuando el rey no es interlocutor. Don Manuel, en La dama duende (vv. 83-85; p. 7) habla de este modo del rey, que no está presente:
Viendo que Su Majestad
con este gobierno premia
mis servicios …
Tu majestad se limita a intercambios entre iguales. Lo utiliza Estela, protagonista de Amor, honor y poder, para dirigirse al rey Eduardo III. En la escena se muestra el tránsito de la desigualdad social a la proximidad vivencial: el rey le toma la mano, Estela accede al tuteo y a la fórmula tu majestad36 (Amor honor y poder, pp. 921922):
ESTELA
Si Vuestra Majestad verme
quería,
¿por qué más
descubierto no venía? […]
REY
Tu gusto
sólo es (¡qué blanca mano!),
Estela, el que deseo […]
ESTELA
¡Suelta, suelta la mano,
que
viene, ¡ay de mí, triste!, allí mi hermano.
Tu majestad se
esconda.
Emplea también tu majestad la reina Catalina, cuando se dirige a su esposo el rey Enrique VIII (La cisma de Ingalaterra, vv. 1074-1075; p. 170):
¿Qué es lo que habla
tu majestad con Volseo?
El sustantivo alteza, de acuerdo con las normas establecidas, se aplica a príncipes e infantes, y abunda también en las obras seleccionadas. De vuestra alteza trata Leonelo (criado) a Elena, hermana de príncipe (El alcaide de sí mismo, p. 807):
LEO NELO
Los
villanos de Belflo
sabiendo
que vuestra Alteza
viene
con tanta tristeza,
para
mostrar el amor […]
a
besar sus plantas vienen.
Segismundo, que acaba de despertar en palacio como príncipe, recibe este apelativo de Clotaldo (además del vocativo gran señor); el respeto y la obediencia, inusitados hasta ese momento, le causan sorpresa (La vida es sueño, vv. 1260-1266; p. 178):
CLOTALDO
Vuestra Alteza,
gran señor,
me
dé su mano a besar;
que
el primero le ha de dar
esta obediencia mi honor.
SEGISMUNDO
(Aparte).
Clotaldo es; pues, ¿cómo así
quien
en prisión me maltrata
con
tal respeto me trata?
El tratamiento de alteza es compatible con los posesivos vuestra o tu, aunque este último es poco frecuente. La infanta Flérida recibe ambas formas de Teobaldo en un mismo diálogo, dependiendo de la modalidad del enunciado en que se insertan (exhortación vs. enunciación) (Amor, honor y poder, pp. 921-922). En todos los casos la concordancia se establece en 3ª persona:
TEOBALDO
No
salga vuestra Alteza,
que
un bárbaro accidente
descortés
no consiente
respeto
a la belleza […]
porque tu Alteza pueda
descansar,
aquí queda
el
Rey aquesta noche
Comentario aparte merece el caso de El príncipe constante, por la reflexión que ofrece este drama, directa o indirectamente, acerca del rango y del respeto que merece un príncipe convertido en esclavo, que en ocasiones contrasta con lo que revelan las fórmulas y formas de tratamiento. Así, mientras el príncipe declara que la esclavitud lo priva del rango y del trato que le corresponde por su origen (El príncipe constante, vv. 1367-1373; p. 379):
FERNANDO
¿Quién soy yo? ¿Soy más que un hombre?
Si es número
que acrecienta
el
ser Infante, ya soy
un cautivo, de nobleza
no
es capaz el que es esclavo;
yo
lo soy, luego ya yerra
el que infante me llamare;
los cautivos con los que comparte prisión contradicen con sus palabras esta afirmación (El príncipe constante, vv. 1572-1575; pp. 389-390):
CAUTIVO2
Danos, señor, tus pies.
FERNANDO
Alzad, amigo,
no
hagáis tal ceremonia ya conmigo,
ved
que humilde vivo,
La condena definitiva del príncipe constante significa la
pérdida del tratamiento de alteza que le dispensa el rey moro; sin embargo,
entre Fernando y el rey se mantiene siempre la relación verbal de tuteo, que en
este caso no puede significar proximidad vivencial, sino más bien igualdad
jerárquica (El príncipe constante, vv. 2302-2316; p. 425)37:
REY
Constante
te
muestras a mi pesar.
¿Es
humildad o valor
Esta obediencia?
FERNANDO
Es
mostrar
cuánto debe respetar
el
esclavo a su señor;
y
pues que tu esclavo soy
y
estoy en presencia tuya,
esta
vez tengo de hablarte,
mi
rey y señor, escucha:
Rey te llamé
y, aunque seas
de
otra ley, es tan augusta
de
los reyes la deidad,
tan fuerte y tan absoluta,
que engendra ánimo piadoso.
Ya se ha señalado la escasa presencia de vuestra merced en las obras dramáticas de Calderón, frente a lo que sucede en otros textos literarios y no literarios del mismo tiempo38. En realidad, Calderón no precisa de este tratamiento (que estaba ya extendido para el trato distante y respetuoso)39, porque distancia y proximidad se manifiestan en sus obras con vos y tú40. Tampoco cabe descartar que el autor trate de evitar una fórmula que incluye un sustantivo (merced o mercedes) cuyo empleo en uso libre es habitual, y que, por tanto, podría dar lugar a confusiones. Sea cual sea el motivo, lo cierto es que el sintagma vuestra merced y los distintos alomorfos surgidos a partir de él y vigentes en su tiempo sirven como recurso excepcional, y como tal adquieren valores singulares41.
Pese a la indicación de Correas (la gente vulgar y de aldea no tiene uso de hablar con merced), los escasos testimonios que he hallado en las obras seleccionadas ocurren, precisamente, en boca de criados y villanos42.
El villano Benito se dirige al príncipe Federico, que aparece desnudo, de vuesa merced. Benito, que aporta comicidad en todas las escenas en las que interviene, elige esta fórmula para recriminar al príncipe su descortesía (El alcaide de sí mismo, p. 807):
BENITO
Señor
desnudo, ¿hasta cuándo
vuesa merced piensa
habrar?
¿No
pudo considerar
Que también
yo estaba habrando?
Cosme, criado, emplea excepcionalmente la variante vuesarced, considerada rústica, para formular un ruego a don Luis (La dama duende, vv. 134-137; p. 9):
COSME
Señor,
aunque con vergüenza
llego,
vuesarced me
haga
tan gran merced que me lea
a
quién esta carta dice.
Otra variante vulgar, ucé, es la forma que escoge el soldado Rebolledo para hablar al capitán (El alcalde de Zalamea, vv. 658-664; p. 271), y lo hace excepcionalmente, cuando este se enfada y suspende el tuteo. Nótese que el capitán opta por la tercera persona, sin tratamiento explícito, y Rebolledo se enfada también:
CAPITÁN
Pues
¿cómo me habla a mí de esa manera?
REBOLLEDO
¿No tengo de enojarme
cuando tengo razón?
CAPITÁN
No,
ni ha de hablarme.
Y agradezca
que sufro aqueste exceso.
REBOLLEDO
Ucé es mi
capitán; solo por eso
callaré;
mas, por Dios, que si yo hubiera
la bengala en mi mano…
Otros testimonios de distintas variantes formales aparecen en situaciones cómicas, entre graciosos en las comedias y personajes de entremés, o en boca de los representantes más bajos de la sociedad. Sirva como testimonio el diálogo entre La Chispa y Rebolledo, que encarnan, en El alcalde de Zalamea, «el mundo apicarado integrado en el ejército»43, y se intercambian vuecé, vusté y ucé (además de seor, cuyo propósito parece burlesco) (El alcalde de Zalamea, vv. 65-66 y 119-129; pp. 236 y 240):
CHISPA
Seor Rebolledo,
por mí
vuecé no se aflija,
no; […]
REBOLLEDO
¿Es
aquella Zalamea?
CHISPA
Dígalo
su campanario.
No sienta
tanto vusté,
que
cese el cántico ya;
mil ocasiones habrá
en
que logralle, porque
esto
me divierte tanto,
que
como de otras no ignoran
que
a cada cosica lloran,
yo
a cada cosica canto,
y
oirá ucé jácaras
ciento.
En cuanto a los entremeses, es en estas piezas donde más variantes introduce Calderón. Incluyo parte del diálogo entre María de Heredia y Nicolás (Entremés de la Premática, vv. 1-5 y 22-3344), en el que puede apreciarse la presencia de vusted, vuesarced y uced45:
MARÍA
Quiere
vusted dejarme?
¿Quiere no
perseguirme ni cansarme?
¿Aqueste es cautiverio, señor mío?
¿Hame comprado acaso el albedrío?
¿Es nuestro
amor la vida perdurable?
[…]
Vuesarced es
lindo mozo,
pero
mi moza no es linda
y con el amor del alma
la
más hambrienta se ahíta.
El lienzo desta pared
el
casero me lo alquila;
aunque
él es lienzo casero
no
es bueno para camisas.
La cara del
sastre veo
mal
pagada cada día
y
mal le daré recado
si uced el mío me
quita;
Comentario aparte merece la forma usté, que utiliza de modo excepcional PedroCrespo, protagonista de El alcalde de Zalamea, para dirigirse al sargento (El alcaldede Zalamea, vv. 465-480; p. 262). El diálogo es su primer intercambio, y el comportamientoverbal es rutinario y distante, más que cortés. Hechas las preguntasiniciales (con usté, los pronombres y el verbo en 3ª persona), Crespo pasa a la 2ªpersona del plural, es decir, al voseo respetuoso, y se refiere al capitán, ausente,como su merced.
SARGENTO
¿Vive Pedro Crespo aquí?
CRESPO
¿Hay
algo que usté le mande?
SARGENTO
Traer a su casa la ropa
de
don Álvaro de Ataide
[…]
CRESPO
No
digáis más; esto baste.
Que para
servir al rey,
y
al rey en sus capitanes,
están
mi casa y mi hacienda.
Y en tanto
que se le hace
el aposento, dejad
la ropa en aquella parte
y
id a decirle que venga,
cuando su merced mandare,
a que se sirva de todo
El mismo Crespo elige siempre vos (u otras formas casuales más las formas verbales de plural), y el vocativo señor, para el trato respetuoso a las autoridades que intervienen en la obra (El alcalde de Zalamea, vv. 759-762 y 850-854, pp. 276 y 281); nótese que él recibe el mismo tratamiento pronominal y verbal:
CRESPO
Detened
señor capitán; que yo
puedo
tratar a mi hijo
como quisiere, y vos no.
CRESPO
Mil
gracias, señor,
os doy
por
la merced que me hicisteis,
de
excusarme una ocasión
DONLOPE
¿Cómo habíais,
decid,
de perderos vos?
El hecho de que quien emplea usté sea precisamente Pedro Crespo, villano, pero rico y alcalde, y que se presenta en la obra como hombre modélico46, invita, según creo, a reflexionar sobre la extensión social de esta variante (usted o usté) en su tiempo, que posiblemente fuera rústica, pero quizá de consideración menos vulgar que otros alomorfos: Calderón, conocedor de los usos lingüísticos de su tiempo, no puede escoger para Crespo cualquier variante, sino la menos proscrita o la única no proscrita47.
4. FINAL
Soy consciente de que esta aportación, basada en un grupo reducido de obras, no puede agotar todo lo relativo a la interpretación de las formas de tratamiento en el teatro de Calderón. Será necesario ampliar el análisis con el examen de otras piezas del autor —que merece un estudio tan completo como el que ya ha recibido Lope de Vega48—; incluso cabría decir que cada una de las obras analizadas podría recibir un estudio independiente de las formas y fórmulas de tratamiento. Así pues, cualquier conclusión que presente aquí ha de ser forzosamente parcial.
En su trabajo sobre la interlocución en el teatro calderoniano, Carrasco (1983, pp. 1098-1099) recordaba las restricciones que imponía en los autores clásicos la norma del decoro, arraigada en la conciencia artística. Sin embargo, recuerda, «el carácter piramidal de la sociedad barroca no se pone en peligro por el evidente distanciamiento entre los sistemas de la sociedad y de la escena». Así, frente al sistema sociolingüístico de su tiempo, complejo y en tránsito, Calderón adopta un sistema sociodramático, más sencillo y más estable, en el que la vigencia de vos se prolonga hasta el último tercio del siglo XVII para la indicación de respeto, y vuestra merced (y alomorfos) adquieren significados excepcionales.
El análisis de los elementos reservados a los representantes del poder permite hablar de simplificación de las rigurosas reglas sociolingüísticas. Pese a que conoce las pautas que imponen las normas, Calderón prescinde de la mayor parte de los apelativos, y se sirve de modo recurrente de los destinados a los representantes de la realeza (majestad y alteza), además de señor, y solo excepcionalmente de otras fórmulas. En todos los casos, aunque se respeta la concordancia gramatical en 3ª persona, las fórmulas coexisten con tuteo y voseo de acuerdo con la cortesía que impone el intercambio y con la proximidad o distancia vivencial que el autor quiere mostrar entre los interlocutores. De este modo, la reverencia (combinada con el lenguaje gestual, presente también en fórmulas verbales estereotipadas) es compatible con el poder y con la solidaridad.
Las formas de tratamiento a la autoridad en el drama calderoniano constituyen un recurso orientado a distintos fines: además de su significado intrínseco en la escena, indicador de cortesía o descortesía, confianza o distancia, respeto o desprecio, contribuyen a la caracterización de los personajes y a la consideración que puedan merecer por parte del público.
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Notas