Artículos
Ingenio verbal y poética de la sinrazón ante la crisis bursátil: Joseph Penso y su «Confusión de confusiones»
Verbal Wit and Poetic of Unreason in the face to the Stock Exchange Crisis: Joseph Penso and his Confusion of Confusions
Ingenio verbal y poética de la sinrazón ante la crisis bursátil: Joseph Penso y su «Confusión de confusiones»
Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, vol. 7, núm. 1, pp. 633-651, 2019
Instituto de Estudios Auriseculares

Recepción: 28 Septiembre 2018
Aprobación: 04 Diciembre 2018
Resumen: La obra Confusión de confusiones, escrita por el sefardí Joseph Penso de Vega (Ámsterdam, 1688), está considerada como el primer tratado de la Bolsa de Acciones de Europa. Desde el punto de vista de la Historia de la Economía, sin duda, sigue planteando enigmas y cautivando el interés de sus estudiosos. El problema es que desde la perspectiva literaria e historiográfica no ha recibido aún un estudio en profundidad, hecho que desluce y terminar por restar su verdadero mérito a este texto, el cual —dicho sea de paso— ha permanecido siglos condenado en las estanterías de “volúmenes raros”. En este artículo ofrezco un estudio en el que trato la verdadera génesis de Confusión de confusiones desde el interés histórico y literario.
Palabras clave: Sefardíes, diálogos, Ámsterdam, Bolsa de Valores, crisis.
Abstract: Confusion of confusions wrote by the Sephardic writer Joseph Penso (Amsterdam, 1688), is considered as the first treatise about the Stock Exchange in Europe. From the perspective of Economic History, the work continues presenting enigmas and catching the interest of the scholars. The problem is that there is not too much depth study from Historiography and Literature. This fact condemns Penso’s books to be forgotten in the “rare volumes” sections. In this article, I offer a study studying the real genesis of Confusion of Confusions from the Historic and Literary interest.
Keywords: Sephardim, Dialogues, Amsterdam, Stock Exchange, Crisis.
En 1688 se publica en las prensas de David Castro Tartás Confusión de confusiones, título por el que se recuerda a Joseph Penso de Vega —el resto de su producción no había sido del interés de los estudiosos hasta hace relativamente poco—, acaso el autor de prosa más célebre de la comunidad sefardí de Ámsterdam durante el siglo XVII1. Su temática, centrada en la materia económica y a la advertencia los peligros que entraña el mundo de la Bolsa de Acciones, han dado lugar a un buen número de ensayos sobre Derecho Mercantil, Historia de la Economía y estudios que satisficiesen la curiosidad de los bibliófilos. No obstante, la obra apenas ha recibido aún un tratamiento literario en profundidad que desenmarañe todas las complejidades que plantea, hecho que se puede observar en la mayoría de las ediciones modernas del texto de Penso, salvo contadas excepciones2.
A pesar de lo atractivo que puede resultar estudiar el contexto histórico en el que surgió Confusión de confusiones, no considero que sea necesario ofrecer aquí una revisión o un estado de la cuestión sobre la visión de Ámsterdam como eje financiero y uno de los mayores puntos de distribución de mercancías de Europa del siglo XVII, ni de su hegemonía mercantil y su monopolio en las principales zonas costeras de Asia debido el papel desempeñado por la Compañía de las Indias Occidentales (Vereenigde Oost-indische Compagnie)3. De hecho, cabe pensar que este enfoque, el más recurrente, sea una posible vía de esquivar los problemas que presenta el hecho de no encontrar unos antecedentes literarios claros o no entender que esta obra, destinada durante años a llevar el apellido de «raro»4, se trata de una miscelánea compleja que aglutina varias tradiciones.
Debió de ser a finales de 1687 cuando Penso terminó este volumen divido en «cuatro diálogos curiosos entre un filósofo agudo, un mercader discreto y un accionista erudito», texto que se ha entendido a caballo entre un tratado económico, el primero para ser exacto, y las memorias de un corredor de bolsa, aunque se le ha adscrito prácticamente a tantos géneros como veces se ha estudiado5. Esta inexistencia de un consenso entre los estudiosos repercute de manera directa a la hora de intentar saber cuáles fueron realmente los motivos que le llevaron al autor sefardí a escribir esta obra y cuáles son los marcos teóricos sobre los que se construye.
Es cierto que Joseph Penso, mercader y comerciante antes que escritor6, da muestras evidentes de haber estado atravesando una grave crisis económica personal. Basta, como muestra, la denuncia pública que hizo Miguel de Barrios para hacer saber que Joseph Penso incumplió su palabra al no querer repartir los 500 cruzados que les envió el rey Pedro II de Portugal por haber escrito los dos juntos —Penso la parte en prosa y Barrios los pasajes en verso— un encomio nupcial con motivo de su enlace real con María Sophia de Niewburg7. El escritor sefardí fue víctima de lo que se ha reconocido como el primer «crack» que hubo en Europa, producto de la especulación comercial. De hecho, Penso, entre los bosquejos autobiográficos que ofrece a lo largo de su obra puestos en boca de sus personajes, da las cifras exactas que hicieron estallar este desastre:
Accionista
Creo que estáis de
gorja para recrearos con el
despeño de un triste y, porque no sea sin alguna
pensión el pasatiempo, sabed que las acciones del
Oost se largan por 370 y las
del West por 75.
Filósofo
¡Válgame Dios, que día de juicio tan “horrífero”!
Téngame Dios por su
misericordia el juicio. Aún vos
os
libráis con los 15 por ciento del opsie, que son 450
florines, del susto; mas
yo pierdo ya de 552 2/3 a 370,
que son florines 5480, en la partida y va
caminando
el peligro sin saber dónde será
el remate de la furia.
¡Ay, tal violencia! ¡Ay, tal
velocidad! ¡Ay, tal rigor! No sé
lo que hice, ni sé lo que hago,
ni sé lo que he de hacer.
[…] ¿Qué podía esperar un
filósofo entre accionistas
si no ser como oveja entre
lobos, liebre entre galgos?
Y aunque Escalígero asegura
como portento que
hubo un lobo manso entre ovejas y un galgo apacible
entre
liebres, por eso lo nota como maravilla y lo
observa como portento.
Accionista
[…] Treinta por ciento bajaron las acciones el primer
día de la catástrofe, y
otros treinta el segundo; con
que será la primera aplicación la del premio del
enigma que fue treinta y treinta. ¿Quién es aquí el
Sansón que significa el sol?
Los liefhebberen que
siempre desean el lucimiento de
la patria. ¿Quiénes
son los filisteos cuyo nombre
representa al que se
revuelva en el polvo? Los
contraminores que
muestran aspirar a que todo se reduzca a polvo, a
pavesas, a
cenizas. ¿Quién simboliza el enigma?
La Fortuna, que por su inconstancia la
pintaron todos
con semblante de mujer. Celebren pues los
contraminores su
dicha, ya que tuvieron propicia a la
Fortuna que les explicó el enigma; con
que,
adivinando la proposición,
lograron el premio. ¿Y qué
ganaron? Sábanas, cortinas y
unas galas que
lamándoles el Sacro Texto Halisot, deducido del
verbo Halas, prueba el erudito
Pómez significar
el que se muda, el que falta a su obligación, y el
que se
arruina. Una sábana que se traía al sacerdote
quería Dios que fuese la piedra
de toque del honor;
con que lo primero que ganaron fue la sábana en que
se amortajó el honor de tantos.
Ganaron más las
cortinas del funesto teatro en
que se representó esta
tragedia, quedándose muchos al paño por no poder
lucir con el pa- pel que les
tocaba. Ganaron,
finalmente, la ruina de los más poderosos, la
mudanza de los
más firmes y faltar a su obligación
los más atentos. ¿Pero que harían los pobres
liefhebberen
viéndose vendidos de la fortuna, sin
tener como Sansón con que poder pagar lo
que
perdían? ¿Ir a robar a unos para pagar a otros? No
mejor hicieron; no
dieron lo que no tenían, mas no
dieron lo que robaban, pues menos criminal no
pagar
lo que se debe que ir a robar lo que se paga; porque el
que no paga lo
que no puede solo parece que roba lo
que no da más el que roba para pagar, se
ve
evidentemente que roba.
Todo apunta a que la hipótesis de que el génesis de esta obra fuesen sus infortunios en los tratos bursátiles, pero tampoco es un hecho que se pueda dar entender como algo fiable8. En el caso que relata el autor en Confusión de confusiones, lo que sucedió es que la VOC esperaba un cargamento de considerable importancia y eso hizo aumentar el precio de las acciones a unas cotizaciones sin precedentes, algo que no se repetía desde la famosa «Tulipomanía»9. Se creó una burbuja cuya consecuencia fue que la especulación llevase su compromiso al máximo10. La clave del problema fue que, desde el comienzo de la campaña, empezaron a llegar malas noticias, ya que hubo embarcaciones que sufrieron graves averías y tuvieron que retornar desde el Cabo de Buena Esperanza a Batavia (la actual Yakarta), que era la principal capital financiera de Holanda en Asia11. No obstante, el resto de las naves cumplieron su misión. El resultado de esta cadena de relativos infortunios es que el precio de las mercancías se devaluó de manera considerable. Es decir, se contaba con un contravalor de 50 toneladas de oro y, finalmente, el beneficio fue de 35. La venta de los productos no fue, en sí, un mal negocio, pero la especulación sobrepasó todos los límites12. De hecho, si se atienden a las estadísticas mercantiles de 1687-1688, no se deberían considerar como dos de los peores años, ya que la caída de los beneficios no fue tan acusada13. Realmente, Confusión de confusiones, en este sentido, es el reflejo de un escarmiento que se llevó Penso como accionista y su desgracia a partir de una operación financiera fraudulenta.
Con bastante seguridad, y teniendo en cuenta la crisis que estaba atravesando, el autor tuviese que pensar en hacer de la literatura su principal fuente de ingresos, casi como una única carta que jugar. Son varios los detalles que hacen llegar a la conclusión de que Confusión de confusiones fue escrita con una intención comercial y no como un producto de su mera vocación literaria, al contrario de como ocurrió con el resto de sus obras. Es la primera vez que Penso reúne en un solo texto todas las fuentes clásicas, las religiosas, las españolas y las italianas que conocía, aunque esto se pudiese entender como una exagerada gala de su erudición y de la novedad de la materia que trata14. Por otro lado, es la primera vez que Penso se dirige de manera abierta al máximo público posible ya que camufla su identidad religiosa —al menos en la portada15—, el nombre del impresor y declara «haber determinado traducir estos discursos al francés para que sea más general la noticia de un juego sobre el que nadie hasta hoy ha escrito»16. No obstante, las aspiraciones editoriales de Penso no subsumieron o eliminaron el compromiso cultural con sus correligionarios. De hecho, nadie mejor que los judíos de la comunidad amstelodama iban a entender el contenido y las advertencias que ofrece el autor en su obra, máxime si se tiene en cuenta que ellos, concretamente los sefardíes, tenían una notable presencia —al menos en ese momento— en los círculos bursátiles17. Por consiguiente, a pesar de que su intención primera era la de querer llegar al mayor público posible, se puede entender que las advertencias ofrecidas en el texto van, fundamentalmente, dirigidas a los accionistas y corredores con los que compartía fe.
Partiendo de esta idea, toman pleno sentido las tres razones que ofrece Penso en su prólogo para justificar la escritura de Confusión de confusiones:
El primero, entretener el ocio con algún deleite que no desdore lo molesto. El segundo, describir (para quienes no lo ejercitan) un negocio que es el más real y útil que se conoce hoy en la Europa. Y el tercero, pintar con el pincel de la verdad las estratagemas con que lo tratan los tahúres que lo desdoran para que a unos sirva de delicia, a otros de advertencia y a muchos de escarmiento18.
La obra más importante de Penso de Vega, por lo tanto, se debe entender como un texto dirigido a un gran público, en el que no hay razones ni evidencias notables a primera vista para acusar posibles prejuicios por parte de los lectores cristianos, a los que les correspondería, en su mayor parte, una lectura ociosa. En un ámbito más concreto, el texto se presenta como un compendio de lecciones magistrales, de cauciones y peligros sobre los problemas que entrañan estos tratos comerciales y económicos con los que, supuestamente, deberían estar familiarizados sus correligionarios y, tal vez, como un consuelo racional para aquellos que, como él, sufrieron estos estragos.
La opera magna de Joseph Penso plantea problemas desde el título, ya que da pie a numerosas interpretaciones, algunas de ellas un tanto forzadas debido a que se ha querido buscar una explicación de carácter religioso, económico o, incluso, mitológico19. No obstante, coincidiendo con la hipótesis que plantea Antonio Rey Hazas, Confusión de confusiones tiene una explicación meramente literaria y, más concretamente, si se atiende a las lecturas que, con seguridad, hizo de manera provechosa, como es el caso de Calderón de Barca20. El autor sefardí conoció bien algunas de las obras del clérigo español, ya que, de hecho, la primera obra que Penso escribió con apenas 17 años, ‘Asîrê ha-Tiqwâ (Prisioneros de la esperanza)21, no deja de ser una recreación o adaptación que hizo de Los encantos de la culpa por medio de una lectura intercalada de la recreación calderoniana que publicó hacia 1655 Miguel de Barrios bajo el título de Contra la verdad no hay fuerza22. Sin duda, entre las obras de Calderón que debió leer con avidez Penso, así como otros sefardíes, estaría La dama duende, donde el personaje de don Manuel dice: «Aquí / muere un engaño, y concibe / otro engaño. ¿Qué he de hacer? / Que soy en mis opiniones / confusión de confusiones»23; o el auto sacramental El divino cazador, género con el que Penso también estuvo muy familiarizado, en el que el alegórico «género humano» explica que:
Dudando y creyendo estoy
ser humano y ser divino,
que como
generaciones
an distintas represento,
y dentro de mí sustento
tantas tan
varias naciones,
confusión de confusiones,
no sé qué crédito y fe
a
tanta admiración dé
como ha introducido en mí
sola esa voz24.
Estos fragmentos presentan ese carácter dudoso y prácticamente incomprensible que se encuentra también en el texto de Joseph Penso cuando quiere da a conocer ese «mapa de tinieblas en el que no puede haber juicio que las comprenda ni pluma que las descifre»25. Hay que advertir, además, que la intertextualidad con Calderón llega a estar tan presente que incluso se ven copiados ad pedem litterae los versos más conocidos del monólogo de Segismundo en La vida es sueño, como se puede ver en el siguiente fragmento:
Filósofo
¡Ay, mísero de mí!
Mercader
¡Ay, infelice!
Accionista
Que si pago muriendo cielos, ¿qué culpa
cometí
naciendo? Nace el ave…
Mercader
¿Qué es esto? ¿Tenéis
algún demonio en el cuerpo?
¿Estáis endiablado?
Accionista
¿Qué es esto? Es ir siguiendo la gran comedia de
La vida es sueño que
vos habéis empezado26.
La lectura de estos fragmentos sirve para darse cuenta de que, en sí, el título marcará el inicio de un desfile de nombres de autores y obras españolas que se extienden a lo largo de todo Confusión de confusiones. Esta gala de ingenio y erudición le dan la oportunidad a Joseph Penso de, entre otras cosas, hacer definiciones de tipos de accionistas equiparándolos a determinados títulos de obras castellanas, tal y como advierte Antonio Rey:
1) El palacio confuso, que es de Antonio Mira de Amescua (1574-1640), y alude con toda claridad a «todo cónclave», a la Bolsa en pleno movimiento de sus acciones; 2) Sufrir por más querer, de Jerónimo de Villaizán (1604 -1633), título que establece parangones con los alcistas (liefhebberen); 3) mientras con los bajistas (contraminores) equipara La fiera, el rayo y la piedra, comedia mitológica de su admirado Pedro Calderón de la Barca, escrita en 1652; 4) Entre bobos anda el juego, de Francisco de Rojas Zorrilla (1607-1648), alude a los «neutrales», esto es, a los que no juegan ni al alza ni a la baja; 5) No hay vida como la honra, de Juan Pérez de Montalbán (1602-1638) se refiere los que sopesan todo sosegada y despaciosamente («los cuidadosos»); 6) Dicha y desdicha del nombre, de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), indica a los que invocan a Federique; 7) Ventura te dé Dios, hijo, de Tirso de Molina (1579-1648), se aplica a los ganadores; 8) se refiere a los perdedores con Oponerse a las estrellas, comedia de «tres ingenios», Juan de Matos Fragoso (1608-1689), Antonio Martínez de Meneses (1608-1661) y Agustín Moreto (1618-1669); 9) para los interlocutores del accionista en el diálogo se dice que es conveniente Abrir el ojo, pieza de Francisco de Rojas Zorrilla (1607-1648); y 10) el accionista se refiere a sí mismo con la expresión Darlo todo y no dar nada, que es obra de don Pedro Calderón de la Barca (1600-1681); 11) Lo que pasa en una noche, en fin, es comedia de Antonio Coello (1611-1652), y con este título se alude al paso de la tranquilidad a la inquietud que produce el engaño de un accionista27
No faltan tampoco las referencias encomiásticas a quienes ya fueron sus principales modelos y fuentes de inspiración en obras anteriores, como Rumbos peligrosos (1683)28. En la dedicatoria de Confusión de confusiones «Al muy ilustre señor Duarte Nunes da Costa», dice que «no hubo filósofo que comparase la vida a la mar y, habiendo padecido la pobre barquilla de mi ingenio tantas tormentas en sus olas, no es mucho que quiera formar una paradoja de la zozobra», palabras que remiten de manera directa a los lopescos versos de Pobre barquilla la mía29. Lo mismo sucede con Miguel de Cervantes cuando Penso quiere exponer los peligros y la locura que encierra el mundo bursátil:
Los Quijotes defienden que lo inventó Sancho Panza, o por haber muchos en él que, en viéndose con dos ducados, luego creen que gobiernan dos ínsulas, o porque sirven como Sancho a un loco que combate con molinos de viento, o a la Fortuna que es más loca de lo que era el gracioso héroe de la Mancha, o por la Panza que hacen hinchándose los que lo tratan en conociendo que les sopla bien la dicha o que los alienta bien la Suerte30.
Incluso, Penso se permite el lujo de evidenciar ciertos ecos de Francisco de Quevedo, máximo representante del conceptismo Barroco español, así como del antisemitismo más exacerbado —hecho que no deja de ser curioso—, para recrear el famoso soneto de «Érase un hombre a una nariz pegado», cuando dice:
Procura encarecer uno ser persona de seguridad la que le dio la orden y pregona que es un hombre como una torre y que tiene tanto de nariz. […] Que sea tanto de nariz, no lo contradigo, mas no he leído que salgan más que mocos de la nariz. […] ¿Si será Ovidio Nasón el que nombran; sino es que auspician en su estado las metamorfosis de Ovidio? ¿Si será el hombre pegado a la nariz que pinta Quevedo este hombre?31.
Son suficientes algunos ejemplos para darse cuenta de que Penso enfoca el uso de estos modelos áureos con una doble intención: por un lado, para crear un reclamo de cara a aquellos lectores familiarizados con los autores y las obras propias del Barroco español; y, por otro lado, crear un sistema de equivalencias entre la temática de Confusión de confusiones y los referentes culturales de aquel público que no estuviese familiarizado con el mundo bursátil.
En este aspecto, se puede ver que el uso de las fuentes italianas está destinada a otros usos y, para ellos, es conveniente saber cuáles son sus textos de base y cuáles son citas mediadas tomadas de otras obras. En este sentido, es frecuente ver algunas referencias a autores de referencia del Renacimiento italiano, como es el caso del humanista Giulio Cesare Scaligero —conocido, entre otras cosas, por la invectiva que escribió contra Erasmo de Rotterdam (Oratio pro Cicerone contra Des. Erasmus, 1531), o por las observaciones que le hizo a Lorenzo Valla y a los humanistas precedentes en su De causis linguae latinae (1580)32—; o a Giro-lamo Cardano, a quien hace referencia por medio de su obra De subtitulate rerum (1550)33. No obstante, estas citas no proceden directamente de su lectura sino de otros textos.
Junto a estos nombres, con los que Penso evidencia no estar familiarizado en ninguna de sus obras anteriores, aparecen otros a los que no solo menciona sino que recrea y emula en caso anteriores, como es el caso de Giovan Francesco Loredano, de quien conoce a la perfección sus Bizzarrie Academiche (1655) y de donde toma, por cierto, las sentencias de Scaligero y Cardano34; y de Emanuel Tesauro, tomando como claro apoyo su Il cannocchiale aristotelico, ossia Idea dell’arguta et ingeniosa elocutione che serve a tutta l’Arte oratoria, lapidaria, et simbolica esaminata co› Principii del divino Aristotele (1654), y su Philosophia morale (1670). Este compendio de obras le sirven, además de para presentar un buen número de citas eruditas, para crear un puente con los principios poéticos y filosóficos de Aristóteles, sobre los que crea el marco teórico de sus diálogos.
Retomando algunas de las consideraciones generales, Confusión de confusiones es un texto segmentado en cuatro diálogos que cuentan con tres únicos interlocutores: un filósofo agudo, un mercader discreto, y un accionista erudito. Estos parlamentos no se producen de forma consecutiva, sino que se reanudan pasados días o incluso meses. Los encuentros, de los que no se especifica un escenario —aunque bien se puede entender que estarían situados en la plaza Dam, que es el corazón del ambiente de la Bolsa—, están guiados por el personaje del Accionista, que es quien adopta el papel magistral con respecto a los demás interlocutores35.
Resulta conveniente atender los papeles que asumen estos tres personajes, los cuales vienen determinados por la mímesis conversacional ya que, si el Accionista es que soporta el peso de las discusiones, cabe preguntarse a qué responden los roles del Filósofo y del Mercader. No cabe duda de que es el producto de un proceso narratológico y dialógico que le permiten a Penso ofrecer dos puntos de vista alternativos a los que propone el Accionista, los cuales conocía perfectamente el autor: la perspectiva que tenía como mercader, profesión que ejerció desde su juventud, sobre todo en su etapa livornesa; y la de filósofo, hecho que el propio autor explica por boca del Accionista cuando dice:
El tercer inconveniente de parecer incompatible ser filósofo y accionista no debe afligiros, porque sus ruedas son como los templos egipcios, donde asistía todo género de sabandija y, aunque en el de Hércules no entraba mosca, aquí hay infinitos Domicianos que para cogerla blasonan de ser Alcides, y pocos tahúres que para pescarla dejen de ser arañas en el veneno que arrojan y delgado que hilan. También fui yo estudiante con amagos de retórico y asomo de predicador, y no faltaban amigos que al leer los panegíricos con que aplaudí a los héroes de la Europa, me lisonjeaban con título de Orfeo, aunque hoy hay muchos que añaden Orfeo “de-lira”. Persiguiome la Fortuna, picada de la constancia con que me opuse generoso a sus contrastes y luego me pronosticó el dulce epíteto de Orfeo, que había de venir a parar a este Infierno36.
Esta extrapolación que hace Penso a su obra en tres niveles diferentes le permite, a su vez, encajar de manera prodigiosa tres tipos de diálogos que se pueden definir como pedagógico o didáctico, expuestos en las ponencias magistrales que hace el Accionista; el discurso de carácter polémico, representado por las argumentaciones y contra-argumentaciones que desarrolla el filósofo; y, por último, el discurso heurístico, en el que el discreto mercader trata de buscar soluciones a los problemas que presenta la Bolsa de Acciones37.
Cabe plantearse las razones por las que Joseph Penso divide Confusión de confusiones en estos tres tipos de diálogos y, para ello, es necesario que me demore mínimamente a explicar por qué está tan familiarizado con ellos. De este modo, se entenderá por qué hace uso de ellos y en base a qué criterios. A lo primero que hay que atender es al currículo de estudios de las Yeshivot que se crearon en la capital holandesa. En estas escuelas, los alumnos estudiaban retórica, además de otras disciplinas complementarias —y no como artes independientes— tales como gramática y dialéctica, sin olvidar la formación propiamente religiosa38. Los alumnos, entre los que obviamente cuento a Joseph Penso, tenían que hacer ejercicios prácticos con los que demostrar sus conocimientos en el Ars bene dicendi, escribiendo breves ejercicios retóricos sobre un tema previamente propuesto por el maestro. En estos trabajos debían redactar una interpretación exegética de la Parashá que posteriormente presentaban el Sabbath, entre las oraciones de Minah y Ma’ariv39. Estas exposiciones se pueden dividir en dos grandes grupos según su contenido y su intención: por un lado, aquellas que estaban destinadas al estudio en profundidad de la retórica y de la Torah, que consistían en la interpretación y comentario de pasajes de la Sagrada Escritura, y partir de ellos, los discípulos realizaban una explicación homilética de un verso bíblico. Por otro lado, hay otro tipo de discursos, conocidos como Derush, que pueden ser un debate, un vituperio o una loa en torno a un versículo correspondiente a la lectura semanal, con el objetivo de presentar ante un auditorio sus reflexiones temático-morales40.
Además de estos ejercicios, cada semana debían escribir un discurso basado en un problema o un enigma propuesto por el maestro, un thema. Por lo general, era una exégesis de un versículo de la Torah o una disyuntiva de carácter moral que discutían en grupo, tal y como se hacía en las Scholae Latinitae con lo que se conocía como declamatio o, ya en la Edad Media, como Disputatio41. Los estudiantes escribían discursos de género deliberativo, apoyando sus argumentaciones en los textos sagrados, condicionados por un papel dialógico previamente determinado, y repartidos entre suasoriae, que debían convencer con sus argumentos a los oyentes, y los controversiae, los cuales debían defender sus hipótesis antes las postulaciones de sus compañeros42. Hay que tener en cuenta que, además, estos últimos ejercicios serían la base de las principales actividades entre ingenios en las academias literarias de los Sitibundos y los Floridos43.
Teniendo en cuenta este apunte, se puede ver que las aportaciones del Accionista son parlamentos de carácter demostrativo con los que, además de ofrecer una lección casi enciclopédica sobre la Bolsa, pone sobre aviso a sus compañeros de tertulia de los engaños e irracionalidades que impiden llegar a una conclusión y una verdad universal sobre este asunto. La presencia del Filósofo favorece la creación de un discurso deliberativo, heredero de esa disputatio medieval anteriormente señalada, en el que los papeles se encuentran establecidos desde el comienzo de la obra: el Accionista debe demostrar la veracidad de lo que expone —es decir, le toca la función suasoria—; mientras que el Filósofo y el Mercader aportan a la conversación planteamientos y argumentaciones que no son necesariamente contrarias, pero que intentan hacer prevalecer por encima de las explicaciones del Accionista, o sea, en este caso, ambos adquieren una función de controversiae. Y, finalmente, el diálogo heurístico, entendiéndolo como un diálogo cooperativo en busca del conocimiento y de la verdad, a imagen y semejanza de aquellos que tenían lugar entre los sitibundos y los floridos.
No obstante, parece que remontarse hasta su época estudiantil para dar explicación al origen de estos diálogos, o fijarse solo en esta explicación, sería remoto y se dejaría de tener en cuenta que Penso, así como la mayoría de autores de su entorno, siempre trataban de imitar —o incluso de superar— a algún modelo que, además, sería el que le ofreciese el marco teórico y poético de sus obras. En este sentido, es sencillo ver que, si se está hablando de un conjunto de discursos de tipo académico, su principal ejemplo a seguir fuese Giovan Francesco Loredano. Esto se explica fundamentalmente por dos razones. La primera, porque las obras que escribe el veneciano en para los círculos académicos —me refiero a todos sus discursos, bizarrías y ejercicios— estaban basados en intereses políticos de la república y en las inquietudes de los ciudadanos, semejante tono de preocupación que se advierte en el prólogo de Confusión de confusiones44. La segunda razón me lleva a hablar del aspecto teórico que toma de manera de las Bizzarrie academiche y de los Discorsi politici e morali sopra Salustio, de Loredano. A lo largo de la primera obra se pueden ver escritos diálogos didácticos y heurísticos, propios de las sesiones en las que participaba con sus compañeros de palestra en la Accademia degli Incogniti —institución que tomaría Penso como base para crear la de los Sitibundos en Livorno en la década de 167045—. Lo mismo sucede con algunos ejemplos polémicos en torno a cuestiones filosóficas como «Perché Pitagora prohibi l’uso delle Fave» o «Se l’arrosire sia inditio di virtù»46.
Es necesario advertir que los interlocutores, a lo largo de los cuatro diálogos, no presentan en sus parlamentos un nivel retórico tan agudo como el que exhibirían los académicos en las palestras literarias. De hecho, hay un pasaje en el segundo diálogo que, además de evidenciar este hecho, va a dar la clave para entender cuál va a ser el estilo de la obra y, más concretamente, el de los dialogantes:
Mercader Dos dificultades encuentro en ese anhelo y me obliga el amor a especificarlas, aunque presumáis que las presento más como envidioso que como amigo. La primera, tener algo de picante todo lo que nos habéis comunicado y ser muy cierto que tiene la mordacidad sus paralelos con la justicia, pues todos la procuran en su país, ninguno en su casa. Halaga a quien la oye, ofende a quien la teme, y siempre son muchos más los que la recelan que los que la aplauden. La segunda, ser el estilo con que nos habéis descrito este enredo muy realzado para el pueblo, muy noticioso para el vulgo y muy abominable para los que, topando con alguna erudición en que se alega con algún filósofo, con algún matemático o con algún astrónomo, maldicen (como ya ha sucedido) tantos reyes, pareciéndoles que hasta los sastres con que se apoyan los conceptos son monarcas y que hasta los boticarios con se ilustran son las pruebas de los emperadores […].
Accionista Satisfaré esos escrúpulos y solicitaré que reconozcáis por el efecto que no os deshago esas nubes como a envidiosos, sino como amigos. Que el estilo sea algo remontado, confieso y determino disculparme en el prólogo, ya que debiendo traer lo que vos me contradecís y lo que yo os respondo. Si nuestro filósofo no quiso despegarse de sus doctrinas filosóficas, dogmas metafísicos y galanterías dialécticas, no es razón que yo le cercene al diálogo este ornato, y que le usurpe a la obra esta corona47.
La cuestión es que, aunque realmente Penso evita explayar todo su repertorio de florituras retóricas y de sus juegos conceptuales48, Confusión de confusiones acaba por ser un texto que, muy posiblemente, no estuviese al alcance cultural de todos los lectores, ya que el respeto que le confiere al decorum, así como la complejidad y el desconocimiento de la temática hacen que la obra tenga una dificultad muy alta. Por ello, a modo de excusatio, dice el autor que:
Si hubiere algún período que no sea inteligible a los que no han estudiado filosofía, dialéctica o metafísica, sirva de disculpa al realce ser justo que hable el filósofo como filósofo, el mercader como mercader y el accionista como accionista, uno de sus libros, otro de sus negocios, y el último de sus agudezas, aunque discurriendo el segundo como discreto y el tercero como erudito, no será mucho que a veces sublimen el estilo y remonten el vuelo. La intención ha sido de aprovechar. Quiera Dios que consiga el premio de merecer49.
En conclusión, el estudio de Confusión de confusiones, obra que le ha dado una merecida fama a Joseph Penso hasta nuestros días —aunque no se ha reconocido el resto de sus obras como sería necesario—, no se puede realizar buscando pistas o referentes ligados exclusivamente a los patrones marcados por la tradición literaria del Barroco español, como ha sucedido en la mayoría de los casos y con respecto a la práctica totalidad de la obra del sefardí. He aquí la explicación de que se haya estado considerando durante mucho tiempo como un experimento a caballo entre las memorias de un corredor arruinado, y un intento de tratado sobre la Bolsa de Acciones, sin hacer ajustarse ninguna de estas categorías a lo que el autor sefardí realmente ofrece. Así, elementos como su título o la descripción de los diálogos han sido un quebradero de cabeza para muchos investigadores que se han asomado a la obra sin tener una idea clara de lo que en realidad significa Confusión de confusiones. Quizás, la razón más lógica sea el no haber podido encontrar unos referentes previos sobre los que hacer un estudio a nivel teórico, estilístico e, incluso, interpretativo.
No obstante, este no es un hecho aislado, ya que ha sucedido con otras obras de Penso, como ‘Asîrê ha-Tiqwâ (1670) o Rumbos peligrosos (1683). Confusión de confusiones es una miscelánea en la que confluyen de manera prodigiosa en un solo volumen los tres géneros discursivos, con los que él estuvo familiarizado desde su época escolar, para presentar un tema ignorado por la mayoría de sus lectores. Por lo tanto, se puede terminar con la idea clara de que la obra más famosa de Joseph Penso es un texto meramente literario, que se apoya en diferentes tradiciones y en elementos teóricos y retóricos diferentes para poner en relación sus experiencias con una temática que, para la época y para la mayoría de la sociedad era prácticamente desconocido.
Bibliografía
Aristóteles, Rhetoric, trad. John H. Freese, Cambridge/London, Harvard University Press, 1926, vol. 22.
Cicerón, Marco Tulio, De Partitione oratoria, ed. Augustus S. Wilkins, Oxford, Typographeo Clarendoniano, 1991.
Boletín de La Librería, Madrid, Librería de M. Murillo, 1874.
Catalogue raisonné de la Bibliothèque d’un Chateau de Lorraine. Collection de feu M. Edouard Le Petit, de Maxéville et de livres rares et curieux manuscrits et imprimés provenant de la collection de M. W… S… de Londres, vol. I, París, A. Claudin, 1862.
Barrios, Miguel de, Dios con nosotros, Ámsterdam, [s. n.], 1688.
Berger, Shlomo, Classical Oratory and the Sephardim of Amsterdam: Rabbi Aguilar’s Tratado de la retórica, Hilversum, Verloren, 1996.
Bodian, Miriam, Hebrews of the Portuguese Nation: Conversos and Community in Early Modern Amsterdam, Bloomington (Indianápolis), Indiana University Press, 1997.
Boer, Harm den, «Ediciones falsificadas de Holanda en el siglo XVII: escritores sefarditas y censura judaica», en Homenaje a José Simón Díaz, Kassel, Reichenberger, 1987, pp. 99-104.
Boer, Harm den, La literatura sefardí de Ámsterdam, Alcalá de Henares, Instituto Internacional de Estudios Sefardíes y Andalusíes, 1995.
Boer, Harm den y Jonathan I. Israel, «William III and the Glorious Revolution in the Eyes of Amsterdam Sephardic Writers: the Reactions of Miguel de Barrios, Joseph Penso de la Vega, and Manuel de Leão», en The Anglo-Dutch Moment. Essays on the Glorious Revolution and its World Impact, ed. Jonathan I. Israel, Cambridge, Cambridge University Press, 1991, pp. 439-461.
Bregoli, Francesca, Mediterranean Enlighment: Livornese Jews, Tuscan Culture, and Eighteenth-Century Reform, Standford, Standford University Press, 2014.
Calderón de la Barca, Pedro, La dama duende, ed. Fausta Antonucci, Barcelona, Crítica, 1999.
Calderón de la Barca, Pedro, El divino cazador, ed. Ignacio Arellano y Carmen Pinillos, Pamplona/Kassel, Universidad de Navarra/Edition Reichenberger, 2014.
Cardoso, José Luís, «Confusión de confusiones: Ethics and Options on Seventeenth-Century Stock Exchange Markets», Finanacial History Review, 9.2, 2002, pp. 109-123.
Chaeudhuri, K. N. y Jonathan I. Israel, «The English and Dutch East Companies and the Glorious Revolution of 1688-9», en The Anglo-Dutch Moment. Essays on the Glorious and its World Impact, ed. Jonathan I. Israel, Cambridge, Cambridge University Press, 1991, pp. 421-429.
Duivenvoorde, Wendy van, Dutch East India Company Shipbuilding, Texas, Texas A&M University, 2015.
Dumez, Hervé, «The Description of the First Financial Market: Looking Back on Confusión de confusiones by Joseph Penso de la Vega», en Gérer & Comprendre, English Language Edition, 9, vol II, 2003, pp. 5-9.
Fernández Ruiz, Óscar, Las relaciones hispano-inglesas entre 1603 y 1625. Diplomacia, comercio y guerra naval, tesis doctoral, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2012.
Gaastra, Femme S., The Dutch East India Company: Expansion and Decline, Zutphern, Walburg Pers, 2003.
Gosselink, Martine, «The Dutch East India Company in Asia», en Asia in Amsterdam. The Culture of Luxury in the Golden Age, Yale, Yale University Press, 2015, pp. 21-31.
Held, Paul, «The Confusion of confusions: Between Speculation and Eschatology», en Concentric Literature and Cultural Studies, 32.3, 2006, pp. 111-144.
Israel, Jonathan I., European Jewry in the Age of Mercantilism, 1550-1750, Oxford, Oxford University Press, 1985.
Isreal, Jonathan I., Dutch Primacy in World Trade, 1585-1740, Oxford, Oxford University Press, 1989.
Israel, Jonathan I., «The Republic of the United Netherlands until about 1750: Demography and Economic Activity», en The History of Amsterdam, ed. J. C. H. Blom, Renate G. Fuks-Mansfeld e Ivo Schöffer, Oxford/Portland(Oregon), The Littman Library of Jewish Civilization, 2002, pp. 85-115.
Kaplan, Yosef, «Spanish Readings of Amsterdam’s Seventeenth-Century Sephardim», en Jewish Books and their Readers. Aspects and Jews in Early Modern Europe, ed. Scott Mandelbrote y Joanna Weinberg, Leiden/Boston, Brill, 2016, pp. 312-341.
Kellenbenz, Hermann, Confusión de confusiones [1688]: Portions Descriptive of the Amsterdam Stock Exchange, Boston (Massachusetts), Baker Library/Harvard Graduate School of Business Administration, 1957.
Kostolany, André, Así es la Bolsa, trad. Ana María Albareda, Barcelona, Bergara, 1962.
Landwehr, John, VOC. A Bibliography of Publications relating to the Dutch East India Company, 1602-1800, Utrecht, Hes Publishers, 1991.
Lattarico, Jean-François, Venise Incognita: Essai sur l’académie libertine au XVIIe siècle, París, Honoré Champion, 2012.
Loredano, Giovan Francesco, Seconda parte de las Bizzarrie academiche, Venecia, Zenero, 1646.
Loredano, Giovan Francesco, Bizzarrie academiche (Parte prima), Venecia, Il Guerigli, 1649.
Mackay, Charles, Memoirs of Extraordinary Popular Desillusions and the Madness of Crowds, Londres, National Illustred Gallery, 1852.
Miato, Monica, L’Accademia degli Incogniti di Giovan Francesco Loredan. Venezia (1630-1661), Florencia, Olschki, 1998.
Pancorbo, Fernando, Joseph Penso de Vega: la clave de un proceso intercultural, tesis doctoral, Basilea, Universidad de Basilea, 2018.
Penso, Joseph, ’Asîrê ha-Tiqwâ, Ámsterdam, Joseph Athias, 1673.
Penso, Joseph, ’Asîrê ha-Tiqwâ, Livorno, Carlo Giorgi, 1770.
Penso, Joseph, Confusión de confusiones, ed. M. F. J. Smith, Den Haag, Martinus Nikhoff, 1939.
Penso, Joseph, Confusión de confusiones, ed. Pablo Gasós y Margarita González, Madrid, Comisión Nacional del Mercado de Valores, 2015.
Penso, Joseph, Rumbos peligrosos por donde navega con título de novelas la zozobrante nave de la temeridad, temiendo los peligrosos escollos de la censura, Amberes [Ámsterdam], [Yahacob de Córdoba], 1683.
Perramón Ayza, Joaquim M., Influència de la informació econòmica en la Bolsa a «Confusión de confusiones» (Joseph Penso de la Vega, 1688), tesis doctoral, Barcelona, Universitat Autònoma de Barcelona, 2011.
Rebollo Lieberman, Julia, «Estética conceptista y ética mercantilista de Confusión de confusiones (Ámsterdam, 1688)», Bulletin of Hispanic Studies, 77.5, 2000, pp. 407-421.
Toaff, Renzo, La nazione ebrea a Livorno e a Pisa (1591-1700), Florencia, Olschki, 1990.
Torrente Fortuño, José Antonio, La Bolsa en José de la Vega, Madrid, Ilustre Colegio de Agentes de Cambio y Bolsa de Madrid, 1980.
Trivellato, Francesca, The Familiarity of Strangers. The Sephardic Diaspora, Livorno, and Cross-Cultural Trade in the Early Modern Period, New Haven/Londres, Yale University Press, 2009.
Salvá, Vicente, A Catalogue of Spanish and Portuguese Books with Occasional Literary and Bibliographical Remark, Londres, M. Calero, 1826.
Saperstein, Marc, Jewish Preaching 1200-1800. An Anthology, New Haven/London, Yale University Press, 1989.
Vega, Félix Lope de, La Dorotea, ed. Edwin S. Morby, Madrid Castalia, 1998.
Winius, George D. y Marcus P. M. Vink, The Merchant-Warrior Pacified. The VOC (The Dutch East India Company) and its Changing Political Economy in India, Oxford, Oxford University Press, 1991.
Notas