Travesías indianas: paisajes y lenguajes
La Breve relación de Tipuane y Paitite de Juan Recio de León (1623). Edición anotada1
The Breve relación de Tipuane y Paitite by Juan Recio de León (1623). An Annotated Edition
La Breve relación de Tipuane y Paitite de Juan Recio de León (1623). Edición anotada1
Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, vol. 7, núm. 2, pp. 173-199, 2019
Instituto de Estudios Auriseculares

Recepción: 10 Julio 2019
Aprobación: 09 Septiembre 2019
Resumen: Edición y anotación de la Breve relación de Juan Recio de León, justicia mayor y poblador del Paitite y Tipuane (1623), con comentarios de la geografía, fauna, flora y costumbres de las etnias de la región de Apolobamba y cuenca amazónica en el siglo XVII.
Palabras clave: Crónicas y relaciones de Indias, región de Apolobamba, flora, fauna, costumbres, etnias del Amazonas.
Abstract: Edition and annotation of the Breverelación by Juan Recio de León, explorer and settler of Paitite and Tipuane (1623), with comments on the geography, animals, plants and customs of the ethnic groups of the Apolobamba region and the Amazon basin in the seventeenth century.
Keywords: Chronicles and relations of the Indies, Geography, Animals, Plants and customs of the ethnic groups of the Apolobamba region and the Amazon basin.
Juan Recio de León, «aventurero nato y grafómano empedernido» (Barnadas, 2008, p. 215), proporciona algunos datos biográficos en la Relación de los servicios que Juan Recio de León… ha hecho a su majestad de más de veinte años a esta parte, documento de 16232 en el que presenta a Felipe IV un resumen de sus principales trabajos. Poca cosa más conocemos de su vida personal más allá de los detalles recogidos en este tipo de documentos oficiales3.
Juan Recio nace en la villa de Vega de Rioponce (León) y empieza sus servicios a la Corona bajo el mando del general Luis Fajardo, quien gobernó la escuadra que en 1605 expulsó a los holandeses que merodeaban las salinas de Punta Araya, cerca de Cumaná, en Venezuela. Posteriormente sirve con el capitán don Pedro Bernegal, que en 1606 levantaba gente para los galeones de la carrera de Indias. En 1607 un tío que vivía en Nueva Granada le da alguna hacienda que emplea en la conquista de los indios pijaos y otras etnias del río grande de la Magdalena. En 1614 es alcalde de la Santa Hermandad en territorio novogranatense, hasta que en 1615 pasa a Quito para ayudar a las tropas de don Francisco Maldonado en la defensa de Guayaquil y Puerto de la Puná contra el holandés. En Chile, donde está al año siguiente, inspecciona fuertes y guarniciones y cumple otras encomiendas del virrey. Protege a los indios de algunos abusos, y reprime a la vez a los indígenas rebeldes.
Entre 1619 y 1621 se colocan las actividades que el propio Recio considera principales: los descubrimientos y repoblaciones en Tipuane, Chunchos y Paitites, «la tierra más poderosa de riquezas y naturales que hasta hoy se ha conocido», desempeñando los oficios de maestre de campo, teniente de gobernador, capitán general y justicia mayor, como delegado de Pedro de Leagui Urquiza, gobernador y capitán general de las dichas provincias.
Refunda San Juan de Sahagún y Nuestra Señora de Guadalupe, que habían sido abandonadas tras su primera instalación. Hace diversas entradas desde Pelechuco a Uchupiamo y la región —poco definida geográfica y étnicamente— de Chunchos, y se asoma, según sus relatos, a la mítica Paitite, de donde regresa a Lima para solicitar cargos y mercedes, sin recibir atención de las autoridades.
Con sus memoriales, informaciones y certificaciones intenta conseguir los premios a los que aspira4.
Entre esos documentos se halla la Breve relación (documento núm. 274 de Barnadas), quizá el más interesante de los escritos suyos, por los datos de valor etnográfico y antropológico que aporta sobre las provincias de Tipuane, Chunchos y otras «del grande reino del Paitite». Es, en palabras de Barnadas (2008, I, p. 208), «un valioso documento geográfico que abunda en detalles referentes a plantas y animales, sus costumbres y usos asociados, a principios del S. XVII en la región del norte de Bolivia». Para Barnadas se trata de una relación «interesantísima y una de las más antiguas descripciones geográficas y etnográficas del piedemonte amazónico (la provincia histórica de Laricaja y el país de los Chunchos)».
La Breve relación recoge en su inicio algunos datos que figuran en otros memoriales de Recio, añade explicaciones de términos («tiene nombre de Diabeni, que en lengua de los naturales quiere decir junta de las muchas aguas»), da noticias sobre los ríos de la zona (el Magno, el Beni, Toiche, Mapiri o Manú…), comenta productos vegetales5 y animales, ponderando la abundancia y calidad de las riquezas de la zona en que se mueve, describiéndolo con léxico regional (lúcumas, pitahayas, añonis, cuyes, guacharacas, paujíes…), que aumenta en la descripción de los ritos y costumbres: comenta, por ejemplo, los grandes galpones de los indios marapa, en los que viven cien y doscientos juntos; las casas de palo y palma de los chunchos, menicos y taranos; los grandes poblados de a dos y a tres mil casas de tapia y adobe de los marquires, los vestidos y adornos de los marquires solteros; manillas de oro en las muñecas y gargantas de los pies de las mujeres, chagualas colgadas de las narices y orejas, armas —macanas, arcos y flechas, cerbatanas con dardos envenenados—, hachuelas de oro como insignia de los caciques…
Da detalles de la organización política y social, los ritos de boda, de guerra o funerales. Le interesa la organización religiosa, de la que menciona los sacerdotes, chamanes o moanes, cuya condición idólatra subraya comparándolos con los sacerdotes del dios Bel de Babilonia.
Según se acerca (imaginariamente sobre todo) a los territorios que se identifican con el Paititi crecen los elementos legendarios. Es significativo que en el centro de este espacio mítico esté una gran laguna, poblada de islas, como sucede en muchas otras regiones fabulosas. Hay caníbales cerca, y en la región aparece también el mito de las amazonas. Curiosamente también habla de una provincia de hombres solos: «entre ellos y la laguna del Paititi dijeron que estaba una provincia de hombres sin mujeres; y preguntándoles que cómo aquellos hombres vivían sin mujeres, respondieron que dos meses al año las tenían y que de otra parte por aquellas aguas venían a juntarse con ellos».
La Breve relación, como otros textos de Indias, suma a la más o menos precisa documentación de quien ha vivido lo que cuenta, la proyección fabulosa de los mitos que conforman el imaginario maravilloso que formaba parte de la visión de muchos de los que pasaron al Nuevo Mundo donde encontraban o buscaban sin encontrar los territorios de Eldorado, Omagua, las Siete Ciudades de Cíbola o el Paitite que indagó Juan Recio de León.
La Breve relación se ha transmitido, hasta donde conocemos, en dos testimonios: el manuscrito 3826 de la Biblioteca Nacional de España (fols. 87-93v) y un impreso del que conservan varios ejemplares conocidos6. Usaré para mi edición la versión impresa, que supongo es la de última mano, señalando las diferencias con el manuscrito, que son pocas y poco relevantes. Resuelvo abreviaturas y pongo en letra los números del impreso (15 grados, 34 españoles…).
La identificación de lugares, ríos sobre todo, y etnias no es fácil. Los propios narradores, como en el caso de Recio de León, no siempre tienen claros los detalles, y la complejidad de las realidades implicadas (redes fluviales amazónicas, etnónimos, plantas y animales…) hace que el empeño anotador quede en aproximación, que confío sea de alguna utilidad.
Imágenes7




Breve relación de la descripción y calidad de las tierras y ríos de las provincias de tipuane, chunchos y otras muchas que a ellas se siguen del grande8 reino de Paitite de que es gobernador Pedro de Leaegui Urquiza, hecha por juan recio de león, su maese de campo y lugarteniente de gobernador y capitán general, justicia mayor y poblador de las dichas provincias con particular poder por su majestad, etc.9
Están las dichas provincias y reino de Paitite en la América meridional que comúnmente llaman Tierra Firme, Nuevo Reino de Granada10, Pirú y Chile, cuya costa corre de norte a sur apartándose al Polo Antártico de la equinocial cincuenta y tres grados, en que está el Estrecho de Magallanes, y de la banda del norte, Polo Ártico, alcanza la dicha tierra diez grados. Hace división de los dichos reinos que españoles poseen y las provincias del Paitite (nuevo descubrimiento) una montaña y cordillera nevada que nace junto al río de la Hacha11y acaba en los últimos fines del reino de Chile. No se aparta de la costa del sur por donde más se estiende la tierra más que tan solamente setenta leguas muy poco más o menos.
La grande y muy leal ciudad del Cuzco, cabeza de aquellos reinos, está doce leguas apartada de la cordillera al oeste y en quince grados de la equinocial al sur y en dieciocho la de La Paz, dos leguas de la cordillera. Entre estas dos ciudades está la provincia de La Arecaja12, que hace frontera y raya con los bárbaros del dicho descubrimiento. Y por el pueblo de Pelechuco13, último della al norte, junto a las minas de oro de Carabaya14 se hizo la entrada abriendo desde la dicha cordillera veinte leguas de camino hasta el asiento de los indios mojos, donde queda poblada la villa de San Juan de Sahagún15 con treinta y cuatro españoles vecinos, y en ella un convento con tres religiosos sacerdotes de la orden de San Agustín con título y nombre de San Juan de Sahagún.
Desde esta dicha villa abrí doce leguas de caminos de cerros y montañas hasta el valle de los indios suañas16, adonde se juntan dos ríos17 que nacen de la dicha cordillera, que el que llevé a la mano derecha hasta esta junta se llama Pelechuco y el de la izquierda Choquata18 (hasta aquí corren estas aguas al este; de aquí para adelante le llaman a este río Toiche19, lleva la vuelta del nordeste). Pasé en balsas esta junta, y caminando el rumbo que traigo al leste20, desde donde fui abriendo otras veinte leguas de camino hasta llegar al famoso valle de Apolobamba21: las primeras seis leguas de laderas altas, temple fresco, y las catorce de muy crecidas montañas. Tiene este valle catorce leguas de largo y cuatro y seis en parte de ancho. Y en lo último dél, en sitio abundoso de agua y leña, poblé la ciudad de Nuestra Señora de Guadalupe22 con otros treinta españoles, que es la cantidad que su majestad por sus ordenanzas manda. Gozan este valle las provincias de lecos y abachiles23. Abrí desde esta ciudad, caminando por el dicho rumbo, ocho leguas de camino, adonde hallé una montaña y cordillera pequeña, que desde ella a dos pueblos que llaman Uchupiamo e Inarama24, cabezas de quince provincias de chunchos25, hay doce leguas, que también se abrió el camino. En estos dos pueblos está fray Josef García Serrano, vicario provincial de las dichas provincias, y fray Baltasar de Buitrón26, de la orden de San Agustín, en dos iglesias que fundamos con pilas de bautismo donde los dichos dos religiosos bautizaron antes que yo saliese de allá más de sesenta caciques y principales, sin otra mucha cantidad de bárbaros27.
Estas dos iglesias están a la orilla del Toiche a la banda del leste, tres leguas la una de la otra; y cuatro más abajo entra en este río otro muy más caudaloso, corriendo del sueste28, que viene su nacimiento de muchos ríos de los reinos del Pirú, que son estos: Cochabamba, Ayopaya, Cabare, Caracato, el de la ciudad de La Paz, Simaco29. Este pasa por la ribera de Tipuane30, muy caudalosa de oro. Todos los dichos ríos a diez y a veinte y a treinta leguas las montañas adentro por el rumbo dicho, se van juntando; y veinte leguas más adelante de las treinta entran otros dos ríos en este, que llaman Lorca y Miguilla31; y desde que estos dos entran en este grande río van las aguas apacibles, por serlo ya la tierra. Desde que estos ríos se juntan en una madre hasta entrar en el Toiche tiene nombre de Diabeni32, que en lengua de los naturales quiere decir «junta de muchas aguas»33.
En la junta destos dos ríos, por todas bandas hay maravillosos llanos34 y crecidos poblados de indios, y en las tierras que se extienden entre el nacimiento que traje desde la cordillera hasta esta junta y desde aquí hasta volver el Diabeni arriba a sus nacimientos dichos, están más de quince provincias de chunchos de que es señor don Diego Amutare, heredero del gran Zelipa, al que mató el árbol35, que fue quien nos llevó a su tierra para que le defendiésemos de cuatro provincias que traían guerra con él, y le obedecieron luego que llegamos36. Don Diego Amutare y sus gobernadores, don Carlos Ballesta que es su37 segunda persona38 y don Juan Apanilla, tienen nombres de españoles por estar bautizados. Tienen en cada provincia otro gobernador, que por no ser cristianos tienen el mismo nombre de las provincias que gobiernan, que son estas: Espada, Chuquimarani, Pasari, Chayamón, Arabaona39, Mayas, Mayajas, Marupa40; los marupas viven de ciento y en doscientos juntos en galpones grandes.
De la gran cordillera del Pirú, sitio de Carabaya al norte hasta el de Vilcabamba41, nacen estos ríos: San Juan del Oro42, Aporoma43, Sangaban44, Paucartambo45, Andes del Cuzco, Yucay46, Vilcabamba47 y otros que no tienen nombre. Todos los cuales, cortando la cordillera a leste48 a trechos, de cantidad de leguas se van juntando; y acabadas las corrientes de las montañas, hacen todos juntos en tierra muy llana una madre49 tan opulenta y estendida que no se determina el bulto de una persona de la una a la otra orilla. De aquí para adelante le dan los naturales nombre de Magno50, que en su lengua quiere decir junta de muchas aguas. Entra en el Toiche y Diabeni51 cincuenta leguas más al nordeste de la junta de los dos dichos. Hay entre este y el Toiche, que vine siguiendo desde el principio de la entrada, otro tan grande pedazo de tierra y montañas como el de las provincias de los chunchos; ocupan las montañas de esta parte haciendo frontera en Carabaya la provincia del Menizo52, y corriendo al norte, haciendo frontera a todos los Andes del Cuzco, Yucay y Vilcabamba, otras cuatro o cinco provincias de quien es señor el gran Tarano53, y desde la junta del Toiche y Diabeni hasta la que hace con el54 Magno hay el más maravilloso valle de las cincuenta leguas dichas que hasta aquí se ha visto, tierras llanas de muchísima gente de que es señor Auama55, el más famoso cacique que hasta hoy hemos conocido. No quedaba cristiano cuando yo salí, pero por las grandes ansias que tenía de serlo, tengo por sin duda que lo es ya, demás de habernos hecho muy grandes56 amistades.
Entré a este descubrimiento temeroso de que tanto número de ríos habían de encenagar la mayor parte de la tierra, pero hasta hoy no he topado una cuadra57 de tierra empantanada, sino la tierra más sana y seca que he visto en mi vida. Llueve en toda ella cuatro o cinco meses del año58. Todas las tierras e59 indios hasta aquí declaradas son de las calidades, riquezas y frutos, ritos y ceremonias que se siguen.
Las veinte leguas primeras de la entrada, hasta la villa de San Juan de Sahagún, el primero tercio dellas es muy frío, tierras muy altas y quebradas, de poca montaña, maravillosos pastos para el ganado de carga60 que se cría en el Pirú; y las demás hasta la villa de San Juan de Sahagún son de montañas más cerradas, no tan quebrada la tierra, mejores temples. Hay mucho encienso y cañafístola61 y otras resinas, mucho algodón, zarzaparrilla62 en abundancia; fertilísima tierra que de una hanega de maíz se cosecha trescientas y cuatrocientas en partes63, y yo he cogido más de cuatrocientas cincuenta64. No hay en esta parte naturales conocidos pero hay muy grande cantidad de indios cristianos de los reinos65 del Pirú, no hacen daño a los españoles de la entrada.
Desde esta dicha villa hasta los indios suañas y junta de los dos ríos hay doce leguas de más crecidas y cerradas montañas, pero mejores valles. Hay algunos indios naturales, aunque pocos, y retirados de los del Pirú entre ellos muchos66. Esta parte es tierra rica al oriente de las minas de oro de Carabaya; en sus ríos y quebradas se hallan infinitos granos deste metal, y en las playas grandes lavaderos de oro. No es menos fructuosa la tierra que la de San Juan de Sahagún.
Desde la junta de los dos ríos Choquata y Pelechuco a la ciudad de Nuestra Señora de Guadalupe hay dos cerros poderosísimos: el primero, de oro, está a la salida destos ríos, que le llaman Mapulio67, que quiere decir cerro de oro; hállase en las quebradas dél mucha muestra de su riqueza, demás de las muchas cateaduras que los naturales hacen. Treinta leguas más adelante hay otro que llaman Chipulizani68, es tierra más fría, muy rica de plata, por lo que los naturales dél dan a entender, defendiéndole de la gente de otras provincias y poniendo pena de la vida los cabezas a los súbditos que no digan a los españoles que hay plata en él. Entre uno y otro cerro hay temples fríos, templados y más calientes, maravillosos pedazos de zabanales69. Gozan destas tierras las provincias de Lecos y Abachiles y también algunas de los chunchos las alcanzan.
De las veinte leguas que desde Guadalupe hay hasta las dos iglesias, son las doce de una montaña más clara y seca que todas las pasadas, aunque no son las demás húmedas. Esta montaña clara tiene la mayor cantidad de los árboles de canela, nuez moscada, nogales de Castilla, cañafístola, bálsamo, encienso, guayacán, cedros y cacao70 en mucha abundancia. Enseñé a los naturales desta parte clavo71, y dijeron que me enseñarían mucha cantidad dél en otras provincias más adentro, donde por entonces no pude satisfacerme; también los enseñé pimienta y no me dieron noticia della.
Todos los indios destas provincias de los chunchos, menizos y taranos ocupan las tierras montuosas. No es gente en tan grande número como la de las provincias de los llanos, porque siempre en las tierras más fragosas hay menos naturales. Visten todos los de estas montañas maravillosamente de algodón, porque es tierra abundosa dél, con muchas listas y labores de colores de cochinilla y añil72, género que tienen muy sobrado. Usan todos de los ritos y ceremonias que los del Pirú, por ser indios procedidos, que Inga73 entró aquí de guarnición; es gente muy crecida y dócil de condición. Susténtanse en todas estas partes de mucho maíz, frijoles, pallares, camotes, yuca, zapallo74 y otras muchas legumbres que la tierra produce. Tienen muchísimas frutas: plátanos, guayabas, lúcumas, pitayas, anones, mameyes, muchos palmitos y dátiles, caña dulce75. No tienen ganados domésticos, pero hay grandes manadas de puercos que llaman zaínos76, que Naturaleza les puso el ombligo en el lomo; andan en manadas de ciento y doscientos y son de condición que el más pequeño de toda la manada siguen todos como a su capitán, y si una77persona hiere o mata alguno, si tan presto no se sube en un árbol o se asegura lo hacen pedazos los demás. Pero poniéndose en alto con un chuzo los puede matar a todos si es que no acierte a matar el capitanejo: porque en sintiéndole muerto o herido desamparan todos el puesto tan violentamente como si tuvieran alas. Hay también a las orillas de los ríos otro género de puercos que llaman guadatinajas78, hay muchas antas79 y venados, monos, micos, cuyes80, osos, leoncillos81 de poca fiereza; en partes hay algunos tígueres82 que es el animal más bravo que hay en estas partes; no tienen gallinas ni aves de Castilla ni otras mansas excepto patos, pero hay muchas pavas de las que en España llaman gallinas de las Indias83, silvestres, en todas las montañas. Hay también muchos paujíes84, que es otro género de aves mayores y de mayor regalo que las pavas; muchas guacamayas, guacharacas85, torcaces, tórtolas, papagayos, perdices y otros muchos géneros de aves y pájaros de diversas colores. Gozan también de maravillosos pescados destos ríos, que los conocidos por sus nombres son estos: sábalos, róbalos, pataloes86, sollos, bagres, doncellas87 y otros muchos diferentes que los de España.
En todas estas montañas no se agregan los naturales a grandes poblados; extiéndense por ríos, quebradas y sitios de aguas a cien y a doscientos y trescientos los mayores pueblos; son las casas de palo, y algunas altas a modo de gaviones88o fuertecillos para defenderse de sus enemigos; cúbrenlas de hojas de palmas. Hay en todas las montañas dichas muchísima miel de abejas89, bonísima y muy blanca; y más y mejor en la montaña de la especia, hacen con miel y una legumbre que llaman maní90 maravilloso turrón.
Gobiérnanse por cabezas, como tengo dicho, aunque hay en el distrito de cada señor un moán91al modo del sacerdote del ídolo Bel92, que favorecido del demonio los engaña y le obedecen más que a las cabezas principales, o por mejor decir le temen más. Este tal, cuando los indios temen que han de tener guerra con algunos enemigos o tienen necesidad de que llueva para sus sementeras, se va a la guaca93y oráculo donde tienen los ídolos en que adoran, como que habla con el Sopay94, que no lo dudo, porque es el diablo, y les dice lo que le parece, que basta para que le adoren mochándole95con regalos. Esta fiera bestia, por no se ver desposeído deste señorío, se opuso a hacernos grandes contradicciones a nuestra ley, y en particular alegaba en su favor un maravilloso suceso de que doy mil gracias a Nuestro Señor de haber sido instrumento dél.
Y es el caso que en la ocasión que el virrey don Francisco de Toledo96subió a la ciudad del Cuzco, que había más97 de cuarenta y seis años salió del pueblo de Inarama, donde está fundada una de las dos iglesias, un bárbaro de edad de más de ochenta años, tío y padre de los mayores señores desta tierra, entró en la ciudad del Cuzco y vido las ceremonias que los cristianos hacían, y al cabo de algunos días se volvió a su tierra, y a lo que él mismo confesó vivió hasta edad de cien años sin enfermedad ninguna y llegando a ella se tullió, y vivió tullido treinta años más de los ciento y cada un año de estos treinta98 pedía a sus hijos y sobrinos que fuesen a tierra de cristianos y que los tuviesen por amigos suyos, que era buena gente para defenderlos de sus enemigos y que los pidiesen padres para que le hiciesen cristiano como él lo había visto; y con engaño, de un año en otro iban a traérselos, se pasó todo este tiempo y fue Dios servido que a Zelipa99, su sobrino, le diesen guerra cuatro provincias para que sirviese de prodigio de tan buen suceso. Finalmente nos fue a buscar y luego que llegamos adonde estaba el enfermo, alentadamente se arrojó a los pies de los sacerdotes pidiendo bautismo y luego le enseñaron a rezar lo que bastó para bautizarle. Y después de haber recibido este sacramento falleció dentro de veinticuatro100 horas, que sabe Dios bien quién ha de gozar de su divina presencia y también sabe en el trabajo que nosotros nos vimos por el suceso, pues nos tuvieron por empalados101 en los reinos del Pirú, pero ordenolo Nuestro Señor de manera que no hubo peligro ninguno.
Al moán o fiera que quiso defender su partido con este argumento102le derribamos de su engaño haciéndole fiscal de recoger la gente y chusma que se iba bautizando a la iglesia para enseñarles la doctrina cristiana, dándole a entender que en este oficio le darán más regalos que en el que usaba de antes y que en este servía a quien le había de salvar y en el otro ofendía a quien le había de condenar. El cual oficio admitió y obró Nuestro Señor tanto en él que el día de San Nicolás le bautizaron, y es tan maravilloso ministro para este ministerio que tengo por sin duda, según el fruto que hace, que es obra del bienaventurado santo de quien se le dio el nombre de don Nicolás. También estos moanes103les sirven de confesores.
De aquí me pasé a la otra banda del Toiche, a los llanos de los anamas, donde fui bien regalado y me dieron noticia de que en la junta que hace el río Magno con el Diabeni, a la banda del norte está la provincia de los guarayos104 y desde ella otras muchas por las orillas de un grande río que más adelante, al norte, entra en una grande laguna. Este río viene de parte que es fuerza entender que se forma de los ríos de Guamanga, Abancay y del gran Paucarmayo, que por otro nombre llaman Apurima105.
Estos guarayos dicen que son advenedizos y se entiende que entraron de la costa del Brasil, cabo de San Agustín. No visten, pero ansí hombres como mujeres traen el cabello de la cabeza tan largo y tan peinado que les llega a las pantorrillas. Son caribes106, comen carne humana, a cuya causa los quieren mal los comarcanos107.
Diéronme también noticia que de la banda del norte deste río Apurima, confines del Paitite, estaba una provincia de mujeres que viven sin hombres108, y preguntándoles que cómo podían conservarse de aquella manera, dijeron que hombres tenían en la otra banda del Paitite al leste, de que darían más razón los marquires109, que confinan con ellos.
Y preguntándoles qué noticias tenían de la gente que adelante había y del rumbo que llevaban estos ríos, me trajeron tres o cuatro indios principales muy baqueanos110 de aquellas navegaciones y haciéndoles preguntas respondieron que por tierra o por agua llegaban en cuatro días a una grande cocha, que quiere decir grande laguna, que todos estos ríos causan en tierras muy llanas, y que hay en ella muchas islas muy pobladas de infinita gentes, y que al señor de todas ellas le llaman el gran Paititi, y que los indios de aquellas islas son tan ricos que traen al cuello muchos pedazos de ámbar por ser amigos de olores, y conchas y berruecos111 de perlas, lo cual vide yo en algunos anamas. Y enseñándoles algunos granos de perlas que yo tenía les dije que si se criaban en aquellas conchas estos granos, y respondieron que los paitites les daban todos aquellos géneros y que, como aquellos granos no los sabían horadar para hacer sartas de ellos, que los echaban por ahí. Y preguntándoles que de dónde los sacaban dijeron que también lo habían preguntado a los paitites y que les respondieron que de aquella cocha.
Diéronme también noticia estos indios de otra mucha cantidad de gente que hay caminando al norte, en las faldas de una cordillera nevada que se levanta de junto a la laguna del Paitite, caminando al Nuevo Reino de Granada, y que son muy riquísimos de plata y ganados de carga de los que se crían en el Collao112 del Pirú. Tuve esto por cierto por ver vestidos de ropa de abasca113de la que se hace en el Pirú de la lana destos ganados a dos indios que me trajeron allí, naturales de la parte donde dicen hay ese ganado. También pregunté qué nombre daban a este río tan caudaloso que destas juntas hasta la laguna, que en él no se determina de ninguna suerte tierra de orilla a orilla, y dijeron llamarle el gran Parauri114, que es decir en España Duero, que recoge todas las aguas. Dijeron también que dos isletas de la laguna, las más cercanas a ellos, peleaban con cerbatanas arrojando unas saetillas con hierba de ballestero115.
Traen muchos de los anamas grandes muestras de riqueza, como son manillas de oro en las muñecas y otras en las gargantas de los pies, y las mujeres muchas chagualas116colgadas de las narices y orejas. Finalmente pudiera hacer relación de muchas más cosas y maravillas de las grandezas desta tierra si no me obligaran dos cosas a decir mucho menos de lo que es: el vicio establecido en el mundo a no dar crédito a cosas que de presente no se ven; y la segunda y principal causa de no lo apurar más es de que los indios se enfadan de que les hagan muchas preguntas, creyendo que lo que con instancia preguntamos es más provecho nuestro que el que a ellos les podemos dar; y a causa de que no se alterasen no traté de más preguntas.
Al tiempo de volverme a Uchupiamo y Inarama me hicieron una grande fiesta de pesquería en este famoso río Parauri y sacaron dél con la mayor facilidad del mundo infinitos géneros de pescados entre los cuales muchas rayas, dorados, bufeos117y otros muchos que se crían en la mar.
Acabada esta fiesta y despidiéndome dellos me pidieron sacerdotes para que los bautizasen, como los había dado a los pueblos de Uchupiamo y Inarama, y les dije que no los había, pero que les daba palabra de salir a tierra de cristianos por ellos para dárselos. Y partiéndome a Uchupiamo, adonde estaban los sacerdotes, envió el Anama118 aquellos cuatro indios principales baqueanos y grandes marineros destas aguas, que todos lo son, a que me acompañasen. Y habiendo llegado a donde estaban los dichos religiosos, me dijeron los caciques de Uchupiamo e Inarama y estos anamas que me vinieron acompañando que en la grande laguna del Paitite había más de dieciocho años que habían entrado unos viracochas119bermejos, que es fuerza entender que son ingleses o holandeses,120 y que todos los años traen de su tierra cuchillos, machetes, chaquiras121, tafetanes y lienzos, géneros de que carecen estos naturales, con que rescatan122 muy grandes riquezas de oro, plata, perlas, ámbar y otros muchos géneros de estimación. Y haciéndoseme dificultosa y increíble esta noticia, me enseñaron al punto machetes y cuchillos y algunos tafetanes traídos del dicho Paitite de muy pocos días. Y aunque es verdad que con dádivas destos géneros que yo entré dando a los naturales de importancia fui bien admitido y dueño de todo este descubrimiento123, reparé en si aquellas que me enseñaban eran herramientas de las que yo les daba, y viendo la gran diferencia que había de unas a otras les di crédito a su relación. Todos estos indios dijeron que los más de ellos van al Paitite dos o tres veces en el año a tratar y contratar y que esta es la causa de tener estas herramientas en su poder. Y de la declaración que hicieron de estos viracochas bermejos algunos indios ante algunos soldados intérpretes, se hizo ante mi gobernador información, la cual tengo en esta corte en mis papeles.
Díjeles que, pues que eran tan baqueanos del Paitite, que me señalasen la forma de la laguna e islas y traza de ríos que della salían, y lo hicieron. Y en la misma forma que lo señalaron la puse en una planta y mapa de aquellos reinos, que están en mi poder.
Vinieron de la gran provincia de los marquires, que está a la banda de124 levante del Diabeni cuatro indios principales, por orden de su señor, a llamarme para que fuese allá; yo lo hice porque lo tenía en propósito. Y habiendo llegado a esa provincia vi una maravillosa fortaleza, que dijeron haberla hecho el campo de Inga125 para que quedase memoria de que su gente había llegado hasta aquí cuando entró conquistando esta tierra. Recibiome el gran marquir (que es el señor) muy bien, hízome muchas preguntas: que a qué era mi entrada a aquella tierra y otras. Yo le respondí que había entrado a llamado126 de Zelipa, señor de los chunchos, para defenderle de sus enemigos y a enseñarle la ley cristiana. Respondió que le parecía muy bien y me regaló algunos días127. Tienen un caudaloso valle de almendrales128 de más crecidas y gruesas almendras, y mejores que las de España, de donde los chunchos las rescatan y de una en otra provincia van llegando a las del Pirú, donde ha mucho tiempo que son conocidas. Tiene esta provincia más de cien leguas de ancho y de largo más de ciento veinte hasta cerca de los confines del Paititi, según me dieron de noticia; y también me la dieron de otras muchas provincias de gente que están al leste de esta, hacia el Brasil y el norte; entre ellos y la laguna del Paititi dijeron que estaba una provincia de hombres sin mujeres; y preguntándoles que cómo aquellos hombres vivían sin mujeres, respondieron que dos meses al año las tenían, y que de otra parte por aquellas aguas venían a juntarse con ellos. Son tan valerosas las mujeres, que pelean con sus enemigos mejor que si fueran varones.
Es tan llana la tierra de esta provincia y tan poblada de gente que hay pueblos de a dos y a tres mil casas de tapia y adobe, puertas129, ventanas de madera, aunque toscamente labradas; las casas cubiertas de paja. Es fertilísima tierra de maíz y legumbres y de ganados silvestres, aunque de puercos no tanto como en las montañas. Abunda en pesquería. Tienen mucha sal, de lo que carecen los chunchos. Es agradecidísima gente, galana y limpia, de diversas colores, algo morenos y blancos, y otros tan rubios que son cortos de vista130. Visten de algodón, aunque algunos solteros andan con solo pampanillas131. Estos, como todos los demás, usan de arco y flecha, y macana132, rodelas con mucha plumería de tres y cuatro dobleces de cuero de anta133 para su defensa; traen por insignia los señores una hachuela de armas134, del mejor metal que tienen, que al fin es oro.
Los ritos y ceremonias desta gente de todos los llanos son en esta forma: que cuando se ha de tener uno por casado con una mujer, no hay más concierto que dar el novio un vestido al suegro y otro a la suegra y, si la moza no tiene padres, al pariente más cercano, y con esto se la lleva a su casa.
Cuando tienen guerra con sus enemigos, después de haber acabado la batalla se juntan todos en la plaza junto a una casa de comunidad donde tienen en depósito muy grande número de armas y el ídolo en que adoran135, y sacan el ídolo, y le ponen en medio de la plaza y junto a él al señor; y también con ellos al que se mostró más valiente en la batalla; donde todos danzan y celebran su fiesta y hacen sus136 borracheras de muchas bebidas que todos acostumbran a hacer de maíz, yuca, batata, almendra y otras muchas legumbres. Y habiendo acabado la fiesta ofrecen al ídolo, señor137y al valiente, por iguales partes muchos pedacillos de ídolos de oro, plata y otros metales, conforme cada uno puede.
Tienen por costumbre, si pasan por la parte donde fueron vencidos, de volver las espaldas a138 aquel puesto y los vencedores al contrario, que todas las veces que pasan por allí dejan alguna señal de lo que llevan, a modo de ofrecimiento.
Si en aquella tierra riñe un indio139 con otro, hasta que se mata no hay costumbre de ponerlos en paz, y tienen por afrenta de apartarse hasta que uno o ambos mueren; y el remedio y ley que para eso hay es que ha de abrazarse la mujer del uno con el otro y la del otro con el otro; y con esto se apartan al punto y quedan los mayores amigos del mundo.
Cuando muere algún principal le ponen en medio de la plaza y sacan de la guaca el ídolo y le ponen junto a él, y todos traen allí las bebidas que tienen en su casa y hasta que las acaban de beber no llevan el cuerpo a la sepultura. El uso de la sepultura es que tienen en el campo de cada linaje un torreón muy alto de ladrillo o adobe y por de dentro una escalera volteada; y allí puestos donde ponen los cuerpos difuntos de aquel linaje, que hoy día están tan enteros los más dellos como hoy hace mil años cuando allí los metieron, que basta para entender que es la tierra más sana del mundo. Con estos cuerpos los días del entierro algunos ídolos de oro y plata ofrecen a su usanza.
De aquí me volví el río Diabeni arriba, donde en diferentes provincias me sucedió la tragedia de los veinticuatro principales de que hago relación en mi memorial140.
Todos los indios de las montañas tienen diferente lengua que los del Pirú, algo más clara, pero también entienden algo de la general del Inga141. Los de los llanos tienen diversidad de lenguas, diferentes de todas las que hasta aquí se conocen.
Todas cuantas provincias he visto desean con grandes veras el conocimiento de Dios. Y pues en este reino se siguen dos tan poderosos aumentos, que el primero es gozar su majestad y el bien común de los españoles de tan grandiosas tierras y frutos dellas, y el segundo y último142 y más principal gozar tanto número de almas de la presencia de Dios, quien en todo se sirva de ordenar lo que más convenga a su santo servicio.
Pues el interés que se sigue de escusar de llevar la plata de Potosí noventa leguas de tierra hasta Arica, tan fragosas como se sabe, y desde Arica a Lima doscientas por la mar; y de la ciudad del Cuzco y sus comarcas ciento cincuenta de tierra hasta Lima, de los caminos más ásperos de aquellos reinos, pues de Lima a Panamá no son las calmas de aquel mar de ninguna ayuda, ni las dieciocho leguas de Tierra Firme dejan de ser de más costa que mil de otras partes, demás de ser Puertobelo por su ponzoñoso temple sepultura de hombres143. Pues de allí a La Habana ya se sabe la pérdida que en las Serranillas, el año de 605, tuvo don Luis Fernández de Córdoba144 sin embargo de la que el año de 622 hubo en el canal, de más de los excesivos gastos de la envernada. Y la flota de Nueva España del dicho año bien se sabe lo que perdió a la vista de la Bermuda145. Y el suceso de la envernada deste año y pérdida dél, ya se ve cuán grande ha sido.
A cuya causa se debe bien considerar de cuánto provecho es el camino de las ochenta leguas que desde la provincia del Arecaja yo abrí hasta las dos iglesias del dicho descubrimiento. Y cien leguas más de ríos caudalosos, apacibles y muy navegables hasta los confines del Paitite y grande laguna del Dorado, desde donde salen otros dos ríos en la forma que tengo dicho, que el uno entra en el Marañón y el otro hace el de las Amazonas gran Paraná, tan conocidas sus entradas en el Mar del Norte en uno y dos grados de la banda de Cancro146, viaje de la mitad menos de tiempo y gastos que el que por Tierra Firme se hace, demás de ser temples sanísimos y abundosos de comidas y diversas y maravillosas maderas para cualesquier fábricas.
Muy notorio es la brevedad del viaje desde el Río de la Plata a España, pues de las bocas de los dos ríos que están a la mitad del camino es fuerza entender que ha de ser de menos tiempo.
Y caso que esta navegación faltase, que no puedo creer que puede faltar, no por eso debe dejar de ser favorecido el dicho descubrimiento, pues el menor de los dos intereses que se siguen147 es mayor que este, que es gozar riquezas el imperio tan grandioso, y en particular el cielo tan grande adorno de almas, que es la causa más principal en que los cristianísimos reyes148, monarcas de España, han fundado y fundan todo el ser de sus empresas. Madrid, 15 de octubre de 1623149.
Juan Recio de León
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Notas