Voces y espacios femeninos en el mundo hispánico (siglos XVI-XVIII)
La concepción de la mujer a través del léxico en las relaciones de sucesos en verso*
The Conception of Woman through Lexicon in Accounts of Events Verse
La concepción de la mujer a través del léxico en las relaciones de sucesos en verso*
Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, vol. 9, núm. 1, pp. 959-999, 2021
Instituto de Estudios Auriseculares

Recepción: 15/01/2021
Aprobación: 15/02/2021
Financiamiento
Fuente: Ministerio de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno de España
Nº de contrato: HAR2017-84615-P
Beneficiario: Proyecto interdisciplinar «Universos discursivos femeninos: élites y cultura popular»
Descripción del financiamiento: Este trabajo se enmarca en el proyecto interdisciplinar «Universos discursivos femeninos: élites y cultura popular» (HAR2017-84615-P), financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno de España.
Resumen: Este trabajo tiene como objetivo estudiar la representación de la mujer, en contraposición con el hombre, en quince relaciones de sucesos españolas en verso (siglos XVI-XVIII). Tras un breve estado de la cuestión sobre los estudios hasta ahora realizados en torno a la figura femenina en estos pliegos, se analizará desde el punto de vista léxico el retrato de la mujer que se ofrece en dichos documentos, en comparación con la figura masculina. Los testimonios recogidos reflejarán el retrato más amargo y sórdido de la naturaleza femenina, de acuerdo con el pensamiento de la época, si bien en ocasiones pueden sorprender al auditorio y a los lectores con un retrato favorable e incluso positivo de la mujer, frente al hombre, no siempre tan bien reflejado como cabría esperar.
Palabras clave: Relaciones de sucesos, verso, mujeres, léxico, oralidad.
Abstract: The aim of this work is to study the representation of women in contraposition to men in fifteen Spanish accounts of events in verse (16th-18th centuries). Following a brief state of the art about the studies carried out so far based on the female figure in the accounts of events, the female portrait will be analyzed from a lexical viewpoint, in opposition to the male figure. The testimonies gathered will reflect the most bitter and sordid portrait of the female nature, according to the beliefs of the time. Nevertheless, sometimes the weight of evidence can surprise both the audience and the readers with a favorable and even positive portrait of women, compared with men, who are not always as well portrayed as it could be expected.
Keywords: Accounts of events, Verse, Women, Lexicon, Orality.
1. LA MUJER EN LAS RELACIONES DE SUCESOS: ESTADO DE LA CUESTIÓN
Los estudios sobre las relaciones de sucesos, documentos minuciosamente escudriñados por las disciplinas de la Historia, la Literatura y el Periodismo, así como por la Lingüística desde los últimos años1, apenas han reparado hasta la fecha en la caracterización de la figura femenina, que con frecuencia interviene en las historias que estos pliegos refieren, y que, sin embargo, ha pasado a menudo desapercibida ante los ojos de los estudiosos. Si bien es cierto que los trabajos sobre el papel que desempeña la mujer en las relaciones de sucesos han repuntado en los últimos años, como pudo apreciarse en el último congreso de la SIERS2, todavía queda un largo camino por recorrer en cuanto se refiere al estudio de la caracterización femenina en los pliegos de diferente temática (política, religiosa, de sucesos extraordinarios).
En este orden de cosas, en los últimos años han visto la luz en el ámbito de las relaciones de sucesos sobre mujeres diferentes trabajos, como el de Bertomeu3 o la tesis doctoral de Mónica Martín Molares4. Asimismo, está en curso el trabajo doctoral de Jesús Dorado Blanco, que aborda el parto y el nodrizaje en Navarra en los siglos XVI y XVII5. Entre las publicaciones más recientes destacan las de Iraceburu6, así como la de Mónica Martín Molares7, que se suman a los trabajos llevados a cabo por María José Bertomeu8, María Sánchez Pérez9 y Abel Iglesias Castellano10.
Así pues, este trabajo pretende continuar con el estudio de la figura femenina en las relaciones de sucesos, con el fin de comprobar el poder de los antecedentes del periodismo como instrumento de control social, no solo sobre las mujeres, sino también sobre los hombres. Supone este análisis una continuación del estudio llevado a cabo por Iraceburu (2019b), centrándose esta vez en un posible molde discursivo distinto, como pudieran ser las relaciones de sucesos en verso. Resulta, por tanto, de especial interés, el tratamiento de la mujer en estos pliegos para comprobar si, en efecto, la forma del texto, en este caso, el verso, condiciona la lengua y el reflejo que esta emite de la mujer en este tipo de discurso.
2. CARACTERIZACIÓN DE LA MUJER EN LAS RELACIONES DE SUCESOS EN PROSA
Pese a protagonizar numerosas relaciones de sucesos, la crítica apenas ha reparado hasta la fecha en el estudio de la mujer en estos documentos, acaudalada fuente no solo de datos sociohistóricos, sino también lingüísticos de los siglos en los que se imprimieron (entre el Cinquecento y el Novecientos). Este vacío en la literatura no resulta casual, ya que la gran parte de las veces, los protagonistas de estos relatos son varones, sea en las relaciones de sucesos de contenido político que refieren tanto batallas militares en las que, obviamente, no intervienen mujeres11, como coronaciones y fallecimientos de los monarcas a la sazón; sea en las relaciones de sucesos religiosas, en las que se contemplan canonizaciones y milagros. No obstante, las mujeres comienzan a cobrar protagonismo en aquellas relaciones de sucesos milagrosos12 y, especialmente, en las relaciones de sucesos extraordinarios, como se constatará en este estudio. Así, en el trabajo de Iraceburu13, las mujeres en torno a las que gira el suceso pertenecen a las altas esferas de la sociedad, pues estas son reinas o infantas de quienes se daba a conocer sus alumbramientos14, matrimonios15, viajes16 o defunciones17, de acuerdo con el interés general de la población, que ansiaba conocer las últimas noticias de la corte, tal y como sucede actualmente con la prensa rosa18.
En cualquier caso, de acuerdo con el estudio llevado a cabo por Iraceburu19, también en las relaciones de sucesos en prosa se retrata a la mujer desde el punto de vista más sórdido, esto es, como adúltera y hechicera, uno de los papeles más representativos de la mujer en el imaginario social a la sazón20. No obstante, al contemplarse en este trabajo las relaciones de sucesos en verso, llama la atención cómo el número de documentos que se erigen en torno a la figura femenina asciende notablemente. Este hecho encuentra su razón de ser en la forma de expresión seleccionada, el verso, inherente a los textos de un fuerte carácter popular, propiciando así el relato de sucesos extraordinarios. De esta manera, al realizar la búsqueda pertinente para este estudio en el catálogo en línea de BIDISO, se ha hallado un total de 114 relaciones de sucesos en cuyo título reza la palabra muger21 y 7 relaciones con el lema mujer22. De este modo, para el presente trabajo se ha decidido reunir una selección de quince relaciones de sucesos cuya protagonista es una mujer (y, a menudo, esta es una mala mujer, como se atestiguará en las líneas que siguen) con el fin de poder trazar un retrato de la naturaleza femenina de los siglos XVI, XVII y XVIII en España a través del léxico y de las estrategias discursivas empleadas en estos pliegos, continuando así el trabajo emprendido por Iraceburu (2019b).
3. CARACTERIZACIÓN DE LA MUJER EN LAS RELACIONES DE SUCESOS EN VERSO
En este apartado se analizarán los diferentes papeles desempeñados por la mujer en las relaciones de sucesos seleccionadas. Para ello nos centraremos en el léxico empleado, así como en las distintas estrategias discursivas de las que se sirve el emisor para representar la figura femenina en los pliegos en verso, tan difundidos y mediatizados no solo en los siglos XVI y XVII, sino también en el XVIII, aunque en menor medida. De esta manera, tal y como se verá en las líneas que siguen, se concibe a la mujer cual «bifrontis Janus», pues esta tiene dos caras muy acusadas: una negativa (la mayor parte del tiempo) y otra positiva (tan solo en contadas ocasiones23). No obstante, este doble trazado de la mujer se difuminará en las relaciones de sucesos en verso, constituyendo un personaje polivalente, al presentar más de una faceta, como se examinará a continuación. De esta manera, a lo largo de las relaciones de sucesos aquí analizadas encontramos a la mujer hermosa, la mujer parlera, la mala mujer, la mujer objeto, la mujer impía, la mujer envidiosa (traidora y asesina), la mujer como bestia, la mujer delincuente, la mujer libertina, la mujer bruja/hechicera, la mujer litigante y la mujer enemiga universal del hombre hasta dar, finalmente, con la buena mujer.
Así las cosas, cabe recordar que la representación femenina en estos pliegos viene fuertemente marcada por el firme cariz religioso de dichos documentos, que, si bien trataban de entretener al auditorio con historias curiosas (muchas veces incluso con cierto contenido lúdico), su finalidad última era la de alertar sobre errados comportamientos pecaminosos, pautar conductas ejemplares y advertir posibles castigos divinos en una sociedad, la española, fervientemente católica en las centurias estudiadas. Es por ello por lo que todas las relaciones de sucesos aquí analizadas24 comenzarán con una invocación, bien a la Virgen María25, bien a Dios26, para que el relator del suceso pueda obtener la inspiración a la hora de referir la historia y narrarla como se merece.
Asimismo, con el fin de captar la atención del receptor, ya desde el mismo comienzo del relato, se prestará especial atención a la enunciación de los títulos de las relaciones, en los que se incluyen especialmente adjetivos que tratan de ganarse el interés del auditorio. Así, en la Relación 1 (1600), aquella que refiere la historia de un peinero asesinado por uno de los mozos que trabajaban con él, se presenta un caso desastrado27 y de un caso muy espantoso, poniendo de relieve desde el mismo título el carácter extraordinario (en este caso, por aciago) de este pliego y anticipando a su vez la tragedia que se avecina. En las páginas que siguen se constatará cómo tampoco escapará el resto de los pliegos aquí estudiados de una adjetivación constante que permita caracterizar el discurso relacionero en verso de acuerdo con el molde discursivo de las relaciones de sucesos28. Al igual que en los textos en prosa, el emisor recurrirá a la superlación, especialmente analítica, frente a la superlación sintética (más frecuente en los pliegos en prosa) como recurso de intensificación discursiva29. Así pues, una vez anunciado el título y tras la invocación religiosa inicial, las relaciones aquí estudiadas tratarán de caracterizar a la mujer30, muchas veces en contraposición con el hombre, mediante una profusa adjetivación, directa y sin ambages, que en ningún momento tratará de ser políticamente correcta ni recurrirá al uso de eufemismos.
3.1. La mujer hermosa31
A la mujer, en cuanto objeto, se la ha valorado siempre y en primer lugar por su belleza (o por su falta de ella). «Amparada o desamparada, la mujer es percibida, en la literatura áurea como en las obras francesas contemporáneas, como “la belle femme”, la única a quien se ve»32. De su belleza dependía poder encontrar a un hombre y formar una familia, aparentemente su única finalidad en el arco temporal estudiado33. El valor de la belleza femenina también quedará retratado en las relaciones de sucesos en verso. Una muestra de ello bien lo ejemplifica la Baltasara, la protagonista de la Relación 5 (1613): mujer hermosa por excelencia, que ya desde su nacimiento tenía a todos los hombres enamorados. Como se ha anunciado anteriormente (cfr. supra), la caracterización de la protagonista se llevará a cabo a través de una pródiga adjetivación reforzada por la subordinación consecutiva:
—[m]oza bizarra34 y dispuesta, / aunque morena graciosa, / gran belleza en las morenas. / Los caballeros, y grandes / todos se mueren por ella, / dándola preciosas galas […]
—Crióse la niña hermosa, / con tan apacible cara, / que se perdían por ella, / todos y mucho la amaban […]
—Decía muchos donaires, / tenía infinitas gracias, / y apenas tuvo dos años, / cuando cuentan que bailaba. / Y esto tan a son y a tiempo / midiendo las consonancias, / con las mudanzas, que hacía / que a todo el mundo admiraba.
Así las cosas, será la Baltasara la única mujer de todas las relaciones analizadas cuya belleza se ensalce, pues interesarán al auditorio otras peculiaridades de la naturaleza femenina, que el emisor bien se encargará de subrayar, como, por ejemplo, su locuacidad.
3.2. La mujer parlera35
Como bien señala Sánchez Dueñas: «El catálogo de los defectos y vicios comunes a las damas mantienen y perpetúan la concepción de la mujer como habladora y parlera»36. De esta manera, las relaciones de sucesos en verso van a corroborar esta percepción de la mujer en el Siglo de Oro, quien se muestra, por una parte, como la mujer chismosa y, por otra, como la mujer maldiciente. La concepción del primer tipo de fémina se desprende de la Relación 1 (1600), en la que se presenta a una mujer curiosa por naturaleza que quiere ver in situ la desgracia del asesino de un peinero («Ella malicia tenía / que quería bajarlo a ver / y unos vecinos que había / dicen que no convenía / si cristiana quería ser»). Por lo que se refiere al segundo tipo de mujer parlera, la maldiciente, sirva como ejemplo la protagonista de la Relación 14 (1671), una joven de Alcaraz, que después de haber dado a luz, ofrece su pecho al diablo37. A esta, sin embargo, se le aparecerá una espantosa culebra, que se le agarrará primero al pecho izquierdo38 y luego al pecho derecho. En este orden de cosas, la relación hará hincapié en los delitos verbales cometidos por la mujer39 no solo maldiciente40 («Dentro en la Ciudad habita / un labrador con aumentos, / llamado Joseph Ruiz, / que allí fue su nacimiento. / Casó con Ana de Flores, / [mancha] como el Sol mesmo, / pero en cuanto maldiciente, / las estrellas en el Cielo»), sino también soberbia a la hora de contestar a sus padres, a quienes de joven se dirige con altivez41:
—[p]ero la hija al momento / con soberbia respondia: / Yo no he menester consejos.
—Con altivez respondió: / Primero diera mi pecho / al demonio, / que criar a / hermano mío, ni deudo. / Con amor la replicó, / ¿Ana: como dices eso? / Respondió: Venga el diablo, / que hare lo que estoy diciendo / La Madre dice: ¿estás loca? / ¿perdiste el entendimiento? / y colérica le dice: / siempre a lo dicho me atengo, / Apenas lo dijo, cuando / vio arrastrando por el suelo / una culebra feroz, / de cinco dedos de cuerpo. / Y cuatro varas de largo, / y fue a la que estaba ofendiendo / a Dios, y a Luzbel llamaba, / la agarró del pecho izquierdo.
La inverosimilitud del relato se justifica ante la necesidad de advertir a hombres y mujeres (especialmente a estas últimas), pues se trata de avisar al vulgo42 para impedir que se cometa el pecado de Ana Flores43, que se erige como antimodelo de conducta:
—Cuidado, señoras mías, / con la cesta que os advierto, / que harán seguir el rastro / del camino del infierno. / Toda mujer ojo alerta, / dejen vicio tan perverso, / mas siempre lo dejareis / cuando mudeis el pellejo. / Todo el hombre habrá el ojo, / miren lo que dicho tengo, / y a personas desta suerte, / sembrar las lenguas de fuego, / Esto quedó en este estado, / pero también os prometo, / de todo lo que resulte / daros aviso de nuevo.
—Oigan algunas personas, / para que tomen ejemplo, / y a las lenguas maldicientes / sirva este ejemplar de frente / Porque escarmienten algunos, / que jurando y maldiciendo / hacen verdad la mentira / yendo de valde al infierno. / Y para que muchas madres, / que a hijos, maridos, y deudos / a Lucifer los ofrecen / por cosa de poco aprecio.
A estas muestras de mujer parlera se sumarán las ofrecidas en la Relación 12 (s. a.), en la que, asimismo, el propio emisor del suceso presentará en primera persona a la mujer perversa y viperina:
Esto es, lo que siento de ustedes, / yo no he visto cosa buena, / que salga de las mujeres, / sino chismes, y quimeras / muertes, robos, pesadumbres, / y otras cosas como estas: / quien quiera andar sin dinero, / y con las carnes defuera, / arrímese a las mujeres, / que hallará su muerte cerca: / ¿que calle me dice usted? / Digo, que no quiero, ea, / mas callo de compasión, / que me están haciendo señas, / que las deje ya por Dios, / porque están, como unas perras, / yo callaré, porque quiero, / no por tener miedo de ellas, / yo aseguro, que estarán / echando dos mil ideas, / me echarán mil maldiciones, / yo de eso, no tengo pena: / dirán, mire usted el escuerzo, / narices de chimenea, / cara de carantulón, / y pescuezo de cigüeña; / me agarrarán entre todas, / entre sus perversas lenguas, / y me pondrán un vestido / de los pies a la cabeza, / que no lo cortará un Sastre / más lindo, para la Reina; / a mí no se me da un cuarto / mientras yo mene esta.
Estos testimonios no harán sino subrayar el retrato de la mujer en el Siglo de Oro como chismosa y deslenguada, al preferir hablar a ser escuchada, al dar su opinión sin escuchar otras, al no saber argumentar con juicios y razonamientos lógicos y racionales sus ideas y dictámenes por su deseo continuo de hablar sin razonar ni pensar (Sánchez Dueñas, 2008, p. 103).
3.3 La mala mujer44
Será la mala mujer, existente ya desde los tiempos de Adán y Eva, un tópico perpetrado a lo largo del Siglo de Oro, como bien queda retratada en el Corbacho45. Así, tal y como refleja Sánchez Dueñas:
La mujer es inconstante y tendente al mal y al pecado como quedó patente desde los primeros tiempos en la acción de Eva. Personifica la lujuria y el engaño. Es generadora de inestabilidad, de desmanes y desafueros y de tentaciones pecaminosas por lo que el hombre debe saber parapetarse bajo su ética y su moral y al abrigo de su razón y de su honorabilidad con objeto de defenderse de los envenenados dardos que la tentadora mujer arroja sobre su ser y con la finalidad de saber encauzarla hacia la vida recta y moral46.
De este modo, la mala mujer se consolida como lugar común en las relaciones de sucesos en verso (y también en prosa, aunque las muestras serán aquí menores, cfr. Iraceburu, 2019b). Así pues, la figura de las mujeres malas47 se presenta ya en el epílogo de la Relación 1 (1600), titulado «Las obsequias del peinero y su mujer», en el que se lleva a cabo una reflexión acerca del poder del dinero, motor del asesinato de dicho peinero y de su esposa («Con dineros hacen salas / con dineros pagan dotes / y hacen las mujeres malas / con dineros hacen galas / y los siegos cantan motes»). Asimismo, la malicia es una cualidad inherente de la mujer chismosa de esta misma relación48 (§3.2.). Por su parte, la Relación 8 (1628) se recreará en el romance que explica el gran daño que causa la mala mujer, y el bien que la buena mujer causa, en el que se aprecia la clara contraposición del retrato negativo y femenino de la mujer49, de acuerdo con los tratados y el pensar del momento50. La finalidad última de este pliego será educar tanto a hombres como a mujeres en qué es una mujer y cuál hay que elegir entre ellas. Así pues, al inicio de la relación se presenta a un joven triste tras haber sido burlado por una mala mujercilla51:
Estando un triste Zagal / al pie de una fuentecita, / triste, por quedar burlado / de una mala mujercilla. / Cantó envuelto en sus tristezas / La condición maldita, / de cualquier mala mujer, /nunca diciendo mentiras. / Y por alegrar su mal, / dando una vuelta a su libro / cantó después de las buenas, / la condición bendita. / Y yo, que el canto escuché, / es bien que a todos escriba / el Romance que cantó / el triste, que así dice: […]
A lo largo de la relación se incidirá en la mala condición de la mujer: ya desde el inicio del romance se presenta su mala naturaleza (verdad universal indiscutible) por medio de una abigarrada adjetivación, esta vez incluso bajo la forma de trinomio léxico (mala, ruin, y maldita), así como a través de una a comparación (adulterina fragua52):
AVES, Que sabéis mi mal / oídme, que no doy quejas, / y os suplico escuchéis / porque son parleros picos. / Declaréis a los mundanos / las verdades que así digo, / por declarar que es mujer / mala, ruin, y maldita. / Es adulterina fragua, / de los Diablos arma fuerte, / y rabia tal, que rabiando, / quiere por ganar, perderse.
La exuberancia adjetival para calificar a la mala mujer continuará a lo largo de toda la relación, pues esta es lasciva («Es la que ha lascivos vicios / dice habitación franca tiene, / he dado, doy, y daré, / mientras que viva paresca»)53, engañadora, traidora, desleal54 y siempre rompe las amistades y da tormentos55. En definitiva, la mala mujer sería aquella que pueda definirse, entre otras cosas, como «persona de mala moral»56.
3.4. La mujer objeto57
La mujer imaginada, tomada, simbolizada y utilizada como mero objeto de distinto tipo, ya sea sexual, laboral, figurativo, doméstico o decorativo, entre otros, ha trascendido en el imaginario social antes que su concepción como ser integral y sujeto independiente (Sánchez Dueñas, 2008, p. 18). Así se apreciará también en el corpus estudiado, en el que, de acuerdo con las estrategias intensificadoras propias de las relaciones de sucesos (Iraceburu, 2018), a menudo se recurrirá a la cosificación para hablar de la mujer. Así se aprecia en la Relación 8 (1628), en la que dicha cosificación se lleva a cabo a través de la superlación analítica58, que viene reforzada por una personificación: la mujer es el mal59. Asimismo, por medio de la comparación la mujer es equiparada a un bajel engolfado60. A su vez, la mujer adoptará forma de lugar: es el abrigo y la tienda61, así como el camino ardiente que conduce al infierno de forma directa62. La figura femenina es cosificada continuamente con el fin de acercar el discurso a los estratos más humildes de la sociedad; de este modo, esta es un lazo que hace que los justos pierdan su virtud63, es una carroza y una carreta que lleva las almas al infierno64 y, por supuesto, es deslenguada y viperina, origen de todos los males65. De este modo, la cosificación de la mujer en las relaciones de sucesos se erige como una constante que facilite la comprensión del texto por parte de sus lectores y de su auditorio.
3.5. La mujer impía
La concepción de la mujer impía que atenta contra la voluntad de Dios se remonta al propio Génesis y continuará en el imaginario social, fomentada también a través de las relaciones de sucesos en verso. De esta manera, la impiedad de la mujer queda retratada en la Relación 9 (1753), en la que, según reza el propio título, la mujer aquí protagonista es infeliz, viciosa . desordenada. En este caso se presentará el ultraje de la forma consagrada llevado a cabo por dicha mujer y su consecuente castigo riguroso y ejemplar por tal sacrilegio. Habrá de notarse aquí cómo ya desde el propio título de la relación se tratará de captar la atención del receptor mediante un trinomio léxico propio del molde discursivo de las relaciones de sucesos (Iraceburu, 2018), que anuncia el escandaloso, inaudito y grave desacato llevado a cabo por la protagonista. El sacrílego delito de la mujer recibirá el juicio del emisor del pliego ya desde el mismo inicio del relato a través de la superlación analítica; mientras que, nuevamente un trinomio léxico (infame, sacrílego . atrevido) servirá para intensificar el discurso y conferir mayor emotividad al relato66. Sin embargo, frente a este retrato tan sórdido de la protagonista de este suceso (y por extensión, de todas las mujeres), pronto se contrapondrá al buen hacer de los hombres, de acuerdo con las preguntas retóricas que lanza el emisor, que se recogerán de nuevo en el cierre de la relación67. No se encontrarán, por tanto, hombres impíos en las relaciones de sucesos estudiadas.
3.6. La mujer envidiosa (traidora y asesina)
Valgan las palabras de Sánchez Dueñas para ilustrar la concepción de la mujer envidiosa en el Siglo de Oro:
La vanidad es otra condición punible que debe ser controlada y arrancada de raíz en ese vituperable conjunto de catálogos degradadores que aluden a los defectos femeninos. Escudada por innatas condiciones femeninas como la envidia, el orgullo y la soberbia, la vanidad incita a la mujer a querer ser grande, poderosa, envidiada y ostentosa. Esto llega a cegarla de tal modo que no tiene ningún tipo de reparo en tramar todo tipo de engaños, estratagemas o maquinaciones para alcanzar esa grandeza, ese poder y esa superioridad a la que, por naturaleza, siempre aspira. En este sentido, la mujer nunca puede ser feliz porque no se conforma con lo que tiene sino que siempre trata de alcanzar nuevas metas sin reparar en su coste68.
La envidia y vanidad de la mujer vienen epitomizadas en la Relación 2 (1606), que ilustra la crueldad de una mujer casada quien, ayudada por una doncella, mata a la esposa del hombre del que está enamorada. Así pues, se muestra aquí el cuadro completo de la mujer envidiosa69, portadora, a su vez, de otros rasgos típicamente femeninos por antonomasia: la belleza (§3.1.), la infidelidad y la traición70:
Vivía pared en medio / desta discreta doncella, / una hermosa casada / rica y de grande hacienda / Esta casada que digo / herida de aquella yerba / y flecha del dios Cupido / que a los más libres sujeta / Y ligada de la liga / que arriba dice la letra, / que no ay maldad que no reino / a donde la envidia reina. / Envidiosa de ver cuánto / amor y amistad le muestra, / este discreto mancebo / a la doncella discreta. / De envidia infernal se muere / y en fuego de amor se quema, / y con dañada intención / hacerle traición intenta.
De este modo, la dama viene caracterizada en primera instancia por su belleza71, ensuciada, sin embargo, por su naturaleza traidora72. Este pliego se encargará de ilustrar la figura de la mujer casada, pero enamorada de otro hombre, razón por la cual quiera dar muerte a su marido. Se dibuja, en consecuencia, un cuadro de la mujer perversa por naturaleza, adjetivo que se reiterará hasta en tres ocasiones a lo largo de la relación73. Sirvan estos testimonios para vivificar cómo «[s]egún recogen textos y tradiciones orales, escritas, populares, eruditas, artísticas y culturales, las mujeres no tienen reparos en traicionar, en desvelar secretos ni en faltar a su palabra para lucrarse personalmente»74.
3.7. La mujer como bestia75
La propia María de Zayas, en sus Desengaños amorosos, ya indicaba cómo a «la mujer falsa, inconstante, liviana y sin reputación no se le ha de dar nombre de mujer, sino de bestia fiera» (p. 118). Como bien subraya la escritora, entre los numerosos recursos para caracterizar a la mujer en el discurso del Siglo de Oro y, por ende, también en aquel de las relaciones de sucesos, se encuentra la animalización. De esta manera, en la Relación 8 (1628) la mujer es comparada con una bestia llena de vanidad76 y con un cuervo, pues esta es la segunda parte de esta ave, que saca los ojos a los hombres y los deja en las tinieblas77; la mujer también es serpiente, de acuerdo con la tradición judeocristiana78; así como mula que lleva las almas al infierno79. Sirvan estas muestras para ilustrar cómo, de acuerdo con su posición en el último escalafón social, igualmente se identifica a la mujer con los animales más bajos de la fauna80 (el cuervo, la serpiente, la mula). Asimismo, en otras relaciones [Relación 12 (s. a.)] se comparará a la mujer con una perra81, injuria más que difundida a la sazón82, o incluso con un monstruo horrible83. Por otra parte, en la Relación 2 (1606), al narrar cómo finalmente, ama y sierva logran matar de noche a la esposa del hombre del que se ha enamorado la protagonista, de nuevo el emisor recurrirá aquí a la comparación y la animalización de las mujeres, ahora concebidas como fieras84, para indicar así su despiadada crueldad85.
3.8. La mujer delincuente86
Fruto de su naturaleza corrompida, la mujer no se librará de cometer delitos, que también quedarán reflejados en las relaciones de sucesos en verso. Así las cosas, la Relación 3 (1606) presenta la lista de consejos que ofrece una mujer87 a la gente de mala vida, tanto hombres (ladrones, capeadores, rufianes y cercenadores) como mujeres (la cantonera y la alcahueta). De esta manera, a lo largo de la relación se va caracterizando y exhortando a cada grupo de «maleantes»; identificando el prototipo de la mujer pecadora con el de la cantonera88 y el de la alcahueta89. Esta relación bien traza, por tanto, el paisaje que Perry dibuja de la Sevilla del Siglo de Oro:
Enérgicas mujeres desordenaban este paisaje de piedad y libertinaje. A lo largo del barrio ribereño y bajo la Torre del Oro, tan familiar a los marineros de la época, prostitutas y alcahuetas, curanderas y adivinas solicitaban tratos de los marinos y comerciantes que entraban y salían de la ciudad. Algunas también trabajaban como vendedoras ambulantes, voceando los precios y los nombres de las mercancías, pescado, tripas y productos lácteos. Sus voces contribuían a la cacofonía de la ciudad, y su presencia física no podía pasar inadvertida en las calles populosas para la muchedumbre bulliciosa90.
3.9. La mujer libertina91
Es en los ambientes como el sevillano retratado por Perry (supra) donde se mueve la mujer libertina. De sobra conocidas fueron doña Catalina de Erauso (la monja alférez92) y doña Feliciana Enríquez de Guzmán, quienes:
[t]rataron de transgredir los espacios reales y los destinos prefijados orientados para las mujeres mediante coordenadas como las del travestismo, la valentía, la transgresión, el traspaso de fronteras y la subversión de los órdenes simbólicos hasta llegar a la consecución de sus objetivos vitales por encima de los dictados patriarcales, de las normas sociales y de las recomendaciones e imposiciones religiosas, civiles, morales y políticas93.
Heredera de su testigo fue la Baltasara [Relación 5 (1613)], una mujer libre y desenvueltaque al final de sus días se recogerá en una ermita, para sorpresa de todos aquellos que la conocían e incluso del propio auditorio. Esta mujer, consciente de su belleza, preferirá vivir libre, sin trabajar, dedicándose a bailar, algo inconcebible para una mujer de la época y, por ello, denunciable94. La Baltasara es tan libertina que incluso llegará a vestirse de hombre95. Asimismo, se caracteriza a la Baltasara como una mujer liviana y suelta, viciosa, soberbia96 y altiva, que desprecia a sus amigas y peca también de gula97. Características semejantes compartirá la protagonista de la Relación 9 (1753) (la mujer impía, cfr. supra): altiva, licenciosa, desenvuelta y con infames vicios98, además de insolente99. No serán estas las únicas mujeres libertinas que se presenten en las relaciones de sucesos seleccionadas, ya que la Relación 9 (1753) muestra el cuadro de una cárcel donde se recogen las mujeres, entre las que figuran las rameras100.
3.10. La mujer bruja101/hechicera102
No es poca la bibliografía que ahonda sobre las brujas en el Siglo de Oro103. De acuerdo con Tabernero y Usunáriz, el insulto bruja, brujo, hechicera responde a un determinado contexto socio-cultural (en este caso, el propio del Siglo de Oro), erigiéndose «un estereotipo que se desarrolla, principalmente desde el siglo XV y que convierte el fenómeno de la brujería en una forma de denigración del otro»104. Tal y como indican ambos estudiosos, la voz bruja105 se trata, por tanto:
de un «insulto directo», nacido de un contexto histórico-cultural en donde la caza de brujas se convierte en un fenómeno periódico y como tal aparece con mayor intensidad en los momentos de mayor crisis. Esto muestra un abanico de creencias y valores que, en el caso de la palabra «bruja», se había ido asentando desde el siglo XV en el imaginario social de las comunidades, grandes y pequeñas106.
Es indicativo, por ejemplo, cómo la Relación 13 (1752), un romance, declara un horroroso caso, sucedido a Josefa Álvarez en la ciudad de Oviedo, que permaneció catorce días sin comer. hablar, ni dormir, ni tener en su rostro señales de persona humana, por habércele desfi-gurado el Demonio en figura de un horrible Gato negro. Encarnará Josefa la figura de la bruja por antonomasia que, como tal, sufrirá un desastrado fin107 por su mala vida. Habrá de notarse cómo en esta relación se califica explícitamente a la mujer como Bruja Hechicera, sin emplear ningún tipo de eufemismo ni rodeo alguno para insinuar dicha condición108. La hipérbole a través de la superlación analítica seguirá siendo una constante en este pliego, pues será este el más triste caso, / que se ha visto, ni se halla / expresado en caracteres / ni dibujado en estatuas. Así pues, la relación presentará la vida de Josefa desde su nacimiento: la protagonista procede de una ciudad celebradacomo Oviedo, niña hermosa109, de muy honrada prosapia, Niña pulida, cuya madre no presenta ninguna mala raza110. Tanto cariño convierte a Josefa en una mujer soberbia y mal inclinada. A lo largo de la relación se incidirá en la soberbia y en la mala crianza de Josefa, que abandonará a sus padres, mientras el auditorio es testigo de cómo la protagonista es una verdadera bruja, pues jamás va a misa y, si lo hace, es para inquietar las almas con sus profanos adornos, maldice, además, sin fin a la gente111. El mal comportamiento de la mujer procede de las malas palabras de su propio discurso, en el que invoca constantemente al demonio y que viene reflejado de forma directa en el texto. De acuerdo con la propia relación, Josefa vive en un mar de vicios, es alma engolfada, blasfema y perversa112. Por sus malas y pecaminosas palabras, Josefa, será castigada el 6 de julio, cuando esta llame al demonio, sin motivo aparente. Tras esta invocación la protagonista perderá el habla durante ocho días en los que tampoco coma o beba nada y permanezca sin dormir, hasta que al octavo día un gato desfigurará el rostro de esta infelice mujer, llena de rabia113. Josefa, alma perdida, morirá sin penitencia e irá al infierno. Aunque finalmente se logre dar sepultura al cadáver en suelo sagrado, el fin de la bruja será desastrado, debido a su depravada vida. Tras una fuerte tormenta no se encontrará el cadáver de Josefa, pues el demonio lo lleva junto al alma de la mujer, que ya estaba en el infierno114. En el epílogo de la relación se incluirá la moraleja del suceso con la finalidad del pliego, que no es otra que la de avisar a las mujeres para evitar comportamientos pecaminosos. Subyace, pues, al relato una moral: la mujer (desgraciada) tiene que educar y criar a los hijos, es este su papel y no otro (cfr. supra):
Alerta, mortal, alerta, / no permitas que en tu casa / se jure, ni se maldiga, / ni digan malas palabras. / Nunca llames al demonio, / porque está con vigilancia / viendo si Dios da permiso / de que venga a las llamadas / y puede a ti sucederte / lo que a aquesta desgraciada115, / Enseña bien a tus hijos, / pues consiste en la crianza, / que sean buenos, o malos, / porque se imprime en la infancia / así como en blanda cera, / la inclinación buena, o mala. / Pidamos a Dios nos libre / de que se arraigue en el alma / algún vicio distraído, / porque al fin de la jornada, / las raíces que él produce / difícilmente se arrancan.
Por otro lado, en la Relación 12 (s. a.) encontramos a la mujer ya no como bruja, sino como hechicera116. En este caso el emisor cita a Fedra y a Miracrices como los máximos exponentes de esta mala arte117. Asimismo, en la Relación 15 (s. a.), la mujer vuelve a ser caracterizada como una hechicera, tanto al inicio como al final de la relación118.
Por su parte, en la Relación 8 (1628) la mujer se caracterizará no por medio de la adjetivación, sino a través de sustantivos, como cruel adversidad, peligro, procura del demonio y malicia. De acuerdo con la documentación analizada, existe, pues, un vínculo indisoluble entre la mujer y el diablo119, ya que la mujer es la esposa de Luzbel120. En este pliego se empleará a su vez la consecución para indicar el grado de maldad de la mujer (la mujer es tan sumamente mala, que resulta imposible comprender su maldad121). A lo largo de esta relación se reiterará el sustantivo malicia, modificado por el adjetivo derivado mujeril122. Una vez que se deja de hablar de la «mala mujer» en el pliego, el discurso recriminatorio se cerrará con la afirmación de que incluso el propio Dios odia a la mujer, frente a Satán, que la ama, pues ella es la reina del infierno123.
3.11. La mujer litigante124
En relación con su faceta de parlera (§3.2.), la mujer se presentará asimismo en el corpus como un personaje al que le guste discutir verbalmente. Así, serán dos las relaciones de sucesos [Relación 1 (1600) . Relación 15 (s. a.)] que aborden las discusiones conyugales en la documentación estudiada, asunto que seguramente fuera del agrado del auditorio. Si bien en la primera de ellas se pone de relieve cómo las discusiones matrimoniales eran frecuentes entre los protagonistas del suceso, el peinero y su mujer125, en la segunda se desarrolla (de nuevo en clave de humor126) una pelea verbal y física entre dos viejos, anunciada ya en el mismo título: RELACIÓN, Y CURIOSO ROMANCE, EN QUE SE DA cuenta de una reñida pendencia, que tuvieron marido, y mujer, muy viejos; las cosas graciosas que pasaron, y otras cosas que se verán en este Romance. De esta manera, al inicio del pliego se deleita al auditorio con la hilarante prosopografía de un matrimonio viejo y feo en extremo:
[E]ran, señores, / un buen viejo, y una vieja, / casados, como lo manda / nuestra Santa Madre Iglesia, / el viejo era corcovado, / que ya pasaba de ochenta, / y la vieja parecía / la baja de la moneda; /era también legañosa127, / estovada128, patituerta129, / por estremo nariguda130, / mocosa131 en grande manera, / acicalada, y lavada, / retocada, y recompuesta132; / y a todo esto, andaba en casa / con seis pares de muletas; / las muelas tiene postizas, / que las de hueso, Ya eran / desde el año de doscientos, / hoyos, barrancos, y cuevas; y porque no coma fruta, / allá nuestra Madre Eva, / cuando la fue a visitar, / le pegó aquesta culebra. / Era, pues, un espantajo133 / de pájaros en higuera, / y la que en la Inquisición tuvo sus probanzas hechas, / porque tenía grande traza / de grandísima hechicera.
En esta discusión, el propio marido se encargará de caracterizar (y ridiculizar) a su mujer, lanzando una retahíla con una nutrida adjetivación: su esposa es, en este orden, mujer ingrata, aleve, falsa Syrena, ingrata Pantasilea134, traydora, homicida, perra traydora y perra135. No despertará menor interés el parlamento de la agraviada esposa, que, empleando la superlación analítica propia de las relaciones de sucesos (Iraceburu, 2018), proclamará su autodefensa como muy mujer de bien136.
Si bien toda la relación al completo se deleita en los defectos de uno y otro cónyuge, no pasa tampoco desapercibido el diálogo final de los viejos, reproducido en estilo directo137. Aquí la mujer tachará a su marido de marrullero138, embustero139 y camandulero140, mientras que esta tendrá que escuchar de la boca de su esposo halagos como legañosa pitarrilla141 e incluso almorranilla perversa142.
3.12. La mujer, enemiga universal del hombre143
Ya desde el Génesis se ha presentado a la mujer como la mayor adversaria del hombre. Esta creencia bien la demuestra la Relación 12 (s. a.), que adopta la forma de un relato burlesco en contra de las mujeres. Se aprecia aquí un cambio de tono y de registro frente al resto de textos que conforman el corpus, pues es esta una relación de corte más elevado, que ha dejado atrás el carácter popular de los otros pliegos, aproximándose a un estilo didáctico, cercano a los sermones y a los tratados de la época144. Así pues, ya al inicio de la relación el emisor sostiene que las mujeres se merecen lo peor, pues son la desdicha humana, enemigas de los hombres, causa de todos los males y peste eterna145. Este pliego refuerza la idea de la mujer como el origen de todos los males, pues ella fue la primera en mentir, así como la primera en ejercer toda maldad, ya desde tiempos de Salomón146. De este modo, se erige aquí el texto bíblico como fuente de máxima autoridad, ya que la palabra de Dios no podía ni debía cuestionarse, como tampoco debía hacerse con los sermones del oficio religioso. Se comprueba, en efecto, el fuerte vínculo establecido entre las relaciones de sucesos y la Iglesia, que bien reconocía en esta fuente documental un poderoso instrumento de persuasión entre los fieles, fuera de los lugares de culto. Asimismo, a lo largo de este pliego se llevará a cabo una enumeración histórica de aquellas mujeres malvadas que hicieron malperder a los hombres (el rey David, Cicerón y San Juan, entre otros). La historia, pues, constituye un argumento irrevocable al evocar las figuras de Dina, Tamar, Eulisia, Pasífae, Tulia, Rosemunda y Romilda como epítomes de la constante insatisfacción de la mujer147. En el elenco de autoridades que refrendarán este credo se cita a Ovidio y a Demóstenes148. En el primero se aprecia una aproximación nihilista a la mujer, esta no es nada, mientras que, para el segundo, absolutamente todas las mujeres son locas149.
3.13. La buena mujer150
Frente a la maculosa caracterización de la mujer atestiguada en las relaciones de sucesos en verso que conforman el corpus de estudio, finalmente se logrará dar con la efigie de la buena mujer. Así, tal y como señala Sánchez Dueñas:
Paradójicamente y como contrapunto especular ante tamaño cuadro de degradaciones con respecto al género femenino, en el otro lado de la balanza, los discursos humanísticos y renacentistas fueron decisivos en la articulación de nuevos valores, renovados ideales y frescos órdenes simbólicos y cualidades ontológicas que equilibraron ese conjunto de defectos y peligros que confluían en las mujeres, aunque no ayudaron a omitir esas peyorativas estimaciones sobre las mismas151.
De acuerdo con este contexto renacentista con tintes renovadores en el imaginario social de la mujer, las relaciones de sucesos también se hicieron eco de estos discursos que comenzaban a valorar la figura femenina. De este modo, por fin se consigue hallar la semblanza de la buena mujer en la Relación 4 (1613), que presenta la historia del milagro de un duque luterano, relato marco que servirá de pretexto para la alabanza a Dios, pues los hechos referidos son mínimos, ya que la mayor parte de la relación presenta un contenido doctrinal. Destaca aquí el buen retrato que, finalmente, se dibuja de la mujer, caritativa ya desde el título, cristiana y acogedora152. La duquesa, por su parte, se retrata como una mujer piadosa153 y dulce154. Habrá de notarse cómo la naturaleza benévola de la duquesa no resulta casual, pues aquí la «buena mujer» pertenece al estamento de la nobleza.
Otra muestra de la buena mujer se aprecia en la Relación 8 .1628), aquella que primeramente presentaba a la mala mujer. Así pues, en la segunda parte de este pliego se producirá un completo viraje155, tal y como se había anunciado en el título del suceso156. Se presentarán aquí las virtudes de la mujer, las cuales, obviamente, son menores en número que todos sus vicios anteriormente indicados. Este giro en el relato se indica mediante una oración adversativa, dirigida a unas aves, que escuchaban al emisor narrar los vicios de la mujer, principales receptoras del texto157. Tras esta apelación a las aves (parleras158, también como las mujeres) se comenzará con la definición de la mujer buena159. En este orden de cosas, en las múltiples definiciones que se aportan se vuelve a comparar a la mujer con una fragua160, al igual que se hacía con la mala mujer (§3.3.), salvo que en este caso dicha comparación se debe a la dureza y templanza de esta, que sabe resistir a Satán. Asimismo, se califica a la mujer como criatura prudente161, aunque a lo largo de su caracterización, esta no se va a librar de nuevo de la cosificación: en este caso la mujer es un compás162, así como viene cosificada como un lugar: es abrigo, tienda, camino . puerta163, concepción que ya se aprecia igualmente en el retrato de la mala mujer (§3.3.). Si bien esta última es la habitadora por excelencia del infierno, la buena mujer, no obstante, cual Beatrice Portinari, será quien lleve las almas al cielo164. Por lo que respecta a su relación con el diablo, ahora la buena mujer es temida por Satán165, frente a la mala mujer, íntima amiga de este.
El retrato de la buena mujer tratará de invertir algunas de las facetas analizadas en estas páginas. Así pues, también se recurrirá a la animalización para dibujar el retrato de esta buena mujer, en este caso mansa oveja166 que deja triste a Luzbel167.
Por lo que a la adjetivación de la buena mujer respecta, esta es misericordiosa168, mientras que viene caracterizada asimismo por medio de sustantivos: vuelve a ser parlera, al igual que la mala mujer (cfr. supra), solo que esta vez en el sentido positivo169. Igualmente, la mujer es capitana de bondades y maestra de virtudes170. En definitiva, la buena mujer es todo lo contrario a la mala mujer, tal y como concluye la relación171. El pliego se cerrará nuevamente con la referencia a las aves, que, como ya se ha indicado anteriormente, al igual que las mujeres, son grandes parleras172. Por ende, será al final del texto cuando se revele explícitamente la finalidad de este, que no es otra que la de informar al auditorio (y especialmente a los hombres, que viven engañados por no saber de la naturaleza de la mujer) qué cosa son las mujeres173. Es por ello por lo que es necesario escudriñar y dar a conocer cómo es la figura femenina, tarea que cumplirán las relaciones de sucesos en verso, que acercarán las doctrinas de los tratados religiosos sobre las mujeres a los estratos más humildes de la sociedad, que no tenían acceso a la literatura escrita y habían de conocer la doctrina de la Iglesia en la plaza pública a través del discurso oral, que había de ser, a su vez, entretenido.
4. CONSIDERACIONES FINALES
De acuerdo con esta primera aproximación al tratamiento de la mujer a través del léxico en las relaciones de sucesos en verso, el retrato de la figura femenina en estos documentos se adecuaría a aquel dibujado por los tratados morales de la época, en los que se elogiaba «la modestia, la obediencia, la dulzura y el silencio como cualidades dominantes en la mujer»174.
Según los datos arrojados en este estudio, los emisores (presumiblemente varones) de estos pliegos no dudarán a la hora de calificar a la mujer como maldiciente [Relación 14 (1671)]; (mujer) mala [Relación 1 (1600)], mala mujercilla; mala mujer: mala, ruin y maldita. la cosa más grosera; capitana (es) de maldades, y de los vicios maestra [Relación 8 (1628)]; insolente; altiva; licenciosa, y desenvuelta; infeliz, viciosa, y desordenada. pública(s) Ramera(s) [Relación 9 (1753)]; traidora; envidiosa; falsa traidora; perversa(s); falsa(s) perversa(s) [Relación 2 (1606)]; cantonera; alcahueta(s) corcovada(s); desdichada(s); [Relación 3 (1606)]; libre y desenvuelta; libre, y tan desenvuelta; liviana y suelta; soberbia, y altiva [Relación 5 (1613)]; hechicera, grandísima(s) hechicera(s); bruja(s); la desdicha humana; enemiga(s) nuestra(s); la peste eterna; muy loca(s); extravagante; muy dura(s) de cabeza [Relación 12 (s. a.)]; vil y sucia [Relación 7 (1625)]; mal inclinada; alma engolfada; desgraciada; infelice (mujer); perdida alma [Relación 13 (1672)]; ingrata; aleve; falsa Sirena; ingrata Pantasilea; traidora, homicida; perra traidora; perra; legañosa pitarrilla; almorranilla perversa [Relación 15 (s. a.)].
Asimismo, con el objeto de facilitar la comprensión del auditorio, a lo largo de los pliegos el emisor recurrirá al empleo de metáforas como adulterina fragua. amor engañador. muy terrible mal. agua bravo mar. continua adversidad de los hombres, y tormenta, y muerte tan adornada [Relación 8 (1628)]. A su vez, con este mismo fin la mujer es personificada como cruel adversidad; peligro; del demonio la procura; malicia; [Relación 8 (1628)] y a menudo cosificada: esta es el ardiente camino que lleva al infierno; es el lazo en el que los justos tropiezan; es la carroza y la carreta que lleva las almas al infierno; es lengua irrefrenable [Relación 8 (1628)]. En este mismo orden de cosas, la animalización será un recurso de gran rentabilidad en la construcción del discurso femenino en las relaciones de sucesos. De esta manera, la mujer es una bestia regida de antojos solo, y quimeras. del cuervo es segunda parte. es de la vieja serpiente descansó. mula y carreta de Satán [Relación 8 (1628)]; cruel(es) fiera(s); perra(s) [Relación 12 (s. a.)]; monstruo horrible [Relación 13 (1672)].
Por lo que respecta a las referencias a la apariencia física de la mujer, la única relación que ofrece una detallada prosopografía de esta [a excepción de la escueta caracterización de la mujer hermosa en la Relación 5 (1613)] es la Relación 15 (s. a.), aquella que refiere con un fuerte tono jocoso una disputa verbal y física entre dos viejos. Así, a través de las palabras de su propio marido, el dibujo que este ofrece de su esposa es el de una mujer vieja; legañosa; estovada; patituerta; por estremo nariguda; mocosa; retocada, y recompuesta. un espantajo.
Frente a esta visión tan sórdida de la mujer, se ha documentado un retrato más favorable de esta, fruto de los discursos humanísticos y renacentistas que espolearon la difusión de nuevos valores e ideales renovados sobre el imaginario de la mujer (Sánchez Dueñas, 2008, p. 115). De este modo, en una parva caracterización más halagüeña, esta es cristiana [Relación 4 (1613)]; bizarra y dispuesta, graciosa, hermosa, con apacible cara y infinitas gracias [Relación 5 (1613)]; hermosa, y de buen mirar; noble y virtuosa; buena madre [Relación 7 (1625)]; Niña pulida [Relación 13 (1672)]; muy mujer de bien [Relación 15 (s. a.)]; criatura prudente; mansa oveja; capitana (es) de bondades, y de virtudes maestra [Relación 8 (1628)]. También aquí se recurrirá a la cosificación en aras de un mayor entendimiento por parte del auditorio; de este modo, la mujer es una fragua, y arma fuerte; un compás; abrigo; tienda; camino; puerta; una lengua cortés [Relación 8 (1628)].
Al amparo de estos datos, resulta opima la caracterización lingüística de la mujer que se lleva a cabo en las relaciones de sucesos estudiadas. Habrá de tenerse en cuenta cómo las relaciones de sucesos en verso, dirigidas al público de todas las edades, podían servir muy satisfactoriamente como instrumento de control social (Iraceburu, 2019b) al hacer llegar a los estratos más humildes de la sociedad las nociones de los tratados sobre las mujeres de la época. Si bien es cierto que la función primera de las relaciones de sucesos era informar, a esta se le añadía la función de entretener y, por último, la de condicionar la opinión y el pensamiento en cuestiones morales, religiosas y también políticas de aquellos que todavía no tenían acceso a la literatura escrita. Por lo tanto, cabría discernir entre varios niveles de lectura en una misma relación de sucesos, en este caso en verso (Iraceburu, 2019b). Cabría preguntarse, además, hasta qué punto era consciente el auditorio del mensaje subrepticio que yacía en estas historias prima facie amenas y ligeras.
Así pues, de acuerdo a esta caracterización lingüística de la mujer, se han establecido diferentes categorías, que no hacen sino subrayar la percepción de la figura femenina en las centurias estudiadas, a saber: la mujer hermosa, la mujer parlera, la mala mujer, la mujer objeto, la mujer impía, la mujer envidiosa, la mujer como bestia, la mujer delincuente, la mujer libertina, la mujer bruja/hechicera, la mujer litigante, la mujer enemiga universal del hombre y la buena mujer.
Según lo constatado en estas páginas, parece afirmarse la multiplicidad de caras que constituyen el complejo poliedro de la figura femenina, cuya imagen se proyecta a través de numerosos matices, que en la mayoría de los casos, dejan mucho que desear.
Con el fin de caracterizar a las mujeres, el emisor de las relaciones de sucesos esgrime la adjetivación (y en particular, la superlación analítica175) como su mejor herramienta lingüística, a la que se sumarán la comparación y la subordinación consecutiva, de acuerdo con los rasgos del molde discursivo de las relaciones de sucesos en prosa (Iraceburu, 2018).
Así las cosas, sirva esta primera aproximación léxica a las relaciones de sucesos en verso como llamada a futuros estudios del léxico de estos documentos, con el fin de dilucidar los posibles lugares comunes en esta documentación para caracterizar la figura femenina, continuando de esta manera con el estudio sobre el léxico iniciado por Iraceburu (2018). Es aquí donde el lingüista encuentra una caudalosa fuente de datos que viene a corroborar la representación de la mujer a través del léxico de acuerdo con los trabajos iniciados por Tabernero (2010, 2013b, 2015), Usunáriz (2019) y Tabernero y Usunáriz (2016 y 2019) sobre las injurias en el Siglo de Oro.
De esta manera, las relaciones de sucesos podrían contemplarse como un testimonio más, como un altavoz de los discursos que se pronunciaban en las plazas públicas, donde se discutía el honor de la gente. Se erigen, por tanto, las relaciones de sucesos como un posible reflejo de la oralidad (fingida o no) del momento, pues el retrato dibujado de la mujer en estos documentos se dilucida gracias al discurso directo de los personajes participantes en las historias referidas. Es entonces cuando se aprecian notables divergencias en cuanto al registro empleado. Muestra de ello sea el pliego en el que se menciona a Cicerón y a otros personajes históricos; frente a un registro más bajo, como el de la relación que refiere la pelea de los viejos. Este hecho permite cuestionar de nuevo la identidad de los autores de las relaciones de sucesos en verso, ya que, si bien es cierto que siempre es alargada la sombra que posa sobre estas de la monarquía y de la Iglesia durante el Siglo de Oro176, también es cierto que los emisores podían disfrutar de una mayor libertad a la hora de narrar determinados sucesos, al no tratarse estos de asuntos militares ni políticos, de primer orden social. De este modo, con la excusa de divertir se pretende enseñar y hasta cierto punto «adoctrinar», especialmente a las mujeres, erigiéndose así las relaciones de sucesos como pseudo-tratados subrepticios de conducta y de comportamiento.
Ha de tenerse en cuenta, además, que las relaciones de sucesos en verso abordan a menudo hechos extraordinarios, esto es, fuera de lo común, de modo que, al ser su contenido más libre, también este ofrece una mayor libertad a la lengua, que no debe seguir unos moldes tan estrictos como las relaciones de sucesos en prosa, en las que urgía transmitir el contenido con la mayor premura posible, pues debía hacerse saber que se habían ganado batallas militares fuera de las fronteras, que el monarca había fallecido o que la reina había dado a luz a un heredero, entre otras cosas. En ellas urgía su publicación y difusión, frente a las relaciones de sucesos en verso, cuyo contenido servía para entretener y no tanto para informar. Además, la forma (el romance la mayoría de las veces) constreñía la lengua por la rima y el metro, lo que no daba lugar a demasiada formalización en el lenguaje, frente a las relaciones de sucesos en prosa. Resulta altamente significativo cómo las relaciones de sucesos ofrecen un fresco in extenso del estado de la lengua en los siglos XVI, XVII y XVIII. Así pues, una posible vía de investigación sería la extrapolación de este análisis al estudio de la lengua de las relaciones del siglo XVIII, no tan estudiadas, debido a que el máximo esplendor de la literatura relacionera tuvo su auge durante los siglos áureos.
Se antoja un aspecto de singular interés cómo las relaciones en verso se erigen como reflejo de la importancia del papel social de la mujer en el Siglo de Oro, que debía estar siempre supeditada a la figura del varón.
Sirvan estas páginas para subrayar la necesidad de llevar a cabo estudios lingüísticos sobre las relaciones de sucesos y centrar estos en la figura de la mujer, quien todavía tiene tanto que decir a través de estos testimonios que hasta ahora han permanecido en silencio.
Agradecimientos
Este trabajo se enmarca en el proyecto interdisciplinar «Universos discursivos femeninos: élites y cultura popular» (HAR2017-84615-P), financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno de España.
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CORPUS DE RELACIONES DE SUCESOS
1. Coplas del caso desastrado, y muerte del Peinero y su mujer, y de la justicia que hicieron del malhechor que cometió el caso, en este año Año de 1600. Con Licencia del Ordinario. Impresas en Barcelona, en la Estampa de Gasper Leget. al carrer de la Palla. Año. 1600. [Relación 1 (1600)]177
2. VERÍSIMA RELACIÓN, DONDE se cuenta la gran crueldad que una mujer usó con su marido, y una doncella vecina suya, de envidia que de ella tuvo, por casarse ella con un mancebo con quien la doncella estaba concertada, y la gran justicia que della se hizo, y de otra ama suya, que fue quien la aconsejo a hacer esta traición, con otros casos que en la obra se verá: juntamente con un gracioso Romance al cabo. Compuesto por Francisco Pérez. Impreso con licencia en Barcelona, año de 1606. [Relación 2 (1606)]
3. RELACION VERDA-dera de la santa Unión, firmada en esta noble y leal ciudad de Barcelona, contra toda suerte de gente de mala vida: donde se cuentan los bienes que ha hecho y hace cada día, mudando los hombres de mal en bien. Es obra muy curiosa y apasible para quien lo leyere, porque finge el Autor la Unión en una dama, que va exhortando a los hombres y mujeres de toda suerte de vicios: van las coblas [sic] glosadas al cabo con romances antiguos, que dan mucho gusto y contento. Compuesta por el Pastor Frejano. [Relación 3 (1606)]
4. Relación muy verdadera la cual trata de un milagro que nuestro Señor Jesu Cristo obró con un Duque Luterano: en Francia, y era señor el Duque de unas villas junto a Ginebra, y era que maltrataba a los pobres, y pelegrinos: y la mujer del Duque era cristiana: y los recogía de secreto. En la presente obra se declara como la Duquesa dio posada a Cristo en la figura de Pelegrino. Lleva un Romance nuevo en alabanza de la santa Cruz. Compuestas por Bernardo de Salinas, en este presente año. Impresas con licencia en Cuenca en casa Salvador de Viader, Año 1613. [Relación 4 (1613)]
5. RELACIÓN VERDADERA en que se da cuenta, cómo una mujer llamada la Baltasara, después de haber andado muchos años, en diversas compañías de representantes, viviendo libre y desenvuelta, con escándalo de todos los que la conocían, se volvió a Dios, y arrepintiéndose de todo corazón de sus pecados, se recogió a una ermita junto a Málaga, llamada la Virgen de la Esperanza, donde hizo tres años santísima vida con perpetuos ayunos, y penitencias, y después dellos la hallaron muerta incada de rodillas, y abrazada a un Cristo, estando desta manera dos días tan firme, y entera, como pudiera hacerlo viva: demás desto se refiere cómo tres lugares circunvezinos de la ermita, trujeron pleito sobre cuál dellos había de llevar el cuerpo. Compuesto por Valentín de Miranda. Impreso en Valencia, y ahora: con licencia en Barcelona por Esteban Liberós. 1615. [Relación 5 (1615)]
6. RELACIÓN VERDA-DERA, EN LA QUAL SE DA cuenta cómo el Señor Presidente del Real Consejo de Castilla mandó quemar gran can-tidad de balonas, zapatos, puños, ligas, cosas superfluas, de las cuales mujeres ordinarias usaban: y el llanto de los Mercaderes, y el contento de toda Madrid. [Relación 6 (1621)]
7. SUCESO ATROZ Y ESPANTOSO que HA ACONTECIDO A UNA malacondicionada mujer, que maldiciendo a sus hijos, les ofrecía al Diablo, y lo que sobre esto aconteció. Compuesto por Jaime Ferminet Valenciano. [Relación 7 (1625)]
8. ROMANCE que Cantó el Pastor Lucrecio, después que hubo corrido a riendas sueltas tras las mujeres: En el cual explica el gran daño que causa la mala mujer, y el bien que la buena mujer causa. Escrito por otro Pastor, llamado Planzon, mientras Lucrecio le cantaba. [Relación 8 (1628)]
9. VERDADERA RELACIÓN, Y CURIOSO ROMANCE, EN que se declara el escandaloso, inaudito, y grave desacato que ha ejecutado en esta Coronada Villa de Madrid una infeliz, viciosa, y desordenada Mujer, ultrajando insolente el Soberano Cuerpo de Cristo nuestro Redentor, en la Sacratísima Hostia Consagrada; y el riguroso ejemplar castigo con que ha sido públicamente afrentada en pago de igual sacrílego atrevimiento. Sucedió día 25. de marzo de este año 1753. [Relación 9 (1753)]
10. RELACIÓN CIERTA, Y VERDADERA, DEL MÁS ESTUPENDO, y espantoso caso que se ha oído, sucedido en la Ciudad de Córdoba por junio deste presente Año de 1672. Hácese relación de un desalmado hombre, que en una noche de casado degolló a su mujer, a su suegra, una niña, y dos parientas de su esposa. [Relación 10 (1672)]
11. VERDADERA RELACIÓN, que REFIERE UN PRO-digioso milagro que Dios Nuestro Señor obró por intercesión de Nuestra Señora de Gra-cia, con una mujer llamada María García, mujer de Andrés Pé-res. Dase cuenta de cómo un compadre suyo la quiso gozar en una casería media legua de Carmona. camino de Cantillana, y cómo el compadre a una criatura de la mujer la dividió en cuatro cuartos, y echó en el fuego y defendiéndose la mujer del mal intento del compadre y con un chuzo lo atravesó, y dejó muerto suce-dido a seis de junio deste año de 1675. [Relación 11 (1675)]
12. RELACIÓN BURLESCA EN CONTRA DE LAS MUJERES. COMPUESTA POR DON AGUSTÍN NIETO. [Relación 12 (s. a.)]
13. NUEVA RELACIÓN, Y CURIOSO ROMANCE, EN QUE SE DA cuenta, y declara un horroroso caso, que ha sucedido en la Ciudad de Oviedo, con una mujer llamada Josefa Álvarez, natural de la mis-ma Ciudad, la cual estuvo catorce días sin comer; hablar, ni dormir, ni tener en su rostro señales de persona humana, por habércele desfi-gurado el Demonio en figura de un horrible Gato negro: Aquí se refier [sic] el desastrado fin que tuvo en pena de su mala vida. Era Bruja Hechicera, y vivió más de cincuenta años en sus perversas costumbres. Sucedió a 6. de julio del año de 1752. [Relación 13 (1752)]
14. BREVE RELACIÓN, que DECLARA, Y DA CUENTA DE UN CASO maravilloso, sucedió en la Ciudad de Alcaraz, tierra de la Mancha con una mujer maldiciente, que habiendo parido ofreció muy de-veras al maligno su pecho. Refiérese cómo se le apareció una espanto-sa culebra, agarrándosele del pecho izquierdo, decláranse las diligen-cias que hicieron, y circunstancias que pasaron para quitar aquella fiera, y no pudieron lograr su intento, lamentable suceso con-que causó notable admiración, sucedió martes pos-trero de marzo desde año de 1671. [Relación 14 (1671)]
15. RELACIÓN, Y CURIOSO ROMANCE, EN que SE DA cuenta de una reñida pendencia, que tuvieron marido, y mujer, muy viejos; las cosas graciosas que pasaron, y otras cosas que se verán en este Romance. [Relación 15 (s. a.)]
RELACIONES DE SUCESOS CONSULTADAS
RELACIÓN DEL MILAGRO, QUE OBRÓ DIOS POR INTECESIÓN de San Luis Gonzaga, a primero de marzo de 1765. en Sor María Josefa Ramona de San Fermín, Pérez de Eulate, Religiosa del Convento de Santa Clara de la Villa de Tolosa en Guipúzcoa, y declarado en debida forma, y mandado publicar por el Ilustrísimo Señor Don Gaspar de Miranda, y Argaiz, Obispo de Pamplona, del Consejo de Su Majestad etcétera […] Don Francisco Ignacio de Altolaguirre, Secretario. En Pamplona, en la Imprenta de Pasqual Ibáñez. Biblioteca Digital de Navarra.
RELACIÓN EN que SE DA CUENTA DEL DI-choso parto de la Reina, y el testamento que hizo delante del Inquisidor general, y el Conde de Olivares, y el padre fray Simón de Rojas su Confesor. Dase también cuenta de la llegada del Príncipe don Carlos a Londres, y el gran recebimiento que se le hizo, y cómo mandó dar libertad a los católicos que estaban presos (1623). [Sevilla, Gabriel Ramos Bejarano, 1623.] [Catálogo de relaciones de sucesos en la biblioteca de la Universidad de Sevilla.]
RELACIÓN DE LOS FELICÍSIMOS CASA-mientos de los Reyes, y Príncipes de España, y Francia, quién fueron los intérpretes, los prelados que los desposaron, las solemnes fiestas que se hicieron, y las personas de títulos que se hallaron en ello; la victoria que tuvo el gran Mariscal de Francia contra el Príncipe de Condé, rebelado contra su Rey, y otras cosas notables, y de mucho gusto. (1615). [Sevilla, Clemente Hidalgo, 1615.] [Catálogo de relaciones de sucesos en la biblioteca de la Universidad de Sevilla.]
RELACIÓN DEL FELIZ VIAJE DE LA SEÑORA EMPERATRIZ, DESDE el Puerto del Final, a Viena de Austria: y Desposorios de sus Cesáreas Majestades, celebrados en aquella Imperial Corte domingo 8. de diciembre de 1666. (1667). [Sevilla, Juan Gómez de Blas, 1667.] [Catálogo de relaciones de sucesos en la biblioteca de la Universidad de Sevilla.]
RELACIÓN VER-DADERA DE LAS HONRAS que se hicieron a la Reina nuestra señora doña Margarita de Austria las cuales se celebraron en la Villa de Madrid, Corte de su Majestad a su costa, en diecisiete de noviembre, de mil y seiscientos y once, en el convento Real de san Jerónimo. (1611). [Toledo, Pedro Rodríguez, s. a.: c. 1611.] [Catálogo de relaciones de sucesos en la biblioteca de la Universidad de Sevilla.]
MEMORABLE SUCESO, que ESTE AÑO DE MIL Y SEISCIENTOS Y VEINTE Y cuatro a veinte y cinco del mes de otubre, se vido en Sevilla, escrito a un amigo, en que le da cuenta de cómo un hombre habiendo preso a su mujer por adúltera, y sentenciados a degollar por manos de su marido, se le entregaron en un cadahalso, para que ejecutase la sentencia: declárase el principio del caso, el medio que tuvo, y el buen fin que se consiguió. (1624) [Sevilla, Manuel Jiménez, 1624] [Catálogo de relaciones de sucesos en la biblioteca de la Universidad de Sevilla.]
Notas