Dossier monográfico

Cuando otra Asturias parecía posible: regionalismo y la izquierda heterodoxa en la Transición

When another Asturias seemed possible: Regionalism and the heterodox Left during the Spanish Transition to Democracy

Patrick W. Zimmerman
PrincipallyUncertain.com, España

Cuando otra Asturias parecía posible: regionalismo y la izquierda heterodoxa en la Transición

Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, núm. 17, pp. 155-182, 2018

Universidad de Alicante

Recepción: 30 Enero 2018

Aprobación: 29 Mayo 2018

Resumen: La Transición en Asturias pasó por una confluencia entre el regionalismo y los parti dos minoritarios de la izquierda. A través de conexiones personales e ideológicas, los regionalistas extendieron su influencia sobre los partidos del ámbito intelectual: La Democracia Socialista Asturiana, el Movimiento Comunista de Asturias, y el Partido Socialista Popular de Asturias.

Aunque nunca tuvieron éxito en las urnas, el entorno regionalista consiguió influir en la definición de la nueva democracia en Asturias en la misma medida que el proceso autonómico, a través de su campaña electoral y de la integración en el PSOE del bloque regionalista del PSPA. A partir de 1977, el PSOE se alzó como fuerza dominante, pero lo hizo solo parcialmente debido a la incorporación y cooptación de otras corrientes de la izquierda.

No se puede entender la Transición centrándonos únicamente en los vencedores de las elecciones. Es necesario también tener en cuenta el ambiente político de la época y la diversidad de los grupos que contribuyeron a la articulación del nuevo concepto democrático.

Palabras clave: Asturias, Regionalismo, Izquierda, Transición.

Abstract: The Transition in Asturias saw an intersection between regionalism and the minority parties of the left. Through personal and ideological connections, the regionalists ex tended their influence over the parties of the intelligentsia: Asturian Socialist Demo cracy, the Communist Movement of Asturias, and the Popular Socialist Party of As turias.

Although unsuccessful at the polls, the regionalists managed to influence both the definition of the new democracy in Asturias and the autonomy process through their election campaign and also through the merging of the PSPA regionalist block with the PSOE. From 1977 onwards, the PSOE became dominant but they did so only par tially due to the incorporation and the cooption of other leftist trends.

The Transition to democracy cannot just be understood by focusing on the elected winners; rather it is necessary to pay attention to the political environment of the time and the diversity of the groups that contributed to the articulation of the new concept of democracy.

Keywords: Asturias, Regionalism, Leftism, Spanish Transition.

1. Las conexiones entre el regionalismo asturiano y la oposición democrática

Durante los primeros años de la Transición, el regionalismo cultural vio un surgimiento de militancia rápida en Asturias, un movimiento político que apareció de repente y se encontraba capaz de insertar elementos de su agen da en los debates públicos sobre la estructura del nuevo estado español. Los regionalistas nunca tuvieron mucho éxito con el establecimiento de ningún partido propio (en 1977, Unidad Regionalista no superó el 2% del voto). Sin embargo, mientras sus partidos tuvieron poco impacto, la corriente regionalis ta influyó bastante el clima político del tiempo por la presión que puso sobre los partidos de la izquierda y centroizquierda y la incorporación simultánea de importantes militantes en ellos. A principios de la Transición, hubo un acer camiento entre el sector regionalista y otros grupos de la oposición, en parti cular los partidos de la izquierda radical. Tuvo influencia acusada en el ámbi to universitario y (por entonces) con los partidos de los intelectuales izquierdis tas: La Democracia Socialista Asturiana (DSA), el Movimiento Comunista de España, y el Partido Socialista Popular de Asturias (a lo cual unió la DSA en masse en 1976).

Es difícil evitar el positivismo en el análisis de la Transición española (o cualquier otra época histórica), aunque bastante importante. Desde el punto de vista del futuro, con las cifras, hemerotecas, archivos, y resultados electorales ya catalogado, es atractivo enfocarse en como salieron las cosas, en la cuestión: ¿cómo llegó a ser así? Esto, claramente, es peligroso; corre el riesgo de borrar la complejidad caótica del mundo real. Cualquier historia es una abstracción, una simplificación, un señal entre el ruido de las sociedades humanas….pero no tiene que ser un monólogo. Es útil pensar, en vez de narrativas históricas, de posibilidades y probabilidades. En un momento, ¿cuáles de los escenarios posibles fueron más probables, y cuáles menos? ¿Y cómo cambiaron las proba bilidades con el tiempo?

El Partido Socialista Obrero Español salió hegemónico de la Transición, dominante de la centroizquierda, la única opción del sector socialdemócrata. Sin embargo, este éxito no fue nada predestinada sino condicional, sobre todo si el historiador busca al nivel provincial o comunitario. En la Asturias del tardofranquismo, hubo muchas corrientes del marxismo y socialdemocracia dentro de las coaliciones del antifranquismo. El PSOE no era el grupo más influyente dentro de la izquierda (que eran sin duda las CC..OO..), sino sim plemente un partido más. En los primeros años 70, la oposición parece más una red de grupos vinculados por conexiones políticos, sociales, y culturales que una banda de guerrillas o militantes clandestinos. Grupos obreros, burgue ses, y estudiantiles, asociaciones de vecinos y grupos culturales, y bandas de música, arte, y literatura formaron parte de esta red.

Así, el regionalismo cultural y lingüístico asturiano empezó a ser vinculado simbólicamente e ideológicamente con la izquierda de la oposición, un contraste marcado con el folclorismo sancionado por el régimen (Uría Gon zález, 1984; 1985; Boyd, 2002; Blanco Martín, 2012; Fernández Conde, 2018)1. Aunque en toda probabilidad era tanto por su (nueva) asociación con grupos que oponían al poder central de la dictadura que por cualquier interés natu ral de los militantes de la oposición en el regionalismo o nacionalismo astu riano, empezando en los primeros años 70, el movimiento democrático incorporó más y más las señas del regionalismo asturiano en sus protestas, especial mente notable por el uso de la lengua autóctona en carteles y pintadas. Signos de carretera fueron «corregidos» (Conceyu Bable, 1975c; 1976c) y lemas astu rianistas fueron pintadas en paredes, carreteras, y árboles de la región (Conceyu Bable, 1975a; 1975b; 1976b; 1976a; 1976c). La cuestión lingüística empezaba ser sustituido por la cuestión democrática a nivel simbólico. En muchos casos, artículos y cartas a los periódicos y revistas locales discutieron detalles lingüís ticos (por ejemplo, si el asturiano era lengua o dialecto), pero tanto los auto res de los polémicos como los lectores sabían que el sujeto verdadero del deba te fue el mismo Asturias y su relación con el Estado Español.

En aquella época, la divergencia entre los términos y conceptos de «regiona lismo» y «nacionalismo», hoy en día políticamente significativo, en gran parte no existía. El Regionalismo asturiano del fundador de la DSA, Pedro De Silva CienfuegosJovellanos (De Silva, 1976) contuvo muchos elementos que hoy en día podrían ser considerados nacionalistas: propuso que el gobierno regional controlara sus propias financias, identificó los asturianos como un grupo etno lingüístico diferenciado, mantuvo que las diferencias culturales entre Asturias y Castilla deben estar manifestados por un grado de separación política, etcétera. Esta concordancia también fue una adaptación al ambiente semiclandestino de la oposición; el uso de la palabra «regionalista» en la mayoría de los casos pro vocó mucho menos atención policial de un régimen particularmente paranoico sobre temas del nacionalismo (con razón, en algunos casos).

En una manera semejante, la distinción actual entre «independencia» y«autonomía» todavía no se han solidificado antes de su codificación en la cons titución de 1978, la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico de 1982, y los Estatutos de Autonomía aprobados entre 1979 (Cataluña) y 1983 (Castilla y León). Es importante destacar que la definición actual de «nacionalismo», basada en un deseo explícito de independencia (eventual), resultó de un largo proceso de articulación a lo largo de los años 70 y 80. Al principio de la Transición, las categorías eran menos claras. De igual impor tancia, las corrientes políticas y culturales del regionalismo estaban muy rela cionados. Muchos de los miembros prominentes de la DSA (y luego el PSP) eran también miembros del grupo asturianista más importante e influyente, Conceyu Bable, notablemente Xuan Xosé Sánchez Vicente (uno de sus funda dores), Xosé Lluis Carmona, Carlos Rubiera Tuya, y Xesús Cañedo Valle. Mientras Carmona dejó el PSP en 1976 para participar en la fundación del pri mer partido abiertamente nacionalista en Asturias, el Conceyu Nacionalista Astur(Carmona, 2008 entrevista; Zimmerman, 2012), Sánchez Vicente, Rubiera, y Cañedo quedaron con un pie en el ámbito del nacionalismo cultural y uno en el mundo del regionalismo político del PSP.

Hubo una elevada conciencia de la oportunidad de un cambio fundamen tal en los primeros años de la Transición, en Asturias igual que en el resto del país, compartida tanto por la oposición como por los que apoyaban el régimen. Ya en el verano de 1976, aunque los elementos intransigentes del viejo régi men, el búnker, intentaron impedir, contener, y minimizar tal cambio, el des pertar de los sectores marginados de la política española estaba en marcha, en muchos casos todavía ilegalmente. Por una parte, las culturas regionales de la periferia del estado «una, grande, y libre» emergieron de los ámbitos del fol clorismo y la vida privada, cada una de ellas con partidarios de su reconoci miento en la vida pública del nuevo sistema posfranquista. Por otra parte, los partidos políticos de la izquierda empezaron a organizarse rápidamente en movimientos de masa.

La época entre la muerte del dictador y la consolidación del nuevo Estado de las Autonomías a principios de los 80 fue un periodo fluido, en parte pro movido por esa conciencia de cambio. Esto es, el sentido general en que los cambios radicales en el estado y la sociedad eran inminentes en esta época condicionó en gran parte la conducta tanto de los políticos como los ciuda danos. De esa forma, el paso del cambio parecía un ciclo de retroalimentación positiva, y los grupos políticos y culturales en Asturias, como todos los demás en el Estado, corrieron a posicionarse para aprovechar las oportunidades. En muchos sentidos, la apertura empezó antes de la enfermedad de Franco en 1974 y, en Asturias, acabó con la fusión de los dos partidos socialistas y la marginación del resto de la izquierda, después de la cual ninguna fuerza llegó a desafiar al grupo socialista por más que veinte años.

El proceso de consolidación de la centroizquierda, culminando en la he gemonía del PSOE, fue también un estrechamiento ideológico. Es evidente que las elecciones de 1977 fueron claves. Después de esto, los partidos de la izquier da y el mundo regionalista socialista efectivamente abandonaron sus preten siones de montar una alternativa seria al PSOE, y la mayoría de los heterodo xos se sometieron a la ortodoxia. La unificación socialista después de la inau guración del nuevo orden electoral efectivamente marginó y borró la cultura política de los años de oposición, un ambiente caracterizado por redes super puestos de ideologías heterodoxas, marginando el regionalismo como el resto de la izquierda.

2. El regionalismo respetable: Pedro de Silva, Democracia Socialista Asturiana, y el Partido Socialista Popular de Asturias

En diciembre de 1974, Pedro de Silva CienfuegosJovellanos fundó un grupús culo de oposición pequeño, pero importante: La Democracia Socialista Asturiana, un grupo de ente cuarenta y cincuenta militantes activos. De Silva, un miembro notable de la burguesía gijonesa, era activo en el mundo clandestino de la oposición antifranquista, colaborando principalmente con el PCE (aun que nunca fue miembro) (De Silva, 2008 entrevista).

Con la vida del dictador llegando a su fin, la mayoría de las organizacio nes clandestinas eran capaces a salir por lo menos parcialmente del escondi te. El Partido Comunista, el Partido Socialista, los sindicatos, y los grupos de oposición centrados alrededor de ellos interpretaron (correctamente) la hos pitalización de Franco (de julio a setiembre de 1974) y su diagnóstico de enfer medad de Parkinson como signos de su muerte inminente y, por entonces, empezaron de organizar coaliciones antifranquistas más amplias. El PCE puso en marcha la Junta Democrática de España (19746) y el PSOE la Plataforma de Convergencia Democrática (19756), que después fusionaron para formar la Coordinación Democrática (también llamada la «Platajunta») (Junta De mocrática de España, 1974; Vilar, 1976; Miguez González, 1990; Vega García, 1995; 1999; Erice, 1996; Muñóz Barrutia, 2008). El Partido Comunista ya no era considerado un partido revolucionario, sino más bien un «plataforma antifranquista», un mecanismo de organización general y un punto de encuen tro para la oposición. Mucho más que al PSOE, el PCE atraía el interés de los intelectuales, estudiantes, y profesionales, siendo visto como la mejor oportu nidad para el cambio democrático, y su influencia creció durante el tardofran quismo. Asimismo, fue una conexión natural para De Silva, aunque la DSA mantenían también un nivel de coordinación con el PSOE, incluyendo por lo menos un pronunciamiento en común (Plataforma de Convergencia Demo crática de Asturias, 1975).

Después de participar en la fundación de la Junta Democrática en agosto de 1974, De Silva percibió que «existía una demanda objetiva en la sociedad asturiana de un partido que represente las ideas de la izquierda desde una pers pectiva regional» (De Silva, 2008 entrevista). Escogiendo formar un grupo inde pendiente en Asturias en vez de participar activamente en la expansión del Partido Comunista, De Silva organizó la Democracia Socialista Asturiana. La DSA pasó la mayor parte de 1974 y 1975 intentando atraer el apoyo de grupos profesionales de la provincia, aprovechándose de las redes sociales y profesio nales ya existentes de sus fundadores burgueses. La DSA se ajuntó a Coordi nación Democrática en marzo de 1976 después de la fusión de las coaliciones de oposición (en exilio), como hicieron muchos de sus homólogos en otras regio nes de España, como la Alianza Socialista de Andalucía, el Partido Socialista de Aragón, el Movimiento Socialista de Baleares, la Alianza Socialista de Castilla, o el Partido Autonomista Socialista de Canarias (Cueto, 1976).

Mientras estaba claro que la DSA tenía una militancia fundamentalmente burguesa, su ideología era abiertamente socialista y poco diferente de la del PSOE. De los tres objetivos básicos de la DSA, «democracia, socialismo, y regio nalismo», el socialismo, ciertamente, tenía mayor importancia (en el plano retórico, por lo menos) que el aspecto regionalista. Sin embargo, su inclinación regionalista era una de las mayores atracciones del partido, lo que lo diferen ciaba del PSOE (de ámbito nacional, centralista, y más bien «jacobino») (De Silva, 2008 entrevista). La atención de la DSA a los problemas específicos de Asturias, principalmente los problemas de la desindustrialización, la emigra ción, el estancamiento del sector agrícola, y una infraestructura deficiente en el sector del transporte, era bastante atractivo para los asturianos que se sen tían ignorados por los líderes políticos de Madrid (o, en el caso de la oposi ción, de París, Londres, y la Ciudad de México). En consecuencia, aunque el asturiano no era su lengua materna ni nunca consiguió fluidez en el idioma, De Silva y su Democracia Socialista Asturiana representaron una organización que llegó a promocionar la igualdad lingüística como parte esencial de una autonomía justa.

Un año después de su fundación, la DSA buscaba una manera de ampliar su influencia más allá que su base de universitarios y profesionales, centrados en Gijón. Hubo discusiones sobre la posibilidad de una fusión con la Recons trucción Socialista Asturiana, asociado con la Unión Sindical Obrero (USO)2. Sin embargo, nunca lo consiguió, y por entonces la DSA asistió (como obser vador) a la reunión constituyente de la Confederación Socialista (que estable ció la Federación de Partidos Socialistas) en noviembre de 1975,3 pero nunca se integró en la federación. En tal reunión, también fue evidente que el PSP, siendo un partido de ámbito nacional, no pudo caber dentro del concepto, una confederación de grupos regionales, que la DSA tenía sus dudas, y que Reconstrucción Socialista estaba dispuesta integrarse (Anón, 1976). La DSA, incapaz de llegar a un acuerdo de unificación con Reconstrucción Socialista (que eventualmente entró en la FPS) (Anón, 1977) ni interesado en el requi sito del PSOE de que todos sus militantes fueron obligados a entrar en el UGT, decidió unirse al PSP. Tampoco fue la ruptura con la FPS tan amarga; el PSP y la FPS presentaron una candidatura conjunta en las elecciones de 1977 bajo el nombre Unidad Socialista.

Con el fin de tener más influencia sobre los cambios políticos que ya acer caron la región, la DSA tomó la decisión de integrarse en uno de los partidos socialistas en una reunión de junio de 1976. Tanto el PSOE como el PSP man daron representantes a la DSA para presentar su caso en una junta del ejecu tivo el día antes del congreso de la DSA. Ambos partidos enviaron figuras bien conocidos para encabezar sus delegaciones: Raúl Morodo por parte del PSP (vicepresidente del partido del Enrique Tierno Galván) y Miguel Boyer por parte del PSOE (luego Ministro de Economía en el primer gobierno de Felipe González). Desde la «voluntad regionalista demostrado por parte del señor Tier no Galván… [admitía] de alguna manera la figura del partido regional federa do» (De Silva, 2008 entrevista), el congreso general de la DSA decidió integrar se en el Partido Socialista Popular de Asturias (oficialmente, aunque raramen te usado, también llamado por su nombre asturiano: el Partíu Socialista Popular d’Asturies).

La influencia del regionalismo sobre la política asturiana fue transmitida por una red de conexiones personales y sociales entre miembros de grupos regiona listas y culturales y los partidos políticos de la oposición. Un nodo clave de esta red fue la conexión entre la Democracia Socialista Asturiana y la asociación cultural Conceyu Bable, un grupo fundado en el verano de 1974 y partidario de la reivindicación, promoción, moderniza ción, y normalización de la lengua y cultura autóctona de Asturias. Aunque probable mente nunca superaron doscientos miem bros, el Conceyu Bable tuvo socios en la ma yoría de los partidos de la izquierda, con par ticular influencia en la DSA y en el Movi miento Comunista de Asturias. Xuan Xosé Sánchez Vicente, a la vez fundador del Con ceyu Bable y miembro de la DSA, es un ejem plo destacable. Sánchez Vicente, también conocido como «el Roxu» (por el color de su política tanto por el de la barba) (Sánchez Vicente, 2009 entrevista), pasó con el grupo gijonés a militar en el PSP, y, después de la fusión con el PSOE, encabezó la Comisión Cultural del Gobierno Provisional (en la época preautonómica, 197981), donde consiguió la inclusión de protecciones por la lengua asturiana en el nuevo Estatuto de Autonomía, aunque no la ofi cialidad (Ibid., BOE, 1982)4.

Publicidad del PSP en asturiano. 1976 o 1977
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Publicidad del PSP en asturiano. 1976 o 1977

Describiéndose a sí mismo como un «regionalista duro» (De Silva, 2008 entrevista), De Silva incorporó mucho del programa cultural y lingüístico de los nacionalistas del partido (principalmente entre ellos, Xuan Xosé Sánchez Vicente y Xuan Cándano), tomando posiciones del partido a favor de la des centralización económica y política del Estado español. Pese a sus orígenes dentro de la alta burguesía gijonesa (y por entonces monolingüístico en caste llano), De Silva inauguró, varias veces, los actos del Día de les Lletres con un discurso en la lengua autóctona (Anón, 1985). De hecho, la eventual imple mentación de los aspectos lingüísticoculturales del Estatuto de Autonomía (cla ses del asturiano en las escuelas, creación de la Oficina de Política Llingüística,5 etcétera) ocurrieron bajo las dos administraciones de De Silva como presiden te de la Comunidad Autónoma (198391). Según él, los gestos de su gobierno hacía el asturianismo resultaron de un grupo regionalista minoritario, el rema nente del antiguo PSP, dentro de un PSOE fundamentalmente centralista (De Silva, 2008 entrevista). El Partido Popular de Asturias de Francisco Prendes Quirós y Pedro de Silva y, después de la fusión de los dos principales partidos socialistas, su grupo regionalista dentro del PSOE, fue la vía principal por la cual la presión política por parte del regionalismo asturiano influyó en la cons trucción del nuevo sistema posfranquista en Asturias.

3. Frente unido, frente quebrado: Unidad Regionalista y la adopción del regionalismo por la izquierda radical

A la misma vez, la célula asturiana del partido maoísta el Movimiento Comunista comenzó a integrar la ideología regionalista en su visión de un estado español descentralizado, reforzando las conexiones entre los sectores radicales, univer sitarios, y burgueses por vía del hilo del regionalismo cultural y económico. Formado de la fusión de un grupo estudiantil, la Frente de Liberación Popular (la «Felipe»)6 con el Movimiento Comunista basado en Euskadi (Uría Ríos, 2008 entrevista; Masip Hidalgo, 2009 entrevista),7 el grupo tenía un protago nismo importante en la campaña por la autonomía asturiana y la reivindica ción de la lengua asturiana. Fue el primer partido en redactar un anteproyec to de autonomía en 1975 (Movimiento Comunista de Asturias / Movimientu Comunista d’Asturies, 1975), y fue un participante activo en la campaña (or ganizado por el Conceyu Bable) el año siguiente a favor de «bable nes escueles, autonomía rexonal» (bable en las escuelas, autonomía regional).

Pancarta del MCA. 1978
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Pancarta del MCA. 1978

Tal campaña culminó en una manifestación el 22 de junio de 1976 en Gijón, convocado por el Conceyu Bable con la participación del MCA junto con la Unión Sindical Obrera (USO), Reconstrucción Socialista, y miembros del DSA/PSP (en proceso de fusión) y el PCE (Díaz, 1976). La manifestación «bable nes escueles», solo la segunda permitida en la región, representó la pri mera oportunidad para los grupos de la oposición para una protesta pública, pacifica, y legal. La campaña y, por entonces, el movimiento regionalista en general, actuaba como un símbolo y un mecanismo del cambio por parte de la izquierda democrática asturiana. A la vez, en una época sin los sondeos políti cos, estos mismos factores provocaron la sobreestimación de la fuerza del apo yo popular para el regionalismo, tanto por parte de los asturianistas que por el parte de los partidos de la izquierda.

A fines de 1976, el MCA, la Organización Comunista de España (Bandera Roja), el PCE (VIIIIX), el Partido Comunista Obrero Español, y el Partido Comunista de los Trabajadores firmaron un «manifiestu» en asturiano a favor de una autonomía (O.C.R. (B.R.) et al., 1976),8 indicando el grado a que los partidos minoritarios de la izquierda habían incorporado el regionalismo cultu ral. El manifiesto citó la campaña «bable nes escueles», considerándola «la co mienza de una amplia campaña popular a favor de la AUTONOMÍA y en con tra de todos los impedimentos que la derecha y la izquierda reformista están creando» (Ibid.)9. Poco después, la Bloque Asturiano de Izquierda, una coalición entre el MCA, Reconstrucción Socialista, y Oposición de Izquierda, comenzó a negociar una candidatura regionalista par las primeras elecciones generales del próximo año con miembros del Conceyu Bable, el PSP, la USO, el Partido de los Trabajadores de España, y figuras independientes de la oposición asturiana (Antonio Masip, por ejemplo). (Movimiento Comunista de Asturias y Recons trucción Socialista de Asturias, s/f prob 1976; Bloque Asturiano de Izquierda, s/f prob 1976). Esas negociaciones culminaron en la firma de un manifiesto el 15 de febrero de 1977 que propuso «la formación de una candidatura regional y democrática» (Comisión Gestora para una Candidatura Unitaria Democrática y Regionalista, 1977a).10 El documento fue firmado con nombres, apellidos, y números de DNI por los tres fundadores del Conceyu Bable (Sánchez Vicente entre ellos), Cheni Uría por parte del MCA, Pedro de Silva (PSP), Antonio Masip, and Aida Fuentes Conchoso (USO), entre otros.

Los asturianistas nunca pretendieron ganar las elecciones, pero, con la participación de una candidatura que unió un bloque de la izquierda con par tidarios del regionalismo cultural, hubo la esperanza completamente razona ble que un éxito electoral por parte de Unidad Regionalista podría provocar una acomodación por parte de los partidos mayoritarios (UCD, PSOE, y PCE eran los más mencionados) (Comisión Gestora para una Candidatura Unitaria Democrática y Regionalista, 1977b).11 Esa táctica, de demonstrar con la campaña general de 1977 el nivel del apoyo al regionalismo asturiano y al progra ma de Unidad Regionalista, tenía mucha lógica….pero fracasó totalmente por una razón principal: el PSP, el grupo más grande y con más influencia de la coalición, nunca se comprometió realmente con el proyecto.

Publicidad electoral de Unidá Rexonalista. 1977
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Publicidad electoral de Unidá Rexonalista. 1977

Oficialmente, el PSP solo se refirió a la campaña como «la candidatura uni taria, regional, y democrática», y a lo largo del marzo de 1977 decidió que no era dispuesta sublimar su identidad propia en un proyecto colectivo. Solo tenía inte rés en participar en una coalición que utilizó tanto las siglas de los miembros que el nombre de la coalición (Ibid.; Comité Ejecutivo Regiional – Secretaria General

– Partido Socialista Popular de Asturias, 1977b; Álvarez, Iglesias, y Uría, 1977). A medios de abril, el PSP, el miembro más importante (y, de hecho, clave) salió de la coalición para formar un nuevo acuerdo con la Federación de Partidos Socialistas, Unidad Socialista (que, sí, siempre puso el nombre del PSP al lado de las siglas de la coalición) (Ministerio del Interior, 2018).12

Así, sin la presencia de la posición (relativamente) moderada del PSP, Unidad Regionalista marcó una posición claramente regionalista y obrerista. Como casi todas las campañas con la excepción de las de extrema derecha, in vocaba la necesidad y el deseo para «la democracia». Mientras todo el mundo quería un nuevo orden democrático, el término era fundamentalmente un símbolo político, sin definición exacta y, por entonces, en algún sentido lalucha política clave de la Transición fue sobre la capacidad de imponer la he gemonía de una definición particular (y partidario) de democracia. El sector reformista del antiguo régimen quería un sistema en el cual el pueblo espa ñol tenía representación, pero con el poder concentrado en una élite benévola y educada. Al movimiento obrero, la democracia era un sinónimo para la par ticipación activa de los partidos de masas (es decir, el PSOE y el PCE) en el nuevo sistema político.

En contraste, Unidad Regionalista definió la democracia en términos de la igualdad entre regiones del estado junto a la igualdad de los individuales o las cla ses. Para los asturianistas y, con más y más frecuencia en la retórica de sus alia dos radicales, cualquier devolución del poder sería desigual (y por entonces antidemocrática), si fuera restringida a solo las «nacionalidades históricas».

Cuando habló de democracia (palabra que usó constantemente) (Candi datura Unitaria Regionalista, 1977a),13 Unidad Regionalista enfocó más en temas económicos, la devolución de competencias políticas, y los derechos civiles que en la promoción cultural o lingüística. La candidatura desarrolló un programa política que reflejó bastante el manifiesto del MCA, proponien do la descentralización y la devolución del poder administrativo hacia el nivel regional y municipal (Candidatura Unitaria Regionalista, 1977a; 1977b). Quería acabar con la dependencia económica del gobierno central (en parti cular del Instituto Nacional de Industria) y la devolución del control sobre las empresas públicas de la minería y la siderurgia (Ibid.).14 Unidad Regionalista propuso una rama ejecutiva regional débil, subordinada a la legislatura que, afirmaron los regionalistas, fue una forma de gobierno fundamentalmente más democrática que cualquier ejecutivo fuerte. Además, la candidatura esta bleció posiciones a favor de la legalización del divorcio y el matrimonio civil, inversiones del estado en la economía de la región con el fin de acabar con el paro, la protección medioambiental, la igualdad de la mujer «en todas áreas», y la restauración del sector agrícola (Ibid.).

La campaña del Partido Socialista Popular estaba enfocada más en la de volución de poder político, y la de Unidad Regionalista más en la del poder económico y los derechos civiles. Irónicamente, considerando la presencia de dos destacados miembros del Conceyu Bable en la Comisión Controladora de Unidad Regionalista (Ibid.),15 el PSP dio más visibilidad en su programa al problema de los derechos lingüísticos de la población asturfalante, llegando hasta una llamada por la cooficialidad «tan pronto concurran condiciones de reimplantación» (Comité Ejecutivo Regional – Secretaria General – Partido Socialista Popular de Asturias, 1977a).

La marcha del PSP dejó el protagonismo de Unidad Regionalista en manos del MCA y la USO, que mantenían expectativas elevadas a pesar de la ruptu ra, principalmente a causa de la presencia de Masip, quién Uría y la MCA con sideraron «la persona idónea para encabezar la Candidatura Regionalista» por que tenía «una imagen de izquierda que llegue no solo a la clase obrera sino al resto del pueblo» (Álvarez y Uría, s/f prob 1977) Con Masip en la lista (eventualmente fue el n. 2) (Masip, 2009 entrevista), el Comité Central del MCA incluso llegó a creer que la posibilidad de «una votación por encima del PSOE y del PCE» era posible (Álvarez y Uría, s/f prob 1977).

Es importante recordar, desde el punto de vista del siglo XXI, que estas elecciones fueron las primeras en más que cuarenta años. No existía ninguna infraestructura de información y análisis política (quizás con la excepción de la Guardia Civil, que no hubiera estado particularmente dispuesta a diseminar los resultados de su vigilancia entre los sujetos de la misma). Es decir, todos los participantes en las elecciones (candidatos y votantes) hicieron sus cálcu los parcialmente ciegos. Saber las fuerzas (relativa o absoluta) de las candidatu ras con cualquier grado de precisión era imposible, y la mayoría de ellos basa ron sus pronósticos simplemente en la presencia pública de sus rivales: míti nes, propaganda publicada o la concentración de carteles en las paredes, y la fama de los nombres que encabezaron las listas. Fue un ambiente electoral en el cual uno de los principales participantes, el PCE, solo fue legalizado dos meses antes del día de las elecciones.

4. Elecciones 1977: las cartas sobre la mesa

Al final, las expectativas de Unidad Regionalista, el Partido Socialista Popular, y el resto de la izquierda heterodoxa resultaron ridículamente optimistas, con ninguno de las dos candidaturas capaces de sacar ni un escaño en la nueva legislatura. Si uno sume la votación al PSPUnidad Socialista (42.398, 7,34%) y a la Unidad Regionalista (11.148, 1,93%), el resultado solo llega al 29% del total del nuevo partido gobernante…aunque su apoyo combinado fue bastan te parecido al PCE, representando el 89% de los votos entregados a favor de los comunistas (SADEI, 2018).

Dado que las dos coaliciones hicieron campañas muy semejantes, es bastan te probable que hubo un gran nivel de canibalización electoral; es decir, lucha ban por el mismo grupo de votantes. Sin embargo, el total combinado del (hipotético) candidatura combinada tampoco llegó al porcentaje necesario para sacar un escaño (10%). Claro, un déficit de solo 0,7% del voto no era tanto y esa posibilidad contrafactual ha sido tomada por algunos sectores del movi miento asturianista como un metáfora del pecado original, un fallo fundamen tal que pudiera explicar toda la frustración subsecuente del movimiento (Álva rez, 2008 entrevista; De Silva, 2008 entrevista; García Arias, 2008 entrevista; Uría Ríos, 2008 entrevista; Carmona, Llope, y Zimmerman, 2009; Masip, 2009 entrevista; Puente Fernández, 2009 entrevista).

Es claro que esta decepción electoral tuvo importantes consecuencias por el ambiente político asturiano. Unidad Regionalista se disolvió, iniciando una época caracterizada por la fragmentación y la marginación del movimiento regionalista, dejando al MCA la responsabilidad de cobrar las cuentas de la cam paña (Uría Ríos, 2008 entrevista). La derrota del PSP al nivel nacional fue el shock que provocó la sumisión del partido de De Silva, Prendes Quirós, Sán chez Vicente (y Tierno Galván) a la disciplina del Partido Socialista Obrero Español un año después (De Silva, 2008 entrevista; Cañedo Valle, 2009 entre vista; Masip, 2009 entrevista; Sánchez Vicente, 2009 entrevista). Como resul tado, el PSOE absorbió, integró, y cooptó el grupo de regionalistas del PSP e integró (de una manera limitada y controlada) su programa de autonomía. Así, efectivamente borró el asturianismo independiente (y también los partidos de la izquierda radical) del campo político por casi una década.

El movimiento regionalista, después de la disolución de Unidad Regionalista, empezaron un largo proceso de fragmentación. La minoridad nacionalista montó proyectos más radicales: el Conceyu Nacionalista Astur (19761981), el Ensame Nacionalista Astur (19821988), la Xunta Nacionalista Astur (1985 1988), Unidá Nacionalista Asturiana (19881992) y el actual heredero de aquel corriente, Andecha Astur (1990pres).16 Poco después, en 1979, el sector más radical del CNA entró en la órbita de ETA (políticomilitar) y participó en un asalto armado al sede del Banco Herrero en Oviedo. Las consecuencias de esta adopción de la lucha armada y la asociación con ETA fueren severas; el nacio nalismo fue asociado con la lucha armada y, por entonces, era un anatema polí tico por la década de los 80 (Zimmerman, 2012). La MCA y los partidos que habían adoptado la ideología del regionalismo generalmente lo mantuvieron, pero estaban limitados a posiciones de poca influencia, a las márgenes del nuevo estado. Las asturianistas más moderados fueron, por la mayor parte, contenidos y limitados dentro de la estructura del nuevo estado por un proceso de ins titucionalización.

El Conceyu Bable siguió como asociación cultural hasta 1985, pero des pués de la aprobación del nuevo estatuto de autonomía en 1981 y la creación de la nueva Academia de la Llingua Asturiana, enfocó sus atenciones más y más en el trabajo de normalización lingüística y de estudio científico y menos en la agitación política. De hecho, de cierto modo, el Conceyu Bable se convir tió en la Academia de la Llingua; Arias, su presidente, fue nombrado el primer presidente de la ALLA, y una gran cantidad de sus miembros más destacados entraron en la nueva organización.

Pedro de Silva y Xuan Xosé Sánchez Vicente fueron unas de las pocas excepciones a esa contención del sector asturianista dentro de las institucio nes académicas (junto con los regionalistas que siguieron el PSP y que se inte graron en el PSOE). Los dos participaron en la Asamblea del gobierno preau tonómico, y De Silva incluso fue miembro de la «Comisión del 24» que redactó el Estatuto de Autonomía. Sánchez Vicente fue nombrado presidente de la Comisión de Cultura del gobierno preautonómico, donde consiguió meter protección por la lengua asturiana en el nuevo estatuto y controló un presu puesto (muy) humilde para subvenciones culturales. Sin embargo, fue una posi ción con poderes muy limitados (principalmente por la UCD), sujeto a un presupuesto insuficiente para soportar el desarrollo de un programa cultural y frente a dos partidos (UCD y Coalición Democrática) abiertamente hostiles a la idea de fomentar el estudio, práctica, y recuperación del asturiano (Dipu tación Provincial de Oviedo, 1980). El PSOE y la PCE oficialmente apoyaron una autonomía amplia, de «vía rápida» para Asturias, pero el regionalismo nunca era una de sus prioridades y, por entonces, consintieron a la aplicación de la autonomía de «vía lenta», el artículo 143.

Así, por una estrategia de contención, marginación, y concesiones limitadas, el PSOE aglutinó todo el espacio del centroizquierda, acabando con la heteroge neidad del mundo político de los primeros años de la Transición. Incluso a nivel municipal, las 51 candidaturas diversas en las elecciones de 1979 se redujeron a 16 en 1982 y 1983.17 Ninguna candidatura asturianista superaría los once mil votos de Unidad Regionalista hasta 1991, cuando Sánchez Vicente entró en la Junta General como representante de la Coalición Asturiana.18 Dependiendo en si uno incluye PODEMOS en ella, puede hacer el argumento que la izquierda radical todavía no lo ha superado, cuatro décadas después.

5. Pautas estadísticas electorales

Además de tener fuertes vínculos ideológicos y personales y una historia de cooperación en cuanto a las campañas, los mítines, y la propaganda, la izquier da heterodoxa y el asturianismo tenían una clara, si leve, correlación estadís tica a lo largo de la Transición.

Coleccioné los resultados en cada municipio por las elecciones asturianas para el congreso, los municipios, o a la Junta General entre 1977 y 1983.19 Enseguida, las ordené en una de las siguientes categorías políticas: asturianis ta, izquierda heterodoxa, comunismo ortodoxo, centro izquierda, centro, cen tro derecha, derecha ortodoxa, derecha heterodoxa, y otra.20 Al nivel del con cejo, comparecí los resultados electorales de los partidos asturianistas y los de la izquierda, dejando aparte el PSOE y el PCE, por cada concejo y elección en los cual los dos grupos presentaran candidatos. ¿El resultado? La correlación(R) entre el éxito de los dos grupos es 0,382, que sugiere una conexión que no es simplemente aleatorio (fig. 1).

Aunque el efecto no es particularmente fuerte, tampoco es suficiente decir que la Transición fue un ambiente tan experimental que provocó la formación y fragmentación de partidos minoritarios de cualquier tipo. El asturianismo de esta época era un movimiento regionalista exclusivamente de izquierdas y cen troizquierdas; no aparecerá un partido regionalista conservador hasta el fin del siglo (la Unión Renovadora Asturiana, escisión del PP en 1998). Reflejando esa tendencia, la correlación entre los resultados electorales asturianistas y las de la derecha heterodoxa (es decir, los partidos derechistas aparte de la AP/CD) es inexistente (R = 0,127). Con ninguna otra combinación probada hubo nisiquiera la sugerencia de una tendencia….con la excepción de que el éxito electoral del PSOE estaba negativamente correlacionado con el de todos los demás sectores, que no sorprendería a nadie en absoluto.

Correlación entre partidos asturianistas y de la izquierda heterodoxa. 197783
Figura 1
Correlación entre partidos asturianistas y de la izquierda heterodoxa. 197783

Esa correlación sugiere que los dos grupos, regionalistas e izquierda radi cal, tenían atractivos políticos bastante parecidos o (y) competían por un sector del electorado en común. Cuando uno fuera fuerte (relativamente), el otro tam bién tuvo éxito en las elecciones. Entonces, el acercamiento de estos sectores políticos tuvo cierta lógica.

El mapa del Principado indica parte del problema: ni los partidos regiona listas ni la izquierda heterodoxa (ni tampoco el PCE) fueron capaces de pene trar en las cuencas mineras ni el capital Oviedo. Definiendo la visibilidad polí

Partidos regionalistas en Asturias. Concejos donde el promedio del porcentaje de voto 197799 supera el 2,7%
Figura 2
Partidos regionalistas en Asturias. Concejos donde el promedio del porcentaje de voto 197799 supera el 2,7%

Partidos de la izquierda en Asturias (excepto PSOE, PCE/IU). Concejos donde el promedio del porcentaje de voto 197799 supera el 2,7%
Figura 3
Partidos de la izquierda en Asturias (excepto PSOE, PCE/IU). Concejos donde el promedio del porcentaje de voto 197799 supera el 2,7%

tica en un sistema democrático como la presencia en sus instituciones, los dos mapas adjuntos muestran los concejos en los cual los asturianistas (fig. 2) y los partidos de la izquierda heterodoxa (fig. 3) superaron el promedio de 2,7% del voto local en las elecciones entre 1977 y 1999.

¿Por qué importa el 2,7%? Es el rendimiento más bajo que ha ganado un escaño en el parlamento regional, la Junta General del Principado de Asturias (Coalición Asturiana, 1991), y por entonces, el requisito para alcanzar esa visi bilidad política.21

No sorprende que el regionalismo y la retórica revolucionaria de partidos como el MCA no les interesaba mucho la población de Oviedo, sede del gobier no, la alta burguesía, y casi la ciudad más unida culturalmente (y lingüística mente) con la Meseta. Sin embargo, el fallo de los dos grupos de atraer aún 2,7% del electorado de los Valles del Nalón y del Caudal es bastante notable. Los resultados fueron contrarios a las expectativas tanto de este investigador que de los mismos partidos de la época, por la presencia histórica del movi miento obrero allí y por la sobrevivencia del habla autóctono en los concejos de las Cuencas (SADEI, 1979; 1984; 1987; Llera Ramo, 1994; 2017; Llera Ramo y San Martín, 2003).

En contraste con Oviedo y la zona minera, Gijón, Avilés y la costa central fue la principal base de apoyo para ambos grupos. El PSP, por ejemplo, sacó porcentajes bastante por encima del rendimiento provincial (7,34%) en Ca rreño (13,59%), Castrillón (11,36%), Gijón (10,10%), y Avilés (10,01%) en su única campaña antes de su integración en el PSOE (1977). El contraste con la Cuenca Minera es notable. Mieres (5,26%), Langreo (4,76%), Laviana (2,41%), y San Martín del Rey Aurelio (2,37%) demuestran el escaso interés provocado por la oferta del Partido de Prendes Quirós, de Silva, y Tierno Galván.

6. Conclusiones: las posibilidades de lo desconocido

Si los primeros años de la Transición fueron una época fluida, las primeras elecciones solidificaron rápidamente el terreno político en Asturias. La histo ria de la Transición asturiana es la del crecimiento del Partido Socialista Obrero Español, pero a la vez es la historia de la absorción, cooptación, y borradura de las corrientes alternativas de la izquierda asturiana: las comunistas, regio nalistas, y socialistas.

Las campañas electorales de Unidad Regionalista y Unidad Socialista en 1977 fracasaron totalmente en comparación con sus expectativas. La mate mática electoral no admite cualquier otra conclusión: no sacaron diputados. No obstante, desde una perspectiva histórica, la aparición de un movimiento regionalista capaz de atraer casi el 10% del electorado asturiano, solo tres años después de la fundación de los primeros grupos con una conciencia política de identidad regional, es bastante impresionante. Antes del Conceyu Bable (no viembre de 1974) y Democracia Socialista Asturiana (diciembre de 1974), no hubo ni la insinuación de esa posibilidad.

La MCA reflejó su conciencia de esta hazaña, incluso después de la costo sa derrota, que el movimiento regionalista había, en corto tiempo, creado «con ciencia política regional» (Comité Regional del Movimiento Comunista de Asturias / Movimientu Comunista d’Asturies, 1978)22 y, más importante, que había «obligado….a que otras fuerzas políticas democráticas con planteamien tos centralistas, tuvieron que incorporar a sus programas y a sus declaracio nes planeamientos regionales» (Ibid).23 Esto es precisamente el objetivo de cualquier movimiento político sin posibilidades de gobernar (aún más para uno que no tenía ni un diputado).

Por lo tanto, después de las elecciones, el espectro del regionalismo astu riano parecía mucho menos amenazantes desde el punto de vista de los par tidos mayoritarios. Este cambio les quitó a los partidos asturianistas la gran parte de su capacidad para presionar al gobierno. Solo el grupo de regionalis tas que se había rendido al PSOE (De Silva y Sánchez Vicente, y, eventualmen te, Masip) fue permitido tener cualquier influencia significativa sobre el diseño del nuevo Estatuto de Autonomía. El MCA (Uría Ríos, 1981),24 Masip (Arbesu Vallina y Masip Hidalgo, 1981),25 y el Conceyu Bable (Cadenas Menéndez, 1981)26 estaban limitados a la presión desde el exterior. Consiguieron refor zar la cláusula del estatuto que trataba de la lengua (Comisión Redactora del Anteproyecto de Estatuto de Autonomía, 1981),27 pero no afectaron en abso luto el diseño económico o administrativo de la nueva relación entre Asturias y España.

La debilidad del regionalismo asturiano es sorprendente si uno solo con sidere la notabilidad de sus rasgos identitarios (culturales, lingüísticos, geográficos y climáticos, etcétera). A pesar de una identidad regional fuerte, el movimiento político ha sido relativamente ineficaz debido a los factores parti culares de la historia reciente de la izquierda asturiana: las expectativas eleva das de los mismos asturianistas, el inició bastante tarde del movimiento regio nalista pocos años antes de la muerte del dictador, y, de igual importancia, el poder hegemónico del PSOE sobre la izquierda regional. Los fallos de Unidad Regionalista y el PSP en 1977 fueron más significativos por ser sorprendentes; fueron vistos como fracasos totales en vez de retrocesos temporales. Con la absorción del PSP, la principal alternativa socialista, el PSOE se concentraba en la marginación del Partido Comunista y el dominio de la izquierda política. A pesar de que su preocupación principal era el PCE, su auge provocó una cri sis en las frágiles alianzas de la izquierda heterodoxa. Las viejas redes del tar dofranquismo, forjadas en la lucha contra el dictador, ya no parecían tan atrac tivas en oposición a un gobierno democráticamente elegido.

Entonces, el regionalismo político se fragmentó, a causa de los dos cho ques de la marginación electoral y la deslegitimación total del nacionalismo que siguió el asalto armado al Banco Herrero. Hubo desacuerdos fuertes dentro del Conceyu Bable sobre los méritos del regionalismo político (en contraste con una militancia puramente cultural). El grupo «purista» creía que el rendimiento de Unidad Regionalista no fue el resultado de la debilidad del movimiento, sino que la politización del regionalismo fue la causade esta debilidad. Por entonces, García Arias y sus seguidores, en general, entraron en la Academia de la Llingua para enfocar en lo que, según ellos, era el trabajo verdaderamente importante: la recuperación y codificación de la llingua. En contraste, los se guidores de la vía partidista, sin un partido regionalista después de la fractu ra de la candidatura, fragmentaron aún más entre los que trabajaron con la fran ja radical (nacionalista u obrerista) y los que entraron en el PSOE, intentando cambiarlo desde dentro.

En este ambiente político, con una mayoridad absoluta de la izquierda y centroizquierda ya conseguida, el PSOE nunca fue obligado a tomar el riesgo de cambiar sus posiciones respeto al regionalismo; efectivamente, concedió que la lengua y cultura asturiana merecían respeto, pero en ningún momento esta ba dispuesta incorporarlos a su programa central. Diez años después, el Partido Comunista, frente el espectro de la irrelevancia, sí lo hizo, y fue esta adopción (o cooptación) del regionalismo por parte de la Izquierda Unida de Gaspar Lla mazares (desde 1993 también llamándose Izquierda Xunida), que sirvió para normalizar, por fin, el discurso del regionalismo político en el siglo XXI (Zimmer man, 2015).

La Transición es un buen ejemplo de la manera en que un movimiento político con una potencia ambigua puede tener más influencia que sería justi ficado por la cantidad de sus militantes. Los asturianistas, en particular, se beneficiaban enormemente de sus análogos en otras partes del estado. El proble ma de las nacionalidades era una preocupación general y, por entonces, la apariencia de un movimiento regionalista en Asturias conformó, en cierto modo, con las expectativas. Aunque ni en el momento pensaba mucha gente que iba a desarrollar en Asturias una conciencia nacionalista con el impacto de los movimientos catalanes, vascos, o gallegos, el establecimiento de un regionalis mo político estable fue más probable que en, por ejemplo, Andalucía, Cantabria, las Canarias, o Aragón.

Fue precisamente la misma incertidumbre sobre las fuerzas relativas de los actores políticos en Asturias que fomentó una estrategia desastrosamente opti mista por parte del PSP y de Unidad Regionalista y a la vez les permitió ampliar su influencia. Las épocas de transición son fluidas, llenos de un sentido de posi bilidad. Sin embargo, esas aperturas tienen la tendencia de cerrarse abrupta mente, con la crueldad de números fríos, puros, y duros. Como me dijo un fun dador del Conceyu Bable,28 Lluis Xabel Álvarez, los asturianistas «[fueron] más fuertes antes de que [fueron] contados» (Álvarez, 2008 entrevista).

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ZIMMERMAN, Patrick W. (2015). L'adozione del regionalismo: il Partito Comunista Spagnolo nelle Asturie, 19882014. Nazioni e Regioni. Studi e ricerche sulla comu nità immaginata, 5, 89108.

ZIMMERMAN, Patrick W. (2012). Faer Asturies: La política llingüística y la construc ción frustrada del nacionalismu asturianu (19741999). Uviéu: Ediciones Trabe.

ZIMMERMAN, Patrick W. (2015). L'adozione del regionalismo: il Partito Comunista Spagnolo nelle Asturie, 19882014. Nazioni e Regioni. Studi e ricerche sulla comu nità immaginata, 5, 89108. <http://www.nazionieregioni.it/wpcontent/uploads/ NeRe52015.pdf>

Notas

1 El folclorismo sancionado del régimen era una forma del regionalismo domesticada y subordinada por completo a la identidad nacional. Importantemente, el discurso oficial del régimen franquista quitaba los rasgos identitarios de las culturas periféricas del mundo moderno y público, asociándolos exclusivamente con un pasado nostálgico y (en Asturias) sobretodo pastoral. El «covadonguísmo», que tiene sus orígenes en el siglo XIX, enlazó la historia fuertemente con el mito etiológico de la nación española más favorecido por el régimen nacionalcatolicista; la narrativa de la reconquista proponía una línea recta entre el pequeño reino establecido por Don Pelayo y la España de Fernando y Isabel (y, por enton ces, la del Franco).

El régimen diseminaba esas ideologías por vía del entorno construido (monumentos, placas, los nombres de las calles), su control sobre el entretenimiento cotidiano y popular (grupos de coros y danzas, música tradicional, y festivales de gastronomía), y también por los estudios filológicos, antropólogos, e históricos del Instituto de Estudios Asturianos (el IDEA, el actual Real Instituto).

Irónicamente, el IDEA tuvo un gran papel en la renacimiento del regionalismo políti co; fue en un acto del IDEA, la 1a Asamblea Regional del Bable (en 1973), que los tres aca démicos jóvenes que luego fundarían el Conceyu Bable se llegaron a conocer.

2 La USO tenía sus origines en la Acción Católica (por la Hermandad Obrera de Acción Católica), y su papel en la reorganización del movimiento obrero bajo el franquis mo. Por un repaso puede ver: Aroca Mohedano, 2011.
3 La FPS fue una evolución de la Conferencia Socialista Ibérica e intentaba conseguir la coordinación (o unidad de acción) de todos los grupos socialistas españoles. Cuando el PSOE abandonó el CSI, los demás partidos en la confederación la reformó como dicha Federación. Por más sobre la FPS y su relación con el PSOE, véase: González Casanova, 1986.
4 Artículo 4 «El bable gozará de protección. Se promoverá su uso, su difusión en los medios de comunicación y su enseñanza, respetando, en todo caso, las variantes locales y voluntariedad en su aprendizaje.»
5 Una rama del ejecutivo autonómico creada en 1988 con el fin de implementar las disposiciones del artículo 4 del estatuto de autonomía. Se encarga de subvenciones para literatura, las clases de lengua asturiana en las escuelas, y el cambio de la toponimia (por ejemplo, Gijón es oficialmente Gijón / Xixón).
6 Por más sobre el FLP, véase: García Alcalá, 2001.
7 Antonio Masip Hidalgo catalizó esta conexión, aunque nunca fue militante de ningu no de los dos grupos. Él le puso en contacto a Jorge (Cheni) Uría Ríos con un representan te del MC que conocía desde su tiempo estudiando a la Universidad de Deusto (cuando el MC todavía se llamaba «Komunistak»). Para más sobre la evolución del MCE y la extrema izquierda durante la Transición, véase: Cucó, 2007; Cucó Giner, 2008; Treglia, 2013.
8 «Una AUTONOMÍA que sirva a los intereses de los trabayaores, de los llabraores, de los profesionales, de los pequeños y medianos empresarios, de los inteletuales. Una AUTO NOMÍA que sirva a toos los que vivan n'Asturies, proceden de onde proceden, asturianos d'orixen o adoción.» (Mayúsculas en original).
9 «La manifestación de dí 23 de Xunu tién que ser el entamu duna amplia campaña popular a favor de l'AUTONOMÍA y escontra de toos los impedimentos que la drecha y la izquierda reformista tan creándoi.». (Fecha incorrecta y mayúsculas en original.)
10 «Los firmantes de este Manifiesto nos proponemos impulsar la formación de una candidatura unitaria, regional y demócrata; ya desde ahora, expresamos nuestra voluntad de abrir un diálogo con todas las demás fuerzas progresistas de la región en busca de la necesaria unidad.»
11 «Una votación fuerte de la Candidatura llevaría a que estos partidos….tuvierán que cambiar su posición posteriormente.»
12 Fue registrado con el Ministerio del Interior bajo el nombre – “Partido Socialista Popular – Unidad Socialista.”
13 La palabra aparece nada menos que 6 veces en las primeras 21 líneas del primer panfleto que publicó la campaña, en abril de 1977.
14 Querían, en particular, control regional sobre HUNOSA y ENSIDESA.
15 Xosé Lluis García Arias, presidente (197581) y fundador de Conceyu Bable y Amalia Valcárcel Bernaldo de Quirós, su sucesor eventual como presidente de Conceyu Bable (198183).
16 Formado de una escisión de la Unidá Nacionalista Asturiana. Un grupo radical que opuso el pacto con el moderado Partíu Asturianista en 1990 fue expulsado del partido y montó su propio proyecto.
17 Contando todas las candidaturas en elecciones generales, municipales, y autonómi cas entre 1979 y 1983.
18 Coalición Asturiana fue un pacto entre el Partíu Asturianista (moderado, centrista) de Sánchez Vicente y el ala nacionalista del asturianismo, la Unidá Nacionalista Asturiana. La coalición se desintegró debido a luchas internas poco después del éxito electoral.
19 El programa que escribí para descargar la información de la base de datos de SADEI consiste de dos scripts de Bash, una shell de Unix. Funciona en cualquier programa de consola compatible con Unix/GNU/Linux o MacOS y está disponible bajo una licencia de código abierto en GitHub .
20 Asturianista: Unidad Regionalista / Unidá Rexonalista, Conceyu Nacionalista Astur, yEnsame Nacionalista Astur. Izquierda heterodoxa: A. E. Trabajadores Asturianos, Alianza Socialista Democrática, Candidatura Obrero Popular, Frente por la Unidad de los Trabajadores, Izquierda Repu blicana, Liga Comunista Revolucionaria, Lucha Popular, Movimiento Comunista, Orga nización Comunista de España – Bandera Roja, Partido Comunista de los Trabajadores, Par tido Comunista de España (marxistaleninista), Partido Comunista Obrero Español, Partido Comunista Unificado, Partido del Trabajo de España, Partido Socialista Obrero Español (his tórico), Partido Socialista Popular, Partido Socialista de los Trabajadores, Unidad Campesina, Unidad Comunista, Unificación Comunista de España, y Unión de Labradores.
21 La Coalición Asturiana fue una (breve) coalición del Partíu Asturianista, partido regio nalista de la centroizquierda formado por el exmilitante del DSA, PSP, y PSOE Xuan Xosé Sanchez Vicente, y la Unidá Nacionalista Asturiana, un partido más radical que tenía sus orígenes en el Conceyu Nacionalista Astur de 19761981.
22 «En los mítines y en la propaganda hemos contribuido a crear conciencia política regional. Lo que hasta hace poco tiempo era un fenómeno minoritario, hoy puede decirse que ha comenzado a extenderse a diversos sectores de las masas…..Nuestra Candidatura despertó enormes simpatías que, aunque no se tradujeron en votos, constituyen un impor tante capital político de cara al futuro.»
23 «Hemos obligado, al mismo tiempo, a que otras fuerzas políticas democráticas con planteamientos centralistas, tuvieran que incorporar a sus programas y a sus declaraciones planeamientos regionales.»
24 «El Movimiento Comunista de Asturias rechaza globalmente el Anteproyecto de Estatuto….así como el método seguido en su elaboración y la política general que lo ha inspirado…extremadamente limitado y a todas luces insuficiente para abordar los enormes y acuciantes problemas que afectan al pueblo asturiano.»
25 «No nos engañamos, con influencia bable se expresa más de un diputado. Y en bable han escrito todos los partidos políticos, en más de una ocasión, de forma sincera u oportunista.»
26 «De toes maneres siendo sabedor C.B. que los partíos mayoritarios asitiaos n’As turies escoyeron la más ruina de les posibilidaes.»
27 «Recomendación elevada por la Comisión Redactora a la Asamblea de Parlamentarios y Diputados. Las diversas peticiones recibidas a favor del reconocimiento del bable en el Estatuto inclinan a esta Comisión a solicitar de la Asamblea una decisión que explícitamen te recoja en los términos que estime oportunos la existencia de esta peculiaridad cultural de la Región.»
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