Reseñas de libros
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Reseñas de libros
Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, núm. 17, pp. 529-605, 2018
Universidad de Alicante
LA PARRA LÓPEZ, Emilio, Fernando
VII. Un rey deseado y detestado, Barcelona, Tusquets (XXX Premio Comillas), 2018, 760 pp.
En el 2000, cuando se conmemo raba la instauración de la dinastía Borbón en España, una distinguida catedrática de la Complutense comen tó que ningún monarca de esa casa resultaba más difícil de estudiar que Fernando VII. A lo que cabría añadir que quizá ninguno con tan mala fama entre los monarcas españoles, si ex ceptuamos a Carlos II, el último de los Austrias, del que llegó a decirse que todo su reinado fue una serie ininterrumpida de calamidades.
Lo cierto es que tanto Carlos II como Fernando VII presentan rasgos inquietantes, por no decir oscuros, y ambos monarcas vivieron un final de época: la de Carlos II, con el ocaso definitivo de una dinastía, de un mo delo político frágil, con graves fractu ras internas, y la desaparición de un modelo de valores; la de Fernando VII, las postrimerías del Antiguo Régimen y el nacimiento del régimen liberal, con lo que comportaba de consuma ción de un mundo que había estado vigente desde fines del siglo XV. La frase de John Elliott dedicada al últi mo de los Austrias, en la que hablaba de “aquella soberana mediocridad moral e insolvencia intelectual”, podría aplicarse plenamente a Fer nando VII.
Pero son muchas las diferencias biográficas entre estos dos monarcas. Carlos II era hijo de Felipe IV, al que llamaban “el Grande”, si bien Queve do supo poner sordina a tanta gran deza cuando observó que era grande a la manera de los hoyos, “más gran de cuando más tierra le quitan”. No fue Carlos un rey querido ni anhela do, como lo sería Fernando, pero ambos llegaron al trono de manera accidental. Carlos fue el séptimo hijo de Felipe IV y su sobrina Mariana, y Fernando era el quinto de los hijos de Carlos IV y de su prima carnal María Luisa de Parma.
En esta biografía lo que queda de manifiesto es que Fernando tuvo una delicada salud tras su período de lac tancia, por lo que se prestó más aten ción a su robustecimiento físico que a su fortalecimiento intelectual, donde parece que destacó en el billar. En su etapa formativa el profesor La Parra destaca la figura del canónigo Escoi quiz, personaje muy influyente, hasta tal punto de que Artola decía que era quien sembró en el adolescente Fer nando las sospechas sobre su madre. Lo que parece cierto es que Escoiquiz poseía, en escala menor, alguno de los rasgos que cabría aplicar a su aventajado discípulo el Príncipe de Asturias, pues era egoísta, adulador cuando convenía a sus propósitos, y desleal con quien había halagado. Un preceptor receloso, desconfiado y suspicaz, un Fernando VII en minia tura.
Con tal maestro podríamos sos pechar que Fernando fuese un prín cipe inculto. Nada más lejos de un tó pico que el profesor La Parra des monta con su aproximación a su edu cación primera, a su biblioteca, su afición a la lectura (se llegó a decir que en 1829 su primer desvaneci miento se produjo por ponerse a leer después de comer) y a las ciencias, sobre todo a la física y a la química, hablaba francés, y sabía valorar la pin tura, como su padre. Mantuvo como primer pintor de cámara a Goya, quien lo retrató hasta en seis ocasio nes. Lo que no llegó a percibir fue que Goya, pese a acumular en alguno de estos retratos, en particular el de 1814, que se reproduce en el texto, con Fernando VII con manto real, to da la simbología regia, siempre opuso a esos atributos la fealdad y la vulga ridad del retratado.
De esta biografía se concluye que Fernando fue un príncipe y un rey popular. Supo manejar con habilidad su dignidad como Borbón, a la que fue muy sensible, y combinarla con la campechanía. Esa combinación de or gullo real con la apariencia de senci llez, franqueza, cordialidad, el ser o presentarse ante los demás como un hombre llano, parece que es un ele mento constitutivo del gen borbónico, una seña de identidad de la familia.
Como príncipe y como rey fue un hombre receloso. Es probable que las personas suspicaces puedan verse influidas por esposas liantes y cons piradoras, y más si se era hija de la reina de Nápoles María Carolina de Austria, una de las reinas más trapi sondistas del siglo XVIII. La primera esposa de Fernando, María Antonia de Nápoles, su prima hermana, había heredado de su madre su pasión por la política en minúscula, es decir por entrometerse donde no debía, y por su inclinación al chismorreo. Gracias a su falta de discreción y a su afición al cotilleo, el profesor La Parra ha podido reconstruir la intimidad de los primeros tiempos de un matrimonio que fue decepcionante para la enton ces Princesa de Asturias, pues tardó en consumarse once meses, lo que ciertamente no deja en buen lugar a un cejijunto como Fernando. Pero más allá de estos detalles, María An tonia fue insistente ante su marido sobre la posición marginada en que lo tenían sus padres, los reyes, y Godoy, su hombre de confianza, a la que la Princesa de Asturias era tan hostil co mo lo era hacia su suegra la reina María Luisa (“una mujer perversa” la llamaba), y que ésta le correspondía al calificarla de “diabólica sierpe”.
En el libro se analiza con gran precisión la formación del “partido fernandino” en la Corte y sus compo nentes, que iban desde miembros rele vantes de la nobleza, como los duques del Infantado y San Carlos, hasta el infante D. Antonio Pascual, hijo de Carlos III y por tanto tío de Fernando, y que también sentía por Godoy un odio borbónico, que según dicen al gunos es profundo y duradero.
Cuando su primera mujer, María Antonia muere en 1806, a los 21 años, y con ella desaparecieron los sones del arpa en palacio, a la que era muy aficionada, Fernando se apoyó en su camarilla (un concepto muy bien analizado en el libro), cada vez más hostil a Godoy. La búsqueda de una esposa que consolara al viudo de 23 años y diera herederos a la monar quía, es una capítulo de alta política, pues no otra cosa era un matrimonio real, y que se sigue con detalle en el libro, pues en los enredos hubo can didatas para todos los gustos, hasta una sobrina de Napoleón.
Conspiraciones matrimoniales y conspiraciones políticas: primero El Escorial, y después Aranjuez, con la abdicación del rey en su hijo Fer nando, la caída de Godoy y el premio a los miembros de su partido ocupan una parte sustancial del libro. Los sucesos de El Escorial y Aranjuez son analizados en el libro como golpes de Estado con maestría y conocimiento, y en las que se muestra la bajeza mo ral del Príncipe de Asturias en las incalificables campañas para desacre ditar a su madre, pero también su capacidad para la intriga y el populis mo. Si bien Fernando fracasó en su intento de ganarse la confianza de Na poleón, pese al servilismo y la adula ción más repulsiva. Un sostén que, como se señala reiteradamente, era la piedra angular de la política europea del momento. Mes y medio como rey hasta las humillantes abdicaciones de Bayona. A Fernando le gustaba man dar pero no sabía decidir, lo que es una triste realidad para cualquier gober nante.
El análisis del exilio del rey es sencillamente magistral, y muy elo cuente para conocer mejor la difícil personalidad del rey. Seis largos años de aislamiento, que no de encierro, en un imponente palacio, al que Fernando llamaba “casa de campo”. Seis años de tedio, pese a las veladas musicales, de estrechar lazos con su hermano Carlos, el futuro Carlos V de los carlistas, y en los que Fernan do dio muestras de una adulación humillante hacia Napoleón, a quien llegó a solicitar ser adoptado como hijo suyo. Y sin noticias fidedignas de cuál era la situación en España hasta la firma del Tratado de Valençay a fines de 1813 y su viaje de regreso a España para aprobar en Valencia el Manifiesto de los Persas de 4 de ma yo de 1814, otro Golpe de Estado, estimulado por la ingenuidad de los liberales, que derogaba la constitu ción de Cádiz, si bien el libro deja bien a las claras un aspecto que habi tualmente se pasa por alto: no se res tauró plenamente el Antiguo Régi men, como si los seis años transcu rridos desde su salida de España no hubieran existido y fueran un mal sueño. Como señala el profesor La Parra, Fernando VII no fue rey abso luto como lo fueron sus antepasados. Incluso la restaurada Inquisición no fue el Santo Oficio que había sido, como vigilante de la ortodoxia reli giosa, sino un medio útil para la re presión política. Y dio pruebas, casi siempre, de cierta habilidad, como su famosa respuesta de “marchemos, y yo el primero, por la senda constitucio nal” al levantamiento de Riego de 1820.
La etapa del Trienio se aborda con exquisita neutralidad. Se demuestra que Fernando VII, como excelso hi pócrita que era, es el motor del movi miento contrarrevolucionario, pero también la simpleza inconsciente de los liberales, enfrascados en un frus trante enfrentamiento entre modera dos y exaltados. Para decirlo en pala bras del propio La Parra: “los libera les tenían un punto flaco: su división interna”. Y Fernando VII tenía, tam bién en palabras del propio monarca, dirigidas a los miembros del gobier no liberal, nada menos que tres hue vos, y más cojones que Dios. Un rey capaz de ser vulgar hasta esos extremos, y al mismo tiempo decirle a su futura esposa palabras que de tan ridículas resultan inverosímiles, como “el corazón me hace pitititi, señal de que me muero por tititi”, es digno de estudio solo por ello.
El fracaso de la Constitución, empujada a su final por la acción exterior y su propia división en fac ciones, trajo diez años más de reina do. La denominación de Década Omi nosa es, a la vista de las muchas pági nas que se dedican en el libro, revisa ble. ¿Fueron años abominables, exe crables, repugnantes o abyectos? Los juicios de ese calibre en Historia nunca son apropiados, porque sen tencian pero no explican. Y en esta biografía de Fernando VII se trata de explicar.
Con Fernando VII quedó eviden te su doblez, los excesos de la repre sión, donde la pena capital fue apli cada sin demasiados escrúpulos. Pervivieron tras la muerte del rey sus muchos males, es verdad, pero en el libro se explica su complejidad, pues persiguió con saña a los liberales, pero también a los ultrarrealistas, ahorcó a El Empecinado y a Riego, pero tam bién fusiló al ultra Bessières, no res tauró la Inquisición después de su abolición en 1820, porque ya no le era útil al contar con un cuerpo de poli cía eficaz, pero lo cierto es que no lo hizo enfrentándose a quienes se lo exigían, así como tampoco quiso ser un rey teocrático, porque siempre tuvo presente cierto regalismo en sus relaciones con la Iglesia, heredado de sus antecesores borbónicos.
La conservación del régimen fue su objetivo, estuvo obsesionado por tener un descendiente a quien trans mitir la corona, y a su supervivencia se dirigieron las tímidas reformas en los años finales del reinado: la crea ción de la Bolsa de Madrid, el Código de Comercio, el ministerio de Fomen to, que como se señala en el libro die ron un cierto sesgo de modernidad, pero sin alterar la naturaleza de la monarquía sola y pura, como le gus taba decir al rey.
Los hispanistas anglosajones han venido reiterando, desde los tiempos de Gerald Brenan, que los historiado res españoles eran poco proclives a escribir biografías. Esa afirmación está ya superada. En los últimos tiempos han aparecido biografías muy estima bles –y solo por referirme a un perío do que me resulta familiar como es el siglo XVIII y la primeros años del ochocientos– de Isabel de Farnesio, de Fernando VI y de su ministro En senada, de Carlos III, de Campoma nes, de Grimaldi, de Floridablanca, de Isabel II, de Francisco Amorós. Incluso la de un hispanista inglés como Raymond Carr, al que María Jesús González le dedicó la excelente biografía La curiosidad del zorro. Emilio La Parra ya escribió una mag nífica biografía de Godoy, y ahora nos ofrece esta biografía ejemplar sobre un personaje difícil y enrevesa do. Lo ha hecho desde la convicción, que yo comparto, de que el material del que está hecha la historia es lo accidental, el fruto de las elecciones personales, sin determinismos. El hombre es el principal protagonista de la historia. Este es un libro inteli gente, que contiene una vasta canti dad de trabajo, un texto sutil y com plejo. Y perfectamente imbricado en esa tradición anglosajona que tanto ha hecho por el género biográfico: belleza formal, estilo cuidado y clari dad en la narración.
ENRIQUE GIMÉNEZ LÓPEZ
Universidad de Alicante
RÚJULA, Pedro, RAMÓN SOLANS, Javier (eds.), El desafío de la Revolución. Reaccionarios, antiliberales y con trarrevolucionarios (siglos XVIII y XIX), Granada, Comares, 2017, 356 pp.
Revolución y Contrarrevolución han sido los motores conceptuales, políticos y culturales del nacimiento del mundo contemporáneo, en el con texto de las grandes revoluciones li berales de proyección universal que se dieron entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. En la guerra de la Independencia española, por ejemplo, revolución y contrarrevolución fueron indisocia bles por la razón, ya expresada por Karl Marx, de que las guerras contra el imperialismo napoleónico tuvieron ese doble carácter, precisamente porque el propio régimen napoleóni co llevaba en su propio seno y diná mica esa misma contradicción. Si no se entiende en profundidad su rela ción dialéctica, solo tendremos una visión parcial y maniquea de la “Era de las grandes revoluciones”.
En historiografía, ha existido una tendencia a establecer un nexo uní voco entre Ilustración y Revolución, y a pensar esa etapa histórica bisagra desde el prisma del triunfo de la Razón y el Progreso en su forma libe ral. La inmensa mayoría de las inves tigaciones priorizan el estudio de la revolución sobre el de su antítesis, sin tener en cuenta que revolución y contrarrevolución son dos caras de una misma moneda. Hasta ahora, el “paradigma revolucionario”, impreg nado del teleologismo liberal, ha sido el dominante en el estudio de las grandes revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX. Es voluntad de los editores de este libro colectivo que se entienda la dimensión política de la contrarrevolución “no en rela ción al pasado, sino en su presente y, sobre todo, hacia el futuro”, esto es, que revolución/contrarrevolución se comprendan como fenómenos con temporáneos con la misma legitimi dad y las mismas posibilidades para captar la atención de los ciudadanos y proyectar sobre ellos las expectati vas de un proyecto político, social o vital, de un cariz o de otro. Entender, por tanto, las dinámicas de la revolu
ción y de la contrarrevolución por separado, y también en su conjunto, para ser realmente conscientes de la complejidad con la que se construye ron los sistemas políticos modernos, la política moderna, así como las nue vas estructuras y relaciones socioeco nómicas del mundo contemporáneo. Como intentan resaltar los editores del libro, en el periodo objeto de estudio el espacio de la reacción no solo se renovó profundamente, sino que contribuyó al desarrollo de pro cesos identificados tradicionalmente con la revolución como, por ejem plo, la politización de la sociedad o la construcción de identidades nacio nales. En el proceso de moderniza ción, el catolicismo fue un elemento de primer orden a la hora de cohesio nar a la población, tanto desde la óptica de los partidarios del absolu tismo como desde el prisma de la mayor parte de los primeros libera les. Dos pilares básicos del Antiguo Régimen en buena parte de las socie dades occidentales, monarquía y cato licismo, pervivieron en el nuevo orden liberal como componentes centrales, como símbolos de referencia y agluti nantes de la nación.
Partiendo de ese, llamémosle, de sequilibrio historiográfico, el libro co lectivo que aquí reseñamos está lla mado a convertirse en un referente para cualquiera que pretenda acome ter un estudio del fenómeno contra rrevolucionario, dada la multitud de perspectivas y de sugerentes líneas de investigación que ofrecen sus más de una veintena de autoras y autores. El libro se organiza en cuatro grandes ejes temáticos que tienen co mo denominador común la oposición a la Revolución: monarquía, movili zación, ideas y catolicismo. El primer bloque trata, desde diversos enfoques, sobre el proceso de adaptación de la institución monárquica a los nuevos tiempos revolucionarios, tomando en consideración estudios de caso de España, del mundo atlántico hispa noamericano y de Nápoles. El segun do bloque se centra en el extraordina rio alcance de la movilización social frente a la Revolución, con diversas perspectivas que van desde el ámbito local hasta el transnacional. El tercer bloque aborda, con estudios muy su gerentes de diversos países y momen tos, el complejo universo de las ideas y de los mecanismos de difusión de las mismas en un contexto de conti nua “batalla de ideas” en un mundo cada vez más politizado. El último conjunto de estudios aporta una serie de trabajos que intentan explicar la relación, en apariencia paradójica, que se estableció entre modernidad y catolicismo, esto es, cómo el poder de influencia de la Iglesia católica y el fuerte arraigo social de la cultura católica en buena parte de las socie dades occidentales se mantuvo gra cias a un complejo proceso de adapta ción al nuevo ámbito sociopolítico derivado de las grandes revoluciones liberales.
Un nuevo acierto, sin duda, de la editorial Comares, que ofrece a la comunidad científica otra cuidada edición de investigaciones actuales que se insertan en debates historio gráficos vivos y especialmente fructí feros. Plácemes también, por supues to, a los editores científicos, Pedro Rújula y Javier Ramón Solans, por su inteligente introducción y su labor de coordinación y difícil estructura ción de una obra de estas caracterís ticas (con un objeto de estudio muy bien definido desde el punto de vista temático y metodológico, pero con un amplio espectro subtemático, cro nológico y geográfico), y a Miguel Ángel del Arco, director de la enco miable colección “Comares Historia”, que ya cuenta por decenas el número de publicaciones de referencia desti nadas, de forma preferente, a cubrir las necesidades historiográficas de quienes nos dedicamos a la historia contemporánea.
RAFAEL FERNÁNDEZSIRVENT
Universidad de Alicante
GLENDINNING, Nigel, Goya y sus críti cos (y otros ensayos), edición al cuidado de Jesusa Vega, Madrid, Ediciones Complutense, 2017, XCVI+524 pp.
Goya y sus críticos (y otros ensa yos) es una obra de referencia de enor me interés para los que nos sentimos atraídos hacia la figura, a un tiempo tan conocida y enigmática, de nues tro más ilustre pintor ochocentista español. Se trata de la reedición, cua renta años después, de la emblemáti ca obra del polifacético hispanista inglés, Nigel Glendinning, que, si bien cuida exquisitamente de mante ner los criterios de la edición origi nal, las pautas de maquetación, sus ilustraciones en blanco y negro, el número, orden y leyendas de las mis mas, y la traducción realizada por María Lozano, viene a ser enriqueci da además con la contribución de 96 páginas de gran valor históricocríti co para este campo temático. Jesusa Vega, catedrática de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo, y autora de estas páginas, añade en esta com pletísima reedición unas líneas de Advertencia donde explica el por qué de su estructura y del mantenimien to de su formato, e incorpora segui damente un bloque de tres capítulos que, especialmente dedicados al arri ba mencionado hispanista diecio chista, considerado uno de los mayo res expertos en Goya y su época, y atendiendo a su triple faceta de aca démico, hombre y autor de esta mag nífica obra, vienen articulados en for ma de (i) una Laudatio, escrita por Valeriano Bozal en 2006, con ocasión del acto de investidura como Doctor “Honoris Causa” por la Universidad Complutense de Madrid del profesor Glendinning y dos textos críticos ti tulados (ii) Goya y Glendinning, vida y fortuna compartidas, y (iii) Nigel Glendinning y el valor de la crítica: la primera edición de Goya y sus críticos, firmados por Jesusa Vega y Sara Symmons, respectivamente.
La presente monografía aborda la figura del maestro Francisco de Goya y Lucientes así como su legado pictó rico y su tiempo, y las consecutivas reinterpretaciones que de él se han hecho y que han sido constante obje to de estudio. Sin duda, este persona je sigue siendo hoy en día determi nante para el conocimiento de los albores de la edad contemporánea; y ríos de tinta se han escrito sobre él, dependiendo de la óptica que impe rase en ese momento, desde su in cuestionable y leal patriotismo a la Corona pasando a ser acusado por for mar parte de aquel reducido grupo de intelectuales que fueron estigma tizados por haber coqueteado con el Gobierno josefista abierta o indirec tamente. Conviene por todo ello no olvidar las difíciles circunstancias his tóricas en las que este personaje vivió. Coetáneo al ciclo revolucionario francés y de la subsiguiente fase de la Restauración, coincide con los reina dos de Carlos IV y Fernando VII y ha de ser entendido como uno de los momentos decisivos en la plasmación del perfil histórico de España. Por tanto, es a través de su pintura que podemos interpretar huellas vivas de la historia como si de un libro de tex to se tratase, desde las aportaciones positivas de este periodo, con el levantamiento popular de 1808, en el que se afirma la personalidad nacio nal española, la quiebra del Antiguo Régimen con la reunión de 1810 y la promulgación en 1812 de la primera Constitución española, hasta las horas más oscuras y denigrantes de nuestra historia; siendo quizás estas imágenes tan impactantes del maes tro las que mantenemos impregnadas en nuestra retina, haciéndonos partí cipes, como meros espectadores que somos, del rápido declinar español en tiempos de Carlos IV; del desga rramiento de las España de ambos hemisferios; de nuestra definitiva des calificación como gran potencia en la Europa de Viena; y de la oscura reac tivación contrarrevolucionaria encar nada por Fernando VII y del que Goya sería una víctima más en esa larga lista de ilustrados intelectuales que de una forma u otra habían teni do relación con el Gobierno de José I o bien habían defendido la causa desde un plano constitucionalista.
El libro está estructurado en dos bloques. El primero, arriba mencio nado, está orientado al conocimiento de su autor, Nigel Glendinning, y a una revisión profunda y crítica de su obra; así como también aborda, en sus rasgos más personales, el profun do respeto y pasión que el hispanista siempre sintió por nuestra historia y cultura españolas, y muy especialmen te por el legado artísticointelectual de Goya. Todo ello lo descubriremos de la mano del Dr. Valeriano Bozal a través de la estupenda semblanza que le dedica a Glendinning en su Lau datio, seguido de los dos ensayos crí ticos de las Dras. Jesusa Vega y Sara Symmons. A continuación, el segun do bloque contiene la reedición ínte gra al libro Goya y sus críticos, forma do por diez capítulos, que están pre cedidos de dos prólogos firmado por el autor. Finalmente se ha incorpora do el ensayo “El problema de las atri buciones desde la exposición de Goya de 1900”, que fue publicado por pri mera vez en 2002 pues, como se ex plica en la Advertencia, lo que ha ocu rrido con el canon goyesco última mente fue motivo de reflexión y com promiso del hispanista hasta el final. En el primer capítulo, Introduc ción: el contexto crítico, se nos advier te de las distintas variables y condi cionantes en los que todo estudioso y observador se ve imbuido a la hora de acercarse al estudio crítico de una obra y cómo estos factores pueden afectar
a la hora de exponer su valoración.
En el segundo capítulo, La vida de Goya: un breve bosquejo, se nos muestra la faceta más humana del pintor. A través de un relato cronoló gico, iremos descubriendo sus expe riencias, viajes y relaciones interper sonales, así como su reciprocidad con el momento histórico en el que le tocó vivir, que sin duda irá forjando su carácter sociocrítico, su estética y por ende su arte.
El tercer capítulo, Goya y sus con temporáneos, nos da a conocer cómo la crisis políticoinstitucional, unida a los rápidos y profundos cambios, puso de manifiesto la crisis ideológi ca de la sociedad española o crisis de mentalidad (ilustrados y afrancesa dos, en un primer momento, y más adelante absolutistas, reformistas y liberales), que ya iba perfilándose des de mediados del siglo XVIII, dando como resultado la disparidad ideoló gica. Esta renovación ideológica, que otorgaría al individuo una mirada crí tica de la realidad, le llevaría a empe zarse a cuestionar principios, hasta el momento incuestionables; y todo ello afectaría ineludiblemente a la propia concepción del Arte, y el Maestro en este punto no sería una excepción.
Los capítulos cuarto, quinto, sex to y séptimo, bajo el título Román ticos y realistas; Reacción antiromán tica y oposición estética; Impresionis tas y decadentes; y Expresionismo y surrealismo, respectivamente, coinci den en mostrar cómo a lo largo de los tiempos el interés por Goya y su obra ha perdurado indeleble en nuestra memoria artísticahistórica. El autor con magnífica destreza nos mostrará cómo esa mirada crítica ha ido evolu cionando acorde a las distintas etapas artísticas influidas directamente por el acontecer histórico y el subsiguien te cambio de mentalidad. Por ello, co noceremos qué obras han interesado más, así como también las que han sido cuestionadas, atendiendo a sus razones. Asimismo, quedará patente cómo el interés por este artista tras pasa fronteras, y por ende su estudio, influencia y huella, habiéndose cons tatado no solamente en el ámbito cultural (artistas, poetas o literatos) sino también en lo político. Sumán dose a lo dicho anteriormente, Glen dinning a lo largo de estos capítulos vendrá a enriquecer su discurso in sertando transcripciones de fuentes primarias de los críticos y estudiosos goyistas más influyentes.
El octavo capítulo, Interpretacio nes psicológicas y patológicas, resulta especialmente interesante ya que el autor recoge en estas páginas los dis tintos estudios que se han llevado a cabo desde el plano psicofilosófico y médico sobre el artista, su obra y lo que resulta aún más interesante sobre la relación e interacción entre el arte y la personalidad individual del artis ta en función de su carácter psicoló gico y de su condición física, de sus sentimientos y circunstancias perso nales.
El noveno capítulo, Interpretacio nes políticas y raciales, se centra en los factores ambientales que de un modo u otro afectan en la naturaleza y evo lución de su obra. Unas de las cues tiones que se plantea en este capítulo es identificar el grado de vigor, auda cia y versatilidad de Goya con su nacionalidad (p.276) y, en definitiva, conocer y reconocer su españolidad a través de los rasgos estéticos y temá ticos característicos de su pintura.
Y finalmente, en el décimo capí tulo, Enfoques académicos, se nos presenta, desde la óptica del historiador del arte, una revisión de las distintas contribuciones, teorías, estudios, es peculaciones y conclusiones a las que se ha llegado a lo largo de los tiempos en relación a la figura y legado de Goya; dándonos a conocer tanto las evidencias más significativas o reve ladoras como también las más erra das, pero que de un modo u otro han perdurado hasta nuestros días.
La obra se cierra con un extenso y complejo aparato compuesto de un epílogo; una doble clasificación de fuentes citadas, biográficas y críticas; respuestas literarias y artísticas a la obra de Goya, en ambos casos orde nadas cronológicamente; a continua ción, sendos apéndices, que contienen textos de artículos sobre el pintor y sobre sus finanzas.
En definitiva, nos encontramos, sin duda, con una monografía indis pensable para quien desee no sólo conocer la figura del maestro ocho centista, su legado y proyección sino también adentrarse en la política, so ciedad y cambio de mentalidad de nuestra Historia Contemporánea. Es por tanto muy de agradecer y valorar la magnífica labor llevada a cabo por la Dra. Jesusa Vega, que, como reco nocida especialista en Francisco de Goya, y a través de esta sólida y cui dada reedición, no sólo nos ha vuel to a acercar a la célebre obra de Nigel Glendinning sino que además nos ayuda a descubrir la figura de su autor desde la estrecha relación que mantuvo toda su vida éste con el tema de estudio.
MARÍA JOSÉ VILAR GARCÍA
Universidad de Murcia
TROUILLOT, MichelRolph, Silenciando el pasado, traducción de Miguel Ángel del Arco Blanco, Granada, Comares, 2017, 151 pp.
MichelRolph Trouillot (1949 2012) fue un antropólogo haitiano, catedrático de la Universidad de Chi cago. Nació en el seno de una familia de intelectuales apasionados por la historia. Su padre fue profesor de his toria universal en el instituto al que acudía su hijo. Además, realizó un programa de televisión en el que ana lizaba aspectos menos conocidos de la historia de Haití. El hermano de su padre fue director de los Archivos Na cionales. Con estos antecedentes era difícil que Trouillot pudiera dedicar se a otra cosa que no fuera la historia. En su juventud fue activista político contra la dictadura de los Duvalier. Por esta razón, en 1968 tuvo que exi liarse a Estados Unidos y es allí donde ha desarrollado prácticamente toda su carrera académica. En el año 2011 recibió el premio Franz Fanon Life time Achievement como reconoci miento a toda su trayectoria acadé mica.
Silenciando el pasado: el poder y la producción de la historia se publica por primera vez en 1995. Es, sin duda, su obra más destacada. En ella aborda el tema de las relaciones entre la producción de la historia y el poder. Reflexiona sobre cómo se construye el relato histórico, cómo se elaboran las fuentes y qué papel juega el poder en este proceso. Según sus propias palabras, el autor va a tratar de esta blecer diferencias entre «lo que suce dió y lo que se dice que sucedió». En este sentido, va a poner de manifies to cómo los silencios pueden articu lar la narrativa histórica y cómo lo que se cuenta es tan revelador como lo que no se cuenta.
Determinados acontecimientos del pasado, algunos tan bien conoci dos por el autor, como la revolución haitiana u otros, como el descubri miento de América, van a ser utiliza dos para explicar e ilustrar este análi sis. De este modo, se muestra que más allá de los hechos históricos ocurri dos, éstos van a ser interpretados a la medida del poder establecido.
El libro se estructura en cinco capítulos. El primero se centra en el tema principal del libro, es decir, en la creación del documento histórico y en la influencia que va a ejercer el poder en ese proceso. Es un tema de gran actualidad en esta época de auge de las nuevas tecnologías y de inter net, donde herramientas como la wi kipedia, hacen posible que cualquie ra pueda explicar o narrar un hecho histórico. De la misma manera, el acceso a la historia, al menos a la oficial, se ha facilitado de manera signi ficativa. Sin embargo, el poder no ha dejado de intervenir en la narrativa histórica, entre otras razones porque resulta útil manejar y controlar un relato que explique a una sociedad cómo debe entender su pasado y de esta manera poder condicionar su pre sente y también su futuro.
Sintomático de esta realidad es que siempre se haya dicho que la his toria la escriben los vencedores. Más allá de este axioma, el autor pone el acento en la necesidad de seleccionar aquellos hechos que mejor pueden contribuir a la comprensión de un determinado acontecimiento históri co. Aquí es donde adquiere relevan cia tanto lo que se selecciona como lo que se omite. Todo ello en función del significado que se quiere dar a dicho acontecimiento. De este modo, se introduce un sesgo no sólo ideoló gico, sino también político en la cons trucción del relato histórico.
En los dos siguientes capítulos, Trouillot va a profundizar más en el proceso de construcción de la histo ria a través de un acontecimiento real y concreto como fue la revolución hai tiana. En primer lugar, hace referen cia a Sans Souci, un esclavo proceden te de África que se convertiría en uno de los principales líderes de la rebe lión de los esclavos y luego en un ofi cial disidente. Sin embargo, a pesar de su relevancia, tanto las crónicas contemporáneas como la historiogra fía posterior se empeñaron en silenciar parte de su historia. Trouillot se ñala cómo esto forma parte de un pro ceso de construcción nacional post colonial. Y en esta construcción la presencia de Sans Souci resulta incó moda porque refleja de alguna mane ra la disidencia dentro de un proceso que se quiere mostrar como un éxito: la revolución que se lleva a cabo en Haití, entre 1792 y 1804 tanto contra la esclavitud como contra el colonia lismo.
En segundo lugar, el autor anali za el papel que ha jugado la historio grafía occidental más significativa en relación con la revolución haitiana, para llamar la atención sobre los silen cios que confluyen en el relato de lo que sucedió. Se parte de un hecho fundamental: el tratamiento de la re volución como un «no acontecimien to». Esta negación de la posibilidad de que pudiera estallar una revolu ción de los esclavos en Haití, incluso cuando ya estaba sucediendo, va a marcar de manera determinante la historiografía posterior, ya que no podrían considerarse objeto de análi sis o estudio aquellos hechos que se niegan o que se consideran impensa bles e inconcebibles. Tampoco hay que olvidar que una gran parte de los estudios sobre la revolución fueron realizados en francés y por autores occidentales. Y lo mismo ocurrió con la elaboración de las fuentes prima rias. Esto condicionará la perspectiva desde la cual se va a construir el rela to, una perspectiva que podría considerarse eurocéntrica porque no va a tener en cuenta ninguna otra. En cuanto al contexto histórico en el que se desarrolla la revolución haitia na, hay que recordar que estamos en el siglo de la Ilustración impulsora de las ideas de progreso e igualdad de todos los seres humanos. Esto viene a contradecirse con la práctica de un comercio de esclavos en las colonias americanas que, sin embargo, no va a experimentar ningún retroceso. Al mismo tiempo, el colonialismo junto con la práctica de la esclavitud, van a tratar de justificarse señalando la inferioridad de los esclavos y de los pueblos que han sido conquistados. De este modo, la revolución estalla vinculada al racismo, la esclavitud y el colonialismo, temas incómodos pe ro ineludibles si hablamos de la for mación de Occidente.
El capítulo cuarto está dedicado a Colón y su llegada al Nuevo Mundo. Trouillot llama la atención sobre la utilización de la terminología como un ejercicio más de poder. De este modo, se habla de «descubrimiento de América» cuando el hecho objeti vo es que Colón, en todo caso, descu brió las Bahamas o las Antillas. Por otra parte, considerar que estos pue blos fueron “descubiertos”, viene a significar que existen sólo porque se produjo dicho acontecimiento. Esto los sitúa en la órbita de la narración europea, minimizando o ignorando la importancia de su pasado, ajeno a Europa, al mismo tiempo que liga su futuro a Occidente. Así pues, la elec ción de la terminología es una de mostración de poder porque impone una lectura que además va a determi nar la narrativa posterior. En los años 90, durante los fastos del quinto cen tenario, son muy pocos los que se atreven a cuestionarla. En este senti do, el autor se refiere a las celebracio nes o conmemoraciones de este acon tecimiento, como una recreación di rigida por el poder para cumplir unos fines de publicidad y propaganda po lítica, pero también para imprimir un sello de identidad entre la ciudada nía. Trouillot se va a detener en las celebraciones del cuarto centenario en España y en Estados Unidos, des tacando las diferencias entre ambas en cuanto a objetivos e intereses. Para España, en franca decadencia desde hacía décadas, la celebración del cuar to centenario supuso una inyección de autoestima y sirvió tanto para re forzar su presencia en Europa como el poder de Cánovas, impulsor de esta celebración. Estados Unidos, por su parte, pretende reafirmar su historia a partir de 1776, minimizando todo lo anterior. Al mismo tiempo, hay una apropiación de la figura de Colón co mo héroe de una conquista que cua tro siglos después, Estados Unidos, de alguna manera volvía a repetir sobre el continente americano.
Finalmente, en el quinto y último capítulo, se aborda la representación del pasado a través de proyectos que pretenden rememorar determinados hechos históricos, como la esclavitud en América o el holocausto judío. El autor señala la falta de autenticidad que supone recrear estos aconteci mientos en parques temáticos si no van acompañados de una revisión de la esclavitud, el racismo o la xenofo bia en la actualidad.
En definitiva, el libro de Trouillot aporta una perspectiva historiográfi ca que favorece una interpretación crítica del proceso de construcción de la historia, señalando al poder como un elemento determinante en dicho proceso. También es una interpreta ción global que interrelaciona los dis tintos aspectos que intervienen en di cho proceso, abarcando siglos y luga res diversos. De este modo, al situar los acontecimientos históricos en un marco más amplio, trasciende los en foques nacionales o de tipo más loca lista.
ROCÍO DE FRUTOS HERRANZ
Universidad de Alicante
RIQUELME QUIÑONERO, María Teresa, Las quintas de recreo de la huerta de Mutxamel (ss. XVIIIXIX). Una aproximación desde la Arqueología Postclásica, Ajuntament de Mut xamel, Alicante, 2017, 175 pp.
El libro resume la Memoria de Licenciatura de la autora, actualmen te profesora asociada en el Área de Antropología Social de la Universidad de Alicante. Se trata de un estu dio de ámbito local, la huerta de Mut xamel que, no obstante, logra traspa sar los límites de la propia área de es tudio, para adentrarse en una meto dología que podría plantearse para cualquier otro territorio.
Las edificaciones situadas en el ámbito rural suelen analizarse desde la óptica de la arquitectura, a la hora de evaluar su construcción, tipolo gía, materiales empleados, etc. Los estudios centrados en la arquitectura suelen incluir una breve introducción histórica acerca del inmueble y, en algunas ocasiones, de las vicisitudes de sus moradores.
No es el caso de esta monografía, cuyo título nos adelanta que la pers pectiva desde la que se acerca al lec tor a las quintas de recreo de la huer ta de Mutxamel no es estrictamente arquitectónica, si bien, a decir verdad, tampoco es arqueológica en exclusi va. De hecho, el nombre que recibe la obra probablemente sea algo impre ciso, dada la variedad de disciplinas desde la que se trata el objeto de estu dio.
Así, se analizan estas construc ciones desde una óptica históricoar queológica, antropológica y arquitec tónica, fruto de la fecunda formación de la autora, como así queda plasma do en las páginas del libro. Se divide en siete capítulos, más la bibliografía al final, en una estructura que respon de a una clasificación al uso, con una introducción general, y un marco geográfico, social e histórico. Tras estos tres primeros apartados, la autora to ma la arquitectura como hilo con ductor, estudiando los diferentes tipos de viviendas de recreo de la huerta. Finalmente, analiza los espacios den tro de las viviendas, para realizar una lectura social de dichos espacios.
Nos encontramos, por tanto, ante un auténtico caleidoscopio que nos ofrece una visión holística del objeto de estudio, introduciendo elementos distintos que no habían sido tratados hasta el momento en el estudio de este tipo de edificaciones. Esa es sin duda la gran aportación de la autora, utilizar la metodología de cada disci plina para entresacar información e “historiar” estas construcciones, te niendo en cuenta que se trata de quintas de recreo que estuvieron en uso especialmente durante el siglo XIX; es decir, son históricas, y la so ciedad que se analiza también lo es. A la hora de poner la lupa sobre las personas que habitaron esas quintas de recreo y “las vivieron”, la autora combina inteligentemente documen tación de archivo junto con prensa, dando voz a los protagonistas de la época que se pretende estudiar. En ocasiones pueden parecer textos de masiado extensos, no obstante, se jus tifica su presencia por su contribu ción a la contextualización social y cultural del momento.
De ese modo, mientras que se sirve de la arquitectura para clasificar tipológicamente las diferentes edificaciones, y de la arqueología a la hora de determinar las fases constructivas, la metodología antropológica le per mite centrarse en los usos de los dis tintos espacios, tratando de obtener conclusiones acerca del “por qué” de elementos como la posición de la escalera, los distribuidores, así como las distintas estancias que podemos encontrar en estas construcciones, de terminando el uso de los espacios y obteniendo interesantes datos así como conclusiones acerca de los roles otorgados por la sociedad de la épo ca. De ese modo, se comprueba la separación de los ámbitos privado y público, así como masculino y femeni no, aunque en este último caso, en mu chas ocasiones se entremezclarían.
Asimismo, al margen de la lectu ra arqueológica, antropológica y ar quitectónica, la autora se ocupa de la valorización del patrimonio residen cial de la huerta de Mutxamel, al tiempo que analiza el devenir históri co de las mismas, evaluando la desa parición de algunas de ellas, los cam bios de uso o la situación de abando no de otras. Las reflexiones en torno a la preservación de los espacios y las arquitecturas, es aplicable a otros ám bitos geográficos. Las medidas correc toras y la denuncia explícita a la ne cesidad de que las diferentes admi nistraciones se impliquen decidida mente en conseguir una mayor con cienciación social acerca del Patrimo nio Cultural y, por ende, su protección y salvaguarda, permiten al lector re flexionar sobre el caso concreto de Mutxamel, si bien, como se ha comen tado anteriormente, trasciende ese re ducido ámbito geográfico, puesto que la casuística que rodea a este tipo de bienes culturales es bastante similar independientemente del entorno geo gráfico en el que nos encontremos.
En conjunto, el libro de María Teresa Riquelme nos ofrece los mim bres necesarios para aproximarnos de un modo diverso al habitual a unas fincas ideadas para el disfrute de un grupo social determinado en un mo mento histórico concreto. Se trata de una obra novedosa en cuanto a su planteamiento, su enfoque multidis ciplinar (alrededor de una única auto ra), el objeto de estudio y la temática que trata (el ocio centrado en espacios y ámbitos concretos para una “bur guesía incipiente), e incluso el ámbi to geográfico que trata, siendo la pri mera monografía de este tipo que se publica en la provincia de Alicante.
JESÚS PEIDRO BLANES
UNEDCA Elche Museu de Cantereria d’Agost
SÁNCHEZ, Raquel, Mediación y transfe rencias culturales en la España de Isabel II. Eugenio de Ochoa y las letras europeas, Madrid y Frank furt, IberoamericanaVervuert, 2017, 398 pp.
No hace demasiado tiempo que Carmen García Monerris señaló las ventajas de estudiar a un personaje supuestamente de segunda fila como el político asturiano José Canga Ar güelles (17701843). Su perfil profe sional e intelectual al servicio de la monarquía y el Estado lo convirtieron en un prototipo capaz de representar a través de sus avatares muchas de las características de la época, sin obviar con ello particularismos novedosos y enriquecedores. Resulta evidente que los nuevos retos formulados desde una historia biográfica renovada han permitido superar aquellos enfoques que privilegiaban el acercamiento a los grandes hombres y mujeres del pasado. El trabajo que hoy nos ocupa resulta una aportación fundamental en este sentido. En Mediación y trans ferencias culturales en la España de Isabel II, Raquel Sánchez aborda la trayectoria del polifacético Eugenio de Ochoa (18151872), un hombre que también ocupó en apariencia una posición secundaria en la vida cultu ral española, pero que precisamente por ello pasa a convertirse en una es pecie de retrato colectivo de los hom bres de letras en el siglo XIX. No es la primera vez que esta profesora de la Universidad Complutense se acerca al género biográfico y el complejo mun do de la cultura literaria decimonóni ca. Sus trabajos sobre Alcalá Galiano o la reciente exposición a propósito de José Zorrilla que ha comisariado en la Biblioteca Nacional dan buena cuenta sobre el particular.
A través de Ochoa se ha propues to llevar a cabo una biografía nove dosa que le permite reflexionar sobre unos temas de mayor calado: qué pa pel desempeñaron los literatos –en un sentido amplio– durante el periodo isabelino, cuál fue la importancia de las transferencias y de los mediadores en la configuración de una cultura nacional, cómo esta se fue articulan do a través de las redes y las relaciones personales ante las dificultades que representaba un mercado poco poten te, o por qué el desempeño de cargos públicos resultó un denominador común entre los intelectuales, tanto para sustentarse económicamente co mo para visibilizar su producción. Todos estos aspectos atraviesan una trayectoria compleja como la de Ochoa, en la que desde muy pronto el mundo de la cultura iba a ocupar un lugar decisivo. Basta señalar que su padre fue el escritor Sebastián Miña no, se formó bajo la tutela del crítico literario Alberto Lista y contrajo ma trimonio en 1835 con Carlota Madra zo, hija del afamado pintor y puerta de acceso a los círculos de la Corte. En este sentido, insiste acertadamen te Raquel Sánchez en la imposibilidad de separar en este personaje su face ta como profesional de las letras con la de agente político. La nueva esfera pública liberal y burguesa surgida de la Revolución fue el escenario donde comprendió el papel que los escritores debían jugar –siempre crítica mente– en la configuración de la so ciedad civil. Él lo hizo desde el mo derantismo, ligando en cierta forma su destino al del partido.
Junto a sus convicciones políti cas conservadoras, la precaria condi ción del hombre de letras explica en parte sus estrechas relaciones con la familia Real, fuente de mecenazgo. Siempre mostró su fidelidad a María Cristina, expatriándose a Francia tras el golpe de los Sargentos en la Granja y el Bienio Progresista. En un mo mento tan crítico como este para la monarquía isabelina fue plenamente consciente que su defensa pasaba por combatir con la pluma al mismo ni vel que los debates en las Cortes. Si con la biografía que escribió de la reina quiso reivindicar el papel juga do por su madre en la consolidación del sistema liberal, con la publicación del Amigo del Pueblo pretendió llevar a los sectores populares una defensa de la dinastía que amortiguara a los publicistas de tendencia carlista y de mócrata. Sin embargo, como revela Raquel Sánchez, lo más interesante del personaje a partir de 1854 fue la correspondencia que entabló con el marido de la antigua regente, pues esta ofrece una excepcional radiogra fía de la evolución política del país y el deterioro de la imagen regia. De hecho, sus relaciones con el matrimo nio Real fueron ambivalentes. Si bien es cierto que llegó a convertirse en uno de los hombres de confianza de la reina, nunca dejó de manifestar sus pocas habilidades para el gobierno y el peligro de involución que se corría con una camarilla controlada por eclesiásticos antiliberales. Es más, el incumplimiento por parte de Francis co de Asís del acuerdo para sufragar la traducción de las obras completas de Virgilio no solo dejó a Ochoa en deudado hasta su fallecimiento, sino que deterioró considerablemente sus impresiones sobre el futuro de la casa reinante.
Hasta cierto punto, el hijo de Se bastián Miñano fue consciente que no ocupaba un lugar privilegiado entre los adalides de la composición litera ria. Pero reivindicó el papel del tra ductor como agente cultural activo y erudito –capaz de hacer inteligible la cosmovisión del autor–, como inter mediario de las producciones lleva das a cabo a ambos lados del Atlánti co. Sin embargo, este carácter cosmo polita no estuvo reñido con una tenaz defensa de la cultura y esencias pa trias. Más bien al contrario, actuó co mo un aliciente para reivindicar lo nacional y reflexionar acerca del lugar que el país ocupaba respecto a sus vecinos. Del amplio conjunto de em presas editoriales que recoge la histo riadora, unas pocas nos servirán para mostrar esta complementariedad. Por un lado, la publicación de la revista El Artista (18351836) y la edición del Cancionero de Juan Alfonso de Bae na (1851) muestran el afán de Ochoa por recuperar y dar a conocer dentro de España sus esencias identitarias, elevando a los autores patrios al mis mo nivel que los extranjeros. Por otro, su papel como mediador intercultu ral quedó patente en tres direcciones: si con la Revista Enciclopédica de la Civilización Europea (1843) acercó al público de las jóvenes naciones ame ricanas las novedades del viejo conti nente, en la extensa y pionera Colec ción de los Mejores Autores Españoles (18381872) se propuso dar a cono cer en este la valiosa herencia litera ria de su país. Por su parte, las impre siones que le causaron los viajes por Francia, Italia, Inglaterra o Tierra San ta sirvieron para que reflexionara so bre la situación de España en una especie de juego de espejos atravesa dos por su particular percepción de la modernidad.
A falta de nuevas investigaciones, puede señalarse que posiblemente el Estado liberal en España no llevó a cabo una política cultural coherente en el proceso de construcción del Es tadonación, pero ello no es óbice para soslayar las potentes iniciativas sur gidas desde plataformas de la socie dad civil. Con esta pertinente aclara ción Raquel Sánchez no sólo cierra su trabajo, sino que reivindica el papel de los mediadores y las transferencias para explicar un entramado que resul tó mucho más complejo, dinámico y transnacional que el que trataron de consagrar ciertos relatos nacionales. Con Eugenio de Ochoa estamos ante un hombre de letras moderno que comprendió la necesidad de que se reconociera públicamente la profe sión del creador: tanto sus iniciativas para que los autores se asociaran como la colaboración en el diseño de algu nos tratados de propiedad intelectual son una muestra de ello. Las redes y los espacios informales de poder se nos muestran en esta biografía como elementos centrales de estudio, tanto para conocer las motivaciones de los sujetos como en la clarificación de acontecimientos difícilmente explica bles por otros cauces documentales. En este sentido, no queda más que in vitar a la historiadora y el grupo de investigación que dirige a continuar en lo que se está revelando como un fructífero campo para explicar las di námicas políticas, sociales y cultura les del ochocientos.
JOSEP ESCRIG ROSA
Universitat de València
MARFANY, JoanLLuís, Nacionalisme espanyol i catalinitat. Cap a una re visió de la Renaixença, Barcelona, Edicions 62, 2017, 950 pp.
JoanLluís Marfany es profesor de Historia de la Literatura Catalana en la Universidad de Liverpool (1972 2008) y ha publicado numerosos ar tículos y diversas obras relativas a la historia de la cultura, la literatura y lengua catalanas. Destacan tres más importantes: La cultura del catalanisme: El nacionalisme català en els seus inicis (1995), La llengua maltractada: El castellà i el català a Catalunya del segle XVI al XIX (2001) i LLengua, nació i diglòssia (2008). La obra que reseñamos constituye una aportación importante para entender la historia de Cataluña desde el último tercio del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, más exactamente hasta 1859 con la restauración de los Juegos Florales.
El libro es fruto de muchos años de trabajo docente y de investiga ción, varios cursos que impartió en la Universitat de Girona como profesor visitante, y conferencias, seminarios y cursos de doctorado realizados en otras universidades catalanas. No se puede dudar de que el autor utiliza con profusión la documentación del período estudiado que hay en los ar chivos y bibliotecas de Cataluña. La obra está dividida en dos partes o ca pítulos principales. En el primero examina el surgimiento y consolida ción del nacionalismo español en Ca taluña. ¿Cómo creció y se desarrolló?
¿Cuáles fueron sus etapas fundamen tales y qué circunstancias le dieron forma? A su vez identifica los símbo los y mitos y los obstáculos reales o imaginarios, y los instrumentos que sirvieron para crearlos y su difusión. En el segundo capítulo estudia el de sarrollo coetáneo surgido del sector burgués del que procede la ideología regionalista catalana, distinta del tra dicional patriotismo provincial del Antiguo Régimen. En este punto también analiza las etapas, episodios y fuentes históricas que justifican su desarrollo y en particular el anticata lanismo de ciertos sectores de la socie dad española. Al fin demuestra su carácter complementario y subordi nado respecto al nacionalismo espa ñol del que no se pudo separar.
Entre ambos capítulos el autor introduce una conclusión dedicada a estudiar las dos ideologías comple mentarias (españolista y catalanista), con el desarrollo industrial de Cata luña y la problemática política deri vada. Y entre los dos capítulos prin cipales introduce otro como interlu dio, no esencial a las tesis desarrolla das en el libro. Así, de este modo, Mar fany liquida lo que él denomina la falsa pista del provincialismo, viejo mito redescubierto por los historia dores de la primera mitad del siglo XIX.
Hay que remarcar que cada uno de los capítulos contiene numerosas citas y referencias a documentos, obras y escritos relacionados con las cues tiones tratadas. Además, añade unas notas adicionales referidas a la biblio grafía más importante al respecto. En el prólogo menciona también aque llas obras no citadas, publicadas con posterioridad al manuscrito escrito. Son estudios que no añaden aspectos nuevos a tener en cuenta, como el libro de Josep Fontana (La formació d’una identitat. Una història de Ca talunya); la contribución de David Cao en el libro colectivo Anàlisi històrica de la identitat catalana, dirigido por Flocel Sabaté; así como el de Ga briel Tortella y otros autores (Catalu ña en España. Historia y mito) que es decepcionante para el autor en cuan to a la temática analizada.
La historia construida desde el nacionalismo catalán parte del estu dio de los hechos diferenciales con respecto a la historia de España, cues tión obvia por su particularidad his tórica. El discurso dominante se ha basado, sin embargo, en trazar una mirada selectiva de la historia de la primera mitad del siglo XIX, sin tener en cuenta aquellos documentos escri tos en clave española. De ahí que Mar fany se haya propuesto tenerlos en cuenta y contrapone sus resultados al relato romántico de la historiografía.
La historia de Cataluña no es lineal y corre pareja en muchos momentos con la historia de España. La historia no obedece a fidelidades o creencias preestablecidas para justificar deter minadas hipótesis. En la visión tradi cional el catalanismo se concibe como un movimiento teleológico, gra dual, constante y sin interrupción de recuperación nacional, que va del pro vincialismo al regionalismo, hasta asu mir la plena conciencia nacional en los albores del siglo XX. En la prime ra mitad del siglo XIX, sin embargo, cuando se construye la nación espa ñola moderna no se puede negar que las elites políticas e intelectuales cola boraron en dicho proyecto. Ha costa do reconocer por ejemplo la figura de Antoni de Capmany, por su patriotis mo español manifiesto, que no era contrario a su catalanidad. En la pri mera etapa del liberalismo gaditano y durante la época del moderantismo (18441854), como ha demostrado Oriol Luján, los diputados catalanes defienden la españolidad desde la ca talanidad. Los catalanes, como dijo Felip Aner d’ Esteve en las Cortes de Cádiz, no podían dejar de ser catala nes y renunciar a su identidad parti cular, y eran conscientes de que esta ban construyendo la nación españo la. En la Guerra del Francés, como el resto de españoles, defendieron su territorio y la libertad frente a la ocu pación napoleónica. Momento este lar del nacionalismo español, en el que no había contradicción alguna en sen tirse español y catalán al mismo tiem po. Esta guerra resultó un elemento aglutinante de carácter emocional in dudable. Los habitantes de Cataluña fueron siempre diferenciados como catalanes, apelativo exclusivo o aña dido al de españoles1. Como hizo el general Prim en la Guerra de África (18591860) con los Voluntarios Ca talanes, vestidos a la usanza catalana y pagados por la Diputación de Bar celona. Empresa colonial española que apoyaba la burguesía catalana, y aca bada la contienda los soldados fueron recibidos en Barcelona como héroes catalanes y españoles.
1 Carlos Reyero, “Barcelona es todas las mujeres: poliformismo femenino y poli semia patriótica de una alegoría capital (18081860)”, Ayer 106, 2017, p. 56.
No hay duda de que en la cons trucción de la nación moderna espa ñola participaron los catalanes en defensa de los intereses de Cataluña. La doble adhesión a España y Catalu ña en la Revolución liberal, consoli dada en los años treinta no ha de en tenderse como una equivocación de identidades, la nacional y la regional o local, sino que ésta se presenta como subordinada a aquélla, de modo que converge en una identidad nacional en construcción2. El discurso lineal del nacionalismo, referido a la prime ra mitad del siglo XIX, no queda bien parado en la obra de Joan Lluís Marfany. El autor utiliza todo tipo de textos y hace una exégesis de ellos, viendo lo que dicen por sí mismos y no en función de lo que quiere el his toriador. Cuando afirma de forma exa gerada que los catalanes son “pione ros“ del nacionalismo español, hay que entenderlo en su justo término. La burguesía catalana y muchos polí ticos apostaron por el nacionalismo español, con el objeto de que España se modernizase en su economía, crean do un mercado nacional próspero. De este modo Cataluña se convirtió en la fábrica de España. Tanto los libera les, moderados o progresistas, como los demócratas y republicanos mani festaron su apoyo al proyecto de la nación española en sus diversas cul
2 Ferran Archilés y Manuel Martí, “Una nació fraccionada. La construcció de la iden titat nacional espanyola al llarg del segle XIX”, Recerques, 51, 2005, p. 161.
turas políticas. A partir del Sexenio revolucionario, y sobre todo tras la cri sis del 98, el nacionalismo catalán se manifestó contrapuesto al español, aunque la burguesía siguió utilizan do el término regionalismo y no nacio nalismo.
Puede considerarse paradójico que a quienes se les considera centra les en el movimiento de la Renaixen ça, como Milà i Fontanals, Aribau, Pau Piferrer o Victor Balaguer, escri bieran sus obras en castellano, como lengua culta de la época, y al mismo tiempo reivindicaran el catalán que utilizaban en el ámbito familiar. Pare ce un sarcasmo el consolidar el domi nio del castellano y la floreciente di glosia. No fue hasta la década de 1870 cuando se inició un movimiento de rechazo de ésta y la restauración del catalán en pleno uso oral y escrito, como impulsó el Moviment de la so cietat la Jove Catalunya.
Nos encontramos ante un libro muy documentado, meticuloso si se quiere, y hasta provocativo, que debe suscitar un intenso debate entre los historiadores y el mundo académico. Ciertamente el autor introduce algu nos matices en obras principales, co mo ha señalado José Carlos Mainer3. A la obra de Ernest Lluch (La Cata lunya vençuda del segle XVIII. Foscors i clarors de la Il·lustració, Barcelona,
3 José Carlos Mainer, “El catalanismo al microscopio”, El País, 1 de julio de 2017,
p. 6.
Edicions 62, 1995) puntualiza que la presunta fidelidad catalana al austra lismo tras 1714 fue marginal y solo se dio entre los exiliados. A José Ál varez Junco (Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX, Madrid, Tau rus, 2001) le recuerda que la Guerra de la Independencia fue el crisol de la nación española moderna y no una revisión tardía. Y a Josep María Fra dera, al referirse al doble patriotismo, puntualiza que en la primera mitad del siglo XIX fue más utilitario y menos generoso como él apunta en su obra Cultura nacional en una socie tat dividida. Patriotisme i cultura a Catalunya (18381868), Barcelona,
Curial, 1992.
En todo caso, concluye el autor, los que crearon la distinción semánti ca, Estadonación para España y región o país para Cataluña, no fue ron los intelectuales sino la burguesía catalana que estaba involucrada en sus intereses económicos industria les. Se sentía plenamente española para influir en el Estado y conseguir de este modo un mercado amplio pa ra sus productos. Y consideraba a Ca taluña como su región o país y a Es paña como la nación y el Estado4.
ANTONIO MOLINER PRADA
Universitat Autònoma de Barcelona
4 JoanLLuís Marfany, Nacionalisme espanyol i catalanitat. Cap a una revisió de la Renaixença, Barcelona, Edicions 62, 2017, p. 903.
ZOZAYA MONTES, María, Identidades en juego. Formas de representación social del poder de la elite en un espacio de sociabilidad masculina, 18361939, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 2016, 463 pp.
María Zozaya Montes (Madrid, 1975), adscrita al Centro Interdisci plinar de História, Culturas e Socie dades de la Universidade de Évora, centra sus investigaciones en torno a términos como ocio, sociabilidad, identidad y representación social. Fru to de este extenso trabajo es la publi cación de numerosos artículos cientí ficos y una serie de monografías como El Casino de Madrid, orígenes y prime ra andadura (2002), Del ocio al nego cio. Redes y capital social en el Casino de Madrid, 18361901 (2007) y el pre sente trabajo titulado Identidades en juego (2016) así como el reconoci miento a través de la mención especial en el Premio de Investigación Antonio Maura de los Premios Villa de Madrid (2007), el Premio de Investigación de la Asociación de Historia Social de España (2007) y el Premio de Inves tigación Antonio Maura de los Pre mios Villa de Madrid (2008).
En esta ocasión, María Zozaya realiza una exhaustiva investigación centrada nuevamente en el Casino de Madrid (18361936), profundizando sobre sus casinistas y las complejas re laciones existentes entre ellos, entre sus familias y con los empleados. De esta manera, la autora analiza magis tralmente la sociedad madrileña y có mo se van consolidando los lazos en tre las familias más relevantes de la capital dentro de esta institución.
Este libro consta de diecisiete capítulos correctamente articulados donde María Zozaya desgrana una a una las relaciones e interrelaciones creadas y afianzadas en el Casino de Madrid y cómo los espacios, las acti vidades e inclusive los objetos conte nidos se convierten en escenario y símbolo identitario para los propios socios como grupo masculino exclu sivo. Así, en el primer capítulo, la autora introduce la importancia de pertenecer a un casino durante el siglo XIX. En este contexto se entien de la proliferación de estas institucio nes en España, Europa y Latinoamé rica. Este fenómeno social exclusivo de los varones burgueses decimonó nicos es analizado a través de dife rentes fuentes documentales y mate riales para profundizar, desde la Historia Social de la Escuela francesa de los Annales, sobre temas tan rele vantes como las extensas redes exis tentes entre los casinistas que la auto ra define como la categoría del capital social a través de tertulias u otras actividades en las que coinciden los socios por sus afinidades como la po lítica y las formas de representación social que se desarrolla en los diferen tes espacios del Casino de Madrid. Esta sociabilización masculina cons tituye una forma singular de poten ciar y consolidar la identidad de sus socios y así, proyectar una imagen exterior homogénea y convenida por todos los miembros. De esta manera, la autora reincide en la expansión de estas instituciones propias de la elite occidental y su papel como principal centro de sociabilidad masculina du rante el siglo XIX y principios del XX en el territorio español.
En el segundo capítulo, ejempli fica un martes cualquiera en esta ins titución madrileña a través de nume rosas fuentes como las literarias, aca démicas, archivísticas, fotográficas, así como el análisis de la prensa históri ca y el estudio de los objetos y de los diferentes espacios del Casino de Ma drid. María Zozaya incide en el obje to de este trabajo, que va más allá de entender este organismo como una asociación, al erigirse como un ente donde se desarrollan una serie de ac tividades dirigidas exclusivamente a la sociabilización masculina y, por tanto, a la educación de los más jóve nes en actitudes propias de su estatus social.
A partir de este instante y en el si guiente capítulo, la autora explica con detalle las actividades que tienen ca bida dentro del Casino de Madrid. En las diferentes salas y salones de la institución se dan cita los socios para compartir su tiempo de ocio leyendo, charlando, reuniéndose y practicando diferentes juegos de azar como los naipes, el billar y las ruletas, consti tuyendo una práctica propia de la elite masculina. Además, resulta espe cialmente interesante como esta últi ma práctica, perseguida en España y en numerosos países tanto de Europa como de Latinoamérica, se desarrolla en espacios limitados y escondidos para evitar ser descubiertos durante los registros de las autoridades. El jue go, restringido a un pequeño grupo, se convierte en un símbolo de presti gio asociado a la elite al constituir la destreza en el juego en un atributo de la masculinidad. Por tanto, se explica que el mobiliario y los objetos asocia dos a esta actividad fueran adquiridos por los socios a través de la subasta con el fin de recaudar fondos para la institución al dotarles de un doble va lor simbólico.
En el cuarto capítulo, María Zo zaya explica como los casinos y los casinistas aristocráticos estrechan lazos con los miembros de la burgue sía y aparece la figura de la mujer. Siendo la familia la institución prin cipal que articula la vida social duran te esta centuria, la autora analiza cómo diversos socios están emparentados entre si bien por matrimonios o bien por el apadrinamiento de nuevos miembros. La importancia del linaje se refleja dentro del Casino de Madrid y este, a su vez, se proyecta en la so ciedad. Por ello, constituye un grupo cohesionado de poder social, político y económico que se transluce en la vi da pública y viceversa donde la mujer tiene un papel muy limitado ya que su acceso a la institución está vetado.
Este acuerdo social subyacente redu ce la actividad de la mujer a las rela cionadas con el hogar, el denomina do espacio privado, y aquellas públi cas centradas en la colaboración en obras de beneficencia y la organiza ción de recepciones propias y acordes con el estatus de la familia, celebrán dose muchas de ellas en el Casino de Madrid.
Explicadas tanto la formación co mo la consolidación de las redes exis tentes en este organismo, María Zo zaya comienza a desgranar este espa cio como lugar de representación so cial. Así explica cómo los socios construyen una imagen identitaria cohesionada que queda reflejada tan to en el estilo arquitectónico del edi ficio como en la distribución de los espacios interiores, el mobiliario y los objetos que alberga, incluidas las obras de arte. En este sentido y en conso nancia con la clase social que confor ma los casinos, estos constituyen lu gares donde se propicia la ostenta ción de la estética y del lujo y se refle ja el progreso de la época en la ade cuación de las salas, la transición de la vela hasta la luz eléctrica y la intro ducción del teléfono.
En los siguientes capítulos, María Zozaya se centra en el desarrollo de las interrelaciones creadas y mante nidas entre los diferentes socios del Casino de Madrid. En primer lugar, se centra en estos como mecenas de los artistas de la época en su máxima expresión, es decir, arquitectos, escultores y pintores que intervinieron en la actual sede inaugurada en 1910 y dirigida por José López Sallaberry. Además, este ente desarrolla activida des para la beneficencia como legado de los socios aristocráticos y, debido a la influencia femenina y al poder político, se convierte en benefactor de los pobres a través de un complejo proceso de selección. Siguiendo esta línea y teniendo presente la cohesión de los socios como grupo, estos asu men la responsabilidad de los caídos en desgracia aceptando el pago de deudas, el pago del luto y del entierro de los fallecidos en un acto de caridad, así como la opción de solicitar una ayuda a la institución.
Para terminar, en este espacio también cabe mencionar otro tipo de relaciones, las laborales, existentes en tre los casinistas y los criados. Este grupo de trabajadores, uniformados y formado por pobres, sirvientes y li cenciados del ejército, realizan todo tipo de actividades para los socios des de recados y conducción de carruajes hasta de carácter privado, creando re laciones más estrechas y propinas ma yores.
En definitiva, este trabajo se con vierte en un texto imprescindible para conocer en profundidad la institu ción en su conjunto. María Zozaya va más allá del estudio clásico del fun cionamiento del Casino de Madrid como ente y como espacio de socia bilidad masculina para aproximarse a él a través de las distintas formas de relación promovidas por y entre los socios pertenecientes a la elite de una clase social emergente que se conso lida a lo largo del siglo XIX. Además, su amplio conocimiento sobre los ca sinos europeos y latinoamericanos, plasmado en este estudio, enriquece este texto otorgándole una dimensión mayor para convertirse en una obra de referencia.
MARÍATERESA RIQUELMEQUIÑONERO
Universidad de Alicante
JAÉN MILLA, Santiago, Ni iglesias ni tabernas. Republicanismo y escue las de ciudadanía en Jaén (1849 1923), Madrid, Biblioteca Nueva, 2016, 221 pp.
Desde los trabajos pioneros que se hicieron entre los años ochenta y los noventa del pasado siglo XX (F. Arcas Cubero, A. Duarte, R. Gutié rrez Lloret, F. Martínez López…), los estudios sobre el republicanismo his tórico en España, lejos de agotarse, han vivido una continua renovación que explica que sigan conformando una línea de investigación todavía pu jante en la actualidad. La mayoría de los análisis de carácter local o provin cial que se han realizado desde enton ces fueron resultado de tesis doctora les o el equivalente de las antiguas te sinas, es decir, fruto de muchas horas de trabajo, en su mayoría invertidas en examinar una serie de fuentes (prensa local, actas municipales, etc.) que no estaban al alcance de cualquiera. De ahí que este tipo de estudios se nos antojen fundamentales para quien pretenda concebir un relato más glo bal de lo que supuso el republicanis mo en la España contemporánea des de el punto de vista social, político y cultural. En otras palabras, las inves tigaciones locales y regionales se re velan decisivas para cualquier traba jo de síntesis y quien lo escriba debe manejarlas a conciencia.
De lo anterior se deduce la nece sidad de que sigan haciéndose inves tigaciones sobre el republicanismo en tal o cual provincia o ciudad, porque el mapa de estos análisis ha progresa do mucho pero dista de ser tan am plio como cabría desear. A los territo rios estudiados por quienes abrieron el camino hace tres décadas (Málaga, Almería, Reus, Alicante…), vinieron a sumarse en la última década los de otros jóvenes historiadores (R. Mi guel, J. Penche, U. Belaustegi…) que han situado en ese mapa del republi canismo español los casos de Canta bria, Bilbao, Guipúzcoa, Gijón y otros sitios que enriquecen mucho la ca racterización del fenómeno republica no, su alcance, sus implicaciones y, en particular, sus analogías y sus diferen cias o variaciones locales. Pues bien, Santiago Jaén Milla es uno de los auto res que integran esta última hornada, y que ya ha firmado notables aporta ciones en estos años, destacando el análisis hecho en Entre tierra y plomo. Historia del republicanismo jien nense, 18491923 (Ediciones Carena, 2014).
En este último libro que publica Biblioteca Nueva, Jaén Milla abando na el relato más político y cronológi co para sumergirse en los complejos e intrincados mecanismos de sociali zación política que permitieron la reproducción cultural del republica nismo. El interés se redobla por tra tarse de la provincia jiennense, un lu gar que, como el propio autor se en cargó de subrayar en otros estudios, constituyó un entorno fundamental mente agrario. El libro, pues, enri quece mucho el estado actual de las investigaciones, ya que permite supe rar el arraigadísimo tópico que asocia el republicanismo con sociedades ex clusivamente urbanas. Además, se tra ta de una provincia que no hace mu cho solía despacharse con la afirma ción de que el predicamento republi cano en ella había sido testimonial.
Ni iglesias ni tabernas es un título que condensa los que seguramente fueron los dos lugares de relación so cial más atacados en los discursos re publicanos, aunque el contenido de la obra va mucho más allá para desen trañar –entre otros aspectos– los ele mentos simbólicos, los centros de instrucción y recreo, los clubes polí ticos, las prácticas sociales, los pro yectos periodísticos, las formas de mo vilización y, en fin, una serie de cele braciones o fiestas variopintas. Los dis cursos y los espacios, pues, se mezclan constantemente en esta obra. Jaén Milla resume bien lo que implicaba participar de todas esas actividades y escenarios: “se iba conformando una forma de ser y entender la vida repu blicana”. Y esto ocurría con los adul tos varones pero también con las mu jeres (bajo formas de participación diferenciadas), así como los niños y niñas que acudían a determinados actos o recibían clases en las escuelas laicas de patrocinio republicano: ahí estaba la base, según sus impulsores, de la regeneración del país.
Algunos de los datos que recoge la obra son muy reveladores del peso que el republicanismo alcanzó en es ta provincia, y deberían animar la rea lización de estudios en otros lugares en los que se da por supuesta la debi lidad republicana sin haberse realiza do investigaciones sobre el particu lar. Entre 1868 y 1923, la provincia de Jaén conoció al menos 76 centros y sociedades republicanas de muy diverso tipo; 109 publicaciones perió dicas y hasta 65 manifestaciones que invadieron las calles en distintas loca lidades. Por no hablar de las casi 3.000 pesetas –cifra elevadísima en aquella época– que se llegaron a reunir entre 1886 y 1891 para socorrer a los pre sos y emigrados republicanos. Otros datos más locales no dejan de sorpren der, como el número de matrimonios civiles que se celebraron en pueblos diminutos. Es verdad que algunos mo mentos resultaron más dinámicos que otros para los republicanos, como ocurrió a raíz de la Unión Republi cana de 1903, pero en general son pocos los años en los que la actividad republicana puede considerarse decaí da (y, visto el periodo en su conjun to, quizás esa supuesta debilidad obe dezca más bien a la escasez de fuen tes que reflejen lo que de verdad ocu rría, como sucedió en los primeros años de la Restauración).
La politización en sentido repu blicano caló hondo en un subconjun to apreciable de la sociedad jiennen se, por lo que no puede considerarse un fenómeno marginal. Los republi canos, incluso dentro de su diversi dad –el autor distingue dos subcultu ras políticas–, compartieron una serie de objetivos que pasaban por hacer de los ciudadanos sujetos vigi lantes con derechos y obligaciones, comprometidos con la democracia y el progreso social. El profesor Ángel Duarte resume en el prólogo cómo la historia del republicanismo es en esencia la historia de la construcción de la democracia, “en la medida en que contribuyó a ampliar los límites de la política”. Y Santiago Jaén parti cipa de esa idea y llega a la conclu sión de que “los partidos republica nos contribuyeron a modernizar la po lítica española, puesto que los parti dos del turno copiaron sus mecanis mos y formas de actuación”.
En este tipo de investigaciones siempre cabe preguntarse por la rela ción entre el discurso y la praxis, o sea, entre lo que se decía y lo que se hacía. El mejor termómetro para resolver dicha ecuación en el ámbito local es la actividad de los republica nos en las instituciones municipales, que es uno de los aspectos que tam bién examina el autor. Los republica nos predicaban la necesidad de go bernar para el pueblo, velar por el interés general, cumplir sus obliga ciones en los cargos de representa ción y gestionar los recursos públicos con honradez y transparencia. Harían falta muchos estudios locales para saber en qué grado se alcanzó ese ideal, porque era muy difícil sustraer se a ciertas prácticas de la época, pero sí que hubo gestos y conductas que distinguieron a muchos concejales re publicanos. En Jaén, por ejemplo, se hicieron esfuerzos por acercar la po lítica a los vecinos celebrando plenos abiertos y en domingo. Aparte de im pulsar otras medidas que hoy llama ríamos sociales, como dar ocupación a los vecinos sin trabajo, fijar meca nismos que impidieran el encareci miento del pan u otras conductas que tenían que ver más bien con princi pios doctrinales (no votar agasajos ni homenajes al rey ni a su familia o ne garse a subvencionar actos religiosos o a presenciarlos en calidad de auto ridades públicas, aunque se documen tan muchas excepciones).
La diversidad de aspectos trata dos en el libro combina el análisis de temas que ya habían recibido aten ción historiográfica (lo que no signi fica que no sigan haciendo falta estudios que amplíen o maticen su carac terización) con otros que han ocupa do un lugar más residual en los inte reses de quienes han estudiado la tra dición republicana en España. Entre los primeros, destacan el asociacio nismo, la sociabilidad desarrollada en los centros republicanos, la prensa o los roces con el clericalismo; mientras que de los segundos podrían señalar se los actos civiles, determinados tipos de manifestaciones o el papel de las suscripciones y colectas como meca nismos de movilización. Ni que decir tiene que abordar unos y otros en una provincia cuyo republicanismo aún demandaba un estudio sistemáti co es un valor en sí mismo, por la aportación que representa para el conocimiento del fenómeno republi cano en su conjunto.
El marco cronológico que estudia el autor va desde las primeras mani festaciones de la democracia republi cana (ha localizado casinos democrá ticos en 1859 y 1861) hasta el mo mento en que empieza a declinar su ascendiente sobre las clases popula res y trabajadoras. Se corresponde en buena medida, por tanto, con lo que suele denominarse “republicanismo histórico”. En todo ese periodo, la po litización de las clases populares no se entendería sin el papel del republi canismo, que además fue compatible con una doble militancia en organi zaciones de clase, realidad del mayor interés para comprender la génesis del movimiento obrero en el primer tercio del siglo XX y, en general, nuestra historia contemporánea.
Ni iglesias ni tabernas es una esti mable aportación al conocimiento de la historia del republicanismo espa ñol, más allá de la provincia que se aborda, y su mismo título oculta una invitación para eventuales investiga ciones futuras que profundicen en las contradicciones que, igual que en otras culturas políticas, mediaban entre el discurso y la práctica. ¿O es que no hubo republicanos en las igle sias y en las tabernas?
SERGIO SÁNCHEZ COLLANTES
Universidad de Burgos
HIGUERAS CASTAÑEDA, Eduardo, PÉREZ TRUJILLO, Rubén, VADILLO MUÑOZ,
Julián (coords.), Activistas, mili tantes y propagandistas. Biografías en los márgenes de la cultura repu blicana (18681978), Sevilla, Athe naica Ediciones Universitarias, 2018, 438 pp.
El libro reseñado es el resultado de un estudio minucioso alrededor de una serie de personajes cuya selec ción ‘’no está guiada por el azar ni el capricho’’ (p. 15). Encontramos espe cialmente interesantes las reflexiones iniciales del libro acerca de cómo este enfoque historiográfico nos puede aportar una valiosa información, ale jado por supuesto de una visión par ticularista, convencionalista y limitada de la Historia que caracterizaba al género biográfico en el siglo XIX, y buena parte del XX. En la actualidad, este estudio de personajes concretos nos sirve en palabras de los propios autores de la obra para ‘’resaltar las intersecciones entre individuo y so ciedad’’ (p. 19). Si bien personalmen te no realizamos este tipo de estudios o no tenemos pensado hacerlo en un futuro próximo, creemos que es un sinsentido rechazar la utilidad de los mismos para posteriores análisis acer ca de las culturas políticas y sus inte rrelaciones.
Podemos apreciar tres autores que desde ámbitos muy diversos, se han compaginado para coordinar una obra colectiva que aúne sus especialidades historiográficas. En primer lugar te nemos a Eduardo Higueras Castañe da, con un trabajo ya orientado hacia el enfoque biográfico como nos mues tra su anterior obra (Con los Borbones jamás: biografía de Manuel Zorrilla (18331895), Madrid, Marcial Pons, 2016). Por su parte, Rubén Pérez Tru jillo le ha dado a esta obra una visión de la cultura política republicana en clara relación con el ámbito profesio nal jurídico, y también con el estudio del constitucionalismo, un campo que el autor ya ha trabajado anteriormen te (Constitucionalismo hegemónico y constitucionalismo contrahegemónico en el siglo XIX, LACY, 2008). Por último, de la mano de Julián Vadillo Muñoz tenemos el estudio del campo inter nacionalista y obrero, en especial de la vertiente anarquista en la que el autor ya tiene cierto recorrido (Bajo el influjo de un italiano y un francés: Fanelli y Lafargue en la fundación de la Internacional en España, Investiga ciones históricas: Época moderna y contemporánea, 2017).
Por tanto, se ha conseguido un trabajo que recoge muestras de los difusos límites de la cultura política republicana y sus intersecciones con otras tendencias ideológicas. Con el internacionalismo y sus vertientes posteriores –marxismo y anarquismo– tenemos los ejemplos de Nicolás Alon so Marseláu o Pablo Correa y Zafrilla. Con el feminismo podemos ver los casos de Amalia Domingo o Guiller mina Rojas. Incluso con el naciona lismo o regionalismo, destacamos los casos de Rafael Castejón o Gonzalo Nárdiz. Si bien estos ejemplos pue den parecer heterodoxos –y sin duda lo son en casos como los de Amalia Domingo o Marseláu–, no debemos creer que este libro es una compila ción de curiosidades o ejemplos es trafalarios, sino un estudio de las inte rrelaciones de diversas culturas polí ticas que confluyeron en muchos pun tos de su programa y acción.
El estudio de la implicación labo ral como juristas por parte de muchos de estos personajes, junto al estudio del constitucionalismo, son dos ejes temáticos que sin duda vienen intro ducidos en gran medida por Rubén Pérez Trujillo. Son dos ejes fundamen tales para entender este trabajo, con diversos personajes que destacan por su habilidad en las Cortes como di putados usando el reglamento en su favor, presentando enmiendas o tra bajando a fondo en las comisiones de trabajo. Ejemplos destacados en estas tareas fueron Enrique Martí Jara o Eduardo Ortega y Gasset.
En cuanto a la perspectiva de cla se, podemos apreciar como muchos de los individuos estudiados –de hecho, la mayoría– provienen de fami lias de clase burguesa, ya sea más po tentada o de la pequeña burguesía. En estos individuos apreciamos virajes ideológicos muy profundos. A pesar de su procedencia de clase, se vincu lan en su mayoría con el movimiento obrero y con las ideas que comúnmen te se conocen como ‘’de izquierdas’’. Un caso que llama la atención, por ejemplo, es el de José Antonio Bal bontín, de familia burguesa pero que propone que el PSR se integre en el PCE (p. 315). Otros de estos indivi duos encabezarán la lucha por la li bertad de presos políticos anarquistas como el caso de Eduardo Barriobero. Estos personajes destacan en es pecial en el campo –como el título del libro nos indica– de la propaganda y la agitación, es decir el ámbito discur sivo. Casos como el de Ubaldo Rome ro de Quiñones y su potente demago gia, o el de Régulo Martínez Sánchez, nos muestran la potencia discursiva de muchos de estos agitadores que han sido estudiados, así como su activi dad militante incluso en la clandestinidad en el caso de este último. Ade más, su fuerte implicación en la políti ca desde muy jóvenes incluso desaten diendo su ámbito laboral en algunos casos como el de Emilio González Ló pez, les acarrearía terribles consecuen cias: el exilio durante los periodos autoritarios como la dictadura del general Francisco Franco Bahamonde, o incluso la muerte como en el caso de Eduardo Barriobero. Individuos que sin duda fueron perseguidos por su radicalismo político, y que injusta mente –cómo se señala de forma repe tida en la obra– fueron olvidados. Este trabajo consigue recuperar el estudio de estos márgenes del republicanismo y de manera sobresaliente con los es tudios de su clase social, evolución ideológica y militante etc.
En definitiva, es una obra que aúna un enfoque biográfico renova dor, buscando en palabras de Gloria Espigado, ‘’enlazar lo individual con lo colectivo, lo particular con lo ge neral’’. Sin duda esto nos es de utili dad para ayudarnos a estudiar lo que pueden ser algunas heterodoxias, o, por el contrario, características fre cuentes de estas culturas políticas. También nos puede ayudar a apreciar los nexos de unión entre diversas ten dencias ideológicas. Por todo ello, esta obra será de gran utilidad para todo trabajo que se dedique a analizar estas concomitancias entre republicanos, obreristas o socialistas.
SAMUEL CALATAYUD SEMPERE
Universidad de Alicante
LUENGO TEIXIDOR, FÉLIX, MOLINA APARICIO, FERNANDO (eds.), Los caminos de la nación. Factores de nacionalización en la España con temporánea, Comares, Granada, 2016, XIV + 187 pp. (edición en papel); 537 pp. (edición digital).
Los estudios sobre nación y nacio nalismo en España presentan un balance paradójico: desde hace como mínimo dos décadas, el número de investigadores de alguna u otra mane ra implicados y la cantidad de pági nas publicadas son ingentes. Se podría decir que es uno de los temas estrella de la historiografía española. Sin em bargo, la capacidad de estas produc ciones para influir en la agenda y el rumbo de los estudios sobre nación y nacionalismo fuera de España ha sido escasa. Además, aún hoy seguimos diciendo que todavía queda mucho trabajo que hacer, pidiendo “estudios empíricos” y dándole vueltas a la “dé bil nacionalización”, lo cual vendría a reflejar esa sensación de estanca miento que otros autores han defini do para debates más globales.
El principal valor de esta obra colectiva es que sus aportaciones per miten explicar el por qué de ambas situaciones y, a la vez, en algunos ca sos sugieren de forma más o menos explícita vías para su superación. Sus autores pertenecen a todas las gene raciones académicas que se han dedi cado al tema: la que lo introdujo en España hacia los años ochenta del siglo pasado, educada en los sesenta y setenta; la de los formados en los ochenta, que en gran parte llegaron a los estudios sobre nacionalismo des de otros temas; la de los años noven ta y primeros dos mil, que por lo ge neral ya hizo sus tesis en estudios sobre nacionalismo; y la pertenecien te plenamente al siglo XXI, que ha heredado la ventaja y el desafío de un campo ya labrado.
La estructura del libro está divi dida en dos partes. Hay una edición impresa abreviada que incluye un CD con la edición completa. La base del libro es el XXI Simposio del Instituto de Historia Social Valentín de Foron da, “Factores de nacionalización en la sociedad española contemporánea”, celebrado en Vitoria, entre el 17 y el 19 junio de 2015, como parte de una serie de encuentros que desde 2009 vienen reuniendo a grupos de inves tigación sobre nacionalismos de las universidades del País Vasco, Autóno ma de Barcelona, Salamanca y Santia go de Compostela. Los ocho capítu los publicados en papel proceden de las ponencias invitadas del simposio: una muy útil y sistemática reflexión teóricometodológica de Justo Bera mendi y Antonio Rivera, un capítulo sobre iconografías y representaciones (especialmente la pintura) a cargo de Pere Gabriel y Tomás Pérez Vejo, otro sobre la cuestión religiosa de Joseba Louzao y José Ramón Rodríguez Lago, Mikel Aizpuru sobre la movilidad es pacial y la extranjería en el siglo XIX, Juan Andrés Blanco sobre lo nacional en la emigración española a América, una interpretación de la violencia co mo instrumento de nacionalización durante el franquismo de Fernando Molina y José Antonio Pérez, y dos trabajos sobre mundo rural y nación de Miguel Cabo y Javier Ugarte.
Además, la obra edita diecinueve contribuciones, procedentes en su ma yor parte de las comunicaciones del simposio (aunque con alguna modi ficación): una reflexión teórica de Gorka Etxebarria sobre el giro indivi dual, un trabajo de Oriol Luján sobre el Congreso de los Diputados, otro de Javier Pérez Núñez sobre el espar terismo y la milicia nacional, María Rodríguez Calleja sobre la influencia del nacionalismo irlandés en la Lliga Regionalista, Carlos Gregorio Her nández sobre el diario maurista La Acción, Berta Echeberria sobre la co munidad francesa en San Sebastián, Angel GarcíaSanz Marcotegui sobre la Confederación Liberal de la Mon taña en el norte de Navarra, José Gre gorio Cayuela sobre las guerras colo niales españolas, Lourdes Moreiras sobre la retaguardia gallega durante la guerra civil, Félix Luengo sobre el llamado “santuario francés” del te rrorismo vasco, Gaizka Fernández sobre el exilio americano de los nacio nalistas vascos radicales, Raúl Mín guez sobre la Inmaculada durante el Bienio Progresista, Juan Manuel Gon zález Sáez sobre el Caso Orbe en la Iglesia tardofranquista, Antonia Deias sobre el traductor Francisco Micon, Víctor Manuel Amado sobre el mesia nismo político en Israel, Pedro Be rriochoa sobre la Escuela de Agricul tura de Oñati, Loreto Casado sobre los arquetipos vascos en la literatura (y en especial el Ramuntxo de Pierre Loti), Alba Díaz Geada sobre la movi lización social del medio rural galle go durante el tardofranquismo y la transición, y por último Guillermo Marín sobre el seguro obligatorio de enfermedad durante el franquismo.
La conexión con el congreso pre vio explica una diversidad tan grande de temas. La combinación de esta hí perespecialización empírica con los textos iniciales, más orientados a dis cutir preguntas que a dar respuestas, mucho más generales y comprometi dos con problemas comunes y trans versales, arroja un muy buen resulta do. De hecho, constituye uno de los grandes activos del libro al resultar de esta forma útil a dos tipos de lectores: por un lado, el habitual de las obras colectivas universitarias, los investi gadores que trabajan esos temas y es pigan los capítulos que les interesan por coincidencia, aproximación o ana logía; pero por otro lado, el académi co o lector informado que busca algo más que un estado de la cuestión ac tualizado sin llegar a niveles de pro fundidad y concreción excesivos.
En este sentido, el libro constitu ye un buen vehículo para la reflexión sobre las luces y sombras del panora ma actual de los Nationalism Studies en España. En primer lugar, queda claro que el nacionalismo en la Pe nínsula Ibérica es un fenómeno tan rico, complejo y vivo, con largas tra yectorias, conflictos intra e inter nacionales, proyecciones imperiales, intersecciones diversas, etc... que todavía no está ni mucho menos ago tado como tema de investigación y que sus potencialidades para aportar a otros debates generales a nivel euro peo están, como poco, subdesarrolla das. Es cierto que hay algunos facto res estructurales de difícil solución: la aversión generalizada a trabajar his toria no española, la dificultad para publicar en inglés y la impunidad in telectual que goza el nacionalismo académico. Sin embargo, nada de esto es exclusivamente hispánico ni debe ría ser completamente inhabilitante.
En segundo lugar, la lectura de los textos sugiere un cierto lastre teó rico compartido que está directamen te relacionado con los planteamien tos sobre el estudio de fuentes: mien tras se anima a explorar aplicaciones de conceptos como “nacionalismo personal”, “nacionalismo cotidiano”, “experiencias de nación” y “nación desde abajo”, parece que a un nivel implícito se sigue concibiendo a la na ción como algo que “es” (concepción ontológica), y no como algo “que pasa/ ocurre” (concepción fenomenológi ca). Por lo tanto, vemos la nacionali zación como un proceso de comuni cación social en el que un mensaje “se emite” a través de unos “canales” y después “se recibe” con mayores o menores adaptaciones. De esta forma, no puede extrañarnos la resiliencia de la tesis de la débil nacionalización pese a la cantidad de estudios locales que la ponen en cuestión, y de expre siones como “estar intensamente nacionalizado” o “poco nacionaliza do”, como si las personas fueran reci pientes que pueden estar más o me nos llenos (cabría preguntarse que diferencia habría entonces entre estar “completamente nacionalizado” y “ex cesivamente nacionalizado”, y cómo distinguir esto en el mundo real). Ante esto, quizás haya llegado el momento de discutir claramente si esta forma de entender lo nacional no es una suerte de reificación que nos está impidiendo avanzar. Quizás la única manera de estudiar la nación como una experiencia a la vez individual y colectiva, en continua reproducción y siempre potencialmente conflicti va, sea pasar a un modelo de interac ción asimétrica y una verdadera vuel ta al sujeto, como apuntan algunos de los textos de la obra.
Esto se conecta con la necesidad de que establezcamos estrategias metodológicas para acceder todo lo posible a esos “fenómenos”: grupos de discusión, trabajo etnográfico, ego documentos, nuevas lecturas críticas del arte y la literatura.... Puede que esta sea la única manera de iluminar la caja negra de la multicausalidad, la interseccionalidad, la indiferencia variable, etc., términos que se utili zan con frecuencia pero que rara vez se concretan. En tercer y último lugar, algunos de los capítulos señalan el valor ambivalente de la confronta ción, sobre todo si es violenta (nacio nalizadora en tanto que intensifica dora, pero que puede tener el efecto contrario o incluso ser tan divisiva que la reconciliación resulte imposi ble). Frente a la tradición que busca ba historiar la construcción del con senso, está claro que el futuro pasará por el estudio del conflicto. Para ello, la participación en los debates sobre historia, memoria y transiciones gene racionales será indispensable, lo cual hasta ahora ha sido solo tangencial. La poca integración con toda la lite ratura existente sobre construcción de la ciudadanía, democracia, repu blicanismo y antiliberalismo también es llamativa.
Volviendo a la obra en sí, hay por supuesto zonas oscuras o ausencias, como los caminos que proponen la historia urbana o los estudios postco loniales, pero en conjunto el libro con sigue superar las expectativas de la mera publicación de actas y cumplir lo prometido: proporcionar una guía de viaje actualizada y sugestiva para recorrer esos caminos de la nación en la España contemporánea en los que todavía estamos inmersos.
RAÚL MORENO ALMENDRAL
Universidad de Salamanca
QUIROZ, Alfonso W., Historia de la corrupción en el Perú, Lima, Insti tuto de Estudios Peruanos, 2016 (quinta reimpresión), 486 pp.
Alfonso W. Quiroz (19562013) fue un destacado historiador perua no especialista en historia económica e institucional peruana y latinoame ricana. Se graduó en historia en la Pontificia Universidad Católica del Perú y realizó un master y doctorado en Historia en la Universidad de Columbia de Nueva York. Fue profe sor asistente durante varios años de historia de América y el Caribe en Ba ruch College y en el Graduate Center del city University of New York, y desde 1994 se le considera como es pecialista en historia mundial. Sus tres aportaciones historiográficas se refie ren a la historia financiera peruana, la historia de la corrupción estatal en el Perú y la historia social y económi ca de Cuba antes de la revolución de 1959. Entre sus obras sobresalientes destacan: Domestic and Foreing Finan ce in Modern Peru 18501950: Finan cing Visions of Development (1993); Banqueros en conflicto: estructura fi nanciera y económica peruana 1884. 1930 (1990); y La deuda defraudada: consolidación de 1850 y dominio eco nómico en el Perú (1987).
Quiroz era un investigador incan sable, que utilizó en sus trabajos toda la documentación posible, extraída de archivos y bibliotecas de Perú, Es paña, Inglaterra y EEUU, contrastando siempre la información obtenida. En el campo de la historia de la co rrupción hay que destacar las nove dades metodológicas que introdujo a partir del examen atento de la corres pondencia de los funcionarios diplo máticos proveniente de los ministe rios de Asuntos Exteriores de París, Madrid y Key (Inglaterra), y otros documentos del Security Archive y el National Archives de Estados Unidos. Las fuentes de su estudio son nume rosas: pesquisas, investigaciones lega les, memoriales y proyectos, investi gaciones parlamentarias, registros notariales, correspondencia oficial y privada, juicios, informes, diarios, panfletos, etc.
El libro reseñado contempla la corrupción administrativa y estatal desde las postrimerías del período colonial hasta nuestros días, sus efec tos recurrentes y cíclicos, las causas específicas de la corrupción y sus cos tos económicos e institucionales. La corrupción la entiende como el mal uso del poder políticoburocrático por parte de camarillas de funcionarios, atraídos por mezquinos intereses pri vados, con el fin de obtener ventajas económicas o políticas contrarias a las metas del desarrollo social median te la malversación o el desvío de re cursos públicos, junto con la distor sión de políticos e instituciones. Cons tituye un fenómeno insidioso, amplio, variado y global que comprende acti vidades tanto públicas como priva das. No se trata únicamente del tosco saqueo del patrimonio del Estado. La corrupción comprende el ofrecimien to y la recepción de sobornos, la mal versación y mala asignación de fon dos y gastos públicos, los escándalos financieros y políticos del fraude elec toral, el tráfico de influencias y otras trasgresiones administrativas como el financiamiento ilegal de partidos políticos en busca de favores indebi do. El fenómeno de la corrupción tiene continuidad y variedad de for mas desde la aparición de los Estados y civilizaciones más tempranas, y está en todas las culturas. Hay causas ins titucionales de la corrupción y con secuencias negativas para el desarro llo económico, la inversión, la demo cracia y la sociedad civil.
Desde la antigüedad siempre se han dictado leyes contra la corrup ción. En el ámbito hispano por ejem plo los códigos y diccionarios inclu yen vocablos como corruptela (abuso legal), cohecho (soborno) y prevari cación (perversión de la justicia). La corrupción no es una constante cul tural fruto del patronazgo y del clien telismo, como algunos historiadores han afirmado para relativizar el pro blema. Tampoco es una cuestión sim ple de valores, según la religión que se profese. Pensar que en los países católicos de Europa abunda más la corrupción que en los protestantes es una pura elucubración. La historio grafía marxista asocia corrupción con capitalismo, expropiación injusta y dependencia externa. Son apreciaciones simplistas, utilizadas como armas políticas o ideológicas. Lo mismo su cede con la idea muy extendida entre los años 19601989 de ciertos politó logos que consideran la corrupción en América latina como un mal menor, fruto de la política real, consecuencia de la guerra fría.
Perú es un caso clásico de un país profundamente afectado por la co rrupción administrativa, política y sistémica tanto en el pasado como en le presente. Quiroz analiza las causas específicas de la corrupción y sus cos tos económicos e institucionales en el largo plazo. De este modo se puede saber el alcance de la corrupción en la historia real del país, cuestión que los historiadores peruanos por moti vos nacionalistas e idealistas no ha bían indagado suficientemente. Tam bién contempla la lucha de algunas personalidades que combatieron la corrupción y que intentaron moder nizar las instituciones, como Antonio de Ulloa a mediados del siglo XVIII y otros reformistas del período republi cano, como Domingo Elías, Francisco Calderón, Manuel González Prada y Jorge Basadre, entre otros.
El libro consta de siete capítulos, cada uno de ellos corresponde a una de las principales épocas y ciclos de corrupción denunciados o destapa dos por diversos testigos. El primer capítulo analiza las raíces coloniales de la corrupción administrativa sisté mica de las cortes virreinales, que a través del patronazgo se beneficiaron con monopolios, privilegios y cargos oficiales comprados. Las prácticas co loniales corruptas fortalecieron el abuso y la explotación indígena, el descuido de la administración de las minas, el contrabando y el fracaso de la reforma colonial.
El segundo capítulo explica el legado de la corrupción colonial bajo las nuevas condiciones instituciona les posteriores a la independencia. El dominio de los caudillos y las redes de patronazgo permitía el despojo y la expropiación de bienes privados, el saqueo “patriótico”, el abuso del crédito nacional, las políticas comer ciales locales y externas, una diploma cia venal y un contrabando arraiga do, lo que minó las bases de la nueva república. El tercer capítulo contem pla el impacto que tuvo la corrupción sobre unas fallidas políticas financie ras y comerciales que no emplearon las oportunidades económicas de la exportación del guano. Las camarillas gobernantes corruptas y los intereses extranjeros contribuyeron a la mal versación de los recursos públicos.
El cuarto capítulo analiza la mo dernización parcial y el renacer del Estado y los militares después de la Guerra del Pacífico, y el surgimiento de Leguía, un modernizador civil deci dido a mantener el control despótico mediante medios corruptos en la polí tica, los negocios y los medios de co municación. El quinto estudia la situa ción política y económica surgida a partir de las crisis de comienzos de la década de 1930, que encumbró a venales dictadores militares y líderes populistas, y limitó la democracia electoral mediante pactos secretos contrarios al interés público. El sexto explica los fracasos de los débiles go biernos democráticos del periodo 19361989, que se vieron acosados por graves escándalos de corrupción y fueron incapaces de contener el militarismo beneficiario de la corrup ción. El séptimo describe la compleja conspiración corrupta del régimen de FujimoriMontesinos que malba rató las oportunidades de las refor mas liberales y privatizaciones intro ducidas en la década de 1990 y con tribuyó a efectuar un giro importante en la forma en que los peruanos ven la corrupción y su legado. Finalmente, el epílogo señala las continuidades y los cambios que amenazan los avan ces contra la corrupción realizados en los primeros años de este siglo.
Este estudio abre un nuevo campo teórico sobre la corrupción de gran interés. El autor hace un gran esfuer zo estadístico para cuantificar el peso que supuso la corrupción en el desa rrollo económico del Perú. Su inves tigación introduce los avances meto dológicos en el campo del análisis his tórico y da un paso importante en la medición de los costos de la corrup ción al establecer un cuadro general basado en las evidencias cuantitati vas (el valor monetario de los fondos que no llegaron a su objetivo público y fueron desviados por intereses corruptos) y cualitativas (el daño cau sado a instituciones claves que facili tan la estabilidad y la inversión). Se puede afirmar que entre el 40 y 50 por ciento de las posibilidades de de sarrollo del país se vieron frustradas por la corrupción. Entre 1820 y 2000 las sucesivas olas de corrupción po drían haber implicado la pérdida di recta e indirecta de entre 30 y 40 por ciento de los gastos gubernamenta les, y de entre 3 y 4 por ciento del producto interior bruto. Los perío dos en los que la corrupción fue más elevada coincide con los regímenes más autoritarios: el virreinato tardío (18001820), los primeros caudillos (18221839), la década de la consoli dación de la deuda (el decenio de 1850), la tardía era del guano (1869 1872), el militarismo de la posguerra (18851895), la década de 1920 (go bierno de Leguía), el gobierno militar (19681980) y la década de Fujimo ri1 de 1990 (pp. 424425).
Esta investigación cuestiona la idea del mundo académico que con sidera la corrupción de las autorida des como un hecho inevitable del cre cimiento y de la vida cotidiana de los países pobres, o la percepción popu lar que si un político “hace obras” sus robos estarían perdonados. Se trata de un estudio innovador y muy valioso por la metodología utilizada.
ANTONIO MOLINER PRADA
Universitat Autònoma de Barcelona
ANDREASSI, Alejandro (coord.), Crisis y revolución. El movimiento obrero europeo durante la guerra y la revolución rusa (19141921), Bar celona, El Viejo Topo, 2017, 192 pp.
El año 1917 está anclado en la historiografía contemporánea como el de la Revolución Rusa, un aconte cimiento que marcó un antes y un después en la historia, el comienzo del siglo XX y el detonador de un nuevo proceso revolucionario que tuvo un profundo alcance internacional. Nada volvería a ser igual y el terreno polí tico se transformaría irrevocablemen te, con una oleada revolucionaria y/o huelguística alterando la política en países beligerantes como Italia, Ale mania, Francia y Gran Bretaña, al igual que en países oficialmente/su puestamente neutrales, como España y Suecia. En aquel momento estaba teniendo lugar una lucha de clases muy intensa, típica de la Europa de “sangre y fuego”, espléndidamente descrita por Enzo Traverso1, con gue rras sociales, polarización sociopolí tica y rechazo al liberalismo por mu chos sectores de la derecha y al refor
1 El costo medio anual de la corrup ción durante el régimen de Fujimori fue de entre 14.000 y 20.000 millones de dólares.
1 Traverso, Enzo, A sangre y fuego. De la guerra civil europea (19141945), Valencia, Universitat de València, 2009.
mismo por la izquierda. En España, esa nueva intensidad de la lucha social obedecía en parte a la crisis del esta do monárquico después del fracaso de la revolución democrática en agos to de 1917 pero, sobre todo, el espec tro de la revolución en el lejano Este condicionaba cada vez más la lucha de clases y el conflicto social por toda Europa.
El libro editado por Alejando Andreassi se encuadra dentro de este periodo revolucionario más amplio, ofreciéndonos así una perspectiva comparada muy valiosa. Tal como se nos explica en la introducción, el enfoque del libro “enmarca la revolu ción rusa en la oleada de movimien tos sociales de resistencia a la guerra” y en “las nuevas técnicas industriales y fordistas de matar”, o sea en el pro ceso que provocó una “catástrofe hu manitaria [que] desveló una oleada de movimientos de lucha obrera, cam pesina y popular contra la guerra y contra el sistema capitalista”. (p. 9) Como respuesta a aquella situación, “el movimiento obrero ensayó nuevas formas de acción y de organización de la autonomía de clase” (10), por ejemplo los sóviets, los consejos obre ros, las ocupaciones de las fábricas y de la tierra y las huelgas revoluciona rias. Un mérito adicional del libro es que matiza que la guerra, “más que inaugurar una nueva época, actuó como un catalizador, un acelerador y articulador de tendencias que estaban operando al menos desde comienzos de siglo, que preanunciaban la apari ción de un nuevo movimiento obre ro, en respuesta a las nuevas formas de explotación capitalista”. (10) Luego hay un rechazo claro de ciertos tópi cos sobre la revolución de octubre, sobre todo la interpretación que la ve como un “golpe de estado o como conspiración de minorías”. Para An dreassi y sus colaboradores, el antí doto contra la historia institucional a secas –un método estéril pero triste mente presente todavía en la histo riografía– es “la perspectiva de la his toria desde abajo y de la historia polí tica” (11). De hecho, el libro es un buen aviso sobre la importancia de combinar la historia política con la social, porque por separado ambas pierden mucho de su potencial como herramientas explicadoras.
Los primeros dos capítulos (de Anna Sallés Bonastre y de Joan Tafalla respectivamente) analizan la revolu ción rusa desde enfoques diferentes pero complementarios. Sallés consi dera la revolución de febrero, exami nando sus orígenes en la revolución frustrada de 1905 y las condiciones sociopolíticas del Imperio ruso, con cluyendo con un análisis de los meses decisivos hasta octubre. En un capí tulo más monográfico, Joan Tafalla estudia los procesos de longue durée en la tierra, el campesinado y las rela ciones agrarias. El hilo conductor de esta contribución es la lucha agraria desde mediados del siglo XIX y la abolición de la servidumbre de 1861 hasta la revolución agraria de 1917, pasando, lógicamente, por 1905 y las subsiguientes reformas contrarrevo lucionarias o preventivas de Stolypin, que pretendían promocionar el espí ritu individualista con créditos y ban cos rurales. El capítulo termina con un análisis de la política bolchevique aplicada al campo en los primeros meses de la revolución.
A éstos les siguen varios capítu los que analizan el radicalismo bélico y las secuelas internacionales del octu bre ruso. Adrià Llacuna, un joven es tudioso del comunismo británico, es cribe sobre el nuevo sindicalismo de clase que surgió en Reino Unido en la guerra y que atacaba el control mo nopolista ejercido sobre el movi miento obrero por la burocracia con servadora del Trades Union Congress. Dada la importancia del tema, las 15 páginas del capítulo se me quedaron cortas pero el autor tiene el gran atri buto de situar el radicalismo de la guerra en los debates sobre el “parti cularismo inglés” y, además cuenta con el valor añadido de incluir una buena síntesis de los debates histo riográficos sobre el tema. Soledad Bengoechea complementa el trabajo anterior con otro estudio local de la rebelión del grupo de Rosa Luxem burg y Karl Liebknecht contra la buro cracia sofocante del SPD. Nacido antes de la guerra, este grupo se consolidó a partir de 1914, como una alternati va internacionalista a la socialdemo cracia más tímida y servicial con el militarismo. El capítulo concluye con un buen análisis de la revolución alemana de 1918, un movimiento tan deseado por la elite bolchevique, que terminó con la política abiertamente contrarrevolucionaria del SPD para frenar el tren del cambio, algo que enfrentaba la socialdemocracia con la voluntad autónoma de millones de obreros representados en los conse jos revolucionarios. Como colofón, hay una consideración breve de la insurrección obrera de 1919 y la re presión cruenta llevada a cabo por una coalición de los socialistas y los Frei korps –los paramilitares de extrema derecha–.
Por su parte, José Luis Martín Ramos analiza la crisis que se produ jo en España desde la revolución de mocrática frustrada del verano calien te de 1917 hasta 1923 y el entierro de la Restauración. Es una contribución importante porque arranca con una consideración del debate sobre la naturaleza de la Restauración. Esto es muy importante dadas las distor siones de los neo revisionistas y de sus caballos troyanos en el mundo académico y sus intentos de proyec tar una imagen del sistema o como una democracia en ciernes o, exage rando su contenido democrático, co mo un precedente para la monarquía constitucional actual. En cambio, Mar tín Ramos apuesta por una perspecti va sugerente: con la guerra se pueden detectar claros indicios de desgaste de la Restauración y un “búnker dinásti co” (119) que defendía un estado obsoleto, rígido y dotado de pocos re cursos para responder a los cambios sociales ocasionados por la guerra. En 1917, como es bien sabido, la falta de representación política, la desigualdad y la inflación galopante produjeron una coalición/entendimiento coyun tural –y muy poco estable– entre el movimiento obrero, algunos sectores capitalistas, los movimientos nacio nalistas y militares aparentemente li berales para forzar un cambio políti co, algo que fue duramente reprimi do por el gobierno de Eduardo Dato. La combinación de las distintas lec turas de la represión estatal y el octu bre ruso sellaron la fragmentación de la izquierda, algo muy bien explicado en su justa medida por el autor, que termina su contribución analizando el rearmamento de la reacción a par tir del gran miedo ocasionado por la huelga de la Canadiense (1919) que desencadenó una serie de aconteci mientos y procesos que terminaron en el golpe militar del general Primo de Rivera en 1923.
Después, el trabajo de Steven Forti lidia con la Italia de la posguerra y las ocupaciones agrarias y urbanas. Des pués viene un estudio de Andreassi, que hace hincapié en las protestas en Francia desde 1914. Lo hace a través de una exploración de los valores polí ticos de Jean Jaurès, una víctima tem prana del chovinismo y el militarismo desatado por la guerra. Como nos muestra Andreassi, paralelo al creci miento de la lucha pacifista, hubo una oleada huelguística contra las condi ciones laborales impuestas por el con flicto bélico provocando protestas que llegaron al frente, igual que en Rusia. Por último, Giame Pala hace un breve balance de la historiografía reciente de la revolución que cierra el libro a modo de reflexión final.
Si la mayoría de las contribucio nes (todas menos la de Martín Ramos) están basadas esencialmente en fuen tes secundarias, el gran valor del libro es la perspicacia del enfoque en su totalidad y la mirada experta de los contribuidores, que siguen fructuo samente el guion sugerente expresa do en la introducción. Es un libro bien desarrollado y muy completo, rigu roso, y de consulta obligatoria, que nos ofrece una perspectiva compara da de un periodo transcendente en la historia social, política y cultural del siglo pasado. La crítica principal que tengo es que la extensión de las con tribuciones es muy variable. Por ejem plo, el capítulo de Tafalla (40 páginas), es dos veces más extenso que algunos capítulos y, en ciertos momentos, el lector se queda con ganas de saber más, aunque visto de otra manera que rer saber más también puede reflejar la calidad de los trabajos.
CHRIS EALHAM
Saint Louis University, Madrid
RAPPAPORT, Helen, Atrapados en la Revolución rusa, 1917, Madrid, Ediciones Palabra, 2017, 496 pp.
Apenas cien años nos separan de uno de los acontecimientos históri cos más importantes, si no el de ma yor importancia, del siglo XX: la Re volución rusa. Cualquier persona con cierto interés por la Historia ha visto o leído en alguna ocasión algo rela cionado con este evento, desde obras de alta divulgación a revistas especia lizadas. Puede que, incluso, haya refle xionado o debatido alguna vez sobre las profundas consecuencias que tuvo tal proceso para el conjunto de socie dades contemporáneas, bien sea para alabar los cambios que sufriría Rusia en su transición hacia la URSS, o para enfatizar la barbarie desatada por la misma.
No nos sorprende entonces el he cho de que, como ocurre con el resto de acontecimientos o personajes con cierta significación histórica, cuando se acerca un centenario u otra fecha de cierto impacto, todo el mundo pa rece tener algo que decir al respecto. Ideas aparentemente novedosas, docu mentos de importancia inconmensu rable, y revalorizaciones de algo pre viamente valorado aparecen por do quier. Curiosamente, este fenómeno suele coincidir generalmente con la repentina necesidad de todas las edi toriales por ofrecer “nuevos” produc tos que versen sobre tal materia. Pese a no ser una aportación realmente novedosa, el relato de Helen Rappa port que aquí se reseña se inscribe en el contexto descrito.
Cuando Rappaport se volcó en la escritura, a partir de los años 90, se centró en dos temas para sus escritos: el movimiento reformista de mujeres de finales del siglo XIX y principios del XX, y en diferentes temáticas rela cionadas con la Rusia del siglo XX. Terminó por oscilar siempre entre episodios relacionados con la partici pación de las mujeres en diferentes contextos, sobre todo en Reino Unido o en Rusia –como se ve en su trata miento sobre el papel de las mujeres en la Guerra de Crimea–, al tiempo que trataba a los personajes más lla mativos para el gran público, como las figuras de Stalin, Lenin o los mis mísimos Romanov. En nuestro caso, centramos nuestra mirada en su últi mo libro, Atrapados en la Revolución rusa.
La obra de Rappaport pretende llevar a cabo una aproximación a la realidad de la Rusia en tiempos de la caída del zarismo y del comienzo de la Revolución desde una perspectiva (aparentemente) novedosa: la percep ción por los extranjeros que vivían en Petrogrado hacia 1917, así como aquellos que llegarían a lo largo del período prerevolucionario por dife rentes motivos. Para ello, queda divi dida en tres partes. La Rusia revolu cionaria en febrero, la tensión entre febrero y octubre y, finalmente, la Re volución de octubre. Para cada estadio, Rappaport da voz a quien ella en tiende es necesario escuchar, lo cual es doblemente problemático. El pri mer problema es a quién estamos es cuchando. El segundo problema es la intencionalidad de Rappaport con ello y, por tanto, cómo se nos transmite la información no es en absoluto ino cente o carente de partidismo.
Rappaport comienza con una rela ción de los testigos a los que prestará su voz para contar, a través de sus diarios, notas y noticias, cómo vivie ron la Revolución. Es interesante aten der a cuál es la relación de los y las testigos de la obra, en tanto que nos permite comprobar cuál será la apro ximación histórica de Rappaport a los acontecimientos que habían de cam biar el rumbo de la Historia contem poránea. Así, podemos observar que la mayoría de los personajes tratados como testigos mayoritariamente "no tables", miembros de las elites. Rappa port además de prestar su voz a aque llas gentes que no solo han hablado ya por sí mismas, olvidará casi por norma general a aquellas personas que, real mente, no tenían voz en los momen tos prerevolucionarios. Es más, cuan do les dé voz, será para hacer ver que no estaban preparados para tenerla.
Desde el primer capítulo, ya se puede prever ante qué tipo de obra nos encontramos y, por tanto, cuál será su resultado. Para Rappaport la Revolución se traduce en un fenóme no virulento y solamente contenido –aceptado– de forma contextual en febrero de 1917. Pero la Revolución trasciende, por lo que queda solo como aquel fenómeno virulento al que, según Rappaport, “Lenin había llevado consigo algo de lo que hasta entonces carecía la revolución: había sido capaz de «proporcionar una doctrina para la violencia»” (p. 204). Es entonces cuando encontramos que habría sido pertinente elaborar una contextualización más efectiva y con trastada. Nos traslada el hambre que sufría la población rusa al tiempo que nos transmite el choque de esa Rusia imperial idealizada en el discurso de Rappaport con la decadencia y auto ritarismo que, de hecho, existía. Por discursos de terceros, la autora se lamenta de la búsqueda de ciertos sec tores de la sociedad por hacer que Rusia abandone la Primera Guerra Mundial. Para Rappaport nos encon tramos ante un Imperio que se dete riora por los “enemigos internos” –los bolcheviques y otros sectores radica les– y por los malos “consejos” al Zar. El tratar su pérdida de poder, entre otras cosas, fruto de “líos de faldas” así como de los malos consejeros del zar Nicolás, nos da una visión sim plista del primer tercio del siglo XX que ya nos hace pensar que el com promiso de Rappaport pueda ser ma yor hacia lo meramente literario que hacia el saber histórico científico.
El tratamiento de la autora hacia un régimen autocrático de tipo feu dal que se sostiene por los intereses de las clases dominantes así como hacia los extranjeros que se benefi ciaban del mismo no puede sorpren dernos en un texto que, ante la explo sión de violencia hacia tal régimen por parte de la población que sufre las calamidades de la guerra y el ham bre “asesina” policías, mientras que la policía que defiende tal régimen ametrallando a la población en lucha contra ese estadio de cosas “abate” civiles. El lenguaje es una herramien ta portentosa en la construcción de un discurso y en la instrumentaliza ción de la Historia, y Rappaport sabe emplearlo de tal forma.
Rappaport nos muestra las muta ciones y pervivencias de la cultura imperial y religiosa en actividades de una población que está librándose de las cadenas del Ancien régime entre febrero y octubre, siempre desde el prisma de las elites. De hecho, en este sentido, dice que “con la abdicación del zar, se popularizó rápidamente una nueva forma de entretenimiento: la destrucción sistemática de todas las insignias y símbolos visibles del impe rio” (p. 167). Este comentario, que puede parecer banal, deja de serlo cuando se instrumentaliza de nuevo un testimonio ya de por sí intencio nal, como el de Buchanan, ya que para él “la nueva «doctrina de la libertad» socialista «predicaba el desprecio a la belleza» (p. 169). Este tipo de estruc turas son las que Rappaport desarro lla a lo largo de la obra. Una aprecia ción personal que pretende ser histó rica, el apoyo en testimonios que juzgan la forma antes que el contenido, y la retroalimentación de ambas, que se transforma en su “discurso históri co”. Pero ¿acaso este recurso es apre ciable solo cuando tratan los aspec tos económicos y culturales?
En lo político, y fruto de los suce sos de febrero, las estructuras feuda les que perviven en las nuevas estruc turas burguesas de la Duma, suponen para Rappaport toda la democracia para la que la sociedad rusa estaba preparada en ese momento. ¿Cómo responder discursivamente al Soviet de Petrogrado, que quiere llevar a cabo otra revolución? Rappaport se posiciona instrumentalizando, de nue vo, testimonios. Por ejemplo, toman do a Emmeline Pankhurst, la cual “afirmó que Rusia necesitaba un brazo fuerte, y Kerenski era débil. El único que podía «arreglar la situación» era Kornilov, que «gobernaría con mano de hierro»” (pp. 265266). Es decir, Rappaport no está presentando cómo fue la Historia, está posicionándose a favor de un fallido golpe de Estado de un ultraconservador, utilizando para ello una falacia de autoridad. Lo cual es, cuando menos, preocupante en una obra que se presupone de “al ta” divulgación.
Por todo esto, ya podemos imaginar cuál es la opinión que le merece rá la Revolución rusa. Ridiculiza a Lenin por camuflarse al tener que exiliarse –al tiempo que transmite la opinión de otros testigos que le que rían muerto–; a través de otros, se burla abiertamente de los trabajado res del Soviet por sus vestimentas y olor, por su alcoholismo; y, además, instrumentaliza a unos extranjeros con reconocimiento social al tiem po que desprecia a extranjeros como John Reed por su caracterización po lítica.
No estamos ante una obra de carácter historiográfico ni, por tanto, ante un relato de la Revolución rusa de carácter novedoso. Estamos ante una obra de carácter partidista que se apoya en los sucesos históricos para hacer un manifiesto político a poste riori. Otra vez, como en tantos otros discursos historiográficos y políticos, se divaga acerca de lo que significó la Revolución para las elites sociales y las gentes bien posicionadas en una sociedad cerrada y autocrática. En resumen, Rappaport no aporta nada nuevo; como mucho, redunda en el re ciente –y cada vez más estable– revi sionismo histórico.
Pero no queremos llevar a error. Exhortamos a la lectura de esta obra a todos y todas las historiadoras, así como a cualquier persona que tenga interés por la Historia en general, así como por los sucesos de la Revo lución bolchevique, en concreto. Creemos que esta obra ha de leerse porque no solo es nuestra obligación como historiadores leer buena histo riografía, también debemos leer otro tipo de relatos para saber cómo pro ceder con buena crítica a diferenciar lo que es la historia científica (histo riografía) y la pseudociencia.
ADAM ABBOU FRANCÉS
Universidad de Alicante
TUÑÓN DE LARA, Manuel, Medio siglo de cultura española (18851936), estudio preliminar de Paul Au bert, Pamplona, Urgoiti Editores, CX+418 pp.
No se puede observar una ola sin tener en cuenta los elementos com plejos que contribuyen a su formación y los no menos complejos que nacen de ella”. Esta frase de la novela Palo mar de Italo Calvino es la que utiliza Paul Aubert para expresar la concep ción que posee Tuñón de Lara (1915 1997) acerca de la cultura como una totalidad que ha de explicarse en re lación con el resto de los elementos de la realidad.
Medio siglo de cultura española (18851936), ofrecido por Urgoiti editores en una espléndida colección (Historiadores) dedicada a recuperar obras esenciales de grandes historia dores, es una muestra de la erudición del maestro Tuñón de Lara, publica da originalmente en 1973. Es una referencia obligada para los estudios encuadrados en la Historia Cultural y Social, ya que sentó un precedente en esta especialidad. En este libro pode mos encontrar propuestas de investi gación que hoy, cuarenta años después, se han visto satisfechas y otras que aun pueden y deben ser empren didas para contribuir a un mejor co nocimiento de la Historia Contem poránea de España. El encargado de prologar y dar una visión actualizada de esos elementos propuestos por Tuñón es uno de sus discípulos, Paul Aubert, prestigioso hispanista y cate drático de Literatura y Civilización española en la Universidad de Aix Marsella. Aubert nos habla de las cir cunstancias en que esta obra fue ela borada, así como el hundimiento de sus raíces en el foro de debate y co nocimiento que fueron los Coloquios de la Universidad de Pau auspiciados por Tuñón de Lara.
Esta obra nos ofrece la posibili dad de comprender cómo entendía Tuñón de Lara algunas de las grandes cuestiones de la historia de España y sus algunas de instituciones españo las a través de las obras de ciertos autores representativos, las cuales se ocupa de contextualizar y analizar atendiendo a la circunstancia social que las rodeaba. No en vano el autor fue un exponente destacado del mar xismo historiográfico de la época, su puso una aportación fundamental a la renovación historiográfica de la época.
En primer lugar, el autor expresa la premisa de su estudio (Capítulo I): la plena relación de la cultura con la coyuntura socioeconómica y el plano institucional, aunque sin que esto su ponga un determinismo para la crea ción cultural, a su vez, la cultura influiría en el plano estructural. De este modo, presta especial atención a la obra de Galdós y Leopoldo Alas “Cla rín” (Capítulo II), entendiendo que son representativos de una nueva escala de valores y significados pro pios de una burguesía liberal enfren tada a un sistema, el de la Restaura ción, dominado por la alta burguesía y la oligarquía, habiendo integrado la primera los valores y las formas de prestigio social de la segunda. Esa fusión afectaría incluso al propio de sarrollo económico y social de España, ya que la alianza, como apunta la his toriografía actualmente, se realizaría principalmente entre esa alta burgue sía y la oligarquía de grandes terrate nientes de tipo rentista, lo que provo caría el freno de la modernización productiva, económica y social.
Se presta una atención especial a lo que el autor denomina “krausismo español” (Capítulo III), así como a la Institución Libre de Enseñanza, que encarnaría una segunda fase de esta tendencia krausista, algunos de cuyos exponentes tuvieron relación con el propio Tuñón. Ese krausismo autóc tono tendría su núcleo irradiador en Julián Sanz del Río, que asimilaría las doctrinas de Krause y Ahrens en Heidelberg y las transmitiría a un pri mer núcleo krausista en España cris talizando en la línea o estilo que Tu ñón llama institucionista, que sería una segunda etapa encarnada en la Institución Libre de Enseñanza y el denominado Grupo de Oviedo (Alas, Rafael Altamira, Posada, Sela o Buy lla). Todo ello desembocará en el pri mer y segundo decenio del siglo XX en la creación de instituciones que beben de ese espíritu de voluntad de expansión del conocimiento, aunque con un marcado carácter elitista, como el Instituto de Reformas Sociales, la Junta de Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes y el Ins titutoEscuela. El autor analizará en este capítulo la evolución interna del krausismo español y el institucionis mo y su vertiente crítica con el siste ma de la Restauración, la extracción principalmente burguesa de sus inte grantes, una burguesía consciente de no haberse integrado en el sistema so cial, económico y político de la Res tauración, a diferencia del estrato superior de la alta burguesía (pp. 49 50); Así mismo, debemos mencionar el elitismo krausistainstitucionista que apuesta por la formación del pue blo español a través de “equipos espi ritualmente selectos” encargados de llevarla a cabo (p. 56).
El siguiente capítulo, el IV, está dedicado al análisis del regeneracio nismo a través de la obra de Joaquín Costa y, en palabras de Tuñón de Lara, el “primer” Unamuno. El autor habla de este fenómeno como “algo que está vinculado a los movimientos de una burguesía media disconforme al pro ducirse la quiebra colonial del 98” (p. 61). Además, se examina el contexto en el que surge: el caciquismo, parti dos turnantes, etc. Tuñón señala los problemas o errores en los que incu rren los análisis regeneracionistas, co mo la evolución desde la crítica al caciquismo hasta el antiparlamenta rismo o el desprecio por los partidos políticos como actitud frente a los partidos que participan en el turnis mo. Esto se puede ligar con la “carga prodictatorial” que aprecia el autor en la base del regeneracionismo y que viene, también, de la visión rege neracionista del pueblo como “me nor de edad” (p. 6970). El caciquis mo será abordado también con más profundidad en la obra, concretamen te en el capítulo VII, prestando aten ción a cómo diversos autores analiza ron la cuestión: desde una perspecti va sociopolítica, donde estarían Cos ta o el grupo de profesores de Oviedo, antes citado; desde la expresión lite raria, destacando a Galdós y Antonio Machado; o desde el periodismo.
Tuñón de Lara realiza un exhaus tivo análisis de las diferentes aproxi maciones que los intelectuales, escri tores y periodistas realizan a “lo so cial”, es decir, a la realidad social que los rodea, en las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX (Capítulo V). Su análisis va desde la aparición de la sección española de la Primera Internacional en 1868 con un peso importante del bakuninismo, pasando por la que el autor denomi na “primera recepción «prehistórica»” de las tesis de Marx en España en 18701871, hasta algunas de las per sonalidades importantes dentro del socialismo español, como Jaime Vera o el propio Pablo Iglesias, con un papel más dirigido a la divulgación que a la teorización, aa diferencia de Vera. El autor concluye que estos hitos de acercamiento a “lo social”, sin em bargo, no son parte de una ciencia social, sino una aproximación desde una intencionalidad concreta y con la voluntad de realizar un “juicio moral” (p. 116). En el capítulo IX el autor analizará cómo ha evolucionado el impacto del “hecho social en la tarea cultural”, prestando atención a los dos primeros decenios del siglo XX. De este modo, destaca el aumento de estudios teóricos, así como el mayor rigor de los mismos, resaltando las aportaciones de la Escuela Nueva y de su impulsor, Manuel Núñez de Are nas, sin el cual, afirma el autor, “todo intento de comprensión de la conju gación sociocultural en el primer cuarto de siglo queda irremisible y gravemente mutilada” (p. 212), del que destaca sus Notas sobre historia del movimiento obrero español (1916). Otro de los puntos importantes de esta obra es el análisis de la realidad del “grupo del 98” (Capítulo VI) ana lizando para ello los mitos construidos sobre el mismo, especialmente desde una perspectiva liberal, pero también desde la visión ultraconservadora que habría intentado “marginar” a los in tegrantes de este grupo de la tradición cultural española. Para Tuñón estaría mos más bien ante un “grupo genera cional” que reflexiona sobre la realidad de España, que será uno de los grandes temas que causan desvelo a estos autores, desde una óptica tota lizadora (p. 120). El autor va a cen trarse en algunos de los hombres que formarían este grupo: Unamuno, “Azorín”, Baroja, Maeztu, Machado y ValleInclán, aunque la adscripción de este último deba hacerse con cier tas precauciones. El otro grupo que se tratará será el de “los hombres de 1914”, en el Capítulo VIII, en los que se está prefigurando el tipo de inte lectual de los años veinte, mucho más especializado. Además, uno de los temas de este grupo continuará siendo el de España o las Españas, que Ortega y Gasset, miembro del grupo, caracteriza como la “España oficial”, que estaría caduca, y una “España vital” nueva (p. 173).
Esta obra trata de forma especial el período de 1917 a 1920 (Capítulo X), en tanto que el autor entiende la necesidad de analizar cómo afectan los hechos nacionales e internaciona les que se están produciendo a las actitudes de ciertos intelectuales y a la producción cultural. De este modo, se aborda la posición de algunos escri tores que, como Araquistáin, creen que la situación nacional es una con secuencia de lo que acontece en el exterior; además, el autor observa la recepción que tuvieron los principios wilsonianos al finalizar la guerra, así como el posicionamiento de algunos intelectuales en favor de la entrada de España en la Sociedad de Naciones, como es el caso de Manuel Azaña, así como el de los firmantes del manifies to de la Unión Democrática Española en este sentido. Sobre todo, habría que destacar el impacto de este periodo y los hechos que se están produciendo en la configuración de dos visiones de la cultura para los autores españo les: por un lado, una “cultura de y para minorías selectas” y, por otro lado, una cultura del hombre (…) y para el hombre real, inserto en una estructura social” (pp. 260261). Esto sin duda tiene relación con el análisis de la forma en que algunos intelec tuales han concebido la relación entre “la élite y el hombre” (Capítulo XI), siendo primordial la visión de Ortega y Gasset y su elitismo, que esboza una mirada de desconfianza, común a otros muchos intelectuales del mo mento, que creen preciso un cambio de la realidad del país y la necesidad de extender la cultura, pero que ven necesaria la existencia de una élite o grupo preparado para ello. Frente a esta concepción, habría una postura intelectual, representada de forma cla ra por Antonio Machado entre 1920 y 1936, de un “humanismo ahincado en lo popular” (p. 272).
Será en los años treinta cuando la obra cultural se vea más impregnada de la “coyuntura sociohistórica”, so bre todo en la producción literaria (Capítulo XII). Aquí podemos ver có mo se dan temáticas mucho más liga das a la rebeldía frente a estructuras consideradas arcaicas, así como una mayor presencia de lo popular, ade más de una mayor inclusión de lo “dramático individual en lo colecti vo” (p. 310). Este análisis abordará la obra de Alberti, impulsor a su vez de la Agrupación de Escritores y Artistas Revolucionarios (AEAR) y de la revis ta Octubre, Lorca, Machado o Miguel Hernández, así como la producción novelística de ValleInclán, Sender o Max Aub. Esto se enlaza con el fenó meno de la extensión cultural, idea originaria de Altamira, aunque en auge en esta época, y que se encarna en las Misiones Pedagógicas, Teatros Universitarios (la Barraca) y las Uni versidades Populares. Es, por tanto, la coyuntura de los años treinta (Capítu lo XIII) el momento en que se da una apuesta clara por parte de los creado res de la unión del “acto de cultura” y la crítica a su “contemporaneidad”, debido a que el intelectual pasa a ser consciente de su pertenencia a un to do, es decir, a su realidad social, eco nómica, política y cultural, pese a que persistan actitudes individualistas o de apuesta por el dominio de “minorías selectas” de lo cultural. Esa actitud de crítica global llevaría aparejada la toma de conciencia por parte de los intelec tuales dedicados a los estudios socioe conómicos de que sus análisis deben ser rigurosos, basados en métodos científicos y apoyados en los datos, es decir se produciría el paso “del ensayo al estudio científico” (p. 353).
En definitiva, estamos ante una obra fundamental por la posibilidad que supone de acercaros a un hito de la historiografía social y cultural, a un estudio riguroso que nos permite no solo conocer la cultura de un deter minado período, sino la propia con cepción de Manuel Tuñón de Lara del estudio de la sociedad y la cultu ra donde lo social y económico ad quieren una posición centra. Este es un tema esencial para la historiogra fía actual, que intenta insistir en la necesidad de la vuelta a lo social, con trabajos como los de Geoff Eley, des pués de los abusos del pensamiento posmoderno.
CARLOS MARTOS FERRER
Instituto Universitario de Investigación y Estudios de Género,Universidad de Alicante
CASES SOLA, Adriana, El género de la violencia. Mujeres y violencias en España (19231936), Málaga, UMA Editorial, 2017, 305 pp.
Violencia y género han ido siem pre de la mano a lo largo de la histo ria del patriarcado. Este vínculo ha significado para las mujeres la cons trucción del estereotipo femenino de objetivos pasivos de la violencia fren te al de sus perpetradoras. No obstan te, si echamos un vistazo atrás para ver cómo se ha constituido esta relación a lo largo de la historia sobre, contra y desde las mujeres, veremos las conse cuencias tan importantes que esta operación ideológica ha tenido y si gue teniendo en el presente. Del abor daje de esta problemática que siste máticamente se manifiesta en sus cuerpos, dependerá el que podamos llegar tanto a conocer cuáles son los medios más extremos y sutiles de la dominación masculina, como a dis poner y emplear los instrumentos de resistencia feminista más efectivos para anularlos.
El género de la violencia. Mujeres y violencias en España (19231936) de Adriana Cases Sola, fruto de su tesis doctoral defendida en la Universidad de Alicante y galardonada con el accé sit del prestigioso Premio Internacio nal de Investigación Victoria Kent en 2016, es una valiosísima aportación desde la historia pues resitúa la cues tión de la violencia como eje central del debate. Por un lado, al profundi zar en el análisis de la violencia de género en un periodo fundamental de nuestra historia reciente y de la genealogía de reivindicaciones de los derechos de las mujeres. Por otro, porque se apropia del tema de la vio lencia política desde una perspectiva feminista, señalando las implicacio nes que esta ha tenido en términos políticos y en términos de género –si nos permitimos el lujo de establecer esta división analítica–. Consecuen temente, estamos ante una obra que permite reformular algunas ideas de la historia de España a comienzos del siglo XX, a la vez que puede ayudar nos a vislumbrar nuevas direcciones en la investigación de las relaciones entre género, poder y violencia.
Para tal fin, y siguiendo los pasos de historiadoras como Mary Nash, María Dolores Ramos, Miren Llona o Nerea Aresti, la autora nos acerca a algunos asuntos tradicionales y otros más novedosos de la historia de las relaciones de género durante la dicta dura de Primo de Rivera y la Segunda República española. Para plantear du rante estos periodos la evolución de las violencias de género y la transfor mación de las relaciones patriarcales mediante la representación, la regla mentación, las actitudes y el uso de la violencia, va a aplicar elementos analíticos, teóricos y metodológicos procedentes de la historia de las mu jeres y de la historia de género. Luego estamos ante un trabajo que, aunque adopta un enfoque claramente de gé nero, no renuncia a las valiosas apor taciones y problemáticas que gracias a la historia de las mujeres se han tra tado hasta ahora.
La aproximación teórica que abor da en el primer capítulo del libro bus ca aunar elementos procedentes de diferentes disciplinas como la filoso fía, la Investigación para la paz, la so ciología o la teoría feminista, a partir de los que seguir ampliando este cam po de estudio. Para tal fin, parte de diversas autoras y autores contempo ráneos, cuyas elaboraciones concep tuales permiten trazar un estado de la cuestión de carácter multidisciplinar de los conceptos de violencia y vio lencia de género, desde los que con tribuir con algunas ideas que guíen el conjunto de su propia práctica histo riográfica y que sirvan, asimismo, para aplicarse a otros estudios futuros. Así consigue ir más allá de las fronteras del paradigma de la violencia machis ta hacia otros espacios no tan trabaja dos donde la relación del género y la violencia tienen igualmente un papel relevante.
En el segundo capítulo realiza un análisis de los ideales de feminidad y masculinidad durante el primer ter cio del siglo XX en España. Este sirve como síntesis historiográfica de una gran parte de la investigación que se ha realizado hasta la fecha en torno a los modelos de género hegemónicos del momento: amas de casa, mujeres modernas, feministas, donjuanes o ga nadores de pan, entre otros. Pero tam bién, para mostrar el peso en la trans formación de estos estereotipos del incipiente feminismo, la socialización política de la mujer y otros cambios estructurales de la época, los cuales muchas veces no han sido lo suficien temente tenidos en cuenta en algu nos análisis precedentes.
Seguidamente, en el tercer y el cuarto capítulo lleva a cabo un estu dio de las violencias de género duran te la dictadura primorriverista y la Se gunda República. Para examinar las características y los cambios de estos dos regímenes ofrece, por una parte, el análisis de las transformaciones po líticas y legislativas que se dieron en relación con el género y los castigos a la violencia que este motivaba, y, por otra parte, el estudio minucioso de algunos casos de violencia de género que pueden resultarnos paradigmáti cos. A través de estos últimos, es capaz de recuperar las diferentes motiva ciones involucradas e intereses enfren tados en los conflictos violentos que se dieron como respuesta a la difumi nación de las identidades de género hegemónicas en la esfera privada o a la paulatina modificación de estas por una cada vez mayor solidaridad entre mujeres en la esfera pública. Tal fue, según la autora, la conjunción de desajustes normativos y prácticos en las relaciones de género que se die ron en este momento que provocaron un «desajuste cultural» que terminó fomentando un mayor número de conflictos violentos con consecuen cias fatales para muchísimas mujeres y para algunos pocos hombres que ha bían sido con anterioridad maltrata dores de sus propias parejas.
La última parte, que corresponde al quinto y último capítulo, está dedi cada a la relación entre las mujeres y la violencia política. Intentando des mitificar la conexión masculinidad violencia, muestra cómo se ha conce bido la participación de las mujeres en acciones de lucha no violenta y vio lenta a lo largo la historia contempo ránea de España y sus posibles con secuencias. De tal modo que los con tramodelos de feminidad que se repro dujeron sobre las mujeres que habían usado la violencia con fines políticos
–que basándose en el trabajo de Laura Sjoberg y Caron E. Gentry (2007) eran los de «[malas] madres, mons truos y putas» (p. 274)–, son recupe rados a la luz de figuras como Aida Lafuente, Cristina Luengo o María Sil va, las cuales con sus acciones políti cas violentas y la significación que se dio de estas por parte de la opinión pública ponen al descubierto los puntos ciegos y las líneas de fuga de la dominación patriarcal de la época. Una brillante aproximación a la vio lencia política que nos ayuda a deter minar con creatividad y una mayor profundidad la agencia de las muje res en un contexto histórico concreto. Como habrá podido observarse, este libro es una vuelta de tuerca de trabajos ya clásicos como Masculini dades en tela de juicio (2010) de Nerea Aresti, al pasar de estudiar los casos de violencia de género como lugar donde se producen y modifican los discursos de género a atender cómo la violencia es por sí misma uno de los elementos constitutivos tanto de feminidades y masculinidades, como de las relaciones de dominación patriarcal y de resistencia que se dan entre unos y otros. Esta posibilidad de acercarse pormenorizadamente a la violencia machista y a las diferentes formas de violencias existentes que están atravesadas por el género nos brinda una imagen más nítida de las relaciones de género y los elementos que intervienen en sus modificacio nes desde quizá uno de los espacios más esenciales y delicados que puede haber.
Para alcanzar tal resultado, esta obra no solo está excelentemente fun damentada teóricamente, sino que además tiene un sustancial trabajo archivístico, especialmente en archi vos judiciales y hemerográficos nacio nales y provinciales, que le han per mitido conjugar lo general con lo local y así apuntar algunas tesis de sobra do peso. Por otra parte, cabe destacar también el tratamiento analítico que se da a los casos de violencia de géne ro y de violencia política acometida por mujeres, dada la dificultad de su localización entre toda la variedad de fuentes primarias existentes y el atractivo interpretativo de estos. Úni camente, una vez terminada su lectu ra, uno puede quedarse con ganas de seguir profundizando en los entresi jos de alguno de los casos que son re producidos a lo largo de la obra o en otros que aquí desafortunadamente no aparecen, como por ejemplo los de mujeres pertenecientes a las culturas políticas contrarrevolucionarias que habían usado la violencia en alguna acción disruptiva. Lo cual, más que una carencia debe ser entendido como virtud de su capacidad narrativa y su gestiva para aquel lector que esté in teresado.
Este libro no solo aporta una forma más de ver la violencia de géne ro a través de la historia: es en sí mismo un instrumento para observar la violencia en clave de género. Y esto es síntoma de la existencia de unas historiadoras como Adriana Cases So la que tienen la pretensión de anali zar la realidad que las rodea a través de las gramáticas del feminismo. Sin lugar a dudas, un triunfo para toda historia comprometida con que las mujeres no puedan ser más objeto de ningún tipo de desigualdad.
FRANCISCO JIMÉNEZ AGUILAR
Universidad de Granada
AMALRIC, Jean Pierre, DREYFUSAR MAND, Geneviève, VARGAS, Bruno (eds.), Huit ans de République en Espagne. Entre réforme, guerre et révolution (19311939). Actes des 9ème et 10ème Journées Manuel Azaña, Montauban, 20142015, Toulouse, Meridiennes/Presses Uni versitaires du Midi, 2017, 356 pp.
El libro editado por Jean Pierre Amalric, Geneviève DreyfusArmand y Bruno Vargas es un conjunto de contribuciones presentadas durante las IX y X Jornadas Manuel Azaña celebradas en Montauban (Francia) entre los años 2014 y 2015. Ambos encuentros, bajo los títulos “La Se conde République espagnole, (1931 1936), entre réforme et révolution” y “Guerre d’Espagne, (19361939), entre guerre et révolution” se centraron en las fuerzas sociales que propiciaron dichos acontecimientos y como bien se dice en su prólogo, “no pretende esbozar una historia total de la Se gunda República”, mayormente por la impronta que sería ese proyecto en si mismo. Es por ello, que tanto Jean Pierre Amalric, como Pierre Laborie, abordan en sus introducciones el concepto ambivalente de revolución que Manuel Azaña trató en los años treinta desde distintos enfoques. Es decir, mientras que el primero nos expone a las claras el uso del concep to en sus discursos políticos previos a la llegada del poder; Pierre Laborie, nos acerca al uso semántico y a la sig nificación de la palabra revolución afirmando que no son lo importante, sino el contexto y el uso dado depen diendo del espacio público en el que se use.
La obra comienza con dos apor taciones que sientan las bases del libro que tenemos entre las manos. Tras estas interesantes participaciones, nos encontramos con un total de 18 tra bajos de unas características muy di versas pero clasificadas en cuatro blo ques bien diferenciados dándole una coherencia y una cohesión a los tex tos que hacen de esta compilación un gran aporte de calidad y de inmensa relevancia por las pesquisas presenta das en el mismo.
La primera parte, bajo el título “Una República reformadora” contie ne seis participaciones, entre las cuá les, intervienen dos de los editores, JeanPierre Amalric y Bruno Vargas. Las restantes, han sido producidas por Ángeles Egido, Pilar Martínez Va sseur, Pablo Luna y Mónica Moreno. El trabajo de Amalric, muy de actua lidad, recoge dos discursos sobre Cataluña realizados por el propio Manuel Azaña en 1932. Ya como jefe del Gobierno, ponía sobre la mesa “la cuestión catalana” exponiendo que el “problema catalán, era un problema insoluble y que España solamente podía aspirar a soportarlo”, en cierta medida muy acorde a la realidad que se vive en la actualidad. Por su parte, el trabajo de Ángeles Egido aborda la política exterior y el proyecto de Azaña por integrar la Europa demo crática encuadrada dentro de la anti gua Sociedad de Naciones. Ángeles Egido, presenta un tema poco traba jado del fallecido presidente, el del pensamiento internacionalista, un proyecto que deseaba aplicar y que se conoce merced a las notas de sus cua dernos privados que fueron robados y aparecieron años después. De la ma no de Pilar MartínezVasseur nos en contramos un nuevo enfoque sobre el papel de Manuel Azaña durante su etapa como ministro de la Guerra (19311933), dándole una nueva pers pectiva al “contenido de las reformas ideológicas y técnicas” que tan mala visión se le ha dado por algunos his toriadores que han criticado esta etapa y las políticas adoptadas por Azaña durante su ministerio demostrando la oposición o problemática del esta mento castrense durante la República. Pablo F. Luna, con su aportación sobre la reforma agraria y los movimientos campesinos nos expone un tema muy interesante ya trabajado a lo largo de la historia del período republicano, y en el que podemos observar los pro blemas y los avances alcanzados en este campo: el tema de la cuestión agraria y la desigualdad en la distri bución de la tierra siempre tan de bo ga. Luna, trabaja este apartado desde la movilización rural dándonos una perspectiva muy interesante de esta problemática. Otro de los temas suge rentes trabajados sobre esta época son los relativos a la enseñanza; y el apor te de Bruno Vargas sobre la educa ción elemental bajo los gobiernos de Azaña mostrando la figura de Rodolfo Llopis al frente de la Dirección Gene ral de Enseñanza Primaria, muestra el ideario que este personaje y sus co laboradores más cercanos tenían como objetivo principal: la transformación de la sociedad española gracias a la renovación de la escuela pública con la creación de escuelas, la formación del profesorado y otras medidas muy interesantes de este ministerio que tan buenos resultados dieron en tan corto espacio de tiempo. Para concluir este primer bloque, el artículo de Mónica MorenoSeco trata, bajo la perspecti va de los nuevos derechos y roles de las mujeres en la República y las polí ticas de género que se implementaron en España son una visión novedosa de las primeras políticas de género en nuestro país. Además, hace hincapié en los sectores progresistas que veían a las mujeres como el “símbolo del progreso de la nación”.
Bajo el nombre de “Tensiones so ciales y políticas” se encuentran las cuatro contribuciones que conforman la segunda parte del libro con los tra bajos de Irene Díaz, Rubén Vega, Án gel Herrerín y José Martínez Cobo. La revolución acontecida en Asturias en 1934 y su influencia en el curso de los acontecimientos de la Segunda República es abordado por Irene Díaz Martínez desde el prisma de la radi calización en el seno de las asociacio nes y organizaciones que fomentaron dicha acción y a su vez, convirtieron a esta región en un “referente simbó lico para el movimiento obrero”. Asimismo, Rubén Vega, evoca nueva mente la revolución en tierras astu rianas desde el plano de la produc ción literaria respecto a dicha revolu ción o desde las actividades que se celebran en la actualidad para recor dar estos acontecimientos haciendo énfasis en que el cine y la historiogra fía aún no han tomado el testigo de los sucesos de 1934. Por su parte, Án gel Herrerín, se encarga de mostrar nos el objetivo principal de la CNT durante los primeros años de la Se gunda República: la revolución social. Además, nos muestra el devenir de la organización ante la problemática de un gobierno de izquierdas. Finaliza este segundo bloque con la contribu ción de José Martínez Cobo sobre la situación del Partido Socialista du rante este período político haciendo especial referencia al incremento de militantes demostrando la impronta socialista. Además, realiza una breve historia de los acontecimientos rele vantes de la organización en este gobierno.
La tercera parte, la más breve, bajo el título “Los gobiernos en guerra”, nos traslada a la visión que desde la figura de los presidentes se tuvo del conflicto. Por ejemplo, en la primera aportación, Bruno Vargas relata la cró nica del gobierno de Francisco Largo Caballero como protagonista en un momento difícil. Además, evoca el perfil activo del mismo, mostrando los apoyos con los que contó, y ase verando el mal consejo de uno de sus consejeros y mentor intelectual, Luis Araquistáin, que anhelaba otros obje tivos políticos para la República y que chocaban con las ideas de sus socios. Por su parte, Ricardo Miralles, si guiendo esta línea del enfoque de los presidentes nos acerca a la figura de Negrín y al papel desempeñado du rante 1938, año en que aglutinó en sus manos el poder del gobierno y la dirección de la guerra.
Para concluir, la cuarta parte de esta compilación, bajo el título de “Fuerzas sociales y políticas”, nos acer ca a las visiones que desde las propias organizaciones se tuvieron de la gue rra. Por ejemplo, Fernando Hernán dez Sánchez nos muestra el papel del Partido Comunista durante la Guerra Civil y la impronta de actor relevante en el plano político y su posterior paso hacia la clandestinidad. De igual forma, el punto de vista del POUM mostrado por Pelai Pagès i Blanch nos acerca al funcionamiento de la orga nización desde el plano económico y social en el que se demuestra la total colaboración entre anarquistas y militantes de la UGT en la búsqueda de la defensa y la actitud intransigen te de la revolución. Por su parte, Ángel Herrerín nos acerca nueva mente hacia una visión de la CNT, pero en esta aportación desde el punto de vista del poder y la revolu ción durante la guerra y el papel que desempeñó en la misma. Asimismo, Pablo Luna, a través de su trabajo sobre las colectividades agrarias nos muestra la relevancia de este movi miento y el declive que le sucedió hasta su definitivo fin en 1938. Un tema de gran enfrentamiento es el de la violencia en la zona republicana, siendo la contribución de Eduardo González Calleja interesante por mos trar la situación de enfrentamiento y el restablecimiento de la autoridad bajo las figuras de Largo Caballero y Negrín. La aportación de Manuel Az nar Soler concluye este apartado evo cando el punto de vista de los escrito res, artistas e intelectuales españoles durante la guerra civil. Se afirma, que, aunque el valor de las letras estaba en el bando perdedor, las guerras no se ganan con la pluma, y si con las armas, en clara alusión al resultado final.
En resumidas cuentas, esta obra es el resultado del trabajo de muchas investigaciones que reflejan la rele vancia y la impronta del tema que las une, la Segunda República y la Gue rra Civil española bajo la figura del legado de Manuel Azaña.
MANUEL TALAMANTE PEREZ
Université Champollion (Albi) Université Jean Jaures (Toulouse)
Udelar (Montevideo)
MORENO FONSERET Roque (ed.), La aviación fascista y el bombar deo del 25 de mayo de Alicante, San Vicente del Raspeig, Publicacio nes de la Universidad de Alicante y Ayuntamiento de Alicante, 2018, 181 pp.
El bombardeo del 25 de mayo de 1938 ha sido uno de esos aconteci mientos que, aunque tuvo un fuerte impacto internacional en la época, no ha tenido una presencia consistente en la historiografía española hasta tiem pos recientes. Fue el raid de Gernika el que ocupó más espacio en los estu dios sobre los bombardeos en la gue rra civil española y el que ensombre ció al resto de ataques aéreos realiza dos durante el conflicto. Para el bom bardeo de Alicante, los trabajos de Vi cente Ramos abrieron el camino a una serie de obras que devolvieron el pro tagonismo a este raid, perpetrado por la Aviación legionaria desde su base en Mallorca y que provocó entre 250 y 300 muertos y más de 200 heridos.
A este trabajo le siguieron otros como los de Enrique Cerdán Tato, Josep Ma ría Solé i Sabaté y Joan Villarroya, José Miguel Santacreu Soler, José Luís Infiesta Pérez y Gaspar Díez Po mares que han conseguido rescatar del olvido uno de los acontecimien tos más duros que ha sufrido la ciu dad de Alicante a lo largo de su his toria.
Con el objetivo de continuar el análisis de este bombardeo, del que queda mucho por revelar, se ha publi cado el libro reseñado, La aviación fascista y el bombardeo del 25 de mayo de Alicante. Es una obra surgida a raíz de la investidura como doctor hono ris causa por la Universidad de Ali cante de Ángel Viñas Martín, recono cido historiador y economista madri leño. En su discurso de nombramien to el catedrático eligió el ataque aéreo del 25 de mayo como objeto de su disertación. A partir de aquí surgió la idea de hacer un libro colectivo reco giendo distintas perspectivas sobre el nefasto acontecimiento que provocó una herida tan profunda en la ciudad de Alicante.
El primer capítulo, realizado por Roque Moreno, lleva a cabo un reco rrido por la obra historiográfica de Ángel Viñas, recalcando la base de su producción histórica: la evidencia pri maria relevante de la época (EPRE). Es mediante su búsqueda en multi tud de archivos nacionales e interna cionales gracias a la que ha obtenido una base para su discurso histórico.
Por otro lado, Moreno pone de relie ve la acción de Viñas ante las obras de los llamados “revisionistas históri cos”, que han servido para desvirtuar gran parte de los mitos generados por estos sectores.
A continuación, se introducen los dos capítulos realizados por Ángel Viñas, el primero de los cuales es una comparación entre los bombardeos sublevados de Gernika y de Alicante. Desde este análisis se encuadra a am bos ataques en operaciones militares a gran escala, como son la ofensiva sobre Vizcaya y la de Valencia, respec tivamente. En ambos fue la población civil la más afectada, siendo el segun do caso parte del plan de acoso de los italianos a la retaguardia levantina. Añade que, con la pretensión de redu cir su relevancia en la contienda, am bos bombardeos sufrieron una mani pulación histórica que ha llegado has ta nuestros días. Para el caso de Ali cante, cita las obras de José Luís Infiesta Pérez, que firmó hasta 1996 como José Luís Alcofar Nassaes, y de Jesús Salas Larrazábal, que ignoraron por completo el bombardeo del 25 de mayo1. Finalmente, incide en ampliar el foco para concluir que tanto fran quistas como italianos encontraron en este tipo de ataques una forma de erra
1 Es cierto que José Luis Infiesta, junto a José Coll Pujol, trató el tema del bombar deo del 25 de mayo de 1938 en Alicante en su obra Bombardeos del litoral mediterraneo durante la Guerra Civil (vol.2º), Valladolid, Quirón Ediciones, 1998; posterior a la cita da por Viñas.
dicar a la antiEspaña, al bolchevismo, y salvar a la civilización cristiana.
En el tercer capítulo, Viñas reali za un razonamiento sobre las respon sabilidades en la destrucción de Ger nika. Para hacerlo, comienza aclaran do el carácter de las intervenciones alemana, italiana y soviética en la Gue rra Civil, lugar donde siempre se ha producido un intenso debate historio gráfico. Se centra, como es necesario para analizar un ataque aéreo como el de Gernika, en la intervención ale mana, acudiendo para ello a distintos EPRE que relatan la forma de colabo ración entre la Aviación alemana y el Cuartel General del Generalísimo. Es tablece una clara jerarquía en la que sería Franco el encargado de estable cer los planes operacionales, que lue go cumpliría la Legión Cóndor con las modificaciones que requiriesen las tropas de tierra en su avance. Viñas no se olvida de la crítica de obras ante riores como las de Salas Larrazábal o Muñoz Bolaños. En este último caso, reinterpreta un documento del 12 de abril de 1937 relativo a la autonomía de la que gozaba el operativo alemán y que Muñoz Bolaños aplica al frente del Norte, mientras que Viñas lo cir cunscribe al frente de Madrid. Por úl timo, ahonda en la cuestión de la des trucción de documentos relacionados con Gernika en los archivos españoles2.
2 Con el objetivo de asentar mejor las dos grandes justificacionesmito sobre la destrucción de Gernika del régimen fran quista: que había sido una acción de tierra La parte del profesor Pedro Payá López se dirige hacia las, poco cono cidas, consecuencias internacionales del bombardeo. Y es que el ataque aéreo supuso un fuerte impacto en la opinión pública europea, en gran par te concienciada con el peligro de esta nueva forma de combatir, que aún cre ció más tras el bombardeo de Grano llers del 31 de mayo de 1938. La ofen siva diplomática y propagandística republicana utilizó ambos ataques para intentar convencer a las socieda des democráticas, sobre todo a la fran cesa y británica, sobre el peligro de este nuevo tipo de guerra. A tenor de esta preocupación, el gobierno de Rei no Unido constituyó una comisión de encuesta para la investigación de bombardeos en España, que tenía el objetivo de analizar si un ataque aéreo había tenido o no como objetivo a los no combatientes. Aunque el gobierno republicano aceptó esta institución sin reparos, los sublevados comenzaron a poner trabas a la actividad de dicha comisión en su territorio. Asimismo, llevaron a cabo una contracampaña propagandística para intentar cambiar el foco de atención hacia los desma nes que habían realizado los republi canos. La comisión se llevó a cabo y, entre otros, determinó que el ataque aéreo del 25 de mayo de 1938 sobre Alicante había tenido como objetivo
quemada de las tropas republicanas en reti rada y, posteriormente, que fue un ataque diseñado y perpetrado exclusivamente por los alemanes.
la población civil. Por último, hay que destacar los testimonios de víctimas del bombardeo que el profesor Payá introduce en el capítulo como una forma de no olvidar que el ataque no produjo solo consecuencias interna cionales sino también muertos, heri dos y traumas.
Para concluir, Pablo Rosser retor na al contexto interior de la ciudad pa ra relatarnos cómo Alicante fue un espacio donde se concentraron distin tos movimientos subversivos y de es pionaje. Comienza explicando una primera fase donde distintos indivi duos se centraron en trazar planes pa ra liberar a José Antonio Primo de Ri vera mientras preparaban el golpe de Estado contra la República. En esta fase introduce a los protagonistas de la trama, incluyendo a dos mujeres que intentaron conseguir el objetivo de liberar al líder falangista y extender el mensaje golpista en los cuarteles. A continuación, relata la formación de organizaciones quintacolumnistas que se encargaron de llevar a cabo misio nes de sabotaje contra las autoridades republicanas. En este sentido, distin gue dos organizaciones: una de corte civil, vinculada a socorro blanco, y otra militar. Ambas tuvieron éxitos sonados como el envío de planos de la defensa de costas y de la situación del almacenamiento del armamento repu blicano, pero también sufrieron la de tención de muchos integrantes, gra cias a la labor realizada por el Servicio de Investigación Militar.
Ante todo, el libro ofrece una visión de conjunto del bombardeo del 25 de mayo y plantea la posibili dad de que esta nueva forma de hacer la guerra tuviera numerosas implica ciones y consecuencias que hay que analizar para conocer profundamen te este tipo de ataque. Pero no solo guía el interés histórico, sino que estos trabajos tienen como fin comenzar a cerrar aquellas heridas que se abrie ron cuando los alicantinos (y los des plazados que había acogido la ciu dad) recibieron la visita de la Aviación Legionaria que traía un mensaje claro: a partir de entonces las guerras se ganarían tanto en el frente como en la retaguardia.
JUAN BORIS RUIZ NÚÑEZ
Universidad de Alicante
ORTUÑO MARTÍNEZ, Bárbara, Hacia el hondo bajo fondo… Inmigrantes y exiliados en Buenos Aires tras la guerra civil española, Madrid, Bi blioteca Nueva, 2018, 281 pp.
Puede afirmarse con toda seguri dad que este libro supone un avance importante en los estudios sobre el exilio y la emigración de los españo les entre las décadas de los años trein ta y cincuenta del siglo pasado, a raíz de la guerra civil. El exilio ha sido tratado, sobre todo, desde la perspec tiva de su sentido cultural y científi co, es decir, como pérdida o expulsión de unos recursos muy importan tes y valiosos y su transferencia a los países de acogida; y asimismo desde la perspectiva política, lo que signifi ca que los políticos y las organizacio nes que se mantuvieron leales a la Segunda República, tuvieron que huir del país y sobrevivir, primero, espe ranzados en un pronto regreso y, des pués, a medida que pasaban los años, progresivamente desesperanzados en que se pudiera fijar una fecha a corto plazo. Así pues, lo que prioritaria mente han tratado los estudios sobre el exilio, es lo que Bárbara Ortuño llama “la élite” y no el exilio “anóni mo”, que requiere otras fuentes y otros procedimientos de análisis.
La autora quiere subrayar desde el mismo título la tragedia que supu so el exilio con un verso del tango “La última curda” de Cátulo Castillo (1956): “Hacia el fondo bajo fondo/ donde el barro se subleva/…/ La vida es una herida absurda/ y es todo, todo, tan fugaz/ que es una curda nada más/ mi confesión”. Asimismo, elabora su trabajo desde el punto de vista del país de acogida; por lo que escribe en el subtítulo “inmigrantes y exilia dos”, dando por supuesto que ha de diferenciar a unos de los otros y tratar de las relaciones que establecieron en tre ellos. Pero estos inmigrantes y exi liados se encontraron en Buenos Aires con la comunidad española ya esta blecida y que procedía de la masiva inmigración que se había producido en las décadas anteriores, desde los años noventa del siglo XIX. Con estas tres unidades Bárbara Ortuño confi gura el conjunto poblacional en el que centra su trabajo.
En este libro, dados los objetivos de la autora, se sigue un plantea miento interdisciplinar: al específica mente historiográfico se unen apor taciones conceptuales de la Sociolo gía, de la Antropología cultural e, incluso, de la Filosofía; y está elabo rado desde la perspectiva de género. Bárbara Ortuño pone en boca de una exiliada en México unas palabras para destacar la función desempeñada por las mujeres en el exilio: “Ellos esta ban en el trabajo, en el partido, en el café, hablando de lo suyo. Decían «mi mujer decide qué se come en casa, a qué escuela van los hijos. Yo decido si España entra en la ONU» […] No sotras éramos el soporte del exilio […] quizá entendimos mejor que ellos lo que era el exilio y lo afrontamos. Lo hicimos visible y lo hicimos posible” (p. 138).
El libro comienza en el capítulo primero (“Huir de España, escapar de Europa”) con la precisión de los con ceptos, distinguiendo entre exilio, re fugiados, emigración, inmigración, emigración política, etc. y destacando, después de un agudo análisis de los términos, que en el concepto de “exi lio” hay un doble componente políti co: el ideológico y el referente a la ac tividad política, y que en los de emi gración e inmigración hay, de igual manera, un marcado componente eco nómico, lo que no impide que, al mis mo tiempo, encubran otras motiva ciones de carácter político. La autora, como no podía ser de otra forma, trata también de la cuestión de las ci fras, asumiendo las más aceptadas, a pesar de no ser conocidas con exacti tud: los exiliados desde el comienzo de la guerra civil hasta el final de la dictadura habrían sido unos 10.000, pero la mayoría habrían salido entre 1939 y 1942; y los emigrantes, entre 1946 y 1956, unos 200.000. Datos que por su importancia suponen la existencia en su interior de serios problemas respecto a la ubicación, la subsistencia, el trabajo, la educación de los niños, el cuidado de los ancia nos, el distanciamiento o la integra ción en la sociedad que los había aco gido y, por último, la relación de los recién llegados con la numerosa co munidad española que ya residía en Buenos Aires e, incluso, entre los exi liados y emigrados en los años cuaren ta y cincuenta. Ante este cúmulo de cuestiones la autora ha de ampliar la perspectiva de su estudio; por lo que insiste en la complejidad del fenóme no pero no solo en el conjunto del exilio y la inmigración sino también en cada uno de ellos. Hubo un exilio de élite, evidentemente, pero también hubo otro anónimo, que fue el mayo ritario.
A la huida de España desde 1939 se unió la de Europa, particularmen te desde Francia como consecuencia de su invasión por el ejército nazi en junio de 1940; por lo que los puertos franceses de la costa atlántica y medi terránea, junto a los de Gibraltar y Lisboa, se convirtieron en los más demandados para embarcarse hacia Argentina (p. 46). Ante esto, Bárbara Ortuño, siguiendo su análisis siste mático, ha de preguntarse por qué se embarcan hacia Argentina, país que en aquellos años aplicaba una políti ca inmigratoria muy restrictiva y que, por lo tanto, a diferencia de México, no daba facilidades ni concedía sub venciones a los inmigrantes. Pero a favor de la emigración a aquel país se manejaban dos factores: la existencia de una numerosa comunidad espa ñola, que asimismo procedía de la emigración y que, llegado el caso, podría hacer más llevaderas las pri meras dificultades de la instalación en el país; y la creencia firmemente asentada de que «La Argentina es el país del futuro», expresión con la que la autora titula el capítulo segundo. Efectivamente, Argentina, además de ser el país más europeizado de toda América Latina, era contemplada a causa de sus recursos naturales, su cre cimiento económico, sus intercambios comerciales y por el desarrollo urbano de su capital como país con un futuro próspero, adecuado, por lo tanto, para establecerse e integrarse en él o, en el mejor de los casos, esperar el tiempo preciso para regresar al lugar del que tenían que salir huyendo.
Las restricciones políticas a la inmigración en Argentina supusieron un valladar importante para la entra da en el país y, en particular, para los exiliados republicanos ya que los sucesivos gobiernos argentinos hasta 1945, de tendencia conservadora e, incluso, autoritarios, eran reacios a admitirlos para evitar que su política se contagiara de los planteamientos izquierdistas que se les suponían a aquellos colectivos de españoles. Estas posiciones eran compartidas también por una buena parte de colonia espa ñola afincada en Buenos Aires, te miendo que su status social y econó mico fuera afectado por la presencia de aquellos exiliados. Dada esta polí tica restrictiva, los procedimientos para entrar en el país, aparte de una estancia temporal, como transeúnte o turista, que no implicaba la conce sión de documentos como residen tes, eran la obtención de un contrato de trabajo, objetivo muy difícil de alcanzar en aquellas circunstancias, o la llamada de unos familiares ya esta blecidos en Argentina que se respon sabilizaban de su acogida, manteni miento y colocación laboral. Sin em bargo, la urgencia requerida para salir de España o de Francia y lo impreci so de las exigencias que habían de cumplir las llamadas de los familia res, generaron un conjunto de prácti cas ilegales (especie de mercado negro de pasajeros), efectuadas en muchos casos por funcionarios y agentes que merodeaban en torno a los consula dos y los puertos de embarque. Las exigencias desorbitadas de estos agentes y funcionarios corruptos tenían su prolongación en el lugar de desti no, en donde los exiliados e inmi grantes sin recursos eran sometidos a una especie de semiesclavitud hasta que amortizaran los recursos que ha bían recibido para su desplazamien to. La autora subraya especialmente esta idea para desmontar la impre sión muy extendida de que la emi gración española se ajustó siempre a lo establecido por las leyes. La políti ca de inmigración cambió en 1946, a partir de los acuerdos entre los go biernos de Perón (19451955) y de Franco al respecto. La política inmi gratoria se insertaba en el Primer Plan Quinquenal, respondiendo a la de manda de mano de obra para la indus tria y la expansión de la agricultura. Pero, dadas las características del régimen de Perón, aquellos años no fueron muy halagüeños para la élite del exilio republicano. Refiriéndose a Luis Jiménez de Asúa, director del Ins tituto de Derecho Penal de la Uni versidad Nacional de La Plata, dice la autora que no volvió a ejercer en las universidades argentinas hasta 1955 (p. 234).
En los dos capítulos siguientes, tercero y cuarto, Bárbara Ortuño trata de la inserción de los recién llegados en la sociedad y la vida de Buenos Aires, con títulos tan acertados como «comenzar de cero, asentamiento y vida cotidiana» y «la diferente per cepción del yo con respecto del otro» o, lo que es lo mismo, “la dureza de los primeros tiempos en el exilio o la emigración en un medio extranjero poco favorable” y “el descubrimiento de la propia identidad y de su grupo frente a otros”, aunque se compartan con estos muchos elementos. De estos capítulos han de destacarse dos dimensiones que quizá no lo han sido suficientemente en los párrafos anteriores: primera, la gran capaci dad analítica de la autora que recorre de forma concienzuda y sistemática todos los aspectos del quehacer dia rio, personal, familiar, profesional y educativo de los inmigrantes y exilia dos en sus distintos estratos de edad, y la diversidad de relaciones que se establecieron entre unos grupos y otros, previo el descubrimiento de la propia identidad; y segunda, el inge nio y la inteligencia que muestra para seleccionar, traer a cuento y escrutar los textos más adecuados e intuitivos de los testimonios prestados en la entrevistas o tomados de las memo rias publicadas para comprender aquellas situaciones tanto en el nivel público como en la intimidad.
Los dos últimos capítulos del libro son los que tienen mayor conte nido político: el quinto, dedicado al análisis de lo que la autora llama “el asociacionismo étnico” (el Centro Re publicano Español de Buenos Aires y los centros regionales); y el sexto, en el que trata del contexto político que envolvió a la comunidad española du rante el peronismo. Una de las condi ciones que se impusieron a exiliados e inmigrantes fue la de no inmiscuir se en los asuntos internos del país de acogida, con la que se pretendía levan tar un muro de protección frente al izquierdismo que se atribuía en espe cial a los exiliados. En términos gene rales puede decirse que la mayoría de este grupo acató dicha exigencia, excepto los militantes comunistas que, siguiendo las instrucciones del partido y en virtud de su internacio nalismo, se insertaron en el Partido Comunista Argentino, desde el que ejercieron su acción política. Actitud avalada por Santiago Carrillo en su visita a Argentina en 1943. La asocia ción más importante desde el punto de vista político, cultural y social fue el Centro Republicano Español. La llegada de los exiliados, primero, y de los inmigrantes, después, insufla ron sobre el centro algunas reticen cias y enfrentamientos tanto con los antiguos socios como con los más mo derados de los recién llegados. En la página 204 la autora ofrece una lista de personas muy representativas del exilio y la inmigración afiliadas al centro y la fecha de solicitud de ad misión entre 1939 y 1948. El Centro Republicano Español fue el núcleo del asociacionismo republicano, cuya afiliación era compatible con la per tenencia a otros centros de carácter regional (étnico). Pero la coexistencia de las distintas tendencias del repu blicanismo y de la izquierda españo la en el mismo centro crearon las ten siones inevitables tanto entre los re cién llegados como entre estos y los antiguos socios, aunque sin llegar a la fragmentación interior como suce dió entre el exilio mexicano. Los cen tros regionales más importantes en Buenos Aires fueron el vasco –Laurak Bat–, el catalán –Casal de Catalunya– y el gallego –Federación de Socieda des Gallegas– que, según Bárbara Ortuño, son el mejor ejemplo del impacto que supuso la llegada de los exiliados españoles a la ciudad por la deriva nacionalista e, incluso, inde pendentista que impulsaron. En estos centros se hablaban y se enseñaban las lenguas propias, se inculcaban las culturas autóctonas, las fiestas y tra diciones, y se recuperaba y disfrutaba de la gastronomía de sus lugares de origen. En Buenos Aires, en mayo de 1941, se reorganizó Galeuzka, de la que Santiago Carrillo dijo que era uno de los problemas más importantes del exilio en la capital porteña, acu sando a la vez a los nacionalistas de ser poco solidarios con la situación ge neral que afectaba al conjunto de los exiliados.
Respecto al contexto político que rodeó al exilio y la inmigración des pués de la llegada de Perón al poder en 1946, “la sombra del ciprés es alar gada”, tal como titula la autora el ca pítulo sexto. Expresión que, aparte de su significado metafórico, lleva a pre guntarnos por el lugar en el que esta ban plantadas las raíces de dicho árbol, si en el propio país o hasta qué punto aleteaban sobre el general los vientos que había respirado entre 1939 y 1941, durante su estancia en la Italia de Mussolini por estudios mili tares. Antes de adentrarse en la cues tión, Bárbara Ortuño se refiere a las tres líneas principales de interpreta ción del peronismo, asunto sobre el que aún no existe un acuerdo genera lizado entre los científicos sociales e historiadores argentinos. Dichas lí neas son: la que lo considera como un régimen totalitario, afín a los fascis mos europeos y el franquismo; la que lo presenta como continuación del ré gimen militar impuesto por el golpe de Estado de 1943, en la que se redu ciría el poder del líder; y el que en clave alternativa analiza el peronismo en la perspectiva de la historia cultu ral, la antropología y la sociología (pp. 218219). A pesar de que la autora no opta expresamente por ninguna de estas propuestas de interpretación, el planteamiento de este libro y su manera de analizar las fuentes la apro ximan a la tercera. En este capítulo, además, da otra muestra de su inge nio e inteligencia en la selección y análisis de las fuentes documentales. En primer lugar, sugiere el procedi miento seguido por Perón para la organización de su partido, alterando la relación existente en la lucha polí tica, de las organizaciones de la iz quierda frente a las de la derecha, y en el mundo laboral, de las organizacio nes sindicales frente a las patronales, para configurarlo como formación transversal y, por lo tanto, interclasista, para lo que se habría valido de su ocupación de la Secretaría de Trabajo y Previsión entre 1944 y 1945, por su tarea en la mediación de conflictos laborales, la legislación sobre conve nios colectivos y las subvenciones a las organizaciones obreras. Por lo que el peronismo se hallaría en el origen de los populismos latinoamericanos e, incluso, algún descendiente de exi liados en una entrevista efectuada en Buenos Aires, en noviembre de 2007, lo relacionaba con Hugo Chávez (p. 228).
Un régimen de estas característi cas alarmó seriamente a los exiliados españoles y a muchos de los inmi grantes. A comienzos de febrero de 1946, el pedagogo socialista Lorenzo Luzuriaga le decía en una carta a Américo Castro: “el peronismo es el último refugio del nazismo, y lo apo yan todos los elementos reacciona rios del país, y aún de fuera”, y sobre sus expectativas electorales, más ade lante le decía: “si no hay fraude per derá Perón”. Tres semanas más tarde Perón ganaba las elecciones en con tra de la coalición Unión Democrática (p. 221). Durante el régimen de Perón, muchos exiliados, como ya se ha dicho en el caso de Luis Jiménez de Asúa, adoptaron un estado de os tracismo no solo político sino también profesional y social; en cambio, los partidarios del franquismo y los agen tes enviados por el régimen para su pervisar e informar sobre la población española hallaron un campo abonado para desarrollar sus actividades; inclu so la acción diplomática tópica y ba nal, que la autora define como “de charanga y pandereta” (p. 238), que estuvo dirigida por José María de Areilza entre 1947 y 1950.
Así pues, como conclusión, puede afirmarse que Hacia el hondo bajo fondo… es una aportación impor tante a los estudios sobre el exilio es pañol de posguerra y que muy proba blemente marque una tendencia en este tipo de trabajos. Asimismo ha de reconocerse la categoría intelectual de esta joven investigadora.
GLICERIO SÁNCHEZ RECIO
Universidad de Alicante
MOLINERO, Carme, YSÀS, Pere, La Transición. Historia y relatos, Ma drid, Siglo XXI, 2018, 299 pp.
No ha sido ninguna sorpresa que Carme Molinero y Pere Ysàs hayan publicado este libro que, en buena me dida, puede considerarse como colo fón de la trayectoria investigadora que han seguido durante las dos últi mas décadas. De hecho, las ideas fun damentales ya las expusieron en 2006 en la obra editada por Carme Moline ro: La Transición, treinta años después. De la dictadura a la instauración y consolidación de la democracia, en la que la editora expresaba con claridad y firmeza su posición al respecto en la Introducción y Pere Ysàs, en su aportación sobre la crisis de la dicta dura franquista, trataba de la movili zación política y social, que fueron factores decisivos del proceso de transición. Pues bien, 12 años des pués, cuando se cumple el XL aniver sario de la Constitución, no solo no es baladí volver sobre el tema sino que resulta adecuado desarrollar con amplitud y profundidad sus argu mentos y someter a crítica las inter pretaciones generalizadas sobre la transición, efectuadas desde otros ámbitos académicos o al servicio de intereses partidistas o espurios.
En La Transición. Historia y rela tos debe de subrayarse, en primer lu gar, el subtítulo porque los autores en los cinco primeros capítulos cons truyen una auténtica historia de la Transición basada en documentos y testimonios originales sometidos a la crítica y a un método riguroso que les permite concluir que es cierta su interpretación de este proceso histó rico. Sin embargo, el capítulo sexto (“los relatos sobre la transición”) tiene en sus mentes una gran relevancia, hasta el punto de que, a pesar de ser el último del libro, sea el primero al que aluden de manera expresa en la “Introducción”. Así pues, desde la pri mera página del libro quieren dejar clara la oposición que existe entre la historia y el relato, entendiendo por este una interpretación generalizada e interesada, hecha a posteriori y sin haber analizado previamente la tra yectoria seguida por el proceso. Análisis que constituye la competencia prioritaria de los historiadores.
Los autores agrupan los relatos en tres aunque en alguno de ellos pue den estar subsumidos varios: el motor o piloto del cambio, la atribu ción del proceso de transición a los reformistas procedentes del franquis mo, y los que achacan dicho proceso a «pactos, renuncias y traiciones», planteamientos que proceden de gru pos y personas situados a la izquier da del PCE. Frente a estos relatos Car me Molinero y Pere Ysàs utilizan un procedimiento argumentativo origi nal e inteligente, que podría calificar se de “reducción al absurdo”: en el caso del motor o piloto del cambio, referido evidentemente al rey D. Juan Carlos, distinguen entre la intención del establecimiento de una democra cia en España y el final del proceso, en el que el rey entró con los poderes heredados del dictador y terminó como mero símbolo del Estado, lo que no se compaginaba con sus pretensiones iniciales; respecto al segundo, se sir ven de un texto de Rodolfo Martín Villa: «la izquierda es la que enarbo la la bandera de la democracia. Noso tros nos limitamos a traerla. Nada menos» (1984); pero ante tan contun dente afirmación, muestran las conti nuas cesiones que los gobiernos de Suárez tuvieron que hacer desde di ciembre de 1976 ante las exigencias de los partidos de la izquierda, primero, para asegurar la convocatoria de las elecciones generales y, después, para redactar y aprobar la constitución, lo que no se acomoda muy bien con la estentórea declaración de Martín Villa; y respecto a los «pactos, renun cias y traiciones», los autores niegan que existieran los primeros, excepto en el ejercicio de la actividad parla mentaria a partir de julio de 1977, y en cuanto a las renuncias y traicio nes, se preguntan retóricamente «¿A qué más renunció supuestamente la izquierda antifranquista? ¿A la repú blica, a la revolución socialista?» (p. 280), para responder que el propio gobierno de la república en el exilio se disolvió una vez celebradas las elec ciones de junio de 1977, que la repú blica como forma de gobierno se man tuvo en el anteproyecto de la consti tución, y que la revolución socialista no era objetivo prioritario en ningu na de las organizaciones de la izquier da con representación parlamentaria. Puestos en evidencia la naturale
za y objetivos de los relatos sobre la transición a la democracia en España, los autores reconstruyen paso a paso dicho proceso de transición. En el capítulo primero analizan las opcio nes que se presentaban a la dictadura franquista en los años de sus postri merías: «continuismo, reformismo, rupturismo». Desde los primeros años sesenta habían aparecido en el régi men algunos elementos de carácter re formista pero en todos los casos cho caron con el muro del inmovilismo continuista que, en última instancia, apeló a la represión ejercida por las fuerzas del orden y formalizada por los tribunales especiales. En cuanto al rupturismo, tenía largas y profun das raíces en las organizaciones anti franquistas pero, aunque no contó con ninguna posibilidad mientras vivió el dictador, sirvió para impulsar el disentimiento contra el régimen, tanto entre los sectores que venían oponiéndose: trabajadores y estudian tes como en otros nuevos: el clero, asociaciones de vecinos y movimien tos culturales y feministas.
A finales de 1975, a la muerte del dictador, el régimen se hallaba en una crisis tan profunda que los autores la han calificado en otro de sus libros como agonía. Pues bien, en este con texto, en el capítulo segundo, se plan tean la cuestión sobre «reformar para conservar». Analizan los proyectos reformistascontinuistas de Fraga Iri barne, hombre fuerte del primer go bierno de la monarquía, y subrayan la posición de Adolfo Suárez, quien, ante la propuesta de reforma de An tonio Garrigues, ministro de Justicia, que contenía muchos elementos con tinuistas, le acusa «de querer la rup tura y no la reforma» (p. 70). Pero ante la ineficacia, la debilidad y la incapacidad de aquel gobierno para tomar la iniciativa, en el primer se mestre de 1976, las organizaciones an tifranquistas que estaban a favor de la ruptura democrática llevaron a cabo importantes manifestaciones en las principales ciudades y centros indus triales del país y se creó Coordinación Democrática, resultado de la fusión de las dos anteriores plataformas opo sitoras, con lo que «la visibilidad de la oposición aumentó notablemente» (p. 83).
El capítulo tercero («¿De la ley a la ley?») puede considerarse el nú cleo de este libro y constituye el tramo fundamental de este proceso. Comienza con la designación de Suá rez como presidente del gobierno, a quien los autores atribuyen el califi cativo de «dirigible», y termina con las elecciones generales de junio de 1977; pero a partir de15 de diciem bre de 1975 irá aflojando los lazos que lo ataban a sus mentores, en lo que tuvo mucho que ver la actitud de las organizaciones opositoras parti darias de la ruptura democrática, cuyo objetivo prioritario, una vez conven cidas de la inviabilidad de alcanzar la democracia por este procedimiento, era la convocatoria de las elecciones generales en igualdad de oportunida des para todos los partidos políticos. De ahí que entre enero y abril de 1977, el gobierno, en contacto per manente con la oposición y acuciado por su presión, procedió a ampliar el decreto de amnistía de julio de 1976, a desmontar el Movimiento Nacional y la Organización Sindical, legalizar los sindicatos democráticos y los par tidos políticos, incluido el PCE, que no entraba en el proyecto inicial de Suárez y así lo había prometido a la cúpula militar, y aprobar la ley elec toral (sistema proporcional corregido por el método d’Hont).
Expuesto de esta forma el proce so seguido, es pertinente volver al título del capítulo: «¿De la ley a la ley?». No es cierto que se partiera de la legalidad franquista para desembo car en la democrática ni que la Ley para la reforma política fuera formal mente la octava ley fundamental del franquismo ya que estaba destinada a abolir las anteriores y liquidar el régi men. Desde aquella perspectiva, más bien, podría considerarse un fraude de ley. Asimismo, es pertinente volver sobre la cuestión de reforma o ruptu ra: evidentemente no se impuso la re forma tal como la entendían los dos primeros gobiernos de la monarquía, ni la ruptura tal como la pretendían las organizaciones antifranquistas; de ahí que estas asumieran que el proce so habría de dirigirlo el gobierno de Suárez hasta la convocatoria de las elecciones generales bajo su presión y estrecha vigilancia, y que el gobier no aceptara los planteamientos rup turistas de la oposición democrática, exceptuadas la formación de un go bierno provisional y la convocatoria de un plebiscito sobre la forma de gobier no. No pueden dejarse de lado los obstáculos puestos por los enemigos de la implantación de la democracia procedentes tanto de la extrema dere cha como de la extrema izquierda y del terrorismo etarra.
Relacionado con lo anterior se halla el título del capítulo cuarto: «necesidad y virtud: el consenso». La principal virtualidad de este capítulo
se halla en la precisión temporal y del contenido del consenso, que se limita ría a la actividad parlamentaria, cuyo objetivo principal era la elaboración de la constitución, que los autores extienden a otras dos importantes cuestiones: la ley de amnistía, califi cada por algunos como «ley primige nia de la democracia», y los pactos de la Moncloa que, además de medidas pertinentes a la política económica y social, incluyen otras referentes al ejercicio de los derechos fundamen tales (pp. 219220). El consenso ter minaría con el final de la legislatura, una vez promulgada la constitución. Pero cabe preguntarse si el consenso es el efecto de convertir en virtud la necesidad ya que ninguno de los par tidos alcanzó la mayoría absoluta ni se formaron coaliciones de gobierno. La virtud no procedió de la necesidad y si puede hablarse de alguna idea prioritaria entre los grupos parlamen tarios más importantes en torno al consenso, era la de conseguir y apro bar una constitución democrática; pero esto no impidió fuertes enfren tamientos entre los grupos parlamen tarios y todos tuvieron que hacer im portantes cesiones.
No olvidan los autores tampoco que el proceso de transición a la de mocracia se llevó a cabo durante una crisis económica larga y profunda que, aparte de sus elementos coyuntura les, fue de carácter estructural, y que ellos analizan desvelando sus com ponentes fundamentales, en el capítulo quinto, para plantear, a conti nuación, una pregunta muy perti nente: si la profundización de la cri sis llevó consigo la «desmovilización social». Esta se produjo a partir de 1980, como consecuencia de la lega lización de las organizaciones empre sariales y de su facultad para interve nir en las conversaciones con el go bierno para diseñar la política labo ral. Una vez aprobada la constitución, solo cabía revertir el proceso median te la intervención de las fuerzas arma das –el golpismo–, de lo que también se hacen cargo los autores en este mismo capítulo (pp. 204211).
En definitiva, La Transición. Histo ria y relatos es un libro bien docu mentado y estructurado, que respon de a un planteamiento coherente, y cuya línea argumentativa, patente en todos sus capítulos, confirma y desa rrolla con amplitud la idea inicial de sus autores. Es, además, un libro muy oportuno porque distingue entre la historia de la transición y los relatos interesados que se han hecho sobre ella, y diferencia el proceso de la tran sición a la democracia en España de las políticas en todos los órdenes que se han aplicado durante las últimas cuatro décadas.
GLICERIO SÁNCHEZ RECIO
Universidad de Alicante
GONZÁLEZ DE ANDRÉS, Enrique, ¿Reforma o ruptura? Una aproxima ción crítica a las políticas del Par tido Comunista de España entre 1973 y 1977. Programa, discurso y acción sociopolítica, Barcelona, Ediciones de Intervención Cultu ral/El Viejo Topo, 2017, 400 pp.
Se trata de un libro que, en sínte sis, trata sobre tres aspectos que con sidero fundamentales para compren der nuestra historia contemporánea. En primer lugar, la transición demo crática, un período básico del siglo XX y de nuestra historia contemporánea que permitió que pasásemos de la dictadura franquista a la democracia, pero que ha sido enormemente miti ficada. El libro se centra también en otro aspecto como fue el movimiento obrero, las importantes huelgas y mo vilizaciones que tuvieron lugar por todo el país durante los años de la transición, huelgas que aunque siem pre tuvieron motivaciones económi cas, inevitablemente acabaron dispo niendo de una vertiente claramente política. En tercer lugar, como colum na vertebral de todo el proceso, se encuentra la política que desarrolló el Partido Comunista de España, a quien siempre se ha considerado cru cial en este proceso de transición y que acabó aceptando la reforma pro puesta desde sectores del franquismo y frenando cualquier veleidad revolu cionaria surgida de las bases obreras más radicales.
El libro trata, pues, de un período muy concreto de los años de la transición como fueron los que van de 1973 a 1977, pero sin olvidar, eviden temente, la etapa anterior y la poste rior, y analizando de manera muy crí tica el programa del Partido Comu nista, tanto desde un punto de vista social como político. Puesto que, efectivamente, además de la situación política concreta –de hecho yo soy de los que piensan que la transición se inicia a partir del momento en que ya se evidencian momentos de crisis en la etapa final del franquismo, y bási camente ya en 1969 se producen fenó menos como el nombramiento de Juan Carlos como sucesor de Franco o el escándalo Matesa, y en diciembre de 1970 el juicio de Burgos contra militantes de ETA, en los que el régi men acaba cediendo– que presenta un régimen claramente en crisis, Espa ña sufre, como el conjunto del mundo capitalista, una grave crisis económi ca, que a nivel social se concretó en un fenómeno huelguístico sin prece dentes del cual no escapó práctica mente ningún territorio del país. En España, pues, se produjo una con fluencia clara entre la crisis política, más que evidente años antes de la muerte de Franco, y la crisis econó mica y social.
Cabe tener en cuenta, además, y el libro lo deja también muy claro, que después de la travesía del desierto que vivió la oposición antifranquista y el movimiento obrero durante los años 50, a partir sobre todo de 1962
–con las huelgas de Asturias– se inició una clara recuperación de las luchas obreras que se fueron intensi ficando a medida en que avanzaba la década y que siempre fueron contes tadas por el régimen de manera con tundente y a veces con víctimas mor tales, como se puso en evidencia en los tres muertos que hubo en Gra nada durante una huelga de la cons trucción, en julio de 1970, los dos muertos en el Ferrol en marzo de 1972 o el muerto que hubo en la Térmica del Besós en abril de 1973. A partir de este año los movimientos huel guísticos, ya vinculados con la crisis económica que se empieza a vivir –las famosas crisis del petróleo–, se incre mentaron, como destaca Enrique González en el estudio que lleva a cabo de la huelga general que se vivió en Navarra en junio de 1973, la huel ga general en el País Vasco y Navarra en diciembre de 1974 o las huelgas que tuvieron lugar en Madrid en enero de 1976. Huelgas en las cuales, efec tivamente, Comisiones Obreras jugó un papel de primer orden, pero en las que, además, jugaron también un pa pel importante, dentro de las Comi siones Obreras, las organizaciones de la izquierda revolucionaria que, sobre todo a partir de las consecuencias de los hechos de mayo de 1968, surgieron en toda Europa, tanto las de carácter maoísta, como fueron el Movimiento Comunista de España, el PCI o la ORT, como de carácter trotskista, co mo la Liga Comunista Revolucionaria. Y es que a menudo, cuando se habla de la transición se tiende a olvidar que estas organizaciones revolucionarias, que acabaron en muchos casos desa pareciendo durante los primeros años de la democracia, tuvieron un papel muy importante en las movili zaciones populares, tanto en la calle como en las fábricas.
En el marco de la crisis social se interpuso la crisis política que acabó siendo inevitable después de la muer te de Franco y en un momento en que, efectivamente, había sectores dentro del franquismo que defendían la continuación de la dictadura en el marco de la monarquía, como el pre sidente de Gobierno, Arias Navarro, pero otros –conscientes de que se podía ir a una deriva revolucionaria– creían que debía impulsarse una reforma política de tipo democrático y liberal, como sectores procedentes del falangismo,–dirigidos por Adolfo Suárez–, que estaban presionados, además, por sectores de una burgue sía que aspiraba a entrar en el Mercado Común europeo para remediar todos los males. Y ello sólo se podía hacer, naturalmente, en el marco de un sis tema liberal y democrático.
¿Cuál fue la política del PCE en estos ámbitos? Como mínimo cabe considerarla contradictoria en mu chos aspectos. El PCE en los últimos años había evolucionado hacia el de nominado “eurocomunismo”, que tenía como modelo el PC Italiano, y a nivel social, defendiendo en abstrac to los derechos de los trabajadores, era muy prudente y netamente parti dario de frenar movimientos excesi vamente revolucionarios. No en vano fue partidario de presentarse en las elecciones sindicales franquistas para negociar con la patronal. Y en casi todas las huelgas del período priorizó la negociación.
A nivel político aún fue más con tradictorio puesto que como casi toda la oposición el PCE fue en sus inicios partidario de la ruptura democrática, pero, tras la aprobación por parte de las Cortes franquistas de la Ley de Reforma Política, en 1976, acabó aceptando la reforma. Era un mo mento en que Santiago Carrillo, por ejemplo, declaraba que ellos de dicta dura no querían “ni la del proletaria do”, pero sin embargo, también con sideraban que el nuevo rey, designa do por Franco, sería conocido como “Juan Carlos, el breve”, porque la ruptura acabaría llevando a la instau ración de la República. Sin embargo, finalmente, también en el ámbito polí tico el PCE acabó cediendo, abando nando la ruptura y aceptando la refor ma: la compensación a su legaliza ción en la Semana Santa de 1977 fue el reconocimiento final de la monar quía, la aceptación de la reforma y como pone de relieve Enrique Gonzá lez de Andrés, la conformidad con los Pactos de la Moncloa, que acabaron con la beligerancia del movimiento obrero.
Todos estos aspectos son tratados con exhaustividad y rigor crítico por González de Andrés, de tal manera que su libro se convierte en un claro referente tanto para el conocimiento de la transición española a la demo cracia –incluyendo el importante mo vimiento huelguístico que tuvo lu gar–, como de la política que duran te este período desarrolló el Partido Comunista de España.
PELAI PAGÈS I BLANCH
Universitat de Barcelona
CHAMOULEAU, Brice, Tiran al maricón. Los fantasmas queer de la demo cracia (19701988), Madrid, Akal, 2017, 402 pp.
Este estudio atiende a la trans versalidad de las posiciones subjeti vas que se derivan de los discursos en torno al sexo, el género, la clase so cial, la nación, junto a otros compo nentes como el religioso y el genera cional, con el fin de desvelar el carác ter inestable, queer, de la homose xualidad durante el tardofranquismo y la transición. Uno de los principa les logros del trabajo consiste preci samente en argumentar de modo efec tivo y con abundante soporte empíri co la coexistencia de distintas catego rías y subjetividades homosexuales a lo largo de todo el período, para lo cual se sirve al inicio de un micro relato ambientado en el microcosmos del Barrio Chino barcelonés, en el que se centra buena parte del libro. Dicho relato permite al autor presentar dos figuras opuestas que terminan por convertirse en antitéticas en el desa rrollo del proceso transicional, la de la homosexualidad humanimal, disi dente, subalterna, potencialmente subversiva, reprimida por el Estado y una homosexualidad “aceptable”, que aspira al reconocimiento en tanto que sujeto de derecho, integrada por vía legal en las lógicas políticas de la representación y del consenso.
En lo que respecta a su cimenta ción teórica, el libro se sitúa entre la historia discursiva y de los conceptos, por un lado, y una historia más social enriquecida con un utillaje concep tual procedente de los estudios de género, la historia de la sexualidad, y la teoría queer. Esa interdisciplinari dad es uno de los aspectos más desta cables de la obra, que se vale además de un elenco de fuentes muy variado que comprende tanto documenta ción jurídica como médica, prensa de distinto signo ideológico, debates internos de organizaciones homose xuales, literatura, o cine. Dada la hete rogeneidad del corpus utilizado, la inclusión de fuentes orales hubiera quizás aportado una mayor consisten cia al estudio de la subjetividad y de la memoria, dos de los campos some tidos a análisis. Ello no desmerece en absoluto un trabajo original, atrevi do, ambicioso y muy sofisticado teó ricamente, ampliamente recomenda ble para cualquier persona interesada en conocer la historia del género y de las sexualidades durante el tardofran quismo y la transición.
Los dos primeros capítulos están dedicados en buena medida a criticar las insuficiencias explicativas de los paradigmas que vienen dominando en los estudios realizados sobre el tema, bien en forma de lecturas sociologi zantes que el autor considera ahistó ricas, bien por medio de algunos “excesos” cometidos al hilo de la crí tica cultural postmoderna. En uno de los aportes más destacados de la obra, Chamuleau defiende la historicidad radical de esas subjetividades y la imposibilidad de subsumirlas en una unidad estática, denunciando las lec turas naturalizadas que se han reali zado del mundo LGTBQ en pos de un relato teleológico con connotacio nes redentoras. Asímismo, el autor se suma a la epistemología histórica pro puesta entre otros por Jesús Izquier do para denunciar la lógica colonial y asimilacionista que se ejerce sobre el pasado, al atribuir a las subjetivida des estudiadas unos valores que no les son propios, y al reducir su expe riencia de lucha y disidencia al terre no de lo íntimo, lo privado, y “la orientación sexual”. El efecto de esas interpretaciones no sería otro que el de la despolitización de la memoria.
El capítulo tercero parte de una crítica a las interpretaciones que se han realizado en torno a la “pluma gay” por parte de los estudios cultu rales, al entender que ha permitido “construir un relato sobre el cambio de régimen en términos de pacto libi dinal inherente al devenir democráti co”. En otras palabras, la pluma sirve como elemento de mediación y representación de toda una serie de subjetividades que, con todo, se mos traban esquivas a ser incorporadas en las lógicas del proceso. Así, el texto demuestra como la asunción ahistó rica del travesti como cuerpo transi cional por antonomasia amenaza con agotar las posibilidades de represen tación y producción semiótica de lo queer (“recluida en la transición, la pluma se ofrece como espectáculo democrático que no afecta a la comu nidad pública”). En aras a dotar a este concepto de capacidad explicati va, el autor defiende la existencia de una genealogía queer en clave espa ñola, que parte de analizar los nuevos valores y masculinidades que hicie ron su aparición en los años del desa rrollismo franquista y se detiene en figuras límites que actúan como fisu ras del metarrelato transicional.
El cuarto capítulo está dedicado a analizar la disociación existente en tre la enunciación legal de los dere chos de los homosexuales y su agen cia política. En un análisis claramen te heredero de la concepción foucaul tiana de la justicia, el autor revela la operatividad de las categorías repre sivas franquistas en el contexto de la transición, a la hora de producir nue vas subjetividades desde un discurso biopolítico basado en la delimitación cada vez más estrecha del orden moral de la sociedad. Gran parte del argu mento de Chamouleau se basa en ob servar cómo la conversión de las sub jetividades LGTBQ en sujetos de dere cho por medio del lenguaje jurídico ha estado basado en una trasposición de la retórica asociada a los derechos humanos que, desde un prisma libe ral e individualista, ha sido errónea mente interpretada como el horizon te final de la totalidad del colectivo. La recomposición del lenguaje jurídi co y político de la época habría obe decido a una lógica colonizadora que puso bajo tutela del estado a las nue vas subjetividades gay, integrándolos en el imaginario mesocrático que Sánchez León ha identificado como propio de la cultura política del mo mento. Todo ello vendría a mostrar la dimensión disciplinadora y producti va del poder, así como su tendencia a patologizar los comportamientos que se consideraban desviados con res pecto al orden social.
El quinto capítulo está dedicado a analizar la organización de la repre sión a los homosexuales por medio de la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes, que les atribuía un grado superior de “peligrosidad” y “vagan cia” en función de su clase social. A diferencia de lo sostenido por la mayo ría de estudios dedicados al tema, el texto defiende que lejos de aumentar, la represión se vio incrementada durante la transición, al ir definiendo el blanco de sus ataques al colectivo formado por los homosexuales de extracción social más humilde. La figura del “bujarrón” aparece como determinante para el autor para alu dir al carácter clasista de la represión iniciada en el tardofranquismo, si bien no atiende al hecho de que se trata de una figura muy presente en el imaginario literario español. El análisis de las fuentes policiales per mite comprobar la alarma que gene raban estos grupos en las autoridades dictatoriales y el perfil de las perso nas detenidas, que asignaba una moralidad determinada a los indivi duos en función de su posición social y económica. La repugnancia que provocaban esas subjetividades abyec tas en los cuerpos policiales y órga nos judiciales sirve al autor para rei vindicar su carácter queer y humani mal, así como para reivindicarlos como “una figura radical de la alteri dad frente a las normas morales que rigen la vida colectiva” en la España postfranquista.
El sexto capítulo el autor analiza como la iterabilidad del discurso de la marginalidad sirvió para interpelar a subjetividades conformadas desde la norma heterosexual, generando posi bilidades de resignificación en unos sujetos reclamados como “peligrosos sociales”. La plasticidad del concepto del “marginado social” se mostrará capaz de abarcar un amplio espectro de subjetividades excluidas de los límites mesocráticos de la ciudadanía que se genera durante la transición. Apoyándose en estudios como los realizados por Germán Labrador, el capítulo está dedicado a analizar la estética y la identidad asociadas al underground gay en sus versiones juveniles y antiautoritarias. La multi plicidad de formas radicales y anta gonistas que emergen de la “política gay absoluta” que el autor detecta para el caso del mundo homosexual barcelonés se opone a la asunción de la lógica identitaria y legalista que pro mueve la principal organización del movimiento en Cataluña. Los debates internos sostenidos en el seno de la comunidad activista revelan la ines tabilidad del significante gay y la seg mentación del movimiento, la margi nación de sectores como los travestis en base al binomio público/privado, o la aparición de nuevas subjetivida des y corporalidades de corte hiper masculino.
El séptimo capítulo está dedicado a analizar los procesos de discipli namiento y contención emocional que tuvieron lugar durante la transición, partiendo de la existencia simultánea de procesos de una intensa politiza ción del cuerpo y de delimitación del horizonte de las relaciones sexuales. La matriz heteronormativa del con senso democrático habría resultado en la estigmatización de determinados comportamientos considerados peli grosos para el orden social, entron cando así con la lógica punitiva pre sente en la Ley de Peligrosidad Social y materializándose en una privatiza ción de lo sensible de fuerte raigam bre rigorista y católica. La consolida ción de las figuras del homosexual “normal” y el homosexual “malo” se haría depender entonces de la divi sión de espacios público y privado, el grado de interiorización de la norma, la capacidad de ocultación, secreto y silenciamiento con respecto a su se xualidad. La sofisticación de ese me canismo represivo se va a hacer in compatible con el devenir humanimal de las subjetividades queer, con la exteriorización de su disidencia con respecto a la norma heterosexual. La resistencia a la contención de los cuer pos que tiene lugar durante los años ochenta tendrá lugar en un escenario progresivamente ensombrecido por el virus del sida, que aparece como otra gran fisura en el relato triunfalis ta de la transición.
Quizás se echa en falta una mayor profundización en torno al “fantas ma” que se anuncia en el título, redu cido a un “retorno de lo reprimido” que no queda convenientemente ex plicitado en algunos momentos de libro. El resultado que arroja la obra en su conjunto, sin embargo, es muy satisfactorio en un título llamado a constituirse en un referente en torno al tema.
DAVID BEORLEGUI ZARRANZ
Universidad del País Vasco