Reportes de investigación
La convivencia escolar antes, durante y después de la cuarentena en una universidad privada mexicana
School coexistence before, during and after the quarantine in a Mexican private university
La convivencia escolar antes, durante y después de la cuarentena en una universidad privada mexicana
IE Revista de Investigación Educativa de la REDIECH, vol. 14, e1855, 2023
Red de Investigadores Educativos Chihuahua A. C.

Received: 24 April 2023
Accepted: 23 September 2023
Published: 17 October 2023
Resumen: Se trata de un estudio exploratorio y descriptivo sobre la convivencia escolar en una universidad privada del Bajío mexicano antes, durante y después de la cuarentena provocada por la COVID-19. Para esta investigación se utilizó un concepto neutro de convivencia escolar como prácticas interrelacionales subjetivadas entre la comunidad escolar, lo cual se indagó a través de grupos de discusión con estudiantes del plantel desde una perspectiva inductiva con cuatro preguntas detonadoras. Se encontró que la pandemia y la cuarentena subsecuente representaron un quiebre para la vida cotidiana del alumnado, que vino a romper con el sentido de normalidad con que se vivían las relaciones interpersonales, lo que les llevó a revalorarlas en el regreso a la presencialidad, después de haber vivido un periodo de incertidumbre, ansiedad y hartazgo provocado por el distanciamiento. Se concluye que es necesario incluir el espacio virtual en los modelos de análisis e intervención sobre convivencia escolar, que el concepto neutro de la misma tiene una capacidad heurística para captar prácticas y lugares que pudieran ser ignorados por los modelos ideales y que posiblemente se requiera emplear el término “convivencia universitaria” para dar cuenta de este fenómeno en la educación superior por sus particularidades.
Palabras clave: Convivencia pacífica, educación superior, violencia.
Abstract: This is an exploratory and descriptive study on school coexistence at a private university in the Mexican Bajío zone before, during and after the quarantine caused by COVID-19. A neutral concept of school coexistence was used to analyze the subjective interrelational practices among the school community, which was investigated through focus groups with students from the campus with an inductive perspective through four trigger questions. It was found that the pandemic and the subsequent quarantine represented a break in the daily life of the students, smashing the sense of normality with which interpersonal relationships were lived, which led them to reassess them in the return to face-to-face interactions, after having lived through a period of uncertainty, anxiety and exhaustion caused by the social distance. It is concluded that it is necessary to include the virtual space in the models of analysis and intervention on school coexistence, that its neutral concept has a heuristic capacity to capture practices and places that could be ignored by the ideal models, and that the term “university coexistence” may be needed to be used to account for this phenomenon in higher education due to its particularities.
Keywords: Peaceful coexistence, higher education, violence.
Introducción
La convivencia escolar es un tópico que en las décadas recientes ha cobrado especial relevancia como un pilar de la educación (Delors et al., 1996), de tal forma que la educación para la convivencia implica “desarrollar la comprensión y valoración del otro, y la percepción de las formas de interdependencia, realizar proyectos comunes y prepararse para tratar los conflictos respetando los valores del pluralismo, comprensión mutua y la paz” (Hirmas y Carranza, 2009, p. 75). Sánchez Díaz de Rivera (2021) teoriza que se está viviendo un desgarramiento del tejido social derivado del derrumbamiento de viejos paradigmas y de la violencia societal incesante, para lo cual la autora retoma la metáfora de la fosa común para describir el escenario mexicano, lo que “nos revela la forma en que se está destruyendo el territorio habitable, convirtiéndonos en seres a-terrados” (p. 30).
Aunado a lo anterior, la pandemia de COVID-19 tuvo un impacto profundo en los sistemas educativos latinoamericanos, al grado que constituye uno de los principales factores para que se proyecte que no se alcanzarán los objetivos del desarrollo sostenible del sector educativo planteados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el año 2030 (UNESCO et al., 2022), así como de manera particular que en las instituciones de educación superior (IES) mexicanas la suspensión de clases presenciales en tal contexto “no implicó el desarrollo de educación a distancia o virtual, sino solamente a la enseñanza remota de emergencia” (p. 14), como concluye de manera contundente Escudero-Nahón (2021) después de hacer una metasíntesis de foros especializados en educación del país. La emergencia sanitaria tomó desapercibido al sistema educativo mexicano en general y, aunque se realizaron medidas adaptativas al nuevo entorno para impartir los contenidos de las asignaturas, el tema de la convivencia escolar quedó en cierto estado de suspensión derivado de la distancia social requerida por la cuarentena impuesta en el territorio nacional a partir de marzo del 2020, lo cual se vio acompañado de un aumento de problemáticas de salud mental y de desarrollo de habilidades socioemocionales (Vargas et al., 2021).
Ante este panorama social y educativo desalentador surge la pregunta: ¿Qué ocurrió en la pandemia en el terreno de la convivencia escolar, como uno de los cuatro pilares de la educación, al concebir la escuela como el espacio ideal para la construcción de valores y actitudes democráticas, incluyentes y pacíficas? (Fierro et al., 2019), ante lo cual se realizó un estudio de caso en una universidad de sostenimiento privado de la ciudad de León, Guanajuato, la cual fue seleccionada tanto por la facilidad de acceso al trabajo de campo como por tratarse de una institución en cuya filosofía educativa se contempla la creación de espacios pacíficos, la reconstrucción del tejido social, el trabajo comunitario y el cuidado del medio ambiente como parte medular y transversal de su misión.
Para dar cuenta de lo ocurrido se siguió la sugerencia de usar la narrativa cronológica de antes, durante y después de la contingencia sanitaria (Escudero-Nahón, 2021), a través de cuatro grupos de discusión sobre la convivencia escolar en los que participó un total de 30 estudiantes de diferentes licenciaturas de la institución. Además, para explorar la dimensión simbólica de las interrelaciones se usó, como herramienta de forma adaptada, el análisis metafórico (Zalpa, 2014), solicitando al alumnado que describieran cómo se convive en el centro educativo, a través de una analogía.
Para esta investigación se empleó una definición que entiende a la convivencia escolar como las prácticas interrelacionales entre las personas de una comunidad educativa (Rodríguez-Figueroa, 2021), por lo que en los grupos de discusión se dialogó sobre relaciones, amistad, violencia, ambiente, trato, actividades compartidas, etc., es decir, sobre cómo el alumnado se relaciona en la vida cotidiana especialmente entre sí, pero también se retomaron aspectos relacionales con las demás personas de la institución.
El objetivo de la investigación es describir la subjetividad y prácticas de convivencia escolar antes, durante y después de la emergencia sanitaria por COVID-19 en una institución de educación superior (IES) de sostenimiento privado que de manera particular sirva a la universidad como diagnóstico y que de manera general contribuya a la comprensión de un fenómeno multidimensional como es el objeto de estudio.
Revisión de literatura
La investigación sobre convivencia escolar es un esfuerzo por describir y explicar las formas de relacionarse dentro de los planteles escolares, sin embargo, en la primera década del siglo XXI el concepto de convivencia escolar estuvo generalmente subsumido al de violencia escolar (Furlán, 2003), lo cual hizo patente la necesidad de analizar la violencia escolar desde un enfoque integral y ecológico, que no se centrara únicamente en los perpetradores y en las víctimas, sino que reconociera los procesos individuales, entre pares, escolares, organizacionales, familiares y comunitarios para comprender el fenómeno y así poder prevenirlo de mejor manera. De tal forma, ante ese panorama a finales de dicha década se publicó una de las aportaciones más significativas a la temática que fue la “Matriz UNESCO de indicadores sobre convivencia escolar” (Hirmas y Carranza, 2009), que contemplaba tres dimensiones (organizativa, pedagógica y relacional) exploradas en tres espacios de análisis e intervención (aula/curso, escolar y socio-comunitario).
En México, como parte de los trabajos del Consejo Mexicano de Investigación Educativa A.C. (COMIE) se cuenta con dos estados de la cuestión sobre la temática; el primero elaborado por Alfredo Furlán (2003), el segundo realizado por Furlán y Spitzer (2013), en el que Fierro, Lizardi, Tapia y Juárez hacen el estado de la cuestión de la convivencia en el que identifican dos grandes vetas de investigaciones al respecto: desde la mirada prescriptiva, en la que los estudios se centran en cómo deberían ser las interrelaciones dentro y fuera de los planteles, y desde la mirada analítica, en la que se prioriza una perspectiva heurística para describir y comprender el fenómeno tomando en cuenta su propia historicidad.
Antes de su desaparición, el Instituto Nacional de Investigación Educativa publicó dos estudios extensivos sobre la convivencia escolar (Ahuja y García, 2018; Fierro et al., 2019). El primero se hizo a partir de los resultados de la Evaluación de Condiciones Básicas para la Enseñanza y el Aprendizaje (ECEA) en el 2014, en la que se destaca que “en la mayoría de las escuelas existen relaciones positivas entre estudiantes y docentes, así como entre estudiantes” (p. 83), aunque quedan como desafíos el respeto de los derechos humanos de todos los integrantes de la comunidad escolar, la educación para la resolución pacífica de conflictos y la promoción de espacios para la expresión y participación del alumnado como sujetos activos. El segundo también exploró los resultados de la ECEA del ciclo escolar 2014-2015, pero en el nivel bachillerato, en el que se encontraron “altos índices de aceptación, trato amable y disposición al diálogo entre los distintos agentes educativos de las escuelas” (p. 53), aunque se recomienda expandir la participación estudiantil, ampliar la mirada de seguridad escolar a seguridad humana en búsqueda de la reconstrucción del tejido social, así como el cambio de una visión punitiva de la disciplina a una formativa.
Ya en la década de 2020 se comienza a hablar de que la convivencia escolar ha pasado de ser un tema emergente en la investigación e intervención educativa a convertirse en uno recurrente, por la cantidad de publicaciones que han surgido en los últimos años como por el hecho de que las políticas públicas, programas y proyectos educativos cada vez la contemplan con mayor énfasis (Gómez y Agramonte, 2022). En este contexto surge una de las principales propuestas en la materia, que es el “Modelo de convivencia para atender, prevenir y erradicar la violencia escolar” (Carbajal y Fierro, 2021), el cual las autoras llevan varios años puliendo a través de investigaciones tanto teóricas como empíricas, a través del que se plantean diversas estrategias para que los centros escolares promuevan una paz duradera, inclusiva, democrática y respetuosa de los derechos humanos, operando en tres niveles que son la contención, la resolución de conflictos y la transformación de prácticas pedagógicas y de gestión.
Además de la anterior mirada panorámica sobre los antecedentes de las investigaciones sobre convivencia escolar, en la revisión más puntual sobre los estudios realizados del tema durante la pandemia de COVID-19 se encontró una heterogeneidad de acercamientos metodológicos adaptados para aplicarse a distancia. Los resultados hablan de diferentes esfuerzos institucionales e individuales para continuar promoviendo interrelaciones sanas dentro de los planteles a pesar del distanciamiento social (Gómez-Gloria y Caso-López, 2021), que hubo escuelas en las que se fortaleció la convivencia a través de la interacción por medio de las TIC, que el alumnado notó un relajamiento de la disciplina escolar (Litichever y Fridman, 2021) y que las interrelaciones sociales entre docentes, compañeros, compañeras, madres y padres, juegan un papel fundamental en el bienestar de niñas, niños y adolescentes (Rivero y Bahena, 2021).
En la actualidad se identifican dos formas de definir a la convivencia escolar derivadas de la anterior conceptualización, una como prácticas interrelacionales subjetivadas y otra como la forma en que se gestionan las mismas. En esta investigación, como ya se mencionó, se opta por la primera definición por cuestiones que se discuten ampliamente en un texto previo de uno de los investigadores que redactaron el presente artículo (ver Rodríguez-Figueroa, 2021).
Metodología
El 20 de octubre del 2022 se realizaron cuatro grupos de discusión sobre la convivencia escolar antes, durante y después de la emergencia sanitaria por COVID-19 con 30 estudiantes –16 alumnas y 14 alumnos– de varios programas de pregrado de una universidad privada de la ciudad de León, Guanajuato, ejercicio que se tituló “Observatorio sobre convivencia escolar”.
El criterio de selección fue que se tratara de estudiantes que llevaran tres o más años en la institución, la participación fue voluntaria y se hizo la convocatoria a través de los coordinadores de las licenciaturas. Los cuatro grupos fueron audiograbados con el consentimiento informado y por escrito de los participantes. Cada grupo de discusión duró 90 minutos.
Para su realización se diseñó una guía de entrevista en la cual se dividió la discusión en cuatro apartados básicos: en el primero se pidió a las y los participantes que describieran la convivencia en el plantel por medio de una analogía como pregunta detonadora en busca de significados; los otros tres fueron sobre la convivencia antes, durante y después de la cuarentena por COVID-19. En el análisis de la información se utilizó la plataforma atlas.ti web, por medio de la cual cada una de las personas investigadoras de este texto codificó las participaciones de las y los entrevistados. Para citar a las personas entrevistadas se nombró si es alumna o alumno, el número de participante por mesa y el número de mesa.
Resultados
Al igual que el resto de las instituciones educativas mexicanas, la universidad aquí estudiada se vio obligada a cerrar sus puertas a las clases presenciales a partir de marzo del 2020, lo que llevó a la impartición de asignaturas a distancia y en línea, hasta que eventualmente se fue regresando a la presencialidad, inicialmente de forma híbrida en el primer semestre del 2022, hasta que, en la segunda mitad del año, fue el retorno de todas y todos los estudiantes a las instalaciones del centro educativo.
El plantel que fue tomado como estudio de caso para esta investigación se trata de una institución de educación superior, con más de 40 años de experiencia, de sostenimiento privado, ubicada en la ciudad de León, Guanajuato, que forma parte de una red de instituciones nacionales e internacionales que llevan una filosofía educativa semejante. Para el segundo semestre del 2022 se contaba con un total de 3,301 estudiantes matriculados, 2,940 en licenciatura, de los cuales el 50.9% eran mujeres y el 49.1% hombres. Su oferta de pregrado consta de 14 licenciaturas y cinco ingenierías.
Aquí se presentan resultados de la sistematización de la información de los grupos de discusión siguiendo un criterio cronológico que fue el que obtuvo consenso de especialistas para narrar los sucesos alrededor de la pandemia por COVID-19 (Escudero-Nahón, 2021), es decir, antes, durante y después de la emergencia sanitaria. Al final se agrega un apartado sobre la significación social de la convivencia en el plantel estudiando, a través de analogías elaboradas y explicadas por las y los propios participantes del estudio.
La lógica expositiva en los siguientes tres apartados fue la siguiente: primero se dio cuenta de la percepción general de la convivencia; en seguida se describirán los espacios y prácticas relacionales, incluyendo lo que ocurre en el espacio socio-comunitario; después el uso de TIC para convivir, seguido de la violencia escolar detectada, para finalizar con un recuento de los aspectos relativos a la gestión de la convivencia mencionados en los grupos de discusión.
Convivencia antes de la pandemia
El principal nodo temático identificado en los grupos de discusión en la etapa prepandémica fue que percibían a la convivencia como muy diversa en el sentido de variedad de actividades conjuntas.
Una convivencia totalmente con bastante diversidad, bastantes actividades por hacer, independientemente de estando en clases o no, desde trabajos en equipo, creo que un punto de reunión […] para mí el más importante, el que más identifico es el Snack… [Alumna 1, mesa 1].
Antes de la pandemia en la universidad se impartían casi la totalidad de las asignaturas de manera presencial, con excepción de algunas que se podían tomar a distancia o en línea, por lo que la convivencia se concentraba en las interacciones que ocurrían dentro del plantel, aunque las personas entrevistadas reconocieron algunas actividades extramuros y lúdicas como parte de la forma en que se relacionaban en ese periodo.
El lugar de convivencia más mencionado por parte del alumnado fue el denominado “Snack”, que se trata de un área de la institución con un techo semicerrado en la que venden comida rápida: “…siempre mi lugar favorito siempre ha sido el Snack, para mí el Snack siempre ha sido un espacio muy padre” (alumno 1, mesa 3). En este espacio las actividades que se realizan son variadas, además de sentarse juntos, comer y platicar, suelen jugar dominó e incluso ping pong y otros juegos de mesa.
Otro lugar mencionado como importante punto de reunión antes de la pandemia fue el área de fumar, un espacio abierto de alrededor de 20 metros cuadrados con un techo de aluminio que está designado oficialmente como el espacio en el que está permitido fumar cigarrillos. Sobre dicho lugar, además del uso al que está designado, las y los estudiantes comentaron que es un espacio en el que platicaban con sus amistades, pero donde también se conocía a otras personas.
…yo me acuerdo de antes del área de fumar, luego empezaba a llegar, uno y luego otro, y de repente ya teníamos una bola como de quince personas y luego decías “¿de aquí a dónde?”, “no, pos a clases no”, o te ibas a cotorrear [Alumno 5, mesa 4].
La biblioteca cuenta con un espacio al aire libre que está cercado por una malla al que denominan como “El Corralito”, en el que hay mesas, sillones tipo puff y áreas verdes, en donde se reúnen alumnas y alumnos para hacer trabajos en conjunto, descansar, dormir o platicar: “En general encontrabas en la biblioteca, en el Corralito, descansando, platicando, unos dormidos, la diversidad era bastante amplia y la plática también” (alumna 1, mesa 1). Dicho espacio fue mencionado tanto antes como después de la cuarentena como un lugar significativo para la convivencia.
Varios estudiantes comentaron que se reunían en las salas de video de la biblioteca para ver películas o incluso para dormir ahí, así como otros mencionaron que asistían a los cubículos para hacer tareas o trabajos en equipo. Algunos estudiantes señalaron que su punto de reunión es el edificio de Arquitectura y Diseño, al que le denominan “El Kínder” por los colores brillantes que tiene. Otras zonas en que los estudiantes solían juntarse son algunos de los jardines de la institución, en los que pueden reunirse a platicar en pequeños grupos o simplemente acostarse y descansar junto a algunos de sus compañeros.
Por otra parte, la convivencia en el espacio socio-comunitario se da de manera formal en los torneos deportivos, en las actividades comunitarias, servicio social y prácticas profesionales. Mientras que una parte del alumnado dijo que no solían tener una relación con sus compañeras y compañeros de clase fuera del plantel, otra parte mencionó que era común reunirse en la casa de algún estudiante, en antros, bares y restaurantes, incluso se tiene un código de qué se hacía dependiendo del día de la semana: “Siendo foráneos, bueno, cada día de la semana hay… hay un nombre: los martesitos de salir, los miércoles de miércolitros, los jueves de cheves, los viernes de… viernes de ir a grill, y luego los sábados son sabadrink” (alumna 1, mesa 1).
Respecto a la convivencia por medio de las TIC, antes de la pandemia ya había interacción con los demás estudiantes de sus salones a través de grupos de WhatsApp, pero también añadiéndose y siguiéndose en Instagram y Facebook, como comenta una de ellas: “Como que cuando llegas en primer semestre agregas como que a todos tus compañeros” (alumna 2, mesa 2). Antes de la pandemia algunos comentaron que como herramientas TIC para las clases solo se usaba el correo para comunicarse con las y los docentes y la plataforma Moodle para la entrega de tareas. Un par de estudiantes comentaron que se reunían en el salón de e-sports con que cuenta la institución.
No obstante el buen clima interrelacional percibido por la mayoría del alumnado, cuando se preguntó explícitamente sobre casos de violencia escolar antes de la emergencia sanitaria las y los estudiantes hicieron varias menciones al respecto. Una de las formas de violencia que más se comentaron que existe en el plantel es la exclusión, la cual se da por diversos motivos, que van desde los desacuerdos personales, la forma de vestirse, el lugar de procedencia y la complexión física, aunque no dieron más detalles específicos de todos los casos.
…tenemos muy normalizada esta parte como que del bullying entre la generación, de que, por ejemplo, a todos nos ha tocado tener un compañero que a lo mejor se comporta diferente a los demás, sus habilidades de interacción social son diferentes, entonces lo que, como grupo, lo que comúnmente se hace a veces es excluirlos… [Alumno 4, mesa 1].
La violencia de género antes de la pandemia fue ejemplificada por los testimonios de varias estudiantes, por ejemplo, casos de hostigamiento de docentes a sus alumnas y de acoso de estudiantes a sus compañeras. Otro caso grave de violencia de género, que se confirmó en dos de los grupos de discusión, fue en una actividad pastoral realizada fuera del plantel que son las misiones, algunos estudiantes hombres fueron a espiar a sus compañeras mientras se estaban bañando.
…en mi equipo hubo un caso donde los hombres estaban viendo a las mujeres mientras se bañaban, y pues yo no sé si sea violencia hacia su persona, pero es lo único que he escuchado así como fuerte dentro de la universidad [Alumno 7, mesa 4].
También es importante señalar que hubo algunos estudiantes que comentaron que no habían visto algún caso de violencia escolar en la institución, incluso que perciben que es una institución en la que el respeto a los demás es el principal rasgo relacional:
…la universidad tiene esa característica, no importa de qué lugar, de qué escuela vengas o de qué otra ciudad vengas, sino que siempre está como ese enlace, para poder contactarte con alguna otra persona y no tener como esa discriminación dentro de aquí de la universidad [Alumna 1, mesa 1].
Por otra parte, respecto a los aspectos relacionados con la gestión escolar que se mencionaron en los grupos de discusión se encontró que las asignaturas de tronco común sí se perciben como positivas para la convivencia porque favorecen el encuentro de estudiantes de diversas carreras que se convierten en amistades con las que se relacionan en otros espacios incluso después de concluir esa etapa.
A manera de síntesis, las prácticas de convivencia antes de la pandemia hablan de la vida cotidiana en común, el uso de TIC para relacionarse era especialmente a través de grupos de redes sociales y se detectaron casos de violencia escolar.
Convivencia durante la pandemia
En marzo del 2020 se declaró una emergencia sanitaria en todo el país a causa de la pandemia de COVID-19, lo que llevó a un abrupto cambio de modalidad en las instituciones escolares, incluyendo la que se estudia en este trabajo, en el que las clases presenciales se tuvieron que impartir a través de las TIC de manera remota, para lo que se utilizaron de forma institucional las plataformas Moodle y Microsoft Teams. El periodo de excepción se alargó hasta la segunda mitad del 2020, mientras que en la primera mitad de ese año la modalidad fue híbrida.
Lo más común que se comentó en todos los grupos de discusión realizados respecto a la percepción de la convivencia en la pandemia es que se vio disminuida casi al mínimo: “…cuando llegó pandemia, como que sí se cortó, o sea, por lo menos a mí, sí me cortó muy de golpe incluso hasta la convivencia” (Alumno 1, mesa 1). Algunos estudiantes comentaron también que consideran que fue nula. La siguiente cita es muy relevante, tanto para la convivencia como para comenzar a entender el rezago educativo durante el periodo de confinamiento:
Sí, o sea, no existió [la convivencia]. No existía, eran levantarte, conectarte, o sea, estabas en clase, pero al mismo, estás haciendo otra cosa, todo mundo; es otra cosa, aunque digan que nadie estuvo en la computadora, nada más. Estoy segura, viendo la tele, no sé, lo que quieras, se acaba y “gracias”, o sea, ni siquiera hablaba la gente [Alumna 2, mesa 2].
Lo que se evidencia con la cita anterior sobre la convivencia es la ausencia o disminución al mínimo de las interrelaciones, fueron varios las y los alumnos que reiteraron que incluso las interacciones con sus compañeros de clase se limitaban a repartirse los trabajos en equipo y consultarse dudas sobre las tareas escolares. Otra de las citas más representativas de todo el trabajo es la siguiente en la que el alumno afirma que “algo dejó de pasar” en su vida escolar, porque si bien tuvieron clases y vieron contenidos, lo que no ocurrió fue la experiencia completa de ser estudiantes, incluyendo el hecho de vivir juntos, de convivir:
Yo lo que percibo un poco desde lo que he vivido yo es que siento que esos dos años y medio de pandemia, esos dos años, como si te los hubieran robado, ¿no?, como si te faltaran esas experiencias […] siento que me… que me falta algo, que no he vivido algo aquí. Sí, definitivamente, entonces sí percibo como que existe ese lapso, de que algo, algo aquí falta, algo aquí dejó de pasar [Alumno 3, mesa 2].
Hubo varias referencias, como la anterior, respecto a que ven la etapa de cuarentena como un periodo que les quitó una parte esencial de la experiencia universitaria que justamente es convivir con personas distintas, tanto de su carrera como de otras.
En cuanto a las prácticas interrelacionales, las y los estudiantes continuamente tenían que hacer trabajos en equipo para las diferentes asignaturas, terminaban juntándose con quienes ya conocían, limitando las interacciones al subgrupo de amistades que se habían forjado antes del confinamiento. Lo anterior llevó a una mayor segmentación en subgrupos informales o “bolitas” dentro de los grupos escolares, limitando aún más el número de personas con las que se relacionaban en ese periodo.
…en pandemia se definieron mucho las bolitas […] empezaron a haber estos grupos y se empezaron a seccionar más, o sea, cada quien a dividir más, así que ya no convivíamos todos, ni platicábamos todos, a menos que fuera algo de tarea, o sea, no era así como que convivencia social en grupo nunca, solo con tus amigos cercanos [Alumna 1, mesa 4].
Si bien la mayoría comentó que la convivencia fue escasa o nula en esa etapa, hubo algunos estudiantes que comentaron que lograron hacer amistades durante la pandemia, incluso hubo un caso de intercambio virtual que sembró migas internacionales. Un estudiante comentó además que en su grupo escolar percibe que la convivencia se fortaleció a través de las TIC y que regresando a la presencialidad siente un grupo unido.
Entre las escasas actividades de convivencia durante el confinamiento, una que reportaron algunas alumnas y alumnos, que ocurría en el espacio socio-comunitario, fue juntarse con amigos de la universidad en reuniones privadas con las personas más allegadas del plantel, y añadieron que buscaron tener cuidado de las medidas higiénico-sanitarias pertinentes: “Sí llegamos a convivir en algunas casas, obviamente con cubrebocas y todo, pero sí nos veíamos seguido, de hecho, hasta llevábamos algunas clases” (Alumno 5, mesa 2). Pero también hubo varios que dijeron no haberse reunido de manera presencial con compañeros de la universidad durante la pandemia. Algunos comentaron que conforme fueron recibiendo las vacunas fue que empezaron a salir con sus compañeros.
El uso de las TIC durante la pandemia fue la constante, especialmente la comunicación a través de WhatsApp, las clases sincrónicas por medio de Microsoft Teams y asincrónicas por Moodle. Para algunos estudiantes entrevistados la transición a la modalidad educativa a distancia fue complicada porque, desde su perspectiva, no tenían suficientes competencias digitales ni ellos mismos ni sus docentes. Aunado a lo anterior, la transición a las clases en línea fue difícil debido a que en un inicio no se habían homogeneizado las plataformas por las cuales se iban a impartir las clases, lo que llevó a que cada docente utilizara la plataforma que más conocía.
Respecto al uso de Microsoft Teams hubo experiencias variadas, como quienes comentaron que llegaron al hartazgo con las clases a distancia: “A mí en lo personal, terminé odiando las computadoras, la verdad […] literal, hasta la fecha sigo odiando conectarme por Teams, prefiero mil veces una clase de manera presencial” (Alumno 3, mesa 1); pero también quienes usaron la herramienta para convivir con sus compañeros fuera de clases: “…en mi caso es que Teams lo empezamos a usar ya no solo para la escuela, sino también para lo social, o sea, mis amigos y yo teníamos un podcast y nos juntábamos y grabábamos ahí” (Alumna 7, mesa 4).
WhatsApp fue la plataforma más mencionada, en todos los grupos de discusión, para mantenerse en contacto entre el alumnado. Una red social que comenzaron a utilizar durante el confinamiento fue TikTok, la cual siguen usando hasta la actualidad con fines de entretenimiento principalmente.
El tema de las cámaras apagadas durante las clases a distancia por medio de Microsoft Teams estuvo presente en todos los grupos de discusión, comentan que para los estudiantes fue muy pesado el hecho de no ver los rostros de las demás personas, que muchas veces no se encendían las cámaras porque estaban haciendo otra cosa, por pena de estar con ropa tipo pijama o por inercia de que nadie lo hacía y quienes los hacían era a quienes el docente les preguntaba o les pedía que participaran durante toda la sesión.
…todo el mundo tenía apagadas las cámaras, y como que yo quería prenderla para que el profe no se sintiera solo [risas] y al mismo tiempo decía “estoy en mi casa y me verá en pijama”; querías interactuar, pero era difícil, querías conectar y era complicado [Alumna 6, mesa 4].
Se reportaron diversas dificultades para realizar trabajos escolares en equipo durante la pandemia, desde la conformación de los grupos porque entre sí se conocían poco, la dificultad para ponerse de acuerdo para reunirse y repartirse las tareas:
…uno de los errores en la pandemia, ahí los profesores fue el decirles a las personas “hagan equipos”, pensando que todos nos conoceríamos, cuando en realidad los profesores podían armar equipos de tantas personas, esto hubiera forzado de que [sic] mínimo hubieras interactuado con personas de que [sic] no conocías, no en el aspecto de que como dice [nombre] de ir tocando puertas, de ir como un peregrino, aquí y allá, en tu casa, pidiendo posada [Alumno 5, mesa 4].
Incluso un par de estudiantes señalaron que en ocasiones se llegaba a la violencia verbal porque había personas que no cumplían con su parte en los trabajos en equipo en esa etapa. Hubo otras formas de violencia a través de las TIC durante la pandemia que comentaron varios estudiantes, como hacer memes en tono de burla de sus compañeros, y además se habla de que se normalizaron:
…escuché casos de otros compañeros que sí les tomaban fotos, pero si era así de por [sic] mala onda, les hacían memes, los subían a internet, y más, todo lo que pasó alrededor, no sé si tuvimos la mala suerte de que tuvimos cámaras o micrófonos prendidos [Alumno 3, mesa 4].
Otras formas de molestarse en esa etapa era que las y los estudiantes sacaban de Microsoft Teams a otros estudiantes y a sus docentes:
Tal vez no fue como tal violencia, pero en Teams la plataforma […] como que los mañocitos que aprendían a usarla sacaban al profesor, silenciar a los alumnos, y se ponen a hablar de ellos para saltar turnos [Alumna 2, mesa 3].
De tal manera que sí se reportaron incidentes de violencia en el periodo de confinamiento, pero también hubo muchas personas participantes en los grupos de discusión que comentaron que debido a la escasa interacción es que no había ni posibilidad de que hubiera violencia entre estudiantes: “En pandemia, la verdad, no me daba cuenta, o sea, no sé qué pasaba en la clase, creo que menos qué pasaba de violencia, nada más me conectaba por la falta” (Alumna 2, mesa 2).
Relativo a la gestión de la convivencia, un par de estudiantes comentaron que las y los docentes no la promovieron adecuadamente por las dificultades que experimentaron con la implementación de herramientas tecnológicas en las clases, esto a pesar de que percibieron que la institución les brindó capacitaciones y recursos suficientes. “Sí hubo buenas herramientas para los profesores, pero que tal vez faltó como capacitación para que pudieran usar esas herramientas, pero, pues creo que no hubo nada de convivencia” (Alumno 4, mesa 2). Aunque también hubo quienes remarcaron el esfuerzo de algunos docentes por hacer más dinámicas y didácticas las clases.
Sobre la gestión de la convivencia por parte de la institución, un par de estudiantes comentaron experiencias divergentes respecto a las actividades extracurriculares desarrolladas durante el confinamiento: una pudo conocer más personas a través de sus clases de piano a distancia, mientras que otra dijo que su clase de pilates no funcionó. Así mismo se reportaron otras actividades como los torneos deportivos que se tuvieron que detener por completo durante ese periodo.
El modelo pedagógico de la universidad estudiada incluye dentro de su malla curricular cinco asignaturas de formación humanista que deben cubrir todos los estudiantes de licenciatura, estas materias se imparten en grupos conformados por alumnos de diversos programas y son un espacio en el que se tejen relaciones y se reflexiona sobre temas personales y sociales, sin embargo, varios estudiantes mencionaron que al haberlas cursado en línea se perdió la oportunidad de socializar y aprovechar a cabalidad el contenido de estas. Además hubo algunos comentarios respecto a que estas materias fungen como catalizadoras de la comprensión de los diversos tipos de violencia, lo cual ayuda a evidenciar y desnormalizar la violencia cultural que ocurre incluso dentro del plantel.
…ahí me di cuenta de que realmente hay muchísima violencia verbal dentro de la [universidad], por ejemplo, de que nos “negrean”, o “es que soy su esclavo”, como comentarios más gruesos, de que “eres un indígena” […] o sea, “para mí no es una ofensa, ¿por qué lo es para ti?”, como que ese tipo de cosas […] yo creo que ahí me hice mucho más consciente y, digo, agradezco [a] la universidad que den este tipo de materias [Alumna 3, mesa 1].
Antes de pasar a la etapa correspondiente al regreso a la presencialidad hubo un periodo de clases híbridas en la universidad investigada, en la primera mitad del 2022, en las que asistía solo una proporción de estudiantes por grupo, mientras que el resto se tenía que conectar por medio de Teams, que se enlazaba a través de las cámaras Polycom que la institución compró e instaló en prácticamente todas las aulas. La mayoría de las impresiones de las y los estudiantes sobre dicha etapa fueron de disgusto.
Era horrible, horrible. O sea, no sé a qué venía. Tú con cubrebocas, este… venías a una clase, tenías que regresar a la otra. Salías de clase y no había nadie. Hasta te daba miedo, yo prefería quedarme en mi casa. Horrible [Alumna 2, mesa 2].
Los comentarios giraron en torno a que la interacción en las aulas y el plantel era muy limitada por la distancia, el uso obligatorio de cubrebocas y los acrílicos instalados en los espacios comunes, así como por el cierre de espacios de reunión, además de que quienes tomaban la clase a distancia no escuchaban adecuadamente a sus docentes. Aunque hubo un par de personas que comentaron que no fue tan mala la experiencia de relacionarse durante la modalidad híbrida.
Un caso mencionado por diversos estudiantes durante esa etapa fue que en los baños de mujeres de la cafetería escribieron con plumón insultos contra algunas estudiantes, a lo cual la institución respondió colocando carteles en diversos espacios del plantel que mencionaban: “Del tamaño de la ropa no depende el tamaño del respeto”.
A manera de síntesis sobre lo ocurrido en esa etapa de pandemia, se encontró que la mayoría del alumnado considera que la convivencia fue escasa; respecto al uso de TIC, la conexión remota desmotivó al alumnado, además el uso de cámaras era casi nulo, lo cual provocó un distanciamiento social que llevó al aislamiento, al limitar la interacción. Varios estudiantes mencionaron que se dedicaban a hacer otras actividades durante las clases remotas. Las y los participantes comentaron sentir estrés durante los trabajos en equipo a distancia por la falta de empatía y compromiso del grupo. El periodo de clases híbridas la mayoría del alumnado lo consideró como una mala experiencia.
Convivencia después de la pandemia
Para agosto del 2022 la universidad estudiada formalizó el regreso a la presencialidad de parte de toda la comunidad escolar, considerando medidas sanitarias como el uso de cubrebocas, mantener las puertas y ventanas abiertas, así como el monitoreo de la salud del alumnado por medio de una aplicación y las consultas médicas en caso de síntomas de COVID-19. La percepción de la convivencia en esta etapa fue variada, la mayoría sienten que ahora se interrelacionan de formas más sanas, para otros entrevistados volvió la normalidad, y para unos cuantos ha sido difícil volver a socializar.
Las actividades de convivencia son semejantes a las que se hacían antes de la pandemia, como platicar en el Snack, la biblioteca, el Corralito y el área de fumar, aunque sí se mencionaron algunas variaciones. Respecto al uso de las TIC para la convivencia, siguen usando mucho el WhatsApp y poco el correo institucional, que ya casi no hacen uso de plataformas como Teams, y algunos comentan que ya “alucinan” sesiones a distancia. Dijeron haber añadido a su repertorio de redes sociales el uso de BeReal y TikTok.
Jugar dominó, o “echar ficha”, es una de las actividades que reportaron más como forma de convivencia típica de la universidad, especialmente entre hombres. Un alumno señaló que se suelen hacer apuestas en estos juegos: “Es que el Snack es como ese lugar turbio, donde la gente apuesta sus cosas, el auto, la colegiatura” (Alumno 6, mesa 2). Se reitera que la cafetería no es un lugar para la convivencia debido a la colocación de los acrílicos: “…en la cafe tienes estas cosas que te separan, y ni quieres ni escuchas a tus amigos ni nada, y entonces ahorita que abrieron Snack está mucho mejor abrir esa parte donde todos nos juntamos” (Alumna 4, mesa 4).
Muchos estudiantes comentaron que el área de fumar cambió después de la pandemia, que anteriormente se tenían sillas y mesas, por lo que se prestaba para platicar y conocer a más personas, pero sin ese mobiliario, el número de personas se redujo, “ahora la gente solo fuma y se va porque ya no hay mesas, ya las quitaron” (Alumna 7, mesa 4). Cabe señalar que a partir de febrero del 2023, después de la aplicación de los grupos de discusión, se clausuró el área de fumar y ahora lo hacen afuera de las instalaciones. También suelen a asistir a lugares para comer y beber fuera de la universidad, además de que se han reactivado las sociedades estudiantiles, que a su vez organizan bienvenidas, fiestas en antros para recibir a las nuevas generaciones.
Después de la pandemia las y los participantes de los grupos de discusión no han sabido de casos de violencia, ya que reportan que el trato es más cordial, relajado y sano, “es que siento que ya todos estamos más grandes y maduros, y ya pasa esa parte de que antes de la pandemia, y antes, había más bullying o violencia, ya ahorita todos agarran la onda, no andan dando lata o molestando a los profesores” (Alumno 5, mesa 4).
Respecto a la gestión de la convivencia escolar, los estudiantes también mencionaron eventos organizados por la institución, por ejemplo, un evento que se retomó fue un día institucional de encuentro y convivio en el que se realizaron diversas actividades lúdicas, eventos musicales, concursos, talleres, entre otras acciones, el cual fue señalado como muy significativo para la mejora de la convivencia entre el alumnado ya que les permitió conocer a más gente y hacer comunidad.
…como que ya todos vieron la importancia de formar parte de la comunidad o de hacer actividades con gente, se llenó luego-luego y el día [institucional] fue grandísimo […] la pandemia nos enseñó ese de [sic] valor [Alumno 4, mesa 1].
La convivencia entre estudiantes de diferentes licenciaturas también se ha percibido fortalecida a través de las asignaturas de formación humanista con el retorno a la presencialidad, “…gracias a las [esas materias] he conocido personas muy valiosas y nos hemos ido mucho de fiesta” (Alumno 6, mesa 2).
En síntesis, las actividades efectivamente son semejantes por su cotidianidad, después de pandemia no han sabido de casos de violencia, ya que perciben que el trato es más cordial y han revalorado las relaciones con las demás personas.
La convivencia como experiencia subjetivada
Para recuperar la subjetividad de las y los estudiantes respecto a la convivencia, es decir, la significación social sobre las relaciones interpersonales en el plantel, se hizo una adaptación de la propuesta de análisis metafórico de Zalpa (2014) en la que se solicitó a las personas participantes en los grupos de discusión que la describieran a través de una analogía. A continuación se exponen las analogías ordenadas de las que tuvieron mayor recurrencia a las que menos se mencionaron, agrupadas por comunes denominadores.
Las analogías con un tropo común que más se repitieron son las que hacen alusión a las diversas formas de convivir, esto es, que buscan retratar la variedad y diversidad de prácticas interrelacionales en el plantel. La que más se repitió en este sentido, incluso mencionada en dos mesas diferentes, fue que la convivencia en el plantel es como una fiesta:
La convivencia en la [institución] es como una fiesta, porque entre clases, en lo que es el Snack, vemos a personas que están jugando en el Jenga, vemos a personas que están jugando en el pingpong, otras que están jugando cartas y otros que están comiendo, sin embargo, pues otros también estamos platicando [Alumna 1, mesa 1].
Otra analogía en la que hubo coincidencia y que retrata la heterogeneidad de formas de convivir es la del océano, o mar abierto, que refleja momentos en los que hay tranquilidad y en otros hay mayor agitación.
La convivencia en la [institución] es como un mar abierto, a veces puede ser muy tranquilo y a veces puede ser un caos […] porque a veces te encuentras muchas personas, tienes muy buena convivencia, te llevas bien, y otras veces no hay nadie y simplemente vienes a lo que vienes y te vas [Alumno 1, mesa 3].
Otras analogías que retratan la diversidad en la convivencia fueron: como una feria porque hay una variedad de juegos y cada quién se sube al que más le gusta; como una mixología por la variedad de formas de ser; como un día de marzo porque hay estudiantes muy cálidos y otros muy fríos; como un parque público por ser abierto a las formas de pensar; como un festival de música porque te puedes encontrar con experiencias y relaciones nuevas; como una serie de televisión porque cada episodio es distinto con personajes conocidos, y como un surtido de galletas porque “en algunos lugares la galleta está buena, en otros no tan buena” (Alumno 2, mesa 1).
El siguiente grupo de analogías más mencionadas fueron las que hacen referencia a la división en grupos, subgrupos y carreras, es decir, que las personas suelen reunirse con sus subgrupos informales ya sea de sus respectivos salones o que conocen de antes de ingresar a la universidad, mientras que las relaciones con otras personas son escasas.
…a veces la convivencia es un desierto, porque a veces es muy seca y dividida, incluso si notas que como que está muy dividido en grupos, la gente, muchas veces, en clases, a lo mejor te llevas bien con tus compañeros del salón, pero fuera de allí siento que están muy marcados como que los grupos y las separaciones [Alumno 3, mesa 2].
Otra estudiante literalmente dijo que la convivencia era segmentada, y un par hicieron mención de que es como burbujas, algunas burbujas son por carrera, por generaciones y quienes no se juntan con nadie, “¡Son burbujas!, la posibilidad está ahí de que crezcan y crezcan y se hagan una más grande” (Alumno 2, mesa 3).
Otro grupo de metáforas hace referencia a que la convivencia depende de cada persona, de su forma de ser, de las personas de las que se rodea, de su introversión o extroversión, del grado de apertura a las y los otros, etc. La analogía que mencionaron un par de personas es la del aeropuerto:
…es como un aeropuerto, cada quien va como a distintos destinos, pero como que es el punto como de encuentro donde tienes la oportunidad de platicar con el que está a un lado o quedarte callado, es como que depende de ti... [Alumna 4, mesa 1].
Cuatro personas hicieron eco de una visión utilitarista de la convivencia o como estrategia para tener mayor capital social, en especial que es como una navaja suiza:
…es como una navaja suiza, porque sabes que tiene las herramientas, que en este caso serían las personas o los ítems de la navaja, porque en ocasiones te pueden servir las relaciones con estas personas o herramientas […] sabes que lo tienes, tienes las herramientas, es bueno saber para qué sirve cada una, porque en algún momento la puedes utilizar [Alumno 4, mesa 1].
Tres analogías hicieron referencia a las fluctuaciones en la convivencia, esto es, de que es cambiante dependiendo del semestre, como las estaciones del año, ya que en ocasiones hay más actividades académicas y en periodos se relaja, así como un videojuego en el que vas pasando de nivel semestre a semestre.
Las analogías propuestas por las y los estudiantes dan cuenta de una diversidad de formas de significación social de la convivencia y pueden ser complementarias, esto es, que hay una variedad de formas de ser y relacionarse, que suelen reunirse en subgrupos que tienden a aislarse, que tiene variaciones que dependen de la carrera y el semestre que cursan, que hay interdependencia y que les pueden llegar a ser útiles esas relaciones.
Conclusiones
En la Figura 1 se integran de manera sintética los elementos centrales de cada etapa analizada en el proyecto: antes de la pandemia entre el alumnado permeaba un sentido de cotidianidad, es decir, en el día a día se vivía como lo normal, como la única realidad posible (Heller, 1998), entre ellos el tema de la segmentación por subgrupos informales tanto en las aulas como en el espacio escolar, así como reportaron algunos episodios de violencia; esto tiene un quiebre en el tiempo de pandemia, periodo en el cual las y los estudiantes ante el distanciamiento social reportan haber experimentado momentos de incertidumbre, una alta necesidad de adaptación, cierto sentimiento de apatía y al final de esta etapa un hartazgo por la interacción y las clases a distancia; en la etapa posterior a la cuarentena se percibe otro quiebre y predomina un deseo por regresar a las actividades de forma presencial, aunque sintieran cierto grado de ansiedad por volver a relacionarse cara a cara, pero ahora han revalorizado a la convivencia con sus compañeras y compañeros.

En el periodo de pandemia las y los alumnos tuvieron que enfrentarse a tomar clases de manera remota, lo que llevó a una disminución muy significativa de la socialización y sociabilidad, en lo cual algunos coincidieron en que se les “robó” una parte de su vida al perderse aspectos de la vida universitaria que nunca podrán recuperar, como experiencias y vivencias en clase y fuera de ellas.
Por otra parte, hay que resaltar que la diversidad sería algo de esperarse en una universidad por la cantidad y variedad de licenciaturas, las cuales tienen sus particularidades disciplinares e incluso ethos distintos, justamente ahí se distancia la convivencia escolar en educación básica y bachillerato, que es más homogénea respecto a la educación superior, y quizá se requiere emplear la derivación conceptual como “convivencia universitaria” debido a las especificidades que guarda respecto a las prácticas y gestión de la temática en la educación básica y media.
Después de la pandemia se hace patente la necesidad de incluir como uno de los espacios de observación e intervención de la convivencia (Carbajal y Fierro, 2021; Hirmas y Carranza, 2009; Ochoa et al., 2021) al espacio virtual, que si bien en parte es una extensión de las relaciones cara a cara, en otros aspectos tiene su propia lógica y descoloca el acto de vivir juntos de los aspectos más territoriales para conectarse con comunidades remotas, y en ocasiones incluso desconectarse de las comunidades más próximas como las y los compañeros de aula y escuela.
Siguiendo la discusión teórica, en esta investigación se pone de manifiesto la utilidad de usar un concepto neutro de convivencia en la fase analítica por su capacidad heurística, ya que es posible encontrar lugares y prácticas que los modelos ideales de la misma no considerarían adecuados, como el área de fumar, los bares cercanos o jugar dominó apostando, acciones que se convierten en catalizadoras de las relaciones interpersonales entre el alumnado, y con ello es posible dar cuenta de que la convivencia puede cobrar matices que oscilan entre diversos ejes que son necesarios de explorar en términos factuales y no solo del deber ser: inclusión/exclusión, democracia/autoritarismo, paz/violencia. Aunque esos modelos ideales también pueden servir como punto de comparación, esto es, después de analizar dónde estamos, nos ayudan a elegir hacia dónde queremos ir.
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