Reportes de investigación
El peso de la sobrepoblación relativa en el estudiantado de la secundaria para jóvenes y adultos en Argentina
The weight of relative surplus population in students of secondary school for youths and adults in Argentina
El peso de la sobrepoblación relativa en el estudiantado de la secundaria para jóvenes y adultos en Argentina
IE Revista de Investigación Educativa de la REDIECH, vol. 16, e2497, 2025
Red de Investigadores Educativos Chihuahua A. C.

Recepción: 10 Febrero 2025
Aprobación: 05 Agosto 2025
Publicación: 19 Agosto 2025
Resumen: Este artículo tiene como objetivo estimar qué peso ha tenido la sobrepoblación relativa dentro de la matrícula de la secundaria para jóvenes y adultos en Argentina a mediados de la última década. Si bien distintas investigaciones recientes muestran que el estudiantado de la modalidad se encuentra atravesado por diversos procesos de repulsión como consecuencia del desarrollo capitalista, no queda en claro en qué medida esto es así. Para resolver este problema, desde un enfoque cuantitativo se utiliza una serie de relevamientos estadísticos nacionales para calcular aproximadamente cuántos forman parte de ese sector de la fuerza laboral. Como fuentes principales se emplean la Encuesta Anual de Hogares Urbanos, la segunda Encuesta de Protección y Seguridad Social y la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes. Los resultados de esta aproximación muestran que alrededor del 73% del alumnado que asistía entre los años 2014 y 2017 pertenece a la superpoblación relativa.
Palabras clave: educación secundaria, educación de jóvenes y adultos, sobrepoblación relativa, estudiantes, metodología cuantitativa.
Abstract: This article aims to estimate what weight relative surplus population has had within secondary school enrollment for youths and adults in Argentina in the middle of the last decade. Although various recent investigations show that students of the modality are going through diverse processes of repulsion as a consequence of capitalist development, it is not clear to what extent this is the case. To solve this problem, a series of national statistical surveys are used from a quantitative approach to calculate approximately how many are part of that sector of the workforce. The main sources are the Annual Urban Household Survey, the second Social Protection and Security Survey and the Activities of Children and Adolescents Survey. The results of this approach show that around 73% of the students who attended this school modality between 2014 and 2017 belong to the relative surplus population.
Keywords: secondary education, education for youths and adults, relative surplus population, students, quantitative methodology.
Introducción
A lo largo de las décadas recientes se ha observado en Argentina un importante incremento de la cantidad de sujetos que asisten y egresan del nivel secundario en la educación de jóvenes y adultos –también denominada EDJA–. De ese modo, en un contexto general de masificación de la secundaria, esto ha hecho que la EDJA adquiera mucha importancia dentro del sistema educativo argentino (De la Fare, 2013; Finnegan et al., 2021).
En lo que refiere a las características particulares de los estudiantes que concurren a este tipo de ofertas educativas, en la bibliografía especializada puede reconocerse que no solo se trata en gran medida de población perteneciente a la clase trabajadora, sino que además su fuerza laboral se encuentra atravesada por una serie de procesos de repulsión. Más concretamente, los estudios que abordan la especificidad del alumnado coinciden en que cuestiones como la desocupación, el subempleo, la precariedad laboral y la pobreza son aspectos que tienen mucho peso en la vida de estos sujetos. Esto puede verse tanto en los escritos que investigan la matrícula potencial de la modalidad (Riquelme et al., 2018; Sirvent, 2005; Topasso et al., 2015) como en los que llevan a cabo trabajos de campo en espacios geográficos acotados (De la Fare, 2013; González, 2019; Sucunza, 2016) y en los que delimitan el grupo poblacional de donde provienen los estudiantes desde la estadística nacional (Olivares, 2022, 2024b).
En términos conceptuales, desde un enfoque materialista los movimientos que generan que los trabajadores sean repelidos de la producción son el resultado del propio desarrollo del capitalismo, que genera que una parte de la clase obrera se vuelva relativamente sobrante para las necesidades medias de la acumulación. Por lo tanto, con el conocimiento científico acumulado hasta este punto sería posible afirmar que una gran parte del alumnado de la secundaria para jóvenes y adultos en el país proviene de las filas de la superpoblación relativa. Ahora bien, el problema con esa afirmación es que tiene un carácter muy general, pero no establece con exactitud en qué medida esto es así. Ello permite formular la siguiente pregunta: ¿Cuál es el porcentaje del estudiantado que pertenece a esa fracción de la fuerza laboral?
Partiendo de esa interrogante, el presente artículo tiene como objetivo estimar qué peso ha tenido la sobrepoblación relativa dentro de la matrícula de la secundaria para jóvenes y adultos en Argentina a mediados de la última década. Con ese fin se utilizó una serie de relevamientos estadísticos nacionales para calcular aproximadamente desde un enfoque cuantitativo cuántos de los estudiantes que asisten a la modalidad pertenecen a ese sector de la fuerza de trabajo, entre los años 2014 y 2017. La hipótesis de trabajo principal sostiene que en ese marco temporal la mayoría del alumnado formaba parte de la superpoblación relativa.
Cuestiones teóricas
Para empezar, este artículo parte de la premisa formulada por Marx, quien sostiene que la posición de los sujetos en la estructura social se define en torno a su acceso a los medios de producción fundamentales. En ese sentido, en el capitalismo la estructura social se organiza de tal manera que estos son propiedad privada de la clase capitalista y la clase terrateniente, mientras que aquellos que no disponen de dichos medios tienen que vender su fuerza laboral en el mercado para poder vivir, perteneciendo como tales a la clase trabajadora (Marx, 2008, 2009). En síntesis, en este modo de producción toda la población no ocupa el mismo lugar en la estructura social, sino que esta se distribuye en diferentes clases sociales.
De acuerdo con la ley general de la acumulación planteada por este autor (Marx, 2008), el desarrollo del capitalismo supone la progresiva reducción del peso relativo de lo invertido en la fuerza de trabajo que se incorpora en relación a lo que se invierte en los medios de producción empleados. Como consecuencia, en ese proceso se crea una población obrera cuya existencia es relativamente superflua para las necesidades medias de valorización del capital. Así, la posición de una creciente parte de la clase trabajadora en la estructura social se ve atravesada por procesos de repulsión que la determinan como población excedentaria, lo que hace que no pueda obtener sus medios de vida de forma regular a partir de la venta de su fuerza laboral en las condiciones consideradas como normales por la sociedad. Esta superpoblación relativa es una condición esencial de la acumulación. Por un lado, la misma actúa como una masa disponible para los momentos de crecimiento de la economía, cuando las distintas ramas demandan una incorporación masiva de fuerza de trabajo. Por el otro, funciona como elemento regulador del salario, en tanto una presencia de más ofertantes de fuerza laboral supone una reducción del salario general, al poner presión sobre los trabajadores necesarios (es decir, no sobrantes) y limitar sus demandas.
Con independencia de las diferencias de volumen orgánicas o coyunturales, este sector de la fuerza de trabajo se expresa bajo diversas formas constantes (Marx, 2008). Por un lado, existe una sobrepoblación fluctuante, cuya característica central es ser repelida y absorbida por el capital de modo cíclico. De esa manera, en los momentos en los que la economía se halla en crisis se la expulsa, mientras que en las fases de crecimiento se la vuelve a atraer (aunque siempre en una proporción decreciente en relación a los medios de producción). Se trata entonces de una modalidad ligada al ciclo industrial y sobre todo a los ámbitos urbanos, aunque no es exclusiva de alguna rama de la economía en particular. Quizá el ejemplo concreto más fácil de identificar con ella son los trabajadores desocupados.
Otra parte se define como sobrepoblación latente. Esta se encuentra en el campo, donde el despliegue de la acumulación capitalista hace que la demanda de fuerza de trabajo en actividades agrícolas sea siempre decreciente en términos absolutos, por lo que los procesos de repulsión no son complementados con otros de absorción. Eso no solo provoca que los obreros rurales vean sus ingresos reducidos al mínimo, sino también que una parte de la población rural esté siempre en vías de migrar a la ciudad o de ocuparse en la industria no agrícola. Se trata entonces de una modalidad que se halla oculta en el campo y cuyo volumen real solo se manifiesta de manera abierta cuando el desenvolvimiento del capital la expulsa a las ciudades. Por todo lo explicado se entiende que su peso tienda a decrecer con el desarrollo del capitalismo. Si bien su existencia es más difícil de captar (debido a su carácter encubierto), un ejemplo directo es la población rural pobre empleada en el sector agrícola.
Asimismo existe una sobrepoblación estancada, la cual se distingue por estar ocupada de forma irregular. Y es esa condición de inestabilidad o de repulsión intermitente lo que hace que en todo momento se encuentre disponible para el capital, en especial para ser explotada en ciertos ramos atrasados de la economía que la emplean con el máximo tiempo de trabajo y el mínimo salario. Así, quienes componen esta porción de la superpoblación pueden alternar períodos de desempleo o subempleo con otros en que, por el contrario, se hallan ocupados por largas jornadas. Del mismo modo, la irregularidad de su empleo puede hacer que estén insertos de manera informal o precaria, no quedando cubiertos por la legislación laboral vigente. O también pueden hallarse realizando múltiples trabajos temporales de corta duración, incluso sin estar contratados formalmente por un patrón. Esta modalidad se ubica ante todo en las ciudades y su volumen tiende a ampliarse de modo creciente con el desarrollo capitalista. Un ejemplo fácil de identificar es el de aquellos trabajadores que realizan changas temporales.
Para concluir, una capa de la sobrepoblación (que puede atravesar a las diversas modalidades constantes) queda consolidada en esa condición. Esta ha sido repelida de los procesos de trabajo y aparece bajo las formas más degradadas de vida. Un ejemplo posible es el caso de la mendicidad.
De acuerdo con diversas investigaciones recientes, el desarrollo del capitalismo durante las últimas décadas ha conducido a que la sobrepoblación relativa alcance un peso cada vez mayor tanto en Argentina (Cazón et al., 2016; Donaire y Rosati, 2023; Iñigo, 2013; Iñigo et al., 2010; Rosati, 2009) como también en general en América Latina (Castillo y Pradilla, 2015; De Luca et al., 2013; Donaire, 2021; Granato y Germer, 2013; Kornblihtt et al., 2016; Márquez y Pradilla, 2016; Villar, 2023). Así, estas obras coinciden en que una masa creciente de la fuerza laboral se encuentra atravesada por distintos procesos de repulsión que la vuelven relativamente sobrante para las necesidades medias de valorización del capital. Según Donaire (2021, p. 295), ya antes de la crisis agravada por la pandemia “más de uno de cada cinco latinoamericanos en edad laboral (23%) se encontraba en la condición de sobrante para el capital en el año 2010”. Por ende, este resulta un fenómeno significativo para la comprensión de la estructura social de los distintos países de la región.
Cuestions metodológicas y fuentes empleadas
Partiendo de la base de que la fuerza laboral de los alumnos de la secundaria para jóvenes y adultos en años recientes está atravesada por una serie de procesos de repulsión, este artículo busca estimar desde un enfoque cuantitativo en qué medida esto es así a escala nacional. Con ese fin, se avanza tratando de reconocer la posición de estos sujetos en la estructura social argentina a mediados de la última década a partir de la construcción de un indicador específico de pertenencia a la sobrepoblación relativa.
En principio, debe tenerse en cuenta que no existen fuentes específicas sobre las características socioeconómicas de estos estudiantes. Por ende, para llevar a cabo el objetivo mencionado se emplea una serie de relevamientos estadísticos nacionales, usando una delimitación de los individuos en torno a su edad, condición de asistencia escolar y nivel educativo. Para entender cuáles son estas fuentes y cómo se utilizan resulta importante considerar primero cómo se compone la matrícula de la educación de jóvenes y adultos en la última década. Para eso se puede tomar la información del Relevamiento Anual del 2014 realizado por la Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa –DiNIECE– del Ministerio de Educación, que muestra que ese año la cantidad de alumnos que asistían a la secundaria en la EDJA ascendía a 539.490. Sobre ese total, la fuente indica que alrededor de un 60% tenía 20 años o más, un 28% tenía entre 18 y 19 años, mientras que el otro 12% tenía entre 12 y 17 años.[1]
Para abordar a ese primer grupo poblacional de 20 años o más se utiliza la Encuesta Anual de Hogares Urbanos –de aquí en más, EAHU– del año 2014. Se trata de un relevamiento que el Instituto Nacional de Estadística y Censos –INDEC– ejecuta en el tercer trimestre del año, cubriendo a viviendas particulares en localidades de 2.000 habitantes o más. Se usa este relevamiento porque se enfoca de forma directa en distintos indicadores vinculados con el mercado de trabajo urbano en la totalidad del país. Ahora bien, la EAHU no contiene información que permita reconocer de forma directa si un individuo asiste a la EDJA. Por ende, se delimita a la población de 20 años o más cuyo máximo nivel educativo sea la primaria completa o la secundaria incompleta y que concurran a un establecimiento educativo. Con esta delimitación se capta una cantidad de 405.517 sujetos.[2] Se trabaja con este grupo poblacional ya que es de donde provienen los estudiantes de la modalidad de 20 años o más. Como puede verse, se excluye a los menores de 20 años porque con la EAHU no hay manera de saber si van a la EDJA o a otras modalidades como la artística o la técnico profesional.
Para captar al resto de la matrícula, la alternativa más viable es recurrir a aquellas fuentes que contengan una pregunta específica sobre si el sujeto relevado asiste a la educación de jóvenes y adultos. Teniendo en cuenta esta premisa, con la segunda Encuesta de Protección y Seguridad Social –de aquí en adelante, ENAPROSS II– se aborda a los alumnos de 18 y 19 años. En este caso se trata de una encuesta por muestreo no periódica llevada a la práctica por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social –MTEySS–, que se hizo por segunda vez entre 2014-2015 para captar la cobertura y focalización de las políticas de protección y seguridad social. Aunque contiene indicadores muy similares a la EAHU, solo abarca a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires –CABA–, los 24 partidos del Gran Buenos Aires y aquellas localidades de 5.000 o más habitantes en Catamarca, Corrientes, Chaco, Jujuy y Río Negro. En este caso se delimita a todos los individuos de 18-19 años que asistan al tercer nivel de la educación general básica –EGB 3–/secundario/polimodal en la EDJA.[3] Con esta delimitación se capta un total de 45.783 sujetos.[4]
La otra parte de la matrícula son estudiantes adolescentes que tienen entre 12 y 17 años. Estos se abordan con la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes –EANNA–, otra encuesta no periódica efectuada en conjunto por el INDEC y el MTEySS, que releva a la población de 5 a 17 años en todo el país. Realizada por segunda vez entre 2016-2017, en su cobertura urbana abarca a las localidades de 2.000 habitantes o más en el conjunto del territorio nacional. El único problema es que la fuente no está disponible para el año 2014, sino para 2016-2017. Aun así, al no ser una distancia de tiempo notable, los resultados que arroja son factibles de ser contrastados de manera relativamente confiable con el resto. Aquí se delimita a aquellos individuos de entre 12 y 17 años que asistan al nivel medio/secundario en la EDJA. Con la misma se capta a un total de 34.387 sujetos.[5]
Para hacer una medición sobre el peso de la sobrepoblación relativa en el alumnado se trabaja primero con la EAHU del año 2014, considerando a la parte de la matrícula que tiene 20 años o más. Como se planteó en el apartado previo, en términos conceptuales la superpoblación se compone de una masa de sujetos cuya posición en la estructura social se ve determinada por una serie de procesos de repulsión que le impiden obtener sus medios de vida de forma regular a partir de la venta de su fuerza laboral en las condiciones consideradas socialmente normales. Por ende, la dimensión central a considerar es la de repulsión. Así, para medir cuántos pertenecen a la sobrepoblación relativa en este grupo poblacional se usaron diversos indicadores que muestran que su fuerza de trabajo se ve repelida.[6] Se consideró entonces a los desocupados, a los asalariados subocupados, a los que ganan menos de un salario mínimo,[7] a los que no tienen el descuento jubilatorio,[8]a los cuentapropistas sin medios de producción, a los trabajadores temporales, a todos los que viven en hogares que están en situación de pobreza o reciben asistencia social, y a los inactivos discapacitados o que habitan un hogar en el que el jefe de familia pertenece a la sobrepoblación relativa (teniendo al menos uno de los indicadores previos).[9] Se tomó como parte de la superpoblación a todos aquellos individuos que reúnan al menos uno de estos aspectos.
El desempleo se escogió como indicador de la sobrepoblación relativa porque está mostrando que la fuerza laboral de estos individuos es repelida y por ende se presenta como superflua en el mercado de trabajo. El subempleo, la tenencia de un empleo que no tiene descuento jubilatorio o que es temporal se tomaron como manifestaciones de su irregularidad, en el primer caso porque los sujetos trabajan una cantidad de horas menor a la normal, en el segundo porque no están registrados y en el tercero porque su empleo es inestable. Por esa misma cuestión se seleccionó también a los cuentapropistas sin medios de producción, con el supuesto de que bajo esta figura se agrupan sujetos que pertenecen a la clase obrera y realizan trabajos de manera irregular en el sector informal (sin estar empleados de modo directo para un patrón). Los asalariados que ganan menos de un salario mínimo fueron elegidos porque se les paga su fuerza de trabajo por debajo del umbral mínimo sancionado por el Estado, el cual refleja en cierto grado el valor de la misma a nivel general. Ese mismo criterio se usó para abarcar a todos los que viven en hogares pobres, en tanto su reproducción se desarrolla por debajo del límite considerado como básico en determinado momento histórico. El hecho de que acudan a la asistencia social se escogió porque también da cuenta de que el hogar del que forman parte no alcanza los ingresos necesarios para reproducirse en condiciones normales, por lo que deben obtenerlos de otras fuentes (aunque en la estadística oficial puedan aparecer incluso como no pobres). Asimismo, los inactivos discapacitados fueron considerados para captar a quienes son colocados como relativamente sobrantes al estar incapacitados para trabajar. Por último, se toma la situación del jefe de familia del hogar en que habitan los inactivos, ya que aunque estos sujetos no trabajan, se reproducen con base en la pertenencia a un grupo familiar con determinadas características de clase (reflejadas en lo que sucede con dicho jefe de familia).
Siguiendo la misma lógica, con la ENAPROSS II se construyó un indicador de sobrepoblación relativa con las variables disponibles en esa fuente para aquellos estudiantes de la secundaria para jóvenes y adultos que tienen 18-19 años. Así, se consideró a los que están desocupados, a los asalariados que trabajan menos de 35 horas (subocupados), que tienen un empleo sin descuento jubilatorio o que ganan menos del salario mínimo,[10] a todos aquellos que cobran asignaciones familiares o que perciben ayudas económicas del Estado, como así también a los que viven en un hogar en el que el jefe de familia presenta alguna de las características antes mencionadas.[11]
Por último, con la EANNA se realizó este ejercicio con la misma perspectiva teórica, pero en este caso para los estudiantes del nivel secundario de la EDJA que tienen entre 12 y 17 años. Para ello, además de tomar a todos los que trabajan siendo menores de edad, se utilizó la posición del jefe de familia en el hogar que habitan, considerando que forman parte de la sobrepoblación relativa si este se halla desocupado, si es un asalariado subocupado, o que no tiene descuento jubilatorio, o que gana menos del salario mínimo,[12] o que recibe ayuda del Estado en forma de alimentos o dinero.[13]
Una vez obtenidas las cifras sobre el total de sobrepoblación relativa, se observó cómo esta se compone tomando una serie de indicadores sobre su perfil ocupacional, el sexo y edad de los sujetos. Ese análisis se centra en los datos de la EAHU. Puesto que con la ENAPROSS II y la EANNA se capta un número más bajo de individuos, se opta por no desagregar la información, para no generar distorsiones en el análisis.[14] Por último, utilizando los números obtenidos para cada uno de esos grupos etarios se estimó el peso que tiene este sector de la fuerza laboral en la matrícula total de la EDJA entre los años 2014-2017.
Revisión de literatura
La educación secundaria para jóvenes y adultos tiene un recorrido de más de 50 años en Argentina. Desde la creación de las primeras ofertas del nivel para este sector de la población en la década del setenta hasta la actualidad, la misma ha tenido un notorio crecimiento en todo el territorio nacional. Esto ha hecho que alcance una gran relevancia dentro del sistema educativo argentino (De la Fare, 2013; Finnegan et al., 2021). En general sus propuestas escolares se han caracterizado históricamente por ser más flexibles en sus formatos, por ejemplo, teniendo planes de estudios más cortos, una cursada semanal con menos horas o el empleo de espacios escolares ubicados en lugares más cercanos a donde viven o trabajan sus estudiantes (Baraldo, 2015; Burgos, 2018; Donvito y Otero, 2020; Filmus, 1992). Su relevancia se potenció a partir de la sanción de la Ley de Educación Nacional en el año 2006, puesto que la misma estableció la obligatoriedad del secundario para toda la población (incluyendo a los jóvenes y adultos que no la completaron) y puso en pie de igualdad a esta modalidad junto con otras como la artística y la técnico profesional (Montesinos et al., 2010; Rodríguez, 2008).
Si bien el nombre de la modalidad remite a una cuestión etaria, históricamente en Argentina (y en América Latina en general) esta se ha enfocado en la escolarización de ciertos sectores de la población trabajadora que, a raíz de su origen social, abandonaron sus estudios formales antes de completarlos o no los comenzaron en absoluto (Brusilovsky, 1994, 1995; Sirvent et al., 2010). En relación a las particularidades de la población destinataria de la modalidad, en una serie de artículos de reciente publicación se ha avanzado en una caracterización del grupo poblacional de donde provienen estos sujetos durante los últimos años, desde la estadística nacional. En ese sentido, una de las cuestiones que se ha podido corroborar es que en el siglo XXI en gran medida son individuos que están ocupados como asalariados; es decir, que para vivir venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Pero junto con ello se ha podido advertir que la fuerza laboral de una parte sustancial del alumnado se halla atravesada por distintos procesos de repulsión. Así, hay todo un sector cuya fuerza de trabajo se ve expulsada y absorbida de modo cíclico, por lo cual pueden aparecer como desocupados. Otra porción logra vender su fuerza de trabajo, pero lo hace de manera irregular, teniendo empleos temporales, no registrados o a tiempo parcial. A la par, una fracción la vende pero por debajo de su valor, cobrando salarios menores al mínimo, viviendo en la pobreza o teniendo que acceder a la asistencia social para poder subsistir (Olivares, 2022; 2024b).
Estos resultados son coincidentes con lo que muestran otras investigaciones que utilizan diversas formas de aproximación. Por un lado, confluyen con las conclusiones de aquellos que abordan la matrícula potencial de la modalidad (todas las personas que no han concluido la secundaria, asistan o no a un establecimiento educativo), ya que este tipo de estudios señalan que aquellos sujetos que no completaron el nivel por lo general se ven más afectados por cuestiones como la pobreza (Riquelme et al., 2018; Sirvent, 2005; Topasso et al., 2015). Del mismo modo convergen con los planteamientos de quienes llevan a cabo trabajos de campo en espacios geográficos reducidos donde se desarrolla la EDJA, en tanto estos autores sostienen que efectivamente muchos estudiantes se hallan desempleados o subempleados, mientras que otros tienen empleos irregulares o ganan salarios muy bajos (De la Fare, 2013; González, 2019; Pecarrere, 2014; Sucunza, 2016).
En síntesis, el conocimiento acumulado sobre el estudiantado de la EDJA en el siglo XXI permite ver no solo que se trata en su mayoría de miembros de la clase trabajadora, sino también que su fuerza laboral se encuentra atravesada por diversos procesos de repulsión. En general, la literatura especializada caracteriza de forma un tanto ambigua a estos sujetos, usualmente definiéndolos como parte de los “sectores populares”, sin dar demasiadas precisiones conceptuales. Desde la perspectiva teórica en la que se para este artículo, a partir de la información mencionada se podría afirmar que una parte sustancial del estudiantado posiblemente pertenece a la sobrepoblación relativa. No obstante, el problema con esa afirmación es que tiene un carácter muy general, pero no indica con exactitud cuál es el porcentaje que forma parte de esa fracción de la fuerza laboral. De hecho, aunque los estudios desde la estadística muestran por ejemplo que una porción notable puede estar subocupada, otra tener un empleo no registrado y otra ser pobre, esos datos pueden estar representando a los mismos individuos. Es decir, una persona puede al mismo tiempo tener un trabajo en negro, con un total de horas menor al normal y percibir ingresos que lo coloquen en la pobreza. Por eso se requiere otro tipo de aproximación para estimar de manera más precisa cuántos de ellos pertenecen a la superpoblación obrera relativa. Sobre esto se avanza en el próximo apartado.
El peso de la sobrepoblación relativa en el estudiantadode la secundaria para jóvenes y adultos
Como se explicó antes, para hacer una medición específica sobre el peso de la sobrepoblación relativa en el estudiantado se trabaja primero con la EAHU del 2014 abordando a los individuos de 20 años o más. Considerando todos los indicadores mencionados en el apartado metodológico, el resultado arrojó que el 79,1% de los jóvenes y adultos de 20 años o más que no terminaron el secundario y asisten a un establecimiento escolar en el año 2014 pertenecen a la sobrepoblación relativa.
En la Tabla 1 se observa que del total de individuos que quedan agrupados como superpoblación 42,7% son varones y 57,3% mujeres. A la par, el 69% de los que aparecen como población sobrante relativa son jóvenes de entre 20 y 29 años, mientras que el otro 31% son adultos de 30 años o más.
| Composición interna | % jóvenes y adultos ocupados sin secundario completo que asisten a un establecimiento educativo y pertenecen a la sobrepoblación relativa | |
| Edad | 20 a 29 años | 69 |
| 30 años o más | 31 | |
| Sexo | Varones | 42,7 |
| Mujeres | 57,3 | |
Dentro del total, la Tabla 2 muestra que los ocupados concentran casi la mitad. La enorme mayoría de ellos son asalariados no registrados del sector de servicios (con gran peso del empleo doméstico y en pequeños comercios) que ganan menos de un salario mínimo a pesar de que trabajan una jornada normal o están sobreocupados, aunque solo tres de cada diez viven en la pobreza y cuatro de cada diez necesitan de la asistencia social para subsistir. La mitad además tienen una ocupación no calificada.[15]
| Indicador | % jóvenes y adultos ocupados sin secundario completo que asisten a un establecimiento educativo y pertenecen a la sobrepoblación relativa |
| Ocupados | 48,2 |
| Asalariados | 77,5 |
| En sector de servicios | 70,6 |
| No calificados | 49,8 |
| Subocupados | 21,4 |
| Con empleo sin descuento jubilatorio | 66,9 |
| Con salario menor al mínimo | 82,9 |
| En situación de pobreza por ingresos | 34,5 |
| Con acceso a la asistencia social | 40,5 |
En el caso de los inactivos, estos abarcan un 42,8%. Casi todos están en edad laboral y la mayor parte son jóvenes que se dedican a estudiar y forman parte de hogares pobres, además de que la mitad recurre a la asistencia social, como se observa en la Tabla 3.
| Indicador | % jóvenes y adultos ocupados sin secundario completo que asisten a un establecimiento educativo y pertenecen a la sobrepoblación relativa |
| En situación de pobreza por ingresos | 78,3 |
| Con acceso a la asistencia social | 54,3 |
| Parte de una familia donde el jefe de hogar pertenece a la sobrepoblación relativa | 82,7 |
Deben realizarse algunas consideraciones acerca de esta medición. En principio, la fuente solo abarca a los espacios urbanos, con lo cual se deja de lado a miembros de este grupo poblacional que viven en el campo y pueden llegar a formar parte de la sobrepoblación relativa. Aunque la secundaria de la EDJA en espacios rurales es marginal, según los relevamientos de la DiNIECE abarca alrededor de un 5% de la matrícula, que se excluye de esta aproximación por los límites de la propia fuente. Al mismo tiempo, con la delimitación utilizada para hacer esta estimación con la EAHU es posible que se esté sobreestimando levemente a los individuos de la superpoblación al incluir a miembros de otras clases sociales que se hallen empobrecidos, en proceso de proletarización e incluso en tránsito a formar parte de la sobrepoblación relativa. Este quizá sea el caso de una parte de los desocupados y los cuentapropistas. Además, no se debe olvidar que este cómputo no incorpora a la población menor a 20 años de edad (sobre la que se vuelve luego), por las razones metodológicas ya señaladas. De todos modos, si se excluye a los cuentapropistas o a los desocupados por separado el porcentaje de la sobrepoblación relativa dentro del grupo poblacional investigado de todos modos no baja del 70%. Incluso si se saca a ambos el número baja alrededor de unos 9 puntos porcentuales, aunque se sigue manteniendo en torno a un 70% del total del grupo poblacional estudiado.
Con todo, y más allá de las limitaciones antes señaladas,[16]se asume que considerando tanto a cuentapropistas como desocupados este ejercicio provee una medición más cercana a un número de máxima. En resumidas cuentas, esto muestra que a mediados de la última década alrededor de ocho de cada diez jóvenes y adultos de 20 años o más que no terminaron la secundaria y asisten a un establecimiento escolar pertenecen a la sobrepoblación relativa. Es decir, la mayoría de este grupo poblacional. ¿Qué ocurre con los que tienen menos de 20 años?
Por un lado, se separó a aquellos estudiantes que tienen 18 o 19 años. Siguiendo la ENAPROSS II se construyó un indicador de sobrepoblación relativa con las variables disponibles en esa fuente. Empleando los indicadores mencionados en el apartado metodológico, aquí la cantidad de individuos que forman parte de la superpoblación en ese rango etario se ubicó en un 55,4%.
Puesto que la cantidad de casos es mucho menor que en la EAHU, tal como se dijo antes, se considera conveniente no desagregar la información. Si bien es un número mayor a la mitad de los alumnos de entre 18 y 19 años, ese 55% es mucho más bajo que el observado con la EAHU para los mayores de 20 años. En parte es posible que esto sea el resultado de que una gran cantidad de individuos aparecen como inactivos en esa fuente, lo cual genera dificultades para captar su posición en la estructura social ante la falta de datos en la ENAPROSS II (incluso considerando la situación del jefe de familia del hogar en el que viven). Así, puesto que este relevamiento presenta dificultades para estimar los ingresos familiares, eso limita el acceso a información certera sobre cuántos de ellos son pobres.[17]
Pasando ahora a los estudiantes del nivel secundario de la EDJA que tienen entre 12 y 17 años, utilizando los indicadores explicados en el apartado metodológico aquí el número de adolescentes que quedaron agrupados como sobrepoblación relativa se situó en un 84,6%. Como puede verse, resulta un número mucho más elevado que en el caso de los que tienen 18-19 años, a pesar de que las variables disponibles en esta fuente son menos y presentan diversas dificultades (como sucede con la medición de los ingresos).[18]Al igual que antes, por la poca cantidad de casos se opta por no desagregar la información sobre este total.
Resultados y discusión
Repasando los datos que se expusieron hasta este punto, un 79% de la población de 20 años o más que no completó el secundario y asiste a un establecimiento escolar es parte de la superpoblación obrera. Por otro lado, un poco más de la mitad de los estudiantes de 18 y 19 años son también población excedentaria para las necesidades medias de valorización del capital. Finalmente, casi el 85% de los alumnos adolescentes de entre 12 y 17 años forman parte también de esa porción de la fuerza laboral. La información se resume en la Tabla 4.
| Edad | % en franja etaria que pertenece a la sobrepoblación relativa |
| 20 años o más | 79,1 |
| 18-19 años | 55,4 |
| 12-17 años | 84,6 |
Como se explicó en el apartado metodológico, la información de estos tres grupos se considera una referencia de sectores que abarcan respectivamente un 60%, 28% y 12% de la matrícula de la secundaria para jóvenes y adultos en años recientes.[19] Con estos datos parciales se puede estimar, por un lado, cómo la superpoblación relativa se distribuye por edades. Por el otro, sumando esas cifras parciales se puede conocer su peso total dentro del alumnado. Esta estimación se presenta en la Tabla 5.
| Edad | % de la matrícula según pertenencia a la sobrepoblación relativa | % de matrícula | |
| Pertenece | No pertenece | ||
| 20 años o más | 47,5 | 12,5 | 60 |
| 18-19 años | 15,5 | 12,5 | 28 |
| 12-17 años | 10,2 | 1,8 | 12 |
| Total | 73,2 | 26,8 | 100 |
En resumen, el ejercicio de medición realizado en este subapartado permite calcular que aproximadamente un 73,2% de la matrícula a mediados de la última década es parte de la superpoblación obrera relativa, con independencia de la edad. En otras palabras, puede afirmarse que la mayoría de los individuos en el grupo poblacional investigado pertenece en ese período a esa fracción de la fuerza de trabajo. Esta caracterización permite conceptualizar a estos sujetos de acuerdo con la posición que ocupan en la estructura social argentina, en contraposición con el término “sectores populares”, que comúnmente se utiliza en la literatura especializada en la temática de manera un tanto ambigua.
Por supuesto, se trata de una estimación, lo cual es el resultado de todas las dificultades que se han señalado en las páginas previas (que provienen en gran medida de las características de las fuentes que se han empleado). En ese sentido, a la hora de considerar este resultado debe tenerse en cuenta que se obtuvo utilizando diversos relevamientos que tienen asimetrías en las formas de captar los datos, que se ejecutaron en distintos años, con coberturas geográficas que son divergentes y que además el indicador de sobrepoblación relativa usado para llevar a cabo el cálculo aproximado se construyó de forma diferente en cada una de ellas con base en la información disponible.
Conclusiones
Este artículo tuvo como objetivo estimar qué peso ha tenido la sobrepoblación relativa dentro de la matrícula de la secundaria para jóvenes y adultos en Argentina a mediados de la última década. Con ese fin se construyó un indicador propio de pertenencia a la superpoblación obrera y se lo aplicó a un grupo poblacional delimitado en tres relevamientos estadísticos nacionales. De ese modo, con la EAHU se abordó a los estudiantes de 20 años o más, con la ENAPROSS II a los de 18-19 años y con la EANNA a los de 12-17 años.
Con la EAHU el total de sujetos que quedaron agrupados como población excedentaria ascendió a un 79%. De este total, la mayoría fueron individuos de 20 a 29 años, con cierta predominancia de las mujeres. Casi la mitad estaban ocupados, la mayoría como asalariados precarizados y de bajos salarios en el sector de servicios, con mucha relevancia del empleo no calificado. Más de un tercio aparecieron como inactivos, la mayoría de ellos siendo pobres, accediendo a la asistencia social o viviendo en una familia en la que el jefe de hogar pertenece a la sobrepoblación. Con la ENAPROSS II el monto de sujetos que quedaron englobados como superpoblación se ubicó en un 55%. Si bien este número resultó más bajo, esto pudo deberse a dificultades en la medición de los ingresos en dicha fuente. Por último, con la EANNA el número de personas que formaron parte de esa fracción de la fuerza laboral se situó en un 84%. Tanto en la ENAPROSS II como en la EANNA se optó por no desagregar la información debido a que la cantidad de casos captados con la delimitación empleada fue bastante más baja, buscando evitar llegar a conclusiones sesgadas. Finalmente, con esas tres cifras se estimó que el 73% de la matrícula total pertenecía a la sobrepoblación relativa entre el 2014 y el 2017. Esto permitió corroborar la hipótesis principal de trabajo, que sostiene que en ese marco temporal la mayoría del alumnado formaba parte de dicha porción de la clase trabajadora.
Estos resultados permiten formular una serie de interrogantes. Por un lado, si bien se ha podido concluir que la mayoría de los estudiantes del secundario en Argentina han pertenecido en tiempos recientes a la sobrepoblación relativa, no queda claro si esto ha sido así siempre. Es decir, ¿la modalidad se ha caracterizado desde la década de 1970 por nutrirse de un estudiantado proveniente en su mayoría de la superpoblación o se han dado cambios en su posición en la estructura social con el paso de las décadas? Por otro lado, es muy poco lo que se sabe sobre los sujetos que terminan efectivamente el nivel en la EDJA en el país. Por ejemplo, ¿qué cantidad pertenece a la superpoblación? ¿Qué ocurre con ellos una vez que acceden al título secundario? ¿De qué forma puede estudiarse a este grupo poblacional en el plano nacional? Finalmente, es posible extender este tipo de análisis más allá del territorio argentino, considerando que la modalidad también se ha expandido en otros países de América Latina. En ese sentido, ¿el alumnado que concurre a la EDJA en otros ámbitos nacionales de la región también se caracteriza por pertenecer en gran medida a la población excedentaria relativa? Se trata de preguntas que no tienen una respuesta inmediata, lo cual implica que es mucho lo que aún no sabemos sobre esta modalidad educativa.
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