Género y Derechos Humanos
Mendocinas que se suman a la guerrilla: experiencias de politización de mujeres
Mendocinian women who join the guerrilla: experiences of politicization of women
Mendocinas que se suman a la guerrilla: experiencias de politización de mujeres
Millcayac - Revista Digital de Ciencias Sociales, vol. VI, núm. 11, pp. 311-333, 2019
Universidad Nacional de Cuyo

Recepción: 09 Enero 2019
Aprobación: 05 Junio 2019
Resumen: En el presente artículo se analizan cinco entrevistas realizadas a mujeres que militaron en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) en la provincia de Mendoza entre los años 1973 y 1976. En ese caso, se explora sobre sus experiencias de politización y las motivaciones que las llevaron a integrarse a una organización guerrillera en una provincia cuya historiografía hegemónica ha descripto como tradicionalmente tranquila y despolitizada. Para ello, se asume una perspectiva de la historia desde abajo, articulando las categorías de género y clase y reflexionando en torno de las mujeres como sujetos que hacen su propia historia.
Palabras clave: Mujeres, PRT-ERP, Mendoza, experiencias.
Abstract: The present paper analyzes five interviews with women who joined the Workers Revolutionary Party - Revolutionary Army of the People (PRT-ERP) in the Province of Mendoza between 1973 and 1976. The article investigates the subjects’ experiences that motivated them to join an active guerilla movement in a province whose hegemonic historiography has been described as traditionally calm and depoliticized. The following discussion attempts to articulate these women’s actions and their meanings from a popular perspective from bellow and using the categories of gender and class to frame the discussion..
Keywords: Women, PRT-ERP, Mendoza, experiences.
Introducción
El artículo que aquí presentamos forma parte del capítulo “Experiencias de transgresión: mujeres que rompen moldes”, de mi tesis doctoral sobre la historia del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) en Mendoza1. En el marco de ese estudio general sobre una experiencia subalterna que fue borrada de la escritura del pasado reciente por parte de la historiografía hegemónica local (Santos Martínez, Pedro, 1979; Cueto, Adolfo; Romano, Aníbal, y Sacchero, Pablo, 1994; Romano, Aníbal, 2001), nos propusimos reconstruir las experiencias del colectivo en el que se volcó especial ahínco para su supresión histórica: las mujeres revolucionarias mendocinas. Las reflexiones que aquí volcamos fueron trabajadas en dos ponencias presentadas en jornadas de historia de las mujeres, en los que el intercambio con otras historiadoras fue fundamental (Ayles Tortolini, Violeta, 2017 y 2018).
Las experiencias de lucha y radicalización política que dan lugar a nuevas estructuras de sensibilidad necesariamente son experiencias encarnadas. Así como no se pueden entender externas a lo colectivo, tampoco pueden ser comprendidas por fuera del cuerpo. La perspectiva de género que asumimos parte de comprender que la desigualdad en las relaciones sociales entre los sexos es un elemento constitutivo de un sistema social organizado bajo patrones patriarcales. Junto con la categoría de género, adoptamos la de clase, no como elementos agregativos, sino como una perspectiva analítica integral que enfoca la historia reciente desde los sectores subalternos en el amplio sentido del concepto. La intersección de estas categorías pone de manifiesto las arraigadas articulaciones entre capitalismo y patriarcado.
Esa desigualdad en las relaciones sociales intergenéricas también está en la escritura historiográfica hegemónica. Ésta ha legado un relato institucional de la clase dominante ajeno a la conflictividad social y absolutamente masculino. En contraste, en este artículo realizamos otras preguntas al pasado reciente local, habilitando la palabra de mujeres que dan testimonio en primera persona de sus propias experiencias. Hacer visibles a las que fueron borradas de la historia no es un ejercicio que busque complementar el relato historiográfico dominante con otros datos, sino una apuesta radical a “poner en cuestión el marco interpretativo del pasado” (Jelin, Elizabeth, 2002: 112).
La experiencia de las mujeres perretistas en Mendoza se dio en el contexto de décadas signadas por profundos cambios en las relaciones sexo-genéricas, como el ingreso masivo de las mujeres al mercado de trabajo, a la universidad y también a la militancia, en particular en las organizaciones revolucionarias (Andújar, Andrea; D’Antonio, Débora y otras, 2005, 2009 y 2010). Es decir, la experiencia de las mujeres perretistas al interior de la organización se relaciona con las pautas hegemónicas de su tiempo y las tensiones producidas por los procesos de transformación mencionados.
Entre los estudios específicos sobre el lugar de las mujeres en el PRT-ERP, una de las obras pioneras señala que a éstas les resultó casi imposible acceder a instancias de dirección política nacional. Aun así, el historiador afirmaba que, en relación con la sociedad de su época, la organización era más avanzada y por ello se incorporaban mujeres, simultáneamente “éstas presionaban para que la diferencia entre lo que se declamaba y lo que se hacía no fuera tan grande” (Pozzi, Pablo, 2004: 220). Investigaciones más recientes interpretan al PRT-ERP como una estructura verticalista en la que la dirección política aplicaba una lógica instrumental sobre las personas que la integraban y se inmiscuía en sus vidas. Por tanto, el PRT-ERP, reproductor de los mandatos machistas, habría sido un obstáculo para el desarrollo de las mujeres que lo integraron (Martínez, Paola, 2009; Carnovale, Vera, 2011; Oberti, Alejandra, 2015). Estas perspectivas interpretativas afirman, con diversas formulaciones, que la concepción de la revolución como guerra hizo del PRT-ERP una organización militar con escasa formulación política. A su vez recurren a las tesis de Schmucler: “La revolución aparece como una máquina que utiliza a los hombres para sus fines propios; la revolución pasa a ser un monstruo al que se sirve” (Schmucler, H. 1980: 5). Esa noción instrumentalizadora de los cuerpos permite a Oberti concluir que la adopción de la idea de que lo personal es político por parte del partido generó el resultado contrario al del sentido original de la consigna feminista, en cuanto habilitó al partido inmiscuirse en las vidas personales.
En este artículo consideramos que dichas interpretaciones no condicen con la complejidad de la construcción política colectiva y dejan por fuera a las mujeres como sujetos protagonistas de su historia, presentándolas como objetos sobre los que se tomaban decisiones. Proponemos correr el foco y estudiar la experiencia de las perretistas como protagonistas que tomaron sus propias decisiones en determinadas condiciones. En esa dirección, es de interés reflexionar sobre las tensiones en las que se articularon las nociones patriarcales con las que estas mujeres fueron formadas en sus vidas y las rupturas que generaron, incluso dentro del PRT-ERP.
La afirmación de que las personas hacen su propia historia en circunstancias no elegidas, que les son heredadas directamente del pasado (Marx, Karl, 1852), contiene dos elementos que se articulan dialécticamente. De un lado, las circunstancias objetivas que operan como condicionamiento, como límites y presiones sobre la vida presente. Del otro, la humanidad como sujeto protagonista de la historia. En este trabajo partimos de entender que las circunstancias específicas en que las mujeres perretistas hicieron su historia estaban marcadas por un momento de transformación. Un modelo residual de lo femenino, modelo de la domesticidad según Isabella Cosse (2009), se estaba resquebrajando, pero todavía no era arcaico. Nuevos imaginarios y posibilidades aparecían en el horizonte, sin ser hegemónicos. En ese escenario de disputa, todavía operaba, al estilo de molde, la idea que las mujeres debían estar en el hogar, casarse con un varón y darle hijas/os. A la vez, esos moldes se rompían, a veces con una pequeñísima grieta generada desde un nuevo hábito, y otras a martillazos de transgresiones colectivas.
La noción de moldes de la que echamos mano, opera como metáfora de mandatos, modelos o estereotipos. La idea de transgresión de esos moldes es tomada del artículo “Militancia y transgresión”, de Marta Vassallo (2009). Allí la autora analiza la militancia de las mujeres en los 70, particularmente en organizaciones político-militares, señalando que, aunque no abordaran cuestiones específicas de género, como militantes rompieron con los roles socialmente asignados a las mujeres.
Mujeres perretistas
En este artículo, analizamos cinco entrevistas realizadas entre 2010 y 2015 a mujeres mendocinas que militaron2 en el PRT-ERP. Las que se efectuaron mediante la técnica de entrevista en profundidad, semiestructurada e historia de vida. Por una cuestión de espacio, aquí se explora exclusivamente la temática referida a las motivaciones para el ingreso a la militancia. Las entrevistadas son mencionadas con nombres ficcionales con el objetivo de resguardar su identidad –a excepción de Monona, debido a su reciente fallecimiento–. Además, mostramos qué preguntas o polémicas les presentamos poniendo de manifiesto la presencia de la entrevistadora al momento de construir la fuente oral. Esto es relevante, en cuanto las entrevistas de historia oral suelen ser tomadas como resultado de la memoria unívoca, solitaria y espontánea de la persona entrevistada, cuando en realidad son construcciones en diálogo.
Antes de dar paso al análisis que nos convoca, compartimos algunos datos referidos a la regional mendocina del PRT-ERP3 . La misma se constituyó a mediados de 1973 y contó con 112 militantes aproximadamente, de las/os cuales 38 fueron mujeres. Es decir, 34% de su militancia era femenina4. La responsable política de la regional era una mujer: Diana Triay. No solo eso, la dirección regional estuvo compuesta por cuatro personas (por lo menos hasta 1975), de las cuales dos eran mujeres y dos varones. Si bien esta composición no respondía a una definición política en función de garantizar la igualdad de género, es una muestra del acceso de mujeres a la mayor instancia de dirección local. De los seis frentes de militancia donde el PRT-ERP local tuvo inserción, cuatro contaban con mujeres en las primeras líneas de dirección. Se trata del frente estudiantil-juventud, artistas, medicina y barrial. También muchas mujeres asumieron roles de dirección y organización en los viajes a los congresos del Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS) realizados en Roque Sáenz Peña y Rosario5. Además, en las principales acciones armadas que se realizaron en la provincia hubo participación de mujeres, aunque en minoría respecto de los varones.
A continuación, ofrecemos una breve presentación de las entrevistadas:
Mariana: nacida en Mendoza en 1949, vivió su infancia y adolescencia en Ciudad. Su papá era un trabajador asalariado con simpatías con el radicalismo. Su mamá era ama de casa, pero por necesidades económicas empezó a trabajar fuera, no tenía filiación política, pero era parte de un sentir antiperonista. Ambos nacieron en Argentina. Mariana comenzó a hacer teatro en Mendoza y con su pareja, también actor, decidieron ir a Buenos Aires en 1972. Allí empezaron a militar juntos en el PRT-ERP, a sus 23 años. Lo hacían en Villa Itatí. Volvieron a Mendoza a mediados de 1973 y continuaron su militancia perretista vinculada al teatro. Se separaron y Mariana formó pareja con otro compañero, con quien tuvo un bebé en febrero de 1976. Participó del VI Congreso del FAS. Crearon el grupo de teatro La Pulga y fundaron la regional Mendoza de la Asociación Argentina de Actores. Mariana tiene a su esposo desaparecido, igual que su hermano y su cuñada, que estaba embarazada (entrevista a Mariana, 10/02/2010, 16/02/2010 y 16/03/2010).
Monona: nacida en General Alvear (sur de la provincia de Mendoza) en 1952, donde vivió su infancia y adolescencia, hizo su primera experiencia dentro de la Juventud Peronista (JP), puesto que su papá militaba en La Resistencia. Su mamá era ama de casa y su papá obrero de bodega, ambos tenían estudios primarios incompletos y eran católicos. Sin embargo, a Monona la enviaron a escuelas públicas. A sus 19 años se fue a estudiar Periodismo a Mendoza. Posiblemente esa sea su primera ruptura de moldes, ya que su mamá y papá no querían que se fuera de Alvear. Si bien ella deseaba estudiar Derecho en Córdoba, de la negociación familiar resultó que podía ir a Mendoza. Allí se puso en pareja con un compañero de estudios y juntos comenzaron a militar en el PRT-ERP en 1973, cuando ella tenía 21 años. Participó del V y VI Congreso del FAS y desarrolló su militancia en la Escuela de Comunicación Colectiva, donde llegó hasta cuarto año. Su esposo, con quien tuvo una beba que él no llegó a conocer, fue el primer asesinado por las fuerzas parapoliciales en Mendoza, en junio de 1975 (entrevista a Mirtha Monona Ramírez, 26/02/2011 y 16/04/2011).
Francisca: nacida en Mendoza en 1950. Proveniente de una familia conservadora. Si bien su mamá y papá eran católicos no practicantes y con críticas a los curas, la enviaron a ella y su hermana más chica a cursar sus estudios primarios y secundarios a un colegio privado de monjas: Sagrado Corazón. Su mamá era farmacéutica y su papá, hombre del Partido Demócrata (PD), fue funcionario en varias oportunidades en cargos ejecutivos y legislativos6. En la Facultad de Medicina, luego de un paso por la TUPAC (agrupación estudiantil vinculada a Vanguardia Comunista), en 1973 y con 23 años se integró al PRT-ERP. Formó pareja con otro militante perretista –que provenía del Peronismo de Base– y tuvieron una beba. Participó del V y del VI Congreso del FAS y concentró su militancia en la Facultad de Medicina, donde llegó hasta sexto año. Fue detenida junto a otro compañero en abril de 1975 y pasó por la Comisaría 16 de Las Heras, el D-2, la Penitenciaría de Mendoza y Devoto, de donde la liberaron en 1981. Su compañero fue asesinado en Tucumán y su hermana está desaparecida (entrevista a Francisca, 14/04/2011).
Sandra: nacida en 1952 en San Rafael. Su mamá y papá eran podólogos en una obra social. Su mamá era simpatizante del PD y su papá del Partido Justicialista (PJ). Ambos católicos no practicantes, la enviaron a escuelas públicas tanto en primaria como en secundaria, donde ella abandonó los estudios en tercer año. Formó pareja con un sanrafaelino y se integró al PRT-ERP en 1974, con 21 años. Con él y por razones políticas viajó a Córdoba y a Buenos Aires, donde desarrollaron parte de su militancia. Luego volvieron a San Rafael. Tuvieron un hijo y una hija. Su esposo fue secuestrado en marzo de 1976. Pasó por el D-2, la Penitenciaría de Mendoza y el Liceo Militar, de donde fue liberado y desaparecido al salir (entrevista a Sandra, 20/08/2015 y 22/08/2015).
Victoria: nacida en Mendoza en 1951. De mamá y papá italianos, que llegaron a Argentina huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Su mamá era ama de casa y su papá trabajó en la construcción de la fábrica de cemento Corcemar. Ambos católicos no practicantes y sin el hábito de hablar de política en la casa. No obstante, aunque Victoria hizo la primaria en una escuela pública, para la secundaria la enviaron a un colegio de monjas: María Auxiliadora. Para sus estudios superiores, Victoria ingresó primero a Filosofía y luego se cambió a Periodismo, pero su interés vital pasaba por el mundo artístico. Ella era bailarina. Dos viajes realizados con amigas, uno a Perú y otro a Chile, perfilaron su compromiso social. Pero fue en la Escuela de Comunicación Colectiva, recién en 1975, donde definió su militancia orgánica por el PRT-ERP. A mediados de 1976, con 25 años, tuvo su bebé y dos días después fue secuestrada de la casa de su madre. Estuvo presa en el Casino de Suboficiales, en la Penitenciaría de Mendoza y en Devoto, hasta 1979 (entrevista a Victoria, 25/02/2011).
Ingresar al PRT-ERP
La técnica de historia de vida para la construcción de las fuentes orales permitió profundizar en los procesos de politización de estas mujeres abarcando una dimensión temporal más extensa que el momento puntual en que ingresaron al PRT-ERP. En sus historias familiares, trayectos escolares, relaciones afectivas, entre otras, van apareciendo experiencias que fueron perfilando sus ideas.
Para el análisis del proceso de incorporación de las perretistas mendocinas, le preguntamos a Mariana cómo se empezó a comprometer con la política. Ella menciona tres fenómenos de política internacional que llamaron su atención. Es interesante que no remite a la Revolución Cubana o al Mayo Francés, sino a temas menos frecuentes entre las memorias perretistas: la guerra por la independencia de Biafra (1967-1969), los estadounidenses que eran enviados a la guerra de Vietnam y volvían mutilados y el asesinato de Martin Luther King. Esos hechos generaron en Mariana una noción de injusticia que remarca cada vez que menciona:
Nos llegan noticias de Biafra y de la gente que moría en Biafra ¿no? de hambre, los niños. Entonces, a mí me empieza a hacer en la cabeza un… ¿Qué pasa? ¿Cómo un niño se muere de hambre en Biafra? Es decir, no me surge el razonamiento social, político, sino que me estampa contra una religión que me mentía ¿no? Contra un dios, en realidad, que me mentía. Y rescato a partir de ahí la figura de Jesús como una persona muy buena, nada de dios ni de nada. Y a dios lo ubico como que es católico y chau, te fuiste.
A partir de ahí yo, durante mucho tiempo me considero atea. Cuando comenzamos a militar, una de las razones que para mí me calza el PRT es porque el PRT, desde los compañeros que yo conocía, después conocí a otros que eran creyentes, pero desde los compañeros que yo conocía no eran creyentes. Estaban en contra de la Iglesia, o por lo menos de esa Iglesia oficial, digamos. Entonces eso a mí me parecía correcto (entrevista a Mariana, 10/02/2010, 16/02/2010 y 16/03/2010).
La percepción de lo injusto que resultaba que los niños murieran de hambre en Biafra marcó un distanciamiento temprano con la Iglesia. Esa ruptura puede ser considerada como un primer corrimiento fuera del molde de lo que era esperado para una jovencita mendocina. A la vez, ella vincula de modo directo esa decisión personal y su militancia perretista. Una relación que hace de manera espontánea, puesto que no le había preguntado todavía por su militancia, sino por la religión familiar. Para Mariana, su acceso a la política se debe a “una búsqueda de justicia ¿viste? Yo buscaba una transformación. A mí el mundo como estaba no me gustaba, me parecía injusto. Entonces me empiezo a relacionar, a comprender, a enterarme de la explotación” (entrevista a Mariana, 10/02/2010, 16/02/2010 y 16/03/2010). A sus 18 años, ella obtuvo una beca para ir a una escuela en Minesotta (Estados Unidos). Esa experiencia que transcurrió entre 1968 y 1969, abonó a ese sentimiento de malestar y broncas contra situaciones injustas. Ella recuerda haber ido al banco y ver a un muchacho en silla de ruedas con las piernas cortadas al que todos saludaban:
Me explican después que este muchacho había egresado de la escuela un año antes de la llegada de nosotros, inmediatamente va a Vietnam. Tiran una bomba, una granada, qué sé yo, que le corta las piernas y él con la fuerza que tenía, consigue, sin perder la conciencia, arrastrarse y escapar. Lo rescatan, pa, pa, pa… ahí estaba en el banco trabajando de portero. Bueno, para mí eso se llamaba injusticia. Para mí eso…, es decir, yo no, no sabía del imperio, de esto, de lo otro. O sea, para mí eso era inconcebible. Y había que hacer algo (entrevista a Mariana, 10/02/2010, 16/02/2010 y 16/03/2010).
De esa experiencia en Estados Unidos también volvió con el registro de la injusta vida de la población negra y del asesinato de Martin Luther King. A su regreso a Mendoza, comenzó a hacer teatro y siguió rompiendo moldes. Su familia no vio con buenos ojos esta elección que la introducía en un mundo de gente relajada, divorciada, etcétera. No obstante, Mariana siguió adelante con sus deseos e, incluso, se fue a vivir con su pareja a Buenos Aires. Comenzaron a estudiar teatro en el Pairó –vinculado al Partido Comunista– y vivían en una villa donde militaban sectores peronistas de derecha, pero ninguno de esos proyectos políticos les parecía adecuado. Un día de 1973, su pareja fue a Plaza de Mayo y
…alguien le da un volante y habla con él. Y él invita a esa compañera a la casa nuestra a que nos cuente del PRT. Entonces llega y dice lo que ha hecho. Y a todos nos parece muy bien y a la semana siguiente estábamos en el PRT [risas]. A mí la compañera me cayó bien, lo que dijo, todo, pa, pa, pa, listo, somos del PRT y con esto a militar (entrevista a Mariana, 10/02/2010, 16/02/2010 y 16/03/2010). Previo a sumarse, habían trabajado con un grupo de compañeras y compañeros de teatro en un libreto de cine cuyo nombre era Trelew. Allí Mariana había conocido la masacre ejecutada en la Base Almirante Zar y había seguido abonando su idea de que en el mundo pasaban cosas muy injustas y que había que hacer algo.
Y todas esas cosas yo las relaciono con una sola palabra injusticia. Para mí eso era injusto ¿viste? O sea, me revolvía el hígado, porque era injusto. Y eso yo no lo quería, entonces iba poniendo material mío, iba poniendo vida mía para que eso dejara de pasar. Si yo lo que quería era luchar por la justicia, era vivir en un lugar justo, era que hubiera pan para todos, era que los chicos en Biafra no se murieran de hambre (entrevista a Mariana, 10/02/2010, 16/02/2010 y 16/03/2010).
Esas sensaciones, esas experiencias, sus reflexiones sobre las mismas, son las que definieron su militancia. En su caso, no se trató del resultado de una formación teórica, tampoco hay algo así como una persona que la convenciera de algo, ni mucho menos alguien que se aprovechara de sus sentimientos genuinos.
Pero para mí, eso yo no lo veo como una falta de un razonamiento, un infantilismo, no. Es mi manera de vivir. O sea, yo no soy irreflexiva, yo soy muy reflexiva. Pero yo reflexiono a mi manera. Y me hacen reflexionar las cosas con las que yo vivo a lo largo de los años (entrevista a Mariana, 10/02/2010, 16/02/2010 y 16/03/2010).
Desde esa experiencia, formaron el Grupo de Teatro Testimonial con el cual empezaron a ir a la villa Itatí a presentar obras. El cura del barrio, tercermundista, las/os invitó a ir a vivir a la villa y allá fueron todas/os. Luego, cuando en 1974 volvieron a Mendoza, contactaron a un grupo de actrices y actores con quienes crearon el elenco La Pulga, todas/os ingresaron al PRT-ERP, varias/os se fueron a vivir juntas/os y compartían diariamente sus rutinas militantes. En los hechos, todo esto constituyó una sacudida a todos los moldes establecidos para una mujer mendocina. Si bien no le significó a Mariana una ruptura de relaciones con su mamá y papá, sí implicó tensiones:
A mí ahí me costaba mucho hablar con ellos porque ellos estaban muy en contra de que yo estuviera haciendo teatro en Buenos Aires. En realidad, yo de la militancia les cuento cuando vuelvo a Mendoza. Y, por supuesto, es muy mal vista. A ellos les parecía que hacíamos cosas muy raras. Digamos mmm…, mucha práctica de la nuestra y que en realidad era la práctica de la ruptura: yo no volvía más a los almuerzos dominicales en la casa de la tía mayor o de la fulana, no iba a misa, criticaba todo lo que existía que había sido normal hasta ese momento. Hacía teatro, ya ni siquiera en el teatro sino en vaya a saber dónde hace teatro. O sea que no va a ser ni famosa. Claro, porque de última si vos tenés un pariente que es artista pero es muy famoso más o menos compensa [risas].
En fin, era como que se rompían las costumbres. Los compañeros tenían barba, otros tenían pelo largo… Nosotros alquilamos un lugar y nos vamos a vivir todos juntos, que en aquel momento no era habitual. Se hacía en Buenos Aires, se hacía en los grupos de teatro ¿viste? Pero acá era completamente insólito que un grupo de jóvenes que no estuvieran casados vivieran juntos (entrevista a Mariana, 10/02/2010, 16/02/2010 y 16/03/2010).
Los trayectos de Monona encuentran puntos en común con los de Mariana. Ella también tuvo un rompimiento con la Iglesia católica, pero mucho más temprano. A sus doce años, en una confesión le contó a un cura que le gustaba un chico y éste le empezó a hacer preguntas sobre si él le tocaba los pechos, la cola… Monona se sintió incómoda y se alejó de la Iglesia. Respecto de su proceso de politización, acompañó a su papá a varias reuniones ya que era dirigente sindical y militante peronista. Ella misma fue parte de la JP en Alvear. Sin embargo, dice que no entendía mucho, que era como un juego. Lo mismo sucede con su percepción del Mendozazo7. Cuenta que lo vio desde la ventana de la pensión donde vivía porque estaba en una zona céntrica y que para ella todo era una aventura. Recién identifica sus primeras inquietudes políticas en sus conversaciones con su futuro marido, cuando todavía eran amigos:
Pero él me hablaba siempre de política. Me hablaba y me hablaba y me hablaba. Y así me fue abriendo los ojos. Porque yo en un primer momento, todavía no me cuestionaba nada. Y bueno, yo creo que un poco ya lo traía en mí ¿cierto? más lo que él me empezó a cuestionar. Bueno, ahí fue donde abrí los ojos a la realidad, que no los pude cerrar nunca más (entrevista a Mirtha Monona Ramírez, 26/02/2011 y 16/04/2011).
No se trata de una relación unidireccional donde él enseña y ella aprende. No solo porque Monona reconoce sus inquietudes previas, sino porque fue ella quien propuso la militancia en el PRT-ERP:
En toda manifestación que había, ahí estábamos los dos siempre juntos. Entonces, en un momento dado, vimos una pintada del PRT-ERP. Y yo le dije: “Negro, acá tenemos que estar nosotros”. Y él me dijo: “Sí, acá tenemos que estar”. Porque nosotros no creíamos en la vía electoral. Entonces, considerábamos que teníamos que buscar un espacio de construcción política, pero de otro modo. Y empezamos a buscar el contacto. Pero ya eran clandestinos, viste. ¿Cómo los encontrábamos? Entonces, en una manifestación… me acuerdo el momento, no me acuerdo qué manifestación era, iban unos compañeros que iban encapuchados, viste, y era la democracia. Pero ellos estaban ilegales. Esto en la época después de Cámpora, me parece que fue. Entonces nos arrimamos a estos compañeros que iban encapuchados y les dijimos: “Nosotros queremos estar con ustedes” (entrevista a Mirtha Monona Ramírez, 26/02/2011 y 16/04/2011).
Ante la pregunta de si analizaron por qué en el PRT-ERP y no en otra organización:
…no sé por qué… O sea, después yo hago un análisis político y lo podría explicar. Pero, en aquel momento yo nunca me acerqué al peronismo, nunca… Ni siquiera coqueteé, digamos, con el peronismo. Cuando yo tomé una conciencia política, y como ya estaba en pareja, fue siempre para el lado del marxismo. Y leíamos muchísimo Marx, Lenin y todo eso, y Mao, todo. Entonces, no creíamos, como te decía, que la vía electoral era la solución dentro del marxismo. Y un partido marxista y revolucionario que planteara la lucha armada y no la vía electoral era el PRT… Era como sumar dos más dos nos daba cuatro, viste. Pero yo no me acuerdo haber hecho, así tan profundamente, este análisis en ese momento. O sea que fue más… visceral (entrevista a Mirtha Monona Ramírez, 26/02/2011 y 16/04/2011).
En el caso de Victoria, ella señala que sus principales confrontaciones con sus padres no pasaban por la política, sino por su opción por la danza: “Yo bailaba, entonces el problema mayor era que yo bailaba y no entendían para qué bailaba y no estudiaba bioquímica” (entrevista a Victoria, 25/02/2011). Al igual que Mariana, la primera ruptura de moldes de Victoria estuvo vinculada a su decisión de vivir en el arte.
Ante la pregunta sobre cómo comenzó a interesarse por la militancia, Victoria evoca un viaje a Perú que hizo con una amiga y otro a Chile:
Entonces, yo vi lo que era Latinoamérica de tremendo. Me di cuenta que había una injusticia muy grosa. Te digo la Liliana porque ella me invitó una vez a un campamento de trabajo en la época de Allende en el sur de Chile. Y eso ya fue como bastante definitivo para mí. Y entramos a la Universidad de Concepción, yo tendría 17 años y nos recibían [canta]: “Donde cayó Camilo nació una cruz, pero no de madera sino de luz”. Eso en todos los parlantes de la Universidad en la época de Allende y llegamos nosotros, un contingente de acá, de Argentina, a hacer trabajo voluntario en los campos. Y teníamos muchas reuniones interesantes. Yo asistía a reuniones de arquitectos donde planeaban cómo subir a las casas de los lugares altos… los troncos para construir las casas. Toda una serie de cosas muy constructivas, muy interesantes. Entonces, para mí eso fue eeeh… ya un compromiso (entrevista a Victoria, 25/02/2011).
Ese compromiso social la había empujado a ir participando de distintas luchas. Mientras que lo que la definió por una militancia orgánica fue el asesinato de su compañero de curso en la Escuela de Comunicación Colectiva, Amadeo Sánchez Andía, quien militaba en el PRT-ERP:
Entonces, vos sabés que una noche llegan y estábamos todos tomando clases… con unos profes divinos que teníamos. Se llamaba Comunicación Colectiva la carrera. Y resulta que nos dicen: “¡Han matado a un compañero de ustedes! Amadeo Sánchez, de 22 balazos en Canota”. Entonces, nosotros nos reunimos con uno que tenía un rastrojero. Y pensamos: “¿Qué hacemos?”. “Vamos al diario Los Andes a hablar con nuestros profesores”. Fuimos al diario Los Andes y nos dieron vuelta la cara. Dicen: “No, nosotros no sabemos nada”. Los profesores nuestros de la facultad.
Bueno, entonces nosotros sacamos una revista en la facultad que se llamaba Amadeo Sánchez. Y yo… mi novio era peronista, era… un tiempito ¿no? En esa época yo estaba de novia con el Billy Hunt, que era un divino. Él era peronista pero yo no, yo era del PRT con la Vivi y el Daniel y también el R. M. y etcétera. Entonces, nosotros organizamos bien esa revista. Nos llevábamos muy bien con el resto de los otros partidos porque hacíamos actividades en común. En esta revista todos nos aportaban, pero era del PRT (entrevista a Victoria, 25/02/2011).
Frente a esta definición, se le preguntó: ¿te acordás por qué te sumaste al PRT y no, por ejemplo, a las otras agrupaciones que había en tu facultad?
Y porque con esto de Chile, de Allende y todo eso, ya tenía un marco de definiciones como el Socialismo, algo así. El peronismo siempre me pareció muy confuso. Las lecturas que nosotros hacíamos eran muy claras. Estudiábamos bastante (entrevista a Victoria, 25/02/2011).
Los viajes, y en particular el viaje a Chile, operaron como un despertar de la conciencia hacia el compromiso social. Pero no solo eso. También dieron un marco político-ideológico que se hizo evidente cuando un hecho puntual –el asesinato de Amadeo Sánchez Andía– la decidió a militar en un partido.
En el recorrido vital de Francisca hay una presencia de la mujer como trabajadora y sostenedora desde la infancia. Ella recuerda que su papá era militante del Partido Demócrata y ocupó varios cargos públicos: “Fue muchos años director del Departamento de Trabajo, yo creo que eso fue en la dictadura de Onganía. Antes había sido director del Matadero Provincial, también un montón de años. Y después fue… bueno, diputado y senador” (entrevista a Francisca, 14/04/2011). Y también señala que cuando el PD no gobernaba, su papá no trabajaba. Y entonces ¿de qué vivían? “Vivíamos porque mi mamá era farmacéutica. La que trabajó siempre, todo el tiempo, fue mi mamá” (entrevista a Francisca, 14/04/2011). Pero simultáneamente, la ideología conservadora también era sostenida por su madre:
Sí, mi mamá es muy especial. Claro, la adherencia de ella es muy light ¿viste? No sé cómo decirte, mi mamá en realidad es sumamente… individualista sería la expresión. En realidad, la política no le importa si a ella no le reditúa ningún beneficio. Y sin embargo, es defensora acérrima de los gansos, anticomunista ¿qué sé yo? fascista, nazi, todo lo que vos quieras. En realidad, nuestra crianza fue muy conservadora. Nosotros… mi hermano iba a una escuela de curas que estaba ahí cerca de mi casa. Y nosotras, las dos mujeres, íbamos a una escuela de monjas. De primer grado hasta que salimos del secundario (entrevista a Francisca, 14/04/2011).
El proceso de politización en el caso de Francisca se dio en abierto contraste con el mundo familiar y contó como escenario con la Facultad de Medicina. Ella recuerda que después del colegio secundario:
Bueno, yo seguí siendo religiosa, creyente qué sé yo. Pero además empecé a tomar contacto con otras cosas. Yo no conocía más que mi casa, mi grupito de amigas, la escuela, el club y mi novio, nada más. Era un ambiente sumamente cerrado porque era una escuela privada, y el club también era un ambiente privado. Así que yo no tenía mucho roce social, yo creo que eso me jugó en contra en muchas cosas. En la facultad empecé a escuchar hablar de política. Aparte entré en los años de mayor efervescencia. Yo iba a todas las asambleas para aprender, porque no tenía ni idea. Me acuerdo de haber leído la noticia de los estudiantes muertos en el norte, en Entre Ríos creo que fue. O en Corrientes. Y yo decía: “Bueno, se lo habrán tenido merecido” [Risas]. Claro, porque eso es lo que yo escuchaba en mi casa. Tenía compañeros que iban a manifestaciones. Yo, por supuesto, no iba.
Y bueno, me fui interesando, fui escuchando, me melonearon. Y empecé a tomar otra postura, empecé a ir a movilizaciones. Y después iba a la iglesia el domingo y escuchaba que hablaban mentiras y digo el cura hijo de puta. Por ejemplo, una movilización, la del 25 de mayo, que hubo represión, yo había estado ahí. Me acuerdo que mi papá esa vuelta había sacado un revólver que tenía y me dijo: “Si vos te vas yo me pego un tiro”. “Pegátelo”, le dije. No se pegó el tiro… lo conocía bastante. Ellos me extorsionaban, ellos sabían que iban a reprimir. Y el cura decía que nosotros habíamos provocado a los milicos, y era mentira. Entonces yo dejé de ir a la iglesia. Decía “creo en dios, no creo en los curas” (entrevista a Francisca, 14/04/2011).
Es significativa la reiteración del proceso de ruptura con la Iglesia percibida como parte fundamental de la experiencia personal en las entrevistadas. Simultáneamente, se observa un paso importante en el momento de comienzo de la adultez. Al terminar los estudios secundarios y comenzar con los universitarios se da a la par un fenómeno de contraste con lo conocido hasta el momento, todo lo que era moldeado por una familia conservadora que había previsto para su hija un camino bien distinto del de la guerrilla.
Ante la pregunta de cómo conoció al PRT, Francisca señala que fue en una reunión. Pero antes da paso a una reflexión sobre sus contradicciones:
Porque ahí yo estaba conflictuada con Vanguardia hacía tiempo. Yo no me acuerdo bien, pero había algunos conflictos, mucho esquematismo, mucha discusión sin llegar a nada. Mucha cuestión como vacía, o sea que vos hablabas, hablabas, hablabas… Discusiones al cuete, digamos. Yo no estaba de acuerdo con la lucha armada tampoco. Yo decía: “nosotros no podemos pedir guerra”. No me cabía en la cabeza. Aparte, yo creo que mucho incidió mi visión profesional, mi vocación. Porque en realidad vos estás para salvar vida, no para crear más conflicto, si no para resolver problemas vitales. Entonces, siempre se me hizo muy contradictorio a mí aceptar la violencia. Yo la acepté intelectualmente, pero no interiormente. Como una cuestión de decir “bueno, no hay más remedio, qué se le va a hacer”. Pero no es algo positivo (entrevista a Francisca, 14/04/2011).
Y luego retoma el relato sobre su incorporación, evocando la llegada de Diana Triay y Sebastián Llorens a Mendoza, quienes organizaron la regional:
–Bueno, cuando salen de las cárceles es cuando vienen acá. O sea, después del 25 de mayo del 73. Yo creo que ese invierno vinieron, no me acuerdo bien qué fecha era. Llegaron a Mendoza y empezaron a tomar contacto con los grupos políticos, a hacer reuniones. En realidad, no te ofrecían hacerte miembro de nada. Simplemente te ofrecían discusión política.
–O sea que vos fuiste de las primeras simpatizantes mendocinas…
Claro, gente que se acercó...
–¿Y por qué te acercaste?
–Porque me parecía que tenían propuestas más concretas. Era como una cuestión que yo sentía que eran discusiones muy estériles las que teníamos…
–En la TUPAC.
–En realidad ya no estábamos en la TUPAC, estábamos rozando otros como el Poder Obrero, era una cuestión bastante fluctuante. Mucha discusión política, mucha discusión sin cosas muy concretas. Yo creo que era una disconformidad interior, porque no encontraba que fuese algo positivo y concreto. Las ideas podían ser muy buenas, pero nos la pasábamos en discusiones estériles. Y buscaba otra cosa, en realidad, que apuntara a algo positivo. Ahí empecé a ir a reuniones y a entusiasmarme más con toda la línea del PRT, me parecía mucho más realista que la otra, menos teórica. Que en realidad, no sabía ni cómo yo… porque yo me acuerdo que en las discusiones te decían “qué opinás vos de tal cosa”. A mí no se me ocurrían muchas cosas. A mí me parecía bien lo que decían, porque yo no tenía realidad con la cual contrastar una teoría. Yo no sabía cómo era la gente, tenía una idealización de la gente, del sufrimiento, de la pobreza… pero realmente no conocía a la gente. Entonces, a mí me parecía positivo lo que decían, real, bueno, viable. Yo creo que éramos todos muy jóvenes (entrevista a Francisca, 14/04/2011).
Aún a pesar de sus fuertes contradicciones con la política de lucha armada, Francisca se reúne con gente del PRT-ERP en la provincia. Son datos significativos, porque la regional todavía no estaba conformada, es decir que Francisca no lo hizo atraída por una construcción que conociera. Pero es claro que su incorporación responde a una búsqueda consciente, basada incluso en experiencias previas. Se puede pensar que la idea de que la militancia obedece a la juventud y que no tenía opinión propia, es una reflexión elaborada en el presente con las marcas de la derrota, del genocidio y de la amplia hegemonía burguesa durante los gobiernos constitucionales. En cambio, cuando Francisca relata cómo fueron sucediendo las cosas permite entrever las motivaciones, experiencias y hasta contradicciones que eran pensadas en aquel tiempo.
En el caso de Sandra también hay un distanciamiento con la Iglesia, pero esta vez no ocupa un lugar central en su proceso de politización:
Mi madre era católica, también por tradición. Mi padre… no sé, me parece que no porque lo insultaba a dios, lo subía, lo bajaba… Y mis hermanas, no practicamos la religión católica. A mí me obligaron a tomar la comunión a los 15 años porque yo no quería saber nada. No creía, desde chica… No tengo fundamentos para decirte… yo empecé a sentir una rebeldía sin causa, porque todavía no sabía. Simplemente no creía (entrevista a Sandra, 20/08/2015 y 22/08/2015).
También desató una rebeldía contra la escuela, por la cual abandonó los estudios secundarios después de haber pasado por tres colegios. Pero en su propia evocación, no hay aquí un sentido de rebeldía a la autoridad o a la imposición:
No sé ¿no te digo que era rebelde? No quería estudiar… no sabía por qué, ni tampoco mis padres me decían o me explicaban lo mejor del estudio. No me encontraba, esa era la clave… no me encontraba en algún lugar u orientada hacia algún lugar (entrevista a Sandra, 20/08/2015 y 22/08/2015).
Frente a la pregunta de si su esposo desaparecido ya militaba cuando se pusieron de novios o comenzaron la participación política juntos, Sandra reflexiona:
No, ahí empieza todo. Yo, ajena a todo lo que es política… En esa época, sí empezaba a notar que había cosas que a mí no me gustaban. Por ejemplo, lo veía en la escuela, que las compañeras que a lo mejor eran más humildes eran dejadas de lado. Yo me arrimaba, me hacía amiga de esas compañeras que eran más humildes económicamente. Se notaba la diferencia de clase. Yo me llevaba bien con todos y me daban cabida en todos los grupos, pero a esas compañeras no. Eso me pasó en el Nacional, por ejemplo. Entonces, había todo ese tipo de cosas que yo no sabía por qué a mí me molestaban esas diferencias de clase.
Entonces, cuando lo conozco, él empieza a hacerme mirar la política. Él ya estaba leyendo. Yo hasta el día de hoy no sé quién fue su… Porque siempre hay alguien que te lleva, o que te enseña… un profesor, un amigo, alguien. Había una diferencia de él conmigo, él leía mucho. Y él me enseña a mí a leer ciertos libros, pero entre ellos también poesía… de Pablo Neruda. Yo no acostumbraba a leer y bueno, él me va orientando en cuanto a la lectura y políticamente, obviamente.
–¿Te acordás qué leían?
–Políticamente, lo primero que me mostró fue El Capital, de Carlos Marx [Risas].
–¡Pura pedagogía!
–Yo cuando lo vi dije: “¿Esto tengo que leer?” “Tenés que leerlo” Entonces, yo… obviamente no había tenido filosofía en ningún colegio. No sabía nada, esa es la verdad. Entonces bueno, empecé a leer y él me explicaba. No lo terminé nunca, porque no había terminado ese que ya me estaba pasando otro libro y así sucesivamente.
En cuanto a poesía, aparte de Neruda, leíamos también a Nicolás Guillén. Vinícius de Moraes le gustaba mucho a él, me regalaba todos los libros de Vinícius de Moraes, todos dedicados. Después, en cuanto a música, nos gustaban Los Beatles. No me regaló de Los Beatles en esa época, pero sí me regaló… Me trajo de Córdoba, bueno pero él ya se había ido a Córdoba, cuando me trajo unos discos, que uno era de poesía de Antonio Machado. Después, como habíamos ido a ver Woodstock en el cine, nos volvimos locos también. Él también me enseñó a ver buenas películas. Mi mamá y mi papá nos mandaban al cine. Pero con él descubro otro cine, más cine arte, porque empiezo a ver Pasolini, Godard, Fellini… En realidad, me abrió la cabeza (entrevista a Sandra, 20/08/2015 y 22/08/2015).
En el relato de Sandra se encuentran elementos comunes con Mariana, principalmente un sentir de profunda molestia frente a situaciones de la vida cotidiana que les resultaban injustas y que se vinculaban con las diferencias de clase, es decir, con las injusticias del capitalismo. Pero se trata de un sentir previo a la posibilidad de nombrar esas experiencias, previo al debate político y entendimiento cabal de las causas de las mismas. Para Sandra, ese entendimiento vino de la mano de su reciente noviazgo y estuvo inmerso en un trascurrir cultural más amplio que lo partidario, protagonizado por el acceso a una música, literatura y cine social y de protesta. Cuando se le pregunta por su proceso de politización, Sandra lo vincula a su esposo desaparecido:
Entonces él venía y me hablaba… ya me estaba nombrando al ERP, al PRT, ya hablábamos del Che Guevara, hablábamos de Fidel, de la Revolución Cubana. Yo a él lo admiraba, era como mi ídolo, porque él me saca del ostracismo que tenía yo. Y yo veo que eso sí me gustaba, porque yo no estaba de acuerdo con lo que proponía esta sociedad. Podía hablar ya con mi padre. Ya me miraba de otra manera mi padre, porque podíamos hablar políticamente.
Él empieza ahí a trabajar en el diario La Voz del Sur, de San Rafael, no me acuerdo cuánto tiempo y ya después me plantea: “Sandra, yo quiero hacer contacto con el PRT. Acá no, en San Rafael no”. En San Rafael no pasaba nada. Nosotros queríamos más, queríamos aprender, queríamos militar de otra manera. No así, porque yo no podía decir que era una militante ahí, ni él tampoco. Entonces, él dice: “Yo voy a viajar a Córdoba, a ver qué contactos hago”. Y así se largó. Me manda una carta, me dice: “Prepará todo, los papeles, nos casamos. Para abril, tal fecha, yo voy. Nos casamos y nos venimos. Ya hice contacto”.
–¿Él se va de San Rafael ya sabiendo que quiere hacer contacto con el PRT?
–Sí, sí, decidido.
–¿Y vos qué pensabas de eso?
–Yo estaba segura también de eso.
–¿Y por qué? ¿No conocían a los monto, por ejemplo?
–No, fíjate vos que no. En San Rafael yo no conocía a ninguno que fuese monto. Y me guié por él, lo seguí a él. Sí, no tengo ningún problema en reconocer que él fue mi maestro. […]
Entonces en el 73, 21 tenía cuando me casé. Mi papá fue un poco machista y no le hablés de que te ibas a ir a vivir con tu novio, nooo, te traía de los pelos. O, por lo menos, esa era la idea que yo tenía. Entonces yo pensaba que me tenía que casar por eso, pero yo no me quería casar. Por más enamorada que estuviese, todo, yo no me quería casar. Después deduzco que a raíz de todo lo que uno vivió con sus padres, o lo que le mostraron como familia… yo no me quería casar ni ahí. Esa era otra de las cosas que a mí me llevaban a ser un poco distinta, porque todas las chicas en ese momento querían ponerse de novias, el vestido blanco, casarse y yo no… ni me hablés de casamiento, ni me hablés de vestido blanco (entrevista a Sandra, 20/08/2015 y 22/08/2015).
Sandra identifica a su marido en un lugar determinante para su militancia, no solo en general, sino en particular en la elección de partido. Desde una mirada superficial, esto puede interpretarse como un lugar común del machismo, donde la mujer sigue al hombre. Sin embargo, su relato es rico en matices para reflexionar. Ella ubica una pasión propia en eso que ha encontrado a través de su novio. Tal vez no hay un ejercicio de reflexión clara sobre la experiencia, pero en su relato emerge el entusiasmo con este proyecto que le proponía una transformación de las situaciones que le disgustaban, en tanto le parecían injustas. A la vez, destaca que por primera vez se siente en algo que la saca de ese desencanto con todo y simultáneamente la coloca a la altura de hablar con su padre. Es fundamental observar la ruptura de moldes en toda su complejidad. Cómo se enlazan la rebeldía con el ceder ante algunos preceptos, en su caso casarse.
Tejiendo reflexiones
Del análisis de los testimonios emerge en primera persona el deseo de quienes hicieron de la militancia revolucionaria parte de su vida cotidiana. Las direcciones políticas no instrumentalizaron sus cuerpos. Ellas acomodaron sus cuerpos a su deseo de revolución de modo conciente. En relación con las expectativas de qué debía ser una mujer en la época, estas mujeres fueron profundamente transgresoras en cuanto a cómo vivieron la sexualidad, las relaciones de pareja o la maternidad. No fueron las únicas. Toda una generación de mujeres estaba destruyendo los moldes de domesticidad preparados para ellas.
Los recorridos que desembocaron en la militancia perretista de las cinco entrevistadas dan cuenta de búsquedas y caminos propios, bien distantes de las tesis que afirman que las mujeres se sumaban a la militancia revolucionaria tras los pasos de un varón. De los testimonios analizados solo en un caso el lugar del varón es central, pero a la par de otras experiencias personales. En sus procesos de politización se observan experiencias vividas de modo singular, lo que no equivale a decir individual. Es decir, se trata de experiencias colectivas, trayectos comunes a miles en un contexto histórico determinado. En ese registro se inscribe la temprana ruptura con la Iglesia católica y una percepción insoportable de las injusticias sociales. Comprender su incorporación al PRT-ERP como una experiencia vital que va madurando despeja las interpretaciones maquiavélicas que invocan a un otro que utiliza a las personas transformándolas en guerrilleras.
Lo fundamental de estos trayectos es la experiencia común con las mujeres de su generación, que tal como Mariana define, son la generación de la ruptura. El quiebre con los hábitos familiares, desde la ausencia en algunas reuniones, el abandono de la misa, hasta los viajes en búsqueda de nuevos horizontes no convalidados por madres y padres, dan cuenta de una rebeldía contra los moldes pensados para ellas, y en esa transgresión también se inscribe su opción por una militancia revolucionaria. Buscaron salir del pueblo, en el caso de Monona y de Sandra, o de la provincia en el caso de Mariana. Exploraron el mundo de las artes o eligieron carreras que no eran del agrado familiar. Más confrontativa aún fue la opción de Francisca y su hermana por la militancia revolucionaria, proviniendo de una familia que se expresaba abiertamente por la derecha y un papá que había sido funcionario de gobierno por el conservador Partido Demócrata. Ellas formaron pareja en tomas de facultades, convivieron con compañeras y compañeros, sostuvieron relaciones sexuales prematrimoniales sin mandato de reproducción, algunas recibieron entrenamiento militar, aprendieron a llamarse por nombres falsos, imprimir revistas, pintar consignas en paredes y esconderse de la policía. Esas mujeres ciertamente no entraban en ningún molde que quisiera producir en serie cuerpos domesticados para el patriarcado.
Mucho de lo no cuestionado a sus compañeros varones responde a la identidad de clase con los mismos y al proyecto socialista que las/os unía entre sí y marcaba una delimitación del enemigo. No solo del enemigo de clase sino también del aparato represivo. En ese sentido, es esclarecedor el Manifiesto Colectiva del Rio Combahee, una declaración del feminismo negro en Estados Unidos. Allí, las negras que se definen como feministas y lesbianas anuncian sus sentimientos de solidaridad con los varones negros progresistas en contraste con el separatismo que exigen las feministas blancas:
Nuestra situación como gente negra requiere que tengamos una solidaridad por el hecho de ser de la misma raza, la cual las mujeres blancas por supuesto no necesitan tener con los hombres blancos, a menos que sea su solidaridad negativa como opresores raciales. Luchamos juntas con los hombres negros contra el racismo, mientras también luchamos con hombres Negros sobre el sexismo (Manifiesto Colectiva del Rio Combahee, 1977).
La solidaridad de clase y la unidad dada por la identidad política revolucionaria con sus compañeros no habilitó otros planteos de perspectiva feminista. Y, sin embargo, eso no opaca su historia de mujeres que transgredieron con creces el patriarcado de su época. Tal vez, el desafío intelectual sea redefinir qué se entiende por feminismo.
Referencias bibliográficas
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Notas