Al Margen
Teoría individual de la gravitación cardiaca
Teoría individual de la gravitación cardiaca
El Ornitorrinco Tachado. Revista de Artes Visuales, núm. 5, pp. 63-85, 2017
Universidad Autónoma del Estado de México

La finalidad siempre se me ha antojado como una idea deseable. La razón por la que tendemos hacia las cosas que deseamos o nos alejamos de aquellas que nos causan dolor, es lo que desde una racionalización precaria, defino como finalidad. No me refiero necesariamente a la idea de utilidad, sino al sentido que tienen mis acciones cotidianas.
El momento en el que empecé a escribir la teoría de la gravitación cardíaca, coincide con un periodo de volatilidad emocional que me llevó a través de muchos cuerpos. Dicho en palabras simples, me enamoraba con mucha más facilidad de la que me enamoro ahora y necesitaba encontrarle un sentido a mis acciones.
Se me ocurrió entonces que mi problema no debería ser tan único y que posiblemente la forma en la que operaba el discurso en mi sexualidad, podría responder a dinámicas que trascendieran a los esquemas de comprensión de los asuntos culturales. Es decir, la fuerza que me empujaba hacia tantos cuerpos, debía ser susceptible a descomponerse desde categorías pertenecientes a otro campo semántico.
Aunque resultaba un poco obvio, la gravedad se me antojó como una buena metáfora para empezar la exploración de mi deseo de orbitar y ser orbitado por otros cuerpos. Ponerme en el centro de mi propio universo resultó ser bastante consistente con el egocentrismo contemporáneo, las demás imágenes se presentaron casi de manera automática.
Me gusta pensar que el universo se repite en cada uno de nosotros. No sé si mi afán de novedades afectivas está a la altura de Júpiter y sus 61 lunas conocidas, o en efecto mi corazón es el músculo responsable de la forma en que me aproximo a otros seres humanos, pero esta narración atomizada en la que pasajes abiertamente ficcionales toman la forma de discursos consolidados, me permite dormir más tranquilo, bien sea yo la Tierra con su relación monogámica, Neptuno con sus dos lunas, o Júpiter y su harén.

El corazón es un músculo cuyo funcionamiento imita el de una bomba de dos ciclos. Sístole: contracción, diástole: expansión. Dichos movimientos son análogos a las oscilaciones hertzianas que generan el campo magnético gravitacional del planeta. Sístole genera la fuerza de atracción necesaria para recoger 1/20 de la sangre del cuerpo. Diástole genera la fuerza de expansión necesaria para mover 19/20 de la sangre del cuerpo.

Fuerza de atracción desarrollada por la acumulación de energía eléctrica dentro de una determinada masa; esta produce a su alrededor una serie de ondas o líneas de fuerza electromagnética de doble polaridad que comprenden tanto ondas de atracción como de repulsión. La sumatoria de dichas ondas provoca la gravedad.
La gravedad es la fuerza que moldea la materia, sin ella nada existiría.

Así como las frecuencias de onda determinan el atributo cromático de un objeto y el alcance de un sonido, determinan también las relaciones al interior de sistemas cardiacos completos. Es decir que las ondas producidas por un emisor cardiaco le dicen a los emisores, instalados en otros cuerpos, la distancia a la que deben orbitar. Esta ley, sin embargo, tiene excepciones que se hacen manifiestas en choques accidentales y en sus efectos, tales sean: depresiones superficiales y profundas e incluso la destrucción del cuerpo chocado.

A mayor densidad la gravedad generada por un cuerpo es más alta. La densidad de los cuerpos está relacionada no tanto con su tamaño como su potencia de acción. En la medida en que un emisor cardiaco se capacita aumentando su potencia de acción, la gravedad que puede generar sobre los otros cuerpos es mayor. Hay cuerpos de densidad menor con un campo de gravedad muy alto.

Existen cuerpos de menor densidad que por una u otra característica especial, tanto como la nuez moscada, capaces de atraer la atención gravitatoria de cuerpos cuya densidad es mayor, sin perder su órbita original, merecen ser llamados especiales. No obstante cuando un cuerpo de menor densidad atrae a uno mayor a su órbita, la consecuencia final siempre tenderá a ser la destrucción o subordinación del primero.

El vacío absoluto no existe. Siempre hay una tienda de abarrotes o algún servicio técnico que haga necesaria la existencia, aun en grados primitivos, de ciertos intercambios gravitatorios. Más allá de eso, periodos prolongados de aislamiento posibilitan un vacío relativo. En el vacío la relación gravitatoria (0) capacita al emisor cardiaco, es decir, reajusta las válvulas motoras y refina los ciclos diastolicos. El ciclo sistólico se hace más intenso.
El aislamiento prolongado de un emisor cardiaco debe estar restringido a no más de noventa (90) rotaciones terrestres. Otro el caso, los ciclos asistólicos terminan por vaciar el espacio dentro de las paredes del emisor, destruyendo los límites entre sus válvulas y haciendo imposible cualquier emisión futura.

El curso entornado de dos cuerpos guardianes configura una espiral.
Gravedades inconstantes y precisas
Alrededor de sistemas gravitatorios enteros y complejos, existen cuerpos que orbitan a modo de guardianes. Cuando un guardián cruza cerca de un cuerpo vinculado a un sistema complejo, apenas si altera su trayectoria. Si en cambio, por accidente, su gravedad propicia un choque, el cuerpo impactado es atravesado.
La depresión roza en lo superficial. El cuerpo guardián sigue su curso.
Casos especiales, en los que lejos de cualquier sistema se encuentran dos cuerpos guardianes en dirección opuesta, generan un fenómeno gravitatorio conocido como "espiral descentrada o excéntrica". Una espiral descentrada siempre arrastra material de la cola de los cuerpos hacia el vacío. Cuando la espiral termina ya no son los mismos y continúan su curso.
Considerando la complejidad emocional de los cometas, un segundo encuentro dependerá de la métrica de la primera espiral. De allí en adelante, cada encuentro se sucede con naturalidad matemática.
Existe en la vía láctea un cuerpo guardián, aparece con una periodicidad caduca.
El cometa libélula marcha liberando esquirlas de cola en el vacío.
No se detiene en el sol, ni en los cuerpos que orbital, es el cuerpo solo amante, el que ya pasó, el que pasa del que añoro buena métrica.

El fenómeno inverso a la gravedad es la luz. Así como la gravedad descontrolada recibe el nombre de agujero negro, la emisión infinita de luz recibe el de estrella. Cuando una estrella muere se convierte en un agujero negro. Cuando un agujero negro ha saciado su sed de materia, pero sobre todo de luz, se convierte en tres estrellas.
Este proceso es conocido como meiosis.
El núcleo sin energía deja de ser estable y abre la puerta al desaforo.


Si bien entendemos la vida como una continuidad de hechos anclados según la lógica, en una línea inmutable; es posible aproximarnos a ella desde la perspectiva de la repetición infinita de ciclos finitos, es decir, desde la supresión de la trascendencia en términos físicos.
Así entendida la vida y en consecuencia el devenir del tiempo, la línea inmutable se transforma en un sistema basado en protocolos tácitos y mínimos en los que cada episodio es una re lectura del espacio que ocupan los cuerpos.
Por ende se dan las condiciones físicas, en términos de confluencia de gravedad y luz, para que los cuerpos que transitan espacios comunes episodio tras episodio deban regenerar sus interacciones. Este fenómeno genera la tipología de incidentes que a largo plazo hacen posible que se piense en el tiempo como una continuidad.
La morfología del episodio está determinada por el alcance espacio-temporal de la consciencia que lo configura, no obstante, cada episodio tiene el mismo número de versiones que de los cuerpos participantes. Es decir, un episodio de cuatro actores involucra necesariamente cuatro versiones distintas, cuatro inicios, y naturalmente, cuatro desenlaces y continuidades.

Entendiendo el alfabeto como la sucesión lógica de eventos dentro del episodio, los números como la participación de cada actor; veremos que 2 y 4 tienen en común III, en ausencia de 2 durante I, II, IV y V. En ese sentido y notando la ausencia de 1 y 3 durante III y IV, podríamos simular el episodio central de las siguientes maneras:
La morfología de este episodio, nos permite sin embargo, preguntarnos por 1 y 3 en ausencia de 2 y 4; percibir así el tiempo como un episodio.

Estoy preocupado por las recientes injusticias de mi juicio afectivo, se me antoja necesario para la felicidad y la estabilidad gravitatoria hacer un viaje. El asunto radica en que no soy más una estrella fugaz, ahora pliego con eficiencia geométrica la gravedad y las mareas de cuerpos amados cercanos. Pero me preocupa.

El problema del afecto constante es que está anclado en el tiempo y el espacio, y aunque es necesario y bueno, sólo establece el marco en el que circulan los demás afectos. Esto no es motivo de alegría, porque el afecto constante fue primario y entonces se detuvo.
Los afectos primarios establecen microsistemas complejos de gravedades, mareas y corrientes, lo primordial en su funcionamiento es la velocidad y el trazo de su órbita individual. Porque las estrellas son egoístas y antes que perder su órbita la superponen, en realidad el afecto primario consiste en encontrarse en lo extraño de un cuerpo que estando lejos parece ser uno con el mío. Es cuestión de velocidad y sincronía.
El afecto constante necesita espacio, el afecto primario tiempo, por eso uno se compone de episodios prolongados y el otro de episodios intensos, pero cortos y orbita en torno al afecto constante; en torno a sí giran las estrellas cómplices.

La gravedad es en apariencia una fuerza unificada que se genera en el núcleo fundido de cualquier cuerpo. Sin embargo, esta fuerza sólo es posible como consecuencia de las mareas y corrientes que tienen lugar al interior del núcleo. Sospecho por las cosas que he sentido y he podido ver en la estrella y el sol, que las mareas responden a una lógica binaria, como un corazón abriendo y cerrando sus ventrículos.
La fuerza expansiva y contractiva se resume finalmente como atracción y se proyecta en todas las direcciones desde el núcleo, dándole su forma y rigiendo sus relaciones. La manera en que el núcleo se proyecta está sujeta a factores externos, como la gravedad intrusa o el cambio de temperatura.

Plumas: Cuando se presenta demasiada presión al interior del núcleo, producto de una gravedad intrusa o de la espontaneidad, y se libera hacia el exterior generando una marca visible a la distancia, se habla de la erupción de una pluma, que no es otra cosa que la manifestación de que las mareas circulan con naturalidad haciendo su trabajo: propiciar gravedad.
Parálisis: Cuando por razones ajenas a la voluntad el núcleo libera su presión de forma negativa y las mareas parecen desaparecer, tiene lugar un fenómeno conocido como parálisis nuclear, cuyas consecuencias directas son por una parte el ensimismamiento gravitatorio y por otra, la aparición de la fuerza opuesta a la gravedad: la repulsión.
Particularidades paradójicas de la gravedad con respecto a su antípoda
La manera en que se proyectan las representaciones gráficas de la gravedad me hace suponer que la atracción precisa de una equivalencia en mareas y corrientes a nivel nuclear, es decir, la gravedad no es una fuerza existente per se, sino al contrario es una fuerza que existe sólo en relación con otra. No hay gravedad gratuita, ni gravedad en bruto, aunque puede haber cierta gravedad latente.
La parálisis en cambio parece ser un fenómeno generado por el desbalance gravitatorio producto del lance ocasional de dos o más núcleos. Sin embargo es un acontecimiento vomitivo autoinducido, pues aunque materialmente existen las condiciones para que las corrientes y las mareas circulen con naturalidad, el núcleo literalmente se detiene dando lugar entonces a la repulsión. La cual, me atrevería a definir como una gravedad ubicada en una escala cartesiana, desde el 0 hasta el -∞.

Gravedad ejercida sobre planetas moribundos u orgullosos
Existen, no pocos casos de cuerpos que han optado por tomar distancia de todo. Aunque se carece de la suficiente documentación para determinar una tipología fiable, en general son planetas chicos, que rotan sobre su propio eje, pero no se desplazan en ninguna orbita. Son así conocidos como planetas orgullosos o moribundos, y su devenir en el espacio y el tiempo suele darse sin mayores sobresaltos hasta que por fuerza de la entropía se detienen y mueren sumidos en el tedio o por razones del azar un sol errante les traza una orbita.
Esta gravedad ejercida, bien de manera deliberada o accidental genera revoluciones violentas en el núcleo de hierro fundido del planeta en cuestión y fuerza a la movilización de corrientes, afectos y ciclos que no estaban contemplados.
La manera en que se construye una orbita, consiste en una suerte de ilusión gravitatoria muy primitiva y engañosa que linda con el cortejo, pues es precisamente la estrella errante quien rodea al planeta, invirtiendo toda lógica conocida. Es así como el movimiento de traslación de la estrella alrededor del planeta, presiona su núcleo en una y otra dirección generando una descolocación del cuerpo y la adopción de la misma orbita.

Habiendo atravesado un astro errante por una serie de gravedades adversas, las corrientes que determinan los ciclos de rotación sufren convulsiones que no sólo perturban la centricidad del eje, sino que llegan a poner en cuestión incluso su dirección.

Un planeta errante es aquel que estando en un sistema en el que las órbitas son predominantemente concéntricas, posee una órbita excéntrica. O viceversa. Esta diferencia de carácter con sus planetas hermanos suele tener consecuencias dramáticas durante los cortos periodos de convergencia que comparten, tales como los que tendría un hombre sentado a la mesa con sus hermanos después de volver de la guerra.
Por encontrarse alejado de otros campos gravitatorios importantes, la fuerza de atracción que ejercen los planetas errantes es extraordinariamente superior a la de un planeta normal, en consecuencia durante sus viajes por los cuadrantes exteriores del sistema planetario devora polvo, cometas y asteroides, ganando volumen y fuerza. Una vez iniciado el camino por los cuadrantes interiores del sistema, la gravedad del cuerpo errante intentará devorar a los otros planetas, el éxito o el fracaso de cualquier sistema con un planeta errante en su haber depende en su totalidad de la habilidad de los planetas interiores para escapar de su hermano caníbal. Una vez ha terminado la visita, el sistema sigue funcionando, si algún planeta cayó, sus restos eventualmente serán devorados por sus hermanos, eventualmente el sistema es destruido o el planeta errante desvinculado de la estrella central.
agrupamiento de elementos fundamentales para la existencia del universo
Se trata de tres grandes grupos diferenciables a toda escala, desde la geología hasta la cultura. Estos tres conjuntos deberían ser capaces de agrupar no sólo cualquier cosa viva o no en el universo, sino cualquier fenómeno que tuviera lugar o tiempo en él.
Espirales: Disposición en el espacio a través del tiempo de cuerpos y fuerzas que tienen sentido y dirección. Ejemplo: ADN, sistema solar, cierto tipo de escaleras, la forma de caer de los aviones, tornados, torbellinos, las estrías de un cañón.
Núcleos: Motores esenciales capaces de generar fuerzas de atracción o repulsión alrededor suyo. Ejemplo: Las estrellas, los planetas, las células, los animales, los ojos, la idea de centralidad y periferia.
Gravedad: Fuerza que va más allá de la atracción y que instruye a las partículas a mantener el estado natural de solidaridad. Ejemplo: El amor, eso que mantiene las cosas juntas.