Artículos

Misticismo mexicano: la feminidad como búsqueda

Mexican mysticism: femininity as a way

Jessica Ortega Díaz
Universidad de Guanajuato, México
Natalia Gurieva
Universidad de Guanajuato, México
Alfredo Zarate Flores
Universidad de Guanajuato, México

Misticismo mexicano: la feminidad como búsqueda

El Ornitorrinco Tachado. Revista de Artes Visuales, núm. 14, 2021

Universidad Autónoma del Estado de México

Recepción: 05 Julio 2021

Aprobación: 06 Septiembre 2021

Resumen: En este artículo se presenta un recorrido por el concepto de “performance” que desarrolla Paul Zumthor; la noción de “Identidades imaginadas” que describe Fernando Broncano y; el concepto de “desfuncionalización” proporcionado por Aurelio González, aplicándose a un análisis de los relatos englobados en la cuentística tradicional mexicana. Se seleccionaron diversas narraciones que tuvieran como protagonistas a figuras femeninas para observar la configuración cultural que determina la identidad de la mujer en México. El objetivo de esta investigación es la difusión y transmisión de estas leyendas a nuevas generaciones a través de una performance y medios con los que se puedan familiarizar fácilmente. La performance se muestra como una reconfiguración visual fotográfica de estas identidades por medio de la reorganización de estos relatos. De este modo, al desfuncionalizarlos y transformarlos de acuerdo con el contexto actual se ofrece una nueva percepción del papel de la mujer en la sociedad mexicana actual.

Palabras clave: performance, identidades imaginadas, fotografía, relatos.

Abstract: In this article we are discussing the concepts of “performance” by Paul Zumthor; the “imagined identities” by Fernando Broncano and “defunctionalization” provided by Aurelio González applied to analysis of the stories encompassed in traditional Mexican narrative. Various legends with female figures as protagonists were selected to observe the cultural configuration that determines the identity of woman in Mexico. The objective of this research is the dissemination and transmission of these legends to new generations through a performance and media which can speak to them easily. The performance is shown as a photographic visual reconfiguration of these identities through the reorganization of these narratives. Therefore, by defunctionalizing and transforming them according to the current context, we offer a new perception of the role of woman in current Mexican society.

Keywords: performance, imagined identities, photography, legends.

Introducción

La tradición oral y la sociedad

Para las sociedades antiguas el pensamiento mágico y el misticismo asociado a éste constituían un eje fundamental en la construcción identitaria de la población, pues en ellos se encontraban respuestas a situaciones éticas y sociales que, además de formar la base de una construcción identitaria en una comunidad, difundían por medio de expresiones artísticas: pintura, dibujo, danza y, sobre todo, expresiones literarias de corte oral, la configuración cultural de las sociedades de las que forman parte. Paul Zumthor (1983: 52), nos dice que: “No existe ninguna duda de que la capacidad de narrar sea definitoria del estado antropológico; que, inversamente, recuerdo, sueño, mito, leyenda, historia y lo demás constituyen juntos la manera por la que los individuos y grupos intentan situarse en el mundo”. Los relatos y leyendas configuran el imaginario colectivo y se adaptan a las necesidades que los tiempos van exigiendo de ellos, transformando la identidad de los pueblos en los que se inscriben. En estos relatos es posible observar los valores y perspectivas en que se arraiga una comunidad. En este sentido, el objeto de investigación de este proyecto consiste en observar la visión de lo femenino en distintos relatos orales y, a partir de dicha información y el análisis que resulta de ésta, desarrollar una interpretación visual de estas historias mediante la aplicación del concepto de desfuncionalización. Esto nos permitirá reconfigurar los relatos y presentarlos como una performance identitaria de lo femenino y su papel en la sociedad mexicana actual.

Misticismo en México: las figuras femeninas

En Protagonismo femenino en cuentos y leyendas de México y Centroamérica Anna Fernández Poncela (2000), discurre sobre la manera en que las leyendas y cuentos populares crean y legitiman valores culturales en la sociedad, haciéndolas resistentes al paso del tiempo y, para el caso de su trabajo, aquellos que giran en torno a la figura femenina y al papel que tiene en estas sociedades. Fernández Poncela hace notar que estas narrativas surgen del folclore y tienen como característica principal: circular imaginarios. Retomando la idea de Poviña, Fernández Poncela define el folclore como una ciencia que estudia la mentalidad popular y sus manifestaciones. Dentro de este concepto se concentran en su totalidad las diferentes manifestaciones y tradiciones culturales: creencias religiosas, ritos, cultos, cosmovisión, costumbres, artes y creaciones. A decir de nuestra autora, en el folclore: “se inserta la narrativa tradicional, también denominada […] literatura popular oral o folclore literario” (Fernández-Poncela, 2000: 17) y, gracias a ella, se crea una especie de contenedor cultural, donde podemos encontrar, entre otras cosas, una mirada al pensamiento de una sociedad en un tiempo específico sobre diversos temas sociales y la forma en que se van abonando nuevos elementos a la configuración cultural de los grupos que las crean.

En el análisis que lleva a cabo el Dr. Aurelio González (2016), sobre la cuentística tradicional mexicana es posible observar que ésta se forma a partir de la relación entre la tradición indígena y la tradición europea, y debido a ello tiene un carácter doble. En su curso “Literatura y cultura tradicional de México”, González afirma que en la cuentística tradicional mexicana “se crea y mantiene una identidad, se reinterpreta la realidad y se le da una dimensión distinta” (González, 2016). La cuentística tradicional tiene como resultado una serie de adaptaciones de los elementos más importantes de las historias prehispánicas, combinados con algunos seres y características del imaginario europeo y africano, traídos a nuestro país durante la Conquista.

Para esta investigación se han elegido las historias de Mometzcopinqui, Las curanderas, La sirena del lago de Zirahuén y La llorona. Esta selección de cuentos y leyendas tradicionales nos brinda la oportunidad de observar diferentes dimensiones de la mujer como individuo social y místico, haciendo posible encontrar características y perspectivas diversas sobre el papel de lo femenino en la cultura nacional y su reconfiguración cultural.

En el artículo “La bruja Mometzcopinqui, reina de la noche” Ligia Rivera Rodríguez (2000), hace notar los elementos más importantes de esta figura y la describe como un ser nacido en días marcados astrológicamente. Las brujas representan la energía de los dioses Tezcatlipoca —dios del inframundo— y Quetzalcoatl —creador del mundo—, ellas tienen la capacidad de transmutar en animales y bolas de fuego para salir durante las noches y al transformarse, adquieren las características de un guajolote: grandes alas, un pico puntiagudo y las patas del animal. Con la llegada del cristianismo las historias de este ser se mezclaron con los elementos de la religión y el misticismo europeo, que también contaban con sus propios relatos de magia y brujas. Rivera Rodríguez cree que uno de estos elementos es el diablo, en tanto amo y figura de culto, a quien las Mometzcopinqui servían llevándole las almas de niños inocentes.

En el libro Trabajo, poder y sexualidad Sylvia Marcos (1989), elabora una clasificación de los tipos de curanderas que habitan los relatos orales. En esta clasificación podemos notar sus diferencias y la forma en la que se enlazan con “lo divino”. Entre estas curanderas podemos encontrar a aquellas que aparecen como receptáculos; otras, desempeñan el papel de mensajeras; algunas se manifiestan como compañeras y como servidoras. Todas ellas se enfocan en la sanación de las personas por diferentes medios: son yerberas, hueseras —masajes— y parteras —acompañantes en la labor de parto—.

En Relatos y ritualidades en torno al lago-mujer. Prácticas festivas y narrativas en Zirahuén Berenice Granados (2014), nos habla acerca de las prácticas narrativas que se desarrollan alrededor de un lago en Zirahuén, un pueblo que forma parte del municipio de Salvador Escalante en Michoacán, México. Granados recopila historias que nacen de este lugar, en las que los habitantes aseguran que el lago en sí mismo es una entidad femenina, debido a que su distribución hace alusión a un cuerpo femenino; además de utilizar la proyección de una sirena para ahogar hombres, como una forma de cobrar tributo para seguir dotando a la comunidad de alimento y desarrollar el comercio, que es el sostén de la economía del pueblo.

La llorona, es una mujer de blanco que vaga por las calles de diferentes estados de México en busca de sus hijos. Algunas versiones del relato dicen que ella misma asesinó a sus hijos y otros cuentan que fallecieron en un accidente. También se dice que es una mujer muy bella que flota mientras avanza, pero lo que más la caracteriza es un grito de dolor y pena que pronuncia durante todo su trayecto: “¡Ay, mis hijos!”. El origen de la leyenda tiene lugar, en la opinión de Bernardino de Sahagún: “[…] algunos años antes de la llegada de los conquistadores españoles, [cuando] los indígenas percibieron presagios funestos que anunciaban la historia por venir, la derrota de un pueblo” (Godínez-Rivas, 2017: 134). En síntesis, podemos mencionar características que prevalecen en todas las historias: maldad inherente o simplemente destinada a cumplir un rol; oscuridad y luz; un vínculo grande con la naturaleza y los elementos; sabiduría y curiosidad; servidumbre; proveedora sentimental, emocional y de bienes materiales; protectora y vigilante.

Es interesante cómo se pueden distinguir, en algunas de las distintas versiones, elementos que fueron agregados o cambiados con el paso del tiempo y verlos como una evolución en la forma en que se percibe lo femenino, y crear, con estos cambios, nuevos imaginarios alrededor de la mujer como sujeto singular y social.

Estas expresiones orales pasaron la dimensión de la palabra y comenzaron a plasmarse por medio del arte en soportes físicos como la pintura, el dibujo, el grabado y la escultura, tal como podemos ver en las pinturas murales prehispánicas. De manera más precisa, en la obra del pintor Saturnino Herrán (1887-1918), destacan los trabajos Nuestros dioses (1916) y Nuestros dioses antiguos (1916). También en Las lloronas, producidas por el pintor Ricardo Martínez de Hoyos (1918-2009), en los años 1954, 1955, 1959 y 2004, hay mecanismos asociados a la representación de estos relatos.

Estas historias están arraigadas fuertemente en el imaginario y la identidad de la sociedad mexicana; han sobrevivido y se han reinterpretado tanto que en diversos procesos artísticos, y expresiones de los nuevos medios, se han producido trabajos relacionados con estas narrativas. Entre estos productos destacan María Sabina: Mujer espíritu de 1979 dirigido por Nicolás Echevarría y, en años más recientes el documental Birth Wars de 2019, dirigido por Janet Jaramn. En la ilustración digital podemos mencionar la obra de Carmen Lop, ilustradora mexicana que tiene estudios sobre la figura de la Mometzcopinqui (2016) y; por último, en el área de la fotografía destaca el trabajo documental de Maya Goded que, en su proyecto Tierra de brujas (2008) retrata a mujeres de un pueblo al norte de México que se llaman a sí mismas brujas.

La necesidad de adaptar estas historias al tiempo y el espacio en el que el artista y la comunidad habitan y avanzan es indudable. Podemos observar interpretaciones variadas sobre la forma en que se ha percibido el papel de la mujer dentro de la cultura y sociedad, así como las características y cualidades que se le han atribuido y la forma en que han ido cambiando con el paso del tiempo.

Para explicar esta reinterpretación y reconfiguración de los relatos orales, y su traslado a códigos y soportes visuales, hemos retomado la idea de “performance” del pensamiento de Paul Zumthor.

1. ¿Qué es la performance?

De acuerdo con Zumthor (1983: 33), la “performance” es “[…] la acción compleja por la que un mensaje poético es simultáneamente transmitido y percibido, aquí y ahora. Locutor, destinatario(s), circunstancias […] En la performance coinciden los dos ejes de la comunicación social: el que une el locutor al autor y aquel por el que se unen situación y tradición”. Es decir, es el medio por el cual los relatos de tradición oral se pueden interpretar y reconstruir, transmitiendo aspectos de la identidad de acuerdo con el espacio y tiempo de los imaginarios que los produzcan. Con el paso del tiempo estos imaginarios se transforman, a la par de la sociedad y la cultura, y evolucionan generando nuevas performances.

La tradición oral es el lugar donde la sociedad encuentra sus valores identitarios, sus características de pertenencia y las respuestas sobre el lugar que ocupa en el mundo. Los cuentos e historias míticas, al formar parte de esta tradición, se conservan tanto como objeto de investigación y conocimiento de los pueblos originarios como en el imaginario colectivo de la sociedad, haciendo que sea posible analizarlas e interpretar y reconstruir performances con las que sigamos sintiéndonos identificados. En este punto, Zumthor (1983: 235), señala tres características fundamentales de las performances que deben tenerse en cuenta en el estudio de este tipo de relatos: “su selectividad, las tensiones que engendran y su carácter global”.

En opinión de Zumthor (1983: 235-236), “Cada intérprete (a menos que ejerza funciones rituales) posee su propio repertorio, sacado del tesoro de la memoria de la comunidad”. De este modo, siempre proporcionan una muestra de los pensamientos y características de las personas, las sociedades y el entorno que las influye. De alguna forma, son una ventana al bagaje personal del emisor/artista que produce la “performance”.

Ahora bien, Zumthor menciona que la performance tiene como medio la expresión oral, corporal y sonora, sin embargo, hace notar que estos no son los únicos medios en los que se puede dar. El individuo ha tendido a la expresión en todas las medidas posibles. Según él: “[…] la obra es aquello que se comunica poéticamente aquí y ahora: texto, sonoridades, ritmos y elementos visuales; el término abarca la totalidad de los factores de la «performance»” (Zumthor, 1983: 235-236). Al final, lo que importa para la performance es la transmisión del contenido cultural del relato y, sobre todo, la percepción del mensaje que se quiere comunicar por parte de los miembros de la comunidad

2. Identidades imaginadas

Si, como lo hace notar Fernando Broncano (2013), cada ser humano es un conjunto de pensamientos e ideas diferentes que son resultado de procesos y conjunciones del entorno, la identidad es algo que se construye en tanto surge del sentido de pertenencia y deriva en la construcción permanente de identidades mentales, morales, normativas y se desarrollan en el ámbito imaginario.

Dentro de la colectividad hay reglas y valores instaurados por la imaginación de las sociedades que, al no ser acatados, marginan al que no encaja en ellos. Paradójicamente, es esta marginación en el que los excluidos descubren el sentido de pertenencia al margen de las sociedades que los segregan. Según Broncano (2013: 2012), “[…] las identidades se viven bajo el signo de la multiplicidad: […] ni la cultura, ni el género, ni la clase, ni los comportamientos, ni el lenguaje definen ya un prototipo de pertenencia”, cuyo sino distintivo es la variabilidad.

Esto nos permite comprender que cada persona o colectividad tiene un proceso único de asumir su imaginario y que este proceso deriva en la construcción de una “identidad imaginada”, claramente diversa en relación con la manera en que los sujetos asumen los valores sociales del contexto al que pertenecen. A partir de la conformación de estos nuevos imaginarios que surgen en la colectividad, las historias de la oralidad se van configurando y adaptándose a realidades sociales que emergen como formas de resistencia y reconfiguran conductas —valores, cosmovisión—, espacios de articulación y diversifican la manifestación cultural.

Aurelio González (2016), afirma que los relatos míticos que funcionaban como explicación de alguna dimensión social o configuración cultural, con el paso del tiempo se “desfuncionalizan”, es decir, “[...] se conservan como elementos identitarios, aunque en realidad ya no tienen funcionalidad porque la explicación fehaciente que daban ya no tiene sentido”. Es decir, si explicaban el origen de algo, en el caso de este trabajo, un ser femenino por medio de un elemento mágico o disparatado, que hoy en día no encaja con nuestra percepción de realidad, deja de tomarse en cuenta como algo cierto y pasa a ser algo abrazado por el pueblo como parte de su identidad. Según González, estos hechos sobrenaturales reflejarán los valores que estén vigentes para la comunidad. En la perspectiva de este trabajo, la coincidencia entre la propuesta de desfuncionalización que describe González y la propuesta de Broncano sobre la reconfiguración de las identidades, resulta significativa y permite vincularlas con la descripción de nuevos mecanismos de construcción de identidad, a partir de las características que se diversifican en la narrativa oral. Es decir, el factor maravilloso y los elementos míticos que existen en cada leyenda se transmiten y adaptan como una manera de reafirmar o reconfigurar la identidad. Además, nos ofrecen la oportunidad de construir identidades imaginadas. En las leyendas descritas anteriormente, las entidades femeninas son la representación de los valores éticos y morales de los grupos sociales a los que pertenecen. Evidencian, además, una serie de problemáticas y juicios de valor que nos muestran el papel que cumplen las mujeres en los grupos o las sanciones a las que se les expone en relación con el rol que cumplen en la sociedad. Conociendo esto, se puede llegar a la vindicación de las figuras y la interpretación constante y cambiante de ellas a partir de la reconfiguración del papel que cumplen las féminas en relación con las culturas en las que se inscriben los relatos.

Esta investigación toma en cuenta estas nuevas “identidades imaginadas” haciendo énfasis en las perspectivas y construcciones que se tienen en torno al papel de la mujer en la sociedad actual, y toma a la fotografía y la creación musical como los medios artísticos, en donde se desarrollan y muestran las resignificaciones de estas figuras femeninas, constituyendo una performance visual fotográfica.

3. Desarrollo del proyecto fotográfico

La fase inicial de esta serie fotográfica comienza con la “desfuncionalización” de estas leyendas y de los códigos visuales que se habían realizado respecto de ellas. El siguiente paso fue identificar las características identitarias en las que se englobaban y las formas en las que eran representadas visualmente para, posteriormente, realizar un reordenamiento de los códigos culturales identitarios y visuales —que resultaron en la primera etapa de la performance fotográfica que consistió en el desarrollo de cuatro moodboards, estos siendo una herramienta creativa para la visualización de imágenes y palabras clave de importancia para la gestión y orden de ideas en un mismo espacio, cada uno hecho específicamente para cada entidad femenina—. En estos moodboards, podemos encontrar paletas de colores, referencias visuales, maquillaje y vestuario sugerido en función de la performance y bocetajes de la propuesta visual. Para la postproducción se tomó en cuenta un proceso de edición para aportar a la atmósfera mística hecho en los programas Photoshop y Lightroom.1

En cada una de estas piezas se reflejaron características y valores que forman parte de la identidad femenina en la ciudad de Salamanca, Guanajuato, México. A través del retrato de mujeres originarias de la región, podemos observar situaciones, momentos y entornos con los que ellas y la autora se identifican y, a partir de los cuales, reflejan la esencia de su identidad.

En Mometzcopinqui [Imagen 1] podemos ver una mujer fuerte, valiente, danzando con furia, que puede producir cierto miedo en el espectador. No podemos observar del todo su rostro, pero sí sus ojos viendo directamente, sin ocultarse. Además, asistimos a la imagen de su cuerpo en constante cambio y libertad.

En Las curanderas[Imagen 2], observamos un grupo cercano de mujeres, íntimo, donde hay cercanía y tranquilidad. Podemos atestiguar la serenidad y la comodidad en la que están sumergidas, una apoyándose en la otra para poder mantenerse erguidas. Vemos un ejemplo de “sororidad” en la imagen, es decir, aquella fraternidad, amor, apoyo y solidaridad que se forma entre el género femenino.

La llorona [Imagen 3], nos muestra ese lado melancólico y triste de una mujer en búsqueda constante y pérdida absoluta. La mujer está sumergida en las sombras, pero a punto de ver la luz que la hará ser parte de un panorama mejor.

Finalmente, La sirena de Zirahuén [Imagen 4], nos muestra a una mujer disfrutando de un instante de libertad; un momento donde puede relajarse y soñar y en el cual puede sólo ser ella luego de un día largo de trabajo y siendo la cabeza de su hogar. Después de proveer le toca ser ella misma.

Para generar una mayor inmersión dentro de estas historias, y lograr las atmósferas planteadas, se desarrollaron cuatro piezas musicales, una para cada leyenda. Los resultados se publicaron a manera de videos en la plataforma YouTube y, en ellos, se pueden observar las fotografías y las piezas musicales a un tiempo. Gracias a esta exposición, y a la divulgación virtual que permite, fue posible saber la percepción e interpretaciones que el público tuvo sobre el trabajo que está representado en las Imágenes 5 y 6.

Dentro de las opiniones que los espectadores han hecho destaca la atracción producida por la fotografía gracias al uso de los colores. En el caso de Mometzcopinqui y La sirena de Zirahuén y la composición en la colocación de las figuras y demás elementos en Las curanderas y La llorona, las sensaciones que percibieron fueron muy cercanas a las establecidas inicialmente en el proyecto para comunicar. Mometzcopinqui transmitió movimiento, fuerza y furia; Las curanderas transmitieron sororidad, tranquilidad y paz, además de representar comunidad y unidad. La Llorona fue interpretada como una figura que emanaba melancolía, tristeza y angustia, representando para los espectadores aquella personificación de pensamientos que los atormentan. En La sirena de Zirahuén encontraron ensoñación, tranquilidad y equilibrio, se encontraron observadores de un momento íntimo de relajación después de un día ajetreado, un momento caóticamente hermoso.

Por último, todos aquellos que se acercaron a compartir sus pensamientos concordaron en un mismo punto: la música creada jugó un papel importante para generar la familiarización con el entorno, mostrando las emociones que emanaban de la relación con la imagen, los hacía conectar aún más con las figuras que observaban y les hacía más sencillo conectar con el texto fotográfico.

4. Análisis de la serie fotográfica

A continuación, se presentará el análisis de las fotografías realizadas para cada leyenda, este análisis está basado en la “Propuesta de modelo de análisis de la imagen fotográfica” del Dr. Javier Marzal Felici (2004), catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la Universidad de Valencia, España. A lo largo de este análisis se podrá observar que los elementos y las características mencionados para cada leyenda se adaptaron para generar una nueva interpretación en una performance visual, en donde se pueden observar diferentes aspectos de la construcción identitaria de la autora. Esta propuesta opta por dividir el análisis en cuatro niveles: contextual, morfológico, compositivo y enunciativo.

4.1. Nivel contextual

El nivel contextual recaba toda aquella información de la que se ha venido hablando a lo largo de esta investigación: el contexto histórico y cultural, además del estético, político, económico y todos aquellos elementos que nos puedan hacer comprender mejor el porqué de las decisiones tomadas y elementos que se eligieron. Con esto, se puede evitar cualquier tipo de distorsión en el análisis que pudiera ocasionar su desconocimiento (Marzal-Felici, 2004: 1).

Iniciamos con la observación de los nombres de cada fotografía que nos dicen explícitamente la leyenda que se está interpretando. Podemos observar el nombre de la autora, mujer mexicana que vive y genera obra actualmente. Las cuatro fotografías se ubican dentro del género narrativo, por lo que podemos decir que, no sólo se quiere mostrar la apariencia corpórea de la leyenda, sino que se pretende comunicar un mensaje: una perspectiva diferente de ella misma. La fotografía es digital. Se utilizó edición y corrección digital, por lo que observamos en las fotografías cierta modificación morfológica y de composición. Todo esto tiene que ver con la narrativa y la expresión de la autora. La óptica utilizada nos aproxima mucho a la forma en que la autora presenciaba el momento, y es capaz de transmitir acercamiento e intimidad aun usando encuadres con espacio negativo y, además, nos da contexto y nos acerca a la protagonista.

4.2. Nivel morfológico

El nivel morfológico comprende propuestas de diferentes autores que tienen la intención de describir y comprender el texto icónico. Algunos de estos son Donis A. Dondis (1976), Justo Villafañe y Norberto Minguez (1988). Por supuesto, destacan las ideas de la teoría gestaltiana de la imagen, como la ley de la figura-fondo, de la forma completa, de la buena forma, entre otras, con las que entendemos las partes individuales de la imagen constituyendo un todo, estas partes siendo elementos morfológicos como el punto, la línea, forma, textura, planos, color, etcétera (Marzal-Felici, 2004: 5).

La imagen de Mometzcopinqui contiene un carácter expresivo que se enfatiza por el uso de edición en cuanto a la forma, el color y la iluminación. La luz emana de la parte superior y la fotografía no contiene grano fotográfico. Está compuesta por ocho planos de profundidad y es un plano entero o figura. Cuenta con una composición sencilla que enfatiza la figura femenina central con la iluminación del cielo, los contrastes que se forman y las manos a su alrededor. Esta composición también muestra las características fantásticas que crean y abonan a la figura en la cuentística tradicional mexicana, en las que se hablaba de su transformación en fuego y en un ave. Se puede observar una mujer en el centro vestida de negro y cubierta con un trozo de tul rojo que hace entrever su apariencia. Es visible que está compuesta por múltiples fotos en posiciones diferentes, durante la sesión se utilizó el modo de captura en ráfaga mientras la modelo generaba movimiento con sus manos y la tela que la cubría. Nos muestra también un ambiente urbano. El encuadre nos mantiene alejados para poder observar una atmósfera completa, pero también nos acerca lo más posible a un ser místico.

En Las curanderas observamos un encuadre cerrado plano medio, en donde el punto central son los rostros de las tres mujeres rodeadas por árboles, naturaleza y luz. La composición es sencilla, los puntos de partida son ellas, luego te invitan a observar su alrededor. Es posible encontrar siente planos espaciales dentro de la foto. El color es muy uniforme, el ambiente natural se mezcla con el tono de su piel, vestuario y cabello, se utilizan elementos naturales como madera y piedras en sus accesorios para mimetizarse más con la atmósfera. Se enfatizan las líneas presentes en la forma de sus brazos y en los árboles y sus ramas. La edición cuenta con barridos producidos sobre las figuras y a sus lados, unificando el ambiente visual y textualmente. Para generarlos se seleccionaron sólo sus figuras, se copió y se aplicaron filtros de desenfoque de movimiento.

La llorona nos muestra su punto de enfoque en el rostro de una mujer con vestimenta blanca y textura. Cubierta por un velo blanco, con su cabello largo y suelto cayéndole por los hombros. Se pueden notar un abundante grano fotográfico, un encuadre medio y cinco planos espaciales. Observamos de nuevo la edición en el color, iluminación y formas. En ésta se enfatizan las líneas verticales y las líneas orgánicas que forman la figura. Al contrario de las dos interpretaciones anteriores, esta tiene un carácter expresivo triste, debido a la similitud de su descripción con un fantasma y por eso se eligieron tonos fríos azules. Además, incorpora, a través de ellos, características que están asociadas a esta figura como son los cuerpos de agua —ríos, lagos— y sus apariciones nocturnas. El fondo y los elementos que están a su alrededor nos conducen a un espacio cerrado, a un hogar que está en espera de algo.

Por último, en el autorretrato La sirena de Zirahuén vemos como punto de enfoque el rostro relajado y brazos de una mujer. Se observa que está dentro de una bañera, rodeada por una cortina que nos recuerda la intimidad que caracteriza el espacio. Además, en la escena se ven juguetes y un álbum con fotografías de un infante en el fondo. Se enfatizan las líneas horizontales de los objetos y sus brazos. La fotografía consta de cinco planos espaciales y el encuadre es un plano medio. Tanto el lugar como el color son elementos importantísimos ya que nos refieren un aspecto acuático y al mismo tiempo contemporáneo. El uso de la edición enfatizó los colores, los tonos negros y las sombras para producir mayor contraste. El efecto de barrido creado por filtros de desenfoque pretende transmitirnos el estado emocional en el que se encuentra la protagonista, un estado onírico en el que se separa de su presencia física.

4.3. Nivel compositivo

El nivel compositivo se refiere al análisis de la relación de la función que cumplen todos los elementos morfológicos cuando conforman la estructura interna de la imagen. Se analizan aquellos aspectos en los cuales se puede medir la articulación del espacio y el tiempo de lo que se representa en las fotografías, por ejemplo: la tensión, el ritmo, la perspectiva, la profundidad, etcétera (Marzal-Felici, 2004: 13).

Mometzcopinqui es una fotografía en la que se cuidan los elementos compositivos para generar una simetría imperfecta, donde el color, la iluminación y los contrastes formen una atmosfera, al mismo tiempo mística y urbana que nos acerque la leyenda al presente y humanice la figura de la bruja. Encontramos dinamismo, movimiento, sobras y tonalidades profundas que, si bien disminuyen un poco la nitidez de la imagen, abonan al concepto que se pretende mostrar. El recorrido visual inicia en la parte superior, gracias a la iluminación y la ubicación de las manos traslucidas, mientras desciende por toda la imagen. El campo de la fotografía no muestra totalmente la figura. También podemos observar que el espacio donde se desarrolla es abierto. En este sentido, la imagen nos ofrece una sensación de habitabilidad y aunque, inicialmente, la figura puede resultar impactante, su base y el entorno son de sobra conocidos. Para esta fotografía la pieza musical creada sumerge al espectador al centro de una danza ritual. Al ritmo de tambores y sonidos ambientales urbanos, la incorporación de instrumentos y sonidos de la música popular urbana actual articula el sentido místico-urbano del que hablamos anteriormente. La intención es representar y ofrecer la sensación de un tiempo extendido, la duración que tarda el personaje en hacer estos movimientos generados por la amalgama de imágenes que articulan la fotografía. El tiempo simbólico es el flujo de tiempo de una danza al atardecer, generando la sensación de transformación y cambio.

Las curanderas tiene un carácter menos fuerte y más uniforme. Es simétrica, los elementos se relacionan en composiciones triangulares que hacen eco en la tríada principal que son el grupo de mujeres, el color uniforme dentro de una misma gama de cálidos, iluminación y sombras tenues transmite una atmosfera relajada, suave y serena. Su recorrido visual inicia en el rostro del lado más iluminado, y se mueve de izquierda a derecha por medio de las miradas de las mujeres en la imagen. Al final se observa la atmósfera. Se puede intuir la acción, lo que hay a su alrededor y frente de ellas. En la fotografía se puede apreciar un espacio al aire libre abierto. En cuanto a la habitabilidad, la escena te muestra una cercanía íntima, que la pieza musical desarrollada por Romero intensifica, al ser una canción con un tiempo tranquilo, sonidos suaves ambientales y el uso de los mismos instrumentos de percusión que en Mometzcopinqui para acentuar que ambas figuras son brujas pero con cualidades diferentes. La duración es corta, apenas un momento que aparenta ser estático, un tiempo simbólico que representa una acción social y un espacio de acompañamiento y sororidad. De la misma manera pasa con su tiempo subjetivo, captura un momento fijo en el tiempo, pero muestra la conexión social entre las figuras.

La llorona resalta por su simpleza compositiva, formada por figuras rectangulares que rodean una imagen triangular. La austeridad en esta cuestión y en la puesta en escena general intensifica el sentimiento de abandono. Además, los colores, la iluminación y la gran cantidad de sombras acentúan esta emoción. Se genera un sentimiento de espera, gracias a que está posicionada justo al lado de una ventana. Su recorrido visual inicia en el costado iluminado del rostro de la Llorona que mira la ventana. El espacio que podemos observar es interior tanto porque se desarrolla dentro de una habitación como por las sensaciones que transmite. Al mismo tiempo, refleja un espacio abstracto fantasmal y profundo. Para su habitabilidad la pieza que se desarrolló fue una mezcla de géneros musicales mexicanos, conocidos por sus sonidos y letras melancólicas, asociados a la música ranchera que se acompañaron de ecos del llanto de una mujer como mecanismo intertextual. La duración se manifiesta como extendida, gracias a la unión de diferentes fotografías que se vuelven sombras de la figura en la imagen y sugieren un compás de espera. Subjetivamente se tiene la intención de capturar un flujo de tiempo; una espera eterna reflejada en la aparición fantasmal.

La sirena de Zirahuén tiene una composición dinámica. Los elementos que la componen conectan con puntos de intersección en los tercios y los elementos en la puesta en escena nivelan la imagen. El color, las sombras marcadas y la iluminación artificial remiten a la cualidad acuática con la que se relaciona una sirena. Su recorrido visual inicia en el rostro de la mujer, su mirada y sus manos guían la lectura hacia el lado izquierdo de la fotografía, nos permiten observar los demás elementos moviéndose en líneas horizontales que terminan en la cortina. Dentro del campo visual nos situamos en un baño, por lo que de íntimo representa y, gracias a ello, es posible intuir e imaginar lo que no se ve y lo que la rodea. La pieza musical creada para la habitabilidad de la imagen y la atmósfera descrita fue creada con sonidos ambientales urbanos: automóviles, ambulancias, animales, habitaciones continuas y el sonido constante de agua cayendo. Además, se usaron algunos sintetizadores digitales. Se puede notar una duración conocida, aquel mismo tiempo que toma ducharse en una bañera. El tiempo simbólico es un espacio de relajación y ensoñación, mientras que el tiempo subjetivo es el estado de relajación de una madre después de una jornada intensa.

4.4. Nivel enunciativo

El nivel enunciativo centra su atención en el estudio de los modos de articulación del punto de vista. Propone “[…] una batería de conceptos sobre los que reflexionar, desde el punto de vista físico, la actitud de los personajes, la presencia o ausencia de calificadores y marcas textuales, la transparencia enunciativa, los mecanismos enunciativos, hasta el examen de las relaciones intertextuales” (Marzal-Felici, 2004: 24), y finaliza con una interpretación global del texto fotográfico de carácter subjetivo.

En Mometzcopinqui la actitud del personaje demuestra confrontación y movimiento, ella se observa con el ceño fruncido y posiciones retadoras y de apertura física —brazos extendidos—, sin duda transmite una actitud rebelde, furiosa y fuerte. Está sola, danzando con una vestimenta ligera, lo cual demuestra la fuerza y seguridad que siente, lo aventurera y valiente que es.

Las curanderas muestran una actitud relajada y serena, invitan a acercarte a ellas, revelan una conexión. Las tres brujas visten prendas con colores que recuerdan a la naturaleza que las rodea, haciendo una conexión con ésta, dan una sensación de confianza y bienestar.

La fotografía de La llorona muestra una actitud muy marcada, el rostro revela dolor y tristeza, su lenguaje corporal y vestimenta refleja anhelo y melancolía.

La sirena de Zirahuén tiene una actitud que refleja total relajación, no refleja intenciones hostiles, es una figura que te invita a la intimidad y deja que se observe su vulnerabilidad. Su rostro, los colores y los elementos que la rodean son calificadores de la conducta anteriormente descrita.

En las cuatro fotografías son visibles las marcas textuales que nos remiten a la forma de enunciar de la autora, y nos evidencian su presencia y la forma de intervenir la percepción de la imagen que se observa. Estas marcas o sellos compositivos están asociados a la forma en que direcciona los movimientos y las posiciones de las modelos. Gracias a estos aspectos, las figuras de estas mujeres resaltan la manera en que sus manos están colocadas y el movimiento que ejercen. Al mismo tiempo, son un elemento expresivo altamente significativo en cada una de las fotografías. Llama la atención, también, el papel de la mirada, la elección de los encuadres y los ángulos en los que fueron tomadas las fotografías, la saturación y el uso del color para remarcar la expresividad de cada imagen. Podemos observar a mujeres distintas entre sí, rodeadas de elementos fuera de lo normal sumamente cercanas a la realidad que observamos.

5. Conclusiones

La herencia cultural transmitida y englobada en los relatos orales tradicionales tiene un valor importante en México. Puede notarse la influencia que tiene sobre la vida diaria de las personas, su forma de pensar y ver el mundo. La generación de obra artística que rescate elementos de la literatura tradicional seguirá produciéndose, ya que los artistas miran el pasado para entender su presente y, de alguna forma, seguir maravillándose con todo el imaginario cultural que está vaciado en estas historias. Además, este tipo de trabajos permite mantener vivas estas narrativas, y crean experiencias y conocimientos que se depositan en los nuevos medios y se divulgan en las plataformas digitales.

El resultado final fue la elaboración de cuatro vídeos en donde se observan las fotografías correspondientes a las leyendas seleccionadas y la musicalización elaborada para cada una de ellas. Este trabajo fue presentado en la VI Conferencia Internacional Científico-Técnica “Print, Multimedia and Web” llevada a cabo en Ucrania de manera virtual. La retroalimentación de los espectadores fue una sorpresa gratificante, pues al ser personas con contextos diferentes pudieron percibir los sentimientos y valores elementales que se construyen a través de las fotografías y se vinculan con rasgos culturales específicos. Al exponer el trabajo en la plataforma libre de YouTube, personas con los mismos contextos espaciales y temporales pudieron desentrañar e interpretar de una manera más completa y cercana el mensaje depositado por la autora, en el cual, explica la identidad cambiante de la mujer, sus símbolos y sus diversas características como elementos que expresan la individualidad de la mujer y vindican su lugar en el espacio cultural de nuestro país. Se puede decir que el mensaje y los cambios realizados en la interpretación de estás leyendas, que han forjado el crecimiento de la población mexicana, fue transmitido con éxito y esta “identidad imaginada” es compartida por otras féminas. En síntesis, las narrativas antiquísimas se pueden adaptar a los tiempos modernos, y dichas adaptaciones “desfuncionalizan” mecanismos de identidad y control hiperextendidos en la cultura popular, y vindican a la mujer desde un misticismo que repercute en la identificación de valores trascendentes asociados a la configuración de un nuevo concepto de mujer. ¶

Mometzcopinqui. Boceto.
Imagen 1.
Mometzcopinqui. Boceto.
Autoría propia (2021).

Las curanderas. Boceto.
Imagen 2.
Las curanderas. Boceto.
Autoría propia (2021)

La llorona. Boceto.
Imagen 3.
La llorona. Boceto.
Autoría propia (2021).

La sirena de Zirahuén. Boceto.
Imagen 4.
La sirena de Zirahuén. Boceto.
Autoría propia (2021).

Mometzcopinqui, Las curanderas y La llorona. Tríptico.
Imagen 5.
Mometzcopinqui, Las curanderas y La llorona. Tríptico.
Autoría propia (2021).

La sirena de Zirahuén.
Imagen 6.
La sirena de Zirahuén.
Autoría propia (2021).

Referencias

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Notas

1 En los dos apartados siguientes los autores analizan cuatro videos de la artista Jessica Ortega Díaz, producidos para la VI Conferencia Internacional Científico-técnica “Print, Multimedia and Web” de Ucrania [nota del editor].
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