JAPÓN OCULTO. Entrevista a Midori Ijima*
Dice que su edad es un secreto de Estado y no es fácil calcularla. Estudió en la Universidad Nacional de Tokio la carrera de Estudios Latinoamericanos. Es soltera y ha recorrido mucho Latinoamérica. Fue traductora de varias obras de Eduardo Galeano al japonés.
Nos enteramos de la llegada de Midori Iijima al país, a través de una amiga y nos propusimos entrevistarla, tarea difícil porque ella no tenía ningún interés. Nuestra persistencia triunfó pero no transó con las fotos para frustración de nuestro fotógrafo. Ella nos da una imagen de la sociedad japonesa poco conocida por estos lares y venciendo los estereotipos que podemos tener sobre esos otros orientales.
¿Cómo llega Japón a ser la potencia económica, tecnológica y política que surge desde las ruinas de la segunda guerra mundial?
Ciertamente ocurrió en pocos años, pero todo debajo de la protección norteamericana. La sociedad japonesa ganó a costa del sacrificio de los vecinos. La guerra en Corea del Sur, por ejemplo, facilitó a Japón el levantamiento industrial. También Estados Unidos en los primeros años promovió la reforma, pero a partir de los años cincuenta ya viene la revancha. Hubo una persecución masiva a los comunistas, cosa de la que no se habla mucho. Pero durante la década del cincuenta se marcó un retroceso. La democratización comenzó a partir del año 45. Pero a medias.
Junto con Corea son los dos exponentes del mundo occidental ahí en Asia. Ha tenido una historia convulsionada, con el bloque comunista y todo. ¿Cómo se vive en Japón eso?
El desarrollo en Corea del Sur, sobre todo en el sur, comienza mucho más tardíamente, a partir de las olimpiadas en el año 1988. Antes, Corea del Sur sufrió una dictadura tremenda, que es también parte del legado de la colonización japonesa. Japón ante Corea del Sur y ante China no ha saldado ni liquidado la deuda colonial. Ese es el punto de un nervio, y es un problema que no se haya logrado la paz en Asia del noreste.
La tensión con China sigue existiendo
Sí, sí. Independientemente de la potencia económica que tenga la China. Hoy en día tiene más potencia, pero desde las décadas del cincuenta y sesenta, los chinos eran mucho más generosos, es decir, no exigieron —como hoy en día— la deuda histórica entre Japón y China.
Compensaciones e indemnizaciones por lo que hicieron durante el período de ocupación
No sabría decir exactamente, porqué se suscribieron algunos tratados. En la diplomacia siempre, oficialmente, se resuelve alguna parte. Pero en los aspectos morales e históricos se queda intacta. Siempre la figura del emperador es una excusa para la sociedad japonesa. Es como si fuera una sociedad alemana o italiana sin lograr aniquilar a la figura del duce o del führer. Es el único país y la única sociedad que después de la segunda guerra mundial se quedó con ese símbolo dirigente.
¿Qué rol juega el emperador en la sociedad japonesa?
En la constitución que se logró en 1946, se dice que es un símbolo. Ese término, “símbolo”, es muy ambiguo en sí mismo. Últimamente el primer ministro, que es el nieto de un político conservador, quiere modificar todo y volver al emperador como jefe de Estado. Desde mi punto de vista es un retroceso.
¿Cómo se da que un país con una industrialización tan grande, la izquierda no ha tenido nunca peso en la vida política?
Existió una persecución en los años cincuenta, el llamado 'red purge’ Luego, a partir de la década del sesenta, el gobierno atrajo más a la población con un sueldo cada vez más alto, y con el contrato vitalicio de las empresas. La ideología siempre se basa en que si uno trabaja para su amo, entonces no te matan. La fidelidad a la autoridad pesa mucho en la sociedad japonesa.
¿Sigue esa concepción feudal, en definitiva?
A mi modo de ver, sí. Toda la empresa es una familia. Entonces, ¿para qué te rebelas a tu padre si tu padre te protege, te ama, te hace bien? Si sigues a tu padre, todos estaremos bien. Y así es la idiosincrasia.
Esa idiosincrasia se explica en el exterior con el respeto por el anciano
No necesariamente a los ancianos, sino a la autoridad, a los poderes.
Un país con poco territorio y mucha población tiene que tener una organización basada en el respeto a las órdenes. ¿Es algo que viene de siempre en la cultura japonesa?
No diría que de siempre. Muchas veces acá escucho que la cultura japonesa es milenaria y que acá son países más nuevos. Todas las culturas son milenarias. Hablando del Estado como Estado nación, moderno, Japón tampoco es milenario, sino de ciento y pico de años. Siempre hubo cultura feudal, pero con el proceso de modernización, a lo mejor se intensificó todavía más la dependencia a la figura del emperador. Con la restauración del poder imperial empezó todo el proceso de modernización, inclusive se puso más énfasis en la industrialización, y en las industrias pesadas sobre todo, para la guerra.
A nosotros nos llama la atención que un país de ciento treinta millones, en una superficie muy chiquita, sin casi recursos minerales, sin ejército…
Sí, sí tenemos ejército. Solo que se le denomina “fuerza de defensa”.
Pero después de la segunda guerra mundial quedó desmilitarizado.
Estados Unidos sí permitió ya desde hace cincuenta años que Japón tuviera una fuerza de defensa, cada vez más poderosa, con más equipamiento.
La industrialización genera una profunda diferencia de clases.
¿Dónde se expresan esas diferencias?
La diferencia marcada entre clases se ve muy claramente hasta el fin de la guerra. Y la mujer no tenía derecho a voto hasta 1945. Después de la derrota la sociedad empieza a levantarse desde cero, y durante la industrialización de los años cincuenta y sesenta se vio, menos brecha entre las clases. Eso explica también porqué la izquierda no ha tenido mucha fuerza, porque más o menos somos iguales, entonces no hay donde librar la lucha de clases.
¿Los niveles de insatisfacción entre la gente son altos?
Hasta la década del noventa, si uno trabajaba más, ganaba más. Y con contrato vitalicio, entonces puede proyectar tu futuro, y cuando tienen treinta años pueden ganar tal cantidad de sueldo, y se puede cotizar el seguro para la casa, etcétera. Hasta mediados de los noventa si uno trabaja bien y con mucha jornada, gana horas extras y puede proyectar su futuro. Trabajando hasta media noche. Y los hombres llegaban a la casa ya sin poder conversar con los familiares, porque todos están dormidos. Esa era la típica familia japonesa: el hombre trabaja y la mujer se dedica al hogar, con los hijos sin ver al papá, que trae la comida, y la familia por lo menos vive bien.
¿Cómo lo cambia el neoliberalismo?
Ahora los jóvenes no pueden ver su futuro, porque la situación ha cambiado mucho. Ahora te dan contratos de tres o seis meses. Tres años al máximo.
Transformó aquello que era para toda la vida
Es un cambio drástico. Los jóvenes no ven su futuro, no pueden casarse, tienen que vivir con sus papás, porque no pueden alquilar una vivienda.
¿Sigue siendo muy patriarcal la sociedad japonesa? ¿O la mujer ha logrado niveles de igualdad?
En la superficie sí, pero en lo profundo no. Por ejemplo, muchas chicas van a la universidad, pero eso no quiere decir que el mercado laboral es igualitario. En promedio las mujeres ganan un tercio del salario de los hombres.
¿Y a nivel político?
Mucho peor. Hay muy pocas legisladoras. Ahora mismo están hablando de la necesidad de una ley de cuotas. O si entran, son contratadas por el partido gobernante como una flor más. Involucran a las estrellas de televisión. Actrices.
¿Y a nivel académico cómo es el rol de la mujer?
Es difícil.
¿La sociedad no lo permite o la mujer tiene la cultura de geisha? No solo depende de las mujeres, sino de los hombres también. Japón no tiene cara, se conoce por las marcas. La sociedad no tiene cara visible al mundo exterior. Son siempre las marcas. Eso tiene que ver con la idiosincrasia, porque en Japón uno se acostumbra a ser igual que el prójimo, a no sobresalir, a no dar opiniones, sino a mirar al lado derecho e izquierdo para formar una opinión. Y mucho menos se dice “no”. Hablando de las mujeres siempre estamos en el lugar ciento cincuenta y algo en una lista de ciento setenta países. En los Derechos Humanos y en las condiciones de las mujeres estamos siempre al final.
¿En Derechos Humanos también?
Porque el gobierno no ratifica el tratado que prohibe la tortura, por ejemplo. Las Naciones Unidas siempre mandan recomendaciones al gobierno japonés, pero el gobierno lo ignora.
¿Es muy machista la sociedad japonesa?
Aparentemente no, pero en el fondo es otra cosa. No es abierta y eso es señal de autoritarismo, de paternalismo. Las chicas universitarias, cuando entran al mercado de trabajo, se enteran de la dificultad de ser mujer en Japón. Como estudiante te tratan más o menos igual, pero después se complica mucho, y hay muchos casos de acoso sexual. Si una mujer se embaraza, difícilmente sigue trabajando, porque no hay guardería, porque no tienes con quien dejar a tu bebé. Son difíciles las condiciones para la mujer, siempre gana menos que el hombre.
¿Qué porcentaje de las mujeres trabajan?
No pocas, pero con contrato fijo sí son pocas. Hay mujeres que trabajan en la caja del supermercado, pero les pagan nada más que por hora. O sea, no goza prestaciones, servicios, licencias, nada.
¿Cuál es el sueldo mínimo en Japón?
Alrededor de unos setecientos yenes por hora, o sea unos seis dólares.
¿Siguió copiando el modelo económico y cultural norteamericano?
Políticamente hablando ha estado bajo la protección de EEUU, siempre. Pero el modelo social no se ha copiado. Obviamente las mujeres norteamericanas tienen condiciones superiores a las japonesas. En Japón la única rama donde las mujeres logran su posición igualitaria con los hombres es en la docencia. O en los funcionarios públicos, pero poco.
¿No hay un movimiento feminista?
En los años setenta sí existió cierto movimiento feminista, quizás bajo la influencia norteamericana de esa época. Sin embargo hoy, si uno pregunta a la chica universitaria qué significa el término feminismo, a lo mejor no lo conoce.
Japón está globalizado, la información llega de todos lados.
Pero no les interesa. Hoy por hoy las chicas prefieren casarse. Es tan claro que si trabajas no te pagan bien, te acosan, te dificultan la vida, entonces mejor casarse.
¿Pesa mucho el tema religioso en Japón?
No. O mejor dicho, se pretende desconocer la religión. Si en la calle le preguntas a alguien común y corriente qué religión tiene, a lo mejor te dice que es budista, pero ninguno practica. Quizás una vez al año visita al templo. En Japón se mezclan las ideas religiosas, puedes ser budista y sintoísta a la vez, y cuando se casan de repente prefieren casarse en una iglesia. Y no me lo explico, pero el 24 de diciembre mucha gente sale a la calle para comprar pasteles, y no tiene nada que ver con su credo. La religión también está muy comercializada.
No son un país con vocación migrante.
En una época del siglo veinte sí.
En Brasil y en Perú hay colonias importantes.
En Manchuria también, pero más bien por la política.
No por ir a insertarse en el mundo.
Ahí tenemos que pensar en varias barreras, como el idioma. Hay algunos que se aventuran afuera. El caso de Yoko Ono, se ve como un bicho raro, no necesariamente es bien vista en la sociedad japonesa, porque ella es rebelde, y en la sociedad japonesa la rebeldía es un pecado mortal.
No se admite, va contra todos los parámetros.
De arriba abajo.
Sin embargo tuvieron el Ejército Rojo ahí en un momento.
Bueno, siempre existe la minoría (risas).
¿Hay mucha pobreza en Japón?
Hoy por hoy está aumentando la pobreza.
Japón ha apostado a la tecnología de punta. Ahora tienen competidores mundiales en todos lados, pero hubo un tiempo en que era prácticamente el centro tecnológico.
Muy significativo es cómo anda hoy la empresa Sony, totalmente endeudada.
¿Hacia dónde va la sociedad japonesa?
A la extinción.
Con ciento treinta millones es muy difícil que se extinga.
No de la noche a la mañana, pero hay cada vez menos hijos.
¿Se tiende a tener menos hijos?
Las mujeres de mi generación para arriba, si son profesionales, no crían hijos. Y a lo mejor no se casan. Entre mis mejores amigas, casi nadie tiene hijos. Casadas, pero sin hijos. De mi generación para abajo, ya empiezan a tener hijos y parejas, pero es bastante difícil, si se tiene un trabajo fijo. Por lo menos hasta mi generación tienes que elegir entre tener familia o tener educación.
¿Cuál es el promedio de natalidad? ¿Dos hijos o menos?
Era el promedio. Yo tengo un hermano. Hoy en día mis amigos que tienen hijos, muchas veces tienen solo uno, o no los tienen.
Tienen los parámetros occidentales de poca natalidad, como los países desarrollados. Porque el PBI de Japón es muy alto, debe ser uno de los más altos del mundo.
Las cifras oficiales no necesariamente representan la vida de la gente.
¿Cómo reciben al inmigrante?
No lo reciben. Ni a los refugiados. Por eso también en materia de Derechos Humanos es una sociedad cerrada sobre sí misma. Muy rara vez aceptan al refugiado.
¿Hay pocos extranjeros viviendo en Japón?
No pocos, pero muy maltratados. Sobre todos los asiáticos, que los traen…
Para hacer los trabajos que nadie quiere hacer. Son los turcos de Alemania.
Son sobre todo de los países asiáticos. Si se trata de europeos es totalmente diferente, porque son profesionales normalmente. En el caso de los asiáticos generalmente son mano de obra no calificada, que hacen cualquier trabajo, o los contratan como interinos para no pagarles sueldos oficiales.
¿Y cómo ven Latinoamérica, por ejemplo?
La imagen común y corriente es que está lejos. Hay fases diferentes, porque como en todo el mundo la Revolución cubana impactó a los jóvenes de entonces. Veo que había más interés en la generación anterior que en la generación actual. La actual tendría interés en el fútbol y cosas así, pero no tanto en la política.
Fujimori acercó bastante. Terminó refugiado en Japón cuando lo perseguía la justicia.
La prensa se calló absolutamente con el caso Fujimori. Él tuvo asilo en las casas de la élite política. La prensa no habló nada de él ni de sus crímenes. En términos de lesa humanidad, en Japón se desconoce totalmente. Del caso Fujimori no se habla.
Tu pronóstico de extinción no me suena realista.
Es que es mi deseo (risas.)
Vos optaste por la vida académica.
Porque es la única manera para que una mujer mantenga cierta libertad.
¿De dónde sacaste el espíritu libertario? ¿De la familia?
No. Yo no lo soy, pero mis papás son cristianos, lo que en sí ya es minoritario. En mi casa el principio del credo era muy rígido.
¿Te quisieron inculcar el cristianismo?
Sí, pero hasta en eso soy rebelde. Un par de veces fui a la clase dominical.
Y a nivel de la zona, ¿qué influencia tiene Japón? Con China cada vez más fuerte, un país de características similares a Japón podría ser Vietnam.
Creo que Vietnam tiene mucha más beligerancia, en política exterior. Tienen la experiencia contra China, en verdad milenaria, y tiene capacidad de desarrollar sus propias políticas, cosa que no tiene Japón.
¿Sigue pesando la influencia norteamericana en Japón?
Sí.
¿Es el estado cincuenta y dos en Asia?
Sí.
Sin embargo han tenido choques, desde el punto de vista comercial.
En los automóviles.
Políticamente hay afinidad, pero comercialmente no. ¿No produjo choques eso?
En todo caso ya son cosas del pasado. Quizás sigue exportando alguna cantidad de automóviles, pero no como antes. Hoy el conflicto en el campo comercial es el tratado de libre comercio. El partido gobernante cuando da discursos, dice que defendemos nuestra agricultura. Pero en la negociación a puerta cerrada, quién sabe qué dice. La presión por parte de EEUU rebasa la opinión pública.
El régimen es parlamentario y elige al primer ministro. A nivel sindical ¿Ha prosperado la organización?
Hoy ya casi no existe. Porque los jóvenes no quieren pagar su cuota ni afiliarse, porque es mal visto.
¿Por los patrones?
Uno de los sindicatos más combativos era el de profesores, pero cada vez la población magistral envejece más, y cada vez hay menos ingresos nuevos. Hoy en día solo se organiza un 20 por ciento. Hay otras agrupaciones pro patrones, pro partido gobernante. Hay agrupaciones, pero no son combativos.
¿Es muy individualista el japonés?
En cierto sentido sí. De hecho es una contradicción: es una sociedad colectiva pero a la vez muy individualista. Si algo te perjudica, no te atreves. Existe la autoridad, pero lo público no.
Sos una mosca blanca, un bicho raro. ¿Te sentís feliz en Japón?
No.
¿No has pensado en emigrar?
Ahí también viene una contradicción enorme, porque sí emigro, entonces con 99 por ciento de certeza tengo que vivir de ser japonesa: dando clases de japonés, que no me gusta, o vendiendo lo japonés, que tampoco me gusta. O sea, si uno va afuera de Japón, es todavía peor.
Muy pocas veces encontrás una persona con una visión crítica de la sociedad japonesa.
Porque no hay crítica.
Tu opción de quedarte en Japón es porque estás en la academia.
¿No dependés de nadie económicamente?
Por ahora no. Por ahí si mañana me despiden…
¿No tenés contrato vitalicio con la universidad?
Hasta hace diez años los docentes tuvimos contrato vitalicio, pero luego cambió la legislación. Hoy pagamos el seguro de despido, lo que quiere decir que eventualmente pueden despedirme.
¿De qué das clase?
Principalmente de español y, si me permiten, de historia y cultura latinoamericana, pero con muy poca resonancia.
¿Pocos estudiantes?
No tenemos cátedra de Estudios Latinoamericanos. Efectivamente la sociedad japonesa de hoy se preocupa cada vez menos por el afuera. Antes los jóvenes querían viajar. Quizás un viaje organizado por una agencia de turismo está bien, pero viajar solo se ve cada vez menos. Todas las universidades tienen que empujar a que vayan afuera, si no se quedan en su casa y chau.
Uno en Europa ve pila de japoneses, en grupo sacando fotos.
Sí, siempre en grupo está bien, pero andar solo… Eso no.
Los papás no te permiten.
¿La familia pesa mucho en la elección de las hijas?
Pero por una razón muy práctica: los jóvenes trabajan desde la mañana a la noche y no tienen oportunidad de conocerse. Hoy es buen negocio vender a los papás de los jóvenes los candidatos para su hija. Los padres se reúnen para conocerse entre ellos y, cuando se ponen de acuerdo, arreglan la entrevista de los hijos.
En China, por ejemplo, no quieren hijas mujeres. ¿Eso también pesa en la cultura japonesa?
La sociedad japonesa había recibido mucha influencia del confucianismo. Hoy en día tiene menos influencia, comparando con China, Vietnam y Corea. En esos países pesan todavía más los valores del confucianismo, que no se ve tanto en la sociedad japonesa. Otra característica particular de los últimos años es que las futuras mamás, prefieren tener niñas que niños, porque dicen que ahí la mamá y la hija se asocian más, comparten gustos, cosa que no necesariamente pasa con el hijo y porque cuando envejecen a lo mejor la hija te cuida. El hijo no te cuida, a lo mejor la nuera, pero está el cuento de siempre entre la suegra y la nuera, entonces prefieren a la hija.
¿Cómo llegaste a traducir a Galeano?
Un milagro que cayó del cielo. Siempre lo adoré, porque mi primer viaje fuera de Japón fue en el año 82, por nada más tres meses: un mes en México y luego en Perú y Bolivia. En México ya tenía algunas recomendados de amigos japoneses, algunos ya residentes en México, y me recomendaron como lectura obligatoria Las venas abiertas de Galeano y la Noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska. Los dos primeros libros que compré en la emblemática librería Gandhi, que hoy ya no lo es tanto. En ese entonces no sabía leer ni descifrar tanto, pero como un tesoro los coloqué en mi estante. Mi primera participación en su conferencia, si no me acuerdo mal, fue en el 89, cuando estuve unos días en Managua y tuvo lugar una feria de libros donde participaron varios escritores latinoamericanos de calibre, entre ellos él.
¿En el 89 después de la Revolución sandinista?
Precisamente para el décimo aniversario convocaron una feria de libros, y entonces quise aprovechar el momento. Por suerte coincidí con la presencia de Galeano, creo que ahí fue la primera vez que lo escuché. Después dio una charla en la Universidad de Panamá, que fue poco antes de la invasión. El décimo aniversario fue en julio del 89, y luego viene la invasión de papá Bush en diciembre. Poco antes de la invasión creo que vino a dar una charla a la Universidad de Panamá, y ahí también lo escuché. No me acuerdo si vino alguna vez a México, pero de esas dos veces me acuerdo muy bien. Luego en el año 92 una editorial me llamó y me propuso una prueba de traducción de un artículo suyo, lo acepté y me lo publicaron. Fue acerca del quinto centenario, en el año 92. Parece que fui aprobada como traductora, y seguidamente la misma editorial me propuso la traducción de trilogía completa de Memoria del fuego. Me encantó, para mí fue un gran honor.
Luego en al año 96, creo, estuvo en Standford, California, como profesor invitado, y yo tenía un amigo guatemalteco en San Francisco, y me avisó que iba a venir. Entonces arreglé mi viaje, y el amigo guatemalteco me llevó a verlo hasta un hall, y ahí sí, personalmente tuve la audiencia con él y la señora Elena. De vez en cuando le escribí y él me contestó, y así mantuvimos la correspondencia.
No debe ser un libro demasiado fácil de traducir.
En medio de la trilogía, también me tocó traducir Fútbol a sol y sombra, entonces en total son cuatro libros, y aparte me tocó traducir unos artículos para publicar en una revista.
¿Qué tanta difusión tuvo Galeano en Japón?
Creo que Las venas, que no fue mi traducción, tuvo más éxito. Pero la trilogía es mucho más amplia, y poca gente accede a leerla.
¿Cuál es el deporte favorito en Japón?
La lucha libre al estilo japonés. O el béisbol.
Eso es bien yanqui.
Sí, donde haya invasión de Estados Unidos prolifera el béisbol.
Y los McDonald’s.
Aunque curiosamente sufre un gran déficit, no sé qué pasó.
Después del desastre de Fukushima ¿hacia dónde van a apuntar desde el punto de vista energético? Ustedes dependían mucho de la energía atómica.
Una cosa es la realidad y otra la teoría o el pretexto que quiere montar el gobierno o la elite económica. Durante año y medio nos mantuvimos sin ninguna planta nuclear activada y la demanda no superó la oferta en electricidad. En teoría podemos sobrevivir sin la planta nuclear. Seis meses después del desastre, en la opinión pública aumentó mucho la opinión en contra de la energía nuclear y todavía sigue algún sector minoritario manifestando en contra, pero ya el gobierno ignora la oposición y tomó la decisión de reactivar las plantas nucleares.
¿De qué vivían, importaban petróleo?
Tenemos hidrocarburos y por los ríos.
¿Y eólica?
No mucho, apenas se está introduciendo. También hay cierta crítica sobre que las plantas eólicas generan contaminación sonora. Otra opción es la energía solar y pequeñas y medianas generadoras, como casas familiares, que pueden poner sus plantas en el techo e inclusive vender la electricidad. Pero para aniquilar la opinión en contra de la energía nuclear, las empresas de electricidad decidieron bajar el precio de compra. En un momento mucha gente quiso la planta solar, pero de repente no está al precio que esperaban, entonces desciende el interés.
¿América latina la recorriste prácticamente toda?
No toda, no conozco Venezuela, Paraguay, Ecuador, ni algunas islas caribeñas.