ENTRE PASIONES E INTERESES: LA PERCEPCIÓN FRANCESA DEL CONFLICTO PARA ARICA Y TACNA (1879-1929)1

BETWEEN PASSIONS AND INTERESTS: THE FRENCH PERCEPTION OF THE ARICA AND TACNA CONFLICT (1879-1929)

ENTRE PASSIONS ET INTÉRÊTS: LA PERCEPTION FRANÇAISE DU CONFLIT POUR ARICA ET TACNA 1879-1929)

LUCAS MAUBERT
Instituto de Estudios Políticos de Rennes, Francia

ENTRE PASIONES E INTERESES: LA PERCEPCIÓN FRANCESA DEL CONFLICTO PARA ARICA Y TACNA (1879-1929)1

Aldea Mundo, vol. 22, núm. 44, pp. 71-80, 2017

Universidad de los Andes

Recepción: 15 Agosto 2017

Aprobación: 15 Septiembre 2017

Resumen: El conflicto fronterizo entre Chile y Perú, para las provincias de Arica y Tacna después de la Guerra del Pacífico (1879-1883), marcó las relaciones entre ambos países durante casi medio-siglo. Chile debía administrar dichas provincias durante diez años hasta la realización de un plebiscito para determinar su soberanía definitiva. Sin embargo, la votación nunca se efectuó y las provincias fueron separadas en 1929. El propósito de esta investigación es analizar la percepción francesa de este litigio fronterizo; mostrando como Francia defendió sus intereses en la región con la adopción estratégica de una posición de neutralidad. No obstante, a causa del clima de violencia, estuvo obligado a gestionar los intereses peruanos en los territorios en disputa durante varios años. La historia de este conflicto es representativa de la evolución de la influencia internacional francesa en aquélla época.

Palabras clave: Frontera, violencia social, nacionalismo, plebiscito, chilenización.

Abstract: The border conflict between Chile and Peru, for the Arica and Tacna provinces, after the Pacific War (1879-1883), marked the relations between those two countries during almost half a century. Chile was supposed to administrate those districts for ten years, until the accomplishment of a plebiscite in order to decide their definitive sovereignty. However, the election never took place and the two provinces were separated in 1929. The purpose of this research is to analyze the French perception regarding that border litigation and showing how France defended its interests by the strategic adoption of a neutrality policy. Nevertheless, because of the atmosphere of violence, France was forced to handle Peruvian interests in the disputed territories for several years. The history of that conflict is representative of the evolution of the French international influence at that time.

Keywords: Border, social violence, nationalism, plebiscite, chilenization.

Résumé: Le conflit frontalier entre le Chili et le Péroupour les provinces d’Arica et Tacna après la Guerre du Pacifique Le conflit frontalier entre le Chili et le Pérou pour les provinces d’Arica et Tacna après la Guerre du Pacifique (1879-1883) a marqué les relations entre ces pays pendant près d’un demi-siècle. Le Chili devait administrer ces provinces pendant dix ans, jus qu’à réaliser un plébiscite devant déterminer leur souveraineté définitive. Toutefois, le vote n’eut jamais lieu et les deux provinces furent partagées en 1929. L’objet de cette étude est d’analyser la vison française de ce litige frontalier, montrant comment la France a défendu ses intérêts dans la région par l’adoption stratégique d’une position de neutralité. Toutefois, en raison du climat de violence régnant dans les provinces, elle fut amenée à gérer les intérêts péruviens dans ces dernières pendant plusieurs années. L’histoire de ce conflit est représentative de l’évolution de l’influence internationale française à cette époque.

Mots clés: Frontière, violence sociale, nationalisme, plébiscite, chilénisation.

Introducción

Las consecuencias de la guerra del Pacífico (1879-1883) entre Bolivia, Chile y Perú marcaron las relaciones internacionales sudamericanas y la emergencia de un largo conflicto diplomático para las provincias de Arica y Tacna. Dicho conflicto se origina en el Tratado de Ancón del 20 de octubre de 1883 que oficializa la cesión de Tarapacá a Chile y plantea que los territorios de Arica y Tacna sean administrados por Chile durante diez años, y la realización posterior de un plebiscito local para determinar su soberanía definitiva. Sin embargo, esta votación nunca se efectuó, y su organización causó divergencias fundamentales entre los ex-beligerantes. Casi medio-siglo después, una solución es finalmente encontrada con la firma del tratado de Lima el 3 de junio de 1929 que devuelve Tacna al Perú, mientras que Chile retuvo a Arica.

Si bien el plebiscito nunca se realizó, la sombra de su organización generó un clima de conflictos de intereses y actos de violencia nacionalista entre las poblaciones locales, calificado como pax castrense por Sergio González Miranda (2004a). Además de la lucha por las riquezas mineras del desierto de Atacama, estas tensiones fronterizas fueron la consecuencia de una voluntad de afirmación nacional e identitaria en un espacio regional en mutación. La historiografía tradicional del siglo XX, sobre este tema, fue marcada por una cierta visión patriótica; sosteniendo en general la posición diplomática de cada país.

La presente investigación tiene como propósito interesarse en la percepción francesa de la cuestión de Arica y Tacna por varias razones. La primera es que Francia no estaba involucrada directamente en la disputa territorial; lo que posee el interés de mostrar la visión de un actor exterior y ofrecer otra perspectiva al análisis de los acontecimientos ocurridos durante esta disputa territorial. La segunda es que a pesar de no haber tomado parte en el conflicto, este país – una de las mayores potencias mundiales a fines del siglo XIX – tenía intereses que defender en la región, lo que influenció su estrategia diplomática. La tercera razón tiene que ver con las relaciones culturales y políticas forjadas entre las Repúblicas latinoamericanas y Francia desde el tiempo de las independencias: en este período Francia intenta difundir sus ideales en el mundo, tratando de atribuirse un rol de referencia moral en las relaciones internacionales (Bernstein y Milza 1994: 46). Finalmente, nos permite estudiar la evolución de la influencia internacional francesa en esta época, en particular en América Latina, cuestionando la afirmación de Denis Rolland (2000: 9) según la cual:

Desde las Revoluciones de Independencia y el nacimiento de los Estados-naciones americanos hasta nuestros días, América Latina hubiera cambiado progresivamente de esfera cultural, largando las amarras de una Europa envejecida y anclada, en particular Francia, en un pasado fastuoso.

De este modo, se estudiará como Francia adoptó una posición estratégica de neutralidad respeto a este conflicto para defender sus intereses económicos y políticos en esta región del mundo; al igual que otras grandes potencias industriales. Se analizará también cómo la evolución de la disputa territorial obligó este país a involucrarse, encargándose de los intereses peruanos en Chile durante los periodos de tensiones locales.

1. La colonia francesa en Chile y el surgimiento de la cuestión de Arica y Tacna

Debido a su posición geográfica particular, Chile recibió menos inmigrantes europeos que otros países como Argentina o Brasil. Frente a esta situación el gobierno chileno trató de atraer inmigrantes, gracias a agencias de colonización en Europa y a campañas de publicidad. En el imaginario de las élites locales, el elemento europeo era considerado como el más apto para la colonización (Zea: 1976) de los territorios adquiridos– tanto en el norte como el sur – por Chile. Esta política tuvo como consecuencia el aumento de la población francesa en su territorio nacional a fines del siglo XIX, un hecho facilitado, como lo señala Sarget, gracias a las disposiciones de adquisición de la nacionalidad chilena facilitadas por el Estado chileno en esta época (1996: 51). No obstante, este movimiento migratorio empezó a disminuir pocos años después como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. Se puede observar que la proporción de franceses en el total de extranjeros en Chile bajó significativamente llegando a 57 en las provincias de Arica y Tacna según el censo del año 1907. El hecho de que se hayan mantenido oficinas consulares en el norte de Chile, donde pocos franceses se mantuvieron, demuestra la importancia diplomática que tenía esta región en aquella época.

A pesar del tamaño reducido de la colonia francesa en Chile, su presencia se destaca por su importante actividad comercial, llevando Blancpain a afirmar que los franceses en Chile “no se cuentan, pero se pesan” (1999: 128). Además, existe en esta época una gran cercanía cultural entre Francia y las Repúblicas latinoamericanas desde el tiempo de las independencias. La mayoría de las élites del continente adoptaron pensamientos heredados de la Revolución Francesa y consideraron Francia como una referencia moral y cultural. Tapié habla de “impregnación de Francia de las élites” latinoamericanas (1945: 264). Esto va a perpetuarse gracias a los numerosos viajes de estudios hacía París, la difusión de literatura francesa o la adopción del estilo de vida parisino: aparece entonces en aquella época un afrancesamiento de las élites (Rolland, 2000).

Tabla 1
Los franceses y los extranjeros en Chile (1885-1930)
Los
franceses y los extranjeros en Chile (1885-1930)
Fuente: Elaborado a partir de Escobar (1926), Censos generales de la población de Chile (1885,1895, 1907, 1920 y 1930) y varios informes consulares, Archivo Diplomático de Nantes (ADN), Fondo Santiago de Chile – Vol. 29.

La historia del siglo XIX en América es una historia de países en búsqueda de afirmación nacional en un espacio regional en mutación económica y política: Es entonces entre países marcados por la influencia francesa que surge el conflicto entre Chile, Perú y Bolivia. La violencia en la campaña militar fue extrema. A modo de ejemplo, durante la batalla de Tacna, el 26 de mayo de 1880, varios franceses fueron amenazados y numerosos tacneños se refugiaron en la agencia consular francesa, de los cuales tres militares peruanos fueron sacados y fusilados por el ejército chileno. Un año después, mientras que las tropas chilenas ocupaban la ciudad de Lima, el Ministro francés en el Perú criticó la actitud de Chile, a pesar de la neutralidad francesa en la guerra “los chilenos quieren tener el Perú a sus pies, rogando por gracia, y aún, ¿estarían satisfechos?2”. Finalmente, Chile venció a sus adversarios y fortaleció su convicción de superioridad en comparación a sus vecinos andinos (Blakemore, 1991: 15), pero será el tratado de paz firmado con el Perú en 1883 el que dará lugar al litigio para Arica y Tacna. El tratado de Ancón permitió que Chile se adueñara de la provincia salitrera de Tarapacá y estipulaba, en su artículo 3, que Arica y Tacna seguían poseídas por Chile durante un término de diez años. Expirado este plazo un plebiscito tenía que decidir sobre la soberanía definitiva de dichos territorios, pero el protocolo especial de organización del plebiscito no fue redactado al mismo momento. La diferencia de apreciación de los términos del tratado en relación con el plebiscito fue el punto de origen de la disputa territorial. Por su parte, como Francia poseía intereses de créditos en la deuda del Estado peruano, se opuso, al igual que otras naciones europeas, al tratado de Ancón.

Planificado para el año 1894, el plebiscito se atrasó a causa de las divergencias fundamentales de apreciación por parte de los ex-beligerantes (Yepes, 1999) en cuanto a la capacidad para votar: Chile quería que cualquier residente sin distinción de duración o nacionalidad pueda votar, mientras que el Perú imponía que solamente lo ciudadanos originarios de las provincias de Tacna y Arica pudieran votar. El modo de votación elegido tendría efecto en los resultados, mientras que el Estado chileno estaba realizando un proceso de colonización de los territorios nuevamente adquiridos. Al mismo tiempo, ambos países vivían situaciones interiores complicadas, con inestabilidad política e insurrecciones, como la guerra civil chilena del año 1891 o la inestabilidad financiera y gubernamental en el Perú. Además, ese último se encontraba en una situación financiera complicada, lo que sirvió la argumentación chilena para posponer el plebiscito ya que el ganador del plebiscito debía entregar la suma diez millones de pesos al otro en compensación. Por su parte, los oficiales franceses eran favorables a la realización del plebiscito, pero se dieron rápidamente cuenta, en carta del 20 de noviembre de 1900, de que ambos países no iban a ceder: “Es obvio que el Perú nunca ha pensado en abandonar parte de la provincia de Tacna y Arica y que Chile siempre tuvo la intención de eludir las cláusulas del artículo III del tratado de Ancón”. En particular, estaban convencidos que Chile podría negociar Tacna pero que nunca iba a ceder el puerto de Arica. El rechazo en 1901 por parte de los diputados chilenos del protocolo Billinghurst- Latorre – firmado en 1898, estableciendo un arbitraje de la Corona Española – demostró que la disputa territorial iba a necesitar muchos años para resolverse. Además de la dimensión bilateral de este conflicto, la voluntad de Bolivia de encontrar una salida marítima, alimentada por el tratado de transferencia pactado con Chile en 1895, dio una importancia internacional mayor a la cuestión de Arica y Tacna.

2. Los intereses de Francia y su neutralidad estratégica

Mientras que la cuestión de Arica y Tacna tomaba cada vez más fuerza en el debate internacional, Francia tuvo que adoptar una posición respecto a este asunto, para defender sus intereses en los territorios en disputa de la forma la más eficiente posible. Adoptamos la definición de Rajchenberg y Héau-Lambert que no consideran el territorio como un dato sino como una construcción socio-histórica, un objeto de representaciones sociales que se convierte en un espacio de identidad o de identificación (2006). Los espacios fronterizos, como Arica y Tacna, constituyen entonces áreas pertinentes para el estudio de la identidad de una nación. La ley del 31 de octubre de 1884 considera como provincias de la República de Chile los territorios de Arica y Tacna; transformándolos en parte integrante del territorio nacional. La división administrativa era jerarquizada: las informaciones de las Subdelegaciones y Gobernaciones tenían que transitar por la Intendencia de Tacna en su camino hasta Santiago. Chile inició desde entonces una política de chilenización de los territorios, para atraerse las simpatías de las poblaciones locales y ganar el plebiscito. Con su alejamiento del centro del país y su carácter desértico, esta región no era tan esencial para el Estado en términos de población o de riqueza, sino como herramienta geopolítica. Estos territorios sirvieron como zona de protección para las de Tarapacá y Antofagasta, donde se situaban las inmensas reservas de salitre y de cobre, donde muchos países tenían intereses económicos, en particular Francia.

Con el desarrollo industrial que conoce Europa en el siglo XIX, su población crece de manera importante y aumenta sus necesidades agrícolas: nuevas máquinas son creadas y los descubrimientos en química llevan a la producción yuso de abono para duplicarlos rendimientos. Estas necesidades eran satisfechas anteriormente con el guano peruano, pero los Europeos, de los cuales Francia era uno de los más importantes compradores, empezaron, a partir de los años 1880, a importar nitratos de manera masiva (Fernández-Domingo, 2006: 31). Durante el ciclo del salitre, el mercado francés representaba entre 10 y 22% del consumo mundial. Tomando en cuenta que los nitratos representaron durante este periodo la principal exportación chilena, se puede notar una doble- dependencia entre Chile y Francia en este momento: dependencia financiera del Estado chileno que sacaba la mayoría de sus ingresos públicos de la exportación del salitre, y dependencia del Estado francés para abastecer sus agricultores y servir a la alimentación de sus 40 millones de ciudadanos. Este hecho puede notarse por el perfil de los diplomáticos franceses en Chile: por ejemplo, en 1902, el señor Promorat, ingeniero de la Compagnie des Salitres d'Antofagasta, fue nombrado Cónsul en esta ciudad. Además, el desarrollo industrial permitió que las grandes potencias de la época se dotaran de nuevos equipamientos urbanos, aumentado sus necesidades en cobre. Este recurso tomó desde entonces cada vez más peso en las exportaciones chilenas, y cerca del 10% de su producción se hacía gracias a capitales franceses antes de la Primera guerra mundial.

Empresas francesas fueron directamente afectadas por la guerra entre el Perú y Chile, porque tenían masivos intereses financieros en la región, como la compañía Dreyfus Frères & Co., que optó por demandar al Estado Peruano, porque los títulos mineros que había adquirido no eran reconocidos por Chile cuando este último conquistó las provincias de Tarapacá y Antofagasta (Novak Talavedra, 2005). Para resolver esta situación, se firmó un protocolo, llamado Errazuriz-Bacourt, el 23 de Julio de 1892 entre Chile y Francia, para la constitución de un tribunal arbitral y la restitución de catorce millones de pesos a Francia por parte del Estado chileno. Esta situación de inestabilidad obligó a las autoridades francesas en Chile y Perú a quedar muy atentas a la evolución de la situación entre ambos países, para que ambos pagaran las sumas reclamadas por la empresa comercial francesa: De los numerosos juicios atentados por la compañía, y apoyados por el Gobierno francés, en contra de los Estados chileno y peruano, solamente resultaron resueltos durante los años 1920.

Durante el siglo XIX, un período de estructuración del capitalismo y de competencia económica entre las cuatro grandes potencias industriales – Inglaterra, Alemania, Francia y Estados-Unidos – que representaban cerca de la mitad del comercio mundial (Braudel, 1993), Francia trató de aprovechar la mirada favorable de las élites latinoamericanas para hacer negocios en esta región del mundo. Un ejemplo emblemático de esta presencia es todavía visible con la catedral y la ex-aduana de Arica, diseñadas por los talleres Eiffel y construidas cuando la ciudad pertenecía todavía al Perú. Sin embargo una disimetría existe entre la representación cultural francesa y su peso económico y político en América latina (Siegfried, 1932). El caso de la celebración del Centenario de Chile en 1910 es emblemático en este aspecto del pensamiento francés. Hubo un debate en la colonia francesa en Chile sobre la manera de participar a las festividades, entre una exposición de productos de la industria francesa o la edificación de un monumento cerca del museo de Bellas-Artes de Santiago, esta última opción siendo finalmente elegida3. En esta época, Francia considera su influencia cultural como suficiente para ganar mercados y posiciones políticas, pero se preocupa más de su imperio colonial en África y Asia e invierte muy poco en América latina en comparación de sus rivales (Fernández-Domingo, 2006: 21), en particular de Estados-Unidos que van a aprovechar del espacio dejado por las potencias europeas con la Primera Guerra Mundial para construir un liderazgo económico en la región.

Respecto a la disputa bilateral entre Chile y Perú, los diplomáticos franceses adoptaron entonces una política muy clara: Defensa de los intereses de las empresas francesas y neutralidad absoluta en el litigio territorial. Esta voluntad de neutralidad absoluta se ilustró en 1892 cuando el Cónsul de Francia en La Paz, el señor Wiener, intervino de manera confidencial con el presidente boliviano, Mariano Baptista, sugiriendo que Francia prestara dinero a su país para la compra de las provincias de Arica y Tacna a Chile. Semanas después recibió una carta de amonestación, de fecha 2 de noviembre, por parte del Ministro de Relaciones Exteriores Francés, Alexandre Ribot: “usted se ha expuesto a comprometer, sin autorización, la acción política de su gobierno en las dificultades territoriales de las que la solución puede interesar su país de residencia y los Estados vecinos”. Este episodio da la confirmación que un Estado no es un órgano homogéneo, sino un conjunto heterogéneo de personas, con sensibilidades y percepciones diferentes; lo cual puede inducir variaciones de posiciones entre miembros de un mismo cuerpo diplomático. Pocos años después, en 1895, Chile solicitó arreglar el litigio Dreyfus en contra de la posesión definitiva de Arica y Tacna, al cual el Estado francés se negó. La incertidumbre creciente sobre la resolución de este asunto llamaba cada vez más a los diplomáticos extranjeros a actuar con prudencia.

Esta política puede ser analizada más desde una perspectiva del realismo político que de una visión idealista o moral. A pesar que los oficiales franceses compartían la lectura peruana del tratado de Ancón y una cercanía política, haber tomado partido en la disputa territorial hubiera arriesgado las posiciones comerciales francesas en la zona, y la doctrina Monroe, editada por los Estados-Unidos, impedía todo tipo de intervención europea en América latina. En este sentido, el estudio de la disputa para Arica y Tacna es relevante no solamente para el estudio de las relaciones entre los países latinoamericanos sino también porque se inserta en un balance de fuerzas entre grandes potencias industriales.

Ya desde el fin de la guerra de la guerra del Pacífico, Chile trata de ejercer su soberanía política en Arica y Tacna, con el objetivo de convertir los habitantes locales a su causa en la óptica del plebiscito (Palacios, 1974). El propósito de las autoridades chilenas era de administrar eficientemente las zonas adquiridas con la implementación de lo que Jammet llama signos ostentosos de modernidad4 (2007) para integrarlas al resto de la comunidad nacional y obtener la aprobación local para ganar la votación. En paralelo a las inversiones públicas favorecidas por el desarrollo de la industria salitrera, el Estado favorecía la migración de chilenos hacia el norte del país para cambiar la situación demográfica, lo que favorecía el estancamiento del conflicto. Hay desde entonces una doble-estructuración física e identitaria de las provincias de Arica y Tacna conocida como “chilenización” y pensada para integrar las poblaciones locales. Ya en 1901, el Ministro de Francia en Lima entendió cuáles eran las intenciones de Chile con esta política chilenizadora:

Hay que temer […] que la Chilenización de las dos provincias de Tacna y Arica sea en unos años un hecho irreversible, por la substitución al elemento indígena de una población completamente devota a Chile. En estas condiciones, este sería el primero en insistir para un plebiscito del cual no tendría nada que asustarse, y al cual se niega por ahora.

Los diplomáticos franceses eran conscientes de que la acción política del Estado chileno iba a ser cada vez más exitosa con el tiempo. En los primeros años de chilenización, existía una cierta coexistencia pacífica entre peruanos y chilenos en Arica y Tacna, antes de que las tensiones locales se fortalecieran a causa de la propaganda plebiscitaria y nacionalista, de la resistencia de poblaciones peruanas o de la incertidumbre sobre el modo de votación. Compartimos entonces el análisis de González Miranda (2004a), según el cual el cambio de soberanía no era fundamentalmente problemático al nivel político-administrativo, sino al nivel socio- cultural, y que califica esta nueva situación como pax castrense (Valdes Tapia, 1987): una paz sin amistad en un territorio ocupado por otro Estado, induciendo una violencia simbólica o física nacida de una dicótoma amigo/enemigo. La presidencia peruana de Augusto Leguía a partir del año 1908 con un discurso nacionalista basado en la recuperación de las provincias “cautivas” va a incrementar las tensiones entre los ex-beligerantes. Según el mandatario peruano, el incumplimiento de la cláusula III del tratado de Ancón en 1894 lo convirtió en un documento obsoleto: Chile no solo tenía que devolver las provincias de Arica y Tacna, sino también la de Tarapacá. El mismo año, las relaciones diplomáticas chileno-peruanas sufrieron una crisis resultante del episodio conocido como “incidente de la corona”, en el cual el otorgamiento de una corona de bronce por parte el Ministro chileno en el Perú, José Miguel Echenique Gandarillas, para celebrar los soldados caídos durante la guerra, fue rechazado por el gobierno de Lima.

3. De la chilenización a la desperuanización: Francia y la protección de los intereses peruanos en Chile

La resistencia de las poblaciones locales obligaron a Chile a endurecer su política chilenizadora, al final de la primera década del siglo XX, con un proceso de asimilación, es decir por cualquier medida ayudando a la desaparición de elementos de distinción de ciudadanía peruana. En este período la nación es concebida como una comunidad imaginada, compartiendo símbolos, códigos y tradiciones (Anderson, 1993). De esa manera, las autoridades usaron varios recursos para influir en las poblaciones locales a favor de la causa chilena, en particular la escuela (cierre de las escuelas peruanas, enseñanza de la historia, del himno chileno, etc.), el servicio militar o la celebración de fiestas patrióticas chilenas como el 7 de junio o el 18 de Septiembre. En paralelo, las Ligas Patrióticas, clubes xenófobos nacionalistas chilenos, procedían a una “desperuanización” en todo el país con expulsiones de ciudadanos peruanos, censura, destrucción de imprentas, intimidaciones e imposición de los símbolos nacionales (Gónzalez Miranda, 2004b). Por lo tanto, la chilenización era una política asumida por el gobierno y la desperuanización era resultante de la acción violenta de grupos nacionalistas que se revelaron actuando en contra de los intereses del propio Estado chileno, porque debilitaban su posición diplomática, aunque en muchos casos las Ligas se beneficiaron de la inacción o del apoyo tácito de las autoridades. Existe un paralelo claro entre el fortalecimiento de las medidas chilenizadoras y el empeoramiento de las relaciones chileno-peruanas. La expulsión de los sacerdotes peruanos en 1910 dio lugar a una ruptura diplomática entre Chile y el Perú; dejando flotar en el aire durante varios años la sombra de un nuevo conflicto armado, así lo muestran ciertos informes diplomáticos franceses temiendo una anexión simple de las provincias de Tacna y Arica.

El estallido de la Primera Guerra Mundial tuvo múltiples consecuencias, no solamente en Europa, sino también en el conflicto para Arica y Tacna. Al nivel económico, la guerra entre las potencias europeas dejó espacio para la penetración financiera e industrial del subcontinente latinoamericano por parte de los Estados- Unidos. Como previamente analizado, la entrada en guerra de Francia frenó sus inversiones capitalistas y migraciones hacía América latina de manera drástica, y los viajes de las élites locales hacia París fueron interrumpidos. Además, Francia cerró varias agencias consulares; lo cual significó una ausencia diplomática prolongada dado que ciertas agencias abrieron nuevamente varios años después del fin de las hostilidades. En consecuencia, el crédito internacional de Francia se hizo frágil a causa de su incapacidad de vencer sola a Alemania y, al contrario, el crédito de los Estados-Unidos se encontró, en este momento, a su apogeo. El conflicto armado mundial debilitó entonces de manera estructural las posiciones francesas del otro lado del Atlántico, tanto en términos de presencia física como de influencia.

A partir de 1917, Perú se unió a la causa de losAliados, inspirado por los ideales enunciados por el presidente Wilson al momento de la entrada de los Estados-Unidos en guerra (Basadre, 1983: 416), mientras que Chile mantuvo una posición de neutralidad. Con Wilson, predomina el concepto de idealismo en las relaciones internacionales y el Perú encontró con los “catorce puntos” del presidente estadounidense4 elementos que justificaban sus pretensiones territoriales hacía su vecino sureño. Es la conjunción de una paz mundial y el fin de las ocupaciones territoriales por el uso de la fuerza lo que incitó al Perú a creer en la devolución de las “cautivas” (González Miranda, 2008: 63). El conflicto europeo sirvió para la construcción del discurso idealista peruano, asimilando en su retórica política la cuestión de Arica y Tacna – e incluyendo Tarapacá – a la de Alsacia-Lorena, cedida en la guerra franco-prusiana de 1870 y devuelta a Francia con el tratado de Versalles en su artículo 275. El Perú pensó en aprovechar el ambiente político internacional de posguerra para hacer prevalecer su posición en la disputa territorial con Chile. Para los dirigentes peruanos – en particular Augusto Leguía, de vuelta a la presidencia para su oncenio – si la cuestión de Arica y Tacna era equivalente a la de Alsacia-Lorena, Chile era asimilado a Alemania con su apoyo tácito debido a su neutralidad en la guerra y Perú a Francia. Como Alemania había sido declarada culpable de la guerra en el tratado de Versalles, Chile tendría entonces la misma obligación de devolución territorial. La denominación de Arica, Tacna y Tarapacá como “cautivas” en el discurso peruano suponía la idea de la restitución de las provincias como un imperativo moral, tal como la situación de los prisioneros de guerra, lo que ayudó a la deshumanización del otro (del ciudadano chileno) en palabras de González Miranda (2004a). Por su parte, Chile había adoptado una política exterior de tipo realista, negociando varias opciones para resolver el conflicto, incluso la entrega provincias a Bolivia mediante el tratado de transferencia de 1895. El uso de la guerra europea en la construcción discursiva en torno al conflicto bilateral chileno-peruano incrementó el clima de pax castrense reinante entre ambas naciones.

El término de la guerra mundial coincidió con un periodo de aumento de las violencias en las provincias disputadas entre Chiley Perú. Elaño 1918 marcó entonces una triple-ruptura: ruptura económica con la crisis del salitre, ruptura social con la expulsión de ciudadanos peruanos por parte de las Ligas Patrióticas y ruptura diplomática entre Chile y Perú. La industria salitrera en Tarapacá, que en este momento formaba parte de la disputa chileno-peruana por el cuestionamiento peruano del tratado de 1883, estaba en este período afectada por una notable crisis, debida a la disminución de la demanda europea después de la guerra y al aumento de la producción de nitratos sintéticos. Esta crisis salitrera llevó al despido de numerosos empleados peruanos en todo Chile, independientemente de la nacionalidad de los capitales, como lo ilustran telegramas consulares franceses del 10 de diciembre de 1918 y del 1° de abril de 1919:

18.000 Peruanos Tarapacá. Crisis nitrato probable. Obreros ferrocarril infelices. Despidos bajo presión compañeros chilenos, que capitales estén franceses, ingleses y belgas, lo que explica número considerable sin trabajo. Me conformaré instrucciones Gobierno peruano y reduciré idas, pero considero provisión de mil libras indispensable.

Debo hacer constatar que pude observar que todas las casa extranjeras, Francesas como Inglesas o Americanas, se apuraron para dar satisfacción a la Liga [Patriótica de Valparaíso] y, obedeciendo entonces a motivos obvios, hicieron acto de contrición, no hesitaron en despedir sin ninguna indemnización empleados u obreros de los cuales estaban muy satisfechos.

El fin del año fue propicio para las violencias nacionalistas, favorecidas por la crisis salitrera: el año 1918 constituye el apogeo de la acción de las Ligas Patrióticas, en particular en la región de Tarapacá, según comunicaciones del Consulado francés en Iquique: “Llegan diariamente de la pampa y de los puertos de Caleta Buena, Junin y Pisagua pobres peruanos que han sido golpeados y despojados. La Autoridad de la pampa es impotente para impedir los atentados que se producen todas las noches” (3 de diciembre de 1918). Las violencias sociales culminaron con las expulsión del Cónsul peruano en Iquique, Santiago Llosa, el 24 de noviembre, y con una nueva ruptura de las relaciones diplomáticas chileno-peruanas: en una carta redactada a borde de su barco con destino al Callao, pide al señor Le Lorrain, Cónsul de Francia en Iquique, que se haga cargo de los intereses consulares peruanos en esta ciudad. La expulsión de Santiago Llosa significó desde entonces el inicio de la gestión francesa de los intereses peruanos en Chile. Lo paradójico es que este acontecimiento ocurre mientras Francia estaba empezando a restablecer su red diplomática en América y se encuentra todavía muy debilitada financiera y políticamente por las consecuencias de la guerra.

La gerencia francesa de los intereses peruanos se materializó con la ayuda a la repatriación de ciudadanos peruanos expulsados por las Ligas Patrióticas y/o despedidos de sus trabajos. Así, el Cónsul francés en Valparaíso, el señor Chausson, ilustró esta situación en carta del 20 de julio de 1920: “Numerosos obreros de nacionalidad peruana han sido bruscamente despedidos. Reducidos a la más completa indigencia, solicitan su pronta repatrición”. Para la repatriación de peruanos, los Cónsules franceses procedían a la reserva de embarques en los vapores a destinación del Callao y para los más indigentes, adelantaban el pago del pasaje7; lo que representaba sumas importantes debido a la gran cantidad de personas involucradas. Fue durante el año 1918 que la cantidad de peruanos repatriados fue la más importante: Cerca de 12.000 peruanos tuvieron que dejar las tierras chilenas durante este año, según los registros franceses. Pero este movimiento siguió en los años siguientes, como lo ilustra un telegrama consular de 1920: “Cada barco inglés partiendo de Valparaíso para el Norte toma un número variable de 30 a 45 repatriados entre hombres, mujeres y niños”. Ciertos informes consulares permiten destacar los nombres y apellidos de ciertos peruanos repatriados al Callao, como la familia Barreto (Margarita, Petronila, Berta y Gaspar) o la familia Forbalay Gamarra (Felícita, Leonor, Jacinta, Gregorio y cuatro niños), pero por lo general, no se conservaron estas informaciones. La gerencia consular francesa cubrió también otros aspectos, como comunicaciones de fallecimientos y la gestión de pasaportes.

Este apoyo consular a favor del Perú deterioró las relaciones de Francia con Chile. Así, una nota del Cónsul francés en Iquique se queja de la ausencia de cooperación de las autoridades chilenas después del asesinato de una ciudadana peruana, Fermina Tapia. Sobre todo, en un telegrama confidencial del 23 de febrero de 1919, el señor Le Lorrain, da cuenta de amenazas por parte de ciertos oficiales chilenos:

Intendente con quién hablaba me declaró que yo era demasiado amigo peruano y que él estaba dispuesto a escribirlo, contesté que yo cumplía en consciencia sin faltar de cortesía la misión tan difícil a causa de intereses tan opuestos. Intendente me dijo que me hablaba de manera extraoficial como amigo pero siento que habrá que aprobar tácitamente las violencias o ya no ser persona grata.

Frente a esta notable situación, al año siguiente Le Lorrain pidió que el Consulado francés ubicado en Iquique fuera transferido en Antofagasta para dejar de hacerse cargo de los intereses peruanos y restablecer relaciones normales con Chile, lo cual se concretizó finalmente en marzo del año 1921.

4. De actor a simple testigo de la resolución del conflicto

En este período, Bolivia presentó con el apoyo del Perú una demanda contra Chile en la recién creada Liga de las Naciones, de la cual los Estados-Unidos no formaban parte, demanda que no fue aceptada y a la cual el Francia se opuso, por varios motivos:

Conviene observar primero que si reconocemos a la Liga de las Naciones el poder de proceder a la revisión de tratados existentes porque ciertos firmantes no están satisfechos, arriesgamos de crear un peligroso precedente que por seguro sería invocado por parte de los Alemanes en lo que se refiere al tratado de Versalles, el día en el cual serán admitidos en la Liga. […] Es indiscutible que en el conflicto del Pacífico, nuestras simpatías políticas van naturalmente hacia Perú y Bolivia. […] No es inútil señalar que el gobierno de los Estados-Unidos se reserva muy probablemente, y es, creemos, el deseo del Perú, de intervenir, cuando lo juzgará apropiado, para asegurar el arreglo de la cuestión del Pacífico y que lo indispondríamos fuertemente si nos esforzábamos de sustituir a su acción la de la Liga de las Naciones. Y por último, si nuestra política tradicional nos acerca del Perú, y en consecuencia de Bolivia, tenemos un intereses político y económico en la actualidad, de no despertar la susceptibilidad de Chile8.

Esta nota del gobierno francés hacia sus representantes en la Liga de las Naciones demuestra la dimensión estratégica de la posición de neutralidad adoptada en la cuestión del Pacífico en el sentido de que confirma su cercanía política con el Perú, pero ilustra también las dimensiones que impedían una injerencia directa en la disputa. Hay que notar que en los primeros años de la década del 1920, las relaciones comerciales entre Francia y Chile se complican, a causa de altas de tarifas aduaneras en las importaciones chilenas. Más generalmente, es la presencia francesa en América que declinó en estos años, desapareciendo de ciertos sectores como el del salitre9.

Tras años de tensiones, las violencias hacía los residentes peruanos en Chile disminuyeron y un acercamiento diplomático ocurrió entre Chile y Perú, llevándolos a negociar durante las conferencias de Washington en año 1922. Estas últimas fueron seguidas de manera atenta por las autoridades francesas, las cuales estudiaban la posibilidad de mantener la agencia consular francesa en Arica y Tacna si la organización de un plebiscito fuera validada, a pesar del hecho de que ya no quedaban casi ningunos residentes franceses en la zona. Finalmente, el 20 de Julio se concluyó un protocolo de arbitraje, en el cual el presidente estadounidense, Warren Harding, decidiría si habría que realizar el voto o no, y se consagró la posesión definitiva sobre la provincia de Tarapacá, lo que marcó el fin de la acción xenófoba de las Ligas Patrióticas en esta región. Uno de los asuntos importantes del arbitraje era estudiar bajo que autoridad se tenía que realizar el plebiscito si este último fuera decidido, lo que interesaba particularmente a Francia, dado que tenía un asunto similar con Alemania, como producto de la guerra mundial para el territorio del Sarre. El Perú consideraba que el plebiscito era difícil de ejecutar a causa de las expulsiones de peruanos ocurridos en los años anteriores, mientras que Chile militaba para la votación, consciente que la política chilenizadora había producido efectos positivos para sus intereses.

Las tensiones ocasionadas con la cercanía de la decisión del arbitraje dieron lugar a una nueva ruptura chileno-peruana, lo cual obligó a Francia hacerse nuevamente cargo de los intereses consulares peruanos de manera extra-oficial a partir del año 1924. Un año después, el 4 de marzo 1925, el sucesor de Harding, Calvin Coolidge, dio a conocer el resultado su arbitraje: se confirmó la realización del plebiscito, otorgando el derecho de voto a los hombres de más de 21 años nacidos en Arica y Tacna o que tenían al menos dos años de residencia en la fecha de ratificación del protocolo de Washington, un promedio entre las reivindicaciones de ambos países. Para la Legación francesa en Santiago, el voto era considerado como muy indeciso, producto de la chilenización, en particular de Arica: “La población de Arica quedó por mucho tiempo en mayoría peruana pero ha sido sujeta a persecuciones estos últimos años y la mayoría de los hombres considerados como peruanos de corazón han sido expulsados”.

La gestión francesa de los intereses peruanos en los tiempos plebiscitarios era incómoda, dado que el Cónsul tenía que mantener una posición de neutralidad en los asuntos plebiscitarios, como ilustrado en comunicación del 27 de Abril de 1925:

Usted no olvidará, en efecto, que antes de estar encargado de los intereses del Perú, usted es Cónsul de Francia y representa en esta ocasión un país en situación de paz y amistad con Chile, con el cual debemos abstenernos en consecuencia de cualquier acto pudiendo ser mal interpretado.

Así, cuando la posibilidad de ayudar al transporte de ciudadanos peruanos de vuelta en las zonas en disputa, el Cónsul de Francia en Antofagasta recordó que “nos es estrictamente prohibido implicarnos en los asuntos plebiscitarios”.

Sin embargo, la inminencia del plebiscito, con propaganda y manifestaciones, inició un nuevo ciclo de violencia social, llevando a un movimiento de no inscripción en las listas electorales por parte de los ciudadanos peruanos, lo cual llevó el jefe de la comisión plebiscitaria, el general Lassister, a declarar la impracticabilidad del plebiscito el 14 de junio de 1926. Ya en el año anterior, el señor Pingaud, Ministro de Francia en el Perú, había preconizado una partición de las provincias de Arica y Tacna, rechazada por la posición idealista del gobierno de Augusto Leguía:

Los miembros peruanos de la delegación no escondieron su decepción de encontrar la ciudad de Arica totalmente chilenizada, de manera que su única esperanza sería el voto de los habitantes de Tacna. Si la realidad corresponde a sus impresiones, se podría encontrar una solución práctica en la partición, según las mayorías de los territorios disputados. Es un recurso que se prohibió desafortunadamente la cancillería peruana cuando se situó en el campo de los principios y que adoptó el dilema del todo o nada.

A fines del año 1926, las relaciones entre los ex- beligerantes de la guerra del Pacífico se mejoraron, llevando al restablecimiento del Consulado peruano en Valparaíso. La distensión chileno-peruano, aunque todavía sujeta a incidentes en Arica y Tacna, permitió el inicio de un nuevo ciclo de negociación, en el cual Bolivia no estuvo incluida. Es finalmente la solución de la Partija que fue decidida con el tratado del 3 de junio de 1929 dejando Arica para Chile y devolviendo Tacna al Perú, y excluyendo la posibilidad de ceder algún territorio a un tercero, Bolivia, mediante la cláusula de la “llave y del candado”. De esta manera, si Chile y Perú lograron, medio-siglo después del inicio de la guerra del Pacífico, arreglar la cuestión de Arica y Tacna, no pudieron satisfacer la reivindicaciones del vecino boliviano ni borrar por completo el resentimiento entre las poblaciones involucradas en el conflicto fronterizo.

Conclusiones

La cuestión de Arica y Tacna fue la raíz de uno de los conflictos fronterizos más largos de la historia sudamericana, turbando la actividad económica y diplomática regional y amenazando la paz continental. El estudio de la percepción francesa de este asunto ofreció una mirada nueva en la medida de que permitió alejarse de las pasiones patrióticas locales que afectaron la región y subrayar los intereses divergentes de las naciones involucradas y de las grandes potencias industriales de la época.

Durante el medio-siglo de disputa, Francia defendió los intereses de sus residentes en las regiones en conflicto tal como sus intereses político-financieros, en particular en la industria minera del desierto de Atacama, tratando de apoyarse en un estatuto de referencia moral para las élites locales forjado en el siglo XIX. Francia adoptó entonces una posición estratégica de neutralidad en la disputa territorial con el fin de no perjudicar los emprendedores franceses trabajando en la zona. A pesar de esta política de no- intervención, se encontró involucrada después de varios incidentes diplomáticos entre Chile y Perú: El clima de violencia social reinando en los territorios de Arica, Tacna y Tarapacá permitió que grupos nacionalistas chilenos se sientan libres de expulsar poblaciones peruanas, con el apoyo de las autoridades. Estos hechos, además de rupturas diplomáticas frecuentes entre los ex-beligerantes, llevaron al gobierno del Perú a pedir a Francia que gestionara sus intereses consulares y que ayudara al repatriamiento de sus ciudadanos expulsados. Esta implicación puso las autoridades francesas en una posición precaria, en particular respeto a su relación con Chile, lo que puede explicar que en los últimos años del conflicto fronterizo, Francia trató de deshacerse de sus nuevas responsabilidades y fue relegada como simple testigo de la resolución de la disputa.

El análisis de la posición francesa en el asunto de Arica y Tacna es relevante de la evolución del balance de fuerzas entre las potencias occidentales en esta época. En efecto, Francia sufrió una erosión de sus posiciones comerciales durante estos años, mientras que la Gran-Bretaña y Alemania lograron aprovechar las mutaciones económicas y sociales de la región, antes de que los Estados-Unidos disfruten del espacio liberado por dichas potencias después de la Primera guerra mundial, lo que les permitió imponerse como nación dominante e involucrarse directamente en la cuestión de Arica y Tacna. Entonces, esta última no sólo ofrece una mirada sobre la historia regional a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, sino una perspectiva mucha más amplia sobre las mutaciones del comercio mundial, las transformaciones del orden diplomático internacional y la relación uniendo América Latina a Francia.

Archivos consultados

Archivo Diplomático de Nantes, Fondos Santiago de Chile, Valparaíso y Lima

Archivo Diplomático de La Courneuve, Correspondencia Política y Comercial con Chile

Archivo Histórico Vicente Dagnino, Fondo Intendencia de Tacna y Gobernación de Arica

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Notas

1 Proyecto Fondecyt 1160209.
2 Las citaciones provienen oficios consulares de los archivos diplomáticos franceses de Nantes y La Courneuve, traducidas por el autor. Carta del 30 de Septiembre de 1881, ADN, Fondo Santiago de Chile – Vol. 96
3 El monumento sigue visible en la actualidad.
4 Entre otras cosas el desarrollo de redes de transporte, generalización del uso del telégrafo o campañas sanitarias.
5 En particular, los puntos 5 (ajuste libre de los territorios colonias de acuerdo con los intereses de las poblaciones locales) y 9 (ajuste de las fronteras italianas en función de la nacionalidad).
6 La devolución de Alsacia-Lorena era también mencionada en el punto 8 del presidente Wilson.
7 A modo de ejemplo, el 21 de diciembre 1918, el Consulado Francés en Valparaíso adelantó pasajes para peruanos a borde del vapor “Guatemala” por una suma de 328,113£ (ADN, Fondo Valparaíso – Vol. 4).
8 Ministère des Affaires Étrangères Français (dir. Baechler Christian) (1999), Documents diplomatiques français, 1921 – Tome II (1er juillet – 31 décembre), Paris, Imprimerie Nationale, pp. 220-221
9 ”Las empresas francesas del nitrato al norte han completamente desaparecido, absorbidas durante la guerra por sociedades norteamericanas; los barcos franceses que venían cargar a los puertos de producción han desaparecido también” Informe del 15/12/1928, ADN, Fondo Santiago de Chile – Vol. 22
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