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Revaluar y sospechar. Sobre las condiciones actuales de investigación
Miguel A. García
Miguel A. García
Revaluar y sospechar. Sobre las condiciones actuales de investigación
El Oído Pensante, vol. 11, núm. 1, pp. 1-3, 2023
Universidad de Buenos Aires
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Editorial

Revaluar y sospechar. Sobre las condiciones actuales de investigación

Miguel A. García
El Oído Pensante, vol. 11, núm. 1, pp. 1-3, 2023
Universidad de Buenos Aires

Recepción: 01 Octubre 2022

Aprobación: 01 Diciembre 2022

Los temas que abordan los estudios sobre música y sonido, como así también sus teorías y métodos, no dejan de diversificarse frente al surgimiento de nuevos fenómenos y a la adopción de términos y teorías engendrados en otras disciplinas que prometen relecturas novedosas de prácticas y expresiones instaladas, desde hace tiempo, en las agendas de investigación. Dicha diversificación resulta particularmente notable en los estudios sobre sonido (sound studies). The Bloomsbury Handbook of Sonic Methodologies, editado por Michael Bull y Marcel Cobussen (2021), es más que elocuente al respecto. A través de sus 849 páginas, investigadores e investigadoras de distintas disciplinas reflexionan en torno a de cuestiones metodológicas y ponen en evidencia que es posible pensar el sonido desde un amplio abanico de teorías y de disciplinas, tales como la biología, la historia, los estudios urbanos, la literatura, la pedagogía, la filosofía, los estudios sobre tecnología, la medicina, la acústica, el arte, la antropología y las (etno)musicologías, entre otras.

El reconocimiento de la ubicuidad del sonido no es el único factor que alimenta la diversidad temática, teórica y metodológica de nuestras áreas. También lo es el constante proceso de innovación en las formas de creación, comercialización, distribución y consumo de música desatado por la digitalización del sonido y, en particular, por el surgimiento del entorno virtual y los concomitantes desarrollos tecnológicos. Este proceso constituye un reto en varios aspectos, sobre todo en el plano metodológico, dado que los estudiosos y estudiosas nos vemos ante la necesidad de: a) utilizar nuevos términos, b) repensar y readaptar viejos recursos metodológicos y c) incursionar en el manejo de herramientas idóneas para el procesamiento de datos. Los estudios de las dimensiones tecnológicas y prácticas de la datificación de la música dialogan con una serie de tecnicismos provenientes mayormente de la industria de la música y el entretenimiento, la informática y los estudios de comunicación. De manera que, para hablar, por ejemplo, sobre el fenómeno de Bizarrap, hay que hacerlo con términos tales como los de “plataformización”, “prosumidor”, “playlistismo”, “accesibilidad”, “datificación”, “sociedad posfactual”, “cybermodernidad”, “taggeo”, “emisión en continuo”, entre muchos otros. El uso de algunos de estos y otros términos es condición necesaria para hacer investigación sobre las músicas que circulan por las redes. Sin estos tecnicismos no hay casos de estudio, dado que un fenómeno deviene en caso de estudio cuando un conjunto de términos hacen posible nombrarlo, resaltar sus particularidades y, sobre todo, interrogarlo.

Como fue dicho, también es ineludible revaluar y readaptar los recursos metodológicos que fueron eficaces en escenarios pre-digitales y pre-virtuales. Uno de ellos es el trabajo de campo. En el área de los estudios culturales, mayormente interesados en prácticas urbanas, el trabajo de campo acusó su primer resquebrajamiento. Para la vertiente etnográfica de los estudios de música, el trabajo de campo es una experiencia de proximidad, de relaciones cara a cara, de estancias prolongadas, de reflexión en torno a la verticalidad y horizontalidad de las relaciones, de autodescubrimiento, de descentralización, etc. En muchos casos –hay excepciones, claro–, los estudios culturales redujeron esa experiencia totalizante a una acción acotada: la asistencia breve y discontinua a un lugar y la realización de un puñado de entrevistas. Los estudios sobre creación, comercialización, distribución y consumo de música a través de las redes, asestan un segundo golpe al trabajo de campo: ya no se trata de una relación cara a cara de proximidad y convivencia, sino de una comunicación mediada por una pantalla –también aquí hay excepciones. Hay razones estructurales y coyunturales que explican esta metamorfosis. Sin duda, los beneficios que ofrece la tecnología de la comunicación digital en términos de factibilidad, costos, velocidad, facilidad y registro, han llevado a preferir una entrevista mediada por un dispositivo a una presencial que implica mayor inversión en tiempo de traslado y dinero. Es evidente que el confinamiento impuesto durante la pandemia ayudó a fortalecer esta tendencia. Lo cierto es que el trabajo de campo en medios urbanos hoy tiende a ser una suerte de supérstite descafeinado, al cual hay que indefectiblemente mencionar en las investigaciones y en las solicitudes de financiamiento para ser “metodológicamente correctos”, aunque poco quede de él.

La conversión de la música en datos y las transformaciones que esto generó en la creación, comercialización, distribución y el consumo, despertaron también la necesidad de adentrarse en el conocimiento de nuevos métodos, en particular en la creación, el procesamiento o, al menos, la comprensión de la llamada Big Data. El manejo de una inmensa cantidad de datos es algo reciente y aún limitado dentro de los estudios sobre música y sonido. La producción bibliográfica pone en evidencia usos ingenuos como precavidos de la Big Data. Este asunto despierta un interrogante que merece ser resaltado. Generalmente las teorías y los métodos adoptados de otras áreas del conocimiento provienen de disciplinas que mantienen una postura crítica hacia la sociedad –y aun hacia sus propios métodos y teorías–, tales como la sociología, la antropología, la filosofía, los estudios culturales, etc. La duda es si el empleo de la Big Data y de las herramientas para procesarla, al provenir mayormente de compañías tales como Google, Microsoft, Yahoo!, Facebook y Amazon cuyo propósito excluyente es vender, no atentan contra la tradición crítica de las mencionadas disciplinas. En otras palabras, ¿cuán riesgoso es el uso con fines académicos de datos y herramientas de procesamiento pergeñados con la sola intención de convertir a las personas en consumidores? Dejo al lector con la inquietud que le pueda despertar este interrogante.

En síntesis, la diversificación de los estudios sobre música y sonido, en cuanto a temas, métodos y teorías, está provocando un refrescante cambio en las rutinas de investigación. Desde comienzos del presente siglo, las transformaciones que ocurren en los usos de la música están siendo acompañadas por transformaciones de la misma profundidad en los diseños de investigación. En algunos casos, como los sintéticamente mencionados en los párrafos anteriores, es necesario repensar los viejos métodos y a la vez incursionar en el empleo de herramientas asociadas a las tecnologías emergentes. Se trata, una vez más, de reevaluar y, sobre todo, alimentar la sospecha frente a la seducción de los datos y las herramientas que los procesan, creadas por las empresas que dominan el mercado digital/virtual de la música.

Material suplementario
Bibliografía
Bull, M., y Cobussen, M. (Eds.). (2021). The Bloomsbury Handbook of Sonic Methodologies. Nueva York y Londres: Bloomsbury Publishing Inc.
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