Espacio Abierto
Prácticas de Cartografía Social en dos barrios de Santa Fe: reflexiones en torno al territorio
Practices of Social Cartography in two neighbourhood of Santa Fe: reflections about the territory
Prácticas de Cartografía Social en dos barrios de Santa Fe: reflexiones en torno al territorio
QUID 16. Revista del Área de Estudios Urbanos, núm. 17, pp. 160-176, 2022
Universidad de Buenos Aires

Recepción: 24 Octubre 2021
Aprobación: 10 Marzo 2022
Resumen: El presente trabajo pretende reflexionar en torno a prácticas de cartografía social efectuadas en los barrios “Las Lomas” y “Santo Domingo” del municipio de Santa Fe (provincia de Santa Fe, Argentina). Para ello, pone principal énfasis en recuperar paso a paso el proceso de producción cartográfica dando cuenta de las diferentes relaciones de poder que se entrelazan en el mismo. Este escrito se sirve metodológicamente de la utilización de entrevistas semi-estructuradas, efectuadas antes, durante y después de la instancia de mapeo; como así también, recupera registros de campo correspondientes al taller de cartografía y reuniones posteriores con vecinos. El trabajo ofrece una relectura de las prácticas de cartografía social desde la idea de territorio, entendido éste como espacio mediado y configurado por lógicas de poder. Para ello, pone en diálogo diferentes autores provenientes de la geografía que abonan el debate.
Palabras clave: Territorio, cartografía social, Santa Fe.
Abstract: This article aims to reflect on the practices of social cartography taking place in the neighbourhoods of “Las Lomas” and “Santo Domingo” of Santa Fe city (province of Santa Fe, Argentina). To that end, it focuses on recuperating the process of cartographic production step by step and bringing into account the different power relationships that are involved. In this paper, we use semi-structured interviews, which were done before, during and after the mapping instance. It also recovers field records that were taken at the mapping workshop and the subsequent meetings with neighbours. This work offers a new interpretation of practices of social cartography from the idea of territory, considering this, as the space mediated and configurated for logics of power. In order to achieve this purpose, it creates a dialogue between different authors involved in the Geography field to enrich the debate.
Keywords: Territory, social cartography, Santa Fe.
Introducción
El presente trabajo se propone como una instancia reflexiva respecto a la experiencia de elaboración de una cartografía social de dos barrios del municipio de Santa Fe (Las Lomas y Santo Domingo), la misma tuvo lugar en el año 2019. Dicha instancia de mapeo fue organizada por la Mutual de Voluntarios de la República Argentina (Santa Fe) y financiada por Asuntos del Sur y el Banco Ciudad[1] (links de acceso en nota al pie). En la misma, participé en calidad de equipo organizador de la jornada ya que esta fue convocada por el Proyecto Qom Alphi del cual formaba parte como colaboradora.
El presente escrito analiza los principales resultados obtenidos del taller de mapeo, partiendo del registro de campo tanto de la jornada, como de actividades posteriores que tuvieron origen en ese primer encuentro (reuniones entre vecinos, reuniones con personal del Estado, eventos organizados de manera colectiva en el barrio). A su vez, recupera entrevistas semi-estructuradas realizadas en dicho momento, como otras efectuadas a posteriori. Dichas entrevistas fueron efectuadas a los cartógrafos sociales que participaron del taller, durante y luego del mismo. Éstas fueron de tipo abiertas y el objetivo de las mismas fue relevar los cambios y continuidades ocurridos a partir del mapeo, así como también indagar en la utilidad que el mismo había tenido para los participantes de dicha instancia. El resultado final (material) del taller de cartografía social fue el denominado “Atlas de los barrios Las Lomas y Santo Domingo”. El mismo contenía un mapa efectuado por los vecinos como así también un sondeo de las problemáticas puntuales que tenían lugar en la zona.
En este trabajo, focalizamos en la categoría de “territorio”. ¿Por qué sobre este concepto y no otro? Porque, como veremos, la forma en que concebimos el territorio, configurado a partir de lógicas de apropiación y dominación (Haesbaert, 2014), nos permite establecer un nexo directo con prácticas de cartografía social. A partir de una descripción de las instancias del mapeo, debatimos en torno a los postulados de geógrafos latinoamericanos (Haesbaert, 2004; Lopes Souza, 2013; Do Carmo Cruz, 2020; Tobío, 2014; Moreira, 2011). Sobre todo, hacemos hincapié en la idea de territorio vinculada al ejercicio del poder en el espacio.
El trabajo presenta la siguiente estructura: primero, se presenta una descripción breve del contexto en el que se desarrolla el taller de cartografía social; luego se describen cada una de las instancias del mapeo realizando una relectura de algunos aspectos en clave territorial, para lo cual selecciona una serie de situaciones identificadas en el proceso y la noción de territorio debatida por diversos geógrafos. Por último, se presentan consideraciones finales haciendo hincapié en la idea de territorio desde aportes prácticos y teóricos.
¿De quién y para quién? Aproximación a la cartografía social
En el año 2019 tomé contacto con los textos de Juan Manuel Diez Tetamanti (2018), y la noción de “método cartográfico” que el autor propone. Esta revestía interés ya que se presentaba como una propuesta teórico-metodológica que parecía útil para abordar problemáticas puntuales de un área del municipio de Santa Fe en el que me encontraba trabajando con un proyecto denominado Qom Alphi[2].
La propuesta de Diez Tetamanti (2018) recupera el trabajo efectuado por Harley (2005), quien realiza un análisis con marcado carácter histórico en torno a la estética y funciones de los mapas, entendiéndolos como herramientas que se construyen mediadas por diferentes relaciones de poder. Este autor no sólo plantea el mapa como instrumento para el ejercicio de poder, sino que también coloca a los cartógrafos como “creadores de un panóptico espacial” pensado en términos foucaultianos. De allí que en su obra “La nueva naturaleza de los mapas” (Harley, 2005) destine gran parte a identificar los factores sociales que estructuran una cartografía y así detectar el poder y sus efectos en el conocimiento y producción de mapas.
Partiendo de dichos aportes, Diez Tetamanti (2018) desarrolla una propuesta denominada método cartográfico. Dicho método permite la construcción de una cartografía social a partir de “avanzar metodológicamente en la producción de un plano común emplazado en un lugar” y busca interpelar la representación del mundo que la experiencia individual y el grupo social cotidiano poseen (Diez Tetamanti, 2018). En este sentido, dentro de su propuesta metodológica, los cartógrafos sociales, es decir, todos los sujetos que participan en la instancia del taller donde se da la producción del mapa social, trabajan desde “el plano de lo común” (Kastrup y Passos, 2013). Para trabajar desde un plano de lo común, es clave la recuperación de experiencias o situaciones comunes. De esta forma, el mapa se convierte en una construcción colectiva, y ya no en algo elaborado de manera individual por un técnico. Pero además de ello, el método cartográfico propone la incorporación del relato oral como parte de la narrativa del mapa, lo que otorga otro sentido a lo que este está diciendo. Este tipo de metodología visibiliza no sólo a quien construye el mapa, sino también, en qué condiciones y con qué intencionalidad. En este sentido Diez Tetamanti (2018) afirma:
Es posible pensar la cartografía social como una metodología que facilita la expresión colectiva e histórica que logra relatarse desde el territorio, desde un orden que surge de este, o sea, de quienes lo habitan, lo construyen y son construidos en él. Logra así proponer una forma de lenguaje que tiene la posibilidad de decir, reflexionar y pasar a la acción desde diferentes perspectivas, visiones y posicionamientos históricos y sociales (Diez Tetamanti, 2018:14).
Sostenemos aquí que existe una conexión posible de efectuar entre la producción cartográfica desde este tipo de método y la noción de territorio de Rogerio Haesbaert (2004). Mientras que para el autor, el territorio se configura a partir de lógicas de apropiación y dominación, la forma en que se genera el mapa, según Harley (2005), se encuentra atravesada por el poder. El poder es interno al proceso cartográfico: la forma en que se elige el contenido, cómo se presentan las categorías de información y los diferentes estilos retóricos componen decisiones tomadas por uno o varios sujetos. Como sostiene Harley (2004), “clasificar el mundo es apropiarse de él”, de allí que en el proceso de producción cartográfica, los sujetos participantes desplieguen una serie de mecanismos de apropiación y dominación. Construir un mapa es entonces una forma de configurar nuestros territorios.
Cartógrafos sociales en barrio Las Lomas y Santo Domingo
Los barrios Las Lomas y Santo Domingo se localizan en el denominado cordón marginal oeste del municipio de Santa Fe. Según Gómez (2015), basado en fuentes obtenidas del último Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda (CNPHyV, 2010), el área se caracteriza socio-demográficamente por poseer un índice de calidad de vida “desfavorable”. La zona donde se localizan ambos barrios linda con la denominada Avenida Circunvalación (que a su vez limita hacia el oeste con el río Salado) y se encuentra en dirección noroeste a la intersección de Av. Blas Parera y Av. Estanislao Zeballos. En términos históricos y espaciales, dicha área es considerada por Gómez (2011) una zona de expansión reciente, que ha crecido mayoritariamente durante los años 1970, 1980 y 1991, recibiendo población migrante del norte de la provincia como así también del Chaco, quienes decidían cambiar de residencia en búsqueda de mejores oportunidades laborales[3].
La conformación de dicho cordón noroeste se produce en un contexto neoliberal que ensanchó la periferia del tejido urbano santafesino. En dicho panorama, las tasas de crecimiento medias anuales alcanzaban el 10 por mil, concentrándose en los radios censales dispuestos en los márgenes de la ciudad. En este sentido, el municipio creció a lo largo de Avenidas como Blas Parera, Gorriti y Teniente Loza, entrando en contacto con Recreo, distrito lindante hacia el norte (Gómez, 2011).
El siguiente mapa representa condiciones socio-económicas en términos de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) por radio censal, correspondiente al CNPHyV, 2010. En el mismo, se encuentra indicado el emplazamiento de los barrios a los que nos referimos.

¿Por qué mapear Las Lomas y Santo Domingo?
Tanto en Las Lomas como en Santo Domingo residen dos comunidades qom. Las mujeres de ambas comunidades integran la reciente conformada cooperativa de trabajo Qom Alphi. Esta surgió como proyecto de base territorial de la Mutual de Voluntarios Sociales de la República Argentina y funcionó como tal hasta septiembre de 2021, fecha en que se formalizó como cooperativa. Hace dos años, las actividades realizadas focalizaban exclusivamente en la reivindicación de su producción artesanal qom a partir de la promoción de un precio justo por las piezas artesanales que estas mujeres hacen. En ese momento, las mujeres artesanas manifestaban preocupaciones referidas a dificultades de acceso a la salud, educación, alimentación y condiciones sanitarias. Al comentarlo, no circunscribían la problemática a sus comunidades, sino que las hacían extensivas al resto de la población de los barrios que habitan. Desde el equipo de voluntarias (no indígenas o “criollas”) que trabajábamos allí y, tomando como base el trabajo de Diez Tetamanti (2018), consideramos que una instancia de participación con todas las organizaciones que operaban en el barrio permitiría identificar las principales problemáticas del lugar para poder abordarlas de manera conjunta.
En aquel primer momento, desconocíamos que las organizaciones barriales nunca habían tenido una instancia de diálogo y reunión similar a la que planteamos, de allí que la misma haya permitido avances en materia de organización y resolución de conflictos puntuales. Además de generarse un material cartográfico inédito para los barrios, que las organizaciones comenzaron a utilizar con diversos fines[4], los vecinos tomaron contacto y se organizaron en la denominada “Red Barrial de Las Lomas y Santo Domingo”, la cual actualmente, sigue teniendo reuniones periódicas aunque, con la particularidad de ser mediada fuertemente por el Estado municipal[5]. No obstante, considero que volver de manera reflexiva sobre esta práctica de mapeo y, sobre todo, sobre la forma organizativa y las decisiones tomadas durante la misma y luego de ella, permite una relectura de nuestras prácticas y la de los demás sujetos involucrados en torno a la noción de territorio. Abona este planteo la afirmación de Torres, quien sostiene que “la identidad política tiene como factor ineludible para su constitución, la referencia territorial” (2017:92). En este sentido, recupero algunos momentos claves del taller de mapeo donde pongo en juego el rol de la espacialidad en la vida cotidiana de los sujetos y las organizaciones que integran, dando cuenta del dinamismo particular de los barrios cartografiados y del hacer político de los sujetos en la organización y toma de decisiones.
El derrotero: Construir un mapa es construir un relato
La instancia de mapeo requiere una organización previa diseñada y pensada en torno a un “derrotero”. El derrotero es “una secuencia de aspectos cartografiables y referenciables con un orden escénico que puede ser sistematizado” (Diez Tetamanti, 2018:61). Para ello, se parte de desarrollar aquí las diferentes instancias del taller, y las hacemos dialogar con representaciones teóricas en torno a la idea de territorio.
Primera instancia: presentaciones
La instancia de presentaciones se llevó a cabo utilizando una pequeña ficha guía donde las organizaciones e instituciones se presentaban y todas ellas fueron indicando a partir de referencias la ubicación de los espacios donde tienen sede y realizan actividades. Todas las ubicaciones coincidieron en intersecciones de calles o espacios “conocidos” (por los otros concurrentes) del barrio. Este dato no es menor, ya que en la zona las manzanas no tienen numeración, de allí que sus habitantes acostumbren a dar referencias de emplazamientos utilizando otros lugares conocidos (escuela, centro médico, kiosco, etc.). No obstante, cuando debían localizar en el mapa la ubicación lo hacían de manera precisa, lo que nos daba la pauta de que la referencia espacial “mental” era relativa, mientras que la localización “material” en el mapa permitía una mayor precisión. A su vez, los mismos identificaban calles o “pasajes” que en los planos oficiales del municipio no figuraban[6].
El geógrafo brasilero Carlos Porto Gonçalves ha dedicado parte de su trabajo a indagar respecto a la identidad territorial de los seringueiros en Brasil. En una entrevista realizada en la revista Cardinalis, nos dice “la imagen satelital no transmite la imagen que la gente, los que viven y habitan ese espacio, tienen y conocen desde abajo. Por eso hay que empezar haciendo grafías, grafiando la tierra, dibujando los recorridos desde abajo” (Porto Gonçalves, 2015:246). En la base de su análisis, encontramos la apropiación territorial que los sujetos hacen del espacio y la forma en que construyen identidad a partir del territorio[7]. Una relectura desde Porto Gonçalves nos ayudaría a entender que el proceso del que formábamos parte se vinculaba a una instancia en la que los sujetos de los barrios grafiaban la tierra “desde abajo” en contraposición al denominado “vuelo de pájaro”, conocimiento “extenso, superficial producido “desde arriba” (Porto Gonçalves, 2015). Aquí es donde consideramos, que el método cartográfico puede pensarse como herramienta para grafiar desde abajo.
En la tabla siguiente se sistematiza, a modo de ejemplo, la ubicación de algunas de las organizaciones e instituciones participantes, tal y como sus miembros las registraron. Las descripciones entre paréntesis corresponden a aclaraciones de los sujetos:

Las organizaciones que tuvieron representación en dicho mapeo fueron: MTE Santa Fe (carreros, miembros de cuadrilla de construcción, encargadas de merenderos); organizaciones indígenas: Comunidad Qom Las Lomas, Comunidad Qom Lashi L´ma Nam Qom, Proyecto Qom Alphi y Mutual Qom; representantes de instituciones del estado provincial: Centro de Atención Primaria Las Lomas, Centro de Alfabetización y Educación Básica de Adultos (CAEBA Nº 112), asociaciones civiles como Asociación Vincularte, Movimiento Los Sin Techos, la Asociación Cometas y la Comunidad Guía Nº 287 Ntra. Sra. Del Rosario del Salado[8].
Las presentaciones orales exteriorizaban un fuerte arraigo en el territorio habitado de los sujetos. En este sentido, aquellos que efectivamente residían allí, como quienes veníamos “de afuera” semanalmente habíamos desarrollado una experiencia de apropiación que permitía pensar un mapa capaz de dar cuenta de la realidad de los barrios para contrarrestar aquellos planos y capas de Sistemas de Información Geográfica con manzaneros inconclusos y calles ausentes de los que disponía el Estado. Si bien, los objetivos del mapeo no eran esos, esto terminó siendo un aporte “colateral”[9].
Segunda instancia: identificación de problemáticas comunes
Esta instancia buscó tender un diálogo en torno a problemáticas comunes en los barrios de Las Lomas y Santo Domingo. Para ello se estableció un “lenguaje común”[10] a través de la identificación de problemas vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de Naciones Unidas. Si bien podríamos problematizar respecto a esta institución y los programas que “baja” como recetas para diferentes organizaciones y Estados, dado el marco institucional que financiaba y convocaba el mapeo, debimos adaptarnos a ciertas pautas negociadas. No obstante, a su vez, el uso de los ODS para construir las problemáticas del barrio fue útil para poder delinear a posteriori áreas de trabajo específicas. Los ODS funcionaron aquí como lenguaje capaz de llevar las experiencias de los sujetos a “un plano común”, tal y cual lo plantea Diez Tetamanti (2018).
Entre las principales problemáticas identificadas se encuentran[11]: a) falta de saneamiento ambiental (basurales como focos de contaminación y propagación de enfermedades); b) dificultades en atención y acceso a la salud; c) violencia institucional y abuso de poder por parte de autoridades policiales; d) violencia e inseguridad; e) consumo de drogas; f) necesidades básicas insatisfechas; g) analfabetismo y, como problemática transversal a las anteriores, h) dificultades para abordar problemáticas comunes desde un enfoque intercultural.
A propósito de esta instancia, una de las entrevistadas afirmaba,
“Me pareció muy bueno el encuentro justamente para conocer quienes forman parte del territorio, organizaciones sociales, comunidad, vecinos y escuchar e intercambiar ideas y poder proyectar algunas cuestiones juntas en función de los problemas que podemos visibilizar que están ahí un poco vulnerando derechos y afianzando siempre desigualdades, empezar a pensar en otros posibles.” (Entrevistada 1)
En este sentido, si algo aparecía como elemento recurrente en las entrevistas, era la idea de la poca vinculación entre las diferentes instituciones y organismos que trabajaban en el barrio.
“La actividad de hoy me pareció una puesta en común para que todos los vecinos y las organizaciones barriales se puedan conocer y puedan llegar a hablar de las problemáticas que cada uno ve, que por lo general están en común solamente que no había relación antes (…)” (Entrevistada 2)
Esto se configura como un elemento central de la producción cartográfica que propusimos, porque nos permite pensar la generación de un “plano común” que en este caso versó en la colectivización de ciertas preocupaciones y en el abordaje en red de las mismas, generando un entramado que constituye un mecanismo más de configuración del territorio por parte de los sujetos.
Tercera instancia: mapeo individual de las organizaciones
Luego de las presentaciones y el debate en torno a las problemáticas comunes, se pidió a los participantes que pudieran, en un pequeño mapa, marcar aquellos espacios que consideraban centrales en los barrios y localizar focos o áreas donde las problemáticas emergían con mayor fuerza. Se pidió que en los mismos se incluyeran todas aquellas organizaciones barriales que conocían o espacios donde se desarrollaban diversas actividades. En la puesta en común, esta actividad dejó entrever cómo las organizaciones y sus miembros valoraban ciertos espacios y no otros, cómo identificaban el lugar de “los qom” y el lugar de los “criollos”[12], cómo algunos merenderos eran pensados por los qom de exclusividad “criolla” y cómo algunos espacios con objetivos similares (ejemplo: talleres de alfabetización o comedores/merenderos) estaban realizando las mismas tareas en horarios distintos. A su vez, emergían instituciones ausentes en el taller, que los sujetos reconocían en las dinámicas barriales e incorporaban en sus mapas.
El geógrafo Tobío (2014) nos presenta una propuesta para pensar la territorialidad en términos contenciosos y no contenciosos. La acción territorial contenciosa responde a acciones concretas, al ejercicio del poder de manera “inmediata” o “directa” en pos de una resolución puntual. Por su parte, el tipo de territorialidad “no contenciosa” da cuenta de procesos llevados a cabo de manera articulada, tareas sostenidas en el tiempo y el espacio, pensadas en el marco de una estructura que da sustento a prácticas cotidianas de larga duración. En este sentido, Tobío (2014) aborda el movimiento piquetero, y lo analiza en función de estas categorías. Así, por ejemplo, cortar la ruta por un reclamo puntual es una acción territorial contenciosa, mientras que desarrollar acciones comunitarias en los barrios y construir legitimidad política son acciones territoriales “no contenciosas”.
Algunas organizaciones sociales como el MTE, el Movimiento Los Sin Techo y Qom Alphi, detallaban las actividades realizadas dentro de los barrios dando cuenta de una innegable “territorialidad no contenciosa” (Tobío, 2014) donde las descripciones de actividades y rutinas (horarios de tareas y roles) daban cuenta de la existencia de una “base” para el sostenimiento de las organizaciones. Base cuyas dinámicas configura la espacialidad propia de ambos barrios. Las formas en que se articulaban evidenciaban una estructura basada en términos físicos (de reproducción de las condiciones de vida) como podrían ser formas organizativas para acceder a condiciones de vida digna, generación de ingresos a través de distintos trabajos y asistencia a miembros de los barrios a partir de centros comunitarios.
Aquí, la territorialidad debe entenderse no sólo desde el plano material, sino también en términos simbólicos. En el mapeo, emergían aspectos que se asociaban a la generación de validez, legitimidad y de construcción de confianza (Tobío, 2014). Aparecían entonces, asambleas periódicas y talleres de formación para la transferencia de conocimientos. Referido a ello, por ejemplo, podemos mencionar que la cuadrilla de construcción de varones del MTE había comenzado a “transferir” el conocimiento a mujeres de la organización interesadas en dicha área, sobre todo, en la fabricación de ladrillos.
Al hacer dialogar las prácticas cotidianas con prácticas de mapeo, surge otra pregunta que desencadena la escritura de este artículo ¿Qué noción/nociones de territorio nos sirven para pensar la conjunción de estas dos prácticas? Aquí se hace preciso entonces, poner en diálogo algunos aspectos surgidos en el taller con ciertas ideas en torno al concepto de territorio.
Me interesa, en primer lugar, recuperar el concepto de territorio de Rogério Haesbaert (1997, 2004). Este afirma que:
El territorio implica siempre, al mismo tiempo (…) una dimensión simbólico cultural, a través de una identidad territorial atribuida por los grupos sociales, como forma de “control simbólico” sobre el espacio donde viven (siendo también, por lo tanto, una forma de apropiación), y una dimensión más concreta, de carácter político-disciplinario (y político-económico deberíamos agregar) (Haesbaert, 2006: 93-94).
En este sentido, detectamos experiencias de apropiación simbólica del barrio y representaciones en torno a dinámicas del mismo. Haesbaert (2004) permite rever la idea de territorio como categoría unifuncional y definida “desde arriba” como podría ser el territorio de un Estado nación moderno, para poder pensar la noción de territorio desde la apropiación subjetiva. Esta apertura a pensar el territorio desde la apropiación permite, a su vez, pensar en las diversas formas en que las organizaciones sociales e instituciones que participaron del mapeo han representado ese espacio cotidiano de vida.
A su vez, esto puede llevar a preguntarnos ¿qué prácticas de control o dominación ejercen sobre sus espacios organizativos? Para ello me permito pensar también, cómo se materializa dicha apropiación simbólica dentro del barrio. Por ejemplo, en el caso específico de las mujeres indígenas qom que integran Qom Alphi, las mismas sostienen reuniones semanales llevadas a cabo en un espacio exclusivo para ellas (patio de la casa de una de las artesanas) donde solo están presentes mujeres y niños y niñas. En este sentido, y de manera ejemplificativa, resaltamos que la noción de Haesbaert (2004) identifica prácticas materiales y simbólicas (dominación y apropiación) que se solapan desdibujando el carácter unívoco del territorio.
En una línea de trabajo similar, que concibe el territorio como histórico y relacional (Do Carmo Cruz, 2020), y recuperando las relaciones de poder que forman parte de su desarrollo conceptual Lopes Souza[13] nos habla del territorio como un “campo de fuerzas”, haciendo principal hincapié en “¿quién domina y para qué el espacio?”. El autor da importancia tanto al sustrato material como al aspecto intangible (cultural-simbólico) que conforma la espacialidad de los sujetos. En este sentido propone,
Descosificar el territorio, haciéndolo apto para el estudio de los movimientos sociales y sus organizaciones, protestas menos o más efímeras, grupo de jóvenes, cuadrillas de criminales y similares, lleva a preguntarnos el papel que la dimensión cultural simbólica puede en nuestra conceptualización de territorio (Lopes Souza, 2013:100, traducción propia).
Un ejemplo claro de la importancia de la dimensión cultural-simbólica en la espacialidad de los sujetos fue considerar, el presupuesto por parte de algunos qom en torno a que, los comedores gestionados por criollos eran espacios de uso exclusivo, y por ello no asistían. En la reunión del mapeo una integrante y encargada de comedores en el barrio aclaró “cualquiera puede ir a comer o retirar alimento al merendero” (M. coordinadora MTE). Desde los aportes de la geógrafa Doreen Massey (2004) el sentido que atribuimos al territorio puede configurar lugares. A propósito de ello, el comedor condensa una serie de prácticas, elementos, dinámicas y flujos, que lejos de constituirse como una entidad cerrada (con un solo significado), es vista y por ende, interpretada y apropiada, por dos grupos sociales de diversa forma. Con esto Massey (2004) nos dice, “que la especificidad de cada lugar es el resultado de la mezcla distinta de todas las relaciones, prácticas, intercambios, etc. que se entrelazan dentro de este nodo y es producto también de lo que se desarrolle como resultado de este entrelazamiento” (Massey, 2004:79). Dicha especificidad no es única, y se encuentra constantemente mediada por el poder. Esto puede verse en el ejemplo planteado donde el acceso y uso del comedor era, diferente para un grupo que para otro, estando esto mediado por interpretaciones en torno al mismo.
Me interesa aquí recuperar dichas ideas porque son centrales para poder pensar la forma en que se representan y presentan las organizaciones sociales y los territorios que construyen, como así también poder dar cuenta, como veremos a continuación, que el proceso de mapeo se construye materialmente desde relaciones de poder, de quienes deciden qué incorporar y qué no, en un proceso que está vinculado sobre todo a lógicas de apropiación: recuperando aspectos sobre cómo experimentamos el mundo y lo dotamos de significado (Haesbaert, 2004).
Cuarta instancia: confección de un mapa común en conjunto
En la instancia de mapeo en conjunto se pidió a todos los participantes que marquen en el soporte papel (mapa lámina) los espacios que habían identificado de manera particular (mapa individual por organización). Para ello, se dispuso de diferentes materiales: sticker, papeles de colores, revistas, fibrones, etc. En esta instancia los participantes trabajaron en el suelo[14] (siguiendo la propuesta de Diez Tetamanti, 2018).
El primer elemento disruptivo en dicho proceso fue el hecho de que el mapa soporte (diseñado por mí, que me consideraba “conocedora” del barrio) cubría un área que no incluía el relleno sanitario del municipio y este elemento fue marcado por reiterados participantes como importante. En primer lugar, porque de allí reciclan algunos elementos los carreros y, en segundo lugar, porque su emplazamiento ha sido motivo de conflicto entre organizaciones sociales y las autoridades municipales[15]. Es interesante considerar aquí, cómo el rol de mediadora en la elaboración de la cartografía fue una cuestión sobre la que volver. En este sentido, la cita de Certau retomada por Palladino (2018: 107) “allí donde el mapa corta, el relato atraviesa” parecía surtir efecto en mi experiencia. La decisión de no incorporar dicho elemento en el mapa base a trabajar se vinculó a que se encuentra por fuera de los “límites” de los barrios en cuestión. En este sentido, había quedado “entrampada” en la lógica de un recorte espacial sobre los límites funcionales dispuestos por el municipio delimitados a partir de una mirada de “sobrevuelo”. Mientras que los habitantes del barrio, desde una mirada más amplia del territorio reafirmaban la importancia de “habitar” esa cotidianeidad. Volví sobre esta práctica al encontrarme con la cita de Lopes Souza, quien afirma que al referirnos al territorio debemos “avanzar en el intento de argumentar que el concepto en cuestión puede y debe ser aplicado a las más diversas escalas y situaciones, incluidas las de la vida cotidiana, tradicionalmente desatendidas por la investigación geográfica, con su tradicional predilección desde la “visión de sobrevuelo”” (Lopes Souza, 2013: 103, traducción propia).
Otro aspecto central en la confección del mapa conjunto, fueron las negociaciones acerca de qué incorporar y qué no, teniendo en cuenta que, en la instancia previa cada organización o institución había seleccionado una serie de elementos cartografiables.

El mapa resultante fue un rompecabezas compuesto por diversas representaciones en torno a una superficie en común (el área de los barrios Las Lomas y Santo Domingo). En ese sentido, dábamos cuenta de una misma área entrelazada por redes de actores diferentes, con diferentes capacidades de decisión y acción, que lograban, por primera vez, negociar en torno a un soporte material cuestiones en conjunto para mejoras de un mismo espacio. En la construcción colectiva del mapa se hacía visible que el ejercicio de poder puede ocurrir en múltiples formas y escalas, involucrando diferentes actores sociales (Do Carmo Cruz, 2020). Así, el patio comunitario de uso exclusivo de una de las comunidades (Qomlashi L´ma Nam Qom) daba cuenta de un dominio espacial específico; el espacio físico del Centro de Atención Primaria Las Lomas de uso común por parte de todos los habitantes del barrio, además de su carácter de “público”, se presentaba como un espacio donde se materializaba (aunque con falencias identificadas por los mismos vecinos) la presencia del Estado en la zona; la Asociación Cometa funcionando en un predio “prestado” por la Iglesia Católica también se insertaba en mecanismos de control y poder que determinaban sus decisiones y relaciones. En este sentido, tanto la confección del mapa como el entramado que se intentaba representar, mostraba que
cada recorte territorial es un nivel escalar de dominio. El recorte de dominio de un sujeto-cuerpo en la escala total de recortes, el conjunto de la espacialidad diferencial expresando el poder plural de los sujetos en conflicto dentro del conjunto de la sociedad y del Estado, y siendo la espacialidad diferencial, así, la trama de territorialidades que hace de todo el ordenamiento un complejo de micropoderes, una densa e infinita red de capilares que arroja el concepto y la existencia del poder más allá del macropoder del Estado (Moreira, 2011: 85-86, traducción propia).

Quinta instancia: ronda de diálogo final y nuevas formas de organización
En esta instancia, fue central la incorporación del relato oral. Tal y como sostiene Diez Tetamanti (2018):
En el mapa hay una parte que estará omitida en el dibujo, pero presente en la producción que le otorga sentido. La lectura de ese metatexto a partir de la incorporación de la oralidad en el registro del proceso es central para la posterior instancia de análisis, dado que puede modificar drásticamente los posibles significados (Diez Tetamanti, 2018:50).
Para esto, es necesario ir desde el plano de la construcción del mapa a la realidad experimentada. Se piensa entonces, “cómo se resolvió en el mapa (el proceso de producción) y cómo esa resolución podrá pasar a un plano de la experiencia cotidiana” (Diez Tetamanti, 2018:81). En este sentido, la última instancia del taller disparó nuevos ejes de trabajo y formas de organización que fueron sostenidas en el tiempo, no obstante, por cuestiones de recorte temático no serán abordadas aquí.
Sin embargo, a modo ilustrativo podemos recuperar el relato de una referente qom, quien reflexionaba en torno a la experiencia de mapeo y su utilidad: “estuvo bueno el encuentro porque es una herramienta para pisar fuerte en el Estado digamos y ejercer muchos de los derechos de los ciudadanos que se vulneran” (Entrevistada 3).
A propósito de esto último, la geógrafa Inés Rosso sostiene:
los mapas pueden ser utilizados para plantear alternativas a las imágenes de poder y transformarse en un medio de empoderamiento o de protesta. Los mapas alternativos incrementan en cierta medida, el poder de las personas que habitan el territorio mapeado y les otorga la posibilidad de control de las representaciones de sí mismos y de sus reclamos (Rosso, 2018:56).
Es importante aclarar que a partir de dicho mapeo y las problemáticas construidas y reconocidas, los miembros de la recientemente conformada “Red Barrial de Las Lomas y Santo Domingo” comenzaron a trabajar de manera conjunta en la confección y elevación de demandas puntuales.
Se produjo también una sexta instancia, donde el mapa resultante y el dossier producido[16], fueron presentados y repartidos en soporte papel a todas las organizaciones y representantes del gobierno municipal presentes.
Consideraciones finales
El presente escrito pretendió volver sobre prácticas de mapeo realizadas en los barrios de Las Lomas y Santo Domingo. En ese sentido, intenté recuperar nociones de territorio con foco en la relación espacio y poder, porque considero que de esta forma es posible echar luz sobre prácticas cotidianas que configuran la territorialidad de los vecinos en ambos barrios. Para ello, realicé una selección en pos de ejemplificar aspectos teóricos, a los fines de poder contribuir, en cierta medida, a desandar categorías abstractas y volverlas prácticas. Entiendo que la elaboración de cartografía social, permite recuperar los sentidos cotidianos en torno al territorio, pero a su vez, no dejan de ser mediadas por relaciones de poder.
Particularmente, he tomado esta instancia como una posibilidad para reflexionar sobre las propias prácticas académicas llevadas a cabo, en un espacio que también configura mi trabajo día a día con organizaciones de base territorial. En este sentido, el producto cartográfico final es solo una arista del proceso más amplio en el que quienes participamos de dicha instancia y continuamos participando de la vida cotidiana de los barrios, en mayor o menor medida, refundamos nuestra territorialidad.
Considero que este proceso reflexivo, de la mano del marco teórico seleccionado, acompaña y da nuevos sentidos a la producción cartográfica generada. A su vez, identifico una relación estrecha entre la producción de cartografía y las relaciones de poder que moldean el territorio. Si podemos, en términos de Haesbaert (2004), pensar el territorio desde lógicas de dominación como puede ser la producción cartográfica desde herramientas técnicas del Estado, también podemos pensar la instancia de cartografía social como una forma de apropiación territorial. En este solapamiento evidenciado a lo largo del presente texto, dichas lógicas no se presentan como escindidas sino como parte de un todo que complejizan y, en el cual, a su vez nosotros geógrafos estamos inmersos.
Existe el desafío entonces, de tomarnos el tiempo para volver sobre nuestras prácticas, para permitir pensarnos más allá de la dualidad que se nos impone en torno a ser sujetos u objetos en la construcción del conocimiento.
Por último, considero clave aclarar, que por cuestiones de recorte temático, queda pendiente la posibilidad de efectuar una relectura de dicho taller a partir de un enfoque interseccional que contemple las relaciones interétnicas generadas entre los vecinos qom y los “criollos”, ya que como nos aporta Do Carmo Cruz (2020) que el poder esté en todas partes, no implica que el mismo se ejerza de igual forma, sino que se encuentra estructurado en diversas formas o modos sociales de vida.
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Notas