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La estética femocrática negativa en el gobierno Bolsonaro en Brasil: Michelle Bolsonaro y Damares Alves*

The Negative Femocratic Aesthetics in the Bolsonaro Government in Brazil: Michelle Bolsonaro and Damares Alves

Estética feminista negativa no governo Bolsonaro no Brasil: Michelle Bolsonaro e Damares Alves

Fernanda Pattaro Amaral **
Universidad de Cádiz, España

La estética femocrática negativa en el gobierno Bolsonaro en Brasil: Michelle Bolsonaro y Damares Alves*

Revista IUSTA, núm. 58, pp. 25-40, 2023

Universidad Santo Tomás

Recepção: 30 Outubro 2022

Aprovação: 15 Novembro 2022

Resumen: La política es un escenario interesante para análisis de los comportamientos sociales. Casi 80 años después del sufrágio universal, aún existen barreras para la apropiación del espacio público por las mujeres. Para mejor entendimiento, vamos a distinguir dos sentidos de la participación de la mujer en política: las mujeres como sujeto pasivo de la política y las mujeres como sujeto activo de la política. La estética femocrática aqui surge como una categoria analítica y una propuesta teórica para poder analizar y comprender el fenómeno de las políticas y la interseccionalidad del género. Como metodología, utilizaremos algunas acciones políticas realizadas por el gobierno Bolsonaro con enfasis en dos mujeres importantes de su gobierno: Michelle Bolsonaro y Damares Alves. Como resultados tenemos un modelo de gobierno neoliberal con estética femocrática (negativa), lo que caracteriza algunas de las democracias del siglo XXI gobernadas por los movimientos de ultraderecha o extrema derecha.

Palabras clave: Política, estética, género, democracia, mujeres.

Abstract: Politics is an interesting scenario for analyzing social behaviors. Nearly 80 years after universal suffrage, there are still barriers to women’s appropriation of public space. For a better understanding, we will distinguish between two senses of women's participation in politics: women as passive subjects of politics and women as active subjects of politics. Femocratic aesthetics emerge here as an analytical category and a theoretical proposal to analyze and understand the phenomenon of politics and the intersectionality of gender. As a methodology, we will examine some political actions carried out by the Bolsonaro government, with emphasis on two prominent women in his government: Michelle Bolsonaro and Damares Alves. The results reveal a neoliberal government model with (negative) femocratic aesthetics, which characterizes some of the 21st century democracies governed by far-right or extreme right- wing movements.

Keywords: Politics, aesthetics, gender, democracy, women.

Resumo: A política é uma arena interessante para analisar o comportamento social. Quase 80 anos após o sufrágio universal, ainda existem barreiras para a apropriação do espaço público pelas mulheres. Para uma melhor compreensão, distinguimos dois sentidos da participação das mulheres na política: as mulheres como sujeitos passivos da política e as mulheres como sujeitos ativos da política. A estética femocrática surge aqui como uma categoria analítica e uma proposta teórica para analisar e compreender o fenômeno da política e a interseccionalidade do gênero. Como metodologia, utilizamos algumas ações políticas realizadas pelo governo Bolsonaro com ênfase em duas mulheres importantes deste: Michelle Bolsonaro e Damares Alves. Como resultados, temos um modelo de governo neoliberal com uma estética femocrática (negativa), que caracteriza algumas das democracias do século 21 governadas por movimentos de ultradireita ou extrema direita.

Palavras-chave: Política, estética, gênero, democracia, mulheres.

Introducción

En este artículo pretendemos reflexionar sobre la estética aplicada al escenario político a través de la femocracia, entendida como un instrumento auxiliador en la medición del grado de la democracia de un país. Cuánto más positiva sea la estética femocrática, más democrático se podría considerar un país. El concepto está en fase de aplicación en casos modelos (del proyecto original), pero ya se obtuvo hallazgos interesantes para realizar una discusión sobre este concepto (o categoría analítica) que puede servir como un elemento de medición política.

El concepto surge para dar respuestas al fenómeno reciente del aumento de mujeres en los cargos de decisión política. Las mujeres pasaron de ser solamente sujetos pasivos de las políticas (en su caso, de las políticas públicas) a ser sujetos activos en la política (con poder de decisión). Este cambio en los roles propicia un mayor desarrollo en la estructura de la democracia de un país, porque empieza a contemplar los diversos colectivos que se salen de la política tradicional que, a su vez, se mantiene patriarcal. Esa estética femocrática nos da margen para varias preguntas de investigación y es un campo abierto para más búsquedas de datos e interpretación de los hechos.

En las últimas décadas presenciamos un aumento gradual de la presencia de las mujeres, y más recientemente (en menor grado) del colectivo LGBTIQ+ en los puestos decisorios de los gobiernos, ya sea como candidaturas propias, ya sea como colectivos. El aumento de esa participación es un indicativo de la efetividad de la democracia en un país, una vez que incorpora al cuerpo político de un Estado la totalidad de componentes culturales que permean su sociedad.

De este modo, la utilización de la femocracia como forma de percibir los avances femeninos en el campo político surge como una herramienta conceptual, como una variable para esta medición, una vez que el concepto nasce de las luchas feministas y de los movimientos de mujeres para acceder al campo político. La estética surge como un elemento identificador de esa variable, o sea que puede ser medida a través de los discursos, las propagandas políticas, los programas políticos, las políticas públicas, la constitución política de un gobierno, entre otros, que es la propuesta de la investigación en curso.

Por lo tanto, este artículo tiene como propuesta la discusión de la utilización de la estética femocrática como un modelo de medición de la democracia, y para eso primero tenemos que aclarar qué entendemos por femocracia a través del feminismo de Estado, después abarcar un poco de la construcción de la estética aplicada a la política, para finalmente aplicar el concepto a un caso-modelo, el gobierno Bolsonaro.

El feminismo de Estado

Las principales feministas responsables por teorizar el Estado fueron las del segmento radical en los Estados Unidos con las lecciones aprendidas de la primera ola del feminismo de los años 60 en muchos países occidentales. Fueron también ellas las que empezaron a indagar en el universo de las políticas públicas oficiales, enfatizadas en el sistema patriarcal. La red de instituciones del feminismo de Estado incluye agencias como ministerios específicos, secretarías, comisiones, etc., que enfatizan temas que conciernen a la agenda feminista y dialogan abiertamente con los diversos movimientos de mujeres y feministas, estableciendo así un puente entre el gobierno y la sociedad civil. En América Latina, a partir de 1970 se ha fortalecido la institucionalización del feminismo en organismos públicos, y es reconocido como el feminismo institucional o “la institucionalización de intereses feministas” en el Estado (Stetson y Mazur, 2006, p. 147). La contribución de la femocracia estriba en un perfeccionamiento de la democracia con las críticas del rol del Estado en las políticas públicas a favor de la igualdad entre mujeres y hombres, con independencia de la vertiente feminista. No existe, y tampoco podría existir, un consenso en el interior del movimiento feminista (liberal, radical, post-estructuralista, por ejemplo) acerca del rol estatal a favor de los intereses de las mujeres. Lo que sí hay en común es la defensa del paradigma de género en las políticas públicas promotoras de la igualdad y la lucha contra la dominación patriarcal presente en las instituciones gubernamentales.

Clarissa Paradis y Marlise Matos (2013) entiende el feminismo estatal como la cuarta ola del feminismo en América Latina, cuyos orígenes se encuentran en los estudios feministas sobre el Estado de Bienestar Social en 1980, teniendo como principal característica la organización de las demandas de los movimientos de mujeres en el interior de los mecanismos institucionales de los gobiernos. Al referirse al feminismo latinoamericano, Paradis y Matos (2013, p. 99) lo clasifica como “comunidades de políticas de género”, y lo diferencia de las acciones de los “Mecanismos Institucionales de Mujeres” (MIM). Stetson y Mazur (2006, p. 147). La contribución de la femocracia estriba en un perfeccionamiento de la democracia con las críticas del rol del Estado en las políticas públicas a favor de la igualdad entre mujeres y hombres, con independencia de la vertiente feminista. No existe, y tampoco podría existir, un consenso en el interior del movimiento feminista (liberal, radical, post-estructuralista, por ejemplo) acerca del rol estatal a favor de los intereses de las mujeres. Lo que sí hay en común es la defensa del paradigma de género en las políticas públicas promotoras de la igualdad y la lucha contra la dominación patriarcal presente en las instituciones gubernamentales.

Para Costa (2005), “feminista institucionalizada es la forma peyorativa en que las auto-identificadas como feministas autónomas nombran aquellas ocupadas en las agencias bilaterales y multilaterales, en los organismos estatales y profesionales de ONGs feministas”. La estrategia femocrática es un modelo reconocido del feminismo de Estado, utilizado en Australia con éxito, capaz de transitar entre acciones e influencias públicas (de género) sobre la política (de género) institucionalizada, involucrando con ello políticas oficiales que atiendan las demandas feministas. El modelo de feminismo de Estado aplicado en Australia (la estrategia femócrata) ha logrado una mayor participación política de las mujeres en cuanto al voto obligatorio, siendo la participación de las mujeres hasta un 30 % en cámaras legislativas como el Senado, por ejemplo. Además, ha hecho viable una mayor capacidad de gastos para el desarrollo de las mujeres, y el cumplimiento de los tratados de cooperación internacionales. El buen resultado de ese modelo feminista viene del hecho de que sus representantes, junto al gobierno, dialogan constantemente con los diversos movimientos de mujeres y feministas, buscando conocer sus demandas y suplirlas, afirmando así sus condiciones de representantes de ese electorado femenino politizado. Sin embargo, durante un tiempo las mujeres fueron solo receptoras de políticas públicas y solo recientemente también son partícipes en su formulación. Los partidos políticos son predominantemente masculinos a pesar de la discusión sobre las cuotas de paridad. Esto generó que las mujeres buscaran otras opciones alternativas para acceder al poder y a la representación política, como la creación de los partidos feministas. Así, el principal objetivo de la femocracia es cambiar las relaciones políticas estatales para una efectiva igualdad de género, es decir, implicar a todos los ministerios e instituciones en la problemática femenina y las políticas públicas equitativas hasta que toda la sociedad sea transformada en sus roles de género (Restrepo y Ruiz, 2019; Velasco, 2016).

Entre tanto, hay que apuntar algunas observaciones al modelo femócrata: a) a pesar de que la presencia de las mujeres en las estructuras gubernamentales es un dato importante que permite una ampliación de la democracia representativa femenina, es necesario considerar el hecho de que no todas las mujeres son feministas, y eso puede conducir a ignorar la agenda feminista o al avance de pautas conservadoras; b) algunos ministerios o programas liderados por las mujeres no son tan influyentes, al punto de que puede no serles posible impulsar cambios significativos en las normas de género, pues a veces muchos tienen poca capacidad institucional para promover políticas públicas con enfoque de género, ya que para medir el nivel de influencia es importante observar el presupuesto financiero destinado a los ministerios y programas como una de las condiciones efectivas del empoderamiento político de las mujeres; c) se debe verificar la transversalidad de género en las políticas ministeriales y su interlocución con los municipios y con la sociedad civil. Estas observaciones son muy importantes para el mejoramiento del ejercicio de la femocracia. Las representantes de ese modelo femócrata junto al gobierno fueron reclutadas entre los movimientos de mujeres y feministas reconocidas, agregando legitimidad a esas voces (Rankin et ál., 2001, p. 12). A veces el Estado formula o apoya políticas públicas convencionales que refuerzan los roles de las madres y las esposas, en lugar de fortalecer y generar oportunidades para su calificación y remuneración en el mercado de trabajo, así como también estimular la participación de los padres en la educación de sus hijos o en las tareas domésticas.

La Femocracia

La femocracia es un tipo de feminismo de Estado, o feminismo institucionalizado, estudiado por Rankin et ál. (2001), quienes crean y consolidan el concepto. De estas autoras se toma el concepto femocracia descrito como la participación de las “femócratas” o tecnócratas feministas en los puestos de poder político. Las femócratas eran las representantes políticas que deberían realizar un enlace entre las reivindicaciones de las feministas de base, y de los movimientos feministas y de mujeres, para llevar las acciones a la esfera pública, y así concretar una agenda política feminista.

La trayectoria de las mujeres en la vida política permite la posibilidad de diseñar acciones de resistencia contra las relaciones de poder desiguales y excluyentes, pautadas por el dominio masculino en la esfera pública y por los registros de democracia “masculina”. Estas acciones permiten analizar el desarrollo de nuevas formas de ejercer el poder político por parte de las mujeres (la femocracia, por ejemplo). Rankin et ál. (2001) argumentan que hacer política no es una acción restricta a los órganos gubernamentales, pues tal y como lo expresa un viejo eslogan feminista, “lo personal es político. Lo que existe es una división entre modos de hacer políticas y las llamadas “políticas oficiales”, limitadas a los ámbitos de legislaturas, burocracias, cortes (leyes) y la policía. En las políticas oficiales las mujeres ejercen el poder político a través de sus cargos electivos, de la votación y del lobby, y actúan en la política “no oficial” de manera directa o indirecta a través de su influencia en la opinión pública.

La estética femocrática

La estética y su relación con la política

La estética es un concepto oriundo de las discusiones sobre el Arte. En su texto “Estética y Política: el debate contemporáneo en torno a las formas de la representación”, la autora María Verónica Galfione (2014) nos indica que las primeras manifestaciones sobre el concepto de estética advienen de las problematizaciones de la apariencia estética representadas en los diálogos de Platón en su libro “La República”, y están relacionadas con las denominaciones de falso o verdadero de los poetas para representar las historias mitológicas de acuerdo con los medios utilizados para tal fin.

Platón observa que el poeta Homero tenía una habilidad muy interesante con la utilización de las palabras y algunos de sus admiradores llegaron a pensar que Homero con su elocuencia dio otro sentido a la formación de Grecia como tal, dibujando una pintura sobre la realidad y el modo de gobernar. De esta forma, la estética (entendida como lo bello) de las palabras de Homero generó un cierto temor histórico de que esas palabras ofuscasen la verdad, al punto de que la verdad de las cosas propias del Estado pudiera desaparecer del conocimiento popular. De este modo, Galfione destaca la importancia de la perspectiva de Platón en relación a la apariencia estética, y la representación de las historias mitológicas por los poetas,

[…] puesto que no era en virtud del mero contenido engañoso de sus obras que los poetas debían permanecer fuera de los límites de la polis sino del medio que empleaban para la representación de las diversas historias mitológicas. Esto es, desde la perspectiva de Platón el problema radicaba en la propia apariencia estética en la medida en que esta contribuía a desdibujar aquellos límites que permitían diferenciar lo falso de lo verdadero. (Galfione, 2014, p. 224)

Jean Jacques-Rousseau (apudGalfione, 2014) realizó cuestionamientos respeto de la estética en relación con la política, preocupándose por las relaciones políticas y su aspecto estético. Para esto, Rousseau recurre al teatro como instrumento educativo del pueblo, que funciona presentando una realidad como ficción.

Rousseau argumenta que el teatro podría servir para manipular la realidad, un juego entre el ser y el parecer ser. Así:

Para Rousseau, en cambio, la preponderancia de la dimensión estética no atentaba contra determinaciones ontológicas externas, sino que conducía, más bien, al extrañamiento de los individuos con respecto a su esencia colectiva y entorpecía, de esta forma, la constitución de una voluntad auténticamente democrática. (Galfione, 2014,p. 225)

Un pensador importante dentro de la filosofía alemana del Aufklärung fue Hegel (1989), que define la estética como la ciencia del sentido, una vez que en Alemania las obras de arte eran entendidas a través de las sensaciones provocadas, como miedo, admiración, agrado, entre otras. Lo bello, segundo el autor, tiene la belleza por apariencia, no por contenido o cosa similar, así:

Si bien el arte de hecho se somete a fines más serios y produce efectos nobles, no obstante, el medio que utiliza para ello es el engaño. En efecto, lo bello tiene su vida en la apariencia. Ahora bien, puede reconocerse fácilmente que un fin verdaderamente último no ha de ser producido por la apariencia. (Hegel, 1989, p. 08)

Hegel realizaba una discusión reflexiva sobre lo verdadero como único medio de producir lo verdadero, así la apariencia no puede jamás engendrar lo verdadero, pues puede servir al engaño.

Cuando el autor elabora su pensamiento sobre la realidad sensible (mundo del pensamiento), enfatiza que el arte es una “alienación hacia lo sensible” no siendo, por lo tanto, considerada como forma de pensamiento, pero necesaria al proceso humano porque el espíritu logra conocerse y reconocer al otro “a través de la sensación y de la sensibilidad” (Hegel, 1989, p. 14), y porque el arte es un “mediador entre la razón y la sensibilidad” (Hegel, 1989, p. 20).

Ya Lukács (1966a) trabaja con el concepto de “reflejo estético”, que tiene su origen en el mundo humano, siendo construido por las percepciones humanas a través de su historicidad. Para el autor, este reflejo estético-artístico funciona como una copia, una imitación de la realidad, en un movimiento de negación y afirmación:

Sin reflejo de la dialéctica de la esencia y la apariencia es imposible ya la más primitiva orientación en la vida, y nuestras anteriores consideraciones han mostrado que no es “la filosofía” la que da a imágenes fotográficas de la realidad el título de conclusiones dialécticas, sino que éstas se encuentran ya en las percepciones más simples, y que el pensamiento se limita (sin conseguirlo siempre) a aclararlas en la consciencia. (Lukács, 1966b, p. 20)

De este modo, Lukács refuerza la característica de copia de la realidad como un producto, una representación de la realidad, pero no la realidad en sí misma.

Avanzando un poco más en la historia, introducimos aquí los pensamientos de Walter Benjamin (2019) en relación con las artes, sobre todo lo relacionado entre arte y la guerra. Para el autor, en la guerra se utilizaban elementos de lo bello para disfrazar los objetivos más evidentes de una guerra. Por lo tanto Benjamin, cuando trabajó el concepto de “l’art pour l’art”, tenía por única preocupación lo bello, sin considerar otras dimensiones. Paredes (2009), cuando analiza el concepto de Benjamin, argumenta que el ideal puramente estético del arte (para Benjamin) afirma lo siguiente: “¿qué importa la muerte de un individuo si esto permite la creación de una obra inmortal? Si lo único relevante es la belleza de la obra, toda otra pauta que pueda juzgar los acontecimientos se torna prescindible” (Paredes, 2009, p. 92).

Benjamin (2019) lo evidencia utilizando como ejemplo el fascismo, que construyó obras monumentales para iludir a la población a través de esta fotocopia idealizada de la realidad, y refuerza que la estetización de la política es la guerra, porque al inicio los hombres eran instrumentos de contemplación por y para sus dioses, pero luego naturalmente ellos (los hombres) pasaron a contemplar al otro y a sí mismos.

El arte pasa a ser utilizado para esconder el dolor de las consecuencias de la guerra y el horror, una forma de maquillar los efectos desagradables y dañosos de estas acciones. De este modo, los gobernantes utilizan el arte como una forma de reactivar el mito de la caverna de Platón, utilizando en su pantalla gubernamental todo aquello que ellos quieren vender a la sociedad (desde lo bueno hasta lo malo). Así tenemos los discursos estéticos sobre determinados puntos específicos, como sobre el colectivo LGBTIQ+, que se verán reflejados en su marketing político, sus políticas públicas, sus diseños gubernamentales, etc.

El arte para Rancière (2005) es parte de una función comunitaria donde se reparte el mundo común, y aquí podemos pensar en aquellos elementos estéticos mencionados anteriormente sobre los espacios, los discursos, las representaciones cotidianas (para retomar la cuestión de Platón). De esa forma, el autor relaciona el arte con la política, haciendo una conexión con la nueva configuración del común, que se transforma. Con el arte, con el tiempo, se reconfigura estéticamente sobre lo bello, se indaga ese bello, se lo destruye y se lo reconstruye. Lo mismo se da en la política, donde el orden establecido cambia, se reconfigura, se introduce una nueva “configuración simbólica y material” de los que estaban ausentes anteriormente (Paredes, 2009, p. 96), o sea, invisibles en aquel universo sensible. De esta forma sostiene Rancière (2005) que la relación entre estética y política se origina a través de la “división de lo sensible”, que es el universo al que nosotros/as como individuos pertenecemos, interactuando conforme a los reglamentos del espacio-tiempo.

La filósofa Márcia Tiburi (2018) elaboró un pensamiento sobre un personaje político llamado “ridículo político”. Este pensamiento-concepto es utilizado como metáfora para explicar la performance política oriunda de los años 2000 que enaltece a través de maniobras artísticas un renacimiento del fascismo en las simbologías, aparte del discurso y la acción. Son personajes animados dentro del universo de la acción política que alcanzan visibilidad a través de esos mismos elementos bufónicos o agresivos, el recurso de la creación y divulgación de las fake news a través de los medios sociales que publicitan la política.

La estética femocrática negativa del gobierno Bolsonaro en Brasil

Bolsonaro asume la presidencia en 2018, en un conturbado momento de la política brasileña, tras eventos como el golpe de 2016 que dio el neoliberal Michel Temer en la presidencia del país. Los movimientos populares organizados por la derecha y extrema derecha, que culminaron en el impeachment de Rousseff, catapultaron a la ascensión meteórica del entonces diputado Jair Bolsonaro hasta llevarlo a ser el representante de la ultraderecha de Brasil. Con su discurso de odio contra las minorías, contra el medio ambiente a favor del agronegocio depredador, y con sus pautas armamentistas tras su aparente preocupación con “la familia tradicional y cristiana”, llegó a ejercer el mandato por cuatro años como presidente nacional.

De antemano, en su carrera política Bolsonaro daba indicios de que su línea de pensamiento era bastante similar a la de los pensamientos fascistas, con nociones del indígena como un ser humano “primitivo”, de las mujeres como incómodas para la sociedad, y con su defensa del porte de armas ciudadano.

Así que, en esta sección, iremos a utilizar el gobierno Bolsonaro como un estudio de caso en la aplicación de la estética femocrática negativa como instrumento para medir el grado de democracia de un país y los resultados de esta medición.

Podemos incluso percibir esa estética en la propaganda de Bolsonaro como candidato a la presidencia de Brasil, reflejada en los videos oficiales del candidato en 2018. Todos los videos están disponibles en YouTube (Poder 360, 2018a). El primer video tiene fecha del día 01 de septiembre de 2018, su duración es de 15 segundos, donde afirma: “Vamos caminar juntos en defensa de la familia y de la patria, hacia la victoria”. En el segundo discurso, del día 04 de septiembre de 2018, él afirma: “Brasil sobre tudo, Dios sobre todos”, en un recuerdo del lema fascista de la “Ação Integralista Brasileira” (AIB) en 1930 que era “Dios, pátria y familia”. Bolsonaro ganó con 55.13 % en 2018, en una disputa donde Lula estaba injustamente arrestado por un golpe político de la extrema derecha (con el reconocimiento de inocencia de todas las acusaciones en 2021, Lula recuperó sus derechos políticos).

Durante las elecciones de 2018, surgió un movimiento organizado por mujeres brasileñas con el hashtag “Elenao” (AFP Español, 2018), el movimiento tenía como misión hacer un llamado al problema “Jair Bolsonaro”, una vez que el entonces candidato era declaradamente misógino1, afirmando ser algo natural del mercado que mujeres reciban salarios menores que los hombres. Fue condenado por la Corte Suprema por apología a la violación, homofobia (afirma que existe una “ideología de género” como proyecto político por parte de todo aquel que no respeta la familia –tradicional y cristiana), xenofóbico, partidario de la concentración de riquezas, negacionista y negador de la dictadura en Brasil. El sujeto que valora la “familia tradicional”, fue casado tres veces, su última esposa tenía 36 años de edad cuando él tenía 63 años de edad. Michelle Bolsonaro apareció por primera vez en la campaña del esposo (Poder360, 2018b) para romper con la resistencia femenina hacia él. En la campaña ella apareció pocas veces, pero siempre de forma controlada. Cuando Bolsonaro asumió el poder, empezó a formar su base gubernamental. Mientras tanto, su esposa y ahora Primera Dama del país volvió a tener un protagonismo modesto, un cargo de voluntaria del gobierno –enmarcando una vez más los estereotipos de género presentes en la cultura patriarcal de Brasil.

Inicialmente, Bolsonaro nombró a cuatro mujeres para componer sus ministerios frente a 23 ministerios, un resultado que solo fue presenciado en 1985, con un total de 6.1 % de mujeres en ministerios, representando un retroceso. Terminó su mandato con solamente una mujer como ministra, lo que por sí ya genera impactos en la medición del nivel democrático de su gobierno. No obstante, aquí nos centraremos en una ministra y un ministerio en especial: el Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos y su exministra, la pastora evangelista Damares Alves.

Como nota aclaratoria, ese ministerio fue creado como una unión de dos ministerios de gobiernos anteriores: a) Ministerio de la Mujer y b) Ministerio de los Derechos Humanos. O sea, Bolsonaro fundió dos ministerios en uno y enmarcó la línea política de ese nuevo ministerio añadiendo la palabra “Familia”, lo que indica el posicionamiento que este ministerio tendría a partir de su gobierno, alineado con ideales de la ultraderecha. La manutención del nombre “Mujer” en el ministerio es un indicativo de la estética femocrática. Esto significa que en su gobierno las mujeres gozarían de un determinado protagonismo, aunque la mayoría de sus ministros fuesen hombres. Igualmente, tener la palabra ‘mujer’ reforzaría un compromiso político con los movimientos de mujeres y feministas que reivindicaban la mujer como sujeto de las políticas públicas.

Como modelo de caso para la aplicación del concepto, se utiliza la gestión de la ministra Damares Regina Alves, enmarcada por la “nueva era” en la política, y la famosa frase: “los niños se visten de azul y las niñas, de rosa” (Band Jornalismo, 2019), es decir, la palabra “mujer” en su ministerio transmite la ilusión de que los temas de género serán la agenda de la gestión, cuando en realidad es todo lo contrario. Tras la repercusión de su discurso, admitió que su propuesta iba en contra de la “ideología de género” (o, de forma más usual, la agenda progresista). La ministra Damares es una figura controvertida por sus ideas reaccionarias y una activista evangélica que ha luchado, precisamente, contra los temas de género y el avance de las agendas feministas. Durante una conferencia de prensa sobre la campaña del gobierno para enfrentar la violencia de género, la ministra guardó silencio y ese silencio fue la forma que encontró para llevar a cabo una especie de protesta contra esta violencia. En un momento en que la ministra podía usar su voz para fortalecer la campaña, dijo que el silencio era, de hecho, lo que les pasaba a las mujeres. En otro discurso, comentó que un personaje de Disney, la princesa Elsa, terminó la historia sola porque era “lesbiana” y que el personaje es parte de “una conspiración del diablo” (Band Jornalismo, 2019). En otro discurso suyo afirmó que “el Estado era laico, pero el ministro era terriblemente evangélico”, y que “los niños serían tratados como príncipes y las niñas como princesas” (Band Jornalismo, 2019). La ministra también mencionó que hay una “dictadura gay” en Brasil, y en su posición sobre el aborto dijo que el embarazo era un problema que solo duraba nueve meses. A pesar de todo su discurso ideológico, la ministra fue acusada por el Ministerio Público de la Federación de no utilizar los fondos disponibles en su ministerio, habiendo utilizado solo el 44 % de ellos en 2020. No hay defensa de una agenda de género en sus discursos, no hay garantía de igualdad de género en su accionar político, pero existe el Ministerio, o sea, la ilusión de que existen políticas de género.

Aunque el discurso de Bolsonaro afirme que su gobierno fue el que más trabajó por las mujeres, esto no es cierto. Las tasas de feminicidio no bajaron como afirmó el presidente, su gobierno realizó un corte de 90 % en el presupuesto del Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, lo que prácticamente invalidaría la existencia del ministerio, pero el ministerio sigue presente causando la ilusión de que funciona y que está a favor de las mujeres. Su presupuesto para el programa de enfrentamiento a la violencia hacia la mujer es el menor en cuatro años, siendo casi la mitad del presupuesto de 2019. En 2020, un 70 % del recurso disponible no fue utilizado por el Ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos. Igual situación se encuentra en otro programa llamado “Casa de la Mujer Brasileña” para mujeres en situación de violencia; del total de presupuesto para 2021 (cerca de cuatro millones cuatrocientos setenta y tres mil dólares americanos) solamente cerca de doscientos cinco mil dólares americanos fueron gastados, y en 2019 nada se gastó del presupuesto destinado al programa (Martins, 2022).

Es precisamente la ilusión, la idea de existencia de una falsa realidad, una puesta en escena, lo que enmarca ese ministerio en específico con el concepto de estética femocrática negativa, una vez que utiliza la estética femocrática como un dispositivo (de poder político) para manipular las demás instituciones y la propia sociedad, configurándose en una tecnología general del poder como proyecto político de base conservadora que —en un ejercicio de disimulación de la realidad— convence de determinadas acciones que no corresponden con la realidad, emulando (en este caso) una democracia plena. Una democracia plena entendida en el sentido de la participación de las minorías de las decisiones gubernamentales. De esta forma, cuanto menor es la participación efectiva de esas minorías en las decisiones políticas, menor es la calidad democrática de este gobierno.

En este caso específico, el gobierno Bolsonaro afirma que gobernó para las mujeres, cuando en realidad su gobierno practicó retrocesos como la fusión de los ministerios, disminuyendo no solamente la importancia sino el presupuesto que debería ser destinado solamente al ministerio de la mujer.

Una de las figuras más importantes de su gobierno, su esposa, llegó a “hablar en lenguas diferentes” en una conmemoración por una decisión de la Corte Suprema en una acción que le beneficiaba a él en un supuesto acto de corrupción, y en aquel momento se comentó que estas lenguas son las propicias para la comunicación directa con Dios (DCM TV, 2021). Una vez más, Bolsonaro utilizaba la imagen de la esposa para reivindicar en un gesto idílico y delirante que él era el elegido por “El Señor” en la Tierra.

Durante su campaña para la reelección a la presidencia, Bolsonaro utilizó como estrategia a su esposa, Michelle Bolsonaro, para transformarse en la mujer símbolo de la “familia tradicional”, cristiana. Todavía, una entrevista actual del presidente causó incomodidad en la sociedad cuando este dijo que estuvo en una calle de Brasilia, encontró unas menores de edad y “hubo un enamoramiento entre ambos” (es decir, entre el señor de más de 60 años y una menor de edad), él le pidió a ella ir a su casa y afirmó que era un burdel de niñas venezolanas (UOL, 2022). Ante la conmoción nacional por la revelacion del pensamiento pedófilo, la primera dama fue con la exministra de las Mujeres, Familia y Derechos Humanos (Damares Alves), para intentar hacer que las chicas de la casa grabasen una versión diferente para la televisión, para Bolsonaro. Las mujeres del gobierno Bolsonaro (Michele Bolsonaro y Damares Alves) eran elementos simbólicos de la manutención del statu quo del régimen de extrema derecha bolsonarista, utilizados (su imagen) como representación de las mujeres en la política en su gobierno, pero de una forma negativa y de retroceso.

Conclusión

La estética femocrática puede ser utilizada como una herramienta de medición del grado democrático de un determinado gobierno. Es sabido que a partir de los años 90 las mujeres pasan a tener coprotagonismo político, ya sea como sujetos pasivos o activos de la política. De esa forma, la estructura política cambia radicalmente para adecuarse a la nueva realidad, y uno de esos cambios es precisamente el surgimiento de un ministerio específico para los temas relativos a las mujeres como sujeto. Entretanto, así como en la propaganda política fascista donde las estructuras artísticas tenían un peso simbólico para los actores y la población siendo utilizadas para disimular la realidad, esas estructuras actuales —como en el ejemplo del artículo, el ministerio— también pueden tener el mismo enfoque de disimulación. Cuando es este el caso, podemos utilizar el concepto de estética femocrática negativa, pues de hecho no auxilia en el desarrollo de los problemas enfrentados por este grupo específico, sino que la simple existencia y la forma en que es presentado nos brinda la falsa idea de que las acciones son tomadas en favor de tal colectivo o grupo.

Por lo tanto, lo que queremos enfatizar aquí con el ejemplo de Damares Alves y de Michelle Bolsonaro es que se puede utilizar la estética femocrática para vender la idea (recordando aquí las críticas de Platón a Homero, y la propaganda estética citada por Benjamin en el caso de los regímenes totalitarios) de un gobierno alineado con las necesidades de las mujeres, aunque de hecho no lo es. Y esa característica es funcional para determinar el grado de democracia de un gobierno, de acuerdo con las acciones, discursos, políticas públicas realizadas hacia un determinado grupo (en este caso, podemos trabajar con el género). Es decir, cuanto más retroceso en relación a —en este caso— los temas de género, más negativa es esa democracia, o menos democrática es la democracia.

Referencias

AFP Español (2018, 29 de septiembre). Protesta masiva #EleNao recorre Brasil contra Bolsonaro. [video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=53mG-1SJclM

Band Jornalismo (2019, 4 de enero). 'Menino veste azul e menina veste rosa', diz ministra. [video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=vAE2tbvD4nY

Benjamin, W. (2019). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Godot.

Costa, A. A. A. (2005). Movimento feminista no Brasil: Dinâmicas de uma intervenção política. Revista Gênero, 5(2), 9-35. https://ieg.ufsc.br/cedoc/revistas/0/volumes-eletronicos/0/1559

DCM TV (2021, 4 de diciembre). Michelle Bolsonaro pula e fala em línguas para comemorar André Mendonça no STF. [video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=Vk2C8q4HtSM

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Notas

1 Bolsonaro – mientras era diputado federal – dijo a una colega de trabajo que no la violaría porque ella no merecía, en su concepción la candidata era muy fea para tener el honor de ser violada (revistaISTOE, 2014).
* Este artículo es producto de mi tesis doctoral, titulada “La estética femocrática en los gobiernos de Cristina Kirchner, Michelle Bachelet y Dilma Rousseff: la ruptura de la ordalía del poder patriarcal en la esfera política”, en la Universidad de Cádiz (España), Doctorado en Artes y Humanidades.

Autor notes

** Magíster en Sociología y Magister en Genero, Identidad y Ciudadanía. Docente de la Corporación Universitaria Americana e Investigadora del programa del Doctorado Artes y Humanidades de la Universidad de Cádiz. Correo electrónico: fpattaro@coruniamericana.edu.co; ORCID: 0000-0002-9018-2375
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