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¿Qué ocurre cuando las escuelas están vacías? Los niños durante el confinamiento
Joan Tahull Fort
Joan Tahull Fort
¿Qué ocurre cuando las escuelas están vacías? Los niños durante el confinamiento
What Happens When Schools are Empty? Children During Confinement
O que acontece quando as escolas estão vazias? As crianças durante o confinamento
Revista Interamericana de Investigación, Educación y Pedagogía, vol. 15, núm. 2, pp. 317-351, 2022
Universidad Santo Tomás
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Resumen: En el estudio se presenta una descripción, análisis y reflexión sobre el confinamiento obligatorio de los alumnos españoles de primaria por la pandemia de la covid-19. Se cerraron las escuelas, y padres e hijos debieron estar largas jornadas en sus domicilios. Muchas familias tenían limitaciones y diversos problemas para estar de forma permanente en su hogar y seguir la educación telemática. Para la investigación se utilizó bibliografía relevante, datos cuantitativos y se realizaron 20 entrevistas en total: 10 padres-madres y 10 maestros de primaria, quienes han explicado sus experiencias y vivencias durante el confinamiento. Con las aportaciones de los informantes se muestran diferentes situaciones vividas por las familias y también hijos y alumnos. Se explica cómo el confinamiento obligatorio y el seguimiento de las clases virtuales ha sido desigual en función de las capacidades y posibilidades de los padres-madres para estar, orientar y ayudar a sus hijos.

Palabras clave: Educación, pandemia, relaciones entre pares, relaciones entre grupos, familia y alumno.

Abstract: This study presents a description, analysis and reflection on the compulsory confinement of Spanish elementary school students due to the covid-19 pandemic. Schools were closed, and parents and children had to spend long days at home. Many families had limitations and various problems to be permanently at home and follow the telematics education. Relevant bibliography and quantitative data were used for the research, and a total of 20 interviews have been conducted: 10 parents and 10 elementary school teachers, who explained their experiences during confinement. The informants’ contributions show different situations experienced by families, as well as children and students. It is explained that the compulsory confinement and follow-up of virtual classes have been unequal according to the capacities and possibilities of the parents to be with, guide and help their children.

Keywords: Education, pandemic, peer relations, intergroup relations, family and student.

Resumo: Este estudo apresenta uma descrição, análise e reflexão sobre o confinamento obrigatório dos alunos espanhóis do ensino fundamental devido à pandemia da covid-19. As escolas foram fechadas e pais e filhos tiveram longas jornadas nas suas casas. Muitas famílias tinham limitações e vários problemas para estar permanentemente em casa e seguir a educação telemática. Para a pesquisa, foram utilizados bibliografia relevante e dados quantitativos, bem como foram realizadas 20 entrevistas no total: 10 pais-mães e 10 professores de primária, os quais explicaram suas experiências e vivências durante o confinamento. Com as contribuições dos informantes, são mostradas diferentes situações vividas pelas famílias, filhos e alunos. Explicase como o confinamento obrigatório e o seguimento das classes virtuais têm sido desiguais em função das capacidades e possibilidades dos paismães de estar, orientar e ajudar seus filhos.

Palavras-chave: Educação, pandemia, relações entre pares, relações entre grupos, família e aluno.

Carátula del artículo

ARTÍCULOS DE REFLEXIÓN

¿Qué ocurre cuando las escuelas están vacías? Los niños durante el confinamiento

What Happens When Schools are Empty? Children During Confinement

O que acontece quando as escolas estão vazias? As crianças durante o confinamento

Joan Tahull Fort*
Universidad de Lleida, España
Revista Interamericana de Investigación, Educación y Pedagogía, vol. 15, núm. 2, pp. 317-351, 2022
Universidad Santo Tomás

Recepção: 17 Junho 2021

Aprovação: 02 Outubro 2021

Introducción

El 14 de marzo de 2020, el Gobierno de España declaró oficialmente el estado de alarma en todo el territorio español (Real Decreto 463 de 2020 del 14 de marzo) ante el avance de la pandemia causada por el coronavirus (covid-19). Una de las consecuencias más inmediatas fue el cierre de todas las escuelas del territorio español y el confinamiento obligatorio de todas las personas a sus domicilios hasta que mejorase la situación. Esta circunstancia fue vivida de forma diversa por todos los ciudadanos en función de determinados aspectos: localidad, tipologías familiares, posibilidades económicas, características del hogar, recursos electrónicos, competencias digitales, entre otras.

En la investigación se presenta un análisis y reflexión sobre el periodo de confinamiento obligatorio por el cierre de las escuelas en España. Se constata mediante datos cuantitativos y cualitativos algunas características de las familias que determinaron la vida de los niños durante el confinamiento.

En los últimos años se han producido cambios en la sociedad española y también en las familias. Hay una reducción del número de miembros de las familias, siendo el hijo único mayoritario en los hogares con hijos. Determinadas familias tienen más posibilidades de acceder a dispositivos electrónicos; se han incorporado aparatos informáticos a los domicilios, los cuales los hijos usan para realizar tareas escolares, documentarse y comunicarse. Los centros educativos también han integrado la digitalización para adaptar la educación a la sociedad actual. Este proceso de modernización de la sociedad española no es homogéneo. Las familias tienen diferentes medios, posibilidades, competencias. Con el cierre de las escuelas, los niños tuvieron que quedarse en casa expuestos a las condiciones, habilidades y recursos propios de las familias, principalmente de sus padres y madres.

El artículo pretende explorar y conocer la incidencia del confinamiento en diferentes tipos de hogares, en función de sus posibilidades de adaptación a estas circunstancias únicas. Principalmente se centra en la incidencia del cierre de las escuelas y cómo fue vivido por los alumnos (desde la perspectiva de los padres, madres y maestros). En los medios de comunicación se destaca principalmente la importancia de la reducción de las horas lectivas y no seguir el currículo académico. Por el contrario, quizás las consecuencias más negativas no tienen relación con el atraso de los contenidos, sino la pobreza de relaciones sociales vividas por los alumnos, solo con adultos (padres) y la ausencia de interacciones con sus iguales (solo con sus posibles hermanos), las cuales resultan fundamentales para la construcción de su personalidad.

Fundamentos teóricos

La sociedad actual es compleja, cambiante, dinámica, desordenada y líquida ( Bauman, 2003). En las sociedades avanzadas se produce un proceso de constante individualización. Se pierden los referentes colectivos y comunitarios y cada sujeto debe construir su propia identidad ( Tahull, 2016). Las familias progresivamente han reducido sus miembros, han pasado de ser extensas a nucleares, en los últimos años todavía están en un proceso de reducción más completo, al ser la figura del hijo único mayoritaria en muchas familias con hijos. Además, se ha pasado de un modelo familiar hegemónico —padre y madre casados con hijos— a múltiples formas de organización familiar ( Díaz y Moreno, 2021). La educación es una institución fundamental para formar, orientar y capacitar a los menores para incrustarse a la futura sociedad adulta. Acoge a muchos niños con meses y los deja en edades avanzadas, en muchos casos antes de la entrada al mercado laboral, otros siguen estudiando durante años. Su influencia es constante durante la infancia, adolescencia y juventud, además de perdurable durante toda la vida ( Fernández Enguita, 1998). En las sociedades avanzadas la educación tiene un papel fundamental para capacitar y situar a los alumnos a estructuras sociales, económicas y políticas complejas y dinámicas. Las familias solas no pueden ni tienen las capacidades para educar, enseñar ni encrasar a sus hijos a la sociedad. El encaje de los jóvenes resulta complejo, imprevisible y caótico a las sociedades avanzadas. Existen demasiados elementos significativos para tener un control sobre ellos ( Herrera, 2017).

Con la crisis de la covid-19 en España, la educación, juntamente con la sanidad, pasaron a ser temas fundamentales para los españoles. Aquellas seguridades consideradas estables y consolidadas dejaron de serlo. Los centros educativos se cerraron y las familias debieron de estar, educar y ayudar a sus hijos en las tareas escolares durante la jornada escolar. Muchos padres no tienen los conocimientos, recursos tecnológicos o disponibilidad para educar a sus hijos y la educación se puso en el centro del debate público. Más de diez millones de estudiante españoles, casi un millón de docentes y siete millones de familias se encontraron con el cierre de los centros educativos. El confinamiento de los ciudadanos a sus hogares fue obligatorio y se creó una nueva realidad social, económica y educativa sin precedentes ( Cabrera, 2020). Durante los meses de confinamiento se publicaron múltiples investigaciones, debido a la inmediatez y proximidad, sin la perspectiva suficiente para abordar la complejidad y profundidad del tema estudiado. Todavía no es posible vislumbrar las consecuencias sociales, económicas, psicológicas y educativas para las familias y concretamente los infantes.

Se han publicado investigaciones principalmente de las consecuencias del cierre de los centros educativos sobre los alumnos para su formación académica. Las cuales destacan el tránsito de una educación presencial a una telemática y sus repercusiones a los educados ( Menéndez y Figares, 2020). Diversos estudios se centran prioritariamente en la vulnerabilidad de determinadas familias y las consecuencias de incrementar la desigualdad ( Díaz y Pinto, 2017; Lara, 2017; Feito, 2020; y Cáceres et ál., 2020); además, destacan principalmente la desigualdad de oportunidades de determinados colectivos y garantizar la ayuda a quién lo necesite. Según García et ál. (2020), los datos evidencian unas diferencias en el rendimiento académico entre aquellos individuos que disponen de determinados recursos en su hogar —ordenadores suficientes, internet fiable, espacios adecuados— y los otros. Tarabini (2020) alerta sobre las limitaciones en algunos domicilios, los espacios son inadecuados: salas pequeñas y compartidas, ruidos constantes, sin luz. Según Díez y Gajardo (2020), muchas familias no tienen los mínimos vitales asegurados. Rogero (2020) señala las consecuencias psicológicas: el estrés y ansiedad del alumnado y las familias, principalmente por la crisis sanitaria y económica, además de la presión académica. Según García et ál. (2020), la pandemia nos aleja de las seguridades y el bienestar y muestra la precariedad y fragilidad humana. Cabrera (2020) ponen el foco en las consecuencias y el estrés del profesorado, ya que han cambiado rápidamente programaciones, metodologías y formatos sin que muchos tengan los conocimientos adecuados. Corral y Fernández (2020) analiza las limitaciones de la implementación de una formación solamente telemática. Para Cáceres et ál. (2020) el confinamiento vulnera el derecho de la educación a determinados colectivos, no se garantiza una igualdad de oportunidades real, sino aparente.

La educación de los alumnos también se construye mediante las relaciones sociales entre iguales. La socialización entre pares determina roles y define la identidad de los menores. Según Corral y Fernández (2020), la educación telemática limita las posibilidades del trabajo cooperativo. Los alumnos confinados están aislados, como mónadas en sus hogares, lo cual reduce drásticamente sus interacciones a solo con sus padres. Para Cabrera (2020), los menores son más infelices por la escasez de relaciones interpersonales; están más insatisfechos, ansiosos y estresados. Jiménez (2020) dice que los alumnos confinados pierden la capacidad de organizarse colectivamente y respetar opiniones y actitudes diferentes. Pierden el contacto con sus iguales para resolver conflictos y cultivar la empatía, solidaridad, amistad y buscar sus límites personales. Cifuentes (2020) pregunta a los padres sobre sus principales preocupaciones respecto a sus hijos durante el confinamiento, nueve de cada diez aseguran la falta de socialización y el aislamiento y no consideran prioritarias las cuestiones educativas. Herrera y Bravo (2012), Rivas et ál. (2011), Viguer y Solé (2011), Del Rey et ál. (2009) y Martorell et ál. (2009) afirman que la convivencia escolar es necesaria para el desarrollo de los alumnos; en las relaciones sociales entre iguales hay un aprendizaje natural de los límites, solidaridades, cooperación, gestión de conflictos, los cuales ayuda a desarrollar la personalidad.

Según Reyes et ál. (2012), las relaciones sociales entre iguales influyen significativamente en la adquisición y progreso de diferentes competencias y habilidades personales, ya que determinan la personalidad social de los sujetos. Hartup (1983) explica que las relaciones sociales entre pares suceden cuando los niños interactúan en niveles comparables de complejidad evolutiva. Moreno (1990) destaca que los alumnos de educación primaria pasan mucho tiempo sin la supervisión del adulto (padres-maestros), por lo que se intensifican las relaciones de amistad, los grupos están formados por más miembros, se amplían los contextos. Mitchell et ál. (2010) y Koth et ál. (2008) consideran que en las relaciones entre iguales influyen factores como: edad, sexo y clase social. Según Tahull y Montero (2019) en los últimos años en los países occidentales, también en España, se ha producido el fenómeno de la irrupción del hijo único como la organización familiar con hijos mayoritaria. Está situación conlleva a que estos niños se relacionen principalmente con sus iguales fuera del ámbito doméstico, entonces, la educación formal e informal son espacios y tiempos significativos para interaccionar con infantes de una edad similar. Sin embargo, en una situación de confinamiento se reducen drásticamente sus posibilidades de sociabilidad. Cifuentes (2020) explica que los niños fuera de la escuela son menos activos. Los fines de semana y vacaciones de verano pasan más tiempo delante del televisor, ordenador, consolas, tabletas, móviles, entre otros; además siguen horarios más irregulares de sueño y dietas menos saludables.

Metodología

Para la realización de la investigación se ha utilizado información cuantitativa del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre el número de núcleos familiares según el número de hijos con los que conviven y tipo de núcleo familiar; número de hogares según el tipo de hogar y densidad de población; niños de 10 a 15 años por sexo, edad, hábitat, tamaño del hogar, tipo de hogar e ingresos mensuales netos del hogar; y hogares que tienen determinados problemas en la vivienda. También se muestra información cualitativa, la cual complementa la cuantitativa, para describir, explicar y completar situaciones específicas y hacer más comprensibles los gráficos.

Se han realizado 20 entrevistas en total para abordar la situación de los menores durante el confinamiento. Así mismo, 10 entrevistas a padres-madres para conocer sus vivencias y reflexiones sobre sus hijos durante este periodo. Además, se complementaron con 10 entrevistas a docentes de primaria para conocer sus impresiones sobre el cierre de las aulas y sus posibles consecuencias a los alumnos. Todos los entrevistados son personas directamente conocedoras del tema abordado; son individuos anónimos, no son conocidos públicamente. Se han entrevistado a 10 personas (6 maestros y 4 padres) conocidos del investigador, se accedió a los participantes restantes mediante allegados. 12 (7 maestros y 5 padres-madres) de los entrevistados son residentes en ciudades (Barcelona y Lleida) y los otros (3 maestros y 5 padres o madres) viven en entornos rurales (de la provincia de Barcelona y Lleida). Los participantes fueron hombres y mujeres de diferentes edades, todos mayores de edad y residentes en diferentes localidades de Cataluña.

Los maestros ejercen en centros de titularidad pública (2 en centros concertados), donde el alumnado de clase media-baja es mayoría. Las familias son también de clase social media-baja, algunas ha tenido dificultades económicas y sanitarias de familiares próximos durante la pandemia. Las entrevistas se han realizado mediante plataforma telemática utilizada habitualmente por los docentes, con una duración aproximada de 35 a 60 minutos. Algunos declinaron participar, manifestaron que no se encontraban en las mejores situaciones y no querían hablar y explicar sus vivencias personales; les resultaba todavía demasiado doloroso. En todo caso, las entrevistas realizadas fueron interesantes y valiosas para la investigación. Se realizaron desde el 1 de junio al 30 de septiembre de 2020. Todas se grabaron, aunque solamente se transcribieron aquellas partes más relevantes y significativas para la investigación. Las entrevistas más interesantes y valiosas fueron aquellas realizadas a conocidos del investigador. Estaban menos cohibidos y explicaban con más naturalidad y confianza sus experiencias y vivencias sobre el confinamiento y sus impresiones sobre sus hijos y alumnos respectivamente.

Se ha triangulado la información recogida por los informantes al ponderar y equilibrar los datos recogidos (entrevistas, gráficos y fuentes documentales). Se han buscado las constantes reiteraciones y destacado las principales ideas de los entrevistados. La información obtenida fue suficiente, aunque siempre limitada, para construir el relato de las vivencias, situaciones y reflexiones de los maestros, padres y madres durante el confinamiento. Solamente aparecen en los resultados aquellas aportaciones más representativas y adecuadas para construir la investigación. Durante la realización del artículo la pandemia tenía mucha incidencia todavía, no es posible tener una mirada completa y objetiva del objeto de estudio y abordar todas las consecuencias.

Para todos los informantes consultados, el 2020 será un año muy recordado toda su vida por las situaciones complejas vividas y las dificultades para educar, cuidar y orientar a sus hijos o alumnos durante un periodo único. Por lo que vivieron, en muchos casos, situaciones estresantes que les sobrepasaban psicológicamente y físicamente.

Resultados

En este apartado se presentan datos cuantitativos y cualitativos significativos sobre la infancia durante el periodo vivido por el confinamiento provocado por la covid-19. Primero, se muestra información del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre el número de núcleos familiares según el número de hijos y el tipo de núcleo familiar; número de hogares según el tipo de hogar y densidad de población; niños de 10 a 15 años por sexo, edad, hábitat, tamaño del hogar, tipo de hogar e ingresos mensuales netos del hogar; y diversos problemas en las viviendas. Seguido, se muestran las vivencias y reflexiones de las personas entrevistadas (padres, madres y maestros) conocedoras de la temática para contextualizar y situar la información cuantitativa. Primero, se han presentado los fragmentos de los padres o madres y, luego, los docentes de primaria.

En la tabla 1 se muestra la información sobre el número de núcleos familiares, según el número de hijos que conviven y el tipo de núcleo familiar en España durante el 2019:

Tabla 1
Número de núcleos familiares según número de hijos con los que conviven y el tipo de núcleo familiar

Fuente: INE (2020).

En la tabla 1 se presenta información sobre las diferentes tipologías familiares españolas con y sin hijos en el 2019. El total de núcleos familiares con un hijo es de 4417.3. Para parejas casadas con hijos tener un hijo es la opción más común, representado en 2749.3 núcleos familiares. En parejas de hecho con hijos, también es la opción más usual, para un resultado de 509.0 núcleos familiares. Los núcleos familiares con dos hijos son 3592.4, una cifra no tan numerosa; aquellos núcleos con 3 o más hijos son menos, con una cantidad de 740.9. En la categoría de madre con hijos, el núcleo más extendido tiene un hijo conviviendo, con una cantidad de 1351.9; después, el núcleo de dos hijos con una cantidad de 500.9; por último, de tres hijos con una cantidad de 99.0. Durante el confinamiento muchas familias han estado en casa solas con su hijo único, tal como vemos es la opción mayoritaria. Estos menores han estado mucho tiempo solos, sin tener relaciones sociales presenciales con sus iguales. En aquellos casos que sus padres estaban teletrabajando, sin tener la posibilidad de estar u ocuparse de ellos suficientemente, han estado muchas horas en soledad, aburridos.

En la tabla 2 se presentan los datos sobre el número de hogares españoles según el tipo de hogar y densidad de población en el 2019:

Tabla 2
Número de hogares según tipo de hogar y densidad de población

Fuente: INE (2020).

La opción mayoritaria de hogares es una pareja con hijos que conviven en el hogar, con un total de 6219.0 hogares. Tal como se ha mencionado en la tabla 2, aquellas parejas con hijos, mayoritariamente tienen uno y corresponde a un total de 2916.8 hogares; con dos hijos, 2751.8; y con tres, 550.4. En referencia al espacio disponible en el hogar, la opción de “menos de 10 m2 por ocupante” en los hogares con hijos corresponde a 12.2 hogares, que principalmente son parejas con hijos que conviven en el hogar 3 o más hijos. Las parejas con un hijo en casas de “menos de 10 m2 por ocupante” son 1.6. En la opción de “entre 30 y menos de 60 m 2 por ocupante”, las parejas con un hijo que conviven en el hogar son de 1448.5, con dos hijos, 727.8 y con tres o más, 90.1. En las casas con “60 m 2 o más por ocupante”, las parejas que convive en el hogar con un hijo son 250.3, con dos, 106.8, con tres o más, 10.5. Esta gráfica resulta significativa para mostrar la relación entre el número de miembros de una familia con el espacio disponible para cada uno de ellos. A más integrantes menos metros útiles por ocupante, lo cual limita las posibilidades.

En la tabla 3 se presentan opciones y limitaciones de niños de 10 a 15 años sobre equipamientos y uso de tecnologías de la información:

Tabla 3
Niños de 10 a 15 años por sexo, edad, hábitat, tamaño del hogar, tipo de hogar e ingresos mensuales netos del hogar

Fuente: INE (2020).

Fuente: INE (2020).

La tabla 3 hace referencia a las posibilidades de utilización de ordenadores, conectividad y teléfono móvil por menores de 10 a 15 años. El total de niños usuarios de ordenador durante los últimos 3 meses es de 89.7 %, de usuarios de internet es de 92.9 % y de usuarios de teléfono móvil es de 66.0 %. El acceso y uso aumenta con los años. El uso de ordenadores a los 10 años es de 79.1 % y a los 15 años de 93.6 %. En referencia a las localidades de residencia de los menores, aquellas ciudades de 100 000 o más habitantes, los niños usuarios de internet son de 93.2 %; en localidades más pequeñas, de menos de 10 000 habitantes, son de 91.6 %. Sobre el tipo de hogar, con padre o madre solo(a) que convive con algún hijo, el 89.0 % de los niños son usuarios de ordenador; el 93.3 % son usuarios de internet y el 75.9 % disponen de móvil. Según está tabla, aproximadamente el 10 % de los alumnos de estas edades no tienen posibilidades de relacionarse con sus compañeros de clase ni docentes con las plataformas telemáticas. En la parte inferior de la tabla 3 relaciona los ingresos mensuales netos del hogar y las posibilidades de los niños de utilizar el ordenador, ser usuarios de internet y disponer de teléfono móvil. En aquellas familias con menores ingresos, menos de 900 euros mensuales, solo el 75.5 % de los niños son usuarios de ordenador y el 89.96 % son usuarios de internet; por el contrario, en aquellas familias con mayores ingresos, 2500 o más euros, el 95.6 % de sus hijos son usuarios de ordenador y el 95.8 % de internet. Las posibilidades económicas de los padres determinan el uso de dispositivos electrónicos de sus hijos.

En la tabla 4 se presentan datos sobre determinados problemas de la vivienda y su entorno por tipo de hogar en España durante el 2019:

Tabla 4
Hogares que sufren determinados problemas en la vivienda y su entorno por tipo de hogar

Fuente: INE (2020).

En la tabla 4 se muestran algunos problemas de determinados hogares españoles: escasez de luz natural, ruidos producidos por vecinos o del exterior, contaminación y otros problemas medioam- bientales, delincuencia o vandalismo, o ningún problema. En la tipología familiar de 2 adultos con 1 o más niños dependientes, el 5.2 % tienen escasez de luz natural, el 14.1 % tienen ruidos producidos por vecinos o del exterior, para el 9.5 % hay contaminación y otros problemas medioambientales, para el 11.2 % hay delincuencia o van- dalismo y para el 73.9 % no tienen ningún problema. En el caso de un adulto con 1 o más niños dependientes, el 9.8 % tienen escasez de luz natural, el 14.0 % tienen ruidos producidos por vecinos o del exterior, el 9.7 % tienen problemas de contaminación y otros problemas medioambientales, para el 10.8 % hay delincuencia o vandalismo y el 71.5 %, ningún problema. Tal como muestra la tabla, un número significativo de familias, con sus hijos, tienen diferentes problemas en su hogar. En una situación de confinamiento, estar toda la familia con sus hijos se antoja complejo, estresante y escasamente estimulante por tener diferentes problemáticas.

Realizadas las aportaciones cuantitativas, se pusieron de relieve las complejas situaciones materiales de algunos hogares españoles con sus hijos y se muestran diferentes dificultades para estar largos periodos en confinamiento. A continuación, se presentan vivencias y reflexiones de los entrevistados (padres, madres y docentes de primaria) para contextualizar y describir los datos presentados.

Teresa tiene 48 años y reside en Barcelona, está separada y vive con su hijo de 10 años, ella explica:

Yo estoy separada y mi hijo vive conmigo. Este periodo de confinamiento ha sido muy duro, para mí y para mi hijo, ¡muy duro! Primero fue la incertidumbre, de no saber qué pasaba, de no saber qué estaba pasando. En un primer momento nos dijeron que el confinamiento duraría dos semanas y después todo podría continuar, al menos fue lo que yo pensé o quería que pasara. Cuando todo aquello se alargaba y no veíamos el fin fue muy duro. Estamos en casa los dos y mi hijo todavía es pequeño, todavía muchas cosas no las puede hacer solo y yo no podía estar por él. Tenía que teletrabajar y él estaba todo el día solo, todo el día con el móvil, la tableta y mirando la tele. Además en mi casa llega mucho ruido de la calle y se hace muy difícil estar todo el día en casa. Vivimos los dos situaciones difíciles, estresantes. Espero que no volvamos a estar en la misma situación, ¡no sé si lo podríamos soportar! (Comunicación personal, 10 de agosto de 2020)

La entrevistada está separada y vive con su hijo de 10 años. Estuvieron los dos solos durante el confinamiento y lo define como “ha sido muy duro, para mí y para mi hijo, ¡muy duro!”. Destaca principalmente la incertidumbre, el cierre de los centros educativos y el confinamiento estricto en los domicilios. Fue una situación sin precedente y que se alargó en el tiempo. Pensaba al principio que duraría un par de semanas, pero “aquello se alargaba” y parecía no tener fin. El hijo único estaba en casa, solo con la compañía y cuidados de la madre, pero ella debía trabajar. No tenía ayuda de nadie y aquello fue angustioso y estresante para ella. Explica que su hijo pasaba muchas horas con el móvil, la tableta. Tal como lo explica no tenía control, ni un reparto de las tareas, ni organización del tiempo adecuada. Teresa manifiesta la dificultad de compaginar durante el confinamiento las tareas laborales, del hogar, y del cuidado y educación de su hijo. En su caso, el hecho de ser el único referente adulto dificultó poder realizar todas las tareas. Resume diciendo que “los dos vivimos situaciones difíciles, estresantes”. Reflexiona sobre un posible futuro confinamiento y en su caso duda si lo “podría soportar”.

Antonio tiene 42 años y vive en una localidad cercana de Barcelona, está separado y sus dos hijos viven con su madre. Actualmente comparte su vida con su nueva pareja y su hijo:

Para mí lo más duro ha sido toda la incertidumbre pero sobre todo no poder ver a mis hijos durante estos meses, ¡es muy duro! Nosotros nos veíamos todas las semanas y pasamos mucho tiempo juntos. Todavía son muy niños y necesitan a su madre pero también a su padre. Yo los quiero mucho y ellos también a mí. Entonces durante este tiempo no hemos podido vernos, hacer cosas… y lo he encontrado a faltar. He pasado momentos muy tristes. Durante el confinamiento en casa da mucho tiempo para pensar, el día es muy largo y tienes mucho tiempo para reflexionar, cuando no estás acostumbrado. Entonces me pongo a llorar pensando en ellos. Hacemos telellamadas pero en el teléfono de su madre y no es lo mismo. No nos podemos comunicar de la misma forma. Yo sé también que ellos lo están pasando muy mal. Los dos solos con su madre, también lo pasan mal, ¡pobrecitos! En las videollamadas muchas veces llorábamos todos, es muy triste y creo que todo esto tendrá consecuencias en los niños. Viven en una casa pequeña, con pocas comodidades, de alquiler y no es la mejor opción para pasar un confinamiento tan largo, ¡todo esto me da mucha pena! (Comunicación personal, 10 de junio de 2020)

El entrevistado explica su vivencia personal del confinamiento y la situación de sus hijos. Está separado y sus dos hijos viven con su madre. Durante el confinamiento no ha podido verlos físicamente y solo ha podido contactarlos con videollamadas, como son pequeños

no tienen móvil y ha sido con el teléfono de su madre. Estos meses han sido “muy duros”. Antes del confinamiento se veían con mucha frecuencia padre e hijos, al menos una vez a la semana. Con el confinamiento han debido adaptarse a la nueva situación, no verse físicamente, solo con los dispositivos tecnológicos. Lo más difícil ha sido no tenerlos cerca, “me pongo a llorar pensando en ellos”. El día a día ha sido complejo de gestionar a nivel emocional, ha tenido mucho tiempo para reflexionar sin tener el hábito y la costumbre de hacerlo. En muchas ocasiones, estas reflexiones derivaban hacia pensamientos negativos, sin concretar. Sus hijos también lo han pasado mal, también por las condiciones de su domicilio, “es una casa pequeña, con pocas comodidades, de alquiler y no es la mejor opción”. El confinamiento tendrá consecuencias sin concretar, específicamente para los niños; lo intuimos no por las limitaciones educativas, sino por la falta de socialización con sus iguales, espacios pequeños e inadecuados. El entrevistado concluye sus aportaciones afirmando que “todo esto me da mucha pena”.

Salvador tiene 42 años y vive en Lleida ciudad. Está casado y tiene dos hijas de 12 y 14 años:

Nosotros vivimos en Lleida y nuestra casa es normal, no llega a los 80 m2. El periodo de confinamiento fue muy duro para nosotros. Yo y mi mujer teníamos que estar todo el día conectados para poder trabajar. No teníamos en casa tantos dispositivos para conectarnos todos y nos los habíamos de repartir. Nos conectábamos con los ordenadores fijos, pero también con un portátil, tablet y el móvil. Había momentos en que había mucha presión en casa y mal humor, ¡no sé si me entiendes! Al principio nos costaba todo. No estábamos tranquilos para trabajar, nos debíamos conectar a una hora determinada en la empresa y reuniones y más reuniones. La jornada laboral se alargaba mucho y los niños solos. Los dejábamos solos y ellos hacían. A veces tenía el sentido como si los hubiésemos abandonado. También, ellos también, muchas veces se peleaban, supongo en muchas ocasiones por el aburrimiento y el no saber qué hacer con tanto tiempo libre.

Ellas pasaban muchas horas mirando la tableta. Vivimos en una sociedad en que todo está pautado y organizado y cuando tienen tanta libertad los niños no saben qué hacer. Había momentos de mucha tensión, también sobre todo la incertidumbre, no saber cuándo se terminaría aquello y que pasaría con nosotros. Fue muy duro y también para los niños. Ellos me decían que querían ver a sus amigos y jugar con ellos y yo les decía que no podía ser. Que estaba prohibido y que debíamos esperar, a ver si poco a poco nos dejaban salir. (Comunicación personal, 20 de septiembre de 2020)

El entrevistado explica sus vivencias durante el confinamiento. Viven en la ciudad de Lleida, en un piso “normal” de menos de 80 m 2: padre, madre y dos hijas. Define la situación vivida como “muy dura”; debían seguir la jornada laboral en casa, hacían reuniones constantes de la empresa y las tareas profesionales. No tenían tiempo para estar, cuidar y ayudar a sus hijas en las tareas escolares; tenía la impresión de tenerlas “abandonadas”. En casa había “mucha presión y mal humor” por todas las circunstancias. No llegaban a todo y las niñas estaban muchas horas solas, mirando la televisión, viendo videos de YouTube y jugando en el ordenador. Había muchos conflictos entre ellas, seguramente por aburrimiento se peleaban y, entonces, aumentaba la ansiedad y el estrés. La incertidumbre era lo peor, no tener una información exacta de lo que ocurría ni cuando se podría superar aquella situación. Concluye diciendo “fue muy duro y también para los niños”.

Ana tiene 38 años y vive en Barcelona con su pareja y tienen un niño de 8 años de edad:

Solamente te quiero comentar una cosa. Nosotros hemos ido tirando, yo no sé los otros pero dentro de la dificultad, el estrés y todo lo malo creo que hemos tenido todos salud y yo he podido cuidarme más o menos de mi hijo de 8 años. Yo le ayudaba en las tareas del cole, estaba con él en las videollamadas, le ayudaba, jugábamos a juegos, como el Parchís, el Monopoly… Mirábamos juntos la televisión, videos de YouTube, jugábamos con el ordenador y bien, más cosas. Yo y mi pareja nos hemos volcado mucho para ayudarle y hacerle la situación más llevadera. Siendo la situación muy dura para todos. Comentarte una cosa que nos pasó y creo que es muy representativa de lo que pasó a muchos niños. Mi hijo tiene un amigo que va a otro colegio del suyo, es un amigo un poco mayor y ha venido diversas veces a casa y siempre han jugado bien. Cuando la situación se empezó a relajar, después de confinamiento estricto, y nos empezaron a dejar salir; llamé a la madre de este niño para preguntarle si su hijo querría venir a casa a jugar con el mío. Rápidamente me dijo que sí, que para él todo el periodo de confinamiento había sido muy difícil y que su hijo lo había pasado muy mal. La tarde que llegó el niño a nuestra casa fue apoteósica, entró en casa como un cohete y empezó a correr por toda la casa sin control, iba de una habitación a otra sin parar, ¡estaba muy nervioso!, de lo nervioso que estaba le temblaban las manos. Estaba corriendo por la casa y entonces se paraba y se ponía en posición como un perro y entonces decía que era un perro y ladraba, ¡el niño no se podía controlar! Cuando se cansaba entonces subía por encima de las mesas, sillas, sofás… ¡Fue un estrés para mí y mi hijo tremendo! Parecía un animalillo que lo hubiesen dejado en libertad. A partir de aquello le dije a mi hijo que aquello no podía ser y que aquel niño no vendría más a nuestra casa. (Comunicación personal, 16 de julio de 2020)

La entrevistada explica sus experiencias durante el confinamiento. Para ellos no fue una situación especialmente traumática. Los padres podían estar con su hijo y le ayudaban en las diferentes tareas escolares, también jugaban con él. De seguro los padres, tal como lo explica, disponen de recursos materiales y competencias adecuadas para educar y utilizar los dispositivos electrónicos. La informante define el periodo de confinamiento como “llevadero”, “siendo duro para todos”. Explica la situación de un amigo de su hijo, cuando llegó a su casa el niño estaba totalmente descontrolado, corría por toda la casa, “¡estaba muy nervioso!”, parecía un “animalillo” fuera de sí, como si le hubiesen dejado en libertad después de estar encerrado. Define la experiencia como “¡fue un estrés para mí y mi hijo tremendo!”. No tenemos más información, pero seguramente el confinamiento vivido por este niño fue en soledad; pasó muchas horas sin control utilizando dispositivos electrónicos sin una supervisión ni un cuidado parental suficiente.

Olga tiene 35 años y vive en una localidad cercana de Lleida, en un entorno rural. Vive con su pareja, no está casada, tiene una niña de 7 años:

Nosotros vivimos en un pueblo pequeño y creo que ha sido otra cosa el confinamiento. Estamos en un pueblo de unos 800 habitantes cerca de Lleida y tenemos un poquito más de libertad. Te explico, vivimos en una casa grande, en los pueblos siempre hay más posibilidades y hay más espacio. También, tenemos un jardín en casa ancho, allí los niños juegan tranquilamente. Nosotros cada día íbamos a la masía, está en el medio del campo y estábamos con nuestros primos y allí corrían, jugaban… y todo. Nuestra familia está muy unida y vamos siempre todos juntos. Para nosotros no ha sido tan duro, lo hemos podido llevar bastante bien y para todo esto la vida en los pueblos es mejor, da más posibilidades, ¡hay más libertad! Mi hermano vive en Igualada y en las primeras semanas aquello fue muy duro, no los dejaban salir. Allí fue muy duro, para toda la familia y sobre todo por sus hijos. (Conversación personal, 8 de julio de 2020).

Olga explica otra realidad social y cultural, la vida en un entorno rural. Tal como lo describe, el confinamiento ha sido diferente al vivido en las ciudades. Las condiciones materiales son mejores: casas más grandes, jardines, más posibilidades. Cada día salían de casa e iban a la masía familiar, “en medio del campo” y se juntaban con los primos. Entonces, la hija de Olga jugaba con sus primas y podía estar con niños de su edad. Para ellos no ha sido tan “duro”, ha sido más llevadero, la vida en los pueblos tiene más posibilidades, “¡hay más libertad!”. Contrapone su experiencia durante el confinamiento y la vivida por su hermano, en un entorno urbano, Igualada. Su experiencia durante el confinamiento fue exigente, un confinamiento estricto para todos: padres e hijos.

Presentadas las aportaciones más significativas de los padres y madres entrevistados, pasamos a los fragmentos de los maestros, profesionales de la educación; también resulta relevante destacar el doble rol, muchos son docentes y padres o madres.

Arnau tiene 35 años y es maestro, tutor de tercer de primaria, en una escuela pública de Lleida ciudad:

Para nosotros, los maestros, todo ha sido incertidumbre. De un día a otro nos cerraron las escuelas, casi sin dar explicaciones y un poco con la idea que aquello sería una cosa puntual, en un par de semanas volveríamos a las aulas. En las primeras semanas, diría, en el primer mes fue un desconcierto total. Nadie sabía lo que debía hacerse. En poco tiempo descubrimos las plataformas pero muchos maestros no sabían cómo funcionaban. Poco a poco nos fuimos poniendo, a los más veteranos les costaba mucho. Yo, como soy joven, me puse rápido. Al cabo de un mes, como vimos que aquello iba para largo, entonces decidimos hacer una hora semanal de clase con los niños, todos conectados. No tanto para la clase sino para que se vieran, para que no tuvieran contacto entre ellos. A algunos ni los vimos durante todos estos meses, como desaparecidos; también, casi desde el principio nos pusimos con los deberes, cada día les mandábamos deberes a las 9 de la mañana a los padres, con el correo electrónico, pero muchos ni contestaron ni mandaban los deberes hechos. Además, les llamábamos por teléfono pero tampoco llegamos a muchos niños. Por lo que sabemos, algunas familias lo han pasado mal, padres en ERTE, también algunos familiares ingresados en el hospital, algunos hasta en la UVI, también algunos abuelos muertos por el coronavirus. Entonces para muchas familias la primera prioridad no ha sido la educación de sus hijos, sino quedarse sin el trabajo de sus padres, la salud… ¡han sido meses muy duro, muy complicados! y en muchas ocasiones la prioridad no han sido los niños, sino necesidades básicas de las familias. (Comunicación personal, 12 de septiembre de 2020)

El informante destaca principalmente las incertidumbres y dudas del principio. No tenían seguridades y las directrices de las administraciones no eran claras, había múltiples interpretaciones y los docentes debían tomar decisiones sin la información necesaria. Señala lo rápido que sucedió todo, de un día a otro cerraron las escuelas y la educación pasó de presencial a telemática. Algunos docentes no tenían competencias para utilizar estas plataformas, “muchos maestros no sabían ni cómo funcionaban”. Hay una diferencia entre maestros más jóvenes, tienen más capacidades tecnológicas, pero los mayores, más tradicionales, tiene menos control y posibilidades para adaptarse a un entorno dinámico y cambiante. Durante el primer mes no realizaron clases telemáticas con los alumnos, en cambio, contactaban con las familias y alumnos con el teléfono o correo electrónico, principalmente por los deberes. Transcurrido este tiempo, con la impresión que se alargaría hasta el fin del curso, decidieron realizar una hora semanal de clase para realizar actividades directas con los alumnos (también entre ellos) y sin avanzar contenidos curriculares. Algunos infantes estuvieron “desaparecidos”, no pudieron contactar con ellos y no realizaban las tareas diarias. Para algunas familias las prioridades eran más básicas: los padres perdieron el trabajo, casos graves de salud; entonces, en estos casos, la educación de estos niños no era prioritaria, ya que la familia no tenía las necesidades básicas aseguradas.

Teresa tiene 58 años y es maestra, tutora de quinto de primaria en una escuela pública de Barcelona:

En nuestra escuela hay mucha problemática social. Hay mucha necesidad, muchas familias tienen dificultades para llegar a final de mes. Para que te hagas una idea, casi el 70 % de los alumnos de mi escuela son inmigrantes. Entonces, como te puedes imaginar, el tema educativo no es lo más importante, siempre hay otras cosas más prioritarias. Muchos niños durante un curso escolar tienen beca de comedor y se quedan a comer. Diría que es la comida más fuerte e importante que hacen en todo el día. Entonces se les ha hecho llegar una tarjeta de crédito con el dinero que les tocaría para comida, a cambiar en un supermercado. En muchos casos, muchos, no hemos tenido ninguna relación con los niños. Simplemente no hemos podido llegar. En otros, de vez en cuando, hacíamos una videollamada al móvil de la madre-padre y hablábamos con el niño, solamente esto. A veces pienso que muchos de nuestros niños lo han debido pasar realmente mal, nuestro barrio es humilde, y sé que viven en pisos muy pequeños con malas condiciones. Entonces, todo el día encerrados allí dentro, padres, abuelos, niños, nietos. Aquello es una bomba. También sé de casos de nuestra escuela de pisos donde viven 3 familias, cada familia tiene una habitación. No quiero ni pensarlo pero todo esto me parece muy triste y creo que los pobrecitos niños han debido de sufrir mucho, ¡una pena! (Comunicación personal, 8 de agosto de 2020)

La entrevistada es maestra en una escuela pública de alta complejidad en Barcelona y la describe como “hay mucha problemática social”. Muchas familias tienen problemas económicos y dificultades para llegar a fin de mes. Para muchos padres durante el confinamiento los estudios de sus hijos no han sido sus principales prioridades, siempre han tenido temas más urgentes. Durante el curso, muchos niños tienen beca-comedor, reciben una ayuda para el almuerzo y se quedan a comer en la escuela, “es la comida más fuerte e importante que hacen en todo el día”. Estas familias en compensación han recibido una cantidad de dinero equivalente para comprar comida en un supermercado.

Teresa explica que no han tenido relación con muchos alumnos durante el confinamiento, “simplemente no hemos podido llegar”, no contestaban a los correos electrónicos, llamadas telefónicas. Con otros tenían una relación puntual con el móvil de la madre, alguna videollamada, pero sin tratar prioritariamente cuestiones académicas ni curriculares. Muchas familias viven en pisos con unas condiciones inadecuadas: pequeños, pocos muebles o rotos, ruidosos, mal ventilados, sin luz natural, deteriorados; además, en muchos pisos pueden vivir “hasta 3 familias”, familias enteras viviendo en una habitación de un piso. Muchas tienen dificultades monetarias, “creo que los pobrecitos niños han debido de sufrir mucho, ¡una pena!”.

Berta tiene 48 años y es maestra, tutora de tercero de primaria en una escuela rural en un pueblo cercano de Lleida:

En nuestra escuela tenemos alumnos del pueblo y de las masías cercanas. Todos nos conocemos, también aquel llegado al pueblo en los últimos años. Tenemos a todas las familias y niños situados y sabemos todos donde viven. Durante el confinamiento aquí fue igual que en todos los sitios, todo era muy estricto y todo esto. En referencia a los alumnos de la escuela rápidamente los tuvimos todos controlados y nos pusimos en contacto con sus padres-madres y cada día les hacíamos llegar los deberes. Nosotros contactamos con todos y ayudamos a quién lo necesitase más. Por ejemplo, en las familias que no tenían ordenadores, les dejamos un portátil ya habilitado para hacer videoconferencias y pudiesen realizar los trabajos. La verdad que en nuestra escuela fuimos muy rápidos y nos adaptamos a las necesidades de las familias. En un principio en los deberes y videoconferencias algunas familias no respondían, pero en poco tiempo se pusieron al día y mandaban cada día las tareas y se conectaban cuando tocaba en las videoconferencias con toda la clase. Daba gusto ver todos los niños juntos en las videoconferencias hablarse y hacer clase. Nosotros estamos muy contentos de cómo fue todo, todo es mejorable, seguro, pero bastante bien. Si quieres te explico un momento rápido como funcionó. Detectamos a todas las familias del centro que no tenían ordenador ni internet a su casa. Nos pusimos en contacto con ellos y entonces, cuando pudimos, les dejemos un ordenador con unas tarjetas de wifi. Entonces vinieron las familias al centro y les expliquemos el funcionamiento del ordenador, como realizar trabajos, como enviarlos, como conectarse en las videoconferencias y todo esto. También te tengo que decir que nuestra escuela es rural y tiene 110 alumnos en total y los conocemos a todos y contactamos rápidamente con todos (Comunicación personal, 28 de agosto de 2020)

La entrevistada explica la situación vivida en su escuela rural de la provincia de Lleida. Los alumnos residen principalmente en el pueblo y están “situados y sabemos todos donde viven”. Pudieron contactar con todos los alumnos y facilitaron a las familias con necesidades los recursos necesarios (ordenadores principalmente) y realizaron las adaptaciones adecuadas a los alumnos, “las familias que no tenían ordenadores les dejamos un portátil ya habilitado para realizar videoconferencias y realizar los trabajos”. Explica con satisfacción cómo en las videoconferencias estaba todo el grupo-clase reunido, todos los alumnos hablando, explicando sus experiencias y novedades. Todos estaban contentos de verse, hablar y compartir aquellos momentos, “todo es mejorable, seguro, pero bastante bien”.

Antonio tiene 42 años y es maestro en una escuela concertada de una localidad cercana de Barcelona:

Nosotros en el centro tenemos diferentes tipos de alumnos. Muchos de nuestros alumnos son hijos únicos, no tienen hermanos, pensando un poco, diría que más de la mitad de los alumnos de mi clase son hijos únicos. Esto no quiere decir nada y ahora es muy normal. Tal como sabes la sociedad ha cambiado y muchas familias deciden tener solamente un hijo, ahora es muy común. Los padres trabajan los dos y tienen un hijo que también realiza diversas tareas extraescolares. En situaciones normales no hay problema, ya que estos niños se relacionan igual que los otros, hasta algunos mucho más, ya que sus padres los apuntan a actividades y los llevan a sitios para que se relacionen. Pero lo que ha pasado en estos meses, creo que ha afectado a estos niños, el hecho de ser hijo único y durante el confinamiento, han debido de estar muchas horas, días solos en casa, solamente con sus padres. Creo que también sus padres han debido de trabajar mucho durante estos meses y estos niños han estado más solos. Creo que las familias que tienen más hermanos se hacen compañía más entre ellos, aunque también entonces hay más peleas (Comunicación personal, 18 de agosto de 2020)

El informante explica diversas situaciones de su centro educativo durante el confinamiento. En su escuela, muchos alumnos son hijos únicos, “ahora es muy normal”. La sociedad ha cambiado, lo que redujo a mínimo los miembros de las familias, cada vez es más común el hijo único; además, en muchas familias el padre y la madre trabajan y tienen dificultades para compaginar en el ámbito profesional y el doméstico. Durante el confinamiento muchos hijos únicos han estado largas jornadas solo con sus padres, aunque estos estaban teletrabajando. Las familias con más hijos tienen más posibilidades para jugar y relacionarse entre ellos y hacer la situación más placentera, aunque entonces surgen conflictos y peleas.

Cecilia tiene 48 años y es psicopedagoga de un equipo de orientación psicopedagógico del Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya, tiene 24 años de experiencia docente:

A mí me puedes preguntar como profesora y como madre de dos niños de 12 y 8 años. Sé que se ha hablado muchísimo sobre las consecuencias del confinamiento sobre la educación de los niños, de las horas pérdidas, de los contenidos no realizados, del tiempo perdido y todo esto… Sé que se habla de una generación perdida por tener un nivel inferior a las otras, como si fuese una tara para siempre y no se pudiese recuperar de ninguna manera. Nosotros lo hemos hablado en el equipo, con las compañeras y compañeros, también con profesores de secundaria y maestros de primaria y todos me dicen más o menos lo mismo. No hay problema en el atraso de contenidos, todo esto se recupera muy rápidamente y de ninguna manera se puede hablar de una generación marcada para siempre. Lo que si me dicen todos es otra cosa que nadie habla, es el hastío, la soledad, el aburrimiento permanente, las horas perdidas sin sentido, las infinitas horas delante de las pantallas y toda esta ansiedad y estrés. Yo sé de niños que han cambiado de carácter, por la situación vivida, por no tener a sus padres al lado, por la soledad y el aburrimiento permanente y todo esto; también por la drástica reducción de nuevas experiencias en entornos diferentes, con niños nuevos, con otros adultos… Yo veo que lo más grave de todo es la pobreza de relaciones y experiencias que han tenido muchos niños y después que no se ha trabajo con todos estos estados emocionales. (Entrevista realizada el 26 de junio de 2020)

La psicopedagoga reflexiona sobre las consecuencias del confinamiento de los alumnos; en la opinión pública se han establecido tesis alarmistas y catastrofistas por la pérdida de las horas lectivas. Los conocimientos se pueden recuperar, en cursos superiores se repiten contenidos y se consolidan ideas introducidas anteriormente, “los profesores de secundaria y maestros de primaria todos me dicen más o menos lo mismo. No hay un problema importante en el atraso de contenidos, todo esto se recupera muy rápidamente y de ninguna manera se puede hablar de una generación marcada para siempre”. Los profesores destacan la escasez y pobreza de las relaciones sociales de los infantes, especialmente con sus iguales; también la limitación de las relaciones con pocos adultos (padres) y en el mismo entorno físico (hogar). Lo más preocupante es el “hastío, la soledad, el aburrimiento permanente, las horas perdidas sin sentido y las infinitas horas delante de las pantallas”; todas estas acciones pueden cambiar el carácter y generar estrés y tener consecuencias psicológicas y emocionales en los menores de forma más o menos permanente.

Presentadas las reflexiones sobre el confinamiento de los padres, madres y docentes se constata una diversidad de tipologías familiares, contextos variados, posibilidades económicas, desiguales habilidades tecnológicas. En algunos casos las situaciones vividas en algunas familias y sus hijos han generado estados de ansiedad, soledad, estrés y aburrimiento. Además, se han presentado datos sobre las características de los hogares españoles con hijos y en muchos casos hay deficiencias: poco espacio e inadecuado, escasez de dispositivos electrónicos (ordenador, tabletas, internet), poca luz natural, ruidos, contaminación. Estas familias, con sus hijos, han vivido situaciones difíciles y angustiosas durante el confinamiento. Además, muchas familias tienen solamente un hijo; en una situación de normalidad estos menores realizan diferentes actividades para socializarse en diversos entornos y circunstancias. Durante el confinamiento, muchos han estado largas jornadas solo con sus padres sin tener relaciones sociales con sus iguales; además, sus padres teletrabajaban, por lo que tienen un contacto epidérmico y puntual con su hijo. Durante el confinamiento ha habido múltiples realidades sociales, económicas y familiares que han determinado las vivencias y experiencias de los niños.

Conclusiones

En el artículo se ha presentado una realidad social constatada por las aportaciones de padres, madres y docentes de primaria, también por datos del Instituto Nacional de Estadística. Desde la opinión pública se ha lanzado un mensaje de las consecuencias negativas del confinamiento para los alumnos, del cual se destaca principalmente no cumplir con las programaciones y no seguir con los contenidos curriculares. El confinamiento no ha sido igual para todos los alumnos y familias. Tal como se muestra en la tabla 1, la familia con hijos en España mayoritariamente tiene uno. Durante el periodo analizado, muchos han estado largas jornadas solos en casa con sus padres. En la tabla 2 se describe la densidad de población en los hogares, habiendo una relación entre la cantidad de ocupantes y el espacio disponible. Las familias con más miembros normalmente disponen de menos espacio, algunas familias habitan en una sola habitación, tal como explica la maestra Teresa. En estos casos, hay más posibilidades de socialización, pero en espacios más pequeños e inadecuados. En la tabla 3 se presentan diferentes datos sobre el uso de los niños de 10 a 15 años de dispositivos tecnológicos: ordenadores, usuarios de internet y teléfono móvil. En infantes de 10 años, el 79.1 % disponen de ordenador, el 86.7 % son usuarios de internet y el 22.3 % disponen de teléfono móvil; muchos alumnos de 10 años no tienen acceso a los dispositivos tecnológicos y los maestros han tenido dificultades para contactarlos. Teresa destaca las dificultades para hablar con determinados alumnos, por no tener los recursos tecnológicos adecuados. En la tabla 4 se presentan algunos de los problemas de las viviendas: escasez de luz natural, ruidos, contaminación y delincuencia. Según los datos presentados, solamente el 73.3 % de los hogares españoles no tienen ningún problema; los restantes tienen uno o más. En estas situaciones, de un confinamiento prolongado en el hogar pueden surgir situaciones de malestar y ansiedad en los adultos e infantes.

En referencia a las entrevistas, los padres y madres destacan principalmente la incertidumbre, no tener toda la información y no saber cuándo se terminará el confinamiento. Teresa vive con su hijo, debía teletrabajar y no podía ayudarle en sus deberes, hablarle, ni estar con él. Su casa es ruidosa y se hace difícil estar toda la jornada. Los dos vivieron situaciones difíciles y estresantes. Antonio está separado y tiene dos hijos, viven con su madre. Para él lo más difícil fue no verlos físicamente y solo tener contacto mediante videoconferencias. Muchas veces en las videollamadas lloraban, “aquello era muy triste”. Salvador tiene dos hijas y no podía estar por ellas, estaban solas. En muchas ocasiones no sabía que hacían, “las dejaban solas y ellas hacían”. Las niñas querían ver a sus amigas y jugar con ellas. Ana explica que ha tenido la posibilidad de estar con su hijo, jugar con él, dice, “yo y mi pareja nos hemos volcado mucho para ayudarle”. Explica una situación vivida de un niño que vino a jugar a su casa, estaba totalmente descontrolado, parecía “un animalillo”. Por el contrario, en un entorno rural, la situación no fue tan asfixiante, Olga dice que cada día iban a la masía y su hija jugaba con sus primos. Estaban todos más acompañados y los niños se relacionaban con sus iguales dentro del núcleo familiar.

Con las aportaciones de los docentes, Arnau destaca la incertidumbre, “de un día para otro cerraron las escuelas” y desconocían cómo actuar y contactar con el alumnado. Muchas familias “lo pasaron mal”, sus padres se quedaron sin trabajo e ingresos hospitalarios. Teresa explica que su escuela es de alta complejidad y muchas familias tienen graves problemas económicos. Algunas viven en casas en malas condiciones; en otros casos, la familia vive completa en una habitación y “aquello es una bomba”. Berta, en una escuela rural, “rápidamente tuvieron controlados” a los alumnos con necesidades. Como tenían disponibilidad de ordenadores portátiles y tarjetas de wifi los dejaron a las familias; estos alumnos pudieron realizar las tareas, “daba gusto ver todos los niños juntos en las videoconferencias”. Antonio explica que en su centro educativo muchos alumnos no tienen hermanos, son hijos únicos. Además, muchos padres trabajan y no tienen la disponibilidad de estar con ellos. Durante el confinamiento estos infantes han estado muchas horas solos, sin la supervisión y ayuda parental adecuada. Cecilia, psicopedagoga, reflexiona sobre la situación de confinamiento vivida por los niños. El cierre de las escuelas tendrá escasa repercusión en la formación académica de los niños; por el contrario, se deben tener en cuenta los estados emocionales de los infantes.

Para finalizar, los malestares principales expresados por padres, madres y docentes durante el confinamiento de los niños fueron sus escasas y pobres relaciones sociales. Estas se redujeron principalmente a las interacciones sociales con sus padres y fue limitado el contacto con su grupo de iguales (solo con sus posibles hermanos); además de las escasas y rutinarias experiencias vividas. Algunos domicilios carecen de las adecuadas condiciones de habitabilidad y son inapropiados para estar largos periodos de confinamiento, lo cual crea situaciones de malestar, ansiedad, angustia, hastío, soledad, aburrimiento y estrés a los niños.

Material suplementar
Informação adicional

Citar como: Tahull Fort, J. (2022). ¿Qué ocurre cuando las escuelas están vacías? Los niños durante el confinamiento. Revista Interamericana de Investigación, Educación y Pedagogía, 15(2), 317-351. https://doi.org/10.15332/25005421.6642

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Notas
Sobre el autor
Joan Tahull Fort. Doctor en Sociología por la Universidad de Lleida. Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya (España) y Universidad de Lleida (España).
Autor notes
* Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya (España) y Universidad de Lleida, España. Correo electrónico: joan.tahull@udl.cat

ORCID: 0000-0002-4791-1704

Google académico: https://scholar.google.es/citations?user=XhdqJNoAAAAJyhl=ca

Tabla 1
Número de núcleos familiares según número de hijos con los que conviven y el tipo de núcleo familiar

Fuente: INE (2020).
Tabla 2
Número de hogares según tipo de hogar y densidad de población

Fuente: INE (2020).
Tabla 3
Niños de 10 a 15 años por sexo, edad, hábitat, tamaño del hogar, tipo de hogar e ingresos mensuales netos del hogar

Fuente: INE (2020).
Tabla 4
Hogares que sufren determinados problemas en la vivienda y su entorno por tipo de hogar

Fuente: INE (2020).
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