Obra artística

Palabras para un final

Werner Lemus Cuadro 1
Universidad del Atlántico, Colombia

Palabras para un final

ESCENA. Revista de las artes, vol. 82, núm. 2, pp. 453-467, 2023

Universidad de Costa Rica

Recepción: 28 Febrero 2022

Aprobación: 17 Julio 2022

La siguiente obra se puede presentar tanto en salas o teatros como también en espacios abiertos o no convencionales, con un especial eco a este último para fines de salvaguardar el espíritu del teatro de calle y de reanimar otros lugares, otros públicos que miran con gran escepticismo o asombro la disciplina del arte dramático.

Personajes

Narrador.

Menor.

Supremo.

Vendedor 1.

Vendedor 2.

Vendedor 3.

Señora.

General primero.

General soldado.

General Torres.

Nota aconsejable: Si no se cuenta con la cantidad de actores o actrices suficientes, se aconseja que cada actor o actriz personifique dos personajes del texto.

ESCENA I.

Los actores entran al espacio dispuesto con objetos percutidos, haciendo sonidos rítmicos, melodías específicas y cambiantes, mientras van preparando el lugar para representar los personajes de la historia. Los actores y actrices cantan en distintas direcciones con el fin que la mayoría del público pueda escuchar.

TODOS: (cantan al unísono) Una espinita en el pie se me metió. Como era chiquitica, el doctor me la dejó (se repite el canto una vez más).

VOZ DE ACTOR: Una espina en el pie se me metió. Como era muy pequeñita, el doctor no me la quitó.

TODOS: (cantan al unísono) Una espinita en el pie se me metió. Como era chiquitica, el doctor me la dejó (se repite el canto una vez más).

VOZ DE ACTOR: Una espinita en el dedo me puyó. Como no se veía, el doctor no me la sacó.

TODOS: (cantan al unísono) Una espinita en el pie se me metió. Como era chiquitica, el doctor me la dejó (se repite el canto una vez más).

VOZ DE ACTOR: Una espina el talón me atravesó. Como poco me dolió, el doctor no me operó.

TODOS: (cantan al unísono) Una espinita en el pie se me metió. Como era chiquitica, el doctor me la dejó (se repite el canto una vez más).

Los actores y actrices se retiran a un lugar del escenario para dejar los vestuarios y objetos que más tarde utilizarán para representar cada uno de los personajes de la historia. Mientras esto ocurre, el narrador introduce al público en una atmósfera llena curiosidad y atención, dejando que los espectadores hagan parte del espectáculo.

NARRADOR: (dirigiéndose a todas partes del escenario) Estamos aquí… porque aquí estamos. Nos presentamos a ustedes… porque ante ustedes nos presentamos. Y hacemos esto… porque esto es lo que hacemos.

NARRADOR: (mirando al público invitándolos a seguir, sentarse y hacer parte del espectáculo)

Así como hay pueblo sin nombre,

así como hay hombre sin pensamiento,

así como hay brisa sin viento,

así como hay “hay” sin haberlo,

así también hay una noción sin reflexión. Sean bienvenidos y bienvenidas a este

relato sin mensaje.

Los actores se cambian asumiendo el rol de generales. Este y cada cambio de vestuario y personaje se producen a la vista del público.

MENOR: Llevo palabras… llevo suspiros. Se le hace eslogan para su negocio, le traigo las muchas ocurrencias, compre su grito, se le enseña a hacer malas caras. Se venden preguntas.

Le vendo una mala cara. Las malas caras son muy necesarias para las expresiones de ciertos sentimientos… (repertorio del actor enfatizando en la palabra).

VENDEDOR 1: (reclamando) ¿Señor, quién le dijo a usted que puede vender en esta calle?

MENOR: Usted venda lo suyo. No se preocupe que las calles son libres, son de todos.

VENDEDOR 1: (en tono agresivo) Se va de aquí inmediatamente.

MENOR: (desafiante) No, seguiré vendiendo y sacando mucho dinero como ayer.

VENDEDOR 1: (humillándolo) ¿Y qué es lo que vende usted que yo no le veo nada? Solo pedazos de hojas viejas, esas telas, cosas ridículas y raras.

MENOR: (en tono de burla) ¿Y qué es lo que vende usted que anda tan mal vestido?

VENDEDOR 1: (se acerca rápido y violento) Le voy a pe…

MENOR: (haciendo una figura extraña con el cuerpo y abriendo mucho los ojos) Cuidadito, cui-da-di-to. No se quiera usted empeorar. Mire que casi no vende, o no se ha preguntado, ¿por qué usted anda mal y yo bien? Ummm.

VENDEDOR 1: (mirándolo fijo y dudoso) Yo vendo relojes, señor, pero no me va muy bien. Hoy, por ejemplo, no he vendido ninguno.

MENOR: (pensativo) Hum... Claro que lo puedo ayudar. Le ensañaré un grito de tiempo porque lo que usted vende no son relojes.

VENDEDOR 1: (sorprendido) ¿Ah no?

MENOR: Lo usted vende es el tiempo. Repita: el tiempo.

VENDEDOR 1: El tiempo.

MENOR: El tiempo.

VENDEDOR 1: (entusiasmado en voz alta) El tiempo.

MENOR: (continuando) Es el tiempo de las personas y se lo puede vender en tiempo presente como tiempo pasado o tiempo futuro. Puede venderles medio tiempo o más tiempo del que esperan, puede enseñarles a administrar el tiempo. ¡Falta poco tiempo! ¡Es el tiempo de comprar! ¡El tiempo es oro! ¡Compre su tiempo! ¡Aproveche el tiempo!

VENDEDOR 1: (emocionado) Gracias, señor.

MENOR: Son quince mil pesos.

VENDEDOR 1: (preocupado) ¿Quince mil pesos?

MENOR: Sí.

VENDEDOR 1: Pero no sabía que era tanto.

MENOR: ¿Le parece mucho?

VENDEDOR 1: Mire, le seré sincero. No tengo la suma que usted me pide, solo puedo darle cinco mil pesos.

MENOR: (decepcionado) Está bien. Siga, siga.

MENOR: (dirigiéndose hacia otro lugar del escenario y mirando al público) Llevo palabras… llevo suspiros. Se le hace eslogan para su negocio, les traigo las muchas ocurrencias. Compre su grito, se le enseña a hacer malas caras. Se venden preguntas.

SEÑORA: Señor… señor…Venga.

MENOR: Sí, ¿en qué puedo servirle?

SEÑORA: Necesito de su ayuda. Mire, yo tengo dos apartamentos en arriendo, pero me va muy mal. Como soy una mujer amable, afectuosa, cordial y caritativa, al momento de cobrar la renta se me parte el corazón de ver a los inquilinos así tan infelices, tan pobres. Les escucho sus historias tan tristes y lloro con ellos. Nos les cobro, entonces es cuando todos se aprovechan de mí y no me pagan ¿Cómo puede usted ayudarme?

MENOR: (con una pequeña pausa) Listo. Precisamente para usted le tengo una mala cara, una cara de malgeniada.

SEÑORA: ¿Una mala cara? ¿Cómo es eso?

MENOR: Primero tenemos que hablar del precio.

SEÑORA: No, no se preocupe, no pagaré por algo que no sé qué es. Me voy.

MENOR: Señora, venga, no se marche así.

SEÑORA: Estoy segura de que me quiere engañar. Puedo percibirlo.

MENOR: Mire, si no logro el propósito que usted necesita, no me paga.

SEÑORA: ¿Me promete que usted no quiere engañarme? Mire que no lo conozco, pero se ve usted decente, honesto, hasta como buena persona.

MENOR: Lo único que yo quiero es ayudarla. Se lo demostraré. Mire…. (haciendo gestos para fruncir el ceño, agudizar los ojos y empuñar la boca. Todo lo anterior se acompaña de la expresión corporal ‘muestra clara de posición de ataque’).

SEÑORA: (repitiendo los mismos gestos de Menor) ¿Así?

MENOR: Debe arrugar los pómulos mucho más para que se vea la ira en toda su cara.

SEÑORA: (exagerando los gestos y movimientos) ¿Así?

MENOR: ¡Así! Perfecto, muy bien, lo ha logrado. Son diez mil pesos.

SEÑORA: ¿Ah? ¿Cómo? ¿Tanto dinero? Haga una obra de caridad conmigo. No le había dicho, pero esta mañana me pasó algo muy terrible. Después de regresar de la tienda, encontré a mi perro ahogado. Lo fui a recoger y encontré una nota de mi marido donde me decía que se marchaba para siempre, entonces me fui al cuarto a llorar y noté que los ladrones se habían metido y me habían robado todo. No sabe lo triste que estoy.

MENOR: Lo siento mucho, me conmueve su situación. Voy a hacerle un descuento.

SEÑORA: (poniendo una cara de extrema angustia) Es que no tengo nada (se marcha lentamente mirándolo).

MENOR: Llevo palabras… llevo suspiros. Se le hace eslogan para su negocio, les traigo las muchas ocurrencias. Compre su grito, se le enseña a hacer malas caras.

Le vendo una mala cara. Las malas caras son muy necesarias para las expresiones de ciertos sentimientos… Haga dinero con su negocio.

VENDEDOR 2: (que estuvo escuchando atentamente a Menor) Espejos, espejos, espejos. Señor, venga un momento. Necesito una solución: no logro vender nada, nadie me compra.

MENOR: Sí, lo entiendo… Le voy a vender un pregón para su negocio, pero, para ello, tiene usted que cambiar.

VENDEDOR 2: (extrañado) ¿Cambiar? ¿Cambiar como de vender espejos?

MENOR: No, en su pensamiento.

VENDEDOR 2: Sí, sí, lo que sea, dígame.

MENOR: (haciendo movimiento expresivos parecidos a un cortejo entre aves) El espejo es el objeto más misterioso…

VENDEDOR 2: Misterioso…

MENOR: En él puede usted mirar su alma. (preguntándole al vendedor) ¿Se ha visto usted el alma por estos días?

VENDEDOR 2: (repitiendo los mismos gestos de Menor) ¿Se ha visto usted el alma?

MENOR: (interrumpiéndolo) Deje de repetir todo lo que yo digo y escuche con atención.(sin dejar que Vendedor 2 conteste) En el espejo se mira y se es mirado. El espejo y la amistad siempre dicen la verdad. ¡Compre su espejo, es el mejor consejo!

AMBOS: Compre su espejo que es el mejor consejo, compre su espejo que es el mejor consejo.

VENDEDOR 2: Compre su espejo que es…. (se marcha rápidamente).

MENOR: (llamándolo con voz alta) Señor… ¿no piensa pagarme?

VENDEDOR 2: (riéndose) Lo había olvidado. ¿Cuánto le debo?

MENOR: Son diez mil pesos.

VENDEDOR 2: ¿Diez… mil… pesos…? Pero… solo tengo cinco mil. Pero mire, cinco mil que tengo yo más cinco mil que se reflejan en el espejo son diez mil. Tome.

MENOR: (agarrando fuerte a Vendedor 2). A mí me paga mi dinero ahora.

VENDEDOR 2: ¿Pero qué quiere que le pague si usted no me vendió nada?

MENOR: Antes de que yo hablara, usted no tenía nada.

VENDEDOR 2: (agarrándolo fuerte también) Eso me lo pudo haber dicho cualquiera.

Después de un momento tenso, se van soltando poco a poco y cada uno toma rumbos diferentes sin dejar de mirarse.

VENDEDOR 3: Calzado, calzado nuevo y usado. Calzado, calzado nuevo y usado…

MENOR: (observándolo) Así nadie le va a comprar.

VENDEDOR 3: (sin prestar atención) Ya aparecerá alguien que quiera comprar.

MENOR: Yo lo puedo ayudar por unos cuantos pesos.

El vendedor se detiene incrédulo y se acerca a Menor.

VENDEDOR 3: ¿Ya se enteró? Salió en las noticias que un estafador anda por estas calles haciéndose pasar por vendedor.

MENOR: ¿Acaso se le podrá reconocer? Estas calles son maravillosas pero egoístas y algunas personas se pasan toda la vida caminando sobre ellas sin encontrar fortuna hasta que la vejez se los alcanza (se marcha).

VENDEDOR 3: (alcanzándolo) ¿Cuál sería el negocio y cómo sé que no es una estafa?

MENOR: Solo le haré algunas preguntas. ¿En dónde van los zapatos?

VENDEDOR 3: (una pequeña pausa) En los pies.

MENOR: ¿Qué se hace con los pies?

VENDEDOR 3: (sin pensar) Caminar.

MENOR: ¿Y en dónde se camina?

VENDEDOR 3: En el camino.

MENOR: Exacto, en el camino. “El calzado que has de usar determina el camino que has de tomar”. Si usted compra un zapato fino y elegante, lo llevará siempre por un camino distinguido. Si usted compra un zapato costoso, lo llevará por el camino del dinero y la fortuna. Un zapato liviano lo llevará por caminos leves, como en un sueño.

VENDEDOR 3: (convencido) Eso es, gracias.

MENOR: Son quince mil pesos.

VENDEDOR 3: Pero ahora tendrá que hacerme un descuento. No tengo todo eso.

MENOR: No señor, nada de descuentos. Ese es el precio.

VENDEDOR 3: Sí, sí, sí, yo sé que ese es el precio, pero comprenda, no tengo más.

MENOR: No puedo hacerle ningún descuento.

VENDEDOR 3: Bueno, lo toma o lo deja.

MENOR: (decepcionado) Está bien, pero después me los paga, cuando tenga, cuando haya vendido.

ESCENA II

NARRADOR: Así pasó el tiempo y, con él, los afanes. Y cierto día recibieron la visita del Supremo del país, que estaba protegido de sus generales, que por lo general se parecían a él. Menor, bañado en codicia, vio la oportunidad para extender sus ganancias, así que esperó paciente que llegara el momento.

Los actores regresan al lugar respectivo del escenario, donde se cambian para el nuevo rol de generales. El Supremo, dando una palmada para detener a los generales que como esclavos lo llevan en hombros en una especie de carruaje excesivamente decorado, hace que los generales se detengan y lo bajan.

SUPREMO: (con ademanes de desprecio) ¿Quiénes son esos que están allá?

GENERAL PRIMERO: Son vendedores, señor.

SUPREMO: Tráiganme uno.

Los generales, como bailarines ridículos, caminan haciendo una especie de danza que acompañan con signos psicosomáticos. Al llegar al sitio del vendedor escogido, uno de los generales se cambia de personaje general a personaje vendedor (esto lo hace cada uno de los generales en su momento y frente al público). Los demás toman a un vendedor y lo llevan haciendo que repita la coreografía.

SUPREMO: (con ademanes de asco) ¿Qué vende usted?

VENDEDOR 1: Relojes (retractándose). No, no, no, yo vendo el tiempo y puedo venderle un tiempo pasado, tiempo presente o el tiempo futuro. Puedo venderle medio o más tiempo del que espera. Puedo enseñarle a administrar el tiempo. ¡Compre su tiempo! ¡Es el tiempo de comprar! ¡Falta poco tiempo! ¡El tiempo es oro! Aproveche el tiempo.

SUPREMO: ¿Y usted cree que yo necesito algunos de esos relojes? Yo tengo los relojes más lujosos. Retírese de mi vista.

SUPREMO: General…

GENERAL SOLDADO: Dígame, señor.

SUPREMO: (humillante) Tráigame otro vendedorsito de esos.

Los generales rápidamente se van y traen otro vendedor. Danzando.

SUPREMO: (al vendedor) ¿Qué vende usted?

VENDEDOR 2: (con estilo y voz de poeta) Espejos, señor. El espejo es el objeto más misterioso. En él puede usted mirar su alma, en él se mira y se es mirado. El espejo y la amistad siempre dicen la verdad. “Compre su espejo, es el mejor consejo” … ¿se ha mirado usted el al…?

SUPREMO: (interrumpiéndolo) Cállese, cállese y llévese sus viejos espejos. ¿Cómo se atreve a dirigirse así ante mí? Llévenlo a la horca.

VENDEDOR 2: Señor, tenga piedad. No fue eso lo que quise preguntar...

SUPREMO: Llévenselo ya, insolente.

VENDEDOR 2: (mientras se lo llevan) Noooo, miserable. Espero que su destino sea peor que el mío.

Supremo y los generales se desplazan cautelosamente hasta llegar a otro vendedor.

SUPREMO: (por sorpresa) ¿Qué vende usted?

VENDEDOR 3: Calzado, señor. “El calzado que has de usar determina el camino que has de tomar”.

SUPREMO: (haciéndose el sorprendido) ¿Verdad?

VENDEDOR 3: Si usted compra un zapato fino y elegante, lo llevará siempre por un camino distinguido.

SUPREMO: Nooo, ¡qué interesante!

VENDEDOR 3: Si usted compra un zapato costoso, lo llevará por el camino del dinero y la fortuna.

SUPREMO: (saltando de alegría) Fortuna, fortuna. Qué lindo, qué bonito…

VENDEDOR 3: Un zapato liviano lo llevará por caminos leves, como en un sueño…

SUPREMO: (furioso) Cierre la boca. ¿Pero qué está sucediendo con ustedes? ¿Qué les pasa? ¿Qué mosca los visitó? Llévenselo.

Los generales entran y lo sacan por las orejas.

SUPREMO: Ninguno de ustedes vendedores insignificantes, vendedores de plaza pobre, ninguno podrá tener algo que yo necesite comprar.

Se marcha silbando una melodía de quien tiene el poder.

MENOR: Yo puedo venderle algo que usted necesite y mucho.

El Supremo y los secretarios se detienen bruscamente.

SUPREMO: ¿Quién habló?

MENOR: Yo. (se desplaza cautelosamente hasta El Supremo) Puedo venderle las palabras para cuando llegue su final. Son muy importantes que las compre para que tenga seguridad de que le salgan bien justo en un momento como ese. Le conviene tenerlas. Es la auténtica suerte del caleidoscopio exhibiendo su pasado hacia el futuro.

SUPREMO: Pero… ¿qué está diciendo? General Soldado, traduzca lo que dice.

GENERAL SOLDADO: Habla en colombiano, señor.

SUPREMO: ¿En colombiano? ¿Pero, por qué no lo entiendo? ¿Qué pasa?

MENOR: Usted en el fondo sí me entiende. Le digo que vengo a venderle las palabras que usted ha estado buscando sin fortuna. En realidad, usted querrá decirlas cuando llegue el momento y necesitará decirlas para que el mundo lo recuerde. No se haga el que no sabe. No se haga, no se haga…

NARRADOR: El Supremo se enfadó tanto que en su cuerpo y sus pies se reproducían toda clase de movimientos grotescos. Cuando terminó, mandó que arrestaran a Menor.

MENOR: (mientras le colocan las esposa) Usted se equivoca con su decisión. Las palabras que yo iba a venderle son las palabras para que su gobierno no pase en vano. Con estas palabras usted dejará una marca que no se le borrará a ningún habitante. Con esas palabras usted quedará escrito en la historia. (Menor en voz baja para el público) ¿A qué supremo no le gustaría pasar a la historia? (dirigiéndose a Supremo) ¿O no quiere que su nombre sea puesto en lo alto? Lo que yo le iba a vender son todas y cada una de las palabras que usted va a querer pronunciar, así que no hay ninguna estafa. Ahora como no negoció conmigo, el día que llegue la hora, ya para qué. En su final, usted no tendrá palabras, será muy triste su partida, un silencio vacío lo envolverá todo, tan oscuro como la noche.

SUPREMO: ¿Por qué no tendré palabras si las tengo todo el tiempo? Cuando quiero, hablo. ¿Por qué no voy a poder hablar en ese momento?

MENOR: Porque el temor se apoderará de usted y no lo dejará mover la boca. Lo único que se le escuchará clarito serán los ‘¡ay, ay, ay!’ provocados por los golpes que recibirá de parte de sus generales, que presos del susto por su mudez, lo matarán.

GENERAL TORRES: Este hombre blasfema contra la autoridad.

GENERAL Conspirador, rebelde, agitador, mentiroso, agresor, corrupto, arbitrario, sinvergüenza, ofensivo.

GENERAL PRIMERO: Hay que arrestarlo y fusilarlo de inmediato.

GENERAL TORRES: Este hombre es una amenaza pública.

GENERAL SOLDADO: Alborotador, insurgente, calanchín, revoltoso, escandaloso, mal hablado, condenado, perverso, desordenado, hijueputa.

GENERAL PRIMERO: Alisten. Fusilamiento por alta humillación.

GENERAL TORRES: Señor, este hombre debe pagar su injuria con la muerte.

SUPREMO: (lleno de ira) Cállense, cállense. Ninguno de ustedes me viene a decir lo que yo tengo que hacer ¿Quiénes se han creído que son? De espaldas. (se acerca enfadado hacia los generales) Canten.

TODOS LOS GENERALES: (silban una melodía de quien tiene el poder)

oooo…. — - i — — o,o. (repiten una vez más) oioo oioo oyai melou olla y melau

Olla y melón olla y melón – por aquí por aquí por el hombro.

Oi oo oi oo.

SUPREMO: (a Menor) ¿Cuánto me dijo que costaban mis palabras?

ESCENA III.

NARRADOR: Mientras el Supremo del país cerraba el negocio de palabras, los generales humillados y molestos por desacreditar a la autoridad prepararon un ataque en contra del Supremo del país.

GENERAL PRIMERO: General Soldado, General Torres.

GENERAL PRIMERO: (los generales entran aplaudiendo) Señor, acérquese que le hemos preparado una sorpresa.

GENERAL SOLDADO: Sí, una fiesta, una celebración, un festejo, una gala, una velada, un espectáculo, un agasajo…

GENERAL TORRES: Sí, señor, venga, venga con nosotros.

GENERAL PRIMERO: (a Menor) Entre usted también y acompáñenos.

Los generales hacen pasar al Supremo y Menor, enseguida ellos. Después de una pequeña pausa, se escuchan golpes y gritos. Se ve a Menor y al Supremo moribundo por la paliza recibida.

SUPREMO: Por lo menos déjenme decir mis últimas palabras.

GENERAL PRIMERO: Nada de últimas palabras (lo golpea, lo mata).

GENERAL TORRES: ¿Pero qué hiciste?

GENERAL SOLDADO: Ahora no sabremos qué palabras compró.

GENERAL TORRES: (señalando al hombrecito) Preguntémosle a él.

GENERAL SOLDADO: Dinos, ¿cuáles eran las últimas palabras que él diría?

MENOR: Cada persona tiene sus propias palabras, con las que construye mágicas ilusiones. No puedo decirles las palabras que El Supremo compró, pero sí puedo venderles las de cada uno de ustedes.

GENERAL PRIMERO: Obedezca a la autoridad (lo golpea, lo mata).

En el escenario se ve a Menor y a Supremo caídos mientras los generales discuten por la conducta del general primero.

NARRADOR: Lo único que nos queda cuando todo lo demás desaparece o se pierde son las palabras. Con las palabras se pueden construir mundos inimaginables. Con el tiempo y por los caminos, con consejos y sin ellos, todos fueron envejeciendo, pero cada día se preguntaron si en realidad las palabras pueden venderse, pero no comprarse, o que todo había sido solo inventos y ocurrencias para alterar el destino. Y de cuando en cuando se escuchan en las esquinas las palabras y pregones de vendedores callejeros.

Los actores se agrupan y cantan la canción de despedida.

TODOS: Una espinita en el pie se me metió

como era chiquitica el doctor me la dejó.

El calzado que has de usar determina el camino que has de tomar.

Una espinita en el pie se me metió

como era chiquitica el doctor me la dejó.

Compre su espejo que es el mejor consejo.

Una espinita en el pie se me metió

como era chiquitica el doctor me la dejó.

Aproveche el tiempo, aproveche el tiempo.

Una espinita en el pie se me metió

como era chiquitica el doctor me la dejó.

FIN

Notas de autor

1 Investigador y docente en la Universidad del Atlántico, Colombia. Magister en Desarrollo y Cultura por la Universidad Tecnológica de Bolívar.
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