Obras artísticas
Sororal
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ESCENA. Revista de las artes, vol. 84, núm. 2, pp. 257-263, 2025
Universidad de Costa Rica

Recepción: 19 Febrero 2024
Aprobación: 01 Septiembre 2024
I
Marla está sentada en la sala. Afuera hay una manifestación de varones. Entra Nina.
Nina: ¿Ya cambiaste de opinión?
Marla: Nunca.
Nina: Sé sensata: acuérdate de Mirta.
Marla: ¿Cómo diablos podría olvidar una cosa así?
Nina: Es lo que yo digo, pero como insistes en lo mismo pareciera que no tienes memoria.
Marla: Es por eso que tengo prisa. (Pausa) ¿Tienes hambre?
Nina: ¿Eso qué tiene que ver?
Marla: ¿Tienes hambre o no?
Nina: …
Marla: ¿Que si tienes…?
Nina: ¡Ya te oí! Siempre tengo hambre, sabes que siempre tengo hambre.
Marla: Pedimos pizza, entonces.
Nina: No quiero pizza.
Marla: ¿Por qué no? Por Dios, te matas de hambre todo el día, todos los días. Por un pedazo que comas, no te vas a poner más bodoque…, menos tampoco, pero no más y, en tu caso, eso es lo que importa.
Nina: Quiero pizza tanto como tú un hijo; la diferencia es que, para mí, es bueno no tragarme la pizza, pero, para ti, no tener el hijo…
Marla: ¿Qué? No tener el hijo, ¿qué?
Nina: Si bien te va, vas a acabar como una loca ermitaña, pero si te va mal, terminarás como tu otra hermana.
Marla: ¡Y tuya también! Que no se te olvide.
Nina: ¡A ella se le olvidó primero! Pudo haberme ayudado y en vez de eso… Se merece lo que le pasó.
Marla: Deja de hablar: siempre fuimos las tres.
Nina: Yo estoy de tu lado, Marla, yo siempre he estado de tu lado.
Marla: Entonces, vamos a pedir una pizza.
Nina: ¡Cómo jodes! Ni siquiera va a llegar.
Marla: ¿Por qué no?
Nina: ¿No escuchás? Estos tipos tienen secuestrada la calle: por nuestro derecho a decidir sobre nuestros espermas. ¡Qué estupidez!
Marla: ¿Te parece? Son… los padres.
Nina: ¿Tú les preguntas a tus amantes si puedes tomar pastillas anticonceptivas?
Marla: Por supuesto que no.
Nina: ¡Ahí está! Es estúpida su manifestación.
Marla: Tomar pastillas es muy distinto a abortar, ¿no crees?
Nina: Qué retrógrada eres, Marla, retrógrada e incoherente: no estábamos hablando de tus ganas de tener un hijo.
Marla: Pero en mi caso no hay ningún padre al que considerar.
Nina: Claro, ni siquiera sabes de quién es.
Marla: Y no tendría por qué saberlo. Ya a nadie le importa a quién o qué te cojas. No entiendo por qué lo de los hijos sigue siendo relevante. ¿Sabías que ya hay úteros de plástico?
Nina: Obviamente lo sabía, siempre estoy al tanto de esas cosas…, pero son caros y parece que no con todas las células funcionan. (Pausa) Dámelo a mí.
Marla: ¿Qué?
Nina: Al bebé. Dámelo a mí. Sabes que yo lo quiero; lo queremos los dos.
Marla: Si pedimos la pizza, hablamos del bebé.
II
Mirta: Nina tiene una cicatriz en el labio porque siempre se lo mordía para evitar comer. Su cintura tendía a ensancharse con extrema facilidad. Marla y yo sabíamos que ponía todos sus empeños en soportar las ansias de tragarse cualquier cosa tan deliciosa como alta en sodio, colesterol y glucosa. Nosotras siempre fuimos delgadas y se nos hacía fácil joder a Nina porque siempre fue gorda. Eso le molestaba por el sudor: sudaba todo el tiempo, aunque estuviese helando; quería ser esbelta para no sudar tanto. Nosotras no la ayudamos nunca, más bien conjurábamos en su contra para que le costara más trabajo el régimen de cero carbs que pretendía seguir. Marla siempre quería pizza y siempre la engañaba para que se la comiera toda hasta que Nina empezó a vomitar y, de tanto hacerlo, le salió una úlcera en la faringe que se volvió cáncer. Le tuvieron que cortar un pedazo de garganta de la que solo quedó la cicatriz, una que hacía que la de la boca pasara inadvertida. Durante meses solo pudo comer batidos y adelgazó, aunque no sé si dejó de sudar tanto… Yo solo miraba, las miraba y procuraba ignorarlas a las dos. Yo hice lo mío y me fui de la casa en cuanto pude; me gustaba estar sola; las cosas vivas me causaban repulsión. Casi no veía a mis hermanas, pero cuando lo hacía solo las escuchaba quejarse una de la otra, así que me alejé más y más y más. No entendía por qué seguían viviendo juntas; hubiera pensado que era por dinero, pero a las dos les iba bien en ese asunto. Fue hasta que Nina se casó que al fin hicieron sus vidas por separado. Luego vino lo de los hijos: Nina quería un bebé, pero su útero parecía tan ineficiente como su intestino y no logró embarazarse mientras yo vivía; ella no, pero yo sí. Yo no quería un bebé y no me atrevía a decir nada; sentía que era como hacerle tragar una pizza. Lo malo es que me di cuenta tarde de mi estado. Me pasé de las semanas debidas y en ninguna clínica formal quisieron hacerme el aborto. Decían que ya no había nada que hacer, que a esas alturas era ilegal y que la opción era tenerlo, que sería bueno considerar dárselo al padre o entregarlo a algún hospicio. Pero, al igual que Marla, yo no quería tener que pasar el embarazo, yo no quería estar gorda y sudar como Nina cuando adolescente. Una amiga me dio una tarjeta. Fui a la dirección en ella y, en efecto, en ese punto de la gestación ya todo era peligroso: la hemorragia no se detuvo una vez comenzada la succión de mi útero.
III
Nina está sentada en la sala mirando su teléfono celular; bosteza. Entra Marla con un ya pronunciado vientre.
Marla: ¿Sueño?
Nina: Es el calor.
Marla: Y la grasa extra que te quedó, supongo. ¿Todavía sigues sudando como puerco?
Nina: Los puercos no sudan.
Marla: Ya sé; tranquila, solo te estoy molestando.
Nina: No sería raro.
Marla: ¿Qué ves?
Nina: Tonterías. Resulta que estos tarados están por conseguir lo que querían: habrá una reserva plausible para practicar un aborto si el padre solicita la conservación del feto.
Marla: Pero aún no pasa la iniciativa, ¿o sí?
Nina: No, pero seguro lo hará: hoy en día todo se aprueba… ¿Cómo estás?
Marla: Gorda, ¿no ves? Hasta parecemos hermanas.
Nina: Te ves bien.
Marla: No me puedo ver bien, Nina. Lo bueno es que es temporal. Cuando nazca y te lo lleves tendré tiempo de ponerme en forma. Por cierto, ¿tienes hambre? ¿Quieres…?
Nina: ¿Pizza?
Marla: Sí, pizza, pero con triple queso.
Nina: Eres la mejor hermana de las tres.
Marla: (Golpeando ligeramente su vientre) Pero no la más sensata.
Pausa. Ambas observan el vientre de Marla.
Nina: Pensé que el olor a grasa te provocaba náuseas.
Marla: Sí, a veces. Igual no importa. De todas formas, te la vas a comer tú.
Nina: Quizá, aunque creo que ahora no me vendría bien. Debo comer sano.
Marla: Eso aplica para todos, pero, por una vez que comas pizza, no te vas a ensanchar más.
Nina: Me voy a ensanchar de todas formas.
Marla: ¿De qué hablas?
Nina: Estoy embarazada.
Marla: ¿Qué?
Nina: Eso, que estoy embarazada.
Marla: Claro que no: tu útero no sirve.
Nina: Eso creíamos todos, pero resulta que después de intentar con úteros plásticos y arrendados, y tratamientos infinitos, lo único que necesitaba era coger al natural.
Marla: …
Nina: ¿No me felicitas? Vas a ser tía… y madre, claro.
Marla: Eso no cambia nada, Nina, eso no puede cambiar nada.
Nina: Lo cambia todo, Marla, todo. Para empezar, mejor no pedimos pizza; ya no necesito a tu bebé.
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