Artículos
Mujeres universitarias en La Plata (1965-1975). Una reconstrucción de su lugar en las aulas, la gestión y la política
University Women in La Plata (1965-1975). A Reconstruction of Their Role in the Classroom, Administration, and Politics
Mujeres universitarias en La Plata (1965-1975). Una reconstrucción de su lugar en las aulas, la gestión y la política
Revista interdisciplinaria de estudios de género de El Colegio de México, vol. 11, e1205, 2025
El Colegio de México A.C., Centro de Estudios de Género
Received: 08 May 2024
Accepted: 28 April 2025
Published: 09 June 2025
Resumen: Este trabajo tiene como objetivo el análisis y la sistematización de una serie de fuentes escritas vinculadas a la presencia femenina en la educación superior universitaria argentina y platense entre las décadas de 1960 y 1970. Dicho objetivo se enmarca en un propósito de mayor alcance como es reconstruir la presencia y la experiencia política y educativa de las mujeres en la Universidad de La Plata en el transcurso de 1965 a 1975. Desde allí, proponemos un cruce entre la historia de mujeres y su participación política con la historia de las universidades y sus activismos, todo ello situado en el pasado reciente argentino.
Palabras clave: género, académicas, historia de las mujeres, estudiantes universitarias, aspectos históricos.
Abstract: This paper aims to analyze and systematize a series of written sources linked to presence at Argentine universities and La Plata University in the 1960s and 1970s. This objective is framed within the broader purpose of reconstructing women’s political and educational presence and experience at La Plata University e from 1965 to 1975. On that basis, we propose combining a study of the history of women and their political participation and the history of universities and their activism, all in the recent Argentine history.
Keywords: gender, academics, women's history, university student, historical aspects.
Introducción
El 12 de julio de 1970, el suplemento dominical del diario El Día de la ciudad de La Plata (capital de la Provincia de Buenos Aires, Argentina) tituló una de sus notas centrales con un interrogante sugerente: “El machismo ¿ha muerto?” El texto analizaba el concepto dando por hecho, no sólo el auge del movimiento feminista, sino también cambios importantes en el lugar de las mujeres en la familia, la pareja, el trabajo y los estudios de ellas:
Un caso como el de Cecilia Grierson -primera mujer médica argentina- resulta imposible de concebir hoy [… ] Hoy es mucho más fácil si una mujer decide ser médico, abogado, profesor o ingeniero, no tiene para ello más dificultades que las de un hombre con iguales posibilidades económicas (El Día/Suplemento dominical, 1970).
Además, en el mismo suplemento dominical se publicó una encuesta que se realizó a 200 varones casados, en la que se afirmaba que en 125 casos las mujeres de sus hogares contribuían económicamente al mantenimiento del mismo, aunque sólo en 32 casos sus salarios eran indispensables para el sostenimiento mensual de la familia. Algo estaba cambiando en relación con los accesos de las mujeres a los estudios superiores y al mundo del trabajo. En julio de 1966, unos cuatro años antes, el mismo periódico daba cuenta del aumento de los egresos universitarios femeninos. Este crecimiento era aún más pronunciado que el aumento de las titulaciones masculinas en un contexto de cambios generalizados en torno al acceso a los estudios universitarios. En el breve texto esto se explicaba por los cambios en torno a “barreras culturales” y diferencias entre ambos sexos que se “van limando” (El Día, 1966). Como leemos, los espacios y los accesos para cada género estaban cambiando, por lo tanto, ¿qué podemos decir, realmente, de esos cambios en la educación y el mundo laboral? ¿Y en particular, qué sucedía en la Universidad Nacional de La Plata, en esas décadas de 1960 y 1970? ¿Cómo sería una historia reciente de las universidades argentinas elaborada desde la experiencia femenina?
Las estadísticas del alumnado total y el femenino en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) no son nada sistemáticas. Aun cuando ésta haya sido la segunda más importante del país en número de estudiantes, y se encuentre radicada en la capital de la Provincia de Buenos Aires1. Nos encontramos, realmente, con un enorme desafío para contarlas tal como lo ha dicho Rosario Gómez Molla (2018), la dispersión de fuentes oficiales hace que los datos que podamos obtener sean de gran heterogeneidad; y los escasos trabajos que existen acerca de las universitarias de la UNLP proponen diversas estrategias de recolección. Asimismo, la especialista en historia de la educación superior argentina, Mariana Mendonça (2020) dedicó un escrito a esta problemática asentada en el hecho de que recién a mediados de 1980 se constituyeron series estadísticas exhaustivas provistas por el Ministerio de Educación. Los datos referentes a las décadas previas resultan, para ella, difíciles de analizar debido a la multiplicidad de series y las divergencias entre sí. Dado este panorama, nuestro trabajo tiene como objetivo el análisis y la sistematización de un conjunto de fuentes escritas vinculadas a la presencia femenina en la educación superior universitaria argentina y platense entre las décadas de 1960 y 1970, fundamentalmente las editadas por el Departamento de Estadística Educativa del Ministerio de Cultura y Educación de entonces, reunidas hoy en la Biblioteca Nacional de Maestros y Maestras de la Ciudad de Buenos Aires.
Dicho objetivo se enmarca en un propósito de mayor alcance como es el de reconstruir la experiencia política y educativa de las mujeres en la Universidad de La Plata entre 1965 y 1975. Esta década fue antecedida y precedida por golpes militares, así como marcada por la intensa movilización y protesta social, cabe introducir dos cuestiones que justifican esas fechas, además del criterio estrictamente político. Por un lado, incluir el año 1965 permite recuperar los registros de acciones electorales previas al año 1966, cuando un golpe de Estado eliminó la participación estudiantil y el cogobierno en las universidades. Recién hacia 1970 esas condiciones se modificaron, como se leerá. En segundo lugar, el año 1975 marcó el auge de la ofensiva conservadora, parapolicial y militar en las universidades, aunque en la UNLP esto tuvo sus ribetes. En octubre de 1974, fueron asesinados Carlos Achem y Rodolfo Miguel, autoridades de la casa de estudios y militantes peronistas reconocidos, por lo anterior, la UNLP fue clausurada y reabierta al año siguiente. El marco de fondo era el de una ciudad marcada por los asesinatos de militantes de izquierdas, peronistas, sindicalistas o docentes. El golpe de Estado iniciado en 1976 cerró definitivamente una etapa en la vida social y política del país, al tiempo que abrió otra marcada tanto por la profunda política represiva (que incluyó la tortura y desaparición de personas) como por la liberalización económica, entre muchos otros elementos.
Nos posicionamos así en el cruce entre la historia reciente de las universidades y la perspectiva de la historia de las mujeres y de género, con el doble propósito de visibilizar esas prácticas femeninas en un territorio específico como el universitario y sortear el silenciamiento y vacío historiográfico que existe. Es sabido que los movimientos estudiantiles y los grupos docentes e intelectuales fueron protagonistas de la protesta social y la vida política del país entre 1966 y 1975, donde sobresalen coyunturas como las de 1966, 1969 y 1973. La narrativa histórica elaborada acerca de las universidades y sus actores en ese tiempo es sesgada. La mayoría de los trabajos únicamente enuncian un sujeto universal masculino, para un escenario marcado por relaciones de socialización y espacios de dirección masculinizados2. Al mismo tiempo, es un terreno prácticamente inexplorado el de los activismos de las mujeres en los movimientos estudiantiles y docentes, sus voces, vidas, trayectorias, sus formas de accionar en los momentos de auge de la protesta o de resistencia a los contextos represivos; así como su lugar y rol en los proyectos de discusión universitaria y académica que transcurrieron. Y en esto encontramos una paradójica vacancia, tal como ha dicho Gloria Tirado Villegas (2004), pues son los años 60 y 70 los de la llegada masiva de las mujeres a la educación y a los espacios públicos. A pesar de lo anterior, poco sabemos de ese proceso, es decir desconocemos cuántas eran o qué estudiaron; cómo cambió el espacio universitario con esa llegada; cómo articularon sus estudios con la vida familiar y doméstica; cómo participaron en política y qué repertorios surgieron desde su experiencia.
Ahora bien, todo lo dicho nos enfrenta a un desafío enunciado hace décadas por teóricas feministas, Sandra Harding (1987), nos interroga: ¿Cómo trascender la “suma”, la “agregación” de mujeres a una historia construida con métodos, fuentes y preguntas androcéntricas? Tal como fue dicho por Joan Scott (1996), el ejercicio de visibilización y descripción de “las mujeres en la historia” no es suficiente, es preciso ahondar en las condiciones de participación de ellas en esas historias específicas. Para ambas, en el trabajo teórico/analítico e interpretativo radica el desafío.
Un poco más cerca en el tiempo, autoras argentinas han escrito sobre esto, con otras palabras y con un sentido alentador. Por ejemplo, Andrea Andújar y Débora D´Antonio (2020) enuncian los “hallazgos interpretativos” que la articulación entre estudios de género y trabajo, para el período 1960-1970, otorga, es decir, nuevas periodizaciones con otros hitos, otras genealogías con repertorios de acción y formas organizativas que escapan al relato urbano y masculino. Paula Lenguita (2020) sostiene que dar cuenta del protagonismo femenino en la oposición militante a los gobiernos dictatoriales supone una lectura historiográfica novedosa, la tarea represiva asume otro tinte y los cambios de regímenes políticos afectan de forma distinta las esferas públicas y privadas. La reciente investigación de Rosario Gómez Molla (2024) inserta estos desafíos en el ámbito universitario platense, al indagar en la experiencia de mujeres que estudiaron y luego ejercieron en el ámbito de las profesiones jurídicas. Con un abordaje de corte biográfico, explora las tensiones entre el estudio y la profesión con la maternidad/domesticidad y describe el modo en que allí tomaban forma las desigualdades entre géneros (por ejemplo, las razones por las que varones y mujeres llegaban a “atrasarse” en la carrera), las estrategias de delegación de tareas y de conciliación entre esferas que ellas ideaban para estudiar o ejercer en la ciudad de La Plata. El diálogo con este trabajo es sostenido en la medida en que nos guía un interrogante similar: ¿Cuáles fueron las particularidades de la experiencia universitaria femenina de los años sesenta y setenta argentinos? ¿De qué manera visibilizar estos rasgos nos permite reescribir la historia de la universidad masificada, politizada de esos años (por mencionar dos líneas de indagación clásicas)?
Aspectos metodológicos
Este escrito se atiene a un diseño de investigación de tipo exploratorio y descriptivo, en la medida en que busca aproximarse a la comprensión de un fenómeno poco conocido, para extraer de allí variables, descripciones y posibles hipótesis, tal como lo define Cea D´ Ancona (2001). Dicha exploración estará basada en el análisis de una serie histórica de fuentes estadísticas del período, tratada como principal técnica de recolección de datos. Como se observa, haremos un tratamiento centralmente cuantitativo del problema que se justifica por las dificultades que encontramos para contar esa presencia, otorgarle dimensión y magnitud (Hernández Sampieri et al., 2014). Concretamente, como técnica de construcción de datos emplearemos el análisis documental, en concreto, vamos a trabajar con fuentes estadísticas oficiales, seleccionadas por contener datos de la presencia femenina de la Universidad de La Plata, en tres tipos de espacios: las aulas, sea como estudiantes o docentes; en lugares de gestión y dirección institucional o académica; y en los ámbitos de representación y participación política. Las fuentes utilizadas son, de forma prioritaria, las provistas por el Departamento de Estadística Educativa del Ministerio de Cultura y Educación. Las mismas han sido complementadas con otros tres tipos de documentos escritos: a) informes realizados a comienzos de 1970 acerca de la relación de la mujer argentina con la educación universitaria, a instancia de conferencias y seminarios internacionales. b) fuentes del archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), hoy desclasificado por la Comisión Provincial por la Memoria, que cuenta con un legajo entero dedicado a la vida institucional de la UNLP. c) notas que desde el diario El Día (uno de los más importantes de la ciudad) fueron dedicadas a la vida universitaria en el período estudiado, que usaremos y contrastaremos con lo obtenido en las otras fuentes. Además de proveernos de datos, este recurso nos muestra cómo era presentada por la prensa local la presencia femenina en las aulas universitarias y en el mercado de trabajo, entre otros espacios.
El cruce de esta información nos otorga un panorama de la cantidad de mujeres que habitaron de una u otra forma la UNLP que, como bien han dicho Pierre Bourdieu, Jean-Claude Chamboredon y Jean-Claude Passeron (2008), lejos está de ser un dato objetivo o ser tratado aquí como la realidad. Consideramos más bien que se trata de datos producidos por entes oficiales (nacionales, sobre todo) que deben ser puestos en contexto, pues constituyen una mirada de la realidad entre varias posibles, delimitada por enfoques y definiciones que precisan lo que se mide y lo que se deja de medir (Cohen y Gómez Rojas, 2014)3.
En síntesis, presentamos en las páginas que siguen una investigación de tipo exploratorio, basada en el análisis de las series estadísticas arriba detalladas y otras fuentes complementarias. Esto nos permite describir una serie de dimensiones: la cantidad de mujeres que estudiaron en los años 1965-1975, las carreras elegidas y sus transformaciones; así como su lugar en los espacios docentes, político-académicos, de representación y de gestión. Los apartados que organizan este trabajo son tres. El primero, una revisión bibliográfica que busca mostrar el estado del campo en torno al tema y entre 1918 y la década en estudio. En segundo lugar, presentamos datos, cuadros e interpretaciones de las varias aristas de la presencia de mujeres en la UNLP en esos años que comprenden tanto gobiernos elegidos democráticamente como regímenes militares. Todo esto combina el estudio en detalle de dicha presencia con una interpretación local de sus componentes y tiempos. Finalizamos con un apartado dedicado a las reflexiones finales y la síntesis de lo analizado.
Una revisión bibliográfica. Mujeres, universidad y política en la historia argentina
En el subcampo de los estudios acerca de mujeres y universidades argentinas existen tantos vacíos como desafíos pendientes, aunque debe decirse también que los avances de los últimos años son importantes. En primer lugar, pasaremos revista de la bibliografía dedicada a observar la evolución de la matrícula y las formas de participación académica y estudiantil de las mujeres en las instituciones de educación superior del país; con énfasis en aquellas que refieren a la Universidad de La Plata. En segundo lugar, nos abocaremos a la participación política femenina universitaria, ubicando los grandes hitos del siglo XX (la reforma universitaria, entre ellos). Ambas cuestiones son el marco para las líneas de trabajo que aquí proponemos. Por último, mencionaremos una serie de trabajos que indagan en las trayectorias político o académicas de universitarias platenses estudiantes, docentes y autoridades entre 1960 y 1970.
Los años ochenta son importantes para los estudios de mujeres y género en Argentina, como también lo son para el movimiento feminista. Aquí encontramos los primeros hitos historiográficos para el análisis de la participación femenina en las universidades como son las publicaciones de Mónica García Frinchaboy (1981) y Graciela Maglie (1988), quienes presentan un estudio cuantitativo de la presencia femenina en los tres niveles educativos, incluido el superior, y enfocado sobre todo en la comparación entre 1941 y 1978. También resalta el de la pionera Gloria Bonder (1992), quien repara en el análisis de los modelos de “mujer profesional” y “universitarias” de 1970 y 1980 para explorar la tensión con las expectativas tradicionales asociadas al género. Finalmente, aparece el trabajo de Alicia Palermo (1998), ubicado en un registro más interpretativo al proponer etapas en el ingreso de las mujeres a los estudios universitarios y tesis explicativas para indagar en ellas.
El período histórico que aquí trabajamos se encuentra entre las etapas segunda y tercera que Palermo (1998) describe. Por un lado, la primera mitad del siglo XX se caracterizó por un incremento paulatino de la matrícula femenina, constante y concentrado en las carreras asociadas a esa identidad de género (docencia, letras o carreras vinculadas a la medicina). Luego, para el período que transcurre de 1965 en adelante la autora observa que ese incremento se profundizó y diversificó. Ya para el quinquenio 1961-1965, los títulos universitarios otorgados a mujeres representaron casi un tercio (28.2 %) de los totales. Para ella, este proceso fue parte de uno más general como el aumento de la matrícula en la enseñanza secundaria y superior: uno de los fenómenos demográficos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, notable tanto para los países industrializados como para la región latinoamericana4.
Dora Barrancos (2010), en su clásico Mujeres en la sociedad argentina sostiene que el ingreso masivo a las casas de altos estudios fue una de las experiencias más destacadas de las mujeres de la década de 1960, principalmente de aquellas de clases medias urbanas, pero no exclusivamente. Aunque con referencias estadísticas centradas en la Universidad de Buenos Aires, la autora encuentra que en el transcurso de esa década una buena cantidad de carreras se poblaron de mujeres, llegando a representar la mitad del estudiantado. Esto no sólo en las Humanidades y Sociales, sino también en Derecho, Arquitectura y Medicina. Ahora bien, cabe mencionar lo que Barrancos (2010) nombra como datos centrales de la “inmovilidad de las relaciones de género en las universidades” (p. 223), a pesar de que las aulas y los espacios de militancia se habían poblado de mujeres, los varones dominaban por completo la escena en las cátedras y en la enseñanza, en los cargos de gestión y en las direcciones de las organizaciones estudiantiles.
En línea de continuidad con Barrancos, la especialista en historia de las juventudes, Valeria Manzano (2017), sostiene que el aumento de la presencia femenina en las aulas de colegios secundarios y universidades (que, además, se acompañó de un fenómeno similar en el mercado laboral) conmovió no únicamente las nociones tradicionales de hogar/familia, sino también las nociones de feminidad y domesticidad. Entre esos cambios ella destaca algunos: el sexo prematrimonial comenzó a aceptarse públicamente, las jóvenes postergaban el matrimonio y se “iban de casa” (p. 155), protagonizando distintos tipos de fugas de la autoridad familiar. Estos elementos, al tiempo que contribuían a la modernización de la familia y los hábitos sexuales, exponían el inicio del resquebrajamiento de la autoridad patriarcal en las relaciones familiares y de noviazgo tal como ha sido analizado por autoras de referencia como Isabella Cosse (2010), entre otras. Asimismo, tal como han dicho Barrancos (2010) y Verónica Giordano (2014), el contexto socio político era propicio, pero ambiguo. El régimen militar de Juan C. Onganía, iniciado en 1966, había realizado una suerte de modernización autoritaria. Entre otras cosas, y mediante la reforma del Código Civil de 1968, éste otorgó a las mujeres mayores de edad la capacidad jurídica plena en cuanto al ejercicio profesional y la disposición de bienes propios.
Algunos años antes, Alicia Palermo (1998) había esbozado dos tesis que pensaban críticamente todo aquello; la primera nos alerta acerca del hecho de que aquellas rupturas (que no niega) convivieron con nociones de género tradicionales, es decir, que más que un cambio radical debemos hablar de un desplazamiento o un reajuste de las expectativas asociadas al género femenino, que es posible observar en las características de su acceso a espacios laborales y educativos. Pues, “algunas se reciben y no ejercen jamás su profesión o dejan de hacerlo cuando se casan; otras sólo la ejercen cuando sus hijos crecen y lo hacen a tiempo parcial” (Palermo, 1998, p. 96). Podemos decir que el alcance de ese desplazamiento se relaciona para Palermo (1998), y he aquí la segunda tesis, con las disputas y las negociaciones que las mujeres lograban sobrellevar en el seno de sus familias. Esto supone ver en ellas, sujetos activos, hacedoras y negociadoras de su propia trayectoria, en contextos particulares y frente a caminos socialmente vedados.
Observando la actualidad del campo, debemos decir que los estudios recientes acerca de universitarias en la segunda mitad del siglo argentino no abundan; tanto los trabajos estadísticos como los que recogen experiencias y trayectorias académicas se centran en los años que van entre 1900 y 1940. Lo anterior es válido tanto para la Universidad de Buenos Aires (Lorenzo, 2017), la de Córdoba (Vera de Flachs, 2018a y b) y también, para la UNLP. Para esta última, los trabajos de Susana García (2006, 2011) y Ana Carolina Arias (2017) han hecho importantes avances centrados sobre todo en las carreras vinculadas a la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (que hasta 1920 incluyó las carreras de Química, Farmacia y Dibujo). Ésta concentraba la actividad académica femenina, junto a la Facultad de Ciencias de la Educación creada como tal en 1914, y desde 1921 denominada de Humanidades y Ciencias de la Educación. Las autoras demuestran que hasta 1930 las carreras con mayor presencia femenina estaban en aquellas dos Facultades, los profesorados (que proponían una continuidad para las egresadas de los Colegios Normales) y Farmacia. Lo anterior marca un punto de diferencia respecto de los datos nacionales, donde desde comienzos de siglo primaron las opciones vinculadas a la salud y la medicina, Facultad que en la UNLP se creó recién en 1934.
De acuerdo con Gómez Molla (2018), aquel dato se modifica sustancialmente con el correr del siglo. Un minucioso conteo de títulos expedidos le indica a la autora que entre 1951 y 1972 tuvo lugar una reorientación de las opciones elegidas por las mujeres donde la Facultad de Ciencias Médicas obtuvo el podio (con 1887 títulos entregados), seguida de Humanidades y Ciencias de la Educación (con 1694); Ciencias Jurídicas (con 1414) y finalmente, Exactas donde se alojaba la carrera de Farmacia (con 1258 títulos entregados). Esta reorientación tuvo lugar en un contexto en que la cantidad de títulos otorgados a mujeres creció notablemente, “mientras que, en 1950 sólo el 16 % de los títulos -122 en valores absolutos- eran otorgados a mujeres, veinte años después, en 1970, los egresos femeninos representaron un tercio del total, hasta llegar a los 682 títulos” (Gómez Molla, 2018, p.14). En un campo de estudios en construcción, cabe decir que los trabajos citados proponen estrategias de recolección de datos diferentes para pensar la presencia femenina en las aulas universitarias platenses. Se combinan datos de matriculación y obtención de becas o ayudantías docentes con el análisis de los registros oficiales de los títulos.
En paralelo a los estudios acerca de la dimensión cuantitativa de la presencia femenina en las aulas universitarias, en los últimos años también observamos un avance de trabajos abocados a reconstruir las formas y los espacios de su participación político-pública, aunque centrados en las primeras décadas del siglo XX. Podemos mencionar aquí los trabajos de Bórmida y Astudillo (2018), Vera de Flachs (2018b) y Pablo Requena (2021) para la Universidad de Córdoba; de Fernanda Lorenzo (2017) y Luciana Carreño (2018) para la Universidad de Buenos Aires y de Ana Carolina Arias (2017) y Canela Gavrila (2018) para La Plata. Un primer conjunto de estas obras propone el rescate de los nombres, los espacios organizativos y los discursos de las mujeres durante uno de los hechos más importantes del siglo XX para las universidades latinoamericanas, la Reforma Universitaria de 1918. Así, por ejemplo, Vera de Flachs (2018b) logra ubicar no únicamente trayectorias individuales, sino también espacios de participación propios como el Comité Femenino de la Asociación Córdoba Libre. También, su trabajo y los ubicados en la UBA rescatan espacios como la Asociación de Universitarias Argentinas, la Unión Feminista Nacional y la organización del Primer Congreso Femenino Internacional realizado en 1910 en Buenos Aires; vinculados ellos al Partido Socialista y a la lucha por derechos civiles y políticos para las mujeres. Como contracara, investigaciones como las de Carreño (2018) han dado cuenta de las barreras de género que hacían del movimiento reformista uno de masculinidades renovadas con espacios de socialización y claves identitarias excluyentes para las mujeres. Gavrila (2018), por su parte, se centra en las mujeres de la Escuela de Visitadoras de Higiene Social de la UNLP creada en 1938 bajo dependencia de la Facultad de Medicina, que realizaban conferencias de sanidad y prevención, además, tenían sus espacios en dos emisoras de la ciudad: Radio Universidad y Radio Provincia. Algunas de ellas, además, fueron muy activas en el Club de Madres y la Comisión de Mujeres y Niños de la Universidad Popular Alejandro Korn, ambos vinculados al Partido Socialista.
Ubicada más adelante en el siglo, la investigadora Sandra Carli (2018) indagó en las trayectorias de mujeres del movimiento estudiantil reformista de la Universidad de Buenos Aires, entre 1950 y 1966. Ubicando sus recorridos académicos y políticos, así como sus escritos públicos, Carli se enfocó en figuras como Regina Gibaja (presidenta del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras entre 1949-1950), Amanda Toubes (presidenta de la FUBA en 1954) y Ana Lía Payró (presidenta del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras entre 1962-1963). Con un enfoque de tipo cualitativo, centrado en testimonios de las protagonistas y análisis de sus escritos en revistas estudiantiles, Carli logra reconstruir los entornos de esos activismos, así como las posturas de ellas y las formas cómo ocuparon esos lugares tan típicamente masculinos.
Finalmente, quisiéramos recuperar una serie de producciones recientes que reconstruyen historias de vida sobre universitarias (estudiantes, docentes, no docentes y autoridades) de la UNLP para esas décadas. Para el período que aquí pretendemos abarcar (1965-1975) el trabajo que resalta, por el vacío que lo rodea y por su originalidad, es la tesis doctoral de Gómez Molla (2024). Aunque centrada en las profesiones jurídicas, la autora reconstruye con perspectiva de género el paso por los estudios y el ejercicio profesional de una veintena de mujeres de la UNLP. Como se mencionó antes, ella reconstruye decisiones, tensiones y estrategias de conciliación que las universitarias tejieron para combinar el estudio, el trabajo, la maternidad y las tareas del hogar. Todas juntas nos describen particularidades de la experiencia femenina para sortear la desigualdad de género y finalmente, estudiar lejos de casa, embarazadas, casadas, o ejercer la profesión siendo amas de casa.
Luego, aparece un conjunto de escritos que recupera variadas trayectorias político-académicas de mujeres que pasaron por las aulas, particularmente, de Humanidades y Ciencias de la Educación y de Artes. La biografía de Reyna Diez nos habla de la primera mujer que ocupó el cargo de Decana de la Facultad de Humanidades en un marco tan tumultuoso como fueran los inicios de 1974 (Baez, 2021). Asimismo, la figura de Beatriz M. Quiroga nos ayuda a sintetizar varias trayectorias típicas del período, docente de Filosofía, militante del peronismo de izquierdas (de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, FAR y luego Montoneros), y en 1973 Secretaria de Asuntos Académicos de la misma Facultad (Di Pego, Giacobone, Gómez y Petón, 2022). Luego, para el caso de la entonces Escuela Superior de Bellas Artes, han sido trabajados los casos de las pioneras Clara Zappettini, Silvia Verga y Susana de Cristófano, quienes estudiaron en la Escuela de Cinematografía (Burgardt, 2021).
El análisis empírico y sistemático de la experiencia universitaria femenina en los años 60 y 70 de la Argentina constituye un gran pendiente, cuestión que contrasta con la consolidación de los estudios acerca de universidades, movimientos estudiantiles, experiencias docentes e intelectuales en el mismo período5. También es una tarea futura sopesar los hallazgos que ello nos aporte con algunos de esos procesos más analizados en lo que a historia de las universidades refiere, es decir, la masificación y los cambios estructurales y la politización de sus actores.
Mujeres universitarias de La Plata: Resultados de investigación y algunas interpretaciones
Entre 1965 y 1975 la cantidad de estudiantes matriculados en la UNLP se duplicó, en sintonía con la tendencia nacional de crecimiento de las Universidades Nacionales (UUNN de aquí en adelante). Si en 1966 llegó a los 33320, en 1975 ese número ascendió a 72622. El año que sobresale en esta lista es 1968, cuando la matrícula descendió a 28511, su número más bajo en siete años6. Considerando la anomalía, nos sirve el dato, pues una nota del diario local El Día lo retoma (aunque contabilizando 24209 estudiantes) para agregar que, de ese total, 18010 eran varones y 6100 mujeres lo que representaba un 25% de la matrícula global.
El Cuadro 1 nos permite observar la matrícula de la UNLP discriminada por sexo, para los años de 1968, 1971, 1974 y 1975, los más completos en cuanto a este dato refiere. Si bien se evidencia un innegable aumento de la presencia femenina en la UNLP, que pasó de 25.2% en 1968 a 50.8% en 1975, aparecen dos cuestiones a considerar, primero, el dato que se construye para 1968 tiene un marcado subregistro en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, justamente, una de las que mayor matrícula femenina ha tenido históricamente. Por otra parte, el dato de 1975 presenta un crecimiento exponencial de la presencia de mujeres en las aulas platenses, que sobresale incluso si miramos el panorama nacional (aunque se aleja en apenas tres puntos de Litoral y Tucumán).

El Cuadro 2 completa el primero en la medida en que inserta el caso platense en un escenario que contiene las siete UUNN más grandes del país, y en un registro histórico que compara los años 1968 /1971/1975). A primera vista observamos que entre 1968 y 1975 la matrícula femenina creció nacionalmente, al ubicarse en ese último año entre 45-50% en cinco de esas UUNN, y a pasar casi el 40% en dos, Buenos Aires y Nordeste. Son tres las casas con matrícula cercana o ubicada en el 50%: Tucumán (con 9011 mujeres representando 47% de su matrícula total), Litoral (con 7112 que corresponden a 47%) y La Plata (con 36856 con 50.7%).

Aunque se comprende mejor en el escenario nacional, el caso platense nos resulta llamativo por dos cuestiones. Primero, para los años 1968 y 1971 sus matrículas femeninas fueron las más bajas del cuadro, 25% y 33% respectivamente; dato que no se modifica sustancialmente en 1974 cuando llega al 34.4 %. Por otro lado, la segunda cuestión a señalar es que, en la UNLP, entre 1971 y 1975 -para no partir de 1968, un número que puede corregirse con las fuentes correctas-, la presencia de mujeres creció 17.5 puntos porcentuales; le sigue la UNR, con un crecimiento de 9.3%, luego Córdoba y Litoral con crecimientos de 5.8 y 4.8 puntos, respectivamente. Estamos hablando, entonces, de un crecimiento sobresaliente que también debe explicarse: ¿Se corresponde con el aumento de la matrícula? ¿En qué carreras se evidencia? ¿Cómo se explica? Vamos a recuperar estos interrogantes en el siguiente apartado.
Distribución de la matrícula femenina: las disciplinas más elegidas y sus cambios a lo largo de la década
Hasta 1975, los datos acerca de la orientación de la matrícula femenina de la UNLP nos dicen tres cosas. Primero, que era mayoritaria en las disciplinas vinculadas a las tareas tradicionalmente asignadas al género femenino como la docencia y enfermería. Estamos hablando de Ciencias de la Educación, Letras, Psicología, Idiomas, todos los profesorados de Humanidades y Ciencias de la Educación, así como los dictados en la Escuela Superior de Bellas Artes (elevada a Facultad en 1974); y finalmente, las de Visitadora de Higiene, Enfermería y Obstetricia. En 1971, 1974 y 1975 la matrícula femenina en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación fue de 80.6%, 83% y 83.6 % respectivamente. En las vinculadas a las tareas médicas, la presencia femenina era del 100%.
Estos son datos coherentes con las lecturas generales. Tempranamente Graciela Maglie y Mónica García Frinchaboy (1988) denominaron carreras típicamente femeninas a aquellas donde más del 60% de la matrícula estaba compuesta por mujeres. Para 1941 éstas eran las relativas a la educación, las Humanidades, Filosofía y Letras y las vinculadas a la Medicina. En contraste, estaban las carreras típicamente masculinas, para 1941 y en un panorama nacional, eran las Ingenierías, Medicina, Agronomía, Derecho, Arquitectura y Económicas; para 1978, se ubicaban aquí solamente tres disciplinas, las Ingenierías, Agronomía y Economía. En un principio, el caso de La Plata no fue diferente. La alta preeminencia masculina en Medicina, Ingeniería, Agronomía y Veterinarias nos hace pensarlas como típicamente masculinas. El caso de Ingeniería es casi un extremo, pues en 1971, 1973 y 1975 la matrícula femenina fue 3.5%, 4.5% y 10%. En 1971, la presencia femenina en las aulas de Agronomía era de un 9% y en Medicina del 20%, pero ambos porcentajes mantendrán un aumento constante hasta 1975.
Luego, encontramos una serie de Facultades con mayores matices, donde la preeminencia masculina es clara, pero las matrículas femeninas rondan el tercio o incluso más, acercándose a la mitad en 1975. Éstas son cuatro y son unidades importantes en la lectura global de la UNLP: Arquitectura, Ciencias Naturales y Museo, Ciencias Jurídicas y Ciencias Económicas7. Para Maglie y García Frinchaboy (1988), los datos nacionales de 1978 muestran la existencia de carreras neutrales, aquellas donde las matrículas femeninas y masculinas tenían porcentajes muy similares. En la UNLP, podemos decir que para 1975, esas cuatro aludidas ya eran neutrales.



Finalmente, queremos reparar en el año 1975. Recordemos que aquí el dato sobresaliente está dado por el crecimiento de la matrícula femenina que llegó al 50% en la población universitaria total de La Plata. Como vimos, fue el porcentaje más alto entre las UUNN comparadas en el Cuadro 2 (en un panorama nacional igualmente alto, por encima del 40% en los siete casos). Un poco más arriba, colocamos el interrogante respecto de cómo comprender ese crecimiento, a partir de qué variables explicativas. Aquí podemos observar que aquel aumento se replicó en la mayor parte de las Facultades: en Ciencias Naturales y Museo (con un 63.3% de matrícula femenina); en Exactas (65.7%); en Económicas (53%); en las de Agronomía y Veterinarias (52%, contabilizadas juntas); en Ciencias Jurídicas (46.8%). Los casos extremos se mantuvieron más o menos similares, tanto Ingeniería (10%), Medicina (32.6%) como carreras típicamente masculinas; y Humanidades (83.6 %) y Artes (85.3%) las típicamente femeninas. Entonces, podemos escribir una primera conclusión relativa a la magnitud del fenómeno: el aumento de mujeres en las aulas de la UNLP fue exponencial en 1975, al punto que alcanzaron la mitad de la matrícula total, lo cual es un hecho en sí mismo. Al compás de ese crecimiento encontramos un desplazamiento en las elecciones, pues las estudiantes comenzaron a optar por nuevas disciplinas. Así, las mujeres se vuelven mayoría en carreras antes neutrales o masculinas, como Agronomía y Veterinarias, Económicas, Ciencias Naturales y Museo, Exactas; o neutralizan las de Jurídicas y Arquitectura, rozando los cincuenta puntos porcentuales. Esta evidencia nos permite responder algunos de los interrogantes arriba presentados respecto de cuáles fueron las particularidades del aumento de la matrícula universitaria femenina en estos años, y cómo ello se vincula con los procesos más estudiados del período.
Los datos empíricos y el caso de la UNLP nos permiten sugerir dos tesis interpretativas. Primero, procesos como la masificación de los estudios y la politización de los actores estuvieron acompañados de un cambio en el perfil de las estudiantes y, por ende, en el de la población estudiantil. Para comienzos de la década de 1970, las opciones elegidas por ellas no eran de forma casi exclusiva las vinculadas a tareas educativas y de cuidados. Es cierto que las matrículas típicas se mantuvieron más o menos similares (en Humanidades o Ingeniería), pero en el resto de las Facultades lo esperable cambió. Las carreras impartidas en Naturales, Exactas, Agronomía, Veterinarias, Ciencias Jurídicas, Económicas o Arquitectura las insertaban directamente en la investigación científica, la actividad productiva, la construcción y las profesiones liberales. Además, en segundo lugar, lo que la bibliografía de referencia ubicó como dato nacional para 1978, en la UNLP fue un proceso en ciernes para la primera mitad de la década. Es decir, un poco antes que lo enunciado por los estudios generales y previo al golpe de Estado de 1976.
Las mujeres en la enseñanza, la gestión y la política universitaria
Un poco más arriba, recuperamos el escrito de Barrancos (2010) para delinear los principales cambios y continuidades en las UUNN argentinas de los años sesenta y setenta. El aspecto más visible de esas continuidades estaba en los espacios de docencia, gestión y política que se mantenían ocupados por varones, fenómeno que ella llamó la “inmovilidad de las relaciones de género” (p. 223). Siguiendo estos lineamientos, observamos un dato que difiere de esa lectura global acerca de las profesoras universitarias. En la UNLP, entre 1971 y 1975 su presencia se duplicó en términos porcentuales, cambiando de 14.5% en 1971 (eran 193 de 1329 docentes) a 29.4% en 1975 (1240 de 4216 docentes totales). Queda pendiente establecer las Facultades donde esa presencia y ese crecimiento se plasmaron. Por observaciones en el diario de la ciudad, podemos adelantar que la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación tiene el podio en ello. Sea como sea, hay un escenario a indagar en ese crecimiento, que parece no haber dejado tan inamovibles los roles de género en lo que a docencia refiere.
Por otra parte, en una lectura no sistemática de las nóminas de autoridades de la UNLP (de Presidencia y Facultades) vemos que entre 1971 y 1973 la presencia de mujeres creció8. En 1971, la Facultad de Ciencias Exactas era la única que tenía una mujer en su Secretaría Técnica; además de las cinco que había en los colegios Joaquín V. González y Liceo V. Mercante (de nivel primario y secundario, respectivamente). En julio de 1973, en el marco de la asunción de un gobierno peronista elegido democráticamente, asumieron nuevas autoridades con algunos cambios importantes. Primero, su presencia ascendió a quince cargos: nueve en Presidencia, Facultades y dependencias; además de los ahora seis cargos directivos femeninos en aquellos dos colegios. Sus nombres aparecen en la Dirección de Títulos y Planes de la UNLP, la Biblioteca y la Radio; la Secretaría de Asuntos Académicos de Humanidades, las Secretarías Administrativas de Humanidades y Arquitectura, y la Dirección General de Educación Física. Por primera vez, en Odontología fue una mujer la que ocupó el cargo de Decana Interventora. Un poco después, en abril de 1974 asumió como Decana de Humanidades, Carmen Suárez Wilson de Diez, más conocida como Reyna Diez, llegó con fuerte apoyo de las organizaciones docentes y estudiantiles peronistas y con una importante trayectoria docente y de gestión. En julio de 1973 había sido designada jefa interventora del Departamento de Letras de la misma Facultad (Baez, 2021).
Finalmente, quisiéramos tratar los datos de mujeres en cargos de representación y en espacios gremiales. Estos se pueden sistematizar hasta 1965 y luego, a partir de 1970. Cuando hablamos de cargos de representación nos referimos a los espacios universitarios-institucionales: los Consejos Académicos (los gobiernos de cada Facultad); el Consejo Superior (el gobierno de la UNLP); y la Asamblea Universitaria (el espacio donde eran elegidas las autoridades cada cuatro años). En estos espacios la participación era de los tres claustros, docentes, graduados y estudiantes, y se accedía por votación. Por otro lado, en el ámbito estudiantil, hablamos de espacios gremiales al referirnos a los Centros de Estudiantes y a la Federación Universitaria de La Plata, con su presidencia, secretarías y vocalías. No es tarea fácil sistematizar quiénes accedían, en la medida en que se precisa obtener y registrar las listas electorales conformadas y luego, las triunfantes. Ahora bien, hay otro espacio igualmente clave para pensar esos activismos: las protestas callejeras, las acciones directas y las asambleas. Menos sistemática, pero imprescindible para comprender un período en el que la politización y la crítica a los espacios institucionales se encontró a la orden del día entre las organizaciones juveniles, tanto como la represión gubernamental (Pis Diez, 2022). Una de las formas de observar la presencia femenina está dada por las listas de detenidos y detenidas.
Estas aclaraciones importan al considerar el marco sociopolítico de la Argentina de esos años. En junio de 1966 un golpe militar inauguró un momento de fuerte represión en el movimiento estudiantil y de intervención en las Universidades, lo que implicó un importante activismo docente (con asambleas, comunicados y, en algunos casos, renuncias), la no realización de elecciones, el no funcionamiento de espacios de cogobierno y la prohibición de la política estudiantil. La Ley Orgánica de Universidades Nacionales núm. 17245 (de abril 1967) excluía el voto estudiantil de los órganos de cogobierno (podían tener un delegado con voz) y prohibía expresamente toda actividad, propaganda y militancia política. Al mismo tiempo, establecía los exámenes de ingreso y restringía la gratuidad. Debe decirse que la actividad estudiantil no cesó, aunque sí entró en un reflujo, producto del contexto represivo general. Este se modificó en 1968 y más aún en 1969 con la sucesión de grandes movilizaciones estudiantiles e insurrecciones en varias ciudades del país. En parte, como producto de lo anterior en 1971 esa ilegalidad se modificó parcialmente. En marzo de 1971 asumió Alejandro Lanusse como presidente de la Nación, en medio de un recambio de figuras dentro del régimen militar. Su gobierno se propuso realizar una apertura política con doble juego: devolver la legitimidad a la acción estatal, encauzar la conflictividad social dentro de los márgenes de la democracia y reprimir a quienes no se integraran a ese esquema. Este nuevo marco también supuso cambios en las universidades. A la fase fundamentalmente represiva de 1966-1969 le siguió una segunda, orientada a introducir cambios estructurales en el sistema universitario mediante su diversificación regional (con la creación de más de diez casas de estudio para 1973), la apertura de canales de comunicación con el estudiantado y la reincorporación del mismo a los gobiernos universitarios. Finalmente, en 1973 se realizaron elecciones en el país, lo que otorgó al peronismo proscripto desde 1955 el acceso al gobierno.
A pesar de que no es parte de nuestro período, sabemos que en junio de 1963 por primera vez una mujer llegó al Consejo Superior de la UNLP, en representación del claustro docente (El Día, 1963). En 1964, se conformó la Asamblea Universitaria que elegiría al Rector, con doce representantes por Facultad y por cada uno de los tres claustros, docentes (con seis), graduados (con dos) y estudiantes (con cuatro). De los 108 representantes, siete fueron mujeres (6.4%); cuatro estudiantes (una de Agronomía, una de Química y dos de Medicina); dos graduadas (de Humanidades); y una docente (de Naturales y Museo). En lo que respecta exclusivamente al claustro estudiantil, de 36 representantes a esa Asamblea, cuatro fueron mujeres (11%) (El Día, 1964). Ahora sí, llegando a nuestro período, encontramos que en noviembre de 1965 hubo elecciones estudiantiles de representantes ante los órganos de cogobierno (Consejo Superior, Académico y Asamblea Universitaria) y el Directorio del Comedor (donde había tres estudiantes). Aquí de 103 cargos en juego, diez fueron ocupados por mujeres (9.70%), cinco en Humanidades, una en Naturales, en Medicina, en Arquitectura, en Económicas y para el Comedor (El Día, 1965). Recién en julio de 1970 se realizaron elecciones para los órganos de cogobierno, en particular para los Consejos Académicos. En este caso, se votaron 56 representantes docentes (ni graduados, ni estudiantes) con dos mujeres en las listas de Veterinarias y Humanidades (3.5% del total) (El Día, 1970B; El Día, 1970C)9.
A partir de octubre de 1971 se reanudan las elecciones para Centros de Estudiantes en buena parte de las Facultades platenses. Queda aquí una línea de trabajo pendiente, pues nos encontramos a primera vista con varios obstáculos: primero, los Centros eran por entonces organismos fuertemente criticados y, a veces, reemplazados por otros más novedosos como los Cuerpos de Delegados. Aunque lo anterior se encuentra en debate (Pis Diez, 2021), sí es claro que no participaban de esos actos electorales los grupos más críticos de la Reforma Universitaria (los peronistas, por ejemplo, cuya composición era considerable y en 1973 masiva). En segundo lugar, nos encontramos con un vacío referente a la obtención de datos, pues los nombres de quienes integraban las listas no se encuentran en los diarios. Sí encontramos los resultados, los nombres de las listas, pero no sus integrantes, dato que antes de 1966 aparecía más fácilmente. Entonces, el enfoque de género debe realizarse considerando las consecuencias de la aplicación de las políticas represivas en la política universitaria. No hay otra forma, incluso cabe la pregunta respecto de que, dado que la actividad era más bien “clandestina”, ¿cómo llegar a sus registros? ¿Qué otros espacios valen la pena observar? Una indagación sobre este punto en particular, un análisis que logre sistematizarlo, merece tanto tiempo como espacio propio.
Reflexiones Finales
Presentamos en estas páginas una investigación exploratoria acerca de la presencia femenina en la Universidad de La Plata en los años 1965-1975. Dicha exploración se basó en el objetivo de construir un panorama de la magnitud y la dimensión de esa presencia femenina, ahondando en sus componentes locales. Por lo anterior, se trabajó con técnicas de obtención de información cuantitativas dadas por el análisis de fuentes estadísticas y la sistematización de las cifras allí vertidas, en torno a: 1) la matrícula estudiantil del período (platense y comparativa nacional); 2) las carreras elegidas y los cambios en ello; y 3) su lugar en los espacios docentes, político-académicos, de representación y de gestión. El estudio de las primeras dos cuestiones resultó más completo, detallado y concluyente. Dado el estado del campo, así como el tipo de fuentes obtenidas el trabajo con el tercer punto aún está en una fase exploratoria.
El análisis empírico nos dice que existió un innegable aumento de la presencia femenina en las aulas de la UNLP. Las estudiantes pasaron de representar un 25% de la población total en 1968, a un 50.7% en 1975. El año 1975 resalta no sólo porque la matrícula femenina llega a la mitad, sino porque ellas comienzan a optar por nuevas disciplinas, lo que evidenció un cambio y una apertura en las decisiones y deseos. Las estudiantes se volvieron mayoría en carreras antes neutrales o masculinas, como Agronomía y Veterinarias, Económicas, Ciencias Naturales y Museo, y Exactas; o neutralizaron las de Jurídicas y Arquitectura, rozando los cincuenta puntos porcentuales. Estos resultados nos hablan de un escenario universitario marcado por dos procesos combinados. Primero, el acceso cada vez más acentuado de las mujeres a las aulas universitarias, entre las décadas de 1960 y 1970. Una mirada más pormenorizada nos muestra, en segundo lugar, cambios tempranos en las trayectorias estudiantiles femeninas.
La primera cuestión había sido observada en la historiografía de referencia, aunque de forma general y bajo una mirada nacional y uniforme (Barrancos, 2005; Palermo, 1998; Maglie y García Finchaboy, 1988; Cano, 1985). En este artículo quisimos profundizar en ello, ubicando porcentajes, tendencias y años clave, desde una mirada local, pero inserta en el escenario nacional. Para ello, ahondamos en las particularidades locales de ese acceso femenino en crecimiento, observando componentes no estudiados, como el cambio temprano en el perfil de las estudiantes platenses. Recapitulando, el trabajo con las fuentes empíricas nos permite sostener dos afirmaciones que describen ese cambio. Por un lado, para comienzos de la década de 1970 las opciones elegidas por ellas no eran de forma casi exclusiva las vinculadas a tareas educativas y de cuidados. Las matrículas típicas se mantuvieron más o menos similares (en Humanidades o Ingeniería), pero lo que sucedía en el resto de las Facultades nos habla de trayectorias y deseos en movimiento. En Naturales, Exactas, Agronomía, Veterinarias, Ciencias Jurídicas, Económicas o Arquitectura se estudiaban carreras que las insertaban en un campo laboral y profesional amplio, en la investigación científica, la actividad productiva, la construcción y las profesiones liberales. En segundo lugar, pudimos observar que ese cambio tuvo lugar antes que lo señalado por la bibliografía. Aquello que Maglie y García Frinchaboy (1988) ubicaron como dato para el año 1978, en la UNLP fue un proceso en ciernes para la primera mitad de la década. Es decir, antes que lo enunciado por la bibliografía y previo al golpe de Estado de 1976. De esta manera, el artículo combinó el estudio detallado del aumento de la matrícula universitaria femenina argentina, con una reinterpretación local de sus componentes y tiempos.
Por otra parte, nos propusimos indagar en otros espacios universitarios de características inamovibles en lo que a la preeminencia de varones refiere, según Dora Barrancos. Pudimos observar que la cantidad de profesoras universitarias y los espacios de gestión y político-académicos ocupados por mujeres aumentaron a lo largo de la década. Con este registro general, podemos delinear algunos interrogantes, para el trabajo futuro: ¿En qué facultades predominó ese aumento de docentes mujeres? ¿En qué tipo de cargos? ¿La presencia de mujeres también llegó a los cargos de mayor jerarquía de las cátedras (titulares y adjuntos, de acuerdo con la nominación de la UNLP)? El 29.4% de mujeres en espacios de docencia, ¿tuvo algún correlato en los programas, en las currículas de las cátedras? Finalmente, reparamos en los cargos de representación ocupados por mujeres, en los órganos de cogobierno y los espacios gremiales. Aunque pudimos dar con números fehacientes y porcentajes, realizar afirmaciones concluyentes aquí no es posible pues el panorama es más complejo. En contraste con las fuentes sobre la matrícula estudiantil femenina, no contamos con datos sistemáticos todavía ni con una serie que nos permita comparar en el tiempo, sobre todo, la presencia de activistas estudiantes. El escenario de indagación que se abre desde aquí es inmenso. Así como también el que nos debe ayudar a comprender esa presencia cualitativamente inquiriendo en recuerdos y experiencias que les otorguen movimiento a esas cifras.
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El Consejo Superior Universitario apoyó el reclamo de los docentes. (27 de junio de 1963). El Día, p. 3.
La Asamblea Universitaria se reúne mañana para elegir al nuevo rector. (8 de mayo de 1964). El Día , p. 5.
Finalizó la elección estudiantil en las Facultades y el Comedor. (14 de noviembre de 1965). El Día , p. 5.
El aumento de la cantidad de mujeres universitarias (26 de julio de 1966), El Día , p. 3.
El machismo, ¿Ha muerto? (12 de julio de 1970). El Día /Suplemento dominical, p. 7.
Universitarias: Se matricularon 24 209 alumnos en 1968 en la universidad local. (14 de abril de 1970a). El Día , p. 5
Universitarias: Integración de las listas de profesores para los consejos académicos de la Universidad. (22 de julio de 1970B). El Día , p. 5
Fueron electos los Consejos Académicos en ocho Facultades de la Universidad platense. (29 de julio de 1970C). El Día , p. 3.
Notes
Author notes
Doctora en Ciencias Sociales y licenciada en Sociología por la Universidad Nacional de La Plata. También es especialista en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Federal de Juiz de Fora (MG-Brasil). Es Investigadora Asistente del Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina. Imparte clases de grado y ha dictado cursos en la maestría en Historia y Memoria y el doctorado en Ciencias Sociales de la UNLP. Sus temas de trabajo giran en torno a la sociología histórica, la historia reciente latinoamericana y los estudios sobre los Global Sixties, investigando concretamente, las experiencias de politización de juventudes, movimientos estudiantiles y de mujeres. En 2022 publicó su libro El movimiento estudiantil de La Plata en los tempranos sesentas (1955-1966) O la historia de una guerra fría también “propia”.