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“No fems; sólo discretos y masculinos”. La plumofobia como método de exclusión y de categorización de una masculinidad auténtica1
“No Fems; Only Discreet and Masculine”. Plumophobia as a Method of Exclusion and Categorization of an Authentic Masculinity
Revista interdisciplinaria de estudios de género de El Colegio de México, vol. 12, e1298, 2026
El Colegio de México A.C., Centro de Estudios de Género

Artículos


Received: 13 November 2024

Accepted: 15 October 2025

Published: 19 January 2026

DOI: https://doi.org/10.24201/reg.v12i1.1298

Resumen: Aplicaciones como Grindr y redes sociales como X se han posicionado en la última década como espacios en los que personas homosexuales expresan abiertamente sus gustos, preferencias y sus condiciones de búsqueda para potenciales parejas sexuales. Mas en una parte de estas declaraciones se presentan como una forma de señalamiento, de denigración y de prohibición de lo femenino o de aspectos relacionados con la feminidad en otros hombres homosexuales. Así, a través de este fenómeno planteado en la literatura como plumofobia o femefobia se sustentan prácticas divisorias y regulatorias entre hombres y se plantean sistemas de vigilancia y de sanción cuando se ostentan comportamientos culturalmente asociados a lo femenino. El presente artículo tiene como objetivo analizar los diferentes tipos de discursos presentes en un espacio digital enfocado en la negociación de prácticas sexuales (Grindr) en el que se presentan declaraciones públicas asociadas a la búsqueda, exclusión, degradación o estigmatización de subjetividades feminizadas encarnadas por hombres homosexuales en el contexto de la Ciudad de México. Se concluye que este tipo de declaraciones digitales plumófobas amparadas en el gusto personal, pueden ser entendidas como una clase de violencia de género que contribuye dentro del colectivo LGBT+ a la denigración de lo femenino (y lo que ello representa) desde una performatividad encarnada en corporalidades altamente masculinizadas.

Palabras clave: Masculinidad, modelos de masculinidad, discriminación basada en el género, violencia simbólica.

Abstract: Over the last decade, apps such as Grindr and social networks such as X have become spaces where gay people openly express their tastes, preferences, and search criteria for potential sexual partners. Some of these statements are presented as a form of signaling, denigration, and prohibition of the feminine and/or feminine-associated traits in other gay men. This phenomenon, referred to in the literature as plumophobia or femophobia, perpetuates divisive and regulatory practices between men. Systems of surveillance and sanction also emerge when behaviors culturally associated with the feminine are displayed. This article analyzes different types of discourse present in a digital space focused on negotiating sexual practices (Grindr), where public statements associated with the search, exclusion, degradation, or stigmatization of feminized subjectivities embodied by homosexual men in the context of Mexico City are visible. The finding is that such plumophobic digital statements, ostensibly protected by a statement of personal preference, can be understood as a kind of gender violence within the LGBT+ community that contributes to the denigration of the feminine (and what it represents) from a performativity embodied in highly masculinized corporealities.

Keywords: Masculinity, models of masculinity, gender-based discrimination, symbolic violence.

1. Introducción

Actualmente, las redes y aplicaciones sociodigitales han propuesto nuevas formas de aproximación sociosexual para los hombres que llevan a cabo prácticas sexuales con otros hombres. Los encuentros sexuales fortuitos en el espacio público han sido reemplazados por prácticas digitales marcadas por las imágenes, las descripciones personales y la georeferencialidad. De esta manera, varios autores (Ahlm, 2016; Atuk, 2020; Daroya, 2017; McGuire, 2016; Mowlabocus, 2016; Parra y Obando, 2019) han denominado a esta clase de prácticas como cruising digital (o también virtual, online o en línea), realizado a través de aplicaciones de sitios en línea especializadas en hombres gay, que brindan a los usuarios la capacidad de eludir la estigmatización pública asociada a la promiscuidad practicada en espacios públicos, y la posibilidad de gestionar encuentros de manera previa en la privacidad de sus espacios íntimos (Ahlm, 2016). Esta clase de aplicaciones han permitido a su vez la aparición de nuevas dinámicas y códigos que han posibilitado otro tipo de oportunidades de encontrar potenciales compañeros sexuales, simplificando el proceso de identificación e incluso garantizando niveles de seguridad y privacidad que no sucedían en el espacio público. A la calle, la discoteca, el baño público, el sauna y el cuarto oscuro, se ha sumado la pantalla móvil como una de las posibilidades actuales de acercamiento sexoafectivo entre hombres.

De esta manera, aplicaciones como Grindr, Hornet, Scruff o Jack’d suponen una serie de funcionalidades similares: presentan a los usuarios una retícula de perfiles en miniatura, que se muestran en función de su geolocalización, es decir, muestran potenciales compañeros sexuales en función de qué tan lejos o cerca se encuentran de quien navega (Figura 1). Este sistema, a modo de radar, funciona gracias a sistemas de búsqueda y de interacción privada (como chats, toques, videollamadas o envío de material audiovisual uno a uno) que han ido reemplazando los espacios físicos históricamente capitalizados por el deseo homosexual.

En el caso particular de Grindr, una de las aplicaciones de mayor uso entre la comunidad homosexual masculina, el perfil de cada usuario contiene además de un carrete fotográfico público (enfocado en la presentación de cada sujeto) una galería privada, y una serie de secciones orientadas a situar, identificar y clasificar a cada uno. Además del nombre de usuario, información de localización geográfica y estadísticas personales (asociadas al peso, la estatura, la complexión física, estado civil, origen étnico y tribu), la plataforma permite realizar un proceso de autoidentificación a partir de un listado de etiquetas variadas (que hablan de gustos sexuales, pasatiempos y características personales) además de una sección destinada a presentar una descripción personal (denominada “acerca de mí”). Adicionalmente, se han implementado secciones enfocadas a presentar la identidad de cada persona, los pronombres utilizados, e información de salud (dirigida al estado serológico y recientemente debido a la pandemia del COVID-19, lo relacionado con la vacunación) (Figura 2); vale la pena aclarar que toda esta información es absolutamente opcional y que no es necesaria para interactuar con otros usuarios en la aplicación.


Figura 2
Elementos constitutivos de un perfil en Grindr
Fuente: captura de pantalla del perfil de Grindr.

Un asunto particular suele aparece en aquellas descripciones personales, cuya funcionalidad se fundamenta en dar “[…] una breve descripción de quién eres” (Grindr, 2023). Así, en la sección titulada “acerca de mí”, la única que permite redactar un texto libre (de hasta 255 caracteres) sin limitación de caracteres especiales y emojis, van a presentarse declaraciones públicas relacionadas con determinaciones personales (asociadas a características normativas masculinas) y discursos excluyentes hacia cierto tipo de corporalidades y de experiencias rechazadas culturalmente dentro de la comunidad homosexual (como la feminidad). “Sólo masculinos”, “cuestión de gustos”, “no afeminados”, “aquí serio y reservado”, “no locas”, “cero plumas”, o simplemente “machínxmachín”, son algunas de estas declaraciones que aparecen en el contexto mexicano (centrado en CDMX) que guardan relación con un sistema dominante que veta cierta clase de experiencias alejadas de la norma heterosexual y que modela un tipo de sujeto con características cercanas a partir de la figura del hombre heterosexual promedio. De esta forma, estos mensajes, descripciones y opiniones descriptivas de índole personal, pueden ser comprendidos como una clara exclusión hacia experiencias feminizadas y cuya exposición marca una adscripción hacia ideales y valores hegemónicos como forma de identificación del sujeto. Así, es interés de este estudio mostrar cómo tales declaraciones (amparadas en el gusto personal) son una clase de violencia simbólica de género que contribuye dentro del colectivo LGBT+ a la denigración de lo femenino y que plantea la encarnación de una corporalidad idealizada altamente masculina.

De esta manera, el artículo presenta en la segunda sección una serie de conceptos relacionados con la masculinidad hegemónica, la plumofobia y la femefobia, presentando definiciones y trabajos de índole empírico necesarios para la comprensión de este fenómeno. La tercera sección expone la manera en la que fueron recolectados los datos y las herramientas utilizadas para su clasificación y su visualización. En la cuarta sección se realiza el análisis de la información recolectada, así como una discusión en torno a la dimensión del fenómeno; por último, se presentan una serie de conclusiones en torno a los análisis realizados.

2. Una aproximación a la conceptualización de la masculinidad auténtica

Cuando se habla de masculinidad, se hace referencia a las prácticas y los comportamientos asociados a los hombres en la sociedad, que poseen mayor valor comparados con los femeninos (Miller, 2019). Esta ideología se encuentra basada en cuatro reglas (Sánchez Greenberg, Ming Liu y Vilain, 2009), los hombres no deben ser femeninos, deben ser respetados y admirados, nunca deben mostrar miedo, y deben buscar el riesgo y la aventura. Por su parte, la masculinidad hegemónica enfocada en la homosexualidad (García-Gómez, 2020; Ho-Hong, 2021) se entiende como una posición social individual o colectiva altamente deseada entre hombres, en la que se presenta una relación de dominación, denigración y agresión desde lo masculino hacia lo femenino (no relacionado de individuos hombres hacia mujeres, sino lo que representa socialmente la masculinidad y la feminidad), y se adoptan prácticas normativas en torno al comportamiento y el relacionamiento de forma pública. Se trata de un tipo de masculinidad, en la que se performa lo masculino como deseo, no como un comportamiento innato o fijo, sino aprendido a partir de la socialización de hombres con otros hombres a lo largo de sus vidas (Miller, 2019).

En este sistema, aparece un estándar construido en torno al hombre blanco, heterosexual y de clase media (Lanzieri y Hildebrandt, 2011), con unas características corporales relacionadas con el autocontrol y la autodisciplina (asociado a la musculatura), de rol trabajador, individualista, proveedor e independiente (Gómez, 2019). Así, el hombre homosexual promedio busca ajustarse a ideales masculinos heterosexuales que lo alejen de ese constructo cultural rechazado (relacionados principalmente con la estatura y el tamaño del cuerpo) y que se traduce en ser más masculino (en su apariencia y en sus comportamientos), en desear cuerpos normativizados, en evadir comportamientos femeninos y en buscar parejas sexuales potenciales con características físicas atractivas e hipermasculinizadas (Calzo, Corliss, Blood, Field y Austin, 2013; Lanzieri y Hildebrandt, 2011; Miller, 2016; Sánchez y Vilain, 2012).

Estas acciones asociadas a la masculinidad hegemónica se van a performar, a partir de la exposición de dos características primordiales, no sólo en espacios físicos sino en espacios digitales (i.e. redes sociodigitales, blogs, chats en línea, aplicaciones de citas) en donde se intensifica (Bonner-Thompson, 2017) la masculinidad hipersexualizada -relacionada con fotografías en donde el cuerpo y la piel ocupa un espacio predominante, que se usan para atraer a otros hombres interesados en encuentros sexuales casuales- y la masculinidad de estilo de vida gay (altamente asociada con preceptos homonormativos, donde aparecen imágenes donde el cuerpo tiene algún contexto, como una playa, un bar o un evento musical y que se utilizan para establecer una relación con prácticas de consumo).

En ese sentido, la literatura describe una serie de comportamientos relacionados con el señalamiento, la denigración y la prohibición de lo femenino en hombres homosexuales. Por una parte, la plumofobia (en inglés encontrada como effeminophobia o sissyphobia) es descrita por Ariza (2018) como la forma de control de género que sirve para recuperar el capital simbólico asociado a la masculinidad. Por otro lado, la femefobia es definida como la devaluación y la regulación de la feminidad en hombres homosexuales (Gómez, 2019; Hoskin, 2019a, 2019b); a través de ella se sustentan prácticas divisorias entre lo masculino/masculinizado y lo femenino/feminizado, y se plantean sistemas de vigilancia cuando es colocada jerárquicamente al lado de lo masculino, desencadenando un poder regulatorio de normas de género especialmente en hombres homosexuales. La femefobia brinda el derecho a lo masculino, da acceso a ciertas prácticas, espacios y cuerpos (dado en parte por un determinismo biológico-morfológico) y trivializa, subordina, descalifica y discrimina de forma categórica lo femenino. Múltiples investigaciones han encontrado diferentes formas de rechazo y exclusión hacia lo femenino en diferentes contextos (Arredondo, 2020; Caraballo, 2020; Daroya, 2017; García-Gómez, 2020; Grohmann, 2016; Lanzieri y Hildebrandt, 2011; Medel-Bao, 2019; Méndez, 2020; Miller, 2015; Obando y Parra, 2021; Rezende y Cotta, 2015; Sánchez y Vilain, 2012; Sarson, 2020; VanderStouwe, 2019), y plantean acciones de deshumanización, ridiculización, estigma y degradación hacia esta clase de comportamientos desde sujetos que ostentan masculinidad y que determinan descalificación del sujeto feminizado como un sujeto auténtico (Hoskin, 2019a).

Esto ha influido en la aparición de la “masculinización del hombre homosexual” (Ariza, 2018) o la enunciación de un “homosexual viril” que diferencia al homosexual del sujeto afeminado (Medel-Bao, 2019); ambas son utilizadas como estrategias o formas de negociación para la conservación o la recuperación de privilegios asociados a la hombría, debido a no alcanzar un estado óptimo de masculinidad asociado a la heterosexualidad (Ariza, 2018; Hoskin, 2019a; Medel-Bao, 2019). Este fenómeno de “hipermasculinización gay” se presenta como una forma de idealización de las representaciones de la masculinidad, en la que se juzgan y condenan comportamientos asociados a la homosexualidad (Wood, 2004), especialmente aquella que los aleja de los preceptos relacionados con un cuerpo desperdiciado (asociado a la pandemia del VIH) (Kane, 2010) y con evitar ser relacionados con promiscuidad (Boivin, 2011; Jaspal, 2017). Tal hipermasculinidad es muy visible en la cultura gay masculina en donde se refuerza un estereotipo negativo asociado a la feminidad homosexual que presenta a estos hombres como “no reales” (Pope, Wierzalis, Barret y Rankins, 2007) y hace énfasis en la belleza física como determinante en la atracción entre hombres (Lanzieri y Hildebrandt, 2011); en este sistema aparece una valoración del “ser hombre” como un atributo verificable, en el que se rechaza de forma categórica tal afeminamiento a través de la exaltación de la masculinidad y la discreción del deseo por el otro, ambos elementos que suelen reposar en el gusto personal y que son exigidos en la búsqueda de parejas (Teixeira, 2015). Así, especialmente en aplicaciones de ligue como Grindr, el hombre femenino es expuesto a burlas constantes y se acepta la figura del hombre masculino como un modelo de hombre gay ideal (Méndez, 2020).

No sólo la feminidad es un asunto excluyente en este sistema normativo. El privilegio sobre la blancura, los privilegios de jerarquía racial y los gustos privados sobre la racialidad (Ahlm, 2016; Cascalheira y Smith, 2020; Daroya, 2017; Hamack, Grecco, Wilson, y Meyer, 2022; Han y Choi, 2018; Libardi y Castro, 2022; Shield, 2018, 2021), así como el rechazo sobre la edad y la preferencia por la juventud (Farràs, 2020; Zephyrus, 2022) y una corporalidad saludable alejada de la gordura o la regularidad (Maracci, Martins, Bones, y Pizzinato, 2019; Enguix y Gómez, 2017; Mejía y Lozada, 2019) aparecen como descriptores importantes en esta clase de aplicaciones. Estas declaraciones suelen presentarse a partir de discursos expresados en términos de búsqueda a través de frases que niegan identidades específicas (“no soy afeminado”) o refugiados en el gusto personal (“no me gustan afeminados”) (Grohmann, 2016).

De esta manera, se han establecido discursos en estos espacios sociodigitales que describen a los sujetos como “hombres de verdad” (Ariza, 2018), “maricones viriles” (Miller, 2018) u “hombres en buenas condiciones” (Atuk, 2020), todas determinaciones que diferencian al homosexual masculino del sujeto afeminado, al que se le niegan ciertos privilegios sociales por no alcanzar un estado óptimo de masculinidad. En ese sentido, estas prácticas exaltan descripciones asociadas al macho y repudian comportamientos cercanos a la pluma, la loca y la obviedad (Caraballo, 2020; Gómez, 2019; Medel-Bao, 2019), lógicas opresivas que someten las identidades y generan dinámicas de violencia simbólica y de exclusión hacia la diferencia (Parra y Obando, 2019).

Por último, este trabajo se alinea con las propuestas de Miller (2019) y Lara (2020) acerca de la necesidad de ampliar esta clase de análisis a otros contextos adicionales del norte global (dado que gran parte de la literatura relacionada sobre este tema proviene de dichas geografías). De esta forma la implicancia de estos análisis en contextos latinoamericanos puede dar cuenta de la manera en la que se presentan prácticas de exclusión atravesadas por condiciones interseccionales y por posiciones contextuales particulares, tal y como lo exponen trabajos como los de Maracci et al., 2019; De Miranda y Cerqueira, 2019; Caraballo, 2020; Guanes, 2021; Arredondo, 2020; Díaz y Garzaniti, 2021; y, Obando y Parra, 2021.

3. Método y datos

Diferentes investigaciones han realizado todo tipo de análisis acerca de la textualidad presente en perfiles de búsqueda, en otras aplicaciones más allá de Grindr, como Craiglist, Scruff, Hornet y Manhunt, en países como Brasil, Canadá, China y Estados Unidos. Esta clase de aproximaciones se ha dado desde técnicas asociadas al análisis de perfiles (Hammer, 2022; Zhao, Liu y Li, 2022), el análisis lingüístico (VanderStouwe, 2019), el análisis gramatical (Maracci et al., 2019), el análisis textual (Grohmann, 2016) y el análisis del discurso (Rezende y Cotta, 2015; Teixeira, 2015). De esta forma, y dado que la naturaleza del medio abordado es intrínsecamente digital, la aproximación de esta investigación sigue la secuencia propuesta por Sued (2021) a través de cuatro etapas: recolección, limpieza, procesamiento y visualización.

Así, una primera instancia se centró en la recolección de perfiles con descripciones personales en la Ciudad de México en la aplicación Grindr. La recolección se llevó a cabo entre julio y septiembre de 2023, a partir de una serie de derivas digitales aleatorias2 por diferentes contextos geográficos de la ciudad y sin ningún tipo de consideración adicional, más que, la existencia o aparición de frases, emojis o palabras que tuviera que ver con algún elemento condicional (por ejemplo “sólo masculinos”) o con alguna partícula de negación (por ejemplo “no femeninos”). Dado que Grindr es una aplicación cerrada que no admite API’s3 para la recolección de datos (denominada en inglés como scrapping). Así, la recolección fue realizada de forma manual a través de la versión web de Grindr (de paga), situando la georreferenciación de la aplicación por medio de la función Roam4, en diferentes lugares aleatorios de la ciudad, sin ninguna particularidad con relación a la ubicación y sin ninguna distinción de día u horario. Para ello, se utilizó una cuenta totalmente anónima, creada exclusivamente para dicha recolección, sin ninguna información de perfil y desde la cual no se realizó ningún tipo de interacción con otros usuarios. En total, se recolectaron 451 datos de perfiles, en los que se excluyeron todos los elementos adicionales que no se relacionaran con la sección “acerca de mí”.

En términos éticos, debido a que Grindr es una plataforma orientada a proponer interacciones privadas de índole sexoafectivo bajo una expectativa razonable de confidencialidad, tanto la indagación como la recolección de información se llevó a cabo a partir de garantizar el completo anonimato de los perfiles. Por ello, y alineado con las recomendaciones de la AoIR (Franzke, Bechmann, Zimmer, Ess y Association of Researchers, 2020), además de no realizar ninguna interacción específica con los usuarios, no se recolectaron datos personales, datos de contacto o elementos que pudieran llevar al reconocimiento de las personas. Adicionalmente, se deja constancia que el proceso de recolección y análisis de datos se realizó con un interés investigativo y evitando cualquier tipo de injerencia de índole personal.

Posterior a ello se realizó una limpieza y clasificación de los datos recolectados a través de una revisión individual de cada descripción, creando una base de datos en una hoja de cálculo, en las que se pudieran consignar y dividir cada uno de los términos y frases recolectados. Se establecieron tres criterios de división: descripciones personales (asociados con la frase “yo soy”), descripciones de búsqueda (asociados con la frase “yo busco”) y otra clase de descripciones, requisitos o características asociadas al proceso de búsqueda. Así, de cada una de las secciones descriptivas de cada perfil, se realizó una descomposición de palabras, frases o emojis en cada una de las tres categorías. Posterior a ello, se realizó un segundo filtro de clasificación a partir de temáticas provenientes de la revisión de la literatura (Ariza, 2018; Hoskin, 2019b; Miller, 2018; Rodríguez, Huemmer y Blumell, 2016), quienes realizan algún tipo de descripción o requerimiento asociado a la masculinidad propia o del otro (denominado como encuadre masculino o mascing); los que realizan algún tipo de negación o prohibición contra la feminidad (plumofobia o femefobia); y quienes establecen la discreción y la seriedad como elemento identitarios (basado en el anonimato, estar en el closet, tener temor a la revelación de la identidad, o no comportarse de forma pública de tal manera que pueda ser reconocido como homosexual). A esto se sumaron otras categorías prohibitivas o condicionales de búsqueda que se observaron durante la recolección de los perfiles, asociadas a la limpieza y la sanidad, el uso de drogas, el requerimiento o el gusto por corporalidades específicas, la exigencia del uso de fotografías, los requerimientos particulares sobre la práctica sexual, la obligatoriedad de cierto tipo de comportamientos y otra clase de requerimientos asociados a descripciones de oposición a la masculinidad o a descripción de fetiches específicos de la feminidad. Un total de 638 frases fueron clasificadas; un resumen de las categorías y la cantidad de descripciones dispuestos en cada una puede encontrarse en la Tabla 1.

Tabla 1
Clasificación de frases y descriptores a través de categorías

Fuente: Construcción personal con base en la información recadaba.

Un primer análisis a partir de las dos primeras categorías fue realizado a través de la herramienta VoyantTools, útil para el análisis de textos digitales. Una visualización a partir de nubes de términos de cada una de las dos categorías puede encontrarse en la Figura 3. En la Tabla 2, pueden encontrarse el uso principal de términos y de palabras asociados a cada una de las dos categorías analizadas.


Figura 3
Nubes de términos para las categorías de descripción personal “yo soy” (izq.) y de búsqueda “yo busco” (der.)

Tabla 2
Principales términos utilizados en las categorías de descripción personal “yo soy” (izq.) y de búsqueda “yo busco” (der.)

Fuente: Construcción personal con base en la información recadaba.

En ese sentido, vale la pena anotar la importancia de las tres categorías presentes y su presencia en el corpus analizado: la discreción y la seriedad como acción principal de comportamiento, la adscripción a la masculinidad y términos cercanos (macho, machín, hombre, varonil, cabrón, vato) como forma de posicionamiento en un estadio de normalidad, y la prohibición de la feminidad como un descriptor de búsqueda primordial. Posterior a ello, se realizó un análisis por cada subcategoría en función de frases, descripciones y requisitos específicos. Este análisis puede encontrarse en la siguiente sección.

4. Análisis y Discusión

A partir de cada subcategoría se pudieron establecer los siguientes análisis que dan cuenta de una serie de elementos y discursos repetitivos y subsecuentes, y que, a su vez, modelizan un tipo de presentación a través de las tres categorías mencionadas (plumofobia, discreción y encuadre masculino).

La prohibición de las locas. Una cuestión de gustos

Con relación a esta primera subcategoría, se presentaron muy pocas descripciones personales asociadas directamente a la feminidad. Estas descripciones se presentaron en función de la negación directa de ciertas características femeninas (“no fem”, “nada de plumas”, “nada obvio”) o marcar aspectos normales (“vida de hetero”, “un wey normal”, “fuera del ambiente”); ambas descripciones, tal y como lo menciona Ariza (2018), se presentan como una forma de situarse en el afuera de las prácticas homosexuales y de marcar un estado de normalidad asociado a la masculinidad, rechazando la feminidad, la obviedad o las prácticas culturales asociados a la homosexualidad (como la vida nocturna, el exceso de emocionalidad o la jotería).

Por el contrario, cuando se trató de descriptores de búsqueda, los términos utilizados fueron más específicos y determinados, gran parte de ellos refugiados en el gusto o preferencias de índole personal (“no me gusta”, “no me van”, “no me laten”, “cuestión de gustos”) (Gómez, 2019). A esto se le suma el uso de términos o frases despectivas (“no afeminados”, “sin tanto merequetengue”, “no obvios”, “no locas”, “no amanerados”), que ponen al sujeto feminizado como un fallo (Chancellor, 2015), incluso al punto de utilizar emojis con el símbolo de prohibición () o utilizar amenazas de bloqueo, ambos como formas de rechazo categórico al afeminamiento, pues es un peligro del que se busca alejarse (Teixeira, 2015). También vale la pena anotar, el uso de formas específicas del lenguaje que buscan mitigar tal rechazo o formas culturales que se han arraigado dentro del uso cotidiano y que intentan distanciarse del señalamiento despectivo (“no fems”, “no femboys”); por último, van a utilizarse expresiones de rechazo directo a corporalidades o identidades trans (“no tv, trs”5, “no FTM”), siendo éstas una extensión del fallo de la masculinidad, toda vez que muestran una transición desde lo masculino hacia lo femenino, y viceversa (como en el caso de la sigla FTM, que proviene del inglés Female to Male, y hace referencia a la transición que realizan las corporalidades transmasculinas).

La discreción y la seriedad. Entre la paranoia y el silencio

En esta segunda categoría, tanto los descriptores personales como los de búsqueda hicieron una amplia referencia a la discreción como forma de comportamiento, personal y requerido en otros. A su vez, estos descriptores estuvieron acompañados de adjetivos que daban cuenta de características modelo (amable, respeto, buena onda, GB6, honestidad, extrovertido), características asociadas a un estilo de vida (profesionista, centrado, deportista) y aspectos sexuales (casado, bi, sin prejuicios, diversión, atractivo, actitud hetero, morbo); todos ellos evidencian una intención de mostrar un modelo de hombre, no exclusivamente centrado en la masculinidad, pero sí altamente deseante y dispuesto a prácticas sexuales íntimas.

Esto a su vez se relaciona con el uso de descriptores asociados a la seriedad (serio) y con intenciones directas de contacto sexual (“sin tantos rollos”). Quizás la característica más importante en esta subcategoría se basa en los requerimientos asociados al silencio, al anonimato, estar en el clóset o a callar cierta clase de comportamientos o acercamientos de tipo sexual (“busco placer en la cama y discreción fuera de ella”, “si me conoce coma callado”, “me gustan machitos en la calle y bien perras en la cama”, “putito en la cama discreto en la calle”). Todos ellos se refieren a una gestión del deseo que divide y aleja las acciones y el relacionamiento con otros hombres entre los espacios privados y públicos; esta clase de descriptores refieren una separación entre el deseo y el contacto físico privado (en el que aparecen ciertas libertades de comportamiento, incluso en torno a lo femenino) y el relacionamiento social en contextos públicos, marcando fuertemente la aparición de dos tipos de sujetos: uno constreñido y marcado por comportamientos normativos (de manera pública) y otro libre y al que se le permite cualquier tipo de expresión (en el ámbito privado e íntimo). Tal y como lo menciona Scarpat (2019), se trata de una tensión constante entre la intimidad en la esfera privada del sujeto y la privación del contacto o de la expresividad de forma pública. Esta preocupación surge de un sentimiento de paranoia sobre el reconocimiento o el relacionamiento de la homosexualidad a nivel social, aspecto que puede acarrear estigmatización y señalamientos en espacios cercanos y cotidianos (Dunbar, 2019; Jaspal, 2017) y que determina una fuerte separación y demarcación de límites entre ambos aspectos de la vida personal (lo que incluso conlleva prohibiciones en el trato con otros a nivel sexual).

Arriba la “varonilidad”. Entre machos nos entendemos

Esta tercera categoría se centra en el enmarcamiento de aspectos, comportamientos y características masculinas, asociadas a dinámicas hegemónicas tradicionales provenientes de la figura del hombre heterosexual. De esta forma, hay una alta prevalencia de descriptores personales y de búsqueda que contienen las palabras varonil y masculino (o su abreviación “masc”), así como sinónimos contextuales del lenguaje coloquial mexicano (macho, machín, machote, chakas, chacales, vatos, compas, cabrones). Todas estas derivaciones provienen de una cultura arraigada en la hipermasculinización y la virilidad en la que aspectos como la fuerza, la rudeza, la contención de emociones y la lejanía de espacios de sociabilidad gay, encarnar un tipo de masculinidad auténtica (usualmente asociados al chacal) (Caraballo, 2020). De allí, que el aspecto físico carezca de relevancia y que se presente una “valoración taxativa de hombría” (Parrini y Flores, 2015) como aspecto altamente deseable (“el físico no me interesa, busco varonilidad”, “sólo me atrae la masculinidad”, “entre más varonil mejor”); esto a su vez, se encuentra acompañado por adjetivos y características altamente deseadas desde el rol sexual que ejercen los hombres (dominantes, activo, vergón, robusto, guarros, decididos).

A partir de la valoración sobre la masculinidad, se desprenden dos vertientes. Por una parte, aquellos que buscan superar el rol pasivo como fallo (“soy masculino y me gusta usar tanga”, “busco pasivos varoniles”, “me late clavar cabrones”) y por otra, quienes buscan expresamente relacionarse de manera simétrica con otros hombres similares altamente masculinos sin importar el rol que encarnen (“en busca de similares”, “machoxmacho”, “varonil para varonil”, “morbo ente machos”, “varonvsvaron”, “HH”7). De esta manera, aparecen una serie de preceptos de búsqueda y de descripción personal que buscan la exaltación del macho y que de forma indirecta repudian toda clase de comportamientos feminizados, asociados a la obviedad, la pluma y el afeminamiento. De esta forma, se expresan nociones performativas altamente masculinas con el fin de llamar la atención del otro, a partir de descripciones, características y uso de lenguaje que permiten dar cuenta de un “hombre auténtico y autorrealizado” (Hoskin, 2019b; Oshana, 2021).

Por último, dos rasgos no menos importantes aparecen en esta subcategoría. Por una parte, el deseo explícito hacia personas, prácticas o gustos heterosexuales (“gusto por heteros”, “heteros curiosos bienvenidos sean”, “heteronormados ++”), siendo estos el epítome de la masculinidad auténtica. Y por otro el uso del descriptor bator, que proviene de la abreviación de la palabra en inglés masturbator, y que se refiere a la búsqueda de prácticas masturbatorias casuales, entre hombres masculinos y sin intenciones penetrativas ni románticas (Cromosomax, 2023); esta práctica suele ser representada por el emoji de dos espadas cruzadas y quienes lo practican pueden no identificarse como hombres homosexuales, sino como hombres que tienen prácticas sexuales con otros hombres (en inglés Men who have sex with other men, MSM ). Ambos rasgos sitúan a la masculinidad como un aspecto altamente deseable y ponen a otras corporalidades y comportamientos en un segundo nivel (usualmente asociado al fallo o a la anormalidad), y que se asocian con el modelo normativo de la masculinidad hegemónica (Connell y Messerschmidt, 2005). En él, existe una posición dominante de ciertos hombres basada en la idealización de ciertas prácticas, corporalidades y características asociadas culturalmente a lo masculino (como la fuerza, la musculatura, la competencia, la violencia y la negación de la emocionalidad), por los cuales se dan ciertos privilegios y se ejerce poder.

Los requerimientos del otro. Corporalidad y comportamientos

En esta subcategoría se presentan requerimientos físicos y comportamentales que se encuentran determinados a partir de estándares hegemónicos (Filice, Raffoul, Meyer y Neiterman, 2019), en donde se idealizan corporalidades delgadas y musculosas (“ejercitados y atléticos”, “me fascinan delgados”, “me laten atléticos”, “chichudos y de gym un plus”, “fornidos”, “bienvenidos güeros delgados”), dotados en su genitalia (“sí vergones”, “con buena verga”, “no pitochicos”), edades jóvenes (“no mayores de 25”, “no viejos”, “no señores”, “no me van los maduros”, “gente joven”), la altura (“que sean más altos que yo”), la blanquitud (“gente muy blanca un súper plus”), y el vello corporal (“barbones plus!”, “me atraen los hombres velludos”, “me laten velludos”), y se rechaza la gordura (“no gordos”, “no me atraen personas con sobrepeso”) y la adultez (“no me van señores”, “no maduros”); todas están características físicas son comúnmente asociadas a un prototipo de la masculinidad, joven, en forma y saludable (Atuk, 2020; Lanzieri y Hildebrandt, 2011).

Esta percepción del cuerpo masculino se asocia con una construcción cultural e histórica donde esa corporalidad queda sujeta a expectativas sociales específicas, ancladas en una noción normativa de masculinidad derivada del ideal heterosexual monógamo (List, 2005). De esta misma manera, la construcción de este cuerpo y tal como señala Bourdieu (2000), no es meramente ideacional, sino que proviene de un sistema de dominación asociado con la violencia simbólica de un grupo dominante sobre uno dominado, que en este caso particular se relaciona con un grupo de hombres varoniles percibidos como genuinos en contraposición con otros relacionados como fallos y que corporalmente performan expresiones, emociones y corporalidades socialmente feminizadas.

Estas descripciones a su vez se relacionan con el símbolo del chacal, conceptualización contextual principalmente mexicana, vista como un símbolo de la masculinidad cuyo deseo se encuentra enmarcado entre lo salvaje y lo primitivo y cuya masculinidad auténtica se encuentra construida con base en lo hipermasculino, lo viril, las actividades de trabajo popular y el alejamiento de espacios de sociabilidad gay (Caraballo, 2020; Parrini y Flores, 2015). Así, esta figura es vista como un ideal normativo altamente deseado y fetichizado, pues se asocia con el rechazo a la homosexualidad culturalmente percibida como femenina y refuerza los estándares corporales y emocionales, producto de la masculinidad hegemónica (Connell y Messerschmidt, 2005).

Por otro lado, aparecen una gran cantidad de descriptores de comportamientos asociados a la búsqueda específica de sexo casual (“no se pongan románticos”, “directo y sin rodeos”) que no conlleve conversaciones o negociaciones largas en las que no se concreta de forma eficiente un encuentro (“no calienta huevos”). Además, aparecen frases que hablan de evitar cualquier tipo de acercamiento romántico o asociado a prácticas adicionales al sexo (“no intensos”, “no mamones”, “no tóxicos”) que impliquen algún tipo de acción que pudiese causar alguna complicación por fuera de la intimidad (“sin problemas”, “cero problemas”, “no doy ni busco problemas”, “sin complicaciones”, “no dramas”). Todas estas frases, hacen alusión a una gestión de la vida íntima y privada enfocada en los encuentros sexuales y que deja explícitamente por fuera cualquier clase de relacionamiento diferente al sexo casual (como relaciones a largo plazo, enamoramiento o cualquier tipo de relaciones afectivas públicas).

Entre el cuidado y la prohibición. La salud, la seguridad y las drogas

Como parte de la muestra recolectada, va a aparecer una alta preocupación por el estado de salud y la higiene, asociados en primera medida a la vacunación (“vacunado full”, “3 vaxxed”, “vacc. X4”, “vacunado contra VPH”), la limpieza (“gente limpia”, “me gusta la higiene”, “gente sana”, “limpieza y protección al 100”, “clean”, “todo sano”), la protección ante prácticas sexuales que pueden acarrear contagios de ETS o de VIH (“100% safe”, “only safe”, “todo safe, no me gustan los riesgos”, “sólo con condón”, “no a pelo”, “no BBK”, “todo con protección”, “sin no hay fiesta”, “sexo seguro”) y el rechazo a prácticas de prostitución (“no scorts”, “no chichifos”). Todos estos descriptores ampliamente prohibitivos pueden ser relacionados con amplios estigmas que están asociados al riesgo, y que determinan prácticas discriminatorias en la homosociabilidad entre hombres (Guanes, 2021); tal y como afirma Hammer (2022), se conforman identidades masculinas a partir de corporalidades sanas y conscientes del riesgo, pero potencialmente relacionables con estigmas asociados a enfermedades, promiscuidad y prácticas sexuales no seguras. Adicionalmente, se presentan textos restrictivos sobre el uso de drogas y sustancias psicoactivas (“no drogas, ni nada raro”, “no usuarios de kristal-crack”, “no slam”, “no dulces”) por sobre los que aparecen señalamientos despectivos (“no pinches drogadictos”) y prohibiciones irrestrictas de contacto (“abstenerse personas usuarias de sustancias”). Todas estas determinaciones hablan de cómo, la salud, en sus múltiples vertientes, es una amplia preocupación para los sujetos homosexuales devenido, entre otras cuestiones, de los estigmas provenientes de la pandemia del VIH, como un sistema de valoración capitalizable que evalúa las prácticas en las que los sujetos se ven involucrados (Maracci et al., 2019).

Otras particularidades de la muestra

Tres aspectos finales pueden nombrarse parte del corpus recolectado. En primera instancia un amplio requerimiento por parte de los usuarios al uso, envío y requerimiento de fotografías, especialmente de rostro (“sin foto de perfil no respondo”, “sin foto de cara no”, “sin no hay chat”, “sin foto no estés chingando”), que hace referencia a una plataforma en el que prácticas como el anonimato o la carencia de información en perfiles es una constante; de allí que, la identificación a través de imágenes se use como una estrategia para reducir el riesgo de ser identificado por parte de otros (Wongsomboon, Sietins y Webster, 2021) y como una forma de evaluación de características físicas asociadas al deseo como el rostro, la complexión física, la belleza o el tono de piel, o la corroboración de descripciones textuales a través de la imagen.

En segundo lugar, y en menor medida, se nombran descriptores que poseen un gusto específico por hombres femeninos y personas transgénero (“preferencia por tv y trans”, “me gustan mucho lxs trans, lo afeminado”, “busco afeminados, sumisos”, “busco nenas trans y tvs y pasivos afeminados”, “de preferencia femboy o trans”) como una forma de fetichización de corporalidades y experiencias feminizadas, altamente deseadas debido a las formas de autocomprobación de la hombría como un rasgo superior frente a su contrario cultural (es decir lo femenino). Por último, van a aparecer frases altamente opositivas, como parte de prácticas de resistencia a una cultura altamente masculinista, normativa y discreta (“si tienes varonil o discreto en tus condiciones yo no soy”, “no me interesa tu supuesta discreción”, “ masc frágil”, “no me van heteronormados”, “tu discreción me vale dos hectáreas de verga”, “no me impresionan los músculos”); estos últimos descriptores, aunque pocos, permiten pensar en una suerte de actitud crítica en la toma de decisiones en las prácticas sexuales que se vivencian en aplicaciones como Grindr.

Conclusiones

Constantemente, se presentan en redes sociodigitales opiniones relacionadas con el alejamiento de estilos de vida homosexuales (denominados como de ambiente o de plumas), categorizándolos como lejanos de una forma masculina de ser. A partir de ellas, se ha establecido un sistema divisorio que no es exclusivo de las corporalidades ni de los comportamientos, sino que incluye elementos discriminatorios y estigmatizantes hacia experiencias, corporalidades y expresiones que se alejan de la hombría.

Este sistema se encuentra basado en prácticas normativas excluyentes y que tienen como modelo la heterosexualidad, la masculinidad hegemónica y un tipo de homosexualidad respetable. De esta manera, se van a presentar ampliamente descriptores prohibitivos de forma directa hacia corporalidades e identidades feminizadas, que van a contener la partícula “no” o van a referir algún tipo de emoji restrictivo (); además, se van a establecer como comportamiento restrictivo la emocionalidad, la no obviedad y la no frecuencia a espacios de sociabilidad de ambiente gay (Figura 4). Estas descripciones se relacionan con prácticas plumófobas y feméfobas que discriminan e incluso patologizan a aquellos sujetos que se alejan de la norma masculina. Pero además van a presentarse una serie de descriptores indirectos, asociados a la discreción, la seriedad, la reserva y la “varonilidad” que van a modelizar un ideal de “masculinidad auténtica” (Calvo, Gómez-Beltrán y Fernández-Fernández, 2020).


Figura 4
Imagen de X, en la que se hace referencia a una descripción de Grindr. Se expresan de forma explícita, prácticas permitidas y prohibidas en el acercamiento sexual entre hombres
Fuente: Publicación de X https://twitter.com/homoaquoris/status/1717641532331704787/photo/1 (la cuenta fue desactivada).

En este ideal, pueden ser encontradas características corporales específicas, la contención de emociones, un tipo de preocupaciones en torno a la salud y la higiene, el alejamiento de prácticas de consumo de drogas y de promiscuidad, y un alto interés por la gestión de la vida íntima asociado a encuentros sexuales casuales sin ningún direccionamiento hacia relaciones afectivas. Todo ello, hace parte de un modelo de “hombre de verdad” (Ariza, 2018), que cumple con una serie de requisitos modélicos que se acercan a la normalidad (y que intentan alejar la identificación de los sujetos hacia algún tipo de relacionamiento con los estigmas asociados a la homosexualidad).

En ese sentido, la corporalidad deseada y mostrada no sólo se enfoca en elementos físicos, sino también en prácticas y comportamientos que se encarnan en el cuerpo. Tal y como señala Connell (2005), el cuerpo dentro de la masculinidad es un escenario en el que se organizan prácticas idealizadas de género y por el cual se legitiman ciertos privilegios simbólicos en el que se subordinan a las mujeres, a los comportamientos asociados a la feminidad y a otros cuerpos y prácticas no normativos. Así, los requerimientos de búsqueda aquí descritos dan cuenta de cómo estos descriptores de masculinidad no únicamente reflejan una forma corporal y emocional socialmente normativa, sino un dispositivo de control del deseo visible y actuante hacía ellos mismos y hacia otros.

A partir de este análisis, puede concluirse que dentro de las prácticas de negociación sexual que se dan en aplicaciones como Grindr, se ha configurado un discurso que modeliza una figura de hombre dominante -asociada a los preceptos de la masculinidad hegemónica-, que rechaza, excluye y caricaturiza a su correspondiente dominado (usualmente asociado a la pasividad o a los cuerpos de hombres que encarnan algún tipo de feminidad). En estas prácticas, van a aparecer un listado de requerimientos, altamente excluyentes, discriminatorios y estigmatizantes que hacen referencia a una experiencia contenida, altamente sexualizada y masculinizada en términos corporales, y sobre los cuales se determinan prácticas permitidas y prohibidas (como se puede observar en la Figura 4). Así mismo, se va a fijar una lógica relacional de igualdad entre sujetos con características dominantes, excluyendo aquellas prácticas, discursos y corporalidades que pudiesen amenazar el poder asociado a la masculinidad que ostentan. Se trata de discursos y descriptores que reproducen discursos asociados a un tipo de violencia simbólica (Bourdieu y Wacquant, 1995) en el que los sujetos, alejados por obligatoriedad de la norma heterosexual, resultan ser cómplices de un sistema que los ha puesto al margen (incluso llamándolos enfermos y anormales) y en el que luchan por alinearse con el propio sistema normativo que los excluye, a través de la masculinidad hegemónica que performan. Esta clase de violencia se ha interiorizado en la expresión identitaria de quienes forman parte de las prácticas de negociación sexual que se viven en esta clase de aplicaciones y se ha naturalizado al punto de convertirse en un modelo de comportamiento aceptado y altamente deseado, incluso al punto de no oponerse a ella o de aceptarla sin ningún reparo. En el contexto mexicano, esta práctica de normativización suele asociarse con expresiones e identidades coloquiales, que residen en la figura del chacal, del vato o del macho, como personajes exaltables dentro de tal masculinidad auténtica y válida. A esto se le suma una estigmatización altamente violenta hacia prácticas y corporalidades feminizadas, al punto de ser vilipendiadas, ridiculizadas o ser víctima de asco y desprecio (en la que suelen usarse expresiones o emojis que dan cuenta de la repulsión hacia comportamientos sexodiversos como ).

Como parte de los límites del presente trabajo, se pueden nombrar la ausencia de una perspectiva interseccional, capaz de determinar las relaciones entre esta clase de prácticas estigmatizantes, la modelización de un ideal masculino y la procedencia geográfica; de allí que sea importante considerar la procedencia de esta clase de descriptores en función no sólo de los espacios citadinos, sino además de otros contextos por fuera de la urbe. Esta triangulación podría dar cuenta de cómo, en ciertos contextos, pueden presentarse condiciones propicias para la reproducción o la resistencia de esta clase de discursos. Además, este análisis no tuvo en cuenta las representaciones visuales que acompañan a los perfiles en Grindr; esta relación, entre textualidad e imagen, puede ser vital para comprender la manera en la que la gestión de la vida íntima de hombres que tienen sexo con otros hombres, puede responder a condiciones corporales y a características raciales particulares, y de cómo la presencia de la imagen (e incluso su ausencia intencional) puede dar cuenta de la reproducción de sistemas normativos altamente excluyentes. Para finalizar, estas aproximaciones propuestas como posibles acciones futuras también podrían involucrar la problematización de la masculinidad homoerótica relacionada con la producción capitalista de subjetividades asociada a la representación masculina mediática, la pornografía y la idealización de ciertos valores masculinos. Esta perspectiva, podría dar cuenta de otras posibilidades de análisis y relaciones de los hallazgos aquí expuestos.

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Notes

1 Una versión acotada de este artículo fue presentada al 3er Congreso sobre violencias de género, realizado en noviembre de 2023 en la UNAM, CDMX.
2 Esta acción puede ser enmarcada dentro de la etnografía digital como un movimiento deliberado o no planificado que realiza el investigador/observador entre plataformas, comunidades o momentos digitales, por el cual se realizan exploraciones que revelan conexiones imprevistas entre datos o publicaciones (Barendregt, 2021; Borkovich, 2022; Bárcenas y Presa, 2019).
3 Una API es definida como una Interfaz de Programación de Aplicaciones. Se trata de herramientas que permiten el acceso y el intercambio de datos con programas, aplicaciones o plataformas, propiciando una comunicación con ellas a través de protocolos específicos.
4 Roam se refiere a una función de Grindr que permite establecer la ubicación del perfil en cualquier parte de mundo e interactuar con los perfiles que se encuentran en dicha zona. Aunque la interacción con los perfiles (chat) forma parte de la función de paga, la visualización de perfiles en otros contextos geográficos es permitida desde el plan gratuito (Grindr, 2025).
5 Las contracciones tv y trs hacen referencias a personas travestis y transexuales.
6 Acrónimo de “Gente Bien”.
7 Acrónimo de “Hombre por Hombre”.
Cómo citar: Abadía, Iván. (2026). “No fems; sólo discretos y masculinos”. La plumofobia como método de exclusión y de categorización de una masculinidad auténtica. Revista Interdisciplinaria de Estudios de Género de El Colegio de México, 12, e1298. http://dx.doi.org/10.24201/reg.v12i1.1298

Author notes

Ivan Abadía Diseñadorx gráficx (Universidad del Valle, Cali-Colombia), especialistx y máster en teoría del diseño comunicacional (Universidad de Buenos Aires, Argentina) y actualmente estudiante del Doctorado en Comunicación de la Universidad Iberoamericana. Sus temas de interés son el análisis de imágenes, los estudios visuales y los estudios sobre las masculinidades en línea. Persona no binarix, cuir, eclécticx académico, investigadorx, gamer. Actualmente estudia las formas de autopresentación de hombres sexodiversos en espacios sociodigitales y la forma en la que el cuerpo actúa como objeto de consumo y de herramienta de negociación del deseo.


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