Investigación en Humanidades

El contexto urbano de la novela fantástica El antro de las brujas de Alfonso Lazarte

The urban context of the Huancainian fantastic novel El antro de las brujas by Alfonso Lazarte

Alberto Chavarría Muñoz Notas del autor
Universidad Nacional del Centro del Perú, Perú

El contexto urbano de la novela fantástica El antro de las brujas de Alfonso Lazarte

Horizonte de la Ciencia, vol. 6, núm. 10, pp. 31-39, 2016

Universidad Nacional del Centro del Perú

Los autores otorgan el permiso a compartir y usar su trabajo manteniendo la autoría del mismo.

Recepción: 27 Septiembre 2015

Aprobación: 16 Mayo 2016

Resumen: El desarrollo de la ciudad de Huancayo tuvo tres momentos: pueblo de indios, Ciudad Incontrastable y, hoy, camina hacia una metrópoli masiva y posmoderna. Dentro del tema de Ciudad Incontrastable observamos el desarrollo de la ciudad patricia y que iba evolucionando a la ciudad burguesa, pero que por circunstancias históricas resultó fallida. A fines de esa etapa (1956), se publicó una novela de características fantásticas, El antro de las brujas, del artista plástico y caricaturista, intelectual autodidacta, Alfonso Lazarte Cuipal, que mostraría el momento crucial: el cambio de época

Palabras clave: señorial, liberal, ideología, psicoanálisis.

Abstract: The development of the city of Huancayo had three moments: village of Indians, insuperable city and, today, walks towards a massive and postmodern metropolis. Within the theme of insuperable city, we observed patrician city development that was evolving into the bourgeois city, and by historical circumstances resulting failed. At the end of this period (1956), published a novel of fantastic features, El antro de las brujas, the ars and caricaturist, intellectual autodidact, Alfonso Lazarte Cuipal, that would be the turning point: the change of time

Keywords: Master, liberal, ideology, psychoanalysis.

De la ciudad patricia a la ciudad burguesa

Aun cuando desde 1822 Huancayo tenía un título de ciudad, lo cierto es que, hasta los años 50 del siglo XX, la imagen que mostraba su clase dirigente tenía las características expuestas por José Luis Romero (2001) en Latinoamérica: las ciudades y las ideas: “Como fruto de los grupos que lo integraban, el patriciado fue un poco urbano y un poco rural y acaso un poco señorial y un poco burgués” (p. 204). Para explicarnos, el detalle no es poca cosa.

Con los aprestos libertarios de principios del siglo XIX, era claro que la ideología liberal burguesa presidía las acciones y el verbo. Así se logró la independencia en casi todos los países latinoamericanos. Sin embargo, lo que vino después fue una larga etapa de caudillaje y militarismo que solo hacia mediados del siglo XIX, cuando el patriciado urbano, que no es realmente burgués en sen do estricto, tomó las riendas del Estado. En nuestro caso peruano, cuando Manuel Pardo y el Par do Civil lograron imponerse políticamente y ordenar el Estado y la política. Es decir, se esperaba, luego de la separación de España, acciones, actitudes, políticas y economías burguesas. Nada de eso sucedió.

A par r de los años 50 del siglo XIX, con el boom del guano de islas y la del salitre, se empiezan a percibir cambios en las políticas económicas y, nuevamente, ligadas a los acontecimientos mundiales. El establecimiento de nuevas costumbres y situaciones como las de Juan Enrique Valladares, hacendado huancaíno (Concepción formaba parte de la Provincia de Huancayo), graduado de ingeniero en Europa y que trajo nuevos pos de ganados para sus haciendas Runatullo e Ingahuasi, entre otras, convirtiéndose en un nuevo tipo de patricio con características burguesas, permitió abrir una nueva fase en el desarrollo de nuestra ciudad huancaína. Romero (2001) analizando el tema en Argen na señala:

El comercio de importación y exportación y los bancos extranjeros impulsaron la vida urbana: poco a poco los descendientes del viejo patriciado, establecidos en ciudades que querían imitar a las de Europa, descubrieron que la mejor opción para los nuevos países era adscribirse al desarrollo de las grandes potencias industriales. (p. 176)

Aquí un dato: “ciudades que querían imitar a Europa”. ¿Era Huancayo una de ellas? Al parecer sí, pues al no ser un núcleo de encomiendas o corregimientos, convertidas en haciendas tradicionales, aun cuando los indios tenían tareas que cumplir con “la república” (Manrique 1987), no existía la base material para constituir, estrictamente, una ciudad de gamonales, como lo fue Jauja, Huamanga o Huancavelica.

Lo puede mostrar también el hecho de que desde mediados del siglo XVIII, pero con mayor afluencia desde el primer tercio del siglo XIX, se observa el establecimiento de comerciantes extranjeros dedicados al trasiego de productos importados (ecuatorianos, argentinos, alemanes, escoceses, franceses, chinos, italianos, pales nos, japoneses, etc.), de los cuales Nemesio Ráez (1976), como dato de importancia moderna, precisa, en su monografía de 1899, que “la raza blanca viste lo mismo que la europea y ene más o menos las mismas costumbres” (p. 65); por lo demás, se en ende, el corpus cultural e ideológico es occidental y católico; recién en 1914 se instaló un colegio metodista: Andino.

El quiebre que produce, en este desarrollo ligado al mercado mundial, la Guerra con Chile alarga la existencia de una ciudad patricia en detrimento del desarrollo de una auténtica ciudad burguesa. El caso es que la bonanza económica del Valle del Mantaro, que empieza hacia 1850, se debía a que las zonas agrícolas de Lima, Ica y Huaral, que antes producían productos de pan llevar, empezaron a sembrar y cosechar algodón y caña de azúcar para el mercado norteamericano, principalmente hacia California y San Francisco. Cuando la guerra, muchas de esas erras seguían produciendo dado que eran propiedad de extranjeros y que estaba protegidos por sus embajadas y consulados, lo que no era el caso de las erras del interior.

Al principio, el patriotismo, y además la idea de que con la caída de Lima se instauraría la paz, aun con pérdidas territoriales, hizo que los sectores dominantes regionales apoyaran la lucha, como lo fue con el Batallón Manco Cápac, financiada por los huancaínos de la época, que peleó en San Juan de Miraflores y la defensa de Lima. Los estudios demuestran (Manrique 1987) que las principales familias hacendarias como los Valladares, los Del Valle, los Olavegoya, los Piélago, Giráldez y otros menores, veían que su crecimiento económico no sería afectado por la nueva situación tras la caída de Lima. En consecuencia, hacían nuevos y prósperos contratos para abastecer, por ejemplo, a Lima de carnes, leche, mantequilla, tubérculos, etc. Los hechos mostraron otra realidad. La resistencia iniciada por Andrés A. Cáceres, El Brujo de los Andes, (1881-1884) vino a cambiarlo todo. Los cupos, de ambos bandos, las necesidades de guerra, la situación de inestabilidad social, el alzamiento de los sectores indígenas, las dificultades camineras o la inexistencia de arrieraje, la movilización constante, el desabastecimiento alimenticio y los costos de las obligaciones contraídas, fueron todos factores que sumieron a la región en la debacle económica.

Al terminar la guerra, la desolación, principalmente en las haciendas productoras, fue total. Por un lado, era la destrucción de los medios de producción (lo que llevó a ser tasadas, en su nuevo justiprecio, en el 20 % del valor que tenían al iniciar la guerra); por el otro, la captura de muchos centros de producción por los comuneros alzados y que se negaban a devolver las erras de los “colaboracionistas traidores an patria”; solo fue posible su “devolución” durante el legüísmo.

Además de ello, la guerra también acentuó algo que no era tan notorio pero que existía: el racismo. El señorialismo fáctico del sector hegemónico del Valle del Mantaro que existía era diferente al señorialismo que se observaba en la zona de la mancha india, que comenzaba en Huancavelica y terminaba en Puno. Aquí, si bien es cierto cada quien sabía su lugar, no había los niveles de violencia vistos en esos otros lugares. El huanca, como parte del sector subalterno, era considerado como pieza importante de la relaciones de intercambio, pero sin tener parte en el gobierno de la ciudad. Podía, dada la existencia de la feria dominical, comercializar sus productos, comprar lo necesario para su subsistencia, pero no manejar los procesos de acumulación en tanto que esos mecanismos estaban en manos de los terratenientes señoriales-burgueses, que eran los que comercializaban grandes cantidades de productos y con grandes capitales. En realidad, la feria era más un asunto de diversidad comunitaria que realmente de grandes intercambios económicos. Por lo menos, hasta la guerra con Chile se observa dicho fenómeno.

Entonces, ¿cuál era el tratamiento personal entre estos dos sectores? La historia de la Iglesia hoy llamada Catedral o Matriz puede darnos una idea. Ella tuvo su inicio en una ermita de la familia Jiménez-Martinez en 1799 (Chávez 1926) y que con el paso del tiempo se fue haciendo una iglesia (la construcción total duró más de un siglo 17991924) y luego una plaza, que en la época de la Constitución de Cadiz (1812) pasó de llamarse Comercio a Plaza Constitución. Pero, ¿por qué una nueva iglesia? Pues, el argumento fue que ir hacia la vieja iglesia matriz, que estaba en la Plaza Huamanmarca, era molestoso para las damas huancaínas porque la calle principal (Real) y la plaza misma estaba llena de excrementos de animales y todo en un barrizal, lo que provocaba olores nada gratos dentro de la casa de Dios, además, como lo precisa Chávez, “por estar apartado y casi fuera de la población y el lamentable estado de ruina en que actualmente se halla la antigua iglesia” (p. 78).

Si se lee en entrelíneas esta historia, se comprueba que lo que sucedía era el choque de dos visiones sobre la vida, la higiene y las costumbres de las personas, que Foucault (2007) llamará después biopolítica. Es decir, mientras unos son limpios, los otros son sucios. Es el choque entre lo andino y lo occidental. No nos parece casual la nomenclatura para ambas plazas: una, Huamanmarca, de indígenas, y la otra, Constitución, de blancos. Incluso, alrededor de la plaza Huamanmarca el demarcado territorial es abigarrado, frente a la otra plaza que es geométrica. Es que una va a expresar al “pueblo de indios”, tal como fue fundada, y, la otra, a la de “Ciudad incontrastable” titulo obtenido por los criollos huancaínos de la independencia. Si se quiere, una moderna y la otra arcaica. Eso explica por qué el reloj donado a la ciudad fue colocado en la plaza moderna, por qué los líderes de las revueltas criollas y de la resistencia breñera (Cáceres y su plana de oficiales) se alojaban en dicho sector urbano, por qué se hizo la principal alameda (Hoy Av. Giráldez y Paseo la Breña) se planificó y construyó ahí.

Parecía, volviendo a la historia de la iglesia matriz, que el sector dominante estaba conforme con el cambio. No era así. Un grupo no deseaba que la Iglesia Matriz se fuera a la nueva plaza, aunque no pudo evitarlo dado que la destrucción total de esa edificación fue hacia 1876. Para transar el asunto, se decidió trasladar la plaza de toros (en realidad coso de venta de animales) a otro espacio (Hoy mercado modelo) y convertir esta área en un mercado moderno denominado Mercado Central (1924-1928). Como corresponde a una burguesía liberal esto debía ser privatizada, además porque la guerra había destruido las finanzas del municipio, por lo que su concesión era absolutamente necesaria.

Otro hecho que nos muestra el choque étnico es la del fusilamiento de Tomás Laymes. Es curioso, se celebra el fusilamiento de tres héroes sicaínos por las huestes chilenas y se condena la rebeldía de Laymes frente a los hacendados huancaínos “colaboracionistas” y no se toma en cuenta sus actos heroicos frente a los chilenos. Es un caso del dominio cultural e ideológico de la burguesía huancaína. Laymes se había insurreccionado, además por orden directa de Cáceres, frente al “colaboracionismo” de los “malos peruanos” que socavaban la resistencia encabezada por “el Tayta Cáceres” y que su pena era la “expropiación” de sus erras. Lo que sucedió es que Cáceres era consciente de que la resistencia no tenía ningún futuro: Iglesias estaba muy bien acompañado por los chilenos. Los gamonales en varios si os vieron a Cáceres como un obstáculo y éste comprendió que solo tendría el apoyo, específicamente en esta zona, de los indígenas “rebeldes”, lo cual le pareció riesgoso. Se decidió, entonces, a aceptar el tratado de Ancón exigiendo el re ro total de las tropas chilenas.

En ese contexto es que los burgueses señoriales y el Municipio de Huancayo deciden dar un escarmiento a los alzados. Con una treta logran traer a Tomás Laymes, lo apresan, lo juzgan y lo fusilan. Acusarlo, según Tello (1971), de “haberse hecho tributar honores como inca emperador” (p. 76) muestra la lejanía de la clase dominante huancaína de los sectores subalternos de este valle y ciudad. Es claro el horror que generaba, en este sector hegemónico, la sola mención de “inca emperador”. Muestra también que, en el inconsciente indígena, resultado de la división social, política y étnica, estaba fresca la idea de engaño, sojuzgamiento y abuso del blanco. Dos lejanías, dos ostracismos, dos visiones y dos sentimientos.

El languidecimiento de la ciudad empezó a revertirse a partir de la primera década del siglo XX. La razón: Huancayo se vincula al nuevo orden mundial que proponen los EEUU. La minería, los cultivos de agro-exportación: algodón, caña de azúcar, la explotación de reservas naturales como el caucho y el petróleo, son los ejes de la nueva economía. El asunto es que no se visiona, en esta clase dominante huancaína, un desarrollo con ciencia y tecnología. Solo es comerciante. Claro, hay uno que otro como el señor Martinelli o el señor Herold, extranjeros ellos, con afanes industrialistas. Martinelli, curiosamente olvidado en la historia huancaína, fue un gran propulsor de la energía eléctrica, del cine, de la inmobiliaria, y el señor Herold de una fábrica de cerveza. Los demás solo comerciantes o de servicios.

Visto desde la perspectiva cultural podemos señalar que el know how era de puro pragmatismo instintivo y empirismo. Con ello, dado que el fenómeno es nacional, se acentuaría la distancia entre el progreso y lo arcaico. Mientras Europa y EEUU., vivía el desarrollo burgués, con la filoso a positivista en la cabeza, América La na se recluía en una nueva escolástica. Escolástica que la Reforma Universitaria quiso traer abajo y que lo logró en menor medida. Solo funcionó en países como Argentina, México, Uruguay. En el resto como que el gamonalismo, alentado por los EEUU., acompañado del más rancio aristocratismo, se impuso.

En Huancayo, no hubo gamonalismo tradicional, pero sí se asumió un señorialismo que solo se quebró cuando, desde los años 20, el país ingresó a una desestructuración lenta de la semifeudalidad de la que Mariátegui comprobaba en sus estudios sobre la erra y el asunto indígena, y que tuvo su final hacia 1969 con la Revolución Nacionalista de Juan Velasco Alvarado.

Para poner equidad en los asuntos, debemos decir que ese señorialismo burgués tenía aspectos positivos como el que cierto sector hablaba el inglés con fluidez, pensaba sus viajes a EEUU y ya no a Europa, lo que hace suponer eran conscientes del nuevo centro mundial de poder, estaban vinculados con la prensa internacional y se comentaba con fruición los temas de la 1ra Guerra Mundial, leían a los vanguardistas en revistas que llegaban desde Buenos Aires, publicaban revistas como Hélices (el editor era Reynaldo Bolaños) de puro cuño vanguardista, estaban muy bien enterados sobre las revoluciones sociales, tanto de la rusa como de la mexicana. También sintieron la necesidad de un diario propio, La Voz de Huancayo. Lo mismo con estudios sobre nuestro pasado prehispánico (Federico Gálvez Durand y Ricardo Tello Devoto), sobre la historia real de la ciudad (Óscar Chávez y Ricardo Tello Devoto) y la asunción de los cambios que estaban sucediendo.

En el terreno arquitectónico, durante las tres primeras décadas del siglo XX se produjo una transformación al es lo Haussmann. Apertura de calles, de alamedas, canalización de pequeños ríos, empedrados de plazas y vías, conexiones telefónicas, de agua, de luz eléctrica, ampliación de parque o plazas. En definitiva, un reordenamiento urbano al es lo de ciudad capitalista, aun cuando no había un plan de desarrollo urbano.

Sin embargo, esta efusión económica se demostró superficial. Con la crisis de 1929, varias áreas del país se paralizaron. Lima entró en tal situación económica que la quiebra es una constante, lo que alienta a las posturas políticas revolucionarias y contrarrevolucionarias a la acción. Durante 4 años hay una situación de guerra civil. El par do aprista enfrentado a los fascistas de la Unión Revolucionaria. Los comunistas en minoría son rápidamente arrinconados. El principal par do de masas en efervescencia política, el APRA, se arriesga con vacilaciones, lo que es aprovechado por la plutocracia peruana para su represión inmisericorde y sin dudas.

En 1934, por ejemplo, en Huancayo hay un atentado contra el prefecto del departamento, Jorge Buckinham (No hay que olvidar que desde 1931 Junín era un nuevo departamento y su capital era Huancayo), que es controlado. La burguesía huancaína no era afecta al aprismo. Tello Devoto (1971), en su recuento de 1946, escribe: “Víctor Raúl Haya de la Torre fue recibido por sus amigos” (p. 136). ¡No por su par do, sino por sus amigos!), ni con el comunismo, que tenía como parte de sus propuestas la reivindicación del indio peruano, algo que toleraban pero que no aceptaban en plenitud de derechos. Esa crisis planteó un nuevo problema que la burguesía señorial huancaína lo resolvería en los siguientes 30 años: retirarse hacia un mercado más grande con sus capitales y conocimientos. La 2da Guerra Mundial, en sus efectos, no hizo más que acentuar esa necesidad y ultimar la decisión final. Si bien la ciudad empezaba a crecer, los niveles de acumulación de capital no la hacían atractiva en términos del largo plazo. Una hipótesis es que su cercanía a Lima atentaba contra un desarrollo propio y sostenible. Otra hipótesis es que la conectividad ferroviaria y carretera, en el país, abrió otros núcleos comerciales o de distribución y la ciudad se fue lentificando.

Huancayo pudo haber quedado como ciudad estancada: su burguesía se re raba, su crecimiento era muy lento, se abrían nuevas rutas al interior del país, su nivel de acumulación era muy pobre. El proceso es notorio entre 1940 y 1970. En esas condiciones vino una nueva situación, que desde los años 20 se preconizaba pero que no se lograba, la fundación de una universidad (1959).

Frente a la modorra de una ciudad pequeña y provinciana, la existencia de la universidad generó una dinámica diferente: la pequeña burguesía rural, que no podía acceder a la educación superior capitalina, vio una oportunidad concreta para su proceso de ascenso social.

La ciudad, como resultado de la fuga de dirigentes sociales y económicos, quedó con cierto vacío de poder. Entre 1963 y 1980 fue la clase media huancaína, con ligazón a la an gua urbe, la que hizo esfuerzos para mantener a flote a la ciudad desde los organismos estatales y privados. Sin embargo, sus aspiraciones, especialmente de las nuevas generaciones de ellos, ya no estaban por estos rumbos. Comprendieron que su futuro estaba en las universidades limeñas o del exterior, o en la migración hacia países de los cuales vinieron sus antepasados. Si algunos todavía tenían reticencias para no irse, ya no tuvieron más alterna va cuando vino la década de la violencia política (1984-1994) y el torbellino que ello generó.

En consecuencia, la larga crisis de desestructuración económica, social, política y cultural que vivió el Perú, que podríamos remontarlo hasta los años independentistas que no supo construir un país burgués, y especialmente la crisis que va desde 1930 hasta 1990, impidió, por su matriz de ciudad comercial o de servicios, que Huancayo cuajara en términos de ciudad burguesa a cabalidad, configurándose, en su lugar, una situación de ciudad fallida.

Hoy la ciudad presenta condiciones distintas. Analizarlo escapa a la materia de la investigación: el contexto urbano de la novela de Alfonso Lazarte.

Alfonso Lazarte nació en Contamana, Loreto, en 1897. Hijo de Constan no Lazarte y de Emilia Cuipal. Él, andahuaylino, y ella, moyobambina. En 1910 don Constan no regresa a Andahuaylas con sus tres hijos: Alfonso, Luisa y Adolfo. Don Constan no tuvo otra esposa y un hijo: José. A los 12 años, Alfonso es enviado a terminar de estudiar la primaria al Cusco. Luego, marcha a Arequipa para continuar la secundaria, acabándola en 1918. En la ciudad blanca se relacionó con pintores y artistas de diverso tipo para desarrollar su cualidad pictórica y de caricaturista. Aquel año su padre lo llama para hacerse cargo de la hacienda, pero Alfonso se niega. Uno de sus argumentos fue: “Nunca me voy a entender con gente que habla quechua” (Cuenta su sobrina E. Montalvo que le contó su tio Alfonso: Entrevista personal, 2011). Su condición era, en realidad, mucho más occidentalizada, como lo prueban sus trabajos intelectuales.

Después de su experiencia militar durante un año, se dedica a la caricatura. Con tales aspiraciones recorre Bolivia, Argentina y Chile y hace de Lima su centro de operaciones. Según el diario El Heraldo de Huancayo hace una exposición de caricaturas, la primera vez, en nuestra ciudad, junto a Domingo Pantigoso, dibujante arequipeño, en el mes de junio de 1927. En esta fecha recibe “los más calurosos aplausos” por las caricaturas de connotadas personalidades huancaínas.

Sin embargo, en su segunda visita, en 1931,losaplausos se convir eron en denuestos, pues las esposas de los caricaturizados la emprendieron contra los dibujos y los destruyeron.¹²

Cuando llegó la guerra con Colombia se hizo aviador y cartógrafo, obteniendo el grado de teniente FAP, de la que fue retirado por insubordinación. Luego, pasó a trabajar a un proyecto de transvase de aguas de Huancavelica a Ica en 1937. Como era conocido del Dr. Luis E. Valcárcel es nombrado bibliotecario en Lima; pero, al incendiarse la Biblioteca Nacional en 1943, Alfonso Lazarte es trasladado a la biblioteca del Colegio Nacional Santa Isabel de Huancayo, donde se jubilará. Su estadía en Huancayo fue, salvo el lapso de un año de estar en Lima, donde sufre un derrame cerebral que lo dejó sin habla, hasta su muerte, 1976, a consecuencia de un atropello vehicular.

El personaje central de la novela, Juan, es un hombre que lleva dentro de sí, como inconsciente zoomórfico, las características dominantes específicas y hereditarias de un animal inferior, en este caso de un felino, que es resultado, y esta es su tesis, de un proceso evolutivo polifilético (varias razas o varios orígenes) y no solo de lo monofilético (una sola raza, el simio, como señala el darwinismo).

Alfonso Lazarte considera, citando a muchos cientificos de la época, que aquello que denominamos alma es la relación, asumiendo a Freud, de lo intrínseco biológico con la cultura, que es el ello, el represor. Pero, si las circunstancias no logran inhibir lo interno o

subconsciente, esta se desbordará y expresará, según Razor (1956), las características dominantes específicas y hereditarias de algún origen polifilético.

Juan, al regresar después de diez años de la selva, no encuentra a su esposa, Bertha, en su casa. Se ha ido con un amante, el que luego demostró ser un posesivo y abusador. En estas circunstancias es que Juan, al parecer tampoco sabía de su ser intrínseco, se corporiza como un felino cruel y asesino. La lucha por la posesión de la hembra le hace cometer varios asesinatos, empezando por el amante y, luego, con personas que nada tenían que ver en el drama de Juan. Al mejor es lo de Stevenson, el desdoblamiento de personalidad (esquizofrenia) se produce. La lucha del consciente y el inconsciente, finalmente, ocasiona la muerte de Juan que, en un hecho de cultura popular occidental, es raptado por las brujas y se lo llevan volando desde el Antro hacia las profundidades de la noche lunar.

Mientras eso sucede en el mundo “misterioso de la naturaleza humana”, por efecto especular, en el mundo “real” de la novela el periodismo, la policía, el poder judicial, están tratando de desentrañar la verdad racionalmente, en tanto el pueblo, la masa, vive aterrorizada por los efectos de las llamadas “alucinaciones colectivas” de visualizar un Monstruo felínico en la ciudad y conocer sus “atrocidades”.

Es el periodismo, mediante el director del semanario Vanguardia, el que encuentra la verdad, en una conversación con el Profesor Veritas, pero a la que nadie presta atención y mucho menos ganas de entenderlo. El desenlace, planteado por Lazarte, en realidad, desvanece el intento de llevar a la conciencia científica y cultura social la teoría de la evolución polifilétíca, quedando, nada más, como una novela fantástica.

Hasta mediados de los años 50, la novelística huancaína se deba a entre las temáticas de costumbres y de realismo rural (Baquerizo 1995; Chavarría 2011). La novelita Churinanay (1922) de Óscar Chávez y Sierra y Selva de Carlos Angulo (1936) eran de tipo costumbre y estampas y la novela de Serafín Delmar, La erra es el hombre (1941) de corte político social e indigenista, al estilo de Ciro Alegría.

Por estos años, 1950, terremoto (epicentro en Satipo) de por medio, se hizo patente la fragilidad del sistema arquitectónico huancaíno. En consecuencia, la ciudad empezó a vislumbrar otras estructuras y dimensiones arquitecturales. La más que centenaria urbe central (titulada ciudad en 1822), concebida con parámetros occidentales, en arquitectura y cultura, y que fue realidad durante todo ese lapso, se mostraba anacrónica y arcaica. Los cambios culturales, que había empezado con la modernización legüísta y el desarrollo cien fico-tecnológico acelerado del siglo XX, empezaron a luchar por un espacio en la ciudad.

Sin embargo, como en todo proceso transicional, de muerte y nacimiento, el conflicto se instalaba, la tensión se hacía presente. La doble personalidad de la ciudad, el contexto urbano, aparecía en la narra va fantástica como expresividad de la desaparición de las dimensiones subjetivas y objetivas del huancaíno tradicional y su producto: la ciudad incontrastable. Pues, aunque era ciudad fallida era su ciudad. ¿Qué vendría después? Eso es algo por definirse.

Referencias Bibliográficas

Baquerizo, M. (1998). La conciencia de la identidad en la literatura de costumbres de la sierra central. Huancayo: CC José María Arguedas.

Chavarría, A. (2011). Cultura y Gestión cultural en Huancayo. Inédito.

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Tello, R. (1971). Historia de la Provincia de Huancayo. Huancayo: Editorial San Fernando.

Notas de autor

Notas del autor Magister en Educación. Docente en la Universidad Nacional del Centro del Perú

aldach9@hotmail.com

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