Investigación en Humanidades

Naturaleza de los cuestionamientos filosóficos y sociológicos de Mario Bunge a la filosofía materialista dialéctica

Nature of philosophical and sociological questioning of Mario Bunge to philosophy materialist dialectics

Nicanor Moya Rojas Datos del autor
Universidad Nacional del Centro del Perú, Perú

Naturaleza de los cuestionamientos filosóficos y sociológicos de Mario Bunge a la filosofía materialista dialéctica

Horizonte de la Ciencia, vol. 5, núm. 8, pp. 39-46, 2015

Universidad Nacional del Centro del Perú

Recepción: 10 Abril 2015

Aprobación: 17 Mayo 2015

Resumen: Se analizan los diversos cuestionamientos, que hace el físico y filósofo contemporáneo Mario Bunge, a través de diversos medios de comunicación, eventos académicos internacionales y una vasta producción bibliográfica, a las tesis centrales del materialismo dialéctico de Marx y Engels y sus discípulos. Se explica, en lo fundamental, su intento de negar la valía e importancia que tiene la filosofía marxista, el enjuiciamiento economicista que tiene sobre la sociedad, y, la naturaleza de sus actuales enjuiciamientos sociológicos.

Palabras clave: Mario Bunge, Marxismo.

Abstract: The various questions, which makes the physical and contemporary philosopher Mario Bunge are analyzed; through various media, international academic events and a vast bibliographic production; the central thesis of the dialectical materialism of Marx and Engels and his disciples. It explains, in essence, his attempt to deny the value and importance of Marxist philosophy, the economicista prosecution it has on society; and the nature of its current sociological prosecutions.

Keywords: Works of Mario Bunge, Marxism.

Introducción

En el contexto actual del desarrollo de la filosofía y la epistemología, es muy notoria la influencia que ejerce el físico y filósofo argentino Mario Bunge en el estudio de estos saberes, además de enjuiciar diversos temas y problemas mundiales y nacionales. Aparte de procesar y publicar constantemente sus investigaciones, pone a disposición de los investigadores, docentes y estudiantes universitarios una vasta bibliografía. Ello hace deducir que Bunge es hoy uno de los principales artífices de la filosofía y sus diversas disciplinas filosóficas, tan necesarias para asumir una visión adecuada de la realidad natural y social.

En sus variadas publicaciones, por no decir en todas, Bunge no deja de evidenciar su concepción filosófica, política e ideológica, como no podría ser de otra manera. Y eso está bien, pues como él sostiene: “Todo esfuerzo intelectual, sea auténtico o sea falso, posee una filosofía subyacente y, en concreto, una ontología (una teoría sobre el ser y el devenir) y una gnoseología (una teoría del conocimiento” (Bunge, 2012 p. 286). Es notorio que no duda ni vacila en cuestionar a los pensadores anteriores a él, como Bergson, Husserl, Hayek y Weber, como a sus contemporáneos, Popper, Kuhn, entre otros.

Sin embargo, y por encima de estos intelectuales e investigadores referidos, critica acremente y en no pocos casos distorsiona de manera intencional a los pensadores de la filosofía materialista dialéctica, como son Marx, Engels y los discípulos de éstos, Lenin, Gramsci, etc. Estas críticas son difundidas profusamente tanto en los medios masivos de comunicación, como en los eventos académicos internacionales organizados en torno a temas filosóficos, epistemológicos y políticos, como en sus múltiples escritos y obras suyas. Ahora bien, ¿cuáles son los propósitos y objetivos de tales cuestionamientos bungianos?, ¿A qué intereses sociales, políticos y económicos responden? En este artículo se intenta analizar y ensayar la naturaleza y los objetivos de tales cuestionamientos, siempre en un contexto de discusión y debate, por cierto.

Bunge y la negación de la filosofía marxista

La filosofía materialista dialéctica-histórica, uno de los componentes del marxismo, desde su surgimiento y desarrollo, a mediados del siglo XIX, sustentó la materialidad del mundo, que existe independientemente de la conciencia humana, pero que se halla en un contexto de movimiento, cambio y transformación, así como ser el arma teórica de los trabajadores modernos, llamados a construir una mejor y superior sociedad, a diferencia del sistema capitalista de producción, que se ha implantado en base a la explotación económica, social y política de la mayoría poblacional mundial. Con ello, Marx puso las bases para comprender la valía e importancia de la filosofía, sosteniendo, entre otros asuntos:”los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, más de lo que se trata es de transformarlo” (11ª. Tesis contra Feüerbach).

El sustentar la materialidad del mundo, según Casanova (2007), implica aludir a la categoría de materia, que siendo un concepto abstracto expresa las propiedades generales de la infinita variedad de objetos y fenómenos mutable del mundo, tal y como señaló Engels, y más aún cualificado por Lenin (1909), quien explicó que la materia, es la “categoría filosófica para designar la realidad objetiva dada al hombre en sus sensaciones, fotografiaba y reflejada por nuestras sensaciones y existente independientemente de ellas”. Este conjunto de lineamientos filosóficos no están en la agenda ni interés de Bunge. Lo que hace es aproximarse afirmando ontológicamente que “el mundo real es material, es decir, todo cuanto existe realmente es material” (Bunge 2007 p. 36). Sin embargo, este reconocimiento es puesto en duda cuando escribe en Una filosofía realista para el nuevo milenio: “los marxistas afirmaban la existencia autónoma de la naturaleza, así como la posibilidad de alcanzar la verdad. Eran ingenuos en teoría del conocimiento” (Bunge 2007 p. 100). Al respecto hay que indicar o bien para Bunge la naturaleza no tiene una existencia objetiva e independiente de la conciencia, o que ésta es la que da lugar a aquella. Luego acusa a los materialistas dialécticos de ser ingenuos, pero sin mayor fundamentación o explicación, menos satisfactoria, con lo cual no se hace sino brindar una fácil concesión al fideí smo teologal, y cuanto idealismo existe en el estudio del mundo.

Estas observaciones bungianas, se complementan con otras, como las que sostiene en el libro escrito por él, titulado Vigencia de la Filosofía (1999) en el que al realizar una Breve referencia al marxismo, escribe: “Empiezo por dejar constancia de mi gran admiración por Marx y Engels. Fueron pensadores poderosos y originales, a quienes ningún científico social contemporáneo puede ignorar” (p. 201). Claro, Bunge no los puede ignorar, pero sí distorsionar, desautorizar y desconocer los análisis sociales que hicieron los fundadores del materialismo filosófico. Sino examínese lo que sigue a continuación: “Pero, si bien Marx y Engels hicieron ciencia muy importante y de avanzada hace 150 años, no estamos viviendo en 1850 y pico, sino en 1996, en sociedades totalmente diferentes, con problemas totalmente diferentes, que exigen teorías y datos diferentes de los de entonces”. Continua escribiendo: “Por ejemplo, en tiempos de Marx y Engels no existían, al menos en forma aguda, los problemas de la contaminación del ambiente, de la superpoblación, ni de los monopolios[…] Tampoco había informática ni armamento nuclear. Nuestras sociedades son bastante diferentes[…]”. En esta misma dirección, en Buscar la Filosofía en las Ciencias Sociales (2007) menciona que “Marx, Durkheim y Weber no dijeron nada importante acerca del nacionalismo, el imperialismo, el racismo o la degradación ambiental” (p. 125).

Al respecto habría que hacer recordar a este físico y filósofo que vive hoy en el mejor de los mundos del desarrollo capitalista (Canadá), que soslaya un principio filosófico esbozado por Lenin, quien sostenía la necesidad de efectuar un “análisis concreto de la realidad concreta”. Es decir, que pasa por alto el contexto histórico en el que han vivido y desenvuelto Marx y Engels: el predominio del capitalismo pre-monopolista y un capitalismo aún competitivo y de libre concurrencia, de auge del industrialismo y de las fuerzas productivas, en el que aún no se presentan los problemas vertidos por Bunge, los que sí ya corresponden al sistema imperialista o monopolista, primero inglés, y norteamericano, después, que han convertido a gran parte del mundo en sus semicolonias o neocolonias, con un carácter expansivo del aspecto financiero para dominar a éstos y, sobre todo, a los pueblos y los trabajadores, como acertadamente explicaba Lenin en su obra El imperialismo fase superior del capitalismo.

Por otro lado, en la misma obra mencionada, Bunge se interroga: "¿Qué pasa con el marxismo en la actualidad?" Y sostiene:

[…] para averiguar hay que empezar por tener en cuenta que el marxismo es un sistema muy complejo. Tiene un componente que es, o al menos fue, científico, en particular los estudios económicos y de historia de la economía. Otro componente es filosófico: el materialismo dialéctico. Ésta es una filosofía esquemática e imprecisa. En mi opinión tiene una parte válida, que es el materialismo. Pero es un materialismo a medias, y tiene un ingrediente que lo echa a perder: el galimatías dialéctico. (2007)

Al respecto hay que explicar que el marxismo y su filosofía materialista dialéctica, más que ser un sistema “muy complejo”, es, por el contrario, un sistema simple, sencillo, comprensible, objetivo y mejor aún, aplicado por millones de trabajadores y sectores populares, para quienes fue diseñado, en la perspectiva de que conozcan la realidad natural y social, y opten por su transformación, apostando por el desarrollo social y humano. Es más, continúa siendo científico, en tanto que los estudios económicos los hace tomando en consideración los dos componentes de toda sociedad: estructura o base económica y su correspondiente superestructura, entendidos de modo dialéctico, y nunca de manera aislada o metafísica.

Ahora bien, sostener que el materialismo dialéctico es un “galimatías”, implica que Bunge no ha entendido la esencia de dicha filosofía y su método, que implica tener en consideración dos premisas fundamentales como asevera Casanova (2007): una, que la moderna concepción científica del mundo sólo puede asentarse en la aceptación del movimiento, la mutación y el desarrollo como principio fundamental del ser y del saber, y segunda, que es imposible comprender de modo cabal el concepto de desarrollo sin admitir la concatenación, interdependencia e interacción de los fenómenos. Con esto se evidencia que nada es absoluto, incambiable y eterno, particularmente en cuestiones económicas, sociales y políticas; por el contrario se impone el cambio y la transformación, muy a pesar de los pareceres de Hayek, Popper, Fukuyama, Toffler y otros. Ejemplo: el sistema capitalista es y debe ser sustituto por otro sistema social más humano y equitativo, que debe ser el socialismo, pero de naturaleza científica. Este es el problema de fondo que incomoda y saca de quicio a Bunge, incluso para que sostenga: “años después comprendí que la dialéctica es tan primitiva, tan oscura y confusa, como la filosofía de Heráclito” (1999 p. 202).

Sin poder negar la objetividad y claridad de la filosofía materialista dialéctica sobre la explicación de la realidad y la valía de su método, Bunge desliza ciertos criterios con el vano propósito de negar dicha filosofía, como puede constatarse en Buscar la Filosofía en las Ciencias Sociales (2007) donde sostiene: “Marx alababa la dialéctica confusa de Hegel y con frecuencia adoptaba el estilo retorcido de éste” (p. 17). Más adelante, vuelve a la carga afirmando “Aun cuando se rebelaron en contra del idealismo de Hegel y emprendieron una investigación social innovadora, Marx y Engels tomaron mucho de la oscuridad de Hegel, particularmente en lo tocante a asuntos filosóficos” (p. 90).

Por si fuera poco, en otra página del mismo libro se pregunta “¿Puede salvarse alguna cosa del naufragio de la filosofía, la teoría social y la ideología marxistas? (p. 19) No contento con ello escribe que “El marxismo no es totalmente lógico (pues abraza la dialéctica) ni totalmente empirista (en tanto que se apega a dogmas) y sólo es medio materialista (pues divide a la sociedad en infraestructura material y superestructura ideal” (p. 24). Vaya, estos galimatías bungianos que se tiene a la vista. Lee a Marx y Engels, pero es incapaz de comprender la esencia de la filosofía materialista-dialéctica.

Igualmente en Filosofía y Sociedad (2010) se pregunta aunque escépticamente: “¿Le choca mi afirmación de que la dialéctica es en parte confusa y por lo tanto carente de valor de verdad y en parte clara pero falsa? (p. 47) En ese mismo libro indica que “El marxismo es ciertamente defectuoso” (p. 80), aunque no dice por qué. Pero si se atreve a escribir: “[…] pese a sus fallas, la concepción materialista de la historia es mucho más clara, plausible y profunda que la concepción imprecisa de Weber”. Se puede inferir que Bunge emplea ciertos aspectos marxistas allí cuando le conviene y le es útil para cautivar y sorprender a un cierto círculo de intelectuales y/o ser declarado “como el filósofo más lúcido contemporáneo, que propone un sistema filosófico en sentido estricto” (Lavado, 2001), pero recurre al fácil criterio de distorsionar y malinterpretar el marxismo y sus teorías sociales fundamentales. Esto refleja pues la filosofía materialista dialéctica ha sido observada, cuestionada y hasta rechazada desde el momento de su constitución histórica por los filósofos idealistas objetivos y subjetivos y sus aliados teólogos de ayer y de hoy. Entonces las posturas bungianas no son nuevas y únicas.

Ante esta serie de cuestionamientos, sueltos y sin mayor rigurosidad, hay que señalar que el método dialéctico materialista, en lo fundamental, ha sido y sigue siendo el estudio adecuado y objetivo de la realidad, la naturaleza, la sociedad y el hombre, superando a la vez, cuanto subjetivismo y arbitrariedad hubo y hay en la filosofía y las ciencias sociales precedentes a Marx, Engels y posteriores a ellos. Al mismo tiempo este método pudo explicar la valía y significado que tienen las expresiones espirituales o ideales, que sempiternamente fueron entendidos como una sustancia generadora de la realidad, desde la posición de Platón, Berkeley hasta la de Hegel, principales exponentes del idealismo, ampliamente difundidos en la cultura filosófica actual.

Como una forma de superar las gratuitas acusaciones bungianas en torno a la supuesta pobreza y desnaturalización de la dialéctica, es conveniente aclarar que fue el propio Marx, que al referirse a la dialéctica hegeliana aclaró lo siguiente:

Mi método dialéctico es por su fundamento no sólo diferente del hegelianismo, sino su contrario directo. Para Hegel el proceso del pensamiento, al que bajo el nombre de idea transforma incluso en un sujeto autónomo, es el demiurgo de lo real, lo cual constituye sólo su manifestación exterior. En mi caso, a la inversa, lo ideal no es más que lo material transpuesto y traducido en la cabeza del hombre.

Como es de notar, aquí existe una diferencia central entre Hegel y Marx, en tanto que éste supera y desarrolla la dialéctica hegeliana, al poner sobre el pie, con la cabeza arriba, que prioriza la realidad, en la que tiene lugar la existencia laboral, productiva, social y educativa y de la que emerge la idea, el pensamiento, etc. Es así como la dialéctica concede vitalidad y racionalidad al quehacer humano y evita el subjetivismo y la arbitrariedad en el estudio de la realidad. La dialéctica es, más bien, el conocimiento claro, preciso y, a la vez, el método de modificación de la realidad social y natural, claro está mediante la participación de los millones de trabajadores y sus líderes comprometidos con éstos.

Sin embargo, Bunge, no deseando comprender la real dimensión de esta explicación científica, en Filosofía y Sociedad (2010) vierte, nuevamente otro cuestionamiento: “Marx elogió a la dialéctica al comienzo de El capital, pero afortunadamente la olvidó en adelante” (p. 88). No está demás decir que no pocos intelectuales contemporáneos están acostumbrados a desnaturalizar o negar la dialéctica materialista por, precisamente, tomar como punto de partida la realidad natural y social. Popper, al sostener igualmente, en un libro extenso La sociedad abierta y sus enemigos (2006), acompaña en este propósito de Bunge cuando afirma: “La posibilidad de que el marxismo se convirtiese en un problema fundamental, nos llevó a tratarlo con cierta extensión[…] Es probable que la crítica del marxismo que aquí se intenta realizar se destaque sobre el resto, como punto capital de la obra” (p. 11). A continuación, coincidentemente con Bunge no duda en escribir: “El marxismo solamente constituye un episodio, uno de los tantos errores cometidos por la humanidad en su permanente y peligrosa lucha para construir un mundo mejor y más libre”.

Es probable que el materialismo filosófico, al igual que los otros componentes del marxismo (la economía política marxista y el socialismo científico), al enjuiciar el carácter inhumano y cruel del sistema capitalista, responsable de las mayores tragedias económicas y ecológicas haya incurrido en diversas limitaciones y errores. Ello es entendible. Presumiblemente por este hecho es que Bunge, Popper y otros intelectuales, que también tienen intereses económicos, sociales y políticos que defender, cataloguen al marxismo como “defectuoso”, “antihistórico”, “desfasado”, “filosofía superada”, etc. El asunto es que aquí están en juego dos tendencias filosófico-políticas opuestas: la que se atreve a cuestionar y propiciar el cambio del sistema social dominante, y la que defiende su continuidad y hasta perpetuidad, como afirmaran en la década del 90 del siglo XX, Fukuyama Drucker, Cornejo, De Soto y otros voceros del capitalismo neoliberal.

Bunge y la crítica al economicismo marxista

Al igual que en asuntos filosóficos, Bunge, frecuentemente hace suyo las consabidas acusaciones que se formulan en torno al supuesto economicismo en que habrían incurrido Marx, Engels y sus sucesores. Así, en Filosofía y sociedad (2010) escribe: “en todas sus versiones, el economicismo postula que la actividad económica es primaria, y todo lo demás es secundario. La realidad muestra que esto es falso: que el ambiente natural, la política y la cultura son tan importantes como la economía” (p. 10).

No pocos intelectuales e investigadores, igualmente de modo interesado y deshonesto, sostienen erróneamente, que Marx y Engels al enjuiciar la sociedad, su progreso o atraso, etc. solamente habrían estudiado y puesto interés en la parte económica, apenas en la actividad productiva y las relaciones sociales que de éstas se derivan, sin mencionar para nada la parte importante y valioso que tiene la superestructura, es decir los aspectos espirituales, ideales, concepciones, teorías, leyes sociales y jurídicas, que procesan los seres humanos en el curso de su existencia. El asunto es que no leen bien y si lo hacen, no entienden a cabalidad lo que implica la teoría materialista dialéctica-histórica sobre la sociedad.

Para aclarar y contribuir a superar esta supuesta limitación marxista, basta mencionar la célebre aclaración que hiciera Engels (1974), quien señaló:

Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien los tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las constituciones que después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc.[…] ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominante en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y relaciones entre todos estos factores, en el que a través de toda la muchedumbre infinita de casualidades[…] acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico. (p. 514)

Como es de entender, aquí subyace una relación dialéctica entre la estructura económica y su correlato inmediato que es la superestructura, que no da lugar a confusión alguna, salvo a quienes malévolamente desean tergiversar la naturaleza de esta concepción social y que por más artificios y malabares hagan no pueden refutarla.

Bunge y las cuestiones sociológicas

Las investigaciones sociológicas y económicas, basados en la filosofía y la epistemología científicas explican que los diversos problemas sociales y económicos tienen su razón de ser en la estructura y superestructura de la sociedad, con prevalencia de la propiedad privada y el ejercicio del Estado, el Derecho y otros elementos establecidos ad hoc por el sistema imperante, Bunge interpreta y entiende los problemas sociológicos contemporáneos de distinto modo. Así al aludir al problema de la marginalidad, que consiste en la exclusión de algunos sistemas sociales, sostiene que “ésta se combate facilitando la participación: en la incorporación en una empresa o cooperativa, el ingreso en una escuela, la afiliación voluntaria a un sindicato o partido político, etc.” (Bunge, 2010 p. 20).

Con este criterio, “demanda que una manera eficaz de lograr semejantes inclusiones sin coacción es mediante las Ongs. Otra es invertir los impuestos a los réditos en obras públicas, así como en salud y educación”. Agrega, “cuando se tiende a la participación integral se marcha hacia la democracia integral: biológica, económica, cultural y política”. No tiene problema alguno al indicar: “la fórmula que propongo para enfrentar los trágicos problemas sociales, contemporáneos, en particular los del tercer mundo, es: eficiencia = sistemismo + cientificismo + moral” (Bunge, 2010 p. 22). Naturalmente esto implica solo describir el problema, pero no buscar su solución central e histórica, como demandan las grandes mayorías sociales.

El correlato político bungiano está sustentado en el libro Filosofía política (2009) en el que admite “la posibilidad de ampliar la democracia del terreno político a los demás terrenos pertinentes: la administración de la riqueza, el entorno natural y la cultura” (p. 25). Agrega:

[…] vuelvo a sugerir una alternativa tanto al capitalismo en crisis como al socialismo ya fenecido y que nunca fue genuino. Esta alternativa es la democracia integral: igualdad al acceso a las riquezas naturales, igualdad de sexos y razas, igualdad de oportunidades económicas y culturales, y participación popular en la ganancia de los bienes comunes.

Este planteamiento ¿acaso no es concomitante con la famosa tesis del “capitalismo popular”, ampliamente expuesto por novísimos economistas y sociólogos del neoliberalismo? No cabe duda que Bunge es un excelente estudioso de las cuestiones filosóficas, epistemológicas y sobremanera en la filosofía política. En efecto, en torno a esta última cuestión, habiendo investigado su reducción al vulgar empirismo y pragmatismo, sostiene que “el componente más importante es el moral”. Por ello, afirma, que:

La tarea del filósofo político es develar y evaluar ese componente, y esto con mayor razón porque, a menudo, está empañado por una ideología estrecha o aun por una filosofía burda, tal como el contractualismo, el utilitarismo, el pragmatismo, el positivismo jurídico, el materialismo dialéctico, la teoría crítica o la hermenéutica. (Bunge, 2009 p. 26)

El problema es que este autor coloca, bajo el pretexto de enfrentar las filosofías burdas, el materialismo dialéctico, como uno más de este conjunto de criterios idealistas y fieles al sector dominante de políticos.

Como corolario de todo esto, Bunge, reclama para sí la autoría de la siguiente posición: “Mi filosofía es abiertamente cientificista, materialista emergente, vale decir, centrada en la ciencia” (2009 p. 33). ¡Qué forma tan elevada de hacer ciencia! por este filósofo contemporáneo, quien, según Lavado (2012), tuvo un interés filosófico fuertemente unido a su compromiso social y que incluso sorprendentemente llegara a fundar y hacer funcionar desde 1938 hasta 1943 la Universidad Obrera Argentina.

Conclusiones

1. Bunge, si bien es cierto que representa una opción filosófica, epistemológica y sociológica importante en el mundo académico actual; sin embargo, interesada y tendenciosamente, desvirtúa las tesis del materialismo filosófico de Marx y Engels, distorsionando burdamente sus tesis centrales en torno a la sociedad y el tratamiento de sus problemas seculares. Y lo hace asumiendo una postura “materialista, emergentista y sistémico”, que no responde a una visión objetiva y clara.

2. Las cuestiones económicas, sociológicas y políticas los aborda superficial y descriptivamente, sin plantear la solución integral de éstas; ello es constatable cuando muestra su adhesión a la denominada democracia formal y liberal, incapaz de solucionar definitivamente los grandes males generados por el sistema capitalista actual y el fenómeno de la globalización.

Referencias bibliográficas

Bunge, M. (2012) Filosofía de la tecnología y otros ensayos. Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega, Fondo Editorial.

Bunge, M. (2010) Filosofía y sociedad. México. Siglo Veintiuno Editores.

Bunge, M. (2009) Filosofía Política. Solidaridad, cooperación y democracia integral. Barcelona, Gedisa editorial.

Bunge, M. (2007) Una filosofía realista para el nuevo milenio. Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega, Fondo Editorial.

Bunge, M. (1999), (2007) La filosofía en las ciencias sociales. México: Siglo XXI.

Bunge, M. (1999) Vigencia de la filosofía. Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Fondo Editorial.

Casanova, E. (2007) Lo que queda del marxismo. México, Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza.

Engels, F. (1890), (1974) “Carta a José Bloch en Königsberg” Marx, C. y F. Engels. Obras Escogidas. t. III. Moscú: Editorial Progreso.

Lavado, L. (2012) Presentación del Fondo Editorial al libro Filosofía de la tecnología y otros ensayos de Mario Bunge. Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Fondo Editorial.

Lenin, V. I. (1909), (1975) El imperialismo, fase superior del capitalismo. Pekin: Ediciones en Lenguas Extranjeras. http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/IMP16s.html

Marx, Carlos (1845) Tesis sobre Feuerbach. http://www.ehu.eus/Jarriola/Docencia/ EcoMarx/TESIS%20SOBRE%20FEUERBACH%20Thesen%20ueber%20Feuerbach.pdf

Popper, K. (2006) La sociedad abierta y sus enemigos. Barcelona: Impreso en Litografía Rosés, S.A.

Notas de autor

Datos del autor Estudió secundaria en la colegio Santa Isabel, los estudios superiores en la Universidad Nacional del Centro del Perú, donde actualmente es profesor de Filosofía y Ciencias Sociales. Tiene el grado de Magister en Didáctica Universitaria y el de Doctor en Ciencias de la Educación. Actualmente es Director de la Unidad de Posgrado de la Facultad de Educación. Fue director de las revistas Educación y Ciencia y Horizonte de la Ciencia. Autor de los libros Aportes de la Filosofía y de las Ciencias Sociales en la Región Junín (2014), Filosofía, Política y Educación (2013), Métodos Cuantitativos y Cualitativos de la Investigación Científica (2012), Filosofía para niños (2005), Educación y valores (2004), El hombre y la cultura andina y amazónica (2003)
HTML generado a partir de XML-JATS4R por